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miércoles, 22 de octubre de 2025

Pantallas y sus efectos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nos lo repiten continuamente, pero hacemos poco caso. Nos advierten de los efectos nocivos de las pantallas en los niños. La edad en que se les da una es cada vez más temprana y entra ya en momentos en que tienen efectos que comenzamos a atisbar, como es en el lenguaje y en la comunicación, dos sectores básicos e interrelacionados profundamente, El lenguaje nos permite decirnos internamente y modelar el mundo que nos rodea, hacerlo compresible y ordenado. No solo introducimos el lenguaje en nuestra mente modelándola, sino que este nos permite la acción socializadora a través de la comunicación con los otros donde no solo aprendemos a transmitir y recibir conocimientos, sino a desarrollar la afectividad, a comprender a los otros y a relacionarnos con ellos. Todo ello se ve afectado por el uso temprano de las pantallas. Frustramos lo que miles de años de evolución han desarrollado, el momento en que damos el salto de animal a especie humana. Los seres humanos nacemos profundamente inmaduros porque al nacimiento le sigue un largo periodo de formación exterior en la que nuestro cerebro necesita interactuar, recibid información que modele nuestra personalidad, nuestros conocimientos necesarios y nuestros afectos, la vida social y emocional.

Todo esto se ve alterados por el uso temprano de las pantallas, que centrar nuestra atención en el dispositivo y dejamos de interactuar con otras personas en unos momentos clave, esenciales para nuestra formación y marcarán nuestro yo en formación, individualmente y socialmente.

La pantalla es un problema que altera lo que la Naturaleza ha programado durante milenios, Responsabilizamos a las pantallas, pero eso es como condenar a una pistola por el crimen cometido por un asesino.

En el diario El País, Jorge Marzo Arauzo firma hoy mismo un artículo titulado * "¿Está afectando el uso de pantallas al desarrollo del lenguaje en los niños?", al que le sigue la siguiente entradilla: "El uso diario de dispositivos electrónicos puede dificultar que los pequeños entre 12 y 36 meses aprendan a hablar correctamente por la falta de comunicación e interacción con las personas cara a cara".

En el inicio del texto se nos muestra la opinión de expertos en el desarrollo del lenguaje en los siguientes términos:

La llegada y, sobre todo, la implantación de las pantallas en los hogares con niños en el día a día ha supuesto un cambio en cuanto a cómo los pequeños interactúan con otras personas y, en consecuencia, cómo es su desarrollo del lenguaje. Al poder llegar a pasar varias horas delante de las pantallas, ya sean móviles o televisiones, el desarrollo del aprendizaje nativo se puede mermar y no evolucionar de manera óptima. “El hecho de tenerlas hace que el menor esté separado de sus cuidadores. Esto puede afectar a toda la parte de protoconversaciones —interacciones preverbales— que se tienen que desarrollar, como la atención conjunta o la reciprocidad entre el bebé y el cuidador”, expone Jenifer Andreu, psicóloga sanitaria.

Los cambios en los hábitos de vida de las personas derivados de la pandemia también pueden haber afectado a que el desarrollo del lenguaje en los niños haya disminuido. “De unos años para acá ha habido un incremento en casos de niños con inmadurez o alteración en los trastornos del sonido del habla. Creo que como tenemos menos tiempo para pasar con ellos, todo el estrés se traduce en alteraciones del lenguaje”, alerta Zayda Castro, directora clínica del centro de logopedia Senza, en Madrid.*


Esto, que se puede percibir inmediatamente por observación, es, sin embargo, una barrera del desarrollo, un muro contra una normalidad que va siendo más extraña porque esos hoy adultos fueron ya niños criados entre pantallas. Es la segunda generación con una pantalla en las manos.

Responsabilizar a las pantallas es un ejercicio de hipocresía porque son los adultos los que les dejan las pantallas para poder mantenerse en las suyas sin "distracciones". En mis recorrido de calle distingo a los adultos que no interactúan con sus hijos, aburridos en cochecitos guiados con una sola mano porque la otra está ocupada con su teléfono, de aquellos otros que interactúan con sus hijos, les hablan y expresan con sus caras las reacciones que los niños esperan recibir.

El panorama mayoritario es ver cómo esos adultos no diferencian entre pasear a sus hijos y pasear al perro. Aquello de lanzar la pelota al perro y jugar con él se ha visto tan reducido como en el caso de los niños. Tiran de la correa mientras el perro, aburrido, espera algún gesto de su aburrido amo pegado al teléfono.

