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sábado, 11 de noviembre de 2023

La batalla del móvil

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En su Comprender los medios de comunicación (1964), el canadiense Marshall McLuhan escribió:

La descomposición de la tribu por la capacidad de leer y escribir y sus efectos traumáticos sobre el hombre tribal es el tema de un libro del psiquiatra J. C. Carothers, The African Mind in Health and Disease (Organización Mundial de la Salud, Ginebra, 1953). Gran parte de su material apareció en un artículo de la revista Psychiatry, de noviembre de 1959: «La cultura, la psiquiatría y la palabra escrita». Una vez más, es la velocidad eléctrica la que ha revelado las líneas de fuerza que, desde la tecnología occidental, operan incluso en las zonas más remotas de la sabana y del desierto. Un ejemplo de ello es el beduino montado en camello y escuchando la radio. (trad. Patrick Ducher)


Para el McLuhan profeta de los medios, ese ejemplo representan el punto en el que la tribalización vuelve a reinar tras el episodio de la individualización de la escritura. Escritura y lectura nos distancian, mientras que el mundo oral es colectivo. La electrificación, señala McLuhan, nos lleva a las tribus, representadas por ese beduino sobre su camello escuchando la radio, la nueva oralidad eléctrica.

Hoy el beduino no tendría una radio en su mano, sino un teléfono móvil con el que podría estar conectado por videoconferencia con sus colegas tribales o de cualquier parte del mundo, chatear, escuchar música, hacer fotos desde lo alto de su camello recogiendo la belleza de las puestas de sol y podría tener una aplicación para saber la posición de los animales que vigilara, entre otras muchas cosas.

El mundo del beduino ya no es solo eléctrico, como el descrito por McLuhan, sino digital y global. Todo pasa por su móvil y su móvil es el centro de su mundo. Desde allí recibe todo y desde allí emite todo.

En cierto sentido, todos somos ya ese beduino en lo alto de un camello, conectados al mundo y, a la vez, lejos de él. El móvil conecta y aísla simultáneamente. Estar conectados, además, implica una dimensión teatral. No somos más nosotros mismos, sino más el resultado de las miradas de los otros, que nos modelan con sus imposiciones. Cuantas más conexiones, más dimensiones del yo en marcha.

El teléfono móvil se ha convertido en un centro absorbente de atención que nos aísla a la vez que nos conecta. Nos aísla de todo lo que no aparase en la pantalla, escenario feroz de una guerra no declarada, una "operación especial", que diría Vladimir Putin, en nuestro cerebro.

Los psicólogos y educadores nos lo advierten. Los profesores universitarios lo padecemos como en cualquier otro nivel. Lo padecemos de dos formas. A) desde la perspectiva de los contenidos, han empleado la mayor parte de su tiempo en atender lo que el móvil les demanda, olvidando atender muchas otras cosas; sencillamente se han movido por el mundo durante unas décadas ya ignorando todo aquello que no aparece en las pantallas. Nada de Literatura, cine, etc. solo lo que el móvil les manda para tener la sensación de que están "conectados" al mundo. B) como nos explican psicólogos y economistas, el descenso de la edad de uso del móvil busca generar una adicción. Esto cambia el sentido del tiempo y se produce una incapacidad de mantener la atención, algo que constituye la queja en colegios, institutos y universidades. La atención fija se convierte en un imposible de sostener cuando el hábito es el cambio permanente, la necesidad de fijar la mira en el móvil el deseo incontrolable de verificar si se han puesto en contacto con los nosotros. He proyectado películas mientras los alumnos eran incapaces de fijar la mirada en la pantalla y esta se les iba irresistiblemente hacia sus teléfonos.

Hace unos días asistí a una comida en la que el hijo, mayor de 20 años, mantuvo todo el tiempo el teléfono bajo la mesa. Sus ojos iban del plato a la pantalla, entre bocado y bocado. No había otro movimiento; no dirigió una palabra a sus padres en toda la comida.

La guerra del móvil va a comenzar ya. Más bien se trata de una "reconquista" de un territorio, el atencional, para poder llenarlo de contenido antes de que se convierta en eso que han llamado "memoria de pez", algo que apenas dura unos segundos.

La guerra por recuperar la atención se presenta fuertemente disputada, épica. Se trata de convencer a las víctimas de que lo son, de que está perdiendo gran parte de su vida en cosas efímeras por definición, una larga cola de instantes intranscendentes.

Los libros se acumulan sobre esta cuestión. A los que viven de ella no les importan. Lo disfrazan como parte de la "nueva economía", la que se disputa nuestra atención, la que le pone precio. El problema es que su objetivo es formar adictos distraídos, gentes incapaces de separar sus ojos de esas pantallas que hoy muchos piden prohibir en los colegios. Como a todo adicto, la supresión de su materia de adicción conlleva efectos de irritación, violencia, etc.  Los padres que han dejado a sus hijos teléfonos para poder estar tranquilos mientras consultan los suyos experimentarán ahora los efectos de esos años con el móvil en la mano, ojos y mente.

Por allí han dejado de pasar libros, películas, etc. Es la conexión al momento y la negación del pasado como legado. Generaciones ligeras, cargadas solo con el presente, incapaces de conectar con la cultura. Esto es ya un hecho y la diferencia entre los que son incapaces de dejar el móvil y los que han sido educados de otra forma empieza a ser abismal. Afecta directamente a la educación y, por ello, a nuestras vidas en lo personal, lo relacional y lo cultural.

Solo beduinos en el desierto, con el móvil en las manos. No hay más. Una nueva forma de tribu, aislada y a la vez conectada a través de los móviles o dispositivos que les hacen sentir que hay algo más allá de las pantallas, un estímulo constante y adictivo a la virtualidad.

 

miércoles, 8 de junio de 2022

La desconexión rusa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Rusia sigue desconectándose del mundo, distanciándose de los demás países con los que rompe lazos y escenarios comunes. Se está deshaciendo de todo aquello que no sea el mandato de Putin. Con cada lazo que suelta, Rusia cae en un vacío autorreferencial. Pronto Rusia no tendrá más horizonte que mirar que el espejo que le devuelva su propia imagen.

