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lunes, 6 de abril de 2026

Realidad y fantasía de Egipto o malos tiempos para la Ciencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Encuentro en Egyptian Streets de finales de enero un interesante artículo, firmado por Sara Abdelaziz, que lleva por título "Real Egyptology? The Public Doesn’t Want to Hear It"*, en donde se plantea una cuestión de gran interés en muchos campos más allá de la "egiptología".

Se trata de un problema que comienza a ser grave y es el conflicto entre lo que podríamos llamar lo serio y el creciente influjo de lo trivial y fantasioso, convertido hoy en "atractivo". Esto es especialmente marcado en la lucha de disciplinas como la Egiptología que debe luchar contra la fantasía creada por el uso de Egipto, de un Egipto fantasioso, atractivo, mítico que siembra lo contrario a lo que la Ciencia trata de establecer como "lo sabido", "lo conocido" hasta el momento.

El artículo comienza contando el conflicto presentado en un programa televisivo en el que mostraban dos posturas, la del egiptólogo egipcio Zahi Hawass y el podcaster norteamericano Joe Rogan, un diálogo imposible.

Sara Abdelaziz escribe:

Often times, the trigger was a story, a myth, an interpretation, a Wikipedia entry, an esoteric blogspot page, some hearsay on Reddit, an AI-curated video circulating on TikTok which were all packaged to me as a fact. Regular folks with an interest in ancient Egypt will dabble in theories written by amateurs and confront me with them. Exactly as Hawass says, “when someone comes to you with a theory, they have to have an Egyptology background,” and armed with an ideally copious list of published scientific articles at minimum.

The truth is, I do not  know a single Egyptologist who hasn’t struggled, at some point, with how to present Egyptology to a general audience. As a relatively junior scholar with ten years in the field, I have often found it challenging—much to the indomitable chagrin of my family—to answer questions with real confidence.

And that is because, two key truths about Egyptology stand strong: it is a scientific discipline, and like any science, its theories can be tested, and either supported or disproven.* 

 [trd. Google] A menudo, el detonante era una historia, un mito, una interpretación, una entrada de Wikipedia, una página esotérica de un blog, algún rumor en Reddit, un vídeo viral de TikTok, todo presentado como un hecho. Personas comunes interesadas en el antiguo Egipto se adentran en teorías escritas por aficionados y me las presentan. Tal como dice Hawass: «Cuando alguien te presenta una teoría, debe tener conocimientos de egiptología», y, como mínimo, contar con una extensa lista de artículos científicos publicados. 

La verdad es que no conozco a ningún egiptólogo que no haya tenido dificultades, en algún momento, para presentar la egiptología a un público general. Como investigadora relativamente joven, con diez años de experiencia en el campo, a menudo me ha resultado difícil —para gran disgusto de mi familia— responder preguntas con verdadera seguridad. 

Y eso se debe a que dos verdades fundamentales sobre la egiptología se mantienen firmes: es una disciplina científica y, como cualquier ciencia, sus teorías pueden ser puestas a prueba y, o bien confirmadas, o bien refutadas. *

La lucha entre el conocimiento científico y el fantasioso es cada vez más frecuente debido al abandono de la "seriedad" en beneficio del "atractivo", de lo que nos gusta, de lo que atrae a un público que prefiere que todo se le envuelva entre perfumes atrayentes a tener que luchar por comprender. Cualquier método es bueno si consigue atraer lo suficiente, que pasa a ser la medida de casi todo.

Hay campos en los que esta divergencia es menor, pero crece en función de la dificultad del propio campo, es decir, de la cantidad de conocimientos requeridos para que se produzca la comprensión. Cuando las fantasías están más presentes que el conocimiento riguroso en un campo determinado, las distorsiones, los mitos, etc. aumentan. En la Egiptología supone, como señala Hawass, tener que luchar contra las fantasías egipcias producidas en los medios, la literatura, etc.

Puede invertirse el estatus de los campos y lo fantasioso desplazar a lo científico. Esto es consecuencia de elementos, claro está, puramente económicos. Es más rentable la fantasía que lo real conocido. Pero es también culpa de la propia forma de comunicarse del campo científico, negando el valor a la "divulgación" y magnificando la "comunicación entre pares", creando una burbuja de intereses. Hoy pagamos las consecuencias de esto en muchos campos en donde se dejó a las fuerzas del mercado el poder comunicativo. Hoy la comunicación científica es un gran y caro negocio, aunque no llegue más allá de los centros de investigación o las facultades. Para ello se han creado múltiples recovecos y gestionar los intereses del campo pervirtiendo muchas veces el ideal inicial de mantenerse alejado del "mundanal ruido".

Me imagino que no es fácil ser egipcio, ir por el mundo y que te pregunten por las momias y sobre quién construyó las pirámides.

El abandono de la idea "ilustrada", de que la función del conocimiento científico es acabar instalándose en la sociedad ampliamente para una mejora cultural se acabó pagando.

El debate entre el egiptólogo y el podcaster es un espacio de conflicto entre dos formas distintas de gestionar la información, determinar la función del conocimiento y su ajuste a los públicos. Es el debate entre saber y estar entretenido. 

Al egiptólogo le toca luchar contra las momias cinematográficas, contras los extraterrestres creadores de las pirámides, etc. En cada campo le toca a cada uno luchar con sus propios mitos y fantasías. 

 

* Sara Abdelaziz "Real Egyptology? The Public Doesn’t Want to Hear It" Egyptian Streets 27/01/2026 https://egyptianstreets.com/2026/01/27/real-egyptology-the-public-doesnt-want-to-hear-it/

jueves, 4 de febrero de 2021

Lo que no nos gusta escuchar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Hay muchas maneras de informar sobre la pandemia. Un año de inundación mediática, de un flujo constante de información en unos medios que mayoritariamente desestiman la información científica, que tienden a buscar el lado atractivo o espectacular de las "noticias". Hay que separar los "hechos", lo que ocurre, de lo que se recoge conforme a diferentes criterios de valoración o filtrado, que se convierten finalmente en "noticias".

