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domingo, 5 de julio de 2026

Lo mejor por llegar y el dr. Trump

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dice Donald Trump en su discurso por los 250 años de los Estados Unidos que "lo mejor está por llegar". Lo dice desde una perspectiva carente de autocrítica y llena de bombo y platillos. En realidad, lo que Trump celebra es la suerte de los Estados Unidos por tenerle a él al frente, el mayor regalo posible sobre el planeta. Eso significa que aquello que no compartan esta afirmación son algo más que personas anti Trump; son personas contra los Estados Unidos, enfermos, algo que lleva proclamando desde sus inicios en la Casa Blanca.

 Que algunos se den cuenta ahora de que Trump no celebra los 250 años de Estados Unidos sino a sí mismo; que lo haga en la base del Monte Rushmore, donde cree que se debe esculpir su rostro como el mejor presidente desde siempre, etc. es significativo de en qué ha convertido a la República durante su mandato.

Sus años no han engrandecido más que su ego, si esto fuera posible. Lo que ha hecho, por el contrario, ha sido destruir los pilares fundamentales, internos y externos, de los Estados Unidos. Ha destruido su crédito como país y como súper potencia.

El camino recorrido hasta su llegada, según su versión, es el de un abuso parasitario por parte del resto del mundo, empeñado en que no fueran todo lo poderosos que podían ser. Esta visión del mundo que le rodea y del deseo manifiesto de imperialismo norteamericano gira en torno a su sentido del "poder". Su punto principal es la pregunta "de qué sirve el poder si no se usa". Esta sencilla expresión está en el centro del pensamiento trumpista y le hace ir cada día un poco más allá, estableciendo el abuso como forma natural de actuación interior y exterior.

Y el poder es la fuerza, la herramienta disponible. No hay nada que discutir, que negociar. Quien tiene la fuerza de imponerse no necesita más. Las leyes, el diálogo, etc. no son más que formas de los débiles: el superhombre es norteamericano.

Pueden ser aranceles o bombardeos, invasiones o cualquier otra fórmula. Todo se usa para obtener lo que se desea y lo que se desea no tiene límites. Por definición, se desea lo que otros tienen. De petróleo a minerales raros, de una posición estratégica al control del mar. De todo es posible apropiarse si se tiene la fuerza necesaria. Lo vemos cada día.

Trump ha incentivado el nacionalismo extremo porque todo esto se "justifica" en un destino de orden divino que quiere Estados Unidos reine sobre el planeta. Nada es casual; todo forma parte de ese destino manifiesto y él, Trump, es la mano elegida para llevarlo adelante. Durante mucho tiempo se ha considerado infantilismo y extravagancia el comportamiento y las palabras de Trump. Hoy comprendemos que son en serio, que hay un público norteamericano que las cree, que acepta los supuestos señalados.

En el camino quedan libertades, propias y ajenas, compromisos y aliados. Todo eso son cargas y el camino debe ser ligero de equipaje, de compromisos. Estados Unidos, piensa Trump, no necesita al mundo; el mundo, en cambio, necesita su liderazgo y visión del nuevo orden mundial.

Esto se gestiona desde una política del espectáculo, ridícula e insultante, simplista para unos grupos sociales que le apoyan y ríen las gracias y ocurrencias por mucho que vayan contra las libertades.

En RTVE.es no cuentan su última gracia: 

Este jueves, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha publicado en redes sociales un vídeo generado con inteligencia artificial en el que aparece caracterizado como doctor y diagnostica de TDS (síndrome de delirio anti-Trump) a Julia Roberts, Robert de Niro y otros actores críticos con él. No es la primera vez que Trump usa la IA para burlarse de sus detractores. Te contamos este y otros usos que ha hecho el presidente estadounidense de la inteligencia artificial.

El vídeo de minuto y medio, publicado el 2 de julio en sus perfiles oficiales en Instagram, X y Truth Social, ha sido compartido cerca de 50.000 veces y ha tenido millones de reproducciones. La publicación arranca con un “doctor” Trump con bata blanca en lo que parece un hospital diciendo en inglés: “¿Usted o algún conocido ha sido diagnosticado con TDS (siglas en inglés de un inventado ‘síndrome de delirio anti-Trump’)? Los síntomas pueden ser implacables. Afortunadamente, soy el doctor Trump y tengo un tratamiento”. 

Los siguientes planos muestran a actores como Rosie O'Donnell, Whoopi Goldberg, John Leguizamo, Edward Norton, Robert De Niro o Julia Roberts en una consulta hablando de lo que les ha supuesto padecer esta enfermedad inventada: “Pensaba que era un caso perdido. [...] Pero tras seguir el tratamiento, noto la diferencia”, afirma una falsa Whoopi Goldberg. Segundos después un ficticio De Niro asegura: “No podía comer. No podía dormir. Estaba constantemente enfadado. Hacía la vida imposible a quienes me rodeaban”. El vídeo concluye con Trump diciendo: “El tratamiento es sencillo: apague las noticias falsas, rece y, si alguna vez se siente ansioso, tómese una Coca-Cola Diet como hago yo. Verá una diferencia notable en su vida”.*

 

No tiene ninguna gracias. Es una forma de estigmatizar e insultar a los que tiene en contra. Trump no es un presidente al uso; no tiene un sentido de respeto al cargo o claridad en sus límite. Es la falta de límites lo que caracteriza al hombre más poderoso de la Tierra. Eso le da derecho al insulto y se corre el peligro de que constituya una forma de señalamiento de personas en un país lleno de armas y de cada vez más gente con ganas de usarlas, como ocurrió con los alientos al asalto al Capitolio y los lobos solitarios que iban de caza a las fronteras del sur para disparar sobre los inmigrantes.

