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miércoles, 20 de agosto de 2025

La España de los reproches

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Mientras España arde los políticos buscan la forma de responsabilizar al otro en juegos sobre este país multinivel que hemos construido y que va de Europa al más pequeño pueblecito semiabandonado (o completamente abandonado) en cualquier zona del territorio. En este amplio espacio dividido y jerarquizado, España se debate entre echar balones fuera de unos y la exigencia de acciones reales, de sentido común o técnicas.

Los fuegos no salen de nuestras primeras planas, ya sea por superar tristes récords, por muertos y heridos o por el cabreo de los ciudadanos que ven destruido lo que les rodeaba, posesiones y una vida de recuerdos, que reviven la sordera ante sus avisos.

En RTVE.es nos dan un titular de la quinta entrega de la serie "España se quema", de Daniel Rivas desde Sanabria (Zamora), ""¡Se me quema la casa!": el grito de los frustrados vecinos del Parque Natural de Sanabria que "nadie cuida""*.

Hemos pasado de las autoridades a los técnicos y, especialmente, al pueblo que sufre estos incendios y que ya pide cabezas de los que no les atendieron, de los que no hicieron caso de las advertencias:

El cielo es naranja y flotan virutas de ceniza. El viento aparece, remueve el polvo del suelo y, sin dar más explicaciones, se ausenta. Él y el calor van a marcar la supervivencia de las poblaciones. Censi, la hija de Elena, califica el incendio de "predecible".

En su opinión, los ganaderos ya avisaban este domingo de la evolución de las llamas de un fuego cercano y sus consecuencias si se acercaba a los núcleos de población. "Conocen el monte mejor que nadie, pero ninguna autoridad les pregunta por su opinión". Cristian y su familia tienen caballos en la zona y, hace dos días, los bajó al río para rodearlos de agua e intentar salvarles. Desde entonces, ayuda a otros ganaderos a poner a resguardo a sus animales.

"Estamos muy enfadados", recoge Censi. Y explica que en su localidad hay tractores y, si alguien les hubiera coordinado, hubieran podido hacer cortafuegos: "Antes los incendios los apagábamos todos juntos, ahora no nos dejan".* 

Las quejas de este tipo se multiplican en todas partes: no se ha hecho caso a los que conocían la zona, a los que advertían de lo que podía ocurrir.

La conversión de los montes en zonas "controladas", donde "control" significa que nadie puede tocarlas y, a la vez, que quedan a expensas del abandono, una muy mala forma de entender la naturaleza y su protección.

La idea ahorrativa de una naturaleza que se cuida a sí misma y de la que hay que mantener alejados a los seres humanos, se encuentra con la terrible constatación que eso que algunos llaman "protección" no es más que "abandono". Una naturaleza sin control es una naturaleza abocada su destrucción a la más mínima incidencia o, como sucede ahora, a la "tormenta perfecta" de todas las coincidencias: olas de calor, vientos fortísimos, grandes cantidades de lluvia en las estaciones anteriores, etc. Un rayo, una chispa, un incendiario... hacen el resto.

Ese "antes los incendios los apagábamos todos juntos, ahora no nos dejan" con que se cierra los párrafos del texto citado está lleno de una queja muy común: que nadie escucha a los que viven allí, que ya sea por la lentitud burocrática, por el desconocimiento de muchos de los que ocupan desde la política responsabilidades en la prevención de catástrofes, por la mala gestión de recursos o por la contratación temporal mínima al periodo de incendios del personal-

La paradoja es que cuanto más se controla la naturaleza más graves son las consecuencias. Quizá deberíamos revisar los dos conceptos, el de "vigilancia" y el de "naturaleza" para ver dónde nos estamos equivocando porque es seguro que lo estamos haciendo a la vista de los resultados.

Hay que desechar un concepto naif y romántico de la "sabia naturaleza" pensando que quizá es precisamente el origen, que dejar a su aire el crecimiento es un error y que lo que llamamos "proteger" tiene un efecto contrario, el de la acumulación de elementos peligrosos de difícil control.

Quizá habría que revisar a la vez la idea de "vigilancia" y centrarnos en la "prevención", que es mucho más un concepto "activo" que exige más tiempo, todo el año, y no solo algo que se aplica en el periodo veraniego.

Como se hartan de repetir, "los incendios se previenen en invierno", que es cuando se desarrollan los problemas. Hay que empezar a pensar que cada árbol, cada bosque, cada zona protegida o no, es causa de incendio si no se controla cuando se puede.

Hoy, que aplicamos tecnologías de última generación a la mayor tontería, podemos aplicarla a la prevención de muchas maneras, comprendiendo su funcionamiento y midiendo los grados de peligro y probabilidad. Podemos saber qué debemos cortar o recortar ante la posibilidad que chispa o rayo hagan de las suyas.

En la España vaciada hay que vigilar lo que no queda tan vacío como se pensaba. Declarar "patrimonio" enormes zonas no significa dejarlas a su suerte, sino justamente lo contrario, una mayor responsabilidad.

Los destrozos están dejando una España calcinada en lo que es tomado de una forma fatalista: los incendios ocurren el verano. Pero los veranos, cuando los pueblos atraen a sus fiestas, tenemos esos otros invitados. El fatalismo viene de la falta de prevención, es decir, de inversión y buena gestión técnica de los recursos.

Me gustaría que se convocaran más congresos, grupos de investigación, ediciones científicas, para proponer soluciones, formas de estudio, análisis de las circunstancias, etc. Me gustaría que se escuchara a la gente que tiene experiencias de cómo se controlaban anteriormente estos desastres.

