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sábado, 31 de mayo de 2025

Del acero a los estudiantes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Hay verdadero miedo a Donald Trump en los Estados Unidos? ¿Pueden su osadía y agresividad limitar las respuestas, que quedan así en manos de los jueces? Como llevamos señalando mucho tiempo, el "caso Trump" es algo más amplio que su personalidad. Las imágenes que nos llegaban hoy de un Trump rodeado de eufóricos obreros con casco mientras se anunciaban los nuevos aranceles al acero se perciben ya como algo más que una composición propagandística. La pregunta que surge una y otra vez es: ¿solo es Trump o le acompaña una parte importante de los Estados Unidos, de la sociedad norteamericana? Ese gigantesco "¡Gracias, presidente Trump!" que preside el acto ¿es propaganda o es un sentimiento real?

¿Son los "problemas del mundo" "problemas americanos" o al contrario? ¿Se resuelven  en ese "liberation day" invocado de continuo o por el contrario se agravan?

Cabe la sospecha que la revolución creada por Trump contra el mundo, al que señala acusadoramente en cada instante, sea una estrategia de presión, una forma de obligar a negociar, como algunos señalan, pero eso no evita los desastres que causa no solo fuera sino dentro. De lo que no cabe duda es que oponerse a su voluntad supone, seas juez o universidad, ser señalado y cercado, condenado a morir estigmatizado, Es lo que está ocurriendo con la Universidad de Harvard que se ha convertido en foco de resistencia y, a la vez, en prueba viviente de lo que te puede ocurrir.

En su nuevo ataque a la universidad, son los estudiantes extranjeros los que entran en el marco de la sospecha. Los argumentos son otra vez significativos del nuevo orden trumpista: 

Trump afirmó el miércoles que considera "excesivo" el número de estudiantes extranjeros en Harvard, ya que superan la cuarta parte del total, y propuso limitar esa cuota al 15%. Según el líder republicano, la universidad acepta a "gente de zonas del mundo muy radicalizadas", aunque no especificó a cuáles se refería. "No queremos que causen problemas en nuestro país. Esos países no nos están ayudando. No están invirtiendo en Harvard, y nosotros sí", dijo el mandatario.

Según la Casa Blanca, la decisión está motivada por una presunta promoción del "antisemitismo y de vínculos con el Partido Comunista Chino" por parte de la universidad. Harvard defiende que la medida es una represalia del Gobierno por su negativa a ceder ante las presiones que buscaban controlar su gobernanza, su currículo y la ideología de su comunidad académica.

Además de intentar impedir que acepte estudiantes extranjeros, Trump ha cancelado todos los contratos federales con la universidad, ha reducido notablemente sus subvenciones y ha amenazado con acabar con la exención fiscal de la que goza. El prestigioso centro educativo tiene un 27% de alumnos internacionales procedentes de 140 países, entre ellos, unos 150 son españoles.*


Las afirmaciones sin fundamento son especialmente graves, pues no solo son injustas, sino que contribuyen a la destrucción de la imagen de Harvard, convertida en nido anti patriótico. Mientras para el mundo se convierte en un foco de libertad y resistencia frente al poder absolutista de Trump, para una parte de la sociedad norteamericana Harvard queda como un foco de "antiamericanismo" y "antisemitismo", que es como Trump califica a los que se oponen al genocidio cómplice en Gaza.

La política antichina se convierte, en esta misma línea, en "anticomunista". De nuevo se trata de cancelar recursos de la universidad. Unos por "comunistas", otros por "antisemitas" y todos "antiamericanos"; lo que el trumpismo está creando es un orden mundial unilateral en el que solo la sumisión es aceptable.

Puede que en algún momento la "sociedad norteamericana" se dé cuenta de la monstruosidad que está alimentando y de sus consecuencias de futuro. Trump tiene la esperanza estratégica de que en un mundo más débil será más fácil ejercer el control y sus condiciones serán más favorables. Ha trasladado a la diplomacia el veneno del mercado extremo, para el que no hay términos medios, amistades o socios, solo víctimas a las que explotar.

El aplauso enfervorecido de los obreros del metal en su mitin ante las promesas de hundir el mercado internacional no es más que un síntoma de miopía propagandística, pues las consecuencias previstas pueden estar equivocadas en sus cálculos y salir muy mal parados. La culpa, por supuesto, la tendrán siempre los otros.

Lo que sí es seguro que quede es un mundo más autoritario, más visceral y a la defensiva. De quien se defenderán será de esos Estados Unidos de Trump, con él o sin él. Es difícil que la imagen de la superpotencia abusiva, despótica, arbitraria, caprichosa, se borre de la mente de los demás países. 


* "Donald Trump anuncia que subirá los aranceles al acero y al aluminio del 25% al 50%" RTVE.es / Agencias 31/05/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250531/donald-trump-anuncia-subira-aranceles-acero-50-por-ciento/16604712.shtml

domingo, 16 de marzo de 2025

Make Canada Great Again o su propia medicina

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¡Lo ha conseguido! ¡Trump lo ha conseguido! Ha logrado despertar el nacionalismo canadiense en todo su esplendor gracias a sus ínfulas coloniales e imperialistas. Ha conseguido que los canadienses acepten los sacrificios previsibles con tal de darle en las narices al presidente estadounidense.

Así nos lo dice ya desde el titular Anna Bosch en la página de RTVE.es: "Donald Trump despierta el nacionalismo en Canadá: unidad nacional y boicot a los EE.UU."* ¿Se podía esperar otra cosa? Solo una mente recalentada y pasada de vueltas como la de Donald Trump podía ignorar esta reacción en contra que, por cierto, no es exclusiva de Canadá, sino que irá creciendo conforme se intensifique en los Estados Unidos la idea de que el mundo es una especia de almorrana que les ha crecido por falta de cuidado.

Cualquier momento, como nos cuenta Anna Bosch, es bueno para manifestar al imperialista vecino que tiene mucho que aprender:

"Lo nunca visto", "piel de gallina", "se me saltan las lágrimas", son algunas de las expresiones que inundaron los medios de comunicación y redes sociales canadienses el pasado 15 de febrero. ¿El motivo? El espectáculo de ver un palacio de deportes abarrotado de aficionados uniformados de blanco y rojo, los colores de la bandera de Canadá, cantando a todo pulmón "Oh, Canadá", el himno nacional, con un fervor, según las crónicas, que no recordaban. Menos, teniendo en cuenta el lugar, la ciudad de Montreal, en el Quebec, la provincia francófona con un fuerte sentimiento independentista, aunque esté electoralmente a la baja. ¿La ocasión? Un partido de hockey sobre hielo, el deporte nacional, frente a...los Estados Unidos. Tan o más noticia que el momento del himno propio fue que previamente ese mismo coro de aficionados abucheó el himno del equipo visitante, EE.UU., a pesar de que la organización acababa de pedir por megafonía respeto a los himnos.

