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lunes, 2 de junio de 2025

La España precaria que el ministro no ve

Joaquín  Mª Aguirre (UCM)

Que salga un ministro presumiendo del aumento del empleo y el crecimiento de la economía no deja de ser un cierto tipo de descaro y, sobre todo, la creencia en que los responsables de nuestro bienestar están satisfechos. Más allá de los excesos planteados por los políticos en sus acusaciones mutuas, están la realidad del día a día y los bolsillos de los españoles.

Si los políticos se creen lo que nos cuentan, que todo va bien, es un problema grave cuando la población no percibe lo mismo. El empleo puede crecer, pero también su precariedad, vinculada a un modelo hecho para los que tienen ganancias suficientes para permitírselo. Se gana menos y aunque los sueldos puedan subir, lo hace más la inflación. En cualquier encuesta a pie de mercado le dirán que la vida está mucho más cara, que los precios están disparados. No sabemos muy bien si esto se nota con los sueldos de los políticos, de los que prefieren no hablar.

La economía crece, nos dicen, pero no se habla tanto sobre cómo se reparten esas ganancias, quiénes se las llevan. Los bancos, por ejemplo, ganan mucho más y se meten en las cifras de ganancias. Pero para que los bancos ganen tanto, otros lo tienen que perder.

¡Qué les vamos a contar de la vivienda! La falta de dinero hace que los propietarios busquen rentabilizar sus pisos echando a la calle  a sus inquilinos aprovechando los huecos de la ley y así poder subir de golpe los precios de los alquileres. Como con estos sueldos actuales nadie puede ser propietario, se endeudan para toda la vida o se dejan el sueldo en la casa.

Por supuesto se te anima a pedir créditos para poder disfrutar de unos días de vacaciones y mantener vivo el negocio hostelero y vacacional. Hay que visitar mesones, hoteles, fiestas patronales... para que España siga en marcha. A la "España vacía" se le suma la "España de los bolsillos vacíos", la que vive al día, que apenas llega a final de mes y espera la vuelta de la luz tras los apagones sentada en un chiringuito.

En 20minutos se nos dan datos de eso que el ministro no ve en su miopía, la realidad:

El panorama salarial de España no es precisamente alentador. La última estadística retributiva conocida la semana pasada es la constatación de un hecho: la mayoría de los trabajadores siguen siendo más pobres que antes de la gran recesión de 2008. Sin embargo, hay un sector que llama la atención por encima del resto por su pobre desempeño salarial. Hablamos de la hostelería, que vuelve a ocupar el vagón de cola retributivo y cada vez se acerca más al salario mínimo.

Los datos de la Encuesta de Estructura Salarial (EEA) del INE reflejan que en 2023 (último año disponible) el sueldo medio en hostelería era de 16.986 euros brutos anuales. Una cifra que se sitúa tan solo un 12% por encima del salario mínimo interprofesional (SMI) en ese mismo ejercicio. 

La hostelería es desde siempre el sector donde el trabajo está peor pagado de España. Sin embargo, lejos de reducir distancia retributiva con el resto de profesiones, la situación se ha agravado en los últimos años. Tanto es así que la hostelería es el tercer sector que más poder adquisitivo ha perdido en comparación con el que tenía antes de la gran crisis financiera de 2008. *


Es solo un pequeño detalle, una pincelada de realidad que seguro que les amarga el desayuno a muchos políticos. Difícilmente se podrá arreglar algo si no se entiende qué está mal y porqué.

La política se ha organizado muy mal en España. Se han creado grupos que atraen a incompetentes y  habladores. Es algo que hemos tenido que tratar aquí en varias ocasiones ante casos como el de la dana levantina, con políticos bloqueados sin saber cómo responder a las situaciones de crisis creadas.

Hemos generado una multitudinaria clase política que se ha puesto a salvo de sus propias crisis, las que genera con sus incompetencias. El modelo turístico español es altamente dependiente y, sobre todo, injusto, mal repartido y precario, como se nos ha explicado. La política, por el contrario, gestiona sus propios recursos, crece lo que sea necesario para garantizar fidelidades y atrae a personas que acaban dando el salto a la delincuencia en cuanto que aumentan sus deseos de vivir mejor. Los recientes casos que han salido a la luz de unos y otros, además de convertirse en piedras que lanzarse entre ellos, muestran un patrón común, que acaba con ellos en juzgados y prisiones.

Estafas, círculos mafiosos, comisionistas, regalos de pisos, etc. son los méritos de muchos de estos políticos que se han ido situando, como fieles a sus jefes, en los lugares desde los que se acepta o promueve la corrupción. ¡Qué lejos cualquier pelotazo dado de esos miserables sueldos del que trabaja en bar o chiringuito!

No señor ministro, no. España no va tan bien como usted me cuenta. 

 * Jorge Millán "Radiografía de una hostelería precaria: sueldos que rozan el SMI y trabajadores más pobres que antes de la crisis de 2008" 20minutos 2/06/2025 https://www.20minutos.es/noticia/5717469/0/radiografia-una-hosteleria-precaria-sueldos-que-rozan-smi-trabajadores-mas-pobres-que-antes-crisis-2008/

domingo, 18 de agosto de 2024

El desempleo juvenil

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si ayer tratábamos aquí sobre la sociedad descrita por Patrizio Bianchi, sobre su estructura y problemas planteados hoy y hacia el furo, hoy podemos ver desgraciadamente sus efectos y la coincidencia en sus resultados.

La idea es que, cada vez más, las economías están en manos de los grandes grupos, las grandes empresas que imponen su modelo a los estados. Este modelo se basa en el beneficio y este tiene su base en la automatización y el rendimiento de los datos, profundamente vinculados. Es con la automatización que se consiguen el procesamiento y el control de la economía, que se caracteriza por la orientación del consumo mediante la recopilación y procesamiento.

La idea de Bianchi es que esto produciría —si no se corrige— una reducción de los grupos de élite, cada vez más ricos y poderosos, y un creciente grupo de nabo de obra precaria y poco preparada con la que atender aquellos servicios indispensables, De esta forma, la producción, por ejemplo, se puede dirigir al sector del lujo, ya que serán los ricos quienes podrán disfrutar del gasto, algo que queda muy limitado en los sectores más explotados.

La confirmación de esto la tenemos en cada noticiario cuando se nos muestra a personas que difícilmente pueden hacer otra cosa que sobrevivir, ya que sus sueldos (cuando los tienen) van a la baja mientras que los precios suben. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en la vivienda, que se encarece mientras que se retrasa la edad de acceso. El problema de los "alquileres turísticos" es el mismo: la vivienda se dirige hacia los que pueden pagarla, desplazando a los propios habitantes, que dejan de poder acceder a lo que les rodea. Los ejemplos se pueden multiplicar. Son efectos de casi las mismas causas: sueldos bajos, precios altos. Llámalo "mercado", la intocable religión que nos preside desde la época Reagan-Thatcher y que ha causado sus propias crisis. Hay que "atraer inversores" y estos lo cobran con creces.

