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domingo, 24 de febrero de 2019

Los colores patrióticos de la precariedad

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos tiempos de amor apasionado por la patria, más chica o más grande, de discursos encendidos sobre las raíces, deberíamos reflexionar un poco sobre que significan todos esos conceptos por encima de las parafernalias folclóricas, las insignias prendidas en las solapas, las banderitas en las muñecas o en desfiles patrióticos.
No entiendo el patriotismo más que como forma de solidaridad con los que me rodean y, es más, no es exclusivo. La solidaridad es generosa o no es solidaridad. Esos que solo quieren beneficios para los nacidos bajo el mismo techo patrio no me parecen solidarios, sino egoístas parcelados. No hay amor en ello; solo egoísmo disfrazado con trajes nobles.
El diario El País nos trae el rapapolvo que Europa nos da con toda la razón. Crecemos, nos dice, pero eso no repercute en una mejora social. La crisis económica ha dejado cicatrices, pero —y esto lo añado yo— muchos malos hábitos, mucho colmillo retorcido y una costumbre de quejarse de forma continua cada vez que se menciona la extensión de la mejora al resto de la sociedad.

Cinco años de crecimiento han permitido que España recupere e, incluso, supere el PIB previo a la crisis. Pero las cicatrices de la Gran Recesión aún son muy profundas. Un informe que la Comisión Europea presentará el miércoles y a cuyo borrador ha tenido acceso EL PAÍS advierte de los peligros para la cohesión social que entrañan el elevado desempleo, el “uso generalizado de contratos temporales” y la alta proporción de ciudadanos que permanecen “en riesgo de pobreza o exclusión social” a pesar de la época de bonanza.
Tras una década prácticamente perdida, la economía española sigue creciendo por encima de la zona euro y creando empleo. Pero esas cifras dejan en un segundo plano un ingente paquete de asignaturas troncales y pendientes que Bruselas expone en el análisis del llamado Semestre Europeo, que fija las políticas económicas, fiscales y sociales prioritarias que deben emprender los países en el año en curso. El informe concluye que, en general, los avances de España en el último año han sido “limitados”. Es decir, un aprobado raspado. Y advierte de que esa lentitud se debe también al contexto político de los últimos doce meses, con un cambio de Gobierno y la convocatoria de elecciones en abril.*



Creo que la Comisión Europea acierta al señalar el problema y no lo hace tanto cuando señala las causas, que son más profundas. En este tiempo, la sociedad se ha hecho tremendamente insolidaria en lo referida al empleo, sobre el que se ha hecho recaer el beneficio. Las historias que se escuchan cada día, especialmente entre los jóvenes, son los de la explotación pura y dura. Son historias de desprecio por las personas, por el trabajo realizado y la amenaza constante, desde la precariedad y la debilidad contractual.
Empresas con beneficios importantes siguen usando las medidas que se tomaron de forma provisional, para tratar de acabar con una crisis que se había cimentado precisamente por la debilidad de los empleos generados en una sociedad volcada cada vez más en los servicios. Lo tomas o lo dejas, ha sido la alternativa a la que han sido sometidos, una elección humillante ante la alternativa.
Cuando se habla de la "política" deberíamos hacer matizaciones. Durante décadas, los políticos han sabido que las únicas cifras que la gente entendía porque son las que no es posible camuflar técnicamente era las del "paro". Un gobierno que "funciona" presume de reducir las cifras; presumirá de ellas ante lo que le dejaron. El problema es que pronto empezó a alterarse la definición y, sobre todo, el sentido de lo que es "estar parado". Todo por las cifras que cada mes nos cuentan cómo va la economía a ras de suelo.