Los canadienses perdieron ese partido, pero acabaron ganando el torneo, las 4 naciones, y el orgullo nacional se desató. "No podéis quitarnos nuestro país, y no podéis quitarnos nuestro deporte", tuiteó en francés (lengua cooficial junto al mayoritario inglés) el primer ministro Justin Trudeau, en una clara alusión a la pretensión del presidente Donald Trump de que Canadá se integre en los Estados Unidos. También trascendió de lo deportivo a lo nacional el seleccionador, Jon Cooper: "Canadá necesitaba esta victoria, los jugadores eran conscientes de esa responsabilidad y se la han tomado muy en serio. Esta vez era diferente, no es una victoria para ellos, es una victoria para más de 40 millones de personas".

El presidente Trump ha puesto en estado de ebullición a su vecino del norte, "su mayor socio y el más amable", como recuerdan los canadienses, con la imposición de aranceles comerciales y su repetida pretensión de anexionarse el país. Al principio se tomaron la ambición territorial a broma, pero ya no.*


Solo un prepotente ignorante puede ignorar que el resultado de sus maniobras intimidadoras, despectivas y anexionistas acabaría siendo este. ¿Se dan cuenta en los Estados Unidos el monstruo que han creado y al que han dado la presidencia del país, tomándose este la presidencia planetaria sin preguntar?

Una y otra vez, las preguntas acaban en el suelo estadounidense, que es donde se inician las acciones y palabras que causan la indignación por todo el globo. Nadie como Trump ha desencadenado una ola de anti norteamericanismo de este calibre y eso que el mundo las ha visto con anterioridad de grueso calibre. Pero esto es nuevo.

Trump arrastra en su locura a millones de norteamericanos que se dejan seducir por esas ideas peregrinas, cuya tesis central es que Estados Unidos ha sido tan "castigado" que paradójicamente ha llegado a ser la superpotencia controladora del planeta. Tan mal no le ha ido, digo yo; algo habrán tenido que ver todos esos "parásitos" que ahora ve el presidente Trump.

Creo que el error de Trump parte de unos conceptos erróneos de lo que es la política, el poder, las relaciones internacionales y, finalmente, la Historia. Sí, Trump está muy equivocado, por no decir totalmente equivocado.

Para Trump, el poder no es más que la capacidad de no tener que contar con los demás. Si eres fuerte, ¿para qué demonios necesitas negociar, pactar, convivir? ¿Si no, de qué te sirve? Como no es "político", no lo entiende. Pertenece a esa especie de políticos que creen que ser el más poderoso te da derecho a ser un dictador internacional. Como él tampoco respetó el dictamen de las urnas dentro — ¿nos hemos olvidado del asalto armado al Capitolio para evitar que Biden accediese a la presidencia?—, tampoco respeta las relaciones internacionales, que son simplemente el cumplimiento de la voluntad del más poderoso.

Trump cree que se puede anexionar Canadá, como puede hacerlo con Groenlandia, Panamá o lo que le pille cerca y le venga en gana. Evidentemente, nadie quiere formar parte de esos imperialistas Estados Unidos que expulsa inmigrantes y se anexiona países, se queda con "tierras raras" o con lo que le venga en gana.

Por contra, lo que Trump, sus acólitos y sus pretensiones despiertan es un profundo rechazo a sus políticas prepotentes, dejando en casi nada los movimientos en contra anteriores.

Los efectos van a ir más allá de la economía, de la incertidumbre de los mercados, etc. Si Trump está creando algo es la certidumbre de no querer el liderazgo norteamericano en ningún terreno. El "MAGA" se transforma en el grito multiplicado de todos los países, que, como Canadá, están en el punto de mira trumpista. Hemos perdido la "inocencia" de las alianzas, a desconfiar de los que se dicen "aliados" con derecho a propiedad.

¿Un gran movimiento anti USA? Sin duda. Ya está comenzando y será más fácil de promover en cuanto que se detecte que apenas hay reacción en los Estados Unidos ante el arrastre de Trump y los suyos. Los norteamericanos irán comprendiendo que no son una superpotencia por su esfuerzo solitario, sino que los demás también han tenido algo que ver, que no solo existe ese efecto "parasitario" con el que Trump identifica las relaciones internacionales.

Las reacciones que nos cuentan de Canadá, el intenso nacionalismo despertado, se irán produciendo en cada lugar que se sienta atacado o ninguneado por los Estados Unidos de Trump. La cuestión está en cuánto puede durar esta reacción, si con lo que dure Trump o si, por contra, establece una relación de recelo hacia el país provocando el distanciamiento y la tendencia a la autodefensa.

Estados Unidos se ha creído sus propias películas, la visión unilateral e idealizada de sí mismo. Pero creo que se ha acabado el tiempo de las palomitas y comienza el de empezar a consumir otras visiones de la realidad e incluso, más allá, otra realidad más acorde con otras visiones que han sido ignoradas. Europa, por ejemplo, debe ser redefinida de forma propia ante esa visión parasitaria formulada por el propio Trump. No, Europa no fue creada para molestar a los Estados Unidos, como ha señalado poseído por su ignorancia prepotente.

Trump ha disparado el sentimiento nacionalista de autoafirmación recibiendo dosis de su propia medicina. Lo mismo que ha ocurrido en Canadá empezará a tomar forma en otros países, que marcarán las líneas rojas. 

Habrá que tener cuidado con quiénes asumen el liderazgo atractivo del nuevo nacionalismo, no sea que lo aprovechen quienes no deben y nos puedan arrastrar por peligrosos caminos. Necesitamos de una autodefinición inteligente, constructiva y asociativa para frenar los peligros posibles. 

 

* Anna Bosch "Donald Trump despierta el nacionalismo en Canadá: unidad nacional y boicot a los EE.UU." RTVE.es 15/03/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250315/donald-trump-nacionalismo-canada-unidad-boicot-eeuu-estados-unidos-justin-trudeau-mark-carney-patriotismo/16487982.shtml

domingo, 7 de agosto de 2016

El sacacorchos de Ockham o ¿tú también, Turquía?

