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viernes, 31 de julio de 2015

¿Qué ocurrió con la Primavera árabe? o la fatalidad no lo explica todo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario Ahram Online publica un interesante artículo titulado "Why the Arab Spring revolutions stumbled", firmado por el profesor Mohamed Shuman, decano de la Faculty of Communication and Mass Media at the British University in Egypt (BUE). Todavía es problemática la comprensión de un fenómeno cuyos resultados están condicionando el presente, es decir, cuyo resultado ha dado forma a las situaciones actuales, ya de por sí confusas. Lo que se llamó la "Primavera árabe", nombre metafórico y casi poético, es un fenómeno histórico que revela la complejidad de una zona del mundo en la que se dan conflictos en órdenes horizontales y verticales, sincrónicos y diacrónicos. 
Esta gran complejidad la dan los problemas no resueltos, acumulados, que determinan las transiciones incompletas que impiden la satisfacción social por la diversidad de sus propias expectativas. Las sociedades que tienen más posibilidades de estabilidad son aquellas que logran reducir las divergencias extremas y centrarse en la convergencia de intereses comunes. No es algo que se haya podido alcanzar en el mundo árabe islámico. El estallido de las distintas "Primaveras" es una muestra si no de comunidad de objetivos, si de convergencia de insatisfacciones acumuladas.


Mohamed Shuman trata de explicar este fenómeno histórico a través de las distintas "teorías" que explican el "tropiezo", la frustración de las expectativas desde perspectivas distintas. Son las siguientes:

1) "The conspiracy theory which is the most famous and the most circulated within popular quarters. It springs from a postulate that the last five years' events were an outside conspiracy launched, as usual, by America, Western countries and Israel and in another narrative was sparked by Iran and Hezbollah and in a third narrative it was led by the Muslim Brotherhood backed by Turkey and Qatar."*


Es la teoría de mayor circulación. Teniendo en cuenta que la mayor parte de las teorías sobre lo que ocurre en el mundo árabe se acaban explicando mediante conspiraciones, más parece una respuesta recurrente, cómoda y fácilmente aceptable, que elimina las responsabilidades sobre lo que ocurre y las descarga sobre otros. Aquí hemos recogido hasta su aceptación por el Papa Copto Tawadros, que daba por hecho una conspiración occidental, Europa incluida, en su controvertida entrevista concedida al diario El Mundo. Con esta teoría es fácil desviar los males e incompetencia propios hacia los demás, con lo que es la preferida de dirigentes y pueblo. Cuando se tienen varios enemigos, se da por supuesto que están aliados para buscar la perdición y eso permite tomar medidas contra ellos justificándose en la defensa.

2) "The inability of the five countries' institutions and elites to reach a consensus concerning the steps of political and social reformation whether before the popular uprisings or after them. Reformation constituted one of the most important concepts of the Arab political and media discourse before the Arab spring, although it was not accommodated in any executive steps and the ruling elite did not respond to it albeit its formal talk about it and pretending to be doing it. This has opened the door in front of the revolutionary mobility."*


La insatisfacción ante la falta de respuestas de los gobiernos habría provocado los levantamientos. No puede decirse, desde luego, que ninguno de los gobiernos de los diferentes países implicados en las revueltas fueran modélicos. Cada uno por sus propias circunstancias eran ejemplos de ineficacia, represión y corrupción. Cada uno de estos gobernantes eran expertos en mantenerse en el poder usando todos los medios a su alcance para su supervivencia interna y exterior. La famosa foto con el "club de los dictadores" de la que se iban tachando rostros según iban cayendo no era una anécdota, sino una realidad de cómo se había ido generando una sensación de permanencia en el poder, transformando algunas repúblicas en monarquías de facto al transmitir a los hijos el mando por entrar en edades avanzadas. Es el caso de Mubarak a su hijo Gamal o de Gadafi a su hijo Saif al-Islam, ahora condenado a muerte en Libia, designados como sucesores, o el de Al-Assad, consumada la sucesión de su padre.
En estas condiciones, las elites generadas desde sus largos gobiernos no eran precisamente las más sensibles para atender las demandas ciudadanas, sino más bien lo contrario, personas favorables al régimen y beneficiadas por la corrupción existente. Los que pudieran sentir alguna responsabilidad por sus pueblos no estaban en los gobiernos o no habían durado mucho. La longevidad de estos gobiernos es una prueba de su supervivencia y adaptación. Los verdaderos críticos acababan en las cárceles, en el exilio o desaparecían si eran muy molestos.

