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jueves, 18 de junio de 2015

Quién soy yo y por qué dicen esas cosas de mí

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La cuestión planteada por Rachel Dolezal al decir que "ella es negra" —aunque eso le haga sentir mal a sus padres, que son de otra generación, por decirlo así, y la postmodernidad les pilla más lejos— está agitando los debates en los medios norteamericanos. 
Lo que empezó en tono de broma y burla, está sirviendo para sacar a la luz el que parece ser —tras la identidad sexual— la última frontera de los tabús, el de la "raza". 
La cuestión saltó también a The New York Times, tras los artículos que se publicaron en The Washington Post. El periódico le ha dedicado su espacio denominado "Room for Debate", en el que diversos especialistas en el caso —o al menos, gente que tiene algo que decir— intervienen señalando sus posturas. La "Introducción" que The New York Times realiza es la siguiente:

It’s been a busy month for exploring boundaries of identity. Should Emma Stone play an Asian character in the movie “Hawaii?” Is Caitlyn Jenner a “real” woman? Did Rachel Dolezal commit racial fraud? The chatter accompanying these examples underscores a fundamental suspicion of personal ambiguity.
Meanwhile, multiracial couplings and births are at an all time high. People may view themselves as multiracial, monoracial or they change their identity over time. How fluid is racial identity, and where will we be in 50 years?*


Puede que una sociedad tan variada como la norteamericana agradezca a Dolezal la posibilidad del debate más allá de la indignación de unos o la burla de otros. La decisión de una artista y activista de decir "no entender el sentido de la pregunta" cuando se le pidió explicaciones sobre si era "negra", ha dejado abiertas una serie de cuestiones e incluso ha introducido un concepto interesante que queda recogido en la presentación del periódico "racial fraud". ¿Qué es un "fraude racial"? La "raza" misma es una "invención" que los científicos consideran de "andar por casa" y la "pureza" de esa razas es un "deseo", fuertemente marcado por la voluntad política de segregación, es decir, por mantener a toda costa la separación defendiendo los privilegios. Pero lo científico no es lo social, que se arrastra históricamente y solo cambia con las mentalidades.

Los expertos en la "Room for Debate" —cuyo título general es "How Fluid Is Racial Identity?"— parecen estar de acuerdo en el carácter "social constructivo" de la raza, es decir, en el predominio de lo cultural. La raza es un constructo que define una serie de posiciones, posibilidades y privilegios históricamente. También implica relaciones de "poder", como bien sabe una sociedad que vivió la esclavitud intensamente y la discriminación; como bien sabe también una sociedad que ha vivido recientemente levantamientos populares por los casos de muertes de jóvenes negros a manos de una policía que asume que la raza conlleva peligros expresos en cada caso.
La "raza" no es una cuestión exterior, de apariencia. Y esto para mí es determinante en este caso. En aplicación de las propias leyes, bastaba con demostrar que se tenía "sangre negra" en cualquier proporción para que esa persona quedara legal y administrativamente clasificada como "negra", es decir, la "raza" que se consideraba "inferior". Era una forma, entre otras cosas, de eliminar los derechos que pudieran tener los hijos frutos de violaciones de las esclavas y criadas negras, la mayor fuente de mestizaje en los Estados Unidos y aquellos lugares en los que existía la esclavitud. Con los judíos pasó igual en Europa; una "gota de sangre" judía te convertía en judío. La pureza de los "cuatro costados" era la que garantizaba los derechos y te liberaba de la marginación o de las leyes especiales. La mezcla de razas, como dicen los "intelectuales" de la foto bajo estás palabras, "es comunismo".


Mark Twain trató un caso interesante en su "Wilson el chiflado", el caso de los niños cambiados al nacer. La niñera negra cambia el destino de su hijo convirtiéndolo en "blanco" al cambiarlo con el niño recién nacido en la casa en la que sirve. Su apariencia blanca no le salva de su destino final al saberse que es "negro" por nacimiento por blanca que sea su piel. Boris Vian escribió una novela tremenda del caso contrario: el negro de apariencia blanca que se dedica a vengarse de todos los racistas que desconocen que él es negro. La tituló expresivamente "Escupiré sobre vuestra tumba".
Entre las distintas opciones que se barajan en la "sala de debates", parece que mayoritariamente se decantan por el carácter "cultural" de la "raza". Mark Hugo Lopez, por ejemplo, señala:

The U.S. Hispanic community’s views of identity are changing, as they have been for decades. Forty years ago, that term — “Hispanic” — was proposed to group people of Mexican, Puerto Rican, Cuban and other Latin American ancestry in government statistics. No one had even heard of “Latino” back then.
But today, while both terms are widely used, Pew Research Center surveys show that Hispanics prefer to identify themselves with terms of nationality (Mexican or Cuban or Dominican) rather than pan-ethnic monikers (Hispanic or Latino or even American).**


La identidad se establece más por aquello que está sujeto a la costumbre o tradición, es decir, las raíces, que en lo aparentemente biológico de la "raza". Tiene una ventaja añadida en el contexto norteamericano, tan variado en sus procedencias. Los países de origen son también de gran mezcla y diversidad, pero al llegar constituyen una identidad, la "mexicana", "puertorriqueña" o "cubana", si así desean hacerlo. Si la identidad de las raíces culturales se rechaza en favor de criterios de "raza" entonces estamos ante un claro indicador de racismo.
La cuestión de las identidades "fuertes" tiene el peligro, ya sea por la "raza" o la "nacionalidad" de convertirse en una forma de diferenciación que acaba siendo una forma de discriminación. Cualquier elemento que defina a un grupo puede convertirse en elemento agresivo contra otros. Y eso es un problema de nuestra forma agresiva y defensiva de sociabilidad. Da igual que uno se pelee por la "raza" o la "nación". Una pelea no es mejor que otra. Si se ven como formas de discriminación y agresión, todas tienen sus peligros.
En el debate de The New York Times, Angela Onwuachi-Willig, profesora de Derecho, es muy clara:

Race is not biological. It is a social construct. There is no gene or cluster of genes common to all blacks or all whites. Were race “real” in the genetic sense, racial classifications for individuals would remain constant across boundaries. Yet, a person who could be categorized as black in the United States might be considered white in Brazil or colored in South Africa.***


Lo que ha hecho Rachel Dolezal, como bien señalaba en The New York Times, es abrir involuntariamente un debate no sobre la cuestión de las "razas" en sí, que como dijimos, no se plantea, sino sobre los límites de la decisión del individuo frente al grupo. Lo que está encima de la mesa es la capacidad para identificarnos con culturas, problemas o reivindicaciones ajenas a las asignadas. Comentábamos el otro día el caso del músico Mezz Mezzrow, que se declaró "negro voluntario" y pidió, cuando lo llevaron a la cárcel, que lo encerraran junto a sus compañeros de color.
Dolezal ha suscitado las iras de las dos comunidades. En ambas se burlan de ella, aunque sea por motivos distintos. Pero esto sirve para poner en evidencia tanto a unos como a otros en su fondo de intransigencia. Cuando ella denunció, en 2002, a la Universidad de Howard —llamada la Harvard negra— por discriminarla por ser blanca, estaba poniendo sobre la mesa una cuestión que estalla ahora. Otros, de ambas comunidades, defiende su derecho a "definirse", que es siempre un acto ante los demás. Ella puede sentirse como desee y se sienta más feliz, si es lo que quiere. La cuestión no está en ella y sus razones o sentimientos, sino en cómo lo perciben y sus reacciones. La cuestión es la "objetividad" de la "raza", si es destino o elección en términos de vida social.


En la novela de Harper Lee Matar un ruiseñor, Scottie también se encontró con un "negro voluntario", para aquel entonces lo más bajo que podía caer un "blanco". El hombre confiesa que era la forma de poder vivir su vida, ya que a nadie le importaba ya. "Amigo de los negros" era un insulto frecuente. Hoy los tiempos son otros, aunque nunca las aguas estén claras y tranquilas.
Es bueno el debate y quizá dentro de algunos años, no sé cuántos, se recuerde el caso de Rachel Dolezal y sus efectos clarificadores. Vivimos en tiempos en los que se tiende a manipular las emociones alrededor de los sentimientos básicos. Crecen el racismo, el fanatismo religioso y el nacionalismo como fuerzas violentas. El hecho de que existan personas que no se consideran determinadas por esas circunstancias, que son ajenas a su intervención, me parece que no es mal síntoma. Otra cosa sería, si Dolezal, una vez hecho el cambio, se volviera racista e intransigente hacia los demás, paradoja no demasiado alejada de algunas situaciones en la vida. Un racismo puede llevar a otro como movimiento pendular. Cuando termino de escribir esto, una noticia salta en las portadas: el asesinato de nueve personas en un ataque a una iglesia afroamericana en Charleston, Carolina del Sur. Lo han definido como un "crimen de odio".
El problema no es Rachel Dolezal.