Uno de los efectos múltiples de la pandemia es dejar al descubierto nuestra escasa preparación para comprender los aspectos más técnicos o científicos. Las últimas crisis económicas nos han convertido en alumnos de un seminario permanente sobre Economía, un curso acelerado que debíamos realizar para acabar entendiendo lo que se trataba de reflejar en unas secciones especializadas que solo leían previamente algunos interesados.

La pandemia del COVID-19 está teniendo unos efectos similares sobre determinados campos. Primero nos tuvieron que enseñar a distinguir "virus" de "coronavirus"; después aprendimos sobre las formas de lavarnos las manos para mayor eficacia; nos han mostrados las diferencias entre los diversos test para detectarlo...

Pero la idea más complicada es la idea misma de "ciencia", de "investigación", de "experimentos" y cómo interpretar los resultados, de lo que significa realmente la información que nos llega.



Hace unos cuantos años recuerdo que la definición del "periodista" que daban algunos compañeros de áreas experimentales venía a decir, con cierto desprecio, que el "periodista era alguien a quien le explicabas las cosas y luego contaba lo que le daba la gana". Hoy muchos se esmeran por intentar romper esa brecha comunicativa de formas muy diferentes. Hay cursos especializados en "Comunicación de la Ciencia" y hay muchos periodistas que se han especializado en este campo, de la misma manera que gente que trabaja en el mundo de la investigación científica abre sus blogs para salir al mundo exterior. El mundo de la Ciencia ha comprendido la importancia de la comunicación por muchos motivos, incluidos los económicos.

Ahora ha llegado el momento de que nos expliquen algo sobre las vacunas y su funcionamiento, un momento importante porque se están generando malentendidos, como ha ocurrido en muchos momentos anteriores de este proceso.

A diferencia de otros casos en los que la comunidad científica interviene puntualmente para explicar hechos concretos, a lo que asistimos a un proceso, una serie de momentos cambiantes en el tiempo, con dos escenarios, el de la cifras de la realidad y el del mundo paralelo de la carrera por comprender ante qué estamos. Ponerle nombre al virus es un acto de apropiación simbólica, pero no se frena por ello su acción. Pero el proceso comienza con la identificación, con separarlo diferencialmente de otros para saber ante qué nos encontramos. Pero, caprichoso, el coronavirus muta y ahora hablamos de "cepas", de "variantes", etc. que son formas de comprender que la naturaleza es dinámica, cambiante y que nuestros intentos de encerrar en nombres y conceptos no siempre fructifican. ¿Lo entiende la gente?




De vez en cuando me viene a la mente la frase de una amiga periodista, una frase en una conversación de WhatsApp: "la Ciencia nos ha fallado". Revelaba el hundimiento de la imagen estereotipada de la Ciencia, de su funcionamiento y de otras cuestiones que han funcionado como estereotipos. No creo que la Ciencia nos haya fallado; la Ciencia siempre hace lo que puede o, para ser más precisos, los científicos.

Hace unos minutos, escuchaba e la televisión a unos cuantos científicos españoles que trabajan como pueden, con las condiciones que les dejan y con el personal y la financiación que les llevan. Les preguntaban por las vacunas españolas en marcha, que las hay, pero con tal pobreza de medios que resultaba patético enfrentarse a una realidad a la que no estamos acostumbrados a ver, entre otras cosas, porque no se nos enseña, es decir, no importa habitualmente a los medios. Nos contaban que tienen que pedir 60 ratones para sus experimentos, que les cuestan 2.000 euros los que compran en la costa este de los Estados Unidos, pero que si allí no hay, el precio se duplica, 4.000 euros por los 60 ratones. La cosa se complica mucho más cuando tienen que dar el salto a la siguiente fase, que se realiza con macacos. Contaban el dinero que recibían para los estudios sobre las vacunas y lo comparaban con lo que reciben las farmacéuticas que están ahora en boca de todos. Donde los demás tenían cientos de personas trabajando, ellos eran seis, supongo que incluyendo algún que otro becario. Si lograran una vacuna, finalmente, habría serios problemas para producirla aquí. Sin embargo, las investigaciones españolas captan el interés exterior, por hacerse con esos trabajos. Lo hacen con poco dinero, se aprovechan si es bueno y eliminan competencia. Si no conduce a ningún sitio, se lo han ahorrado.




Ahora se ha desplazado todo el interés hacia las vacunas. Los políticos, los economistas, etc. las incluyen en sus cálculos y previsiones de futuro. Pero, de nuevo, corremos el riesgo de leer lo que queremos ver y no lo que necesitamos saber realmente sobre la cuestión de las vacunas.

Ayer hablábamos aquí de la "guerra" de las vacunas. Pero ahora llega un momento difícil, el de que la gente entienda qué son las vacunas y qué suponen para el comportamiento del coronavirus y, por tanto, para nuestra propia conducta, para nuestras relaciones. Mencionamos ayer la pregunta en la CNN, ¿cuándo estaré inmunizado, cuándo podré viajar? Hay el sentimiento de que una vez vacunados el mundo se transforma en seguro —una palabra que ha crecido en presencia y en ambigüedad simultáneamente— y nosotros en invulnerables. Los medios juegan constantemente con esta idea porque atrae por la necesidad de luz en el túnel que vivimos. Pero si no se ajusta la realidad a las expectativas corremos el riesgo de una desinformación peligrosa.




En la BBC se nos ofrece una información extensa sobre las vacunas. Creo que no es casual, Reino Unidos es ahora mismo el país que más vacunas ha puesto y se enfrenta al hecho de que nuestra forma de interpretar la vacunación provoque nuevos problemas. El artículo lo firma Zaria Gorvett y lleva un titular muy directo al problema, sin rodeos, "Can you still transmit Covid-19 after vaccination?". La respuesta a esta pregunta es fundamental para establecer el comportamiento de los vacunados. Tras la pregunta, resaltada, una afirmación: "There's no evidence that any of the current Covid-19 vaccines can completely stop people from being infected – and this has implications for our prospects of achieving herd immunity."