Desde hace algunos años hemos escrito aquí que vivimos en una sociedad que ha decidido la explotación generacional, es decir, han sido los jóvenes los que ha padecido sobremanera estos planteamientos. Hoy lo vemos con claridad y sus efectos.

Anteriormente han sido las mujeres las víctimas. Las mujeres en Estados Unidos, que habían sido llamadas a las fábricas para compensar la ida de los varones al frente en la Segunda Guerra Mundial son despedidas en masa tras el fin de la guerra y el regreso de los supervivientes. Las reacciones ante esta situación darán forma al feminismo  moderno organizado. A la idea de que es el "cabeza de familia" al que hay que contratar porque es el que lleva el dinero a casa, choca precisamente con la igualdad de oportunidades y, sobre todo, con la independencia laboral femenina, que lo es también de la persona.

No es casual el antifeminismo de Trump y los republicanos. Se basa en la idea antes impuesta. El "neo tradicionalismo" cuenta con la retirada de las mujeres del mercado laboral, con la idea del candidato a vicepresidente con Trump, J.D. Vance, de las "mujeres posmenopáusicas", con mujeres cuya única función es cuidar hijos y nietos ya que no pueden tenerlos. En la utopía retrograda e involucionista republicana las viejas soluciones son las que resuelven el futuro. Hay, además, que tener hijos para evitar que la inmigración (que sí los tiene, como proletariado), se haga con el poder. De ahí las curiosas, por decirlo así, formas de evitar las reagrupaciones y demás políticas familiares.

Una de las consecuencias más graves de esta forma de tratamiento social de la inmigración está en falta de oportunidades de desarrollo en el propio país. Percibidos como empresas, los países son vistos desde los costes de producción, es decir, no desde el beneficio social sino desde el puro beneficio. Los conflictos desatados en España frente al turismo, su producción estacional y precaria de empleo, creciente como fórmula de desarrollo, nos permiten ver con claridad los problemas en cadena que producen y la forma en que los que se benefician de ellos lo favorecen.

RTVE.es nos trae el titular "El Banco Mundial alerta de la falta de oportunidades para los jóvenes en las economías en desarrollo", que nos ayuda a comprender parte del problema: 

En los próximos diez años, las economías en desarrollo de Latinoamérica, África y Asia solo serán capaces de generar empleos para una tercera parte de todos los jóvenes en edad de trabajar, ha alertado en un informe el Banco Mundial (BM), que acaba de crear un consejo de alto nivel para abordar el problema durante una "década crítica".

En un informe titulado La gran regresión: Perspectivas, riesgos y políticas en los países que reciben financiamiento de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el BM ha señalado que la mitad de los 75 países más vulnerables del mundo, "enfrentan por primera vez en este siglo una brecha de ingresos con las economías más ricas que es cada vez mayor". 39 de los países clientes de la Asociación Internacional de Fomento se encuentran en el África subsahariana. Catorce de ellos están en Asia oriental, y ocho en América Latina y el Caribe.

Las manifestaciones de las últimas semanas en países como Kenia, Nigeria o Bangladés, aunque con diferentes reivindicaciones y desenlaces, tienen un nexo común: la falta de perspectivas para los jóvenes.*


Es obvio que esa falta de oportunidades se traduce en emigración forzosa, en huida hacia países en los que se supone que habrá oportunidades de trabajo y por ello de supervivencia. Pero también es obvio que esto crea sus propios problemas en esos países, que ya tienen los suyos.

El fomento de los populismos xenófobos y racistas en una de las respuestas simplistas y violentas al hecho de la migración. La percepción de la Unión Europea como un espacio de oportunidades  hace que confluyan en ella diversos flujos, con lo que se aumentan las tensiones. Estas yo no solo se producen con lo que llega de "fuera", sino con lo que lo hace desde "dentro". En estos días los medios han reflejado el malestar de algunas poblaciones por la llegada de los turistas del "interior" frente a los residentes "costeros".

La separación mundial entre economías "ricas" y "pobres" evita señalar que esas "economías" ricas solo lo son en los grandes números y que están generando precisamente unas grandes diferencias en su seno. Son este tipo de distancias internas las que siembran los conflictos migratorios y sociales que vemos.

A la parte "rica" solo le preocupa una mano de obra cada vez más barata en aquellos sectores que no son deslocalizables, como ocurre con el turismo y los servicios aledaños. La economía sumergida, la precariedad, los bajos sueldos, la ausencia de derechos, etc. no son vistos con malos ojos por algunos. Estas son bazas que la xenofobia juega para alentar conflictos sociales. Los bulos favoritos para la desinformación se suelen centrar en estos aspectos.

¿Pueden sobrevivir los países cuyas economías penalizan a los jóvenes? Ya no hablo solo de "economías", sino de "países". El hecho de que sea tan mala la situación de los jóvenes —a la cola de la emancipación, de tener hijos, de la precariedad, de los bajos sueldos...—, incitados al consumo y no al trabajo, ¿qué consecuencias tendrá (o tiene) en nuestro desarrollo?


Evidentemente muchas si no se tiene en cuenta. Lo malo de nuestras economías es que no son dirigidas, sino que son llevadas por los agentes más poderosos. Si Bianchi reclamaba el papel esencial de la educación, en España los titulares mediáticos resaltan lo que llaman "sobrecualificación", es decir, el "exceso de estudios". El problema, según parece, es que hay que aceptar los peores destinos para que la mano de obra no se vuelva exigente.

En España, convertida la juventud en un sector consumista sin posibilidad de consumo, les damos un "bono" para que gasten lo que no pueden tener por sus medios. De esta forma se gasta en cómics, videojuegos, cines, etc. que es lo que se les ofrece para su "entretenimiento" y supervivencia de sectores especializados. No se acaba con el paro, pero sí con el aburrimiento.


En vez de invertir en proyectos que nos lleven hacia adelante, hacia un mundo más adecuado aprovechando el desarrollo, la idea esencial es que dada la imposibilidad de deslocalizar el sector turístico, la mano de obra sea lo más barata posible, que se acepte la estacionalidad, la precariedad y la falta de incentivos y derechos, como parte del modelo de negocio. Algo similar ocurre en sectores agrícolas, donde se nos da cuenta de la explotación normalizada.

El problema no es solo en los países en desarrollo, en las economías donde no se crea empleo y se empuja a la migración. También lo tenemos en economías como la nuestra en las que se crece de forma bastante crítica y no se corresponde el crecimiento con las expectativas, con lo que también se dan migraciones a otros espacios con mejores empleos y mejor pagados, aquellos que optaron por otro modelo.

Urgen planes para un desarrollo capaz de dar luz al futuro y dejar este pesimismo que se ha instalado ante lo que vemos y hacemos. Hay que combatir también esta ausencia de responsabilidad social justificada en el beneficio que impera y se transmite a través de la sociedad disfrazada tras las teorías del éxito. Hace falta una mirada más global y responsable, solidaria, capaz de invertir con criterios diferentes. Puede parecer difícil, pero hay que intentarlo.

El problema está en convencer a los que se benefician claramente con este modelo.


