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lunes, 4 de noviembre de 2024

La indignación

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los que organizaron ayer las visitas oficiales de los Reyes, el Presidente del gobierno y las autoridades autonómicas deberían haber previsto lo que ocurriría. Algunos medios señalan que lo advirtieron, pero que en el caso de los Reyes decidieron seguir. Este desastre supera en mucho a otros desastres en el grado de desesperación, frustración y rabia ocasionados.

La violencia verbal y física no tiene precedentes, por más que se diga que han sido "facciones de violentos", la "ultraderecha", que muchos "no eran de allí" o de los tres mezclados, que es lo más probable. El desastre es el mejor semillero para plantar y crearse una imagen que la concentración mediática favorece.

No debemos rechazar la desesperación; sí, la violencia, especialmente la dirigida contra la Casa Real, que no tiene arte ni parte en las decisiones. Es más, hace unos días renunciaron a medios asignados para su seguridad para que pudieran incorporarse a las tareas de ayuda. La reconstrucción valenciana no será cosa de un día y de eso se van dando cuenta los damnificados, que son la provincia entera prácticamente. Ante esas perspectivas, crece la angustia y el malestar. Los insultos y agresiones no solucionan nada.

Sí resulta inexplicable que ciertos aspectos básicos, como agua, comida, medicamentos no estén llegando con fluidez en un mundo en el que existen helicópteros y drones, que pueden salvar distancias y obstrucciones. Me imagino que todo lo que se destine a estas funciones es poco, máxime cuando la gente no quiere ya alejarse de sus casas y negocios por temor al pillaje. Todavía quedan ancianos asomados a las ventanas diciendo que no pueden salir de sus hogares. Eso es lo que se nos muestra, al menos.

Este es el relato que nos hace RTVE.es de lo ocurrido:

A pesar de los incidentes, los reyes han insistido en romper el cordón policial para poder charlar con algunos vecinos. Es el caso de una mujer que les ha traslado su malestar, y les ha recriminado una visita en estos momentos de tanta desesperación por la situación tan dramática que están viviendo: "Doña Letizia, no era el día para venir. No tenéis culpa, pero no era el día para venir".

En esa misma conversación, otro vecino afectado ha intercambiado unas palabras con el rey y le ha recriminado que hayan venido ahora —día 5 tras el paso de la DANA—y no el primer día que pasó. "Todo es un equilibrio [ ... ] si quieres, no vengo y me quedo en Madrid", ha expresado Felipe VI, a la vez que ha apelado a la prudencia y ha asegurado a este vecino que hay que comprender el enfado y la frustración. "Si hubieran venido el primer día y se hubieran puesto las botas, el pueblo los habría apoyado”, ha contestado este vecino.

A pesar de la tensión, tanto el rey como la reina han querido quedarse y por separado han intentado tranquilizar y mediar con las personas que se les han acercado.

La reina Letizia, con sus manos y su cara manchadas de barro, trataba de secarse las lágrimas, mientras ha escuchado a los vecinos que se acercaban a ella muy alterados.

Con gesto muy sobrio y visiblemente emocionada, ha consolado y tratado de tranquilizar a algunas mujeres jóvenes que le mostraban su indignación ante todo lo que están viviendo tras el paso de esta trágica DANA. “Tres días para que llegue el ejército, no tenemos ropa, no tenemos comida, no tenemos nada”, han lamentado dos vecinas de Paiporta a la reina.*

 

Como suele ocurrir, lo paga quien está allí, tenga o no tenga culpa o responsabilidad. Los que rápidamente desaparecieron no tuvieron la "suerte" de poder escuchar las razones y quejas ante esta tragedia.

Mucho me temo que la DANA haya dañado algunos protocolos y costumbres en cuanto a las visitas a desastres. Conforme pasa el tiempo, el descontento crecerá y será más difícil realizar algo que antes se hacía. Los que señalaban que había que estar allí antes, tienen razón, pero también que la decisión de ir se toma sobre factores de riesgo y que las responsabilidades son muchas.