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos días hemos dado importancia a la extensión en Medio Oriente —y ahora en Turquía— de la creencia que los Estados Unidos están detrás de todo lo que pase. Eso incluye un amplísimo repertorio de acciones que llegan hasta el extremo —no sé si hay alguna más allá— de considerar que el ataque a las torres gemelas fue orquestado por los propios Estados Unidos para tener una excusa e intervenir en Oriente Medio. Por extraño que parezca, pude escuchar esa versión pasadas apenas unas horas en una terraza madrileña. Cómo había llegado la persona que tenía frente a mí a esa conclusión solo es interpretable por el funcionamiento de unas increíbles redes de desinformación que se han ocupado de ir creando conspiraciones tras conspiraciones desde la guerra fría. Esto significa que el ascenso de los Estados Unidos al papel de primera potencia mundial ha estado conviviendo con un universo paralelo conspiratorio que se ha ido apoderando de las mentes de millones de personas que dan por buenas las más increíbles respuestas a los acontecimientos hasta convertir la navaja de Ockham en un verdadero sacacorchos. Pero funciona.

2015

No hay nada que no se dé por bueno: desde la conspiración contra JFK que el Informe Warren no logró acallar, hasta la falsa llegada de los norteamericanos a la Luna —de la que dudan millones de personas por todo el mundo—, por citar dos hitos de la década de los sesenta, que continuó en las décadas sucesivas con Watergate, que ayudó a comprender que lo que ocurría en los oscuros aparcamientos era más interesante que lo que sucedía en la superficie.
The New York Times se hace eco hoy del caso turco, un país aliado. Ya no es suficiente con tener en suelo americano al presunto cerebro del golpe; Estados Unidos, creen los turcos, es el origen de la conspiración:

ISTANBUL — A Turkish newspaper reported that an American academic and former State Department official had helped orchestrate a violent conspiracy to topple the Turkish government from a fancy hotel on an island in the Sea of Marmara, near Istanbul. The same newspaper, in a front-page headline, flat-out said the United States had tried to assassinate President Recep Tayyip Erdogan on the night of the failed coup.
When another pro-government newspaper asked Turks in a recent poll conducted on Twitter which part of the United States government had supported the coup plotters, the C.I.A. came in first, with 69 percent, and the White House was a distant second, with 20 percent.
These conspiracy theories are not the product of a few cranks on the fringes of Turkish society. Turkey may be a deeply polarized country, but one thing Turks across all segments of society — Islamists, secular people, liberals, nationalists — seem to have come together on is that the United States was somehow wrapped up in the failed coup, either directly or simply because the man widely suspected to be the leader of the conspiracy, the Muslim cleric Fethullah Gulen, lives in self-exile in the United States.
“Whenever something shocking and horrific happens in Turkey, the reflex is conspiracy,” said Akin Unver, an assistant professor of international relations at Kadir Has University in Istanbul.*


Lo mismo lo hemos dicho aquí de Oriente Medio, en donde una gran mayoría piensa que son los Estados Unidos lo que están detrás del Estado Islámico, cuya función sería desacreditar al Islam, meterlos en guerras y destruirles impidiéndoles recuperar el esplendor de antaño (y los jardines de la Alhambra, fijación de algunos).
El artículo da cuenta de la gravedad de esta batalla de la opinión pública que el país más poderoso del mundo va perdiendo por goleada. Da igual lo que tengas en el arsenal si no tienen una presencia pública, una imagen que mantener. Desgraciadamente no es el caso. Los Estados Unidos, además, han arrastrado su imagen hacia algo difuso llamado "Occidente" que vale lo mismo para un roto que para un descosido, según el dicho popular.
Ayer analizábamos los lamentos de Erdogan, forma lastimera y amenazante de chantajear a Occidente por la negativa a entregarle al clérigo Gulen. Da igual que hay usado la misma fórmula anteriormente para desprenderse de sus enemigos o, como parece el caso, de sus aliados. Las formas y discursos de Erdogan, como decíamos ayer, más parecen un intento de ruptura sentimental con Occidente mediante la fórmula de la supuesta infidelidad. Sobre el que hay serias sospechas, en cambio, es sobre Erdogan y sus manejos en Turquía y fuera de ella. Como hemos señalado, para Erdogan la mejor defensa suele ser un buen ataque. Y es lo que está haciendo.
Lo mismo que dijimos de Oriente Medio —que los mayores enemigos están de acuerdo en que la culpa la tiene estados Unidos— es lo que nos viene a decir, casi con las mismas palabras, The New York Times de Turquía: todos están de acuerdo, liberales, socialistas, islamistas y cualquier otro que quiera tener una oportunidad en el futuro.


¿Quién desea dar la cara por los Estados Unidos si es el discurso antiamericano es más eficaz? La verdad es que muy pocos. Hace años que comenzamos a señalar el problema del "amigo americano poco fiable". Frente a las estrategias americanas que pueden dejar colgados a los amigos (Hosni Mubarak, por ejemplo), se eleva lo contrario: la amistad eterna, "el true love", ofrecido por Vladimir Putin, un "valor refugio" en tiempos de zozobra. Contrasta lo hecho por los Estados Unidos, sus cambios sin rumbo, con lo hecho por Putin: apuesta fija a Bashar Al-Assad. Al-Assad saldrá victorioso de la guerra de Siria porque recibió la promesa de apoyo hasta el final y es lo que ha hecho Putin. La inversión rusa en Siria es una garantía para los cambiantes países de la zona. ¡Y además le importan un bledo los derechos humanos!, lo que siempre es un aliciente por lo que pueda ocurrir.
Lo más sorprendente de todo esto es cómo no se han dado cuenta los analistas antes, cómo no se ha puesto ninguna medida para asegurarse las alianzas y la confianza. Sin embargo así ha sido, como se puede apreciar. Turquía, la última pieza del tablero, la que quedaba más o menos anclada por sus pretensiones de entrar en Europa y su pertenencia a la OTAN, también empantanada y antiamericana.


Los Estados Unidos se están quedando sin interlocutores reales en la zona. La política hacia Irán ha acabado de complicar las cosas tanto con los saudíes como con los israelíes, cuyo primer ministro se plantó ante el congreso norteamericano a decirles que aquello era una locura. El tiempo lo dirá.
Los articulistas plantean la entrega de Gulen a Erdogan. Si Erdogan tuviera pruebas estarían en todas partes, pero solo tiene acusaciones para deshacerse de todos los que se le oponen:

Turks, in their exasperation that the United States has not turned over Mr. Gulen, have made this analogy: What if Turkey, in 2001, had harbored Osama bin Laden?
Given the widespread sentiment that Mr. Gulen was behind the coup, a failure to extradite him would probably provoke a popular backlash in Turkey against the United States, and would confirm for many that the Americans had conspired against Turkey.*

De nuevo una interpretación absurda. La entrega de Gulen solo significaría dos cosas: la confirmación de que Estados Unidos le amparó (¿cómo pudo hacerlo sin que se enteraran?) y de nuevo ser un "amigo americano" poco fiable, esta vez al someterse al chantaje de Erdogan. Entregarle sin pruebas es aceptar que es culpable, juzgarle en los Estados Unidos, algo que solo servirá para que Erdogan lo use en su provecho y los retuerza hasta que la teoría se acabe volviendo contra los Estados Unidos. Habrán hecho a Erdogan, además, más fuerte ante los que ven resurgir un nuevo imperio otomano y a Erdogan como sultán. El palacio ya se lo ha hecho.
En 2014, el periódico New York Daily News mostraba los datos de una encuesta sobre los países más antiamericanos del mundo. La lista la encabezaban tres "amigos": Egipto, Jordania y Turquía**. ¿Alguna sorpresa? No había entonces "golpe" ni nada por el estilo. Solo estaba creciendo lo que se ha sembrado y se ha dejado crecer interesadamente por aquellos que querían tener ese as en la manga por si fuera necesario. Hoy Turrquía lo saca.