El problema es que las cifras triunfales que los gobiernos tratan de presentarnos no son ya presentables socialmente. Nadie se ha atrevido a presionar al empresariado por temor a un crecimiento de despidos que dejara en evidencia el secuestro de los gobiernos ante una patronal que se presenta como heroica y motor de la economía, pero que no hay forma que entienda la función social del empelo y el sentido del conjunto, del reparto justo, en fin, de la solidaridad. Los sindicatos han comenzado a enseñar los dientes, pero la debilidad es grande, en cierto sentido por sus propios errores, todo hay que decirlo.
El resultado es la imagen que la Comisión Europea nos da, nuestro retrato de un crecimiento insolidario, desigual, egoísta e injusto. Crecemos más que el resto. Y lo hacemos por el trabajo. Sin embargo, los sueldos siguen siendo muy bajos y los contratos débiles para asegurarse el silencio y la aceptación.
Señala el artículo de El País:

Ha habido crecimiento. Y se prevé que lo siga habiendo. Pero el informe alerta de que sigue habiendo “desafíos importantes”. El principal: reducir esa capa de ciudadanos que ha quedado apartada de la recuperación. “El paro está cayendo rápidamente, a la vez que conduce a una leve caída de la pobreza y la exclusión social, pero demasiada gente sigue sin un empleo o con contratos laborales temporales y la desigualdad en los ingresos es acusada”, asesta la Comisión Europea.*

La pérdida de calidad de los empleos y la bajada de los ingresos es pérdida también de calidad de vida. Esa calidad se mide también en términos sociales, de solidaridad con el conjunto. Si las empresas se crean solo para ganar dinero, los resultados son los que vemos. Eso va del fraude de la reutilización de ataúdes, como hemos tenido recientemente, al conflicto de los taxistas con los coches que les hacen competencia. Hemos lanzado a los ciudadanos unos contra otros y lo llamamos "competencia".


A ello contribuye un problema que hace mucho que no tratamos, pero no a causa de su desaparición, sino de su conversión en hábito. Me refiero a la atomización empresarial y la idea de "autónomos". Las empresas pequeñas no consiguen grandes beneficios por lo general, por lo que su potencial en la creación de nuevo empleo es muy relativa y en condiciones de explotación muchas veces.
Falta una cultura empresarial más solidaria, pero es nuestra gran asignatura pendiente. La crisis ha sacado lo mejor de muchos, pero también los peores hábitos. No es solo cuestión de luchar contra el fraude, sino contra la falta de una cultura de la empresa ligada al tejido social, creadora de condiciones para la mejora social en su conjunto.
Creo que es en eso en lo que consiste el verdadero patriotismo, en una forma de solidaridad que nos hace ser responsables de nuestras posibilidades en mejorar la vida de los demás.
Desde que se impuso la idea de que "las crisis son oportunidades" lo que han proliferado ha sido los oportunistas. La comisión señala:

La tasa de empleo, señala, sigue siendo baja. Y resalta dos factores que ponen de manifiesto la actual precariedad del mercado de trabajo: la posición de “desventaja” que aún sufren las mujeres respecto a los hombres y el “uso generalizado de contratos temporales”, que considera un freno para el “crecimiento potencial” y para la “cohesión social” del país.*

Es esa cohesión la que debería reducir las enormes desigualdades que se están generando bajo el chantaje del crecimiento del paro cada vez que se anuncia una medida "social", es decir, que sea solidaria para mejorar las condiciones de todos.
Hemos creado a golpe de crisis una sociedad muy dura e irresponsable, en el sentido, de que nadie parece sentir una responsabilidad por los demás. Somos solidarios en muchos aspectos, pero no lo somos en uno sumamente importante, el de la cohesión social, cuya falta se nos reprocha con razón desde la Comisión Europea.


Hacen falta unas grandes campañas de concienciación del grave problema del que nos avisan una y otra vez. En ocasiones los problemas llegan de fuera; pero esta vez vienen de dentro, de nuestra incapacidad de afrontar los problemas sociales más allá de nuestra propia individualidad.
Hay países en los que existe la conciencia de la dimensión social que tienen las acciones individuales, de cómo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene una repercusión sobre el tejido. Hace muchos años lo dijimos, en plena crisis, y hay que repetirlo ahora: la formación del empresariado español, no ya en los aspectos técnicos (bastante desastrosos, según los informes de la Caixa), sino en los de conciencia social, en el que es necesario la creación de empleo para asegurarnos un futuro común.
A veces se nos dan datos sobre las futuras pensiones y otros aspectos sobre los que inciden estos actos. No parecen calar en aquellos que se consideran el motor de la economía pero no saben entender la responsabilidad que esto entraña.


