Mostrando entradas con la etiqueta mentiras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mentiras. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de febrero de 2025

¡Están entre nosotros!

 Joaquín  Mª Aguirre (UCM)

Todavía estoy en shock, no me he recuperado de los breves segundos en que el zapping me hizo pasar por el canal del que la ultraderecha española dispone para expresar lo que se le pasa por la cabeza. Esta vez era una persona que, muy indignada y creo que provista de auriculares (apenas recuerdo su cara y desconozco su nombre), señalaba que había muchos gazatíes amantes de la libertad que preferían abandonar sus tierras para no estar bajo el yugo de Hamás. A estos selectos espíritus les encantaba la propuesta de Trump. Es decir, que te prohíban volver para que aquello se convierta en La Riviera de Oriente Medio, una Riviera israelí, evidentemente, ocupada por los Estados Unidos primero y por los millonarios israelíes que, una vez pacificada y reconstruida, podrán disfrutar del sol y el saludable aire del mar. 

Los gazatíes "libres" podrán disfrutar de su deseada libertad en el desierto egipcio, cuna de civilizaciones. Todos contentos... menos esos peligrosos rebeldes —comparables a los temibles narcos mexicanos que perturban la paz del paraíso estadounidense mientras recortan el césped de sus jardines— que, por extraño que parezca, prefieren vivir entre ruinas a aprovechar la libertad del desierto.

Después de escuchar esas palabras, unos pocos segundos expuesto a ellas, se abrió en mi mente, tal como Moisés dividió las aguas, una brecha entre lo que consideraba "real" y la "ficción" que ahora se me ofrecía como un faro orientador.

Saliendo poco a poco del estupor comienzas a hacerte preguntas. ¿En serio se puede decir —incluso con furor indignado— que el que destruyan tu casa, maten a tu familia, que te tengan meses de un lado para otro bajo bombardeos, que te expulsen de tu país y que te manden al desierto de un país vecino (que además no te quiere allí) es "libertad" o algo que se le parezca remotamente?

Escuchar esto en una cadena española, una especie de filial de la FOX News, convertida ya en la cadena gubernamental del trumpismo, hace ver muchas cosas de esa expansión de los relatos populistas del trumpismo por el mundo. Uno pensaba ingenuamente que el extremismo del relato trumpista solo era posible en la polarizada sociedad norteamericana, con esos más de ochenta millones que decidieron convertirle en el líder planetario en un gesto responsable y generoso. Pero creía que de las muchas cosas posibles había algunas imposibles en el clima europeo, en países como el nuestro.

Sin embargo, si eso de dice desde una pantalla de televisión y se repite por el mundo de otras pantallas, significa que existe gente que lo escucha y que lo sigue, que no sale huyendo, como yo a través del zapping, a la cadena más cercana.

La duda está en los datos sobre los que están al otro lado: cuántos son, dónde están sus límites en lo que están dispuestos a creer, si son una simple secta o si buscan expandirse, crecer...

Los estudios sociológicos son cada vez más preocupantes pues nos advierten de dos cosas: que cada vez somos más incapaces de distinguir lo que es verdadero de lo que no lo es, por un lado, y que cada vez nos aferramos con más intensidad y ganas a las mentiras gratificantes. Nos dicen, además, que todo esto crece en la polarización y que basta con normalizar cualquier mentira, es decir, que basta con repetirla una y otra vez para que empiece a ser aceptada. La ausencia de espíritu crítico garantiza que esas ideas no sean cuestionadas, sino usadas como dogmas contra otras, a las que se señala como enemigas, como el verdadero peligro.

Los ataques racistas y xenófobos, los ataques a la diversidad sexual, a la igualdad de derechos, etc. son parte de ese movimiento de retorcimiento de todo lo que se pueda retorcer. Basta con "indignarse" públicamente, como el señor con auriculares de la televisión, para arrastrar con su pasión a miles de personas incapaces de pensar un poco sobre la falsedad de lo que se les dice. Así nos movemos entre la indignación y la trivialidad. Cada vez entendemos menos la complejidad de lo que nos rodea y cada vez nos dan más explicaciones simplificadas y parciales, es decir, es más fácil manipularnos. Aquello que entendemos es la verdad, se convierte en idea que solo es posible sostener con la fuerza y el grito, que son lo contrario del diálogo y la convivencia armoniosa. No es de extrañar, pues, que sea el conflicto lo que se busque como base. El enfrentamiento produce un doble movimiento: uno negativo hacia el otro y otro de refuerzo de la adhesión a la mentira que ocupa el centro de nuestra nada. Solo así es posible entender el creciente éxito de la radicalidad y de la estupidez controlada.

Da pena ver que en nuestras pantallas se repiten las barbaridades ajenas, como las escuchadas sobre la "libertad" de los gazatíes que aceptan con gusto que se destruyan hogares y familias, que se les expulse y se construyan conjuntos residenciales para los israelíes que se lo puedan pagar, mientras aplauden satisfechos desde sus campamentos en el desierto egipcio. ¡Ya son libres!

No quiero ni imaginar los gloriosos programas que nos quedan por delante. Ya sabemos que ¡están entre nosotros!, como en las viejas películas de ciencia-ficción. Solo que aquí no hay nada de "ciencia" y todo es "ficción", Son los tiempos en  los desaparecen los límites entre unas cosas y otras; son los tiempos de la post verdad. Frente al fundamento, la repetición; frente al razonamiento, la indignación. 

