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martes, 8 de abril de 2025

Muerte de niños en Texas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

A veces los errores de algunos los pagan los inocentes. En este mundo en que vivimos, un mundo saturado de información, sorprende ver cómo la ignorancia se convierte en ideología y esta en manipulación.

Leemos en RTVE.es el siguiente titular: "Muere de sarampión un segundo menor de ocho años sin vacunar en Texas"* Esto podría referirse a cualquier país poco desarrollado, de ignorancia suprema, falto de recursos, pero se refiere a los Estados Unidos, la potencia más desarrollada, la cuna de una enorme proporción de la investigación científica más avanzada. Pero es también el país en el que decenas de millones han llevado a la Casa Blanca a Donald Trump, el presidente que proponía la lejía como vacuna contra el que llamaba el "virus chino", el presidente que ha nombrado encargado de la salud pública a un activista antivacunas.

La noticia nos explica que 

Una niña de 8 años que tenía sarampión y no estaba vacunada ha fallecido en Texas, en Estados Unidos, lo que supone la segunda muerte por este virus en el estado, donde se han registrado 481 casos desde el pasado mes de enero. En los últimos meses, varios países europeos y de otras zonas geográficas como Marruecos, también han experimentado un aumento vertiginoso de la incidencia debido a una caída de la vacunación.

La pequeña fallecida en Texas sufrió una insuficiencia pulmonar causada por la enfermedad el pasado jueves en un hospital de la ciudad de Lubbock, según registros médicos a los que ha tenido acceso el periódico The New York Times.

El brote de sarampión que azota Estados Unidos desde enero ya se había cobrado la vida de un niño de 8 años en Texas que tampoco estaba vacunado.

El secretario de Salud, el controvertido Robert F. Kennedy Jr., conocido por sus teorías antivacunas, va a acudir este lunes al funeral, según ha asegurado la cadena NBC News, que cita a una fuente próxima a este caso.

Mientras, en Nuevo México un adulto no vacunado que dio positivo en sarampión falleció a principios de marzo, aunque las autoridades no han confirmado la causa exacta de su muerte. * 

¿Quiénes pagan principalmente la ideologización de las vacunas? Podemos lamentar la muerte del adulto, pero este tomó su decisión orgulloso de su error, como le demostraron los hechos. Los niños fallecidos a los ocho años de vida por la negativa de las familias a vacunarlos es otra cosa. Ellos no han tenido la posibilidad de elegir, son antivacunas forzados, algo con lo que las familias que les negaron la posibilidad de vacunarse tendrán que cargar el resto de sus vidas. Siempre les quedará alguna teoría conspirativa más o menos ingeniosa o la voluntad divina.

Mientras en otros países se intenta a veces con desesperación tener planes de vacunación, las muertes de niños en los Estados Unidos son por decisiones tomadas desde unas mentalidades retrógradas, asentadas en principios falsos, surgidas de un odio al progreso, a la Ciencia, a lo que representa de demolición por los hechos de los mitos, en el peor sentido de la palabra.

Las noticias de estas muertes de inocentes, de seres que no pasan de esos ocho años, por la ceguera visionaria de sus familias son irritantes, nos conmueven e irritan. En España tuvimos y de vez en cuando surge algún caso vinculado a sectas religiosas que se oponen, por ejemplo, a las trasfusiones de sangre. Han tenido que obligar los jueces para evitar muertes. Los casos de niños son más complejos por esa idea de responsabilidad de los padres en la decisión.

No es casual que sea Texas el lugar donde se producen más contagios y más muertes. No en vano es un estado retrógrado de una orgullosa ignorancia "americana", un lugar donde se es más "americano" que en otras zonas, pues allí se ha llegado a la estúpida conclusión de que ser "americano" es ser negacionista de muchas cosas, de las vacunas a los derechos a la igualdad. Se niegan las enfermedades, por lo que sobran las vacunas; si se acepta la enfermedad es porque se le puede atribuir alguna función política, algún origen oscuro y siniestro que busca debilitar su fe, algo por lo que merece la pena que mueran los niños, cuya vida se arriesga como prueba de la confianza que tienen en sus ideas y líderes.

El hacer creer en causas e ideas aberrantes es una forma de control, ya que supone la eliminación de la racionalidad, una forma de fe ciega. Si yo creo que es Dios quien ha enviado a Donald Trump, ¿cómo voy a dudar de lo que diga?

Como la respuesta es la ceguera, la negación de la realidad, es posible que el antivacunas Kennedy vaya al entierro de ese "niño héroe" y no se esconda. Es una visita "política", sabe que a los ojos de muchos es un "fallo". ¿Va a tratar de elevar el número de vacunaciones? Creo que más bien va a respaldar la "virtud" de los padres, su confianza negacionista. Si Dios lo ha querido, no le vamos a llevar la contraria.

No es casual que estén creciendo los casos de contagios por muchos países europeos. Lo hace al ritmo de la falta de vacunaciones, algo que forma parte del crecimiento de la ultraderecha, en cuyo seno es artículo de fe, una forma de identificación de la comunidad. Tampoco es casual que en países controlados por el fundamentalismo islámico las vacunas se presenten como formas de "contaminación", pues así se atenúa la falta de creencia en el progreso científico y su capacidad para resolver los problemas. En el fondo, es el mismo negacionismo. 

 

* "Muere de sarampión un segundo menor de ocho años sin vacunar en Texas" RTVE.es 7/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250407/sarampion-menor-no-vacunada-texas-virus/16523729.shtml

domingo, 21 de mayo de 2023

Los libros prohibidos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El retrato fotográfico del novelista Kurt Vonnegut llama mi atención en la página de The Washington Post. Leo el titular que la acompaña: "Book bans soared in the ’70s, too. The Supreme Court stepped in." El reciente crecimiento del ultra conservadurismo en ciertos estados de Norteamérica hace volverse la memoria informativa a uno de los momentos de mayor censura de libros, los años 70. La censura es reactiva; es freno e imposición.