* "How Fluid Is Racial Identity?" Room for Debate The New York Times 17/06/2015 http://www.nytimes.com/roomfordebate/2015/06/16/how-fluid-is-racial-identity?
** "Hispanic and Latino Identity Is Changing" The New York Times 17/06/2015 http://www.nytimes.com/roomfordebate/2015/06/16/how-fluid-is-racial-identity/hispanic-and-latino-identity-is-disappearing
*** "Race and Racial Identity Are Social Constructs" The New York Times 17/06/2015 http://www.nytimes.com/roomfordebate/2015/06/16/how-fluid-is-racial-identity/race-and-racial-identity-are-social-constructs






martes, 27 de agosto de 2013

Aguas separadas o lo importante es no discriminar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Erdogan está lanzado. El primer ministro turco acumula conflictos cuya consecuencia más evidente —lo señalan con insistencia muchos medios— será la perdida de posibilidades para ser que Estambul sea la sede de los Juegos Olímpicos, algo que se verá en unos pocos días.
Me imagino que lo que está ocurriendo en la Rusia de Putin con los próximos Juegos Olímpicos de Invierno, con la Ley anti gay y demás medidas discriminadoras, también estará pesando en el ánimo de los que tengan que tomar la decisión final entre las tres ciudades en liza, Estambul, Tokio y Madrid.
La ola de protestas y llamadas al boicot internacional a Rusia se han visto agravadas hoy por los avisos de las asociaciones de Derechos Humanos de  que se acaban de aprobar leyes restrictivas para evitar que se puedan producir manifestaciones en las zonas de los Juegos. El olimpismo deja de ser una fiesta de convivencia y convierte el espacio en el que tiene lugar en una especie de zona carcelaria para evitar que nadie se manifieste.


El autoritarismo de Putin convierte lo que debe ser un festejo universal del deporte y la convivencia en un triste escenario de amenazas y restricciones. Amnistía Internacional en Rusia ha denunciado la pérdida de Derechos de los ciudadanos que vivan en las zonas olímpicas. Putin se ha justificado en alarmas terroristas, pero una cosa es la seguridad y otra el recorte de derechos. El argumento de la seguridad empieza a estar muy manido.
Las alarmas respecto a la candidatura de Estambul para los Juegos están sonando también por la actitud de Erdogan. La reciente aprobación de una legislación para evitar las manifestaciones, cantos, etc., de tipo político en los estadios de fútbol pretende silenciar las crecientes protestas contra sus maneras en Turquía. Pero Erdogan va más allá de las protestas circunstanciales.


El diario El Mundo recogía ayer, bajo el sugerente título "Sueño olímpico de sexos separados", algunas ideas de Erdogan:

El primer ministro de Turquía sigue empecinado en obtener para Estambul la candidatura de los Juegos Olímpicos 2020. Pero, al mismo tiempo, quiere imponer el pudor que sus creencias religiosas dictan en todas las esferas sociales, también en la deportiva. Así, acaba de prometer a los ciudadanos de Rize, ciudad norteña y cuna del líder político, la construcción de dos piscinas aptas para las competiciones olímpicas: una para hombres y otra para mujeres.
"A partir de ahora aquí no habrá sólo fútbol", arrancó Recep Tayyip Erdogan, el domingo pasado, ante una muchedumbre enfervorecida. "Si Dios quiere, habrá baloncesto, canoa y natación", prosiguió el 'premier' turco, luciendo la bufanda del Rizespor, equipo de fútbol recién ascendido a la primera liga nacional. Paradójicamente, el Gobierno acaba de prohibir los eslóganes políticos en las gradas de los estadios a fin de evitar la politización e ideologización del deporte, según sus promotores.
El jefe de Gabinete, del islámico Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP), remató su discurso dominical con una promesa insólita. "Construiremos una piscina para mujeres y otra para hombres. Y, de esta manera, la juventud de Rize se alejará de las malas costumbres", anunció pomposo. Esta última frase tiene su precedente en marzo pasado, cuando Erdogan justificó la nueva y restrictiva ley sobre el alcohol asegurando: "No queremos una juventud que se pille cogorzas diariamente".*



Puede que Dios quiera que haya "baloncesto, canoa y natación" en su pueblo, pero tengo mis dudas sobre que quiera dos piscinas para mantener a la gente alejada unos de otros. La sociedad perfecta que los islamistas, estén donde estén, tienen en mente acaba saliendo a flote. El sueño de piscinas separadas encaja en esa perfección puritana a la que los demás se deben plegar porque están poseídos por la verdad y siempre tienen el "voto de calidad" divino. En el caso de que las piscinas separadas crearan problemas, como muestra una caricatura turca de Erdogan, podrían ser sustituidas por refrescantes manguerazos en calles y plazas. Ya les ha dicho a sus ciudadanos que no consentirá que sus plazas se conviertan en versiones de Tahrir. Y hace lo posible por que así sea.
La posibilidad de unos Juegos Olímpicos en un territorio autoritario y excluyente, segregado,  con limitaciones a la convivencia de las personas, incluso en el agua, estará asustando al Comité Olímpico. La contestación de la propia sociedad turca, poco a poco tomada por el islamismo, irá creciendo y se alimentará con ejemplos como los de Egipto o Túnez, los lugares en los que han plantado cara a la fórmula islamista.