Me gustaría que los incendios fueran una emergencia que dejara de un lado laos reproches entre unos y otros, que fuera un factor de unión para evitar que este desastre, que afecta a los ciudadanos de cualquier  color político, no se volviera a producir. Sería una señal de responsabilidad que muchos desean ver. No es lo que estamos viendo. 

 

* Daniel Rivas  "¡Se me quema la casa!": el grito de los frustrados vecinos del Parque Natural de Sanabria que "nadie cuida" RTVE.es 19/08/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250819/incendio-forestal-sanabria-frustracion-vecinos-nadie-cuida-arda/16700349.shtml

sábado, 16 de agosto de 2025

El caso de los burros abandonados

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La actualidad de la España ardiente apenas deja espacio para otro tipo de cuestiones o, para ser más preciso, refleja otro tipo de cuestiones que pasan por la "eficacia" o por la falta de ella.

Que los medios de comunicación nos traigan ahora las disputas de los partidos y gobiernos so0bre los fuegos que asolan España se lee ahora en un contexto nuevo y nos muestra la incapacidad de la clase política de enfrentarse a una situación extrema, como es la destrucción de masiva recursos y de las vidas que se le van sumando por su causa.

La España del momento se debate entre la realidad —los incendios— y la fantasía de las fiestas desplegadas por todo el país; entre los desplazados por los incendios y los turistas dispuestos a vivir la "postal" española, cada vez más distante de la realidad.

Cada vez es más sólido el consenso que no se trata de una cuestión de medios sino de su gestión. La consideración de los incendios como cuestión "veraniega" hace que no se entre en que lo que arde se acumula el resto del año.

Cadena SER

Ayer hablábamos aquí de la utilización de medios naturales para la limpieza de materia inflamable del monte. Se hablaba de animales a los que se llevaba a pastar. Hay muchos lugares en los que se introdujo esta práctica, sin embargo apenas hay información sobre los resultados. ¿Ha funcionado en los lugares donde se practicó? ¿Ha servido de algo?

El rastreo de información me llevó hasta una noticia que adquiere hoy una siniestra actualidad. Ocurrió en 2021 y con secuelas en 2023. Lo leemos en la página web de Telemadrid con el titular "La polémica muerte de un grupo de burros antiincendios en Castellón":

El revuelo político que ha provocado la polémica muerte de una decena de burros antiincendios en el Desierto de Las Palmas, en Castellón, ha precipitado la dimisión del director general de Medio Natural de la Generalitat Valenciana, Benjamín Pérez.

La Generalitat abrió un expediente informativo la semana pasada para esclarecer los hechos y presentará además una denuncia ante la Guardia Civil por el fallecimiento de los animales, que formaban parte de un grupo más amplio introducido en este espacio para prevenir incendios.

La consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, Mireia Mollà, ha dicho en una comparecencia ante los medios que no ha habido una "tutela adecuada" y que la investigación apunta a indicios de "una acción humana".

Según los informes veterinarios, los animales presentaban estrés, pérdida de peso y mordiscos.

Por otro lado, la investigación concluye que hay "indicios" de que la "acción humana" ha podido intervenir en la muerte de los animales, dado que por ejemplo se ha cortado varias veces la valla que los cercaba y también se ha tenido constancia de una denuncia de "amenaza de muerte" a burros de una finca situada a un kilómetro de la de este grupo.*


Las imágenes de los burros muertos nos hacen preguntarnos sobre los intereses o falta de interés que había detrás.

La noticia nos da cuenta de cómo fue un ganadero quien pidió que se habilitara una parcela dentro del parque natural para que los burros pastaran allí y, de paso limpiarían el monte. En qué momento lo burros fueron una molestia, se les dejó de atender y empezaron a presentarse los síntomas de abandono y de crueldad no se nos explica. Fueron los jueces los que tuvieron que intervenir en un caso claro de maltrato animal.

En 2023 se investigó al responsable del Parque natural por no haber vigilado el trato que se daba a los animales y su abandono de todo cuidado. Lo que parece claro es que no había ningún sentido de "programa", lo que hubiera supuesto algún tipo de seguimiento. 

Se autorizó a los burros en una parcela del parque. Por lo demás, quedaron a su suerte y esta es la que les determinaban los humanos. En El Español se explicaba en 2023 "Los équidos murieron de hambre, ya que la Generalitat Valenciana no realizó un informe sobre la vegetación disponible para alimentarlos."**

Hace unos pocos días los medios no mostraron otro cruel abandono en una finca, esta vez de perros dejados morir. Ni el más mínimo asomo de piedad hacia los animales.

Pero volvamos a la cuestión. La responsabilidad de la administración, que llevó a la dimisión del director general de Medio Natural de la Generalitat Valenciana, Benjamín Pérez. ¿Qué sentido tenía el pseudo "proyecto", qué seguimiento se le hacía para ver su eficacia? Según parece, ninguno. Alguien pidió que se le dejara una zona para los burros; se le dio con la excusa del "plan antiincendios" y los burros murieron. Los veterinarios consultados explican que los burros, como otros animales acostumbrados a vivir en cautividad, se defiendan mal dejados a su suerte en la naturaleza. No es proceso de un día, así que el abandono fue claro. No era un plan de incendios; era un plan de ahorro y una demostración de cruel inoperancia de unos y otros.

Es un ejemplo claro de lo que debe cambiar. No basta con lo que se hace o se deja de hacer. Esta España que ha pasado del campo a la ciudad, de los animales de trabajo a las mascotas de compañía sustituyendo a los hijos necesita otros planteamientos. Se nos dice que de los 675.000 burros censados a mediados del siglo pasado, quedan ahora apenas 30.000, muchos de ellos en parques, como atracción turística, para que los niños y adultos se den un paseo. Y eso los que tienen suerte.