Los años 70 fueron la explosión de lo que se llevaba acumulando desde más de una década atrás, la fractura generacional que se había iniciado tras la II Guerra Mundial y que acabaría estallando definitivamente en los movimientos de protesta de los 60 y 70.  Las revoluciones juveniles eran sobre todo cuestionamiento del sistema y de la moral del sistema.

El ultraconservadurismo norteamericano, la presión de los grupos religiosos, etc. tienen ahora la capacidad de reforzar sus lazos, fortalecer la manipulación de la opinión pública a través de las diferentes formas de contacto que les permiten crear un frente común activo con el que actuar. Esto ha hecho que los valores de independencia y autonomía se vean debilitados por los que representan lo contrario, la imposición de valores de grupos y de una moral pública reforzada y restrictiva ante lo que entienden como pilares del sistema, familia y religión.

The Washington Post recuerda en el artículo mencionado, firmado por Anthony Aycock, las maniobras de censura para prohibir libros en esa década, los 70. Es una forma de dar perspectiva a lo que está ocurriendo ahora: 

Record efforts to ban books are fueling fights in Texas, Virginia and across the country. Just this week, a group including free-speech advocates, authors, parents and the publisher Penguin Random House filed a federal lawsuit against a Florida school district over the removal of books covering gender and LGBTQ issues.

Yet only one previous case of a library book ban has ended up before the Supreme Court: Island Trees Union Free School District No. 26 v. Pico. And, outside law school classrooms, it has largely been forgotten.

The country was engulfed then, as now, in a debate over which books should be allowed in schools and libraries. The American Library Association recorded a rise in censorship activity, from 100 book removals or challenges annually in the early 1970s to 1,000 annually by the end of the decade. In Virginia, a pastor fought a public library for offering books such as Philip Roth’s “Goodbye, Columbus” and Sidney Sheldon’s “Bloodline,” calling them “pornography.” In Indiana, a group of senior citizens publicly burned 40 copies of a book called “Values Clarification” for its discussions of moral relativism, situational ethics and secular humanism. (It also mentioned marijuana and divorce.)*

 

La guerra de los libros es la guerra de la libertad de pensamiento. Desde que los libros salieron de las primeras imprentas, lo que generó fue un "índice de libros prohibidos", aquellos que no podían leer. Muchos de nuestros libros en España, llevan todavía la marca del "nihil obstat" (nihil obstat quominus imprimatur, en su versión larga), la indicación de la censura eclesial. De esta forma, nada salía a la luz editorial que no estuviera revisado y aprobado por las autoridades eclesiales.

La fórmula norteamericana es otra. Los espacios controlados por instituciones, las educativas, en este caso, pueden decidir excluir los libros de los territorios que controlen. Eso incluye escuelas, bibliotecas, etc. Una vez que un libro ha sido declarado no grato, hay que evitar que caiga en manos de los miembros de la comunidad o que se hable de él. Es lo mismo que hacen los radicales islámicos; la diferencia estriba en que estos decretan la muerte del autor, como ocurrió con Salman Rushdie y su obra "Los versos satánicos". Aquel que mate a Rushdie se ha ganado el paraíso.

En estos días pasados hemos hablado aquí de los rasgos identitarios. En la medida en que no son naturales, se produce una guerra por imponerlos, por su "normalización". Es parte de los rasgos identitarios promover un modelo de "ciudadano" al que se le asignan unos rasgos y valores. Están los excluyentes del color de la piel, la lengua usada, etc. Los libros que se leen también forman parte de ese universo. El ejemplo más claro es el de aquellos de libro y lecturas únicas, la Biblia (en otros lugares será el Corán o la Torá), y también los "que no deben ser leídos". Leer la Biblia nos hace buenos ciudadanos y dejar de leer ciertas obras señaladas lo refuerza. La foto de alguien tan poco religioso o cumplidor como Donald Trump con la Biblia en la mano no es casualidad, aunque a algunos nos parezca un chiste de mal gusto. Esa foto es un rasgo identitario creado para satisfacer a una parte del electorado. Lo mismo sus campañas antifeministas o anti gay. Son formas de acercarse a los que viven dentro de esos parámetros mentales para conseguir su apoyo.

La radicalización del segmento conservador a través de las campañas populistas contra diferentes líneas de comportamiento se traduce en una serie de campañas de prohibiciones que acabarán en los tribunales, como anticipa el artículo de The Washington Post. Las prohibiciones se centran en el objeto (libro), pero lo que se trata es de que se expandan las ideas contrarias bajo la creencia de que son un atentado contra la "identidad", que se ha definido de forma unilateral y absoluta. En estos casos, se actúa en el nombre de "dios", de la "naturaleza" y del "destino". Todo ello forma un grupo compacto de ideas que se protegen y refuerzan frente a la discrepancia.

El retroceso en determinados estados, donde se ha atrincherado el fundamentalismo, es una mala noticia para la vida de los Estados Unidos, pero lo es también para muchos otros lugares que actúan de forma imitadora. Lo es también porque, como hemos visto en el mandato de Trump, esta ideología se ha exportado mediante diversas asociaciones y contactos, que han visitado Europa con ese fin. La ultraderecha europea ha mantenido los mismos principios populistas que salen de los Estados Unidos.

Veo la lucha contra el feminismo que se ha ido esparciendo entre grupos que le acusan de atentar contra la perfección de la familia tradicional; se ve en el crecimiento del racismo y la xenofobia en defensa de la pureza de las "razas" y otras "causas" que han pasado de la defensa a la ofensiva. El problema es que sus mensajes van calando ante el desconocimiento de la historia previa y de aquello a lo que llevó en distintos lugares.