Ho hay un verdadero liderazgo social en España. No lo hay ni en los gobiernos, ni en las patronales ni en los sindicatos. No hay una visión de futuro que se traduzca en la creación de las situaciones para llegar a él. Las consecuencias son aquellas de las que nos advierten desde Europa. Si no se toman medidas, si no se crea el clima propicio, si no se consigue hacer entender que más allá del saludable beneficio existe una responsabilidad social conjunta, nos tendremos un futuro adecuado, solo un estado crítico permanente en el que unos vivirán muy bien y otros vivirán muy mal, por mucho que trabajen.
El patriotismo es solo eso. Dejen los cantos y las lágrimas emocionadas. Pónganse manos a la obra, a construir un futuro del que no nos tengan que sacar los colores en Europa o en el mundo. Una sociedad que crece con la explotación o la indiferencia sociales queda marcada. No producirá más que un falso progreso, el que esconden las grandes cifras.
La pobreza y endeblez de nuestro patriotismo es manifiesta. La ausencia de la solidaridad es notoria. Mientras que unas cifras sigan hablando de crecimiento y otras de empobrecimiento, de baja calidad del empleo, de grandes distancias sociales, no existirá ese patriotismo, el único deseable, el que va más allá de mí mismo. Lo demás son demostraciones de mal gusto.


Los países pueden sufrir crisis, pero ser incapaces de ser solidarios dejando que una parte del país vaya a peor, tiene unos efectos perversos sobre la sociedad, que se acostumbra a la injusticia y al egoísmo como formas naturales de actuar.
Los colores patrios son, hoy por hoy, los que nos sacan, los colores de la vergüenza de una generación explotando a otra. Este patriotismo que aflora no es más que el síntoma de la falta del verdadero. Cuando te importa un país, te importan los que viven en él. Una generación entera lleva sufriendo el patriotismo rastrero de los que exigen sacrificios a los demás y no han sido capaces de aportar más que promesas, mentiras y falta de decisión. El chantaje del paro no debe seguir utilizándose para mantener esta forma de economía servil y explotadora, denunciada por todos. 
El desapego de una generación es el resultado de esta falta de responsabilidad social. ¿Cómo podemos pedir solidaridad futura a los que hoy son explotados? Este efecto se está empezando a vivir en el día a día. Es un sálvese quién pueda social que se basa en la imitación de lo peor a falta de ejemplo de lo mejor. La conciencia  de lo común desaparece.
Menos banderas y discursos y más solidaridad, más firmeza, más visión de futuro común. Querer a tu país es querer el mejor futuro para todos.
La Comisión Europea tiene razón. Nos debería dar vergüenza, pero es lo primero que se perdió con la crisis. 



* "Bruselas reprende a España por la elevada desigualdad y pobreza" El País 24/02/2019 https://elpais.com/economia/2019/02/23/actualidad/1550940064_334603.html



