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martes, 12 de diciembre de 2017

Regreso del cine a Arabia Saudí

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Son dos las noticias que nos llegan hoy desde la prensa egipcia sobre Arabia Saudí. Las dos tienen, curiosamente que ver con el arte. Una es una negación, mientras que la otra es una promesa con fecha. Las dos aparecen en el contexto convulso del rechazo a Trump y su decisión del traslado de la embajada a Jerusalén, la noticia dominante en estos días sobre el mundo musulmán.
De Arabia Saudí llegan noticias que sorprenden: cosas cotidianas y que apenas se valoran, requieren de esfuerzos titánicos para vencer su resistencia. La posibilidad de que las mujeres condujeran por sus carreteras se ha logrado tras los desafíos constantes en una de esas luchas épicas que se producen para conseguir derechos.
La primera de las noticias es un desmentido, como señalábamos. Se ha producido tras la adquisición millonaria en subasta hace unos días de un cuadro de Leonardo representando a Cristo. Egypt Independent nos cuenta:

Saudi Arabia’s Embassy in Washington issued a statement in response to media reports claiming a prominent Saudi prince had purchased the world’s most expensive painting, the ‘Salvador Mundi’ depicting Christ by Leonardo Da Vinci, which sold at a record price of $450 million at an auction in November.
Media reports alleged that Prince Bader bin Abdullah bin Mohammed bin Farhan Al Saud bought the painting of the Christ, which contradicts Islamic beliefs.
The alleged purchase also drew widespread criticism from media outlets as it came in the wake of Saudi Arabian Crown Prince Mohammed bin Salman’s anti-corruption purge. Critics also pointed to bin Salman’s past big-spending habits, including $550 million spent on a luxury yacht in October 2016.
The embassy, however, explained on Saturday that the painting was purchased as part of Abu Dhabi’s new Louvre museum, adding that the Saudi prince attended the inauguration museum’s inauguration ceremony on November 8.
The Saudi Embassy in Paris also explained in a statement that the painting was purchased by Culture and Tourism authorities in Abu Dhabi to be displayed at the Abu Dhabi’s new Louvre museum, reported Saudi newspaper Okaz.*


La noticia nos muestra cómo las reformas sociales y las medidas anticorrupción van a tener constantes intentos de atacar la figura del príncipe heredero, que pasa a ser un objetivo contra el que se esforzarán los afectados y los sectores más conservadores. El objetivo del rumor era presentarle como una persona de gastos suntuosos e irreverente, contraviniendo las normas islámicas. La suma de las dos críticas buscaba su mayor reprobación. Por lo que parece, el intento ha sido neutralizado por las rápidas explicaciones.
Pero es la otra noticia la que tiene un importante alcance cultural y social, además de político: la reapertura de los cines en Arabia Saudí. La noticia, que nos cuenta Ahram Online, es un enorme salto hacia adelante:

Saudi Arabia on Monday lifted a decades-long ban on cinemas, part of a series of social reforms by the government that are shaking up the ultra-conservative kingdom.
The government said it would begin licensing cinemas immediately and the first movie theatres are expected to open next March, in a decision that could boost the kingdom's nascent film industry.
Reviving cinemas would represent a paradigm shift in the kingdom, which is promoting entertainment as part of a sweeping reform plan for a post-oil era, despite opposition from hardliners who have long vilified movie theatres as vulgar and sinful.
"Commercial cinemas will be allowed to operate in the Kingdom as of early 2018, for the first time in more than 35 years," the culture and information ministry said in a statement.
"This marks a watershed moment in the development of the cultural economy in the kingdom," the statement quoted Information Minister Awwad Alawwad as saying.
Saudi Arabia is expected to have more than 300 cinemas -- with over 2,000 screens -- all across the kingdom by 2030, the ministry said.
Like most public spaces in the kingdom, cinema halls are expected to be segregated by gender or have a separate section for families.
Hardliners, who see cinemas as a threat to cultural and religious identity, were instrumental in shutting them down in the 1980s.
Saudi Arabia's highest-ranking cleric warned in January of the "depravity" of cinemas, saying they would corrupt morals.**