El campo requiere vigilancia y atención; inversión y decisión basada en planes reales. La cuestión es ¿están preparadas nuestras administraciones para realizarlo? Las quejas son constantes. Hemos conseguido una administración que  está cogida entre burocracia y alfileres. Son los dos peores efectos, los de la tardanza infinita en todo por falta de recursos y la perentoriedad de esos recursos, que no se ajustan a la realidad. Cuando los políticos se defienden diciendo que hay bastantes recursos y que dan lo que les piden es solo una media verdad. Hay que emplearlos por los que saben y en el momento necesario. Esto es mucho más necesario en este tipo de situaciones catastróficas.

Las personas en los servicios antiincendios se quejan con razón por ser contratados cuando los fuegos están ya en el horizonte; serlo además de forma provisional, por los cuatro meses de verano, que es cuando se piensa que se darán los fuegos. En absoluto cuando se están gestando creando las condiciones para que se produzcan. El resto lo estamos viendo cada día.

Volvemos a decirlo: es necesaria otra perspectiva ante los incendios. Es necesaria otra forma de verlos en su totalidad, como un proceso que no comienza con el fuego en sí, sino mucho antes. Es importante porque esto va a más con el cambio climático; hay que dejar de lados a los negacionistas y a sus intereses oscuros, ya sean ideológicos o económicos. Y hay que pedirle a la clase política unidad y dedicación, aunque sea lo que más les cueste.

Los incendios que padecemos son señal de ineficacia, de desinterés y de abandono. No se ha hecho bien el tránsito de la España rural a la España urbanita y turística. No ha habido guía o control. Esto es el resultado en una España vaciada de personas, pero no de árboles que ahora el cambio climático, junto a la desidia, convierte en llamas.

No, no es solo cuestión de medios. Es sobre todo "gestión" y valoración de los riesgos reales. El caso de los burros muertos es solo un ejemplo más de cómo (no) se gestiona. 

 

* "La polémica muerte de un grupo de burros antiincendios en Castellón" Telemadrid / Europa Press 28/10/2021 Actualizado: 10/8/2023 https://www.telemadrid.es/programas/madrid-directo-om/burros-muertos-Castellon-9-2391150882--20211028071122.html

** "La instructora del caso de los burros antiincendios propone juzgar al pastor jefe del parque natural" El Español 6/10/2023 https://www.elespanol.com/espana/comunidad-valenciana/20231006/instructora-caso-burros-antiincendios-propone-juzgar-pastor-jefe-parque-natural/799920326_0.html

martes, 12 de agosto de 2025

La España quemada

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El cincuenta por ciento del informativo de RTVE, quince minutos, ha estado dedicado a los incendios en España. Han sido quince minutos en los que todo lo demás ha pasado a segundo término, guerras y todo tipo de problemas, de Trump a Putin y su próxima reunión en Alaska. Los animados pasos de los equipos en las pretemporadas han sido reducidos ante la realidad de los fuegos repartidos por el territorio nacional.

Ayer nos tocó a nosotros, a los vecinos de Tres Cantos, una ciudad moderna, que aloja al Parque Tecnológico de Madrid que aloja laboratorios de diverso tipo, centros mediáticos audiovisuales y a algunas de las empresas internacionales más importantes en diversos sectores, como la Siemens o la ITT. Rodeados de bosques y de algunas urbanizaciones que se asientan en la periférica, vivíamos tranquilos el verano. Hasta que llegó el fuego y lo que era reposo y naturaleza pasó a ser riesgo, amenaza y un espacio hostil.

El incendio, nos dicen, comenzó sobre las ocho de la tarde. En esos mismos momentos salía de un bazar cargado con cajas de cartón para una mudanza. El viento me arrastraba y tuve que parar un par de veces a recomponer las cajas, que se me escapaban por la fuerza del viento; tuve que quitarme la gorra para evitar que me la arrancara. Al cruzar las calles, notaba la fuerza del viento que se canalizaba en ellas.


En el otro extremo del pueblo, ardía con virulencia el fuego. Dicen que avanzó seis kilómetros en 40 minutos y que el fuerte viento ha sido en esto decisivo. Mientras escribo esto, tratan de controlarlo y hacerlo antes de que vuelva a soplar el viento.

A todos nos gusta vivir en pueblos bonitos, rodeados de bosques, con praderas verdes y árboles bajo los que cubrirnos del sol. Sí, a todos nos gusta. Pero cuando ese estado idílico se vuelve un peligro, miramos hacia otro lado y no se invierte en prevención.

Tres Cantos no es un pueblo de la "España vaciada". No es uno de esos pueblos en los que apenas quedan vecinos, que han sido abandonados por bancos, farmacias, maestros, asistencia médica... Son pueblos que quedan a su suerte, que es el abandono.

A todos nos gusta vivir en espacios con bonitas vistas naturales o que sean declarados de interés por los organismos nacionales internacionales. Pero esta forma de vida tiene ya un riesgo claro en el cambio climático que muchos, pese a las evidencias abrumadoras, quieren seguir negando.

El negacionismo tiene su sentido económico. Si el tiempo "no cambia" o lo hace de forma "natural" no merece la pena invertir en prevención. Es, simplemente, un "año malo" para los incendios, vendrán mejores.

