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lunes, 12 de octubre de 2026

Los jóvenes sicarios

 Joaquín Mª Aguirre

Nos sorprendía hace unos días la noticia del crimen del cirujano plástico en Marbella por los datos del detenido como presunto autor, un joven sueco de 18 años. Se nos revelaba entonces la existencia en Suecia de unos grupos de jóvenes, menores de edad muchos de ellos, a los que se pagaba por delinquir, sicario juveniles, que podían llegar al asesinato por encargo.

No es el único caso, pero sí el que ha tenido más trascendencia en los medios, quizá por ser su víctima alguien con  cierta notoriedad y vínculo con los famosos por la cirugía plástica.

Ayer, Carmen Corazzini —en 20minutos— nos ampliaba la información sobre este tipo de asociaciones delictivas, sus formas de reclutamiento y los tipos de delitos. El fenómeno de los jóvenes sicarios criminales. 

No tienen ningún respeto por la vida. Ni siquiera por los “códigos”, que los hay -o había- en algunos grupos de crimen organizado. Son muy jóvenes. Los reclutan siendo menores. Matan sin piedad… es preocupante su crueldad. Es lo que confirman fuentes policiales consultadas por 20 Minutos. Son chavales de nacionalidad sueca, también belga, danesa u holandesa. En algunos casos, de familias originarias de otros países, de segunda generación o nacidos fuera de la Unión Europea pero criados en países del norte de Europa. Hay ejemplos de todo, pero no se conoce la proporción exacta. Un perfil que coincide con el detenido por el crimen del cirujano en Marbella.

Son reclutados siendo menores y se les termina encargando asesinatos por una suma de dinero. Desde 4.000 euros hasta 20.000, dependiendo del quién y del cómo. Realizan viajes exprés para cometer el crimen y se marchan nada más cumplir su misión. Intentan tenerlo todo organizado para actuar como fantasmas, pero la vigilancia policial es contundente -se han frustrado varias operaciones- , al igual que poco formada, muchas veces, la experiencia de estos criminales. Aunque no sea un fenómeno del todo novedoso, las autoridades advierten de un punto de inflexión en 2018. Y parece ir a más. Este perfil de sicarios en la Costa del Sol sigue actuando alimentado por diversas coyunturas y facilitado por el anonimato de las plataformas de mensajería.*

Algo ha cambiado, indudablemente, en Suecia. Aunque quizá estamos asistiendo solo a la localización de un fenómeno mucho más amplio de tipo sociocultural. Quizá esto sea una de las caras de cambios más profundos. Aquí hemos insistido muchas veces en el engañoso fenómeno de la separación de niños y jóvenes de la sociedad adulta. Hemos insistido citando el verso "El niños es el padre del hombre" en la continuidad de los seres humanos. No hay más que una distinción artificial entre jóvenes y adultos.

Algo está pasando para que lo que consideramos "adulto" se manifieste cada vez antes en lo que consideramos "joven" o "infantil",

La criminalidad es uno de los rasgos más llamativos porque presuponemos una "inocencia" y una "bondad" o ausencia de "malicia" en niños y jóvenes. Pero la realidad nos está mostrando otra cosa cada día. Nos lo muestra con crímenes en edad temprana, con violaciones en grupo en colegios e institutos, con la violencia destructiva del acoso, del bullying, con todo tipo de crímenes, que se trata de silenciar mediante una serie de "protecciones" que algunos aprovechan.

Estamos llenos de demasiados mitos de la infancia, de la bondad natural, etc. Estos quiebran con los casos de asesinatos, violaciones, palizas, etc. que vemos van llenando nuestras páginas y pantallas. Un día nos advierten de la crudeza de las imágenes que nos van a ofrecer de unas niñas dando una paliza a una compañera; otro será de una violación en grupo.

El "seréis como niños" ha dejado paso a los niños que son como nosotros, como la sociedad en la que los criamos, con nuestros egoísmos, nuestra violencia.

OK Diario

Parece que las organizaciones criminales son las únicas que creen que algo realmente ha cambiado y lo aprovechan. La sociedad no llega a querer enterarse de estos fenómenos y seguimos sorprendiéndonos antes que de tomar medidas y comprender el fenómeno, el cambio producido.

Culturalmente estamos ante un fenómeno doble: la infantilización o inmadurez de los adultos, por un lado; pero por otro, tenemos el fenómeno contrario, la perversión de la infancia haciendo que se presenten fenómenos como el señalado en Suecia. En el texto de 20minutos se señala:

Una importante parte de estos sicarios son suecos. En Suecia la violencia entre redes criminales lleva aumentando desde principios de los 2000. Ciertas bandas fueron fragmentándose, sus enfrentamientos se intensificaron y se incorporaron ejecutores cada vez más jóvenes. Mucho ha cambiado el país desde Olof Palme y aunque los 80 tampoco fueran un Edén, ciertas formas de criminalidad suecas han ido creciendo hasta convertir el país en el de mayor tasa de homicidios por arma de fuego entre hombres y jóvenes de la Unión Europea. Ahora Suecia vive una etapa de mayor desigualdad social que choca con el elevado número de multimillonarios. Según el Global Wealth Report de 2025 de USB, ocupa el sexto puesto entre los países analizados con mayor desproporción en la distribución de riqueza. Y esto provoca malestar, descontento, necesidad, a menudo aprovechamiento y proliferación de vías alternativas de sustento.*

¿Ha creado la fuerte desigualdad un deseo de ruptura de las normas, que son entendidas como límites que pueden ser rotos? ¿Es el mal reparto de la riqueza lo que lleva a intentar conseguirla mediante estas formas de "trabajo" al margen de la Ley? ¿Es el mal ejemplo de cómo se consigue la riqueza lo que lleva desentenderte de la Ley y actuar criminalmente? ¿Hemos vaciado de sentido la moralidad, la legalidad, la ética, etc. que se ven como fantasía usadas para el control de la jungla social?

El artículo —ciertamente impactante— nos desvela cómo se van "formando" los jóvenes, cómo desciende la edad y los de 18 reclutan a los de 13, que resulta una "mano de obra" más barata en los trabajos sucios que se les encargan.

Podemos ver esto como una forma excepcional. Pero haríamos mejor tratando de entender la responsabilidad que tenemos en ello. Hay enormes saltos generacionales en la forma de ver las cosas, mientras que consideramos "normal" la nuestra. Nos cuesta darnos cuenta que el mundo y su forma de verlo e interpretarlo puede haber cambiado tanto. Pero es así, Es un fenómeno que antes se daba ya en edades muy adultas respecto a los más jóvenes, hoy puede diferir con apenas unos pocos años de diferencia.

No debemos pensar que esto nos es ajeno o que está localizado en Marbella. Hemos construido una sociedad global e intercomunicada, lo que significa entre otras cosas que son muchas y muy distintas las fuentes de influencia.

Somos una sociedad construida sobre el espectáculo y el mercado, fusionadas ambas muchas veces. Ahora se añade el crimen o quizá ya es una parte del mercado. Las referencias positivas hay que buscarlas con lupa en un mundo de conflictos, polarización y disputas constantes donde cada uno va a lo suyo y todo vale. El fenómeno no es solo sueco. Suecia es el lugar elegido, por los motivos que sean, para asentarse estas asociaciones criminales, pero lo global ha deshecho lo local, que pasa a ser la residencia más favorecedora para los fines.