3) " The extent of the ruling regime's authoritianism, its alliances and the nature of the state's formation, especially the army, in the five countries. These factors have defined the behaviour of the popular uprisings in every country and its expectations; peacefulness was predominant in the movement of the masses in Tunisia, Egypt and Yemen against the ruling regime where the army sided with the people in Tunisia and Egypt."*


Aunque este es un factor importante históricamente, los resultados desde la perspectiva del "fracaso" de las "primaveras" es el mismo. El papel de los Ejércitos ha sido decisivo, desde luego, pero desde el punto de vista de la posibilidad de que triunfara una revolución ha dado igual. Esta no ha sido posible ni donde se desembocó en guerra civil como en Libia o Siria, ni donde "intervinieron" y se facilitó la salida de los dictadores, como Túnez, Egipto o Yemen, tras procesos de distinta naturaleza. Aunque no desembocaran en guerras civiles haciendo salir a los dictadores, fue ese precisamente el método en Egipto para que el Ejército siguiera controlando el país. La evolución posterior ha mostrado la necesidad de crear un nuevo símbolo —"la revolución de junio de 2013"— para justificar la presencia de un militar al frente del país. Las guerras civiles, como en Siria, se han internacionalizado con la intervención del yihadismo concentrándose primero en un espacio para expandirse después en forma de "terrorismo" en Egipto y Túnez, y en forma de guerra civil primero y guerra internacional después en Yemen.
Es importante el papel de los ejércitos en cada caso, pues son los que han marcado la dirección con su apoyo o rechazo. No creo que hablar de "apoyo" sea correcto; sería más ajustado decir "no intervención" hasta ver qué ocurría. Los pilares de los regímenes autoritarios han sido Ejército, Policía y Judicatura. Las relaciones entre ellos, muchas veces de rivalidad más que de otra cosa pudieron resolverse dentro de la retórica de apoyo al pueblo, pero eso no es lo que realmente ocurrió, por mucho que les abrazaran o besaran después. Basta con recordar el nefasto periodo de gobierno de la SCAF en Egipto para comprenderlo. Las sospechas sobre sus actuaciones desestabilizadoras posteriormente tampoco pueden ignorarse.

4) "The cultural approach. The popular uprisings in the five countries revealed the extent of cultural and political divisions in every society and the historical failure of the state to absorb this division and its treatment where the state always resorted to repressing political Islam with its different versions, chasing its members and siding with the civil powers, which were not civil in the true sense, except perhaps in Tunisia's case."*


Es evidente que una sociedad con unas diferencias tan abismales como las de los países señalados, con sus matices, tiene que albergar una disparidad de visiones del mundo. La tensión cultural existente entre unas elites formadas en un mundo nuevo, hipercomunicado, son distintas a las de las viejas elites que se formaron durante la formación de los regímenes. El avance del islam político —los islamistas— es la respuesta desde los años 70 al fallo de las revoluciones poscoloniales en modernizar sus respectivos países, convirtiéndolos en cárceles y cortijos de dictadores. Sus alianzas y apoyos internacionales son fruto de las complejas políticas de algunos países árabes, especialmente de Arabia Saudí, Qatar y otros países del Golfo que han hecho una diplomacia de petrodólares para extender su influencia.
Es interesante que se excluya del análisis de las revueltas la de Bahréin, que sin embargo es muy ilustrativa de la actitud de Arabia Saudí y de lo que ocurre hoy en Yemen. Se recordará que la "insensibilidad" llegó a tal extremo que casi estuvo a punto de celebrarse el Gran Premio de Fórmula 1 ante la indiferencia por las muertes y represión que se estaba produciendo. La Plaza de la Perla se convirtió en escenario silenciado de muertes y represión. Los saudíes y los amigos de los saudíes y de la Fórmula 1 silenciaron al pequeño emirato.


