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miércoles, 15 de julio de 2020

La verdad de la buena y los prejuicios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Una de las preguntas que uno puede hacerse —y podemos hacernos muchas— en la lectura de la prensa es: cómo es posible que la gente pueda llegar a negar cosas evidentes, obvias. Es decir, ¿cómo los prejuicios pueden llegar a controlar de forma tan intensa la percepción del mundo y su análisis? El término "objetivamente" debería declararse un "mito" porque nadie ve lo que es, sino lo que quiere o puede ver en función de toda una serie de factores personales y culturales.
Hay prejuicios personales y los hay culturales. Unos nacen de la propia experiencia; los otros nos llegan ya creados por el entorno en el que nos ha tocado vivir. Podemos decir que nuestra vida tiene dos caminos, el del ahondar en los prejuicios que tenemos hasta convertirlos en un sistema absoluto de verdades dogmáticas y el de intentar luchar para liberarnos de ellos, con mayor o menor éxito. A veces, en este último caso, la gente pasa de un prejuicio a otro porque, en realidad, sus esquemas mentales no pueden escapar de un pensamiento prejuicioso. ¿Podemos escapar de los prejuicios o estamos condenados a ellos?

Como defensa psíquica, tendemos a reforzar nuestras opiniones. Me viene a la memoria el título de una vieja novela de Alberto Moravia, "Los indiferentes". La "indiferencia" estuvo en auge —recordemos El extranjero, de Albert Camus, como una obra clave, con la figura de Mersault— cuando precisamente era el dogmatismo lo que había llevado al mundo de las guerras mundiales, especialmente en la Segunda, con unos matices de exacerbado nacionalismo, una de las mayores fuentes de prejuicios.
La pandemia del COVID-19 está dejando en evidencia esta barrera militante, por decirlo así, del negacionismo o del conspiracionismo, ambos basados en distintos tipos de prejuicios o, si se prefiere, de suspicacias.
La cadena norteamericana ABC News nos muestra una colección de "trumpistas" que pese a los casi tres millones y medio de contagios —61.000 solo ayer— y las mas de 133.000 muertes, siguen pensando que todo es "un chiste". Lucen camisetas o gorras con símbolos norteamericanos o colores norteamericanos y llevan, como decoración interior, un motón de ideas enganchas en su mente, sembradas desde la presidencia. Con el titular "As Trump sends mixed messages on coronavirus, some loyal supporters cling to conspiracy theories" no permite anticipar lo que nos encontraremos en la lectura o al ver el vídeo que acompaña al texto. Allí se nos explica:

With coronavirus cases surging around the country, President Donald Trump has continued to cast doubt on health officials and his own administration’s response to the pandemic, leading some of his fiercely loyal supporters to question not only advice from experts but the existence of the virus itself.
Since the early days of the virus, the president has repeatedly downplayed its impact, promised it would "disappear," incorrectly compared it to the seasonal flu multiple times and bucked wearing a mask until months into the pandemic, even mocking political opponents who did wear them.
In response, ardent supporters have echoed the president’s shifting views on the virus, ranging from refusing to wear a mask despite federal guidelines, to out-right not believing in a virus that has left over 130,000 Americans dead, according to interviews with over a dozen Trump supporters at recent campaign events and around the country.
"COVID is nothing but an avenue to try to take, in my opinion, and I'm just speaking for myself, to try to take the president out," said loyal Trump supporter Vinny Scarnisi, of Pittsburg, New Hampshire.
"It’s a brainwashing. There's no reason to be scared. Absolutely not. It’s a joke."*


Nuestra percepción del ser humano como Homo Sapiens crea también un prejuicio: pensar que somos seres inteligentes. En realidad, lo que vemos cada día parecería mostrarnos lo contrario. O nos hemos equivocado al definir la "inteligencia" o esta se encuentra mal o irregularmente repartida. En realidad, puede que sean ambas posibilidades. Conforme conocemos mejor el funcionamiento de nuestro cerebro, el peso de las emociones es mayor. El miedo, la inseguridad, etc. parecen tener un peso mayor que eso que hemos definido como "razón", algo mucho más conceptual que real. Los prejuicios forman parte de nuestra forma de pensar y la cuestión está en hasta qué punto somos conscientes de ellos y hacia dónde nos llevan.
Las opiniones expresadas por los trumpistas sobre cómo funciona el mundo establecen un nexo con "su" presidente, la abeja reina de la colmena. Lo que llega de la presidencia es una "verdad de la buena", mientras que todo aquello que la contradice, incluidos los desmentidos de Twitter, forma parte de una conspiración para sacarle de la Casa Blanca y se basa en mentiras.


Lo malo de la política actual es que se ha llenado de psicólogos, sociólogos, neurocientíficos y comunicadores. Todos reúnen explicaciones, teorías sobre cómo funciona nuestra mente, individual y colectivamente, y otros lo ponen al servicio de sus propias causas reforzando los prejuicios. Por eso vemos que en todo el mundo se tiende a la polarización social, que es una forma crear un "nosotros" frente a un "ellos", algo que funciona desde los enfrentamientos deportivos hasta las elecciones políticas. El "nosotros" se define como aquellos que comparten los mismos prejuicios o creencias. Como recoge la ABC, el negacionismo no es suficiente porque tiene que dar cuenta de por qué los "otros" piensan otras cosas distintas. Entonces llegan las teorías conspiratorias que explican que los que dicen que te pongas una mascarilla están tratando de robarte la libertad.
Pero esto no se limita a la "América de Trump". La Vanguardia nos da cuenta de lo ocurrido ayer con los debates sobre el "cambio climático" en el Congreso de los Diputados:

El Congreso ha rechazado la enmienda a la totalidad presentada por Vox al proyecto de ley de Cambio Climático y Transición Energética que pedía la devolución de la norma al Gobierno. Por eso, el texto continúa su tramitación en la Cámara Baja. Los de Santiago Abascal sólo han convencido a Foro Asturias en su petición, mientras que el resto de los partidos de la oposición han votado en contra de la enmienda y han reprochado a Vox su postura negacionista hacia el cambio climático.
De hecho, Vox mostró una posición negacionista y a la vez pro nuclear, y reforzó este segundo componente subrayando que la energía nuclear ayuda a combatir el cambio climático.
“Ustedes niegan el cambio climático pero a la vez apoyan la energía nuclear porque ayuda a combatirlo. ¡A ver si nos aclaramos!”, ridiculizó esa postura Juantxo Lopez de Uralde, diputado de Unidas Podemos.
Vox tachó de “liberticida” la ley de Cambio Climático del Gobierno porque, a su juicio, “quiere cambiar la economía y la vida de los españoles”.
La vicepresidenta cuarta de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, ha lamentado esta actitud y le ha pedido a los de Santiago Abascal que escuchen a la sociedad civil y a la industria que piden cambios en esta materia.
En su intervención, en defensa de la norma, Ribera ha calificado su ley como una medida necesaria para adaptarse a las “bases del siglo XXI que piden los ciudadanos”, para “actuar con arreglo a las ciencias” y ante una nueva “revolución industrial” dentro de los “límites ambientales”.
En este sentido, ha lamentado que aún haya quien “no escuche lo que la ciencia viene advirtiendo” y que no den crédito a lo que “confirma el paso del tiempo”. “Sorprende que tampoco escuchen a los ciudadanos jóvenes en las calles, a la sociedad civil organizada o al consenso internacional”, ha añadido, para indicar que estas mismas personas son las que hacen “oídos sordos a la industria, inversores y empresas” que defienden y ven la digitalización o en la eficiencia, la “sostenibilidad de sus negocios” en el futuro.
En su intervención, Ribera ha rechazado los principales argumentos que Vox ha esgrimido en su enmienda a la totalidad para rechazar el texto del Gobierno. Así, ha negado que exista “alarmismo climático” o que la defensa de la transición ecológica sea “una nueva religión”. “Es pura física y química”, ha señalado. La vicepresidenta cuarta ha defendido también los datos del IPCC que están “confirmadas por los cambios de patrones climáticos asentados en el tiempo”.**



