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viernes, 27 de mayo de 2022

Armas y mercado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La cruel matanza ocurrida en días pasados en una escuela de Texas ha vuelto a producir el mismo fenómeno de mercado que en otras matanzas anteriores: subida de las cotizaciones en bolsa de los fabricantes de armas y subida de las compras de armas. Lejos de repudiarse, el fenómeno es el contrario.

Cuando una compañía aérea tiene un accidente, las acciones de esa y las demás compañías del sector suelen experimentar una fuerte caída. La explicación psicológica es que un accidente hace retraerse a los viajeros, que durante unos días se vuelven reacios a viajar usando este medio de transporte. Posponen sus viajes o cambian de medio.

Pero con las armas ocurre lo contrario en los Estados Unidos. Cualquier tiroteo en lugares públicos, con muertos como es el caso, dispara las ventas y hace subir la cotización. En Infobae nos explican el fenómeno:

Las acciones de las principales empresas fabricantes de armas en Estados Unidos subían este miércoles, un día después del tiroteo en una escuela de Texas que dejó 19 niños y dos maestras muertas, ya que los inversores prevén un aumento de la demanda ante el temor a posibles restricciones a la venta de armamento.

A las 10.27 hora local (14.27 GMT) las acciones de Smith & Wesson Brands -mayor fabricante de armas de fuego cortas de Estados Unidos- subían un 9 %, las de Vista Outdoor sumaban un 6,74 % y las de Sturm Ruger & Company un 3,46 %.

Esta subida suele presentarse cuando se registra un tiroteo con muchos muertos, ya que los inversores esperan un aumento de la compra de armas ante posibles restricciones.*

Es algo parecido, para hacernos una idea, a lo ocurrido con las compras de papel higiénico a causa de los confinamientos durante la pandemia. El fenómeno es el mismo: la gente teme que los estantes quedan vacíos, lo que hace que efectivamente se agoten. Pero en este caso, son las posibles restricciones las que llevan a comprar algo que queda y sobra en los hogares americanos híper armados. El papel se agota, las armas no. Lo que se forma es un arsenal, construido a golpe de miedo, permanente, que crece y crece en función de la importancia de la masacre producida.

Pero comprar armas porque se puede restringir la compra solo es la traducción económica, como suele ocurrir, de un fenómeno psicológico y social. La violencia genera miedo y este se traduce en la compra de armas, de la misma manera que los robos del barrio se traducen en cámaras de vigilancia y alarmas instaladas en las casas.

Dado que estos tiroteos y asesinatos se producen diariamente (solo las que tienen gran número de muertes logran protagonismo) y teniendo en cuenta que los pueblos tranquilos son igualmente candidatos a estos estallidos de ira y violencia, el miedo se extiende por todas partes en un país lanzado a una espiral en la que nunca se tienen bastantes armas porque los fenómenos se siguen produciendo. Es más, crecen las matanzas en vez de decrecer por el aumento de los arsenales de armas acumuladas.

En una reciente matanza, los padres habían regalado el arma al joven por su cumpleaños. Deseoso de probarla, acabó con las vidas de los que pudo. Hay otras matanzas recientes en las que es el odio el que ha estado presente: gente que ha recorrido varios cientos de kilómetros hasta llegar a la frontera para matar hispanos —los "bad hombres" de Trump— o se han dirigido a barrios de negros para disparar contra la gente en un supermercado, como ha ocurrido hace unos pocos días. La venganza por el acoso sufrido en las escuelas, como en este caso, introduce un móvil frecuente y da cuenta de la violencia que se vive como parte del acoso en escuelas e institutos. Gran parte de estas muertes se producen precisamente por ese germen violento que crece en los primeros años. Marca para toda la vida y muchos esperan al momento de tener las armas para regresar y saldar cuentas con el lugar del terror de su infancia.

Ya sea por miedo, por odio o por venganza, lo cierto es que el acopio de armas va más allá de la mera defensa o, si se prefiere, no hay límites en la inseguridad que la violencia despierta en las personas. En el texto de Infobae se señala: «Las ventas de armas aumentaron en todo el país durante la pandemia, ya que algunos temían que el brote pudiera provocar alborotos civiles.»* Es una muestra más de que es una espiral de miedo causada por cualquier circunstancia. 

Lo que se demuestra es una división mental en el país en el que cada persona, un vecino, puede llegar a convertirse en una amenaza para cualquier otro. No saber de qué armamento dispone ya supone miedo para el obsesivo, el que vive a la espera de diferentes formas de violencia.

Por supuesto, la fabricación de armas no es un negocio solo norteamericano, pero sí es prácticamente norteamericana la venta interior y sin restricciones apenas; sí son norteamericanas las matanzas como las de Texas y nadie alcanza el número de muertos o las cifras de armas almacenadas como los Estados Unidos.

Los políticos se dividen con las armas. Los conservadores siempre alientan el miedo como fuerza de acción. Si las armas son formas defensivas, ellos provocan que todo el mundo sienta miedo a algo para así asegurarse los votos de los que temen que se les deje indefensos. La política del miedo tiene, por supuesto, sus terribles consecuencias, pero al que sale elegido le da igual. Cada masacre le sirve para confirmar que hay que estar armados. La idea de armar a las escuelas, a los maestros, se repite cada vez que hay algún acontecimiento de este tipo.

La mera sospecha causa una respuesta violenta porque no sabes si el otro puede ir armado, lo que eleva el riesgo del mero encuentro. Esto es lo que ocurrió en la muerte del muchacho muerto por la mera sospecha de un vigilante, la que dio lugar al llamado "movimiento de las capuchas" en solidaridad con quien recibió disparos solo por ir con la capucha puesta, algo que le debió parecer sumamente peligroso al que disparo. El muchacho solo iba a hacer un encargo a la tienda del barrio, pero tuvo la mala suerte de cruzarse con un miedoso armado. "Dispara primero y pregunta después" es la ley del miedo que vemos una y otra vez repetirse.

En la matanza de niños ocurrida en Texas se levantan ya voces sobre la falta de acción de la Policía. En muchas ocasiones, son los primeros en disparar, como se ha podido comprobar; en otras, cuando la situación es adversa y existe riesgo, como en este caso, todo son reservas, mientras el asesino se complace en ir ejecutando niños uno a uno.

Cada vez que se produce un caso de este tipo, las quejas y lamentos saltan y suben las ventas y las acciones. Cada muerte siembra el miedo de la gente y aumenta las ganancias de los que se lucran fabricando y vendiendo armas. La peculiar psicología de los Estados Unidos está detrás de este fenómeno y marca muchos de sus comportamientos y forma de ver el mundo y la vida. Armas y miedo son mala combinación. Si además generan negocios, lucro y votos, peor. 

