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viernes, 10 de octubre de 2025

Periodistas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Ser periodista nunca ha sido fácil. No solo llega a la realidad antes que los demás sino que tienes que contarla. Y eso no le gusta a todos, más en un mundo mediático en el que más y el que menos quiere ser la nueva otra cara de la moneda, un "influencer".

Este último no cuenta lo que ocurre sino que busca una reacción determinada ante lo que ocurre o se inventa. Se teoría básica es la de la mediación: entre los hechos y las reacciones pueden ocurrir muchas cosas según cómo lo cuentes.

Los "influencers" no son solo personas maquilladas diciendo lo primero que se les pasa por la bien peinada cabeza. Están los otros influencers, los que están en la sombra, los que miden con electrodos las repuestas de los demás antes de lanzarlas al aire, los de los gabinetes de comunicación al servicio de cualquier cosa o causa, los que deben consultar en el diccionario la diferencia entre palabras, como "verdadero" frente a "verosímil".


Pero hemos creado un mundo de influencers, lo que complica la vida del periodista, que deja de ser alguien que informa, para ser visto como un obstáculo para imponer una visión particular del mundo. La ingenuidad de pensar que en un mundo súper informado la gente estaría cerca de lo verdadero, lo bello o lo justo ha sido grande. Más información y más medios tienen como resultado una guerra por el control de la atención primero y de la opinión después.

Como en las mejores historias mafiosas, al que se percibe como peligroso se le amenaza e intimida y si se puede se le despide y arrincona. Es el drama periodístico actual. La concentración de medios es el signo del poder. Significa que se convierten, con los periodistas dentro, en piezas de una orquesta que ataca una misma melodía. Sonido armonioso, sin estridencias.

Los periodistas con su opinión propia se ven estigmatizados, objeto de campañas de descrédito en los mismos medios. Lo estamos viendo últimamente. En una sociedad cada vez más polarizada, se le exige al periodista —directa o indirectamente— que no se salga de las líneas que se le marcan desde arriba o desde los laterales, es decir, con órdenes  o con campañas de descrédito y  ataques desde ese monstruo informe que se llama las redes sociales.

En RTVE.es, como ente público, es frecuente que se ataque a sus profesionales y se nos cuente el acoso a algunos de ellos. Los ataques, por ejemplo, a Almudena Ariza son frecuentes por mostrar su horror ante lo que ocurre en Gaza, algo que según sus atacantes no debía hacer por "profesionalidad". 

Ahora se nos cuenta desde el medio otro caso: 

Silvia Intxaurrondo ha repasado sus mejores momentos en entrevistas con Alberto Núñez Feijóo, Pedro Sánchez o Isabel Díaz Ayuso. En la entrevista con el líder del PP cuando le afirma con rotundidad que "el dato no es correcto", sobre la revalorización de las pensiones conforme al IPC. La periodista confirmaba que su partido no lo había hecho en 2012, 2013 y 2017 y Alberto Núñez Feijóo rectificó dos días después, pero eso no evitó "la campaña de acoso a través de redes sociales" que denuncia Silvia Intxaurrondo, que todavía a día de hoy se mantiene.

"Han citado a mi marido, han dicho barbaridades de lo que he cobrado, de lo que hago con el dinero, de si me lo merezco o no, de cómo se me fiscaliza...", asegura la periodista, que infiere que lo que buscan es hacerle un daño moral a su persona. "Esta gente lo que quiere es que dé un paso atrás y diga: me voy. Pues es lo único que no voy a hacer", concluye.

Asegura que no solo es dura con los políticos conservadores y recuerda lo impactante que fue "ver en la televisión la cara de un presidente del Gobierno, viéndose a sí mismo decir: no lo voy a hacer", al ponerle las imágenes a Pedro Sánchez de cuándo negaba la amnistía, antes de las elecciones del 23 de julio de 2023.*


Sí, pero no importa a los acosadores informativos, ahora llamados "haters". Solo les importa lo que les afecta directamente. Exigen su misma parcialidad en términos absolutos. Se trata de eliminar voces que les contradigan, preguntas que no les gusten, observaciones o datos que no les interesen. La política ha "normalizado" esta forma de acoso; la necesita para funcionar.

La nueva situación mediático informativa permite ejercer un mayor control, empezando por las grandes empresas tecnológicas que pueden hace juego sucio a sus propios usuarios vigilándolos y censurando lo que pueden recibir (o no recibir), segmentándolos y enviándoles una información sesgada, y siguiendo con los propios medios, cuya orientación partidista se privilegia si les resulta rentable desde el punto de vista económico o de poder.

El profesional puede intentar resistirse y establecer su compromiso con lo que ve y entiende frente a lo que se le impone. Si eres crítico con una parte te atacan; si eres crítico con todos, te atacan todos. Eso del equilibrio, de ser ecuánime, etc. no va con estos tiempos.

Queda la fortaleza interior del profesional y su capacidad para hacer frente a las presiones. Necesita formación sólida que le permita no caer en trampas, confianza en sí mismo, ética firme y astucia retórica, es decir, la capacidad de construir mensajes eficaces, honestos y que los otros no les puedan dar la vuelta. Necesita además un fuerte compromiso ético con el mundo y con sus receptores. Informar no es un acto mecánico; es una manera de intentar mejorar lo mejorable.

No es sencillo informar con sinceridad y honestidad. No deja de ser interesante que cuanto más se valora la información, menos se valore la independencia del informador y se intente someterle y anularlo.