Todos quieren dar preferencia a lo suyo ante los desastres. Lo que hace que algunos traten de dirigir la indignación hacia otros lados. Alcaldes clamando públicamente contra la decisión de valorar su situación como menos grave que la de otros no ayudan mucho y, por el contrario, hacen crecer la idea del agravio, lo que indigna a la población local, que se siente indefensa y abandonada. No es ese el camino.

Una vez producido el desastre, lo esencial es la gestión ordenada de los recursos. La DANA no ha terminado y en muchos lugares sigue aumentando la caída torrencial de agua. Es necesario ir más allá de la petición de "prudencia" y gestionar lo que llega para que llegue donde debe.

Hay que prevenirse contra las manipulaciones que solo sirven para obtener protagonismo de algunos y de sus causas periféricas, como ha ocurrido con las declaraciones de Abascal o Puigdemont. Hay que luchar por superar esa manipulable idea conspiranóica de que "no avisaron" y ver que la ineptitud o el desinterés en estas situaciones debe ser analizada con otros criterios, especialmente para aprender y no repetir los errores. Quedan por delante muchas, muchas jornadas de desesperación. Tantas como para olvidar el sentido de la palabra "normalidad", que forzosamente deberá ser otro.

Son muchos los errores y las imprevisiones que han estado ahí desde hace décadas, que sí han sido avisados y casi nunca escuchados. Lógicamente los primeros esfuerzos van a la seguridad y a tratar de alcanzar algún tipo de "normalidad", pero la limpieza deja ver el alcance del desastre y es fácil que la desesperación se adueñe de muchos.

Los gritos y demás no han servido más que para dos cosas: para un desahogo temporal de algunos y para la manipulación de ciertos grupos políticos, de diverso cuño, que han aprovechado para la erosión del estado y las instituciones. 

* Esther Pérez-Amat "La reina Letizia escucha emocionada a los vecinos afectados por la DANA en Paiporta: "Nadie sabía que esto iba a pasar" RTVE.es 3/11/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241103/reina-letizia-escucha-emocionada-a-vecinos-afectados-por-dana-paiporta/16314291.shtml

domingo, 26 de mayo de 2024

Miedo europeo a la violencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Las preocupaciones que se muestran en los medios ante las próximas elecciones son dos: el aumento de la violencia, dando el paso de la verbal a la física, y el crecimiento de la ultra derecha. Es general esta preocupación y solo se varía en la conexión entre ambos aspectos.

En origen de estos problemas suele estar en el descontento, en la falta de confianza en que la política (democrática) sea capaz de resolver los problemas reales que tenemos cada día. En este clima de desconfianza es fácil dejarse arrastrar por los populistas que gustan de señalar culpables asequibles o abandonarse a la apatía, dejando hueco a los que afirman tener claro todo, soluciones y culpables.

Hay algo que falla en el sistema. El mundo cambia, se ha dotado de unas herramientas que modifican las reglas y el sentido mismo del juego. El sistema mucho más claro que se había manejado hasta hace treinta años permitía unos agentes bien definidos y un comunicación filtrada y jerarquizada. El diálogo, por decirlo así, estaba sujeto a reglas y moderado externamente.

El panorama actual hoy es mucho más complejo. Ha cambiado el sistema comunicativo, multiplicando los agentes en liza. Hay muchas más posibilidades de manipulación y el que está bien organizado tiene ventaja en un sistema que aparenta ser caótico. Por irónico que parezca, el aumento de la circulación comunicativa no ha conseguido una mejor comunicación, sino una aumento del ruido informativo, la proliferación de noticias falsas, el aislamiento de muchos y el descrédito de los medios profesionales, que se dejan arrastrar a muchas malas prácticas, la mayoría de la veces contraproducentes. Los medios ya solo son relevantes para los que creen en ellos; enfrente, poderosas corrientes de contrainformación programada, automatizada. La aparición de bots y de la IA ha acabado de enterrar la idea de escenario de debate. Actúan revolviendo el fango primero y luego como máquinas quitanieves limpiando el camino a fuerzas antidemocráticas.


