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domingo, 8 de septiembre de 2024

El cine, la Física y la credulidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Recuerdo el enfado de un científico invitado a una de esas jornadas que organizamos de vez en cuando. Le veíamos inquieto hasta que no pudo más y estalló: "¡Había que prohibir las películas de ciencia-ficción!" La idea, claro está, es que sembraban ideas absurdas sobre el funcionamiento del universo y luego les tocaba a ellos, los científicos, luchar contra la ignorancia sembrada a base de filmes erróneos. La cuestión se zanjó con un encendido debate sobre la ciencia y la imaginación, los derechos de los creadores a que no les marquen líneas, etc.

Me he acordado de esto al ver la publicación en 20minutos de un artículo titulado "¿Qué película o serie de televisión espacial es científicamente más precisa?", firmado por Rubén Sierra y un grupo llamado Garuna Effect, dedicado a la divulgación científica a través de preguntas sobre "Jumanji" o si "los simios montarían a caballo" por el Planeta de los simios, una forma divertida de explicar la Ciencia usando lo "conocido" y "popular" para acercarse a lo desconocido o mal conocido.

En el inicio del artículo en 20minutos leemos:

Con el estreno de Alien: Romulus tenemos otra vez el mundo espacial como escenario y un bicho comehumanos icono de las películas de terror como protagonista (puede que un actor sea protagonista de la peli, pero el alien que tiene una canoa por cabeza es la estrella del show). Es otra secuela de una franquicia que siempre va a tener su público y que además está cosechando muy buenas críticas que nos sirve para sacar punta a las películas del espacio.

“Esto no mola porque hay sonido en el espacio ¿No veis que en realidad cuando la nave lanza una bomba sísmica no se debería oír?”; "Los disparos láser deberían ser una línea recta y no un fragmento de luz”; “No puede haber explosiones en el espacio porque no hay oxígeno”... Estas cuestiones, además de servir como queja para muchas personas, pueden ser útiles a la hora enseñar para otras. Son una maravillosa vía para activar la curiosidad y ponerse a pensar. Por eso me he reclinado en la silla y he pensado… ¿Cuál es la película con la física más precisa?* 


La idea central de esta forma de análisis es que "La biología y la química pueden ser diferentes en mundos distantes, pero la física no."* Bajo esta premisa, se juzga el acercamiento de las películas a lo que la Ciencia da por bueno. Por decirlo así: puede haber "aliens", pero están sujetos, como cada "hijo del universo" a unas mismas leyes. La Biología da sorpresas y es cambiante según los entornos, pero la Física no. De hecho, dos días antes, el mismo medio nos traía un artículo titulado "Extrañas criaturas marinas que parecen sacadas de otro mundo"** en el que nos mostraba fotografías de animales marinos que casan mejor con las "criaturas del espacio" con los que nos asombran las películas con criaturas extraterrestres. Las fotos son más "increíbles" que las del propio "alien" y están aquí, en el mar profundo.

Con esta idea en mente, las películas y series de ciencia-ficción son analizadas desde el cumplimiento de quince principios. Estos son tales como: No hay sonido en el espacio,  Los rayos láser son invisibles, Las naves no pueden viajar más rápido que la luz, No es posible viajar al pasado, Los humanos en el vacío no explotan, Las naves sin motor no se detienen... Así hasta 15 principios que sirven para dar el aprobado o no. De hecho la única película de la lista que los cumple todos sería "Apollo 13", seguido por "2001. Una odisea del espacio", el filme de Stanley Kubrick.

De esta última película se nos dice en el artículo: "Si nos centrásemos en películas de ficción realistas, 2001: una odisea en el espacio es la única cuya precisión física es notable salvo por que las estrellas se mueven. Por lo demás, ¡todo correcto!"*

No deja de sorprendernos que ese "¡todo correcto!" se le aplique  a una película como la señalada. Es cierto que el relato origen del filme es de un reputado científico, Arthur C. Clark, pero la idea del "monolito", central en el filme, es parte de una visión que podríamos calificar como "mítica". Por mucho cumplimiento que haya de esos 14 principios sobre 15, no deja de ser una fantasía bien envuelta en Ciencia. ¿Es la idea de "precisión física" equivalente a "científica"? Evidentemente, no. No sé que hubiera opinado aquel científico invitado a nuestras Jornadas, pero seguro que habría saltado poniendo pegas. No, por mucho cumplimiento de la Física que se pueda dar, hay muchos otros aspectos.