El antiamericanismo es un estado cada vez más frecuente por ser muy útil. No sabemos la política exterior que se abrirá tras las elecciones de la Casa Blanca. Obama ha estado más preocupado por intentar hacer un país más habitable (el resultado es Donald Trump como "gran esperanza blanca"), ocupándose de la sanidad, del control de armas, etc. con los republicanos de frente obstruyéndole.
En la política exterior, los resultados los vemos cada día. Le hemos llamado en ocasiones, el presidente peor informado del mundo, pero hay que decir en su descargo que se ha enfrentado no solo a los errores americanos sino a un cambio en la zona nacido de las revueltas que tampoco supo entender.


Lo malo es que Europa tampoco tiene una política exterior comprensiva de lo que está ocurriendo en una parte del mundo. La señora baronesa Catherine Ashton no hizo mucho en los tiempos convulsos que le tocó vivir. Federica Mogherini, en cambio, parece tiene planteamientos más activos. Veremos lo que pueden dar de sí en una Europa en crisis de identidad y de las otras también, necesitada de ideas claras y principios firmes. La cesión ante Erdogan es peor para Europa que para los Estados Unidos; es la Unión Europea la que tiene que demostrar más y tratar de salirse del arrastre del descrédito americano. Debe dejar de ser un socio de segunda y tener sus planteamientos críticos.
Europa debería aprender para no cometer los errores que han llevado a que Estados Unidos pierda su papel en la zona. O sencillamente que pierda los papeles.




* Tim Arango y Ceylan Yeginsu "Turks Can Agree on One Thing: U.S. Was Behind Failed Coup" The New York Times 2/08/2016 http://www.nytimes.com/2016/08/03/world/europe/turkey-coup-erdogan-fethullah-gulen-united-states.html
** "Egypt, Jordan, Turkey top list of countries that dislike the U.S. the most: survey" New York Daily News 15/07/2014  http://www.nydailynews.com/news/politics/egypt-jordan-turkey-top-list-countries-dislike-u-s-survey-article-1.1868199

lunes, 25 de julio de 2016

Oriente Medio y el antiamericanismo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si hay un aspecto que hemos resaltado aquí durante estos años es el desastre la política norteamericana en Oriente Medio. Puede que no sean tanto los hechos como la carencia absoluta de un guión que represente el papel de los Estados Unidos en la zona. Y lo que es peor: el guión se lo han escrito tan bien sus enemigos que hasta los amigos lo han asimilado. Hoy todos, aliados y enemigos, recurren como la forma más sencilla de comunicarse con sus pueblos, al antiamericanismo.
Es cierto que incluso los teóricos occidentales han contribuido a ello, como los que se han dedicado a profetizar el fin del la era americana. Entre críticos del "orientalismo", teóricos del "postcolonialismo" y agoreros del choque de civilizaciones, lo cierto es que el papel de Estados Unidos se ha visto reducido y, algo peor, distorsionado hasta niveles insólitos. En ocasiones, durante estos años, nos hemos referido a Barack Obama como "el presidente peor asesorado de la Historia" precisamente para tratar de expresar ese distanciamiento de la realidad que la superpotencia tenía respecto al detalle. Es sorprendente el resultado de estos años pese a las ideas y venidas del Secretario de Estado John Kerry que se ha ganado el sueldo con creces.

El presidente Obama hizo una gira por los países de Oriente Medio y dejó una gran esperanza respecto a lo que la zona podía esperar de él. Tras años de pragmatismo apoyándose en ejércitos y dictadores, ahora parecía que había esperanzas de democracia en la zona. Así lo pensaron muchos. La realidad fue otra.
Donald Trump está atacando en estos momentos a Hillary Clinton con su responsabilidad durante el tiempo en el que fue Secretaria de Estado y, por ello, responsable de la política exterior norteamericana. Todavía deben quedar restos de pancartas en ciudades como El Cairo declarándola persona non grata. Desde el punto de vista de la investigación emprendida por los republicanos con un Comité de la Cámara de Representantes, el asunto del asalto del Consulado en Bengasi (Libia) no se ha resuelto hasta hace muy pocos días. Iban buscando la cabeza de Hillary Clinton tratando de demostrar su negligencia en un caso en el que murieron cuatro ciudadanos norteamericanos, incluido el cónsul. El diario El País recogía hace unos días el resultado final del informe que era exculpatorio:

“Nadie se dirigía hacia Libia en el momento en que fallecieron dos [de los cuatro] estadounidenses, casi ocho horas después de que empezase el ataque”, dijo este martes Gowdy. El Comité sí culpa al Gobierno de la falta de una estrategia en Libia y de no reconocer la creciente amenaza a la seguridad de sus efectivos en el país.
Esta afirmación coincide con la evaluación realizada por responsables del Ejército estadounidense tras el atentado. En sus comparecencias ante el Comité, líderes militares han alegado que carecían de información exacta sobre la evolución del ataque que les hubiera permitido reaccionar inmediatamente, así como de los efectivos necesarios en alerta para desplazar hacia Bengasi.*


Acusar al gobierno de los Estados Unidos de "no tener una  estrategia", de "no estar informado" de lo que sucede en la zona y que el Ejército reconozca "carecer de información exacta", aunque se trate de un hecho concreto, dice mucho de lo que ha sido la era Obama en Oriente Medio.
Por este lado se le abre un frente débil a Hillary Clinton y que Trump aprovechara. De hecho, Trump ha asumido las teorías que hoy inundan Oriente Medio: los Estados Unidos son responsables de todo lo que ocurre, del Estado Islámico (creado para desprestigiar al islam) al golpe turco (del que las veladas alusiones de Erdogan a terceros países señalan a los Estados Unidos, lugar de exilio del clérigo Gulen, al que responsabiliza. Lo expresa con claridad: el mundo está en un estado más caótico y peligroso desde que Obama llegó a la Casa Blanca. Olvida, claro, que el mundo que Obama recibe es el que le deja George Bush Jr, incluso George Bush Sr.
Especialmente grave es la situación en la zona desde que Rusia decidió que ya había pasado el tiempo de los sueños y se lanzó a una política activa  tras los errores y carencias de la política norteamericana. Allí donde los Estados Unidos se crean problemas, desembarca Putin con lazos comerciales, turísticos y militares que debilitan las formas de presión de los poco fiables aliados que vieron desestabilizada la zona y perdido el poder tras la Primavera Árabe, eje del terremoto.