Que Trump esté en el poder y Vox en la oposición no implica grandes divergencias ya que los mecanismos (y la sintonía) son los mismos. Sorprende ver la extrema coincidencia entre las propuestas de Trump y las de VOX, especialmente marcadas en los temas de medio ambiente, que fueron los primeros que atacó al llegar a la Casa Blanca. Recordemos que, para Trump, el "cambio climático" era una maniobra de China para hacer que Estados Unidos se auto limitara y así su rival podría avanzar sin tapujos para hacerse con el liderazgo económico. La idea es completamente absurda, pero eso es lo que la hace tan convincente para quien quiere ser convencido. La idea se acepta porque viene del líder. Si mañana a Trump se le ocurriera la mayor estupidez del mundo —¡no lo quiera Dios!— los seguidores lo aceptarían inmediatamente porque necesitan un muro sólido frente al mundo.
Los que han muerto al grito de "¡Jesucristo es mi vacuna!" se habrán dado cuenta en el último momento que no es un "chiste", como decían en la ABC. Pero para los que lo ven, se confirma la conspiración contra los trumpistas.


La estrategia "argumentativa" de Vox es la misma que la de los trumpistas. Son los demás los que actúan de forma "dogmática" e interesada en destruir un mundo perfecto. De esta forma, el feminismo es una conspiración, como lo es el ecologismo. Lo más interesante es su calificación de las ideas contrarias como "formas religiosas". No es trivial, ya que el sentido de la "religión" o, más exactamente, el de "cruzada" o "lucha religiosa" está presente, de la misma forma que el integrismo islámico muestra al feminismo, la democracia, etc. como formas de "ateísmo occidental" que intentan destruir el mundo de su verdad perfecta.
Desgraciadamente, las personas que son más conscientes del peligro de los prejuicios se las suelen llevar todas, como se suele decir. Acaban siendo el objetivo de las diversas fuerzas que compiten creando tensiones emocionales, radicalizando y ofreciendo tópicos emocionales. Avanzamos en un mundo que es cada día más dogmático y eso tiene unos costes sociales evidentes, una mayor intensificación de la violencia y unos riesgos mayores de aperturas de conflictos. También, por desgracia igualmente, muchos medios y profesionales de la información se han apuntado a la radicalidad emocional, que les garantiza un público fiel que les considera sus defensores, es decir, los defensores de la verdad de la buena". El ejemplo de la Fox News es muy claro. No es el único, ya que el modelo es atractivo y beneficioso, ya que la gente hace militancia en su lectura.


Mal camino el que se aleja de la moderación y de la lucha contra los prejuicios, incluidos los propios. Que en un mundo que progresa científicamente avancen los prejuicios de este tipo con sus teorías de la conspiración y el negacionismo de cualquier cosa es preocupante y es necesario indagar en sus causas y mecanismos.
En el reportaje de la ABC News una seguidora dse Trump exhibe una mascarilla que lleva el lema "Trump 2020". Cuando es preguntada sobre si se la piensa poner, contesta decidida: "¡No, es un recuerdo!" Curiosidades de la mente humana.



* Rachel Scott, Will Steakin, y Justin Gomez "As Trump sends mixed messages on coronavirus, some loyal supporters cling to conspiracy theories" ABC News 14/07/2020 https://abcnews.go.com/Politics/trump-sends-mixed-messages-coronavirus-loyal-supporters-cling/story?id=71754234&cid=clicksource_4380645_2_heads_hero_live_headlines_hed
** "Vox fracasa en su intento de frenar la ley de Cambio Climático" La Vanguardia 14/07/2020  https://www.lavanguardia.com/natural/cambio-climatico/20200714/482319516139/ley-cambio-climatico-teresa-ribera-enmienda-vox-congreso.html




miércoles, 25 de marzo de 2020

Ya podemos entender mejor la xenofobia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No vemos los coronavirus, vemos a las personas. Uno de los mayores problemas que está planteando esta epidemia es cómo separar al COVID-19 de las personas que lo portan y, más concretamente, de identificar a las personas con los países. Las representaciones del coronavirus no son inocentes, como empezamos a señalar en enero. Se empezó con el "virus chino", después con el "virus de Wuhan" hasta que se vieron las consecuencias que esto tenía, esencialmente sociales y políticas difundidas a través de los medios de comunicación y convertidas en una especie de condena de 1.400 millones de personas, las englobadas bajo el término "los chinos".
En plena guerra comercial de Estados Unidos con China es cuando se produce la rápida explosión de la epidemia. Las imágenes identifican el escenario como "China" y el coronavirus como un "producto chino", especulando algunos incluso con el posible escape de algún laboratorio en Wuhan. Las imágenes mediáticas no nos muestran virus, muestran personas, en su totalidad ciudadanos chinos. Nos los muestran con mascarillas. Médicos con mascarillas, paseantes con mascarillas, soldados con mascarillas... Las imágenes que muestran símbolos del régimen chino se asocian con las mascarillas mediante sutiles y no tan sutiles ejercicios de composición fotográfica. Aquí lo hemos documentado en varias ocasiones. Cuando los contagios comienzan a aparecer en Europa, esencialmente en Italia, se siguen representando con fotografías de ciudadanos chinos. Ya no es un problema lejano, está aquí.


Los medios comienzan una segunda fase en la que se van introduciendo los nuevos escenarios. Hay una interesante fotografía en la que se dice en su pie "unas jóvenes en Valencia" que muestran a dos jóvenes chinas con mascarillas. La mascarilla sigue siendo la que representa la enfermedad simbólicamente y quienes las llevan, los asiáticos.
Esto genera una peligrosa asociación que ha llevado a múltiples incidentes de xenofobia y racismo al convertir a cualquier persona con rasgos asiáticos en un peligro potencial o, peor todavía, en responsable.
El editorial de hace un par de días en The New York Times lleva por título "Call it Coronavirus". Explica que la "enfermedad y los prejuicios han ido siempre de la mano" (23/03/2020) y desea que en este momento se pueda hacer mejor que en otros tiempos. Es cierto, pero quizá sea una reflexión tardía para paliar los efectos. El presidente norteamericano sigue empeñado en hablar de "virus chino". Hace unos días las cámaras de televisión captaban la tachadura en las notas de su rueda de prensa. Mostraban la tachadura de la expresión "COVID-19" y escrito a mano "virus chino". El sentido del editorial de The New York Times es claro.