Si no se pone la mirada clara en esto, puede que en unos años no haya ya mucho que hacer, que un día próximo encontremos una pistola en el cajón de los juguetes o entre la ropa deportiva. Hoy son navajas para el fin de semana; mañana será otra cosa. Hoy los suecos vienen a España; pero puede que mañana los españoles vayan a Suecia a recibir encargos. 

La Voz del Sur

* Carmen Corazzini "Perfil sicario en la Costa del Sol: adolescentes sin escrúpulos del norte de Europa, como el presunto asesino del cirujano en Marbella" 20minutos 11/10/2026 https://www.20minutos.es/internacional/perfil-sicario-costa-sol-adolescentes-sin-escrupulos-norte-europa-como-presunto-asesino-cirujano-marbella_7047546_0.html

viernes, 21 de noviembre de 2025

Respetar y compartir... la democracia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sé si nuestros políticos son conscientes de los efectos de esta guerra expansiva que nos hacen observar desde la tribuna nacional en la que nos sitúan. Lo de "la guerra de las urnas" ha quedado atrás, obsoleto, olvidado, inútil. No hay lugar hacia el que miremos en el que no nos encontremos con desastres, pifias, ambigüedades y errores de bulto.

Narcisistas, los políticos reclaman nuestra mirada atenta y casi exclusiva. Sin embargo, los rechazos crecen y con ellos la tentación del extremo, del antisistema, de la polarización que es el campo de recogida, según les han dicho sus asesores comunicativos. Hay lograr un voto cautivo, se trata —les dicen— de convertir al otro en una monstruosidad incompatible con nada positivo. El problema es que todos hacen lo mismo.

Hoy nuestro panorama político es de tal debilidad, tan necesitada del apoyo de otros, que se hace imposible gobernar sin recurrir a los que sacan su rentabilidad pese a la pequeñez. Son esos votitos necesarios para tener un poco de control efímero. Los grandes partidos se hacen débiles y los pequeños partidos lo rentabilizan jugando con sus apoyos. El miedo a las urnas y a sus efectos en la ocupación institucional (es decir, el "poder") hace que haya pactos débiles por todas partes.

Nunca ha habido tanta debilidad y con ella un crecimiento del ruido político mediático. A falta de razones, se eleva la voz, se grita con la inútil esperanza de movilizar a unos electores que cada vez se sienten más manipulados. Y no es una ilusión, es una manipulación constante en este universo cacofónico y estridente de la política española.

En su debilidad, los partidos apuestan por todo convirtiéndolo en "causa", en arma arrojadiza que debe ser mostrada para que sea eficaz. El ruido es ya ensordecedor y está arrastrando a una batalla institucional más allá de la política.

Los efectos de estas discusiones continuas son el minar las propias instituciones, en especial la Justicia, cuya culminación la encontramos (por ahora) en el caso de juicio al Fiscal General del Estado. El gobierno dice "respetar" y "no compartir" lo que los jueces han dictaminado. En un mundo mediático, "el que calla otorga", es decir, el silencio es un reconocimiento de derrota, algo a lo que contribuye el intenso ruido mediático previo. Al no poderse pasar del apoyo continuo al silencio inmediato, la respuesta ante el dictamen de los jueces no puede ser el silencio y se crea sin ambages un conflicto institucional de gran repercusión, un mal ejemplo.


El hecho de que todo, absolutamente todo, sea objeto de disputa no ayuda a la solución de problemas, sino que debilita a las instituciones, incluidos los partido políticos que se ven "obligados" a defender las causas más erradas solo porque tienen que hacerlo para no manifestar debilidad. De esta forma lo que muestran es precisamente lo contrario: que son incapaces de desligarse o corregir los errores.

La política española desayuna cada día con un nuevo escándalo. Los partidos, cada vez más débiles, atraen a todo tipo de medradores y aprovechados. Familiares de diverso grado, amigos, socios, etc. salpican la política española donde ya no se debaten ideas o problemas reales sino este tipo de casos que pasan por los tribunales. La alfombra roja española hace tiempo que se tiende frente a cárceles y juzgados. Allí la prensa se hace con esas declaraciones tan buscadas en las que todos se dicen inocentes hasta que los jueces determinan su responsabilidad. Los hay que "no se reconocen en los audios", los que han dado un nuevo sentido a la "fontanería", los que no conocen el sitio donde constaba oficialmente que trabajaban, alcaldes con plantaciones de marihuana, "comisionistas", "mordedores"... toda una fauna de la que un buen cine satírico nos daría la posibilidad de reírnos.

Los gobiernos son débiles, se mantienen gracias a apoyos interesados y sacan con acuerdos lo que no logran en las urnas. Esto supone una gran distorsión de los resultados electorales a la vez que da un mal ejemplo de dónde está el poder.

Se nos vende que la economía va bien mientras en las calles aumentan las manifestaciones de los que no tienen una vivienda, de los que viven explotados con sueldos mínimos acumulando contratos y que se enfrentarán al drama de la falta de pensiones en el futuro; los inmigrantes explotados a los que se convierte de forma interesada en enemigos y responsables de la falta de empleo y de la seguridad; padecemos apagones inexplicables y se producen muertes en las residencias, a la vez que desciende la edad en los delitos...


El riesgo en España es esa parte que toma el mal ejemplo como referencia, se justifica en el caos. El aumento de jóvenes, según las encuestas, que apoyaría un gobierno autoritario es el resultado de ir en la dirección contraria a la que deberíamos. Los políticos muestran las debilidades y, sobre todo, la falta de solución a los problemas. Si esto lo condimentamos con los continuos escándalos de corrupción, el guiso autoritario está servido.

Una generación ha vivido la democracia a la sombra de lo que fue la dictadura. La democracia era por sí misma un logro. Pero ya han paso cincuenta años desde la muerte de Franco y los que no vivieron la dictadura exigen resultados a la democracia. El espectáculo de los enfrentamientos constantes, el ruido, como formas políticas ya no satisfacen a nadie... o solo a los que se benefician de esta forma de actuación, a los que la rentabilizan como forma de atracción hacia el autoritarismo. Los datos de los jóvenes, el futuro, son claros.

Si la política española, institucionalmente hablando, no entiende estos mensajes y rectifica, ese futuro está servido.

El Mundo 7/04/2024

viernes, 3 de enero de 2025

Lo estable

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La vida política española se mueve en la misma monotonía con la que termino el 2024, año del aburrimiento. Nuestra "alfombra roja" es ahora la entrada de los juzgados, espacio por el que desfilan nuestras estrellas. Si les sumaran horas en pantalla, nuestros políticos batirían a esas otras estrellas de la vacuidad que se nos imponen a lo largo del día desde esas mismas pantallas.

La eternización de lo judicial, su conversión en arma de fuego diaria, hacen que los españoles tengamos que alternar entre los problemas de la calle — precio de la vivienda y subida de los alquileres, precariedad laboral, bajos sueldos y un negro y largo etcétera— y la costumbre familiar de tener dinero en casa, por usar el término, ya popular, como eufemismo.

Una vez pasados los dos tercios la euforia navideña (queda la más consumista y especializada de Reyes), después de haber pasado por "uvas" y "preuvas" y un sinfín de nuevas tradiciones, por muchos buenos deseos que manifestemos sobre la "vida nueva" que nos merecemos, el número de sinvergüenzas sigue estable, casi lo único estable en el país.


Hoy manifestaban los contertulios de una cadena su "sorpresa" porque un conductor, el señor al que mandaban a la farmacia y a por tabaco, etc. fuera nombrado "asesor de RENFE". Mi sorpresa, en cambio, es cuánto han tardado en darse cuenta de esto, es decir, hasta qué punto este tipo de acciones forman parte de la España "normalizada", de aquello que se ve como "natural" y no merece la denuncia de nadie.

