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martes, 23 de abril de 2024

Los filósofos y el atizador

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Confieso que me quedé casi paralizado al leer el siguiente titular en la BBC: "Popper vs Wittgenstein: los 10 minutos de la explosiva confrontación entre dos gigantes de la filosofía que marcó un hito". Después de haber navegado sobre el mundo hispánico con titulares sobre si Koldo habla o no, sobre si hace falta más nacionalismo después de las elecciones vascas, sobre si Illa compró mascarillas o sobre "goles fantasma" y la necesidad de un VAR específico que lo determine, sobre lo que giran las noticias hispanas, la aparición del titular elevaba mis expectativas sobre la BBC, bastante de capa caída a tono con otras webs informativas.

Con ilusión, incluso con esperanza, me lance a la lectura del texto. Pero pronto todo se fue aclarando... y diluyendo. Esos diez minutos de "explosiva confrontación" que "marcaron un hito" no era una metáfora sobre ningún encuentro filosófica, sin la leyenda urbana filosófica sobre la amenaza con un atizador de Wittgenstein a Popper. Aquellos dos gigantes de la filosofía del siglo XX (con un tercero, Bertrand Russell allí mismo) habían tenido una trifulca.

Así pues los dos filósofos regresaban a las páginas de la BBC por un gesto que, según se nos dice, es más creación de Popper en sus recuerdos que otra cosa. En el inicio del texto de la BBC nos explica: 

Si lo ocurrido en la noche del viernes 25 de octubre de 1946 hubiera sucedido en esta época, y las celebridades de la filosofía atrajeran la misma atención que las de otros ámbitos, las redes sociales habrían estallado.

Los protagonistas del enfrentamiento que tuvo lugar en un salón de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, difícilmente podían haber sido más sobresalientes.

En una esquina estaba Ludwig Wittgenstein, considerado por muchos el filósofo más brillante de la era moderna, al que, entonces como ahora, se le describe muy a menudo con el adjetivo "genial".

En la otra, Karl Popper, uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX, quien más tarde confesaría: ''Admito que fui a Cambridge con la esperanza de provocar a Wittgenstein".*

La negrita del inicio nos lo dice ya casi todo, no sobre los dos "contendientes" en sí sino lo que hubiera supuesto en un mundo de "redes sociales". Estas habrían "estallado", se nos dice en un intento de situarnos en lo que parece ser un mundo diferente. No se trataba de acercarnos a un mundo en el que era posible que tres filósofos se reunieran a discutir, si no que, por el contrario, se trata de reducir a esos tres grandes filósofos al nivel de la actualidad, es decir, de sensacionalismo barriobajero, algo que nos habría hecho bramar de emoción.


El hecho que se nos trae y "replanta" en la fértil actualidad es el presunto gesto de Wittgenstein, con un atizador de chimenea en la mano hacia Popper por una respuesta inadecuada en la reunión del "Cambridge University Moral Sciences Club (Club de Ciencias Morales de la Universidad de Cambridge)", donde filósofos y estudiantes de filosofía debatían entonces.

Si uno compara lo que pudieran ser y representar aquellos debates con lo que el artículo propone sobre su éxito en las actuales redes sociales que "habrían estallado", según se dice, no podemos dejar de ver la caída cultural en picado que padecemos. No habríamos "estallado" con ninguno de sus problemas, de sus propuestas; solo una pelea a atizadores habría llamado nuestra atención.

En el texto leemos: 

Según contó Popper, el único de los dos filósofos que escribió sobre los hechos: "tras un tiempo sorprendentemente corto, recibí una carta de Nueva Zelanda preguntándome si era cierto que Wittgenstein y yo nos habíamos agarrado a golpes, ambos armados con atizadores".

Por llamativa que haya sido, esa versión temprana fue desestimada: nunca hubo dos atizadores.

Pero uno bastó para hacer del episodio uno tan memorable.

No obstante, hasta el día de hoy, nadie sabe con certitud qué pasó y cómo, a pesar de que hubo varios testigos del incidente, como relatan en su libro "El atizador de Wittgenstein" John Eidinow y David Edmonds.*

No sé si estas expresiones —como la de "memorable"— son las más adecuadas o si solo forman parte de este embalaje promocional con el que hemos de revestir cualquier cosa para hacer llegar a estos públicos, dignos de un circo romano, que se están construyendo. El problema es que este público es la sociedad, una sociedad a la que se está dando continua forma en estos elementos triviales, sensacionalista.

Mi esperanza inicial de que la cultura tuviera un lugar en la página de la BBC, que se huyera durante unos minutos de este mundo glorioso que se nos describe y construye cada día a golpe de fruslerías, trivialidades y maldades, todo por la causa de las audiencias. Esto, evidentemente es un círculo vicioso: la brutalidad embrutece, la trivialidad nos hace ligeros, ignorantes. "De lo que se come se cría", dice el refrán y en nada es más cierto que en el consumo de información.

El presunto incidente que da lugar a esa entrada se nos relata así:

Recordemos que la ponencia de Popper era "¿existen problemas filosóficos?", y él argumentó que sí, pero para Wittgenstein lo que existía eran enigmas lingüísticos.

Según afirmó Popper, en sus memorias "Búsqueda sin termino: una biografía intelectual", publicada en 1974, más de dos décadas después de la muerte de Wittgenstein, le dio "una lista que había preparado de problemas filosóficos, tales como: ¿Conocemos las cosas a través de nuestros sentidos?, ¿Obtenemos nuestro conocimiento por inducción?".

"Wittgenstein los descartó por considerarlos más lógicos que filosóficos".

En su versión de lo ocurrido, "Wittgenstein, que estaba sentado cerca del fuego y había estado jugando nerviosamente con el atizador, que a veces usaba como bastón de director para enfatizar sus afirmaciones".

Y, cuando surgió una pregunta sobre el estatus de la ética, lo retó:

"'¡Dame un ejemplo de regla moral!'.

"Respondí: 'No amenazar a los profesores visitantes con atizadores'.

"Entonces Wittgenstein, furioso, arrojó el atizador y se fue iracundo, azotando la puerta al salir”.

Y ese recuento de esos 10 minutos de 1946 todavía provoca amargos desacuerdos, confirmaron Eidinow y Edmonds, particularmente la acalorada disputa de si Popper mintió al relatar los que ocurrió en la reunión.*  

 


La diferencia aquí no como del vaso, medio vacío o medio lleno. Es quedarse en lo trivial, en lo circunstancial de que Wittgenstein tuviera un atizador en la mano y lo de menos la naturaleza de la discusión. Hoy nos quedamos sobre lo trivial porque no consideramos que le importe a nadie el problema planteado. ¿A quién le importa si existen "reglas morales" o no? La simple mirada al resto de los titulares basta para convencernos de que es poco probable que existan y que si existen no le importa a nadie.