Shuman señala que las diferencias culturales se han resuelto como "terrorismo" allí donde no consiguieron sacar adelante su visión del mundo. Es cierto, pero no toda la verdad, pues se excluye las historias de los coquetos del poder con los grupos islamistas, como en Egipto, dejándoles quedarse con parte de la sociedad que las autoridades no tenían interés en mejorar. De hecho, la expansión islamista se debió a la conjunción de apoyos económicos exteriores, pero sobre todo el desastre de los estados para cubrir las necesidades de los ciudadanos. Los islamistas entraron como "ONG" y se dedicaron a la labor de captación a través de acciones organizadas de caridad allí donde el Estado era incapaz de dar los mínimos. Eso les permitió ganar terreno y ser las únicas organizaciones poderosas frente a unos raquíticos partidos políticos mantenidos testimonialmente por las dictaduras para satisfacer los mínimos democráticos que los gobiernos occidentales les exigían para satisfacer a sus opiniones públicas sin caer en el escándalo. Hasta a Gadafi se le permitió lavarse la cara con tal de hacer negocios con él.

5) "The failed revolutions approach. This approach hypothesises that the five countries have witnessed an unprecedented revolutionary mobility due to the accumulation of despotism, discrimination and the state's failure. However, this mobility lacked in each country the conditions of successful revolutions and the most significant is the revolutionary organisation and the ideology or the vision for change and the absence of clear programmes for change."*


Señala Shuman algo que se vio desde el principio: la fuerza de las masas en la calle no tenía cabeza ni programa. Era un estallido de indignación en donde lo único que estaba claro era que aquellos dictadores debían caer. Lo que ocurriera después no se planteaba en esos primeros momentos pasionales.
Es cierto que eso ocurrió, que fueron revoluciones de símbolos globales más que de caras concretas, de héroes cotidianos, sin liderazgo. No había ideología unificadora, solo indignación como grupo y la imaginación de cada uno sobre lo que ocurriría al día siguiente. Esa fue su fuerza momentánea y su debilidad a largo plazo. Se realimentaban no con ideas sino con la sangre de los caídos, convertidos en símbolos en las paredes.
La ira se canalizó, pero no sirvió para unificar porque no había nada que unificar. Los agentes que entraron en juego eran los mismos que habían fracasado durante décadas en oponerse al poder. Llegaron a ponerse al frente de las manifestaciones porque los verdaderos revolucionarios no querían ser cabeza de nada. Como hemos señalado anteriormente, los únicos con un programa, un electorado ganado en los años anteriores y una organización fuerte eran los grupos islamistas curtidos en la persecución y encarcelamiento. Aprovecharon bien el que otros movieran el árbol para conseguir las nueces.


Tras señalar estos cinco enfoques diferentes para explicar el fracaso de las revoluciones, Mohamed Shuman hace balance de su capacidad explicativa:

With the exception of the first interpretation, I have a persuasion of the significance of the last four interpretations which are indispensible in analysing the path of the Arab uprisings and its stumble making them incomplete for several reasons. I have pointed out some of them and I may add the weakness of the political forces, the fragility of the civil society and the absence of the culture of democracy.
In spite of all this, the parliamentary and presidential elections were on the top of the agenda of the uprisings in Tunisia and Egypt. Consequently, it brought undemocratic forces employing religion in politics and understands democracy as a one way course – and only once – in order to reach power. These forces also refuse the participation of other political forces and marginalise women and religious minorities.*

Dejar fuera la primera explicación —la conspiración universal— ya es algo. La gran mayoría la sigue sosteniendo porque es gratificante y libera de responsabilidades. Asumir por el contrario que el fracaso se debe a los propios errores y carencias, a las debilidades y vicios históricos es el camino hacia la comprensión que permita escapar de esas condiciones en algún momento.