Zaria Gorvett, tras contarnos un caso ocurrido en 2009 en Estados Unidos, en el que un niño británico de 11 años, perteneciente a un grupo religioso judío, acudió a un curso intensivo junto a otros niños sobre el talmud. Las lecturas talmúdicas debían hacerse por parejas, frente a frente, leyendo y comentando. Cuando el curso terminó regresaron a sus hogares, como dice la autora del texto, con un compañero inesperado, el virus de las paperas. La consecuencia fueron más de tres mil contagiados. El niño que había llevado estaba vacunado contra las paperas y tuvo síntomas leves y las transmitió a los otros niños de la colonia de estudio y estos la llevaron a sus casas. Explica la autora algo que no nos gustará escuchar: "[...] most vaccines don't fully protect against infection, even if they can block symptoms from appearing. As a result, vaccinated people can unknowingly carry and spread pathogens. Occasionally, they can even start epidemics."*

¿Suficientemente inquietante? Pues sí, sobre todo si el proceso de vacunación se ralentiza y empezamos a tener un pequeño grupo vacunado circulando libremente frente a otro que se vacuna muy lentamente. Y no basta con pedir prudencia, hay que explicarlo.

La BBC lo hace en este artículo: 


There are two main types of immunity you can achieve with vaccines. One is so-called "effective" immunity, which can prevent a pathogen from causing serious disease, but can't stop it from entering the body or making more copies of itself. The other is "sterilising immunity", which can thwart infections entirely, and even prevent asymptomatic cases. The latter is the aspiration of all vaccine research, but surprisingly rarely achieved.*

 


La gente tiene en mente el segundo tipo de inmunidad, el "esterilizante", frente al más frecuente, que es el modelo "efectivo". Y esto es peligroso. El hecho de que la vacuna pueda protegernos a nosotros al generar anticuerpos, pero que podamos seguir siendo portadores del virus debería quedar suficientemente claro para evitar que los comportamientos del que se cree inmune causen más problemas entre aquellos que todavía no lo son. De ahí la idea de alcanzar un grado de inmunidad colectiva que haga que aunque seamos portadores, los otros están también protegidos.

Hoy mismo, se nos cuenta la eficacia de la vacunación en las residencias de ancianos en Cataluña. Es lógico, es un mundo reducido, casi cerrado, es decir, el tamaño del "rebaño" es muy pequeño. Mientras estén aislados no es problema, pero ¿y si ese mundo se abre hacia el exterior? Fuera no están vacunados y estar cerca de alguien vacunado, como se nos ha dicho, no es garantía de que no lo transmita. No hay inmunidad de "esterilización".

Hay otro problema que se ha planteado de forma muy puntual, el de la reinfección. Sabemos que ha habido casos de personas que se han reinfectado. Su cuerpo, por las circunstancias que sea, no ha quedado protegido ante el nuevo contacto que hayan podido tener.

El artículo en la BBC nos informa: 

 

Scientists already know that the antibodies people develop after natural infections with Covid-19 don't always prevent them from being reinfected. One study of British healthcare workers found that 17% of those who had antibodies already when the study began – presumably from a first infection – caught it a second time. Around 66% of these cases were asymptomatic, but it's thought that you don't need to have symptoms to be at risk of passing the virus on to others.

"For a virus like this, I almost think that's asking too much of a vaccine," says Altmann. "It's really, really hard to do."

Happily, this isn't quite the end of the story.

There are some early hints that certain vaccines might be able to reduce transmission, even if they can’t eliminate it entirely. One way it might do this is by reducing the number of viral particles in people’s bodies. "It is quite likely that if the vaccines are making people less ill, they are producing less virus, and therefore will be less infectious, but that's just a theory," says Neal. 

Sterilising immunity is also notoriously tricky to prove.

Since most clinical trials didn't check whether the vaccines were preventing transmission, scientists are currently looking to see whether they are having an impact on infection rates in places where they have already been widely distributed. In the UK, you might expect that outbreaks in care homes – where vaccination efforts are being prioritised – would become less frequent, if the vaccines were having an effect.

But this is problematic. "There are two factors," says Neal. "We've got lockdowns and a vaccine. So, it's actually quite difficult to separate them out. Is it the vaccine? Is it the lockdown, or more likely a combination of both?"*

 


Por eso no hay que lanzar demasiado las campanas al vuelo. No es casual, repito, que este artículo se publique allí donde es más necesario, en Reino Unido, donde la vacunación está muy avanzada.

El artículo de la BBC es bueno y necesario. Nos advierte que la vacuna no es el final —como muchos piensan y otros proclaman— por más que nos gustaría, sino el comienzo de un nuevo proceso o, si se prefiere, de una nueva fase en la que quedan muchas cosas por experimentar y sufrir,

La Ciencia, de nuevo, trabaja en sus límites, como lo hace el sistema sanitario. Unos tratan de encontrar explicaciones y remedios; lo otras tratan de rescatarnos con los medios disponibles y con el conocimiento que les aporta la Ciencia y la experiencia. La experiencia ayuda y mucho, pero también el dinamismo de este coronavirus ha sorprendido a todos, dejando muchos conocimientos obsoletos. Fue desde el principio un virus esquivo y con una enorme amplitud de síntomas y efectos, algo que todavía se sigue discutiendo por parte de los especialistas.

Se necesita buena información sobre en qué punto estamos y lo que nos queda por delante. Es esencial. Información clara, comprensible, que se base en lo que sabemos y no en lo que deseamos. No podemos seguir preguntándonos sobre si vamos a poder "viajar en Semana Santa". Todos estos planteamientos han fracasado y han costado muchas vidas. Pero, sobre todo, han inducido al error y a la creación de falsas expectativas, que es lo peor que podría ocurrir.

Las vacunas son absolutamente necesarias. Es la forma de reducir los efectos terribles de la pandemia. Pero también hay que informar correctamente sobre ellas porque no son milagrosas. Como todo, tiene sus limitaciones y hay que tomar las precauciones adecuadas para que la eficacia sea la máxima posible. Es irresponsable alentar a la gente a dejar de tener límites por estar vacunados. Queda mucho por conocer del comportamiento del coronavirus y mucho que vigilar de nuestro propio comportamiento. Los que sueñan con 70 millones de turistas en verano se equivocan; los que especulan con ello son unos irresponsables.