Desde que los medios decidieron que lo suyo era generar audiencias y no educarlas, el embrutecimiento es la vía más rápida para hacerlo. Podremos argumentar que eso forma parte del "tratamiento necesario" para poder introducir alguna pincelada filosófica, un breve esbozo de quiénes eran. Pero deja de ser triste y revelador que ese sea el método ante el desconocimiento de todo lo que no sea inmediato y vendible.

Para ser justos, La Vanguardia, demostrando que los métodos funcionan, nos dio el 1 de febrero de 2021 el siguiente titular:  


* "Popper vs Wittgenstein: los 10 minutos de la explosiva confrontación entre dos gigantes de la filosofía que marcó un hito" 20/04/2024 https://www.bbc.com/mundo/articles/cn04w4zn2qwo

BBC


jueves, 31 de marzo de 2022

Los debates sobre la Filosofía

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Cada cierto tiempo, en España llega a los medios la polémica sobre las Humanidades. Unos y otros se tiran trastos a la cabeza sobre lo que debe ser el proyecto educativo y qué se puede incorporar a él. Como ocurre en este caso con la Filosofía, unos y otros se lanzan los trastos a la cabeza señalando insensibilidades, olvidos, ignorancia, una mezcla en la que nadamos todos.

Lo que ocurre con la Filosofía es el reflejo del estado de esta sociedad en la que se valoran otras cosas que se confunden con el pensamiento, como el ingenio. En un mundo cada vez más mecanizado, sujeto a protocolos y en el que ha hecho fortuna esa desafortunada frase de "no te pagan por pensar", el papel de la Filosofía debe ser explicado. Lo malo es que cuando tienes qué explicar a alguien para qué sirven las humanidades es signo de que no lo va a entender, por lo que no merece mucho la pena ponerse a ello. Si hay que explicar su "utilidad" es que estamos ya perdidos.

Convertimos lo que es previo, el pensamiento y su papel en la cultura, en un campo que puede ser ordenado, clasificado, resumido, convertido en manual. Y es por ahí por donde la Filosofía, nombre puesto a un conjunto de ideas y escritos muy diversos, repartido de formas muy diferentes, que van de novelas como El extranjero, de Albert Camus, a tratados como los de Spinoza o Kant, de ensayos como los de Montaigne a obras de teatro como Las manos sucias, de Jean-Paul Sartre. "Filósofos" y "Filosofía" son un intento de poner puertas al campo del pensamiento humano. Es una forma de convertir en libros de texto manejables lo que por su propia naturaleza es cambiante y expansivo. La filosofía, como dijo J. Derrida de la "deconstrucción", es todo y nada. Es nuestro amplio pensamiento enfrentado a las preguntas que el mundo nos plantea si estamos despiertos, lo que no es frecuente.

El abandono, rechazo, ignorancia, desprecio, etc. de la Filosofía es un signo de estos tiempo "huecos" (también T.S. Eliot hizo filosofía a través de la poesía). Ha estado viva cuando hemos estado vivos y se ha disfrazado de múltiples maneras, unas con sencillez y otras de forma muy compleja. Su pensamiento, además, se ha ido desgajando para ejercer la reflexión sobre el mundo y nosotros en él desde otros campos, lo que ha creado, recelos y suspicacias.

Lo que hay que separar claramente es el pensamiento del cómo del pensamiento del qué. Al convertirse en "materia" escolar o académica, algo que se enseña, se produce siempre una reducción. Aprender el pensamiento de otros puede ser útil, pero lo es más aprender a pensar por uno mismo, que es lo que hicieron esos pensadores a los que admiramos por su sentido crítico. Desgraciadamente el sistema educativo apuesta pocas veces por la independencia de criterio y tiene más como función uniformar a todos con apenas variantes. este es en gran parte el drama de las Humanidades en su conjunto, que se consideran un fin en sí mismas, un material que aprender, y no un punto de partida para la maduración intelectual de cada uno a su manera, con sus escritores, pintores, filósofos favoritos, que serían aquellos cuyas visiones del mundo nos satisfacen más. Pro ¿a quién le importa esto en un mundo trivial, donde se aprende a manipular a las personas para que voten o compren (apenas hay diferencias)?


La falta de sensibilidad ante la Filosofía se produce por la incapacidad manifiesta para comprender qué sentido tiene. Es el resultado de un mundo plano, unidireccional, que se olvida de su pasado, de su historia y legados, de cómo se ha visto el mundo y al ser humano. Eso ya está reflejado en los propios sistemas educativos y en sus resultados, las mentes.

Las peleas políticas sobre la asignatura de Filosofía, las sectoriales, etc. son ya el reflejo melancólico de aquello que se ha perdido, al igual que los románticos idealizaron una Naturaleza que ya estaba perdida o María Antonieta se disfrazaba de pastorcita.

La confianza depositada en las máquinas y en la Inteligencia Artificial no muestran que no vemos el futuro dentro de nosotros mismos, sino atendiendo a una máquina que piense por nosotros. Los filósofos no piensan por nosotros ni para nosotros. Su pensamiento real es un intento de cuadrar problemas, solución provisional tras solución provisional. Hoy queremos "resultados", "reducciones", "simplificaciones", "protocolos"... ¿A quién le hace falta la "filosofía"? dicen algunos.

Hace unos días un compañero se escandalizó al grito de "¡esto es filosofía!" cuando vio que mis alumnos recurrían a Michel Foucault en sus trabajos de análisis del poder y el control de los discursos, que utilizaba las ideas de Lotman para analizar las relaciones interculturales o que hacían trabajos partiendo de la idea nietzscheana de "metáfora". La palabra "filosofía" resultaba obscena en su boca, "¡esto es filosofía!". ¡Era un escándalo!

En este mundo donde se redirige al profesorado hacia estrechos caminos de especialización, donde cada uno solo lee aquello que le sirve para un artículo, que solo se cita lo que es de tu campo, etc., ¿qué podemos esperar? Se recoge lo que se siembra y a veces ha sequías e inundaciones.


Solo se debate la presencia o ausencia de la Filosofía como "materia", sobre las horas que se le dedica o si, como hace el gobierno, se ha transformado en otra cosa. Lo que debería debatirse es cómo aprender a pensar, pero eso siempre es peligroso. Los filósofos (o personas a las que hemos etiquetado así) han pensado, no han hecho filosofía, eso es más reciente. Tengo mis dudas sobre si la sociedad que estamos construyendo tiene como fin que pensemos. Tengo serias dudas que se quiera hacer de nosotros personas independientes, con criterio. Por contra, tengo muchas evidencias sobre la masificación, la trivialización y los cambios de valores sobre el mundo y sobre nosotros en él.