Trump ha llenado el país de campos de concentración para inmigrantes, ha separado a familias de sus hijos como forma intimidatoria y ha sembrado el miedo a ir a los estadios por temor a ser detenidos por el ICE. Los países como México o Cubas, tras Venezuela, corren el riesgo de ser invadidos violentamente cuando él lo decida.

Lo ocurrido en Irán ha abierto una puerta al futuro para unos y otros. Unos tratarán de resistir y otros de evitar esa resistencia. No se debe repetir el "error de Irán" piensan. El próximo será otra cosa.

Los actores considerados como "enfermos" son personas con derechos y su principal derecho es el de poder ser críticos con un presidente que les representa en su totalidad. Trump los convierte en enfermos y es él quien les diagnostica su enfermedad: la oposición a Trump.

El velo totalitario cubra ya parte de los Estados Unidos. Necesita los golpes internacionales para presentar a sus opositores y críticos interiores como enemigos de América, mientras que él encarna la gloria, una mañana cada día mejor.

El horror que crean los Estados Unidos de Trump solo en parte se atreve a formularse ante el temor a represalias o a que sea una pesadilla de la que despertaremos pronto. Pero no es un sueño; es una terrible realidad ante la que solo cabe la unión y el distanciamiento, la menor dependencia posible. Trump necesita de nuevo un mundo dividido del que erigirse en salvador, un mundo que tema al otro y que le aplauda, que active su ego cada día con aplausos y vítores.

Estos 250 años de los Estados Unidos ya no son una celebración de la creación de un país que acoge lo bueno del mundo, a los perseguidos por tiranías e ignorancia. Es ahora una mezcla de retrocesos, del racismo a la dictadura, de reino del miedo y de la euforia peligrosa.

No sigamos poniendo el énfasis temeroso en el uso de la IA en los insultos de Trump. Eso es lo de menos; es solo el espectáculo. Lo importante no son los usos tecnológicos, sino los objetivos de intimidación, escarnio, etc. que le sirven de fondo. Es lo que realmente importa, algo digno de la peor época soviética.

Creo que hay poco que celebrar y mucho en lo que pensar. Los Estados Unidos que Trump celebra no son más que una versión de sí mismo. Dice que "lo mejor está por llegar". No nos tranquiliza nada.


 

* Paula Mayoral Muñoz "Un doctor Trump creado con IA 'cura el síndrome anti-Trump' a críticos con él como De Niro o Julia Roberts" RTVE.es / VerificaRTVE 03/07/2026 https://www.rtve.es/noticias/20260703/doctor-ia-cura-sindrome-trump-actores-criticos-robert-niro-julia-roberts/17143209.shtml

martes, 4 de marzo de 2025

Política no o los Oscar del silencio

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La Sexta comentaba ayer el silencio en los Oscar, Lo que muchas veces es un espacio de reivindicación de causas y críticas había mostrado un extraño silencio en unos tiempos especialmente revueltos. Lo que se esperaba movidito quedó en nada.

Las explicaciones dadas a este silencio, según explicaban en la cadena televisiva se debería a una serie de advertencias a los profesionales mediante el envío de cartas, la selección de presentadores de bajo perfil político (hablaban directamente de "apolíticos") y otros tipos de formas de asegurarse una gala sin incidentes ni sorpresas. Temían, nos decían, que de hacer lo contrario, podían tener respuestas negativas no solo a la gala en sí, sino a las películas cuyos elencos se mostraran críticos.

Una nueva muestra de cómo están las libertades en el llamado "país de la libertad". Los memes sobre una avergonzada estatua de la libertad han proliferado.

Hace unos días hablábamos aquí de las reacciones en el Washington Post, donde Jeff Bezos y sus directivos habían ordenado también líneas "tranquilas" alejándose de la crítica presidencial. Gran parte de los periodistas y directivos había amenazado con irse.

Cada vez se va percibiendo más el clima de amenaza con el que los que apoyan a Trump. La Casa Blanca se está encargando de mantener un entorno mediático cada vez más cerrado y restrictivo.

Ayer escuche lo que aquí llevamos repitiendo tiempo: Trump se ha rodeado esta vez de "ejecutores" y no de asesores, como la primera vez que trataban de disuadirle de que realizara determinadas acciones que consideraban nefastas por lo que podía suponer. Los que ahora rodean a Trump son sumisos o fanáticos. De esta forma se asegura que puede hacer lo que quiere sin que nadie le frene.

Si a esto se le suma en silencio que va ganando en los medios que acaba controlando, las perspectivas para los Estados Unidos no son buenas, por más que muchos las acepten encantados y hablen de "patriotismo".

Sin freno y sin crítica, queda un Trump desatado, público de sí mismo, que puede acusar a Zelenski de "buscar la III Guerra Mundial" y quedarse tan ancho, cortando la ayuda militar en seco, como acaba de hacer, además de dar facilidades y bendiciones a  Putin. Puede hablar sin rubor de que la mejor garantía para Ucrania es que pase a ser una posesión económica norteamericana.

Sin nadie que le diga nada, sin nadie que le frene, el mundo reacciona incrédulo ante los nuevos Estados Unidos de Donald Trump, un mundo silenciado en el que solo resuena las estridencias presidenciales y de algunos de sus acólitos políticos, económicos y mediáticos.

¿Tendrán que recurrir muchos estadounidenses a informarse de lo que realmente pasa en su país, de las consecuencias de las acciones presidenciales, a través de la prensa extranjera, como ocurre siempre en las dictaduras? Pues ese empieza a ser el panorama.

Lo visto en Ucrania y en Gaza, las dos guerras abiertas que involucran a los Estados Unidos, muestran la arbitrariedad estando del lado del genocida en un caso y dejando abandonado al que no quiere ceder sus tierras o recursos ni a empresas ni a invasores.