La presentación de este tipo de reformas como parte de una estrategia económica de diversificación frente a la llegada de una "era post petróleo" se viene escuchando cuando se ponen en marcha proyectos impensables hasta hace muy poco. Se evita así entrar en el debate religioso o moral, que es el que los más dogmáticos prefieren, como se percibe en la misma noticia de la subasta. Se ataca el gasto, por un lado, pero se resalta sobre todo que se habría comprado el retrato de un profeta, Cristo, algo que puede ser usado contra él en el marco religioso.
La prohibición del cine es fruto sobre todo de la oleada de conservadurismo, de la "reislamización" producida por la presión de los radicales en la década de los 70-80. La motivación de muchos de ellos era precisamente la guerra con Israel, cuya victoria fue utilizada por los más radicales como una forma de castigo de Dios a los dirigentes por su alejamiento de las virtudes islámicas. La caída de gobiernos pro occidentales o laicos conllevó oleadas de puritanismo. El extremismo conservador fue contentado suprimiendo las música, el cine, etc. condicionándose la cultura de los países en diferente grado.
El caso interesante es obviamente el del cine iraní. Tras la revolución islámica, el cine, con toda una serie de controles y condicionamientos, se ha convertido en un embajador que el régimen de los ayatolas ha sabido aprovechar para su aceptación exterior. El conservadurismo chiita ha sido de tenor diferente al suní de Arabia Saudí, que cerró salas e impidió la creación de una industria. Para unos, el cine era un arma; para otros, una encarnación del mal. El cine iraní ha creado su propia escuela cinematográfica, con reconocidos directores, premiados en los más importantes certámenes. También ha generado un eficiente cine en el exilio, con películas meritorias que nos muestran que el cine forma parte de su cultura, tanto oficial como crítico e independiente.

La oleada de conservadurismo religioso convertía en peligro para las personas la producción de un cine crítico con la propia sociedad. En Egipto tenía la más importante industria cinematográfica del mundo árabe, que se fue desmoronando entrando en crisis y viviendo de las viejas películas. Los realizadores críticos con la evolución social, eran puestos en el punto de mira y al desaparecer la generación que había vivido la revolución de los 50, se encontró bastante desasistida. Las películas críticas de un Youssef Chahine se han echado en falta hasta que una nueva generación de directores puso el énfasis en los problemas sociales, convirtiendo de nuevo el cine en espejo, algo que le cuesta aceptar al gobierno actual. Los conservadores también han realizado su campañas para hacer desaparecer las críticas que el cine mostraba, como las denuncias por las viejas película de Adel Imam en Egipto, al que no le perdonaban sus parodias.
En abril de 2012, en el periodo del islamista Mohamed Morsi en el poder, el diario The National, de Emiratos, titulaba "Adel Imam trial shows Egypt's ingratitude to a comic" y escribía:

"The day has come when Adel Imam, the great and enlightening Egyptian actor, would be tried for denigrating Islam. That means one thing: Egypt has decided to shoot itself in the foot," wrote Tariq Al Homayed, editor of the pan-Arab newspaper Asharq Al Awsat, in an opinion piece published on Saturday.
A court in Giza upheld last week a ruling against Mr Imam, one of Egypt's and the Arab world's best-known comedians, on charges of deriding Islam in some of his movies and stage comedies.
The in-absentia verdict, which Mr Imam said he will appeal, orders the 72-year-old actor to three months in prison with hard labour, in addition to a 1,000-Egyptian-pound fine (Dh600).
A lawyer named Asran Mansour, described in the Arabic press as a "Salafist", filed the case against Mr Imam in February 2011. In his plea, Mr Mansour takes umbrage at the comedian's depiction of characters wearing bushy beards and loosefitting robes. He said the amount of underlying scorn in Mr Imam's work constituted an affront to Islam.
"Targeting Adel Imam in this vindictive manner means that, from now on, we have enough reason to be pessimistic about Egypt's … artistic and cultural future," the editor said.***