Los efectos sociales de todo esto son los de la xenofobia y el racismo en mucha gente que ha aceptado esa asociación intencionada en unos y rutinaria en otros. Pero sus efectos los están pagando personas inocentes.
En Infobae podemos leer sobre los efectos en Estados Unidos de estas políticas xenófobas:

Yuanyuan Zhu caminaba hacia su gimnasio en San Francisco el 9 de marzo pensando en que esa rutina de ejercicio podría ser la última en un rato, cuando se dio cuenta de que un hombre le estaba gritando. Le gritaba insultos sobre China. Entonces, pasó un autobús, según recuerda ella, y el hombre le gritó al vehículo: “Atropéllalos”.
Ella intentó mantener su distancia, pero, cuando el semáforo cambió, tuvo que esperar junto a él en el cruce peatonal. Podía percibir cómo la miraba fijamente. Y entonces, repentinamente, sintió la saliva del hombre cayendo en su rostro y su suéter favorito.
Impactada, Zhu, quien tiene 26 años y se mudó a Estados Unidos de China hace cinco años, corrió el resto del trayecto para llegar al gimnasio. Encontró una esquina donde nadie la podía ver y lloró en silencio.
“Esa persona no se veía rara ni enojada ni nada, ¿saben?”, dijo sobre quien la atormentó. “Solo se veía como una persona normal”.*


Lo que sorprende finalmente a Yuanyuan Zhu es la falta de enojo, la normalidad del insulto, su falta de emocionalidad, la expresión controlada del odio. Quizá habría entendido que el miedo hiciera perder los nervios a quien la insultó, pero es la parsimonia en el ataque lo que la descoloca en la interpretación. Ese grito de "¡atropéllalos!" es una llamada a la comunidad, un intento de salir de la civilidad y regresar a estados anteriores. Es un imperativo: ¡mátalos! Cuando se llega a este estado, es necesario pararse y reflexionar sobre las consecuencias sociales y sobre la conexión entre las políticas de información y lo que ocurre en la calle; es una llamada como la de The New York Times, "Call It Coronavirus!", al presidente de los Estados Unidos.
No es el único. Aquí comentamos la expresión de ese intelectual español por los cuatro costados, Javier Ortega Smith, difundiendo en las redes cómo sus "anticuerpos españoles" se enfrentaban a los "malditos virus chinos". Cada uno se retrata a su manera.


Pero en España no nos escapamos. Mientras se pudo ver la pandemia de lejos, se asociaba con China esencialmente. Pero conforme el foco más importante en el exterior se trasladó a Italia primero y después a España, también nosotros hemos empezado a padecer el estigma del apestado, de la persona peligrosa a la que nadie se quiere acercar ni tener contacto con ella. El diario El País nos da cuenta de las dificultades de muchos españoles que por motivos diversos no pueden regresar ahora y lo que les ocurre en sus lugares de espera:

Como “apestados”. “Asustados”. “Desamparados”. “Impotentes”. “Confinados de manera clandestina”. “Sin salida”. Así están viviendo muchos españoles desplazados en el extranjero la crisis sanitaria del coronavirus. “Para ellos nosotros somos el coronavirus”, dice Kati Martín, encerrada desde este domingo junto a su marido y otros tres españoles en un hotel de la ciudad india de Rishikesh. “Nos han dicho que no podemos salir para nada, que el Gobierno no quiere ver turistas y si nos pillan les pueden cerrar el hotel y quedarnos todos en la calle. Hay españoles en Delhi que han sufrido hasta agresiones”, asegura esta barcelonesa de 52 años, que dice que “tras días de muchos intentos” la respuesta de la embajada llegó este sábado. El correo electrónico de la legación diplomática decía: “Sentimos mucho la situación. La embajada está haciendo todo lo posible para ayudar a los españoles. Registramos sus datos y adjuntamos información de utilidad”.**


El español que se fue de vacaciones por el mundo o cualquier otra circunstancia se da cuenta que en muy poco tiempo el escenario ha cambiado y que ahora somos los malos de la segunda temporada, un giro de guión del que no ha habido tiempo para darse cuenta.
Una vez que se crea el estado de miedo es muy fácil y rápido cambiar el foco hacia un nuevo punto. Basta con un par de titulares sensacionalistas o simplemente una foto de un hospital, etc. para que comience a verse a una comunidad como apestados. En un mundo híper sensibilizado a la pandemia, los cambios se producen gran rapidez. No se trata de saber cómo funciona una enfermedad, se trata de distanciarse de quien son sospechosos por el simple hecho de venir de fuera o solo aparentarlo, como es el caso de Yuanyuan Zhu, tan residente en los Estados Unidos como cualquier supremacista blanco de Alabama.
La enfermedad debe humanizarnos y no esclavizarnos con nuestros prejuicios y fobias. El problema es que llevamos mucho tiempo manipulados emocionalmente a través de los medios, redes sociales, políticos, etc. Nuestro estado es actuar primero y pensar después o incluso no pensar, una forma de conductismo social frente a ciertos estímulos que nos lanzan. Es lo que hace Trump con su machacona fórmula del "virus chino", crear en nosotros una asociación negativa; es lo mismo que hacían las fotografías con imágenes de mascarillas y banderas y símbolos de China.


Y hoy nos toca a nosotros, a los españoles, ser los apestados en muchas partes del mundo. Donde éramos felices turistas bienvenidos, somos ahora un peligro en ciernes y se nos señala con el dedo de la misma manera que lo hemos hecho anteriormente.
Tenemos que aprender que esas no son las maneras. Solo hay el camino de la cooperación, de la ayuda y de la comprensión hacia el que no es un criminal sino una víctima de una enfermedad. Hoy, con medio mundo en cuarentena (un tercio de la población, si atendemos a lo que nos dicen los medios), deberíamos aprender que estas políticas son muy negativas para todos y pasarán factura.
La prevención no significa estigmatizar a los otros; el cuidado no significa odio ni violencia hacia las personas. Fomentarlo desde los medios o desde las tribunas políticas es irresponsable y mezquino. 

The New York Times
* "Les escupen, les gritan, los atacan: los chinoestadounidenses temen por su seguridad" Infobae 24/03/2020 https://www.infobae.com/america/the-new-york-times/2020/03/24/les-escupen-les-gritan-los-atacan-los-chinoestadounidenses-temen-por-su-seguridad/
** "Españoles en el extranjero: “Nosotros somos el coronavirus para ellos”" El País 23/03/2020 https://elpais.com/espana/2020-03-22/espanoles-en-el-extranjero-nosotros-somos-el-coronavirus-para-ellos.html


viernes, 13 de septiembre de 2019

De la mano o ¡vaya chasco!