Un ex secretario regional del PSOE decía ayer en otra cadena que el partido ahora no es lo que era, que ahora era una "empresa". Él lo decía en un sentido negativo, no contra las empresas sino contra la transformación del partido y auguraba que perdido el poder Sánchez viviría en completa soledad. Una periodista le contestó que al menos las empresas eran "democráticas", una ingenuidad que contradice lo que vemos y experimentamos cada día.

En RTVE.es titulan "Cuatro de cada diez jóvenes menores de 25 años tienen pensado opositar: "Prefiero la seguridad de tener un trabajo antes que un buen sueldo""*, lo que nos dice mucho sobre cómo se percibe el presente y el futuro del país. Aquellos sueños de emprendimiento se han ido muchos de ellos por el desagüe. La explotación, la arbitrariedad y el bajo sueldo se han impuesto finalmente por lo que se busca una idealizada "estabilidad".

Pero la única "estabilidad" es la que da estar en el poder. Es "estabilidad" y "buen sueldo", de esos de los que una parte sabe Hacienda y otra parte se queda en casa para mantener las viejas costumbres familiares. Y como el "poder" es cambiante, más vale manejar cifras que nos auguren un buen futuro, un largo futuro hasta que regresen los nuestros. La hucha debe durar hasta la siguiente etapa.

Son muchas las perversiones que acumulan y que ahora vemos en las entradas y salidas de los juzgados. No tiene ningún mérito, solo sumar dos más dos y no querer cerrar los ojos a este proceso que cambió radicalmente el interior de los partidos y, sobre todo, cambió el tipo de personas que se sentían atraídas hacia la política. Hoy suenan ridículos términos como "bien común", "servicio", etc. que se han escuchado durante mucho tiempo vinculados a la política o a la administración.

La realidad es la de esos "cuatro de cada diez jóvenes" que perciben la administración, ser funcionarios, como una especie de refugio del que nadie les puede echar. ¡Triste!

Una de las consecuencias de este proceso es precisamente la destrucción de la idea de funcionario, ahora llena de tópicos y vacía de principios. No esperen mucho de que los que llegan a la administración solo porque les da estabilidad. No creo que se comprometan mucho con el buen funcionamiento de la administración pública. 

Un buen funcionario, por ejemplo, no solo es el que lo hace bien, sino también el que se enfrenta a los que lo hacen mal, es decir, a esas personas que ocupan los cargos para vaciar las arcas del estado, el dinero de todos los españoles. Hacían bien en preguntarse por qué algunos pasan de chóferes a asesores de RENFE y no le extraña a nadie o no lo dicen.

Es la connivencia a tres —empresas, partidos y ministerios— lo que da en triángulo perfecto de la corrupción. Haya que limpiar la basura acumulada en las tres instancias para poder vivir mejor en este país en el que se nos da como buena noticia que hay más de 2.500.000 parados. 

* "Cuatro de cada diez jóvenes menores de 25 años tienen pensado opositar: "Prefiero la seguridad de tener un trabajo antes que un buen sueldo"" El Mundo  1/01/2025 https://www.elmundo.es/espana/2025/01/01/67759785fdddff6b988b457c.html

martes, 10 de diciembre de 2024

La ausencia del pensamiento crítico

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dedicamos varías comidas a la semana para hablar de esto. Preocupa a los que preocupa, no nos engañemos. Hoy nos llega desde las noticias europeas recogidas por RTVE.es en su sección "Una mirada internacional". Lo hace con  el titular "Un estudio destaca la falta de espíritu crítico entre los jóvenes" y nos llega desde la RTP, del vecino Portugal:

Es el algoritmo el que elige por ellos lo que ven cada día.

Y aunque algunos son conscientes de ello, no les importa.

Otros no saben qué pensar cuando oyen hablar de ello.

Otros aún no se dan cuenta, pero les gusta.

Y el perfil más preocupante es el de los jóvenes que nunca han oído hablar de los algoritmos.

No sólo nunca habían oído hablar del algoritmo, sino que mencionaron haberlo oído en la escuela, y aquí el contexto escolar es incluso relevante para este perfil, pero estamos hablando de una escuela que todavía piensa desde la perspectiva de las tecnologías de la información del siglo pasado.

La falta de pensamiento crítico es la principal preocupación planteada en el estudio realizado por la Universidad de Lusófona en el marco del proyecto UN Digital.*

El enfoque del artículo da por descontado que es el "desconocimiento" la base del problema, que no se comprende el funcionamiento de los nuevos medios. Pero la pregunta es sí el saber cómo funcionan los algoritmos, su aprendizaje en la escuela, nos convierte en otro tipo de ciudadanos. El problema es, nos dicen, que todavía tenemos en mente el funcionamiento de los viejos medios, de los medios del siglo XX y no del XXI.

Pero la primera idea que nos surge es que "medio" ya no quiere decir lo mismo, que hemos pasado de una idea de intermediación de los medios clásicos, los que median, a uno concepto de medio diferente, la idea de medio en el que nos desarrollamos, en el que crecemos. Los nuevos medios no nos "informan", nos "dan forma". Se parecen más a la idea de "medio ambiente", un espacio de desarrollo, una especie de entorno que nos condiciona.

La diferencia no es sutil, sino abrumadora, sobre todo si tenemos en cuenta que la exposición es ya inmersión: vivimos en ellos. No accedemos a ellos, sino que son ellos los que acceden a nosotros convertidos en parte del entorno.

El final de nuestras discusiones en las comidas suele ser similar: la nuevas generaciones están aisladas por este entorno mediático que arrastra su atención conforme a esos diseños algorítmicos y les aleja cada vez más de cualquier pasado. Crean una especie de presente continuo envolvente y absoluto.

Aquí comentamos hace poco el caso televisivo del concurso en el que el joven participante no sabía qué era un "Seat Panda" y hablaba de un "sit panda", haciendo inglesa la marca de automóviles española. Era casi un chiste de no ser por lo que reflejaba de distanciamiento de la realidad.

Son muchos los que insisten en el papel de la escuela, como ocurre en el artículo portugués, pero creo que esto va más allá. De poco sirve responsabilizar a la escuela de lo que el conjunto social hace. Deberíamos pensar de otra forma y ver la potencia de lo que hemos creado sin apenas darnos cuenta y, desde luego, sin una reflexión verdaderamente crítica y consciente de lo que significa.

De lo que estamos hablando es de la falta de alternativas al más gigantesco motor creado para dirigir socialmente. Lo del "espíritu crítico" es algo que queda desbordado ante este nuevo modelo económico y político de dirección social. Si antes estudiábamos la "propaganda" en las dictaduras, esto es mucho más poderoso y eficaz y se orienta fundamentalmente al "consumo", ampliando el concepto a su máxima acepción.

La capacidad de pasar de macro modelos a la segmentación personalizada de las audiencias mediante todo tipo de técnicas de recogida de información, algo en continuo crecimiento, tiene sus efectos.

Cuando se nos dice, como en el estudio mencionado en el artículo portugués, que a muchos no les importa conocer qué les maneja, que les da igual y les gusta, hablamos de un entorna artificial naturalizado, fuera del cual ya muchos no han vivido. Es la fuerza que nos da lo que queremos porque se anticipa a lo que deseamos. Son miles de millones los que esta fuerza mueve cada día. Es lo que nos genera la ilusión de un mundo y de nosotros mismos en él.