El silencio que busca Trump es para que voz sea lo único, una visión interesada y unilateral que acabará desatando una reacción anti norteamericana ganada a pulso, día a día, con cada acción, cono cada insulto, con cada desprecio.

La silenciada ceremonia de los Oscar es solo un ejemplo de lo que Trump está haciendo en otros sectores, como los despidos en las administraciones, los recortes a los programas que pueden albergar gente contraria, etc. 

Ahora es cuando comienzan a ponerse a prueba las instituciones y las mentes críticas.

martes, 14 de mayo de 2024

Errores made in USA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Un representante oficial estadounidense aparece en nuestras pantallas para decirle al mundo que lo que ocurre en Gaza "no es un genocidio". Esto, a punto de sobrepasar los 35.000 muertos, la gran mayoría civiles, no deja de ser un tremendo error del gobierno norteamericano. Lo que se ve a diario, en cambio, contradice al portavoz. Ni salen las cuentas, ni salen las decisiones.

Es indudable que el gobierno de Biden necesita justificar lo injustificable porque se juega su propio nombre. Si sale hablando de genocidio mientras facilita las armas para cometerlo parecería el acto de un esquizofrénico, un "doblepensar" orwelliano, que realmente será su sentido final. Estados Unidos liga su crédito, interior y exterior, al de Israel que ya lo ha perdido con Netanyahu al frente.

En The Washington Post se multiplican hoy las preguntas en los titulares: "How is any of this making Israel more secure?" (Eugene Robinson), "How Israel and the United States suppress democracy in the Middle East" (Shadi Hamid), "Will Zionisn survive the war?" (Yuval Noah Harari) y "David Petraeus warns Israel’s ‘clear and leave’ strategy won’t work". Estados Unidos no puede vivir sus propias dudas ante lo que ve a diario en sus medios.

Estos nos ofrecen imágenes de la contestación a Netanyahu en el interior de Israel, otra realidad que no se puede obviar. Cada vez son más los que ven que la política de Netanyahu solo lleva al desastre presente (con la muerte de los rehenes) y futuro, con la estigmatización del Estado de Israel como un estado criminal de que se hacen cómplices los que le ayudan en su brutalidad. Y eso no puede dejar de tener un coste en la política norteamericana que todos los dólares del mundo no podrán silenciar.

El mismo The Washington Post recoge la primera renuncia en el ejército estadounidense por "no soportar la vergüenza y la culpabilidad" ante las imágenes de la guerra en Gaza, financiada y armada por los Estados Unidos. El mayor Harrison Mann ha explotado de vergüenza y lo ha explicado: no quiere ser cómplice. Tampoco quiso serlo el militar que se prendió fuego como protesta en febrero.

BBC 27/02/2024

Es un primer caso pero, mucho me temo, que no será el último. A las concentraciones de jóvenes en los campus universitarios les pueden seguir las renuncias de los que no quieren ser partícipes de estas masacres contra civiles.

En esta guerra no hay épica, solo cobardía. La de Hamás pretendiendo escudarse tras rehenes y civiles y la de Israel asegurando "defenderse" con la muerte de decenas de miles de civiles, mujeres y niños.


La pregunta de Eugene Robinson en el Post —"¿cómo hace todo esto más seguro a Israel?"— se la están haciendo muchos en muchas partes del mundo, pero es esencial que se lo hagan públicamente en Estados Unidos, el único que puede frenar en alguna medida las políticas de Netanyahu. Es un Israel al que cada vez menos alguien se atreve a respaldar, menos a defender, para satisfacción de Hamás.

También es pertinente la que se hace el conocido escritor Yuval Noah Harari al preguntarse sobre el futuro del "sionismo", que es la forma de quitar la máscara a Netanyahu y su defensa frente al "antisemitismo". La burla la hemos visto en su aparentemente inocente mensaje de apoyo a la representante israelí en el Festival de la Canción de Eurovisión, un hecho que ha sido manipulado por el político.

La única baza que le queda al brutal Netanyahu es hablar de "antisemitismo" cuando se debería hablar de "anti Netanyahu", ya que es él que finalmente se aprovecha en una jugada que también empieza a torcerse en apoyos internos. Netanyahu, un político al límite por las acusaciones de corrupción, se "salva" tratando de convertirse en "héroe" salvador. La pregunta de Harari es la que se interroga sobre el estado en que quedará Israel el día que esto se acabe. Las ruinas físicas de Palestina, de la que no quedará piedra sobre piedra, será el paisaje sobre el que se mostrarán las ruinas morales de Israel.

Sí, diga lo que diga el portavoz de Estados Unidos, sí hay un genocidio. Es una destrucción masiva de un pueblo, una limpieza étnica. Gaza es una ratonera frente a la que el gato se afila cada día sus garras. La renuncia del militar norteamericano muestra que los políticos norteamericanos no lo van a tener muy sencillo en adelante, que se han traspasado los límites de lo admisible, que quedarse callados es ser cómplices en unos crímenes de guerra que se realizan a la vista de todos. Minusvalorarlos, rebajar su gravedad es un nuevo error de los Estados Unidos.

Se está actuando tal como lo hace la dictadura rusa, apoyando gobiernos por encima de la crueldad de sus acciones. ¡Triste destino!

The New York Times

lunes, 18 de abril de 2022

Sánchez y los algoritmos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Si ayer hablábamos aquí del uso del "Big Data" en la campaña de la DGT tras la cual todo el mundo empezará hoy a ver si se cumplió, con la atribución de un carácter mágico al término, una especie de "profecía" oracular, hoy es otro de los términos, "algoritmo", el que acude a la primera plana de ABC en un gran titular en la primera página de su edición impresa e igual protagonismo en su edición digital.