Si no pensamos en la sociedad de otra manera, más allá de las rutinas que ponemos en marcha, de los pobres objetivos que nos planteamos a través del sistema educativo y laboral, difícilmente podremos valorar la presencia de los autores diversos que han intentado darnos sus visiones críticas, reflexivas del mundo y de nuestra condición. El sistema prefiere aduladores, confirmadores de que esto que tenemos es lo mejor y lo necesario.

Muchos filósofos nos han informado de lo incómodo que resulta llevar la contraria a la corriente principal, pensar por uno mismo. Hoy, en un mundo mediático, es más fácil pensar en términos de manipulación que en términos críticos. La Filosofía es un estímulo para el pensamiento, para ponernos en marcha fuera de las rutinas a que estamos sometidos, un mundo cada vez más limitado en lo esencial y más variopinto en los circunstancial. Se nos invita a recorrerlo, pero no a profundizar en él, de la misma manera que se nos invita al narcisismo y no a la reflexión interior.

La polémica actual tiene muchos niveles, pero un solo problema: hay que convencer al que no lo entiende de porqué es necesario salir del camino trillado. Y cada vez son más las resistencias, dentro del utilitarismo que nos guía. Estas aumentan en un mundo que se desprende a pasos agigantados del pensamiento, que lo considera un obstáculo.

Que tengamos que explicar la importancia de la Filosofía, que haya que debatir sobre ello, ya es un fracaso.



viernes, 28 de junio de 2019

Gianni Vattimo, su gato y el mundo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
"Morir me sabe mal por el gato y por algún amigo". La frase aparece en la entrevista con el filósofo italiano Gianni Vattimo. Su foto está en lugar preferente en la primera de El País, sobre un titular mucho más espectacular: «Gianni Vattimo: “Espero morir antes de que reviente todo”». El periodismo nunca renuncia a lo espectacular, pero las verdades están en los detalles. Y el detalle es la pena por el gato y el amigo, dos formas de relación en las que habrá encontrado momentos de pequeña felicidad, que es a lo que su puede aspirar con el tiempo. El tiempo lo es todo para los humanos, especialmente si tienes ganas de dejar algo a un mundo que dudosamente lo merece, pero al que te aferras por algún amigo que ha sobrevivido y un gato que no te manifiesta cariño especialmente, pero al que se lo puedes manifestar. Cuando te desengañas de recibir, solo te queda la satisfacción del poder dar Quieres a tu gato o a tu planta o a tu pez... y punto. La coherencia entre ambos titulares es grande; cuando esperas morirte antes de que reviente todo, como dice Vattimo, es normal que sientas hacerlo por tu gato y un amigo. Son los problemas de la lucidez. Otros, simplemente, mueven la cabeza.

Algunos pensarán que Vattimo simplemente se ha hecho "viejo", algo que le recuerdan y de lo que es consciente. Cosas de la gente mayor. No creo que sea el caso más que en el sentido que en nuestras sociedades tiene ese hacerse mayor, que implica el desplazamiento laboral y la incomprensión generacional. 
Vattimo es de los que trataron de decir algo al mundo, de explicar a los nuevos tiempos las viejas ideas, que son las que nos rondan y a las que no dejamos de dar vueltas. Dice Vattimo que las viejas glorias que le ilusionaron ya no dan más de sí. Lo dice de Heidegger, no porque lo que dijera no fuera importante, sino probablemente porque el mundo ha ido y va en otra dirección.
De nuevo, la lucidez como problema. Quizá ese sea el mayor castigo; mantener la lucidez en mitad de la estupidez. ¿Qué puede esperarse de un mundo en el que su centro más poderoso está ocupado por Trump, un mundo en el que sus estornudos provocan el Efecto Mariposa? Quizá por eso Vattimo echará de menos a su gato, indiferente a Trump y le envidiará su suerte como un San Antonio tentado anhela la insensibilidad de la piedra para no sufrir.
A los cuadros habituales del dolor, del sufrimiento, se abre ahora el que queda abierto por la estupidez ambiental, por el rechazo de la situación en donde se educa para ser "eficiente" en el sistema fabril y a aspirar a poco más una limosna en un mundo en donde la gente acabará pagando por trabajar.
Pese a ello, Vattimo sigue trabajando en un próximo libro. Nos dice:

Es un esfuerzo para no tirar a la basura a Heidegger. Siempre me he ocupado de él y de Nietzsche. Soy un poco monótono, pero me parecía interesante ver el mundo desde ese punto de vista. Y en ese libro hay tres núcleos conceptuales. El primero, filosófico: la verdad es un tejido de interpretaciones y no una suma de datos. Es decir, ¿es lo que vemos u otra cosa? Y ahí es esencial el lenguaje, un tejido de proposiciones y creencias colectivas que tienen su estructura conjunta.*


Del segundo núcleo nos hablará más adelante, de su pensar desde un cristianismo crítico, como parte de una cultura marcada por lo religioso. El tercero no aparece, tapado por las cuestiones importantes del día, por el perverso efecto periodístico: Salvini, Europa, su militancia de izquierda comunista, su homosexualidad, etc.
Pero con el primer núcleo, efectivamente, ya tenemos lo que convirtió a Gianni Vattimo en padre de esa corriente del "pensamiento débil", de esa hermenéutica, hija de la inflación de los mensajes por el estallido de los medios en la segunda mitad del siglo XX.
No es casual que le pregunten por las "fake news", que es la forma en la que —gracias a Trump, ¡triste sino!— hemos redescubierto que existen, como recordó Foucault, la palabras  las cosas, los eventos y los discursos, que lo propio del hecho es desaparecer y los propio de la cultura recogerlo como discurso en memoria o archivo. Que no accedemos a lo que ocurre, sino a lo que otros nos cuentan, lo que nos lleva a un estatus epistemológico determinado. Las consecuencias han sido la crisis profunda de la Historia, como discurso, cuestionado y condenado a la revisión perpetua.