Lo que podría despertar el sentido crítico —ciertas formas de cultura que nos hicieran autoconscientes— permanece oculto, silenciado, distante. En cambio, lo alienante nos rodea con el beneplácito institucional, que saca buen provecho de él.

Seguimos pensando en la etiqueta "jóvenes" como algo transitorio. Nada más lejos de la realidad. El tiempo perdido no se recuperará.

Hoy sacaremos a la luz en nuestra comida el artículo portugués. De nuevo discutiremos qué se podría hacer ante el rechazo que genera lo que va contra corriente. 

 

* Una mirada europea: "Un estudio destaca la falta de espíritu crítico entre los jóvenes" RTVE.es / RTP 9/12/2024 https://www.rtp.pt/noticias/pais/estudo-sublinha-que-falta-espirito-critico-aos-jovens_v1620413

viernes, 14 de junio de 2024

El proletariado generacional y la salud mental

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Este es un tema recurrente en estos años. Llevamos diciendo desde hace una década al menos que la gran sacrificada de las crisis económicas españolas ha sido la juventud, convertida en una suerte de proletariado generacional. Hoy esto se ha normalizado, se ha convertido en una verdad que no se discute, que se evita, pero que no por ello deja de tener consecuencias en diversos niveles.

En su momento empezaron a aparecer mensajes del tipo "una generación que vivirá peor que sus padres". Esto es terrible porque se supone que parte del trabajo de una generación es, como suele decirse, "dejar un futuro mejor para sus hijos". La aceptación de esto como un hecho —de nuevo— "natural" supone una concepción de la vida ligada al presente, una vida concebida como "gasto", como "consumo" más que como inversión de futuro. Lo terrible de esta concepción económica egoísta y egocéntrica es cómo ha modificado nuestras vidas y la visión de su sentido. El "sistema" da por hecho que ha de extraer el máximo posible y dar lo menos posible. Es el lado oscuro de neoliberalismo radica surgido de la era Reagan-Thatcher y que sigue reinando como mentalidad dominante, incapaz de ofrecer una visión solidaria intergeneracional que permita un avance de mejoras hacia el futuro, en el que una generación dedique una parte de su esfuerzo para crear un futuro mejor en diversos sentido.

Con una juventud convertida en proletariado generacional, a la que solo se dedica atención en su condición de consumidora (extrayendo a través de ella los recursos de la generación anterior, la paterna), el siguiente paso de conseguir fondos es la llamada "silver economy", es decir, recoger los recursos de las generaciones anteriores (ahorros, inversiones, etc.). La economía tripartita generacional funciona como un engranaje preciso que busca explotar a unos y ofrecer a otros las posibilidades de gasto.

Pero todo esto tiene sus consecuencias más allá de lo económico, que no es más que un nombre para evitar decir que esto afecta a la totalidad de nuestras actividades, momentos, decisiones, etc. ya que todo, absolutamente todo, se ha convertido en transacción mercantil de un tipo u otro. Los negocios fraudulentos durante la pandemia, los negocios con las guerras, etc. nos muestran y demuestran que no hay límites, no hay fronteras ni principios que resistan al beneficio. Los nuevos tipos de delincuencia con los que nos enfrentamos no son más que la concepción del espacio social como una jungla en la que vale todo, donde explotas y eres explotado. La política, los negocios, el crimen, etc. se funden en esa jungla en la que vale todo hasta que te pillan.

EFE 13/06/2024

La explotación de la juventud, su ausencia de perspectivas de futuro, tiene consecuencias en eso que llamamos "salud mental", de la que cada día surgen noticias más preocupantes, pero que no preocupan a los que debían preocupar. Su transformación en un nuevo negocio muy lucrativo es todavía más preocupante. De los fármacos a la asistencia, todo tiene un precio. De la misma forma que hay una "silver economy" que incluye las residencias, los cuidados y tratamientos, los viajes organizados, etc., los jóvenes ofrecen nuevas posibilidades de negocio. El sistema estresa y cobra por calmar el estrés. Una persona joven me comentaba hace unos días su ida al psicólogo por la que le cobraron 180 euros, más otros 125 euros por las pastillas que le recetaron. España es el país con mayor consumo de antidepresivos. ¡Buen negocio!

En RTVE.es vuelven a publicar los datos de la salud mental juvenil: 

Los problemas de salud mental entre la juventud española se han multiplicado por seis en los últimos diez años. Así lo ha confirmado un nuevo informe llamado Equilibristas: las acrobacias de la juventud para sostener su salud mental en una sociedad desigual, realizado por el Consejo de la Juventud de España y Oxfam Intermón.

Además, el 55,6% de las personas jóvenes con carencias materiales severas tienen problemas de salud mental frente al 37,7% que no tienen estos problemas económicos. Este estudio se centra en la precaria situación económica y social que obliga a las personas jóvenes a realizar equilibrios cuando tienen que combinar estudios con trabajos precarios y alquileres inalcanzables.

Otro aspecto crítico es el acceso a la terapia, ya que solo el 17% de los jóvenes afirman haber sido atendidos por especialistas de la sanidad pública en menos de un mes, y casi el 38% confiesa que no busca ayuda profesional debido al alto coste. Recibir terapia privada no es asequible para muchas personas, dado que dos sesiones mensuales representan el 15% del salario medio de un joven. Esto refleja una brecha de desigualdad en la atención sanitaria que afecta especialmente a las mujeres, a la juventud con carencias materiales severas y a aquellos que están en paro.

“Para la generación de personas jóvenes es complicado soñar con un futuro estable, ya que tiene que lidiar con la precariedad laboral, la temporalidad y el desempleo, viven en un constante estado de desequilibrio económico” indica Raquel Checa, responsable del programa Desigualdad Cero de Oxfam Intermón.* 


 

Hay que dejar de tratar la salud mental como una "fatalidad" y empezar a hacerlo como un "causalidad"; hay que empezar a derribar ese paraíso vacacional que vendemos cada día, esa "barización" hostelera, esta "festivalización" constante, etc. para afrontar esta realidad que se nos dice en las últimas palabras citadas: "Para la generación de personas jóvenes es complicado soñar con un futuro estable, ya que tiene que lidiar con la precariedad laboral, la temporalidad y el desempleo, viven en un constante estado de desequilibrio económico", que repetimos y deberíamos entender sin maquillaje.

Hemos hecho un país a la medida del turismo, donde la mitad está vacía y en la otra mitad es imposible vivir. Las manifestaciones últimas en zonas turísticas contra el precio de la vivienda, la temporalidad y precariedad del empleo ajustado a las temporadas turísticas tras las cuales vas a la calle a esperar que llegue el siguiente puente o cualquier festivo, etc.


Estos días hemos visto los lamentos hosteleros diciendo que los jóvenes están "poco motivados" para servir mesas y los horarios necesarios para los que tienen la suerte de poderse pagar estos lujos a su medida. Los mensajes desde distintos lugares atacan lo que llaman la "sobrecualificación", es decir, la formación de los jóvenes para tratar de escapar del destino de servir mesas. Eso fastidia a los propietarios y a los que le producen lo que hay que consumir.

No hay solidaridad; que tu futuro no modifique mí presente. ¿Por qué nos extraña el estado de la salud mental de los jóvenes? ¿Qué futuro es el que tienen por delante si lo que ven es solo explotación y un interés limitado a los beneficios a los que apenas tienen acceso con malos sueldos?