Los resultados tienen mucho que ver con ese aumento de los temores a encontrarse con formas de violencia. No es "política ficción", ya ha ocurrido. El asalto al Capitolio en la democracia que ha servido de referencia, los Estados Unidos, es un ejemplo de cómo se puede manipular, desinformar y, finalmente, lanzar a la gente armada a la calle. No, no es política ficción. Lo dramático del caso es que los modelos antidemocráticos nos llegan de donde llegaban antes las ideas democráticas.

El papel de la información es sustancial. Entonces y ahora, pero en un sentido distinto. Estamos situados en el centro de un espacio informativo. Todos los flujos convergen en todos y cada uno de nosotros y es difícil aislarse, protegerse de ello en un sistema que nos estudia, evalúa y controla cada día. Vivimos en un sistema de seguimiento que nos observa y se anticipa a deseos y a acciones. Tampoco es política ficción; ya ha ocurrido con casos como los de Cambridge Analytica.

La Unión Europea manifiesta su preocupación por los efectos de las políticas rusas de desinformación, potenciado siempre lo que sea el debilitamiento de la unidad, lo que se consigue potenciando a los grupos populistas, separatistas, ultranacionalistas de cada país de la Unión. Se trata de aumentar discordias, de fomentar desunión. Lo que se prohíbe en Rusia se deteriora en Europa. Basta con potenciar los extremismos en un mundo cada vez más fragmentado; luego el caos está asegurado, creciente.

Las campañas contra los bipartidismos han creado escenarios ingobernables. Lo vemos en España, pero también por Europa. La división de los votos con innumerables escisiones crea pocas posibilidades de acuerdos. La escisión va seguida de la radicalidad que asegura la polarización. Desde ese momento, es una política basada en el desacuerdo que permita sobrevivir en aquello lo que se compite, las señas de identidad frente a grupos que necesitan forzar las diferencias para poder ser identificados.

A todo esto ha seguido una consecuencia: la violencia. Esta surge del clima de enfrentamiento continuo, de la deshumanización, de la estigmatización del otro. Los discursos no se basan en la construcción política sino en la destrucción del otro. Muchas veces —lo vemos en España— los enemigos se multiplican y acabas atacando a tus propios socios, que son solo una forma de acceso al poder, con límites de identificación para no desaparecer.

En España la transición se basó en procesos de convergencia ideológica, en los cuales se unían múltiples partidos para favorecer la gobernabilidad y los acuerdos. Esto ocurrió tanto entre la derecha y entre la izquierda. Los partidos convergían evitando las duplicaciones y el protagonismo. El centro, igualmente, se fue uniendo grupos, hasta que por un lado y otro se hizo desaparecer, un fenómeno que hoy le ha tocado a Ciudadanos.


El temor a que todo esto se escape de las manos es real. El intento de asesinato de un presidente, los ataques a políticos de todos los colores en las calles, en las sedes, está preocupando. Una campaña no es precisamente un momento de templanza o moderación, sino más bien al contrario.

Los políticos no parecen aceptar que son ellos con su elevación del tono, con su señalar furioso a los otros, una parte importantes de lo que ocurre, que se traslada luego a los modelos políticos incompatibles puesto en marcha. Esto hace que la política no sea el arte de construir un modelo evolutivo social, sino lo contrario, un modelo de alternancias con retrocesos.

En RTVE.es manifiestan ese temor a que con las próximas elecciones se desate la violencia física:

En un significativo número de países europeos existe una sensación general de descontento en una sociedad que todavía lidia con los efectos de la resaca de la pandemia, la guerra en Ucrania y una economía globalmente volátil.

Antes de la celebración de unos comicios pueden aumentar las tensiones, pero cada vez son mayores debido a los comentarios agresivos difundidos por las redes sociales y las divisiones fomentadas por la retórica de políticos populistas.

