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jueves, 3 de abril de 2025

Trump, solo en casa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Pocos dudan de que hayamos entrado en una fase mundial nueva. Ha habido paces y ha habido guerras. Pero esto es otra cosa, algo difícil de clasificar y que desafía al sentido común.

Los titulares de todos los medios se hacen eco de las amenazas de Trump al mundo y que se han cumplido ayer, un día fatídico que el presidente norteamericano ha etiquetado como "Día de la Liberación". Es el mayor ataque al comercio mundial y la construcción de orden cooperativo que ha permitido el desarrollo global.

Armado con la idea de que todo el mundo estafa a los Estados Unidos, una pobre víctima de una conspiración parasitaria, Trump ha actuado como lo que es, un déspota narcisista lleno de fobias y prejuicios.

La escenografía en la Casa Blanca se había montando para recibir aplausos y promesas, con insultos y humillaciones a los "castigados" por sus acciones parasitarias, en algunos casos considerando su existencia ya como un agravio, tal como considera a la Unión Europea, a la que ha calificado como "patética".

No creo que nadie se extrañe de las acciones de Trump, incluso de su sentido de lo que es la presidencia de los Estados Unidos, de sus límites o falta de ellos. Tiene un lugar en la Historia, tal como lo tienen Adolf Hitler o Joseph Stalin, por esa parte puede estar tranquilo. Lo que sigue sorprendiendo es su aceptación o, si se prefiere, la aceptación de su descripción del mundo, como va creando un mundo "aceptable" para millones de personas que le siguen y aplauden, que le perciben como un nuevo mesías.

Pero Trump se ha metido en un territorio peligroso por incontrolado en sus posibles efectos. Sabemos ya que cualquier efecto negativo será presentado como un ataque y penalizado de nuevo en una espiral incontrolada por su complejidad.

El punto clave de sus acciones es la creencia en que la fuerza da el control. Sin embargo, puede ser todo lo contrario, encontrándose con efectos inesperados por la complejidad y tamaño de las acciones emprendidas.

Este énfasis en la fuerza es el que dirige sus acciones y va marcando su camino. En este sentido, Trump es la antipolítica. Sí eres el más fuerte, debes imponer tu visión y los demás deben acatarla. No hay mucho más Trump. La fuerza como capacidad de imponer lo es todo; lo demás no tiene importancia.

Trump echa por tierra la confianza en los Estados Unidos, un valor que ignora, sustituida por el miedo, por el temor a las respuestas. Está por ver si sus amenazas tienen el efecto intimidatorio que él piensa o si, por el contrario, se desencadena algo que ya ha empezado, una oleada de antinorteamericanismo sin precedentes.

Puede que la reacción sea crear nuevos mercados que intercambien en condiciones de igualdad y se alejen del desequilibrado con Estados Unidos. Esto desencadenará nuevas presiones y continuará con el crecimiento de la espiral de rechazo, de la que Trump responsabilizará al mundo.

Trump avisa de un "tercer mandato" desde la Casa Blanca. ¿Nuevo asalto armado al Capitolio si no le dejan? La esperanza en un cambio en la presidencia no debe generar una idea de "resistencia", de aguante hasta el momento en que se produzca un relevo y con él un cambio de política. Sería un error muy grave.

El mundo ha quedado tocado en sus relaciones por la coincidencia de ambos extremos de Trump y Putin dos gobernantes en absoluto democráticos, ni interior ni exteriormente. Trump está desmontando los Estados Unidos, lo que incluye un elemento esencial, los medios de información, también las agencias sociales, las de educación, desbaratando las políticas de igualdad y pretendiendo evitarlas fuera. Lo de Rusia no es más que la vuelta a la fuerza de su imperialismo bélico, también con un fomento del ultra nacionalismo, con su versión propia del "destino manifiesto" norteamericano.

La imagen que me viene a la mente es la de un Trump "solo en casa", atrincherado en los Estados Unidos, tratando de evitar que los indeseables entren en su protegido territorio hasta que regresen sus padres de la malvada Europa. Esta vez no hay comicidad en el asunto. Quizá se le contagió algo por su breve aparición en "Solo en casa 2", que muchos pidieron fuera eliminada del filme.

