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jueves, 26 de julio de 2018

El cuerpo, la memoria y los falsos recuerdos


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El siglo XIX fue el siglo del espacio, determinado físicamente  por el gran desarrollo de los transportes con el ferrocarril, con la aparición del automóvil. El espacio se redujo también por el efecto de la prensa, que daba cuenta del espacio lejano dándole forma, y del telégrafo, que permitía el contacto a distancia, como después iniciaría el teléfono. Toda esta reducción del espacio se intensificaría en el siglo XX con los automóviles adueñándose de las ciudades y carreteras y los aviones pulverizando el sentido de las distancias, que hasta poco tiempo antes se habían contabilizado por "jornadas" (tiempo) y no por kilómetros (espacio).
Con el espacio-tiempo con el que se abre el siglo XX, con la relatividad, los ojos se centran en la extraña naturaleza del tiempo, concepto esquivo que entra en contradicción con nuestra propia experiencia. Los comienzos del siglo XX están marcados por las teorías que nos hablan del tiempo y su relatividad, su capacidad elástica en función de la velocidad.
Con el tiempo se abre su dimensión humana, la memoria. Más allá de la crónica, un intento de objetivar los hechos en el tiempo, el interés se centra en el recuerdo, que es algo distinto. Puede que la naturaleza del tiempo —¿es ilusión?— se nos escape, pero nos queda el tiempo vivido, la memoria, y la historia, como registro de lo acontecido en común. Una y otra son formas de registro que necesitan de la acción —recordar, registrar— para convertirse en discursos, uno interior y otro objetivado en la escritura. La Historia, se nos ha dicho, comienza con ella, con los primeros registros que tratan de fijar lo que se pierde en el tiempo y en el olvido. El canto homérico, los monumentos, etc. son formas de fijar aquello que se nos deshace entre los instantes de la vida, aquello que ya no vuelve más que como recuerdo.
El siglo XX trabaja sobre la memoria y el tiempo, desde Proust a Bergson, de Joyce a Mann, de Cajal a Pinker o Damasio. El recuerdo pasa a ser esencial en la práctica del psicoanálisis freudiano, que nos trae junto a él la importancia del olvido.
El diario El País nos trae un interesante artículo con un equívoco título "Un 40% de las personas tienen recuerdos de la infancia falsos". Parece que los recuerdos falsos se circunscribieran al periodo de la infancia, algo que todos experimentamos que no es así, por un mínimo de auto observación que practiquemos.
La memoria no es una cámara ni un magnetofón. Es una registradora viva, llena de filtros y condicionamientos. Nada resulta más interesante que quitarnos el automatismo y reflexionar sobre nuestros recuerdos, por qué llegan cuando llegan, cómo se transforman en el tiempo.
Ligados a la "memoria" y el "recuerdo" (son dos cosas distintas) se encuentran el problema de la "consciencia", el denominado "problema mente-cuerpo", el de la naturaleza del "yo" y la relación de la memoria, la consciencia y el lenguaje. Todos ellos han sido abordados en distintos momentos de las culturas, puede que con nombres distintos y con perspectivas diferentes, de la religiosa a la filosófica. En el origen de cada cultura hay una narración de cómo se relacionan esas cuestiones: qué somos, que relación tenemos con nuestro cuerpo, qué es percibir y qué relación mantenemos con lo percibido, dónde vamos cuando dormimos.
Señala Daniel Mediavilla en el diario:

Hay gente que dice recordar el momento de dar sus primeros pasos o cómo estaba en la cuna con los pañales puestos. En un estudio reciente con más de 6.500 participantes publicado en la revista Psychological Science, el 40% tenía memorias de este tipo, que corresponderían a bebés de uno o dos años. Sin embargo, los estudios que han tratado de determinar cuándo se forman las primeras memorias autobiográficas que perduran hasta la edad adulta concluyen que no lo hacen antes de los tres o los cuatro años. Algunos estudios consideran incluso que esos recuerdos son más bien fragmentos y para hablar de algo parecido a una memoria completa habría que esperar a los cinco o seis años de edad.
Eso no quiere decir que los niños no acumulen recuerdos. Algunos investigadores han observado cómo una persona de seis años puede recordar algo que sucedió alrededor de su primer cumpleaños, pero a partir de una cierta edad, probablemente debido a cambios durante distintas fases del desarrollo cerebral, esas memorias desaparecen y no se pueden recuperar al llegar a la adolescencia. Este fenómeno es lo que se ha bautizado como amnesia infantil. Los recuerdos que perduran suelen formarse a partir de los tres o los cuatro años, cuando los niños comienzan a contar historias sobre sus propias vidas, algo que sugiere que esas memorias están relacionadas con la capacidad para utilizar el lenguaje.*