* "Las acciones de los fabricantes de armas en EEUU subieron tras la masacre en Texas"  Infobae 25/05/2022 https://www.infobae.com/america/eeuu/2022/05/25/las-acciones-de-los-fabricantes-de-armas-en-eeuu-subieron-tras-la-masacre-en-texas/


martes, 13 de abril de 2021

Cadenas de errores

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Hay dos problemas que ocupan hoy las portadas norteamericanas. Son el racismo y las armas, caras esta vez de una misma moneda en uno de los casos que se nos muestra en los titulares, la muerte de un hombre negro, de 20 años, porque la oficial de Policía que le detuvo "se equivocó" de arma. Le disparó con el arma de fuego en vez de con el táser, un arma eléctrica.

Lo insólito esta vez en el caso es la excusa misma, el error, algo que ha hecho a The New York Times preguntarse sobre ello desde varios de sus titulares hoy, como "The weapons look and feel different, and most forces have standard precautions and protocols to prevent the sort of mix-up that can be deadly." Esto parece claro y razonable. Así sería si no leyéramos un poco más abajo la siguiente información: "While not common, instances of police officers mistaking pistols for Tasers are not entirely unusual, either". ¿Es posible confundirlos? ¿Es mejor ser culpable de estupidez? Sus abogados le dirán, sin dudar, que sí.



En un país que está siguiendo a través de sus cadenas de televisión el juicio contra el agente que puso la rodilla sobre el cuello de George Floyd, este tipo de noticias levantan ira y, de nuevo, más violencia en una espiral que pudiera parecer imprevisible, pero que —por el contrario— siempre acaba de la misma manera.

Recordemos que el caso Floyd comienza por la llamada del dueño de una tienda porque dice que Floyd le ha dado un billete falso, creo que de 20 dólares. Cómo un caso de este tipo acaba en tragedia es el gran drama de los Estados Unidos.

La cadena de equívocos comienza: muertes de detenidos y casi siempre negros. Unos días se equivocan creyendo que el sospechoso lleva un arma, otros se equivocan presionando el cuello más tiempo del que deben, otros, finalmente, sacando el arma equivocada... pero acertando siempre. La mayor parte de estos casos levantan la ira de muchos por su reducción a la estupidez policial como excusa, justificación o atenuante.



Desde que hace dos décadas en que los teléfonos móviles empezaron a ser cámaras fotográficas y de vídeo, los testimonios gráficos de todo tipo de atropellos se acumulan, convirtiéndose en detonante que hace estallar ante los evidentes casos de abuso de autoridad.

Pero ¿si la autoridad no abusa, qué clase de autoridad es?, se preguntan los que están arriba y no quieren dejar de estarlo. El que más y el que menos tiene un amigo que ha leído a Orwell.

Muchos echarán de menos los tiempos del "tu palabra contra la mía", los del testimonio de cuatro o cinco agentes frente a algún acompañante que afirmaba lo contrario. Pero desde que las cosas quedan grabadas y existen las redes sociales como medios de difusión, el panorama ha cambiado bastante. Se les obligó, incluso, a llevar mini cámaras en los coches policiales y en los propios uniformes, creando una nueva narración realista en primera persona que también nos ha dejado espectáculos bochornosos.



Las imágenes de la muerte de George Floyd han dejado huella. Todo tipo de expertos testimonian sobre el exceso, el abuso de la fuerza. De los oficiales instructores a los paramédicos que llegaron, todos dan cuenta de cómo se saltaron todos los protocolos sobre lo que se debe hacer, dejando una certeza: lo de Floyd fue una ejecución sumarísima, un linchamiento en todo orden. Más allá de la muerte es la indiferencia brutal del agente lo que lleva a unos la reflexión y a otros los saca a la calle. ¿También se equivocó o más bien le importaba un bledo la vida del que estaba bajo su rodilla? Es la tranquilidad que da el "protocolo". O eso pensaba.

Ahora toca sostener que la agente que mató al joven se equivocó de arma. No sé hasta dónde llegará ese argumento, pero seguro que sus abogados le han dicho que no será fácil entrar en su mente para descubrirlo. Es el argumento de la estupidez, del nuevo error que todos deben aceptar en quien debería estar entrenado para no cometer errores. Dicen que la agente lleva 26 años en el cuerpo de Policía.



Lo que más sorprende de estos casos es la desproporción, el poco valor de la vida humana. Un billete falso puede acabar con tu vida; un control rutinario de tráfico, igualmente. Es comprensible el nerviosismo de cualquier ciudadano detenido en las calles por cualquier problema, real o aparente. No sabe si saldrá vivo de un simple control de tráfico, de un permiso caducado.

Joe Biden va a intentar, dice, poner freno al vicio armamentístico norteamericano. Causa más muertes que cualquiera de las guerras en las que se han visto envueltos. Pero tras la posesión de las armas está el deseo de las armas. Dicen que para burlar controles, las venden ahora por piezas y luego las montas en casa. Hace unos años eran las impresoras 3D las que se utilizaban para fabricar armas no registradas. Ninguna legislación puede controlar el deseo de las armas, la violencia tras ellas o el miedo agresivo.  La teorías conspiratorias y apocalípticas siembran el miedo y sirven para vender armas. Veíamos la "teoría del reemplazo" hace unos días, difundida por el presentador estrella de la Fox News con el beneplácito de la cadena.



Cada nuevo incidente armado sirve para que aumenten las compras de armas por parte de los que piensan que el mundo es inseguro y por parte de los que ven armarse a sus vecinos y sienten más inseguridad.

A todo este conjunto de miedos y deseos malsanos, algunos lo llaman "libertad", concepto que está bajo mínimos. Debe ser angustiosa la inquietud de no saber si tus hijos volverán del colegio o instituto, de tener un permiso de conducir caducado, de pasar un billete falso o cualquier otra circunstancia que te convierta en el centro de un tiroteo o de la brutalidad y del error policial.



Al muerto no se le dan muchas opciones: morir bajo las balas de un loco o a causa del error de quien confunde el arma o simplemente aplica a su manera las técnicas protocolarias de reducción de los detenidos.

Estados Unidos es víctima de sí mismo. La conjunción de armas, teorías conspiratorias, miedo y violencia social es muy peligrosa, como se demuestra cada día. ¿Tiene arreglo? Las protestas se acaban convirtiendo en rutina.

Sostener que existen estas cadenas de errores para disculpar al sistema o a los individuos es ocultarse la realidad dolorosa del tejido social desgarrado, del enfrentamiento constante, del racismo sin resolver y una serie de problemas que no encuentran solución de conjunto.

