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sábado, 31 de mayo de 2025

Del acero a los estudiantes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Hay verdadero miedo a Donald Trump en los Estados Unidos? ¿Pueden su osadía y agresividad limitar las respuestas, que quedan así en manos de los jueces? Como llevamos señalando mucho tiempo, el "caso Trump" es algo más amplio que su personalidad. Las imágenes que nos llegaban hoy de un Trump rodeado de eufóricos obreros con casco mientras se anunciaban los nuevos aranceles al acero se perciben ya como algo más que una composición propagandística. La pregunta que surge una y otra vez es: ¿solo es Trump o le acompaña una parte importante de los Estados Unidos, de la sociedad norteamericana? Ese gigantesco "¡Gracias, presidente Trump!" que preside el acto ¿es propaganda o es un sentimiento real?

¿Son los "problemas del mundo" "problemas americanos" o al contrario? ¿Se resuelven  en ese "liberation day" invocado de continuo o por el contrario se agravan?

Cabe la sospecha que la revolución creada por Trump contra el mundo, al que señala acusadoramente en cada instante, sea una estrategia de presión, una forma de obligar a negociar, como algunos señalan, pero eso no evita los desastres que causa no solo fuera sino dentro. De lo que no cabe duda es que oponerse a su voluntad supone, seas juez o universidad, ser señalado y cercado, condenado a morir estigmatizado, Es lo que está ocurriendo con la Universidad de Harvard que se ha convertido en foco de resistencia y, a la vez, en prueba viviente de lo que te puede ocurrir.

En su nuevo ataque a la universidad, son los estudiantes extranjeros los que entran en el marco de la sospecha. Los argumentos son otra vez significativos del nuevo orden trumpista: 

Trump afirmó el miércoles que considera "excesivo" el número de estudiantes extranjeros en Harvard, ya que superan la cuarta parte del total, y propuso limitar esa cuota al 15%. Según el líder republicano, la universidad acepta a "gente de zonas del mundo muy radicalizadas", aunque no especificó a cuáles se refería. "No queremos que causen problemas en nuestro país. Esos países no nos están ayudando. No están invirtiendo en Harvard, y nosotros sí", dijo el mandatario.

Según la Casa Blanca, la decisión está motivada por una presunta promoción del "antisemitismo y de vínculos con el Partido Comunista Chino" por parte de la universidad. Harvard defiende que la medida es una represalia del Gobierno por su negativa a ceder ante las presiones que buscaban controlar su gobernanza, su currículo y la ideología de su comunidad académica.

Además de intentar impedir que acepte estudiantes extranjeros, Trump ha cancelado todos los contratos federales con la universidad, ha reducido notablemente sus subvenciones y ha amenazado con acabar con la exención fiscal de la que goza. El prestigioso centro educativo tiene un 27% de alumnos internacionales procedentes de 140 países, entre ellos, unos 150 son españoles.*


Las afirmaciones sin fundamento son especialmente graves, pues no solo son injustas, sino que contribuyen a la destrucción de la imagen de Harvard, convertida en nido anti patriótico. Mientras para el mundo se convierte en un foco de libertad y resistencia frente al poder absolutista de Trump, para una parte de la sociedad norteamericana Harvard queda como un foco de "antiamericanismo" y "antisemitismo", que es como Trump califica a los que se oponen al genocidio cómplice en Gaza.

La política antichina se convierte, en esta misma línea, en "anticomunista". De nuevo se trata de cancelar recursos de la universidad. Unos por "comunistas", otros por "antisemitas" y todos "antiamericanos"; lo que el trumpismo está creando es un orden mundial unilateral en el que solo la sumisión es aceptable.

Puede que en algún momento la "sociedad norteamericana" se dé cuenta de la monstruosidad que está alimentando y de sus consecuencias de futuro. Trump tiene la esperanza estratégica de que en un mundo más débil será más fácil ejercer el control y sus condiciones serán más favorables. Ha trasladado a la diplomacia el veneno del mercado extremo, para el que no hay términos medios, amistades o socios, solo víctimas a las que explotar.