De nuevo se crea un sentido a partir del desconocimiento popular de estos términos, por lo que se contribuye a crear en los lectores una sensación de terror ante lo que se pueda ocultar tras esas palabras que nos llegan, como Terminator, desde el futuro.

El titular de ABC es "La Moncloa usa algoritmos para controlar la imagen de Sánchez",  seguido de la "inquietante" entradilla "El programa de inteligencia artificial permite al aparato de comunicación del Gobierno conocer en tiempo real cualquier alusión al presidente". A ello se suma un editorial, «Narcisismo en La Moncloa» y un tercer artículo con el titular "La tecnología que permite guiar la acción política en tiempo real" y una entradilla con el siguiente texto: "Si hace unos años equipos humanos se dedicaban a escuchar de forma tradicional la radio y la televisión, ahora la inteligencia artificial reduce el tiempo necesario para conseguir esa información".

Nada de lo expresado en ninguno de estos textos difiere de lo que hacen la mayor parte de los dirigentes mundiales en nuestra escala, que usan las posibilidades tecnológicas para tener un seguimiento de la opinión.

Aquí hemos señalado en varias ocasiones que esta preocupación constante por la opinión puede caer en algo distinto al "narcisismo", como se señala en el editorial, que es en una dependencia de los gustos para tratar de tener siempre el respaldo popular por encima de principios o límites. El mal no es el narcisismo sino la falta de estabilidad por obsesión con la permanencia. Hoy que nos planteamos —como en Francia— el por qué de la desaparición de los llamados partidos tradicionales, quizá la respuesta pueda estar en esa indefinición referencial frente al oportunismo del día a día que nos marcan encuestas o análisis de tendencias, para los que resultan esenciales las aplicaciones tecnológicas. No creo que haya partido en España que no las utilice porque es la forma barata (salvo apariciones de amigos) y rápida de saber lo que es una obsesión de todos los líderes y partidos: qué piensan de nosotros. No es cuestión de narcisismo, sino de la deriva pragmática del comportamiento político, que no va por delante, marcando camino, sino por detrás de la opinión pública satisfaciendo deseos. Esto puede funcionar mientras no se den bandazos y se satisfagan deseos sin la necesaria pedagogía que el poder debe realizar para que vaya mejorando el estado de la opinión.

El artículo titulado "La tecnología que permite guiar la acción política en tiempo real" recoge en su interior la esencia de lo dicho, donde se introduce otro de los términos "inquietantes", el de "tiempo real", que tiende a interpretarse, en combinación con los demás" como una especie de espionaje desde La Moncloa a cada ciudadano. En el artículo se nos explica: 

El desarrollo de la tecnología ha cambiado radicalmente la forma en la que empresas e instituciones están al tanto de la imagen que se proyecta sobre ellos. Si hace unos años equipos humanos se dedicaban a escuchar de forma tradicional la radio y la televisión para estar al tanto sobre lo que se decía sobre sus clientes, ahora la inteligencia artificial (IA) ha reducido enormemente el tiempo necesario para conseguir esa información. «La IA es la mejor manera de hacer un análisis rápido, eficaz y centrado en el usuario», explica a ABC Almudena Ruiz Iniesta, directora del Máster en Inteligencia Artificial de la Universidad Internacional de La Rioja.

Precisamente, el uso de la IA es lo que va a permitir que, ahora, el equipo de comunicación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pueda estar al tanto sobre lo que se diga sobre él en tiempo real y que, además, esa información sea valiosa eliminando por completo todo aquello que no interesa. La comunicación entre la empresa que ofrece el servicio de ‘clipping’ de medios y el Ejecutivo debe ser constante para que el trabajo realizado sea los más consistente posible. «Si buscas ‘clips’ de audio sobre Pedro Sánchez te vas a encontrar con millones de resultados cada día. El objetivo de las empresas que ofrecemos este servicio no es el de recopilar absolutamente toda la información que se comparte sobre nuestros clientes, ya sean empresas, instituciones o agrupaciones políticas. Por el contrario, debemos conseguir los resultados interesantes. Y eso se consigue con inteligencia artificial, pero también con inteligencia humana», dice Margarita Jerez de la Vega, consultora externa que lleva desde la década de los noventa creando y dirigiendo empresas encargadas de realizar labores similares a las que Hallon Intelligence ofrece ahora al Gobierno de España.** 

La frase "que, ahora, el equipo de comunicación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pueda estar al tanto sobre lo que se diga sobre él en tiempo real" nos incita a hablar en voz baja, a temer al Gran Hermano de La Moncloa que a todos nos acecha. Parece una advertencia para que bajemos el volumen de nuestras voces, a que antes de que escribamos "Pedro Sánchez" lo pensemos dos veces al sonar algún timbre en los despachos siniestros desde los que se nos espía en cada instante.

Es interesante que en los dos párrafos citados anteriores lo que dicen los expertos es con total normalidad, situando esta actividad como otra de análisis cualquiera, en contraste con el carácter totalitario que se le quiere dar. El propio hecho de que haya másteres en inteligencia artificial (mi propia facultad inaugura este próximo curso uno relacionándolos con los Derechos Humanos para evitar los malos usos) o de que la experta consultada diga que lleva desde la "década de los noventa creando y dirigiendo empresas encargadas de realizar labores similares" no supone cortapisa para el argumento orwelliano sobre La Moncloa.

No creo que Pedro Sánchez esté más o menos preocupado por su imagen que otros dirigentes políticos. Y si lo está, peor para él, ya que es esclavo de lo que los demás piensen. Pero ¿no hemos convertido en eso la política?