  

domingo, 11 de agosto de 2019

El gigante enfermo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Reproducíamos ayer la imagen del titular del artículo de la CNN: "El mundo se pregunta qué le ha ocurrido a América", firmado por Nick Paton Walsh. Citábamos la carta publicada por un alto funcionario de Exteriores que había presentado su renuncia, harto —decía—, de ver pisoteados los ideales por los que se había dedicado al servicio público y harto, de nuevo, de tener que dar explicaciones en el exterior sobre lo que estaba pasando en los Estados Unidos, una pregunta casi universal.
Desde hace unas décadas uno de los temas favoritos de aquellos que se dedican a la especulación sobre el futuro es la "decadencia del imperio americano". Sobre ella se han escrito cientos de libros y artículos dando por sentado que los Estados Unidos habían llegado a su punto más elevado y que ahora se enfrentaban al ascenso de Asia, para algunos la emergencia de un nuevo espacio socioeconómico y político, Eurasia, que el eje del Pacífico, USA, Japón y Corea del Sur, sería sustituido por un nuevo espacio, como había sido con anterioridad a que Europa de volcara en la colonización de América. Es la realidad, propuesta por China, de la "nueva Ruta de la Seda" o "Una Franja y una Ruta" en marcha y que se enfrenta al recelo de países europeos y, sobre todo, de los Estados Unidos. Esto se ha entendido como una pérdida de influencia de los Estados Unidos. La respuesta norteamericana a la tentación asiática de sus socios japoneses y coreanos ha sido aumentar las tensiones con China e intensificar el conflicto con Corea del Norte. Es su forma de evitar que se le escapen los clientes.


La política hacia los países por debajo del Río Grande la estamos viendo desde la llegada a la Casa Blanca de Trump. Una cosa es regular, mejor o peor, la inmigración y otra el insulto y el desprecio a medio continente. Es lo que Trump ha hecho. Ha criminalizado a millones de personas. No lo ha hecho solo por querer estar en los Estados Unidos, donde muchos llevan décadas, con hijos nacidos allí. Los ha llamado "agujeros de mierda", algo que difícilmente se le hubiera "tolerado" a alguien que no fuera el presidente de los Estados Unidos. La renuncia del funcionario de Exteriores es el ejemplo de no poder asumir más lo que "el mundo se pregunta" sobre América.
Al resto del mundo no les ha ido mucho mejor, con la excepción de los dictadores, que han visto que lo que antes se les recriminaba ahora se les aplaude. ¡Tremenda perversión política la de los Estados Unidos de Trump! 
Son los propios norteamericanos los que empiezan a estar preocupados por lo que desde fuera preocupa a medio mundo. Es poco inteligente no preocuparse por el estado de la primera potencia mundial, físico y anímico. Padecemos sus decisiones económicas y muchos países algo peor, como ocurre con Oriente Medio, sublevado ante lo que pomposamente se ha llamado el "acuerdo del siglo", cuyas consecuencias están por verse si siguen adelante.
Más de medio mundo se encuentra afectado, de una forma u otra, por las políticas erráticas, agresivas y despectivas de Trump. La preocupación, cuando la legislatura avanza hacia su recta final, es que los demócratas no sean capaces de encontrar un candidato dispuesto a disputarle la Casa Blanca en condiciones. Trump hará lo posible por arruinarles la fiesta. Y "lo posible", en el caso de Trump, es mucho. Baste con recordar los efectos de la trama rusa, Cambridge Analytica, etc. Con gobiernos interesado en que Trump siga (para bien propio o desgracia ajena), las próximas elecciones van a ser de infarto.


Con todo, son dos aspectos que se han unido los que más llaman la atención: el aumento de la violencia y el control de la armas, por un lado, y la problematización de la inmigración. Respecto a la primera, el editorial de ayer de The Washington Post, titulado "Mass shootings are becoming routine. It doesn’t have to be this way", señalaba:

The United States faces a grave threat to public safety. The Post reports that mass shootings took place roughly twice a year between 1966 and the massacre at Columbine High School in Littleton, Colo., in 1999. Between Columbine and the slaughter at a predominantly African American church in Charleston, S.C., in June 2015, the pace was roughly five times a year. Since the white-supremacist attack in Charleston, there’s been one almost every six weeks. And these data reflect a restrictive definition of mass shootings: those that claimed at least four lives, not including perpetrators, in public places or large private gatherings. GunViolenceArchive.org’s broader definition, which encompasses a wider-range of multiple-victim shootings, fatal and nonfatal — including those tied to such crimes as robbery and domestic abuse — produces 254 just this year, through last Wednesday.*


Los datos son peores hacia el futuro, pues el gigantesco negocio de las armas ha tomado parte en la vida política norteamericana de forma inusitada. La poderosa Asociación nacional del Rifle tiene en nómina a toda una serie de políticos que son quienes la sostienen políticamente para evitar que sea regulada. Jamás se ha visto un país envuelto en una forma suicida de autoconsumo de la violencia. Cuando el negocio exterior decae, el negocio se tiene que desarrollar en el interior. Fuera el sector de las armas promueve la compra allí donde se ha sembrado la intranquilidad creando conflictos. Esa es la tarea de Donald Trump con la política exterior. Trump crea inseguridad; los vendedores de armas le sacan partido. Recordemos el enfado de Trump y los suyos cuando, tras las presiones a Europa, esta decidió tener su propio ejército y fabricar sus propias armas. La administración norteamericana se encolerizó ante la perspectiva de no participar en el negocio armamentístico. Las ventas multimillonarias de armas en Oriente Medio aseguran dos cosas: a) que nunca cesarán los conflictos; y b) que los tiranos están más seguros al comprarles las armas a los estados Unidos. Recordemos el enfado norteamericano cuando Recep Tayyip, Erdogan, con quien mantiene un conflicto de egos, decide comprar material militar a Rusia y no a los Estados Unidos. Otros juegan a dos bandas, como Egipto, cuyo ejército está financiado por los Estados Unidos, pero también compra armamento a los rusos, que le están comiendo mercado.


