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miércoles, 11 de mayo de 2022

El diccionario político y el CNI

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En vez de sobre la Constitución o la Biblia, los políticos deberían jurar sus cargos sobre el Diccionario de la Real Academia, incluso los republicanos de corazón. Sin un diccionario sencillo, básico, no hay política posible porque si donde "donde dije digo, digo Diego", la política se vuelve imposible. Desconectarse del diccionario es desconectarse de los demás, del mundo, del demonio y de la carne.

Y los políticos españoles (allá ellos los de otros universos paralelos) están cada vez más desconectados del resto de los mortales. Hablan (se insultan), dialogan (se insultan), proclaman (se insultan) entre ellos; se traicionan (como con Pablo Casado) en cuanto que tienen ocasión, para a renglón seguido convencernos de que todo se hace por puro sacrificio y entrega. La legislatura de Sánchez se nos hace eterna entre tantos incidentes en la realidad y tanta negación de la misma. De Filomena (a nuestro pesar) a la sonrisa tras las mascarillas, a Sánchez le ha pasado de todo: tiene socios de gobiernos que le apuñalan, tiene socios de investidura que le dejan en cueros vivos en cuanto que tienen ocasión y tiene una oposición que tiene que apoyarle en lo que sus socios no lo hacen.

La ridiculez del cese de la directora del CNI no es por el cese en sí, sino por la trayectoria grotesca del inicio al precipitado final. El Gobierno ha convertido  Pegasus, un software que vale dos millones de dólares, en Spectra, una malévola entidad dedicada a chuparle los gigas al presidente y a nuestros ministros. Al final se ha tratado de una discusión sobre quién tiene más culpa, si los señores del CNI o los de La Moncloa. Lo ha pagado la parte más débil, la menos política, el CNI.

Lo que ha hecho la ministra Margarita Robles cuando le han preguntado por la destitución de la directora del CNI, colma el vaso de la paciencia del que ve y escucha. El acto se ha convertido en grotesco cuando la ministra ha querido convertir en gloriosa la destitución, concepto que chocaba con lo que ella esperaba de sí misma. Si alguien le hubiera preguntando a Margarita Robles sobre si era capaz de hacer lo que ha hecho, se hubiera indignado. En RTVE.es nos lo explican así:

El Gobierno ha destituido de su puesto a la hasta ahora directora del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Paz Esteban, a raíz del escándalo del espionaje mediante el sistema Pegasus al independentismo y al Gobierno. Su lugar será ocupado por la actual secretaria de Estado de Defensa, Esperanza Casteleiro Llamazares.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha anunciado en la rueda posterior al Consejo de Ministros la "sustitución" de Esteban, de quien ha destacado que "tiene todos los valores de los funcionarios del CNI, el de la responsabilidad", y que "lleva casi 40 años dedicados a su vida profesional, con muchísimas renuncias" tanto en lo "personal, profesional y familiar" para garantizar la seguridad.

La ministra, que ha insistido en que no se trata de un cese sino de una “sustitución”, ha agradecido a la directora saliente su “trabajo callado”, propio a cualquier miembro del CNI y a los funcionarios y servidores públicos. También ha dicho sentirse muy "cómoda" con el nuevo nombramiento de su número dos, y persona "de confianza", al frente del CNI. Y es que Casteleiro cuenta, al igual que Esteban, con casi 40 años de experiencia en el centro de Inteligencia.* 

Las palabras de la ministra Robles son dignas de decirse al borde de la tumba mientras derrama una lagrimita y echa una rosa a la fosa antes de que empiecen a palear la tierra. La ministra abandona rápidamente el Cementerio de los Cargos Sacrificados para dirigirse hacia el próximo Consejo de Ministros.

Robles, que era alabada por su firmeza en la defensa de las personas que dependen de su Ministerio, se ha tirado ella sola al abismo. Hace unos días se reivindicaba como silenciosa y contenida servidora del Estado, al margen de los politiqueos. Apenas unas horas después, vemos cómo le da patadas al diccionario, que es el síntoma de la inmersión en las aguas fangosas de la política. Patadas al diccionario y al CNI, claro. Robles ha pasado de orgullosa indignada a sumisa ministra de un gobierno del que considera un regalo (literalmente) pertenecer gracias al Presidente Sánchez, todopoderoso en su debilidad.