Shuman que cree que la explicación está en combinar elementos de las cuatro restantes explicaciones. La "explicación" implica la creencia en una causa que puede ser primero "percibida" y después "entendida". Las cuestiones políticas o históricas no suelen estar sujetas a procesos de "falsación" y se aproximan más a su capacidad de convencernos, estos es, de hacernos salir de nuestras posturas previas hacia otras diferentes. No es fácil sacar a alguien de las teorías de la conspiración, por ejemplo. Si quiere creer en ellas, lo hará hasta el fin de sus días, simplemente cambiará de conspiradores según le interese.
Explicar es siempre simplificar, construir un discurso congruente, articulado en el que todo tenga explicación. Y no todo la tiene. Las diferencias entre los países señalados son grandes, aunque tengan sus similitudes y los participantes en cada proceso tuvieran el convencimiento de que estaban empeñados en un juego común, acabar con el club de los dictadores. Pero en la Historia —somos seres históricos— las explicaciones pasan a formar parte de los procesos, sean ciertas o no. Una verdad puede cambiar el mundo tanto como una mentira si es creída. Por eso es importante lo que pensemos de este proceso, porque determinará nuestra forma de percibir el futuro y, por ello, nuestra forma de actuar. Si se piensa que la democracia es incompatible con la mentalidad árabe, se actuará de forma distinta a si se piensa que luchan por la libertad contra poderosos dictadores.


No sé cuál es la proporción en la que en cada caso estos factores son responsables de la situación histórica actual. No creo que sea algo que se pueda medir con la precisión del análisis de un compuesto químico. Creo más, como he señalado, en el valor orientador de la explicación. Hay explicaciones con esperanza y otras fatalistas. La esperanza es la que puede poner en marcha la acción. El fatalismo frena a unos e impulsa a otros. La fuerza del yihadismo y la de los grupos islamistas es el convencimiento de que ellos son los que cierran la Historia.

Finally, there is a question that arises: Did the Arab uprisings or revolutions were a total failure, or it stumbled for different reasons? Thus, the indicators of the state collapse, falling of large numbers of those killed and wounded and destroying the economic pillars of three countries in addition to Iraq, then the emergence of Islamist terrorist groups and the stumble of the democratic transition in Egypt and Tunisia. All these indicators prove complete failure of those uprisings or show its stumble. Thus, it will be completed through a complicated and long historical path in which the Arabs must pay economic, human and moral cost.

La pregunta inicial de si había habido realmente "revoluciones" se ha desplazado a debatir el origen del fracaso y si este ha sido un colapso de todo el sistema o ha tenido causas parciales entremezcladas. Desde mi punto de vista, la clave está en encontrar las preguntas cuyas respuestas podamos manejar histórica y políticamente.


El artículo de Shuman debería servir de ejemplo de esa necesidad de reflexión constante que el mundo árabe necesita para poner en discurso antes que en escena las transformaciones pospuestas que acaban fallando por la falta de ese discurso precisamente. Las revoluciones anticoloniales tenían un discurso previo anticolonial. Los regímenes salidos de ellas crearon un doblepensar, en el sentido orwelliano, en donde se seguía manteniendo un discurso oficialista frente a la incapacidad general de articular un discurso social eficiente y con calado. De eso se han encargado los generadores de discurso que han acallado con la muerte y la persecución, con la intimidación a los que disentían y ofrecían un futuro diferente.
El islamismo no ha tenido reparo en acusar de blasfemos y pedir el asesinato de todos aquellos que intentaban acercarse al pueblo con idea de modernización. También los gobiernos les han perseguido.
El último párrafo del texto de Shuman es una alusión al artículo (y obra posterior) de Francis Fukuyama sobre el "fin de la Historia". Señala el autor:

This catastrophic path is similar to the situation of Europe in the nineteenth century, in the way presented by Fukuyama, where it spent several decades in order to achieve democratic transformation and the establishment of the state based on citizenship. It is a similarity, which I personally has reservations against, because history does not repeat itself. How much do we Arabs need to learn from history lessons to avoid its catastrophes and sacrifices which may sometimes seem to be meaningless!*