Con esta perspectiva, no es ya la seguridad nacional norteamericana la que debe preocupar, sino la de todo el mundo, en manos de una persona que no tiene reparos para los negocios en vender cada vez más armas.
Los estados Unidos dieron su salto como superpotencia tras participar en dos guerras mundiales, tomando posiciones y aumentando su maquinaria productiva. Las guerras son un buen negocio y que se acaben una triste perspectiva para las ventas. Históricamente no se puede negar este vínculo, de la misma forma que fue la competencia con la Unión Soviética la que produjo la carrera armamentística hasta que se firmaron los acuerdos para evitar la proliferación de armas nucleares. Hace unos días se ha renunciado a los efectos de control de armas nucleares. Rusia, China, Irán, etc. se verán de nuevo inmersos en una guerra que enriquece a los Estados Unidos pero empobrece a los demás, que no disponen de recursos suficientes en esa competencia. En este sentido, evitar el desarrollo de China se ha convertido en una obsesión estratégica. Es la única que tiene recursos suficientes como para sostener el desafío armamentístico y estratégico, de ahí el boicoteo sistemático, de ahí el intento de evitar que China mantenga alianzas tanto en Asia como en Europa, África y América Latina. Sin embargo, los tiene y muchos de ellos gracias a la beligerante política norteamericana.
Pero donde más se percibe la enfermedad de la codicia y de la indiferencia salvaje es en la extensión de las armas, cada vez más sofisticadas, en el país.
Las matanzas son el resultado de la carrera armamentística interior que lleva a la proliferación y mejora de las armas. No se trata ya del "derecho a defenderse", sino de la potencia necesaria para ello. Las armas empleadas en las matanzas son de una sofisticación enfermiza, de una obsesión que acaba cumpliéndose. Muchos norteamericanos dicen descargar su estrés con las armas. Otros, cada vez, más descargan su ira. Esta se ha ido fomentando a través de los discursos políticos o de las ficciones, los video juegos, etc., que ha creado una mente a la defensiva que en muchos casos estalla. El asesino de El Paso es el mejor ejemplo. Tenía solo 21 años, pero ya vivía la vida con un sentido de peligro, con temor a ser invadido. Tras las matanzas, se han multiplicado de nuevo las ventas. Es el miedo la base del negocio. No hay escrúpulos.
El segundo elemento es el trato dado a la inmigración, una de las bases de la riqueza de los Estados Unidos. La violencia personal, de los asesinos o de los racistas, o la institucional ha ido en aumento. La CNN recoge la indignada carta de Raul A. Reyes, un fiscal de origen hispano, señalando el despilfarro económico, juciail y laboral de lo ocurrido en Mississippi, con la detención de cerca de 800 inmigrantes, muchos de los cuales llevaban décadas con sus familias en los Estados Unidos. Muestra su indignación por la falta de sensibilidad que supuso hacer que le trajeran a un bebé que había quedado huérfano en la matanza. 



La foto es un auténtico despropósito: Trump hace el gesto de elevar su pulgar mientras Melania lo sostiene. Ambos sonríen.  Cuando el niño crezca, alguien tendrá que explicarle el sentido de la fotografía y porqué fue usado de esta forma por la persona a la que muchos responsabilizan de la violencia que acabó con la vida de su padre. Manipulación constante, desvergüenza total.
Mientras tanto, en Mississippi, son otros hijos los que son separados de los padres, los trabajadores de las industrias alimentarias. Este aspecto hace estallar a Reyes y va al centro de la segunda cuestión:

There is profound hypocrisy here, as the Trump Organization has a history of using illegal labor. In 1998, the company settled a class-action lawsuit brought by undocumented workers who alleged that they had worked on Trump Tower and were not properly paid. The Washington Post has reported on undocumented immigrants working at The Trump National Golf Club and undocumented workers at a Trump-owned construction company. The New York Times has published the stories of undocumented workers toiling at Trump's properties in Florida, Pennsylvania, and New York. In response, the president said, "Probably every club in the United States has that (undocumented workers) because it seems to be, from what I understand, a way that people did business." If that is simply "the way that people did business," it would make sense to move towards legalizing these workers, instead of targeting them for removal with military-style raids.
True, immigration laws need to be enforced. Yet the problem is that they are enforced selectively. Mike Hurst, the US attorney for the Southern District of Mississippi said, "To those who use illegal aliens for a competitive advantage or to make a quick buck, we have something to say to you: If we find you have violated federal criminal law, we are coming for you." Really? Recent history says otherwise. Even as the Trump administration has aggressively gone after undocumented workers and migrants, it has not prioritized punishing those who hire them. In the 12 months ending in March, only 11 employers faced criminal prosecutions for hiring undocumented workers. Of those 11, just three served prison time.**



Reyes habla directamente de "hipocresía". La respuesta de Trump es la misma que antes las armas (o ante el cambio climático, como respondió Mike Pompeo, secretario de Estado): son los negocios. En efecto, hay una profunda hipocresía en una riqueza que se ha hecho precisamente en el abuso sobre muchos inmigrantes, pagándoles sueldos inferiores en muchos casos y trabajando sin poder tener derecho a nada dada su condición.  La riqueza de Trump y su familia, proviene de esa competencia desleal que ahora se usa como amenaza y que, como bien señala el fiscal, tendrá una actuación selectiva. ¿Va a ir alguien a verificar si los empleados de los negocios de Trump están legalmente en los Estados Unidos?
La hipocresía es mayor cuando los propios estados Unidos critican a otros países su prácticas desleales con los abusos o los bajos sueldos de los trabajadores cuando precisamente es eso lo que han ido buscando: bajos sueldos, saltarse las normas de control medioambiental, laborales restrictivas de sus propios países, etc.


Es de nuevo la codicia la que está en la base. No hay ningún motivo humanitario en el trato de los trabajadores. Es simplemente la forma americana de hacer negocios. Una parte importante de la economía se ha mantenido política y económicamente en ese espacio de la irregularidad migratoria. Ese ha sido una de las bazas con las que se ha contado para hacer esos negocios.
Ya no es solo el mundo el que se pregunta desde fuera "qué ocurre en América". Lo que ocurre se ve con claridad, otra cosa es que en ese estado social en el que se encuentra sea capaz de resolver sus problemas que van más allá de la economía. Cuando la gente es capaz de hacer negocios con el sufrimiento, cuando hay desprecio hacia los demás, cuando se vive entre el miedo y la ira, es el momento de reflexionar sobre por qué se ha llegado a ese punto.
Muchos lo están haciendo desde periódicos, televisiones, películas, novelas, etc. intentando traducir a sus lenguajes la América en la que viven y perciben con dolor. Tienen mucho camino por delante.
Muchos de los síntomas que se ven en los Estados Unidos están empezando a contagiarse a otros países. Que lo que vemos sirva de advertencia. No se puede hacer del odio, dentro o fuera, el motor de un país, pues este acaba reduciéndose a una retórica patriótica hueca rebosante de hipocresía, como se señalaba en ambos escritos.  Algunos necesitan de enemigos para sentirse poderosos. Suelen acabar mal.
El gigante está enfermo. Es el diagnóstico que llega de dentro y fuera. Un sentido equivocado de la grandeza es la peor enfermedad. Es la que impide ver los errores propios o, peor, considerarlos virtudes.