Una vez más, Sánchez sacrifica la parte propia antes que enfrentarse con la ajena. Sánchez, experto en fugas, como diría una conocida mía, "deja el dinero y corre" ante sus insaciables socios y allegados, independentistas y grupos a su izquierda, que se crecen con cada concesión y explicación absurda del presidente. Incluso electoralmente, lo que hacen Sánchez y sus ministros, que son sustituidos cuando ya no dan más de sí, no es muy comprensible. Quizá sea por esa doble desconexión de la realidad y del diccionario.

La gravedad del espionaje "con" Pegasus, donde "Pegasus" solo es la herramienta, es grande y seguimos sin saber quiénes y con qué intención les sacan los gigas. Pero Sánchez elude la mayor y se centra en los detalles. Algunos han llamado a Paz Esteban la "cabeza de turco" del caso. Eso parece claro, lo que no lo está tanto es el caso mismo.

El rasgado de vestiduras de los independentistas no es más que una jeremiada victimista que busca vender la imagen de que están perseguidos. Esto lo dicen quienes tienen que ser condenados por los Tribunales a impartir el 25% de las clases en español en la escuelas y los que acaban de ser igualmente condenados por las discriminación de los policías nacionales y los guardias civiles a la hora de vacunarlos contra el COVID.

De no ser el apoyo de este gobierno —la cuestión central, triste destino confiar tu futuro a los que quieren tu hundimiento, eso sí, sacándote lo que puedan—, otra sería la situación.

Los apoyos de Margarita Robles al CNI, ese lugar donde no se "destituye" sino que se "sustituye", han durado lo que un bocadillo en la puerta de un colegio. Lo que se dijo en su favor, la fortaleza que se le suponía, etc. han volado al primer soplido del lobo. Todos los principios esgrimidos inicialmente se han perdido y han tratado de ser reinterpretados a golpe de diccionario.


La destitución de Paz Esteban no ha sido elegante en muchos sentidos, lo describa Robles como quiera, que ha quedado en evidencia y no ha solucionado nada al no contentar a los que quieren su cabeza. Esteban no era un "político" que siempre tiene en mente estas cosas. Es una profesional con una trayectoria de muchos años en el CNI. No es elegante ni justo. Si se quieren responsabilidades políticas que las paguen los políticos. Decir, como ha dicho Robles, que "también los funcionarios cometen errores"* es una vileza viniendo de un político, que no lo reconocerá nunca. La fortaleza de Robles en Defensa se ha diluido, creando algo peor que una imagen de debilidad.

La verdad, todo esto debería importarnos menos. Quien quiera hacer estas cosas, allá él. Lo que nos interesa es quién tiene los gigas robados, si ha habido alguna utilización —algo que va del chantaje personal al uso privilegiado de información en negociaciones internacionales o nacionales—, todo eso que se nos elude en medio de esta gresca teatral. Pegasus, lo hemos dicho, es solo la herramienta. La novela que se ha montado tiene como fin escamotearnos lo que importa. Todos los indicios apuntan a un punto, que es el que se escamotea porque "saberlo" puede costar muchas más cabezas en todos los niveles. Por eso, el ruido viene bien; es útil, aunque peligroso.

Los medios se nos han llenado estos días de consejos sobre cómo no ser espiados, cómo evitar que te jaqueen el teléfono, como revisar si te han puesto micrófonos en la oficina, en casa, en el baño. Ayer, expertos en estas cosas, anunciaban la necesidad de revisarlo todo por nuestro bien. Esto del espionaje, decían, ha llegado para quedarse.

El espionaje se queda, los políticos se van... o son sustituidos. Pero no hay problema, la senda está abierta. Esto del espionaje le ha complicado ya la vida al PP, al gobierno, al CNI, a las instituciones autonómicas. ¿Y si empezarán a salir micrófonos, cámaras y todo tipo de dispositivos a nuestro alrededor? ¿Y si esto fuera incontenible? ¿Y si causara una caída de la venta de teléfonos? ¿Y si la gente no hablara más que en persona y, como hacen ahora los políticos, tapándose la boca para que no les lean los labios? ¿Y si la ventriloquía fuera el futuro? ¿O es ya el presente?

* Rocío Gil Grande "El Gobierno destituye a Paz Esteban como directora del CNI tras el escándalo por el espionaje de Pegasus" RTVE.es 10/05/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220510/gobierno-destituye-paz-esteban-como-directora-del-cni-tras-escandalo-espionaje-pegasus/2347308.shtml

viernes, 6 de mayo de 2022

¿Espías o investigas?