No se trata tanto de que un 40% de las personas tengan recuerdos que sabemos que son falsos en su infancia. Los recuerdos de la infancia pueden llegarnos después y manejarlos como experiencia vivida. Los colocaríamos allí donde se corresponden, biográficamente hablando. Podemos absorberlos desde las historias que nos cuentan, las fotografías que vemos. En la medida en que las creemos, podemos hacerlas nuestras e integrarlas en el conjunto.
La amnesia infantil es de todos, no solo de algunos. Por decirlo así: el otro 60% de las personas tampoco tiene recuerdos —verdaderos o falsos— de esa etapa anterior. "Falso" es un concepto demasiado rotundo cuando se habla de la memoria y los recuerdos. Es un exceso de ingenuidad hablar en estos términos y más en los recuerdos que se refieren a esas épocas tan alejadas. Hay factores como nuestra propia comprensión del mundo que afectan a la forma misma de recordar y, previamente, de percibir las cosas.
Los neurocientíficos le están complicando la vida a jueces, abogados y policías cuando se estudia de forma científica el funcionamiento de la memoria y la formación de los recuerdos. La precisión y estabilidad que se presuponía y requiere para sus trabajos se ve afectada por la realidad de nuestra humilde memoria, de nuestra percepción selectiva y del complejo juego entre lo que vemos y lo que hemos visto, entre lo que percibimos y lo que pensamos y creemos. Dejamos de lado el problema de la verbalización de la experiencia, que es de otra naturaleza, pero que cuenta en gran medida. Esto es especialmente señalado en los niños, ya que no poseen un lenguaje lo suficientemente complejo como para dar forma verbal a todos los aspectos de lo que perciben, su atención puede tener otros centros, etc.
Dejamos de lado también el problema de la sugestión. Me refiero a las personas que creen recordar ciertos acontecimientos que no les ocurrieron tras la exposición a casos similares en los medios o, de forma concreta, como fruto de ciertas terapias psicológicas que "encontraban reprimidos" recuerdos que se demostraban falsos. Esto era especialmente grave en las personas que decían haber recibido abusos en la infancia. En Reino Unido existe desde 1993 una British False Memory Society (BFMS) que fomenta el estudio de investigaciones sobre los recuerdos falsos. Se creó después que tras terapias regresivas, los pacientes creyeran haber recibido abusos durante su infancia.


Nada es sencillo, como saben los analistas de las autobiografías cuando contrastan datos y recuerdos o los recuerdos de distintas personas en los mismos puntos. Las percepciones son distintas y los recuerdos pueden serlo también. No es una cuestión de "relativismo", sino de la naturaleza propia de nuestra forma de recordar, acción de reconstruir ante la conciencia. No emerge cada vez el mismo recuerdo, sino que puede verse modificado por circunstancias específicas de nuestra condición.
En Ver, pensar, mirar (Anagrama 2013), la novelista y ensayista Sir Hustvedt escribe:

A veces los libros se entremezclan unos con otros en nuestra memoria. No hace mucho una amiga me contó que había vuelto a leer Trampa-22, ansiosa por releer su escena preferida. Nunca la encontró. Llegó a la conclusión de que se le habían mezclado dos libros en la cabeza. ¿Y el fragmento que tanto le gustaba? ¿A qué novela pertenecía? No pudo recordarlo. ("Sobre la lectura")**


El ejemplo es claro. No es una anomalía, sino una muestra clara del funcionamiento dinámico y creativo de la memoria en la construcción de los recuerdos. La expresión que usamos habitualmente —"juraría que..."— cuando algo no coincide con nuestros "claros" recuerdos, expresa nuestra incredulidad ante lo que comprobamos que no era como lo recordábamos. No está circunscrito a la infancia, donde el problema es de otra naturaleza.
En el artículo de El País se señala:

En el trabajo que se publica en Psychological Science, investigadores de la Universidad de la City de Londres trataron de explicar el origen de estas memorias ficticias. Como han mostrado en muchas ocasiones los estudiosos de la memoria, esta capacidad se parece poco a un sistema de grabación que recoge la realidad y más a la construcción de un relato que nos ayuda a tener una identidad con la que adaptarnos mejor a la vida.*