Es de esperar que estas acciones arancelarias, otra forma de guerra contra el mundo, tengan muchos efectos de los que Trump no pueda echar la culpa a otros, aunque lo intente.

viernes, 2 de abril de 2021

Antes del coronavirus

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



La CNN nos trae un reportaje sobre la caída de la compañía Huawei de su primer puesto en ventas mundiales de teléfonos inteligentes. Antes del Coronavirus estaba Huawei.

Antes de que saltaran las alarmas por el coronavirus, por el "virus chino" de Trump, estaba el desafió del liderazgo de Huawei en el sector de los teléfonos inteligentes. Y todo empezó a enrarecerse cuando Europa decidió apuntarse a lo que en China estaba más desarrollado que en el resto del mundo, las redes 5G, el futuro de la llamada "Internet de la cosas", la interconexión entre todos los elementos de nuestra vida cotidiana, para lo que se necesitaba superar el 4G y adentrarse en redes más potentes, redes capaces de canalizar toda esa información. El tráfico de datos se dispara con las posibilidades que se contemplan y se necesitan bandas más rápidas, casi instantaneidad de los contactos para que todo funcione como debe. El problema era que esa tecnología no llegaba desde Estados Unidos, sino desde China, el gran rival, convertido en segunda economía mundial, al que todos habían abierto las puertas por calidad y precisos, una vez superada a gran velocidad las reticencias sobre los productos provenientes de China debidamente utilizadas.



Pero el hecho que Gran Bretaña decidiera sumarse inicialmente a la tecnología de Huawei para sus 5G desató una tormenta política y comercial. 

El sentido de los negocios de Trump decía que cualquier arma en tus manos puede ser utilizada. Esta vez los poderes políticos serían usados como arma comercial. Tal como hizo con el propio Biden, cualquier rumor creado intencionadamente se convertía en excusa para desatar el sistema de vetos, aranceles y sanciones. No creo que se haya visto hasta el momento una política de tal agresividad en un mundo que hace del comercio una garantía de paz. Trump, una vez más, usaba sus armas para desatar batallas y ganar guerras. 

Conforme aumentaba la resistencia del mundo a aceptar sus puntos de vista, la estrategia de usar el poder político de Estados Unidos para imponer sus propios negocios aumentaba; eso iba desde ataques a la moneda turca a sancionar las importaciones de aceite español. Se llamó "proteccionismo", pero no deja de ser una política de matones, negadora del principio del mercado y de la competencia. A Trump le bastaba invocar la "seguridad nacional" y así frenar cualquier cosa. Sin necesidad de prueba alguna, solo invocando una seguridad vulnerada que supone simplemente que cualquier producto fabricado en China es sospechoso, de la misma forma que el Oscar a la película coreana Parásitos le parecía un desperdicio injusto y añoraba los viejos filmes como "Lo que el viento se llevó". Para Trump el poder era poder hacer lo que quisiera y, especialmente, no tener que dar explicaciones por ello.



Evidentemente esta política fue apoyada por las cámaras norteamericanas y ha llegado, como consecuencia última, a esos ataques a personas de rasgos asiáticos en las calles de sus ciudades. Lo que comienza en un punto, tiene consecuencias en otros. La mezcla de estrategias comerciales y de ataques indiscriminados ha causado un aumento del racismo convertido en "nacionalismo populista". "Tú no perteneces a este lugar", le gritaba el valiente patriota afroamericano a la ciudadana asiático norteamericana de 65 años mientras la pateaba brutalmente en el suelo. Las puertas se cerraban a su alrededor, indiferentes. Era una asiática

Con Trump, autor de El arte del acuerdo, el mundo ha aprendido sobre cómo hacen negocios los poderosos. En la CNN leemos:

 

Just eight months ago, Huawei reached its longtime goal of becoming the world's biggest smartphone maker. Now, it is not even in the top three.

On Wednesday, the Chinese tech giant acknowledged that its smartphone business was suffering as US sanctions continue to stifle its growth, cutting off the company's ability to obtain critical components for its devices.