Ya se nos ha olvidado aquello de la "edad de la sospecha" o de la "época del recelo", etc. El mundo se nos ha llenado de "verdades" infumables, que son las que han permitido a la gente volverse tan segura de sus creencias por viejas, obsoletas, equivocadas, que puedan estar. Se acabó la modestia del pensamiento débil, de la crisis de la certeza, etc. Ha llegado la era de la rotundidad, de la verdad gritona, de los pulgares alzados.
Pero Vattimo quiere a su gato. Es importante. Se hace difícil el amor entre tanto egoísmo, pero es nuestra debilidad. Una hermosa debilidad la de querer a otros. En el fondo es lo que nos queda entre tanto ego. Frente al instinto reproductivo e interesado, frente al "gen egoísta", de Richard Dawkins, el amor desinteresado y absurdo. Te quiero y no me importa que no me quieras, le dice Vattimo a su gato y a las personas sensatas que deben aprender que el vivir, como dice una canción china tradicional, es ir perdiendo lo que se ama, hasta que al final nos perdemos a nosotros mismos.
Vattimo es filósofo y es cristiano, comunista y homosexual, aunque le cuesten todas estas cosas cosas un disgusto. Viene de un tiempo de síntesis, de locuras conciliatorias porque nuestra razón no da más de sí y porque han descubierto que no es tan razonable como pensábamos.
Se dice monótono, pero el problema del Lenguaje, el núcleo hermenéutico, sigue siendo el central en el siglo XXI, como ya lo fue en el XIX, en el que resurge la vieja Hermenéutica con nuevas preguntas y en el XX, en donde se hace necesario hacer sitio a lo que nunca lo había reclamado en la Filosofía, el diálogo, más allá de lo retórico. Se pasa del otro al que convencer (retórico) al otro al que comprender y con el que coexistir, algo bastante diferente.

En el concepto de diálogo se encierra nuestra relación con el mundo (el bosque de símbolos baudeleriano) y la cuestión del otro, como una salida a la frialdad del ente metafísico, a su universalidad e indiferencia. La reflexión del XX, como la del XIX, nos lleva hacia el problema de la alteridad, de la "otredad". Cuando entra el problema del otro (o el otro como problema) es cuando se hace necesario revisar la herramienta del diálogo, el lenguaje. De ahí ese doble giro lingüístico y hermenéutico, que se complementará con la semiótica como necesidad de comprender los signos que forman nuestra cultura y las capas de nuestro propio ser, suma de lenguajes, erratas.
Pero el mundo viaja por una vía paralela, la de la información. De la apertura del diálogo, del sentido hermenéutico de búsqueda, se da por otro lado el cierre de la información, la de la transmisión de signos inequívocos hasta reducirse a la mayor simplicidad, lo binario, los ladrillos de la comunicación.
Comunicación y diálogo son dos formas distintas de enfrentarse a la vida. Lo humano es el diálogo, lo que nos hace vivir y establecer el vínculo con los otros, los afectos, los sentimientos y nuestra lucha por expresarlos y por comprender la forma en que los otros lo expresan, en una continua lucha, en la agonía de la imperfección de la carne. Frente a ello, las máquinas que se comunican entre ellas con la precisión de lo inequívoco, sin necesidad interpretativa, es decir, de ponerse en el lugar, la mente del otro. Forzamos a las máquinas a aprender a comunicarse con los humanos y a los humanos a enfrentarse a este falso diálogo con nuestro propio producto. Así, frente al otro, la máquina es nuestra imagen especular ante la que fingimos dialogar.


Esto ya está en Platón y el problema de la escritura y de lo oral, solo posible con el otro presente, impidiendo el olvido de la diferencia. Por el contrario, el diálogo con la máquina es solo buscar en lo ya sabido, en lo almacenado. No hay descubrimiento, solo superación de los lapsus. Con la máquina llenamos huecos, completamos la información necesaria. Con los otros vivimos, crecemos, experimentamos.
Vattimo ha encontrado en su gato y un amigo el apoyo a la existencia, a seguir viviendo. ¡Feliz él! Muchos no llegan a tanto. Quizá la vida del humano sea esa, la de encontrar en su consciencia un punto de justificación que le haga sobreponerse a su propia lucidez melancólica. El siglo XIX comenzó a teorizar sobre el suicidio (y a practicarlo) precisamente por eso.
La vida filosófica de Vattimo es un pensar sobre lo que se da por supuesto, porque forma parte del acto mismo de hacerlo, del lenguaje. El siglo XX ha sido el del Lenguaje desde varias perspectiva, una de ellas la filosófica. Desgraciadamente, calificar de "filosófico" algo supone desplazarlo del centro existencial y llevar a lo controlado de la educación o de la profesión.
Lo que Vattimo va a contarnos ya lo ha dicho, probablemente. Pero la filosofía es diálogo con lo que hemos sido y lo que entrevemos ser, un punto de revisión de las heridas abiertas que no llegan a cicatrizar. La eficiencia filosófica solo es la tonta ilusión del que cree que los problemas humanos se resuelven y no que son consustanciales a nuestra propia humanidad. Por eso la pregunta (típica en los Ministerios) ¿para qué sirve la Filosofía? es absurda.
Hay un aspecto interesante de estas heridas abiertas: la constatación de que el pensamiento está más vivo en Latino América que en nuestro Occidente que se dedica a mirarse el ombligo provocando dolores cervicales. Nuestra conversión absoluta en espectáculo y en negocio (es lo mismo) hace que nuestro pensamiento sea mero refrito con aspiración de bestseller. Vattimo está más vivo en la América por debajo del muro de Trump. También sobreviven por allí otros pensadores de la época, acogidos en textos y debates. Por aquí, solo hace calor.
El nuevo circo no tiene aspiraciones, solo la permanencia rutinaria del éxito. Una nueva máquina, más eficiente qué Sísifo (ahora en el paro), rueda la roca por la ladera. ¡Qué precisión la suya!



* Entrevista de Daniel Verdú "Gianni Vattimo: “Espero morir antes de que reviente todo” El País 28/06/2019 https://elpais.com/cultura/2019/06/27/actualidad/1561645934_992756.html

miércoles, 13 de febrero de 2019

Los tenderos del conocimiento o fin del milagro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En su momento celebramos el regreso por reconocimiento de su papel de la Filosofía a los planes educativos en España. Nos parecía una muestra de cordura, la palabra más en desuso en nuestro país y que cuando se manifiesta lo hace junto al reconocimiento de una carencia.
El diario ABC publica una carta firmada por Concha Roldán Panadero, presidenta de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política, y María José Guerra Palmero, presidenta de la Red Española de Filosofía, en la que se expresa el malestar profesional y lo absurdo de la situación creada por la falta de criterio manifestado por los responsables de las instituciones educativas ante el caso.
En la carta se comienza constatando la ignorancia de lo acordado anteriormente:

En la presentación del anteproyecto de una nueva Ley Educativa, el pasado 14 de diciembre, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que no cumple plenamente con el acuerdo parlamentario sobre la recuperación de un ciclo formativo de Filosofía organizado en tres cursos. La Lomce había suprimido dos de las tres materias de este ciclo: la Ética de 4º de la ESO y la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato. El pasado 17 de octubre, en la Comisión de Educación del Congreso de los diputados, se lograba una suerte de milagro político, aunque el acuerdo debería ser lo habitual en el terreno educativo. Se alcanzaba un consenso entre los cuatro partidos mayoritarios (PP, PSOE, Ciudadanos y Unidos Podemos) acerca de la vuelta y la restitución de la Filosofía. Tras el fracaso del Pacto Educativo en la anterior Legislatura, el acuerdo sobre el ciclo de Filosofía fue recibido como una magnífica noticia por la opinión pública. No hace falta decir que dar estabilidad al sistema educativo es una demanda del profesorado, los padres y madres de familia y del mismo alumnado. La educación es el pilar sobre el que descansa no sólo la misma democracia sino el desarrollo y la prosperidad de cualquier país.*