La palabra clave es el concepto de relato y el surgimiento a su hilo de ese "yo que recuerda. Nuestra cultura ha tenido como verdadera la metáfora del "fantasma en la máquina" y de un "yo" existente que va aprendiendo o recordando a lo largo de la vida. Es el "alma" en el "cuerpo", dos entidades de naturaleza diferente.
Lo que nos dicen hoy los científicos es otra cosa. No hay un yo previo, sino que es precisamente el relato el que hace surgir el yo biográfico. La amnesia infantil se produce porque no hay un "yo" que articule el relato asumiendo esas vivencias como propias. Es el yo el que da sentido al relato unificándolo a través del surgimiento de la memoria biográfica.
En las últimas década se ha producido lo que algunos han llamado el "giro narrativo" tratando de encontrar precisamente en el concepto de relato la cuestión de la relación entre la consciencia y la memoria, tratando de establecer el origen en el cuerpo como entidad generadora de señales del exterior que acaban dando forma a lo que llamamos un "yo".
El neurocientífico Antonio Damasio ha trabajado sobre estas cuestiones, ligando el yo al cuerpo y a las emociones primordiales que produce. En su obra Y el cerebro creó al hombre escribe algunas consideraciones esenciales en este caso:

La mente consciente se inicia cuando el sí mismo cobra sentido en ella, cuando los cerebros añaden el proceso que es el sí mismo a la mezcla que es la mente, al principio de una manera modesta, pero en lo sucesivo de una forma bastante firme. El sí mismo se construye siguiendo diferentes pasos que se fundamentan en la base que el proto sí mismo ofrece. El primer paso es la generación de sentimientos primordiales, las sensaciones elementales sentidas de la existencia, que surgen espontáneamente del proto sí mismo. El siguiente paso en la formación de esta identidad reflexiva es la del sí mismo central que se ocupa de la acción, esto es, en concreto, de la relación entre el organismo y el objeto. El sí mismo central se despliega en una secuencia de imágenes que describen un objeto que atrae al proto sí mismo y lo modifica, inclusive sus sentimientos primordiales. Por último, el tercer paso en la construcción del sujeto es el estadio del sí mismo que denomino sí mismo autobiográfico. Se trata de un sí mismo definido en términos de conocimiento biográfico que compete al pasado así como al futuro anticipado. Las múltiples imágenes cuyo conjunto coral define una biografía, generan impulsos del sí mismo central, cuya suma agregada constituye un sí mismo autobiográfico. (cap. 1, Esbozo de las ideas principales, IV)***


El "yo" (el sí mismo) no es algo que está dado, que viene dentro del cuerpo como en un recipiente: surge desde el cuerpo, por las informaciones que el cuerpo va dando al cerebro para que construya una imagen del mundo y que es mediada por los sentimientos "primordiales" (los básicos que dan forma a otros más complejos posteriormente). Ese "proto sí mismo" es el principio. Desde ahí solo se puede entender el proceso como una construcción por la interacción con el mundo que va alcanzando una enorme complejidad.
Cuando todo eso se articula en una forma narrativa disponemos de una historia propia, de un punto de referencia de la experiencia, de una mente consciente que es capaz de operar reflexivamente sobre sus propios recuerdos. Todo nace en el cuerpo, que no es una caja de transporte de la mente sino su fuente —el cuerpo tiene las puertas de los sentidos, como escribió el poeta Walt Whitman—.
Escribe Antonio Damasio sobre ese papel del cuerpo que va formando su propio yo:

Construir una mente capaz de abarcar el pasado que uno ha vivido y el futuro que ha anticipado, además de las vidas de otros que se añaden a la estructura, y, por si fuera poco, una capacidad para la reflexión, se parece a lo que sería interpretar una sinfonía de proporciones mahlerianas. Pero lo maravilloso, tal como ya se ha insinuado, es que la partitura y el director sólo se hacen realidad a medida que la vida se despliega. Los coordinadores no son míticos homúnculos sabios, encargados de interpretar cualquier cosa. Y a pesar de eso, los coordinadores ayudan a ensamblar un extraordinario universo de medios y a colocar un protagonista en su mismo centro. La gran obra sinfónica que es la conciencia abarca las aportaciones fundacionales del tronco encefálico, unido para siempre al cuerpo, y una imaginería mucho más vasta que el cielo, fruto de la cooperación de la corteza cerebral y las estructuras subcorticales, todo ello armoniosamente hilvanado, en un incesante movimiento hacia adelante que sólo el sueño, la anestesia, la disfunción cerebral o la muerte pueden interrumpir. (cap. 1, Esbozo de las ideas principales, V)***