La sequía prolongada, las tormentas secas y con fuerte aparato eléctrico forman parte de la naturaleza, sí, pero la prevención está en las manos humanas. Pero cuesta invertir en prevención. Cuesta exigir que se hagan planes que incluyan corta fuegos, agua asequible en determinados puntos estratégicos, que se exijan medidas de protección en los perímetros de las urbanizaciones, que se realicen podas efectivas y limpiezas de los restos, etc. Cuesta invertir en algo que sin embargo es cada vez más probable y peligroso.

Estos no son los incendios veraniegos anteriores. Hay fuegos por toda España, a la vez y con condiciones meteorológicas adversas. Es frecuente que se cuelen en las entrevistas de las televisiones las quejas de los vecinos por la falta de unos medios que se han reducido en los últimos tiempos. Parece que se juntan los fuegos allí donde cuesta apagarlos.

Cadena Ser

La ola de calor se prolonga y se baten récords de temperaturas calientes por toda España. No nos sirve de mucho hacer ver que en otros países también se producen. Lo nuestro es nuestro, para bien y para mal.

Es necesario de forma urgente un plan de inversiones y un plan de actuaciones preventivas. No vale vender la excepcionalidad de lo que está ocurriendo. No hay que mirar al pasado, sino al futuro. Lo que ha ocurrido hoy no había ocurrido así antes, pero es muy probable que vuelva a ocurrir así o peor incluso.

Como país turístico tendemos a ignorar los efectos que el cambio climático va a causarnos, que sin duda ocurrirán, sean los que sean. Preferimos disputar sobre a quién le toca prevenir e invertir, dedicar fondos a festejos veraniegos, etc. que a establecer esos planes de prevención que reduzca la posibilidad o la intensidad.

En la zona de Tres Cantos que se ha quemado (y se sigue quemando a esta hora) hay laboratorios químicos, empresas tecnológicas importantes. Venderles un entorno tranquilo y bonito está muy bien. Pero el riesgo de incendio aumenta y la vegetación que nos rodea se convierte en peligro si no se controla de alguna forma.

La prevención es también un estado psíquico. Es la conciencia de que pueden evitar los problemas si se realizan las medidas adecuadas. La inversión en prevención crea una duda en algunos: ¿y si no han pasado porque no tenían que pasar? Es decir, ¿para qué invertir; no es mejor (o más rentable) invertir unos días en apagarlo que invertir cada año en evitarlo?

Lo que tenemos este verano con los fuegos es la manifestación del resultado de dos fuerzas, las de la naturaleza, que se intensifican, y las humanas, que nos son capaces de asimilar los cambios y que hay que reevaluar el sistema, rediseñarlo para evitar estas catástrofes humanas y medioambientales.

Lo demás es engañarnos nosotros mismos y dejar que nos engañen. Lo ocurrido con la "dana valenciana" debería habernos enseñado cómo lo que es natural se intensifica por los errores o los negacionismos humanos.

Urge crear condiciones antiincendios para las construcciones, que se extremen en aquellos lugares que se venden como paradisiacos, en plena naturaleza. Hay que crear puntos accesibles para el agua en zonas peligrosas. Hay que incrementar las fuerzas anti incendios y dotarlas de recursos más poderos. Es necesario intensificar la vigilar con más intensidad en los puntos de riesgo, que han de ser evaluados conforme a las condiciones climáticas del momento. Y hay que realizar ejercicios de simulación, que las personas sepan los riesgos y cómo actuar.

Muchas veces está claro el origen del fuego, pero la escala entre el fuego intencionado y la chispa accidental es tan variada que se pierde su inicio. Chispas, barbacoas, rayos, maquinaria, pirómanos... son muchas causas posibles. Pero alguna hay. Es importante saber qué ha causado cada incendio, que deje de ser una "suposición" y se transforme en una "certeza". Toda esa información permitirá conocer mejor el fuego y su comportamiento. La ciencia debe comprometerse con esto en proyectos financiados. Será una buena inversión ante esta falta de conocimiento que se limita a decir que todo cambia muy rápido; permitirá establecer los riesgos mayores o menores y ayudar al control.

Muchas veces se habla de fuego "intencionado", que ha comenzado en varis focos a la vez. Puede que los desconocidos pirómanos sepan más del fuego que nosotros, las víctimas y las autoridades responsables de la prevención. Lo ocurrido con la dana valenciana nos advierte de que los responsables deben ser técnicos cualificados y no políticos colocados a dedo.

No gustaría ver este otoño que los ayuntamientos aprueban planes de prevención de incendios y que los dotan de medios para que sean eficaces. La dana fue el primer ejemplo de lo que cuesta la ineficacia, ignorar los avisos. Los incendios de este verano son otro de lo mismo.

Esto va a más —más incendios, más peligro— y hay que tomárselo muy en serio.

PD: al cerrar leo la triste noticia de que el incendio de Tres Cantos tiene ya una víctima mortal, que el hombre con quemaduras en el 98% de su cuerpo ha fallecido. Descanse en paz y que sea el último.

viernes, 22 de julio de 2022

Golpes de calor, golpes de conciencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las cifras hablan de más de 1.000 personas muertas por la ola de calor en España. Como señala el titular de RTVE.es esas muertes se han producido en nueve días. Se dice pronto. Me imagino que son muchas las circunstancias que concurren en la diversidad de fallecimientos en esa enorme cantidad. Sin embargo, hay algunos especialmente sangrantes por lo que representan de abandono y de falta de sensibilidad hacia las personas. De todas las muertes que nos han contado, me duelen especialmente aquellas que se han producido en entornos laborales, ante la indiferencia, la falta de normativa o sencillamente la explotación de las personas.