La noticia que nos traen los medios sobre su desconexión del Tribunal Europeo de Derechos Humanos es preocupante para los rusos que conserven cierto sentido del mundo que les rodea, no solo el de la propaganda. En RTVE.es leemos:

"El TEDH se ha convertido en un instrumento para ejercer la presión política contra nuestro país desde Occidente. Algunas de sus decisiones directamente contradicen nuestra Constitución, nuestros valores y nuestra tradición", ha asegurado el presidente de la Cámara Baja del Parlamento, Viacheslov Volodin, según recoge la agencia de noticias TASS.*

Ese énfasis en el "nuestro" nos permite observar con claridad la etapa aislacionista que se abre y de la que solo serán conscientes aquellos que la padezcan directamente. Con ese "nuestros" por delante, Rusia se convierte en ente autónomo separándose del resto, de los que mantienen —pese a las diferencias— aspectos en común, referencias compartidas.

Desde el final de la II Guerra Mundial se han creado instituciones comunes que permitían corregir un desarrollo divergente en cuestiones importantes sobre lo que era la justicia.

La Justicia puede ser un mero instrumento del poder, una forma de controlar a los ciudadanos, o puede aspirar a tener una visión compartida que tienda a corregir esa tendencia del poder a convertirlo en herramienta de control. Recordemos que hoy vemos también la noticia de la crisis por la manipulación del sistema judicial puesto al servicio del poder en Polonia. No recibirán más fondos mientras no lo solucionen, han señalado Ursula von der Leyen.

El caso de Rusia va más allá. Deja de reconocer a los Tribunales comunes, los que ejercen una doctrina común y velan por un sentido más universal de la Justicia, lo que equivale a decir una mayor protección de los ciudadanos.

Nos explican:

El pasado 15 de marzo, Moscú anunció formalmente en plena guerra de Ucrania su retirada del Consejo de Europa y del Convenio Europeo de Derechos Humanos, si bien aseguró que cumpliría con las decisiones del TEDH que no contradijeran la Carta Magna rusa, pero ahora va un paso más allá y decide romper cualquier relación con el tribunal europeo. 

Rusia es ya "otro planeta", confirmando no compartir nada con todo lo que esté más allá de sus fronteras, primer problema que Rusia plantea. La guerra que Rusia no ha declarado de forma oficial, pero sí practica, es una primera demostración de ignorar todo del otro, empezando por sus fronteras.

Auto aislada del mundo por ese "nosotros" absoluto, Rusia puede decidir dónde empieza y acaba Rusia, qué legislación se les aplica y cuáles son los males que les achaca. Hay muchos países en conflicto por cuestiones fronterizas, pero muy pocos hacen lo que hace Rusia y, desgraciadamente, seguirá haciendo. El razonamiento es sencillo: adopta una visión unilateral del mundo y actúa en consecuencia. Rompiendo con los foros e instituciones internacionales, Rusia se aísla y actúa unilateralmente.

Desde su unilateralidad, Rusia le dice al mundo cómo tiene que actuar, en qué moneda le deben pagar, a que instituciones pueden o no pertenecer, a quién y cómo se puede ayudar, etc. Todo eso y mucho más debe ser aceptado o, en continua amenaza al mundo, atenerse a las consecuencias.

Ente esto solo caben dos posibilidades, aceptarlo o plantar cara y demostrar que no puede decidir sobre los destinos ajenos, sobre su propia identidad territorial, como hizo con la anexión de Crimea. En este sentido el "nosotros ruso" incorpora un sentido "imperial" y "autoritario", al que se le suma un perverso y retroactivo sentido de la Historia. El que Rusia controlara en la época de la Unión Soviética la mitad de Europa, hasta Alemania, nos muestra el rostro ruso autoritario e imperial. El hecho de que haya "nostálgicos" de la época soviética no lo es por el Partido Comunista en sí, sino por la capacidad de anexionarse el hemisferio norte euroasiático. Rusia ha tenido y tiene siempre conflictos en sus fronteras, de China y Japón a Ucrania. El miedo fronterizo es consustancial a su propia mentalidad imperial. Cuando las cosas son tan grandes que apenas se pueden abarcar, surge el miedo al ataque. Sin embargo, nadie ataca a Rusia; son sus amenazas constantes las que provocan la defensa ante sus constantes deseos de expandirse.

Lo que quería evitar, tener a la OTAN a sus puertas, se ha visto acrecentado por su propio miedo agresivo. Es lo que ha conseguido, lo contrario de lo que se proponía. Solo le quedan las constantes amenazas fuera y el involucionismo retrógrado dentro. Desconectada del mundo, a Rusia solo le queda intensificar sus "valores patrios" y convertirlos en diferenciales e identitarios simultáneamente: somos así y no somos como los demás. En esto la religión y las tradiciones se elevan a principios mágicos que les convierten en reserva histórico espiritual, en un destino de salvaguarda de lo divino y humano entremezclados, es decir, la Santa Rusia.

Queda por dilucidar el sentido de todo esto, qué sentido tiene aislar a Rusia del mundo, convertirla en un enemigo común y crear una crisis que pagará el pueblo ruso junto al resto del planeta. En la medida en que se han cerrado las puertas, dónde se podrá debatir una solución a algo cuya realidad se niega (no hay guerra ni invasión), cuyos escenarios de mediación se destruyen y con principios que se declaran incompatibles con los demás. 

* "La Duma rusa elimina la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Rusia" RTVE.es 7/06/2022  https://www.rtve.es/noticias/20220607/guerra-ucrania-rusia-duma-elimina-jurisdiccion-tribunal-europeo-derechos-humanos/2367783.shtml

martes, 30 de noviembre de 2021

La injusticia sudafricana

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hubo que esperar hasta la quinta noticia para escuchar algo positivo. Todo "se dispara": los contagios, la inflación, las cancelaciones... "Dispararse" parece ser la respuesta de estos tiempos a los cambios rápidos, explosivos por la amplificación de la información instantánea. "Las malas noticias vuelan rápido" solía decirse y es probablemente una de esas ideas que siguen siendo válida. Lo negativo corre más deprisa que lo positivo.