Otro detalle: se taca mucho más a las mujeres periodistas, lo que marca un sesgo de género bastante evidente. También las profesoras son más atacadas en las universidades por los alumnos "influencers" o "haters" que pululan por nuestras aulas. Saquen sus conclusiones. 

No todos son capaces de defender su independencia. Siempre ha habido los que gustosamente la han cedido si les reportaba beneficio o tranquilidad. Por eso es importante apoyar a los que defendiendo su independencia defienden la nuestra. 

Reporteros sin fronteras
 https://rsf.org/sites/default/files/rapport_cyber_violence_es_0.pdf

* Fran Mena "Silvia Intxaurrondo planta cara a los 'haters': "No voy a dar un paso atrás"" RTVE.es 9/10/2025 https://www.rtve.es/television/20251009/silvia-intxaurrondo-arturo-perez-reverte-en-primicia/16759257.shtml

jueves, 12 de junio de 2025

Con Almudena Ariza, por la ética periodística

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La guerra de Gaza intenta cobrarse otras víctimas. El Israel de Netanyahu no tiene bastante con las muertes de niños, de civiles de todas las edades, cuyo único delito es tratar de llegar la comida que se usa como cebo para bombardearles. El Israel de Netanyahu no tiene suficiente con que las redes sociales filtren las noticias "políticas" tratado de reducir su alcance limitando los muros en los que puedan aparecer o censurando directamente (lo hemos comentado aquí por experiencia propia).

Ahora van a por los periodistas que cuentan lo que ven. Sabedores que están perdiendo la batalla esencial de la opinión pública que exige a los gobiernos medidas para sancionar la conducta criminal y genocida del Israel bajo su mando, ahora tratan de silenciar a la prensa. Ya las muertes de periodistas en la zona desbordan cualquier otro suceso bélico. Israel sabe que mientras cuente con el apoyo cerrado de los Estados Unidos de Trump y de algunos innobles visitantes, como Javier Milei (Argentina cuenta con una gran colonia hebrea que ha premiado al presidente argentino por su apoyo a Israel), podrá seguir con su inmisericorde tarea de extinción y limpieza, como ya muchos no dudan en calificarla. Pero para esto necesita limpiar piezas del tablero.

En RTVE tienen una valiosa profesional de la información, la periodista Almudena Ariza, una veterana curtida en todo tipo de conflictos y escenarios. Ahora no gusta, nos dicen, porque cuenta lo que tiene delante, por lo que han pedido su retirada.

Hace menos de un mes, Almudena Ariza recibía un importante premio por su labor periodística:

La corresponsal de TVE Almudena Ariza ha recibido de manos de la reina Letizia la Medalla de Oro de la Cruz Roja en la gala celebrada en el Teatro Romea de Murcia, donde también han sido galardonados el profesor César Bona, la activista Emilia Lozano, y las ONG Nasco Feeding Minds y Cruz Roja de Burkina Faso.

"Los términos verdad y destrucción adquieren su dimensión exacta", ha dicho la reina sobre la labor de la periodista en los países donde ha estado y sigue informando sobre catástrofes o conflictos bélicos. "Cuando aparece en Ucrania o en Haití o donde le toque, ahora en Gaza y en Israel", ha recordado la reina sobre la profesional de RTVE en su intervención para cerrar la entrega de premios.*


La Reina Letizia es periodista; sabe de lo que está hablando y lo dice desde su admiración y respeto hacia Almudena Ariza. No son palabras protocolarias, sino que recogen el aprecio que la periodista se ha ganado guerra tras guerra, acercándonos al dolor de las víctimas y a la destrucción de sus espacios.

Curiosamente (quizá no tanto) a Almudena Ariza le han salido críticas tuiteras desde el independentismo catalán, con una curiosa teoría sobre la "neutralidad". La teoría viene a decir que se vea lo que se vea lo importante es "no tomar partido". Es decir, que si se dice que Israel bombardea eso es la verdad; pero que si se dice que Israel masacra como efecto de esos bombardeos, se está tomando partido. ¿Existe una perversión mayor de lo que es la actuación de los periodistas, de su función?

En un tuit la periodista escribió:

Yo no puedo ser neutral ante la masacre de civiles.

Ningún periodista honesto debería serlo.

Eso no es activismo, es ética profesional.

Informar sobre crímenes y sufrimiento civil es una obligación, no una opción.

Y eso es precisamente lo que debe hacer un periodista de servicio público.**

Esto es fácilmente entendible, si se quiere entender. La crítica por lo contrario, evidentemente, solo podía venir de un político que trata de evitar la valoración de los actos que se realizan políticamente. No deja de ser una ironía que un político exija objetividad.

No solo es una absurda teoría periodística, sino peligrosa en unos tiempos en los que las noticias falsas pululan por todas partes, en la que los mensajes son engañosos. Ariza habla de lo que tiene delante y ante lo que no puede ser indiferente, pues dejaría de ser humana. La deshumanización, la supuesta objetividad, las lógicas perversas son los mayores peligros en un mundo necesitado de testimonios ante lo que se hace a distancia, en gabinetes de comunicación  y, por lo que se ve, mucha IA y poca "I" a secas.