El aplauso enfervorecido de los obreros del metal en su mitin ante las promesas de hundir el mercado internacional no es más que un síntoma de miopía propagandística, pues las consecuencias previstas pueden estar equivocadas en sus cálculos y salir muy mal parados. La culpa, por supuesto, la tendrán siempre los otros.

Lo que sí es seguro que quede es un mundo más autoritario, más visceral y a la defensiva. De quien se defenderán será de esos Estados Unidos de Trump, con él o sin él. Es difícil que la imagen de la superpotencia abusiva, despótica, arbitraria, caprichosa, se borre de la mente de los demás países. 


* "Donald Trump anuncia que subirá los aranceles al acero y al aluminio del 25% al 50%" RTVE.es / Agencias 31/05/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250531/donald-trump-anuncia-subira-aranceles-acero-50-por-ciento/16604712.shtml

sábado, 24 de mayo de 2025

Harvard somos todos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las acciones continuas y contrarias de Donald Trump sobre lo que creíamos posible en los Estados Unidos nos afectan cada día. De las viejas películas de Frank Capra, llenas de discursos optimistas, a las películas judiciales, nuestro universo norteamericano es destruido a golpe de discurso, arancel o amenaza al mundo. Donald Trump ha llevado al reino de la ficción a los Estados Unidos, convirtiendo en "gore" lo que toca, en una "matanza de Texas" serializada con él como protagonista y armado con esa motosierra que le regaló su "mini yo" Milei.

De vez en cuando surge alguna jueza (¿por qué son casi siempre mujeres?) que se le opone, que dicta alguna orden para impedir desmanes o, al menos, intentarlo. Son pequeñas acciones de gran valor ante el furor dictatorial que Trump ha puesto en marcha en unos irreconocibles Estados Unidos. Echamos de menos esos discursos de James Stewart describiendo un mundo que quizá entonces ya fuera irreal, pero que hoy nos sitúa a años luz de este oscuro y perverso presente, lleno de explosiones por todo el mundo en forma de amenazas, con la única promesa del "MAGA", de exclusivo consumo interno y una dieta desequilibrada para los demás.

En este extraño mundo con el que nos despertamos cada día, le ha salido un grano a Trump, el de la Universidad de Harvard, que se ha convertido en un objetivo para su reducción a la nada. El caso de la prestigiosa universidad norteamericana es importante porque pasa a ser un nuevo El Álamo de Trump, un foco de resistencia, de atrincheramiento, que salve la imagen de los Estados Unidos ante el mundo (igualmente ante sus propios ojos) mostrando que es posible aguantar el tipo con los viejos ideales como bandera.

Siempre hemos escuchado que los Estados Unidos era un país "presidencialista", pero no imaginábamos lo que podía suponer que un personaje como Trump —presentador y acosador en concursos de mises, organizador de concursos como El aprendiz, adúltero confeso y prolongado, vendedor de ocasional de Biblias, etc.— pudiera llegar tan lejos; que podría tener tanto atractivo para la integrista y confesional América de hoy, por un lado, y que podría intentar desbaratar el mundo desde su prepotencia y del dominio de armas y economía.

Por eso, el caso de la Universidad de Harvard es importante porque concentra todas las maniobras de Trump y porque significa esa resistencia que podría tener un efecto dominó sobre otras iniciativas similares.

Los ataques de Trump ante quien se le resiste son brutales. En una primera oleada contra Harvard ha intentando cerrarle las subvenciones y ayudas con las que la Universidad contaba. Lo ha hecho con Harvard y con otras. Pero es cuando la sociedad ha empezado a revolverse contra Trump por su apoyo al Israel del genocida Netanyahu, cuando Trump ha puesto en marcha otra jugada en su estrategia de disolver las protestas.