En un mundo interconectado, global y vertiginoso, cualquier noticia puede acelerar procesos. La velocidad de Sudáfrica al notificar la variante Ómicron se vuelve contra ella, según su propia queja. Los sudafricanos tienen razón: haber sido tan rápidos ha hecho que las reacciones mundiales hayan sido muy rápida, aislándolos del mundo en apenas unas horas.


En RTVE.es se señalan las grandes diferencias entre continentes y cómo África es el que tiene las cifras globales más bajas, el 7% de su población. Dentro del continente, la que tiene el nivel de vacunación más elevado, sobre el 24%, es la propia Sudáfrica donde se detectó el brote de Ómicron. 

La paradoja es que Sudáfrica, cuya capacidad investigadora para secuenciar el genoma del virus ha permitido detectar esta variante ómicron, se ve ahora señalada y aislada por el resto de países, afirma Ignacio López-Goñi, microbiólogo de la Universidad de Navarra, en declaraciones en Las mañanas de RNE.

Según el análisis de las pocas muestras disponibles, añade, "no es que esta variante haya explotado en Sudáfrica, sino que probablemente se viene moviendo por el planeta desde hace bastante tiempo". Sin embargo, los sistemas de vigilancia no la detectan hasta que no hay un brote, ha explicado el experto, que considera que no tiene sentido cerrar las fronteras con los países del sur de África y castigar al país que ha hecho su trabajo y ha sido transparente con el resto del mundo.

 


La rápida detección de casos de Ómicron por casi toda Europa y Asia, parte de África, parece dar la razón a López-Goñi. Es cierto que la mayor parte de los casos están vinculados a Sudáfrica. Los afectados tienen algún vínculo de viajes con ella: de los jugadores de golf que fueron a jugar a los equipos deportivos o personas que iban a realizar turismo o negocios. Desde Sudáfrica, los contagios se ven de otra manera; pero el hecho de que la gran mayoría tengan un vínculo sudafricano de contacto directo (viajes) o indirecto (en segundo o tercer grado) ha hecho que las alertas se hayan dirigido al país y a los movimientos de idas y venidas.


Sudáfrica, por boca de sus autoridades, se queja de que la aíslen, de que sea una medida drástica e injusta. Pero esto no tiene casi nada que ver con la "justicia" sino con movimiento de pánico y de supervivencia. Los gobiernos tienden a ser rápido en estas medidas y mucho más lentos en las medidas internas, mucho más impopulares y con resistencia en grado diverso.

A la pregunta de si es justo le sigue otra importante: ¿es útil? Desgraciadamente es nuestra movilidad la que lleva los virus de un lado a otro, por lo que las limitaciones son productivas, aunque esta forma quizá no lo sea tanto si a lo que lleva es a mayor movilidad interna. Con el virus circulando socialmente a través de nuestra relaciones y contactos, con el beneplácito de los sectores afectados, es evidente que el problema se plantea con una nueva variante cuyos efectos se desconocen y, lo más importante, no sabemos hasta qué punto la protección de las vacunas actuales le frena. Ante estos problemas, la respuesta del bloqueo se ha vuelto vertiginosa. Primero se cierra y después ya se verá si tenía sentido.


La rapidez ha servido para determinar con claridad los contagiados y sus motivos de desplazamiento, ocio y negocio. Mientras el sistema para fomentar los viajes sea fingir que todo "es seguro" seguiremos teniendo un gran peligro. No se ha cambiado la mentalidad porque esto supondría merma de las ofertas. Gran parte del negocio mundial consiste en llevarnos de un sitio a otro. Todos estos viajes y actividades, estancias, etc. son foco de peligro si no se toman las medidas adecuadas y es de ellas de las que se huyen. Los franceses e ingleses, los alemanes y holandeses han estado viniendo a España porque aquí se les dejaba hacer lo que no podían hacer en su casa. Lo decían ellos mismos cuando se les preguntaba. No van a los lugares más seguros, sino a los más flexibles y permisivos. Por eso los lugares turísticos o de gran movimiento han estado teniendo cifras de contagios diferentes en muchos casos.

Es duro tener que estar siempre sin bajar la guardia, vivir en la prevención. Pero esto es una cuestión de mentalizaciones. Mientras en los telediarios los científicos y expertos nos dictan unas normas, los anuncios de las pausas nos incitan a lo contrario. Las imágenes de la "nostalgia" de besos y abrazos, de viajes, cenas, de intercambiar regalos, etc. nos impactan en la libido después de que las noticias nos hundieran con sus cifras e imágenes realistas. Tras imágenes de pinchazos, exploraciones nasales, camas de UCI ocupadas, etc. nos llegan las alegrías publicitarias, con risas, con playas soleadas, con mesas y velitas junto al mar.

Lo mejor que podemos hacer para compensar la injusticia sudafricana es enviarles millones de vacunas, mandarlas a los países que les rodean y que padecen los mismos brotes. Para ellos el aislamiento es también una forma de muerte injusta porque dependen igualmente del turismo en tiempos poco turísticos.

La mejor forma sigue siendo organizar un mundo más seguro y no seguir la táctica del avestruz, negando el peligro y jugando a una especie de "ruleta rusa", que suele ser el método habitual en todas partes.

 


* "La alerta por ómicron destapa la desigualdad en el reparto de vacunas: África solo ha vacunado al 7%" RTVE.es 29/11/2021  https://www.rtve.es/noticias/20211129/alerta-omicron-destapa-desigualdad-reparto-vacunas-africa-solo-vacunado-7/2234669.shtml

jueves, 17 de septiembre de 2020

Nadie es una burbuja

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Se puede entender que los políticos traten de transmitir "tranquilidad", pero de ahí a "vender seguridad" va un largo trecho, el que nos lleva a la dura realidad. Por poner por delante la "confianza" se han cometido muchos errores comunicativos, por asegurar la llegada de "la muerte del virus por el calor veraniego", por asegurar que "en septiembre ya habría vacunas", etc. a lo que se llega precisamente es al descrédito que nos lleva al miedo, la inseguridad o el pasotismo, según la reacción de cada uno ante el descubrimiento que lo que sucede no es como lo pintaban.