Ayer vi a cuatro adolescentes que iba en dos parejas. Cada uno de ellos miraba su teléfono mientras caminaban. Eran un grupo, sí, pero un grupo de cuatro personas aisladas en sí mismas, que lo más que llegan a hacer es mostrarse alguna novedad en sus teléfonos para volver inmediatamente a ellos. No saben comunicarse entre ellos; se agrupan y poco más.

Son los hijos de esos adultos que ya plantean problemas de comunicación y dejaron móviles a sus hijos para que no les molestaran en su día a día telefónico, absortos en sus pantallas, Cuando se plantea, como ya han hecho diferentes países, evitar los teléfonos en los colegios se evita entrar en el conflicto de que son las familias las que les compran los móviles.

Me fijo cuando veo esas madres y padres con cara inexpresiva de quienes los niños esperan algún tipo de interacción, algo para alimentar su cerebro con una situación que les permita crecer, madurar, avanzar en la adquisición del lenguaje, aprender a manejarlo y con él mejorar su sociabilidad. Hace algunos días me asustó ver la cara de una madre ante su hijo en el autobús. Le daba un biberón. El niño la miraba esperando un gesto. No consiguió nada, Guardó el biberón cuando terminó y sacó su teléfono.

Todo esto tiene sus efectos. Se nos dice en el texto citado:

“Vemos muchos niños con alteraciones a nivel de atención. Cuando quieres trabajar el lenguaje con ellos, se les ve muy dispersos”, prosigue Castro. “Y también vemos alteraciones visuales, como inmadurez en el movimiento sacádico del ojo para iniciar la lectoescritura; físicas, porque estar sentados todo el día puede llevar a obesidad; y de sueño, porque si usan mucho la pantalla puede acarrear problemas de insomnio”, advierte.

Un estudio publicado en 2024 en Jama Pediatrics, titulado Tiempo frente a la pantalla y conversación entre padres e hijos cuando los niños tienen entre 12 y 36 meses, reveló que a mayor tiempo frente a pantallas en esos rangos de edad, menor es la cantidad de palabras que oyen y producen. Además, según el informe, también disminuye la frecuencia de las interacciones verbales con los padres, y esto puede afectar al desarrollo del lenguaje en los primeros años. En otro análisis publicado en la revista científica Clinical Epidemiology and Global Health en 2024, titulado ¿El tiempo que pasan los niños frente a una pantalla afecta a su desarrollo lingüístico?, estudiaron el efecto del tiempo frente a la pantalla en el desarrollo del lenguaje en niños menores de 12 años. La conclusión a la que llegaron fue que, en la mayoría de casos, el uso excesivo de pantallas se asocia con un impacto negativo en la adquisición del lenguaje, y esto se agrava cuando hay poca interacción con adultos.

Pese a que se nos advierte por todas partes, uno de los efectos de esta incomunicación es precisamente la exposición selectiva a aquello que interesa, mientras que se obvia todo aquello que nos incomode.

Hay un factor económico en lo que se ha dado en llamar "capitalismo digital" y en la "economía de la atención". Estas personas viven en un entorno burbuja cuya puerta de entrada es la pantalla. Son consumidores de información en una sociedad que la ha convertido en ganancia. Hay resistencias importantes para ser restringida. Se trata de fabricar adictos a los que se pueda llegar fácilmente a lo largo de la vida. El problema grave son la consecuencia: violencia por incapacidad comunicativa, irritabilidad constante, problemas para empatizar, etc. Pero eso a ellos les da igual. Se trata de estimular el consumo de información, que se convierte en beneficio económico, y nos lleva al consumo a secas.


De poco sirven los expertos o los apuntes en los medios. De poco vale que avancemos en la comprensión de las "neuronas espejo" y de su papel esencial en el aprendizaje mediante la interacción con otros, de su papel en la adquisición del lenguaje, etc.