No está España para "milagros" y si los hay son como los de Berlanga los jueves. Lo señalado demuestra que el sistema educativo se ha convertido en un ejemplo de encastillamiento autónomo que defiende más los intereses creados que pasan por esta suerte de resistencia al cambio de materias. De hecho, una de las cosas más sorprendentes es la adscripción de la Ética a la Ciencias Sociales, despropósito que solo tiene como explicación el fenómeno del colonialismo educativo, consistente en la colocación de profesorado sobrante en áreas que se les habilitan. Primero un pie, luego el otro. 
El problema es lo que eso significa e implica a todos los efectos, tanto laborales como de enfoques de las materias. Por decirlo así, primero están los intereses de los grupos y estos dan forma a lo que se ofrece.
En la carta se señala con claridad cuál es la percepción que el ministerio tiene sobre esta cuestión y cómo afecta a la cuestión de las materias impartidas y —lo esencial en estas luchas— quién lo imparte.

El proyecto del Ministerio se decanta por la denominación de Valores cívico-éticos con una asignación horaria mínima y no adscritas al profesorado de Filosofía. La Ética queda reducida, de facto, a una mera educación en valores que no llega a plantear la reflexión rigurosa sobre las cuestiones básicas de la libertad, la felicidad o la justicia, ni proporciona las herramientas lógicas, argumentativas y deliberativas que conforma el acervo de la filosofía moral. El modelo se asemeja a la formulación de la enseñanza moral y cívica del sistema francés, pero no le da la relevancia debida al eliminar la Ética en el último curso de la enseñanza obligatoria. De esta manera, no hay reflexión explicita sobre los derechos y los deberes, ni se sistematizan los elementos requeridos para la construcción de la autonomía del individuo y para vertebrar la reflexión sobre su futuro profesional en términos que conjuguen la autorrealización personal y la responsabilidad social. A los quince años es cuando se empieza a tener madurez cognitiva y emocional para afrontar conscientemente la asunción de derechos y deberes y reflexionar con seriedad sobre el papel a desempeñar en la sociedad y en el mundo. El final del Educación Secundaria es un momento de toma de decisiones con gran repercusión en las opciones futuras de los jóvenes.*

Como procede en el caso de personas del campo de la Filosofía intentan razonar con un ente poco razonable, investido de autoridad y sabedor de que sus intereses se manifiestan en un momento en el que la atención política se concentra en el caos que nos rodea, probablemente producido por personas cuya falta de formación y criterio es manifiesto a la vista de los resultados. Por decirlo así, estamos pidiendo respeto, reconocimiento y aplicación para la Filosofía en un mundo lleno de cantamañanas.
El sistema educativo se nos ha llenado de "gerentes" y "gestores", también de "tenderos" (en un sentido nietzscheano) con pretensiones. De un mundo educativo que ha hecho suyo el lema "¡los libros no cuentan!", no en un sentido narrativo sino contable, como méritos., se puede esperar cualquier cosa.
Creo que los argumentos de las dos firmantes de la carta se pierden en el horizonte presupuestario desde el momento en que creen que eso de la "madurez cognitiva" o de la "reflexión con seriedad" les importa algo a aquellos que deberían escucharlo. No. No es ese el caso, para nada.
El hecho de que hayan relegado a la nada las propuestas del parlamento implica, a demás, una actitud distanciada y soberbia respecto al parlamento, al que saben inmerso en sus propias luchas. El acuerdo histórico (son pocas cosas las que pueden producir este milagro) es sencillamente ignorado por aquella parte del "aparato" que ya tiene lo suyo y no necesita ideas de fuera, aunque esto implique al parlamento.
Las autoras de la carta se quejan de los malentendidos respecto a la Ética:

En cuarenta años de democracia hemos tenido cinco leyes educativas, en las que la Ética, o su versión degradada de educación en valores, ha sido a veces pensada como una alternativa a la enseñanza de la Religión, reforzando así un doble malentendido: que la Ética es un mero sustituto de la Religión para personas no religiosas y, a la inversa, que las personas religiosas pueden vivir sin conocer, por ejemplo, la sabiduría práctica o phrónesis de la ética aristotélica, o la exigencia universalista del imperativo categórico kantiano y su formulación de la dignidad humana. La Ética conlleva, frente al pluralismo religioso propio de una sociedad democrática, una exigencia de universalidad y de rigor que debe formar parte de la educación básica de todo el alumnado. Por otra parte, la impuesta reducción de la Ética, que es la disciplina filosófica que examina la validez de los juicios morales, a un mero listado de valores, la deforma y la empobrece. La comunidad filosófica española se congratula de haber consolidado un acervo de filosofía moral en el ámbito educativo que no debería ser desdeñado y que ha sido ampliamente reconocido en el mundo iberoamericano. La filósofa Adela Cortina, entre otros, ha puesto de manifiesto una y otra vez la necesidad y urgencia de la Ética.*

Nos encontramos ante una paradoja confirmante. Si el problema que nos afecta es, en gran medida, derivado de la falta de ética, elemento necesario para el mejor funcionamiento social, cuanto más necesitados estemos de la Ética más complicado nos resultará que nos hagan caso. La confirmación de que la Ética es necesaria es que la Ética no se considera necesaria o se transforma en esos sucedáneos inocuos de los que bien se quejan las autoras. Ahora bien, ¿cómo se resuelve el que una sociedad en la que la falta de ética es cada vez más manifiesta salga de su propia ceguera? Mal arreglo tiene.
Debemos hacer un examen de nuestros fines educativos. Entiendo que esa frase plantea problemas el "debemos" y "fines educativos". Precisamente la Ética daría sentido al "deber" y también cambiaría nuestros "fines", que hoy por hoy son individuales y gremiales. La misma orientación social hacia un sentido egocéntrico de la vida, favorecido en la educación a través de los baremos de méritos (lo que pides es lo que obtienes), ha dado un resultado, que es lo que tenemos: una sociedad que quiere que le dejen las manos libres para vivir sin remordimientos, que es el auténtico fin placentero, cuando se anulan las responsabilidades. La Ética, que, como bien dicen es una aberración separar del tronco de la Humanidades, es necesaria. Por eso se la ignora. La supresión de la Filosofía no es menos grave, ya que deshace el marco sobre el que se establece.
Todo es el resultado de un mal entendido pragmatismo que ha producido el mundo en el que vivimos. La reflexión es un obstáculo, como lo es el compromiso social, el comportamiento responsable, etc. Vivimos en un mundo disperso y hemos pasado el punto crítico. La Educación es el fiel reflejo de nuestras aspiraciones, de lo que queremos ser, porque es proyecto de futuro. La invasión de los tenderos deja claro las aspiraciones, que al llegar la noche la caja cuadre.
Los campos filosóficos en los que hoy se puede entrar con provecho son muchos y sirven para fundamentar el conocimiento y su propia crítica. Me refiero a campos como la Filosofía del Conocimiento y de la Ciencia, de Lenguaje, etc. que sería la forma de apuntalar los conocimientos que hoy se prenden con alfileres y sobre los que no se reflexiona. La Ética es fundamental en la media que no  solo me afecta a mí, sino a mi relación con los demás. Pero el sistema prefiera lo "light" antes que las "luces". Es más cómodo para todos. Los resultados los vemos cada día en las aulas y en la prensa.
La carta publicada termina con una pregunta desafiante: "¿quién teme hoy en España a la Ética cuando es más necesaria que nunca?" La respuesta está implícita en la pregunta.
Yes, we Kant.