En tiempos inseguros, la "seguridad" vende. Lo hace desde discursos políticos o de expertos ad hoc del optimismo, desde aquellos que ven peligrar lo suyo. Hace apenas unas semanas, todos nuestros políticos levantaban la mano exponiendo que sus autonomías, pueblos o ciudades eran lugares "seguros" para los que exigían "corredores seguros", que les conectaran con el mundo. Hoy tenemos una realidad muy distinta, la de los regresos a fases anteriores —¡gran invento el de las fases!—, a las que algunos han puesto hasta decimales. Me asombran esos que afirman estar en una fase "2,5" o en una "dos relajada" u otras cursiladas, poco pertinentes, pero que transmiten una impresión de conocimiento, control y seguridad como pocas. Los medios lo repiten en una aparente comprensión dando detalles sin sentido crítico alguno.


Uno de esos conceptos que hacen agua semántica y realista es el de "burbuja". Tenemos de "burbujas" para los partidos de la NBA a "burbujas" en las guarderías, componiendo todas ellas un universo jabonoso mucho más limpio y seguros. Pero ya nos dijo el poeta Donne, "nadie es una isla" y las campanas del COVID-19 doblan por ti y por mí.

En el diario ABC, con el inquisitivo titular «¿Por qué mi hijo tiene que seguir yendo al colegio cuando en la clase de su hermana ha habido un positivo por COVID-19?», leemos lo siguiente: "Padres y madres viven intranquilos desde el arranque de la vuelta al cole. Los temores a posibles contagios no cesan porque los «grupos burbuja» no son infalibles. Estos se rompen desde el momento en el que los pequeños salen del colegio y se juntan con vecinos, otros amigos, padres, abuelos, primos..."*


Mientras se sigan utilizando sinónimos de "seguridad" en términos absolutos y no relativo —"burbuja" lo es— no estaremos avanzando mucho. La idea de "burbuja" evidentemente es algo más que una "metáfora", es una trampa si consideramos que es la burbuja la que trae la seguridad y no nosotros. Tenemos "playas seguras", "chiringuitos seguros", "hoteles seguros", "teatros seguros", "tiendas seguras"... En Egipto hasta se inventaron una pomposa etiqueta para poner en los hoteles. ¿Cómo no te van a fiar si han puesto un cartel en la entrada diciéndonos que es seguro, seguido de varias firmas relevantes que así lo aseguran?

Los grupos burbuja, nos dice ABC, no son infalibles. En realidad, los que somos falibles somos nosotros, imperfectos en nuestros actos, elevando a dogma los que no es más que conocimiento imperfecto y provisional. Las medidas que se aplican contra la expansión del COVID-19 —no contra él— son las que se aplican en muchos otros casos para evitar contagios. No tenemos nada contra el COVID-19, solo evitar que entre en nosotros a través de una serie de posibilidades que vamos descubriendo y se siguen discutiendo. Recuerden lo que se tardó en admitir la hipótesis de que se contagiara por transmisión aérea y no solo por contacto. Eso nos ha llevado muy recientemente a añadir la ventilación de espacios a las tres medidas básicas anteriores, mascarilla, distancia e higiene.


Si pensamos en las discusiones que tenemos sobre el uso de las mascarillas o el regateo en las distancias "sociales" —¿por qué no "interpersonales"?— o en el número de personas que pueden asistir a bautizos, funerales, fiestas, celebraciones religiosas, eventos deportivos, etc. nos daremos cuenta que somos seres discutidores (más que críticos), tratamos de arrimar el ascua a nuestras sardinas privilegiadas y esperamos que nos digan lo que más nos interesa particularmente, mientras que rechazamos lo que no nos gusta.

No se pueden vender burbujas ni castillos en el aire; no se pueden vender plazos de vacunas porque me interesa para mi reelección como presidente de los Estados Unidos o de una simple comunidad de vecinos.

Las "burbujas escolares" son una versión del plan que algunos científicos de la simulación habían realizado en sus ordenadores. Es como los compartimentos estancos de los buques para controlar que si se abre una vía de agua no se nos hunda con todos dentro. Pero esto no es un buque ni hay vías de agua. Estamos todos en la misma cochambrosa chalupa, a la deriva coronavírica, mientras nos golpean las olas e intentando sacar el agua que nos entra.

No sirve de nada aislar con gente que ya puede estar infectada o que va a estarlo mañana porque en su casa entran y salen a trabajos, a botellones o a tomarse un cafetito en la terraza, ahora que todavía hace buen tiempo.

Esas personas que vemos haciendo cola para los test, pueden estar infectadas en el regreso a casa. Se pararon celebrar que estaban bien con unos amigos y... ¡mira ahora! Tenemos noticias de gente que se ha hecho los test y siguen varias semanas igual porque no tienen resultados. ¿Recuerdan el caso de la señora a la que estaban esperando a pie del avión porque el resultado de su test se conoció mientras se iba de vacaciones?


No sirve de nada entrar en "burbujas" o mandar a "burbujas" a los niños si luego en casa, en el trabajo, en la calle... no se mantiene una actitud similar de prevención. Es un concepto no solo equivocado, sino que induce a errores graves. Se confunde la "seguridad" escolar con la más amplia seguridad. Es una mentalidad de "prevención de riesgos laborales", heredada de aquellos que tratan de evitar demandas. Solo preocupan las condiciones en el espacio del que eres responsable y en el tiempo de permanencia. Pero esto es muy distinto. El espacio es todo lo que nos rodea y el tiempo son las 24 horas del día.

La gente va huyendo de los sitios inseguros a los seguros, con lo que los vuelve inseguros contaminándolos si no tienen prevención. Eso ha ocurrido con zonas a causa del turismo. También ha hecho que haya pueblos que se blindaran para que no les entraran "los de Madrid" o los recelos contra los ciudadanos chinos (aunque llevaran años sin pisar China) o los que los parecían (todo "asiático" pasó a ser "chino"). Una residencia de mayores que había pasado todo este tiempo sin contagios, nos cuentan los medios, se ha visto contagiada gracias a la amorosa visita de un pariente que no podía dejar de achuchar a su familiar residente. Hay amores que matan.

