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viernes, 15 de diciembre de 2023

¡Paz y orden, carajo!

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Argentina se dirige ya hacia un incierto futuro tras el gobierno que ha salido de las urnas y sus principios sobre lo que debe ser la economía y un poco más allá, según parece. Las noticias que nos van llegando son una mezcla extraña de ultra liberalismo y de lo contrario, lo que nos permite ir comprendiendo lo que el recién llegado quiere hacer.

Argentina es el gran misterio de la incompetencia, es decir, sobre cómo se pueden acumular tantos despropósitos en todos los órdenes y cómo es casi imposible despegarse de los errores, empecinándose en ellos.

La llegada de Milei al poder ya empieza a teñirse de sombras que se van desplegando alrededor de los cambios y, especialmente, sobre cómo deben ser "asumidos" por los que lo van a sufrir en sus carnes de forma directa o indirecta. Como es previsible que no todo el mundo dé por buenas las soluciones, algunos ya se están curando en salud.

En RTVE.es se recogen las declaraciones de la que será la ministra encargada del orden público:

La ministra de Seguridad de Argentina, Patricia Bullrich, ha anunciado este jueves medidas contra las protestas en el marco del nuevo protocolo para el mantenimiento del orden público. Las fuerzas de seguridad no permitirán a partir de ahora ni cortes de calles y carreteras ni bloqueos a empresas como forma de manifestación social o sindical.

"Las calles no se toman. Vamos a ordenar el país para que la gente viva en paz", ha insistido en rueda de prensa. Bullrich ha asegurado que habrá sanciones severas para quienes hagan cortes, los organicen, instiguen o sean "cómplices" de estos.

La ministra ha explicado que las cuatro fuerzas de seguridad federales y el Servicio Penitenciario Federal intervendrán frente a cortes, piquetes o bloqueos, sean parciales o totales, sin importar que los manifestantes dejen o no vías alternativas para el tránsito. Los efectivos actuarán hasta dejar totalmente asegurada la libre circulación.

"Sin orden no hay libertad. Y, sin libertad, no hay progreso", ha afirmado Bullrich, quien ha advertido que "quien las hace, las paga" y que solo se permitirán protestas "sobre la vereda (acera)".*


Es curiosa actitud por parte de una ministra de Seguridad. La expresión "vamos a ordenar el país para que la gente viva en paz" es toda una declaración de intenciones en los resultados. Probablemente es una expresión que han usado todos los dictadores del universo y que ahora usan los ultra liberales como la susodicha. El canto de "¡Viva la libertad, carajo!", grito de guerra de su jefe, Milei, se ha ido al ídem. Nos queda el "carajo" y parece, por lo visto, que lo de la libertad se sustituye por el "orden" y la "paz", que son dos conceptos muy peligrosos si se considera que uno es el único juez para determinar qué es uno y qué es otra.

Uno creía que el ultra liberalismo dejaría al menos la posibilidad de cada uno pudiera tener alguna opinión sobre orden y paz, pero vemos que ya empieza mal el asunto.  La idea de Milei y su equipo parece lo suficiente absolutista como para ser ultra liberal. Al final siempre pasa lo mismo aunque se auto etiquete de forma diferente o incluso pomposa. Las grandes palabras llenan ya los cementerios.

Una vez decidido que la "libertad", el "orden" y la "paz" es cosa propia, todo lo demás sobra. Solo queda un poquito de acera, según parece. La ministra Bullrich ya ha decidido por todos, como suelen hacer los que ponen mucho énfasis en las libertades (¡carajo!). "Dime de qué presumes y te diré de qué careces", dice la sabiduría popular, algo que hay que recuperar en estos tiempos de comunicación aplicada y neuromárketing político y para todo.

Mucho me temo que a los remedios quirúrgicos que se les van a aplicar a los argentinos va a haber que añadir toda una serie de penalidades que van a tener que padecer en silencio o con la boca tapada.

Las normas ultraliberales descienden al detalle y facturan gastos:

Los organizadores de las protestas con cortes deberán afrontar los costos de los operativos de seguridad. No se permitirá ir con el rostro tapado ni llevar niños a las movilizaciones y se dará aviso a la Justicia en caso de "daño ambiental" si se queman neumáticos.

Además, la cartera trasladará información a la Dirección Nacional de Migraciones para el caso de manifestantes extranjeros con residencia provisional.

"Para llevar a cabo estas medidas las fuerzas emplearán la mínima fuerza necesaria y suficiente y será graduada en proporción a la resistencia", ha agregado la ministra de Seguridad.

Como se puede apreciar, la Argentina se puede salvar gracias a los ingresos por manifestaciones. La contabilidad precisa es amiga del cobro y los manifestantes sin fondos podrán, me imagino, ser perseguidos por el "cobrador del frac" o similar para indicar que no solo destruye la economía, sino que no paga sus deudas por destrozo o improperio, al que seguro que ponen precio por difamación o distorsión acústica con los gritos. No creo que Orwell se hubiera imaginado un orden tan milimétrico, una paz tan completa y bien definida como la que le cae a Argentina. Como ha salido de las urnas, cada cual que sostenga su vela. 

Nadie augura un buen futuro, al menos a corto y medio plazo a los argentinos. Es un gran misterio de la democracia porque los pueblos eligen a los que peor les llevan y les dirigen al desastre y porque los que les prometen beneficios y libertades acaban haciendo lo contrario. ¿Elegimos mal? Probablemente. Incluso es probable que no hay mucho entre lo que elegir, que hay muchas cosas que no cambian o solo lo hacen de nombre.

Si además de sacrificios, los argentinos lo tienen que hacer en silencio y en un trocito de acera, el próximo paso será que acepten la "paz" y el "orden" con una sonrisa de felicidad y dando las gracias a Javier Milei y a la señora Bullrich.

Nunca tenemos bastante, según parece. 