El artículo se cierra con este párrafo:

Andreu añade que los padres deberían reducir el uso de móviles enfrente de sus hijos: “¿Cómo le puedes decir al niño que no lo haga, si lo hacen sus modelos? Además, se podría tener en casa una zona y unas horas libres de pantallas y que sean el momento de interacción, comunicación y donde más se desarrolla el lenguaje”.*

 Es mucho pedir a estos padres que no contaban con que sus hijos requerirían atención o creían que podrían controlar su uso de las pantallas propias. Hace falta mucho más que estos esporádicos intentos de vencer ese hábito que nos crean las pantallas. Todo está diseñado para convertirnos en adictos a las pantallas. Es una lucha feroz por mantenernos quietos ante ellas. Se desarrollan técnicas comunicativas para hacer adictivos los mensajes; para ello se recogen o financian las investigaciones en neurociencias y otros campos.

Estamos entendiendo mal el problema. Seguimos pensando en términos de separación de niños y adultos, cuando hay que hacerlo en términos sistémicos, de interacciones. Los niños serán adultos y los adultos han sido niños. Los problemas de desarrollo y formación en la infancia no desaparecen cuando se llega a adultos. Seremos adultos defectuosos, con problemas de comunicación y empatía. Podemos esconder esta realidad fraccionando el problema, pero es el mismo.

Los resultados los vemos en esa incomunicación de efectos graves para el desarrollo. Los niños de hoy son los adultos de mañana. Tendremos una calidad humana acorde con lo que les ofrecemos desde la infancia. Una formación defectuosa del yo, una formación defectuosa del nosotros con efectos incontrolables: del acoso al maltrato, del fanatismo al egoísmo, son consecuencias de una socialización defectuosa.

 

 

* "¿Está afectando el uso de pantallas al desarrollo del lenguaje en los niños? El País 22/10/2025 https://elpais.com/mamas-papas/familia/2025-10-22/esta-afectando-el-uso-de-pantallas-al-desarrollo-del-lenguaje-en-los-ninos.html

martes, 13 de julio de 2021

El "aspectismo" y la vida publicada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Vivimos en un mundo de pantallas e imágenes, de representaciones más que de realidades. Todo es ya mediación y el enfrentarnos a la realidad desnuda puede ser una experiencia demasiado frustrante cuando los estándares vienen del otro lado. De esta forma, cada vez nos es más difícil ser lo que somos y nos resulta más angustioso mostrarnos.

A ello contribuye un mundo donde ha aumentado la vulnerabilidad. Exponerse es algo real en los dos sentidos, el de mostrarse y el de arriesgarse. Los casos de acoso desde la más tierna infancia son ya un hecho. Cualquier elemento relacionado con el aspecto se vuelve peligroso si alguien decide que no le gusta y comienza una campaña contra ti a la que se pueden sumar miles de personas convertidas instantáneamente en jueces y verdugos, en tribunales implacables.

En The New York Times, el columnista David Brooks escribe sobre esta forma de condicionamiento con el artículo titulado "¿Por qué no hablamos de la discriminación contra los feos?", que comienza de esta manera:

 

Un gerente en Estados Unidos se sienta en su oficina y decide despedir a una mujer porque no le gusta su piel. Si la despide porque su piel es morena, a eso le llamamos racismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel es femenina, a eso le llamamos sexismo y tenemos un recurso legal contra eso. Si la despide porque su piel tiene marcas y la encuentra poco atractiva, bueno, de eso no hablamos mucho y en casi todo el país no existe ningún recurso legal contra eso. 

Es desconcertante. Vivimos en una sociedad que aborrece la discriminación basada en muchas características. Y, sin embargo, una de las principales formas de discriminación es el aspectismo, el prejuicio contra lo poco atractivo. Y esto no recibe casi nada de atención ni genera mucha indignación. ¿Por qué?*

 


No le falta razón al hacerse esa pregunta. Quien dice la piel, dice el pelo o el vestido o cualquier otra circunstancia. Creo que es precisamente es aleatoriedad de las críticas a tu aspecto lo que establece su gran poder destructivo. En una sociedad que te juzga de forma permanente, tu mente se vuelve anticipativa, "cómo gustar" está en tu mente, te sientes como desfilando en una pasarela sin fin bajo las miradas atentas del resto de la humanidad.

Gran parte de nuestra vida se ha hecho pública o, si se prefiere, se convierte en "publicada". No existir en las redes sociales —el mayor monstruo devorador creado por la humanidad— es sencillamente no existir, especialmente para aquellas personas que necesitan llamar la atención y todos los que buscan estímulo por su inseguridad. Los segundos sufren más que los primeros. A muchos les encanta ser criticados —es una forma de llamar la atención— y se dedican a provocar. Están, por otro lado, los inseguros, los que cada día sienten que deben pasar una prueba ante el mundo y donde los comentarios negativos sobre su aspecto pueden ser un drama.