El caso es interesante no solo desde la perspectivas del cine sino, como se señala al final del texto, de la evolución cultural. Con el ataque a Imam se pretendía borrar el cine mismo que había caracterizado su carrera, marcarlo como herético. Pero la crítica es válida hoy, pues son constantes las prohibiciones de películas, que pueden verse en festivales internacionales pero cuya proyección se suspende en ocasiones con la gente en la sala. Hace unos días, la prensa egipcia traía otra noticia de este tipo, donde se nos dice que se identificó por parte de la Policía a los asistentes. "Police reportedly prevents screening of ‘The Nile Hilton Incident’ in Heliopolis venue", titulaba el 25 de noviembre Egypt Independent.
El caso nos muestra el conflicto en el que se encuentra el cine (el arte en sus diferentes formas) en los países árabes musulmanes en una doble presión: la política y la religiosa. En ocasiones es por una de las dos causas, pero también pueden provocar la reacción de ambas. Muchos buscan el apoyo de instituciones culturales de otros países para poder financiar proyectos ante las carencias oficiales, que solo premian a los acólitos y tibios.


Ha habido películas importantes de mujeres, directoras como la libanesa Nadine Labaki o la jordana Annemarie Jacir, que han sabido ejercer cine y crítica social, denunciando la situación femenina y la hipocresía social. La voz de las mujeres es esencial en los procesos de cambio social, pues están sometidas a un doble silencio.
Ahram Online nos trae la opinión de la directora de la magnífica película saudí "La bicicleta verde" (Wadjda), que era un mensaje de esperanza para las nuevas generaciones:

"It is a beautiful day in #SaudiArabia!" Saudi female director Haifaa al-Mansour said on Twitter, reacting to Monday's announcement.
Her film "Wadjda" made history in 2013 after it became Saudi Arabia's first Academy Award entry.**


Al-Mansour realizó una película sobre la perseverancia, sobre la capacidad de resistencia ante las presiones de una sociedad moralista e hipócrita, representada por la directora del colegio de la niña, de Wadjda. Es un mundo de vigilancia sobre todo el que manifiesta iniciativas o se atreve a discrepar.
El drama de mucho cine árabe es precisamente esa fragilidad en la que vive. De la censura a la falta de subvenciones, lo que era uno de los pilares culturales y una herramienta de transformación se ha ido cerrando, refugiándose en la viejas películas filtradas por la ideologías que tratan de eliminar el pasado, como ocurrió en el caso de Adel Imam.
La noticia de que se abran salas de cine es algo positivo. Dependerá después de muchas otras circunstancias pero ya es algo. Al-Arabiya da la noticia de la próxima apertura de salas de cine y hace este pequeño retrato de lo que fue la corta historia del cine en Arabia Saudí:

Author Khaled Rabee al-Sayyid, whose book “The Magical Lantern: Readings in Cinema” was recently published, told Al-Arabiya.net that in the past, Saudi cinemas played documentaries produced by oil companies in the eastern province as well as short movies by Saudi director Abdullah El-Muheisen.
According to Sayyid, foreign embassies in the kingdom, like the Nigerian and Italian embassies, played movies and opened their doors for Saudis to watch them. There were also the Bab Shareef and Abu Safiya cinemas in Jeddah while in Taif, projection screens were displayed in any huge open space.
The Committee for the Promotion of Virtue and the Prevention of Vice used to inspect cinemas to make sure movies did not contain any improper content, Sayyid added.
The activity of cinemas in Saudi Arabia began to recede in the 1970s. In the 1980s, the Saudi cinema’s dreams were shattered due to religious and social changes and a sweeping wave of religiosity.
Culture and Arts Association Director Ahmad al-Mulla told Al-Arabiya.net that the Saudi cinema launched its first step in 1977 when the first Saudi movie Assassination of a City was produced.
The movie, which is about Beirut and the destruction it suffered due to the civil war, was directed by El-Muheisen. It was screened at the Cairo Film Festival where it won the Golden Nefertiti Award for best short movie.
After cinemas closed across the kingdom and as embassies no longer allowed Saudi citizens to watch movies there, many began to think that producing movies is tantamount to a “moral crime” which is unforgivable by Islam.
Al-Mulla added that the absence of cinema for four decades has been difficult on the Saudi society, noting that cinemas are significant to achieve an economic and cultural renaissance.****