* "Mass shootings are becoming routine. It doesn’t have to be this way" The Washington Post 9/08/2019 https://www.washingtonpost.com/opinions/mass-shootings-are-becoming-routine-it-doesnt-have-to-be-this-way/2019/08/09/85f70cf8-b9fb-11e9-b3b4-2bb69e8c4e39_story.html
** Raul A. Reyes "Trump's cruelty never stops" CNN 9/08/2019 https://edition.cnn.com/2019/08/09/opinions/trump-mississippi-raids-el-paso-visit-reyes/index.html




domingo, 15 de abril de 2018

La misión confusa


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Por mucha lógica que pueden aparentar tener las guerras, acaban siendo una maraña de razones que se anulan unas a otras. Solo es real el dolor. La lectura de prensa en ambos "lados" es sorprendente por lo opuesto de las posiciones y por los despropósitos que representan a través de elecciones binarias que se van alejando del centro real. En realidad no se ha producido un avance con el ataque, sino un retroceso, es decir, a la invocación de momentos negativos anteriores. Basta con ver las diferentes interpretaciones del bombardeo y sus consecuencias desde los prejuicios establecidos, que actúan provocando una auténtica ceguera. 
Como guerra civil, la de Siria solo tiene la opción de un ganador, un líder poderoso. Su poder se manifiesta precisamente porque ha podido exterminar al rival, lo que le ganará el respeto o el miedo. Siria no sale de una democracia, sino como Libia, Egipto o Yemen, lo hace de unas dictaduras acostumbradas a hacer desaparecer a sus rivales, exterminándolos. Han podido tolerarlos por momentos, pero siempre y cuando caminaran por el sendero marcado y sin dejarles crecer demasiado. Por eso han resultado estados autoritarios y falsas democracias.
Tras siete años de la "Primavera árabe", es una constatación que es más importante el poder que la democracia. El poder asegura el statu quo, mientras que la democracia puede hacer perderlo. No se lucha por las libertades, sino por conseguir el poder. El "ideal" es un gobierno fuerte que reparta privilegios entre los que le sirven. Bajo ese manto tratan de acogerse aquellos que se encargan de perpetuar su propio estado personal y el del poder general. El pueblo llano solo quiere tranquilidad y poder desarrollar su vida en mitad del caos y la indiferencia. Se ha pasado de combatir al "club de los dictadores" al aplauso a los que les han sustituido o, como en el caso de Siria, a los que han resistido con el apoyo exterior.


A los que querían más libertades, modernidad y democracia, simplemente los han barrido, como ha ocurrido en Egipto, dejando la cuestión democrática en una farsa electoral, un gobierno bajo estado de excepción y la conversión en traidores de todos aquellos que discrepan.
Las reacciones ante los ataques sobre objetivos estratégicos de Estados Unidos, Reino Unido y Francia son muy diferentes en cada lado. En Estados Unidos, el electorado de Trump se ha sorprendido al ver a su presidente ordenando un ataque después de decir días atrás que Estados Unidos saldría fuera de Siria.
Lo más sorprendente de la ceguera es que quienes no dan ninguna importancia a las bajas por armas químicas son los países que deberían estar más preocupados. Sin embargo, esa "línea roja" solo parece preocupar a los países occidentales, cuyas opiniones públicas se horrorizan ante lo que ven, pero cuyas reacciones son contra la propia intervención en muchas ocasiones. 


El antiamericanismo no ha surgido con Trump, pero sí está ayudando a darle nuevos bríos. Nada más significativo que la respuesta egipcia. Trump es el "amigo" del presidente al-Sisi. Egipto presumió de ser el primer país en felicitar a Trump y alegrarse de la derrota de Hillary Clinton, la continuadora del odiado Obama, que fue el que apostó por las democracias árabes, y al que por allí consideran creador del Estado Islámico. Es el caos absoluto.
Las reacciones a la intervención no se ven como un intento de frenar el uso de armas químicas contra los sirios. Es preferible aceptar la versión del montaje y de la intervención imperialista. Unos días importan las vidas de los sirios más y otros importan menos, en función de quién sea el que les ataca. Eso en una guerra en la que participan dos países no árabes, Rusia e Irán.
Como veíamos el otro día, como parece imposible probar nada, si se niega todo, funciona. La guerra siria está llena de calamares arrojando su tinta en cada acción. Ya no hay interlocutores capaces de orientar sin manipular a la opinión pública mundial.
Con el titular "Egypt MPs denounce 'Western tripartite aggression' against Syria", el parlamento egipcio, con un ejército financiado por los Estados Unidos, firmante de los acuerdo de Camp David, y amigo de Donald Trump, escenifica su rechazo a la intervención de la siguiente manera:

Egypt's MPs issued statements Saturday condemning what they called "the West's tripartite aggression against Syria," urging the Arab summit in Saudi Arabia to take a united stand.
Parliamentary spokesman Salah Hassaballah said the American-led attack against Syria comes to serve Israel.
"It is in the Israeli interest that Syria remains divided and plagued by armed struggle," Hassaballah said, adding that "America's attack comes without first investigating in a transparent way whether Syria's Bashar Al-Assad has used chemical weapons."
"We all remember how the Americans used fabricated and bogus evidence on Iraq's possession of nuclear weapons to attack it in April 2003," he said, adding that "The same scenario is being used to destroy another Arab country."
The United States, Britain and France carried out a wave of punitive strikes against Bashar al-Assad's Syrian regime on Saturday in response to alleged chemical weapons attacks that President Donald Trump branded the "crimes of a monster."
Tarek Radwan, head of the Egyptian parliament's foreign relations committee, said Trump's aggressive policies come after Syria was able to stem the tide of terrorist organisations on its territories.
"Their attacks today come to help terrorist organisations spread chaos in the Arab world, help Israel and settle old accounts with Russia at the expense of the Syrian people,"  Radwan said.
Alaa Abed, head of the parliament's human rights committee, said in a statement that the Arab summit scheduled to be held in Saudi Arabia Sunday should take a united stand against "America's aggression against an Arab country".
Abed said the attack on Syria comes to serve the interests not only of Israel, but all terrorist organisations that aim to disrupt the Arab world.
"I think it is now high time that Egypt's proposal, that a joint Arab armed force be formed to defend the Arab world against foreign aggression, be discussed," he said.
Mostafa Bakri, an independent MP, said America's bullying and aggressive practices in the Arab world represent a violation of international laws and legitimacy.*