Es frecuente ya que muchas personas que llevan una vida publicada intensa se rebelen. Actores y actrices, gente popular por cualquier motivo, llegan a un día en el que dicen "¡basta!". Es el día en que hartos de ver cómo su vida es un espectáculo deciden romper la baraja y se muestran como son en la realidad, con todas sus imperfecciones. Esto es algo que suele tirar por la borda el trabajo de años, pero eligen entre vivir o mostrarse.

En estos días los medios han recogido la implantación en Noruega de una ley que establece la obligación de notificar que las fotografías publicadas han sido retocadas. En Antena3 se señalaba:

 

El Ministerio Noruego de Infancia e Igualdad de Noruega ha aprobado una ley que prohibirá a los influencers y a las marcas publicar imágenes promocionales retocadas sin antes incluir una etiqueta que determine que estas han pasado por un filtro o un programa de edición de fotografías.

Esta iniciativa tiene el objetivo de terminar con la publicidad engañosa y los estándares de belleza que tantos problemas de autoestima e inseguridades ocasionan entre los usuarios de las redes sociales y los contenidos publicitarios, generándoles expectativas irreales de lo que es la belleza.

Es por ello que, los creadores de contenido que quieran compartir fotografías retocadas con un filtro o un programa de edición tendrán que avisar de ello con una etiqueta que habilitará el gobierno noruego.

Pero hay que recalcar que no solo se aplicará en las publicaciones de las redes sociales, sino también se tendrá en cuenta en los carteles publicitarios que se muestran en ciudades, revistas, marquesinas, etc. Mientras que los ciudadanos de a pie podrán seguir utilizando los filtros.**

 


El aspectismo, tal como lo definía Brooks, como un prejuicio contra lo que no consideramos "bello", es una forma de establecer la irrealidad como norma reinante. Los modelos de belleza, que sirven a múltiples intereses, tienen detrás sus propios sectores que lo promueven. Por eso, la ley noruega se ha dirigido directamente a los influencers, una figura en la que se combina la propia exhibición como modelo que debe ser imitado.

Las críticas al aspecto esconden muchos intereses de sectores que se promocionan a través de estos canales personales trucados. La propuesta es absoluta; no seguirla significa estar del lado negativo y peligroso. Los propios seguidores actúan como jueces de todos aquellos que no siguen los modelos que ellos siguen, que se imponen temporalmente como valores centrales.

Obligar a señalar que las fotografías son irreales, que están trucadas es una forma de mostrar la trastienda de la propuesta, mostrar que eso se sustenta en la ocultación o manipulación. Es una forma de decir que esos modelos que queremos seguir no son realmente así, que solo se puede ser así "fotográficamente". Pero esta vida, por otro lado, no necesita ser real, solo mostrarse a los demás, por lo que el efecto de la ley noruega puede ser un paso, pero en modo alguno una victoria sobre esa ficcionalidad representativa que supone el autoprocesamiento de la imagen para ser (mostrarnos) ante los demás.

El columnista de The New York Times va más allá en su denuncia. El problema no es, señala, que no exista una Asociación Nacional de Feos que defienda el derecho a no ajustarse al canon establecido. David Brooks señala:

 

Mi respuesta general es que es muy difícil oponerse a los valores centrales de tu cultura incluso cuando se sabe que es lo correcto.

En las últimas décadas, las redes sociales, la meritocracia y la cultura de las celebridades se han fusionado para formar una cultura moderna que tiene valores casi paganos. Es decir, pone gran énfasis en la exhibición competitiva, los logros personales y en la idea de que la belleza física es una señal externa de belleza moral y valor en general.

La cultura pagana tiene cierto tipo de héroe ideal: aquellos genéticamente bien dotados en el ámbito atlético, en el de la inteligencia y en el de la belleza. Esta cultura percibe la obesidad como una debilidad moral y una señal de que estás en una clase social más baja.