El caso es especialmente grave en los dos países con los que Estados Unidos creía tener enmarcada la zona y protegida Israel por un lado y controlada Rusia y la entrada a Asia con Turquía. Por motivos distintos, pero menos de lo que pudieran aparecer a primera vista, los dos aliados de Washington se han vuelto contra la mano que los ha armado.
The Washington Post publicó ayer un artículo de Jackson Diehl, uno de sus reputados columnistas, en el que precisamente se preocupa de esta cuestión con el título "A troubling turn for U.S. relations in the Muslim world". En él señala:

When he launched his attempt to rebuild U.S. relations with the Muslim world seven years ago, Barack Obama started with Turkey and Egypt, vital U.S. allies that seemed to be on the cusp of change. Under Recep Tayyip Erdogan, Turkey was pioneering a model of moderate, democratic Islamism. Egypt was still ruled by an aging strongman, but with prodding from the George W. Bush administration, it had allowed the flourishing of a liberal civil society and was attempting to modernize its economy.
Since then, the two countries have, indeed, transformed their political systems and their relations with the United States — and the result has been a disaster for U.S. interests. As Obama prepares to leave office, Turkey and Egypt are emerging as twin models for a 21st-century Muslim authoritarianism, one Islamist and one secular. Their regimes are far more repressive than they were in 2009 and far less open to liberal ideas. But their most distinguishing feature, compared with a decade ago, is their anti-Americanism.
Erdogan and Abdel Fatah al-Sissi, Egypt’s general-turned-president, have become certifiably paranoid in their views of the United States. They not only embrace wild anti-American conspiracy theories, but articulate them in public. They seed the media they control with propaganda that makes Vladimir Putin’s anti-U.S. diatribes look tame. They go out of their way to persecute civil society groups, politicians and journalists they perceive as having U.S. support or connections.**


Quizá un poco tarde, con Obama con un pie fuera de la Casa Blanca, hacer estar reflexiones que hoy ya son clamorosas y difíciles de erradicar. El paralelismo entre el modelo representado por ambos países es evidente por más que no les guste a ninguno de ellos la comparación. Quizá sea por eso. Sin embargo, ya en estas pocas líneas se perciben dos errores que forman parte del problema. Dejamos de lado el qué sea eso denominado "los intereses norteamericanos", fórmula retórica en la que cabe todo y de la que nunca se sabe nada, especialmente si el caso es la pérdida de rumbo internacional. Quizá si eso fuera algo más allá de la fórmula vacía no se habrían producido muchos problemas. Los interese norteamericanos, por ejemplo, han sido los que han llevado a los Estados Unidos a espiar a sus socios y aliados occidentales mientras que, de nuevo por ejemplo, desconocían lo que pasaba bajo sus narices en Libia, Egipto, Turquía o Siria. Seguro que el móvil de Angela Merkel era mucho más interesante que el de los dirigentes libios, yemeníes, egipcios, etc.


Quizá Obama cometió un error al ofrecer generosamente a Hillary Clinton, su competencia a la Casa Blanca, el puesto de Secretaria de Estado; quizá Clinton estaba más preocupada por la legislatura que le tocara a ella presentarse a la presidencia. Por eso abandonó el barco en la segunda legislatura, para distanciarse de la política de Obama y de los fracasos internacionales que ya se veían venir. John Kerry entró ya con el desastre en marcha y solo pudo correr detrás de los fuegos y aceptar las "buenas ideas" rusas que Lavrov le dejaba en el camino para evitar una intervención masiva en Siria de incalculables consecuencias a la que ya se había apuntado el cerebro inconsciente del Brexit, David Cameron.
La realidad que el artículo de The Washington Post recoge —el antiamericanismo virulento de Erdogan y El-Sisi— no es nueva, como sabe cualquier lector paciente de este blog.
En el caso Egipcio, se percibe el error ya desde la valoración del articulista sobre Hosni Mubarak —"an aging strongman" apoyado por la administración de George W. Bush, le llama—, lo que explica los errores de concepto y evaluación posteriores que llevaron al desastre actual de Egipto, su posición internacional enfrentado a todos, error tras error, y a la involución de las pocas libertades que un régimen nefasto tenía.


Barack Obama y su administración, Hillary Clinton en especial, no supieron interpretar la Primavera Árabe porque tampoco habían hecho anteriormente esfuerzos para comprender la situación social, las aspiraciones y, especialmente, los mecanismos de creación de opinión pública que se estaban manejando y que llevarían al poder a los islamistas.
La mentalidad norteamericana ha sido incapaz de comprender las tretas y argucias que utilizaban los dictadores a los que apoyaban como garantía de estabilidad. Un dictador de este tipo no tiene ideología, solo estrategias para mantenerse él y su grupo (familia, institución que le respalda) en el poder. Han dicho siempre lo que los Estados Unidos han querido escuchar y han hecho después lo que han querido sin demasiados problemas. Han vendido laicismo cuando Estados Unidos se enfrentaba al terrorismo de Al-Qaeda y los talibanes, pero han usado la religión para mantener sus propias bases como un arma de control social para evitarse conflictos y no ser llamados impíos y cuestionados.


El antiamericanismo, en suma, que tanto llama la atención, es un movimiento estratégico una vez más, fomentado desde los propios gobiernos, como señala The Washington Post. Es un discurso que les permite aunar a todos: Estados Unidos es el mal. A los islamistas les parece bien porque dicen que Occidente les impone modelos que no son suyos; a los demócratas les parece lo más normal del mundo porque han sido encerrados durante décadas en las cárceles con el consentimiento de Estados Unidos, que nunca han comprometido sus "intereses" en este sentido y a los que les aseguraban que los encarcelados no tenías apenas apoyo social. Los gobiernos acusan a los Estados Unidos de haber promovido la Primavera Árabe para hundir y dividir Oriente Medio; la oposición los acusan, en cambio, de haber apoyado a los islamistas y de no haber apoyado a los demócratas. ¡Unanimidad total! Desde la época de Vietnam no se veía algo así.