Estamos pagando el hecho de que la mayoría sea asintomática, lo que conlleva que la distancia es siempre preventiva y parece irracional, incluso mala educación. También la falta de responsabilidad de muchos que no teniendo síntomas no se preocupan de mantener la prevención mínima. Pagamos el hecho de haber querido tranquilizar diciendo que solo se morían las personas con patologías previas, mayormente los ancianos. Eso se ha visto como una liberación de responsabilidad por parte de las personas más jóvenes, en donde el desfase entre contagio y fallecimiento es muy grande. Eso permite cierta irresponsabilidad peligrosa. Es increíble que se estén produciendo denuncias contra personas que directamente se saltan las cuarentenas sabiendo que están infectadas por el COVID-19. Dice bastante de las personas y de la sociedad egoísta y egocéntrica en la que vivimos. Hay que pensar en otro tipo de educación.

Los medios nos  dan noticias de lo ocurrido en China, con la celebración oficial de haber vencido la pandemia. Muchos se dedican a lanzar ataques señalando que es propaganda. Pero muchos se preguntan ¿qué han hecho bien los chinos y que nosotros, con Madrid, como la peor zona de Europa, y España al frente negativo, no hemos hecho ni hacemos? Mi primer bote de gel desinfectante me lo trajeron mis queridos alumnos chinos, al igual que mi primer paquete de mascarillas. "¡Cuídese mucho, profe!". Debió ser en febrero, bastante tiempo antes de que se declarara nuestro estado de emergencia o que Trump se enterara oficialmente, según su propia versión, de que había un virus en el mundo. Llegaban a clase con sus mascarillas puestas ante la mirada entre escéptica y divertida de sus compañeros que los veían por los pasillos. Las llevaban por sentido de la responsabilidad, además de para su protección. Muchos han estado en sus casas aislados prácticamente todo este tiempo (y siguen), reduciendo al mínimo sus salidas, viviendo muchas veces en habitaciones de pisos compartidos y extremando las medidas de precaución. No hay otro modo. Hemos hecho nuestro seminario (y hasta nuestro cinefórum) online antes de que se inventaran esto del "bimodal" y otras cosas que nos hacen pensar en "burbujas seguras".


Más allá de la política, que poco o nada tiene que ver en esto, es su sentido de la responsabilidad, su sentido cívico, que no es nuevo, lo que les ha permitido vencer al segundo enemigo tras el coronavirus, nosotros mismos. Los resultados son los que son y son el resultado de los sacrificios de muchas cosas.

Pero es difícil hablar de "burbujas" cuando no renunciamos a nada, cuando hemos ido a sacar perros de las perreras solo para poder salir a pasear con ellos una y otra vez; cuando se usó a los niños para reunirse los padres; cuando nos morimos por ese cafecito que se pasa horas sobre la mesa o cuando nos quitamos la mascarilla para hablar por el teléfono móvil o nos vestimos de ropa deportiva y llevamos una botellita para simular que hacemos deporte... 

No, nuestras burbujas son más bien achampanadas, festivas y compartidas. Nadie es una isla, especialmente si la idea que tenemos de una isla es tirando a veraniega, juerguista, nocturna y con un fondo discotequero. ¡Chin-chin!



* Ana I. Martínez "«¿Por qué mi hijo tiene que seguir yendo al colegio cuando en la clase de su hermana ha habido un positivo por COVID-19?»" ABC 17/09/2020 https://www.abc.es/familia/educacion/abci-hijo-tiene-seguir-yendo-colegio-cuando-clase-hermana-habido-positivo-covid-19-202009170123_noticia.html

sábado, 4 de julio de 2020

Paraíso certificado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Creo que fue una de las primeras cuestiones que apuntamos cuando la pandemia comenzó a entrar fuerte, cuando los casos y muertos empezaban a asustar. El miedo sería una fuerza de división, el miedo a los otros. Había empezado a hablarse de "pasaportes" identificativos, de certificados de estar libres de contagio para poder crear islotes aislados del resto, percibido como peligro constante. Ahora se nos confirma que la seguridad tiene un precio y unas formas. Hay un dentro y un afuera del Edén.
Si ayer hablábamos de las enloquecidas "corona party" en Tuscaloosa, Alabama, en las que los estudiantes universitarios invitan a un enfermo para ver quién es el primero en contagiarse y llevarse el bote, hoy La Vanguardia nos trae la modalidad opuesta, la del espacio exclusivo con todos los filtros activos para evitar el contagio y poder dejar el miedo aparcado en la maleta mientras se toma el sol o el baño en el exterior, sin ver a los otros como potenciales peligros, mirarlos con angustia o con irritación porque van sin mascarilla donde debieran o por no respetar las distancias. Todo esto es difícil de automatizar y provoca miedo y ansiedad, por lo que la tranquilidad pasa a ser un factor importante para muchos.
Se insiste en que tomes tus medidas, pero se relajan las colectivas, ya sea por la apertura de fronteras, por los movimientos de turismo interior o por cualquier otra circunstancia como la más peligrosa, la falta de responsabilidad y la inconsciencia de muchos.
Nos cuentan en La Vanguardia:

“Trillas Paradise, zona test PCR”, así ha bautizado el camping Trillas Platja de Tamarit, uno de los campings históricos de la provincia de Tarragona, el espacio que destinará a alojar de forma exclusiva a clientes que se hayan hecho una prueba PCR y cuyo resultado sea negativo.
La sección Paradise era una zona destinada anteriormente a alojar bungalós, pero esta temporada se ha convertido en un “mini-camping”. Cuenta con servicios como restauración, piscinas, zona deportiva y un miniclub. Dentro de la sección no serán necesarias las medidas de seguridad sanitaria que regirán en el resto del camping como el uso de mascarilla o el distanciamiento social.
Además de la prueba diagnóstica, los clientes también deberán completar un cuestionario médico en forma de aplicación que desarrollaron en abril expertos de la Fundación para la Lucha contra el Sida (FLSIDA) para hacer seguimiento de pacientes con la Covid-19.
“Teníamos que ofrecer la seguridad más alta posible”, afirma el director del camping, Roger Trias. Para ello, se han inspirado en el modelo de control epidemiológico que está llevando a cabo Corea del Sur para mantener a ralla la pandemia de coronavirus a base de pruebas diagnósticas.
El proceso será el siguiente: una vez el cliente haga la reserva, deberá rellenar el cuestionario mencionado. Cuando llegue al recinto, tanto él como todos los miembros de su familia, si fuera el caso, deberán realizarse una prueba PCR. El precio será de unos 100 euros por persona, mientras que el camping asumirá el 50% aproximadamente del coste total del proceso.*