En primer lugar, la ofensiva contra Harvard se presenta en que es un centro "antisemita" porque no "controla" las protestas contra Israel. Esta cuestión ya deja clara la postura antidemocrática de Trump y su equipo. Si protestar contra un genocidio es ser "anti semita", la mayor parte de los países e instituciones, incluida Naciones Unidas, lo serían. Ver la orden de captura dictada por la Corte Penal Internacional como "antisemita" es jugar demasiado con conceptos y palabras, pero ese es el fuerte de Trump, el retorcimiento de la realidad. 

La segunda acción de Trump va contra la admisión de alumnos extranjeros, considerados como "peligrosos antiamericanos". Este despropósito en una muestra más de la falta de democracia y honestidad trumpista. El uso de este tipo de maldades refleja el talante antidemocrático alcanzado por Trump y los suyos.

Hoy, los Estados Unidos de Trump, son cómplices del apoyo y financiación de un genocidio en toda regla, por más que se creen situaciones para decir lo contrario. Se juega con el hambre y con la destrucción masiva de un pueblo violando todos los principios internacionales. Los civiles, incluidos miles de niños, mueren de hambre, falta de atención medica y bombardeos. Su máximo protector es Trump en el nombre de los Estados Unidos.

La comunidad internacional, especialmente la Unión Europea, no puede seguir auto engañándose sobre el cambio de su antiguo "socio", hoy rival y enemigo declarado, como nos señalan las noticias de esta misma mañana sobre sus declaraciones. La UE, nos dice de nuevo, se creó para "perjudicar" a los Estados Unidos. Con este tipo de declaraciones, Trump justifica de aranceles a invasiones; ha convertido el mundo en su campo de batalla, poblado de enemigos, con solo dos amistades, la de Israel, y, curiosamente, la de Vladimir Putin, que le sirve para atizar miedos y presiones.

La batalla de la Universidad de Harvard, a la que se le quieren quitar sus alumnos extranjeros por ser centro "anti americano" es una batalla de todos. No es solo la racionalidad académica frente a la irracionalidad política de Trump, contra su autoritarismo fascistoide. Es algo más: Harvard somos todos.

En RTVE.es podemos leer:

La Universidad de Harvard ha presentado este viernes una demanda contra la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, después de que esta revocara el jueves su capacidad para inscribir a estudiantes internacionales. La prestigiosa institución ha calificado la decisión de represalia política y una violación constitucional.

La denuncia, que ha sido impuesta en un tribunal federal de Boston, sostiene que la medida representa una "violación flagrante" de la Constitución de EE. UU. y otras leyes federales, y ha tenido un "efecto inmediato y devastador" sobre la universidad y los más de 7.000 estudiantes con visa. Como resultado, muchos alumnos extranjeros se han visto obligados a buscar otras instituciones para continuar sus estudios o, de lo contrario, corren el riesgo de perder su permiso de residencia en Estados Unidos.*


La pregunta nos la hemos hecho muchas veces en poco tiempo: ¿cuánto tardarán en darse cuenta de lo que supone Trump para los Estados Unidos? ¿Cuánto tardarán en tener los pies en el suelo y ver en qué les está convirtiendo? La democracia parte de un principio que es revisable: el pueblo elige a los "mejores". La Historia nos demuestra que algunas veces ocurre lo contrario. Y es precisamente a la "Historia", pasado presente y futuro a lo que se está atacando y convirtiendo al país es una caricatura de sí mismo, una peligrosa caricatura de la que otros está aprendiendo, una caricatura que anima a los dictadores en ponerse a la sombra de los Estados Unidos de Trump.

El retorcer las leyes, los conceptos, los hechos, que es lo que hace Trump y su administración, plagada de agresores de las libertades y de los principios constitutivos del país no abre ninguna senda a la grandeza, sino a la vergüenza y al rechazo frontal.

The New York Times

Hay que rechazar a Trump y lo que supone en nombre de la "americanidad", de unos principios que han servido a otros muchos para hallar su camino. No hay que idealizar la política de los Estados Unidos, plagada de errores e intereses, pero sí es cierto que no ha habido otra ocasión como esta, con una Casa Blanca desde la que se pulverizan los ideales de democracia en nombre de una falsa "grandeza".