Siempre es peligroso juzgar las obras de ficción, de imaginación, de fantasía, etc. con criterios de este tipo.  No es su pretensión ser evaluadas "científicamente", sino desde su valor narrativo e imaginativo. Lo peligroso es que sean tomadas como verdaderas, claro. Pero eso es un problema de otro orden. No se me ocurre pensar que nadie, por muy científico que sea, no pueda disfrutar de películas o cualquier otro tipo de arte que juegue con la imaginación. Ahora bien, tampoco podemos entender que alguien piense que lo que sale en una película necesariamente debe ser científico. No es labor de los artistas explicar la cientificidad mayor o menor de sus obras.

Está la cientificidad, pero también hay otros, como la historicidad de las obras, ya no hay que irse a la Física, sino a la Historia, que también se duele de muchas obras en circulación. Es otro problema.

Pasar las películas por el filtro de los 15 requisitos no deja de ser un juego que, como muestra el resultado puede darnos paradojas como la de 2001. Una odisea espacial. Cuando las personas tienen una buena educación científica pueden disfrutar igualmente de las películas de ciencia-ficción o de fantasía. Uno no sale del cine y mira al cielo a ver si se ve a Superman. Podemos crear espacios de disfrute separados. Arthur C. Clark, el mismo Asimov, eran científicos y nada les impedía soñar y hacer soñar.

 *  Rubén Sierra / GARUNA EFFECT "¿Qué película o serie de televisión espacial es científicamente más precisa?"  20minutos 7/08/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5629693/0/cual-es-pelicula-espacial-cientificamente-mas-precisa/

** Adrián Cobos "Extrañas criaturas marinas que parecen sacadas de otro mundo" 20minutos 5/09/2024 https://www.20minutos.es/imagenes/ciencia/5101406-extranas-criaturas-marinas-que-han-sido-avistadas-en-los-ultimos-anos/

viernes, 10 de agosto de 2018

El Tiempo y la ignorancia orgullosa


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Recién terminada la lectura de la obra del físico italiano Carlo Rovelli, El orden del tiempo (2018), me encuentro que la BBC nos lanza una pregunta desde su titular, "Will we ever be able to freeze time?"*.  La posibilidad de los viejas espaciales, las enfermedades hoy incurables, etc. hacen que "congelar" el tiempo, frenarlo, sean objetivos de los científicos. Somos tiempo, es decir, estamos vivos y es la forma en que percibimos nuestro desarrollo.
El "tiempo" nos preocupa en todas sus dimensiones, por más que sea un concepto ambiguo y un misterio que se nos escapa entre los dedos de nuestra experiencia engañosa del mismo.
Las palabras arrastran su historia y configuran nuestra mente. Quizá ninguna nos sea tan evidente como la del devenir, al menos para un cerebro que se adentra en sus propios misterios y los del mundo, que quizá sean los mismos, ya que formamos parte de él, estando sujetos a sus leyes, las que vamos comprendiendo mediante razonamiento, observación y experimentación.
En la obra de Rovelli se nos informa de experimentos en los que, gracias a unos relojes increíblemente precisos (las herramientas son esenciales en la medición), podemos apreciar las mínimas diferencias entre un reloj situado debajo y otro encima de la mesa. No pasa el tiempo igual para los dos. En varias ocasiones se apela al ejemplo de un gemelo viviendo en el nivel del mar y otro en la cima de una montaña. Con un instrumento suficientemente preciso podríamos comprobar que el tiempo no es igual para ellos. El tiempo, ya nos lo dijo Einstein, es local y cuando mayor es la distancia entre dos puntos cada uno pasa a tener su propio tiempo. No existe un ahora simultáneo para todo el universo, sino un tiempo para cada uno de los lugares que se comporta según sus condiciones.