"Because of the unfair sanctions placed on us by the US, our mobile phone business saw a revenue decline," Huawei chairman Ken Hu said at a press conference in Shenzhen following the release of the company's latest earnings report.

The private company declined to specify how much revenue the unit lost last year, but the admission came as little surprise. According to data from Gartner and Counterpoint, Huawei is no longer the market leader in China, let alone globally.

Sales of Huawei's other consumer electronics — including laptops, tablets and wearable devices -— jumped 65% last year compared to 2019. Huawei has expanded its lineup of connected devices in recent years, and the latest results gives "us more confidence in our strategy," Hu said.*

 


La caída de ventas de los teléfonos inteligentes de Huawei se produce ante la prohibición de que instale los sistemas operativos producidos por las tecnológicas norteamericanas. Sin esa pieza, el teléfono funciona, sí, pero deja de poder usar las apps con las que nos manejamos. Su plan de hacer un software compatible para que los usuarios no se vieran mermados en sus posibilidades y, lógicamente, condicionados en su decisión de compra, no ha funcionado, lo que ha supuesto la caída de las ventas. Pese a ello, la compañía ha aumentado las ventas de sus otros productos, altamente competitivos.

Me sorprende ver el doble rasero de los medios norteamericanos y británicos cuando tratan del boicoteo chino a los productos o marcas extranjeras. Demuestran una ingenuidad pasmosa o una desvergüenza insólita. Después de cercar los productos que provienen de China y compiten con los suyos, después de establecer gravámenes, difundir rumores para desacreditarlos, etc. ¿pretenden que los compren?



Las interpretaciones del boicot a las compras y otros aspectos de las relaciones comerciales son realmente sorprendentes, ya que parten del principio extraño de que todo lo que hacen los chinos es inducido por el gobierno y el Partido. Los 1.400 millones de ciudadanos chinos son marionetas en manos de un gobierno que les dice qué deben comprar, azuzados por lo que llaman una "ola nacionalista". Eso dicho después de cuatro años de "America First!" y de abrazar la bandera en los actos público con cara libidinosa puede parecer una ironía, pero sorprendentemente forma parte del marco interpretativo simplista que la política norteamericana tiene al interpretar el mundo, un planeta que, según sus términos, se divide en "chicos buenos y chicos malos".

El día 26 de marzo, la CNN interpretaba así el rechazo de muchas celebridades chinas a permanecer en marcas que atacan a su país o participan en campañas de boicot:

 

Chinese celebrities are finding it increasingly difficult to stay out of politics.

Due to China's tight restrictions on free speech, most of the country's stars have been outwardly apolitical by default. But as China embraces a new wave of apparent nationalism -- promoted by the ruling Communist Party and amplified by state media -- it seems staying silent is no longer a viable option.

Over the past two days, Chinese actors, singers and models have spoken up en masse to defend Beijing's policy on Xinjiang, as a nationalist-fueled backlash erupted against some international clothing brands for expressing concerns over allegations of forced labor, and refusing to use cotton produced in the western region.

Human rights groups have accused Beijing of detaining Uyghurs and other Muslim minority groups in internment camps across Xinjiang, and using them for forced labor, which they claim is part of global tech and retail supply chains, either directly or indirectly.

Recent sanctions from the United States and other Western countries over Xinjiang have sparked a renewed pushback from the Chinese government, which calls the camps "vocational training centers" designed to combat terrorism and religious extremism. China has repeatedly and vehemently denied accusations of forced labor in the camps.

In December, the US government said it would block imports of cotton produced in Xinjiang over concerns it "may have been made by slave labor in some of the most egregious human rights violations existing today."

However, in a striking move this week, more than 30 Chinese celebrities have ended their promotional partnerships or said they would cut ties with brands they accused of "smearing" cotton produced in Xinjiang, including H&M, Nike, Adidas, Puma and Calvin Klein.

The stars include A-list actress Yang Mi, top pop idol Wang Yibo, Uyghur actress Dilraba Dilmurat, Hong Kong Cantopop singer Eason Chan and Taiwanese cellist Ouyang Nana.