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La revelación de que los llamados "Amantes de Módena", según afirman los científicos que han analizado el esmalte de sus dientes, son dos hombres está en todos los medios de comunicación. Más arriba o más abajo en sus páginas principales, pero está ahí. Esto nos dice algo de la época en que les enterraron, pero también nos dice mucho del asombro que nos causa, es decir, de nosotros mismos.
En ABC nos dicen "Descubren que «Los amantes de Módena» eran, en realidad, una pareja de hombres"; en El Mundo "Los 'amantes de Módena', dos esqueletos enterrados de la mano hace 1.500 años, son dos hombres"; en El País "Los ‘amantes de Módena’ eran dos hombres". Es curiosa la necesidad de aportar más información o detalle en cada titular según el medio.
¡Qué diferencia con el titular del artículo científico, donde el énfasis se pone en la técnica del descubrimiento, en su eficacia!


El País va directo a la cuestión. El Mundo y el ABC son más prolijos con cierta gracia. ¿Por qué el ABC sigue suponiendo que eran "pareja"? ¿No tuvieron bastante con darlo por supuesto y que eso les llevara —como a otros— a la suposición errónea? No encuentro lógico lo de El Mundo con lo de "dos esqueletos enterrados de la mano"; me imagino que no eran esqueletos cuando se dieron la mano, a menos que la influencia de Tim Burton sea mayor de lo esperado. Finalmente, El País, en su brevedad, no nos saca de la duda —que se plantea obviamente— sobre lo que ha hecho al resultado del análisis convertirse en noticia. Los "amantes" solo existieron, por lo que sabemos, en los titulares, como suposición.
Explican en el diario El País:

Los investigadores sugieren que el entierro se realizó de esta manera para ilustrar una unión entre dos hombres que murieron juntos en la guerra o bien que eran de la misma familia y por eso compartieron tumba. Sin embargo, queda la duda de por qué se dan la mano. Luigi no quiere especular sobre cuál era su relación. “No podemos decir que tuvieran una relación romántica porque sabemos que en Italia, en la Antigüedad tardía, ser homosexual era un crimen y nadie, en su sano juicio, hubiese mostrado este tipo de relación aunque fuese en una tumba”, explica el italiano.
Los investigadores insistieron en confirmar el sexo de los fallecidos cuando no había debates ni dudas de por medio. “¿Por qué no lo hemos dejado estar? No es un entierro usual. Existen muy muy pocos [todos hombres y mujeres o familiares, según el listado del estudio]. Es extraordinario, y mucho más interesante descubrir que son dos hombres. Nos permite indagar en las ideologías de nuestros antepasados y sobre todo, desde un punto de vista social, descubrir cómo se contempla  esto ahora”, concluye Luigi.*



Tiene razón Federico Lugli (El País escribe erróneamente su apellido como Luigi) en su observación. La forma en que lo hemos "categorizado" dice mucho de nosotros y nos presenta dudas sobre ellos y su mundo. "Parientes, pareja o soldados", dice para evitar errores el ABC.
Ahora ya no dejaremos de darle vueltas al asunto de porqué estos presuntos guerreros se cogían las manos en la tumba. Pronto surgirán teorías restando importancia romántica al hecho de cogerse de la mano o, por el otro lado, relajando la idea de lo estrictos que eran en la época sobre que los hombres se cogieran de la mano, incluso muertos. Lo más probable es que no se las cogieran ellos, sino que fuera alguien quien lo hiciera
Lo que vemos está condicionado por lo que pensamos. En realidad, vemos tanto como interpretamos, desde el plano cognitivo al cultural, de hecho ambos están ligados mucho más de lo que pensamos.
Por eso, la vida humana es una continua lucha contra sus propias barreras, un deshacerse constante de aquello con lo que cargamos o nos hacen cargar, porque la cultura nos da forma.
En El Mundo —siguen en texto de EFE— explican:

¿Se ha destruido una historia de amor? "Por desgracia sí", concluye Lugli, aunque explica que nunca lo fue porque fue construida por los medios de entonces y no pudo ser desmentida científicamente hasta hoy. Una hipótesis muy remota es que se tratase de un amor homosexual ya que en esa época no estaba permitido, añade Lugli, y por tanto nadie podría haber accedido a enterrarles juntos.
Otra de las hipótesis es que podrían ser soldados muertos juntos en la batalla, pues el lugar donde fueron enterrados podría haber sido un cementerio de guerra.**



Así va la Historia. Llenamos con mitos los huecos de ignorancia y luego llega la Ciencia y nos despierta del bello sueño. Deberíamos aprender —y transmitir— los peligros de este mecanismo, especialmente cuando son los medios masivos los que se inventan las historias rellenando al gusto del público lo que no se sabe, ¿Por qué no aprovechar estas fallas con bonitas historias? Esta es la gran diferencia entre la forma de trabajar de unos y otros. Los medios consideran que todo lo que no se sabe se puede imaginar, mientras que los científicos saben que lo que no se sabe es con lo que hay que ser más prudentes. Pero ¿quién frena a los fabricantes de sueños?
¡Qué aguafiestas la Ciencia! ¡Nos dan un dulce y luego nos lo quitan!



* "Los 'amantes de Módena', dos esqueletos enterrados de la mano hace 1.500 años, son dos hombres" El Mundo 13/09/2019 https://www.elmundo.es/cultura/2019/09/13/5d7b6de7fdddff19138b45ec.html
** "Los ‘amantes de Módena’ eran dos hombres" El País 13/09/2019 https://elpais.com/elpais/2019/09/13/ciencia/1568367630_243262.html


Fuente: "Enamel peptides reveal the sex of the Late Antique ‘Lovers of Modena’". Nature https://www.nature.com/articles/s41598-019-49562-7

domingo, 24 de junio de 2018

Sentencias o más vale antes que después


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No sé si es mucho o es poco, porque cualquier tipo de contabilidad en estas cosas es compleja. No hay labor de traducción más compleja que la de la justicia, que debe convertir delitos en condenas. Ocurre desde el inicio del reconocimiento del delito mismo (como observamos en España con el caso de "La manada") y ocurre con la conversión en condena (como acaba de ocurrir en el mismo caso). Los españoles aprendimos Economía con la crisis y estamos aprendiendo Derecho con las discrepancias sociales con los jueces  y sus decisiones. Ejemplos no nos faltan para practicar, desde luego, pues no hay sección más nutrida —después del deporte— que el género judicial, por el que pasan desde los miembros de la Casa Real hasta modestos concejales, desde ex ministros a ex presidentes autonómicos. La variedad de casos es tan grande y la experiencia tan enorme, que deberían poder convalidarnos alguna que otra asignatura en la carrera de Derecho, al menos las prácticas.