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En esto del espionaje estamos bastante confusos, la verdad sea dicha. Cada uno tiene el suyo y quiere darle prioridad, pero es tapado por el nuevo caso. Por ahora, está claro el de los independentistas que lo exhiben entre indignados y orgullosos. A ellos se les ha reconocido oficialmente en la Comisión de Secretos oficiales, que no ha sido necesario espiar porque estaban en jornada de puertas abiertas, a lo que parece.

A sus señorías les ha faltado tiempo para difundir lo que estaban comprometidos a callar por la naturaleza del evento. ¡Lástima de dos millones de euros de Pegasus, quienes se los hayan gastado para espiar en España! Basta con decir que es secreto para que todos larguen gustosos. ¡País de bocazas, aquí si no lo cuentas revientas! ¡Ahora ya sabemos por qué no se reunía la comisión de Secretos!

Recordemos que esto de la fiebre del espionaje empezó con Pablo Casado (¿se acuerdan de Casado?) a Díaz Ayuso y a un hermano bien informado. La presidenta madrileña de todos los españoles, azote de todo lo que no sea ella misma, se revolvió furiosa ante la idea de que la hubieran espiado. Entonces lo llamaban unos "investigar" y otros "espionaje", una palabra mucho más fea y que cuenta con una bonita tradición novelesca y cinematográfica.  "Espías o investigas", se dirá pronto.

Luego pasamos a los independentistas indignados porque se les espíe, ¡a ellos que, como diría Rufián, son el sostén de España! No sé si son el sostén de España, pero desde luego lo son del gobierno y eso, como la "muerte" de Sergio Leone, tiene un precio. A los blanqueados, pero quejumbrosos, independentistas les ha asombrado ser "investigados" o "espiados", según la versión. Y a margarita Robles, a la que querían acogotar como ministra de Defensa (¡qué gran proeza simbólica sería hacer caer a la Ministra de Defensa española!) se le escapó eso ahora políticamente incorrecto de decir que espiar o investigar a unos señores y señoras (aquí sí que hay que repartir) que quieren acabar con España, que realizan actividades dentro y fuera contra el Estado español, que convocan actos ilegales, como referéndums para separarse, manifestaciones contra las instituciones, etc. es normal que se les tenga vigilados para saber cuál es la próxima barrabasada que se les ocurre. Pero la fantasía teatral de la política española es tan disparatada ya que cualquier cosa puede ocurrir. Y ocurre cuando un gobierno de España tiene que apoyarse en grupos que no están interesados precisamente en su progreso y armonía. Ocurre igualmente cuando un gobierno tiene como "socios" a un partido que es el primero en desmarcarse de lo que hace el gobierno con un "yo no he sido" tratando de evitar perder votos y con un "he sido yo" cuando quiere ganarlos, siempre en detrimento del partido mayoritario, el PSOE. Da igual que Podemos se vaya hundiendo en cada elección, tratará de hacer todo el daño posible antes de que se anuncie el fin de la legislatura. Saben que no volverán a tener la oportunidad de ocupar un ministerio ni ir en coche oficial.

El giro de guion salta cuando el protagonismo de los espiaditos independentistas se pierde al anunciar los acusados que han sido espiados por Pegasus, algo que provoca una oleada de euforia informativa. ¿Qué es Pegasus? ¿Quién está detrás? ¿Quién se ha gastado dos millones de euros para espiar a nuestros dirigentes? Los independentistas se indignan ante esta pérdida de protagonismo y se enfadan más. Tratan de recuperar el protagonismo al meterlos en la Comisión de Secretos Oficiales porque, incapaces de decapitar a la ministra Margarita Robles, que se ha defendido bravamente, se lanzan ahora a por la cabeza de la directora del CNI, una pieza de menor rango, pero que puede ser paseada por las calles autonómicas rebeldes en una pica y más ahora que ya se puede salir sin mascarillas y se percibe mejor la satisfacción que produce.

Dura poco la dicha en la casa del espiado porque pronto surgen escándalos europeos. Ahora Europa quiere prohibir el uso de Pegasus, algo complicado porque no admiten devoluciones para los que se hayan gastado esos dos millones que nos dicen que cuesta. ¿Bajarán los precios ante la falta de demanda? No lo sabemos.