 

* "El Banco Mundial alerta de la falta de oportunidades para los jóvenes en las economías en desarrollo" RTVE.es 16/08/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240816/banco-mundial-alerta-falta-oportunidades-para-jovenes-economias-desarrollo/16220367.shtml

miércoles, 6 de septiembre de 2023

Avisos y sorderas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Los destrozos que estamos viendo por todo el mundo, de incendios a inundaciones pasando por "danas" como la que acabamos de padecer nos muestran un problema, que da igual que aceptemos o no, está ahí. Podemos negar el cambio climático incluso dudar de la conveniencia de las alertas sobre tener cuidado, no salir de casa o evitar trayectos.

Eso es lo que apreciamos gracias a la tendencia de las personas a coger sus móviles y mostrar su vocación reportera y, en muchos casos, su propia estupidez. En estos días hemos visto a gente grabando desde lo alto de un puente que se derrumbaría poco después arrastrado por la fuerza y cantidad de agua. Este último fenómeno es tan inquietante como la propia dana en sí y demuestra lo mal repartida que está la inteligencia en la especie humana. Este y otro fenómenos nos muestran que somos inconscientes de muchas cosas que están frente a nosotros.

Un programa emitido esta madrugada se preguntaba "¿Cómo hacer casas que duren mil años?" y se mostraban casas que habían sido construidas hace ese tiempo. ¿Cómo hacer algo de esa duración?, se preguntaban. Lo primero que se preguntaban era por el dónde se puede construir una casa con esa perspectiva de duración. Lo primero que se excluían eran los lugares afectados por el cambio climático, aquellos en los que se había construido pensando en unas condiciones y ahora nos encontrábamos con otras. Por supuesto, había que huir de zonas con fallas, tendentes a terremotos, elegir materiales adecuados (dejar la madera y buscar un cemento más "eficiente"), etc.

No sé si se pueden construir casas pensando desde hoy en sus habitantes dentro de mil años, pero sí creo que es absolutamente necesario ser conscientes de que mucho de lo que hemos hecho plantea un enorme riesgo ante los cambios que se están produciendo.

Ese construir sin tener en cuenta estas oleadas de calor extremo allí donde antes era moderado, esos lugares que antes eran húmedos y ahora son zonas secas, las zonas frías que ven cómo aumentas las temperaturas.

Cuando vemos los estragos de las danas, de las tormentas como "Filomena", cuando vemos que puentes centenarios son arrastrados por las corrientes que nunca habían llegado a esos niveles, que los bosques se queman cada año en proporciones mayores, etc. etc. deberíamos ser más prudentes en los que hacemos y, sobre todo, prevenir lo que pueda ocurrir.

No son solo las construcciones, como esos pueblos a los que se les ha creado un cauce que arrastra todo a su paso y confluye en una plaza o se encuentra con muros donde no debe haberlos, etc. Y es que las actividades económicas van a cambiar drásticamente si las zonas cálidas quedan calcinadas por los fuegos y las zonas frías se templan.

A su vez —esto se plantaba en el documental— la subida de los niveles de agua por el calentamiento global, hace que esas construcciones tan bonitas con salida a la playa se hayan convertido en próximas zonas catastróficas. Los que querían tener su casita junto al mar, van a empezar a ver el mar de otra manera, como algo amenazante, algo que en cualquier momento puede llevarse por delante esas bonitas zonas construidas en  ramblas o con el mar en la puerta. Todo esto no es nuevo, pero nadie se hace cargo de lo que va a suponer un cambio tan rápido de modelo económico.

En la turística España, nuestros políticos y empresarios, los que controlan este modelo, no quieren ni oír hablar de un cambio que vaya más allá de lo que ahora tenemos: sol, golf y demás. Todo eso puede quedar con diferentes oleadas arrasado, tanto por sequías e incendios que las acompañan, como por lo contrario, furiosas danas que se llevan por delante zonas del interior y costeras. España y Grecia, en el otro extremo del Mediterráneo, pero con un modelo parecido, están pagando esto, mientras en Centroeuropa pagan con calor cuando tenemos frío y frío cuando aquí nos abrasamos.

Los registros climáticos baten récords día tras día. Tormentas como nunca hemos visto y calores como nunca hemos tenido. Los que nos quieren convencer de que esto es pasajero, deberían ser más conscientes y no hacer, como hemos comentado, críticas a los sistemas de aviso por "no perjudicar" a la economía. Lo que perjudica y perjudicará más todavía es la ceguera ante lo que tenemos delante. Se han desoído toda la advertencia de los científicos desde hace mucho tiempo.

Se construye mal y donde no se debe. El ejemplo lo tenemos muy claro en el conflicto vergonzoso de Doñana con la construcción. Mientras los políticos y empresarios, todos nosotros, sigamos desoyendo los avisos que se nos dan, estaremos más cerca de un desastre cada vez más amenazante.

El mundo cambia; lo que no cambia es la codicia y el poder, empeñados en seguir manteniendo un modelo que la propia naturaleza ha mostrado caduco. Hay que mirar de otra manera lo que nos rodea, con otra mentalidad, con sensatez, de forma sistémica y responsable. Nadie está aislado en esto. Ignorarlo es suicida.

domingo, 27 de junio de 2021

El delicado equilibrio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



En la página de RTVE.es un titular nos dice "Adiós mascarillas, hola maquillaje", toda una declaración sobre lo que supone para sectores diversos cualquier acontecimiento tan radical como es la pandemia. Normalmente existen equilibrios en la variedad y los gustos se nivelan, pero cuando se produce un corte radical, la cosa varía.

Quitarse la mascarilla implica un respiro para un sector, el de los pintalabios y el maquillaje facial, que al ser invisible, se habría hundido sus ventas. ¿Para qué pintarse los labios si no se va a ver en la calle? Ahora, con la retirada de las mascarillas, las tiendas de maquillaje recuperan sus ventas y los labios rojos vuelven a ser llamativos. Según parece, los que hicieron su agosto, en cambio, han sido el sector de las pinturas de ojos que, en cambio, se vio favorecido por el hecho de tener mascarillas puestas, siendo la parte expuesta de la cara.




La imposición de la mascarilla en los lugares públicos obligó a reorganizarse todo el sector, claro. Lo mismo ha ocurrido en otros casos. En la ropa pasó algo igual. Durante el confinamiento, sin salir apenas de casa y si vida social, ¿para qué gastar en ropa de vestir? La inversión se dirigió hacia la ropa más cómoda, la de estar por casa. Unos quedaron perjudicados, otros beneficiados. Lo mismo ha ocurrido en la mayor parte de los casos, lo que se perdía por un lado, se gastaba por otro. Menos gasolina y más en televisores; menos en zapatos y más en teléfono; menos en restaurantes y más en tiendas locales comprando para cocinar en casa... Y así se podría seguir en casi todo.

A finales de marzo, El independiente señalaba:

 

La crisis del coronavirus ha provocado un hundimiento de la economía sin precedentes. Sectores como la hostelería o el turismo se han visto muy perjudicados, se han destruido miles de empleos y han desaparecido muchas empresas que no han podido sobrevivir al golpe.