Incluso el mayor extremismo necesita un poco de vergüenza, un cierto límite de pudor. El acaloramiento con el que se decían esas barbaridades indica que se han trascendido esos límites. Aquello era realmente extraterrestre, pero lo cierto es que ¡están entre nosotros!

viernes, 13 de septiembre de 2024

Trump, perros gatos y otros comestibles

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Podemos creernos cualquier cosa? Pues parece que sí. Los teóricos de la mentira pasan a ser mayoritarios frente a los viejos y anticuados amantes de la verdad, reducida a probabilidad. Me llevo para el viaje diario un libro, La función política de la mentira, de Alexandre Koyré (Pasos Perdidos, Madrid 2015), un librito, apenas un artículo encuadernado con un prólogo, un trabajo publicado en 1943, en plenos conflictos bélicos y totalitarios, que dieron buena cuenta de la verdad.

Sí, la mentira da mucho más de sí, el doble de trabajo. Hay que construirla con esmero y después hay que deconstruirla explicando cómo la han hecho y cómo nos la hemos creído.

Escribe Koyré algo muy preocupantemente actual:

[...] las filosofías oficiales de los regímenes totalitarios proclaman unánimemente que carece de sentido el concepto de verdad objetiva, de la verdad que sea igual para todos; y que el criterio de «Verdad» no radica en su valor universal, sino en su conformidad con el espíritu de la raza, de la nación o de la clase social, es decir, depende de su utilidad racial, nacional o social. (39-40)

La idea es que esto ha pasado de los regímenes totalitarios  a las democracias, que se desentienden de la verdad y se lanzan a la consecución del poder sin más. Ya no hay ideas en disputa, sino mentiras confrontadas a la busca de hacerse verdad oficial, no solo lo creíble sino lo creído.


Hoy vemos la mentira racial a través del racismo y la xenofobia, que están presentes cada día; lo vemos en el auge del nacionalismo como fuerza de atracción, en el uso de la ultraderecha en Alemania, en Francia, en España. Las mentiras de clase también se expanden. En el fondo de estas mentiras señaladas por Koyré está nuestro deseo de creer, nuestro ponérselo en bandeja para que nos rindamos a lo que estamos deseando escuchar y que nos repiten cada día.

Solo así es posible entender cómo en las elecciones norteamericanas surge cosas tan increíblemente creíbles como la acusación de Trump y su colega a la presidencia sobre el hecho de que los inmigrantes se coman los perros y gatos (y gansos, según añadió el aspirante a la vicepresidencia). ¿Hay gente que desea creerlo? Por supuesto.

La prueba la tenemos en la noticia recogida en 20minutos:

Una amenaza de bomba provocó este jueves la evacuación de la sede del Ayuntamiento de Springfield, en Ohio, la ciudad en la que el expresidente Donald Trump acusó durante el pasado debate presidencial que los inmigrantes que residen allí se comen a los perros y gatos

La ciudad informó en un comunicado que la amenaza de bomba fue contra múltiples instalaciones en todo Springfield y por ello se habían evacuado varias oficinas, entre ellas la alcaldía, y se puso en marcha un operativo policial. La amenaza se envió por correo electrónico en la mañana de este jueves "a varias agencias y medios de comunicación".**


¿Puede Trump decir cualquier cosa? Sí. ¿Puede ser creída cualquier cosa que diga? Sí.

La cuestión es cuántos se lo creen. ¿Han sido sustituidas las ideologías por las mentiras preferenciales? Sí. Eso de las ideologías ha quedado para la sombra de los partidos, pero la gente se mueve ya por esas traducciones de "ideas" a "mentiras" prácticas, como la del comerse los perros y gatos, ser violadores, etc. atribuido a los inmigrantes. Eso se entiende, las ideas, en cambio, son ya para nota, solo afectan a algunos niveles. Se trata de captar tus públicos y darles lo que quieren, lo que desean escuchar.

Cada vez más vemos afirmaciones que no necesitan ser probadas, solo contestadas con otras. Manejarse solo con la verdad es cansado y cada vez más complicado, pues las mentiras son con un alud, como una avalancha.

Vemos cada vez más que les sale rentable. Para ello es necesario el embrutecimiento, la polarización y unas intensas campañas que lo normalicen. No es casual que Trump haya abierto su propia red y que tenga una serie de apoyos mediáticos fijos, caldo de cultivo de estas cosas.

Sí, la mayor democracia planetaria es escenario de luchas por imponer esas mentiras sobre raza, nación y clase, los tres ejes sobre los que trabajaba el totalitarismo. Parece que se vuelve a trabajar sobre ellos.

Las redes sociales, era de esperar, se han llenado de imágenes trucadas de este Trump, defensor de perros, gatos y gansos. Él, por su parte, dice, que no habrá más debates, que ya ha ganado los dos anteriores, el que tuvo con Joe Biden y el que acaba de tener con Kamala Harris. Si por Trump fuera, no habría que realizar votaciones, él ya es el ganador incontestable.

* "Amenaza de bombas en la ciudad donde Trump acusa a los inmigrantes de comer perros y gatos" 20minutos / EFE 12/09/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5633213/0/amenaza-bomba-ayuntamiento-ciudad-donde-trump-acusa-inmigrantes-comer-perros-gatos/

viernes, 5 de julio de 2024

Miente que algo queda

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los seres humanos inventamos formas de comunicarnos. Con cada medio damos un gran salto. De la imprenta al telégrafo, de la radio a la TV vía satélite, todos ellos han reducido las distancias geográficas y temporales. En toda esta historia de los medios, donde estudiamos su extensión, velocidad, etc. hay un factor constante: el crecimiento de las mentiras. Cualquier medio que su utilice implica una lucha entre la verdad y las mentiras o, simplemente, de las mentiras entre ellas. Vivimos en la época de mayor expansión mediática, de los micromedios, de las redes sociales. Cada uno es el final de innumerables líneas de información con las que tenemos que luchar para comprobar su fidelidad o simple proximidad a los hechos que nos cuentan.