En su obra sobre el tiempo, Rovelli escribe: «En la gramática elemental del mundo no hay espacio ni tiempo: solo procesos que transforman unas en otras diversas magnitudes físicas, y de los que podemos calcular probabilidades y relaciones» (p. 144). Por sus páginas vamos adentrándonos en el problema del tiempo, en su existencia real o no, en su variabilidad y a qué se debe. Se comienza con la visión moderna de los científicos para acabar adentrándonos en esos observadores que somos nosotros, también perceptores intuitivos del tiempo, que lo experimentamos a nuestra manera humana. En estos planos, la investigación necesita prescindir de la propia experiencia que una ilusión engañosa. Por eso, el final de su obra supone la entrada de la experiencia humana del tiempo, la entrada de la filosofía una vez superado el estatismo esencialista que se le impuso durante siglos. Cuando todo pasó a ser devenir, el tema del tiempo se hace central frente a los entes y las ideas eternos. Todo es movimiento, proceso, transformación.

La sorpresa —escribe Rovelli— ha sido descubrir que en ese surgimiento de los aspectos familiares del tiempo nosotros mismos desempeñamos un papel. Desde nuestra perspectiva,  la perspectiva de criaturas que son una pequeña parte del mundo, vemos a este último transcurrir en el tiempo.
[...] Vemos un acontecer de cosas ordenado según esta variable, a la que denominamos simplemente tiempo, y para nosotros el aumento de la entropía distingue el pasado del futuro y guía la expansión del cosmos. (p. 143)

El cine y la ciencia-ficción nos han permitido integrar este fenómeno temporal en nuestros relatos ficcionales y aunque desconozcamos la explicación científica, encontramos ya factible que cuando los viajeros espaciales regresan a la Tierra se encuentren con sus hijos o nietos según la distancia a la que se hayan alejado y la velocidad empleada.


En la estupenda película de Christopher Nolan, "Interstellar" (2014) (que contó con el asesoramiento y supervisión del científico Kip Thprne) uno de los momentos más dramáticos era aquel en el que los viajeros espaciales tienen que decidir si bajan a un enorme planeta. El tiempo pasa allí a una velocidad mucho mayor, unas horas en él es el equivalente a decenas de años en nuestro planeta. El dilema de los personajes pasa a ser emocional: qué ocurrirá con las familias, cómo encontrarán a sus seres queridos cuando regresen. Se habrán perdido su vida junto a ellos. Los distintos tiempos, son irrecuperables.
La película ha sido saludada por muchos científicos  como un modelo de aplicación de los conocimientos científicos. El tiempo, tal como se plantea hoy en su relación con la velocidad, con la gravedad, etc. era el centro narrativo, el punto del que surgían los conflictos. 


En el artículo de la BBC se nos recuerda esta condición variable del tiempo:

In 1971, Joseph Hafele and Richard Keating placed four atomic clocks on aeroplanes, which flew twice around the world, first eastward, then westward. They were then compared with reference atomic clocks, and found to disagree.
As the Hafele–Keating experiment proved, the rate at which time passes is circumstantial and situational. “If you are travelling at super-relativistic speeds, which are close to the speed of light, or near a black hole (and somehow not being destroyed by it) the amount of time you will experience is going to be less than the amount of time of someone else,” says Katie Mack, an assistant professor at North Carolina State University.
Astronauts onboard the International Space Station experience time-dilation, as they age a little bit slower than people on Earth. “They are moving quickly, so they are affected by special relativity, but they are also further from the Earth, so they get less gravitational effects,” explains Mack.
However, this time dilation is only measured in seconds. In order to obtain significant time dilation, immense gravitational fields or near-lightspeed travel would be required. Both are completely untenable at present.* 


Aquí compartimos nuestra experiencia del tiempo, nuestras mínimas e inapreciables diferencias temporales. Estamos tan cerca unos de otros que las variaciones han necesitado miles de años para poder ser detectada gracias a los avances de la Ciencia y la Tecnología. Nuestra experiencia de la realidad sigue siendo tan alejada de lo que la Ciencia nos cuenta que hace que haya gente que no esté dispuesta a creerlo pese a todas las evidencias nacidas de experimentos.
Hasta hace poco tiempo, la educación era tan restringida que el abismo entre los que sabían y los que lo ignoraban todo era inmenso. Pero el gran salto dado a finales del siglo XIX y principios del XX creó una franja en donde ya no era una cuestión de ignorancia sino de ignorancia militante, que es bastante más grave.