Sin embargo, en la otra cara de la moneda, hay sectores a los que la pandemia les ha beneficiado o les ha transformado de una forma que ha hecho crecer su negocio.*

 


Los seis sectores beneficiados, según los datos recogidos por la publicación, serían: 1) la logística (redes de transporte y reparto); 2) el sector de las energías renovables (por la mayor conciencia del cambio climático); 3) los contenidos audiovisuales (cierre de cines y beneficio de las plataformas); 4) alimentación (se come en casa); 5) Ciberseguridad (por el aumento de las transacciones online); y 6) la educación (proliferación de cursos online en diferentes niveles)*. Podrían señalarse algunos otros, como evidentemente las farmacéuticas, pero estos son claros. 

Podemos encontrar diferentes listados de este tipo de beneficiados y afectados en este tiempo de pandemia. Los beneficiados pueden variar; los perjudicados, en cambio, son siempre los mismos.

La cuestión que se plantea es que este reequilibrio tiene como víctimas a sectores muy directamente relacionados con nuestro modelo de desarrollo, como en nuestro caso el turismo y la hostelería, obviamente muy perjudicados. En aquellos países muy polarizados en este tipo de sectores, como suele ser todo el Mediterráneo (en Europa y norte de África), la crisis está garantizada. Seguimos viendo en los medios los efectos de un simple viaje de fin de curso a Mallorca, por lo que no hay mucho que explicar para entender el problema de la pandemia y lo que puede durar, con mascarillas o sin ellas. Necesitamos que los británicos, alemanes, etc. vengan como sea para que las cifras cuadren.

Se agrava la situación porque, además, son dos sectores con un enorme porcentaje de temporalidad, de bajos sueldos; empleo de baja calidad, precario. Hace unos días, el diario ABC nos ofrecía un reportaje en los que los dueños de bares, restaurantes y cafeterías se quejaban de que no tenían personal para cubrir las plazas de camareros, cocineros, etc. que necesitaban al llegar el verano. Podemos establecer muchas hipótesis para explicarlo, pero la que se apuntaba en algún momento es razonable: la gente que ha encontrado empleo en otros sectores, da la espalda a uno caracterizado por estar contratando y despidiendo gentes según llueva o haga sol, según sea temporada alta o baja.** Muchas horas, muchas de ellas sin pagar, precariedad, bajos sueldos... Es fácil hablar de "motor de la economía" si estás al otro lado de la barra.  Los que han encontrado sus puestos de trabajo en sectores al alza han dicho adiós al delantal y la bandeja. Y no les falta razón.



Hace mucho ya que España se ha visto como "normalidad" este trasiego de contratos, que ha contagiado hasta a la misma Administración. La estabilidad del empleo es una especie de deseo inalcanzable, una entelequia que solo en algunos lugares se puede dar. Fue la precariedad del empleo una de las causas de la crisis hipotecaria cuando empezó la crisis financiera. La gente no pudo hacer frente a unos pagos a los que la banca se arriesgó obligada a concederlo a personas que no tenían muchas garantías. Los efectos los sabemos. Las casitas del papel del empleo volaron a las primeras de cambio.

La pandemia ha provocado una crisis de otro orden, rompiéndose por los lugares más débiles, que ahora tratan de recuperar un empleo en las mismas condiciones de precariedad que en las dos o tres últimas décadas, cuando se dejó de buscar la estabilidad del empleo y todo se "temporalizó". Con una enorme bolsa de desempleo que apenas se reduce, que  es como un acordeón, las salidas han sido las mismas: turismo y hostelería, con el sector de la construcción sin acabar de escarmentar por lo ocurrido con la burbuja inmobiliaria y a cómo arrastró al país. No hemos acostumbrado a esas coletillas que explican subidas y bajadas del empelo en función de si es junio o si es septiembre, de si son rebajas o precios normales. Lo hemos dado por bueno.



Hace mucho que no tenemos una política de desarrollo con los pies en la realidad, con una visión de conjunto y líneas estratégicas de desarrollo. A ello contribuye mucho el chantaje patronal permanente, que cada vez que se anuncia alguna medida anticipa que supondrá crecimiento de los despidos. El resultado en España (y en otros lugares) es la ampliación de las brechas salariales, donde los que más ganan siguen ganando más, mientras que los que cobran menos ven decrecer sus recursos. Hace unos años se hablaba de "mileuristas" como un escándalo; hoy mucha gente firmaría recibir mil euros mensuales, ya que muchos sueldos están por debajo de esa cantidad.



Pasamos de la España del pluriempleo a la del empleo precario y de temporada sin que nadie se haya molestado en pedir y mucho menos dar una explicación de esta deriva. A las autoridades les gusta dar grandes cifras sobre el crecimiento, pero suelen obviar que ese crecimiento está muy mal repartido.

Somos uno de los países con más autoempleo, con los autónomos, y con microempresas, más que "pequeñas". La única forma de conseguir recursos es autoemplearse, ya que te contraten supone un recorrido por las escalas que van del becario sin sueldo al contratado por unos meses o con contratos de obra sucesivos, eso si se tiene suerte. Nos hemos acostumbrado a esta aberración social y la damos por buena. Las administraciones, como hemos señalado, las practica sin rubor, ¿por qué no lo iban a hacer si en el sector privado es la norma?, se preguntan algunos "funcionarios emprendedores" desde dentro.




El hecho más importante es saber si esos sectores que han crecido con la pandemia van a estabilizarse, crecer o disminuir. El hecho de que los bares no encuentren camareros puede ser una noticia importante si es porque se ha creado empleo en otros sectores (además de los señalados) que puedan ofrecer unas mejores condiciones de sueldo y contratación que las que se les ofrecían. Si tenemos en cuenta que muchos sectores han estado empleando gente sobre cualificada, no sería de extrañar que muchos encontraran empleos mejor cualificados que los que han tenido hasta el momento.

Las grandes cifras esconden demasiadas miserias que conocemos. Puede que despeguen sectores con menos temporalidad, un factor esencial. Pero es importante que se plantee este problema con visión de futuro, ya que —lo estamos viendo— hemos jugado con una generación entera a la que se ha redirigido como consumidores, al gasto continuo, lo que vemos cada día. Les pedimos que gasten, pero no les ofrecemos puestos de trabajo para que ganen para hacerlo.

La retirada de la mascarilla trae nuevas opciones, como vemos. Dentistas, maquilladores, fabricantes y vendedores de cosmética, peluquerías, etc. ven que se les vuelve a abrir el futuro, algo de lo que nos alegramos. En el reportaje de ABC se habla de la supresión de las pruebas de los cosméticos y del desarrollo mediante códigos QR de las pruebas virtuales de cómo sienta un color de labios. Se supone que eso debería quedarse por cuestiones de higiene. Ese sector se ha desarrollado y, con pandemia o sin ella, debe quedarse. Se abre así una línea de futuro. Como este caso, en muchos otros las soluciones pueden ser muy eficaces y merecen quedarse.