Hemos recogido el estado de nuestras investigaciones por falta de financiación, por lo reducido de su tamaño. Ya no se escucha, como al inicio, la necesidad de invertir en Ciencia. Sin embargo, es más importante que nunca. Pero ¿para qué invertir si "esto es cosa de unos meses"? El mismo planteamiento de la sanidad pública. Contratos continuados, infames y desmoralizantes. Muchos expertos advierten que esto es solo el principio, que llevamos tres pandemias en los últimos veinte años. Pero pronto nos borran de la mente los peligros y nos refugiamos en la trivialidad, que siempre ha sido un refugio para no pensar. ¿Por qué amargarse la vida? Sigamos así, con un modelo obsoleto de desarrollo (o de falta de él) como el que tenemos, que nos hace ser siempre ir a la cola de Europa, con la economía más afectada y con la recuperación más costosa.

Hay que empezar a escuchar lo que no nos gusta, dejarse de melancolía interesada y apostar por un cambio de modelo que nos haga más resistentes a las próximas oleadas de este u otro coronavirus.

Necesitamos más científicos con medios; más sanitarios de todos los tipos para evitar desastres y desgastes; instalaciones suficientes mejores, sistemas de detección temprana... e informadores para hacernos comprender lo que tenemos delante y no que nos guíen con muletazos hacia el humilladero. Hay que hacer comprender a los dirigentes políticos que esto no es cuestión de parcheos sino de políticas de medio y largo plazo; que deben tomar decisiones que aseguren el futuro y no vender ilusiones que sabemos que no se van a cumplir. El COVID-19 marca un límite histórico, una situación que nos pone a prueba. Todo lo demás es secundario en estos momentos en los que debemos diseñar un futuro factible.

 

 

* Zaria Gorvett "Can you still transmit Covid-19 after vaccination?" BBC 3/02/2021 https://www.bbc.com/future/article/20210203-why-vaccinated-people-may-still-be-able-to-spread-covid-19

lunes, 5 de octubre de 2020

Mandar y saber

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La Comunidad de Madrid está decidida a seguir dando la nota en el panorama nacional en esto del COVID. Es sorprendente, de nuevo, que la debilidad de los gobiernos se manifieste por el volumen de sus gritos.

Díaz Ayuso está arrastrando a todos los que se ven obligados a defender una serie de posiciones gritonas, inconexas y rayando ya el delirio conspirativo. La Comunidad no ha hecho lo que debía y ha mantenido su postura a lo Johnson y Trump, dejar hacer o, si se prefiere, no hacer nada, que viene a ser lo mismo.

Las quejas contra la Comunidad no salen solo de los ciudadanos, sino de los profesionales de la salud, que se han visto tirados de mala manera, sin cumplir las promesas de refuerzos. Lo único que le ha interesado a la Comunidad Madrileña ha sido Barajas, por algunos motivos que se me escapan, aunque no son muy difíciles de imaginar.

En La Vanguardia vemos cómo la comunidad científica está empezando a estar harta y agotada ante este tipo de peleas de callejeras de los políticos y reclaman un protagonismo necesario para evitar este bochornoso espectáculo al que se está llegando. Leemos en el diario: 

La comunidad científica ha plasmado en esta petición un decálogo de medidas que los políticos deberían a su juicio atender para combatir la pandemia, empezando por la aceptación “de una vez” de que para enfrentarse a esta crisis deben basarse en la mejor evidencia científica disponible, “desligada por completo del continuo enfrentamiento político”.

Inciden en la importancia de dar una respuesta “coordinada, equitativa y basada exclusivamente en criterios científicos claros, comunes y transparentes”, y han advertido de que la lentitud burocrática en resolver temas legales, técnicos o administrativos sólo consigue agravar las soluciones.

“Frenen ya tanta discusión y corran a la acción”, clama la petición lanzada ahora por este Congreso, que ha demandado un protocolo nacional que establezca criterios comunes de base exclusivamente científica, “sin la menor interferencia ni presión política”. 

Pero es difícil que estos políticos renuncien a lo que cimenta todo, su poder, aunque mucho me temo que en el caso que nos ocupa, el verdadero poder está en los intereses económicos que tratan de evitar que Madrid tenga un plan de choque que frene el deterioro de la salud y de los servicios, cuyas limitaciones quedan tan en evidencia como las pocas ganas de inversión en lo que se necesita.

Por todo ello, Madrid necesita esa gresca encubridora de las limitaciones de los políticos y de sus intereses. Con todas las dificultades naturales en una ciudad y comunidad como Madrid, con sus particularidades que van del transporte público a las enormes distancias que se recorren en ellos cada día para desplazarse a los trabajos, con barrios populares, superpoblados en casas pequeñas, frente a otros de amplias casas semi vacías. El propio dinamismo de Madrid es su problema en un momento en el que lo que se requiere es cortar la movilidad, reducirla al mínimo para evitar el contagio. Pero son muchos, parece, los intereses en que esto no se produzca.

Los propios cambios repentinos tras las conversaciones demuestran que los amos están en otra parte, que los que mandan realmente en Madrid o, si se prefiere, en sus políticos tienen sus propios centros de operaciones desde los que dan las instrucciones.

Madrid no se ha preparado. Ha vivido a remolque de su propia inercia. Recordemos las fanfarronadas de Díaz Ayuso contra el World Mobile de Barcelona, amenazando con postularse como sede frente a la actual. Ya nos dice eso mucho de la actitud que tienen los peculiares populares madrileños, herederos de muchos que han salido por la puerta de la Ley en estos años, pero que parece que siguen teniendo intereses similares.


Lo que los científicos de toda España piden es 1) ser manipulados y 2) ser escuchados en lo que es su campo de actuación sin que sus peticiones se vean distorsionadas por los intereses políticos y los subyacentes después. Lo que vemos todos, en cambio, es una lucha barriobajera, descarnada e histérica, desprovista de cualquier asomo de sensatez o de preocupación real por la salud de los madrileños. Siguen con la única idea de "bajar impuestos", que es la única que saben del catecismo económico que practican. Las consecuencias las tenemos sobre la mesa. Deterioro y reducción de servicios de todo tipo, de los médicos a los educativos, pasando por los servicios técnicos del Consorcio de Transporte, que tardan meses en arreglar una escalera porque están en cuadro. Y así todo.