Si denunciar a Netanyahu como genocida y al gobierno de Trump como cómplice directo es el crimen de los estudiantes que se manifiestan, entonces Harvard somos todos. En tiempos en que las Universidades del mundo han perdido muchas veces su sentido histórico, intelectual, de referencia, es valioso que sea una universidad la que se oponga a este desastre absoluto, a este signo perverso de los tiempos que representa Trump y los que le apoyan.

Sí, Harvard somos todos por una cuestión de dignidad intelectual, de honestidad, algo que debe estar presente en la propia vida de las universidades, con cuya independencia se quiere acabar. Las universidades deben tener como meta lo contrario de lo que Trump supone.

Harvard ha sido una referencia académica, científica; hoy lo es también moral.

 

* "Harvard demanda a la Administración Trump por bloquear la inscripción de estudiantes extranjeros" RTVE.es / Agencias 23/05/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250523/harvard-demanda-administracion-trump-bloquear-inscripcion-estudiantes-extranjeros/16594193.shtml

miércoles, 16 de abril de 2025

La huida de la Ciencia USA

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Durante el primer mandato de Trump hubo personas que decidieron cruzar la frontera y marchar a Canadá. Sencillamente no querían estar bajo su mandato, les afectara más o les afectara menos. Era cuestión de principios.

En su segundo mandato, Trump ha puesto el país patas arriba. Ya no es solo cuestión de principios, sino algo más. En apenas un par de meses desde su llegada al poder acompañado de una jauría de negacionistas de todos los sectores, Trump está haciendo el país impracticable. En RTVE.es, Samuel A. Pilar nos habla de un sector importante, un sector sobre el que se ha construido gran parte del poderío estadounidense sobre décadas, la Ciencia, la investigación científica.

El totalitarismo trumpista ha puesto sus ojos y manos en ella a través de las subvenciones directas e indirectas a la universidades, unos centros sensibles... y críticos. Los titulares estos días se han centrado en los recortes de 2.000 millones de dólares a la universidad de Harvard ante las negativas del mundo académico a seguir las pautas de Trump y los suyos:

No corren buenos tiempos para la ciencia en Estados Unidos. Esta es la conclusión que se extrae de una encuesta realizada por Nature, una de las publicaciones científicas más prestigiosas a nivel mundial, en la que el 75% de los más de 1.200 investigadores que respondieron consideran abandonar este país. Muchos de ellos, según afirman, están buscando trabajo en Europa y Canadá.

Poco después de que esta encuesta viese la luz, otros 2.000 científicos enviaron una carta abierta al pueblo estadounidense, que se convirtió en una llamada de auxilio. En el texto, los investigadores pedían al Gobierno de Trump que cese su "ataque generalizado" a la ciencia y hablaban de "censura" y de "destrucción de la independencia". Los científicos, entre ellos varios premios nobel, mantenían que los recortes y los cambios en el sistema de investigación están "diezmando" la actividad científica.

Estados Unidos siempre ha sido uno de los mejores lugares del mundo para desarrollar una carrera científica. Invierte más en investigación y desarrollo que ningún otro país, cuenta con una red de universidades e institutos del máximo nivel (como Harvard, MIT, Stanford o Caltech), y tradicionalmente ha atraído talento internacional. Además, la colaboración entre el sector público y el privado favorece la rápida transferencia del conocimiento científico a aplicaciones prácticas, lo que se ha traducido en la creación de algunas de las empresas más punteras a nivel mundial.