Por eso es importante valorar las situaciones y no mantener lo que se ha mostrado poco eficaz, útil o rentable. Volver a situaciones que no eran buenas antes de la pandemia es un error que tiende a consolidar nuestras dependencias y debilidades.



* "Seis sectores a los que ha beneficiado la pandemia" El Independiente 27/03/2021 https://www.elindependiente.com/economia/2021/03/27/seis-sectores-a-los-que-ha-beneficiado-la-pandemia/

** "Problemas para encontrar camareros en restaurantes y bares de toda España" ABC 24/06/2021 https://www.abc.es/espana/abci-problemas-para-encontrar-camareros-restaurantes-y-bares-toda-espana-202106242148_video.html

jueves, 18 de febrero de 2021

El muro o pensar otro futuro

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La entrevista que  La Vanguardia publica con Naomi Klein, autora de unas obras críticas sobre la vida contemporánea, algo podríamos llamar "nuestro tiempo", señalando su puntos débiles y sus contradicciones, aporta una serie de puntos que creo de interés. La función de autores como Klein es abrir debates, hacernos conscientes de nuestras situaciones, enfrentarnos a nuestros miedos y evitar que se barra debajo de la alfombra lo que deberíamos eliminar. El título de la entrevista es ya un aviso: "Nuestra normalidad ya era una crisis".

Coincidimos plenamente con la idea expresada. El COVID-19, si ha servido para algo ha sido para mostrarnos las enormes carencias de un presente que ahora se "romantiza" como deseo, se vuelve idílico, como una situación a la que es necesario volver para recuperar eso que definimos erróneamente como "normalidad". Es el mayor peligro perceptivo sobre nuestra situación, ya que nos impulsa ciegamente, de forma obsesiva, acrítica, hacia lo existente en vez de aprovecharlo para erradicar los problemas. Pero los "problemas" son la base de las fortunas de muchos, de su fuerza y seguridad, algo que hace que no les parezca deseable el cambio.

Responde Naomi Klein en la entrevista del diario:

 

Nuestra normalidad era ya una crisis. Por qué querríamos volver a eso. Da ánimos escuchar a Joe Biden hablar de no volver a la normalidad y usar esta crisis como un catalizador para transformar, da ánimos que hable de que no sólo hay una crisis de salud pública, sino también climática, de desigualdad económica y de injusticia racial. El trabajo que hemos hecho en las pasadas décadas formulando cómo podría ser la economía del futuro era cómo resolver múltiples problemas a la vez. Reconocer que estamos en crisis superpuestas: debemos reducir las emisiones, luchar contra el racismo sistémico y cerrar la brecha de la desigualdad todo a la vez. ¿Por qué volver a la crisis de antes de la crisis?*



La "normalidad", efectivamente, era la crisis. Simplemente, estamos peor. Pero esa idealización de un pasado "menos malo" no puede ser nuestra referencia. Para Klein, las tres "crisis superpuestas" se añaden en una extraña matemática a la sanitaria que ha pasado al centro de nuestra visión. Sanidad, cambio climático, desigualdad económica e injusticia racial son las piezas vistas desde la perspectiva norteamericana, que es la que Klein adopta, pero podríamos descomponer cada una de ellas —especialmente— las dos primeras por un lado y las dos últimas por otro, siendo además la sanitaria una que nos permite acoger las otras tres.

Son muchos los informes que han ligado la emergencia del COVID-19 con factores medioambientales, a la vez que su expansión está inevitablemente vinculada a la globalización, siendo finalmente distribuida en función de las desigualdades sociales, basadas en muchas sociedades en los efectos del racismo, como se ha señalado principalmente en los Estados Unidos y en Reino Unido.

La costumbre de trabajar de forma separada (analítica) los problemas es hoy insostenible y debemos ir hacia enfoques desde la idea de complejidad, desde la interacción de elementos que provocan reacciones y efectos dentro del sistema. Todo está ligado, entrelazado y por más que nuestros enfoque especializados nos digan lo contrario, lo único que producen son visiones parciales, de "inteligencia ciega", por usar un término de Edgar Morin. Nuestra forma de separar las cosas para entenderlas hace que finalmente entendamos menos.



Aquí hemos hablado constantemente del efecto perturbador que tiene el enorme peso del sector turístico y de la hostelería y de la necesidad de desarrollar, aprovechando la constatación de sus terribles estragos sociales y económicos, nuevas vías que reduzcan nuestra debilidad ampliando sectores que puedan aumentar nuestra resistencia ante los vaivenes de estas crisis sucesivas.

De nuevo, los expertos de diversos cambios nos advierten de continuo sobre la debilidad española, insertada dentro de un marco europeo y otro global. Sin embargo, solo escuchamos lo que queremos oír: los cantos plañideros, repetidos una y otra vez, que piden el regreso a esa llamada "normalidad"  que, en efecto, ya era un modelo limitado.

Es preocupante que el deseo y la angustia nos impidan buscar soluciones más adecuadas para enfrentarnos a la próximas crisis, que sería lo que realmente habría que prevenir. Tenemos que concebir el futuro como resistencia, es decir, prevenir, anticiparse a los escenarios probables. Una de las frases que más he escuchado es que "vamos por detrás del virus", una forma de expresar nuestra nula capacidad de previsión y lo limitado de nuestra visión. Esperamos para realizar nuestro movimientos frente a la necesaria anticipación.



La historia de la pandemia podría definirse como la confirmación de que todo lo que no podría ocurrir, ocurrió. Esto es válido para España, pero en mayor grado todavía para países como Estados Unidos, Reino Unido, México, Brasil, Suecia y otros en los que nunca iba a pasar lo que luego pasó.

El COVID-19 es una seria ocasión para reflexionar sobre el futuro, establecerlo con los mecanismos de defensa necesarios para que nos tengamos que ir detrás de los acontecimientos sino evitando su ocurrencia. Desgraciadamente la toma de decisiones hoy para el mañana se realizan con el ayer en mente, contraviniendo el principio básico de que el futuro no es el presente y volver a él no es lo más acertado, especialmente porque es imposible.

El empeño español en el turismo como motor obvia el principio de que el turista es alguien que viene de fuera, que necesitamos que vengan millones de personas para que nosotros nos pongamos en marcha. Las crisis económicas reducen las posibilidades turísticas, degradando el propio turismo, como han experimentado muchos lugares españoles que han tenido que acomodarse al llamado "turismo de exceso", de baja calidad, poco gasto y creación de conflictos. Lo tuvimos ocasión de comprobar con el "corredor seguro" establecido con Alemania el verano pasado en Baleares. Lo estamos viendo en Madrid, convertido en plataforma de desahogo de turistas franceses que se aburren en su país al tener que acatar las restricciones. Lo denunciaba el diario ABC hace unas pocas semanas.