Si fueron las compañías petroleras las que proyectaron las primeras películas que los saudíes pudieron ver, es la bajada de los precios del petróleo la que ha causado (al menos esa es parte de la versión oficial) la búsqueda de la diversificación de la economía. Como en el caso de cuadro subastado, los responsables se tendrán que enfrentar a críticas, rumores y campañas en su contra. No se van a acallar muchas voces que usarán el cine para mostrar la "deriva negativa" del país.
Quizá el sueño de la directora Haifaa al-Mansour de que su película Wadjda pudiera verse en su propio país esté más cerca. Habrá salas, que es un comienzo. Después habrá que desarrollar un cine disperso, cuyos creadores buscaron climas más favorables.


* "Saudi embassy denies prince has bought ‘Christ’ painting" Egypt Independent 11/12/2017 http://www.egyptindependent.com/saudi-embassy-denies-prince-bought-christ-painting/
** "Saudi Arabia lifts decades-long ban on cinemas" Ahram Online 11/12/2017 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/32/285168/Arts--Culture/Film/Saudi-Arabia-lifts-decadeslong-ban-on-cinemas.aspx
** "Adel Imam trial shows Egypt's ingratitude to a comic" The National 20/04/2012 https://www.thenational.ae/adel-imam-trial-shows-egypt-s-ingratitude-to-a-comic-1.596512

*** "This is how cinemas in Saudi Arabia looked 40 years ago" Al-Arabiya 11/12/2017 https://english.alarabiya.net/en/life-style/2017/12/11/Pictures-Cinemas-in-Saudi-Arabia-40-years-ago.html





jueves, 13 de agosto de 2015

Se va una generación del cine egipcio, llega otra

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A Egipto se le están muriendo sus actores y actrices más queridos. También sus directores. Desde que comenzó el año, las noticias de fallecimientos de sus artistas llevan la tristeza a muchas personas que disfrutaron durante sus vidas de las películas que ellos interpretaban, escribían o dirigían. El cine tiene un lugar especial en el corazón de los egipcios. Desde sus estudios se alimentaron los sueños y fantasías de varias generaciones de espectadores de todo el mundo árabe. Muchos eran egipcios; otros venían de todos los rincones a buscar su oportunidad de la misma forma que los jóvenes de todas partes van a Hollywood. Ese papel de centralidad cultural lo representa en el mundo árabe Egipto.
En su "De la desgracia de ser árabe", el periodista libanés Samir Kassir —asesinado por las oscuras fuerzas que matan en Oriente Medio—, hace un repaso de la modernidad que en un tiempo caracterizó al mundo árabe yendo de un arte a otra. Cuando llega al cine árabe, lo describe así:

Entre todas las artes el cine es el que incontestablemente ilustra mejor la incorporación árabe a la modernidad. También en este caso Egipto dio el mayor impulso al medio y llegó a concentrar las tres cuartas partes, sino más, de la producción cinematográfica árabe. Pero la demanda de cine egipcio en todo el mundo árabe y el éxito que cosechó no es menos elocuente que la constitución de una auténtica industria cinematográfica.
Tras sus principios, en la década de 1920, de la mano de los primeros cineastas italianos, el arranque del cine egipcio coincidió con la llegada del sonoro, lo que sin duda determinó su éxito al permitir la eclosión del género musical, que muy pronto se convirtió en uno de los motores de la industria cinematográfica. La aventura comenzó en 1935 con la creación del Estudio Misr, financiado por el banquero Talaat Harb, prototipo del empresario y capitalista nacional. A pesar de los altibajos, Harb convirtió El Cairo en la tercera capital mundial de la cinematografía, Tras Hollywood y Bombay, y por delante de Cinecittà.
Tras el culto a la diversión que llevará al público egipcio y árabe en general a idolatrar a las estrellas de la pantalla, empezando por las que proceden del mundo de la canción, el auge del cine revela también la exaltación con que las sociedades de Oriente Próximo vivieron la transformación de la vida cotidiana y las representaciones simbólicas. A menudo secundados por grandes escritores que no tenían ningún reparo en ver sus novelas convertidas en películas o incluso en participar en la escritura de los guiones, los realizadores egipcios escribieron la modernidad en blanco y negro primero, y luego en Technicolor. Una modernidad que transfiguró desde entonces la imagen de la mujer, libre en su aspecto y en su cuerpo, siguiendo los pasos del gesto espectacular de Hoda Shaarawi, militante de los derechos de la mujer que fue la primera en quitarse en público el velo en la estación de trenes de El Cairo en 1922. Magnificado a escala monumental por los carteles de cine expuestos en la calle, fue sobrecogedor el cambio que hizo de la mujer, hasta entonces recluida, un ídolo de masas. Entre bastidores trabajaron también otras mujeres, cuya contribución a la modernización no fue menor. Si bien no hay aún realizadoras, sí existen en cambio productoras influyentes. (70-72)*