Sin embargo, los profundos recortes de la Administración Trump están provocando que muchos científicos del país reconsideren su situación. El nuevo Gobierno ha disminuido drásticamente la financiación de la investigación y ha paralizado amplios sectores de la ciencia sostenida con fondos federales, en el marco de una iniciativa gubernamental de recorte de gastos liderada por el multimillonario Elon Musk. Un protagonismo político, el de este último, que aunque parece estar llegando a su fin, no deja de resultar chocante, ya que sus dos principales empresas, Tesla y especialmente SpaceX, han recibido miles de millones de dólares en ayudas públicas en los últimos años, tanto de forma directa como indirecta, a través de contratos gubernamentales, subvenciones y beneficios fiscales.*


En el resto del artículo se nos habla del programa español mediante el cual se quiere atraer a los investigadores que se sienten descontentos o incluso amenazados por las políticas agresivas del trumpismo en este campo. Las declaraciones de algunos de ellos que están ya dispuestos a asentarse en España o otros en países europeos confirma lo inhabitable que está siendo Estados Unidos para muchos.

Los negacionismos elevados al poder prohíben hablar de cuestiones como el "cambio climático", uno de los objetivos clave del trumpismo. Cualquier investigación que se dirija a este sector es considerada "peligrosa" y sancionado el proyecto y la entidad que lo sustenta mediante la retirada de fondos.

Durante décadas, los Estados Unidos han sido activos en lo que se llamó la "fuga de cerebros". Esto —de lo que nunca hablan Trump y los suyos— ha sido determinante del avance en la investigación de sectores punteros y, en la otra dirección, en la descapitalización científica de países enteres que veían impotentes cómo se le marchaban los científicos que habían formado con esfuerzo e inversión. La conversión de la Ciencia en un "mercado", con oferta y demanda, aseguraba la riqueza norteamericana y la pobreza de los demás, que apenas podían desarrollarse en ciertos sectores. En cuanto que esos sectores se convertían en atractivos, se escuchan los cantos económicos desde los Estados Unidos. Las promesas de mejores sueldos, inversiones y fluidez de recursos necesarios convencían a la mayoría.

BBC

Ahora esto ha cambiado. La administración y las empresas norteamericanas ya no tienen esa capacidad clara, especialmente en ciertos campos que se ven comprometidos. En el caso de Eric Hill, uno de los científicos que abandonan los Estados Unidos de Trump, señala en el artículo de RTVE.es:

Hill opina que el "clima de miedo" es "especialmente fuerte en agencias gubernamentales y centros de investigación, donde la gente teme perder sus empleos", aunque cree que "no se detiene ahí", ya que "incluso en instituciones académicas no gubernamentales, como las universidades, existe un riesgo real de perder subvenciones activas y futuras oportunidades de financiación". "Estados Unidos ha sido históricamente reconocido por la investigación científica, en gran parte debido a la significativa cantidad de financiación gubernamental que apoya la investigación básica, y este estatus está en peligro", advierte.

Además, critica la "decisión de la Administración Trump de cuestionar ciertos términos como cambio climático o desigualdad en salud, y desaconsejar fuertemente su uso a través de órdenes ejecutivas", lo que a su juicio "interfiere con la capacidad de los científicos para comunicar su investigación claramente", y "está a solo unos pasos de la censura explícita".* 

Hill es directo señalando los males que se han producido en esta locura norteamericana, como lo señalan otros entrevistados.

Hemos señalado en varías ocasiones que el movimiento trumpista no sabe o no quiere ver los efectos que causan y causarán sus movimientos. No hay que pedirle "inteligencia" a los que creen que pueden controlar los efectos en cadena que sus acciones producen a lo largo de todo el sistema. La idea desarrollada del ataque desde todos los ángulos hace imposible la prevención de sus efectos, máxime cuando se tocan sectores esenciales, como es la Ciencia y la investigación científica, una verdadera columna vertebral del desarrollo industrial.

Mientras por aquí discutimos si hay que hablar con China o cuándo es momento de viajar, los Estados Unidos de Trump tienen una auténtica pérdida de energía para su buen funcionamiento. Esto hay que aprovecharlo no solo de forma "política", sino desarrollando programas de investigación que conecten las universidades y centros de investigación con la industria.