“Con los ataques físicos nos preocupa que se haya pasado la raya de un clima de discursos de odio y hostigamiento a los políticos que está generalizado en las redes sociales, donde se expresa sin filtro la polarización y las divisiones”, afirma a RTVE.es el director de la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), José Ignacio Torreblanca. “Nos habíamos malacostumbrado a vivir en ese tipo de esferas. Lo que estamos comprobando es que eso puede saltar a la arena política en determinados momentos de tensión”, recalca.

En la misma línea, Kausch afirma que “el odio digital ha aumentado mucho en los últimos años”. “El creciente discurso de odio digital que se fomenta en las redes al final salta y se comete violencia en la calle”, asevera.

Ejemplo de ello es Alemania, donde las agresiones que causan lesiones físicas contra políticos han aumentado. Según la Oficina Federal de Policía Criminal, en lo que va de año se han registrado 22 casos, frente a los 27 que hubo en todo 2023. Además, los ataques verbales y físicos contra políticos en el país se han más que duplicado desde 2019, según datos del Gobierno.* 

No hay "odio digital"; es simplemente "odio". La creencia en que es diferente solo manifiesta la poca compresión de su importancia. En España hemos vivido apaleamientos, ahorcamientos de muñecos, quemas de distintos objetos, como fotografías, banderas, etc. Esta violencia simbólica no deja de ser violencia y siempre habrá gente que dé el paso. La historia tiene ejemplos suficientes y recientes.

La violencia simbólica se vive como odio y puede dar en cualquier momento el salto en cierto tipo de personas; basta con que cambien las condiciones personales y contextuales para que se produzca. Si todo nuestro entorno se ha llenado de odio y violencia, es más fácil que se produzca.

Los medios deberían contribuir a esa paz, pero muchos viven de dar el espectáculo, de centrarse en esta guerra cotidiana. Dan cobertura a los conflictos y se aseguran audiencia mediante la radicalización. Han decidido sumarse a los excesos a cambio de crearse un público que se ve así reforzado.

Esperemos que no haya un crecimiento de la violencia. Hay que creerlo así y no contribuir a ello. 

* Laura Gómez Díaz "La UE afronta la campaña con una creciente violencia política: el odio salta de las redes a las agresiones en la calle " RTVE.es 26/05/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240526/ue-afronta-campana-violencia-politica-odio-redes-agresiones/16118742.shtml


miércoles, 17 de abril de 2024

De la violencia simbólica a la violencia física

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Son tan ingenuos los políticos como para creer que su crispación constante no se puede convertir en un momento determinado en violencia física? Estos días de campaña nos han mostrado un par de agresiones a políticos. Han sido dos casos, pero se abre un precedente y, sobre todo, la posibilidad de que la intensidad suba en cualquier momento.

Previamente hemos asistido a la violencia simbólica del apaleamiento o quema de figuras ante sedes de los partidos. ¿Creemos que esa violencia simbólica no supone violencia, sino libertad de expresión? ¿Creemos que la creciente tensión verbal no es el anticipo de lo que puede producirse después, la física?

Llevamos unos años en los que no hay descanso en la tensión acumulada en la vida política o, para ser más precisos, en que la agresividad se ha ido convirtiendo en una forma "normalizada" de política. La polarización se convierte en una estrategia teatralizada que busca la atracción de seguidores que acaban enganchados a estas formas. Hacia ellos se dirigen palabras, acciones, actitudes. Es, en gran medida, una representación destinada a conseguir eso que llaman "fidelización". Cada partido busca su propia forma de radicalidad que busca configurar a sus seguidores, que pasan a estar enzarzados en una lucha contra aquellos hacia los que se dirige la tensión. Como estamos viendo, en cualquier momento se puede dar el salto a la acción física.

La violencia verbal se genera por los miembros de los partidos que busca radicalizar a sus seguidores señalando a los causantes de los problemas, a los responsables de los desastres magnificados.