Estamos en un mundo extraño, globalizado y donde espiar a tus socios es más importante que espiar a tus enemigos. Hemos vuelto a un clima de Guerra Fría, mucho espionaje y guerra sucia, ahora también ampliada como "guerra híbrida". Ya comentamos hace unos días cómo Obama había tenido que pedir perdón a Angela Merkel y a otros socios y aliados por haber sido espiados. La diferencia puede que esté en las disculpas. Con los amigos, te disculpas, sí, pero espías a todos; con los enemigos es ya otra cosa.

Lo malo no viene del espionaje en sí. Los independentistas y demás pueden rasgarse las vestiduras ahora que llega el buen tiempo. El problema real en todo esto son las relaciones con Marruecos, si efectivamente han estado espiando al gobierno español. Desde el punto de vista de Marruecos, el espionaje tiene sentido dada la posición de distanciamiento de entonces. Lo que complica un poco las cosas es lo que se ha hecho después de ser espiados, es decir, el giro amistoso y el alejamiento del Sáhara y Argelia, que será quien nos deba espiar ahora, siguiendo la lógica anterior.

Lo sorprendentemente viene de la preocupación por el "cómo" en vez de por el "quién". A lo mejor resulta muy complicado entender por qué nuestro presidente y ministros están tan seguros de que es imposible rastrear el origen del espionaje y solo les preocupa el "cómo", es decir, el estado de la ciberseguridad. Si todo el mundo espía a todo el mundo lo importante es tener un móvil seguro, controlado. Eso ha hecho que, de nuevo, se monte una disputa entre ministerios para saber quién tiene la responsabilidad de mantener seguro lo que dicen el presidente y la ministra de Defensa (¡y vaya usted a saber quién más!), que no acabe en cualquier carpeta, sobre unos miles de mesas repartidas por todo el mundo.

El País 5/05/2022

Lo bochornoso, aunque esperado, es que una vez que han entrado en la Comisión de Secretos, lo dicho allí ha pasado a ser chismorreo. Esto da cuenta de lo que hay y explica por qué estaban fuera. La idea era entrar y seguir pidiendo cabezas, que es lo suyo. Una vez dentro de la Comisión se trata de hundirla, de mostrarla como algo vacío, teatral, en donde la verdad no se cuenta, alimentando así, una vez más, lo de las "cloacas del estado", que siempre es muy socorrido. Ellos son siempre las víctimas del estado depredador.

Del debate de la responsabilidad del espionaje al debate gubernamental sobre la responsabilidad de quién tiene que cuidar de los teléfonos. Esto no tiene cura. Es un eterno gag político contado de diferentes formas; algo serio que se transforma en bufo. Es el tono ambiental y eso solo favorece el distanciamiento de algo que debería preocuparnos y, por contra, el temor por aquello que realmente nos preocupa hoy, de la inflación a la guerra, de la crisis de las materias primas a la del transporte. Todo queda oculto bajo el ruido constante de las disputas.

La secuencia "Díaz Ayuso, independentistas, gobierno y Europa" es interesante porque nos muestra que se sepa o no sepa, por lo público o por lo privado, barato o caro, amigo, socio o enemigo, nacional o internacional, etc. parece que el espionaje, en cualquiera de sus variables (telefónica, cibernética, postal, etc.) está aquí para quedarse y seguir haciendo ruido.



miércoles, 4 de mayo de 2022

Pegasus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El mundo se nos está llenando de palabras peligrosas. Algunas proceden del juego con el desconocimiento tecnológico, como "algoritmo" o "Big Data", que suenan terribles en los medios, que las repiten en sus titulares para atraer la atención. Es el juego de lo desconocido, las palabras que esconden tras de sí los secretos de un mundo oscuro y tenebroso, aunque se utilicen de forma normal cada día para cosas inocentes. Pero invocarlas y ponerlas junto a nombres propios es siempre eficaz. Aquí comentamos no ha ce muchos días los tres o cuatro artículo, un editorial y un titular a cinco columnas, como se decía antes, dedicados a Pedro Sánchez, poseedor de "algoritmos" que analizan "en tiempo real" todo lo que se dice de él en las redes sociales y en los medios.