The scale of the celebrity exodus is unprecedented -- so much so that on Chinese social media, March 25 has been dubbed "contract termination day" among China's entertainment circles.**

 


El texto es insólito desde su primera frase. Da por supuesto que todos los que rechazan los ataques a su país lo hacen forzados por su siniestro gobierno comunista. Boicotear productos chinos no es un "acto político"; abandonar las empresas o romper contratos, en cambio, sí lo es. Interesante forma de ver el mundo desde los medios de comunicación de un país que dice públicamente, por boca de su presidente, que hará todo lo posible para impedir que China sea un país rico y poderoso.

Ninguna de las acusaciones contra Huawei tuvo el más mínimo respaldo de pruebas. Es más, países como Alemania dijeron a través de sus agencias nacionales de Seguridad que habían repasado todo y no habían encontrado nada extraño. El Reino Unido de Boris Johnson cedió en no utilizar la tecnología 5G en sectores sensibles de seguridad para no enfrentarse a Trump.



Pero la ausencia de pruebas es indiferente para la administración norteamericana, que no se amilana. El argumento final es solo uno: Huawei podría dar datos al gobierno chino en el caso que estos se lo pidieran. De nuevo, el argumento surge en un país donde las empresas tecnológicas han tenido que recurrir a los tribunales para poder defenderse de las presiones gubernamentales para entregar datos, algo que las compañías tecnológicas norteamericanas han tenido que asegurar a sus clientes para asegurar su privacidad. El espionaje a los teléfonos de gobernantes como Lula o Merkel provino de las agencias norteamericanas de Inteligencia. Eran "aliados", pero ¿qué significa este término para los Estados Unidos ahora? Es una cuestión bastante peliaguda a la vista de los hechos de estos últimos años, agravados con Trump. El propio Obama se tuvo que disculpar en algunas ocasiones al quedar en evidencia.



Es patriótico negarse a comprar productos chinos. En cambio, es un acto servil de obediencia que los chinos boicoteen las marcas norteamericanas o de aquellos que se suman a las campañas contra ellas.

Ya hemos mencionado que mientras con Trump todo patriotismo era poco, para China solo se reserva la sumisión y el control. Todos actúan, nos vienen a decir, por miedo al todopoderoso Partido.  Si les dejaran, todos saldrían a besar tierras americanas. Por contra, gran parte de la responsabilidad del crecimiento nacionalista de China se debe a las presiones y acosos llevados a cabo por la administración norteamericana y ahora a los graves incidentes de xenofobia realizados contra los residentes asiático norteamericanos. Se lo están poniendo en bandeja, por usar un término claro. La idea del "sueño chino" les parece incompatible, casi ofensiva, ante la idea del "sueño americano".



La búsqueda de alianzas anti China que comentábamos ayer, están creando el sentimiento real de acoso y cerco al país. El gran error es que esto que hacen es contraproducente y logra el objetivo contrario, además de aumentar el riesgo en muchas zonas.

Las mejoras en la situación de China no van a venir en absoluto de estas maniobras económico políticas. Por el contrario, estas condiciones servirán para crear nuevos conflictos y restricciones. Los errores en las estrategias de desarrollo de estas décadas pasadas son responsabilidad de quienes los cometieron, no de quienes los aprovecharon.

La estrategia de Trump, repartir conflictos por todo el globo e intensificar los ya existentes, ha sido asumida por la administración Biden. Desgraciadamente, esto nos trae a todos más inseguridad cada día, tanto en lo económico como a medio plazo en la seguridad. Los conflictos y crisis económicas acaban traduciéndose a otras formas conflictivas.