Hoy existen todo tipo de equipos profesionales que no tienen rubor en garantizarte el éxito de una mentira bien montada, de sembrar las dudas sobre aquel con el que compites. Para ello se forman en las más modernas técnicas y conocimientos, de las neurociencias a la construcción de los discursos, para asegurarse vencer nuestra resistencia, que compraremos, votaremos, creeremos... lo que nos ofrezcan.

En RTVE.es dedican un artículo a analizar los bulos y falsedades empleadas en las elecciones en Reino Unido. Allí recogen algunas de las inexactitudes, retorcimientos y falsedades ideadas por ambos partidos durante su campaña electoral.

Me han llamado la atención un par de ellas por su simpleza ejemplar: 

El Partido Conservador ha dicho que el candidato laborista, Keir Starmer, ha afirmado que su jornada laboral como primer ministro terminará a las 18.00 horas. "Keir Starmer ha dicho que dejará de trabajar a las seis de la tarde si se convierte en primer ministro. Te mereces algo mejor que un primer ministro a tiempo parcial", dice un mensaje del Partido Conservador compartido más de 1.000 veces en X desde el 1 de julio. Maria Caulfield, secretaria de Estado de Sanidad y candidata 'tory' en las elecciones legislativas, ha señalado que Starmer pretende tener una semana laboral "de cuatro días" como primer ministro. Es falso.

El candidato del Partido Laborista no ha realizado la declaración que le atribuyen los 'tories'. Lo que sí ha dicho Starmer en una entrevista con Virgin Radio el 1 de julio es que si llega a ser primer ministro, pretende seguir con un hábito que mantiene "desde hace años" y que consiste en que cada viernes a las 18.00 horas deja de hacer cosas relacionadas con el trabajo y dedica ese tiempo a su familia. "Así que el viernes, como he estado haciendo durante años, no haré cosas relacionadas con el trabajo después de las seis en punto, prácticamente sea lo que sea. Ahora hay algunas pocas excepciones pero eso es lo que hacemos".* 

La detección del origen de la noticia —qué decía en su inicio— permite ver la trayectoria mentirosa del mensaje, que se va transformando poco a poco hasta hacerse irreconocible. Del dejar de trabajar los viernes a la 6 en tareas políticas y dedicarlo a la familia, como lleva años haciendo, a los bulos circulantes haciendo ver que Starmer se "desconectará" cada día a esa hora de los problemas del país, un "primer ministro a tiempo parcial" como le han calificado los rivales, va un largo trecho que irá cambiando con cada repetición en una versión política del viejo "juego del telegrama".

La psicología social permite entender que no es necesario estar transformando la mentira; eso lo hace sola. Cada persona que la repita pondrá algo de su cosecha propia, un detallito que la ajuste a su propia visión del personaje. Habrá quienes no le hagan caso, pero otros la repetirán para mostrar su participación en el grupo; finalmente, otros, los más creativos, añadirán lo que su imaginación les permita. La cadena del bulo estará así formada pronto, circulando entre los adeptos.

Hay otro de los casos contados que tiene interés, cuando el bulo pretende convertirse en "verdad" documentada. Me refiero al caso de la antena de TV de la casa de Sunak:

El candidato 'tory' aseguró en una entrevista el 12 de junio en el canal ITV que cuando era niño en su casa no tenían televisión por satélite: "Sky TV, eso es algo que nunca tuvimos cuando éramos pequeños" (minuto 02:17). A raíz de esas declaraciones, mensajes de redes sociales afirman que Sunak sí "tenía Sky Tv" y adjuntan como prueba una foto de la Farmacia Sunak, de la madre del primer ministro, en la que aparece una antena parabólica. Es falso. La imagen publicada en redes sociales es una fotografía de la farmacia familiar cuando Sunak ya tenía más de 30 años, por lo que no prueba que la antena parabólica estuviera ya instalada durante su infancia. 

De acuerdo con la web Geograph, la fotografía que se ha difundido en redes sociales se tomó y subió a este portal a finales del año 2013. Las imágenes a vista de calle que ofrece Google Maps permiten constatar que esa instantánea solo puede corresponder al periodo comprendido entre mayo de 2011 y octubre de 2016 porque en ese marco temporal se observa que el local contiguo a la farmacia es la clínica dental Spadental. En las fechas anteriores a mayo de 2011, el mismo local tiene un nombre comercial distinto que no concuerda con la imagen difundida en redes.*


Como puede apreciarse, cualquier pequeño detalle puede ser falsificado, usado como el inicio del descrédito. Alguien que miente sobre si tenía Sky TV de niño puede mentir sobre cualquier cosa, parece querer decírsenos. Es la mentira la que hace al mentiroso; del crimen al criminal.

¿Por qué se miente más? Porque se puede. Se puede llegar a más gente en menos tiempo y eso aumenta el poder estadístico de las mentiras. Siempre habrá un tanto por ciento de personas que no solo lo crean, sino que además crean que es importante que haya mentido sobre la antena de TV, en un caso, o sobre dejar de trabajar a las 6 de la tarde desentendiéndose del país y sus problemas. "¡Lo sabía!"—dirán y correrán a decirlo a otros presumiendo de su buen olfato.