Desde hace días la palabra terrible es "Pegasus". Comenzó con los independentistas "espiados" y ahora es casi de mal gusto no ser espiados por ese terrorífico caballo alado que se cuela en nuestros teléfonos en busca de no se sabe qué.

La palabra "Pegasus" nos lleva a pensar en un universo hostil en el que debemos temer en cada movimiento porque está por todas partes, a todas horas, haciendo que recelemos de todo. Con Pegasus todo es sospecha.

Los medios aprovechan para darnos datos de lo que no sabemos, que ya es complicado. Pero se trata de atraer la atención. Como en una partida de mus, los independentistas trataron de ganar el protagonismo en la democracia española, que les importa un bledo en circunstancias normales, y se colaron en la Comisión de Secretos Oficiales, otro espacio para la ensoñación, un espacio en el que entras sabiendo y sales comprometido a no contar nada, dejando en el aire la mímica de la sorpresa o el "¡si yo le contara!". Los secretos, efectivamente, no se pueden contar... pero acaban saliendo.

Pero las informaciones sobre el espionaje de Pegasus —más bien "con" Pegasus"— al gobierno ha sido como un órdago contra el órdago fallido de los independentistas, palabra que, por cierto, ha sido normalizada y ya, según parece, no asusta nada a nadie. Pegasus, sí; independentistas, separatistas, etc. no. Desde que son socios de investidura (¡qué bonita expresión!), las palabras se han dulcificado, aunque no los principios. Sostienen al gobierno y amenazan. Hasta los socios de gobierno, un grado de parentesco político más próximo, padecen de hermafroditismo político, que es la capacidad de ser gobierno y oposición según les convenga. Ya no son "antisistema" ni "radicales"; son un "sostén", un factor de "estabilidad", etc. 

Pero "Pegasus" es otra cosa. Según el oráculo de ERC, Gabriel Rufián, esto podría acabar no solo con la estabilidad, sino con la democracia, lo que ha dicho con un especial gesto de seriedad y concentración en el futuro. Pegasus, sí, lo es todo.

Los expertos nos intentan tranquilizar diciendo que no todo el mundo lo tiene, porque cuesta dos millones de euros, lo cual, es cierto, limita la cesta de la compra del espionaje. ¿Pero qué son hoy dos millones de euros?

Al menos, de Pegasus sabemos lo que cuesta y que se hizo en Israel. También se nos dijo que solo se lo vendían a gobiernos, lo cual tranquilizó a unos e intranquilizó a otros muchos. Pero, claro, ¿a qué gobiernos? ¿Están incluidos los de distintos niveles? La pregunta no es baladí porque aquí todos se miran de reojo. ¿Y si un gobierno compra Pegasus, espía y luego les pasa la información a los "amigos" o a los "enemigos de sus enemigos" o a los "enemigos de los amigos de sus enemigos"...? El gobierno ha dicho que hay sospechosos "externos", un concepto con la suficiente ambigüedad como para ser inquietante. Pero así funcionan estas cosas de los secretos.

A la gente le explican que su teléfono puede estar infectado. Puestos a espiar, ¿por qué no a mí? Lo de los dos millones no ha tranquilizado a muchos, que piensan que así se amortiza antes. ¿No estaba Pedro Sánchez controlando ·en tiempo real" lo que se decía de él para asegurarse controlar la opinión pública y gobernar a golpe de giro de imagen? ¿No vale mi voto lo mismo que los de los demás? El que te ninguneen sin espiarte sienta fatal.

Dicen que la Europa está mirando de prohibir el uso de Pegasus. Causa un poco de sonrojo pensar que en Europa se trate de estas cosas. Más bien parece un golpe de efecto, la expresión de un buen deseo. Nadie va a dejar de espiar. El problema son los controles y la designación de amenazas, que sí deben estar regulados y por eso existen esas comisiones en los parlamentos, que deben ser reservadas porque algo que todos conocen no es un "secreto".

Recordemos que los grandes escándalos de espionaje han sido protagonizados por los Estados Unidos, con casos de espionaje de los móviles de medio mundo, especialmente de los aliados, a los que vendes protección con agujeros de reserva. Recordemos que hasta el móvil de Angela Merkel fue jaqueado en tiempos de Obama. Ene el otro extremo, Rusia es un factor de espionaje y desestabilización constante. Los problemas empiezan a ser tomados muy serio cuando el espionaje te lo hace tu vecino, como los que apuntan a Marruecos, por ejemplo. 