El columnista de The Washington Post se pregunta por el origen de este cambio en ambos países y encuentra una explicación: los países prefieren imitar a Vladimir Putin y a China, como modelos autoritarios que la gente acepta mientras funcione:

Putin and China’s Xi Jinping have helped to inspire the new Muslim models of authoritarianism. A decade ago, dictatorship looked untenable in a globalizing world dominated by the United States; consequently, Erdogan was pushing Turkey toward membership in the European Union, while Egyptian strongman Hosni Mubarak was allowing his son to privatize state companies and tolerating Western funding of Egyptian groups promoting democratic politics and the rule of law. Now the Chinese and Russian regimes seem to offer proof that it’s possible to exclude democratic competition, suppress civil society, censor the Internet, practice crony capitalism, defy Washington — and still flourish.
So both Muslim governments are importing those practices. Erdogan has copied Putin’s political path, shifting from prime minister to the presidency while seeking a constitutional reform that would vastly increase the powers of the executive. Since the coup, he has targeted more than 50,000 perceived opponents. Sissi is preparing a draconian law that, like those already passed in Moscow and Beijing, would shut down any NGO with foreign connections or support. Most of these are already closed; U.S. citizen Aya Hijazi, who launched an organization to help impoverished street children, has been imprisoned for two years without trial.**

De nuevo, creo que la explicación se encuentra a medias. En estos años hemos podido apreciar el acercamiento ruso a Egipto. Putin no es tanto un "modelo", en el sentido que se le da en el artículo, sino un "amigo fiable", algo que no ha ocurrido con los Estados Unidos y su política exterior en este tiempo. China tampoco es un modelo; se trata de captar inversiones allí donde los Estados Unidos se retiran, igual que hace Rusia. China está interesada en invertir fuera y lo hace. Si los norteamericanos se convierten en socios incómodos criticando la política de Derechos Humanos, pueden tener por seguro que ni Rusia ni China va a abrir la boca por menudencias.


Lo del modelo autoritario representado por Putin frente al modelo democrático representado por Obama es otra muestra más de la ingenuidad estadounidense en el análisis. ¿Necesitaba El-Sisi un "modelo autoritario" o llevaba toda la vida viviendo en él? Solo una visión benévola de la época de Mubarak puede ignorar su régimen de represión. No, Egipto ya era un modelo de negocios internacionales y represión nacional con Estados Unidos bendiciendo la unión del viejo dictador (perdón, "hombre fuerte") con las clases empresariales en medio de una corrupción que sumió al país en el abandono total.
Darse cuenta de que a la sombre de la influencia norteamericana se han generado dos sistemas autoritarios, con dos personalidades invertidas, que se alejan de ella no debe ser agradable.


Quizá la única explicación a lo ocurrido en estos años lo estemos viendo con la presencia de Donald Trump como nominado republicano a la Casa Blanca. Su nombramiento, además de un peligro por lo que presenta como programa, es la constatación de un mal general: la baja calidad de la clase política norteamericana. Las energías de los republicanos se han despilfarrado en tratar de hundir a los demócratas; las de los demócratas en tratar de compensar el peso de estos en las cámaras y defendiéndose de sus ataques continuos. Es difícil que un país con tantas responsabilidades en todo el mundo pueda tener la atención necesaria en los asuntos cuando tiene dentro tal leonera política.


Lo que ocurra en la Casa Blanca es importante para el mundo. También lo que está pasando en Egipto y Turquía. Estamos en un mundo convulso y confuso. Sea lo que sea, solo hay una certeza: la Historia no es reversible. No hay Delorean para ir y volver a arreglar los entuertos. Los problemas de hoy nacieron ayer; los de mañana los tenemos debajo de los ojos sin verlos hasta que es demasiado tarde.

Descubrir ahora que los Estados Unidos tienen un serio problema en Oriente medio es realmente sorprendente. Algunas de las interpretaciones dadas también lo son. ¿Hay esperanzas?
Entre los que consideran que Donald Trump sería un desastre peligroso, haga lo que haga (ya ha hecho bastante con sus diatribas anti musulmanas), y los que consideran que Hillary Clinton podría haber aprendido algo de sus errores anteriores, la gente sensata no tiene más remedio que apostar por la segunda opción. Y que salga lo que salga y sin garantías.



* "El informe final sobre el ataque al consulado de Estados Unidos en Bengasi exculpa a Hillary Clinton" EL País 26/06/2016 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/06/28/estados_unidos/1467132850_817239.html

** Jackson Diehl "A troubling turn for U.S. relations in the Muslim world" The Washington Post 24/07/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/global-opinions/a-troubling-turn-for-us-relations-in-the-muslim-world/2016/07/24/a159cfee-4f4b-11e6-a7d8-13d06b37f256_story.html

viernes, 13 de febrero de 2015

El señor Hicks y su guerra por el orden

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
The New York Times da una extensa descripción del criminal, Craig Stephens Hicks, que ha asesinado a tres de sus vecinos, tres jóvenes musulmanes, y que ha conmocionado a Estados Unidos haciendo saltar distintos tipos de alarmas, unas viejas y otras nuevas.
El asesinato de los jóvenes musulmanes, brillantes y queridos como estudiantes, ciudadanos y personas, según todas las descripciones realizadas por quienes les conocían, amigos, compañeros y familiares, puede ser categorizado en función de varios factores que es importante dilucidar porque en situaciones de inestabilidad amplificada, cualquier hecho puede ser entendido en términos equívocos.
La muerte de los tres jóvenes a manos de su asesino confeso puede ser contemplada como un "crimen de odio", es decir, que les asesinaron por ser musulmanes; como un nuevo caso de "vigilante" o como finalmente, una patología específica de Craig Stephens Hicks. La cuestión es peliaguda porque el hecho en sí puede tener los tres componentes en distinto grado. Por eso el análisis de The New York Times trata de rastrear los acontecimientos anteriores y reconstruir un perfil adecuado del autor y de su entorno.
Las diferencias entre la forma de afrontar el caso son esenciales en el clima actual en el que los gobiernos tratan de evitar surgimiento de la islamofobia. Si se tratara como un "crimen de odio", se daría por buena la hipótesis de que Hicks mató a los tres jóvenes por ser musulmanes. Si damos preferencia a la hipótesis del "vigilante", el problema se traslada al "demonio de las armas" y la extensión como un nuevo caso de los psicópatas que creen que deben imponer el orden en un determinado espacio sobre el que reivindican un derecho a patrullar, a reconvenir a los vecinos que no cumplen su estrecho sentido de la tranquilidad, y a castigar por su mano a los infractores de ese orden que quieren crear. La tercera hipótesis, la del psicópata, no es incompatible con las otras dos, es más, la necesitan como base sobre la que germinar. También a los locos se les juzga por la forma de sus actos, es decir, por la que está orientando de su locura.