Esta supuestas verdades que se ocultan tras el silencio, por la que le piden el cese, no es más que una forma peligrosa de seguir distorsionando la opinión pública, que sobre la que se pretende influir en diversos sentidos. El silenciar a los profesionales honestos es parte ya de esta práctica cada vez más generalizada. Los que les piden silencio o neutralidad practican lo contrario

Ariza no está con Hamás, una organización sectaria y a la que le importa poco el sufrimiento causado a su propio pueblo dentro de los esquemas fatalistas del fundamentalismo. A Ariza le importa el dolor y la destrucción precisamente porque es lo humano y lo inhumano sería ignorarlo. Y peor; crear una especie de equidad que sitúa a todos igual.

No, no nos interesa seguir deshumanizando la información o vendiéndola a las causas poderosas que mejor paguen. Estamos rodeados de trivialidad, de frivolidades, de dramas televisivos y culebrones, de éxitos y debacles deportivas, de bodas, embarazos y divorcios (no necesariamente en este orden). ¿Queda algún hueco para lo que no nos gusta, para lo molesto?

A Almudena Ariza le toca la poco agradable pero necesaria labor de mostrarnos el dolor en un mundo de puentes y vacaciones, de festivales y conmemoraciones. Sí, hay un mundo desagradable, violento, injusto; un mundo en el que se masacra en nombre de bonitos principios de tiempos pasados.

Si Hamás quiere hacerse con la "causa árabe", Israel con Netanyahu al frente quiere rentabilizar siglos de persecuciones e injusticias. Pero a Almudena Ariza, que busca poner imagen y sonido al dolor, se le critica por ello. Ese dolor es real, está ahí e ignorarlo no lo convierte en objetivo.


La idea de que los periodistas son simples portadores de cámaras y micrófonos solo puede salir y ser defendida por manipuladores y censores. Convertir al periodista en simple herramienta es un despropósito que se paga caro en una sociedad llamada de la información donde la independencia es molesta porque no se puede controlar. La parte de la "teoría" contra Ariza que dice que como se le paga con dinero público está obligada a ser "neutral" no deja de ser un chiste viniendo de un político, más de la esfera de Puigdemont. La idea que en los medios públicos se debe ser neutral y en los privados seguir las directrices de quien manda y paga busca la instrumentalización y reducción de profesional a la nada. Y hay que evitarlo.

¿Recuerdan el caso del periodista que se manchaba la ropa de barro para informar sobre la dana? Ariza es el otro extremo de una profesión que necesita de mucha ética para sobrevivir a ataques y tentaciones. Su ética personal y profesional le lleva a decir lo que a lo mejor otros no tienen el valor. Tomar posición ante el sufrimiento no es perder objetividad, es confirmar lo que desgraciadamente ocurre y se trata de encubrir con discursos supuestamente verdaderos y neutrales.

No, no se puede ser "neutral" ante el sufrimiento. ¿Hubieran exigido no tomar posiciones ante los campos de exterminio nazis? ¿Habrían descalificado la labor informativa por entrar en ellos y mostrar el dolor y la destrucción? No sé lo que hubieran dicho entonces algunos.

Todo nuestro apoyo y reconocimiento a la labor de Almudena Ariza. Es valiosa y valiente, algo que necesitamos como ejemplo de futuras generaciones de periodistas; no todos están dispuestos a serlo pues conlleva riesgos, los de que te maten, te silencien o difamen. 

Gracias por tu trabajo honesto. 

* "La corresponsal de TVE Almudena Ariza recibe la Medalla de Oro de Cruz Roja" RTVE.es 14/05/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250514/reina-cruz-roja-corresponsal-tve-almudena-ariza/16580070.shtml

** [https://x.com/almuariza/status/1931982774686151151]

jueves, 11 de abril de 2024

La estrategia del silencio

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es se nos muestra la interrupción sufrida por la corresponsal Almudena Ariza en pleno directo desde Jerusalén. Israel quiere el beneficio de la guerra, la destrucción del otro, pero no quiere aceptar su lado negativo, la condena internacional creciente y la pérdida de apoyos. Cuanto mayor es la sinrazón, más difícil es controlar sus efectos informativos.

La información pasa a ser el molino contra el que se carga intentando silenciar lo que no puede controlar. Y esto se hace contra lo que tiene a mano, los informadores. Israel ha producido ya más muertes de periodistas, como se nos dice, que cualquier otra guerra, más de un centenar.

El gobierno de Israel ha perdido el sentido de la realidad si piensa que esta estrategia de intimidación y muerte de periodistas, esta forma de evitar que se informe desde allí va mejorar la respuesta de la opinión pública internacional. Como ha ocurrido en otros lugares, será el surgimiento de "informadores" lo que producirá será unas informaciones más difícilmente comprobables, lo que provocará será una corriente negativa.

Las tácticas de Israel son del siglo XX y no del XXI, en un mundo al alcance de un teléfono móvil. Con esta forma anacrónica de actuación, el gobierno de Netanyahu vuelve a crearse un problema de difícil solución y que actúa en su contra.

En el artículo se nos señala:

Informar sobre la guerra en Gaza es cada vez más difícil. Hacerlo desde la Franja se antoja prácticamente imposible, pero los obstáculos también aumentan para informar desde Israel, que ataca y asedia el enclave palestino desde el pasado 7 de octubre. "No quieren que estemos aquí y no quieren que hablemos de Gaza", ha explicado la corresponsal de TVE en Jerusalén, Almudena Ariza. Este miércoles, ciudadanos israelíes han interrumpido la conexión en directo que estaba realizando junto al reportero gráfico Ivan Makarov para el Telediario.