La metáfora sinfónica le sirve a Antonio Damasio para representar esa idea de la totalidad del cuerpo en el yo que somos. La idea de armonía es esencial porque todo cuenta para ese resultado final, un yo que recuerda, que reflexiona sobre su pasado, presente y crea expectativas para el futuro. La memoria juega un papel fundamental en ese yo humano.
Más allá del cuerpo, hemos exteriorizado los recuerdos fijándolos. Una cultura es una memoria exterior, compartida, a la que accedemos a través de nuestra socialización, en donde aprendemos, memorizamos, la forma de relacionarnos con el mundo, con los demás, a interpretar lo que nos rodea en función de lo aprendido.
Hemos desbordado nuestras propias mentes a través del lenguaje, que nos permite no solo almacenar y clasificar, sino compartir con otros nuestras propias experiencias, nuestros propios recuerdos. El Arte es una manifestación obvia, pero también lo es la Ciencia, que es un depósito de conocimientos cuya experiencia podemos compartir.
No acabamos en nosotros mismos. Somos parte de la cultura, que es una forma de "yo compartido", expandido, común:

La marcha del progreso de la mente no termina con la aparición de los modestos niveles de sí mismo. A lo largo de toda la evolución de los mamíferos y, en especial, de los primates, la mente fue cobrando cada vez más complejidad, la memoria y el razonamiento se expandieron de forma muy particular, y los procesos del sí mismo ampliaron su campo de acción. El sí mismo central se mantuvo, pero de manera paulatina fue rodeado por un sí mismo autobiográfico que en su naturaleza neural y mental era ya muy distinto de aquel. En el momento en que eso aconteció fuimos capaces de utilizar parte del funcionamiento de nuestra mente para controlar el de las demás partes. Las mentes conscientes de los seres humanos, provistas de aquellos sujetos complejos que eran sus sí mismos, y apoyadas por capacidades mayores de memoria, razonamiento y lenguaje, engendraron los instrumentos de la cultura y abrieron el camino a nuevos medios de homeostasis en el plano de las sociedades y de la cultura. La homeostasis, dando un salto extraordinario, consiguió extenderse al espacio sociocultural. Los sistemas de justicia, las organizaciones políticas y económicas, las artes, la medicina y la tecnología son resultado de los nuevos dispositivos de regulación. (cap. 1, Esbozo de las ideas principales, VII)***


La homeostasis salta, nos dice Damasio, de la relación de "yo" con el "afuera" hasta constituirse en sistemas exteriores de regulación. Hay una continuidad pues entre el cuerpo y lo más básico y la complejidad creciente de nuestras culturas, cuya dinámica aumenta con la proximidad en la convivencia.
Las culturas cerradas se abren. Las normas se amplían para acoger las diferencias en sistemas armonizados. El equilibrio es un fin frente a las desestabilizaciones. Vivimos en un mundo en el que se tiende a la confluencia por esa anulación de las distancias que hemos producido. Podemos absorber la cultura ajena e integrarla en la propia a través de los viajes, las lecturas, los medios de comunicación, etc.
Las investigaciones sobre la memoria son investigaciones sobre cómo gestionamos la información que procede del exterior, cuya complejidad aumenta cuando surge esa consciencia que ya no se limita a vivir, sino a revivir, es decir, a recordar voluntariamente, a compartir los recuerdos con otros y a recibir los de los demás. No se puede hablar del ser humano, de la identidad, el yo o la memoria, sin tener en cuenta su dimensión social y sus implicaciones para nuestro propio desarrollo.
Los falsos recuerdos son una vía de estudio. ¿Quién recuerda en color las fotos o las películas en blanco y negro? Nuestro cerebro "colorea" lo que está acostumbrado a ver en las formas recordadas. La memoria ya no es solo cosa de poetas o historiadores. Forma parte del campo de estudio tanto del yo como de la cultura.