La Historia da lecciones cuando se cree en la Historia y que esta avanza, principio de la tesis hegeliana de Fukuyama. La lucha en la Historia para que triunfe la forma política en la que mejor se manifieste la libertad humana es difícil de concebir si se niega la posibilidad de que esa individualidad exista como libertad. El islam político la niega y el autoritarismo militarista también, aunque de forma diferente La nueva barbarie que representa el yihadismo del Estado Islámico y su visión de que ese es el estado ideal del mundo está sacudiendo las conciencias de muchos, incluido o especialmente el mundo árabe. Las posibilidades de elección, parecen querer decir algunos, se limitan al islamismo o a una sociedad militarizada a la defensiva como dialéctica irresoluble.
En medio queda la revolución como deseo, pendiente de formular su modernidad y luchar por traerla contra los deseos retrógrados de unos y el autoritarismo pesimista de otros. Para unos no hay libertad, para otros es una ficción que se esconde tras una paz vigilada. Pero esto no es más que el resultado de la propia historia hasta el momento.
El valor de las revoluciones árabes, por encima de sus resultados, fue mostrar que había una fuerza real a los que sus propios gobernantes despreciaban. La situación hoy es compleja y confusa. Lo que no se debe hacer es responsabilizar de ello a las personas que desearon ir hacia algo mejor que lo que tenían. Cualquier interpretación es posible menos la de aquellos —que son casi todos— que las consideran responsables del estado actual, maniobra interesada de aquellos que se vieron afectados porque levantaran la mirada del suelo.


La violencia hoy no es fruto del deseo de libertad, sino de su represión. No es fruto de la incapacidad de gobernar, sino de las múltiples trabas que se pusieron en su camino allí donde tuvieron fuerza para llegar más lejos. El poder volvió donde estaba o está todavía en el aire. Pero eso no fue culpa de los que protestaron contra la opresión sino de la resistencia a abandonar el poder de los que lo habían tenido y de aquellos que cuando lo tuvieron lo utilizaron para recortar de nuevo las libertades. No hay fatalidad, solo los mismos agentes en liza. Esa tendencia se puede cambiar logrando —como buscan ya algunos— la emergencia de la sociedad civil, algo que se había impedido sistemáticamente. Desconfían de los poderes tradicionales y buscan extender nuevas razones en el campo de juego. La acción se desplaza más allá. Lo importante es lograr salir de la lucha tradicional entre dos formas de autoritarismo que se presentan como antagónicas pero que coinciden en considerar la libertad como un peligro o como un pecado. 
Los que atacan la revolución tratan de hacer olvidar qué las motivó. Pero no es fácil.



* "Why the Arab Spring revolutions stumbled" Ahram Online 30/07/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/135767/Opinion/Why-the-Arab-Spring-revolutions-stumbled.aspx 

sábado, 28 de marzo de 2015

Sobre los medios y el poder en Egipto

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los acontecimientos de estos días iban posponiendo un artículo que creo que merece la pena comentar aquí. Lo firmaba en Ahram Online Mohamed Shuman, el decano de la Facultad de Periodismo de la Faculty of Communication and Mass Media at the British University in Egypt (BUE). El título del artículo es una pregunta, "Is there an impartial media?" y en su escrito intenta contestarla. La pregunta es una constante en la vida social allí donde se aspira a tener un conocimiento aceptable de lo que sucede a nuestra alrededor, tanto en lo que podemos llamar los "hechos" como en las opiniones que suscitan.
Se centra muchas veces el problema en al conocimiento de los hechos y se valora menos el derecho a conocer también las opiniones de una sociedad que es sobre todo interacción. Los hechos son la parte sustancial para que ese debate social de la opinión sea realmente fructífero. La cuestión, como en tantas cosas, estriba en el equilibrio entre factores en juego.
La cuestión en Egipto es crucial por el deterioro de los medios de comunicación y su papel social y político, algo que hemos tratado aquí en ocasiones a través de casos específicos al hilo de los acontecimientos. La pregunta de Mohamed Shuman no es pues un mero ejercicio de retórica ante la pregunta ingenua de un alumno en una clase de su Facultad, sino la reflexión ante una situación social grave en la que los medios juegan un papel esencial.
Comienza Shuman situando el problema tal como está siendo planteado:

There are a number of notions that have become myths wrongly used, both politically and ethically. One of the most famous is the widespread notion in political and media discourse that there is no impartial or objective media, and that the media in the most established democracies is owned by individuals and run as enterprises aiming at profit, thus serving the interest of owners, or is controlled by advertisers or governments.
Of course, this is not true. At best it is half true because there are many regulations concerning the ownership of means of mass media and its role in different democratic models. Neglecting this reflects either ignorance or understanding with the intent of confusing issues. This is done by using half truths to claim that both the privately-owned and public media has the right to practice bias. Hence, it is the right of the owners of satellite channels and newspapers, who spend money on these means of media, to transform them into tools to serve their interests, and it is the state's right to use the Egyptian Radio and Television Union to defend its policies, right or wrong. This logic is to be refused totally and is far from the truth of the relationship between media and politics in any democratic society, or what it should be in one in transition, like Egypt.*


No se nos debe escapar para interpretar esto el hecho de la compra del magnate Sawiris de6 56% de la cadena de televisión europea Euronews, que nosotros comentamos aquí un día antes de la aparición de esta artículo en Ahram Online con el título "A golpe de talonario o ¡que se prepare la realidad!" [ver entrada]. Los motivos aducidos por Naguib Sawiris para la compra de la mayoría de la empresa de Euronews era poder imponer una "visión positiva" de Egipto a través de las emisiones. Las referencias a los magnates propietarios de canales y periódicos podrían ampliarse más allá del egipcio. El dinero fluye fácilmente en Oriente Medio para estos menesteres de controlar y dirigir la opinión pública. En países en los que apoyar gobiernos suele tener un importante rendimiento económico, político o ambos, los amigos ricos juegan estos papeles de defensa interior y de oposición desde el exterior. El descaro de Naguib Sawiris es una muestra de poder. Al contrario de lo que se haría en otros lugares, su mentalidad conlleva la exhibición de la fuerza como muestra de poder que puede desarrollar.
Como bien señala Shuman, el argumento de que no es posible la existencia de medios independientes no es más que la coartada para matar su "independencia". Proclamar este principio cínicamente es dejarse las manos libres para poder estrangularla. En la mentalidad autoritaria no se valora la independencia de los demás sino su capacidad para doblegarla. La información se convierte entonces no en una forma de servir a la opinión pública sino de servir al poderoso de forma lo más eficaz posible.


Hemos tratado múltiples casos de vergüenza periodística, de sumisión babosa al poder, como el infame de la periodista Mona Iraqi, con su retransmisión de la redada en un baño público de los que consideraba "homosexuales", dentro de la cruzada hacia la perfección y la pureza en su deseo de satisfacer al gobierno; hemos hablado de los ataques infames contra personas que han disentido de las líneas gubernamentales; se ha atacado brutalmente a lo que se iban (El-Baradei) o a los que se quedaban (Hamdeen Sabahi). Todo ello convertido en un espectáculo vergonzoso con exhibiciones de piedad, amor a la patria y superioridad sobre el resto de los países, a los que se ha insultado y atacado sin pudor, como ocurrió con Marruecos recientemente.
Frente a esto, sobreviven los medios que pueden o tratan de mantener una información alternativa tratando de informar de lo que ocurre o de transmitir sus opiniones sobre lo ocurrido dentro del marco de una sociedad que, como señala Shuman, está en "transición hacia una democracia". Al menos esa es la versión oficial, que tampoco es fácil cuestionar. No puede haber una democracia sin pluralidad y Egipto no camina hacia ella, pues no es "pluralidad" declarar enemigos y traidores a todos los que disienten y "mentirosos" a los que intentan decir lo que ven o piensan. Lo que se fomenta es el servilismo y el silencio. Y ninguno de los dos es bueno para construir una futura democracia. El ruido mediático no es pluralidad, sino el griterío desacompasado de los que compiten por cantar las excelencias de los gobernantes.