Como puede apreciarse, la figura de Bachar Al-Asad ya no es la del monstruoso dictador, sino la del heroico salvador de la patria, aquel que trata que la perversas fuerzas occidentales no destruyan su país dividiéndolo. Hasta hace poco era un criminal que debería responder en los tribunales internacionales por sus actos contra el pueblo sirio. Hoy ya no toca.
Está claro que nadie va a sacar a Al-Asad del poder, que es de lo que se trata. No habrá ninguna conversación si se pone eso sobre la mesa. Por eso se hace necesaria la expulsión o el exterminio de todos aquellos que puedan perturbar el futuro del régimen.
Las declaraciones de los diputados egipcios son un brindis al sol, claro. Su dependencia de Estados Unidos es grande y ellos no renuncian a nada, especialmente si se financia al Ejército, centro y motor del país. Su "antiamericanismo" es precisamente lo que la gente quiere escuchar, una peligrosa argucia que puede salirle mal en cualquier momento. No es fácil estar jugando siempre a recibir dinero de Estados Unidos, ayudas de Europa y después jugar al antioccidentalismo. No hablamos ya de la doble cara en la cuestión israelí. Mientras se trabaja conjuntamente con Tel Aviv, los políticos siguen aparentando que Israel es el enemigo, evitando así convertirse ellos mismos en "aliados sionistas" ante sus propios agitadores, tanto la izquierda nasserista como los islamistas.


Podrían parecer sorprendentes las palabras del presidente del parlamento egipcio, Alaa Abed, llamando a la creación de un "ejército árabe" para defenderse de las agresiones "extranjeras". No lo son tanto si se entienden dentro de la esquizofrenia existente en Oriente Medio, en su contradicción permanente, donde nunca se piensa en ninguna solución que se pueda construir sobre el diálogo, sino sobre el poder.
Los restos del conflicto sirio se sumarán a los restos de Egipto,  a los de Libia, a los de Yemen, creando un fondo conflictivo que seguirá produciendo un espacio de represión como única salida a la irresolución de sus propios conflictos históricos. Por muchas intervenciones extranjeras en la zona, el conflicto de muchos países es el resultado del choque entre dos mentalidades en el mundo árabe ambas manipulando a sus propios pueblos para acceder al poder. No hay salida entre el autoritarismo de unos y otros y la debilidad de los demócratas que no tienen más remedio que salir de allí ante el ataque de ambos contendientes.


The New York Times, por su parte, titula irónicamente "‘Mission Accomplished!’ But What Is the Mission in Syria?", dejando clara la confusión creada por la iniciativa de un Trump que quería sacar a Estados Unidos de Siria hace unos días.

WASHINGTON — On the morning after, President Trump declared success. The surgical strike against chemical weapons facilities in Syria had been executed perfectly, he said on Saturday. “Mission Accomplished!” he wrote on Twitter.
That’s a phrase presidents and politicians have studiously avoided since President George W. Bush’s ill-fated aircraft carrier visit prematurely declaring success in the Iraq war. But aside from the curious choice of words, it raised the essential question regarding Syria going beyond the one-time strike: What exactly is the mission?
For most of Mr. Trump’s presidency, it has been to defeat the Islamic State and then get out. But what Mr. Trump outlined in his televised speech to the nation on Friday night was something more complicated. He promised a sustained campaign to stop Syria’s government from again using chemical weapons on its own people, while also emphasizing the limits of America’s ability or willingness to do more to stop the broader bloodletting that has devastated that country for seven years.
Mr. Trump finds himself in a position not all that different from that of his predecessor, President Barack Obama, and with no easier answers. The strike brought home Mr. Trump’s competing impulses when it comes to Syria — on the one hand, his manful chest-thumping intended to demonstrate that he is the toughest one on the international block, and on the other, his deep conviction that American involvement in the Middle East since the attacks of Sept. 11, 2001, has been a waste of blood and treasure.**


Las contradicciones de Trump son grandes, pero sus errores son los que cuentan. Y no son pocos. No hace mucho se paseaba triunfante por Oriente Medio y juntaba sus manos con las autoridades de Arabia Saudí y Egipto, Desde entonces todo ha empeorado. Nadie sabe ya a estas alturas cuáles son las acciones más adecuadas sobre Oriente Medio. Se haga lo que se haga, todo parece ser contraproducente. 
Castigar a Bachar Al-Asad por masacrar a su pueblo se vuelve contra quien lo haga, cuyo argumentos serán negados en esta guerra de negaciones , desmentidos y fake news. Al-Asad ya ha utilizado anteriormente arnas químicas y también las prohibidas bobas de racimo, con enormes efectos sobre las poblaciones. Quien debería frenarlo, Rusia, no lo hace. Ya todo vale.
Los republicanos se ven entre sus promesas de apartarse incumplidas, el gusto de escuchar gritar "¡victoria!" a su presidente y el horror a seguir comprometidos en algo que ya no entienden. ¿Qué misión se ha cumplido realmente? Aparte de la mala elección de la expresión (todos han recordado la frase en la época de Bush), algo frecuente en Trump, los norteamericanos se preguntan qué han hecho realmente o para qué ha servido lo hecho.
La versión de oriente medio es que han atacado antes de que pudiera probarse que el régimen de Al-Asad fue el autor del ataque con armas químicas, aunque parezca tener todas las papeletas. Ha servido para alentar de nuevo el antiamericanismo y el antioccidentalismo en medio mundo árabe y volver a revivir la teoría de que los Estados Unidos ayudan a los terroristas. Han aprendido a meter en el saco del terrorismo a todos los que les llevan la contraria.
Occidente se encuentra siempre en la misma tesitura: si actúa es culpable y si no lo hace también. Nadie cuestiona, en cambio, la intervención rusa, que a todo el mundo le parece normal. Hoy es Rusia quien reparte los chicles y chocolatinas en la zona. Ellos nunca están en ningún sitio, solo pasan. Como en Ucrania, ellos no estaban allí, pese a las quejas de las madres de los soldados rusos muertos en suelo ucraniano, víctimas no declaradas de un ataque inexistente. Sus hijos había muerto en combate, pero ni eran soldados rusos ni Rusia intervenía. ¡Paradojas de las guerras!