viernes, 6 de abril de 2018

Qué hacer con las noticias falsas


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La Comisión Europea ha decidido que no quiere, puede o sabe legislar contra las "noticias falsas". Me parece bien. A esa conclusión se puede llegar por dos vías: la primera es afirmativa, es decir, expone una serie de razonamientos cuya conclusión es esa; la segunda vía es la de la imposibilidad, la del intento frustrado de intentar argumentar de forma clara. La vía primera es, claro, mucho más bonita y optimista. Implica que tenemos una capacidad suficiente de planteamiento del problema, unas formas específicas de abordarlo y finalmente llegar a un proceso del que saliera una decisión razonada, razonable, y si me apuran, elegante. La segunda, en cambio, es más humana e imperfecta. Implica que no tenemos una forma de tratar el problema que no empeore las cosas y que no suponga, como han señalado los ilustrados miembros de la comisión la creación de un "Ministerio de la Verdad".
La mayor perfección maquiavélica de los enemigos de la democracia sería que, en su nombre, Europa antepusiera el dogmatismo a la duda, verdadero signo de la modernidad. El drama de la democracia es precisamente ese a lo largo de su historia: tener que lidiar con los enemigos de la democracia sin trasgredir sus propios fundamentos. Mientras que las dictaduras han asumido una verdad decretada, las democracias viven en procesos de duda sistematizados, es decir, no se trata de poseer la "verdad" que Dios o el emperador nos ha dado, absolutamente incuestionable bajo riesgo de decapitación o encarcelamiento, sino de tratar de discernir con nuestras humanas limitaciones, que afectan al conocer y al actuar. Nuestras decisiones se basan en nuestro pobre conocimiento. Pero es nuestro y hemos decidido vivir bajo el riesgo del error de nuestras decisiones, a lo que llamamos libertad. La democracia no busca tanto la verdad, concepto de otras mentalidades o ámbitos, sino el acuerdo en aquellos campos en que las cosas son decidibles o interpretables. Aunque todos votáramos contra la ley de la gravedad, esta no desaparecería, pero sí lo hacen muchas otras que caen bajo el ámbito de lo humano. Por eso la Ciencia tiende a votar lo menos posible y sí a buscar convencer dentro de las comunidades científicas mediante la aportación de pruebas suficientes, revisables y mejorables.debates, etc. Los científicos saben esto y por ello saben que sus saberes son provisionales, mejorables en el tiempo, huyendo del dogma.

En el campo de lo humanamente mundano, la Historia, la Economía, la Sociología, etc. las cosas son muy distintas. Conviven planteamientos epistemológica, metodológica e ideológicamente distintos, como diseccionó para los futuros historiadores Keith Jenkins en su magnífica obra "Repensar la Historia". Todos estos aspectos introducen variaciones, sesgos, etc. en la forma de interpretar y presentar la Historia. En el caso de Cataluña, por ejemplo, las fake news aparecen en el momento de las elecciones, pero las mentiras y engaños para tergiversar la historia y perturbar la convivencia, crear divisiones, etc. no son nuevas y vienen de ilustres políticos, escritores, historiadores, periodistas, pedagogos, etc. que han construido su propio escenario histórico para llegar a percibir con nitidez sus ideas como verdades. Como decía el propio Jenkins la pregunta no es ¿qué es la Historia? sino ¿para quién es la Historia?
La Comisión se puede haber dado cuenta que la oposición verdad/mentira es muy elástica y resbaladiza, que tiene muchos grados y que podría llegar a hacer imposible muchas cosas que hoy son habituales. Si podemos decir qué es mentira, también podríamos tener que demostrar qué es verdad.
Estados Unidos tiene el presidente más mentiroso y manipulador de la historia (el listón estaba alto). La prensa y diversas instituciones llevan la cuenta de sus mentiras, medias verdades e inexactitudes. Ahí está, sabedor de que cuesta más desenmascarar una mentira que decirla. Trump ha desarrollado durante toda su vida ese arte, que es el de la insinuación dañina y estratégica, por más que pueda ser caótico. Pese a ser caótico, el hecho cierto es que consigue casi todo lo que quiere.
El problema de las fake news no son las mentiras en sí, sino que forman parte de una acción estratégica, bien trabada, con un fin determinado. La fake new no es un error, sino que es una parte perfectamente diseñada para conseguir un fin específico, una reacción en un momento determinado. Y ese efecto se puede conseguir de diferentes maneras, incluso con noticias verdaderas, por decirlo así.
En la información elaborada por David Alandete para El País se recoge y explican los argumentos dados para luchar contras las falsas noticias y los argumentos de la Comisión:

A pesar de contar con pruebas de reiteradas injerencias en elecciones recientes, la Comisión Europea, la única que puede proponer legislación europea, renuncia a sugerir leyes para proteger de injerencias los procesos electorales en los 28 países miembros, confiando en su lugar en programas educativos y la autorregulación en las redes sociales. La comisaria de Agenda Digital, la búlgara Mariya Gabriel, se ha dado hasta el 25 de abril de plazo para presentar su propia propuesta contra la desinformación, y aunque entre sus opciones estaba proponer leyes, estas han sido descartadas, según confirma su propio equipo.
La Comisión se vio obligada a tomar alguna medida contra las injerencias antieuropeas después de constatar la diseminación de noticias falsas en el referéndum del Brexit; las elecciones en Francia y Alemania, y la crisis independentista catalana. La comisaria Gabriel, responsable del área digital, se dio hasta abril para tomar una decisión, después de las insistentes peticiones de otros comisarios, eurodiputados y Gobiernos de países afectados por campañas de desinformación rusas, como las repúblicas bálticas.
“Las noticias falsas son un instrumento que los enemigos de la democracia usan para que fracase Europa”, dice una de esas voces que han llamado a la acción, el eurodiputado español Esteban González Pons, del Partido Popular. “Necesitamos una normativa que proteja a la democracia de las noticias falsas. Ningún país podrá luchar contra este problema en solitario, necesitamos una normativa europea”.*


¿Qué distancia hay entre decir que las "noticias falsas" son malas, un peligro, y legislarlas contra ellas? Mucha. Aquí se debería iniciar una reflexión sobre la propia perversión de la democracia cuando el juego político se vuelve destructivo. A lo largo de estos años hemos insistido aquí sobre el carácter erosivo de unas formas de hacer políticas que se olvidan de la importancia del sistema y solo se fijan en la consecución del poder. De alguna forma, esto es un efecto.
Las mentiras, como ha ocurrido en los Estados Unidos, Reino Unido, Cataluña, Italia, etc. han tenido efecto porque la gente ha estado dispuesta a creerlas. Es decir, el terreno estaba abonado. ¿Hasta qué punto las mentiras de Vietnam, (los papeles del Pentágono), la mentiras de Watergate, las mentiras de Irak (las armas de destrucción masiva), etc. no han sembrado la posibilidad de actuar sobre el escepticismo de los norteamericanos? El que siembra tormentas, recoge tempestades, dice el refrán. El efecto de las mentiras sistemáticas desde el poder ha conseguido hacer que muchos norteamericanos estén convencidos de que son víctimas de mentiras constantes, de que el hombre no ha llegado a la Luna, que los platillos volantes llegaron hace mucho, que no existe el cambio climático (una invención de China, según Trump, para frenar la producción norteamericana), las vacunas causan autismo, etc. etc.
Cualquier periodista, historiador, sociólogo, etc., cualquiera que tenga que contar algo sobre el mundo que le rodea sabe que tiene probabilidad de error porque no puede disponer de toda la información disponible, porque puede errar al interpretarla. En el caso de los periodistas, incluso nuestros tribunales han establecido que lo determinante no es la falsedad, sino la intencionalidad. Esto es importante acepta que el ser humano es falible, es decir, se puede equivocar y lo distingue del deseo de hacer daño deliberadamente, que es lo que se castiga. Puede haber negligencia, que es otra cosa, pero lo esencial es la voluntad de hacer daño a sabiendas que es falso lo que se cuenta.
Los llamados a la legislación, representados por el eurodiputado español González Pons en el texto, son la manifestación de un deseo, pero también una ingenuidad. No hay legislación global sobre la falsedad. Todo lo más legislar contra algo muy difícil de demostrar, la intencionalidad, fácil en cambio de camuflar. Sobre todo cuando es tan sencillo difundirlas con un simple retuit o un cortar y pegar. La clave no está en la falsedad de la noticias sino en la facilidad de su reproducibilidad y por ello de su gran alcance. Y para ello se valen precisamente de la receptividad de las personas, sabiamente preparadas para hacerlas crédulas y sensibles a esos contenidos.
Nos dice David Alandete en El País:

En enero, Gabriel formó un equipo de 39 expertos que entregaron su propio informe, no vinculante, el mes pasado. En él admiten la enorme gravedad del problema de la desinformación, “que puede suponer una amenaza a los procesos políticos democráticos”. A pesar de ello, los expertos recomiendan programas educativos e incentivos a la prensa, pero ni una sola medida punitiva.**

La Comisión, con sus recomendaciones, nos viene a decir dos cosas: 1) una persona educada es más difícil de engañar que una inculta. Eso ya lo sabían los ilustrados, por eso apostaban por la educación. 2) fomenten no la "verdad" sino lo "fiable" a través de la prensa seria, que es en la que la gente debería poder confiar.