Esto no es solo un problema de salud mental. Es un problema que se agrava cada día. Los precios suben y las sueldos bajan; el empleo de deteriora y se rebajan las expectativas, reducidas a un aquí y un ahora.

Los gobiernos se limitan a "proteger" este sistema, pues consideran que si no es futuro, sí es un presente continuo sostenido por los intereses de las poderosas patronales de los sectores implicados. La especulación inmobiliaria, los efectos de los pisos turísticos, la subida constante de la inflación, etc. hacen que ese futuro positivo deseado se vea cada vez más lejano y oscuro.

Hemos perdido el sentido de comunidad y de solidaridad. Las luchas constantes de intereses, la conversión en espectáculo de todo —de la política al deporte— etc. no nos permiten tener confianza en que el futuro será mejor, algo esencial para los jóvenes y sus motivaciones. Sin esperanza de futuro, el mundo se vuelve oscuro, los ánimos desaparecen y con ellos la motivación vital, la alegría de vivir porque se ve un mundo por delante.


Sin embargo, en vez de combatir los males, los convertimos en negocios. ¿Para qué vamos a combatir la ansiedad, la depresión, el estrés, etc. si podemos hacer negocio con ellos? Las generaciones que viven esta situación perversa es lo que han aprendido y lo que transmitirán a las siguientes. Como les trataron, tratarán ellos a los siguientes jóvenes. Transmitirán el mismo nihilismo (no se me ocurre otra palabra que lo exprese mejor) que recibieron. Explotación y beneficio; es sencillo.


Muchas veces se echa la culpa al sistema educativo. Este, se dice, no forma para los trabajos. El problema es que los trabajos no requieren mucha educación (de ahí el énfasis en la sobreducación como elemento negativo). Esto ya no vale. El alumnado se escinde entre los optimistas que creen que pueden salir adelante con más y mejor formación y los pesimistas, para los que no creen que les sirva de mucho y se fijan los mínimos suficientes. Hay sectores que necesitan mejor formación, pero el peso del sector turístico y afines es cada vez más fuerte. Las tensiones crecen.

Las consecuencias van más allá. Esa salud metal es una parte; la otra es la falta de fe en la sociedad que nos rodea. Sin futuro, todo se vuelca en la agresividad del presente, convirtiéndolo en una lucha en la que vale todo. El aumento de la violencia, de las escuelas a los espacios laborales, los estallidos en las calles, con peleas, apuñalamientos, etc. es palpable.

Todo esto va ya en una segunda generación. Muchos no resisten; otros comprenden que solo el más fuerte sale adelante y continúa el juego. Aumenta la violencia social, la de género, etc. No somos peores, pero es fácil caer en muchos males cuando no sientes que vives en un mundo mejor o que a nadie le importas.


* "Empeora la salud mental entre los jóvenes españoles: "Viven en un constante estado de desequilibrio económico"" RTVE.es 13/06/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240613/problemas-salud-mental-jovenes-espanoles-sextuplicado-ultima-decada/16145706.shtml


viernes, 9 de septiembre de 2022

Empecemos con fuerza

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las noticias se siguen acumulando sobre un mismo problema, la salud mental de los jóvenes. Conforme los problemas sociales en cualquiera de sus variantes —sanitaria, económica, desempleo, energética, medioambiental etc.— se acumulan, las noticias sobre problemas mentales se incrementan reflejando la intensidad del problema. En varias ocasiones hemos señalado que los problemas acaban todo en el mismo sitio, en la mente de las personas. Nuestra tendencia a separar en "secciones" el mundo, tal como aparece en los periódicos, tiende a hacernos olvidar que las víctimas de las que se nos habla en cada campo suelen ser las mismas, la misma gente que vemos por la calle o en diversos lugares, salvo que se indique lo contrario. También que los problemas no están aislados, sino que se interconectan y se suman en las mentes, que lo que decimos de un niño, joven, adulto o anciano, forma parte de una sistema más amplio que es la "familia" en la que compartimos los problemas de los otros.

Hace unos días recogíamos aquí los avisos sobre cómo los problemas del cambio climático afectaban a los niños. Ya no se trata de la agricultura o de la pesca o de cualquier sector independiente del resto. Todo está conectado, todo confluye sobre un amplio nosotros, ya sea directa o indirectamente. Los intentos de separar las cosas son irreales y todo nos acaba afectando, no solo en lo físico, sino en lo emocional, que es donde entra ese concepto, muchas veces difuso, pero no por ello irreal de la salud mental. Da igual cómo lo definamos (definir es un recorte racional de algo que puede no tener límites precisos en la realidad), lo importante es que nos afecta; da igual cómo lo midamos o si hacemos congresos sobre ello o no. Está ahí, manifestándose de formas distintas conforme a las personas que lo sienten.

En RTVE.es titulan "Los problemas psicológicos tras la pandemia se disparan entre los jóvenes del 9% al 24% en apenas un año". "Problemas psicológicos" es una forma de llamarlo. Lo importe es que sea como sea que lo definamos, el salto de un 9% al 24% en un año es mucho, muchísimo en este tipo de situaciones. En el artículo se aportan varios datos que deberían preocuparnos seriamente: 

El empeoramiento de la salud mental de los jóvenes y adolescentes y una mayor tendencia a sufrir problemas psicológicos es una de las consecuencias más visibles de la pandemia de coronavirus: el 24% presenta problemas psicológicos con cierta o mucha frecuencia, un porcentaje que en 2021 era del 8,6% y del 6,2% en 2019. Son los resultados de un estudio presentado este jueves y elaborado por la Fundación Pfizer y la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) a partir de 1.200 entrevistas realizadas entre febrero y marzo de forma telemática a jóvenes de entre 15 y 29 años sobre los efectos que la pandemia ha causado en sus vidas tanto en los aspectos psicológicos como en el posible impacto sobre su devenir vital.

El 66,8% de los entrevistados cree la COVID-19 ha tenido un impacto negativo en su salud mental, aunque también consideran que ha afectado negativamente a su capacidad económica (67,4%) y a su acceso al trabajo (63%). La investigación Jóvenes en pleno desarrollo y crisis pandémica. Cómo miran al futuro subraya que antes de la pandemia el 40% de los jóvenes nunca había experimentado problemas psicológicos o de salud mental, una cifra que actualmente se ha reducido hasta el 30,8%.

Los investigadores inciden en que la pandemia ha afectado en el incremento de jóvenes que han pasado a sufrir este tipo de trastornos pero además advierten de que se han "feminizado" aún más los problemas de salud mental. Son ellas las que manifiestan en mayor medida experimentar problemas mentales: una de cada tres admite tenerlos frecuentemente frente al 16,3% de ellos.

La aparición de pensamientos negativos es el indicador psicológico que más empeora: más de la mitad (58,3% de mujeres y 49,6% hombres) reconoce que se han agravado; uno de cada tres jóvenes cree que nada tiene arreglo, que todo irá a peor y se siente un fracasado, y uno de cada cuatro considera que es una carga para los demás y que la vida es una carga inútil.* 


No creo que las cifras fueran tan malas en tiempos de "nihilismo", del "ennui" o del "tedium vitae", que han sido expresiones para definir el hartazgo, la melancolía, el sinsentido o la falta de vitalidad.

Las cifras y problemas que se nos muestran son realmente preocupantes y, como hemos sostenido en ocasiones anteriores, muchas son producidas por un efecto en cadena, por una acumulación de la "malas noticias", desgracias, "pronósticos", etc. sin esperanza o alternativa, que es algo que no nos podemos permitir.