El cambio del escenario comunicativo ha sido determinante de la reacción. Los mensajes se multiplican y las acciones se coordinar; aumenta el dogmatismo.

La lucha de los libros es una batalla con gran calado, de enorme consecuencias. Aquí hemos tratado en ocasiones del revisionismo de diferente signo que trata de reescribir el pasado. Es evidentemente un peligro creciente. Se trata ahora de borrar las ideas, la descripción de las críticas que no nos gustan. El fundamentalismo no es ya algo centrado en un tipo de ideología o mentalidad; se está convirtiendo en voz creciente y excluyente de aquello que no entra en su visión del mundo, que queda consagrada como "realidad" deseada. ¿Llegaremos a la propuesta de un "estado bíblico" de la misma forma que existe un "estado islámico", movimiento retrógrado, fundamentalista y autoritario? Para algunos eso es lo que se está produciendo.

Un lector de The Washington Post recuerda en un breve comentario al artículo citado: "James Joyce's "Ulysses" was banned in the United States from it's publication in 1922 until 1958". Es solo un dato, pero en ocasiones es bueno recordarlo. 

 

* Anthony Aycock "Book bans soared in the ’70s, too. The Supreme Court stepped in" The Washington Post 20/05/2023 https://www.washingtonpost.com/history/2023/05/20/book-bans-supreme-court-pico/

miércoles, 29 de junio de 2022

Tráficos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada día se producen muertes por los fenómenos de las migraciones, un acto en sí doloroso pero que se cierra en tragedia en muchas ocasiones. Los dos grandes flujos recorren los caminos hacia el norte, ya sea en el continente americano o hacia Europa desde África y Asia. Las dos rutas nos han dado dos enormes tragedias, con unos intervalos de horas, las horribles muertes de Texas y de la ciudad autónoma de Melilla.

La muerte por asfixia en un camión, a más de 60 grados, en una retirada carretera tejana, abandonados es un crimen con un responsable, el que les abandonó allí. Son, por el momento, 51 las muertes, y quedan algunos ingresados con diversas posibilidades de sobrevivir a un suceso que no podemos llegar a imaginar cómo pudo ser vivido.

Lo ocurrido en Melilla, en cambio, es una muerte visible, un asalto a la vista de todos, con grabaciones, testimonios y búsqueda de responsables. Una muerte cruel y absurda que se basa, igualmente, en el tráfico de sueños, que choca con una valla y, en especial, con una brutal represión que acaba causando un pánico. Nos dicen que la policía de Marruecos había desmantelado poco antes los campamentos de emigrantes. Fue una huida hacia delante.

Los dos casos tienen muchísimas diferencias, pero representan la muerte de esos sueños con los que se trafica a lo largo de miles de kilómetros. Muchas veces son viajes de años sufriendo todo tipo de agresiones para llegar finalmente a un punto, a una frontera donde unos logran pasar y otros quedan en ellas. En unos casos es la acción de un criminal que deja morir dentro de un camión a los que ha explotado anteriormente cobrándoles un peaje; en otros es la represión ante un asalto masivo, lo que es un intento cruel de "dejar sitio" a los que llegan nuevos en una infame regulación de los que se pueden contener en el espacio previo al salto. La acumulación de personas intentando dar el salto lleva a estos intentos masivos —propiciados o no— de pasar al otro lado. Unos lo logran, otros quedan en el camino, otros volverán a intentarlo.

Las muertes nos llevan a la solidaridad con el sufrimiento; comprendemos que las circunstancias de las que huyen son durísimas en continentes enteros en los que es difícil desarrollar algo parecido a una vida normal o simplemente el deseo de mejorar. Muchas veces son los propios países de origen los que promocionan la emigración a cualquier trance porque saben que parte de lo que logre ganar es población migrada les llegará a la economía doméstica, que ese dinero que les llega a casa acaba circulando en sus países.

Muchas veces se habla del desarrollo de las zonas de migración para lograr contener los flujos. Finalmente, son las élites corruptas las que se acaban lucrando con la explotación de las personas. Los que huyen de los países no solo lo hacen de la pobreza, sino de las condiciones políticas y económicas que muchas veces hacen imposible desarrollarse al margen de los poderes.

Los migrantes son muchas veces una parte de esa estrategia de repartir por el mundo y de un mayor control interno de los países, que son depurados de personas que pueden ser contestatarias en un momento dado. Antes de acumular un descontento que no puedan reprimir, son incitados a la emigración por ese doble propósito, mandar dinero desde el exterior y evitar un mayor descontento del existente.

Melilla y Ceuta están condenadas por su posición a ser lugar de choque, un riesgo constante de tragedia. La estrategia de Marruecos es presionante. Si nos llevamos "bien", represión brutal; si nos llevamos "mal", abrir las puertas para que pasen. Hemos tenido ocasión reciente de ver ambos estados.

Es una obviedad que las dos ciudades autónomas, enclavadas en el ámbito de Marruecos son y serán una fuente de conflictos variados. La reivindicación marroquí no puede cesar por motivos políticos. Por otra parte, supone un foco de atracción para dar el salto. "Europa" está al otro lado de la valla, no al otro lado del mar, lo que convierte a España en responsable no solo de su frontera, sino de la frontera europea. Pero es obvio, que el conjunto africano no tiene un sentido de las fronteras (en muchos países). Todo lo que confluya en los puntos de salto conocidos sobradamente, por tierra o por mar, serán lugares en los que se puedan producir estas tragedias.