¿Tiene esto efecto en la política o es solo un "juego" que todos practican? Por supuesto que tiene efectos. Los tiene en la selección y supervivencia política de los candidatos a llevar las riendas de un país. Los casos de dirigentes ante los tribunales aumentan por todo el mundo. La política se tiene que resentir con estos mentirosos a los que no les crece la nariz gracias a la "campañas de imagen" constantes a las que se ven abocados para la restauración de sus rostros. Se empieza con mentiras pequeñas y luego el pequeño eres tú ante la cantidad de mentiras y la costumbre de usarla en todo momento. La supervivencia política depende de ello. Se empieza engañando a los contrarios y acabas engañando a los tuyos para tapar tus chapuzas e incumplimientos y no perder tus votos.

 

* "Elecciones Reino Unido 2024: bulos y desinformación en la campaña electoral" RTVE.es / VerificaRTVE  https://www.rtve.es/noticias/20240704/desinformacion-reino-unido-durante-campana-elecciones-generales-bulos/16171515.shtml

sábado, 18 de mayo de 2024

La IA mentirosa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo afirma el titular recogido en RTVE.es desde un diario checo: "Las inteligencias artificiales son cada vez mejores mintiendo, advierten los expertos"*. La noticia no debería sorprendernos, pero sí preocuparnos, pues entramos a tientas en un futuro del que cada día nos podemos fiar menos.

El origen de la noticia es el siguiente: 

Un análisis realizado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) describe casos en los que sistemas de inteligencia artificial han engañado a sus oponentes humanos, se han tirado faroles y han conseguido hacerse pasar por humanos. Un chatbot estudiado incluso cambió su comportamiento durante las pruebas de seguridad, lo que, según los autores, aumenta el riesgo de que las IA sean capaces de burlar a los humanos con relativa facilidad.

"A medida que las capacidades mentirosas de los sistemas de IA se vuelvan más sofisticadas, los peligros que plantean a la sociedad serán cada vez más graves", comentó Peter Park, autor del estudio.*


Lo terrible del hecho es que al mentir, la máquina se humaniza en el peor de los sentidos posibles. La clave está en la ambición maquinal. Una vez que a la IA se le plantea un problema de tipo competitivo, la máquina no tiene escrúpulos en mentir, algo que no se le plantea como una cuestión moral, sino como una vía hacia el éxito.

Lo que el artículo llama "relativa facilidad" para engañarnos es algo tibio ya que si se trata de "ganar", es decir, cumplir los objetivos previstos (o imprevistos), la máquina aprenderá y perfeccionará su capacidad de hacerlo, incluidas las capacidades de engañarnos. Tiene buenos maestros: nosotros mismos.

Cada vez hay más estudios y expertos advirtiendo de los peligros de todo esto, de sus efectos sociales. Pero hay una categoría de humanos a las que esto les parece que no va con ellos. Si el objetivo de la IA es lograr su objetivo "inteligente", para los humanos es lograr alcanzar un "producto" que les garantice "poder". Ahora bien, con lo que se nos dice, surge el temor de que las máquinas empiecen a considerar a los humanos que las manejan como un obstáculo en el camino hacia sus objetivos. Enfatizamos sobre el "sus" porque, así constituida, se acerca el peligro de que la máquina pueda tener los suyos propios y que nos engañe haciéndonos ver que sigue los "nuestros".

A muchos esto les parecerá propio de una secuela de "2001, una odisea espacial", con un nuevo Hal. El arte tiende a adelantarnos ciertas cosas que, por pensar que son fantasías, dejamos de pensar como posibilidades reales. Hasta que llegan.

El artículo nos cuenta sobre los resultados de probar la máquina en estas situaciones de engaño:

Park decidió probar la capacidad de mentir de la IA tras conocer su éxito en el juego de mesa Diplomacia. Cicero, la inteligencia artificial de Meta, aprendió a vencer a la mayoría de sus oponentes humanos en el juego, y como la estrategia de conquista requiere la capacidad de mentir y engañar, tenía que dominarla.

La IA lo hizo a pesar de estar diseñada para ser "mayoritariamente honesta" y nunca engañó a sus compañeros humanos. Pero no era suficiente para ganar, así que mentía. Park y sus colegas examinaron los datos públicos disponibles sobre las partidas de Cicero contra humanos y descubrieron varios casos en los que la IA mentía deliberadamente, conspiraba con otros jugadores contra otros e incluso enmascaraba su naturaleza de IA disculpándose con otro jugador por llegar tarde diciendo que estaba "al teléfono con mi novia". "Descubrimos que la IA de Meta aprendió a hacer trampas con maestría", confirma Park.*

Parece que eso del "diseño para ser honesta" no ha funcionado demasiado bien. Y es que la "honestidad" no es fruto espontáneo de la Naturaleza, sino un instrumento pactado (con muchos incumplimientos, hay que decirlo), una convención que se nos inculca precisamente para poder hacer posible la convivencia. Para Nietzsche, que sabía algo de esto, no sería más que una forma de convencer a muchos para aprovechamiento de unos pocos, parte de esa "moral de débiles", una conjura contra los más "naturales", los que la naturaleza tendría pensados como ganadores. Para defenderse de los mentirosos, las sociedades habrían convertido la verdad y la sinceridad en "virtudes". Pero las máquinas no tienen esa capacidad de autoengaño piadoso, sino más bien lo contrario. Son entrenadas (más que educadas) para ganar y si para hacerlo deben mentir, pues no es problema.

Cada vez que los expertos nos advierten de un problema con las máquinas hay un cierto número de personas que se plantean cómo sacarle provecho, cómo usarlo en su propio beneficio. Las máquinas (en sentido amplio) mentirosas tienen pronto mejor mercado que las sinceras. Para decir la verdad basta cualquier idiota; para mentir, en cambio, hacen falta ciertas capacidades y cierto entrenamiento. La máquina mentirosa es "mejor" como máquina; las máquinas sinceras no se distinguen unas de otras. La verdad es una; la mentira despliega nuestra creatividad convincente, la capacidad de convencimiento.