Del despotismo ilustrado hemos pasado al ignorante. Mandar necesita de un saber o, al menos, de un saber escuchar que es lo que define al gobernante sabio. Pero aquí no se escucha a los científicos o expertos, sino a los intereses en la sombra rociándolo todo con la tinta que todo lo oscurece. Los expertos ya no saben qué más hacer para poder actuar ante este desaguisado. 

No creo que esto sea política. Es otra cosa. Algún día nos enteraremos.

 

* "Los científicos, a los políticos: “En la salud, ustedes mandan, pero no saben”" La Vanguardia / Agencias 4/10/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20201004/483848454554/cientificos-manifiesto-politicos-salud-mandan-pero-no-saben.html

viernes, 13 de diciembre de 2013

¡Cuidado con los payasos! o la Ciencia al desnudo (integral, por supuesto)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Randy Schekman, Premio Nobel de Medicina, ha desatado una polémica —que pronto quedará en nada— sobre la publicaciones científicas y la función que cumplen. Como editor de una revista académica digital, creada en 1995 dentro del campo de la Humanidades, tuve ocasión de tratar esa cuestión cuando planteé en varios artículos* los beneficios de la publicaciones digitales y, como contrapartida, los defectos que planteaba entonces —me refiero a 1998— el sistema de publicación tradicional, es decir, en papel. Me sorprendió el rechazo prácticamente unánime que suscitaban entonces las publicaciones digitales a las que se consideraba poco o nada científicas, algo que yo no entendía y que me llevó a meditarlo y a plantearlo en diferentes publicaciones, mesas redondas y algún congreso. 
Yo no acababa de entender —partiendo de lo más obvio— porqué un mismo texto era apreciado en papel y despreciado en una pantalla, qué tenía que ver el soporte con lo científico. Argumentaba las grandes ventajas que para la Ciencia —en costes, distribución sin barreras, aumento del número de revistas en cada sector, etc.— suponía la publicación digital respecto a unos medios caros, lentos y de baja tirada, como siguen siendo las revistas impresas. Las "revistas", decía yo entonces, son papel con una grapa; "lo científico", en cambio, tiene que ver con los métodos seguidos para obtener unos resultados, su verificación, etc.. No entendía la confusión y el debate.Tenía que haber algo más. Y ese algo más fue lo que en mi inocencia casi juvenil plasmé en aquellos textos publicados: el sistema de publicaciones es el centro del Poder en la vida científica y universitaria; es un elemento que determina el valor dentro del sistema.

Cuando hablamos de "la Ciencia" hablamos al menos de tres cosas: 1) de un cuerpo de conocimientos que consideramos válidos, con mayor o menor duración; 2) un cuerpo de científicos trabajando conforme a unos métodos; 3) un sistema mucho más amplio —lo componen muchas instituciones que no son científicas, sino administrativas, editoriales, etc.— que se regenta y regula mediante la administración de dinero, prestigio y poder, monedas convertibles la una a la otra. Además de tratar de alcanzar o producir conocimiento, esos tres elementos señalados están en la mente de los científicos, puede que en distinto orden, no siempre porque ellos quieran sino porque son empujados, además de por el propio interés, porque son espoleados externamente para que luchen por ellos. Algunos los llaman "estímulos" o "incentivos".
El comienzo del artículo de Schekman es claro:

Soy científico. El mío es un mundo profesional en el que se logran grandes cosas para la humanidad. Pero está desfigurado por unos incentivos inadecuados. Los sistemas imperantes de la reputación personal y el ascenso profesional significan que las mayores recompensas a menudo son para los trabajos más llamativos, no para los mejores. Aquellos de nosotros que respondemos a estos incentivos estamos actuando de un modo perfectamente lógico —yo mismo he actuado movido por ellos—, pero no siempre poniendo los intereses de nuestra profesión por encima de todo, por no hablar de los de la humanidad y la sociedad.**


Es ese párrafo inicial se encierran, comprimidos, las grandes distorsiones y miserias que la Ciencia —a través de los científicos— padece en su dinámica cotidiana. Los científicos no solo luchan por alcanzar un conocimiento, sino que rivalizan —muchas veces con artes poco claras o dignas— por conseguir esos tres elementos señalados que se han introducido como cuñas cada vez más importantes en su trabajo. Esto lo sabe cualquiera que lleve más de una semana en el mundo académico. Luchas despiadadas, jerarquías medievales, asaltos al poder a través de comisiones, entidades administrativas, instituciones, etc., constituyen esa cara oscura del comportamiento "científico" (de los científicos) que poco tiene que ver con los métodos de los que los filósofos de la Ciencia se ocupan y sí, en cambio, con esa otra vertiente —denigrada por muchos y practicada por pocos— que es la sociología de los grupos del campo científico, en la que se analizan los mecanismos de poder y su reparto como si fuera cualquier otro grupo humano.

En todo esto, las publicaciones juegan un papel esencial pues es la forma de visibilizar las investigaciones y, por tanto, llegar al reconocimiento que nos haga merecedores de los tres elementos solidarios (dinero, prestigio y poder). Las maniobras para hacerse con ese mecanismo selectivo han sido muchas, pues la publicación es un filtro. En mi inocencia inicial no comprendí hasta que se hizo la presentación de la revista, en octubre de 1995, qué era lo que realmente interesaba. La primer pregunta que se me hizo como editor en el acto público fue: ¿quién controla esto? Entonces pude comprender claramente lo que interesaba y fue  lo que trasladé a aquellos artículos y ponencias que, para mi sorpresa, fue solicitado para su reproducción por publicaciones de distintos campos, alguno tan alejado del mío como la revista VITAE. Academia Biomédica Digital, de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela***. Señalo esto nada más que para que se entienda hasta qué punto el problema era común y ya comenzaba a hacerse angustioso hace casi veinte años.