Hace falta, efectivamente, investigar para que no se produzcan desenlaces trágicos, aunque la propia emigración lo es de por sí, una tragedia de desigualdades históricas agravadas por la tentación de la proximidad. Mientras haya países enteros, continentes, en los que nadie encuentre oportunidades, estas tragedias se producirán de una forma u otra. Y es lo que hay que tratar de investigar y evitar a todo trance.

Se puede hacer demagogia hablando de un mundo sin barreras, pero lo cierto es que las hay y tienen su sentido. Lo que no tiene sentido es el crimen de un camionero en Texas o políticas de separar familias, ni crear las condiciones para que se produzcan saltos masivos como el de Melilla que acaben con decenas de muertos unos por asfixia y otros por la brutalidad represiva.

Esas concentraciones en ciertos puntos existen como las terminales del salto, los lugares hacia las que dirigen las migraciones que son doblemente explotadas. Huyen de un infierno para encontrarse con otro, con un proceso bárbaro de selección que hace que muchos se queden por el camino, que los que pueden vuelvan finalmente derrotados.

Es indignante ver tanta muerte al final de esos caminos que han costado lo poco que tenían y que se han tragado sueños y esperanzas.

No sé cómo se puede evitar todo esto, pero solo me queda la rabia y la indignación ante finales como estos, de una enorme crueldad. No podemos acostumbrarnos a ellos, ni pensar que es una consecuencia "normal", un final previsible. Hay que seguir buscando fórmulas que las eviten.


martes, 21 de junio de 2022

Donald Trump y la Texas alternativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Conforme se estrecha y aclara el cerco investigador del Congreso sobre Donald Trump y el asalto al Capitolio del 6 de enero para tratar de impedir el nombramiento de Joe Biden, lo que ha sido calificado como un intento de golpe de estado, las respuestas del ex presidente y su entorno siguen incidiendo en lo que es un desastre para la democracia norteamericana.

La CNN, en el programa de Don Lemmon, de esta madrugada un "Alert" señalando en sus titulares sobre un grave acontecimiento, la proclamación de los republicanos tejanos de que Biden llegó a la Casa Blanca tras un fraude electoral, es decir, dando un carácter "oficial" a las tesis enloquecidas de Trump. Las caras de los analistas que expresaban su opinión al respecto eran claras al reflejar un estado de ánimo entre el asombro y el pesimismo. Mientras las pruebas que salen cada día son abrumadoras no solo sobre las mentiras sino sobre el conocimiento de que lo eran por parte de asesores, incluso de la familia, los republicanos tejanos aceptan la línea dura. En The Washington Post, su columnista político Dana Milbank titula su columna de hoy "Texas Republicans want to secede? Good riddance". Usar el término "secesión" en los Estados Unidos tiene una serie de connotaciones históricas que a un columnista político no se le deberían escapar. El término ya refleja el extremo de gravedad que el caso sigue manteniendo y, sobre todo, los efectos sobre la política norteamericana. El "¡pues buen viaje!" del título tiene unos ecos sombríos.

En la CNN el titular es "Texas Republicans just proved (again) that this is Donald Trump's party" señalando el perverso lazo que Trump ha establecido con el partido al que controla precisamente a través del elevado número de seguidores que asumen sus tesis del fraude y que son capaces de dejar fuera de la política a los que no las asuman. El chantaje de Trump condiciona las elecciones y reelecciones republicanas. Los que no incluyen sus reivindicaciones en sus programas electorales dejan de recibir los votos de los fervientes seguidores de Trump, una sólida estructura basada en una serie articulada de grupos muy activos, los que le llevaron a la Casa Blanca mediante una alianza que va de la Asociación del Rifle a los grupos religiosos que lo ven como "enviado", pasando por los racistas que buscaron una alianza tras el triunfo de dos legislatura de Barack Obama, algo que desencadenó su furia y les llevó a actuar conjuntamente.

La presión de Trump es clara. De ello se hace eco The New York Times cuando advierte la tensión política que vive el ex vicepresidente Mike Pence, que podría ser candidato republicano a las próximas elecciones: "In a speech, former Vice President Mike Pence sounded like a future presidential candidate, but not like someone interested in discussing Jan. 6."* Discutir o no discutir lo ocurrido es un estado hamletiano muy peligroso en una política donde callar es otorgar. Ignorar lo ocurrido es el segundo gran pecado republicano, como advirtió ya la republicana Liz Cheney que, armada de valor, es una de los dos republicanos que han tenido el valor de llamar a las cosas por su nombre y enfrentarse tanto a las iras de Trump como al aislamiento de su propio partido.

Hemos tratado esta cuestión en varias ocasiones y el hecho de que, pasado el tiempo, vuelvan a ser una realidad, más que mera actualidad, supone que lejos de llegar a una asimilación de lo sucedido, los republicanos y una parte importante del pueblo norteamericano acepta las mentiras narcisistas de una persona incapaz de asumir la posibilidad de una derrota electoral, algo para lo que está mentalmente incapacitado.

La mente de Trump no es democrática; es incapaz de asumir la realidad y sigue viviendo en una burbuja creyendo sus propias mentiras. El perfil psicológico de Trump se ha trazado innumerables veces y no es cuestión de repetirlo, pero más sorprendente es su transferencia a una parte importante —millones de personas— del pueblo norteamericano, totalmente abducido —más que seducido— por su personalidad autoritaria y egocéntrica. Trump, el multimillonario anti sistema, el hombre que iba a cambiar la política ha cumplido su promesa desde fuera del poder, desde donde su efecto es más perverso.

La conversión de Texas en un "paraíso" de las mentiras trumpistas, un mundo donde se puede vivir oficialmente otra realidad, una realidad alternativa, es enormemente dañino para el sistema democrático norteamericano y debilita su posición mundial ante la reivindicación de Vladimir Putin (un buen amigo de Trump, admiradores mutuos) de un nuevo liderazgo ruso del mundo frente a la decadencia norteamericana.