Cualquiera de las dos hipótesis principales, "odio" (religioso, racista o xenófobo) o la del "vigilante", tienen sus consecuencias muy diferentes, pero en claves distintas. La sociedad norteamericana parece resignarse a las de la "vigilancia" pues no es capaz de cambiar el "Gun crazy", la fascinación morbosa por las armas, ni los principios de la "autodefensa" que se entremezclan con un confuso sentido de la "ley" que no acaba de abandonar la mentalidad del tiempo de los pioneros. El problema no es solo tener armas, sino el segundo que se ve agravado por ese enfermizo sentido del orden y la defensa del mismo por parte de un "vigilante". The New York Times ahonda en esa faceta de Hicks, ese carácter autonombrado "vigilante":

The police say they never received any formal complaints, but Mr. Hicks, a 46-year-old former auto parts dealer who has been studying to become a paralegal, appears to have functioned as a self-appointed watchman in the complex.*

Si los tres jóvenes muertos por la mano de este hombre no hubieran sido musulmanes, nadie tendría dudas de ante qué tipo de caso se estaba, pero las cosas ocurren como ocurren. Hicks fue a por ellos porque estaban haciendo más ruido del que él consideraba que era aceptable. Era él quien visitaba con un arma asomando de su pantalón a los vecinos para decirles que había coches de visitantes donde no debía o si había mucho ruido. El señor Hicks mostraba sus armas en su página de Facebook para que no hubiera dudas de que él hablaba en serio. Mostraba en ella también su indignación y beligerancia contra distintas causas. El orden del barrio no era una causa suficiente y lo extendía a través de sus comentarios. Mostraba las armas en Facebook como lo hacía en su cinturón. Él hablaba en serio.
El interés en establecer que no se trata de un crimen de odio religioso es evidente, de la misma forma que existe el interés de otros en calificarlo como tal.
Ahram Online, en Egipto, recoge las dos hipótesis sobre la motivación de triple asesinato:

"We understand the concerns about the possibility that this was hate-motivated and we will exhaust every lead to determine if that is the case," Police Chief Chris Blue said.
Meanwhile, thousand gathered in Chapel Hill to mourn the killings, with Barakat's brother urging calm in the shaken university town.
"Do not fight fire with fire... it is quite possible that this was an act based off of evil and a scared ignorant man. Do not let ignorance propagate in your life, do not reply ignorance with ignorance," Farris Barakat said at the candlelight vigil.
He remembered his brother's passion for sports, community work and the odd Chris Rock joke and said all three had an impact.
"We lost three great citizens of this world and of this country. But I think they've inspired thousands."
The cautious wording of the police statement contrasted sharply with the anguished reaction amongst many Muslims, however, and the father of two of the students demanding investigators treat the killing as a "hate crime."
"This was not a dispute over a parking space; this was a hate crime," said Mohammad Abu-Salha, the psychiatrist father of the two women shot dead.
"This man had picked on my daughter and her husband a couple of times before, and he talked with them with his gun in his belt."
Abu-Salha told the local News & Observer newspaper his daughter had voiced fears about Hicks last week.
"Honest to God, she said, 'He hates us for what we are and how we look,'" Abu-Salha was quoted as saying.
Muslims across the globe meanwhile were quick to latch onto a viral campaign which asserted that the tragic killings had been under-reported by the US mainstream media because of the ethnicity of the victims.**


En el mundo actual todo alcanza una dimensión política porque todo puede ser amplificado instantáneamente y se canalizado hacia conflictos existentes, realimentándolos. La observación de no "alimentar el fuego con fuego" es sensata y, desde luego, servirá de muy poco para los que vayan buscando precisamente que el fuego crezca.
Los hechos se dan en una realidad que es interpretada; casi nada es obvio y casi cualquier interpretación puede ser sostenida y, lo que es peor, aceptada por aquel que está ya convencido de algo.

Nuestro concepto de "crimen de odio" es demasiado rígido para la variedad de motivaciones por las que se puede cometer un hecho de este tipo. Convertirlo en "agravante legal" no significa mayor claridad porque hay cosas que no se pueden encerrar en las palabras, entre ellas lo que ocurre en el interior del cerebro de una persona claramente perturbada.
La interpretación final tiene mucho que ver, en cambio, con nuestras actitudes y voluntad. La mente de Hicks es oscura y no podemos entrar con una linterna a esclarecer motivos que pueden ser confusos incluso para él mismo.
Lo que parece es que en su mente enferma la idea de "orden" puede tener preferencia y ser el desencadenante de querer imponerlo en unos términos brutales. ¿Entra en ese orden la cuestión "religiosa"? El señor Hicks se autoproclamaba "ateo" (burlándose de los que creen en la Biblia) y defensor de "derechos individuales", "matrimonios del mismo sexo" y el "aborto", según señalan sus familiares en The New York Times. Esto tampoco es necesariamente una muestra de la "liberalidad" de Hicks, como podría parecerlo en otros, sino más bien de su apego a causas combativas. 
El señor Hicks, según se apunta, era un individualista intransigente, una fórmula en la que no se ahonda demasiado, pero mucho más frecuente de la que pensamos. Son personas que no eligen sus causas racionalmente, sino que encuentran aquellas que les sirven para desahogar mejor su propia conflictividad; personas a las que les gusta verse solas contra el mundo, luchando en su propia guerra mundial personal. Son cruzados solitarios que no quieren compañía pues corren el riesgo de que se perciba lo ridículo de sus campañas.
De todas las informaciones que suministra The New York Times, de vecinos, familiares y ex esposas, la más reveladora para mí es la que  cuenta una de estas últimas:

Cynthia Hurley, who said she was married to Mr. Hicks years ago, said she had been unsettled by his enthusiasm for a 1993 film, “Falling Down,” [Un día de furia] which depicts a man violently lashing out at society. “That always freaked me out,” Ms. Hurley told The A.P. “He watched it incessantly. He thought it was hilarious. He had no compassion at all.”*


Quienes haya visto esta película recordarán como muestra la transformación del ciudadano pacífico y respetuoso de la ley en un homicida furioso que intenta poner orden en el mundo que para él se desmorona. La obsesión de Hicks, según su ex esposa, por esa película dice mucho de los mecanismos de proyección psicológica en el personaje.