En todo este tiempo transcurrido, la mercantilización de la actividad científica ha corrido pareja a la de la sociedad. La codicia reinante no podía menos que contagiar al campo de la Ciencia que ya estaba contaminado. El abandono de las publicaciones oficiales e institucionales por los cortes y recortes de financiación no ha hecho sino lanzarlas ante las instancias comerciales encargada de las distribución controladas por empresas privadas —muchas veces con científicos o instituciones científicas detrás— que tratan de conseguir el máximo beneficio económico, explotando la condición de privilegio que adquieren en el mercado. Son las grandes editoriales y distribuidoras científicas las que se han encargado de la eliminación de la "diversidad" de las publicaciones académicas creando auténticos monopolios en los diferentes campos del conocimiento. Para ello cuentan muchas veces con la connivencia de las propias universidades o de personas adscritas a ellas, que trabajan indirectamente en su favor potenciando unas frente a otras en los mecanismos de selección académica. Una publicación no es importante por lo que publica, sino por el valor de lo que consigue el que publica en ella. Es casi una ley sociológica. Eso significa, claramente, que son estos agentes paralelos (editoriales, distribuidoras internacionales, etc.) los que consiguen organizar los campos académicos y científicos. Es en ese campo donde compiten, nos siempre con demasiadas buenas artes, los grupos poderosos para seguir manteniendo ese poder de decisión.
En paralelo —y esto es muy grave— esto se ve reforzado por las medidas selectivas de valoración de los méritos, que suelen recaer en las publicaciones que se han considerado valiosas, haciendo buena la ley sociológica antes enunciada. Son las revistas de referencia, que serán siempre defendidas por los que las usan como mecanismo de selección, como filtros, que es donde reside su poder. El rechazo de de Schekman a seguir publicando en estas revistas, de gran renombre, va en este sentido.

Estas revistas promocionan de forma agresiva sus marcas, de una manera que conduce más a la venta de suscripciones que a fomentar las investigaciones más importantes. Al igual que los diseñadores de moda que crean bolsos o trajes de edición limitada, saben que la escasez hace que aumente la demanda, de modo que restringen artificialmente el número de artículos que aceptan. Luego, estas marcas exclusivas se comercializan empleando un ardid llamado “factor de impacto”, una puntuación otorgada a cada revista que mide el número de veces que los trabajos de investigación posteriores citan sus artículos. La teoría es que los mejores artículos se citan con más frecuencia, de modo que las mejores publicaciones obtienen las puntuaciones más altas. Pero se trata de una medida tremendamente viciada, que persigue algo que se ha convertido en un fin en sí mismo, y es tan perjudicial para la ciencia como la cultura de las primas lo es para la banca.


Son prácticamente los argumentos que ya hace muchos años expuse en aquellos trabajos. Si los traigo a colación es solo porque nada ha cambiado desde entonces; por el contrario, se ha agravado porque aquellas presiones se han trasladado a las publicaciones digitales que, como forma mucho más barata de publicación, podían liberarse de los condicionamientos económicos y permitir en muchos campos que esa escasez no redujera la diversidad, sobre todo en campos como las Ciencias Sociales y la Humanidades, en las que el diálogo abierto entre ideas muy distantes es importante para evitar el predominio de escuelas únicas del pensamiento o metodológicas.

El escándalo reciente sobre la influencia de la industria de los alimentos transgénicos sobre las publicaciones científicas y cómo son utilizados los informes científicos—publicados a través de revistas académicas controladas por las empresas— no es nada nuevo. Hace muchos años ya se producían noticias sobre las renuncias de editores de revistas científicas de prestigio por las presiones de la industria farmacéutica para silenciar o promover lo que les interesaba respecto a sus productos.
Son muchas las quejas que se han ido acumulando sobre el funcionamiento interno, administrativo, grupal de la ciencia. Sin embargo, esas quejas, las reales más allá de los tópicos interesados, apenas salen a los medios, que prefieren mantener los estereotipos y ciertas tendencias de mercado para poder vender sus propias publicaciones. Es un problema diferente, pero todos ellos inciden en el grupo de los científicos que se ven condenados —o encantados— a trabajar conforme a unos criterios de publicación controlados por agencia y editoriales —que les explotan a sabiendas de su necesidad de publicación para sobrevivir en el mundo académico— o después condenados a otra cárcel, la del circo mediático, a través del cual tratan de conseguir notoriedad que les permita escalar posiciones por otras vías paralelas.


Con cierta frecuencia aprovechamos estas líneas diarias, con más o menos ironía, según los casos, para mostrar esa reducción del trabajo científico a espectáculo de feria o la participación poco seria de científicos en espectáculos a los que no deberían prestarse por el bien de todos más que del suyo propio, pues algún beneficio sacarán. El diario El Mundo nos trae un buen ejemplo de este tipo de prácticas reductivas a través un artículo titulado significativamente "El yin y el yang de la risa"*****. Las líneas introductoras que actúan como reclamo para los lectores son las siguientes:

·         Reduce el estrés, la ansiedad, la depresión y disminuye el riesgo de infarto
·         Pero se han descrito casos de ataques de asma, incontinencia y hernias
·         Los episodios son puntuales y el balance sigue siendo positivo
·         Así que, a no ser que su médico lo contraindique, siga incorporando el humor en su vida ****


Como síntesis de los estudios dedicados a la risa, debo decir que son bastante deprimentes. Es la forma en que, cada vez más, la prensa general aplica su tratamiento a lo que proviene de la Ciencia, que ha quedado —como ocurre en el diario El País, que ha encuadrado en la sección "Sociedad", auténtico cajón de sastre—, reducida a parodia llamativa de sí misma. Cada vez va influyendo más este factor de comercialización de sí misma en sus planteamientos y presentación y en la selección de temas, como señala Schekman. El trabajo científico, para recibir reconocimiento, se tiene que mover entre las revistas de referencia (controladas por múltitples intereses, centros de poder, como denuncia el Premio Nobel de Medicina) y las secciones del "espectáculo científico" de los medios de comunicación, que solo quieren lo llamativo o lo reducen a caricatura como exigencia de difusión para salir del anonimato en esta Sociedad del Espectáculo. Es un doble camino peligroso y, muchas veces, degradante.