Los individuos se han situado frente a la cámara obstaculizando su trabajo, algo que, según explica la periodista, es habitual cuando se intenta informar sobre el conflicto. "No nos están dejando, lo siento mucho. Tenemos que cortar...", ha informado Ariza a los televidentes. "Tenemos que cortar esta comunicación porque no nos dejan continuar. Son ciudadanos, no son policía ni miembros de seguridad", ha especificado antes de interrumpir el directo.*


La insistencia de Ariza señalando que quienes se le ponen delante para evitar que informe en su conexión en directo son "ciudadanos" tiene un doble sentido: la extensión de la obstaculización y el aumento del peligro de informar. Si son servicios oficiales tienen instrucciones que cumplen, pero si son ciudadanos por libre el peligro aumenta porque no se sabe hasta dónde pueden llegar en su "entusiasmo". Evidentemente, Israel no se siente obligado a proteger a los periodistas. ¿Por qué iba a hacerlo en una guerra en la que las principales víctimas son niños y civiles? Sencillamente, que ese vayan y se les acabó el problema.

La guerra se está llenando de "desgraciados incidentes", "accidentes", "mala suerte" o, por repetir la expresión cínica de Benjamin Netanyahu tras la muerte de los siete cooperantes, "cosas de la guerra". Esos más de cien periodistas muertos son también "cosas de la guerra".

Reporteros Sin Fronteras ha denunciado en varias ocasiones las difíciles circunstancias a las que se enfrentan los periodistas para informar sobre la guerra dentro y fuera de la Franja de Gaza. Solo el pasado mes de octubre, cuando Tel Aviv inició su ofensiva como respuesta a los ataques de Hamás y otras milicias sobre territorio israelí, fueron retenidos por la policía israelí dos periodistas de la cadena británica BBC y el corresponsal de Al Araby TV fue amenazado e insultado por un agente de policía durante una emisión en directo.

Además, el 1 de abril, el Parlamento israelí aprobó una ley que autoriza al Gobierno a prohibir temporalmente “las redes de difusión extranjeras consideradas un riesgo para la seguridad nacional”, cerrar sus oficinas en el país, confiscar sus equipos y bloquear el acceso a sus sitios web. El presidente, Benjamín Netanyahu, anunció poco después su intención de que el canal Al Jazeera, uno de los únicos medios internacionales que todavía pueden cubrir la guerra desde Gaza, cesara sus transmisiones desde Israel.*

 

Sí, se hace complicado informar desde ese extraño frente que determina el gobierno israelí a través de sus acciones militares destructivas. A la precisión de los drones, se une la "imprecisión" de los bombardeos cuya finalidad es dejar inhabitable la zona, reducida a escombros. "Inhabitable" aquí quiere decir para los palestinos. Ya han llegado noticias de las "repoblaciones" de los colonos israelíes en algunas zonas. Esto se vende como una forma de crear "seguridad". Los colonos son parte de la estrategia. En este caso, Israel ya no solo está fuera del siglo XXI, sino también del XX. Esta política de exterminio y repoblación ha sido practicada especialmente por Rusia en el pasado hasta llegar a convertirse en el inmenso país que es hoy. Explica lo que hizo, cuyos resultados los tenemos hoy en Ucrania y las zonas "pro rusas" deseando volver a la "gran madre rusa". Mucho de lo que los israelís de hoy practican lo trajeron aprendido de la Rusia de la que huyeron.

Israel no va a conseguir ocultar lo que ocurre y, mucho menos, imponer su versión de la historia. Lo único que está haciendo, como hemos señalado, es crear una fuerte crítica que ellos tratan de camuflar como "antisemitismo" en un ejercicio de cinismo e hipocresía de difícil comparación.

Amenazar a la prensa, impedirles informar, bombardear medios y matar periodistas se convierte, por contra, en una demostración de la falta de razón y razones. Pretender mantener una guerra en silencio es algo peor que inocencia; es estupidez.

 

* Marta Rey "La difícil tarea de los periodistas para informar de la guerra en Gaza: "No quieren que estemos aquí"" RTVE.es 10/04/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240410/dificil-tarea-periodistas-para-informar-guerra-gaza-no-quieren-estemos-aqui/16054453.shtml

viernes, 29 de julio de 2022

El tuit de Almudena Ariza o noticias y salud mental

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Un tuit de la gran periodista Almudena Ariza nos llama la atención desde su corresponsalía en Nueva York. A Ariza la hemos visto inmersa en la guerra en Ucrania, en primera línea, en Nueva York, en París... un ejemplo de profesionalidad, rigurosa y comunicativa,

El tuit es este y contiene un mensaje central: 


Podemos señalar cuatro partes en el tuit. En la primera se expresa la frecuencia del mensaje (lo repite cada vez más gente), que mucha de esa gente son periodistas y cómo ella está "sucumbiendo". En la segunda se constata un problema de la profesión, la necesidad de cambiar y el desconocimiento de cómo hacerlo. La tercera es el cuerpo del tuit, con referencia a dos problemas, la "desconexión informativa" y la "salud mental", ambas conectadas, junto a un doble reconocimiento de "culpa", la saturación informativa y sus efectos, los del malestar. Finalmente un nuevo tuit da las gracias por las respuestas recibidas, muestra clara del interés despertado con el mensaje central y que nos conecta con el inicio y reafirma la naturaleza problemática de la situación tanto para profesionales como para las audiencias.