En España —desgraciadamente— hemos tenido uno de los ejemplos más ignominiosos de este tipo de ignorancia insultante y narcisista. Se cometió tras la muerte de Stephen Hawkins desde las páginas del diario ABC, a cuyo director se le envío la siguiente carta:

Sr. D. Bieito Rubido Ramonde, Director de ABC
Juan Ignacio Luca de Tena, 7 28027-Madrid
 19 de marzo de 2018
Estimado Sr:
 El pasado 15 de marzo ABC publicó, en el Blog de Salvador Sostres ‘French 75’, la entrada ‘El charlatán de Hawking’. El inicio del artículo da buena idea del resto de su contenido: “La profunda estupidez de nuestra era se concreta en las estupefacciones por la muerte del charlatán Hawking”.
 Respetando naturalmente la libertad de expresión, quiero manifestarle que ABC hace un muy flaco servicio a sus lectores difundiendo bajo su cabecera el cúmulo de falsedades e insultos que recoge el citado artículo.
Sólo una desmedida ignorancia audaz, teñida de considerable soberbia, puede permitir escribir semejante libelo.
 Como contrapeso a los disparates que contiene ‘El charlatán de Hawking’, le ruego la publicación de esta carta incluyendo el enlace a la web de la Real Sociedad Española de Física, http://rsef.es/ . En su sección de Noticias los lectores de ABC podrán encontrar una selección de necrológicas que rememoran la figura de Stephen Hawking, titular hasta su jubilación de la cátedra Lucasiana de la Univ. de Cambridge (la que en su día tuvo Isaac Newton), así como las extraordinarias contribuciones a la física de un científico absolutamente excepcional.
Atentamente,
José Adolfo de Azcárraga, Presidente de la RSEF
Catedrático Emérito de Física Teórica de la Universidad de Valencia

Ni siquiera la vale la explicación de que los medios son espectáculo, como el circo. La ignorancia militante es uno de los males a los que tenemos que enfrentarnos como parte de un populismo retrógrado y piadoso, que ve a los científicos como enemigos negadores de Dios y los milagros. En este sentido, se manifiesta no ya como escepticismo, sino como campaña de difamación, de insultos, como se le recrimina al autor del libelo.
En días pasado hemos tenido otro ejemplo de ignorancia ha sido el tuit del jugador de fútbol Íker Casillas proponiendo a sus seguidores que votaran sobre si se había pisado la Luna o no, algo que él no creía. Ha tenido que ser Pedro Duque, el astronauta y ministro, quien le desmintiera.


Algo falla en la educación que no consigue que lo que sabemos se asiente en las personas y sea parte de su vida. Actuamos de forma extraña cuando aprendemos y eso no tiene un papel en nuestro pensamiento. ¿Qué es educar? ¿Qué es aprender? ¿Qué son si se sigue viviendo y pensado sin que lo que verdaderamente sabemos sea comprendido y entre a formar parte de nuestra visión del mundo?
Hay muchas fuerzas interesadas en nuestra ignorancia. El propio sistema educativo penaliza la labor de divulgación (como hace estupendamente Rovelli o hizo Stephen Hawking, Sagan o muchos otros). El mundo científico se ha vuelto cerrado, algo entre pares. Esto crea un sentido de distancia con la Ciencia que es suicida. Muchos son conscientes de ello y sacan la Ciencia a la calle, la llevan a las escuelas, en donde debería estar más presente, a los parques, museos y ferias. Nadie debería salir del sistema educativo sin comprender la evolución, sin entender cómo funciona la genética, sin comprender la formación del cosmos, sin comprender la relatividad y cómo creemos que está configurado el universo. No son las lecciones que van antes o después de otras. Son los fundamentos de nuestro mundo, de nuestra cultura. Pero no logran trascender de los exámenes en la vida de muchas personas. Eso no es "enseñar" ni "aprender".
La aceleración del conocimiento que supuso abandonar los viejos conceptos que nos acompañaron hasta llegar al siglo XX, incluidos los de tiempo y espacio, dejó a mucha gente por el camino. También ha producido ignorantes impresentables que intentan ser graciosos dudando de lo que desconocen.