Los casos de manifestaciones a las puertas de las sedes de los partidos, de los insultos, quemas, apaleamientos de muñecos, etc. se convierten en una forma de entrenamiento mental que va posibilitando que algunas personas, saturados sus niveles simbólicos, den el salto a la violencia real.

Lo hemos visto con claridad en los Estados Unidos de Trump. El paso de responsabilizar a los otros de la derrota al asalto armado al Capitolio no es difícil de dar, especialmente cuando se llega a un grado de polarización en el que se pierde cualquier tipo de objetividad y se adquiere una subjetividad controlada desde fuera. Ya no hace falta pensar, solo procesar el mundo tal como se nos ha instruido. De esta forma ya no ves en el otro tu igual, sino una entidad deshumanizada, un obstáculo para el cumplimiento de un destino. Es sorprendente cómo se puede llegar a destruir las bases de pensamiento democrático, el basado en el diálogo que posibilita la igualdad, en la igualdad que posibilita el diálogo y, con él, la convivencia.

Estamos ignorando demasiadas señales en una sociedad en la que cada vez tenemos más indicios de que se empieza a percibir la violencia como una forma de resolver problemas. Eso vale para la terrible violencia vicaria, los robos con asesinatos, como tenemos en titulares, la forma de vivir el deporte, etc. Es una violencia que va del acoso escolar a esas quemas de muñecos con las efigies de Sánchez o Núñez Feijóo o quien sea, de la negación del terrorismo de ETA evitando reconocer las muertes causadas, como hemos escuchado. Forman parte de ese aumento del racismo en los estadios o de cualquier otra señal que indique que no se valora a los otros como personas. Son obstáculos en algo que se percibe como destino en este modelo visionario. Este modelo es profundamente antidemocrático ya que no se percibe el futuro como decisión de los votantes, sino como un cumplimiento de lo que está escrito y a lo que unos se oponen, por lo que deben ser eliminados.

La transición española, que fue modelo para muchos países y que el nuevo radicalismo pretende convertir en una caricatura histórica por parte de gente que no la vivió, estaba llena de gestos de reconciliación que eran simples pero efectivos, como un simple partido de fútbol entre diputados. Se trataba precisamente de superar con estos ejercicios de normalidad las tensiones y descalificaciones previas. Se trataba entonces de humanizar la política frente a su sentido excluyente y de enfrentamiento actual. El camino que hoy recorremos es justo el contrario. Habrá un momento en que se pueda producir lo que nadie después quiere admitir.

Los nuevos canales de comunicación, por otro lado, necesitan de esta presión continua para mantenerse activos y eficaces. No invitan a la concordia precisamente, sino a lo contrario. Hay que cambiar las estrategias antes que ocurra algo que no nos guste.

El País 7/01/2024

domingo, 12 de diciembre de 2021

Vigilantismo y sus consecuencias

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Ayer tratábamos aquí la percepción de la presentación de Donald Trump a las próximas presidenciales, los efectos sobre el Partido Republicano y los temores de que se hiciera realidad la pesadilla de su nueva llegada a la Casa Blanca. En The Washington Post de hoy encontramos los siguientes artículos de opinión: "Jan. 6 wasn’t an insurrection. It was vigilantism. And more is coming", "Jan. 6 crossed a line. We need to say so before it’s too late for democracy" (Joanne B. Freeman), "I monitor Trump’s die-hard base. They’re still plotting out in the open" (Ron Filipkowski), "18 steps to a democratic breakdown" (Erica De Bruin y Risa Brooks), un abanico de temores no solo ante lo que podría llegar, sino ante todo a lo que ya se ha sembrado y sigue creciendo en parte de la sociedad norteamericana. En todos ellos se transmite la inquietante idea de que todo ese movimiento sigue creciendo, se está organizando y, especialmente preocupante, es inevitable.