Durante la expansión de la Sociedad de la Información se ha producido un fenómeno "babélico" de confusión. La capacidad de cualquiera para poder transformarse en medio, que antes quedaba limitada por factores económicos y legales, esencialmente, se ha ampliado hasta el infinito al crearse una sociedad mediática horizontal. La "autoridad" que se desprendía de los sitios serios, supervivientes en el tiempo gracias a esa fiabilidad, es decir, la confianza de sus lectores o espectadores, se ha ido desvirtuando conforme avanzaba la posibilidad de expansión mediática.
La posibilidad de poseer un medio a muy bajo coste, como ocurre hoy, multiplica las posibilidades de creación de este tipo de intoxicaciones. Es un indicador (otro más) de vuelta a la Guerra Fría, con la propaganda y la intoxicación en los espacios de opinión pública. La mundialización de la información y la globalización de los medios lo han hecho posible. La facilidad es una forma de incentivo para que esto ocurra a mayor escala.
Nuestros ilustrados días son profundamente ignorantes. En este contexto, es mucho más fácil y rentable poder intoxicar para movilizar a la opinión pública en un sentido u otro. Se ha dicho que en estos tiempos, políticamente hablando, se está siempre en campaña. Es cierto. Y también en guerra informativa.
Los lectores de este blog entenderán fácilmente el ejemplo que usaremos a continuación para que se vea la sensatez de la negativa de la Comisión Europea a legislar, señalando otras posibilidades para tratar de frenar las "fake news".
El régimen egipcio actual considera "fake news" todo lo que discrepa de su verdad oficial, la única posible. Solo un régimen autoritario, laico o religioso, puede hacer esto. Para legislar sobre las mentiras tienes que tener una verdad oficial, que tiene que ser enunciada y establecer unos portavoces, aquellos de cuya verdad (dado que no podemos comprobar por nosotros mismos todo) es indiscutible.  Discutir la autoridad es ya delito. Por eso el régimen ha declarado que la verdad reside en los ministerios, cuyos discursos son verdaderos por definición y por ello indiscutibles. Evidentemente esto conlleva declarar mentira todo lo que oficialmente no sea dicho por un portavoz autorizado. Los medios quedan condicionados a repetir lo que dice la verdad oficial o a sufrir las consecuencias.