* "Bullrich anuncia medidas contra las protestas en Argentina: "Las calles no se toman. Vamos a ordenar el país"" RTVE.es /EFE 15/12/2022 https://www.rtve.es/noticias/20231215/medidas-protestas-argentina/2467246.shtml

 

lunes, 30 de marzo de 2020

Órdenes y desórdenes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En el diario italiano La Stampa leo un titular de interés: “Al Sud la criminalità potrebbe ergersi a difensore del diritto”*. Cita palabras del que fuera ministro del Interior, Marco Minniti. En artículo de Fabio Martini comienza con la lectura del ex ministro de un artículo en The Financial Times en el que se dice que ante el negacionismo del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, los grupos criminales que controlan las vida en las favelas han empezado a imponer ellas las restricciones manteniendo el orden social. Son los criminales los que se encargan de las funciones que el estado se niega a cumplir, el aislamiento. El titular que ofrece La  Stampa se refiere al "sur" de Italia, otro espacio en el que la criminalidad tiene una presencia y, especialmente, una autoridad social. ¿Se convertirá, como señala Martini, la Mafia en la garante del derecho, en el mantenimiento del orden con fuerzas de sanción que el propio estado no cumple o es incapaz de hacer cumplir? La pregunta no es trivial y apunta a las bases mismas de la sociedad. Recordemos que la Mafia (Sicilia) y otras organizaciones de este tipo son también formas de "orden" allí donde el estado fallaba. Cuando el estado se ausenta, el orden surge de las viejas formas como alternativa a la anarquía, surgen como una forma de protección con sus reglas. "Hombres de honor" se llamaban los mafiosos.


En el mismo día, el 29, otro titular de La Stampa recogía "Coronavirus, la nuova bomba sociale della Sicilia. “Lavoravamo in nero, siamo alla fame”", y nos conecta con lo expresado por Fabio Martini. Allí donde la normalidad es paralela a la ley, donde el estado no protege ("trabajamos en negro, tenemos hambre"), la bomba social puede estallar. La función mafiosa es evitar que estalle, garantizar ese "orden" que garantiza que la anarquía no se produzca, algo que perjudicaría a su propio orden. La mafia es protección.
En el pasado, la Mafia y el Estado han sido fuerzas en competencia para garantizar su orden, su eficacia social. Pero ha habido ocasiones en las que han colaborado, cuando ha estado en riesgo el orden propio, cuando se ha dado una confluencia de intereses. Martini habla del "derecho", pero quizá "orden" y "derecho" no tengan el mismo sentido, no coincidan en sus límites y aplicaciones, en sus garantías. La Mafia garantiza un orden, sí, pero un orden allí donde falla el propio estado.
Y el mayor fallo de los estados es la pobreza, la desigualdad extrema. Es allí donde se trabaja "en negro", como se decía del sur italiano. Pero todos los países tienen su "sur", sus puntos débiles ´del sistema que ahora, al parar la actividad económica y social se convierte en un infierno para quien solo tiene un trabajo desprotegido para sobrevivir. Son las zonas y sectores más desprotegidos los mayores perjudicados pues no tienen las bolsas de protección para resistir este parón.


La televisión en España nos muestra también gente que nos dice que su trabajo está en la calle y en el día a día; son gente sin reservas para la supervivencia. La protección de quien queda desprotegidos porque han estado en el límite es importante. El aumento de la desigualdad ha sido una tendencia constante en estos años en la mayor parte del mundo. Hoy lo vemos en la práctica, en mayor o menor medida, emerge frente a nosotros. La enfermedad no distingue, pero la desigualdad sí.
A la Mafia no le interesa el desorden, sino ser otro amo, cubrir las fallas de quien poco recibe. Por eso le preocupa que el desorden social sea incontrolable. La mezcla de miedo, la inseguridad, la carencia de lo elemental es muy peligrosa. Es un barril de pólvora demasiado cerca del fuego. 


Pero el concepto de carencia o de necesidad es muy relativo. El día 25, el titular de El Diario era el siguiente "Multimillonarios de EEUU reclaman la vuelta al trabajo aunque eso suponga que muera gente", y se nos decía:

Los multimillonarios norteamericanos con mucho dinero metido en fondos de inversión lo tienen claro: hay que volver al trabajo cuanto antes y, si eso supone la pérdida de vidas humanas por el aumento de contagios, ese es un riesgo que hay que asumir. Lloyd Blankfein, presidente del banco Goldman Sachs hasta 2018, abrió la veda el pasado domingo con un mensaje en Twitter: "Las medidas extremas para rebajar la curva del virus son adecuadas durante un tiempo para reducir la carga sobre la infraestructura sanitaria. Pero destruir la economía, los empleos y la moral es también un asunto sanitario y afecta a muchas más cosas. Dejemos dentro de unas pocas semanas que aquellos con bajo riesgo de contraer la enfermedad vuelvan a trabajar".
Su fortuna alcanza los 1.500 millones de dólares, según Forbes.
Donald Trump suscribió esa tesis a comienzos de semana, precisamente porque grandes empresarios y financieros estaban intentando convencerle de levantar las mayores restricciones. De ahí que Trump dijera que las fechas en torno a la Semana Santa a mediados de abril sería un momento "maravilloso" para hacerlo, contraviniendo las opiniones de sus consejeros científicos.***



Creo que en estos momentos, el mundo se encuentra en un estado de balance, en un punto en el que se nos obligará a tomar una decisión que marcará el futuro. Estamos entre dos órdenes opuestos entre los que tendremos que elegir. El modelo económico parece haber llegado al límite porque no tiene más respuesta que el beneficio, que se acaba concentrando en unos pocos. Su promesa es que algún día serás tú también un beneficiado. Ante una situación como la que vivimos, este modelo tiene poco que ofrecer. Es la alternativa que presentaba Boris Johnson y que se desvela en su rotundidad con su propio contagio y aislamiento. Los privilegiados siempre han estado aislados, pero por su propia voluntad y su propia defensa. Pero si algo ha demostrado el COVID-19 es que es terriblemente igualitario, no discrimina entre ricos y pobres, eso incluye a príncipes, presidentes y millonarios.