Quizá este alarmismo busque la reacción, pero ¿de quién? ¿De los políticos demócratas, de los republicanos asustados de por dónde discurren los acontecimientos, de la gente misma en su día a día... quienes deben reaccionar a este movimiento?

Si nos centramos en el primero de los artículos, el de Sam Tanenhaus, la explicación de lo ocurrido tiene el más siniestro futuro pues lo ocurrido el 6 de enero —el asalto al Capitolio por los seguidores de Trump tratando de impedir el nombramiento de Biden— forma parte de una oscura tradición norteamericana, el vigilantismo, es decir, la asunción por parte de los ciudadanos de las funciones de vigilancia del Estado ante la inoperancia o la traición de los gobiernos. Esto significa que los asaltantes no son "terroristas" sino "patriotas" que quieren salvar la república.


Se comprende la importancia que tiene el hecho que señalábamos ayer, el "robo" de las elecciones presidenciales, el mecanismo por el que son posibles todas las acciones —una tras otra, en cadena— justificativas de la violencia.

El artículo de Sam Tanenhaus es interesante porque nos da una serie de conexiones y de informaciones de lo que está sucediendo en los Estados Unidos. No explica desde esta idea de "vigilantismo" la reciente sentencia absolutoria del hombre que mató a dos participantes negros durante una manifestación del "Black Lives Matter!". Se desplazó armado desde su población hasta la de la manifestación y allí abrió fuego.

La interpretación de los jueces que le han absuelto es que era un "defensor del orden" y no alguien que fue armado con intención de acabar con vidas de otras personas. Recordemos que fue el propio Trump el que interpretaba estos movimientos como contrarios al orden de la República.

Tanenhaus escribe sobre esta absolución:

In the months since Jan. 6, the appetite for vigilantism has been growing on the right — for instance, among those who celebrated the acquitted teenage shooter Kyle Rittenhouse, who in true vigilante form arrived on the scene in Kenosha, Wis., after driving 20 miles from his home in Illinois the day before to “help” authorities not doing enough to impose order during civil unrest there over a police shooting. After his acquittal, GOP lawmakers competed to honor Rittenhouse, making offers of internships. The most outspoken vigilante in the House of Representatives, Marjorie Taylor Greene (R-Ga.), introduced a bill that would award Rittenhouse the Congressional Gold Medal.*

 


Creo que el ejemplo es realmente revelador del clima vigilantista. No es ya que los jueces hayan aceptado la teoría de la ayuda "vigilante" a las autoridades por parte del "voluntario", es que se ha llegado a convertir en ese héroe que todos quieren tener junto a ellos en demostración pública de que estos conceptos son viables.

Tanenhaus hace un recorrido por los diferentes apoyos teóricos que ha habido de antiguo y en la actualidad a este fenómeno que parte, no lo olvidemos, de la existencia de una "amenaza" con la que hay que acabar para evitar el hundimiento de la República. Trump les dio luz verde haciendo creer que la presidencia había sido robada por sus enemigos seculares y que solo en él está la esperanza de la recuperación de la América "grande". Como veíamos ayer, el lema de su campaña para 2024 es "Save America!", lo que ya dice bastante. 

En este clima, en los medios que están fomentando e intensificando el fenómeno, los que viven de esta tensión, los asesinos vigilantes son proclamados héroes de la patria. Esto no hace sino que en un país donde cualquier idiota puede tener un arma, además decida usarla, convirtiéndose en un ejemplo aplaudido por muchos.


Escribe Sam Tanenhaus en su artículo: 

Vigilantism seems to be the defining strain of American conservatism today, embraced by both the mob and intellectuals. Kimball is one of many who, emancipated by former president Donald Trump, feel licensed to lead their own campaigns against the country as it becomes more egalitarian and inclusive.