Nuestra cultura pagana pone gran énfasis en el campo deportivo, la universidad y las pantallas de las redes sociales, donde la belleza, la fuerza y el coeficiente intelectual pueden exhibirse de la manera más impresionante.*

 


Coincido plenamente con este enfoque y en la "paganidad" señalada. Son valores, además, que carecen de empatía, que no perdonan la "debilidad", como vemos con frecuencia. El aspectismo tiene esa clara vertiente "supremacista" en la que se buscar apartar a aquellos que no son "estéticamente" compatibles con el modelo estándar. Esto se ha acrecentado en función del grado de presencia mediática que puedan tener las empresas o puestos. La necesidad de hacerse visibles conlleva la exigencia de ajustarse a los modelos.



La campaña contra la historiadora Mary Beard por su aspecto es una muestra clara de cómo actúa esta nueva intransigencia que exige la retirada de todo lo que no se ajuste a los nuevos cánones. Una especialista de prestigio mundial, gran comunicadora, parece ser demasiado para estos depuradores de las imágenes. Quieren que les hablen del mundo romano jóvenes atractivos. El rechazo  ha sido grande, pero muestra la obsesión aspectista.

Otro ejemplo. En estos días pasados, la dirección del Festival de Cine de Cannes ha tenido que llamar seriamente la atención a los asistentes:

 

El Festival de Cannes recordó el jueves a los asistentes que el porte de mascarilla es obligatorio en las salas, después de que en las redes sociales se difundieran imágenes de espectadores sin estas. 

«La mascarilla es la regla, la ley y la garantía de que el festival se realice hasta el final», dijo el delegado general del certamen, Thierry Frémaux, antes de una proyección. 

Desde el arranque del festival el martes, se observó que parte del público asiste a las sesiones sin mascarilla y este jueves empezaron a multiplicarse los comentarios de indignación en Twitter.**

 


Es un ejemplo de la inversión que se produce en esta "cultura pagana". La mascarilla evita ser identificado. ¿Qué sentido tiene ir al Festival si los demás no saben que eres tú? El prestigio de los festivales es para que te vean y no para ver tú. En realidad, el Festival —como otros— es el reflejo de la importancia de los asistentes más que el de las películas. No se va a ver sino a que te vean... y la mascarilla lo evita. Basta ver las miradas hacia cámara de los que entraban sin mascarilla para comprender que buscaban ese conectar con quien estaba al otro lado. Si se salían a mitad de película, probablemente no le importara a nadie. El momento de gloria es el posado en la alfombra roja y este no se puede hacer con mascarilla. Son los propios medios los que han creado este engendro de la alfombra. A muchos medios no les importan las películas sino los asistentes; de la misma forma que a muchos asistentes tampoco les importan las películas sino el ser vistos. El festival, por otro lado, aumenta su prestigio en función de los asistentes y de la cantidad de medios atraídos por los famosos.

El aspecto es esencial. Lo exterior es lo importante. Lo mismo ocurre en el campo de la música, donde la voz pasa a ser secundario en beneficio del aspecto y la moda que se muestra. A muchas de las grandes estrellas de la canción o intérpretes les habría ocurrido hoy lo mismo que a Mary Beard. Los dioses paganos musicales no tienen porqué cantar bien; les basta con tener buena imagen para ser convertidos en éxito. En esto la MTV transformó el panorama. Sí, como decía aquella profética canción "El vídeo mató a la estrella de la radio". Doy gracias a que cantantes como Ella Fitzgerald, por poner un ejemplo, naciera en una época en la que una cantante se valoraba por la voz más que por su figura, su vestido o su peinado.

Desde hace algún tiempo muchos medios muestran la obsesión aspectista consistente en mostrarnos el "antes y el después" de personajes famosos del mundo de la música, del cine, del deporte. La gracia consiste en mostrarnos cómo eran hace 10, 20 o 30 años personas conocidas. Es una muestra de ese malsano interés por el aspecto que los propios medios cultivan porque saben que es contemplado desde esa crítica social que da juego para el mundo de las pantallas. Las ediciones digitales han dado cabida a este mundo de la imagen comparativa por su propia economía, ya que es un recurso muy barato. Las colecciones de personajes enfrentados al efecto del paso del tiempo parecen privar del derecho a envejecer, a que tu cuerpo cambie, a que tu rostro refleje el paso de los años. Envejecer es tratado como una enfermedad o, peor, como una curiosidad sujeta a crítica. Recuerdo que me impactaron las palabras de una presentadora de televisión sobre el actor James Spaader, el protagonista y productor de la serie The Blacklist, un comentario despectivo sobre estar "gordo y calvo". A nadie parecieron importarle. Supongo que los buenos resultados de la serie le compensarán por estos comentarios. Pero no siempre es así.