Los científicos hacen bien en recriminar —como en el caso del ataque a Hawking— la ignorancia que se extiende como la pólvora gracias a los mecanismos de amplificación actuales. La ignorancia es militante. No es simplemente no saber, sino transmitir desinformación que trata de suplantar al conocimiento que poseemos. Hay mucha gente así, al servicio de esta ignorancia voluntaria.
Hoy que tanto se habla de las "fake news", los medios deberían dar más importancia a este tipo de creciente ignorancia que tiene, además, un valor político retrógrado en su negación de la Ciencia. Han logrado dar a la palabra "teoría" un sentido despectivo de "fantasía opinable" o que todo es posible y tiene sus alternativas válidas por disparatadas que sean.
Si la BBC se planteaba cómo congelar el tiempo biológico, el de los procesos metabólicos, como vemos en algunas especies, parece que algunos humanos han optado por congelar su tiempo y seguir viviendo en la Edad Media. Lo malo es que esa congelación mental amenaza con tragarnos a todos como un agujero negro de estupidez.


* "Will we ever be able to freeze time?" BBC - Future 9/08/2018 http://www.bbc.com/future/story/20180809-we-will-ever-be-able-to-freeze-time
** Carlo Rovelli (2018) El orden del tiempo. Anagrama, Barcelona.

jueves, 30 de marzo de 2017

Richard Feynman y el placer de descubrir

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La lectura de la obra del gran físico y Premio Nobel Richard P. Feynman, La física de las palabras (Crítica- Planeta 2016), deja muchos momentos de disfrute, pese a la forma casi aforística que se le ha dado al texto. Se trata de una selección de fragmentos —cartas, entrevistas, artículos, conferencias, charlas televisivas...— realizada por Michelle Feynman, su hija.
«El problema real —escribe Feynman en 1965— a la hora de hablar no es el lenguaje preciso. El problema es el lenguaje claro» (202). La distinción entre "claridad" y "precisión" plantea dos problemas diferentes. «Solo es necesario ser preciso cuando existe alguna duda en relación con el significado de una frase, y entonces la precisión debe ponerse en el lugar en el que existe la duda». La claridad tiene que ver con la capacidad de percibir relaciones y expresarlas; es de orden lógico. Tiene que ver, entiendo, con la coherencia. La precisión es una forma de alcanzar la claridad cuando se interpone la duda en algún punto.
De entre sus notas personales, resalta una frase: "En ciencia no existe ninguna afirmación exacta sobre nada" (168). La "exactitud" es una aspiración; lo que hay es una mayor o menor aproximación a esa exactitud esquiva de la ciencia. El propio Feynman señala "No siempre es una buena idea ser demasiado preciso" (153). Quizá demasiada precisión nos haga alejarnos de la claridad de la idea innecesariamente.
El placer de descubrir —estamos completamente de acuerdo con esto— es el núcleo verdadero de la actividad de la Ciencia. El descubrimiento es un proceso, un paso de la oscuridad relativa a la claridad relativa. "El trabajo no se hace por el mérito de una aplicación. Se hace por la emoción de lo que descubre" (185).