Los términos en que se pueda medir la decadencia son complejos. Pero la única certeza es que lo que se vio de Trump en el poder está siendo superado por un Trump fuera de la Casa Blanca donde ya es incontrolable, tal como lo son los efectos.

Conforme aumenta la presión investigadora, Trump aumenta el tamaño e intensidad de su rabieta y su inmersión en esa fantasía colectiva que ha creado. Nadie va a cambiar a Trump, un objetivo imposible. Pero lo preocupante es cómo está deteriorando los fundamentos democráticos de la sociedad norteamericana, cuya concreción en las medidas aprobadas por los republicanos de Texas es un signo evidente del proceso. ¿Hasta dónde puede llegar?

* "Pence Navigates Possible White House Run and Fraught Political Moment" The New York Times 20/06/2022 https://www.nytimes.com/2022/06/20/us/politics/pence-trump-jan6-hearings.html

viernes, 27 de mayo de 2022

Armas y mercado

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La cruel matanza ocurrida en días pasados en una escuela de Texas ha vuelto a producir el mismo fenómeno de mercado que en otras matanzas anteriores: subida de las cotizaciones en bolsa de los fabricantes de armas y subida de las compras de armas. Lejos de repudiarse, el fenómeno es el contrario.

Cuando una compañía aérea tiene un accidente, las acciones de esa y las demás compañías del sector suelen experimentar una fuerte caída. La explicación psicológica es que un accidente hace retraerse a los viajeros, que durante unos días se vuelven reacios a viajar usando este medio de transporte. Posponen sus viajes o cambian de medio.

Pero con las armas ocurre lo contrario en los Estados Unidos. Cualquier tiroteo en lugares públicos, con muertos como es el caso, dispara las ventas y hace subir la cotización. En Infobae nos explican el fenómeno:

Las acciones de las principales empresas fabricantes de armas en Estados Unidos subían este miércoles, un día después del tiroteo en una escuela de Texas que dejó 19 niños y dos maestras muertas, ya que los inversores prevén un aumento de la demanda ante el temor a posibles restricciones a la venta de armamento.

A las 10.27 hora local (14.27 GMT) las acciones de Smith & Wesson Brands -mayor fabricante de armas de fuego cortas de Estados Unidos- subían un 9 %, las de Vista Outdoor sumaban un 6,74 % y las de Sturm Ruger & Company un 3,46 %.

Esta subida suele presentarse cuando se registra un tiroteo con muchos muertos, ya que los inversores esperan un aumento de la compra de armas ante posibles restricciones.*

Es algo parecido, para hacernos una idea, a lo ocurrido con las compras de papel higiénico a causa de los confinamientos durante la pandemia. El fenómeno es el mismo: la gente teme que los estantes quedan vacíos, lo que hace que efectivamente se agoten. Pero en este caso, son las posibles restricciones las que llevan a comprar algo que queda y sobra en los hogares americanos híper armados. El papel se agota, las armas no. Lo que se forma es un arsenal, construido a golpe de miedo, permanente, que crece y crece en función de la importancia de la masacre producida.

Pero comprar armas porque se puede restringir la compra solo es la traducción económica, como suele ocurrir, de un fenómeno psicológico y social. La violencia genera miedo y este se traduce en la compra de armas, de la misma manera que los robos del barrio se traducen en cámaras de vigilancia y alarmas instaladas en las casas.

Dado que estos tiroteos y asesinatos se producen diariamente (solo las que tienen gran número de muertes logran protagonismo) y teniendo en cuenta que los pueblos tranquilos son igualmente candidatos a estos estallidos de ira y violencia, el miedo se extiende por todas partes en un país lanzado a una espiral en la que nunca se tienen bastantes armas porque los fenómenos se siguen produciendo. Es más, crecen las matanzas en vez de decrecer por el aumento de los arsenales de armas acumuladas.

En una reciente matanza, los padres habían regalado el arma al joven por su cumpleaños. Deseoso de probarla, acabó con las vidas de los que pudo. Hay otras matanzas recientes en las que es el odio el que ha estado presente: gente que ha recorrido varios cientos de kilómetros hasta llegar a la frontera para matar hispanos —los "bad hombres" de Trump— o se han dirigido a barrios de negros para disparar contra la gente en un supermercado, como ha ocurrido hace unos pocos días. La venganza por el acoso sufrido en las escuelas, como en este caso, introduce un móvil frecuente y da cuenta de la violencia que se vive como parte del acoso en escuelas e institutos. Gran parte de estas muertes se producen precisamente por ese germen violento que crece en los primeros años. Marca para toda la vida y muchos esperan al momento de tener las armas para regresar y saldar cuentas con el lugar del terror de su infancia.

Ya sea por miedo, por odio o por venganza, lo cierto es que el acopio de armas va más allá de la mera defensa o, si se prefiere, no hay límites en la inseguridad que la violencia despierta en las personas. En el texto de Infobae se señala: «Las ventas de armas aumentaron en todo el país durante la pandemia, ya que algunos temían que el brote pudiera provocar alborotos civiles.»* Es una muestra más de que es una espiral de miedo causada por cualquier circunstancia. 

Lo que se demuestra es una división mental en el país en el que cada persona, un vecino, puede llegar a convertirse en una amenaza para cualquier otro. No saber de qué armamento dispone ya supone miedo para el obsesivo, el que vive a la espera de diferentes formas de violencia.

Por supuesto, la fabricación de armas no es un negocio solo norteamericano, pero sí es prácticamente norteamericana la venta interior y sin restricciones apenas; sí son norteamericanas las matanzas como las de Texas y nadie alcanza el número de muertos o las cifras de armas almacenadas como los Estados Unidos.