En Egipto, el ánimo anti Erdogan se ha disparado por su apoyo expreso al gobierno de Mursi y los distintos movimientos que ha realizado para el regreso del ex presidente al poder. Nadie ha ido más allá de Erdogan en su furia contra el derrocamiento de su presidente gemelo. Esto ha creado un intenso sentimiento popular de rechazo centrados en el primer ministro turco. El diario Egypt Independent recoge los problemas empresariales desatados en ambos países por las críticas y ataques turcos al proceso abierto en Egipto:

The Egyptian-Turkish Business Council said Turkish businessmen with businesses in Egypt will pressure the Turkish government to take less stringent stances against Egypt and consider their common economic interests with Egypt.                                   
Ties between Cairo and Ankara have deteriorated since the ousting of ex-President Mohamed Morsy by armed forces in July following mass rallies. Turkey is a main opponent of Morsy’s ouster. The two countries summoned their ambassadors after a media war between their officials. They also canceled joint naval training that was slated for October.**


Más allá de la llamada oficial a los embajadores o de las suspensiones de actividades conjuntas, a muchos egipcios no les ha sentado bien ver la manifestaciones organizadas en las dos principales ciudades turcas, Estambul y Ankara, a favor de los islamistas, orquestadas por el partido de Erdogan, compañero de viaje del islamista Partido de la Justicia y la Libertad egipcio. Con Morsi fuera de juego y Túnez en retirada, Erdogan no solo ataca allí donde el islamismo entra en crisis, sino que se siente en la obligación de asumir el liderazgo conjunto, algo que no ha servido de nada, en todo caso para empeorar, como casi la mayor parte de los exabruptos que lanza.

El medio oficial egipcio Al-Ahram es mucho más explícito en la manifestación del rechazo social. Acusa a Turquía de haberse dedicado a difundir las versiones de los acontecimiento de Al-Jazeera y la CNN —con mala imagen hoy por lo que entienden como apoyo explícito al gobierno de Mursi y la Hermandad— y a organizar manifestaciones en sus ciudades, además del hecho —mucho más grave, dicen— de insultar al Ejército. Los últimos ataques se han dirigido contra el Gran Mufti de Egipto y el Imam del Al-Azhar, dos personalidades que representan instituciones esenciales en la vida pública de Egipto y del mundo islámico, algo que no le perdonarán fácilmente los egipcios. Señalan en Al-Ahram:

As a result, the Egyptian people have begun to air their anger at Ankara, having already begun to question Turkish Prime Minister Recep Tayyip Erdogan’s democratic credentials when he unleashed a police crackdown against peaceful environmental rights protesters in Istanbul’s Gezi Park earlier this year.
However, they could never have imagined that Erdogan would be arrogant enough to cast himself as an Ottoman caliph wearing a Western suit and tie. But Erdogan has set his government and its media squarely against the will of the Egyptian people, as voiced in the revolutionary waves of the 30 June Revolution, and this has opened their eyes to the true character of the government in Ankara.
The admiration that many Egyptians felt for the beautiful expanses of Anatolia and the elegance of its cities until just a month and a half ago has now turned into something akin to revulsion. The anger has homed in on a single person, Erdogan, but it has also been expressed by the Egyptian public’s switching off the Turkish television serials that it was once addicted to and increasingly boycotting products made in Turkey.***


En esta ejemplar pieza de retórica oficial, se recuerdan amores y se confirman odios centrados, como se puede apreciar, en la figura de Erdogan al que se llama sin tapujos "califa otomano". Basta con recordar hasta dónde llegó el imperio otomano para entender que el retrato va al fondo de las heridas históricas.
La guerra de boicots comerciales y mediáticos ha comenzado. Si los egipcios, en su irritación, han comenzado a prescindir de las series turcas, el nivel de tensión es elevado, dada la pasión televisiva de los egipcios y el esfuerzo de desengancharse a los culebrones.