Cuando los juzgados ofrecen demasiadas noticias no suele ser un buen indicador de la vida social; cuando se convierten en el centro de la vida política es señal de que algo no funciona en el sistema o, al contrario, que se han convertido en una herramienta del sistema para mantener el control político.
La confrontación, por ejemplo, de los jueces con los dictados de la administración Trump, muestra la profunda división alcanzada en el país. También algo más: la forma de interpretar su propio legado, es decir, su historia y principios. Han sido los jueces los que han frenado muchas de las iniciativas, en especial, aquellas referidas al tratamiento de la inmigración, pero también en otros dos aspectos importantes, la mujer y los derechos relacionados con la identidad sexual.
Los tres elementos definen a una sociedad y a sus principios. De alguna forma, se encuentran unidos porque tienen que ver con el derecho de las personas a decidir sobre sus propias vidas y aceptar las de otros.
Las cuestiones planteadas respecto a las migraciones llevan tiempo haciendo que las sociedades se enfrenten a su propia definición y a algo que es cada vez más evidente: el mundo es uno y las barreras son formas artificiales, construidas desde visiones cambiantes respecto a su función. Plantea también otros aspectos sobre la responsabilidad de los distintos países en los problemas de conjunto y los flujos desde la pobreza a la riqueza, desde la guerra a la paz. Las soluciones, si las hay, están lejos de resolverse en muchas décadas. Serán determinantes las primeras respuestas que demos, en un sentido u otro, porque nos definirán y definirán el futuro de conflictos que nos esperan por delante.


Se corre, además, el peligro real de que se utilice la inmigración como un arma para conseguir favores por parte de países a través de los que pasan, que otros encuentren un gran negocio en ella mediante la corrupción administrativa y policial respecto a los traficantes y, finalmente, que sean los países de origen los primeros interesados en que salgan para conseguir fondos de retorno. Los tres problemas son reales y están en mayor o menor medida sobre la mesa, por más que se hable de unos más que de otros. Si se ignoran, se seguirán enquistando sin resolverse.
Las otras dos cuestiones afectan a las identidades, a los derechos de las personas a decidir sobre sus propias vidas sin ser forzadas por el resto de la sociedad. La cuestión patriarcal es una forma de discriminación ante las mujeres y su estatus varía según países y sociedades. En muchas es la piedra de choque de la modernización, que pasa necesariamente por la igualdad de derechos y el reconocimiento de las mujeres. No es un camino fácil pues leyes y costumbres se oponen muchas veces; en otras, las leyes abren caminos, pero el reaccionarismo los cierra de facto mediante la imposición de las costumbres patriarcales, que llevan a la muerte a muchas mujeres cada año en todas partes.


La fricción estos días en España entre los jueces y la sociedad se centra en el caso de "La manada", que ha levantado indignación en todos sus pasos. No entiende la sociedad en su conjunto las decisiones de los jueces, lo que se vuelve en contra de la justicia. Las leyes han ido progresando, pero, como decíamos al principio, hay "traducciones" de delitos a penas que presentan problemas, lost in translation. La ejemplaridad que se pide ante lo que se concibe como un problema social grave no se encuentra en las sentencias, por lo que la gente sale a la calle, constituyéndose en una especie de tribunal popular. El caso ha servido, además, para hacer emerger mucho machismo subyacente que se manifiesta en los debates, públicos o privados.
Los jueces han de aplicar las leyes, pero para aplicarlas primero han de interpretarlas y es ahí donde se produce la fisura social, el distanciamiento. Como grupo humano, en su interior hay todo tipo de sensibilidades ante los problemas reales, ideas de lo que es la justicia y sus límites, etc. En algunos países, como en los Estados Unidos, las diferencias son más acusadas y asumidas; en otros, al contrario, se tiende más a la estandarización y a normalizar el sistema para evitar grandes discrepancias. En este caso las ha habido, entre los propios jueces y entres los jueces y la sociedad.
Eso da cuenta de la importancia de la cuestión y de las divergencias existentes en la sociedad misma. No creo que los jueces sean un grupo aparte, sino que parten de las leyes que les dan. Está claro que esas leyes tienen defectos (tanto en su creación como en su interpretación)  y plantean problemas en la traducción de lo que la sociedad espera en ciertos casos, manifestándose inquietud a indignación por los resultados.


Lo que parece evidente es que vivimos tiempos de crisis, de choque por las interpretaciones que se le dan a los acontecimientos y situaciones. Hace falta mucho diálogo y mucha mentalización social porque muchos de los problemas no proceden de un mundo viejo, como nos gusta pensar, sino que siguen renovándose en las mentes de los más jóvenes e, incluso, agravándose peligrosamente.
No se debe descuidar este resurgimiento del radicalismo tanto en la xenofobia populista como con la aparición de un nuevo machismo narcisista y violento, que busca multiplicar sus "heroicidades" con fotos y vídeos en las redes sociales, las verdaderas destinatarias de sus egos. Ellos desean ser vistos, ya sea violando o saltándose los límites de velocidad. Si no actuamos de forma clara en los aspectos formativos de las personas, se prevé un conflicto social permanente para el futuro.
El problema con los jueces y sus interpretaciones no debe tapar el verdadero mal de fondo: la existencia de las tendencias sociales xenófobas, machistas, discriminadoras, intolerantes, etc. La sociedad debe identificarlas y hacer frente a ellas en todos los terrenos y niveles. Lo que no se arregla a tiempo, estalla al final en nuestras manos. 
Hablar de la "sociedad" siempre es sencillo. Lo que hay que preguntarse es qué puede hacer cada uno para frenar esta deriva que nos afecta a todos, a nuestras vidas y a la convivencia. La sociedades no se delegan, se construyen entre todos con diálogo y estableciendo principios claros de convivencia, defendiéndolos frente a los prejuicios y el deterioro. Es importante que nos reconciliemos con la justicia porque sin instituciones no podemos funcionar. La calle es para lo que es, no para otra cosa.
Pero está en nuestras manos no dejar pasar los momentos en los que percibimos el machismo, la xenofobia o la intransigencia. Está no dejar solos a los que lo hacen y se juegan el tipo por recriminar conductas negativas desde esos estándares de convivencia. Más vale actuar antes, sembrando diálogo, que después recoger después estas situaciones que nos hacen preguntarnos muchas cosas.


miércoles, 20 de abril de 2016

Sospechas y simplificaciones

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The Washington Post publicó ayer un artículo titulado "I used to be a flight attendant. Dealing with passengers’ racism is part of the job"*, firmado por Gillian Brockell, que, como se señala, vivió durante un tiempo una experiencia laboral como auxiliar de vuelo antes de dedicarse a los medios. Ahora es editora de vídeo en el periódico y ha aprovechado su antiguo trabajo, que le permitió ver mundo y salir de su ciudad mormona, para escribir este artículo en relación con la noticia circulante estos días de la expulsión de un avión de un joven árabe, estudiante en una universidad californiana, al que se le escuchó hablando árabe por teléfono. El "Inshallah", tradicional inserción en la conversación, puso muy nerviosa a la persona que lo escuchó y corrió a denunciar sus "sospechas" a los miembros de la tripulación.
Brockell se remite a su experiencia como asistente para señalar que aunque los pasajeros puedan sospechar de alguien (un tipo de problema inevitable), los profesionales que van en el vuelo tienen que reaccionar de otra manera (un segundo tipo de problema que sí puede ser evitado). Cuando escribe en el título "racism is part of the job" se refiere precisamente a eso. El papel del profesional es precisamente que los prejuicios, miedos, etc. que una persona pueda tener afecten a los demás pasajeros (especialmente al señalado con el dedo). Si el profesional se deja llevar por los prejuicios o miedos del que señala a otros como posibles terroristas, no cumple su función, que es una mezcla de psicología, investigación y mediación. Por eso Gillian Brockell advierte ya desde el título: «Our training taught us to take safety concerns seriously. It did not teach us to think Arabic is suspicious.»*
El diario Clarín —que titula "Lo expulsan de un avión por hablar en árabe"— lo cuenta así:

Según el estudiante, la mujer que estaba sentada frente a él en el avión comenzó a mirarlo fijamente. "En ese momento me dije `oh, espero que no diga nada de mí''', afirmó Makhzoomi.
El estudiante afirmó que un empleado de la aerolínea que hablaba árabe se presentó ante él, le pidió que bajara del avión y le preguntó por qué estuvo hablando en árabe.
Makhzoomi señaló que le dijo al empleado ``esto es lo que la islamofobia ha traído a este país''. Makhzoomi señaló que la respuesta disgustó al hombre y fue cuando se le indicó que no podría regresar al avión.
El FBI en Los Ángeles dijo en un comunicado que investigó la situación debido a una solicitud y determinó que no era necesario tomar más medidas.**


El joven estudiante se limitaba a hablar con su tío contándole lo emocionado que estaba por haber escuchado un discurso del secretario general de la ONU, pero eso no es lo que escuchaba o veía la señora que tenía enfrente, cuya mente se encontraba inmersa en un proceso de máxima alerta por el miedo. Antes la gente simplemente tenía miedo a los aviones; ahora se le suma el con quién se vuela. Hubo una época en que el lenguaje sospechoso era el español, especialmente si era con acento cubano, ya que hubo diversos secuestros aéreos —comenzaron en 1958— que ordenaban dirigirse hacia Cuba. ¿Cubanofobia?


El caso sorprende a la ex auxiliar de vuelo porque señala que el personal está entrenado para no realizar evaluaciones rápidas y cometer errores de este tipo. Escribe Gillian Brockell:

Flight attendants are trained extensively in evaluating suspicious behavior with videos, checklists, quizzes and drills. (And drills and drills and drills.) The training infuses you with an automatic paranoid vigilance that follows you forever and insists you take all threats seriously, as the cost of being wrong is too high. But nowhere does it recommend you accept a passenger’s assessment of a situation, and nowhere does it teach that speaking Arabic is cause for suspicion.*


Lo malo es que los libros y manuales tratan de introducir escenarios racionales, someten todo a protocolos y guías, mientras que la mente no se rige por la razón (¡gran invento!) más que de forma muy circunstancial. Lo hace mucho más por el interés (justificando lo que deseamos), por el miedo (atacando lo que puede producirnos daño), por la envidia (queremos lo de otros) o por el autoengaño (cuando lo verdadero no nos gusta). Lo peligroso es que estos impulsos no se nos hacen evidentes desde dentro y, por ejemplo, el miedo siempre nos parece justificado mientras estamos controlados por sus poderosas garras. Lo mismo ocurre con la envidia, que se disfraza de injusticia, etc. Cuando estamos fuera del efecto, todo nos parece ridículo o absurdo. Pero hasta entonces...

La profesionalidad de las personas encargadas es esencial. Brockell señala que los simulacros y entrenamientos son constantes. Ella describe situaciones en las que tuvo que enfrentarse a las sospechas de unos pasajeros respecto a otros y cómo lo primero que hizo fue observar y hablar con ellos para detectar reacciones que pudieran darle alguna pista sobre las intenciones reales del que ha sido señalado. En ocasiones las sospechas vienen del color de la piel simplemente; otras de una lengua o vestimenta desconocidas o de un paquete sospechoso. 
El racismo no necesita de la excusa del terrorismo pues se practica igualmente en tiempos más tranquilos. Es importante evaluar cada caso en sus términos porque, si no, se entremezclan, confunden y llevan a falsas soluciones, poco eficaces. No hay "asiento de atrás" en los aviones, por usar la analogía tradicional de los autobuses segregacionistas, donde sí representaban una muestra del racismo. Forma parte del trabajo diario del personal aéreo tratar con él para evitar que se produzca en los vuelos. Pero la sospecha se mete en el equipaje mental.

Hay un interesante texto taoísta, perteneciente al Lie Zi o Libro de la perfecta vacuidad, atribuido a Lie Yukou. Se titula La sospecha y es este:

Un hombre perdió su hacha; y sospechó del hijo de su vecino. Observó la manera de caminar del muchacho –exactamente como un ladrón. Observó la expresión del joven –idéntica a la de un ladrón. Observó su forma de hablar –igual a la de un ladrón. En fin, todos sus gestos y acciones lo denunciaban culpable de hurto.
Pero más tarde, encontró su hacha en un valle. Y después, cuando volvió a ver al hijo de su vecino, todos los gestos y acciones del muchacho le parecían muy diferentes de los de un ladrón.


Creo que el texto se acerca más a la verdad del comportamiento real que el de los protocolos y el de los discursos habituales. Cuando se vive en un clima general de desconfianza o miedo, todo pasa a ser sospechoso. Esta sospecha (y sus efectos) se ha agravado con la forma en que el yihadismo recluta a sus miembros dentro de los países a los que ataca. La sensación de que el peligro está alejado no despierta las defensas de la misma manera que cuando se percibe próximo. Esto es obvio y no requiere demasiada explicación. Lo que sí requiere es alguna forma de plantearse que los miedos y recelos no son racionales, sino altamente irracionales, por lo que los medios para combatirlos no son los que habitualmente se utilizan. Y eso afecta al terrorismo o al ébola, por ejemplo, que convierte en sospechosas a personas que han viajado a países afectados y de los que incluso los amigos pueden sentir cierta prevención antes de pasar al saludo. Somos así y si lo pensamientos son libres, como se dice, los miedos lo son más.
Hoy existe un clima de desconfianza y recelo generalizados. No es solo la cuestión de la "islamofobia" que a muchos les viene muy bien como concepto separador y de radicalización. Hay muchas otras formas de recelo respecto a otro tipo de cuestiones, empezando por los propios países árabes, que tienen también las suyas. Recuerdo el caso del periodista francés que se encontraba conversando de política en un café en El Cairo con unos estudiantes y que fue detenido por la denuncia de una señora que estaba en la mesa de al lado. La creencia en que todo son conspiraciones contra Egipto, alentada desde el gobierno y los políticos, acaba calando y uno ve conspiradores en cualquiera que venga de fuera.