La cuestión es importante porque conecta dos elementos que habitualmente suelen tratarse por separado, lo que ocurre y las respuestas, con un tercero, que es el problema del tratamiento informativo y su papel en la mediación.

Ni Almudena Ariza ni ninguno de los profesionales de la información han causado la guerra de Ucrania, los incendios forestales, la subida de la inflación, las olas de calor, la amenaza de los bancos, el doble chantaje de la energía; ni siquiera la derrota de España en el europeo femenino o los demonios de los coches de Fernando Alonso. Son acontecimientos y hechos que se dan en algo complejo que llamamos "realidad" y que en términos periodísticos se llama "actualidad", una selección de ellos en función del posible interés o respuesta que pueden dar los receptores de las noticias, que son el resultado de la textualización, la conversión a textos, de todos esos hechos y acontecimientos noticiables.

Los criterios para la selección, primero, y el tratamiento después son muy variables. Cuando hago mis búsquedas en diversos medios de algo que quiero contar en este blog, me encuentro que algunos pueden no recogerlo y, en otras ocasiones, que la noticia está en todos los que consulto, si bien de distinta manera. El hecho de que una noticia esté en todos los medios puede ser indicador de su importancia o, también, de su absoluta trivialidad si todos ellos se decidieran a dar prioridad al asunto trivial.

Los medios no solo informan, también compiten. Lo hacen por nuestra atención, que es el objetivo de todos ellos. La atención es el bien más notable en una sociedad mediática. Implica que lo que nos cuesta elaborar una información se debe traducir a un criterio de visibilidad en muchos casos. Eso es lo que hace que muchas veces los propios periodistas se expongan para conseguir imágenes o noticias "más competitivas". Eso, como sabemos, ha llevado a que muchos freelancers hayan expuesto sus vidas para conseguir las imágenes que solo ellos podrían conseguir vender. El freelancer aúna en sí el extremo de esas dos tendencias, la informativa y la económica, pues cada noticia que vende es el resultado de su propio trabajo por libre. En el otro extremo está la "noticia" más barata y rentable, la pseudo noticia que se extrae de las redes sociales, de coste cercano a cero, pero que hace gracia a las audiencias, las espanta u horroriza: hay una determinada cadena privada que dedica una parte importante de su tiempo a estas "noticias curiosas", sin trascendencia alguna, pero que atraen a las audiencias por su propia truculencia: un coche que se ha empotrado en una casa, un gato rescatado en helicóptero,, alguien que se cae haciéndose un selfie en un barranco... cualquier cosa imaginable. Todas estas pseudo noticias ayudan a mantener a una audiencia perezosa, a la que le gusta ser sorprendida más que informada. De este mal doble —el encarecimiento de la información y el éxito de las pseudo noticias— salen muchas consecuencias sobre la educación de las audiencias o, si se prefiere, de su mala educación.

Pero el problema que Almudena Ariza nos plantea en su tuit no se refiere a las pseudo noticias, sino a la necesidad de competir en el terreno informativo y a la saturación con efectos sobre la salud mental.

Preguntarnos por cuántas malas noticias somos capaces de soportar durante la emisión de un noticiero de media hora, por cuántos días podemos soportar este tren de malas noticias... no es trivial y seguro que a usted le ha ocurrido, como me ha ocurrido a mí y a la propia Almudena Ariza, según nos cuenta.


¿Se está haciendo mal o solo es el efecto de las malas noticas continuadas? Probablemente haya que preguntarse en los dos sentidos, sobre nuestra capacidad de resistencia a lo que nos llega negativos desde fuera y a la forma de tratar lo que ocurre sin que se pueda ocultar en la realidad. ¿Cómo evitar que la gente, por decirlo así, rece para que lleguen pronto los deportes?

¿Está afectando realmente a la "salud mental"? El término ha multiplicado sus apariciones en los propios medios. Lo ha hecho desde la pandemia, pero existe como una preocupación con anterioridad. Los confinamientos, la ruptura de las redes personales, de la convivencia, las noticias de muertes y las muertes próximas, nos han traído hasta este punto. Se le suman ahora una guerra, incendios, inflación, amenazas económicas  de futuro... Pese al intento de los gobiernos de transmitir confianza, lo cierto es que las malas noticias se acumulan sobre una sociedad que está saturada, por un lado, e hipersensibilizada a lo negativo, por otro.

Se hace necesario buscar un tratamiento informativo mejor porque la paz, las mejoras económicas o apagar fuegos... no está en manos de los profesionales de la información ni de los propios medios.

La solución no está en la desconexión, porque sería la política del avestruz. Sin embargo, es la que está ocurriendo como respuesta al torrente de malas noticias que nos sacude cada día y desborda nuestra capacidad de resistencia mental. Una persona informada hoy es una persona al borde de la depresión. El problema es el de refugiarse en la trivialidad o la desconexión, que son dos alternativas.


El periodista y los medios sí tienen responsabilidad en no forzar la maquinaria informativa para acrecentar el dramatismo que asegure la atención, como algunos medios estamos viendo que hacen.