La Ciencia —debería ser este el juramento hipocrático del científico en cualquier campo— está para sacarnos de la ignorancia, de la oscuridad, y no para sustituir las luces ilustradas por los focos de color del escenario del circo mediático, antesala del circo social, a cuyo público se le lanzan estos mendrugos azucarados.
Como un ejemplo de este uso circense —nunca mejor dicho, como se verá—, el diario nos incluye entre su revisión de la literatura de los estudios "científicos" sobre la risa, el siguiente caso:

Otro de los trabajos seleccionados revela que el 36% de las mujeres que se habían sometido a fecundación in vitro y que, tras la transferencia de embriones, fueron entretenidas por una actuación de payasos, se quedaron embarazadas; en comparación con el 20% de las que no asistieron a este show tras la intervención.****

Sin comentarios. Lo dicho: ¡Cuidado con los payasos!



* Joaquín Mª Aguirre Romero: "Las revistas científicas digitales: ¿un revulsivo de la vida académica?", Actas de la II Jornadas Internacionales de Derecho de las Telecomunicaciones, Dpto. de Derecho de la Información, UCM, diciembre, 1998;  y  "Las revistas digitales y la vida académica", Cuadernos de documentación multimedia, Departamento de Biblioteconomía y Documentación, Universidad Complutense de Madrid, 1998.
** Randy Schekman "Por qué revistas como ‘Nature’, ‘Science’ y ‘Cell’ hacen daño a la ciencia" El País 12/12/2013 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/11/actualidad/1386798478_265291.html
*** Joaquín Mª Aguirre Romero: "Las revistas digitales y la vida académica" http://vitae.ucv.ve/?module=articulo&rv=66&n=2384
**** "El yin y el yang de la risa" El Mundo 13/12/2013 http://www.elmundo.es/salud/2013/12/13/52aa0ef661fd3d22128b4584.html?a=faa1c6b9de8f5f377fb5dbbc67df526a&t=1386923178





martes, 27 de noviembre de 2012

Imágenes en el espacio o qué contarle a un extraterrestre suponiendo que le interese

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos habla el diario ABC de la inclusión en el satélite EchoStar XVI de un centenar de fotografías por si pasa alguien por allí, por el espacio, y le sobra tiempo y curiosidad como para detenerse un ratito a echarles un vistazo. Esto de mandar cosas al espacio exterior, a las galaxias del fondo a la derecha o a cualquier otro punto, tiene su complejidad. Es un tema recurrente en la Ciencia-Ficción y plantea interesantes cuestiones sobre cómo informase civilizaciones diferentes unas a otras con, probablemente, muy poco en común.
Los hay optimistas, como el señor Eduard Punset, que señala en otro apartado del periódico, en el que se reproduce un extracto de una entrevista con la publicación semanal XL : "...estoy seguro de que hay otro Eduardo Punset calcado a mí en otro universo, ¡fijo!"*. Pero Punset es Punset, un optimista publicitado. Si en vez de ser divulgador fuera científico, estaría trabajando en un proyecto espacial para enviar a ese otro universo uno de sus libros y que volviera dedicado por su otro yo "calcado". Sería la prueba más evidente de la existencia de vida comercial en el universo. Me lo imagino con su sonrisa y acento inconfundibles introduciendo el libro en la cápsula, mostrando sus primeras páginas en blanco, para enviarlo al otro extremo del espacio-tiempo y haciendo algún chiste sobre si encontrará algún "agujero de gusano" o se encontrará algún atasco.


Cuando enviamos cosas al espacio con intención comunicativa y de hacer amistades siempre me causa preocupación lo que mandamos. Se supone que deben ser tarjetas de presentación para que los teóricos habitantes de cualquier rincón galáctico se hagan una idea de cómo somos y se despierte su curiosidad y ganas de viajar hasta nosotros. A España, a ser posible. El diario ABC nos habla de un nuevo envío al espacio:

El proyecto, denominado The Last Pictures (Las Últimas Fotografías) supone algo así como enseñar nuestro álbum de fotos a un visitante que se nos acerca por primera vez. Esto es lo que somos, para bien y para mal. Durante cuatro años, un equipo formado por artistas, geólogos, matemáticos, filósofos, etc. seleccionó las fotografías que creían más representativas hasta quedarse con cien. En la colección se encuentran el retrato de las herramientas que se utilizaron para la construcción de la bomba atómica, una tormenta de arena, un tornado, el retroceso de los glaciares, las pinturas rupestres de Lascaux y el lanzamiento de una cápsula Soyuz. También puede contemplarse un barco encallado, el viento entre las ramas de los árboles o la famosa tormenta de polvo de azotó Texas en la década de 1930. Entre las imágenes que nos reflejan como un espejo, un grupo de huérfanos refugiados en su primera visita al mar o unos inmigrantes tratando de cruzar la frontera de México con EE.UU. Algunas escenas son grandiosas, otras cotidianas.**



Debo confesar que la relación de las fotos me ha dejado realmente sorprendido porque no logro encontrar el sentido de la mayor parte de ellas. Quiero decir su sentido informativo, claro. Intento ponerme en la mente de un extraterrestre —es un experiencia interesante— y tratar de pensar cómo reaccionaría ante las imágenes. Para algunas no hace falta ser extraterrestre, como la del "viento entre las ramas de los árboles", que como no sea una ventolera que las doble, ya me dirán cómo se percibe.
Pero son las dos últimas citadas las que se llevan la palma. Debo confesar que esas imágenes —"las de los huérfanos refugiados en su primera visita al mar" y la de los inmigrantes tratando de cruzar la frontera de México con Estados Unidos— me descolocan totalmente. Me echan abajo todos los principios sobre los que se puede intentar establecer una comunicación eficaz con un ser de otro planeta, de otra civilización que lo más probable es que no tenga nada que ver con la nuestra. ¿Cómo se sabe que son "huérfanos" los niños de la foto? ¿Cómo que son "refugiados"? ¿Cómo se sabe que es su "primer visita" al mar? Me quedo perplejo realmente. Y sin ser extraterrestre. Aquí no se busca vida inteligente, sino inteligentísima y cultísima. Y me extraña mucho que a unos científicos —como señala la información de ABC— se les haya ocurrido enviar estas cien —¿por qué cien?— fotos al espacio.