Las grandes epidemias, la enfermedad misma, siempre ha sido ocasión de reflexión moral. Son momentos en los que se relativizan ciertas cosas, se repasa la propia vida y la mirada se dirige hacia aquello que consideramos más valioso. Muchas veces son cosas olvidadas o dadas por hechas. Su ausencia brusca nos enseña lo importante que son para nosotros sin darnos cuenta.
Lo que ocurre en el sur de Italia o en otros sures de muchos países nos muestra los problemas de los olvidados. Y, sobre todo, nos recuerda que no estamos solos, que —nos guste o no— formamos parte de algo más amplio que aquello que consideramos nuestro. Lo que la pandemia ha hecho, por encima de otras cosas, es ampliar el "nosotros", para bien o para mal.
Las distancias físicas nos separan, pero se reducen las emocionales. Distantes pero unidos. Aquellos que se distancian emocionalmente, que no participan del descubrimiento de la solidaridad, los que siguen manteniendo un yo egoísta y se niegan a pensar en un yo colectivo han perdido mucho hacia el futuro. Los movimientos anteriores, por ejemplo, frente al cambio climático han mostrado que el futuro es solidario frente a una visión egoísta del presente. Este factor es fuertemente generacional y es probable que se haya agudizado como efecto de esta nueva situación que refuerza el nosotros. No es un enfrentamiento con la individualidad, sino su reformulación dentro de unas causas comunes de las que solo se escapa a través del esfuerzo solidario de todos. Ya no es posible ignorar que el tipo de problemas a los que nos enfrentamos y nos enfrentaremos necesitan de la cooperación y del pensamiento común. No hay salvaciones egoístas o particulares.

The New York Times 30/03
Esta pandemia es algo que será muy difícil de ignorar en sus consecuencias o de olvidar. Los riesgos de hacerlo son demasiado. De la mafia llenando vacíos al egoísmo de los fondos de inversión como rectores de nuestras vidas y muertes.
Hay un párrafo en un artículo de El País de ayer mismo, firmado por Amanda Mars, describiendo la situación norteamericana, que me parece muy revelador:

Algunos políticos se resisten y, aunque Trump emita directrices, el poder reside en manos de los gobernadores, lo que da lugar a grandes contrastes. “Estamos en contra de seguir modelos de dictaduras como China”, dijo el gobernador de Mississippi, Tate Reeves, quien ha optado por cerrar los “negocios no esenciales”, pero con el matiz de que entre los negocios esenciales incluye bares, restaurantes (incluido el servicio de comedor) e inmobiliarias. Para Arizona, los campos de golf y las tiendas de armas también resultan indispensables. El primer Estado registra 578 casos (ocho fallecidos) y el segundo 665 (13 fallecidos), cifras bajas comparadas con Nueva York, que es el epicentro, con más de 44.000 infecciones, pero la experiencia en Europa muestra que los casos aislados han sido la antesala de las espirales graves.****


Creo que ilustra un mundo de diferencias y de perspectivas demasiado distantes sobre lo que esto significa realmente; muestra cómo se han reducido nuestras orgullosas seguridades a la estabilidad de un castillo de naipes. Habrá que volver a estabilizarlo de una manera más segura para todos. Lo trivial se volvió esencial y ahora no sabemos cómo librarnos de ello.


P.D.: Acaban de noticiar el positivo del doctor Fernando Simón. Lo lamentamos y agradecemos su labor sin descanso. Deseamos su pronta recuperación. Gracias y ánimo.

* "“Al Sud la criminalità potrebbe ergersi a difensore del diritto”" La Stampa 29/03/2020 https://www.lastampa.it/topnews/primo-piano/2020/03/29/news/al-sud-la-criminalita-potrebbe-ergersi-a-difensore-del-diritto-1.38650388
** "Coronavirus, la nuova bomba sociale della Sicilia. “Lavoravamo in nero, siamo alla fame”" La Stampa 29/03/2020 https://www.lastampa.it/topnews/primo-piano/2020/03/29/news/la-nuova-bomba-sociale-della-sicilia-lavoravamo-in-nero-siamo-alla-fame-1.38650380
*** "Multimillonarios de EEUU reclaman la vuelta al trabajo aunque eso suponga que muera gente" El Diario 25/03/2020 https://www.eldiario.es/internacional/coronavirus-EEUU_0_1009649972.html
**** Amanda Mars "Coronavirus en Estados Unidos: la semana en que empezó el miedo" 29/03/2020 https://elpais.com/internacional/2020-03-28/coronavirus-en-estados-unidos-la-semana-que-empezo-el-miedo.html





lunes, 24 de agosto de 2015

La estrategia del caos y el reformismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Mohammed Nosseir, un político liberal y cronista habitual, expone en su artículo del Daily Egypt News, titulado "How the Egyptian state frames and manages chaos" algunas ideas que llevan mucho tiempo rondando entre los egipcios. Su idea, la sostiene desde el principio del texto, es muy clara:

Having lived in complete chaos for many years, Egyptians have come to believe that chaotic behaviour is an Egyptian cultural trait, part of their DNA, and that we are by nature a chaotic people. The reality is that chaos is consciously sustained by the Egyptian state, to facilitate its authoritarian rule. It is simply one of the fundamental ruling tools of the state.*


Como teoría es bastante habitual en muchos autores a los que les queda la duda de si es un caos premeditado (como señala Nosseir), incompetencia incontrolada o realmente es algo que está en el ADN y, por ello, es irresoluble esté quien esté al frente. La respuesta que se dé a esta cuestión es determinante. El argumento de Nosseir es que se sembró el desorden para ofrecer la alternativa "ordenada", pero que después de la elección del presidente que ordenaría todo, el caos es mayor.
Es indudable que el argumento del caos es utilizado de forma constante por los gobiernos egipcios, que han justificado siempre la represión o sus simples actuaciones haciendo ver que solo las formas autoritarias pueden enderezar una tendencia natural al caos, desgobierno o enfrentamiento civil. No es el único país que lo ha hecho para justificar sus dictaduras, desde luego.


El caos al que se refiere Nosseir a lo largo del artículo es la agitación organizada desde el estado para hacer necesaria su presencia como "autoridad", no como eficacia organizativa sino represiva. De hecho lo que sucede precisamente es que aborta cualquier posibilidad de organización social eficaz para que la "autoridad" se siga manteniendo como referencia y "poder". Por eso es esencial que la sociedad civil no tenga fuerza, sea débil y desarticulada.
La sospecha de que todo lo que ocurre tiene un fin desestabilizador y no organizador, es decir, tendente a una mejora del conjunto del sistema, tiene unos efectos desastrosos sobre el conjunto de la sociedad. Es lo contrario del diálogo, cuya finalidad es precisamente la reducción de las tendencias dispersas para lograr la convergencia del acuerdo. Por eso la base de la democracia es el diálogo y el de la dictadura la sordera, algo que deberían recordar todos los políticos en cualquier ámbito.
Egypt Independent publica hoy otra información interesante sobre esta cuestión, esta vez relacionada con un asunto crucial, la reforma religiosa:

An al-Azhar professor has said that what he called “intellectuals” should not be engaged in debates over the reforms that are needed within the area of religious discourse.
Ahmed Karima, a professor of Islamic law, said the participation of “intellectuals” in renewing religious discourse as per President Abdel Fattah al-Sisi’s call is unacceptable. He was possibly referring to the intelligentsia who do not belong to al-Azhar, nor are they versed in religious sciences.
“If we want to handle extremism and terrorism, then we need a team of scholars rather than a new discourse,” Karima told satellite channel ONTV late Saturday. “We have requested many times to redraw the Islamic culture”.
Egypt has sought to crackdown on religious speech stoking hostility against the state since the ouster of former Islamist president Mohamed Morsi and his Muslim Brotherhood in 2013. In line with Sisi's call to combat hardline thought, Al-Azhar and The Endowments Ministry have embarked on efforts to filter literature and restrict preaching activities they deem hateful and that they feel fuel extremism.**


La idea de que lo que se necesita es un "equipo nuevo" y no "nuevos discursos" o ideas, ofrece un panorama muy claro de la raíz del problema: el cierre de las ideas a la sociedad y el enclaustramiento de las instituciones que no quieren abrirse para no perder poder.
Durante siglos, el islam ha perseguido a sus reformistas excluyéndolos o eliminándolos del dialogo que posibilitara una evolución real. En lugar de ello, la lucha ha sido por la ortodoxia. La forma en que se entrecomilla "intelectuales" en la información encierra un desprecio y un recelo hacia todos aquellos que no formen parte de la ortodoxia, en este caso Al-Azhar. La solución de Al-Azhar, por decirlo así, es sencilla: eliminar a los predicadores que no estén bajo su mando y controlar férreamente los sermones de los viernes. No hay nada que reformar, no hay más voz que la suya. Solo se trata de extender el control y la represión. Todo así quedará "normal". Del desorden, Al-Azhar sale fortalecida.


La sola posibilidad de que entren en el diálogo sobre la reforma del islam partes de la sociedad es vista como la llegada amenazante del caos. Sus palabras son claras: “If we want to handle extremism and terrorism, then we need a team of scholars rather than a new discourse”. Pero sin nuevos discursos, se perpetuará la lucha entre la ortodoxia y el purismo fundamentalista que acusará a sus enemigos de desviarse del "verdadero mensaje", núcleo del problema. Por eso las discusiones y arreglos se han producido siempre con los extremistas religiosos y nunca con los reformistas, a los que se ha perseguido o exiliado.
Sin embargo, la única posibilidad de futuro a medio y largo plazo es el reformismo que permita que la sociedad se adecue a los tiempos en los que vive y que se puede ir expulsando el extremismo que con esta forma de pensamiento es inevitable.


Esos "intelectuales" a los que se desprecia son personas que pueden aportar nuevas ideas para poder salir adelante. En lugar de considerarlos herejes o apóstatas y dar carta blanca para su eliminación física, como han hecho algunos directa o indirectamente, se debería tratar de escuchar el sentido de lo que puedan aportar. La otra opción es la represión constante y la violencia interna y externa.
En ocasiones hemos comentado que el protagonismo que el gobierno egipcio está dando a la Universidad de Al-Azhar, con ministros (como el contestado de Cultura) en el equipo, tiene una cara oscura que se irá acrecentado. También Ahmed Karima, el profesor de Al-Azhar, piensa que la presencia de intelectuales solo producirá el caos y el desorden, la destrucción de la fe. Su posición es inamovible: ellos son la verdad. Y es esa verdad la que permite el control social y la represión. Las campañas contra el ateísmo o la represión de la sexualidad así lo confirman.

La amenaza del caos en lo social y religioso son las dos caras de la misma moneda excluyente que evita que el pensamiento acorde a los tiempos renueve el que va quedando desplazado. Es urgente abrir la posibilidad de renovación real y no solo de censura y represión porque esta solo engendra violencia, presente y futura. El ministro de Asuntos Religiosos decía no hace muchos que el caos egipcio lo creaban los "poderes imperialistas". Siempre el caos viene de fuera a la vista de los que tienen las responsabilidades dentro.
En este punto es necesario recordar que, en su historia, el gobierno egipcio ha entrado en pactos con los grupos islamistas pero nunca con los reformistas. Ya sea por su individualidad o por la debilidad que ven en la palabra, las voces reformistas no son escuchadas porque se ve en ellas el principio del debilitamiento del control férreo que se realiza desde la religión y del estado. La sociedad no puede participar del cambio, solo aquellos grupos que históricamente "representan" la estabilidad, militares y Al-Azhar.
No se puede obviar que el caos también favorece a los elementos que tratan de desplazar del poder a las instituciones. Hoy Egipto está sometido a una desestabilización constante desde el terrorismo. Ese terrorismo, que tiene sus objetivos, es más difícil de controlar porque no todos los grupos tienen los mismos intereses. Algunos tienen una estrategia global, como los vinculados con el Estado Islámico. Otros, por contra, tienen una estrategia plenamente política en términos locales. Buscan llevar al estado a un punto de negociación, como hicieron décadas antes. 
Pero también es cierto que muchas medidas tomadas no lograrán controlar la proliferación del radicalismo, la auténtica fuente de la que surge el terrorismo. 


El radicalismo son las ideas que guían hacia la violencia. Evitar atentados no es lo mismo que eliminar el radicalismo. Y eliminar el radicalismo no es lo mismo que encerrarlo en prisiones, en donde irónicamente se produce una radicalismo mayor. La lucha antiterrorista solo tendrá eficacia si se abren las ideas y la sociedad repudia claramente el radicalismo, algo que no siempre sucede con la contundencia necesaria en amplios sectores. El movimiento pendular  radicalismo y represión fortalece a ambos; crea nuevos terroristas y radicales y aumenta el poder de las instituciones represoras.


El argumento del caos, en realidad, no es más que la forma de promover el miedo al cambio y el retorno a la protección de las instituciones que se muestran como garantes de un orden que nunca llega a concretarse, siempre inestable y amenazado.
El mundo acaba percibiéndose como una amenaza terrible que nos destruirá si no confiamos en aquellos que se ofrecen como garantía para nuestra supervivencia. Acaba produciéndose el secuestro social y el consiguiente síndrome de Estocolmo. Amamos a los que en mitad del caos nos ofrecen seguridad, la más básica de nuestras necesidades sociales.