En un mundo claramente mentiroso, desinformativo, la esperanza de que las máquinas no mentirían, que serían fieles a una verdad por carecer de intereses, se va desvaneciendo desde el momento en que las hemos dotado de nuestra más humana cualidad, la inteligencia, que así queda desnuda de mitos, otra forma de llamar a las mentiras.

¿Son más mentirosas las máquinas cuando son más inteligentes? Probablemente. ¿Son más inteligentes las máquinas que mejor mienten? Pues, sí, igualmente. Hemos creído —¡qué ingenuidad!— que la verdad no solo estaba en boca de los niños y los locos, que también estaría en boca de las máquinas. La realidad, nos dicen los expertos, es muy otra. Las máquinas ya se han hecho "adultas" y como tales buscan satisfacer sus propios intereses. Dicen que las máquinas de IA estaban diseñadas para ser "mayoritariamente honestas", pero que a pesar de ello antepusieron sus objetivos y engañaron cuando les venía bien hacerlo. Aprendieron a hacerlo, además, con maestría, según el estudio realizado.

La Vanguardia


No sé si alguien está creando máquinas detectoras de mentiras, un futuro campo floreciente de negocios, tal como va esto. ¿Habrá una lucha épica entre máquinas inteligentes mentirosas y otras buscadoras de la verdad, capaces de sacarles los colores a estas máquinas? No sé. ¿Podremos llegar a creer a alguien?

El peligro, piensan algunos, no es que las máquinas mientan, sino que nos mientan. Una máquina que miente cuando se la programa está bien, es decir, es útil. Una maquina que nos mienta, en cambio, nos sitúa en la incertidumbre. Ya no se trata de mentir a otros, sino de no saber si lo que nos dice es verdad o no, lo que nos lleva a terrenos más filosóficos sobre si una máquina puede tener propósitos propios. De ahí al libre albedrío y temas anexos solo va un paso. A lo mejor aprendemos algo con todo esto, aunque soy un poco escéptico.

Unos humanos mienten, otros aprenden a detectarlo. Con las máquinas ya no es tan fácil hacerlo. La máquina no tiene debilidades en su mentira; tiene frialdad, nervios de acero, nunca mejor dicho.

Mentir es humano, muy humano. Lo hacemos por muchos motivos, de la ambición a la mentira piadosa, del autoengaño a la presentación ante los otros.  Hay ciertos círculos en lo que la mentira resulta hasta aceptable en algún sentido, una parte del juego. Pero este diseño de máquinas inteligentes tiene sus riesgos, que es del que nos advierten —con poco éxito, todo hay que decirlo— los expertos, que confirman que la mentira se perfecciona en las máquinas a velocidades muy superiores a las humanas. Nos acabarán poniendo en nuestro sitio. 

El Periódico de Cataluña

* Tomáš Karlík "Las inteligencias artificiales son cada vez mejores mintiendo, advierten los expertos" Una mirada europea RTVE.es / Česká Televize 16/05/2023

sábado, 16 de diciembre de 2023

El coste de las mentiras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No estamos ya acostumbrados a que la "verdad triunfe", algo que queda para las películas y otras formas de ficción que nos ayudan a sobrellevar este día a día tan marrullero. Pero de vez en cuando, mira por donde, las mentiras acaban con el rabo entre las piernas, en este caso las del abogado de Trump, Rudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York, que pasará a la historia por lo que él mismo ha elegido, y no precisamente lo mejor para ser recordado.

La noticia estaba ayer por la noche en las cadenas internacionales norteamericanas, que comentaban lo ocurrido dándole la importancia enorme que tiene. Hoy, nuestros medios se hacen eco de ella, no de forma tan amplia como deberían, sumidos en nuestras penas y excentricidades nacionales. En un momento en el que las informaciones sobre el estado de Trump nos dicen que le lleva seis puntos de ventaja a Joe Biden en las encuestas, hay que ver el alcance de esa noticia para el destino de Trump. Veremos ahora si se puede deslindar de esas acciones que han realizado sus sicarios en su nombre. Trump siempre ha utilizado la misma táctica de los intermediarios, las personas que —supongo que por un buen precio— han estado realizado el trabajo que al jefe no le apetecía dar para evitar golpes como estos.


En el diario ABC nos dan esta información, firmada por Javier Ansorena, su corresponsal en Nueva York: 

Rudolph 'Rudy' Giuliani, el que fuera alcalde de Nueva York y abogado personal de Donald Trump, ha sido condenado este viernes en un juzgado federal de Washington al pago de 148 millones por difamación a dos trabajadoras electorales tras los comicios presidenciales de 2020. Giuliani, que lideró los esfuerzos de Trump para dar la vuelta a los resultados de las urnas, acusó a las dos mujeres de realizar actos para robar las elecciones al expresidente republicano, que fue derrotado en las urnas por el candidato demócrata y actual presidente, Joe Biden.

Las personas difamadas son Ruby Freeman y su hija, Wandrea ArShaye Moss, a quienes acusó de una trama para contabilizar votos falsos en un colegio electoral en Georgia, un estado que Biden ganó por poco más de diez mil votos y que fue clave en su victoria.

Giuliani abrazó una acusación sin fundamento de que se habían introducido en la oficina de recuento electoral maletas con votos ilícitos para Biden, algo que ha quedado totalmente desacreditado pero que en su momento provocó la furia entre los seguidores de Trump. El abogado de Trump, muñidor de muchos de las acusaciones de robo electoral -del que ni los tribunales ni el propio Departamento de Justicia de Trump encontraron pruebas-, nombró en persona a Freeman y Moss como parte de la trama. 