Lo malo de todo esto son los efectos que tiene sobre muchas personas. Conozco a algunas que son irreconocibles en sus fotos de las redes sociales ya que todas sus fotos están trucadas. La baja autoestima por la presión que sienten les hace vivir con miedo a las burlas, los ataques o que a alguien ponga que una foto no les gusta.

Una alumna me pidió hace unos años hacerse una foto al término de la defensa de su Trabajo de Fin de Máster. Mi sorpresa grande fue al ver su foto publicada en Facebook. Yo era yo, pero ella había sustituido su rostro completo por el de un personaje de "manga". No quería mostrarse ella misma, aunque no quería renunciar a un recuerdo con su "profe". La foto real la conservaría alejada de las miradas; a los otros les deba una ficción protectora.

El problema tiene ya cierta trascendencia porque la vida publicada se extiende y por la actitud cada día más beligerante y osada de estos supremacistas del aspecto, vendedores de mundos retocados y perfectos. Se extienden también sus efectos gracias a la amplificación de redes y medios. La legislación de diversos países exige que se avise de las fotos retocadas, pero eso es solo una parte del problema. El problema real, a pie de calle, es precisamente el que exige que la gente esconda su imagen bajo retoques defensivos. Hay conexión entre ambos, pero no creo que reduzca el problema del acoso, de la discriminación por el aspecto en sus diversos niveles, del escolar al laboral pasando por el puramente personal.

El problema es esa "cultura de la paganidad" convertida en cultura del éxito, en la apariencia llevada al extremo de ley social, a autoritarismo que supone sobre la vida de los otros.

 


* David Brooks "¿Por qué no hablamos de la discriminación contra los feos?" The New York Times 6/07/2021 https://www.nytimes.com/es/2021/07/06/espanol/opinion/discriminacion-feos-belleza.html

** "Noruega prohibirá por ley los retoque de fotos sin avisar de influencers" Antena3 3/07/2021 https://www.antena3.com/noticias/tecnologia/noruega-prohibira-ley-retoque-fotos-avisar-influencers_2021070360e0bd6e1bebaa0001748622.html

** "El Festival de Cannes llama al orden: ‘La mascarilla es obligatoria’" La Razón / La Revista https://www.la-razon.com/la-revista/2021/07/08/el-festival-de-cannes-llama-al-orden-la-mascarilla-es-obligatoria/

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Christopher Nolan y las pantallas menguantes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Son muchas las batallas que se libran en el escenario de la actual pandemia. Hay muchas guerras abiertas más allá de vacunas o turismo. Hay una enorme batalla que puede hacer cambiar muchas cosas, especialmente en el campo de la cultura. A la enseñanza online, al teletrabajo, a la salida de las ciudades, etc. hay que sumar la batalla de las pantallas, la que afecta al arte del siglo XX y que se ve afectado en el siglo XXI, como se ha visto afectada por la entrada del mundo digital la cultura centrada en el libro y, en consecuencia, bibliotecas y librería, dispositivos lectores, etc.

La cuestión no es nueva. Es otra versión de la guerra anterior entre pantallas, algo que se produjo en los años 50 con la llegada de la TV. A la pantalla grande, le surgió un competidor en la pantalla del televisor, que iniciaba un híbrido entre lo que había sido la cultura de la imagen, representada por el cine, y lo que había sido la radio, algo ligado a un espacio casero hasta la llegada del "transistor" que permitía la salida de casa, el acompañamiento del aparato y su contenido, que había estado enfocado al hogar. Las radios de los coches era un viejo sueño que se empezó a hacer realidad en los cincuenta y explotó como fenómeno masivo a finales de la década.



La Televisión se convirtió en el gran rival del Cine haciendo que este entrara en crisis y tuviera que transformarse por dentro y por fuera. Para competir con la pequeña pantalla, el cine tuvo que decantarse finalmente por el color de forma generalizada y por experimentos como el 3D de los 50 y las pantallas enormes, las panorámicas, los "scopes", las que solo se podían ver en las salas. Frente al color y la pantalla ancha, la televisión competía con una pequeña pantalla, de muy baja definición, cuadrada y en blanco y negro. El cine apostó por lo espectacular, con géneros como las "catástrofes" (Aeropuerto, El coloso en llamas, La aventura del Poseidón...), las tecnologías de efectos digitales, etc.