Que uno de cada tres jóvenes piense que "nada tiene arreglo, que "todo irá a peor" y "se sienta un fracasado", que es una "carga" y que "la vida es inútil", como se nos dice en el párrafo final es realmente un problema de algo más que de salud. Es un problema de fracaso en la forma de presentar y afrontar los problemas. Aquí hemos tratado varias veces de eso.

No se trata de responsabilizar solo a los medios, que son quienes lo transmite, ni de hacer parecer todo como positivo. El éxito de los libros de autoayuda es precisamente la forma de percibir el mundo. Es el gran negocio en los tiempos de crisis con personas que creen que las fórmulas que les "salvarán" tienen que venir de fuera de ellas, que son incapaces de enfrentarse a los problemas del mundo. La negatividad vende, genera atracción, genera rentables enfrentamientos.

Hemos hablado ayer de los predictores. Se nos ha llenado el mundo de personas que saben lo que va a pasar en él. Como veíamos ayer, sus predicciones sirven para esos entes fantasmas llamados "inversores", "mercados", etc. no para las personas de carne y hueso, que los contemplan como visiones de un mundo en el que ya no caben, en el que las fuerzas oscuras tejen y destejen. Nada se puede hacer, piensan.

Llevamos tiempo señalando que la "predicción" nos roba el futuro y, con él, la esperanza. Trae lo inevitable, se anticipa a nuestros deseos y lo frustra. Así se percibe por muchos que quedan descorazonados ante los apocalipsis que se nos pronostican cada día, inevitables, lapidarios, sangrantes, deprimentes. La predicción quita energía haciéndonos ver que todo está "escrito", que unos leen el futuro y a otros se les cuenta.


En lo que nos toca, el lunes próximo empieza un nuevo curso universitario. En manos de todos —la autoridades, los profesores y los alumnos, del personal que se ocupa de la administración— está convertirlo en un escenario deprimente y depresivo, un espacio de negrura,  o por el contrario intentar trabajar en el atajo de esos "pensamientos negativos" de los que se nos habla en el informe.

Con esas cifras se hace imperiosamente necesario trabajar en contenidos y ánimos, en dar conocimientos y esperanzas de que lo que se hace en el aula sirve para algo. No se trata de transmitir "optimismo", sino de transmitir el sentimiento de que lo que se hace sirve para algo realmente y que es el esfuerzo lo que nos permitirá enfrentarnos mejor a las condiciones que reales o imaginarias vemos por delante. Es imprescindible cortar el negativismo que muchos transmiten en el aula y tratar de establecer la confianza de las personas en lo que hacen y en lo que pueden hacer.

Hay demasiada pasividad en nuestra sociedad, alentada por muchos intereses que nos convencen cada día de que nuestro destino está en sus manos, que depende de lo que ellos hagan. Hay que devolver el futuro a la personas, a su esfuerzo, a su alegría interior, a la confianza en sí mismos. Tenemos que lograr que se pierda ese sentido de inutilidad, de carga, de sinsentido, etc. del que se nos habla.

Tenemos que hacerlo cada uno es el espacio en el que nos encontramos, con los recursos disponibles y con la energía que podamos aportar y sacar de los demás. No es aceptable el derrotismo que nos hunde ante esos predictores de la desgracia constante de la que unos cuantos se aprovechan y les sirve para mantener ese futuro a la baja en el que algunas veces nos permiten entrar con falsa generosidad.

El lunes comienzan las clases; es el momento de cargar la mochila con lo que se puede cargar, de hacer sentir a cada uno que es una pieza importante, que su vida está en sus manos, que el presente no siempre es como nos dicen y que el futuro que nos cuentan se puede modificar si no lo aceptamos nosotros como inevitable; que, ocurra lo que ocurra, intentamos dirigirlo nosotros.

Lo que hacemos sí sirve para algo. Es el mensaje que hay que transmitir y fomentar, hacer propuestas cada día para que las personas recobren la seguridad que necesitamos todos para poder simplemente vivir con algún sentido. Hay que actuar y no dejarse arrastrar.

 


* "Los problemas psicológicos tras la pandemia se disparan entre los jóvenes del 9% al 24% en apenas un año" RTVE.es 8/09/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220908/problemas-psicologicos-tras-pandemia-se-disparan-entre-jovenes/2401333.shtml

jueves, 26 de mayo de 2022

El futuro se prepara hoy o sin relevos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se anuncia para hoy y RTVE.es lo (pre)estrena esta misma tarde en RTVE Play y, para la noche, en La 1, en el programa "Comando actualidad". Se trata de un reportaje titulado "Sin relevo" que pone el dedo en el problema real que España tiene desde hace mucho y que los problemas artificiales creados por la clase política para vivir del conflicto oculta. Es el gran problema, el origen de los demás. "Sin relevo" es un título claro y que con solo dos palabras plantea la realidad de una situación que ha modificado nuestras condiciones de vida, un sistema complejo resultante de una serie de variables que se relacionan y que nadie ha querido o sabido enfrentar para darle un horizonte menos sombrío a este país.

En los dos primeros párrafos se nos da cuenta de la paradoja española:

En el campo, en la industria, en el transporte, en la medicina, en las aulas… la falta de relevo generacional oprime a sectores clave de la economía. Salarios que no compensan el esfuerzo, familias que prefieren que sus hijos tengan estudios universitarios, nuevas generaciones menos numerosas: hemos pasado de una natalidad de 700.000 niños al año a finales de los 70 a los 400.000 de 2005.

Estas son, según los expertos, algunas de las claves por las que escasea mano de obra en sectores decisivos para la economía española. Y todo en un país donde hay tres millones de parados y solo el 38 % de los jóvenes tiene empleo a los 24 años, según datos de la OCDE.*

A lo largo de los más de 10 años que tiene de vida este blog, hemos repetido una triste situación, cómo una generación explota a la siguiente convirtiéndola en mano de obra barata y repitiendo que el futuro de los hijos será peor que el de los padres. Cosa que no ha ocurrido con los abuelos y anteriores. Las generaciones de la posguerra se sacrificaron para hacer un destino mejor para los hijos, les dieron lo que ellos no habían tenido. Se extendió la enseñanza en los 60 y a las universidades llegaron los hijos de los analfabetos. En la España de los 70 y 80 todavía quedaban, según las zonas, analfabetos. Yo mismo, durante mi servicio militar en los primeros años de democracia, dedicaba unas horas diarias, a enseñar a leer o a ayudar a mejorar a jóvenes de mi edad que habían trabajado desde casi niños y apenas habían acudido a las escuelas. Las universidades laborales que se habían creado unos años antes acogían todo tipo de profesiones. España se expandía, recibía a millones de turistas, éramos una potencia industrial que fabricaba muchas cosas que se exportaban o se consumían, empezando por los SEAT que nuestros padres esperaban que les sirvieran durante meses por la elevada demanda.

Tras nuestra entrada en Europa se produjo una enorme expansión. Cualquiera que recuerde los años 70 y 80 tiene en mente, con claridad, la diferencia. España se transformó. Lo hizo con ilusión, con democracia y expansión. Nos ajustamos a los criterios europeos y entramos en la Unión, fue un sacrificio de muchos sectores. Pero ocurrió también algo muy raro. Empezamos a tener menos controles sobre nuestro destino y, sobre todo, sueños comunes. Dejamos de tener ilusión común y empezó a llenarse nuestro mundo de palabrería y con muy poco sentido del conjunto, poco acuerdo para resolver problemas generales. Cada uno se buscó la vida en detrimento de los demás.