Entiendo —es una forma de decirlo— que hay personas que se enfundan el equipo de deporte a las seis de la tarde para salir a correr pensando que así tienen que correr menos y adelgazarán más. Digo que lo entiendo porque los veo pasar por delante de mi casa, "disfrutando" de sus hazañas calóricas. Da igual lo que se les diga y son felices a su manera.

Pero junto a mi casa hay también un grupo de personas que están realizando obras en la zona, levantando el suelo y volviéndolo a poner a pleno sol desde la ocho de la mañana en adelante, en teoría hasta poco más allá de las seis de la tarde en que cesan las actividades. No tratan de ponerse en forma, de perder peso para ir luego a una playa. Pueden dejar de correr cuando quieran. Los que están bajo mi ventana no tienen esas opciones.

Recordarán que hace dos veranos  —eso espero— el caso de la muerte de un trabajador en plena recolección que fue abandonado muerto a la puerta de un Centro de Salud en Murcia, concretamente en Lorca.  El caso nos lo contaban entonces así en elDiario.es:

Un trabajador del campo de origen nicaragüense ha fallecido abandonado en la puerta del servicio de urgencias del centro de salud Lorca-Sutullena con síntomas compatibles a un golpe de calor. El jornalero al parecer se encontraba en situación irregular en España y no estaba dado de alta en la Seguridad Social.

De acuerdo con el Servicio de Coordinación de Emergencias del 112 sobre las 15:30 el hombre fue arrojado de una furgoneta con el uniforme de trabajo puesto. Una unidad móvil de Emergencias de la Gerencia de Urgencias y Emergencias Sanitarias prestó asistencia al trabajador pero no pudieron hacer nada por su vida. Las temperaturas registradas en Lorca el pasado sábado sobrepasaron los 40 grados.

La Guardia Civil detuvo este domingo al jefe del fallecido, que se enfrenta a un presunto delito contra los derechos de los trabajadores. Se desconoce quién abandonó al jornalero en la puerta de urgencias. El alcalde de Lorca, Diego José Mateos ha recalcado que: “Habrá que investigar quién le dio ese trato inhumano y denigrante que es dejar a una persona muy enferma a las puertas de un centro de salud y no acompañarla. Es un caso muy grave que se debe investigar y depurar responsabilidades”.

El sindicato Comisiones Obreras denuncia la falta de medios y de inspecciones a las empresas en materia de prevención de riesgos laborales tras la muerte de un trabajador del campo de 42 años a causa de un golpe de calor. * 

Ayer los sindicatos se plantaron en Madrid ante la muerte de los barrenderos por golpes de calor. Han pasado dos años y las quejas son las mismas. Nada cambia, nada se mejora en este tipo de políticas de explotación de las personas. Un poco de ruido en los medios, unas promesas fáciles y complacientes y muertos cada año.

Nuestros políticos tienen sus propias guerras, las que les resultan más rentables y poco más. Hemos creado unas insensibles cadenas de mando en donde las órdenes descienden, pero las quejas ante las situaciones de explotación, de indefensión, etc. no ascienden gracias a jefes intermedios temerosos de no ser promocionados si se les considera como "molestos" o "conflictivos". De esta manera estos han creado unas entidades de doble cara, explotadora de sus subordinados y sonrientes para sus jefes, a los que mantienen siempre alejados de los conflictos.

El elDiario.es del día 18 pasado se hablaba de la situación de los barrenderos en la empresa encargada:

La Inspección de Trabajo advirtió a la empresa Urbaser antes de que comenzara la temporada estival de que debía proteger a sus empleados frente a las altas temperaturas previstas para este verano. Este viernes, apenas unas semanas más tarde de ese aviso, un barrendero de esta compañía, a la que el Ayuntamiento de Madrid contrató para sus servicios de limpieza, falleció a causa de un golpe de calor mientras trabajaba en la zona de Puente de Vallecas de la capital.

José Antonio González llevaba tres horas de turno cuando cayó al suelo por el calor. Los efectivos de emergencias encontraron su cuerpo inconsciente, con una temperatura corporal de 41,6º y lo trasladaron al hospital Gregorio Marañón. Allí falleció poco después. A la hora en la que el trabajador sufrió el golpe de calor, la Agencia Estatal de Meteorología registraba en su estación de Retiro 38,9º de temperatura, la máxima del día. En la capital ese día regía una alerta naranja por las fuertes temperaturas. Ese jueves, la ciudad alcanzaba su máxima histórica.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que durante el fin de semana guardó silencio sobre el suceso y ni siquiera escribió un tuit de condolencias, ha defendido esta mañana ante las preguntas de los periodistas la legalidad de los uniformes que usan los empleados de la limpieza en la capital: ha argumentado que están “homologados” y que “cumplen en principio la normativa de riesgos laborales”. ** 

La pregunta es qué tipo de sociedad estamos haciendo. El sistema de precariedad laboral está forzando a aceptar lo que te dan, sin cuestionar. Lo tomas o lo dejas. Da igual que te frías en un uniforme que crea poca ventilación por estar elaborado con materiales baratos o poco adecuados.

Han sido varios los barrenderos muertos. Como todo se transforma en parte de la lucha política, son una excusa para enfrentamientos en las comunidades. Lo que hemos estado viendo con los bomberos estos días se puede repetir en otras profesiones que están recogiendo a personas que no tienen más remedio que aceptarlo. Podemos poner el claro ejemplo del rechazo a las condiciones del empleo de sector de la hostelería.