Hoy la Televisión contraataca y lo hace en los momentos en que el público no puede acudir a las salas de cine, una pieza esencial del proceso que ha ido transformándose en las formas de exhibición (del cine al multicines), su programación (acortando la vida de las películas en pantalla) y diversificando los formatos (vídeos, DVD, Blu-Ray, etc.).



En la BBC, el director británico Christopher Nolan lanza un fuerte ataque a este futuro que deja fuera las salas de cine y sus condiciones de proyección: 

Director Christopher Nolan has criticised Warner Bros over its plans to release major movies on HBO Max.

The titles, such as Dune, Matrix 4 and The Suicide Squad, will now premiere simultaneously on the streaming site and in US cinemas next year.

The move comes in response to the pandemic, but has also been viewed as a further blow to the cinema industry.

Nolan, who has worked with Warner Bros since 2002's Insomnia, said his reaction to it was one of "disbelief".

The BBC has asked Warner Bros for a response.

"There's such controversy around it, because they didn't tell anyone," Nolan told Entertainment Tonight.

"In 2021, they've got some of the top filmmakers in the world, they've got some of the biggest stars in the world who worked for years in some cases on these projects very close to their hearts that are meant to be big-screen experiences."

He added: "They're meant to be out there for the widest possible audiences. And now they're being used as a loss-leader for the streaming service - for the fledgling streaming service - without any consultation. So, there's a lot of controversy."

"It's very, very, very, very messy. A real bait and switch. Yeah, it's sort of not how you treat filmmakers and stars and people who, these guys have given a lot for these projects. They deserved to be consulted and spoken to about what was going to happen to their work."*


 

La guerra es importante y podemos representarla como el cine como acto social, que es lo que implica la sala de proyección, y el cine como acto familiar, el que tiene lugar en la sala de estar, donde el tamaño de las pantallas de los televisores, la alta definición alcanzada y el convertirlos en aparatos colgables en una pared o el uso de proyectores, permite crear variantes del "home-cinema", una definición bastante clara del objetivo.

La llegada de la TV implicaba crear un centro de atención y recepción. La TV, en su modelo norteamericano, era una prolongación comercial del mundo publicitario, que llegaba al hogar como lo había hecho anteriormente la radio, como forma de patrocinio, anuncios, etc. En el fondo, se trataba de concentrar a la gente para introducir el mayor número posible de comerciales por unidad de tiempo. Era la publicidad la que pagaba la programación o las suscripciones a los canales de cable.

La queja de Nolan es por lo que considera —no le falta razón— una enorme traición de las grandes empresas del sector, aquellas que se vieron afectadas por la llegada de la TV y que vieron debilitada su capacidad de penetración e influencia.

La pandemia nos hace quedarnos en casa y salir menos. Eso es fácil de entender. Afecta a muchos sectores, especialmente a los que se basan en la movilidad de algún tipo, ya sea para comer, divertirse, educarse, trabajar o disfrutar de la cultura.



Los museos han desarrollado visitas virtuales; los restaurantes han fomentado el reparto de la comida para llevar; las bibliotecas dan servicio online... Pero ¿esto es circunstancial o viene para quedarse como muchos advierten?

No es casual que sea Christopher Nolan que se haya quejado con la mayor intensidad frente al estreno en plataformas digitales a la vez que en cine. Nolan es el mayor del cine en pantalla grande o, incluso, enorme. Cualquiera que conozca su cine sabe que muchas veces rueda pensando en IMAX, en la mayor definición posible para dar la ilusión de realidad, como consiguió en las escenas de El caballero oscuro, con una resolución de 18.000 líneas. Si pensamos que la televisión durante muchos años tuvo 625, entendemos el problema. El aumento de definición en las grabaciones digitales y de la mejora de reproducción con los televisores 4K, ya estandarizados, por encima de las 55 pulgadas ha hecho desarrollarse las plataformas de "streaming". Pero para Christopher Nolan es un retroceso y, sobre todo, una traición ya que su idea del espectáculo cinematográfico es otra muy distinta y necesitada de la sala, de las mejores salas para ver sus obras.