Hace años empezó a utilizarse el término "mileurista". Trataba de describir de forma despectiva a los jóvenes que cobraban "mil euros". Hoy, tras muchos años y mucha inflación, muchos se consideran felices por cobrar esos mil euros que antes nos parecían ridículos.

Se ha producido una extraña desvalorización del trabajo en donde trabajar más no significa ganar más, sino tener posibilidades de sobrevivir. Los sueldos descienden y el trabajo aumenta. No sé si en el resto del mundo se da estas situaciones de personas que no entierran a sus padres y abuelos, que los esconden en las casas para seguir cobrando sus pensiones. No lo sé, pero es un ejemplo macabro de una situación real.

Dejamos de tener el compromiso tradicional de trabajar para mejorar a la siguiente generación y nos dedicamos a explotar, en sentido literal, a los jóvenes pagándoles poco y creando un mundo de ocio organizado al que se les lanza como una burbuja ante el desastroso presente y el más oscuro futuro.

Aquí lo hemos aceptado todo como "natural", aceptando que el "mercado" es un azaroso destino contra el que no se puede luchar, cuando el mercado es todo menos un destino, ya que sobre él actúan todo tipo de fuerzas manipuladoras, como nos está demostrando Vladimir Putin controlando países enteros con un corte de energía, cerrándoles puertos de exportación o bloqueando las ventas de grano.

Las noticias que se nos dan es que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres, que para algunos teóricos es la demostración de que el que tiene la sartén por el mango siempre tiene razón. Les hemos aplaudido y admirado; ellos simplemente nos han explotado ante la apatía o la complicidad de una clase política perdida y a su aire.

Los modelos reales los estamos viendo estos días gracias a la pandemia: el parasitismo. Son los comisionistas, jóvenes en este caso, "bien conectados", con acceso privilegiado a ofertas. Lo que ganan "pa' la saca" no los ganan en decenas de años las personas de su generación. La inmoralidad de este tipo de procedimientos no acalla el desastre, la desmoralización, que causan en las personas que enlazan contrato tras contrato para intentar vivir con una miseria que se les paga.

Estos días vemos cómo no se cubren plazas de médicos de familia. No compensa el esfuerzo hecho, la inversión en tiempo y dinero, para especialidades mal pagadas y peor consideradas en el ranking social que ya solo se fija en cuánto ganas.

Si en algo insiste el reportaje de RTVE.es es en la idea del relevo. Se recogen testimonios de profesiones, de conductor de camión a pastor, de electricista a albañil, de maestro a pecador, a cualquier tipo de operario. La salvación está en la mano de obra extranjera, que viene de países donde los sueldos son inferiores. Los jóvenes españoles no están dispuestos a encerrarse en pueblos semi abandonados, donde les cierran las escuelas a sus hijos, donde no tienen centros de atención médica y donde los trenes ya no paran. Todo porque no son "rentables", es un círculo vicioso.

Los testimonios por sectores se acumulan:

Galicia es la comunidad con más marineros de España. Hay casi 20.000, pero el 65 % ronda la edad de jubilación. Manolo es patrón de barco en el puerto de Burela, en Lugo. Lleva 41 años saliendo a la mar. Busca tripulantes, pero no encuentra: “Los extranjeros nos están salvando. Indonesios, africanos, marroquíes, peruanos… y eso que la vida es menos dura ahora que antes, que los barcos son mejores, que hay duchas, baños, internet…”, cuenta.  “Si mi hijo no quisiera seguir con la profesión, tendría que desguazar el barco”, apostilla.

Raúl, que también es patrón, cuenta con 15 tripulantes de los que sólo cuatro son españoles. “Antes salíamos al mar cien barcos a por bonito, ahora solo tres. Los aprendices se van a la marina mercante y a la pesca de recreo”, subraya.*

Pero ¿quién quiere vivir de una profesión dura, arriesgada y con salarios bajos, con empleo inestable, con producción por debajo de costes? La ganadería muestra un panorama similar:

[...] El relevo generacional es mínimo. Según cifras del Ministerio de agricultura, los menores de 35 años que gestionan el campo no llegan al 5 %. En la huerta la situación no es más halagüeña: sólo el 0,23 % de la tierra en España está gestionado por menores de 25 años.*

Pese a que muchos han regresado a las tierras y han creado pequeñas empresas con las que mantener su vida, lo cierto es que el entorno sigue siendo el problema. La España que se ha despoblado en beneficio de unas pocas ciudades en las que se concentra la población.

Pero no creamos que esto es solo cuestión de jóvenes. La falta de relevo es importante, pero el hecho de que las provincias envejecen de forma intensa tiene sus consecuencias terribles. Lo ocurrido con la pandemia, los miles de muertes de ancianos en residencia, nos muestra que igual que se ha montando un negocio de explotación de los jóvenes, otro gigantesco se ha creado para los ancianos. Es un mundo en el que se han convertido a los ancianos en una industria para los que se lo pueden pagar. Se les cobra y cuando tienen algún problema se les manda en una ambulancia a la Seguridad Social, que será quien corra con los gastos. Solo quieren beneficio, el gasto se cobra al pensionista, otra figura clave.

En los pueblos quedan a su suerte los ancianos, sin asistencia médica, alejados de todo. Sin bancos, que en el mejor de los casos, hacen que se acerque alguna oficina móvil para intentar paliar el cierre de oficinas para hacer más rentables las que quedan en uso. Despidos, cierre de oficinas y, finalmente, campaña como las que hemos visto de las personas mayores reclamando una asistencia "humana" de sus propios bancos. Las personas ancianas han hecho ver que ya son la mayoría social, que aunque no haya mucho dinero en sus cuentas, sí pueden crear movimiento social de protesta y hacer daño a la imagen de los bancos que cantan cada año el crecimiento de los beneficios mientras reducen gastos y servicios. Los ancianos son, además, los que deben sostener el sistema turístico con los viajes del IMSERSO, pensados para sector cuando los extranjeros no vienen, en las temporadas bajas.

Queda la generación intermedia, la obligada a sostener a hijos y abuelos, a la que ahora se castiga con la elevación del precio de la energía, la inflación galopante y unos sueldos cada vez menores, con aportaciones mínimas al sistema de pensiones del futuro, pues apenas han cotizado.

Carecemos de la iniciativa que frene la explotación juvenil, el éxodo de los pueblos, la discontinuidad de los sectores, que solo se salvan por la inmigración, a la que además algunos consideran culpable de lo que ocurre, cuando la realidad, como se menciona en el artículo y los expertos llevan años señalando, es la salvación del conjunto del sistema, los jóvenes que trabajan en los huecos que los demás no cubren o dejan.