La imparcialidad de los medios no es un absoluto, señala Shuman. El papel de los propietarios no es señalar lo que hay que decir, aunque los medios tengan sus propias líneas editoriales. Pero lo esencial es que existan profesionales que se sientan comprometidos con su conciencia, con el respeto al público —que no significa adularle— y con los hechos. Esto no es solo cuestión de voluntad, sino de la existencia de leyes, instituciones y códigos éticos que respalden la labor de los profesionales. No se trata de regular la profesión, como algunos entiende, sino de fortalecer la libertad de los que informan para proteger la de todos.
Señala Mohamed Shuman en el artículo:

What's important is that we attempt, through a number of regulations and mechanisms, to ensure the realisation of the largest extent possible of professionalism, balance and objectivity in all media activities. The most important of these regulations are:
1. Laws that prohibit monopoly and spreading news that instigates violence, hatred and discrimination.
2. Professional rules and regulations monitored by independent bodies to organise the media, and permitting the creation of independent syndicates for those working in media.
3. Civil society organisations that take responsibility for defending the rights of the masses to receive accurate and balanced news and information, and that opinion is not mixed with news.
4. A democratically elected parliament that monitors overall performances in society and sets up laws and regulations that protect national security and media freedoms.
Egyptian media lacks most of these enabling conditions for various reasons. Thus, the performance of our media is in continuous decline, especially in terms of objectivity and impartiality, which are not realised more than 10 percent of the time, and maybe less. When we complain that impartiality and professionalism are in decline, some come out yelling, presenting examples of bias in American or British media. They are examples. However, they face criticism within their societies. In addition, these biased Western models should neither encourage nor justify our media bias.*


En efecto, los puntos señalados por Shuman son barreras para evitar el deterioro de algo tan importante para una sociedad como es la información. Pero mis dudas surgen después de escribir esta última frase. ¿Es eso realmente lo que quieren muchos? ¿Desean esa imparcialidad? ¿Desean ser informados adecuadamente, aunque lo les guste lo que se les diga? ¿No prefieren la difamación, el insulto, las acusaciones infundadas? Creo que gran parte de la profunda división existente en las sociedades que se levantaron en la Primavera árabe obedece a que esos valores de "independencia" no están asentados en la totalidad, pues son parte de una tipo de mentalidad democrática que no todos asumen. Se valora la fuerza antes que la verdad. Y la fuerza es la capacidad de imponer la "verdad". Cuando el gobierno egipcio ha detenido periodistas por "no decir la verdad" y los ha encarcelado, estaba haciendo una demostración de "fuerza" y de "voluntad de verdad", es decir, de convertirse en la única fuente de reconocimiento de la "verdad". En este sentido, el papel que se les pide a los medios es de meros comparsas, aduladores y repetidores mecánicos de lo que el que tiene el poder desea.


El diario Egypt Independent (Al-Masry Al-Youm) publicaba hace unos días un breve artículo de Mohamed Abu Gahr, titulado "Sawiris and the illusory parliament". Abul Gahr es político socialdemócrata, científico y profesor universitario, un activista de las libertades ya desde la época de Hosni Mubarak. Reproduzco el artículo, que es breve, en su integridad porque creo que representa un caso claro de lo expuesto anteriormente:

Two weeks ago, I wrote an article in Al-Masry Al-Youm entitled “The Illusory Parliament.” It lasted for a whole week as the most read article of the newspaper.
Articles like this one trigger debate, which is good. It was responded to with constructive criticism. Yet certain TV stations and newspapers fabricated lies unrelated in any way to the article I wrote.
I chose not to reply to such lies until Naguib Sawiris, founder of the Free Egyptians Party, said in an interview with Al-Mal newspaper that he fired Rami Radwan, the host of the Sabah Online program, because he followed instructions by the security agencies to lambast me for writing this article.
I had not watched that episode, but a lady from ONTV called me and apologized deeply for the incident.  
Also, a friend of mine gave me recordings of another TV station that spread lies about me. He told me this station was pro-Mubarak but then supported the 25 January revolution and later the Muslim Brotherhood. Today, it supports President Sisi. He told me that he would expose them on YouTube, but I asked him not to do so because it would be unethical.
The president's office sent me a letter that Al-Masry Al-Youm has published, asking me very politely to send the laws that I said in my article were unconstitutional. I did so four days later, and the response of the presidency was a shock to those who had attacked me.
No matter who disagrees with Naguib Sawiris, everybody knows that he is a patriot to the core and that he is brave and bold when it comes to what he believes is right. His decision to fire the host of the program was a fatal blow for the young man yet also useful for him so that he is not coined for the rest of his life as the follower of State Security instructions.
I cannot claim that the politicians and journalists who have attacked me were following the same instructions, but I advise the State Security Apparatus to focus on Egypt's security instead of wasting time in such issues.
Rise you Egyptian, Egypt is calling for you.**