Las formas de determinan el estado de la opinión pública se establecen ya en todos los niveles empresariales, la cuestión está en qué información es útil en cada caso. Hay campañas publicitarias, por ejemplo, que suscitan rechazo porque aparecen aspectos que se midieron mal. La forma de rectificar es testar los efectos y para eso sirven los algoritmos que maneja la Inteligencia Artificial. Se busca la mayor eficacia de la comunicación mediante toda una serie de técnicas de prueba que se han ido afinando en el tiempo gracias a las mayores cantidades de información (aquí entra la tecnología denominada Big Data y que parte de otros principios selectivos o, si se prefiere, del tratamiento masivo de datos sin realizar los filtros que podrían reducir la eficacia dejando que emerjan las pautas buscadas) y al refinamiento de los protocolos y algoritmos, que son las secuencias matemáticas que permiten manejar los datos recogidos masivamente. La potencia de cálculo de nuestros ordenadores y el crecimiento brutal de las fuentes y cantidades de información, incluida ahora la llamada Internet de las Cosas, que suministrarán muchos más datos para extraer la información que deseamos obtener.


Si esto fuera solo cuestión de Pedro Sánchez podríamos respirar tranquilos. La cuestión es que, como señala el propio texto por boca de Margarita Jerez de la Vega, esto es ya el objetivo de cualquier empresa en el mercado. La imagen del presidente no es distinta de la de una sopa de verduras, un refresco sin azúcar o ropa interior negra. No lo es para las máquinas, ni para los algoritmos. Solo lo es para los que leen esos datos, pasados por la máquina.

En el editorial titulado "Narcisismo en La Moncloa", tras señalar los gastos en medios y en controlar la opinión pública por parte de Sánchez, se explica:

(...) Por si no fuera suficiente este despliegue de medios, La Moncloa ha contratado a una empresa especializada en la monitorización de información para que mantenga permanentemente al tanto al equipo de Sánchez de cualquier comentario, publicación o noticia que afecte al presidente del Gobierno. El servicio se basa en un sistema de algoritmos que rastrean emisoras de radio y cadenas de televisión para localizar contenidos de interés para La Moncloa; contenidos que llegan en pocos minutos a los terminales de los responsables de comunicación y propaganda de la Presidencia del Gobierno. El coste de este servicio no es excesivo, algo más de 16.000 euros al año, pero lo importante es su significado político, que revela una clara obsesión de La Moncloa por preservar una imagen de Sánchez cada día más sometido al deterioro que impone la realidad. Tampoco parece que tanta información esté sirviendo para que La Moncloa esté al tanto de cuáles son los datos de la vida cotidiana en nuestro país. Al contrario, el empecinamiento del discurso oficial en pintar la realidad de España como un oasis de recuperación y estabilidad o bien demuestra que la información es sometida a un proceso de manipulación para que llegue distorsionada a su destinatario, o bien significa que el objetivo de tanto algoritmo es crear un contrarrelato, una constante campaña de contrainformación.**


Es difícil no esbozar una sonrisa al leer esto, basado en la extrañeza ante esos conceptos ya peligrosos que provienen de las máquinas. Convertir a Pedro Sánchez en un narcisista "Señor de la Máquinas" es ridículo, cuando la crítica política se puede ejercer desde muchos otros parámetros razonables. Sánchez no es mejor o peor por utilizar ese económico servicio anual. ¿No crean todos permanentemente sus relatos y contrarrelatos?

Los medios nos dicen que ni Alberto Núñez Feijóo ni el presidente autonómico andaluz van a asistir a la toma de posesión del presidente de Castilla y León. Evidentemente es una cuestión de "imagen". No quieren la foto con Vox. Ya sea por principios o por sus efectos nocivos, prefieren tomar su decisión de no asistir aduciendo "problemas de agenda". Cada uno lo interpretará y contestará a su manera dentro de la brega constante en la que unos tratan de atacar y otros de defenderse.


La política hoy —nos guste o no y por parte de todos— se basa en este monitoreo constante de la imagen. Si debemos preocuparnos por algo es por la intromisión constante —incluida la de los periódicos que dicen atacar la IA, el Big Data, el "tiempo real", etc.— en nuestras vidas. Hoy entrar en cualquier medio es navegar en un océano de "cookies" cuya función es monitorizar nuestra vida en la red al milímetro. De las páginas que visitamos los algoritmos deducen nuestro comportamiento, de las horas que pasamos ante un monitor si estamos casados o solteros, de nuestras compras nuestros gustos, etc. Todo forma parte ya de ese big data, de esa Internet de las Cosas, de ese Alexa en el salón recibiendo órdenes y de los múltiples dulces que se nos ofrecen para que cedamos nuestros datos, aunque esto no importe ya mucho, porque quedan muy pocos por ceder. Todavía hay quien tapa con cello la cámara de su portátil, aunque luego suba decenas de selfies a su cuenta, donde deducen a través de algoritmos faciales con quién ha estado, dónde y a qué hora, qué ha hecho. Todo se guarda y ya le servirá a alguien.

Los que pagan porque se extraiga información útil (según cada uno) son ya todos, pues es lo que les permite dirigir, planificar y tomar decisiones al segundo. Que esto ocurra en la política va más allá del narcisismo. Si ABC revisa su propia política de cookies, verá que sus equipos directivos toman decisiones según el conocimiento que tienen de sus propios lectores.

¿Triste? Puede que sí, pero todos lo están utilizando, por lo que emprender campañas en su contra, sin tomar medidas en el campo propio, no es más que un intento naif de desmarcarse.

Hoy los partidos funcionan como empresas y las empresas tal como les dejan las leyes salvajes del mercado, aprovechando toda la información, que según cómo la filtremos nos dará información sobre unas cosas u otras.

Sería interesante saber cuántos partidos políticos lo practican, es decir, cuántos tienen contratados este tipo de servicios de chequeo de redes y medios. Probablemente todos los que puedan pagárselo. Especular sobre narcisismo en esto no tiene muncho sentido cuando todos los partidos están trabajando sobre la imagen de sus líderes y tratan de hundir la de los ajenos en esta batalla sin cuartel que se ha convertido la política, en la que se golpea donde más duele, en la imagen. 