 


* Michelle Toh "Huawei has lost its smartphone crown. It may never get it back" CNN 31/04/2021 https://edition.cnn.com/2021/03/31/tech/huawei-earnings-smartphone-business-intl-hnk/index.html

** Nectar Gan "Chinese celebrities rush to defend Beijing's Xinjiang policy by cutting ties with international brands" CNN 26/03/2021 https://edition.cnn.com/style/article/chinese-celebrities-xj-cotton-intl-hnk/index.html

 






sábado, 2 de mayo de 2020

El nuevo frente que Trump prepara

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace mucho tiempo señalamos un principio: cuanto mayor fuera el empeoramiento de la situación norteamericana más trataría Donald Trump desviar la energía negativa hacia China para ocultar su propia responsabilidad. Es lo que estamos viendo ahora. Recordemos que el comienzo de la epidemia, cuando se ve como algo distante e imposible de acercamiento al espacio propio es en el momento de la lucha de aranceles y sanciones de Trump contra China. Es el momento que marca la crisis de Huawei, compañía contra la que se lanzan todo tipo de acusaciones debido a sus ofertas para Europa con las redes 5G, un negocio que Estados Unidos ve que se le escapa. Pese a los informes de los servicios de Inteligencia británicos y alemanes diciendo que no encuentran nada extraño en la tecnología de Huawei, Trump sigue presionando con lo que mejor se le da, la insinuación.
La insinuación es lo que ha hecho contra Joe Biden en Ucrania, donde presionó al gobierno con no liberar los fondos comprometidos si no se anunciaba (con eso le bastaba) que el gobierno de Ucrania investigaba a los Biden y los negocios de su hijo allí. El escándalo saltó y fue uno de los motivos esenciales para el impeachment, del que se libró solo por los votos de los republicanos en el Senado.



Trump lleva toda su vida haciendo lo mismo. No necesita actuar hasta que las insinuaciones han creado la corriente de opinión suficiente como para que se dé por hecho. Ahora que su situación es catastrófica y que ha tenido que suspender sus ruedas de prensa por la vergüenza internacional por sus afirmaciones sobre el papel de los desinfectantes o la iluminación interior para esterilizar ante la pandemia, los ataques a China se recrudecen.
En la CNN, firmado por Matt Egan y con el titular "It's an insane time for Trump to pick (another) fight with China" se explica:

President Donald Trump has picked the worst possible time to relaunch his trade battle with China.
The coronavirus pandemic is crushing the US and global economies. Unemployment is soaring. GDP is collapsing at an unprecedented pace. Corporate profits are plunging. Manufacturing is contracting.
Welcome to the most expensive US stock market in two decades
Welcome to the most expensive US stock market in two decades
Yet Trump could amplify that financial pain by attempting to use tariffs or other sanctions to punish China for its role in the health crisis. Economists warn that such a strategy could badly backfire, potentially turning what is now a deep recession into a full-blown depression.
"This is pure folly. It's exactly what the US economy doesn't need," Joe Bruselas, chief economist at RSM, told CNN Business.
Wall Street is not happy about the return of Tariff Man, as Trump calls himself. The Dow tumbled 600 points, or 2.4%, Friday afternoon on concerns about renewed US-China tensions.*


Pero de poco van a servir las advertencias. Trump no escucha más que su eco, en voz propia o ajena.
Recordemos un momento el eslogan más famoso entre los partidarios de Trump (sin contar el "¡encarcélala!" aplicado a Hillary Clinton o más recientemente a la gobernadora demócrata de Michigan), me refiero al "¡Construye el muro!", aplicado a México país al que había definido de forma xenófoba, como exportador de delincuentes, narcotraficantes y violadores, los famosos "bad hombres" de sus proclamas. Pero lo que tiene  interés en este caso es que no solo acusa a un país sino el añadido: son "ellos los que van a pagar el muro".