* "Un 40% de las personas tienen recuerdos de la infancia falsos" El País 25/07/2018 https://elpais.com/elpais/2018/07/23/ciencia/1532363183_072975.html
** Siri Hustvedt (2013) Ver, pensar, mirar. Anagrama.
*** Antonio Damasio (2010) Y el cerebro creó al hombre. Destino. Trad . Ferrán Meler

miércoles, 10 de mayo de 2017

El cuerpo regulado o causas y efectos del crecimiento de la población egipcia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La publicación egipcia Mada Masr nos trae un interesante reportaje sobre una cuestión que afecta al país directamente: la superpoblación. Con frecuencia se cita a Egipto con la coletilla del "país más poblado del mundo árabe". Ni "grande" ni "pequeño", sino poblado, un atributo que se percibe desde diferentes puntos de vista. Desde la economía, se ve la condena a la pobreza pues el estado no puede aportar recursos para tener una mejor vida; pero para los que piensan en los hijos como "bendiciones", como manifestaciones de la voluntad divina, la cuestión admite tintes muy distintos. Esta polaridad puede llevar a consideraciones y luchas diferentes a las habituales. Egipto, en este aspecto, no solo es el "más poblado" sino que es también el que crece más rápidamente. Para muchos este crecimiento es signo de favor divino, pero desde la perspectiva del sostenimiento del país es una condena a la pobreza y a todo lo que ello conlleva, desde el aumento incontrolable de enfermedades hasta la expansión de la ignorancia ante la imposibilidad de ofrecer servicios convenientes ni en sanidad ni en educación.
La publicación explica el nuevo conflicto que se abre ante la disparidad de criterios de las autoridades del Estado y las religiosas, ya que en el centro de la cuestión está la interpretación del mandato de sobre la natalidad. Con una distinción teóricamente clara entre una permitida "planificación familiar" y un prohibido "control de la natalidad", Egipto puede "abstenerse", pero no "impedir" ya que eso es interferir en los planes de la creación, en el doble sentido del término. Y ¿quiénes somos nosotros para hacerlo?
Señalan en el reportaje:

The Islamic religious establishment’s jurisprudential viewpoint is in clear opposition to birth control — as evidenced by various fatwas issued by Dar al-Ifta. This contradicts the fatwa issued by Tayyeb during Sisi’s 2015 speech, designating it halal. For instance, one fatwa responding to a question about birth control states, “If what you’re intending is to restrict the number of children out of fear of poverty, then this is inadmissible. Allah the Blessed and the Exalted states in Surat al-Israa, verse 31: ‘And do not kill your children for fear of poverty. We provide for them and for you.’”
In a sign of ongoing tensions between the state and religious institutions over the issue, media outlets reported that Social Solidarity Minister Ghada Waly suggested imposing penalties on families that exceed a certain number of children. These claims, later denied by the minister, were met with a fatwa from Dar al-Ifta which reiterates the inadmissibility of birth control. The fatwa states that “Islam does not impose a certain number of children on a Muslim. Islam urges all able Muslims to reproduce and multiply.”
The Coptic Orthodox Church’s stance on birth control is not substantially different from the official Islamic position. Natural birth control methods accepted by Islamic and Christian institutions include timing intercourse before or after the period of fertility following menstruation or using the withdrawal method where the man ejaculates externally. Their promoted methods do not include the use of birth control pills, diaphragms or even male condoms.*


Con este planteamiento, el crecimiento incontrolado de la población solo traerá pobreza pues se consumirán todos los recursos del estado con muy poca eficacia. Los problemas de la pobreza son muchos como es obvio. Y muy difíciles de erradicar.
El artículo, en cualquier caso, trata de expresar el conflicto existente entre las autoridades religiosas y las políticas. En la medida en que la constitución egipcia establece que la Sharia es fuente de legislación, el peso de la Universidad de Al-Azhar y de todo aquello que los clérigos puedan establecer como posible, es decir, ajustado a la religión, es enorme. La expansión del control religioso no es una cuestión de los clérigos, sino de todos aquellos que basándose en su autoridad controlan la vida de las personas, como ocurre con un sector muy peculiar, el médico.
En Mada Masr escriben:

Religious guardianship may even extend to physicians’ clinics, where doctors speak to their patients in the name of God and religion.
“I went for the first time in my life to see a gynecologist with my mother who wanted to know when I would start to bear children,” Christine recalls. “I told the doctor that I would like to use contraceptives for a year as I had just gotten married. He told me that it is against God’s will. Of course my mother was very pleased when he advised me to start having children. He refused to prescribe me medication and I was afraid to try anything on my own.”
Other women recount being compelled to switch doctor several times after receiving similar advice about the inadmissibility of contraceptives in religion, especially in the first years of a marriage. They say that doctors’ insistence on giving them “morality lectures” was a psychological burden, compounded by family pressures, leading them not to seek any form of contraception.*

La medicina no es solo una cuestión del cuerpo, sino que ese "cuerpo" es una construcción cultural, una intersección de discursos sobre qué significa, cómo debe ser regulado, qué puede hacer o no, etc.
El sector médico siempre ha tenido una fuerte presencia islamista, por lo que aprovechan a controlar el cuerpo no como algo perteneciente a la persona, que puede decidir sobre él, sino como algo que está cedido para una finalidad que nos sobrepasa. En este sentido, el médico o cualquier otro miembro de las instituciones que controlan nuestros cuerpos, puede interponerse, como se nos cuenta en el reportaje.