Son demasiados frentes los que tiene abiertos Recep Tayyip Erdogan para llegar a conseguir su objetivo olímpico, que siempre va emparejado al reconocimiento internacional. El olimpismo es una mezcla de negocio, sudor y sonrisas para el que este mal clima no es bueno. No solo porque te pueda granjear enemigos en las votaciones decisivas, sino porque se resiente el negocio conjunto ante las perspectivas de lo que pueda ocurrir que enturbie el desarrollo de los Juegos.
El Olimpismo se enfrenta a varios retos serios con sus próximas convocatorias: Rusia los de invierno y los de Río de Janeiro. Pero la cuestión no es tanto la "protesta" como el sentido de las protestas. Lo que Putin hará en Rusia, anulación de derechos civiles de los ciudadanos, va más allá de una conflictiva situación económica en un momento dado. Lo de Erdogan tampoco tiene nada que ver con la situación económica, sino con una mente sectaria y autoritaria. Las prohibiciones de manifestaciones o la forma de tratarlas cuando se producen así lo muestran, como los periodistas encarcelados, de los que Turquía tiene el récord.

Su deseo de hacer piscinas separadas y de mantener alejada a la gente de las "malas costumbres", como él dice, pasan por su definición de lo que son las "buenas costumbres", las únicas posibles. Ya ha tomado medidas en los últimos tiempos, cuando se siente más seguro, contra el alcohol o la segregación en otros ámbitos, de lo que ha dado cuenta la prensa turca con regularidad. El temor ahora es que Erdogan comience a tomar medidas para que la "realidad" se asemeje lo más posible a su visión de lo que es el "orden" perfecto, incluidas las piscinas pecaminosas, de cara a evitar que exista contestación aprovechando el marco olímpico, como Rusia, y vaya más allá en cumplimiento de su ideario islamista sobre lo permisible.
No sé si Recep Tayyip Erdogan estará en el poder cuando se celebren las Olimpiadas que hoy se debaten, pero lo importante es que él se imagina que sí. Quizá los turcos opinen otra cosa y hayan dirigido sus vidas hacia caminos menos restrictivos para ellos y más amigables para con los demás; quizá no tengan ya un dirigente que vive en estado constante de amenaza en cuanto que se le lleva la contraria dentro y fuera del país; un dirigente que echa la culpa de todo lo que allí ocurre a Internet, los medios o las conspiraciones que se tejen en contra de su visión de la sociedad perfecta.
El diario El Mundo termina su información sobre las aplaudidas piscinas separadas señalando que es una "medida sin precedentes" en el camino turco a la perfección:

Sin embargo, la separación acuática de sexos sí ha visto otros experimentos similares. En las playas de Kocaeli, bañada por el mar de Mármara, el ayuntamiento colocó tablones de madera para delimitar una zona para el ocio femenino y otra para el masculino. La polémica desatada acabó cuando un temporal derribó la instalación municipal. En Sariyer, Estambul, la playa de Altinkum ofrece un rincón donde, previo pago, las mujeres pueden disfrutar del sol o darse un baño lejos de las miradas del sexo opuesto.*


Puede que, de aquí a las Olimpiadas en liza, le llegue a Erdogan un temporal que, como ocurrió en la ciudad de Kocaeli, barra las separaciones playeras y sus equivalentes en otros ámbitos sociales de la vida turca. El sueño de las piscinas separadas, de un mundo segregado, no es bueno en sí mismo por más que sea el ideal de Erdogan y los que piensa como él.
La trampa rusa en la que se ha metido el olimpismo, presionado cada vez más por las organizaciones de Derechos para que se boicoteen los Juegos de invierno, muestran que los criterios electivos deben ser otros para el futuro y que no se deben apoyar celebraciones allí donde no se cumplan ciertos requisitos que pueden agravar la situación de las personas —restricción de derechos— antes que mejorarla.
Habría que modificar el famoso lema del olimpismo, "lo importante es participar" y convertirlo en "lo importante es no discriminar" ni por sexo ni por sexualidad, ni por ambas cosas. La idea de que el deporte rompía barreras, traía el progreso, la modernización, etc., se ha transformado en la triste realidad del deporte quebrando derechos o imponiendo voluntades. Y no debe ser así.
En unos días veremos el resultado.

* "Sueño olímpico de sexos separados" El Mundo 26/08/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/08/26/internacional/1377524402.html
** "Businessmen pressure Turkey to shift Egypt stance" Egypt Independent 26/08/2013 http://www.egyptindependent.com/news/businessmen-pressure-turkey-shift-egypt-stance

*** "Turning against Turkey" Al-Ahram Weekly 21/08/2013 http://weekly.ahram.org.eg/News/3802/17/Turning-against-Turkey.aspx