El problema es que cuando la sospecha se generaliza y el miedo se apodera de nosotros los incidentes de este tipo se multiplican. Deja de verse lo que se tiene delante y se funciona desde los estereotipos más negativos, que son los que nos condicionan en nuestra interpretación de la realidad.
Tampoco es buena la forma en que muchos medios lo expresan que, además de buscar su lado espectacular, crean una simplificación de los fenómenos. Nunca se insistirá bastante en que el Periodismo se aleja de su función cuando renuncia a explicar y distorsiona los acontecimientos, etc. El titular de Clarín — "Lo expulsan de un avión por hablar en árabe"—, no es bueno. Expresado de esa forma (que se contradice con lo que después se explica) es simplista, que es lo contrario de lo que necesitamos. El periódico explica:

Makhzoomi señaló que le dijo al empleado ``esto es lo que la islamofobia ha traído a este país''. Makhzoomi señaló que la respuesta disgustó al hombre y fue cuando se le indicó que no podría regresar al avión.*

No se le "expulsó", entonces, por hablar árabe, como dice el titular. Eso fue lo que inició la sospecha de la otra pasajera. Por eso le extrañaba a Brockell y señalaba "It did not teach us to think Arabic is suspicious.* Si se transmite esa idea, se está creando una falsa sensación, que puede que a algunos interese, pero que no debe ser el que encabece una información periodística. Sin embargo, cada vez se ve más esta simplificación escandalosa sin pensar en los efectos que tiene.

Hay una creencia de que los hechos se explican por sí solos y eso un gran error. Los hechos son los que son, pero nosotros los engarzamos formando cadenas y series de acontecimientos, Puede que los haya desconectados, pero los que forman parte de situaciones complejas —como es el caso del avión— deben ser además de contados, explicados o interpretados en sus términos. No es hacer mejor periodismo cuando se renuncia a las explicaciones si dejamos que los errores los comentan otros con lo que les damos. Así solo se contribuye a la confusión.
En estos tiempos mediáticos es esencial comprender la naturaleza de los fenómenos para poder explicarlos. Los que se empeñan en construir un periodismo irresponsable no hacen sino contribuir con sus malas prácticas a la confusión general, con la que ya muchos cuentan como arma estratégica. La información construye nuestra visión del mundo y sobre ella se analizan las siguientes experiencias.
Como dice el texto taoísta del Libro de la perfecta vacuidad, la sospecha dirige la mente hacia el error y la confunde. Vemos lo que esperamos ver y bajo ese prisma lo interpretamos. Si la tensión crece, se cometerán más errores. Por eso es importante que los profesionales —de la aviación, de la información, de la seguridad...— sean capaces de no dejarse arrastrar al error por bien de todos.




* "I used to be a flight attendant. Dealing with passengers’ racism is part of the job" The Washington Post 19/04/2016 https://www.washingtonpost.com/posteverything/wp/2016/04/19/i-used-to-be-a-flight-attendant-dealing-with-passengers-racism-is-part-of-the-job/?hpid=hp_hp-cards_hp-card-posteverything%3Ahomepage%2Fcard
** "Lo expulsan de un avión por hablar en árabe" Clarín 18/04/2016 http://www.clarin.com/mundo/expulsan-avion-hablar-arabe_0_1561044090.html






domingo, 17 de enero de 2016

Hay destinos mejores, Charlie

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con la misma energía que dedicada a defender su existencia en nombre de la libertad de expresión, la revista Charlie Hebdo debe asumir el derecho a criticar su trabajo con toda la contundencia que se estime necesario por parte de aquellos que creen que se equivoca. Y yo lo creo.
Charlie Hebdo no es el faro intelectual de Occidente ni de las libertades. Es solo una luz más en un horizonte plural. Cuando se ha dicho "Yo soy Charlie Hebdo" no se ha querido decir "yo pienso como Charlie Hebdo" o "estoy de acuerdo con Charlie Hebdo", algo que hemos señalado varias veces. En ellos no se ha visto ese faro que algunos pretenden sino solo su derecho a no ser agredidos y asesinados por sus ideas. En la libertad de expresión que se reclamaba para ellos está inserta la que implica el derecho a expresar la discordancia con sus ideas, el derecho a criticarlas como ellos critican a los demás. El estilo con que se haga oscilará entre el insulto y la querella y definirá el grado de civilidad de quien lo haga, su mejor o peor estilo, su talante. No son héroes; solo víctimas de la intransigencia.
Charlie Hebdo puede ser víctima y hacer a otros víctimas de sus prejuicios. Haber sido atacada por unos pocos y defendidos por muchos no les hace más sabios. En todo caso, debería haberlos vuelto más responsables.


El uso de la imagen del niño Aylan,  muerto sobre las arenas de una playa turca mientras trataba de huir con su familia de Siria, para señalar que en el futuro, de no haber muerto, sería un acosador sexual en Alemania, es de una gran bajeza moral, de un pésimo gusto y una gran injusticia.
Lo es esencialmente por el hecho de que el niño muerto nunca llegará a serlo, algo que convierte al dibujo en una gran mentira predictiva. Se dirá que es un símbolo y que ese niño representa a los vivos, pero eso lo convierte en algo todavía peor. Lo convierte en un gigantesco e infame prejuicio racista y xenófobo, una versión de la declaración custeriana de que el único árabe bueno es el árabe muerto.
La función de la sátira era la reforma de las costumbres; esa era su justificación moral. En la caricatura de Charlie Hebdo no hay reforma sino una condena del presente en función de un futuro, por definición, inexistente. La forma de evitar ese futuro es que no pasen de esa playa, podría ser la lectura final. De no hacerse así, eso espera. Es una llamada a lo mismo que se defendió cuando les atacaron: a la intransigencia. 
Los que vivimos en un sistema de libertades podemos permitirnos el lujo olímpico de despreciar esa imagen y esas conclusiones. Entre el simple desprecio y la condena moral, que cada cual elija la fórmula que le apetezca. Los que la aplaudan, racistas y xenófobos, allá ellos.


Pero en aquellos espacios en los que algunos tratan de cambiar las cosas y mejorar sus sociedades, la cuestión se plantea de otra manera muy diferente. Ha suscitado desde defensas del "hombre árabe" ("In Defence of the Arab Man: An Egyptian Feminist in Germany", en Aswat Masriya, firmado por la activista egipcia Dina Wahba) a reescrituras gráficas, como la realizada por la reina Rania de Jordania en la que el niño muertos crece y se transforma en un médico. Ambas han sido recogidas en Egyptian Streets.


El episodio de la Nochevieja en Colonia ha conseguido ser manipulado por aquellos a los que les interesan estos sucesos, a los envenenadores de las relaciones y, por ello, destructores de un futuro mejor para todos que morir en una playa o ser encerrado en una cárcel del país de recepción.
Para los xenófobos europeos (o norteamericanos, dado el papel que juega el tema de los refugiados en la campaña electoral de los republicanos) es una forma de expresar el futuro de las agresiones como el caos. En Alemania se han disparado las ventas de espráis de pimienta. De ser los Estados Unidos, como ocurrió tras el atentado de la pareja en San Bernardino, serían las armas de fuego las que habrían elevado sus ventas. También los vendedores de miedo han aumentado sus beneficios políticos, como los grupos nacionalistas en distintos países que han usado estos acontecimientos en su beneficio: todo lo que viene de fuera es malo. Incluso países considerados tradicionalmente como progresistas, se han revelado como profundamente racistas, elevando barreras y tomando media. Comenzaron a crecer con la xenofobia con los emigrantes europeos y ahora la han trasladado con algunos mínimos retoques en el discurso del odio a los que llegan del mundo árabe. Antes eran antieuropeos; ahora son defensores de la lucha de civilizaciones y están muy preocupados por la identidad europea. ¡Paradojas dinámicas de la política!