La queja de Nolan es importante porque es un cineasta de peso en el panorama actual. Su trabajo ha dado suficientes ganancias a las empresas y satisfacción a los espectadores como para ignorarlo. Sin embargo, es lo que se ha hecho. Una vez más, es la maldición del cine, la "industria" ignora a los "creadores". No hay arte más compartida ni arte más jerarquizada. Así ha sido desde el origen.



Pero la cuestión va más allá de Nolan y su perfeccionismo visual. Afecta a un sector en plena extinción y que ha solventado sus crisis mediante reducción, encogiéndose, e invirtiendo en sus mejoras (del Dolby Atmos a la proyección de alta definición digital, pasando por las butacas).

El cine, el llamado "arte del siglo XX", ha sido considerado así por casi todos menos por la propia industria, que ha ignorado a sus grandes creadores, reduciéndolos en lo que ha podido. Hoy las salas se enfrentan al mal hábito, cada día más extendido, de las pantallas pequeñas. Por muy grandes que sean las que tengamos en casa, siempre serán inferiores a lo que tenemos en la sala, que ya sufrió una gran reducción en las últimas décadas. Los multicines sueles tener salas de diferentes tamaños para tratar de ajustar público y formatos. Lo que temen muchos es la muerte de una parte esencial del sector cinematográfico, como es la proyección. No me refiero a los aspectos económicos, sino a los que determinan lo que es la lectura misma de la imagen.

Hay gente que sufre por los bares. Yo lo hago por las salas de cine. En mi casa hay miles de DVD y BD y como persona que trabaja habitualmente en la enseñanza del cine (de las clases a la creación de un cinefórum), no dejo de ir siempre que puedo al cine, a experimentar las condiciones de la sala oscura, de la pantalla grande. El tamaño de la pantalla sí importa, es una forma que determina la experiencia como lo hace el tamaño del lienzo en la pintura. Cualquiera que visita un museo tras haber visto las reproducciones en libros o documental siente un primer choque ante el tamaño real del lienzo. El tamaño determina el lenguaje, como sabe cualquiera que haya visto películas en las que el plano está pensado, compuesto y tiene un tamaño ideal de reproducción. Puede que este no sea muy preciso, pero lo obvio es que sí hay diferencias entre una pantalla de cine y una pantalla de TV, por muy grande que esta sea. La espectacularidad de Nolan, su realismo, como él mismo proclama está en la definición, tiene un tamaño y unos requisitos que si no se cumplen en la proyección nos llevan a un texto aproximado.



Desde el punto de vista de la cultura, la asistencia a las salas conlleva un ritual social, un aspecto diferencial que no tiene la pantalla televisiva en la que todo se entremezcla y el zapping acaba reinando. Es social y es psicológico.

Puede que todos estos factores ya no importen y la gente acepte los cambios sin darles importancia. Las tendencias son claras. Los que tienen capacidad de imponer las formas, lo harán. Demostrarán, una vez más, que mandan unos y otros crean. Asistiremos a este conflicto, existente desde el origen del cine, un arte condicionado por público y productores, cuyos interese no siempre coinciden, pero que ambos afectan al medio en sí y a los que tratan de darle sentido.

Nolan se queja de lo que considera una falta de respeto al cine mismo. Sabe que todo es empezar y lo que hoy es variedad de ofertas, mañana será una reducción en la que se irán depurando las proyecciones en beneficio de la forma más barata.

Sigo acudiendo a las salas. No por motivos solidarios —que también— sino por motivos estéticos y sentimentales. Una parte importante de mi vida ha transcurrido frente a esas pantallas que te permiten salir y adentrarte en lo que nos muestran. Muchos de mis recuerdos más antiguos están asociados a experiencias de cine en salas, como lo está la música o la literatura. Hoy veo a gente que ven sus series en teléfonos móviles en el transporte público, en sus pequeños ordenadores en copias de mala calidad descargadas desde cualquier sitio. No sé si la guerra está perdida o no. Pero nunca sabes cuál es la última batalla.

Cuando Google me manda la síntesis de mi mes con los lugares más visitados, ver que en estos tiempos de movilidad reducida es el cine de mi pueblo me produce cierta sonrisa y satisfacción. Es una vieja costumbre que seguirá mientras sigan abiertos. 



* "Christopher Nolan: Director criticises Warner's streaming plan" BBC 8/12/2020 https://www.bbc.com/news/entertainment-arts-55227474