In their minds, the storming of the Capitol on Jan. 6 was meant not to subvert democratic “traditions,” “procedures” and “norms” — the terms we hear so often — but rather to restore them through whatever means were necessary to stop a “stolen” election, “rigged” by the true enemies of “our democracy”: the election officials and vote counters, the judges in courts across the land, even Trump’s own attorney general, William Barr. So, too, the chilling words “Hang Mike Pence” were shouted in protest of the vice president’s refusal to “do the right thing,” as Trump recently said — which in this case meant decertifying the election won by Joe Biden.*


 Es esta conjunción de teóricos del vigilantismo y de personas armadas decididas a lanzarse a la práctica la mezcla explosiva que en cualquier momento se les pude ir de las manos. Lo ocurrido el 6 de enero de 2021 es solo una muestra espectacular con su asalto final del Capitolio, pero su función era ser una demostración de la fuerza comprimida y de lo que podría ocurrir si Trump era tocado tanto a republicanos como a demócratas o simplemente al orden público. Recordemos que Washington estuvo cercado durante semana ante el temor de lo que pudiera ocurrir con la toma de posesión de Joe Biden.

El ejemplo de la absolución de Kyle Rittenhouse por parte de los tribunales, con tres muertos en su haber, convertido en ídolo de otros muchos es un siniestro anticipo. Él mismo no se considera "racista" y hasta se declara partidario del "Black Lives Matter!", según relatan algunos titulares, en ejemplo de confusión mental o de cinismo legal para salvar su joven e influido pellejo.

Estados Unidos está regresando a lo peor de su historia más oscura. El vigilantismo no es más que una operación de exclusión de unos (los que se considera enemigos; los extranjeros, los no blancos, los "izquierdistas"...), considerados nocivos, y la apropiación de la nación y de sus leyes, de la interpretación de su historia y símbolos. Es un gigantesco robo, una gran mentira rodeada de grandes y bellas palabras. 

En el fondo, es la negación de todo lo que podría representar los Estados Unidos, un país que siempre se ha considerado a sí mismo creación de la voluntad. Ahora, la voluntad está torcida y es violenta y mesiánica. Necesita, además, alimentarse de poder en el exterior para justificar una especie de "grandeza" prometida y necesaria, algo con lo que Trump también jugó de forma clara.  Por eso lo fallos exteriores de Biden se vuelven contra él en el interior, ya que son aprovechados para ver su debilidad y falta de capacidad para llevar adelante esa "gran misión", ese destino manifiesto, que no es otra cosa que el recubrimiento de los propios intereses, cada vez menos escondidos y agresivos.


No se le concede suficiente atención a lo que está ocurriendo allí y nos acabará afectado de una forma u otra. Por nuestra parte, debemos estar atentos para que esto no se reproduzca aquí. Sin embargo, lo que escuchamos a algunos desde diferentes instancias no es tranquilizador. Estamos viviendo un efecto negador de los otros hasta límites no vistos hasta el momento. No habló ya de los que se declaran claramente trumpistas a la española, "patriotas", sino de los que también justifican la violencia de forma "vigilantista" (como está ocurriendo ya), que abanderan la exclusión del otro o la negación de los tribunales a los que anteponen sus "sagradas" misiones. Allí, como aquí, suponen una enorme erosión de los principios de la democracia.

De nuevo señalar que la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump sería un desastre para la convivencia en los Estados Unidos, para su política interna y externa. Lo que pueda ocurrir desbordará lo ocurrido en la primera llegada. Esta vez, su elección sería considerada como una afirmación de todo lo que haga, como una licencia. Para él y para los "vigilantes" que saldrían a la calles a cumplir su oscura función. Se considerarían legitimados a hacerlo.

Recomiendo la lectura completa del artículo de Sam Tanenhaus por lo que tiene de advertencia y explicación de lo que ocurre. Todo lo que ocurra allí nos afectará de una forma u otra. Ya lo está haciendo.


 * Sam Tanenhaus "Jan. 6 wasn’t an insurrection. It was vigilantism. And more is coming" The Washington Post 10/12/2021 https://www.washingtonpost.com/outlook/2021/12/10/january-6-vigilantes-insurrection/