La caricatura ha dejado felices a los múltiples enemigos de la libertad en los países árabes. Les demuestra una vez más que son indeseables, que no se les concede una posibilidad mínima de cambio, que sus luchas no tienen sentido y que deben aceptar su destino oscurantista
Es esto lo más peligroso de todo porque les resta la posibilidad de actuar en un escenario en el que defender la democracia les vale la acusación de occidentalistas, de gente pervertida por aquellos que les desprecian. ¡Más islam y menos democracia!, gritan los fundamentalistas, ¡menos constituciones y más Corán! Eso le gritan a los demócratas, laicos, a las feministas... ¡Cuantas más barreras mejor! ¡Rechazadlos, no permitáis que vayan con vosotros y se nos escapen!
Esos gritos los hemos escuchado ya y se repiten cada vez que Occidente cierra las puertas físicas e intelectuales, levanta fronteras y cierra diálogos con aquellos con los que es posible dialogar y a quienes se les niega la oportunidad de hacerlo al meterles a todos en el mismo saco del destino irrevocable. 
La caricatura del niño muerto es amplificada por el recuerdo intenso de la fotografía que conmovió a todos y fue interpretada de distintas maneras. Sin embargo, su caricatura solo puede serlo en una: rechazo. Las operaciones retóricas hacen que si una mayoría de personas apoyaron en su momento a la publicación al ser asesinados en atentado sus redactores y dibujantes, ahora se vea a todos ellos como responsables y apoyo de la nueva caricatura. No se entiende la sutileza de defender un principio aunque se desprecie el mal uso de él. Esas son distinciones muy occidentales, ejercicios mentales.


El acoso y abuso sexual es un mal en los países árabes, sin duda. Y sin duda debía venir con muchos de los que llegaban, que no son santos por el hecho de ser refugiados, sino un flujo de desplazados que vienen con los mismos pensamientos con los que salieron. Tanto los que defendían valores democráticos como a los que simplemente hacen algo tan humano como huir de la muerte.
Las medidas que se deben tomar son las necesarias para evitar que se repita lo de Colonia o cualquier otro lugar porque evidentemente la legalidad y la costumbre de donde se está deben ser respetadas, como lo deben estar en su propio territorio. Uno de los mayores reparos morales ante la caricatura de Charlie Hebdo es que considera que el acoso sexual es una costumbre y no una forma de agresión en sus propios escenarios. De alguna forma implica un hacedlo allí de donde venís, que es absolutamente inmoral en su planteamiento.
No es fácil pensar en un mundo global; mucho menos actuar en él, tomar decisiones. Lo que hacemos y decimos tiene una amplificación inmediata y una respuesta. Creer que Europa puede levantar barreras físicas como para evitar los efectos de los conflictos que están en nuestras puertas es ilusorio. Y suicida en muchos aspectos.


¿Están en la Europa que queremos para el futuro el racismo y la xenofobia como principios rectores de nuestra identidad o preferimos otro tipo de descripción de nosotros mismos? No hay que caer en complejos y defender otra visión de lo que pueden ser las relaciones en un mundo cambiante. Los males del mundo árabe son conocidos y padecidos por ellos mismos. Pero si los hacemos extensivos a su propia identidad no hacemos sino reforzar las distancias y debilitar a los que quieren salir de sus condiciones negativas. Por eso se hicieron las revoluciones, para intentar cambiar algo. Hacia dónde es la lucha que se sigue desarrollando y en la que podemos y debemos participar de otra manera, no solo condenando desde el exterior.


Aquí llevamos años escribiendo sobre los problemas del acoso sexual en países como Egipto. No nos sorprende lo sucedido en Colonia. Pero también sabemos que hay muchos miles de hombres y mujeres comprometidos con cambiarlo en sus países, que se enfrentan a la indiferencia de las autoridades pero que no por ello han dejado de crecer y luchar por mejorar sus países. La caricatura condena sus esfuerzos porque viene a considerar el acoso una especie de destino ineludible que solo puede ser detenido por la muerte en las arenas turcas.
No, Charlie Hebdo no tiene razón. No voy a negar su derecho a pensar como quieran, pero nadie va a negar el mío a decir que creo que se equivocan en el fondo y en las formas. Prefiero pensar que hay niños que se pueden salvar de ese ambiente que les anima a hacerlo.
Es evidente que Europa no está preparada para recibir un flujo de refugiados y emigrantes en estas cantidades. No me refiero en el terreno económico o de alojamiento, sino en la forma de pensar estos fenómenos reales. La situación de millones de personas ya no es algo que se ve en las noticias sino algo que nos llega hasta las mismas puertas y nos muestra la urgencia de encontrar soluciones ante un conflicto de una enorme crueldad y una duración excesiva en el tiempo.


Es dudoso que lo que están intentando los países de la zona, comandados por Arabia Saudí, sirva para algo en este contexto actual. No les preocupa tanto la resolución del problema como lo que nos hemos habituado a llamar el poder o la influencia en la zona. No se trata de otra cosa. Por eso no hay posibles acuerdos a la vista y habrá que presionar mucho para que se resuelva de una manera que satisfaga a alguien. ¿Qué significa paz allí? ¿Qué significa paz con tres guerras superpuestas: la turco-kurda, la de los rebeldes y el Estado Islámico contra el régimen de Al-Assad, y la de Occidente contra el Estado Islámico? ¿Qué significa paz con Turquía, Irán, Arabia Saudí, Rusia, Estados Unidos... queriendo controlar lo que salga de allí?


Lo que sí es evidente es que el conflicto no se va a solucionar por una cuestión humanitaria que conmueva los corazones de los que van a luchar allí o de los que defienden un régimen matando a sus propios paisanos. Esos corazones hace mucho tiempo que están secos; hace mucho que dejó de importarles el destino de los que sufren el castigo de su crueldad. ¿Qué paz puede salir de allí masacre tras masacre, día tras día acumulando odio?

Por eso es importante gestionar bien el exilio de los refugiados, separa el trigo de la paja. No encerrarles en un destino oscuro a los que salen de la oscuridad cruel y absoluta. No, Charlie Hebdo no tiene razón porque si la hubiera no habría futuro para nadie. Dejemos al menos un resquicio de esperanza de cambio pensando que hay muchos millones de personas que quieren, que desean destinos mejores para sus pueblos que los actuales, que desean salir de los vicios y violencia que padecen y mejorar sus países. Debería haber para ellos —para todos— un destino que mejor que acabar muertos en una playa.