Todos los negocios montados sobre el supuesto de la visitas de millones de personas quieren creer que eso va a volver a ser así... y es poco probable. La hostelería, además, es responsable en gran medida de mucha precariedad en el empleo. Es un sector que crea empleo, pero que despide y contrata estacionalmente, de bajos ingresos y proclive a la economía sumergida, en España se calcula que un 25%, cifra enorme. Muchas personas son despedidas en septiembre, después de la temporada veraniega, y no vuelven a ser contratada hasta el periodo navideño y así sucesivamente. Los sueldos bajos, además, crean una enorme debilidad y un mayor riesgo en los préstamos bancarios, como ya se padeció con la crisis financiera, debida en gran medida a la imposibilidad de devolver los préstamos dados para que se accediera a la vivienda, convertida en un pago de por vida. Los bajísimos sueldos —han ido cayendo año tras año— se deben a este carácter estacional y al hecho de la existencia de millones de parados, especialmente jóvenes, que hace que se tengan que aceptar sueldos cada vez más bajos. El hecho de que tengamos un bar por cada 175 habitantes impide que los beneficios puedan ser suficientes, pero es el único negocio que se puede mantener medianamente. No es otra la obsesión con los bares y terrazas. Los estamos sacralizando cuando son un problema previo. España se ha ido convirtiendo, entre turismo y hostelería, en una "economía del ocio" que cada día menos se pueden permitir, por lo que va dejando sectores en crisis (no encuentran quien se lo pueda permitir) y necesita de la llegada de "gastadores" del exterior.

No hemos encontrado "compitiendo" con el Norte de África, que se vio convulsionado, desde 2011, por la continua violencia que cortó el desarrollo turístico que, siguiendo el "modelo español" se pretendía que fuera el motor que permitiera el salto de una economía agraria y muy débil a otra más desarrollada. Tenían lo básico: sol y dictaduras. Pero la aparición del terrorismo y las sublevaciones acabaron con el modelo. Las imágenes de ametrallamiento de turistas en las playas tunecinas, la guerra civil en libia, los ataques terroristas y la represión en Egipto, etc. no son los mejores datos para el desarrollo turístico. Egipto acaba de construir un enorme muro rodeando su principal zona turística del Mar Rojo. En Euronews nos lo explicaban así:

 

A 36 kilometre concrete and wire wall has been constructed around the popular Sharm el-Sheikh resort in Egypt. Authorities are hoping the new security measures will tempt tourists back to the resort following a fall in visitor numbers in the last 15 years.

In July 2005, bombings by terrorist group Abdullah Azzam Brigades killed 88 people at the resort. Protests in Cairo in 2011 (coined the Egyptian Revolution) caused upheaval across Egypt, including economic inflation which, according to officials, is steadier now. Then, as with countries around the world, the coronavirus pandemic has further set back Egypt’s tourism industry.

Why has Egypt built a wall?

Tourism industry chiefs are hoping the wall will restore confidence in this corner of the Sinai Peninsula as a safe holiday resort.

Now, anyone entering the city by road needs to pass through the wall. This can be done via one of four gates dotted along the length of the wall, which is also equipped with cameras and scanners.

Local governors have told the press that anyone arriving in the city can only do so after being searched.**

 


No sé si somos capaces de ver el problema de obstinarse en un modelo sujeto a conflictos. En vez de buscar nuevas salidas, el gobierno egipcio se ha dedicado a multiplicar las excavaciones porque los hallazgos siempre tienen repercusiones internacionales, a invitar famosos para que se fotografíen en las pirámides y a crear muros, como el señalado, alrededor de lugares turísticos. Egipto pensó que tener buenas relaciones con Putin le iba a llevar turistas rusos, pero el atentado contra un avión de pasajeros supuso el corte absoluto del turismo ruso, algo agravado por la negativa del gobierno a aceptar que se trataba de una atentado, pese a que los terroristas publicaron las fotos con el artefacto explosivo que hizo estallar al avión en pleno vuelo.

Nuestros "corredores seguros" son el equivalente a esos muros kilométricos para intentar tranquilizar a los que se puede "intranquilizar" con una bomba en un aeropuerto o con un contagio masivo de turistas en un crucero en Luxor, como ocurrió en los inicios. Todo Egipto "era seguro", pero no lo era. Sus cifras siguen siendo poco creíbles, pero el factor social y el evitar el estigma de la incineración hacen que sean poco aireadas.

¿Se ha agotado el modelo turístico? Probablemente sí, al menos debería redimensionarse. Pero en esta mezcla, un paquete del ocio, hay muchos factores que estarán marcados por esta pandemia que no se acabará este año y que puede conectar con otros. Lo más probable es que los países exportadores de turismo prefieran crear fórmulas para que ese dinero se quede en la economía propia reactivándola y no se gaste fuera.

Que no se estén planteando alternativas de desarrollo es muy preocupante puesto que implica, de nuevo, añorar situaciones que puede que no se repitan y ser incapaces de salir de las crisis. Hacen falta menos llanto y más ideas, más iniciativas que sean valoradas y apoyadas. España es el país del auto empleo y la micro empresa. Nadie ha hecho nada por arreglar esta situación de atomización y, por ello, debilidad y dependencia. Es algo que ya hace muchos años llamé el modelo económico de la "casa del primer cerdito", que como recordarán, sale volando a las primeras de cambio, con un sencillo soplido del lobo de las circunstancias. Hoy sigue siendo así o peor, porque el tiempo erosiona y, sobre todo, porque lo mejor que produce esta país lleva muchos años haciendo las maletas y marchándose en busca de oportunidades mejores, de reconocimiento, de sueldos decentes y de contratos que duren más de tres meses.



Hay que pensar en el conjunto, en las interacciones, en introducir nuevos elementos que permitan sinergias, nuevas oportunidades de desarrollo y alcance a más. No se puede seguir parcelando, dividiendo y tomando como prioridades unos sectores sobre otros, en competencia por recibir ayudas, subvenciones, préstamos, que es lo único que se escucha.

Es duro escuchar como si fuera un destino que nuestras próximas generaciones están condenadas a vivir peor que sus padres. Es una idea que se repite con una vergonzosa aceptación de lo "inevitable". En realidad, lo que encubre es nuestra comodidad, la protección del favorecido frente al que se queda sin oportunidades porque estas no se crean.

Este fatalismo, este derrotismo es inaceptable. Somos responsables todos que, en estos tiempos difíciles —más allá de la pandemia, que se ha limitado a abrir la caja de los truenos—, surjan iniciativas, que sean potenciadas por los poderes públicos, que se mueven entre la burocracia improductiva, el reparto de la miseria y la demagogia.

"Reimaginar", "reinventar", etc. son las palabras de moda por el mundo, pero que aquí no se vinculan con el futuro. Miramos hacia atrás demasiado.

Hay que reequilibrar nuestra economía, hay que acoger el enorme potencial que tenemos, estimular la creatividad y sincronizar esfuerzos para que no se produzcan los éxodos que dejan una España vacía y otra sentada en una terraza esperando interminablemente a que lleguen las oportunidades que no se vislumbran en el horizonte. Hay que renovar educación, sanidad, industrializar, introducir la tecnología y aumentar la digitalización de muchos sectores, reorganizar la agricultura, dotar de infraestructuras a zonas olvidadas, crear inmediatas alternativas a los cierres de sectores... ¡Tantas cosas!