Para bien o para mal, es lo que hay. No entiendo el escándalo a estas alturas.  Hay motivos suficientes para la crítica y la preocupación como para tener que recurrir al uso de algoritmos y demás cuestiones tecnológicas que están ahí desde hace mucho tiempo.


* "La Moncloa usa algoritmos para controlar la imagen de Sánchez" ABC 18/04/2022 https://www.abc.es/espana/abci-moncloa-algortimos-para-saber-minuto-dice-sanchez-202204171810_noticia.html

** "Editorial: «Narcisismo en La Moncloa»" ABC 18/04/2022 https://www.abc.es/opinion/abci-editorial-abc-narcisismo-moncloa-202204172216_noticia.html

miércoles, 24 de junio de 2020

Solo las ratas tontas se quedan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Como el agujero de un sumidero, como la boca de una alcantarilla, Donald Trump va atrayendo hacia su fondo todo lo que no consigue alejarse de él. La situación de los Estados Unidos es tan desastrosa que, como señalamos hace ya tiempo, no hay republicano sensato que no abandone el barco. De hecho, la sensatez o la supervivencia pueden medirse en términos de alejamiento. Algunos —muy pocos— lo hicieron desde que llegó a la Casa Blanca. ¿Hay que recordar que John McCain dejó como última voluntad que Trump no apareciera por su funeral? Otros, como Mitt Romney, tampoco tardaron mucho en ver lo que les había caído encima. Recientemente ha sido el grupo de los militares llamados a la Casa Blanca el que se ha desmarcado, con precedentes de los que siguiendo su conciencia fueron a declarar las locuras del Comandante en Jefe. El libro de John Bolton, salido ayer, es el de un oportunista, pero de un oportunista republicano.
Con las elecciones a menos de cinco meses, con la precampaña en marcha con asientos vacíos, están los que ya huelen el desastre. Es difícil apoyar al presidente. Solo las ratas tontas se quedan. Y las hay. Son las que nunca habían tenido nada y que prefieren el nivel del correveidile y contar a sus nietos que trabajaron en la Casa Blanca, aunque eludan en el futuro mencionar que fue con Trump.


Habrá republicanos que miren al cielo sentados en su porche y recuerden que fue el mejor presidente de los Estados Unidos, hundido solo por la conspiración de un "virus chino" y los traidores a la patria. Sus nietos les escucharan contar las historias que tanto contrastan con lo que contienen sus libros de Historia.
La necesidad republicana de desmarcarse de Trump se produce tras su fracaso al no apoyar el "impeachment". ¿No es una contradicción? La política lo es en muchas ocasiones. La ira de muchos por el libro de Bolton es precisamente por cobrar en un libro a lo que debería haber sido una declaración pública ante las comisiones que juzgaban sus acciones. ¿Cómo habría sido el proceso de impeachment sabiendo de su boca lo que esparce por sus páginas? Pero Estados Unidos no solo es la tierra de las oportunidades sino también de los oportunistas. Bolton ya es numero uno de los libros del año.


En esta competición por dejar atrás a Trump, Chris Cillizza titula "This is the most succinct -- and brutal -- Republican rejection of Donald Trump that you will ever read" su columna en la CNN. Recoge la voz de Steve Schmidt, que participó con  John McCain en la campaña de 2008 para la presidencia y lo ha hecho en una entrevista en la cadena MSNBC. Se ha quedado a gusto, incluso McCain se habrá quedado a gusto en el otro mundo escuchando lo dicho:

Here's his analysis of Trump, which ran almost exactly two minutes (and special shout-out to CNN's Allison Gordon for the transcription!):
"Donald Trump has been the worst president this country has ever had. And I don't say that hyperbolically. He is. But he is a consequential president. And he has brought this country in three short years to a place of weakness that is simply unimaginable if you were pondering where we are today from the day where Barack Obama left office. And there were a lot of us on that day who were deeply skeptical and very worried about what a Trump presidency would be. But this is a moment of unparalleled national humiliation, of weakness.
"When you listen to the President, these are the musings of an imbecile. An idiot. And I don't use those words to name call. I use them because they are the precise words of the English language to describe his behavior. His comportment. His actions. We've never seen a level of incompetence, a level of ineptitude so staggering on a daily basis by anybody in the history of the country whose ever been charged with substantial responsibilities.
"It's just astonishing that this man is president of the United States. The man, the con man, from New York City. Many bankruptcies, failed businesses, a reality show, that branded him as something that he never was. A successful businessman. Well, he's the President of the United States now, and the man who said he would make the country great again. And he's brought death, suffering, and economic collapse on truly an epic scale. And let's be clear. This isn't happening in every country around the world. This place. Our place. Our home. Our country. The United States. We are the epicenter. We are the place where you're the most likely to die from this disease. We're the ones with the most shattered economy. And we are because of the fool that sits in the Oval Office behind the Resolute Desk."*



Puede que lo que Steve Schmidt ha dicho de forma tan clara, concisa y precisa este de forma más nebulosa en la mente de muchos republicanos. Trump y el coronavirus se parecen en que ambos dejan en evidencia las carencias del sistema, es especial la presidencia misma. El siempre celebrado presidencialismo norteamericano tiene el inconveniente de que llegue al poder un tipo como Trump.
Los que mantienen la vista en las encuestas se dividen en los que esperan un desastre y los que esperan un milagro. La gente de Trump cree en los milagros o, si se prefiere, niega la realidad palpable. Y esta realidad es contundente, apabullante. Trump y sus dos amigos Jair Bolsonaro y Boris Johnson lideran el desastre mundial de la pandemia del coronavirus, el que fuera primero negado, después ignorado y finalmente despreciado.