La promesa de Trump no solo es construir, sino hacer pagar la factura al otro. Es la forma de vencer resistencias y de crear una imagen atractiva para sus votantes: la del matón que impone su ley del más fuerte ante todos los que sabe más débiles. Eso desarrolla el ego de una parte del país al que se le ha convencido que la decadencia norteamericana solo es un problema de su candidez y generosidad a la hora de negociar con el mundo. Aquí es donde entre Trump, definiéndose como el experto el tratos, el artista del "deal". En una primera fase, la potencia bruta de los Estados Unidos rompe los tratados (Irán, Oriente Medio, Corea del Norte, China, sobre el medio ambiente, la OTAN, México y Canadá, La Unión Europea...), eleva el nivel de tensión en la zona respectiva parar después, en un punto determinado, aparecer como el "gran negociador" y reunirse con el dictador coreano o bailar con los autócratas de Oriente Medio la Danza de la Espada. Como"renegociador", Trump es de los que juegan al póker con el revólver encima de la mesa.
Como potencia, los Estados Unidos han ido comprando su influencia desde la II Guerra Mundial con una mezcla de poder y ayudas. Su participación en las grandes instituciones internacionales siguen ahora el patrón que acabamos de comprobar con la Organización Mundial de la Salud: si no me gusta lo que dice o no respalda lo que digo, retiro la financiación norteamericana de la institución.
En los grandes centros de decisión, Trump amenaza con retirarse y, lo que es peor, actuar unilateralmente, por lo que aumenta la inseguridad internacional, que se basa en la colaboración y discusión conjunta en los temas graves. Pero las reuniones de los distintos "G" han sido un fracaso por la cerrazón unilateral de Estados Unidos, representados por Trump. Pero hay algo peor: Trump regresa a casa y se reúne en esos mítines de fin de semana para ser aplaudido por ello. Les cuenta que ha metido en cintura a los parásitos extranjeros que se han burlado, debido a los "malos presidentes anteriores" a él, de los Estados Unidos.


Trump lleva un tiempo, cuando crece la desesperación y el conflicto, cuando hay millones de desempleados y se le hunde la economía, cuando los cadáveres se amontonan ante las funerarias, como ha ocurrido estos días, porque no pueden incinerarlos, cuando se ha pasado ya el millón de infectados, etc. redirigiendo hacia China esa frustración que obedece solo a su propio fracaso y desvarío, alejado del sentido común. Con su bravuconería no se para nada; solo se acelera el desastre.
Ahora Trump tiene el plan de canalizar el odio hacia China, como hizo al principio con la historia del "virus chino", que obligó a la OMS (a la que ha rechazado y sancionado) a explicar que no hay virus con nacionalidad. Pero como eso lo llevaba haciendo anteriormente en sus sesiones de tira y afloja sobre los temas arancelarios en la guerra previa al COVID-19, necesita añadir esa coletilla, el "lo pagarán ellos" que ya exhibió con el muro que se iba a construir en la frontera con México.
Hay una enorme ironía en esta historia (que hemos señalado anteriormente): Trump había cerrado el país por dos veces: con la inmigración, estableciendo prohibiciones de entradas desde países (árabes, por ejemplo), con expulsiones, etc. y lo cerró económicamente con la política arancelaria de gravar todo lo que llegaba de fuera o prohibir incluso ciertos productos desde China bajo la improbada acusación de que atentaban contra la seguridad.
Las insinuaciones de Trump, por ejemplo, causaron una crisis mundial para la marca Huawei, "simplemente" imponiendo que las compañías como Google (y otras más) dejaran de permitir el sistema Android en sus teléfonos. Con ello Trump pretendía simplemente hundir a un rival que, como otros (desde China o desde Corea del Sur o Japón) han adelantado en el sector que implica más control mundial: las tecnológicas de la telefonía y las comunicaciones. Los precios de Huawei descendieron ante la perspectiva de no poder utilizar las aplicaciones y los servicios de Google. Pero la empresa no se amedrentó y planteó nuevos sistemas operativos y servicios propios para sus teléfonos.
Una cosa es muy clara: la guerra la empezó Trump, como tantas otras guerras. Ahora quiere entremezclar la cuestión del COVID-19 cuando la economía se le escapa de las manos y la sociedad se le rebela en el debate entre las vidas humanas (que le importan poco) y las presiones económicas.