Todo un diseño para asegurar la relajación vacacional en un verano que se apunta duro por la cantidad de irresponsables que se ven por las calles. Muchos perciben que no hay lugar seguro. A ello contribuye este asombroso coronavirus capaz de desarrollarse en personas que carecen de síntomas y que pueden bailar, besar, saludar, abrazar... con completa normalidad y una sonrisa a otros que pueden morir o sufrir semanas o meses en la UCI.
Un médico veterano, entrevistado ayer en algún canal televisivo, comentaba que jamás había visto una enfermedad como esta. Tiene razón. Cuando se suman sus cualidades, resulta ser extraordinario por el éxito reproductivo, por su capacidad de camuflaje. Lo dicen otros, no han visto un virus con una variedad tan grande de posibilidades, del asintomático al que fallece en unos días, con tales variaciones de edad, etc.


El camping no es solo un paraíso; es también una cárcel. El destino de los paraísos es que te expulsen de ellos. De este se te expulsa si sales. Solo pueden garantizar tu tranquilidad mientras no corras riesgos y salir es hacerlo.
El prestigio paradisiaco solo se puede mantener si no hay un solo caso, por lo que las normas serán de aparente libertad, ya que puedes relacionarte con los demás sin límite, pero un solo caso tendría efectos demoledores entre tanto confiado. Es mejor no pensarlo. Pero seguro que el miedo no abandona totalmente, que actúa como un destello antes de dormir o poco antes de levantarse. ¿Es bueno educarse en este aislamiento artificial? ¿Cómo será el regreso a la "temida normalidad"? Si siempre ha sido duro regresar de las vacaciones, ¿cómo lo será ahora, pasando de un entorno garantizado a la jungla salvaje del coronavirus?


Desde la ventana que hay a mi izquierda, he visto estos días instalar varios sistemas de aire acondicionado en el edificio de enfrente. Como si del Jeffries de La ventana indiscreta se tratara, lo que veo me sirve de noticiero. Les veo en sus ventanas y terrazas; hablan, toman medidas y pocas horas después escucho los taladros mientras colocan los soportes para los aparatos refrigerados. Son el síntoma de que muchos van a buscar la tranquilidad en sus propias casas. El dinero del verano se gastará en la casa y en casa, saliendo lo menos posible.
Cuando vas al centro comercial, de nuevo ves a la gente llevándose ventiladores y grandes televisores, algo que suele ocurrir en los años en que hay olimpiadas y mundiales de fútbol. ¿Se acuerdan cuando el Comité Olímpico nos decía que los Juegos de Tokio "sí o sí"? Parece que han pasado siglos. Sin embargo, el calendario muestra que no hace tanto, pero que nuestra mentalidad ha dado grandes saltos en este proceso de indiferencia, negación y finalmente miedo.

En su momento dijimos que se producirían el negocio de la certificación de la seguridad, ya sea a través de los análisis o de las limpiezas integrales. Y así ha sido. Ante la posición de que se trata de evitar que se colapse el sistema sanitario, es decir, reducir el número de contagios hasta hacerlo "tratable" y que cada cual se cuide de sí mismo, la gente lo hace. Y lo hace con más garantías el que alquila terrazas y piscinas para el verano, como nos informan los medios.
Es el mismo principio de seguridad. ¿Por qué ir a una playa o a una piscina a pelearte con tu vecino de sombrilla? Si te puedes permitir el lujo del aislamiento, invierte en ello, en seguridad pagada. Yates, playas apartadas o camping con seguro a todo el que entra. Es otra forma, aunque relativamente inesperada, de reactivar la economía.


Los campings reservados pueden ser un anticipo de un océano tormentoso lleno de pequeños puertos seguros para aquel que los pueda pagar. Abrimos los aeropuertos, pero cerramos los campings. 
El negocio de los "paraísos" crecerá allí donde se puedan pagar. Serán síntomas de estatus, como lo son yates y mansiones alquiladas. Los que estén al otro lado del paraíso tendrán que jugársela cada día para sobrevivir en un horizonte de rebrotes creciente.
La encuesta simple de La Vanguardia, con cerca ya de un millón de participantes, muestra esta misma mañana una preocupación del 82,65% por el avance del coronavirus. Es bastante preocupación para un horizonte tan optimista. No se puede reprochar al camping tomar estas medidas. El problema es más allá de la semana segura de vacaciones. Quedan muchas otras en el año.
Escucho un nuevo martillo golpeando en la casa de enfrente. Instalan otro aire acondicionado en la casa de enfrente.



* "Un camping de Tarragona habilita un espacio para clientes con PCR negativo" La Vanguardia 03/07/2020 https://www.lavanguardia.com/vida/20200703/482060693188/camping-tarragona-tamarit-clientes-pcr-negativo.html

jueves, 16 de abril de 2020

La isla de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Para desprestigiar a Joe Biden a Trump le bastaba con que el gobierno de Ucrania dijera que "estaba investigando" los negocios del hijo del ex vicepresidente de los Estados Unidos en el país. No necesitaba mucho, solo con que estuvieran investigando. Con eso le bastaba. Cada vez que te interese hundir a alguien no necesitas que sea culpable, basta con decir que está siendo investigado y habrá un gran número de personas que lo consideren culpable sin necesidad de más pruebas. Este tipo de insinuaciones ha marcado el reinado de Trump desde que llegó a la Casa Blanca —antes lo hizo en campaña— y han marcado su estilo. A Trump le sobran pruebas y veredictos. Con las insinuaciones se maneja a la perfección en sus mítines semanales, en donde estas noticias de que se está investigando a alguien, a un enemigo, son celebradas en juicios sumarísimos con risas y aplausos. Todavía se recuerdan los gritos de "¡enciérrala!" referidos a Hillary Clinton cada vez que lanzaba sus insinuaciones.
Por enésima vez, desde que comenzó la pandemia, se vuelve a insistir desde la Casa Blanca que se está investigando si el origen del COVID-19 es un laboratorio en Wuhan. Cada vez que las decisiones de Trump le someten a presión, se vuelve a la casilla de salida para crear otra cortina de humo de recelo que redirijan hacia China el conflicto y la responsabilidad.