* "El maltrato del Gobierno a la Filosofía en la educación secundaria, en la universidad y en la investigación" ABC 13/02/2019 https://www.abc.es/sociedad/abci-maltrato-gobierno-filosofia-educacion-secundaria-universidad-y-investigacion-201902130127_noticia.html




jueves, 18 de octubre de 2018

Una filosofía de ida y vuelta

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Dos sorpresas: que la Filosofía regrese con fuerza y que el diario El País lo considere noticia de cabecera abriendo su edición digital. Digo esto último sin ninguna ironía, aunque marcado todavía por la frase de Jardiel Poncela, "¡gran verdad, aunque lo diga el periódico!", escuchada ayer en nuestra revisión cinéfila de los miércoles de "Un marido de ida y vuelta", comedia estrenada en la escena madrileña a pocos días del término de nuestra guerra civil y retomada por el director Luis Lucia en 1957.
El regreso de la Filosofía a los planes de estudio españoles ha sido por unanimidad, nos dice el diario, algo que es casi un imposible y un impensable en este país que no se pone de acuerdo en nada, incluido su ser mismo.
A pesar de este bizantinismo patrio, de nuestras disputas constantes, es motivo de alegría que, pesa a no ponernos de acuerdo en nada, lo hayamos hecho con la Filosofía, lo que me deja en la duda de si se ha aprobado porque todos estaban de acuerdo o simplemente porque no le importaba a nadie. Sin embargo, lo que salga en el BOE va a misa aunque no se sea creyente. Es lo importante.
Nos recuerda El País el triste destino filosófico de la asignatura:

La Filosofía salió muy mal parada en la reforma del currículo que estableció la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa), más conocida como ley Wert, que se aprobó en 2013. En esta ley se mantuvo como troncal la materia de Filosofía de 1º de bachillerato, pero se eliminó el carácter troncal de la Historia de la Filosofía de 2º de bachillerato y de Ética de 4º de la ESO.*


Una corrección: no es la Filosofía la que salió "mal parada" sino las mentes de nuestros alumnos, ya de por sí bastantes castigadas por el ruido ambiente y la mediocridad que nos rodea en todo.
La necesidad de la Filosofía es la necesidad de pensar, algo que entre tanto protocolo y "aquí para pensar estoy yo" en que vivimos no es fácil. Me preocupa que, como ha ocurrido con casi todas las Humanidades, se ponga por delante a los alumnos pero tras esto se den las disputas de siempre por repartirse los horarios. La necesidad de pensar, de enseñar a pensar, de hacer pensar... es de una urgencia extraordinaria, de una necesidad agobiante. Se constata cada día en las calles, en el transporte público, en las aulas...

Hace unos años una profesora amiga de un país árabe me pidió que fuera a hablar a sus alumnos de la carrera de Filología Hispánica. "¡No quieren pensar!", me decía angustiada. "Cuando les pido que me interpreten un texto me piden que yo les diga lo que tienen que decir", así solo tenían que repetirlo, no asumían riesgos de equivocarse. Podemos decir que esa situación, aunque pudiera haber motivaciones diferentes, la estamos viviendo hoy de forma constante. Unos no quieren pensar y otros no quieren que pienses.
Es lo normal en un sistema que ha asumido que unos piensan y otros sirven, que se ha organizado para no tener que pensar, ejercicio que se reserva para el propio beneficio a la hora de emprender, bonito concepto que representa nuestra inmersión gozosa en el mundo de los negocios, más limpios o más turbios. La necesidad de la Ética es algo más que rellenar huecos escolares o colocar licenciados. La necesitamos no como asignatura sino como principio rector de nuestras decisiones en los ámbitos de la vida, las que nos afectan y las que afecta a otros. Pero el egoísmo imperante, formulado de forma elegante por nuestros teóricos del mercado o del mercadillo, sustitución del "gran teatro". Pero hasta Adam Smith, muy citado y muy poco leído, entendía que la actividad estaba encaminada al bien general, era un moralista, algo que se olvida.
Comparto lo expresado a continuación:

Focalizar la formación en el desarrollo de las habilidades para ser competente en el mercado laboral es parte del problema, según Javier Sánchez, portavoz de Podemos en el Congreso. “El desarrollo de la personalidad es clave, y ese planteamiento lo compartimos con el PSOE y con el ministerio”, zanja.*

La cuestión es de una obviedad tal que ha tardado años en llegar a nuestra clase política que, gracias a esa unanimidad, finalmente ha hecho caso a los que clamaban por la deficiente situación, el perverso enfoque educativo de nuestro sistema, este nocivo "laboralismo" deformador de la educación y, por ende, de las personas. El enfoque laboral, además, se ha convertido en un gigantesco tinglado creando un sistema laboral infame, provisional y precario, explotador de esos jóvenes a los que promete todo, aplaude incansable... y luego explota hasta la vergüenza. Precisamente el causante de este enfoque reduccionista de la persona y su formación es el miedo al vacío laboral. Ese miedo se ha convertido en un gigantesco negocio que ha permitido vender educación continuada a los que no consiguen trabajos decentes (en términos de sueldo), mientras que los sueldos se siguen cotizando a la baja y con brechas de delito entre lo que cobran unos y el espejismo de sueldo que cobran otros, cuando cobran, claro.
Pensar, sí, es una necesidad para construir un futuro decente y no de chiringuitos. Nuestra clase política, empresarial y educativa es responsable de este desastre de formación que ha convertido las aulas en mero lugar de paso hacia un destino oscuro. Las crisis económicas han sido las excusas para ocultar la penosa carencia de ideas para el país, de proyectos ilusionantes. Dedicamos demasiado tiempo a demostrar que no estamos de acuerdo, base de la política actual. Necesitamos la voluntad de país, de crear una comunidad que comparta futuro, metas hacia la que dirigirse. Hace falta que salga alguien y diga, como Kennedy, queremos llegar a la Luna. Y se llegue. Porque la Luna nos las venden todos los días varias veces. Es la Luna de Calígula, por citar a Camus, y no la de Neil Armstrong, de la que conmemoraremos pronto los 50 años.
Nosotros, como conjunto, tuvimos un día la ilusión de ir a Europa, y llegamos. Fue duro, pero llegamos. Lo hemos olvidado. Y ese sueño nos cambió, para bien y para mal, porque lo olvidamos pronto. La ilusión de lo común se nos ha perdido por este malsano individualismo que deriva en egoísmo e insolidaridad, de falta de diálogo y capacidad de entenderse.
Dice el filósofo Emilio Lledó al conocer la noticia:

"¡Qué alegría, qué alegría, no me lo puedo creer! ¡Con lo que he luchado yo porque cambiase!", se felicita el ensayista Emilio Lledó al conocer la noticia. "Ojalá sea ya realidad. Lo que ha pasado estos años ha sido un disparate", opina. "La filosofía no es eso de andar por las nubes, no, no, la filosofía es una conciencia crítica en el seno de la historia. Es lo que ha sido siempre", precisa el autor de Sobre la educación. "Porque los grandes filósofos no eran unos señores que estaban especulando por el aire, eran gente que miraba la vida, que miraba la sociedad, la naturaleza, el comportamiento de los seres humanos. Y luego crearon la sociedad comunicativa, pensaron que había que reflexionar sobre lo que pasaba, sobre el bien, la justicia, la verdad….", resume la disciplina. Y concluye: "por eso es necesario que la filosofía se convierta para los chicos en una mirada y una reflexión crítica sobre el mundo o la palabra".


¡Gran verdad, aunque la cuente el periódico!, por seguir citando a Jardiel. Lo que se dice aquí de los filósofos se debería decir de los políticos, de los empresarios, de los educadores. Hace años irritaba a mis compañeros de departamento cuando decía que todas las asignaturas deberían enseñar a pensar y variar en sus bibliografías. No era un simple frase, sino la fe que te mantiene enseñando, que no es otra que la de mejorar a las personas que llegan hasta ti en su periodo de formación. Se trata de transmitir entusiasmo, amor por lo que se enseña, y desde ahí sembrar las ideas de compromiso, de solidaridad con los que no saben y pueden mejorar vida y pensamiento. Mejorar la vida ha quedado reducido a ganar más, pero es otra cosa.
La Filosofía es la que reúne temas que están repartidos por todos nuestros saberes porque, efectivamente, trata de la vida y de cómo la vemos, sobre cuáles son los valores que estructuran nuestras sociedades y formas de  ver el mundo. Se trata de hacer ver la centralidad del pensamiento como orden y la necesidad de hacerlo críticamente para evitar los dogmas y poder mejorar.

Tengo mis dudas sobre si la enseñanza de la Historia de la Filosofía permitirá hacer esto y transformar el conocimiento en práctica y reflexión vital. Necesitamos personas conscientes, pues no se trata de tener ideas brillantes, sino de desautomatizar lo posible nuestras vidas, de reflexionar sobre ellas para tener un mayor control y comprensión de lo que hacemos y somos. No se trata de conocimiento, como insiste nuestro sistema educativo, se trata de encarnación, de hacer vivo al ser humano, es decir, hacerlo sensible al mundo, a los otros.
Es el gran pecado de las Humanidades, convertir en Historia o en normas. Se trata de "formar" de hacernos sensibles a las ideas, de abrir el gusto estético, etc. para darnos una vida más plena, más propia. La educación como mera acumulación o repetición no tiene ningún sentido.
Hoy, además, esa Filosofía se debe abrir al mundo, a otras formas de pensamiento. Debe mostrar que es algo que sigue evolucionando, transformándose, viva. Convertirla en museo es hacerla morir gloriosamente.
Tenemos una Filosofía de ida y vuelta. Pero en la comedia de Jardiel el regreso era como fantasma, un "espectro", divertido, pero espectro. Esperemos que el regreso de la Filosofía no sea el del fantasma que recorra nuestras aulas, sino el de la luz que nos saque de rutinas y oscuridades, de dogmas y automatismos. Lo necesitamos. A alguno le saldrán agujetas, pero es un esfuerzo necesario. Por ahora es solo un gesto, un gesto político de acuerdo. No echemos las campañillas al vuelo. Ahora hay que entender lo que ha querido decir Lledó para evitar que la Filosofía se convierta en otra rutina fantasmal.



* "El Congreso pide por unanimidad que la Filosofía vuelva a ser obligatoria en los institutos" El País 17/10/2018 https://elpais.com/sociedad/2018/10/17/actualidad/1539790211_552468.html



domingo, 22 de junio de 2014

El consuelo olvidado (de un mal innombrable)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hacía muchos años que no retomaba a Gombrowicz, uno de esos autores que nos entran generacionalmente y después pasan años sin que regresen. Es fácil que algo así ocurra con autores, como es el caso de Witold Gombrowicz, de obra limitada, y que no se beneficia de los usos del marketing editorial, que favorecen al vivo bien dispuesto frente al difunto en reposo. Son las ventajas del autor promocionado, firmante en ferias y asiduo de platós. Pero fue precisamente en esta última feria madrileña del libro en donde cayó en mis manos la obra de Gombrowicz de título "Curso de filosofía en seis horas y cuarto", con prólogo de Cristina Fernández Cubas. La obra apareció en Francia en 1995 y a finales de los noventa —en el 97— en la colección "Marginales", de Tusquets, con tres ediciones antes de pasar a la colección "Fábula", en la que lleva dos, una de 2009 y otra de 2010, que es con la que me hice.
La historia de esta peculiar obra nos la cuenta la prologuista Fernández Cubas en su primer párrafo:

Nadie podría adivinar que tras estas seis horas y cuarto que nos aguardan se oculta un hombre desahuciado. Y, sin embargo, Witold Gombrowicz, en 1969, en Vence, se siente morir. El dolor le parece la única realidad del mundo, y, en un momento de desesperación, pide a sus amigos Constantin Jelenski y Dominique de Roux veneno o una pistola para acabar con su vida. No consigue su propósito, pero, en cambio, empieza a interesarse intensamente  por una ocurrencia de De Roux: Un curso de filosofía «íntimo», del que él, Gombrowicz, sería el profesor, y su esposa, Rita, y el propio De Roux los asiduos asistentes. El autor tiene entonces sesenta y cuatro años, padece asma, cuenta con varios internamientos a sus espaldas, un infarto de miocardio reciente —noviembre de 1968— y un proyecto abandonado: una obra de teatro que debía tratar precisamente del «dolor»... Pero también conserva en toda su integridad una pasión antigua, iniciada a los quince años en Varsovia con la lectura de Kant y Schopenhauer, manifestada en el Círculo de Amigos del Arte de Buenos Aires en sus clases sobre Heidegger, presente en las páginas del Diario, en artículos, en conversaciones con amigos... La idea de De Roux ha dado en el blanco, y el curso se inicia el domingo 27 de abril para concluir —o interrumpirse— un mes después, también en domingo. (9)