La ruptura de ese orden, prioritario en su jerarquía de valores, es profundamente traumático para él. Hicks estudiaba para hacerse "paralegal". Según la definición de la National Federation of Paralegal Associations (NFPA) [USA]: "A paralegal is a person, qualified through education, training or work experience to perform substantive legal work that requires knowledge of legal concepts and is customarily, but not exclusively, performed by a lawyer"). Su preocupación por el conocimiento de las leyes carece de algo que es necesario para que la Ley no se convierta en absoluta, la elasticidad que la hace humana. Para personas como Hicks, obsesionadas con la legalidad, no existe esa humanización de la ley. Estudiaba leyes para fortalecer su sentido del orden y fundamentar su justificación externa. Son esas personas que buscan la letra pequeña porque quieren hacerse valer.
The New York Times concluye su artículo con la descripción de sus profesores:

Mr. Hicks is enrolled at Durham Technical Community College, working toward earning “multiple certifications in our paralegal technologies program,” according to a spokeswoman for the school, Carver Weaver. Ms. Weaver said in an email that Mr. Hicks was “a student in good standing and has been since fall 2012.”
A paralegal instructor at Durham Tech, Susan Sutton, confirmed in a telephone call her previous comments to a local news media organization that Mr. Hicks was a bright, conscientious, good student, and said there had been no sign that anything was wrong.*

La descripción de Hicks y la conclusión de que no se percibía nada malo son lógicas.  La pretensión de que a los asesinos se  les debe notar en la cara o en sus actos es ingenua. Los amantes del orden y la ley pueden ser también muy peligrosos, sobre todo en un país en el que hay muchas armas sueltas y el derecho a la autodefensa comienza con la mera sospecha de agresión.


La forma de contrarrestar las lecturas interesadas que sirvan para echar más leña al fuego, son las demostraciones generales de solidaridad con la familia y la demostración de que aunque Craig Stephen Hicks pudiera llevar "odio" dentro los demás no lo tienen. Si dejamos de lado la hipótesis de la islamofobia del crimen, todavía quedan otras preocupantes: por qué los vecinos tenían tanto miedo a Hicks y no se atrevían a denunciarle, según la policía, que solo tenía registro de algunos incidentes. Pero todos ellos reveladores de su personalidad controladora, como que retirara él mismo con una grúa coches que consideraba mal aparcados de visitantes a los residentes. Hicks era un amante de la ley y el orden. Él era juez, jurado y verdugo.
Nuestro problema hoy, además de la existencia de Hicks en cualquiera de sus variantes según la "ley" y el "orden" que les obsesiones, es que no existen los incidentes aislados. Son como troncos que se lanza a las corrientes ya existentes y que acaban atascando los puentes hasta provocar violentos desbordamientos.

Hay muchos interesados en que el bárbaro asesinato sea etiquetado como un "crimen de odio", como islamofóbico. No hace muchos días, otro periódico egipcio daba entrada en sus páginas a un colaborador desde los Estados Unidos que definía a los árabes como los "nuevos negros de América". Sus posteriores escritos continuaban en la línea de aprovechamiento del antiamericanismo para decir a la gente lo que quiere escuchar y ampliar las bases de los conflictos. Es un movimiento peligroso que algunos practican irresponsablemente. Ya hay bastante presión en el mundo para que otros ciudadanos —como Hicks, amantes del orden—, se dediquen a cazar "infractores" de sus respectivas leyes.
Están por otro lado, los que usan otra estrategia: hacer ver que la muerte de tres jóvenes musulmanes no importa a nadie. Se trata de otra manera de producir distanciamiento y odio. Es otra forma de echar leña al fuego pero con un disfraz distintos. Hay pirómanos de muchos tipos.- La muerte de los tres jóvenes ha causado dolor e indignación en la sociedad. Si esa indignación debe ser "especial" es ya una cuestión que requiere otro enfoque y otro planteamiento.
Con los incidentes producidos por las muertes de los jóvenes negros y la exculpaciones de los "vigilantes" o policías implicados se ha usado varias estrategias desde los medios árabes. En ocasiones, los gobiernos han justificado su propia brutalidad represiva señalando que en Estados Unidos también la Policía actúa cuando hay disturbios. Pero ahora otros se quejan de la falta de "reacción" ante la muerte de los tres jóvenes, como si se debieran producir también algún tipo de disturbios "raciales" o "religiosos" por el asesinato para demostrar que les importan. Hay mucho de hipocresía en estos planteamientos que solo buscan afianzar el antiamericanismo constante. Este antiamericanismo —¡triste récord de Obama!, le atacan tanto los que se oponen al yihadismo como sus partidarios, islamistas como laicos—. La forma de demostrar la condena es aplicar la ley con firmeza al que se creyó dueño de ella. Crear disturbios —le interesará a algunos— no contribuirá a nada bueno, ni allí ni en los países árabes. 



El crimen de Hicks no tiene ningún tipo de equívoco y los jueces y jurados no deberían tener ningún tipo de duda en su momento. Eran tres jóvenes ejemplares, implicados en su comunidad, estudiantes y profesionales, queridos y respetados por los que les conocían. Y eso es lo importante para su familia, recordar que eran personas queridas, valoradas por los que les conocían. Pero todos mirarán con lupa el juicio que se haga a Craig Stephens Hicks, porque ya no se trata solo de las muertes y sus motivos, sino que hoy se miran más las repuestas en su tres vertientes: sociales, jurídicas y mediáticas. Si mira la repuesta social, el comportamiento del sistema judicial y el tratamiento de los medios. De esta forma se enjuicia a la sociedad, a la justicia y a los medios mismos desde el relativismo del tratamiento dado a cada caso.
Sí, también debemos decirlo: "somos Deah Barakat, Yusor Mohammad Abu-Salha y Razan Mohammad Abu-Salha", pues estamos con todos los que son víctimas de la locura. Toda vida tiene valor y la de estos tres jóvenes ha terminado bruscamente a manos de una persona cuyas motivaciones, las que fueran, eran claramente equivocadas. "Somos" ellos, pero lo que es peor, "podemos serlo", pues la locura no deja a nadie a salvo. Usarlos para promover o justificar el odio, en cualquier parte, es ofender su memoria y usar sus muertes para fines que probablemente no les hubieran gustado. 
Descansen en paz y nuestras condolencias y apoyo a sus familias, amigos y compañeros.
El aumento generalizado del odio tiene un efecto terrible: que la gente empiece a llamarlo "justicia".



* "Neighbors Say Suspect in Chapel Hill Shootings Was Threatening" The New York Times 12/02/2015 http://www.nytimes.com/2015/02/13/us/chapel-hill-neighbors-say-they-felt-threatened-by-man-held-in-killings.html
** "Hate crime probed in murder of US Muslim students" Ahram Online 12/02/2015 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/2/8/122848/World/Region/Hate-crime-probed-in-murder-of-US-Muslim-students.aspx