La CNN titula hoy "US explores possibility that coronavirus started in Chinese lab, not a market" en otro nuevo intento de mantener fuera de la vista lo que está cada día más claro: el fracaso de la gestión presidencial en Estados Unidos, el último país, el que tenía más conocimiento y el menos preparado gracias al negacionismo de Trump durante varios meses. Los casos se han disparado en los Estados Unidos cuando China estaba ya saliendo de la peor parte y España e Italia estaban en su peor momento. Trump ha fallado en prácticamente todos sus vaticinios voluntaristas e interesados, más pendiente de presentarse a la reelección con una economía con datos presentables. La joya de su mandato, el carné para su presentación, iban a ser unos datos exitosos económicos labrados —hay que recordarlo— gracias a los ataques a economías como la de China o la de la Unión Europea, con España dentro. Las bombas arancelarias crearon una imagen de "salud" que se ha visto hundida por los millones de parados en una semana. El "éxito" económico era solo la ruptura unilateral de la situación existente y la imposición por la fuerza de las medidas favorables a los Estados Unidos.


Con insinuaciones, Trump presumía de poder hundir una economía o una moneda, tal como restregó en la cara de Erdogan en el conflicto que mantuvieron. Con la insinuación era suficiente para hacer tambalearse la economía turca. Ahora, tras atacar a la Organización Mundial de la Salud retirando los fondos millonarios con los que contribuía, lo que le ha valido el rechazo de todo el mundo, vuelve a la carga.
La CNN explica en su información:

US intelligence and national security officials say the United States government is looking into the possibility that the novel coronavirus originated in a Chinese laboratory rather than a market, according to multiple sources familiar with the matter who caution it is premature to draw any conclusions.
The theory is one of multiple being pursued by investigators as they attempt to determine the origin of the coronavirus that has resulted in a pandemic and killed hundreds of thousands. The US does not believe the virus was associated with bioweapons research, and officials noted that the intelligence community is also exploring a range of other theories regarding the origination of the virus, as would typically be the case for high-profile incidents, according to an intelligence source.
The theory has been pushed by supporters of the President, including some congressional Republicans, who are eager to deflect criticisms of Trump's handling of the pandemic.
An intelligence official familiar with the government analysis said a theory US intelligence officials are investigating is that the virus originated in a laboratory in Wuhan, China, and was accidentally released to the public. Other sources told CNN that US intelligence hasn't been able to corroborate the theory but is trying to discern whether someone was infected in the lab through an accident or poor handling of materials and may have then infected others.
US intelligence is reviewing sensitive intelligence collection aimed at the Chinese government, according to the intelligence source, as they pursue the theory. But some intelligence officials say it is possible the actual cause may never be known.*



De nuevo, la insinuación es suficiente. No hay que mover un dedo, no hay que presentar información, pruebas, etc. Basta con elaborar una teoría peregrina y decir que se investiga. Hay incluso cierto pudor, por no decir vergüenza, en la forma de presentarlo en la CNN. La teoría, se nos dice directamente, "está impulsada por los partidarios del presidente".
No se "cree" que sea parte de un "arma" o que se haya liberado "deliberadamente", simplemente "se explora" la "posibilidad" de que haya sido una "fuga". La teoría ha sido desestimada por todos los estudios de múltiples centros y países, señalando su origen animal. Incluso la cuestión de qué animal haya podido ser está en cuestión. Mientras los científicos investigadores de todo el mundo pretender conocer el origen del COVID-19 para poder defenderse de él y salvar vidas humanas, Trump y sus seguidores solo tienen una obsesión, intentar demostrar que China es la responsable, aunque solo sea de haber dejado abierta una ventana, por decirlo metafóricamente, en un laboratorio. No es otra la obsesión de su administración.
El diario ABC —que hace unas semanas, también en un espíritu muy trumpiano, reproducía las tesis del virus escapado— nos daba ayer mismo nuevas posibilidades sobre el origen:

Primero se acusó a las serpientes, después a los pangolines. Sin embargo, hasta la fecha ningún animal ha sido identificado definitivamente como el huésped intermedio del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la pandemia que ya ha infectado a más de un millón de seres humanos en todo el mundo. Ahora, una nueva investigación de la Universidad de Ottawa (Canadá) sugiere que perros callejeros que se alimentaron de murciélagos pudieron haber sido los transmisores. El estudio, para el que se han revisado más de un millar de genomas de virus, aparece publicado en la revista «Molecular Biology and Evolution».
El pasado febrero, una investigación china señalaba que el virus, originado en murciélagos, saltó a los pangolines y después, posiblemente por la venta de estos animales en los mercados de vida silvestre de Wuhan, a las personas. Estudios posteriores encontraban en estos mamíferos coronavirus estrechamente relacionados con el de la Covid-19, pero el grado de similitud no era suficiente para afirmar que habían dado con el transmisor. Xuhua Xia, profesor de biología en Ottawa y un experto rastreador de coronavirus, es de la misma opinión. A su juicio, los virus aislados en estos animales son «demasiado divergentes del SARS-CoV-2», lo que parece indicar «un antepasado común demasiado atrás en el tiempo, que vivió probablemente en la década de 1960».
Según la nueva hipótesis, fue un coronavirus de murciélago el que infectó el intestino de los cánidos, lo que probablemente provocó una rápida evolución del virus para permanecer oculto al sistema inmune. Así reforzado, dio un salto a los humanos. La idea se sostiene en las similares señales de «batalla» encontradas en el nuevo coronavirus, en uno de murciélago estrechamente relacionado (BatCoV RaTG13) y en el de los perros que afecta a su sistema digestivo (CCoV).**