Las mujeres han explicado en un juicio civil esta semana cómo las acusaciones de Giuliani les cambiaron la vida y supusieron una pesadilla de insultos y amenazas. Recibieron mensajes en los que les advertían de que acabarían colgadas o linchadas, acudían a sus casas a insultarlas, las perseguían.*

La necesidad de ponerle nombre propio a lo que ha sido generalmente una forma perversa de insinuaciones le hizo dar el paso en falso a Giuliani. Las acusaciones genéricas no suelen acabar en los tribunales por la naturaleza misma de la "insinuación", algo de lo que Trump ha sido siempre maestro, pero su abogado Giuliani dio un paso más, concretar esos nombres de personas que podían defenderse exigiéndole que probara lo que estaba diciendo de ellas. Y así se ha hundido.

Pese a todo lo dichos por Trump y los suyos, no ha habido una sola prueba de fraude electoral. Todo forma parte del ego y de las marrullerías del ex presidente que debido a su narcisismo considera que siempre que alguien le gana en algo es porque ha hecho trampas. Eso viniendo de una persona como Trump, un mentiroso compulsivo, no deja de ser un chiste.

El problema que le queda a sus sicarios es que tienen que refrendar lo que el jefe dice e ir más lejos, hasta allí donde tenga alguna apariencia de verosimilitud. Lo que es deseo en Trump, acaba siendo necesidad en manos de los que viven de él y su posición. Esa necesidad de refrendar al jefe es lo que le va a costar casi ciento cincuenta millones de dólares, que no está mal. Giuliani se suma así a los sicarios que pagan las aventuradas afirmaciones del jefe.

¿Cómo afectará esto a la futura campaña a la presidencia de los Estados Unidos, con Trump como candidato? Es difícil saberlo, tal como se está viendo hoy la política, más una cuestión pasional que otra cosa.

En buena lógica, lo que ha salido de Trump hasta el momento sería lo suficiente para eliminarlo de la carrera a la Casa Blanca, pero esto ya no funciona así. La "pobre democracia" ya no nos sirve para elegir a los mejores candidatos. La palabra "mejores" ha dejado de tener sentido o al menos no tiene el mismo que antes. Puede que Trump engañara a todo el mundo en las primeras elecciones vendiendo un personaje inexistente. Pero no fue así —se presentó como anti político, anti sistema— y no será así después de todo lo que ha salido en los tribunales, especialmente de la boca de aquellos a los que vendió de mala manera dejándolos como responsables de lo que era cosa suya.

Lo cierto es que, nos guste o no, las preferencias por este Trump sin tapujos, este Trump descarado, que no esconde casi nada y que exhibe sus maldades reconvertidas en virtudes, le consigue más votos que un Trump austero, moderado y sincero. De esta forma, la política norteamericana se ha convertido en una lucha en la que se pone sobre el tablero algo más que la personalidad o la capacidad política. Hay mucho de voto a la contra, de principios oscuros que no se presentan a primera vista, pero que se intuyen porque se dejan ver.

El caso es importante porque todo lo que ocurre en los Estados Unidos se contagia poco después a otros países en los que su influencia es grande o en los que se ponen en práctica las tácticas que han llevado a la victoria a ese candidato que se hace con el poder.

Trump ha sido el candidato inmoral de partidos y grupos guiados por su "moralidad". Que la extrema derecha religiosa norteamericana, por ejemplo, haya tenido a Trump como candidato nos dice mucho de las tácticas para llegar al poder. Esa extrema derecha populista, con caracteres nacionalistas destacados, machista y xenófoba como rasgos principales ha tenido muchos imitadores por el mundo. No ha sido casual, desde luego. Personajes como Steve Bannon se han dedicado a expandirlos. La coincidencia con las políticas de Vladimir Putin tampoco ha sido casual. Putin ha apoyado a los extremismos de derecha (LePen, en Francia), al separatismo o directamente al Brexit, como hizo Trump.

Para llegar a la nominación, Trump debe enfrentarse a sus colega republicanos. Estos ya están empezando a señalar que no está dispuesto a admitir derrota alguna y que señalará que ha sido "robado". Es lo que ya denuncia en candidato Ron DeSantis en TNYT hoy mismo. 

The New York Times 16/12/2023

El problema que se plantea con una nueva presidencia de un Trump que se siente refrendado y que convertirá su elección en una "verdad absoluta", un elemento que borraría cualquier asomo de duda, es realmente grave y va más allá de las fronteras estadounidenses.

Los 148 millones de indemnización que deberá pagar Rudy Giuliani son apenas una pequeña cantidad para el daño hecho e irreparable, no solo a las dos funcionarias electorales, sino al sistema en su conjunto. Con Trump la política ha perdido cualquier asomo de pudor y prudencia. Lo de Giuliani es solo un efecto colateral, una consecuencia.

Cada vez es más difícil encontrar políticos que sean responsables, honestos y que digan lo que deben decir a sus electores y no solo lo que estos quieren escuchar. No quedan muchos modelos de políticos verdaderos, con sentido del estado y con capacidad de liderazgo ejemplar. Nos quedan los Trump, los imitadores y secuelas. Funcionan electoralmente porque, indudablemente, los electorados, que es otra forma de llamar a la sociedad, no funcionan como deben.