La televisión es el medio que más lo usa. Nosotros controlamos la lectura y la secuencia de los medios escritos, ya sea en papel o en la web. Pero no controlamos la secuencia informativa de radio y de televisión donde el orden, la intensidad y el tiempo nos son impuestos. Ante un medio impreso, yo gradúo la información, pero en los medios audiovisuales, es el medio quien lo hace. Son ellos los que hacen que a las tres de la tarde vayamos, al cambiar de canal, vayamos de incendio en incendio, de bombardeo en bombardeo, de mala noticia en mala noticia, causando un efecto psicológico de encierro de imposibilidad de huida, que tiene efectivamente una repercusión sobre la salud mental y sobre nuestra forma de acercarnos a la información.

La acumulación de malas noticias se llama "crisis" y eso no se para metiendo la cabeza en un agujero. Pero tampoco metiendo la cabeza en el espacio que el televisor nos propone cada día podemos salvarla de la enorme presión negativa que recibimos. Vemos medios que incluso dan buenas noticias con imágenes negativas. ¿Cuántas imágenes de incendios podemos ver en un día sin que nos afecte mentalmente? ¿Cuántas antes de cambiar de canal y refugiarnos en la programación infantil como último espacio, como vuelta a una infancia feliz?

Muchos han jugado en estos años pasados al juego del lobo, de las malas noticias como reclamo. Hoy el lobo de la realidad negativa está aquí y hay que preguntarse, como Almudena Ariza, qué se hace mal y cómo, modestamente, podemos evitar que las malas noticias acaben con nuestra salud mental, algo que hay que conservar para evitar que nuevos o viejos problemas se desborden.


lunes, 4 de abril de 2022

El negacionismo ruso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las imágenes terribles de Bucha plantean un nuevo desafío al negacionismo ruso. Ante las evidencias, al gobierno ruso solo le queda para protegerse de las reacciones la negación. La pregunta, entonces, es ¿cuánto tiempo pueden mantenerse las mentiras tras el muro de contención de la negación absoluta de lo que está ocurriendo?

Ayer pude leer los ataques contra la enviada especial de RTVE a Ucrania, Almudena Ariza. Eran mensajes intimidatorios a través de Twitter claramente orquestados desde varias cuentas en los que se la acusaba de tergiversar las traducciones de las personas entrevistadas, las personas encontradas en los lugares castigados por los ataques rusos. Los ataques contra los periodistas, testigos de lo que cuentan, es un síntoma más de esta guerra que Putin ha desencadenado en diversos niveles.

Son varios los periodistas y fotoperiodistas muertos en esta guerra, rondan ya la decena. Hay la sospecha de que a algunos periodistas se les ha geolocalizado a través de sus teléfonos móviles y se les ha bombardeado con gran precisión. Es el caso de la periodista Oksana Baulina, cuyo vehículo fue impactado directamente durante una transmisión. Oksana Baulina era de origen ruso, pero trabajaba para medios de otros países, en este momento para The Insider. Era conocida por su oposición al régimen de Putin y su cercanía a los disidentes. Su muerte tiene todas las trazas de una ejecución a distancia. Los periodistas son fácilmente localizables porque su trabajo es precisamente hacerse visibles en los espacios desde los que retransmiten. Oksana Baulina ha sido la séptima víctima periodista en este guerra, ni la primera ni la última.

El gran enemigo de Putin es la información, encarnada en los periodistas e informadores de todo tipo que dan cuenta de lo que ocurre en Ucrania, en sus rincones. Esta situación confirma que los planes estratégicos de Vladimir Putin eran una "guerra rápida" que se pudiera vender al mundo —y especialmente a la propia Rusia— como una "liberación". Pero la enorme resistencia ucraniana, el éxodo de más de 4 millones de personas hacia el oeste, saliendo por Hungría y Polonia, junto a otros países vecinos, ha hecho que la realidad sea imposible de contener en los límites de la propaganda.

Los dictadores se vuelven excesivamente confiados y Putin ha caído en la creencia de su propia capacidad de contención informativa. Se ha equivocado, ya sea porque le informan mal o porque desea modelar la realidad mediante el aparato represivo conjunto, el paquete de medidas judiciales, policiales e informativas mediante el que se sostiene. Los errores de cálculo se han ido acumulando.

La "verdad de Putin" es insostenible, sospechosa, una demostración de los mecanismos más arcaicos de la propaganda. Es una Rusia vieja y avejentada por su propio aislamiento y modelo expansivo: invasión y gobierno títere represor. Es el retroceso al "gran hermano" orwelliano que tenía su modelo precisamente en la Rusia de Stalin, la de la manipulación de la verdad retorciéndola hasta hacerla irreconocible pero omnipresente.

Las imágenes de las matanzas en la ciudad de Bucha muestran una voluntad de destrucción, una rabia por enfrentarse a lo que es la retirada de las tropas. El paseo triunfal que se preveía está siendo una retirada con el rabo entre las piernas, algo que no entraba en los cálculos iniciales y para lo que parece no estaban preparados. Solo queda el recurso criminal de las matanzas de civiles, de la retirada dejando sembrado de cadáveres carreteras, edificios, calles y pozos.

Otra de las noticias que se nos ha dado en estos días son los testimonios desde otros países vecinos de las llegadas de rusos. Es un indicador también del resquebrajamiento del muro de contención de Putin en el interior. La llegada de los rusos es vista con cierto recelo, nos dicen, por temor a que se estén infiltrando en países limítrofes que pudieran ser invadidos por Rusia. Todo es posible, pero es más probable que se esté produciendo la salida por desacuerdo. Lo que sí queda claro es el recelo que provocan al llegar por el temor a un país que ha hecho de la invasión y la guerra su marca identificadora. Nadie ve a Rusia como un liberador de nada sino, al contrario, como un peligroso vecino del que hay que tener muchos cuidad, un vecino de agresividad sin límite capaz de decirte dónde puedes estar o con quién.