Se trabaja en todo tipo de hipótesis, como se puede apreciar, pero solo la administración de Trump está empeñada en afirmar que está trabajando en "la infección salida de un laboratorio". La narrativa empleada es de gran interés para dibujar a China como el responsable de lo que ocurre. En los discursos de Trump el COVID-19 es la condensación biológica de la mentalidad de China y del comunismo fundidos en uno.
Trump ha inundado los Estados Unidos de odio contra lo que llega de fuera. Es la ideología del miedo. Primero fue contra los "bad hombres", con lo que se trataba de crear el miedo y el rechazo criminalizando a todos los que atendían al "perfil hispano". Eran violadores y narcotraficantes, criminales que debían ser devueltos tras el muro que se debía elevar. "¡Construye el muro!" era el otro grito, el de la América que dejó de ser América, el Nuevo Mundo, para ser la isla norteamericana. Ese muro también tenía su versión contra los árabes. También para ellos se creó un muro porque si los hispanos eran violadores y narcotraficantes, los árabes eran todos terroristas a los que había que impedir entrar en la isla norteamericana. Con cada prohibición, Trump aseguraba a sus enfervorecidos seguidores América era más grande y más segura.
Pero China le plantó cara. Donde los demás rendían pleitesía o agachaban las orejas (Europa incluida), la segunda economía del mundo le plantó cara en la guerra comercial desencadenada por Estados Unidos, por su administración, contra el mundo. 
Y en plena guerra, saltó el coronavirus, el llamado por Trump "virus chino", hasta que la hoy sancionada OMS dijo al mundo que había que llamarlo "COVID-19", porque no había que producir xenofobia o racismo.
El cierre del artículo de la CNN, tras citar a Mike Pompeo y sus deseos de saber una verdad que dice ya saber en realidad (la culpabilidad de China), explica de nuevo la postura de la administración:

Some of the officials said the US intends for China to pay a price, but recognize the US has to be careful not to inflict a cost on China before the pandemic is under control and until they have more information about its creation.**

Es el mismo planteamiento de la factura del hipotético muro que debía pagar México como declarado unilateralmente culpable de los crímenes de los que se le acusa. El razonamiento es el mismo: que pague el culpable. Por supuesto, Estados Unidos actúa como juez, jurado y verdugo, en su papel de gendarme del mundo. La idea de "ser cuidadosos" es casi una broma de mal gusto teniendo en cuenta que lo que se alienta en el surgimiento de un sentimiento de "venganza" que se pide dilatar hasta mejor momento, pero que se da por hecho. La hipocresía es que esto se dice mientras se afirma e insiste en lo contrario.


Habrá que irse preparándose para lo que serán las presiones de Trump sobre los "socios", a los que intentará aliar en una guerra comercial y política contra China. Ya lo está haciendo con su electorado. "Cobrar a China" es una promesa electoral, algo que está implícito en su camino a la reelección: si continúo como presidente haré pagar a China. Para que esto le funcione tiene que crear el odio convencido, la afrenta intencionada, el rencor sinofóbico. Y en eso está trabajando. Lo hará también internacionalmente, presentándose como el paladín de la cofradía de "señores del frac" que pretenderán acceder a la factura del gasto, a la indemnización por daños. A esta cofradía se apuntarán aquellos que sean presionados por su mala gestión y vean la salida en responsabilizar a otros. Los populistas de corte trumpiano empezarán a copiar sus discursos pronto. Lo veremos, si no han empezado ya.


La personalidad de Trump necesita del enfrentamiento, de la creación de un enemigo que sirva para justificar sus acciones y atraiga a los votantes y seguidores, que se siente unidos a él frente a los peligros que anuncia y crea. Es un mecanismo constante, similar a la Guerra Fría, que sirvió para expandirse por el mundo ante los peligros que acechaban. Trump quiere reavivar una guerra fría comercial con China que ha dado un salto cualitativo con la aparición del coronavirus. Eso implica la creación de bloques, lo que le aseguraría ser la madre clueca de los temerosos países que necesiten su manto protector. La idea, como hemos visto en la OTAN, es cobrar la protección. Ahora quiere cobrar también al otro lado o hacer creer que lo hará. Con eso le basta.


The Washington Post, que trata de contabilizar los embustes, medias verdades y demás categorías que caracterizan el reinado de Trump, titulaba ayer "President Trump made 18,000 false or misleading claims in 1,170 days" —no está mal el promedio— y  explicaba:

When we last updated our database of President Trump’s false or misleading claims, it was on Jan. 19, the end of his third year as president. The president’s most frequently repeated false claim was that he presided over the best economy in the history of the United States.
The next day, the first confirmed case of the novel coronavirus was reported in the United States. So, with this update through April 3, we’ve added a new category — coronavirus — that already has more than 350 items. Much has changed in the world, with stay-at-home orders, massive economic disruption and topsy-turvy securities markets, but one thing has remained constant — the president’s prolific twisting of the truth.***



Creo que no es necesario añadir mucho más a lo escrito. Es un caso insólito que un país tenga que llevar la contabilidad de las mentiras probadas de su presidencia. Pero es lo que Trump ha ofrecido desde antes de llegar a ella. Le ha funcionado y sigue.
Tras los miles de muertos, muchos de ellos ya en los Estados Unidos, los fallecidos y los enfermos, los que enfermarán en el futuro, se merecen algo más que la obsesión política de quien negaba la peligrosidad del coronavirus hace apenas unas semanas con el mismo convencimiento que ahora dice lo contrario. El discurso de Trump se mueve constantemente y sin pudor para crear los efectos y reacciones que le convienen en cada momento. Lo demás importa poco. La isla norteamericana va a la deriva en un mundo que pretende liderar, un mundo maniqueo de buenos y malos. Trump está aislando a los Estados Unidos y pronto habrá que tomar medidas de protección, no solo por el coronavirus sino para evitar otro tipo de contagios. Ya ha sucedido con el cambio climático, por ejemplo, otra víctima de sus verdades incuestionables y de sus insinuaciones. 



* Josh Campbell, Kylie Atwood y Evan Perez "US explores possibility that coronavirus started in Chinese lab, not a market" CNN 16/04/2020 https://edition.cnn.com/2020/04/15/politics/us-intelligence-virus-started-chinese-lab/index.html
** "Los perros callejeros, posible origen del coronavirus" ABC 15/04/2020 https://www.abc.es/ciencia/abci-perros-callejeros-posible-origen-coronavirus-202004142304_noticia.html
*** "President Trump made 18,000 false or misleading claims in 1,170 days" The Washington Post 14/04/2020 https://www.washingtonpost.com/politics/2020/04/14/president-trump-made-18000-false-or-misleading-claims-1170-days/?utm_campaign=wp_main&utm_medium=social&utm_source=twitter