Las empresas e instituciones, mediante la creación o contratación de otras empresas subcontratadas, creen que eluden sus responsabilidades. La destrucción del tejido laboral es clara, como lo es el pisoteo de los derechos ante el "lo tomas o lo dejas", que se impone. Cobrando mil euros al mes los bomberos, comiendo ridículos bocadillos mientras están en labores de extinción, ¿de qué van a poder quejarse? En tres meses están en la calle y la próxima vez no serán llamados.

Los barrenderos, repartidores, buzoneadores, etc. que han caído muertos en estos días son la muestra trágica de una España feroz, sin derechos, con empleos precarios y explotadores. Hemos vuelto a lo más salvaje e inhumano de un capitalismo que se desentiende las personas, que solo valen para aquello en que se les utiliza.

La crisis económica de 2008 se "superó" solo en las estadísticas, pues nos dejó una enorme crisis moral de la que no solo no nos recuperamos sino que ahondamos en sus vergonzosas y trágicas consecuencias. Son "muertos baratos", inmigrantes, como el nicaragüense muerto, de los que se abusa como se hace en los Estados Unidos, Arabia Saudí y otros países, echando a la calle o al otro lado de muros a los que se encuentran en situación irregular y reclaman alguna mejora, algo de justicia. Eso, como ya se teorizó, crea unas grandes bolsas de parados y de desesperación que aceptan lo que sea con tal de poder sobrevivir.

Deberían atenderse lo que las insuficientes inspecciones de trabajo dejan al descubierto., Pero la propia inspección se queja de los pocos medios que tiene, una estrategia para que haya menos informes negativos. La pena es la clase empresarial que siempre piensa que "no es momento" para atender reclamaciones de mejoras, ya sea en sueldo o en cualquier otro factor que afecte a las condiciones laborales, algo que suele implicar en gastos.

¿Cómo se pueden defender unos uniformes que ya han causado muertes por calor, estén homologados o no? Por pura decencia hay que revisar, comprobar que esos materiales resisten las condiciones actuales de calor, que no causan muertes a las personas. Hay que desplazar horarios y turnos, crear puntos de descanso en los que haya acceso a agua y sombra. Algo hay que hacer, algo más que dar excusas.

Hay que humanizar nuestro enfermo entorno laboral y empresarial. Primero están las personas con las que se trabaja y eso implica atender a sus condiciones. No puede ser que con esta ola de calor veas a gente trabajando a pleno sol en la calle durante horas. 

Nos hemos deshumanizado, unos por la precedencia de lo económico, otros por lo político. Rehumanizar es pensar en las personas, individualmente y como sociedad, dejar de verlos como números y costes, que es lo que hacemos en todos los niveles, de los barrenderos a los universitarios. En un mundo de interinidades, de sueldos mínimos, de contratos por días, quejarse es ir a la calle, no renovar.

Cualquier idea de "progreso" o "mejora" es ridícula en estas condiciones, con estas muertes. No, la culpa no es del "cambio climático"; lo es de nuestro egoísmo deshumanizado, de nuestra indiferencia. Cada muerte por golpe de calor en el trabajo es un golpe a la conciencia de cada uno. El problema es la indiferencia que comentamos.

 

* Elisa M. Almagro "Fallece un jornalero en Lorca tras ser abandonado en la puerta de un hospital con un golpe de calor" el Diario.es 2/08/2020 https://www.eldiario.es/murcia/municipios/fallece-jornalero-lorca-hospital-calor_1_6143320.html 

**  Alberto Ortiz / Carmen Moraga "Trabajo advirtió a la empresa del barrendero fallecido de que debía proteger a sus empleados frente a la ola de calor" elDiario.es 18/07/2022 https://www.eldiario.es/economia/trabajo-advirtio-empresa-barrendero-fallecido-debia-proteger-empleados-frente-ola-calor_1_9180899.html

martes, 19 de julio de 2022

¡No, no están locos estos ingleses!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Ayer un canal de televisión nos mostraba, tras las imágenes de incendios y los mapas de calores extremos que estamos padeciendo en nuestras carnes, tras decenas de declaraciones de españoles de todas partes confirmando que "¡hace mucho calor!", "llevo viviendo aquí XX años y nunca he visto algo igual", etc. etc. los efectos de esta ola del calor un poco más arriba en las islas británicas.

A diferencia de los asados españoles, los británicos —se nos mostraba a los londinenses— manifestaban su satisfacción por el calor, por ser la primera vez en su historia que las autoridades del país decretaban una alarma por alta temperatura. "¿Están locos estos ingleses?", se preguntarán viendo el contraste entre la opinión de los que recorren nuestras calles bajo los más de 40 grados a la sombra que nos atacan estos días (y lo que te rondaré) y la de los requemados españoles, asombrados por el intenso calor.

Las imágenes de los londinenses sentados en sus parques tomando el sol tienen su sentido y nos avisan de algo a nosotros, receptores de británicos, alemanes, suecos, etc. Si lo que nos auguran es cierto, que nosotros vamos a la desertización mientras que en el norte de Europa se van a suavizar las temperaturas, ya podemos ir cambiando, como se dice ahora, el "modelo".

La felicidad de los ingleses que se pueden tumbar al sol en un parque es la felicidad del que se va a poner (relativamente moreno) y se va a ahorrar el coste de las vacaciones. Gratis puede salir a pasear por los parques, junto a los ríos y demás parajes que le permitan disfrutar de ese clima inusual.