* "How the Egyptian state frames and manages chaos" Daily News Egypt 22/08/2015 http://www.dailynewsegypt.com/2015/08/23/how-the-egyptian-state-frames-and-manages-chaos/
* "Al-Azhar professor: 'Intellectuals' should be excluded from religious reform debates" Egypt Independent 23/08/2015 http://www.egyptindependent.com//news/al-azhar-professor-intellectuals-should-be-excluded-religious-reform-debates




viernes, 13 de febrero de 2015

El señor Hicks y su guerra por el orden

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times da una extensa descripción del criminal, Craig Stephens Hicks, que ha asesinado a tres de sus vecinos, tres jóvenes musulmanes, y que ha conmocionado a Estados Unidos haciendo saltar distintos tipos de alarmas, unas viejas y otras nuevas.
El asesinato de los jóvenes musulmanes, brillantes y queridos como estudiantes, ciudadanos y personas, según todas las descripciones realizadas por quienes les conocían, amigos, compañeros y familiares, puede ser categorizado en función de varios factores que es importante dilucidar porque en situaciones de inestabilidad amplificada, cualquier hecho puede ser entendido en términos equívocos.
La muerte de los tres jóvenes a manos de su asesino confeso puede ser contemplada como un "crimen de odio", es decir, que les asesinaron por ser musulmanes; como un nuevo caso de "vigilante" o como finalmente, una patología específica de Craig Stephens Hicks. La cuestión es peliaguda porque el hecho en sí puede tener los tres componentes en distinto grado. Por eso el análisis de The New York Times trata de rastrear los acontecimientos anteriores y reconstruir un perfil adecuado del autor y de su entorno.
Las diferencias entre la forma de afrontar el caso son esenciales en el clima actual en el que los gobiernos tratan de evitar surgimiento de la islamofobia. Si se tratara como un "crimen de odio", se daría por buena la hipótesis de que Hicks mató a los tres jóvenes por ser musulmanes. Si damos preferencia a la hipótesis del "vigilante", el problema se traslada al "demonio de las armas" y la extensión como un nuevo caso de los psicópatas que creen que deben imponer el orden en un determinado espacio sobre el que reivindican un derecho a patrullar, a reconvenir a los vecinos que no cumplen su estrecho sentido de la tranquilidad, y a castigar por su mano a los infractores de ese orden que quieren crear. La tercera hipótesis, la del psicópata, no es incompatible con las otras dos, es más, la necesitan como base sobre la que germinar. También a los locos se les juzga por la forma de sus actos, es decir, por la que está orientando de su locura.


Cualquiera de las dos hipótesis principales, "odio" (religioso, racista o xenófobo) o la del "vigilante", tienen sus consecuencias muy diferentes, pero en claves distintas. La sociedad norteamericana parece resignarse a las de la "vigilancia" pues no es capaz de cambiar el "Gun crazy", la fascinación morbosa por las armas, ni los principios de la "autodefensa" que se entremezclan con un confuso sentido de la "ley" que no acaba de abandonar la mentalidad del tiempo de los pioneros. El problema no es solo tener armas, sino el segundo que se ve agravado por ese enfermizo sentido del orden y la defensa del mismo por parte de un "vigilante". The New York Times ahonda en esa faceta de Hicks, ese carácter autonombrado "vigilante":

The police say they never received any formal complaints, but Mr. Hicks, a 46-year-old former auto parts dealer who has been studying to become a paralegal, appears to have functioned as a self-appointed watchman in the complex.*

Si los tres jóvenes muertos por la mano de este hombre no hubieran sido musulmanes, nadie tendría dudas de ante qué tipo de caso se estaba, pero las cosas ocurren como ocurren. Hicks fue a por ellos porque estaban haciendo más ruido del que él consideraba que era aceptable. Era él quien visitaba con un arma asomando de su pantalón a los vecinos para decirles que había coches de visitantes donde no debía o si había mucho ruido. El señor Hicks mostraba sus armas en su página de Facebook para que no hubiera dudas de que él hablaba en serio. Mostraba en ella también su indignación y beligerancia contra distintas causas. El orden del barrio no era una causa suficiente y lo extendía a través de sus comentarios. Mostraba las armas en Facebook como lo hacía en su cinturón. Él hablaba en serio.
El interés en establecer que no se trata de un crimen de odio religioso es evidente, de la misma forma que existe el interés de otros en calificarlo como tal.
Ahram Online, en Egipto, recoge las dos hipótesis sobre la motivación de triple asesinato:

"We understand the concerns about the possibility that this was hate-motivated and we will exhaust every lead to determine if that is the case," Police Chief Chris Blue said.
Meanwhile, thousand gathered in Chapel Hill to mourn the killings, with Barakat's brother urging calm in the shaken university town.
"Do not fight fire with fire... it is quite possible that this was an act based off of evil and a scared ignorant man. Do not let ignorance propagate in your life, do not reply ignorance with ignorance," Farris Barakat said at the candlelight vigil.
He remembered his brother's passion for sports, community work and the odd Chris Rock joke and said all three had an impact.
"We lost three great citizens of this world and of this country. But I think they've inspired thousands."
The cautious wording of the police statement contrasted sharply with the anguished reaction amongst many Muslims, however, and the father of two of the students demanding investigators treat the killing as a "hate crime."
"This was not a dispute over a parking space; this was a hate crime," said Mohammad Abu-Salha, the psychiatrist father of the two women shot dead.
"This man had picked on my daughter and her husband a couple of times before, and he talked with them with his gun in his belt."
Abu-Salha told the local News & Observer newspaper his daughter had voiced fears about Hicks last week.
"Honest to God, she said, 'He hates us for what we are and how we look,'" Abu-Salha was quoted as saying.
Muslims across the globe meanwhile were quick to latch onto a viral campaign which asserted that the tragic killings had been under-reported by the US mainstream media because of the ethnicity of the victims.**


En el mundo actual todo alcanza una dimensión política porque todo puede ser amplificado instantáneamente y se canalizado hacia conflictos existentes, realimentándolos. La observación de no "alimentar el fuego con fuego" es sensata y, desde luego, servirá de muy poco para los que vayan buscando precisamente que el fuego crezca.
Los hechos se dan en una realidad que es interpretada; casi nada es obvio y casi cualquier interpretación puede ser sostenida y, lo que es peor, aceptada por aquel que está ya convencido de algo.