Las palabras de Kassir reflejan bien el papel que el cine egipcio tuvo en la vida y en la cultura del país. Pero también más allá. El cine egipcio ha sido su mejor embajador en el resto de los países árabes. Sus películas lograron despertar los sueños de aquellos que las veían gracias al árabe clásico que servía de lengua común ilustrada por encima de las variantes locales.
He vivido algún episodio en el que saliendo a comer por Madrid con amigos egipcios, si nos atendía algún camarero de algún país árabe, al detectar su origen comenzaba a recitar títulos de películas y nombres de actores. Era gente joven y todavía disfrutaban de esas viejas películas de los 50 y 60, películas que —como señala Samir Kassir— los cantantes convertidos en protagonistas para difundir las canciones más populares.


El cine de esa época representó esa modernidad compartida y ese ascenso de la mujer. La afirmación final de Kassir sobre la inexistencia de mujeres directoras en la época ya no es cierta. Han pasado diez años desde que se publicó y el panorama ha cambiado. Hay mujeres que han tomado sus cámaras para retratar la sociedad y denunciar los retrocesos, que son también retrocesos de las mujeres. Especialmente de ellas.

El año de reinado de los islamistas en Egipto, el año de Morsi, se caracterizó por un incidente de un parlamentario que montó un escándalo en un avión para que retiraran la película que proyectaban y se salpicó de denuncias de abogados islamistas contra los actores que habían protagonizado películas como "Kebab y terrorismo", acusándolos de difamar al islam (es decir, a ellos, que tienen la exclusiva). Ejecutaban así un vieja venganza contra el cine —arte demoniaca— y contra los que les habían ridiculizado en las comedias durante años. Pero los tiempos habían cambiado y la falta de sentido del humor que les caracteriza se trasladó a los juzgados y ministerios.


Desde principio de año, es rara la semana que la prensa egipcia no nos traiga noticias de la muerte de algunos actores y cineastas. La más sonada internacionalmente ha sido la del gran actor Omar Sharif, pero ha habido otras. 
Hay un fallecimiento natural, por la edad, pero también han fallecido otros actores emblemáticos mucho más jóvenes, como el caso de Khaled Saleh, el protagonista inolvidable de la película de Yusef  Chahine, "¿El caos?", una obra desgraciadamente siempre actual. Saleh falleció en septiembre pasado. Tenía 50 años. Su interpretación del déspota policía en "¿El caos?" consigue que su personaje se  convierta en un recuerdo inolvidable. Un gran actor capaz de cualquier papel, trágico o cómico.


En enero, la prensa daba cuenta del fallecimiento de la actriz Faten Hamama, ex esposa de Omar Sharif, y una de las reinas del cine egipcio. Lo hacía a los 83 años y se perdía otro miembro de la generación más antigua. Junto a su marido, protagonizó en los años cincuenta películas que los convirtieron a ambos en los reyes del cine del mundo árabe. Cuando falleció en enero, The Thelegraph escribió de ella en su necrológica: "In 1996, as Egypt celebrated 100 years of the nation’s cinema, she was voted the country’s most important actress, and 18 of her films were named among the best 150 made. In 2000 Egypt’s film critics declared her the “Star of the Century”."** Sobra cualquier comentario sobre la popularidad alcanzada por Faten Hamama y lo que ha significado su pérdida para los egipcios. La muerte de Sharif, también a la edad de 83, ha dejado sin sus "reyes" al cine egipcio en este mismo año.