Y hago lo que se debe hacer en estos casos, ir a la fuente del proyecto The Last Pictures. Lo que me encuentro es algo muy distinto; me encuentro con una agencia de comunicación, Creativetime. Sí. Y lo que allí me dicen varía sustancialmente. Lo primero que ponen claramente es que no se trata de un proyecto científico, sino la selección de fotos realizada por un artista llamado Trevor Paglen:

[the Pictures]
This fall, Creative Time will launch The Last Pictures, an archival disc created by artist Trevor Paglen, into outer space, where it will orbit the earth for billions of years affixed to the exterior of the communications satellite EchoStar XVI.  To create the artifact, Paglen micro-etched one hundred photographs selected to represent modern human history onto a silicon disc encased in a gold-plated shell, designed at the Massachusetts Institute of Technology (MIT) and Carleton College.***


La selección se ha hecho por el artista con sus criterios personales, como forma de expresar algo. Creativetime es una agencia que se dedica a realizar este tipo de proyectos. Tampoco se ha hecho para ser comprendida por extraterrestres. Se ha introducido en ese disco diseñado por el MIT y el Carleton College y se ha metido en el EchoStar, sí, pero eso es solo una parte. En realidad, lo que ha hecho el artista Trevor Paglen es crear un libro de fotografías, esas cien, que representen en síntesis —particular y creativa, que para eso es un artista— su representación de la "modern human history". Por decirlo llanamente: sus destinatarios son humanos. En el apartado dedicado al libro, que será publicado en colaboración con la editorial de la Universidad de California, ya que Paglen está becado en el MIT, Creativetime se explica:

[The Book]
The selection of 100 images, which are the centerpiece of the book, was influenced by four years of interviews with leading scientists, philosophers, anthropologists, and artists about the contradictions that characterize contemporary civilizations. Consequently, The Last Pictures engages some of the most profound questions of the human experience, provoking discourse about communication, deep time, and the economic, environmental, and social uncertainties that define our historical moment.****


La afirmación del ABC —"Durante cuatro años, un equipo formado por artistas, geólogos, matemáticos, filósofos, etc. seleccionó las fotografías que creían más representativas hasta quedarse con cien."— resulta ser algo más que incorrecta. El artista Trevor Paglen es quien ha realizado la selección "influido", nos dicen en Creativetime, por cuatro años de entrevistas sobre las "contradicciones" que caracterizan a las "civilizaciones contemporáneas". Eso es lo que pone, creo que claramente.

No es un proyecto científico; es la obra de un artista que ofrece a los habitantes de su mismo planeta la posibilidad de enfrentarse a sus propias contradicciones y debatirlas. Nada tienen que ver los científicos señalados por ABC, más que el hecho de haber conversado —sobre lo que fuera— con el artista Trevor Paglen y ayudarle a asentar sus reflexiones filosóficas y estéticas sobre este tiempo que le ha tocado vivir.
Y eso se ha concretado en un acto estético final: el envío al espacio de una copia de esas fotos, donde girarán en el vacío durante cientos de miles de años. En una entrevista, Paglen explica el sentido de su proyecto:

TP: Yes. The Last Pictures is a paradoxical project. Its theme is paradox and the materials it uses are paradoxical. It is a montage of images whose materiality is such that it will probably last until the sun expands and engulfs Earth in fire and plasma five billion years from now. At the same time, those images are essentially meaningless, not only in the future, but in the present. Very few of the images in the montage “speak themselves” or reveal the things that they gesture toward. The book contains explanatory captions and texts about the images that tell the viewer what they’re looking at; the disc in orbit does not. The Last Pictures is a grandiose gesture that is partly about the suicidal nature of grandiose gestures, but it doesn’t stand outside its own form—it’s not a notional project or a textual critique of another project, it really is a montage of images in orbit for billions of years, and it really will still be there when humans are long gone and the future dinosaurs begin to look up at the night sky.*****

Imágenes "sin sentido", hoy y en el futuro, paradójicas. El envío al espacio es un acto estético, no científico. Es, como explica Paglen, un gesto grandioso sobre la "naturaleza suicida de los gestos grandiosos". No está destinado a explicar nada a los extraterrestres sino a mostrar la naturaleza paradójica de nuestra existencia. La paradoja del gesto es crear un mensaje sobre nosotros mismos en un material que nos sobrevivirá por cientos de miles de años.
Es sorprendente que, siendo un proyecto artístico, la noticia de ABC no mencione una sola vez el nombre del autor, Trevor Paglen. Que un artista mande algo al espacio parece no ser noticia; que intentemos comunicarnos con extraterrestres, sí, aunque puedan ser calcados a Punset. El titular de ABC se muestra en toda su errónea vaciedad: "¡Hola! Somos la humanidad y éste es nuestro mensaje". Sí, hemos comprendido el mensaje. Parece que, en estos tiempos de estándares, nos cuesta entender la Ciencia y también, según parece, comprender a los artistas.

* "En un universo lejano hay otro Punset calcado a mí" AB 26/11/2012 http://www.abc.es/ciencia/20121126/abci-universo-lejano-otro-punset-201211261114.html
** "¡Hola! Somos la humanidad y éste es nuestro mensaje" ABC 22/11/2012 http://www.abc.es/ciencia/20121120/abci-hola-somos-humanidad-este-201211201658.html
*** "The Pictures" The Last Pictures Creativetime http://creativetime.org/projects/the-last-pictures/the-pictures/
**** "The Book" The Last Pictures Creativetime http://creativetime.org/projects/the-last-pictures/the-book/
***** Nato Thompson: "The Last Pictures: Interview with Trevor Paglen". e-flux 2012 http://www.e-flux.com/journal/the-last-pictures-interview-with-trevor-paglen/





Otro trabajo anterior de Trevor Paglen