Durante décadas el turismo del sur de Europa ha vivido de la dureza de los inviernos en Alemania, Suecia y Gran Bretaña, asiduos de nuestra Costa del Sol y, en especial, de Canarias y Baleares, donde los británicos en especial siguen disfrutando de su insularidad pero en bañador. Muchos se jubilan y vienen a vivir a nuestras costas. En el lugar donde yo veraneaba, los primeros en llegar fueron suecos y alemanes. Se jubilaban y se pasaban otoño, invierno y primavera bajo el benéfico clima español. Cuando llegaba el verano, con calor y ruidosos turistas jóvenes deseosos de marcha, ellos cerraban (o alquilaban) sus chalets y se volvían a Suecia a disfrutar de un clima más suave y ver a la familia. Eso se repetía cada año. Se acababan los inviernos fríos y oscuros del norte y se disfrutaba de la buena temperatura (en comparación) del invierno mediterráneo o del atlántico canario.

En Alemania, por ejemplo, cuando un día de invierno o primavera hace una buena temperatura, se suspenden las clases porque les parece una maldad tener a los niños sin que lo disfruten. Es un día de parque y paseos. En un artículo publicado en 2017 en La Voz de Galicia, titulado "Si hace calor, no hay clase", se explicaba: 

Falta un cuarto de hora para las 11, la primera pausa de la mañana. Una multitud sale corriendo al patio, capitaneada por uno de los niños más espabilados de la clase. El objetivo: hacerse con el termómetro que cuelga de la pared y mide la temperatura máxima a la sombra. Saben que a partir de 25 grados, al profesor no le quedará más remedio que darles el día libre. Las escenas como esta se repetían a menudo en las escuelas alemanas de Schleswig-Holstein, en el norte del país, hasta 1998, en virtud de una orden ministerial llamada hitzefrei, cuya traducción significa «sin calor». De origen desconocido, aunque muchos se la atribuyen al pediatra del siglo XIX Adolf Baginsky, la normativa establece el derecho a perder o reducir jornadas lectivas y laborales debido a temperaturas elevadas.

La norma se aplica de forma distinta en cada estado federado a partir de los 25 grados Sin embargo, actualmente no existe una ley alemana del hitzefrei como tal, sino que se aplica de forma distinta según el estado federado. Por ejemplo, en Renania del Norte-Westfalia, la región más poblada del país, para que entre en vigor los termómetros deben superar los 27 grados. No obstante, la decisión final quedará siempre en manos de los directores de los centros educativos, que tienen en cuenta el diseño de su edificio. «Tener 27 grados en un colegio con ventanas de cristal y el sol pegando de frente resulta insoportable, mientras que otro más antiguo con gruesos muros de hormigón garantiza siempre el fresco», explica una portavoz del ministerio de Educación de Baviera.* 

 

Aquí en España, que somos muy modernos, por el contrario, hemos hecho que nuestros cursos comiencen cada vez antes, trasladando al mes de septiembre, muy al principio en nuestras Universidades, institutos y escuelas. Empezando la primera semana de septiembre, podemos encontrarnos con un auténtico drama horneado. En años anteriores ha habido que dar clases ya desde primera hora de la mañana con las puertas y ventanas abiertas (antes del COVID) y vamos, según el panorama, a tener que hacerlo más este años. Se ha invertido mucho en aires acondicionados, con lo que el gasto energético en mantener enormes edificios (pienso en mi facultad), medianamente fresca hará reírse a Putin.

Todos los cambios en nuestros programas educativos se han hecho para ajustarse a otros países sin tener en cuenta que nuestro clima es nuestro y que vamos camino del infierno climático, según todos los datos que nos dan. Los alemanes se pueden permitir varios días al año porque, por ahora, los 27 grados no son frecuentes en el periodo escolar. Pero nosotros no somos Alemania, sino el lugar al que antes venían los alemanes huyendo de un frío que, con el calentamiento global se ha convertido en un recuerdo.

Si todo se acelera, como nos dicen ahora (otra vez) los expertos, y este verano de fuego y calor es solo el principio de una "buena amistad", habrá que empezar a pensar en cambiar el calendario escolar y volver al anterior, es decir, terminar las clases en junio y comenzar a finales de septiembre o primeros de octubre. Ninguna alternativa es buena: 1) morirse de calor y 2) gastar mucho dinero y consumir mucha energía en mantener frescos los espacios.  Hay una tercera que reúne a las dos, es decir, morirse de calor y despilfarrar recurso.

Ayer hablábamos aquí de la rehabilitación de las casas para poder afrontar estos efectos del ya innegable cambio climático. Vamos a tener que ir pensando en algo antes que nos estalle entre las manos. ¿Habrá que suspender las clases como hacen en Alemania cuando se supere una determinada temperatura, pongamos 35-40 grados? Son temperaturas que podremos tener perfectamente en mayo, junio y septiembre. Puede que octubre tenga todavía alguna ola.

La imagen superior no está tomada en algún lugar de Levante, sino, como señala su pie, en un parque londinense. No es frecuente encontrar una imagen así en Reino Unido, pero es que esto no es corriente en forma alguna, aunque sí pasará a ser habitual, según nos auguran.

En un viaje a Egipto, acompañé a una profesora amiga en una reclamación sobre una parte de su sueldo que no le habían abonado correctamente. Pasamos por tres estancias, las que iban del funcionario de la ventanilla al director del centro. "¿Qué has aprendido de esto?", me preguntó desesperada porque no habían servido de nada sus esfuerzos. "Que el funcionario de la ventanilla se muere de calor, que el jefe de su negociado tiene un ventilador y que el jefe de todos tiene aire acondicionado en su despacho". Se rio y me dio la razón.