Nuestro concepto de "crimen de odio" es demasiado rígido para la variedad de motivaciones por las que se puede cometer un hecho de este tipo. Convertirlo en "agravante legal" no significa mayor claridad porque hay cosas que no se pueden encerrar en las palabras, entre ellas lo que ocurre en el interior del cerebro de una persona claramente perturbada.
La interpretación final tiene mucho que ver, en cambio, con nuestras actitudes y voluntad. La mente de Hicks es oscura y no podemos entrar con una linterna a esclarecer motivos que pueden ser confusos incluso para él mismo.
Lo que parece es que en su mente enferma la idea de "orden" puede tener preferencia y ser el desencadenante de querer imponerlo en unos términos brutales. ¿Entra en ese orden la cuestión "religiosa"? El señor Hicks se autoproclamaba "ateo" (burlándose de los que creen en la Biblia) y defensor de "derechos individuales", "matrimonios del mismo sexo" y el "aborto", según señalan sus familiares en The New York Times. Esto tampoco es necesariamente una muestra de la "liberalidad" de Hicks, como podría parecerlo en otros, sino más bien de su apego a causas combativas. 
El señor Hicks, según se apunta, era un individualista intransigente, una fórmula en la que no se ahonda demasiado, pero mucho más frecuente de la que pensamos. Son personas que no eligen sus causas racionalmente, sino que encuentran aquellas que les sirven para desahogar mejor su propia conflictividad; personas a las que les gusta verse solas contra el mundo, luchando en su propia guerra mundial personal. Son cruzados solitarios que no quieren compañía pues corren el riesgo de que se perciba lo ridículo de sus campañas.
De todas las informaciones que suministra The New York Times, de vecinos, familiares y ex esposas, la más reveladora para mí es la que  cuenta una de estas últimas:

Cynthia Hurley, who said she was married to Mr. Hicks years ago, said she had been unsettled by his enthusiasm for a 1993 film, “Falling Down,” [Un día de furia] which depicts a man violently lashing out at society. “That always freaked me out,” Ms. Hurley told The A.P. “He watched it incessantly. He thought it was hilarious. He had no compassion at all.”*


Quienes haya visto esta película recordarán como muestra la transformación del ciudadano pacífico y respetuoso de la ley en un homicida furioso que intenta poner orden en el mundo que para él se desmorona. La obsesión de Hicks, según su ex esposa, por esa película dice mucho de los mecanismos de proyección psicológica en el personaje.

La ruptura de ese orden, prioritario en su jerarquía de valores, es profundamente traumático para él. Hicks estudiaba para hacerse "paralegal". Según la definición de la National Federation of Paralegal Associations (NFPA) [USA]: "A paralegal is a person, qualified through education, training or work experience to perform substantive legal work that requires knowledge of legal concepts and is customarily, but not exclusively, performed by a lawyer"). Su preocupación por el conocimiento de las leyes carece de algo que es necesario para que la Ley no se convierta en absoluta, la elasticidad que la hace humana. Para personas como Hicks, obsesionadas con la legalidad, no existe esa humanización de la ley. Estudiaba leyes para fortalecer su sentido del orden y fundamentar su justificación externa. Son esas personas que buscan la letra pequeña porque quieren hacerse valer.
The New York Times concluye su artículo con la descripción de sus profesores:

Mr. Hicks is enrolled at Durham Technical Community College, working toward earning “multiple certifications in our paralegal technologies program,” according to a spokeswoman for the school, Carver Weaver. Ms. Weaver said in an email that Mr. Hicks was “a student in good standing and has been since fall 2012.”
A paralegal instructor at Durham Tech, Susan Sutton, confirmed in a telephone call her previous comments to a local news media organization that Mr. Hicks was a bright, conscientious, good student, and said there had been no sign that anything was wrong.*

La descripción de Hicks y la conclusión de que no se percibía nada malo son lógicas.  La pretensión de que a los asesinos se  les debe notar en la cara o en sus actos es ingenua. Los amantes del orden y la ley pueden ser también muy peligrosos, sobre todo en un país en el que hay muchas armas sueltas y el derecho a la autodefensa comienza con la mera sospecha de agresión.


La forma de contrarrestar las lecturas interesadas que sirvan para echar más leña al fuego, son las demostraciones generales de solidaridad con la familia y la demostración de que aunque Craig Stephen Hicks pudiera llevar "odio" dentro los demás no lo tienen. Si dejamos de lado la hipótesis de la islamofobia del crimen, todavía quedan otras preocupantes: por qué los vecinos tenían tanto miedo a Hicks y no se atrevían a denunciarle, según la policía, que solo tenía registro de algunos incidentes. Pero todos ellos reveladores de su personalidad controladora, como que retirara él mismo con una grúa coches que consideraba mal aparcados de visitantes a los residentes. Hicks era un amante de la ley y el orden. Él era juez, jurado y verdugo.
Nuestro problema hoy, además de la existencia de Hicks en cualquiera de sus variantes según la "ley" y el "orden" que les obsesiones, es que no existen los incidentes aislados. Son como troncos que se lanza a las corrientes ya existentes y que acaban atascando los puentes hasta provocar violentos desbordamientos.