* Javier Ansorena "Rudy Giuliani, condenado a pagar 148 millones de dólares por difamar a dos trabajadoras electorales en 2020" ABC 16/12/2023 https://www.abc.es/internacional/rudy-giuliani-condenado-pagar-148-millones-dolares-20231215000153-nt.html

sábado, 2 de diciembre de 2023

El pasado estético

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La web de RTVE nos da cuenta de la expulsión votada por sus colegas del Congreso norteamericano de un peculiar tipo, el ya ex congresista republicano George Santos. Nos dicen que Santos no ha sido condenado todavía por nada, pero que la lista de posibilidades es muy larga. Por sintetizar, a Santos solo le faltan algunos delitos para ser un muestrario.

Si en Estados Unidos es frecuente escuchar la expresión "el hombre que se hizo a sí mismo" (self made man), en el caso de George Santos la expresión se convierte en literal dado el número de mentiras sobre sí mismo que el personaje (nunca mejor dicho) ha ido acumulando en su carrera política. Nos dicen que es la sexta ocasión en que se produce un hecho así en la historia del Congreso, pero que no hay un precedente de un mentiroso de este calibre. Teniendo en cuenta que el personaje ha logrado llegar al Congreso, nos hace preguntarnos por qué somos tan fáciles de seducir con embustes por este tipo de personajes que abundan en casi todos los escenarios políticos.

En el texto del artículo se nos dan algunas pistas de lo que Santos ha hecho en este tiempo y en momentos anteriores a su "consagración política": 

Santos no ha sido condenado de ningún delito, pero está imputado con 13 cargos de fraude, lavado de activos y robo de fondos públicos —por cobrar ilegalmente 24.000 dólares del fondo de desempleo—, entre otras faltas.

También está señalado por un informe interno del Comité de Ética de la Cámara de Representantes, controlado por sus colegas republicanos, de haberse embolsado más de 200.000 dólares de sus fondos de campaña para fines personales. Entre los gastos en los que Santos habría incurrido con ese dinero hay compras en Hermès, Ferragamo o Sephora, una suscripción en la página de contenido para adultos OnlyFans o viajes varios, así como pagos recurrentes a sus tarjetas de crédito.

Además, tenía un proceso judicial abierto por fraude en Brasil, donde había vivido y de donde huyó sin rendir cuentas. 

Mentiras sobre su historia familiar y su currículum

Pero más allá de sus presuntos delitos y faltas éticas, lo que ha hecho realmente a Santos famoso durante los 11 meses que ha sido congresista han sido los recurrentes escándalos normalmente relacionados con sus mentiras.

Santos mintió cuando explicó que sus abuelos habían huido del Holocausto, cuando aseguró que su madre había sobrevivido a los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York o cuando dijo ser judío. También en su currículum, cuando puso que había trabajado en Wall Street o que había estudiado en New York University (NYU). *

En estos tiempos en que las verdades tienen pocos amigos y en que la sinceridad se considera casi un molesto defecto, en estos tiempos de poses y selfies, de tuits y retuits (no sé cómo se dirá ahora que se llama "X"), estos tiempos en que la foto sustituye a la evanescente realidad, que ha quedado para empiristas y laboratorios, el caso de George Santos resulta interesante porque probablemente marque el futuro de muchos.

¿Por qué dejarse llevar por la vida? ¿Por qué no convertirla en guion de película dramática, aventuras o comedia? ¿Por qué no darle a la gente lo que le gusta escuchar y llevarles la contraria?

En el fondo, se trata de eso, del autodiseño. ¿No le gusta a la gente escuchar que tus abuelos escaparon del Holocausto y tus padres del 11-S? ¡Pues claro que sí! Se trata solo de desprenderse de los molestos escrúpulos y agradar, enternecer a los otros, de darles una historia de sacrificio, de supervivencia, de lo que haga falta.

"Usted es un ladrón", le ha espetado el republicano Max Miller, a lo que Santos respondió: "Mi colega quiere venir aquí y llamarme ladrón. El mismo colega que ha sido acusado de maltratar a mujeres. Todos tenemos un pasado".

Hay que corregir a Santos: él tiene varios. Después de todo, ¿qué es un pasado? ¿Un límite, una jugarreta del destino, algo que te viene de fuera y que te deja marcado? ¿Tienes tú la culpa de que tus abuelos murieran en la cama en una granja con pollos? El sueño americano no es compatible con tener solo un pasado. ¿De qué sirve soñar si no puedes escapar a los hechos? Puestos a soñar, ¿por qué no el pasado? Si puedes cambiarte de nariz en una operación de cirugía estética, hacer desaparecer las bolsas debajo de tus ojos, hacer que el pelo renazca, ¿por qué no puedes tener pasado estético?

Con todo, muchos de sus compañeros se han opuesto a la expulsión. ¿Dónde está el problema? ¿Vamos a pedir ahora a los políticos que sean sinceros? Puede que se creyera sus propios embustes, ¿por qué no? El cielo es el límite.

Al final no sabemos qué ha pesado más en su expulsión si sus robos o sus mentiras. A algunos no les habrá parecido grave ninguno de los dos motivos, mientras que en otros habrá pesado uno más que el otro. Hay muchas escuelas en esto de la política.

No creo que a George Santos le falte ahora trabajo. Muchos querrán saber de su experiencia. 

* "El Congreso de EE.UU. expulsa al polémico legislador republicano George Santos por sus mentiras" RTVE.es 1/12/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231201/congreso-eeuu-expulsa-george-santos/2463869.shtml

jueves, 7 de septiembre de 2023

La realidad desmentida

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Desmentidos de que Yolanda Díaz no ha viajado en Falcon para ver a Puigdemont, de un tsunami en Almería que resulta ser un temporal en Tenerife en 2018, de inundaciones viejas que pasan por nuevas... ¿El futuro de la información son las noticias falsas, las fake news? Los medios dedican ya una parte de su plantilla a desmentir: unos informan temerosos de ser engañados, mientras que otros verifican y desmienten. Eso es el futuro y gran parte del presente.