Una de las cosas que más negativas de nuestra educación superior es haber sustituido el placer infantil del descubrimiento, resultado del asombro, por la competencia, placer malsano que nuestras instituciones premian. Lo peor de todo es que se tiende a transmitir a los que comienzan en la investigación a adentrarse en el placer de descubrir y construir. Nuestro sistema de premios y castigos está bien para perros paulovianos, pero deja bastante que desear como ilusión. Desgraciadamente es lo que estamos transmitiendo a la siguiente generación.
¡Es tan difícil convencer a la gente que pueden disfrutar con la investigación! Pero no lo harán nunca si no son capaces de recuperar ese valor señalado por Feynman, esa infancia incondicionada que es capaz de liberarse de las cargas de sus propias ideas. La mayoría de los obstáculos del pensamiento son los propios pensamientos. Casi siempre, lo más valioso surge cuando apartamos nuestras propias viejas ideas para dejar que aparezcan otras, también nuestras, pero nuevas.
Richard Feynman escribe que son dos los valores que la ciencia enseña: "el valor del pensamiento racional, así como la importancia de la libertad de pensamiento" (158). La racionalidad entendida como forma de construir, de armar las ideas. Pero después es esencial la libertad de pensamiento. Lo nuevo, la innovación, se produce precisamente si hemos sabido crear un espacio de libertad para que la racionalidad no sea su propia esclava intelectual.
La forma de que la racionalidad no se vuelve una "inteligencia ciega", como señaló Edgar Morin, es que se deje llevar por la libertad del pensamiento. La racionalidad no es enemiga de la libertad, pues aporta el refresco necesario para corregir la tendencia de la racionalidad al estancamiento. "Nunca has de temer —escribe— que aparezca una cosa nueva. Aparecerá a su debido tiempo, y entonces intentarás entenderla. ¡Desde luego será muy excitante!" (188)


La obra en su conjunto —y hay textos de varias décadas— es un canto a la alegría científica, a la curiosidad infantil del científico. Hay muchas observaciones y de orden muy distinto, pero la sensación global que me ha dejado su lectura es esa, alegría. Creo que es un valor importante en estos tiempos en los que triunfa un modelo de ciencia demasiado burocrático, demasiado previsible. "Es muy importante que no todos sigamos la misma moda" (160), nos advierte Feynman. Y también: "El control de las innovaciones científicas significa el fin de la ciencia" (173). Son dos peligros reales, moda y control.
En una entrevista realizada a su hija Michelle, la editora, contenida en la página "Basic Feynman", esta hace referencia al texto sobre la "claridad" con el que comenzábamos:

While working on the book I became a better communicator and a better writer. I was inspired by one thing in particular I found going through these files. In an article on education he wrote for Caltech’s Engineering and Science he stated: "The problem is clear language. The desire is to have the idea clearly communicated to the other person." He was speaking of mathematics textbooks at the time, but I think this statement in part explains why he was such an effective and marvelous communicator.**

Comunicar la ciencia es uno de esos valores necesarios. Y no solo los hallazgos, la claridad de las ideas, sino también transmitir el entusiasmo, la emoción que la actividad científica supone. La idea de Feynman es la profunda humanidad de la ciencia frente a la que otros tratar de construir. La ciencia verdadera es la repetición del acto fundacional de la racionalidad humana, de la observación inteligente, comprensiva, del mundo. Es el intento precisamente de escapar de la naturaleza que nos esclaviza mediante el acto de intentar comprenderla. "El mundo es extraño; el universo entero es extraño, pero cuando se contemplan los detalles, se encuentra que las reglas son muy sencillas" (165). Sencillez, claridad, reducción de la extrañeza del mundo. 
Si conseguimos aprender y transmitir esa voluntad clara, esa curiosidad alegre, muchos podrían vencer sus propios miedos y liberar su inteligencia para vagar al encuentro de las ideas nuevas. Nuestro problema moderno no es que ignoremos la ciencia; es que ya no vemos el mundo.



* Richard P. Feynman (2016) La física de las palabras. Ed. de Michelle Feynman. Crítica-Planeta, Barcelona. 404 pp.