Los políticos se dividen con las armas. Los conservadores siempre alientan el miedo como fuerza de acción. Si las armas son formas defensivas, ellos provocan que todo el mundo sienta miedo a algo para así asegurarse los votos de los que temen que se les deje indefensos. La política del miedo tiene, por supuesto, sus terribles consecuencias, pero al que sale elegido le da igual. Cada masacre le sirve para confirmar que hay que estar armados. La idea de armar a las escuelas, a los maestros, se repite cada vez que hay algún acontecimiento de este tipo.

La mera sospecha causa una respuesta violenta porque no sabes si el otro puede ir armado, lo que eleva el riesgo del mero encuentro. Esto es lo que ocurrió en la muerte del muchacho muerto por la mera sospecha de un vigilante, la que dio lugar al llamado "movimiento de las capuchas" en solidaridad con quien recibió disparos solo por ir con la capucha puesta, algo que le debió parecer sumamente peligroso al que disparo. El muchacho solo iba a hacer un encargo a la tienda del barrio, pero tuvo la mala suerte de cruzarse con un miedoso armado. "Dispara primero y pregunta después" es la ley del miedo que vemos una y otra vez repetirse.

En la matanza de niños ocurrida en Texas se levantan ya voces sobre la falta de acción de la Policía. En muchas ocasiones, son los primeros en disparar, como se ha podido comprobar; en otras, cuando la situación es adversa y existe riesgo, como en este caso, todo son reservas, mientras el asesino se complace en ir ejecutando niños uno a uno.

Cada vez que se produce un caso de este tipo, las quejas y lamentos saltan y suben las ventas y las acciones. Cada muerte siembra el miedo de la gente y aumenta las ganancias de los que se lucran fabricando y vendiendo armas. La peculiar psicología de los Estados Unidos está detrás de este fenómeno y marca muchos de sus comportamientos y forma de ver el mundo y la vida. Armas y miedo son mala combinación. Si además generan negocios, lucro y votos, peor. 

* "Las acciones de los fabricantes de armas en EEUU subieron tras la masacre en Texas"  Infobae 25/05/2022 https://www.infobae.com/america/eeuu/2022/05/25/las-acciones-de-los-fabricantes-de-armas-en-eeuu-subieron-tras-la-masacre-en-texas/


lunes, 23 de agosto de 2021

De locutores y gobernadores o negacionismo arriba y abajo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Dentro del panorama negacionista norteamericano, el caso de Texas es fuente de conflictos constantes. Hay un negacionismo de base, por decirlo así, donde el activismo negacionista se hace en la calle, pero hay otro desde las alturas, que es cuando son las propias autoridades las que llevan políticas negacionistas que afectan a las normas y a la convivencia.

Ejemplo de negacionismo de base lo tenemos en las noticias de ayer mismo, donde se nos informa de la muerte de un conocido locutor conservador de Nashville, en el estado de Tennessee. La muerte por COVID-19 de Phil Valentine, que como dice el artículo se dedicó a "menospreciar" la peligrosidad del coronavirus y la eficacia de las vacunas. Señala la CNN:

 

But his message changed in late July when his family announced that Valentine had been hospitalized in "very serious condition" and was suffering from "Covid Pneumonia and the attendant side effects."

"Phil would like for his listeners to know that while he has never been an 'anti-vaxer' he regrets not being more vehemently 'Pro-Vaccine', and looks forward to being able to more vigorously advocate that position as soon as he is back on the air, which we all hope will be soon," his brother Mark Valentine wrote on July 22.

Mark Valentine told CNN's Alisyn Camerota in a July 26 interview his brother was doing better but was "still very deep in the woods" and breathing with assistance.

"He recognizes now that him not getting the vaccination has probably caused a bunch of other people not to get vaccinated," he said in the interview. "And that he regrets."

"This is a real threat, it is a real public health crisis and it is something that if he had to do over again ... his cavalier attitude wouldn't have been what it was and he would have gotten vaccinated and encouraged everybody to get vaccinated," he added.*

 


Demasiado tarde. La muerte de Valentine no le da muchas opciones para la rectificación, por eso las familias —lo hemos visto en varios casos, incluido alguno en España— se vuelve activa ante el fallecimiento. No sé si la última voluntad es que se cuente su caso o los cambios de mentalidad al ver la muerte tan cerca o el sufrimiento producido, pero el hecho es que es cada vez más frecuente la aparición en los medios de "arrepentidos" o de sus familias mostrando este error cometido al minimizar el problema real de la salud o las medidas para la protección. Ya hemos hablado en algunas ocasiones sobre las diferencias dentro del negacionismo —del virus y de las vacunas o medidas de protección—, por lo que no vamos a explicar más, pero el cambio cuando se produce primero la infección (o reinfección)  y después la gravedad de los síntomas hacen cambiar a más de uno su actitud. Esto suele suceder con el negacionismo de base, el de personas que viven su propia experiencia. Es difícil negar la gravedad de lo que puede ocurrir si estás ingresado en una UCI.

Puede que la actitud de muchas familias haciéndolo público sea un intento de alcanzar no solo el perdón de aquellos que se vieron influidos por sus actitudes (en el caso de Phil Valentine, desde sus programas de radio) sino el deseo de una muerte en la racionalidad, es decir, irse de este mundo sin parecer un estúpido completo. No sé si sirve de algo, pero me imagino que forma parte del acto de contrición final que las familias hacen público.