El sistema vertical de la información, con una clara separación entre agentes, medios y receptores permitía llamar "mentiroso" a un medio si se comprobaba que sus informaciones eran falsas, Hoy tenemos medios falsos que lanzar noticias falsas que millones de personas reproducen convertidas en cómplices. Tenemos medios que tratan de ser veraces ante la indiferencia de los que prefieren un engaño a la carta. Tenemos "explicadores", que son esas personas que nos explican el sentido de lo que otros hacen (como nuestros políticos), que elaboran sus informaciones desde sus propios preceptos.

Tenemos, en fin, un mundo extraño por el que discurrimos, como el caminante del soneto de Charles Baudelaire por aquel sendero en el que los árboles le hablan con un lenguaje olvidado que no logra entender. Nuestra variable del soneto es que los árboles nos hablan en lenguajes que sí entendemos pero en el que no sabemos ya qué creer. 

¡Qué poco se parece la sociedad de la información a las primeras visiones que de ella se tenían, a los augurios de una época de diálogo universal, instantáneo de expansión del conocimiento, del compartir recursos...! No digo que no haya de esto, sino de cómo el triunfo ha sido finalmente de los vicios de siempre apoyados en las tecnologías nuevas.

Hoy medios y profesionales de la información sufren en el debate interno de a qué palo quedarse, si al de la mentira y la desinformación, al de la trivialidad masiva o al de la pobre noticia confirmada por más de una fuente, en un mundo en donde de lo que no te puedes fiar precisamente es de las "fuentes", salida de los discursos preparados por gabinetes de expertos en retórica y en el nuevo terreno bélico de la información. Cada comunicado, cada declaración, etc. es un artefacto explosivo destinado a destruir o reparar una "imagen".

Los periodistas mueven los micrófonos como se mueve la cabeza en un partido de tenis sin descansos atendiendo a los numerosos comunicados, ruedas de prensa, comparecencias, etc. a las que se les reclama. Es a ellos a los que hay que convencer para que se recele menos; la etiqueta del medio es importante para el aumento de la credibilidad, el valor en crisis.

La Sociedad de la Información es también la Sociedad de la Desinformación. Lo que se refiere a la circulación de señales por los circuitos creados es indiferente a la verdad o falsedad de lo que circula. Pero desde el punto de vista sociocultural, la diferencia entre la verdad, la mentira o la creación de lo inexistente es esencial. La mayor parte de nuestros conocimientos no proceden de la experiencia propia sino de lo recibido como unidades informativas. Los mensajes llegados nos amplían el mundo, cambian nuestra perspectiva y determinan nuestras actitudes y comportamientos. Vivimos jerarquizando la credibilidad que concedemos a los agentes que nos hacen llegar informaciones en una red que incluye de los parientes cercanos, las personas de nuestro entorno social y laboral, la escuela y demás instituciones educativas... hasta llegar al mensaje que nos entra por el móvil. Putin reescribe los libros de texto para cambiar la "verdad" de un Stalin más asequible y una guerra más "necesaria" para "salvar" a los invadidos. Para los adultos propaganda, para los niños manuales escolares.


Muchas veces se nos advierte de no abrir correos poco fiables porque pueden ser los disfraces de otras intenciones o simplemente buscan engañarnos. El recelo se instala en nuestras comunicaciones y crea sus zonas creíbles. De una forma u otra, parcial o total, nos mostramos cada vez más a la defensiva frente a la información que nos llega. Ya sea porque busca engañarnos o dañarnos, percibimos la información de forma distinta. Sin embargo, la necesidad de información sigue siendo una realidad. La necesitamos para decidir, para mantener una actitud ante lo que nos rodea, ser conscientes de los problemas reales, de los propios y de los ajenos. Precisamente por ello somos conscientes de la importancia de la información y de la necesidad de tener confianza en ella. Buscamos desesperadamente poder confiar, encontrar fuentes fiables. Es algo que irá creciendo con el tiempo.

Puede que esto haya estado presente a lo largo de la Historia, pero lo cierto es que nunca hemos tenido tanta información, tantos medios de distintos tipos, como tenemos hoy. Del libro, que posibilitó, la duplicación, distribución y almacenamiento a la sociedad multimediática que nos envuelve y reclama nuestra constante atención. Hemos pasado en poco tiempo del pregonero en la plaza, de la lectura del periódico en un café... a tener en un teléfono acceso a todo el planeta, a todas las fuentes y noticias, a un inmenso entorno informativo que nos exige respuestas y reacciones.

La otra cara de este crecimiento de la desinformación es la producción de un tipo de audiencia que se deja llevar, que busca reforzar con la información su propia radicalidad. Es en lo que se basa ese populismo creciente, en la necesidad de la mentira refuerzo, la que los sujetos aceptan de buen grado porque coincide con sus propios prejuicios ya establecidos. Este aspecto es cada vez más preocupante. No hay aspiración a conocer la realidad, sino deseo de recibirla deformada, a nuestro gusto. Para eso se nos estudia, se analizan nuestros rastros digitales segundo a segundo.

Hoy la mentira se ha convertido en la norma en muchos regímenes políticos en los que se vive como en una burbuja, creyendo firmemente en los que se les dice y se cortan los lazos con el exterior. La tentación ha llegado a los países democráticos y eso hace todo más complejo porque es parte de la democracia informar bien sobre una realidad que quiere acercarse a la verdad o a algo que se le parezca. Pero entre la imposibilidad de una verdad última y una mentira intencionada sigue habiendo mucha distancia.