La idea de cobrar a China es una idea absurda pero atractiva. Pero Trump sabe que las probabilidades son nulas, que el mundo no ha funcionado así. El problema es que la factura no es más que una iniciativa que está teniendo algunos apoyos en lo internacional de países que van a cerrar sus fronteras para lo que llegue de China recrudeciendo el sistema arancelario.
China no va a pagar una factura porque es inaceptable, pero puede verse "cobrada" a través de un plan arancelario que se justifique como un "impuesto al desastre" responsabilizándola. Algunos países, al igual que hace Trump, pueden ver un desvío de las responsabilidades en sus inacciones, hacer que sus ciudadanos dejen de acusar a sus gobernantes por sus malas o desafortunadas gestiones de estas crisis para dirigir su frustración hacia China. La segunda parte del plan, por supuesto, es tratar de compensar con ingresos extras las debilitadas arcas de los estados y acelerar la recuperación con ese dinero extra.
Pese a que todos los indicadores científicos, todas las pruebas y laboratorios del mundo, señalan que el coronavirus es un fenómeno de la naturaleza, Trump sigue insistiendo en que se investigue el origen, que lo hagan los servicios de Inteligencia, que es la fórmula para crear esa insinuación que sus seguidores toman como una confirmación.
Ya son conocidas las circunstancias en las que la guerra contra China previa al coronavirus recortó un proyecto de más de treinta años de duración para la investigación conjunta de estos temas, retirándose a la investigadora norteamericana al cortarse los fondos en julio de 2019, justo cuando estaban a punto de producirse los primeros casos. Se ha insistido en que este habría sido un punto capital, pues todos habrían tenido información directa antes.


La guerra comercial emprendida contra China no contribuyó precisamente a una comunicación más fluida, algo que hubiera sido esencial en cualquier problema de salud pública. Pero para Trump aquello no tenía más que dos aristas: era una colaboración que había que romper y era un dinero que había que recortar. Los dos enfoques, el político y el neoliberal del recorte en investigación, se han notado.
Igualmente, en cualquier crisis, se irá notando el fraccionamiento de las instituciones internacionales, incluida la OMS, por el abandono de la presencia norteamericana y por la pérdida de los fondos que aportan, algo que algunos norteamericanos —como la Fundación del matrimonio Gates— tratan de compensar con ayudas que permitan su funcionamiento, cuando es más necesaria que nunca. Ahí se revela no solo la forma de actuar de Trump, sino la maldad intrínseca detrás de sus acciones. Para Trump es más importante eliminar aquello que no le sigue la corriente que los efectos que esto pueda causar.
Las advertencias sobre lo que puede suponer abrir una nueva Caja de Pandora iniciando una guerra arancelaria o simplemente de rumores y seguir enrareciendo las maltrechas relaciones vienen de los propios medios norteamericanos que señalan las consecuencias catastróficas. En el plano internacional, Trump intenta cerrar a China para hacer lo que ya ha intentado en otras ocasiones: meter obligatoriamente los productos estadounidenses. Está cerrando y abriendo mercados.


En la CNN están repasando su actuación desastrosa, aquello que le molesta que le recuerden. Pero la desvergüenza de Trump es una ofensa a la inteligencia ajena, como ha ocurrido tras sus ideas sobre el uso de desinfectantes y luces para frenar la pandemia. Entre los varios casos sobre los que le han preguntado en las ruedas de prensa, se recoge esta:

In the East Room event, CNN's Jim Acosta asked Trump about his wildly incorrect prediction from February that the number of confirmed coronavirus cases in the United States would soon reach zero.
For context, here's what Trump said in February: "When you have 15 people, and the 15 within a couple of days is going to be down to close to zero, that's a pretty good job we've done."
On Tuesday, Acosta invoked Trump's faulty prediction from February while asking for his reaction to the news that the United States officially surpassed 1 million confirmed cases.
"It will go down to zero, ultimately," Trump responded.
Facts First: Trump's prediction was wrong and contradicted warnings from doctors that the disease would become widespread. He's now saying his prediction was right, because there will eventually come a time without new cases. This is dishonest because by saying it would drop from 15 to zero in a few days, he couldn't have meant that cases would climb to 1 million in late April before it eventually reaches zero.
Trump's comments in February came when he was downplaying the dangers of coronavirus. He never came close to suggesting that there would be a massive swell in the number of cases, as we've seen in recent weeks. Instead, he said the virus might "disappear."
And while it would be good news if the number of new cases "ultimately" hits zero, like Trump said, that milestone won't bring back the nearly 58,000 Americans who died from the virus.
The back-and-forth on Tuesday is the latest example of Trump defending his wrong predictions.**