2011


Cuando comenzó la primavera árabe en 2011, todo el mundo tenía claro que Bashar Al-Asad era un criminal que castigaba a su pueblo. Conforme aquello fue adquiriendo diversas dimensiones, Al-Asad se fue mutando en un defensor de las libertades frente al terrorismo del Estado Islámico y el mundo dejó de fijarse en los combatientes por un estado laico con libertades que se habían alzado contra la dictadura de los Asad. Pronto empezó a mezclarse todo allí: islamistas, kurdos, iraníes, yihadistas internacionales, turcos, rusos, norteamericanos, saudíes, franceses, británicos, etc. Algunos se han dado cuenta que ocurra lo que ocurra, quedará Bachar Al-Asad en pie, que Rusia no contempla otra opción. No ha invertido para que haya una salida negociada, le guste a Occidente o no el resultado. El problema no será Occidente, desde luego, sino cómo va a administrar Arabia Saudí y demás la presencia iraní y si esto es solo el comienzo.
Lo que Trump ha hecho no es mucho, un ataque quirúrgico, como decía The New York Times, pero ha dado alas al régimen, que ahora presentará —por si no pensaba hacerlo ya— la retirada de las tropas de Siria como una gran victoria. Dejará a los grupos anti Al-Asad no islamistas al aire y a Turquía las manos libres con los kurdos. Los yihadistas desaparecerán para reaparecer en cualquier otro sitio. Igual ocurrirá con los kurdos.
Si observamos las reacciones en ambas orillas del conflicto, vemos que solo ha aumentado la confusión, ingresando más conflictos latentes. Con un Trump imprevisible, de palabra y obra, no resulta fácil a los estrategas avanzar en el tiempo por el escenario que, pese a los siete años trascurridos, sigue siendo imprevisible. Los únicos destellos que salen ya son los de crueldad contra la población sitiada, cuyos acuerdos humanitarios no se cumplen, con niños y adultos gaseados. Cualquier intento de razonamiento con alguien que hace algo así es absurdo. Seguirá haciendo lo que quiera, como siempre ha hecho.
Siria es más que una guerra. Es el escenario donde se cerrará la posibilidad del establecimiento de democracias reales en el mundo árabe. Es la confirmación del modelo de "club de dictadores" que durante décadas se hizo con los países, creó su propio mundo de los negocios turbios, y enseñó que solo una mano fuerte puede mantener un orden sangriento en los países. Esa mano es y será besada una y otra vez. 
Nadie apuesta nada por Siria, un país en ruinas sobre el que desfilar victorioso.

 
2011
* "Egypt MPs denounce 'Western tripartite aggression' against Syria" Ahram Online 14/04/2018 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/297663/Egypt/Politics-/Egypt-MPs-denounce-Western-tripartite-aggression-a.aspx
** "‘Mission Accomplished!’ But What Is the Mission in Syria?" The Bew York Times 14/04/2018 https://www.nytimes.com/2018/04/14/us/politics/trump-syria-policy.html


domingo, 25 de febrero de 2018

No hay excusas para las armas

Joaquín Mª Aguirre Romero (UCM)
El movimiento contra la Asociación Nacional del Rifle en los Estados Unidos está empezando a tomar forma por allí donde más duele: la retirada de las marcas que vinculan su nombre a la NRA. El cese del apoyo es grave para ellos porque los sitúa en el lado complicado, aquel en el que los discursos patrióticos no funcionan.
Hasta el momento, la NRA ha funcionado dentro del marco de la defensa de las libertades y como tal se justificaba su apoyo a los políticos que defendían las "libertades". Esto se resolvía mediante donaciones a las campañas de los políticos, en todos sus niveles, garantizándose así que ellos darían la cara y asumirían el discurso de las armas y las libertades como dos caras de una misma moneda. Esto ha cambiado.
El sutil cambio se manifiesta mediante la semántica: de "donación" a "compra" o "soborno". La presión sobre el senador Marco Rubio en el evento organizado por la CNN por parte de los estudiantes fue brutal, uno de esos momentos en los que uno cuenta los minutos a que termine. Los estudiantes mostraron una determinación asombrosa, ninguno de los presentes consiguió llevar a su terreno la discusión. Fueron precisos para evitar que se les escaparan por la tangente. Y a Marco Rubio se le preguntó directa y reiteradamente si recibió "donaciones" de la NRA. Rubio se defendía diciendo que nadie había comprometido su "agenda", pero la pregunta volvía una y otra vez cuando eludía la respuesta.
La empresas —que son buenas intuyendo los fenómenos de boicot— han empezado a desmarcarse de la NRA. No quieren verse arrastradas por la visión negativa que la Asociación está dando.


La BBC analiza el fenómeno con el titular "Por qué grandes empresas de Estados Unidos están boicoteando a la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA)". La respuesta no necesita mucha imaginación: por temor a que las boicoteen a ellas. La presión es en cadena. Los norteamericanos boicotean a las empresas que tienen conexiones de muy diferentes tipos, desde descuentos en compras a los 5.000.000 de miembros de la Asociación a VISA, que dejará de hacer una tarjeta especial para ellos, entre otros muchos casos. Esto está solo comenzando.
Las medidas puestas en marcha por los jóvenes son muchas. Una de ellas es la llamada a registrarse como votantes, algo que puedes ser decisivo en muchos distritos y romper la situación existente en favor de los que no son financiados por la NRA. Esto debe preocupar especialmente al partido Republicano, máximos defensores de las armas o si se prefieren los que más se inhiben en cualquier intento de limitarlas.
Tanto es así que el propio Trump ha intentado ofrecer una subida de la edad de compra, de 18 a 21. A nadie se le escapa que ese no es el problema. Si la propuesta de armar a los profesores ha sido rechazad de plano por el sistema educativo, la de retrasar tres años la compra no es mucho para evitar futuras matanzas.


El hecho de que Nikolas Cruz pudiera comprar su arma semiautomática de forma legal no es el elemento decisivo en la matanza. Muchas casas están llenas de armas y no necesitan comprarlas ellos mismos, sino que pertenecen ya al arsenal familiar. Aunque se prohibiera toda venta de armas ahora mismo, el problema de las armas almacenadas no se resolvería en décadas.
Estados Unidos necesita un plan integral que actúe en todos los planos del problema, algo prácticamente imposible de ejecutar ante las divergencias interpretativas de lo que es un arma y lo que implica. Las escuelas, además, no son los únicos escenarios, como se tuvo la desgraciada ocasión de ver en la última matanza en Las Vegas, durante un concierto, en el que un francotirador se atrincheró con armamento de todo tipo. El resultado fueron 59 muertos y más de 520 heridos, un auténtico baño de sangre, que superó en diez muertos a la anterior masacre, el de los 49 en la discoteca de Orlando, Florida. Fue el 1 de octubre de 2017.
La BBC recoge la reacción de los responsables de la NRA ante el boicot que se le está realizando a las empresas vinculadas con ellos:

"Los miembros de la NRA, respetuosos de la ley, no tuvieron nada que ver con el fracaso de la seguridad de la escuela (Stoneman Douglas), con el fracaso del sistema de salud mental de Estados Unidos, ni con el fracaso del Sistema Nacional de Verificación Instantánea ni las crueles fallas de las autoridades federales y locales", dice el mensaje.
"A pesar de eso, algunas corporaciones han decidido castigar a los miembros de la NRA en una vergonzosa muestra de cobardía política y cívica. Eventualmente estas marcas serán reemplazadas por otras que reconozcan que el patriotismo y el compromiso decidido con las libertades constitucionales son características de un mercado al que desean servir", agrega.*