¿Vamos nosotros a una concepción jerárquica similar del calor? ¿Vamos a ver cómo los que tienen aire acondicionado en sus despachos planifican los sudores de los que están en la calurosa base? Tradúzcanlo a los espacios que quieran. Desgraciadamente, en todos los lugares ocurre lo mismo. Los que están frescos en sus despachos deciden sobre los que no tienen sombra que llevarse a la cabeza.

La contabilidad del calor es muy peculiar. Algunos hablan oficialmente de la "segunda ola", pero no es cierto. Ya en mayo sufrimos una primera ola fuerte de calor. La que tenemos ahora es la tercera. Eliminar la de mayo es desoír a la razón y a la historia y lanzarse de cabeza al infierno climático. En mayo ya se superaron los 40 grados. La opción en mayo ya no es la de irse a la playa o a las piscinas (habrá que modificar calendario y horarios, como se está haciendo en algunos lugares  manteniéndolas hasta la madrugada). Los titulares de la prensa en el mes de mayo eran: "El más intenso de los últimos 20 años. La particular 'ola de calor' de mayo: qué zonas sufrirán más las altas temperaturas" (El confidencial 19/05/2022), "Ola de calor en mayo: cuáles son las ciudades en alerta por las altas temperaturas" (20 minutos 19/05/2022), "España vive una ola de calor récord en mayo" (CNN en Español 22/05/2022). Los 40, sí, se alcanzaron.


La información sobre las temperaturas es muy especial. Son formas de mover a la gente de un lado a otro. Las informaciones europeas hablan del desastre de la subida de las temperaturas, de los incendios y de los desalojados, de los muertos por la ola de calor, que en el caso de España supera los 350, algo que aquí no escuchamos mucho. "Las altas temperaturas han provocado más de 350 muertes en todo el país, 123 solo este viernes "**, escriben en la edición española de Euronews, con datos de EFE.

Los titulares de la edición inglesa de Euronews son más duros, "'Climate change is killing people': Europe's extreme heat continues. More heat records are expected to be broken on Tuesday as the blazing temperatures reach further north and east."*** El titular, curiosamente, se lo ha dado nuestro presidente Pedro Sánchez, cuya palabras se citan: 

“Climate change kills,” Spanish Prime Minister Pedro Sánchez said Monday during a visit to the Extremadura region, the site of three major wildfires. “It kills people, it kills our ecosystems and biodiversity."  

Spain has been in the grip of the suffocating heatwave for more than a week, with almost the entire country under an "extreme risk" fire alert, and temperature highs in many places above +40°C. *** 

Curiosamente el primer comentario a la noticia es claro en sus conclusiones. Un tal "Ho Chi Mi" escribe: "Seems like good news, North Europeans don’t need to go holidays to South Europe no longer, soon there will be 6 months summer in UK"**. Es una interesante coincidencia con lo que habíamos visto en los felices londinenses con la subida de las temperaturas. Ahora que todo está tan caro, es un regalo no tener que ir a buscar el sol del Mediterráneo.

Si las perspectivas más pesimistas o las medianamente pesimistas se cumplen, los españoles tenemos una serie de preocupaciones encadenadas por delante. Si el calor incendia el país habrá que tomar medidas para prevenirlo y es hora de que vayan surgiendo ideas, que no aparecen sobre cómo tratar de vigilar el peligro de los incendios. Hay muchas lamentaciones, pero se ve poca prevención. Los incendios están cada vez más cerca de zonas habitadas por lo que se podrán habilitar medidas de prevención y defensa. Los vecinos de algunas zonas se quejaron de la poca cantidad de efectivos para salvar sus pueblos y zonas. Cuando, como ahora, tenemos incendios por todas partes, habrá que empezar a ver cómo repartir recursos y, sobre todo, prevención. Eso de que "no se limpia el monte" no se puede seguir escuchando.

Si el calor se nos va a meter en mayo y septiembre de forma fuerte, habrá que revisar los calendarios, especialmente los escolares. Habrá que hacer algo más. Tendremos que prever qué ocurre con esos campos esenciales para nuestra economía, los derivados del turismo, si en España se siguen produciendo olas de calor, muertes diversas y se dispara la inflación más de lo que está.

Puede que esos ingleses tan contentos con sus elevadas temperaturas no estén tan locos como se piensa y que el "oracular" Ho Chi Mi vea el ahorro que va a suponer para los británicos pasar los cálidos veranos en casa con unas temperaturas cálidas pero soportables y no entre 40-45 grados como ahora tenemos por aquí. Puede que los ingleses no estén tan locos como pensábamos.

Lo normal será que nuestra habitual ceguera para la prevención, el paso de la pelota de una administración a otra y la tendencia nacional a la queja antes que a la acción nos haga caer una y otra vez en los mismos errores. Me gustaría equivocarme. Sea como sea, lo cierto es que nos va a afectar y mucho.

Se está formando la tormenta perfecta, algo más que un chaparrón veraniego. Mientras, los londinenses se preparan para pasar hoy la noche más calurosa de su historia. 


* Patricia Baelo "Si hace calor, no hay clase" La Voz de Galicia 30/07/2017 https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2017/07/30/calor-clase/0003_201707G30P36991.htm

** "'Climate change is killing people': Europe's extreme heatwave continues" Euronews 19/07/2022

https://www.euronews.com/2022/07/19/climate-change-is-killing-people-europes-extreme-heatwave-continues

*** "España combate decenas de fuegos en medio de una mortífera ola de calor 17/07/2022 https://es.euronews.com/2022/07/17/espana-combate-decenas-de-fuegos-en-medio-de-una-mortifera-ola-de-calor