En España, los medios recogen cada día testimonios de personas que han estado en las UCI, que siguen teniendo síntomas graves que les dificultan la vida diaria o de las familias que les han sobrevivido. Hace unos días comentábamos aquí las declaraciones de un familiar sobre el negacionismo de su hermano muerto y de cómo este había intentado convencer a la familia de que no se vacunaran, algo que afortunadamente sí hicieron. Él ya no está con ellos y ellos tratan de dar sentido a su muerte absurda aportando algo de sentido común al transmitir el mensaje.

Desgraciadamente, por cada persona que cuenta su caso, vemos unos cientos de tarados haciendo negacionismo práctico. Hace unos minutos, como lunes que es, nos daban en los primeros informativos de la mañana las declaraciones de jóvenes que han dedicado el fin de semana a la fiesta continua, que sería una forma de negacionismo práctico. Si el espectáculo es deprimente en su conjunto, lo es más todavía cuando se les acerca un micrófono para que se expresen. Lo que escuchas ya es una provocación insolente y ridícula, de auténticos descerebrados. Las "razones" que dan son sorprendentes por su frivolidad e inconsciencia. Hacen ver que algo falla en el sistema si es capaz de producir este tipo de respuesta a algo de tamaña gravedad.



Pero el más preocupante es el negacionismo de las autoridades. La CNN nos trae un artículo, firmado por un docente de una universidad tejana, Stephen I. Vladeck, con el titular directo "I live in Texas and I am really angry". La noticia allí, al igual que lo es la muerte del locutor radiofónico que minimizaba el covid y las vacunas, es la infección del gobernador del estado, Greg Abbott, una autoridad que mantiene un negacionismo militante desde el poder, lo que se traduce en la incapacidad de forzar a medidas de prevención en muchos lugares. Escribe Vladeck:

 

I live in Austin, Texas, where the school district is just one of several across the state defying Governor Greg Abbott's executive order prohibiting government entities from requiring face masks.

I also teach at the University of Texas, where in-person classes start next Wednesday. Thanks to Abbott, the school is not allowed to require students to be vaccinated or to wear masks. We're not even allowed to ask our students if they are vaccinated. Meanwhile, the 11-county area around and including the city of Austin had a grand total of four ICU beds left as of Thursday.

When I read that Abbott tested positive for Covid-19 on Tuesday, I didn't see it as karma, like so many others did. I felt no schadenfreude. I didn't even find it galling that Abbott, who is asymptomatic and fully vaccinated, would receive monoclonal antibody treatment. I don't begrudge those who are sick for pursuing all measures legally available to get better -- even though I wish everyone else had the same access to advanced care and treatments as our elected leaders.

But I was angry. Angry because Abbott's positive test underscores a lesson so many still haven't managed to learn over the past 18 months: the SARS-CoV-2 virus that causes Covid-19 doesn't discriminate. And while those who are vaccinated are better protected against serious illness, hospitalization or death, they can still transmit the virus to others -- including those who are unvaccinated.

I'm angry that so many adults still seem oblivious to the benefits of the vaccines -- and the need for continued protections like masks, especially since we're seeing more positive cases among fully vaccinated individuals like Abbott.

I'm feeling anger, too, because I'm a parent of two children who are too young to be vaccinated. Texas hasn't just barred public schools from requiring students, staff and teachers to wear masks -- the state also does not mandate that teachers or other staff members be vaccinated. And when there are positive cases (as there already have been in Austin since the school year officially started Tuesday) schools are not required to contact-trace positive cases to identify the scope of potential clusters, and students are not required to quarantine even when they know they were exposed.**

 


Es lógico su enfado ante esta situación. Desgraciadamente, lo que Greg Abbott ha hecho en Texas, tiene ciertas conexiones con algunas de las cosas que se están haciendo aquí. Evidentemente, no somos antivacunas, pero se está actuando sobre las medidas de prevención a través del poder de los jueces, que están permitiendo algunas situaciones como las que se señalan en Texas.

La no exigencia de vacunas a las personas en determinados ambientes o actividades compartidos es una de ellas. Si yo no puedo saber, como veíamos hace un par de días, si las personas con las que estoy están vacunadas o no y tampoco se lo puedo preguntar porque violo su derecho a la intimidad, la situación no es muy diferente a la tejana. Ya sea porque los políticos lo hacen mal o porque los jueces tengan un peculiar sentido del concepto de "intimidad", el hecho es que forman parte de la configuración del sistema en que nos encontramos.

Fue el gobierno central quien hizo que las mascarillas no fueran obligatorias en exteriores allí donde se dieran las circunstancias de distancia, etc. El resultado lo vemos cada día, especialmente los lunes, donde al final esta "interpretación" sobre las condiciones se traducen en cada vez más violencia, como ha ocurrido este fin de semana. La suma de intereses políticos y económicos, aderezados con unas gotas de intenso poder judicial, convierten la situación en "estresante", que es como Vladeck califica la situación tejana. El comienzo de su curso se lo provoca, como lo provoca el hecho de tener que mandar a sus dos hijos a una escuela en la que los maestros no tienen ninguna obligación de vacunarse o llevar mascarilla.



Stephen Vladeck es jurista, profesor de Derecho en la Universidad de Texas. En el artículo señala algo que aquí hemos sostenido desde hace tiempo:

 

All of this anti-mask, anti-vaccination hysteria is wrapped around a fundamentally flawed -- and irredeemably selfish -- conception of "freedom." Even in Texas, we have seatbelt laws, speed limits and, in many jurisdictions, bans on smoking in workplaces, restaurants and bars. And wouldn't you know it -- we even have vaccination requirements for school-age children, at least for diseases not named Covid-19.