Esto es algo más que mentir. Es elevar la mentira al rango de la estupidez amparada en el poder. Trump no siente ni la necesidad de hacer una defensa creíble; le basta con hablar y retirar la palabra, con intimidar al que pregunta cuando se siente acorralado. Pero una rueda de prensa no es uno de esos mítines a los que está deseando volver. Lo hará sin máscara, imagino, como su vicepresidente Pence lo ha hecho en la Clínica Mayo, ganándose la recriminación de todo el mundo, incluida la propia Clínica que ha expresado que el protocolo lo exige, pero él lo ignoró. Trump es el perfecto ejemplo de poder como "verdad oficial", una imposición que cambia a su voluntad reescribiendo el pasado cuando no se cumplen sus expectativas. Y no lo hacen, pero eso es fracasar, palabra que no existe, aunque sea un hecho.
No se puede desligar la personalidad de Trump de sus acciones en la presidencia. Creo que no ha habido un presidente de los Estados Unidos que haya pretendido, desde la máxima ignorancia, tener respuestas para todo. Habrá habido muchos presidentes ignorantes en muchas cosas, pero creo que ninguno que hiciera alarde de su ignorancia y tratara de situarse como un genio (no por cerebro, sino por estómago, como él dice) por encima de cualquier experto. Trump dijo una vez que la ventaja de ser rico era poder cambiar de mujer cuando quisieras; la ventaja de ser presidente es que puedes cambiar las mentiras en verdades oficiales. Si no, ¿para qué sirve ser presidente? La respuesta ya la sabemos.


Ahora, las calles norteamericanas asisten a la mayor división vista en décadas gracias a que ha convencido a sus seguidores de que las normas de prevención que mantienen los países son atentados contra la libertad y los derechos constitucionales. Armados con rifles, símbolo de la autodefensa, salen a la caza de los coronavirus, por cuyas cabelleras les esperan recompensas, en este mundo o en el otro.


La Organización Mundial de la Salud acaba de felicitar a Wuhan por haber logrado controlar la pandemia y poder empezar a vivir lo que se llama ya un "nueva normalidad". Nadie va a felicitar a los Estados Unidos; solo Trump se felicita a sí mismo cada día.
El mundo no necesita más enfrentamientos sino más colaboración, más unidad, más instituciones globales y no abandonarlas a su suerte para que vuelva a resurgir el peligroso unilateralismo y el empleo de la fuerza, ya sea física, tecnológica o económica. Sin embargo, la estrategia de Trump siempre es la negación y la huida hacia adelante cueste lo que cueste en vidas. Ha pasado del negacionismo del coronavirus a las insinuaciones y a las amenazas contra todos, interna y externamente. Le ha servido para atacar a sus enemigos y rivales y para canalizar el odio, el miedo y la frustración, las peores energía sociales.
No solo no funciona ni en economía ni en salud, sino que es arriesgado seguir su ejemplo, aunque algunos ya lo están haciendo. Ya no es solo el COVID-19 lo que está en juego, sino una recuperación económica del mundo en la que Trump, al grito, de nuevo, de "America First!" no es de fiar.


* Matt Egan "It's an insane time for Trump to pick (another) fight with China" CNN 1/05/2020 https://edition.cnn.com/2020/05/01/business/trump-china-coronavirus-trade-war/index.html
* Matt Egan "It's an insane time for Trump to pick (another) fight with China" CNN 1/05/2020 https://edition.cnn.com/2020/05/01/business/trump-china-coronavirus-trade-war/index.html
**  Tara Subramaniam, Daniel Dale, Marshall Cohen and Nathan McDermott "Fact check: Trump falsely suggests he was right when he predicted 'close to zero' virus cases in February" CNN 29/04/2020 https://edition.cnn.com/2020/04/28/politics/fact-check-trump-remarks-april-28/index.html