Las guerras se dan cada vez más en las pantallas y en las planas de los periódicos. Pero mientras Ucrania alberga a miles de periodistas de otros países, Rusia los expulsa, bloquea o encierra. Las imágenes que salen desde Rusia son imágenes propagandísticas de apoyo al gobierno y cada vez son más limitadas y evidentes, como las que veíamos ayer mismo de viejos ex soldados con sus uniformes y portando banderas.

Cada día salen a la luz historias de familias ucranianas y rusas que se rompen porque las rusas no aceptan lo que les cuentan sobre lo que está ocurriendo. Rusia ha sido siempre un pueblo manipulado, lo ha sido desde el tiempo de los zares hasta la Rusia de Putin. No ha habido periodos de libertades y la opresión ha sido constante pese a los cambios de régimen. De los zares a Putin se ha aprovechado el condicionamiento creado anteriormente, la idea de la sumisión al poder, al "padrecito" del que se han acostumbrado a depender. El ejemplo más claro en este caso lo hemos tenido en el apoyo dado a la invasión por el patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Moscú a la invasión de Ucrania. Se trataba de "salvar" a los ucranianos de la plaga de la homosexualidad, de un "lobby gay", según el patriarca de Moscú; había que evitar que se produjeran desfiles del "orgullo". Frente a este desfile, el patriarca ruso bendice los "desfiles" militares que invaden y matan. Todo sea por una "buena causa".

El ejemplo de la jerarquía de la Iglesia rusa deja en evidencia la burbuja envolvente que el pueblo ruso, siempre guiado, pastoreado, ha tenido en su historia. Los mecanismos de justificación siempre suponen el mantenimiento del poder y su sentido imperialista. Durante varios siglos, Rusia era para sus habitantes un vigilante que salvaba al mundo de la barbarie sin alma oriental, la salvaguarda del mundo cristiano. A esta idea contribuían ideólogos que forjaron la idea de la "santa Rusia", fortaleciendo el poder de sus autoridades que habían aprendido, como Putin hizo después, a retratarse con un cirio encendido en las manos mostrando así su "lado religioso". Bendecir las tropas que ahora asesinan en Ucrania, que destruyen pueblos enteros sin misericordia alguna, pasará factura cuando caiga el muro de contención de la verdad.

Los miles de periodistas que cubren la información en Ucrania o en los países vecinos, los que recogen a los que huyen del horror, son garantía en su conjunto de lo que vemos. Cerrar el grifo de la información es fácil en una dictadura y bastante difícil en una democracia.

El muro que Putin ha construido alrededor de Rusia la asfixia en muchos sentidos, más allá de lo informativo. La Rusia de Putin será pronto un aliado incómodo para muchos países que difícilmente podrán soportar el desgaste de la amistad con el dictador. Cada masacre separa a Rusia del resto. Solo le queda el club de los dictadores, pero tampoco será fácil ponerse incondicionalmente de su lado por temor a ser arrastrados a la inestabilidad que puede suponer ponerse abiertamente de su lado.

Conforme intensifica la guerra y la hace más cruenta, Putin separa más a Rusia del resto. Se habla de "rusofobia", lo que no deja de ser una broma. Las críticas a Rusia lo son a Putin y a los que apoyan sus versiones de lo que ocurre ya sea por amor o por estupidez o una mezcla de ambos. No debe ser fácil, en cualquier caso, asimilar que tu "padrecito" es un criminal frío y mentiroso, que te ha estado engañando y ha despertado el recelo mundial hacia tu país. Nos ofrecen la noticia de que los autobuses de San Petersburgo forman una "z" en apoyo al ejército ruso. La "z" será pronto la marca de la ignominia, defendida por aquellos que morirán en la creencia de que todo es mentira, que su ejército fue a Ucrania para desnazificarla, deshomosexualizarla, etc., "liberarla" finalmente.


A la Rusia de Putin le han fallado los planes, sin duda. Fracasó en su intento de que los refugiados fueran por los corredores "humanitarios" abiertos por ellos mismos hacia Rusia, en un intento de hacerse con decenas de miles de rehenes. Ha secuestrado cientos de alcaldes de poblaciones que habían de ser sustituidos por prorrusos. La resistencia ha sido mayor de lo esperado, no un desfile victorioso, entre aclamaciones.

Hay que ser firmes con Putin y tener la esperanza de que el pueblo ruso despierte y no se encierre en un mayor nacionalismo reductivo y ensimismado. Hay rusos de la "Z", pero también muchos que no merecen ser estigmatizados, aunque en esto es difícil mantener distancias. Lo que Putin hace mancha a muchos y les crea problemas.

Hay millones de rusos que han ido abandonando Rusia en estos tiempos. Merecen apoyo porque tuvieron el valor de hacer lo que no siempre pueden. Los miles detenidos en Rusia por manifestarse contra la guerra son también rusos y arriesgan sus vidas por tratar de que se conozca la verdad, aunque sea sacando una pancarta denunciando en un programa de televisión. Rusia, como país tradicionalmente autoritario, ha tenido su primera víctima en su pueblo. Eso no hay que olvidarlo y tratar de hilar fino, que no siempre es fácil.