Hay muchos interesados en que el bárbaro asesinato sea etiquetado como un "crimen de odio", como islamofóbico. No hace muchos días, otro periódico egipcio daba entrada en sus páginas a un colaborador desde los Estados Unidos que definía a los árabes como los "nuevos negros de América". Sus posteriores escritos continuaban en la línea de aprovechamiento del antiamericanismo para decir a la gente lo que quiere escuchar y ampliar las bases de los conflictos. Es un movimiento peligroso que algunos practican irresponsablemente. Ya hay bastante presión en el mundo para que otros ciudadanos —como Hicks, amantes del orden—, se dediquen a cazar "infractores" de sus respectivas leyes.
Están por otro lado, los que usan otra estrategia: hacer ver que la muerte de tres jóvenes musulmanes no importa a nadie. Se trata de otra manera de producir distanciamiento y odio. Es otra forma de echar leña al fuego pero con un disfraz distintos. Hay pirómanos de muchos tipos.- La muerte de los tres jóvenes ha causado dolor e indignación en la sociedad. Si esa indignación debe ser "especial" es ya una cuestión que requiere otro enfoque y otro planteamiento.
Con los incidentes producidos por las muertes de los jóvenes negros y la exculpaciones de los "vigilantes" o policías implicados se ha usado varias estrategias desde los medios árabes. En ocasiones, los gobiernos han justificado su propia brutalidad represiva señalando que en Estados Unidos también la Policía actúa cuando hay disturbios. Pero ahora otros se quejan de la falta de "reacción" ante la muerte de los tres jóvenes, como si se debieran producir también algún tipo de disturbios "raciales" o "religiosos" por el asesinato para demostrar que les importan. Hay mucho de hipocresía en estos planteamientos que solo buscan afianzar el antiamericanismo constante. Este antiamericanismo —¡triste récord de Obama!, le atacan tanto los que se oponen al yihadismo como sus partidarios, islamistas como laicos—. La forma de demostrar la condena es aplicar la ley con firmeza al que se creyó dueño de ella. Crear disturbios —le interesará a algunos— no contribuirá a nada bueno, ni allí ni en los países árabes. 



El crimen de Hicks no tiene ningún tipo de equívoco y los jueces y jurados no deberían tener ningún tipo de duda en su momento. Eran tres jóvenes ejemplares, implicados en su comunidad, estudiantes y profesionales, queridos y respetados por los que les conocían. Y eso es lo importante para su familia, recordar que eran personas queridas, valoradas por los que les conocían. Pero todos mirarán con lupa el juicio que se haga a Craig Stephens Hicks, porque ya no se trata solo de las muertes y sus motivos, sino que hoy se miran más las repuestas en su tres vertientes: sociales, jurídicas y mediáticas. Si mira la repuesta social, el comportamiento del sistema judicial y el tratamiento de los medios. De esta forma se enjuicia a la sociedad, a la justicia y a los medios mismos desde el relativismo del tratamiento dado a cada caso.
Sí, también debemos decirlo: "somos Deah Barakat, Yusor Mohammad Abu-Salha y Razan Mohammad Abu-Salha", pues estamos con todos los que son víctimas de la locura. Toda vida tiene valor y la de estos tres jóvenes ha terminado bruscamente a manos de una persona cuyas motivaciones, las que fueran, eran claramente equivocadas. "Somos" ellos, pero lo que es peor, "podemos serlo", pues la locura no deja a nadie a salvo. Usarlos para promover o justificar el odio, en cualquier parte, es ofender su memoria y usar sus muertes para fines que probablemente no les hubieran gustado. 
Descansen en paz y nuestras condolencias y apoyo a sus familias, amigos y compañeros.
El aumento generalizado del odio tiene un efecto terrible: que la gente empiece a llamarlo "justicia".



* "Neighbors Say Suspect in Chapel Hill Shootings Was Threatening" The New York Times 12/02/2015 http://www.nytimes.com/2015/02/13/us/chapel-hill-neighbors-say-they-felt-threatened-by-man-held-in-killings.html
** "Hate crime probed in murder of US Muslim students" Ahram Online 12/02/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/8/122848/World/Region/Hate-crime-probed-in-murder-of-US-Muslim-students.aspx








jueves, 17 de abril de 2014

La dependienta ordenada

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El otro día, mientras me cobraban unas compras que había hecho, felicité a la dependienta que me atendía. "—Enhorabuena. Da gusto buscar las cosas y encontrarlas en donde uno espera hacerlo", le dije. No soy un maniático del orden, pero sí un enemigo de la pérdida de tiempo. He dedicado muchas horas de mi vida a explorar inútilmente estantes de todo tipo —música, cine, libros...— como para no valorar la capacidad de ordenar con criterio, algo que se está perdiendo.
En una sociedad que etiqueta todo, se naufraga a la hora de diseñar "órdenes" en los que sean fácilmente localizables las cosas. Hay campos medianamente claros, pero otros tienen una complejidad creciente. 
Sobre las grandes superficies se libra una batalla en la que se enfrentan el orden mental del que busca, el cliente, y el orden impuesto por el que ordena. Es una batalla desigual en la que el cliente acaba rindiéndose mediante el acto humillante de tener que preguntar sobre lo que se supone que está a la vista, algo que solo tiene en ocasiones la salida compensatoria de escuchar al dependiente decir que tampoco sabe dónde se encuentra lo que buscamos, en cuyo caso nos remite a otra sección con un brusco o amable, según toque, "no lo sé, pero aquí no tenemos de eso".


Con la crisis económica muchos grandes almacenes se han lanzado a la batalla del reordenar sin caer en la cuenta de que así desordenan la mente de sus clientes. Quizá pensaran que la gente no encontraba bien las cosas. En un periodo breve de tiempo ha sufrido el descalabro, en diferentes espacios comerciales, de tener que enfrentarme a nuevas distribuciones de las cosas que compras todos los días, privándome del mayor placer de ir de compras de lo cotidiano: poder pensar en otras cosas. Uno se desliza entre tomates y cebollas, entre embutidos y filetes, etc., pensando en otra cosa más interesante o distraído con la música que vas escuchando. Hay días en que salimos a ver qué compramos, en cuyo caso nos fijamos bien en todo, exploramos espacios y sus contenidos, y otros, por el contrario, que salimos con los automatismos puestos.
Los cambios de lugar te obligan a prescindir de la rutina y a lanzarte a explorar los pasillos que se han vuelto hostiles, territorio desconocido. Durante años, por ejemplo, en una sola pasada te llevabas el papel de cocina, las servilletas y el papel higiénico. Todo era "papel" y esa era tu "categoría mental". De repente, alguien decidió que las categorías eran confusas y las servilletas fueron a parar donde están los platos de papel, que se clasificaban por su "función", junto a otros platos, y no por su "material". Yo uso habitualmente "servilletas de papel", pero casi nunca "platos de papel", por lo que el cambio no ha hecho más que introducir confusión por tener que ir a buscarlas a zonas desconocidas. Por otro lado, el hecho de mantener dentro de la categoría "papel" tanto el destinado al baño como a la cocina favorece también la confusión. A más de uno le habrá ocurrido llevarse confundido el uno por el otro.