A los 69 años, fallecía el 11 de agosto otro de los actores importantes del cine egipcio, Nour El-Sherif. Un gran actor al que recordaré por su papel del filósofo Averroes enfrentándose al oscurantismo en la magnífica película de Chahine "El destino". 


La escena final de la quema de sus libros sabiendo que las copias han llegado a Egipto, donde estarán a salvo, buscaba señalar el país como un espacio de tolerancia y libertad intelectual con la que Yusef Chahine se identificaba frente a los radicalismos y la intransigencia. Nour El-Sherif interpretaba al personaje de Averroes con la fuerza y la ironía del filósofo abierto a la razón. ¡Magnífica película y gran actuación!


El 17 de junio fallecía a los 78 años la cineasta egipcio-libanesa, Nabeeha Lotfy, que se ocupó de dar una imagen realista de Egipto y su vida a través de los documentales. Lofty no solo quería reflejar el mundo, sino cambiarlo a través de lo que su cine mostraba. 
Había llegado a Egipto con la invitación de Nasser a los estudiantes del mundo árabe a ir a Egipto tras la revolución del 52 y se quedó allí para terminar de estudiar Literatura. Pero fue el cine lo que finalmente llenó su vida. 
Ahram Online le dedicaba un cariñoso recuerdo a su persona y obra:

Influenced by social, political and ideological changes of the time, and the ascension of leftist and progressive trends in the Arab region and the world, a neo-realist generation of filmmakers emerged. Members of this generation, including Nabeeha, Khairy Beshara, Ali Badrakhan, Ahmed Metwalli, Mohamed Khan, Atef El-Tayyeb and others, co-founded the New Cinema Group in 1968.
“We were preoccupied with social grievances and wanted to make films about the people. And this was expected given the political landscape of the time. Studying and graduating in the 1960s, what we encountered on the regional and global levels, the rise of national movements and anti-imperialism, fed into this,” filmmaker Khairy Beshara explains.
Taking their films away from studios and out to the street, these neo-realist filmmakers created a cinema more inclusive of nabd al-sharea (the street pulse).***


Es la otra vertiente del cine egipcio, no la de las súper estrellas sino la de la gente sencilla, la que se recoge en las historias de los documentales o de los dramas sociales que reflejan las vidas de personas próximas. Las dos corrientes fluyen del cine egipcio, idealización y realismo, comedia de teléfono blanco y el realismo de los problemas del día a día.
El 10 de julio nos daban la noticia de la muerte de otro querido actor, productor de cine y televisión, Sami El-Adl. Tenía 69 años y era también un rostro muy conocido. El-Adl llena de la década de los setenta en la que comienza y es una figura habitual, con 55 películas. Como productor, creó El-Adel Group, que se dedicó a la producción para el cine y la televisión, a través de múltiples series, incluidas las series estrellas para Ramadán, como en este último con "Jewish Alley".


El 2 de agosto, a los 73 años, moría el director, guionista y fundado de la Academia del Cine nacional, Raafat El-Meehy, apodado "el rebelde de la fantasía", otro pilar de la cinematografía egipcia. El-Meehy ejerció —y así quiso que fuera— una importante labor en la formación de cineastas, muchos de los cuales le han seguido como maestro. Consciente del papel del cine en la transformación social, quería cineastas mejores para hacer un país mejor.
Ahram Online decía de él:

Known for pushing fantasy into his films, El-Meehy hoped to go beyond obvious harsh criticism of society and state, a school of thought many of his generation perfected. He utilised fantasy to draw parallel societies, escaping the shackles of censorship and offering the viewer a challenging perspective on their community.****


Con su cine, muchos de estos directores mantuvieron vivo el espíritu de denuncia y reforma que habían tenido en sus orígenes o introdujeron elementos del exterior. El-Meehy, además de escribir sus guiones, adaptó a Eugene O'Neill en esa forma de la modernidad árabe dialogante a la que se refería Samir Kassir. En una época también compleja, no se cerraron, sino que trataron de hacer suyo todo lo que podía servir para modernizar al mundo árabe.
El cine egipcio vive hoy entre los dos extremos que hemos visto, de la popularidad de sus comedias y dramas a la necesidad de reflejar el mundo actual en constante cambio, necesitado de ideas. La mejor forma que tiene el cine de cumplir sus fines artísticos es conectar con su sociedad no para adormecerla o distorsionar su percepción, sino por el contrario para iluminar sus zonas de sombra e introducir nuevas ideas, enfoques, críticas del mundo en que viven.