Before Covid-19 became highly politicized, we seemed to understand and accept the importance of public health and safety -- even if it required some degree of personal sacrifice. That's because, like every other state, Texas recognizes the age-old principle that my right to swing my arms ends at your nose -- and vice-versa. That's why we did have a statewide mask mandate in July 2020 -- one imposed by, you guessed it, Abbott. So why is it that mask mandates are suddenly banned, when Covid cases are now higher in Texas than they were last summer?

When people like Abbott cast the fight over mask mandates in terms of "freedom," they're knowingly misleading the public. This debate isn't about "freedom" in any analytically coherent sense; it's about the politicization of a specific public health crisis -- where "owning the libs" has become a policy priority, especially for those like Abbott, who seem to be clamoring for attention and support.**



¿Hay algo de esto también aquí, algo de politización? La respuesta de nuestro gobierno es desde hace tiempo: la Autonomías tienen medios, mientras que estas le recriminan el no legislar para establecer los mecanismos de aplicación para que no sean rechazados después por los jueces, como ha venido ocurriendo.

Es una forma de politización diferente, pero con resultados graves en muchos sentidos. No solo se plantea un problema con el inicio de curso, sino que lo estamos viendo con la cuestión de los trabajadores de residencias de mayores, a los que no se les puede exigir la vacunación, pese a estar con un grupo de riesgo. Las nuevas muertes en las residencias se producen por la entrada del coronavirus a través de trabajadores y familiares de visita. Como a nadie se le puede exigir estar vacunado o que lo demuestre porque han echado para atrás todas las medidas de prevención, incluido el pasaporte Covid, la situación se vuelve peligrosa y, como señala el artículo, estresante.

Sin duda, al igual que ha sido el pulso del trumpismo en Estados Unidos el que ha motivado que en un estado como Texas ocurra lo que está ocurriendo, aquí ha sido el miedo al desgaste político tras el estado de alarma. Las encuestas son determinantes y los resultados electorales, de Andalucía a Madrid, han mostrado que enfrentarse a la pandemia tiene un desgaste político. Pero no es solo cuestión del gobierno. Quien ha llevado la tensión política a este terreno ha sido también la oposición que pasado cierto punto, cuando se pensaba en una recuperación (la famosa desescalada) entendió que el gobierno quería aprovechar el tirón y ponerse medallas, por lo que se lanzó a degüello. El resultado de toda esta doble obcecación, de gobierno y oposición, nos ha llevado a esta quinta ola en una semana.



El estrés lo tienen sanitarios, cuerpos de seguridad, docentes, etc., todos aquellos que se ven empujados a situaciones complicadas, sin medios y sin defensas. La preocupación del profesor tejano por sus dos hijos, por él mismo cuando empiecen sus clases, es la que tenemos muchos, que nos enfrentaremos a clases "presenciales" por decreto sin saber si los que tenemos enfrente están vacunados o no, si han estado de botellón el fin de semana o si se han ido de viaje aprovechando que están baratos.

Estresante es la palabra. Y lo es porque implica que todo el peso de la seguridad cae sobre ti, que es de donde va a salir la única protección porque el sistema no va a poner sobre el tapete medidas. Las últimas medidas acordadas por el ministerio para las escuelas es la reducción de las distancias entre mesas hasta dejarlo en 1'30 metros, para que quepan más alumnos en las aulas. Así se legisla. En vez de tomar medias para estar más seguros, se amplía el aforo y se meten más personas. Es el mensaje que están deseando de bares a universidades, del transporte a los escenarios.



Como bien señala Stephen I. Vladeck, esto no tiene nada que ver con la "libertad", ni con el "derecho a la intimidad" ni ninguna otra fórmula que usemos para camuflar los intereses del orden que sea, de económicos a políticos.

Los negacionistas, ya sean de a pie de calle o de las alturas políticas, son malos para ellos y para los demás. Pero los que no actúan u obstruyen cuando otros lo hacen son también peligrosos para esta situación de salud pública a la que nos enfrentamos sin herramientas jurídicas y conceptuales adecuadas.

Muchas zonas de los Estados Unidos se enfrentan decididamente a lo que el COVID supone, pero otras no lo hacen, manteniendo un pulso político que ha hecho que Estados Unidos, la súper potencia mundial, líder en tantas cosas, lo sea para mal en el número de muertos y contagiados. Trump ha escuchado abucheos cuando ha recomendado en un mitin en Alabama que la gente se vacune, lo que demuestra que esto se está enquistando y será difícil de controlar. El mismo Greg Abbott estaba vacunado y, pese a ello, se ha contagiado, ya que mostrarse sin la mascarilla en reuniones se toma como un signo político (lo mismo ocurrió en el contagio en la reunión de la Casa Blanca). 



La mentalidad de algunos políticos no admite el largo plazo de las medidas contra el COVID y el sentido de una pandemia; son incapaces de pensar en términos simultáneamente de localidad y globalidad. Las medidas locales ayudan a contrarrestar el estado global de la pandemia. Pero esto solo funciona si se extiende; si no, el trabajo de unos se viene abajo por la desidia de otros o por su cesión a las presiones que anteponen sus intereses.

Negacionistas de base, como el locutor Phil Valentine, o  los que lo hacen desde el poder, como el infectado gobernador de Texas, Greg Abbott, por moverse sin mascarilla por entre sus simpatizantes —deseosos de hacerse un selfie con él, como muestran los vídeos—,  nos enseñan los peligros de entender mal lo que es la libertad y convertirla en irresponsabilidad social y en cuestión de imagen.

A algunos, como a Valentine, los deseos de corregir su error les llegó demasiado tarde. Al gobernador, veremos si lo ha entendido. Por aquí deberíamos tomar nota.

 


* Stephen I. Vladeck "I live in Texas and I am really angry" CNN 20/08/2021 https://edition.cnn.com/2021/08/19/opinions/texas-covid-greg-abbott-vladeck/index.html