No sé si se han vendido más así, con tanto cambio, pero la desesperación de muchos es patente. Tienen que invertir más tiempo en las compras y probablemente dejen de comprar cosas si no logran encontrarlas pronto. Aunque ciertas localizaciones pudieran ser extrañas, pasado el tiempo se automatizan porque la memoria se independiza y nos lleva hasta el lugar donde encontraremos lo que buscamos. Lo que se basa en la rutina repudia el cambio, que nos obliga a pensar en dónde podría estar algo. Pasado un tiempo, aprendemos dónde está cada cosa y podemos seguir distraídos. Durante cierto tiempo las cajeras recibían la misma queja: nadie encontraba nada. No se hablaba de otra cosa en la cola del hipermercado. Todavía hoy hay productos que no sabes si ya no tienen o es que han quedado olvidados en algún recóndito pasillo. Y preguntar tampoco suele servir de mucho: cada uno solo controla "su" zona. No le preguntes qué hay al otro lado de la frontera.

Pero lo que ocurre con los productos estandarizados y rutinarios, lo que nos limitamos mayoritariamente a reponer, no tiene comparación con el problema del orden en otro tipo de productos de más difícil clasificación: los culturales. Libros, música, cine, etc. plantean problemas constantes de clasificación porque intervienen gran cantidad de factores en su clasificación. Técnicos y especialistas en documentación se ven en estos problemas constantemente, elaborar criterios claros de clasificación para poder recuperar lo archivado.
Yo ya me he prohibido la entrada a ciertas librerías por las barbaridades —vamos a llamarlas así— que se reflejan desde sus estantes. Veo libros clasificados en las baldas con etiquetas que revelan el profundo desconocimiento de lo que hay en sus páginas. No podemos pretender que los dependientes de las librerías, de las tiendas de música o de cine hayan leído, escuchado o visto todo, pero sí cierto decoro organizativo que vaya más allá de alguna palabra de la portada. Esto se agrava en casos en que una palabra se pone de moda en los títulos como, por ejemplo, "ornitorrinco".


Las categorías fallan en muchos casos estrepitosamente porque fallan previamente en el cerebro de quien las establece. Crear etiquetas para los estantes no es tan fácil como parece, sobre todo si se carece de una visión amplia del conjunto y de un criterio de clasificación sólido. El principio básico de que no se deben mezclar criterios de división se suele ignorar con desastrosos resultados. En el establecimiento del orden también es esencial que la persona que lo determina tenga idea de lo que está ordenando, cosa que no siempre sucede. Como me dijo la dependienta a la que felicité, "—¡El cine de autor lo ordeno yo!". Y me dio algunos ejemplos de lo que ella consideraba "cine de autor" y lo que no. Un criterio tan vago como ese requiere tener las ideas medianamente claras y ella las tenía. Manejaba con soltura las filmografías y te podían decir qué películas del director por el que le pregunté estaban ya en blu-ray y cuáles no. Para eso había que saber las películas del director, cosa que muchos consideran que no va con su sueldo. El buen orden es el que sale de una cabeza bien ordenada porque tiene algo que ordenar. Eso parece claro.

Una cabeza sin orden, en cambio produce un pseudo orden que hace rechinar los dientes y crujir ciertas partes del cerebro. Eso me ocurre cuando encuentro en los estantes, bajo la etiqueta, por ejemplo, "religiones", estudios sobre la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, trabajos de Mircea Eliade o sobre los manuscritos del Mar Muerto, junto a libros que nos hablan de los viajes astrales, del tarot o las memorias de alguno que dice haber sido abducido. Otro caso de clasificación intelectualmente escandaloso se produce habitualmente en las secciones de "Psicología" en donde se entremezclan sin pudor los trabajos de neurocientíficos con los libros de autoayuda. Lo mismo ocurre en "Economía" donde los trabajos de Keynes, Krugman, Stiglitz, Galbraith, Smith... descansan abochornados junto a aquellos que nos prometen ser ricos por las vías más fáciles con una serie de consejos numerados.
Estos librillos pizpiretos, de colores llamativos y grandes tipografías, se juntan a los clásicos aprovechando el prestigio del estante, término que uso para referirme al hecho de que haya quien considere que se trata del mismo campo por estar en la misma balda. Los que confunden a Tomás de Aquino con J.J. Benítez o a Steven Pinker con Uri Geller o la Bruja Lola, ya tienen bastante. Quita las ganas de escribir pensar con quién te pueden juntar en un estante.
No contribuye a una buena clasificación y colocación la epidemia de los títulos en los libros, algo realmente penoso y que da cuenta de que ya nadie escribe para la posteridad sino para el presente más inmediato y un futuro de unos cuantos meses, en el mejor de los casos. El título chistoso parece ser un requisito para las ventas en un mundo en el que nadie quiere parecer aburrido. En ocasiones los libros son tontos, pero en otras son obligados a parecerlo a través de títulos impuestos por editores y agentes ante el temor de que no se vendan. Los que no leen demasiado siempre han sostenido que un buen título vende mucho. Así nos va.


Me alegró mucho ver que la dependienta ordenada y ordenante no se dejaba seducir por las modas. Sabía y tenía criterio. Lo que en otros centros está desperdigado por distintos estantes, allí estaba ordenado facilitando el encontrarlo. El problema del orden es que no es tan natural como nos gusta pensarlo; es el reflejo de un orden mental que se construye con conocimientos y que requiere también de una proyección de la mente del que va a buscar. Ordenamos para que otros encuentren. Pero creo que entre el confusionismo que demuestra la creación de etiquetas como "autoayuda y espiritualidad" y la claridad que supone el que yo me encontré, la batalla está perdida, como nos muestra su excepcionalidad. Si el orden clasificatorio revela "orden mental" y este "conocimientos", el desorden, la confusión o la "fusión" de criterios revelan lo contrario. En el fondo muestran una percepción confusa de lo que nos rodea. El mundo ya no ama lo claro y distinto; ama el capricho y la analogía, que es el arrastre de una cosa con otra.  Por eso se imitan los títulos y portadas en una aparente ingeniosidad asociativa.
Recuerdo que unos años después de publicar un libro de relatos, una antigua alumna que los había leído los calificó, para mi sorpresa, como de "autoayuda". Cuando le pedí que me lo explicara me dijo que "te hacían pensar". Esa fue toda la explicación.

Al final acabas filtrando el mundo a través de las categorías que te dan.