Hace falta pensamiento de conjunto, pero es difícil en un modelo social y político fragmentado, de supuesta competición entre nosotros mismos a falta de poder competir con otros.

Es el momento de pensar en otra cosa y de otra manera. Podemos elegir entre construir un muro alrededor que se acabe convirtiendo en nuestra propia limitación o, por el contrario, derribar barreras construidas durante años que nos han impedido crecer y nos hacen más débiles, camino de una sociedad inevitablemente peor, como vamos viendo y todos nos advierten. Necesitamos visión de futuro y compromiso.



* Justo Barranco "Naomi Klein: “Nuestra normalidad ya era una crisis”" La vanguardia 18/02/2021 https://www.lavanguardia.com/cultura/20210218/6251148/naomi-klein-pandemia-emergencia-climatica-joe-biden-donald-trump-silicon-valley.html

** "Egypt builds 36km wall around tourist resort of Sharm el-Sheikh" Euronews 9/02/2021 https://www.euronews.com/travel/2021/02/09/egypt-builds-36km-wall-around-tourist-resort-of-sharm-el-sheikh

jueves, 11 de febrero de 2021

Platos rotos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Cuando escucho muchas informaciones sobre lo que va a pasar a la vuelta de la esquina temporal no dejo de sorprenderme. Una cosa es mantener vivas las expectativas y otra vivir entre fantasías en las que encontramos refugio.

Todos los indicadores nos remiten al impacto brutal de la pandemia sobre la economía española y que seremos una de las economías europeas que más tardará en recuperarse. Hay sectores que se desarrollan con la pandemia, pero hay varios especialmente afectados: el turismo y la hostelería. Tienen una importancia grande en dos aspectos, la dependencia de terceros para funcionar y lo inmersos que están en nuestra forma de vida.

Puede haber sectores más importantes, pero una vez asegurados los sectores esenciales, quedan los que no lo son. Entre ellos están el turismo y la hostelería. Puedes, por ejemplo, no tener querer viajar, quedarte en casa descansando, no salir los puentes ni el verano. Puedes, igualmente, llevarte tu termo de café o no gustarte el café ni apetecerte la ración de gambas o de cualquier otra cosa que te ofrezcan en el menú. Y no pasa nada, es tu derecho.

Pero cuando te dicen que se necesitan 70 millones de turistas extranjeros para satisfacer la oferta y que en España hay un bar por cada 175 habitantes, más que en toda Europa junta, la cuestión adquiere otro tono.

Este verano el diario El Mundo nos daba cuenta de una iniciativa:

 

España es el país con más bares y restaurantes por persona de todo el mundo: uno por cada 175 habitantes, sumando en total 277.539 establecimientos gastronómicos, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, la restauración da trabajo a 1,7 millones de personas y supone el 4,7% del Producto Interior Bruto (PIB). Datos suficientes para que se haya emprendido una campaña para que los bares y restaurantes de nuestro país sean considerados Patrimonio Mundial de la Humanidad de la Unesco.

Al menos, es lo que solicita la plataforma Juntos por la Hostelería, que ha impulsado la iniciativa #SoyPatrimonio2020 para que la hostelería española logre ese título, cuyo objetivo es reconocer el papel cultural, social y económico de bares y restaurantes.*

 


Cada uno puede presumir de lo que quiera, es muy libre. pero, sinceramente, me gustaría que hubiera más librerías por habitante, más centros de investigación, más fábricas, más museos, más teatros... de los que al salir, si te apetece, te tomes ese café para hablar de cosas interesantes.  Identificar nuestra vida social con una barra o una mesa, me parece una broma, por más que desgraciadamente pueda ser una realidad. 

Cada uno defiende su parcela, sí, pero dónde están los que reivindican otras, casi desaparecidas. La pandemia está sirviendo para esconder muchas otras debilidades que a nadie importaron. ¡Qué pena no defender con el mismo ímpetu otras causas! Pero con un bar por cada 175 personas, son el principal "partido" junto a los 70 millones de turistas, estos sin derecho a voto, pero con decisión total sobre nuestras vidas si todo se hace pensando en ellos.

Negar su importancia económica es absurdo. Pero es especialmente su peso económico lo que lo hace más problemático ante una situación como la pandemia. Basta con ver una foto de la playa de Benidorm en agosto para entenderlo; basta con ver las calles de Pamplona en los sanfermines para entenderlo. Y basta ver todo lo demás para entender, si se quiere, que ese modelo puede no volver más, quedar drásticamente recortado, nos guste o no.

Ante este panorama, un bar deja de ser un bar y pasa a ser un punto en el que se concentran y salen una serie de industrias colaterales cuya función es satisfacer esa demanda. La barra del bar es el punto de salida, en el que todo confluye. 



No tengo claro si somos nosotros los que pedimos los bares o si son los bares los que nos piden a nosotros. Me imagino que se trata de establecer algún punto de encuentro entre oferta y demanda, como mandan los cánones económicos.

El turismo y la hostelería están fuertemente conectados. Esto ha hecho que crezcan igualmente para acoger a lo que nos llega de fuera y a vaciar nuestras otras actividades para que esos negocios se mantengan. Los municipios y autonomías, el país entero,  necesitan de festivos para que se produzcan viajes y se llenen los establecimientos. Muchos pueblos, vacíos gran parte del año, hacen caja con el turismo en verano, puentes y fines de semana. Muchos de ellos literalmente se cerraron incluso pusieron vallas para evitar que les contaminaran "los de Madrid" o de cualquier otro sitio. 

Se inventan fiestas que promocionan para atraer gente y se pongan en marcha sus actividades, paralizadas sin la llegada de una clientela exterior. Aquí hemos visto algún que otro caso de municipio ingenioso creando atracciones escultóricas para que los turistas acudan a hacerse selfies. Por toda Espaá se agudiza el ingenio para atraer turistas y que la hostelería y otros sectores conectados hagan caja.

Todo está muy bien. No tengo nada contra la hostelería o el turismo. Puedo hacer un cálculo del número de agradables cafés semanales tomados, del número de gratas comidas fuera de casa que realizaba, etc. de forma bastante precisa. No tengo nada contra que la gente viaje, aunque el número de puentes y festivos nos destrocen los cursos para que puedan hacerlo. Las preguntas que hemos escuchado se refieren siempre a "puentes", que es el auténtico calendario nacional, junto con las vacaciones. Vamos de puente en puente como el que va de "oca en oca".

Antes ocurrió con el "ladrillo" y la crisis financiera de las hipotecas. Se tomó la construcción como motor y, como los sueldos bajaron tanto, los bancos tuvieron que dar cada ver créditos más arriesgados. Conforme se agravaba la crisis del empleo y la del sueldo (que son dos distintas, aunque vinculadas),  los bancos se encontraron con el peor escenario, tener que quedarse con miles de casas que nadie podía pagar y que tenían que mal vender (es un decir). Todavía pagamos estos efectos.