Se buscan albañiles, fresadores, yeseros, escayolistas… Isidro es empresario de la construcción. “Nos cuesta mucho conseguir personal. Todo lo que tenemos es gente en edad a punto de jubilarse. Ni nuestros propios hijos quieren venir. Algunos han venido y no quieren saber nada del yeso ni ladrillo ni nada… “, asegura. “Podemos seguir trabajando porque hay mucha mano de obra extranjera”, remarca.*

Y más adelante, respecto al sector del transporte:

“Por 18.000 euros vendería todo…”, dice tocando la carrocería del vehículo con el que ha hecho un millón y medio de kilómetros. “Los camiones ya no valen nada. Cada día se exige más, se trabaja más, se echan más horas… nadie quiere esta vida, sólo los extranjeros. Yo hace 30 años ganaba 3.000 euros. Hoy en día eso no lo sueña nadie… los precios del transporte están por los suelos y el precio del gasoil por las nubes. Al final malvenderé el camión”, asegura.*

Hay una tendencia desde hace años a responsabilizar a los jóvenes porque se han vuelto demasiado "finos", prefieren estudiar huyendo del trabajo duro, dejan colgados los negocios familiares, etc. Es profundamente injusto porque se debería haber acoplado el desarrollo económico español a la formación, es decir, haber transformado nuestros sectores y hábitats. No se puede mejorar la formación sin transformar el mundo que han de habitar. Sin embargo, la experiencia que tenemos es precisamente la contraria, que la se señala hoy con el abandono de los espacios en beneficio de las concentraciones, donde es el consumo lo que se busca deforma prioritaria. No se puede pretender formar a las personas, hacerles viajar de Erasmus, enseñarles idiomas, etc.  y luego dejar abandonada la mitad del país, sin conexiones al mundo, ya sean cables y banda ancha o transportes; sin servicios, de los bancos a los médicos, por citar solo algunos casos comentados diariamente.

Cuando una sociedad evoluciona económica y culturalmente, pero solo viven bien los que se dedican al "boom inmobiliario" o al "turístico", y solo se necesitan albañiles, vendedores y camareros, está comienza un proceso de descomposición. Es muy fácil decir que los jóvenes españoles no quieren ser albañiles, que esos puestos mal pagados son ocupados por la inmigración. Pero el fenómeno ya no produce solo en el campo, en los oficios más duros. Lo que nos acaban de decir es que ese proceso llega ya a los médicos, donde determinadas especialidades nadie las quiere porque suponen una forma de vida muy diferente (vivir en un pueblo, por ejemplo) y unos ingresos menores que otras especialidades que permite vivir mejor y montarse negocios florecientes, como clínicas y consultas privadas. Otro tanto ocurre en sectores como la enseñanza. ¿Se ha hecho rico algún maestro?

En un mundo mal pagado, los sectores débiles son los que no abren expectativas de mejora. Ser comisionista es el futuro, tener agenda, contactos, buenos amigos en los sitios adecuados. Vale más invertir en eso, en contactos, que en una formación que te lleve a una profesión con contratos temporales enlazados, malos sueldos y horarios extensos ante los que nos puedes quejarte y te piden que des las gracias.

Algo falla en una sociedad que acepta que la siguiente generación viva peor. Estamos devorando los recursos del futuro y nuestra economía —lo repetimos a menudo— es la más débil de Europa, la que tiene niveles de paro que doblan la media europea y el mayor paro juvenil. Sin embargo, los parásitos se enriquecen cada día más. Ellos no producen, cobran por mediar.

Tenemos una inmigración que acepta nuestros puestos de trabajos y a la que no tratamos demasiado bien. Habrá que recordar aquí los casos de contagios de temporeros en el inició de la pandemia, por ejemplo, o aquel trabajador hispano abandonado, muerto, a las puertas de un centro de salud murciano. Incluso algún partido populista les acusa de ser los culpables de ocupar los puestos de trabajo que no queremos ocupar.

Hemos creado un laberinto de empresas subsidiarias que menguan los sueldos porque compiten, de forma desgarrada, por quedarse con los mayores márgenes en detrimento de los trabajadores. El lujo pasa a ser escándalo en una sociedad empobrecida y, sin embargo, se nos mete por los ojos cada día en los medios de comunicación donde esa fábrica de parásitos que se llaman "famosos" nos ofrecen ya su tercera generación de "personajes profesionales", ahora convertidos en "influencers", la palabra que hace soñar a cientos de miles de pre adolescentes y adolescente con un futuro maquillado y vistoso, donde el dinero les llegue a base de "likes". No hay vocaciones en su vida, algo que les obligue a aceptar trabajos mal pagados. Es lo que se dice de los que aceptan ser "médicos de familia", que son vocacionales por aceptar un trabajo que no les va a enriquecer.

Algo nos falla. El "sin relevo" es también un "sin ilusiones", "sin confianza" y sin muchas otras cosas que deberíamos crear como perspectivas de trabajo y vida. Lo único que nos ha preocupado en los medios en esta pandemia es la hostelería, el ocio nocturno, el cafelito en la terraza, la falta de camareros según se queja el sector.

Si no entendemos que el futuro no se hace solo, que es necesario crear las condiciones para sembrar lo que queremos que crezca, difícilmente este será un país habitable. Se nos llenará de parásitos como los que vemos cada día en los escándalos de las comisiones, intermediarios, apoyos a las empresas de amigos, creadas para sacar dinero público. Seguiremos teniendo gente que acude a la política financiados por sectores para asegurarse buen trato posterior; gente sin vocación de servicio, que viven de la política y para ellos mismos. Prosperarán todos ellos, ahogando a los demás, tragándose los recursos.

La alternativa de los pueblos para atraer gente son las fiestas y el turismo en sus diversas versiones. No hay otra iniciativa que veamos productiva y pensada en la vida en el propio pueblo. ¿Qué tiene de extraño que se huya de esto? Nadie quiere encerrarse en los pueblos que han sido abandonados de todo, en donde solo quedan los que no tienen más remedio que quedarse. La vida a los pueblos la dan las conexiones, las carreteras, los servicios disponibles, de la sanidad a la educación. No es esa la política seguida. El "relevo" no es solo una cuestión generacional; no se ha preparado el espacio para las transformaciones culturales. Otros países han conseguido modernizar sus sectores más tradicionales. Nosotros no. Los necesitamos, pero no hemos previsto la llegada de la siguiente generación a la que explotamos descaradamente en nuestras ciudades y sus lugares de ocio. 

El reportaje de RTVE.es se anticipa como un baño de realidad en la que se muestra el cuadro de forma distante. No el que nos ofrecen los programas del "corazón", sino lo que nos dejan descorazonadoramente preocupados por la situación y por la falta de remedios que deberían salir de las administraciones e instituciones y de una organizaciones empresariales, los sindicatos, los grupos profesionales, etc., en suma, de todo el tejido social sobre el que hay que plantar esperanzas y regar con recursos que aseguren que este país, en su conjunto, le importa a alguien, que invertir en su futuro no es solo en el beneficio propio, sino crear un sentido ciudadano, responsable, comunitario. Lo demás es palabrería.

La paradoja del titular de RTVE.es solo es aparente. La situación se sigue ignorando o se quiere mostrar como propia de algunos sectores. Lo cierto es que afecta a todos en este mundo de becarios y precarios expandidos.

Las generaciones anteriores sufrieron el pluriempleo para poder dar un mejor futuro a las familias y a la generación siguiente. La actual sufre el subempleo y el desempleo, la precariedad, los contratos seguido, los becarios que deben dar las gracias, las horas no contabilizadas, la agresividad acumulada en los trabajos... Los mejores se van y los que se quedan denuncian su situación, de los médicos y maestros a los investigadores o científicos. Solo unos pocos se benefician de su talento para explotar al resto. 

Hemos dicho que el futuro se prepara hoy, lo que es bastante optimista. Quizá habría que decir que el futuro empezó ayer, que vamos con retraso y que cada día sin actuar supone años de prolongación del problema. Los comisionistas, en cualquier caso, viven mejor de los problemas y carencias.


* SILVIA SÁNCHEZ y MÓNICA HERNÁNDEZ "España: un país sin mano de obra pero con tres millones de parados y un 40 % de desempleo juvenil" RTVE.es 26/05/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220526/comando-actualidad-sin-relevo-falta-mano-obra-tres-millones-parados/2351223.shtml