**"An interview with Michelle Feynman" Basic Feynman 2017 http://www.basicfeynman.com/qa.html


domingo, 27 de julio de 2014

La pelota y las olas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En esta tranquila mañana de domingo, mientras disfruto del bien merecido descanso de los albañiles que trabajan en el piso de abajo el resto de la semana, una inquietante pregunta me hace salir del silencio desde las páginas de El País: "¿Por qué las olas no traen la pelota de playa hasta la orilla?". La pregunta me llega desde el blog que el Catedrático de Física Aplicada, Antonio Ruiz de Elvira, tiene en el diario. El blog se llama "El porqué de las cosas" y tiene una frecuencia semanal. Esta vez, le toca a las olas.
Leo en el blog:
Si tiramos una pelota a unos 50 metros mar adentro en un día con olas en una zona alejada de las rompientes de la orilla, veremos a la pelota bajar y subir, subir y bajar, pero, salvo si la empuja el viento, las olas no la traen a la orilla. Vemos que las olas se acercan, pero, si nos fijamos bien, veremos que lo que sube y baja es el agua que está a cada distancia de la costa, pero que el agua lejana no llega a la arena para darse la vuelta y alejarse después.*


No tengo ni mar ni pelota a mano para realizar el experimento, pero tiro de memoria e imaginación y, en efecto, la pelota se queda allí para mi desesperación. Ni se mueve. Si hay suerte, el viento, que no las olas la acercaran desde esos 50 metros a los que se me pidió lanzarla.
Se nos pide también que cojamos una cuerda y la hagamos serpentear para comprender que la onda, como las olas al agua, no hacen desplazarse la cuerda, sino sencillamente hacerla subir y bajar, que donde había una cresta hay ahora un valle y donde había un valle ahora hay una cresta. Lo compruebo mediante otro sencillo y entretenido experimento mental y veo que también se cumple. Todo parece que se mueve, pero no es más que ilusión. Aunque la pelota sube y baja, no se acerca porque el agua que tiene debajo es siempre la misma. Ilusión.


Nos dicen como explicación del fenómeno:

Las olas no se forman porque el viento las ''empuje''. Cuando el viento sopla sobre una superficie lisa de agua solo se forman ondulaciones capilares. La formación de las olas es a través de la presión mediante un mecanismo de ''el rico se hace más rico y el pobre, cada vez más pobre'', mediante fenómenos no lineales de amplificación.*

Cuando paso a leer otros artículos del periódico, la explicación de esa pelota que sube y baja pero que apenas se acerca hasta nosotros, de esos "fenómenos no lineales de amplificación", ha hecho mella en mí. Y todo pasa a parecerme mares embravecidos o en calma, picados y de fondo, turbulentos y cristalinos, profundos y medio charcas, todos presididos por una pelota playera azul que sube y baja, pero que no acaba de llegar.
Ya solo veo esa pelota descarada que juega con mis sentimientos y percepción.


La ilusión de que algo avanza rápidamente no es más que eso, ilusión. Donde antes había broncas y frustración —un deprimente valle—, siguen las mismas broncas, pero ahora eufóricas porque se encuentran en una cresta, de subidón; pero la pelota sigue prácticamente igual. Los empresarios dicen que están en una cresta, pero que la pelota no se moverá hasta 2015, que ya son muchas horas de playa esperando y tenemos las espaldas como un cangrejo. Nos dicen que los fraudes en telefonía son abundantes porque la Administración tarda un año en cancelar los números engañosos. Están también en titulares las pelotas de la corrupción, la ucraniana, la iraquí la catalana, etc., subiendo y bajando, con mares revueltos en distintos grados, pero con oleajes monótonos que inducen al sesteo. A veces la pelota tarda tanto en llegar que se da por perdida y nos olvidamos de ella. Pero está allí, pendiente de un golpe de viento o de un alma generosa que nos la traiga.


Creo que de la única noticia que se puede decir positivamente que la pelota se ha movido en el agua es la de la conquista del campeonato europeo de waterpolo por el equipo femenino español. Y es que está claro: o vas tú a por la pelota o se queda allí, a cincuenta metros, subiendo y bajando, esperando a que algún viento caprichoso de la Historia te la vaya acercando hasta la orilla.
Los científicos han conseguido sacarle partido a estas subidas y bajadas de las olas aprovechando esa energía que se produce en el movimiento vertical. Menos mal.



* "¿Por qué las olas no traen la pelota de playa hasta la orilla?" El País Blog "El porqué de las cosas" 27/07/2014 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elporquedelascosas/2014/07/27/por-que-las-olas-no-traen-la-pelota-de.html