Las imágenes que las televisiones nos ofrecían ayer, de la gente de la hostelería rompiendo platos en plena calle reivindicando su negocio y, con ello, su "inocencia" en esto de la pandemia, es otra vuelta de tuerca de una situación que no se acaba de entender.




Ya no se trata de salvar vidas, sino de salvar negocios y sectores. Otra vez estamos con que no se llenen las UCI y se colapsen los hospitales. Vamos a vacunar masivamente (si nos llegan las vacunas, claro) para... poder irnos de vacaciones con tranquilidad, llenar las terracitas, restaurantes, etc., un deber nacional.

La pandemia permite clasificar la actividad social en grandes bloques: a) los que necesitan de concentración social (hostelería, cultura, turismo masivo, ocio...); b) los mixtos (pueden desarrollarse en las dos modalidades, como la enseñanza, la atención diagnóstica, etc.), y c) aquellos que se pueden hacer claramente de forma autónoma y aislada, sin necesidad de contacto físico.

El turismo es, por definición, espacial. Se viaja a un lugar o se recorren unos lugares. Es de estancia y de recorridos. La hostelería es espacial, pero muchos de sus servicios se han podido desespacializar, es decir, desarrollar peticiones online y el reparto a domicilio. Pero eso es poco para tanto bar.

Muchos hosteleros han conseguido sobrevivir mediante fórmulas ingeniosas, que merecen todo el aplauso. Se han puesto rápidamente en marcha para tratar de vencer los problemas derivados de la imposibilidad de la reunión espacial. Han usado la tecnología. 




Con un bar por cada 175 habitantes, se puede entender que el bar es casi una prolongación de la casa o de la oficina. Es el bar del café de la mañana, el del aperitivo del medio día, de las comidas de los que trabajan cerca, etc. Al imponerse el teletrabajo, muchos perdieron a una gran parte de la clientela, asociada a los trabajadores cercanos, que llenaban los locales al medio día. Eso se ha terminado o reducido. Se ha modificado nuestra vida social y eso afecta a una serie de sectores de forma clara.

El caso del turismo, especialmente el de extranjeros, es más complicado. Hemos tenido ya una gran experiencia en los meses de temporada turística, convertidos en causa nacional. 

Los millones de visitantes que necesitamos que vengan para que nuestra economía salga de los números rojos es difícil que se vuelva a producir en muchos años o quizá nunca. ¿Podríamos haber pasado ya el "pico turístico"? 

La pandemia ha cortado el flujo y revelado nuestra dependencia. Nuestros gloriosos líderes políticos y empresariales piensan que si no vienen los de fuera, tendremos que llenar el hueco los nacionales, mareados de tanto viajar en fin de semana. Aumenta la oferta de turismo local: casas rurales, fines de semana, fiestas locales, etc. Pero todo sigue bajo el límite de la seguridad.

El diario ABC hablaba hace unos días de franceses que llegaban hasta Madrid para disfrutar de lo que en su país no podían hacer. Ya pasó en verano, cuando el propio gobierno alemán tuvo que llamar seriamente la atención a los turistas de ese país que venían a España, a Baleares concretamente, y se saltaban todas las prevenciones dedicándose al exceso produciéndose continuos enfrentamientos con las autoridades por su falta de cuidado. ¡Estaban de vacaciones!, ¿de qué tenían que cuidarse? 




Aquello del "corredor turístico seguro" que reclamaban las autonomías más turísticas para evitar que griegos o italianos se llevaran al turista de "nuestra propiedad" en desleal competencia. También entonces presionaron a las autoridades políticas para que hicieran algo.

Ahora se ha llegado a una nueva tensión, acelerada por el olor de las vacunas, ya cercanas, que parecen haber revuelto de nuevo al personal, que reclama que se vacune rápido para llenar bares y viajar de un sitio a otro.


El levantamiento por parte de la justicia en el País Vasco de la orden del cierre de la hostelería es un mal precedente con efectos inmediatos. Unas declaraciones poco afortunadas sobre qué es un "epidemiólogo" siembran dudas.

El sentido judicial de "prueba" no es el mismo que el científico, que trabaja sobre otro tipo de planteamientos y razonamientos. Se abre una nueva batalla. Qué se diga que algo no está probado, se va a traducir en una mayor vigilancia e imposición de sanciones por parte de las autoridades, trasladando el conflicto a la calle. Lo veremos pronto. 



Si tras unos días de revuelo liberado en bares tenemos un pico disparado de contagios, ingresos y muertes, quedará poco más que decir, por más que muchos lo digan.

La hostelería dice pagar los "platos rotos" sobre lo que se ha montado la campaña de protesta por toda España. Responsabilizan al gobierno y a los gobiernos autonómicos. En realidad, si se hubieran cumplido las recomendaciones en cada momento no habríamos llegado a esto. Ha sido la incapacidad para hacer respetar las normas lo que ha convertido muchos locales en peligrosos. Los propios responsables de locales se cansaron de tener que estar luchando para hacer cumplir las normas. Muchos clientes se iban allí donde les dejaban a su aire, sin tanto control. Comenzó cuando se trataba de aforos y la gente se acumulaba en la calle esperando a que hubiera sitio. Se vio pronto que iba a ser una lucha y que esta pasaba por una disciplina social de la que carecemos. Los cierres han sido medidas mayores para frenar la necesidad de controlar algo que la combinación turística hostelera hacia incontrolable.

El punto en el que uno se contagia no siempre es fácil de establecer, sí, en cambio, el de la muerte. Todo se convierte en un círculo del que es difícil escapar: los incumplimientos de normas traen más casos y el aumento de los casos trae más restricciones con los cierres. Hablamos de "relajación de las medidas", cuando los que deberíamos dejar de "relajarnos" somos nosotros, los que llevamos de un sitio a otro el virus.



Más complicado lo vamos a tener para convencer a los de fuera que vengan. Vendrán, pero volveremos a otras luchas, como las ocurridas el pasado verano. Habrá que poner a más de uno en la frontera, para desesperación del sectores, que se quejará de nuevo de pagar los platos turísticos rotos.

Es triste pensar que teóricamente es solo la vacuna —no nosotros— lo que puede resolver esta situación. Desgraciadamente, esto no se hará de golpe, ni para la "campaña de Semana Santa" ni para el "puente de San Isidro", la "campaña de verano"  o cualquier otra unidad de medida nacional.

Deseo lo mejor a cualquier sector afectado, pero creo que necesitamos darle un par de vueltas al país, un nuevo equilibrio más allá de este modelo actual, problemático en diversas formas, dependiente y claramente tocado para el futuro que se vislumbra. Forzosamente tendrá que reajustarse a la realidad que el futuro nos traiga. Cuanto antes lo entiendan todos y seamos capaces de afrontar el problema creando nuevas oportunidades, será mejor para todos.

 


* "España, el país con más bares y restaurantes del mundo, pide convertirlos en Patrimonio de la Humanidad" El Mundo 19/06/2020 https://www.elmundo.es/viajes/espana/2020/06/19/5eeb49defdddffe66b8b4587.html