Cualquier intento por reducir el número de hijos para poder afrontar el destino del país chocará con todas esas resistencias que no solo mantienen sus criterios sino que muestran al Estado quién manda realmente. De esta forma, el poder religioso sobre los ciudadanos da fuerza y autoridad a todos los que se presenten como portavoces divinos. En la publicación se señala:

Kawthar al-Kholy, director of the Noon Center for Women and Family Issues, which works primarily with poor women in rural areas, also points to the “primacy of religion among the marginalized, poor and uneducated.”
“If people are addressed by a government official or a science or health expert, they will listen only in the presence of a cleric,” Kholy says. “We conducted trainings for sheikhs and priests on issues such as female circumcision, women’s education and even women’s work. Most secular institutions have with time come to see that without the participation of religious clerics, their efforts are wasted.”
But many women who do want fewer children are prevented from doing so, in both rural and urban settings.^

Este cuerpo tutelado, bajo supervisión de los clérigos, permanece atado. Solo se es "libre" para hacer lo prescrito. Cuanto mayor sea el control sobre él, mayor es el poder sobre el cuerpo social.
Una vez más, la lucha se hace sobre el cuerpo de las mujeres, ya que son ellas las que han de tener los hijos y casi siempre cargar con las consecuencias. Las historias de maridos que se niegan a poner control de ningún tipo en sus relaciones, cargándose de hijos para después desaparecer no son algo infrecuente:

One such woman, Mona, says “Although me and my husband faced difficult financial circumstances after the revolution, he insisted on not using any means of contraception, which the mosque’s sheikh said were haram because God will provide sustenance.” He threatened to divorce her unless she complied, so she did.
“After having many children, our home got so crowded that life became very tough, and he divorced me and married a younger woman. He doesn’t ask about me or the children, nor does he financially provide for them,” she adds.*

 La ineficacia del sistema deja a las mujeres cargadas de hijos, queridos todos por Dios, pero despreciados por sus desaparecidos padres, que sigue fecundando mujeres con la alegría de quien expande su ego.


Los efectos de superpoblar el mundo con la esperanza de que algún día serán premiados son devastadores. No hay premio; solo deterioro. La esperanza política del presidente de encontrar un apoyo razonable en la transformación de lo evidente, choca con la resistencia islámica que controla el cuerpo social. ¿Cómo sacar de la pobreza, educar, mantener, etc. a una población que no deja de crecer? ¿Cómo frenar una tendencia constante al deterioro cuando la única respuesta es un dedo señalando al cielo?
El presidente al-Sisi ha tratado de controlar a los clérigos o al menos obtener de ellos respuestas que permitan aceptar políticas modernas para problemas antiguos. Pero no están dispuestos a renunciar a lo que es su poder.
En la medida que la obligación está expresada en la Constitución, es posible que se produzca algún tipo de intento de reformarla en aquellos aspectos en los que las acciones se ven frenadas. Eso será un enfrentamiento enorme. Pero muy poco se puede hacer si siguen creciendo al ritmo que lo hacen. Los titulares de Newsweek ("Forget ISIS, Egypt's Population Boom is its Biggest Threat") o las palabras del presidente recogidas por Egypt Independent en el suyo ("Population growth is no less dangerous than Terrorism: Sisi"), ambos recientes, muestran la cara dramática y urgente del problema.
Pero ¿cómo hacer que se considere un "problema" lo que se considera una "bendición" y un mandato divino de expansión? En la cultura no hay nada aislado y las batallas no están aisladas de la guerra. Nacimientos, mujer, cuerpo, religión, poder, política... todo está entremezclado.


* "Overpopulation, religion and fatwas on demand in Egypt" Mada Masr 7/05/2017 http://www.madamasr.com/en/2017/05/07/feature/society/overpopulation-religion-and-fatwas-on-demand-in-egypt/