"Donald Trump ha sido el peor presidente de la historia", dice Steve Schmidt hablando ya en pasado. No hay campana ni pucherazo que salve a Trump del veredicto de la Historia.
¿Un milagro en las urnas? El mundo ha aprendido que la palabra "imposible" debe ser redefinida. Quizá también "milagro". Y con ellas un sinfín de palabras que creíamos conocer pero que se han revelado como esquivas, imprecisas, juguetonas.


Es previsible que sigan apareciendo declaraciones republicanas en el mismo sentido., Conforme haya menos tiempo para recuperar el desastre y mientras las encuestas muestren a Trump entre 8 y 10 puntos por debajo de Joe Biden, algunos sondeos llegan hasta un 14%, no es fácil que le salgan defensores. Solo ese menguante público que queda en evidencia con cada mitin. ¿Hará como con las ruedas de prensa cuando se volvieron hostiles y se inventará una buena excusa para cancelar actos? Trump los necesita, pero los asientos vacíos en las gradas son su peor propaganda. Horror vacui.
Sí, ya hay creada una asociación de votantes republicanos contra Trump. Es la forma de intentar salvar el futuro del partido, incluso de las ideas republicanas, sean las que sean. Porque Trump no ha tenido ideas en un sentido político, sino que ha agitado los peores sentimientos en tormentas conflictivas que él mismo ha creado.
Estos movimientos tendrán mucho que decir en la renovación de un partido cuyos dirigentes han dado un espectáculo de debilidad, entreguismo y poca capacidad crítica. Si el desastre Trump se confirma en las urnas, los votantes republicanos van a necesitar de voces nuevas que hayan quedado al margen del desastre electoral y, especialmente el poselectoral, el que haga aflorar lo que todavía no ha salido y saldrá. 


* Chris Cillizza "This is the most succinct -- and brutal -- Republican rejection of Donald Trump that you will ever read" CNN 23/06/20 https://edition.cnn.com/2020/06/23/politics/steve-schmidt-donald-trump/index.html

sábado, 17 de junio de 2017

Donald, César y Arturo o el mundo es un escenario

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los montajes de Shakespeare en el Central Park son toda una tradición. Pero si se monta la obra Julio César y se trae a la actualidad, se viste de ejecutivos a  los senadores y a César se le caracteriza como a Donald Trump, con su penacho amarillo y su larga corbata por debajo del cinturón, la tradición se convierte en agria polémica. ¿Incitación al asesinato?, se preguntan algunos. ¡Defensa de la democracia!, exclaman otros en un debate que confirma que Trump llegó a la Casa Blanca, vio, pero no convenció. Como ocurrió con el musical "Hamilton" anteriormente, se ha convertido en una pieza de artillería contra un mandato que muchos consideran negativo para la democracia.
La polémica surge también con otro hecho límite: el ataque armado contra un grupo de congresistas republicanos que jugaban al béisbol hace apenas unos días. El tirador, que pudo haber causado una masacre, era un ferviente anti-Trump, al que acusaba de destruir la democracia. Como escribió un articulista tras los hechos, esto es algo que todos podían usar contra el resto.
La noticia surge esta vez en Central Park, de la mano de los actores y actrices que representan a Shakespeare. En la crítica en The Washington Post, titulada "When ‘Julius Caesar’ was given a Trumpian makeover, people lost it. But is it any good?", firmada por Peter Mark, podemos leer al final:

In an interview, Eustis told me that his goal was intentionally political, that he saw in Caesar the earmarks of a kind of tyranny that contemporary audiences would recognize. “The fundamental question in ‘Julius Caesar’ is what do you do to protect a democracy when a demagogue is threatening the thing that you love,” he said. When such questions arise, this production vibrantly reaffirms, it’s always the right move to brush up your Shakespeare.*


No se le escapará a los aficionados al musical norteamericano que las últimas palabras se corresponden con la letra de otra adaptación shakesperiana, Kiss me, Kate, esta vez del gran Cole Porter con La doma de la bravía.
Julio César es una obra claramente política en el conjunto de la obra del dramaturgo. Desempolvar a Shakespeare es, por supuesto, actualizarlo. Esa es la función de los clásicos. Su eficacia es doble cuando la obra se completa con lo que ocurre fuera del escenario, en la historia misma. Su eficacia se muestra cuando comprendemos que cosas como la ambición, la lucha por el poder, son constantes del comportamiento humano y que da igual el tiempo transcurrido. Esa es la verdad de la obra, la que reconocemos en la vida.
Pero actualizar a Shakespeare es una cosa y aprovecharlo para la crítica del presidente de los Estados Unidos es otra, opinan algunos. Afortunadamente, una buena memoria es parte del trabajo crítico. Peter Mark recuerda:

A 2012 production of the play by Minneapolis’s august Guthrie Theatre and the New York-based Acting Company presented Caesar in the guise of a black actor who was meant to suggest President Obama. That version aroused none of the anger and condemnations in the ultraconservative media that have made the new Shakespeare-in-the-Park incarnation a target. So much so that the aforementioned corporate partners of the Public Theater, which stages free summertime Shakespeare in the Delacorte Theater, dropped their financial support of the show.*


El aumento de las críticas tiene una razón clara: llueve sobre mojado. Si Donald Trump y los suyos se sintieran seguros en sus posiciones les importaría menos lo que ocurre en Central Park. Sin embargo les afecta profundamente porque el arte cala más que otras formas más burdas. Poco se esperaba Donald Trump que su reinado glorioso se haya convertido en una especie de infierno en el que pese a su triunfalismo, va acumulando desastre tras desastre. No creo que exista ningún precedente de alguien como Trump entre los presidentes norteamericanos. Trump es un accidente. No una forma de azar, sino un accidente, algo que ocurre cuando el entorno está muy deteriorado, como le ocurre a la vida democrática norteamericana y de muchos otros lugares.
Por eso la escocedura shakesperiana es profunda y los ataques a los que han montado la obra constantes. En la página web oficial del teatro público neoyorkino podemos leer la siguiente nota:

Our production of JULIUS CAESAR is no advocates violence towards anyone. Shakespeare's play, and our production, make the opposite point: those who attempt to defend democracy by undemocratic means pay a terrible price and destroy the very thing they are fighting to save. For over 400 years, Shakespeare's play has told this story and we are proud to be telling it again in Central Park.
The Public Theater stands completely behind our production of JULIUS CAESAR. We understand and respect the right of our sponsors and supporters to allocate their funding in line with their own values. We recognize that our interpretation of the play has provoked heated discussion; audiences, sponsors and supporters have expressed varying viewpoints ad opinions.
Such discussion is exactly the goal of our civically-engaged theater; this discourse is the basis of a Healthy democracy.
#WeAreOnePublic
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Es un escudo contra los ataques y una declaración de principios.
Escribe Oskar Eustis, el director de la obra, que llevaba 17 años sin representarse en el teatro de Central Park, que es una obra sobre la fragilidad de la democracia. En estos tiempos en los que las democracias sufren escarnio de los que las ven demasiado débiles, demasiado "occidentales", en que se potencian figuras autoritarias por todo el mundo, no está mal recordar al César. Ha demasiado Julios sin grandeza, caricaturas autoritarias.

La historia de la toma del poder por parte de Donald Trump requerirá al menos dos partes, ascenso y caída, como en el "Arturo Ui", de Bertolt Brecht, otro analista del poder. En ella, Brecht también se ocupaba del ascenso de la demagogia, esta vez del nazismo. Fue escrita en Finlandia, en 1941, mientras esperaba el visado para entrar en los Estados Unidos.
La obra —La resistible ascensión y caída de Arturo Ui— fue estrenada en España el 16 de octubre de 1975, con gran retraso por la censura, poco antes de la muerte de Franco. En el texto introductorio se nos explica la intención de Brecht: contar a los norteamericanos el ascenso de Hitler para que lo entendieran. Con este objetivo, Brecht situó la historia del ascenso hitleriano en la sociedad norteamericana, en un entorno conocido, en medio de gánsteres y políticos corruptos. El texto introductorio nos explica: «No puede tratarse aquí de denunciar a la Alemania del III Reich; eso ya lo hizo la Historia misma. Creemos seguir la intención de Brecht, cuando nos planteamos como meta el cuestionar, mediante una parábola realista (que es el medio genuino del teatro) si el presente puede ser comprendido —y superado—.» Es el mismo planteamiento del montaje del parque, la parábola que nos explica el presente. No se trata solo de entender a Shakespeare —sea eso lo que sea— sino de entender el funcionamiento del mundo en el que vivimos y lo que nos ocurre en él.
En sus palabras finales —en versión de Camilo José Cela, nuestro premio Nobel— se deja clara la finalidad del arte teatral así entendido:

Respetable público: aprendamos a ver,
en vez de mirar como borregos.
En vez de charlar,
bla, bla, bla, bla, bla,
debemos actuar.
Lo que habéis visto estuvo a punto
de dominar el mundo
aún no hace tantos años.
Los pueblos terminaron por tener la razón,
pero nadie puede cantar victoria antes de tiempo.
¡Todavía es fecundo
el vientre que parió el suceso inmundo!
Respetable público: aprendamos a ver,
en lugar de mirar como el cordero
que marcha al matadero.



La función del artista, teatral en este caso, es mantener despiertos a los públicos, no solo durante la obra sino en el mundo, en la vida. Para que no sean secuestradas las libertades, deben mostrarnos lo posible o recordarnos lo que fue para evitar que caigamos de nuevo en situaciones no deseables. La defensa de la democracia, de las libertades de todos, es un riesgo y se hace un llamamiento activo, no a la violencia, como dejan claro en su nota los miembros del teatro, sino a despertar del sueño seductor y de la inacción irresponsable.  Llamamiento a la violencia es la xenofobia y el racismo; vender armas y elevar muros; abrazar dictadores y felicitarlos por su labor. Eso sí es violencia. Lo otro se llama crítica.
El consenso sobre Trump es bastante amplio. En vez de buscar la paz y la armonía, en apenas unos meses, Trump ha aumentado el riesgo global. No vivimos en un mundo más seguro, sino mucho más inestable y armado. En la Unión Europea no se desea ni verle y el mundo sufre por su negacionismo del cambio climático. Ha deshecho los acuerdos construidos durante años, elaborados por los propios Estados Unidos.


El deterioro de la imagen de los Estados Unidos —salvo en los regímenes autoritarios, donde los gobernantes presumen de tener su apoyo— es enorme. No es fiable para nadie y es objeto de críticas por todo el mundo, desde sectores que defienden la Ciencia hasta lo que se ocupan del Medio Ambiente o de los derechos de las Mujeres.
En cierto sentido, nadie es más teatral que Donald Trump. La vida de Trump es su exterior, su carácter histriónico convierte su vida en un escenario de una obra infinitamente más vulgar que la que Shakespeare contó. Si alguien se anima a contar la suya será con tonos más cercanos a Brecht que a Shakespeare. No debe esperar grandeza, ni tono elevado. Solo vulgaridad, vulgaridad y vulgaridad.



* * "When ‘Julius Caesar’ was given a Trumpian makeover, people lost it. But is it any good?" The Washington Post 16/06/2017 https://www.washingtonpost.com/news/arts-and-entertainment/wp/2017/06/16/calpurnia-as-melania-octavius-as-jared-the-public-theater-goes-full-trump-with-julius-caesar-in-central-park/
** publictheater.org.