Desde la revolución de 2011, las artes han tenido entre los jóvenes una perspectiva distinta, reclamando una voz para iluminar su propio futuro, que es el de Egipto. El cine ha sido una de las más actualizadas. Una generación joven ha tomado las cámaras. El documental The Square (2013), sobre la Plaza de Tahrir y la revolución, dirigida por la egipcio-americana Jehane Noujaim  estuvo nominada para los premios Oscar. Ha tenido problemas de censura, mostrando la otra cara del cine egipcio, el control político y religioso, siempre en conflicto y oscilante según quien esté en el poder. 

Otros jóvenes están consiguiendo hacer ver sus películas y consiguiendo premios en festivales de todo el mundo demostrando que ha prendido la semilla de los cineastas que ahora se van. Proyectos como "Women in the New Egypt" puesto en marcha por la productora Misr International Films (MIF) y la embajada de Reino Unido, para permitir un cine que lleve la visión de las mujeres o algunos otros de los que hemos dado cuenta en ocasiones, son indicadores de esa apertura a nuevas miradas y que el cine egipcio sigue vivo. También cineastas ya consagrados como Mohamed Kahn, compañero de aquel grupo de cineastas neorrealista que se creó en 1968, han estrenado películas como Factory Girl (2014), dando cuenta de los problemas sociales.


Son muchas pérdidas en unos pocos meses. Este texto no quiere ser una necrológica, sino un recordatorio de la importancia que el cine egipcio ha tenido, no solo para el país sino para la totalidad del mundo árabe. Es un protagonismo que se debería mantener con los jóvenes directores y actores que aman este arte y consideran que es un gran vehículo para poder trasladar esas ideas de renovación.

En estos tiempos en los que solo se pondera la puesta en escena del más macabro de los géneros, las snuff-movies de Estado Islámico con sus decapitaciones y torturas, Egipto debería recuperar —lo está haciendo aunque les pese a algunos— el deseo de realizar películas. No se trata solo de la industria sino del espíritu moderno del cine y de los artistas, directores, guionistas, actores, productores... que se comprometieron con un arte que les hacía soñar. Algunos reclaman hoy un "cine patriótico", pero el mejor ejercicio patriótico siempre es el compromiso con hacer que el país cambie a mejor, denunciando sus lacras y expandiendo sus mejores ideas.
Se va una generación muy querida, pero llega otra comprometida con el cine. No vivimos eternamente, por eso hay que asegurarse que dejamos el camino abierto a los que llegan. La generación que se va cumplió su tarea haciendo buen cine y dejando que entrara en los corazones de los que hoy toman la cámara.
Los egipcios saben contar historias y el cine les ha permitido hacerlo muy bien. Llevaron ideas de renovación por el mundo árabe. Las esperamos de nuevo.



* Samir Kassir (2014 2ª). De la desgracia de ser árabe [2004]. Almuzara, Córdoba.
** "Faten Hamama, actress - obituary" The Telegraph 18/01/2015 http://www.telegraph.co.uk/news/obituaries/11353604/Faten-Hamama-actress-obituary.html
*** "Remembering Nabeeha Lotfy: A people's filmmaker and loving soul" Ahram Online 2/07/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/32/134328/Arts--Culture/Film/Remembering-Nabeeha-Lotfy-A-peoples-filmmaker-and-.aspx

**** "Remembering Raafat El-Meehy through the eyes of peers, students" Ahram Online 2/08/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/5/32/136746/Arts--Culture/Film/Remembering-Raafat-ElMeehy-through-the-eyes-of-pee.aspx