Creo que la breve exposición del caso padecido en carne propia por Mohamed Abul Gahr es suficientemente clara del clima mediático en que se vive y del desprecio por la independencia en que viven muchos medios. La descomposición del sistema mediático es el reflejo de la mala construcción del sistema político, que lleva camino de ser una falsa democracia de asentimientos. La vuelta a la escena política (es dudoso que se hayan ido en algún momento) de los que construyeron sus relaciones en el régimen de Mubarak necesita del poder mediático para lavar sus imágenes. El futuro parlamento (el "parlamento ilusorio", como lo llamaba Abul Gahr) será una falsa imagen del Egipto real, que se irá construyendo de forma subterránea has que salga a la superficie en forma de nueva tormenta.


El caso de medio que apoyó a Mubarak, después sucesivamente a la Revolución, a los islamistas y en la actualidad al presidente El-Sisi y al Ejército es un caso algo más que anecdótico. Hay muchos así, medios y personas.
Escribe Mohamed Shuman:

The irony is that the climate of the January 25 Revolution allowed freedom of the media and opened the right of individuals and companies to issue newspapers and launch channels without developing mechanisms that regulate media along with self and societal censorship. Thus, we suffered from a decline in professional performance, the politicisation of media content, and unchecked bias. This chaotic climate resulted in the false notion that "there is no unbiased media," used then to justify partiality and granting businessmen and advertisers legitimacy to exploit media organisations to defend their interests.*

Como la tendencia actual es a demonizar la Revolución del 25 de Enero, a considerarla la puerta de entrada de los islamistas —interpretación interesada para el regreso del antiguo régimen y la eliminación de islamistas y laicos demócratas, en una sola tacada—, el papel de los medios pasa a ser esencial. Su función es doble: estigmatizar la disidencia democrática frente al autoritarismo oficial y reconstruir la historia, asignando papeles fijos, positivos y negativos, a los agentes sociales. Los medios son instrumentos, herramientas puestas al servicio del poder para mantener la ilusión de realidad a través de los discursos oficiales.
Quedan aquellos medios que sobreviven con alto riesgo. Quedan los profesionales que se juegan muchas cosas con cada artículo en el que abordan la realidad de una forma diferente a la versión oficial. Han ido desapareciendo voces y ascienden las de los lacayos mediáticos que se quieren congracia con el poder haciendo méritos en el insulto a unos y la adulación a otros. Siento gran admiración y respeto por aquellos que eligen el camino de decir lo que piensan y ver donde deben mirar, sin apartar la mirada.
El texto de Mohamed Abul Gahr terminaba con una frase, "Rise you Egyptian, Egypt is calling for you." Pertenece a una canción de una obra de Naguib Al-Rihani, el "padre de la comedia egipcia", titulada "Ululuh" (¡Díle!). La canción se hizo célebre y saltó del escenario a las calles, a modo de himno, en las revueltas de 1919, prohibiéndola los británicos, que entonces ocupaban Egipto. Es una llamada a la dignidad y a la unidad de todos los egipcios, musulmanes, coptos y judíos, "hijos de los mismos antepasados". Uno de sus versos dice: "Restaura mi gloria, la gloria pasada que has desperdiciado". El amor al país, viene a decir Mohamed Abul Gahr, es otra cosa. Más allá de los cantos gloriosos, está la realidad.




* "Is there an impartial media?" Ahram Online 19/03/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContentP/4/125342/Opinion/Is-there-an-impartial-media.aspx