Los que quieran vivir en el negacionismo, luciendo la Z y defendiendo que Rusia es la reserva espiritual de la humanidad, que sus guerras son "santas", lo van a seguir haciendo, pero aquellos críticos, rebeldes, que siempre ha tenido, merecen algo más, tanto por lo que arriesgan como porque representan una alternativa, aunque sea lejana, de futuro. Al menos hay que imaginarlo así.

martes, 17 de diciembre de 2019

El directo más difícil

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Es probable que TVE sea el medio más complicado (no complejo) de dirigir. Los medios no traen la noticia de la renuncia de la periodista Almudena Ariza después de conocer el poco respaldo obtenido en la votación de los profesionales, con una abstención también muy alta.
Ariza es una buena profesional, una periodista que ha trabajado en TVE durante décadas y ha realizado una buena labor informativa allí por donde ha pasado. Por eso es de agradecerle su sinceridad a través del texto que ha dado tras conocerse el resultado del referéndum sobre su nombramiento:

Una vez conocidos los resultados del referendum entre los profesionales de TVE, me veo en la obligación de presentar mi renuncia a la propuesta de dirigir los Servicios Informativos. Mi candidatura ha sido aprobada pero por una mayoría que no considero suficiente. De un censo de 3200 compañeros y compañeras sólo han votado a favor 308 y ha habido 117 votos en contra.
Mi principal fortaleza para llevar a cabo el proyecto de transformación digital es el conjunto de los profesionales de Informativos. Interpreto que no cuento con un respaldo mayoritario y que no he sabido ilusionar ni convencer.*

Con la renuncia de Ariza se abre de nuevo un proceso para encontrar una persona al frente de algo que es esencial para nuestro país, la información televisiva en el medio público.
TVE es, como tantas otras cosas en este país, un fiel reflejo de la incapacidad de nuestros políticos para crear algo común y presentar, por el contrario, un modelo tan español, que es el del "perro del hortelano". TVE refleja, en el paso de los años, las luchas políticas por el control de un medio esencial en el panorama.
Más allá de la propia información, la cadena estatal padece de la indefinición de lo que debe ser un medio público, cuáles deben ser sus fines sociales y formativos. Todas las informaciones resaltan cómo los informativos, que era el valor que le quedaba como propio y definitorio, ha sido rebasado por los de las cadenas privadas, las grandes beneficiadas de esta crisis.
En ABC, la noticia se cierra con los siguientes datos:

Hasta el 1 de enero seguirá en el cargo Begoña Alegría, una de las directoras de informativos más breves de los últimos mandatos, que anunció su dimisión «por voluntad propia» a principios de mes. Enric Hernández, director de Información y Actualidad, un puesto nuevo creado por la administradora Rosa María Mateo, deberá afanarse estos días en busca de un candidato para un puesto clave en un momento especialmente sensible, con la formación de Gobierno en el horizonte. Fuentes como la Plataforma por una RTVE Libre hablan de «crisis abierta» y «guerra por el control de TVE», corporación que vive en una provisionalidad perenne, con el concurso público para elegir a la nueva cúpula directiva paralizado por la incertidumbre política y los mismos presupuestos desde 2018.*

La parálisis de nuestros políticos es una enfermedad que contagia y se extiende a todo aquello que consideran como parte de su poder. No se ha conseguido en todos estos años de democracia que se entienda la separación entre lo "público" y lo "político", una distinción básica que debería garantizar precisamente una mayor estabilidad del conjunto frente a los vaivenes constantes y que van a más de nuestra perra vida política.
En una sociedad que vive pendiente de la imagen, los políticos siguen pensando que los medios públicos son un trofeo del poder. Eso lo padecen en primer lugar los profesionales, a los que se divide de forma innoble obligándoles a mostrar sus fidelidades y pisoteando su independencia. El público, en segundo lugar, es que padece esta concepción torticera de la información y de los medios.
En el tiempo, el propio medio se politiza por efectos de las presiones, por lo que la convivencia acaba siendo un problema real, una lucha de unos con otros.


Son ya muchos años con este conflicto que no es otro que el del respeto a la independencia de los medios públicos y no su sumisión política ni su dependencia presupuestaria, constante amenaza reguladora.  
Da pena ver la deriva de un medio de esencial necesidad para la transmisión de la cultura en estos tiempos de zafiedad mediática. Lo primero que se necesita es una redefinición del propio medio, la apuesta por un medio público que se centre en las carencias enormes que se observan, menos preocupado por las audiencias y más preocupado por su formación. No es nada fácil. Lo ocurrido sería una muestra más de cómo nuestros políticos se reparten lo "público" como parte de sus operaciones. 
La decisión de Almudena Ariza parece sincera y reconoce que sirve de muy poco estar en un cargo si no se "ilusiona y convence" a los que iba a tener que dirigir. Cualquiera que llegue al cargo necesita de algo más que profesionalidad; necesita convencer a sus compañeros y esa es la parte más complicada a la vista de los números. 
Dicen algunos medios que Almudena Ariza ha salido asustada de lo que se ha encontrado en TVE. Ella  ha llamado su "directo más difícil" al encuentro con sus compañeros. Puede que sea verdad, que el medio ya no se reconoce a sí mismo, que se ha convertido en escenario de otras guerras.


* "Almudena Ariza renuncia como directora de informativos de TVE" ABC 16/12/2019 https://www.abc.es/play/television/noticias/abci-almudena-ariza-renuncia-como-directora-informativos-201912162017_noticia.html