RTVE 3/02/2025

Esto no es tan sencillo pues estamos viviendo malos tiempos para las universidades públicas por falta de inversión y estamos viviendo también malos tiempos para las empresas centradas en el desarrollo. El mayor problema es el modelo de sociedad y de persona que estamos produciendo en un país dominado por el modelo turístico, que es un regalo envenenado, destructivo del resto del tejido nacional, como vemos en el ascenso de la vivienda como el principal problema percibido. Somos prisioneros de nuestro modelo absorbente de riqueza, que absorbe recursos materiales y humanos.

La crisis que la enseñanza que padecemos en el ascenso de un modelo que solo necesita camareros y vendedores para aprovechar el turismo. Necesitamos trasladar nuestros recursos a algo con futuro y no algo que las danas se llevan por delante.

Tenemos que colocar la Ciencia en el centro y colocar el desarrollo científico en el lugar de la productividad, sino ocurrirá como tantas veces ha ocurrido, que los programas de investigación, las inversiones sirven solo para justificar la subsistencia de los sectores implicados, pero no van más allá.

Hay que aprovechar los errores del trumpismo, que acabarán llevando a los Estados Unidos al desastre y, algo peor, al militarismo como única fuente de influencia. La autonomía que se reclama debe ir más allá de lo militar y dejar de estar obligados a ir a remolque de sus políticas.

Hay que desechar la idea de que el trumpismo se acaba con Trump, pues lo importante es lo que han dejado al descubierto esas decenas de millones de votos, que independientemente de cualquier otra consideración seguirán reclamando su visión del mundo y el mesianismo del "destino manifiesto".

No es casual que sean los científicos las primeras víctimas, pues son ellos los que contribuyen a nuestra definición e interpretación del mundo, de lo posible. El trumpismo es autoritario y dogmático, rechaza el pensamiento crítico y la posibilidad de estar "equivocado", lo que lleva a esa inversión del conocimiento, a la huida de los nuevos Estados Unidos de todos aquellos que son incapaces de aceptar las falsedades como verdades indiscutibles y ser sancionados por ello.

Es el momento de invertir en educación, de hacerlo inteligentemente y con fines claros. Es el momento de atraer a los mejores y formar mejor en todos los sectores, de las humanidades a las ciencias básicas, pasando por las sociales y las aplicadas. No se trata solo del "empleo", palabra sagrada en un país con desempleo y malos empleos, se trata de formar mentes cultas, bien formadas en todos los sectores. Se trata de alejarnos de esos modelos fáciles, triviales, embrutecedores que llevamos cultivando a imitación del "modelo norteamericano", que vemos hasta dónde les ha llevado. Ellos importaban, compraban lo que necesitaban. Ahora el modelo se ha invertido y los mejores se van.

No cometamos los mismos errores. Invirtamos en ciudadanos inteligentes, aprovechemos lo mejor que nos llegue para recuperar el tiempo y energía perdidos. Demos sentido a la formación, a la buena formación, y dejemos de ver la educación como una mera cuestión de competencia; veámosla como una cuestión de ciudadanía, algo que abarque todo.

La ausencia de un auténtico diálogo social sobre nuestro modelo, sustituido por la gresca continua, hace que no aprovechemos las oportunidades y que seamos carne de mercado. Ahora podemos ver en los Estados Unidos de Trump el destino que nos espera con la expansión del modelo. Hace falta ciencia, buena ciencia; hace falta educación, buena educación. De no ser así, el futuro será entregado en bandeja al autoritarismo, al negacionismo. Será cuestión de tiempo, pues es de la incultura de sonde sacan el apoyo social que se acaba traduciendo en votos y estos en poder destructivo. 

* Samuel A. Pilar "España afina sus redes para pescar en el río revuelto de la ciencia de Estados Unidos" 16/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250416/espana-afina-redes-para-pescar-rio-revuelto-ciencia-estados-unidos/16515973.shtml

* Samuel A. Pilar "España afina sus redes para pescar en el río revuelto de la ciencia de Estados Unidos" 16/04/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250416/espana-afina-redes-para-pescar-rio-revuelto-ciencia-estados-unidos/16515973.shtml