19/01/2014

Pero ahora viene la cuestión que algunos apuntan, pero no se atreven a formular con claridad: ¿habrá alguna potencia extranjera interesada en pasar secretos (o lo que sea) a los inquietos alborotadores internos? ¿El enfado de Margarita Robles viene de ahí, de tener que aguantar más de lo que la paciencia admite?

Nos dicen en la TV que a Obama le costó desprenderse de su vieja Blackberry, que Trump no abandonó su Samsung para tuitear, que Putin no tiene móvil y a Pedro Sánchez y otros miembros del gobierno los móviles se los hace el CNI. Son estilos de vida y de comunicación distintos. Pero lo cierto es que muchos están enganchados al móvil como adolescentes y podría ocurrir una crisis mundial si se les castiga sin hacer llamadas.

No sé si alguien le saca algún provecho al jaqueo de los móviles en España, porque la verdad es que no se nota nada y algo debería notarse. Sánchez es tan débil como antes, sus socios de investidura o de gobierno siguen haciendo lo mismo que antes.

Aquí lo del jaqueo ha sido más bien a lo bestia, como en el caso del móvil quitado a la colaboradora de Pablo Iglesias, el llamado "caso Dina". ¿Para qué gastarse dos millones si lo solucionas con un tirón? España es diferente. Se quejaba Iglesias de que el caso del tirón del móvil se había hecho para perjudicarle, que eso da caché.

¿Seguiremos sin saber quién pago los dos millones por Pegasus para espiar por estos lares, a unos y a otros, suponiendo que sea el mismo el que lo hace? Pues no lo sé, realmente. Cualquier cosa que se diga será considerada una maniobra del gobierno de Sánchez. Si pensamos que con lo que se han llevado los comisionistas madrileños de las mascarillas se podría haber comprado tres juegos completos de Pegasus nos daremos cuenta que el programa puede ser comprado por cualquiera. Es ahí donde reside el problema, en si realmente cualquiera puede espiar, dentro y fuera. La irritación de Margarita Robles es más que fundada. Ser responsable de Defensa es usar los medios legales para evitar los ataques de diverso orden que podemos sufrir, Por eso la vigilancia del que quiere tu destrucción es legítimo bajo la mirada de las instituciones. Lo demás es hipocresía o candidez. Nuestro problema específico no es en sí el espionaje, sino lo extremo de nuestras discrepancias y cómo se pueden beneficiar de ellas terceros.

Ya sea que el gobierno espíe a otra parte del gobierno y viceversa; ya sea que el gobierno espíe a los independentistas y viceversa; ya sea que una potencia extranjera (o varias) no espíen y luego se lo revendan a terceros de dentro o de fuera, lo cierto es que vamos a tener Pegasus para rato. Ya nos avisan que es casi imposible saber quién está detrás, lo que me parece un poco aventurado si todo el mundo se espía.

Los que apuntan a Marruecos pueden abrir una nueva crisis de legislatura, suponiendo que podamos dar por cerrada la anterior. ¿Sabía el gobierno que había sido espiado por Marruecos cuando normalizó las relaciones hace algunas semanas? Es una pregunta que no tardará mucho en saltar.

La gente tendrá psicosis y pronto se venderán cajones insonorizados y otros dispositivos para que nuestro teléfono móvil no vaya contando por ahí lo que escucha de nuestros labios o de los que están cerca. Los expertos lo dicen: controla las cámaras traseras y delanteras; puede grabar vídeo y audio; puede reenviar las fotos y archivos que tengamos almacenados. Es como una madre de adolescente controlando el teléfono o una pareja celosa. 

No hay que tomarse a broma Pegasus y a los que estén detrás. Con lo que soy escéptico es con los efectos de rasgado de vestiduras de algunos. Aunque ahora todos son sospechosos, ya no hay mayordomo, algo a lo que algunos se resisten. eso sí, todos le piden al gobierno "cabezas" por espiar o por ser espiados, tan malo lo uno como lo otro. Ya sea por maldad o por negligencia, todos salen a pedir cabezas, las de unos o las de otros. Mientras nada se aclare, todos sospechosos.

Creo que el objetivo de lograr más discordia está alcanzado. ¿A quién le interesa que nos peleemos más de lo que habitualmente nos peleamos? Pues eso habrá que investigar en este mundo convulso.