La idea de contraponer la Filosofía al dolor, como una alternativa al suicidio, ha tenido una amplia formulación teórica, pero en este caso es literal. Boecio escribió su célebre "Consolación de la Filosofía" mientras esperaba en la cárcel su ejecución. La "consolación" era un género cuya finalidad era consolar a los familiares de los fallecidos recordándoles que todos somos mortales. La Filosofía viene a ser —o debería serlo— una forma de exploración del mundo y de uno mismo desde nuestra capacidad de explicación. Entiendo que es cuestión de temperamentos, que los hay impulsados a la acción y que la reflexión les sobra o queda arrinconada para momentos muy precisos, pasados los cuales la mecánica de la vida se impone. Para otros, en cambio, la reflexión es una necesidad vital y un mundo sin un fondo de ideas se les hace muy cuesta arriba. Pero en un mundo en el que tienen cabida acciones sin valores y palabras sin ideas, la necesidad filosófica crece frente a las sonrisas y chascarrillos del universo pragmático de los protocolos y algoritmos.


Gombrowicz había estudiado Filosofía y, lo que es más importante, tenía un temperamento filosófico. Desde que la Filosofía se profesionalizó, estamos llenos de filósofos sin temperamento filosófico, pero con títulos que dicen lo contrario. En realidad, la muerte del autor le libró de ver los últimos coletazos de la Filosofía en manos de sus administradores, que suele ser lo más frecuente. Todavía Gombrowicz pudo leer a filósofos vivos con algún interés y presenciar debates filosóficos en medios de comunicación y en la calle misma, algo que prácticamente quedó abolido en la década siguiente. Puede que existan filósofos ocultos, pero las toneladas de "cultura basura" sin reciclar existente en el planeta no los deja salir a la luz, a una luz, por otro lado, innecesaria por el desinterés general de casi todo lo que no está en el foco mantenido de la atención. Por eso la idea de que Witold Gombrowicz dedicara sus últimas horas de vida a dar clase de filosofía a su esposa y un amigo nos parece sorprendente y, para muchos, incomprensible. La única pregunta reinante que ha quedado es el ¿para qué sirve?. Las demás, sobran o están en la Wikipedia.

El título "Curso de Filosofía en seis horas y cuarto" es leído hoy dentro de un contexto de mundo con prisas, cuando su sentido sería precisamente el contrario, el olvido del tiempo, que es simultáneamente la vida dolorosa y la antesala a la muerte. Al autor, ya puesto en faena filosófica, le hubiera gustado que el curso durara más, pues probablemente le hacía olvidarse de sus dolores, de la vida misma en beneficio de una idealidad que podría ser expresada a través del lenguaje, que le trasciende.
Escribe Gombrowicz al final de una de las sesiones: «El mérito del estructuralismo consiste en ocuparse seriamente del lenguaje, pues somos (pues la filosofía es) un verbalismo sin fin.» En efecto, ese "verbalismo sin fin" lucha por tener sentido, un sentido que es fácil que se pierda transformándose en "verborrea", un decir sin trascendencia o significación que inunde una cultura por rebosar como una bañera olvidada. El paso del verbalismo a la verborrea es el que marca la cultura de masas y espectáculo, pues se trata de una combinación práctica de ambas. ¿Qué hace la masa sino contemplar un espectáculo que se le ofrece y que la define complementariamente? Si ser era ser percibido  —como señalaba el obispo Berkeley para delicia del ciego Borges—, hoy ser es percibir ser percibido en el espectáculo en que nos proyectamos. La frase hay que ponerla en boca de Narciso.

En su curso filosófico acelerado contra el dolor y la muerte, Gombrowicz hace repaso sencillo de sus filósofos favoritos, que son los que por temperamento le corresponden, es decir, aquellos que abren la crisis moderna en cualquier de sus direcciones: la kantiana, por un lado, y la trágica y existencial, ambas emparentadas. El estructuralismo quedará nada más que como un apunte en momentos muy concretos. Su tecnocratismo será un síntoma más de la muerte reflexiva en beneficio de una estructura, ausente o presente, último resquicio. Siempre nos quedará el signo, como a otros les quedó Paris, como algo que no volverá pero de lo que siempre podremos hablar.
Escribe Gombrowicz:

La filosofía es un acto de existencia. Es demasiado fácil considerar al filósofo como un ser privilegiado.
En cada filosofía hay una elección fundamental que es arbitraria, y el resto, sistema y razonamiento, sirve solamente para justificar esa elección, para probar que responde a lo real. Esta idea de la elección fundamental, arbitraria, fue retomada por Sarte: es un acto de libertad de nuestra facultad de crear valores. (143)

En un mundo rodeado de oferta —en especial la de no pensar— esa idea sartriana que el escritor postrado hace suya como núcleo de la libertad, esa elección fundamental, se pospone hasta el momento en que deja ser urgencia necesaria. En efecto, el filósofo no es un ser especialmente privilegiado. Lo único que ha hecho es ponerle nombre a una necesidad innecesaria, a la vista de nuestro ocupado desarrollo. Decimos que se enseña filosofía, pero no es cierto, como tampoco se enseñan tantas otras cosas por las que recibimos certificaciones,  que son malinterpretadas, descontextualizadas y trivializadas. Las hemos convertido en productos, con su propio precio ajustado a la oferta y la demanda. Por eso valen cada vez menos; no hay demanda.



Gombrowicz hace un repaso por el pensamiento occidental de Kant a esta parte y constata que son dos los elementos centrales: "la reducción del pensamiento" (sus límites) y "la vida" (el devenir mismo). Algunos, atraídos por el título y en este mundo con prisas, tratarán de encontrar realmente un "curso", un resumen que le ahorre tiempo frente a tratados o manuales más extensos. Un error. En realidad la mayor enseñanza que contiene el curso, como consuelo a un mal innombrable, se encuentra en el realismo filosófico de su última línea, en sus dos últimas palabras:

"... e incluso [el texto se interrumpe aquí] (146)


* Witold Gombrowicz (2010 2ª): Curso de filosofía en seis horas y cuarto. col, Fábula, Tusquets, Barcelona.