El lenguaje empleado es el de siempre, el del patriotismo, el de las libertades, el del derecho a defenderse. La introducción del término "mercado" permite comprender dónde está la raíz del problema. Las armas son un gigantesco negocio y las pérdidas de vidas causadas por ellas no son problema de quienes las venden y promueven.
La cultura popular ha mostrado —y en parte creado— mucho del fetichismo de las armas. La sociedad norteamericana padece múltiples traumas por la presencia de esas armas en casas y calles. Se ha ido elevando el nivel de dependencia armamentística es en los conflictos callejeros y en los problemas psíquicos en donde se ve más claramente.
La Policía norteamericana produce muertes por temor a ser herida. The Washington Post titula "Fatal force" y representa en una sola cifra, 987, los muertos por la Policía en Estados Unidos solo en 2017. Casi mil muertos en un año a manos de la Policía. Muchas de estas muertes salen a la luz en su irracionalidad, muertes injustificables. Otras muchas se producen en tiroteos y enfrentamientos con los delincuentes, bandas o sospechosos de cualquier delito. La sospecha de que alguien pueda llevar un arma condiciona las actuaciones y el poder de las armas en manos de los delincuentes, armas compradas legal o ilegalmente, convierte la calle en escenario de tiroteos.


No se puede olvidar el fenómeno del "vigilantismo", creado por la xenofobia creciente que ve en los inmigrantes hispanos sospechosos de ser criminales. Lo mismo ocurre con la población negra, sospechosa por el hecho de serlo, como mostró en el caso de Trayvon Martin en Miami —también Florida—, el muchacho asesinado por un vecino vigilante que pensó que por llevar capuchas ya era un criminal. La Radio Pública Norteamericana los sintetizaba así:

"Seventeen-year-old Trayvon Martin of Miami, was walking from a convenience store to the home of a family friend in a gated community in Sanford on Feb. 26th. He was confronted by neighborhood watch volunteer George Zimmerman. Zimmerman called police to report a suspicious person but before police arrived, the two struggled and Zimmerman shot and killed the teenager. Community members are demanding Zimmerman's arrest but Sanford Police say they don't have sufficient evidence to dispute his claims of self defense."*


Esto no es una escuela. Zimmerman representa otra respuesta fallida de la sociedad norteamericana ante el problema de la violencia que ella misma produce. El caso dio lugar al "movimiento de las capuchas", que tenía un componente claro de protesta contra el racismo de los "perfiles étnico", otra cuestión puesta en marcha con la llegada de Trump al poder y su criminalización de los hispanos o afroamericanos, directa o indirectamente, al apoyar o mantener silencio ante lo que los grupos racistas hacen. Recordemos que le ha costado un enfrentamiento con Reino Unido al respaldar con un tuit a un grupo ultraderechista y racista. Trump, por decirlo claramente, ha sido el candidato que ha surgido del apoyo del KKK o de la NRA, por no señalar más que dos de sus impulsores.
La cuestión de las armas es de una enorme complejidad dentro del marco cultural estadounidense. Para muchos norteamericanos, las armas forman parte de su idiosincrasia y las muertes no son más que las consecuencias colaterales.
El movimiento de los jóvenes de Florida es importante. Trump solo tiene  una virtud: la de unir mediante la indignación. Sus descarados tuit, sus insultos permanentes a la inteligencia de las personas y a sus principios, levantan el ánimo de los que deciden enfrentarse a esos problemas que él trata de manera tan desafortunada.



Ha unido a mujeres, afroamericanos, inmigrantes y ahora a los jóvenes contra sus propuestas. Son muchos frentes que revelan la toma de conciencia de los grupos en defensa de sus ideas o derechos, de sus libertades amenazadas.
Más allá de los límites de la venta —complemente necesarios— en edad y control de los compradores y potencia de las mismas, hacen falta medidas educativas y psicológicas. No hay que armar a los profesores, sino dotarles de capacidad de actuación mediante programas de detección y apoyo a personas que acaban encontrando en la muerte de otros la "solución" a sus problemas.
Aquí hemos tratado hace algunos años la cuestión de los suicidios de soldados norteamericanos, cifras escandalosas que superan a los muertos en combate. La sociedad norteamericana es muy dura en muchas cosas. La idea del "perdedor" está presente de forma agobiante acabando en patológica. Surge la idea de venganza y destrucción, presente en muchos de los asesinos de esta categoría. La queja del abandono de los soldados que regresan rotos nos muestra la dureza de la vida en una sociedad que muchas veces no quiere verte en tu dimensión completa, sino solo como persona rentable.


No son solo las escuelas los espacios de matanzas. Hemos citado la de Las Vegas y la de la discoteca de Orlando. La NRA echa la culpa a los sistemas de vigilancia, que es cierto que fallan. Pero fallan, entre otros aspectos, porque los que ven bien a la NRA ven muy mal los servicios sociales, las mejoras de la educación, la sanidad y todas aquellas medidas que tengan un carácter socio-humanitario. Dios da a cada uno lo que se merece, dicen. No lo creo. Lo que es cierto, en cambio, es que ninguno de esos 17 jóvenes y niños muertos se merecía la muerte cuando asistían a la escuela.
Hoy salen de las escuelas y van a los foros, hablan en los programas de televisión y radio. Los periódicos se ocupan de ellos. Sus argumentos son buenos y su estilo implacable ante los escurridizos políticos que no pueden más que ampararse en difusas ideas. Por eso, las campañas contra ellos, otra de las infamias que el mundo de las "fake news" y la "realidad alternativa" no tiene escrúpulos en usar en la red para difamarlos acusándolos de ser "actores" pagados o activistas aprovechados. Una verdadera infamia.
Si el movimiento por el control de las armas consigue crecer y asentarse, las presiones sobre los republicanos van a ser muy grandes y tendrán que alejarse de sus donantes habituales. Intentarán ajustes cosméticos en las leyes y les será difícil seguir manteniendo el argumento de que la respuesta a las armas son más armas. La iras han ido directamente contra la NRA, que es apuntar al impedimento de que sean desarrolladas muchas acciones políticas y sociales contra la venta de armas automáticas de gran potencia. La locura ha ido creciendo en un negocio manchado de sangre. al que se le han acabado las excusas.



* "Por qué grandes empresas de Estados Unidos están boicoteando a la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA)" BBC-Mundo 24/02/2018 http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-43182493

** "Killing Of Fla. Teen Trayvon Martin Becomes National Story About Race" NPR 19/02/2012 https://www.npr.org/sections/thetwo-way/2012/03/19/148905661/killing-of-fla-teen-trayvon-martin-becomes-national-story-about-race