¿Qué es ahora una falsa noticia en Egipto? En primer lugar es una forma de descalificación de la información. Después permite acusar al que la ha publicado de atentar contra la seguridad del país o de contribuir a su difamación, que se considera también un acto de traición penado. El último avance en esto (que crece en su autoritarismo sin poderlo remediar) la detención de un periodista por recoger en su artículo citas de lo dicho por The New York Times, considerado un medio "mentiroso" y "hostil". Otros han sido detenidos (el caso de Hisham Geneina) por conceder una entrevista a un medio hostil (Al-Jazeera, en este caso), lo que le convierte ya en mentiroso por connivencia con un medio enemigo.
El régimen lleva cerrados o bloqueados más de 400 medios con la excusa de que se defiende frente al extremismo. En muchos caso pueden ser páginas islamistas, pero en otros son medios independientes y democráticos, como Mada Masr o Egypt Independent, que se ven intimidados, bloqueados o cerrados muchas veces sin existir acusación. Eso es importante porque si hubiera acusación estarían en la obligación de aportar pruebas. El régimen se ha convertido en un árbitro de la verdad. En los inicios trató (se informó de ello aquí) de evitar que los medios no transmitieran más noticias sobre jueces, policía, ejército que las que el gobierno autorizara. Pronto se vio que esto no era posible que fuera aceptado. Lo que se hizo entonces fue un doble proceso: la intimidación por la información y el desmantelamiento de la independencia del sindicato de periodistas tras el caso de las islas de Tiran y Sanafir, en donde informar sobre el malestar del pueblo egipcio se consideró delito e incitación contra el estado. Eran también "fake news" decir que la gente creía que eran islas egipcias frente a la verdad oficial.
Cualquier cosa se puede convertir en una "fake new". Recordamos como uno de los mayores absurdos la condena a Sherine por decir que no bebería las aguas del Nilo para no enfermar. Lo que era un chiste se convirtió en expansión de noticias falsas. Los ejemplos se podrían notificar. Todo esto es alentado por la idea de que así lo hacen los demás países.
A diferencia de la Unión Europea, el régimen de al-Sisi se puede permitir el lujo de legislar, perseguir y condenar en nombre de una "verdad", que es la suya. Se ha convertido en una excusa para deshacerse de enemigos y de opositores, de discrepantes de un régimen que siempre se ha considerado llevado de la mano de Dios. Mohamed Morsi lo creía exactamente igual.
En nuestra ingenuidad hemos pensado que la proliferación de medios nos llevaría a la "verdad". Nada más lejos de lo ocurrido. Hoy vivimos en la confusión mediática, en el dogmatismo informativo y en sensacionalismo como forma de supervivencia en un mundo cacofónico y estridente.


La información periodística es una mezcla de conocimiento e incertidumbre, de hechos y suposiciones, de interpretación y buena voluntad, en el mejor de los casos. Se basa en la honestidad humilde del profesional de la información, que por eso debe estar bien formado, educado en un mejor conocimiento del mundo. No valen ya las ingenuidades del "yo estaba allí"; se trata de comprende y explicar, del compromiso ético con la propia profesión y con aquellos que reciben las noticias que elaboramos. Informar es un delicado equilibrio entre decisiones personales, del medio y de la sociedad a la que se informa.
Por eso no me parece mal que la Comisión recomiende más educación y mayor compromiso de aquellos medios que se declaran del lado de la imperfecta información realizada con buena voluntad, es decir, el deseo de ser los más fieles posibles a una verdad difusa y confusa, una verdad "blanda" (¿ya nadie lee a Vattimo?) frente al dogmatismo manipulador y autoritario, a aquellos que pervierte una profesión y una empresas puestas al servicio de intereses muy poco confesables.
No es muy apropiado, por otro lado, que los medios que se rasgan las vestiduras apostando por la "calidad" lo hagan buscando aprovechar la crisis de la credibilidad y les sirva para encarecer la información. El que quiera verdad, que la pague. Eso es muy empresarial, pero poco ético. Hace mucho tiempo que algunos que presumen de nombre se alejaron del compromiso ético y aprovecharon los fondos turbios del sensacionalismo o la trivialidad, contribuyendo a este lodazal de la información en el que vivimos hoy. Nadie es inocente. Volvemos a la idea: las mentiras funcionan porque se ha estimulado la credulidad para vender cualquier cosa. En realidad son pocos los medios, aquí y fuera de aquí, que han conseguido mantener una línea digna de información sin ceder a las tentaciones de la frivolidad o de gustar a esas redes sociales que ahora se denigran como fuente del problema. Esto es demasiado hipócrita. Son más tempestades cosechadas.


Va a costar que la verdad regrese y, sobre todo, va a costar que la verdad interese. Hemos creado fanatismo para que acepten mejor los productos, como demuestran los medios creados por la ultraderecha norteamericana. Hoy medios que se llaman serios apuestan por cosas innobles, como la xenofobia, si vende lo suficiente como para ganar atención. No nos extrañe después que se use el racismo contra la inmigración para conseguir votos en Reino Unido o en Italia. ¿Recuerdan a los independentistas catalanes amenazando e insultado a los turistas por las calles y playas de Cataluña el pasado verano?
Me parece bien que la Comisión Europea no haya negado la importancia del problema y, a pesar de ello, se haya negado a establecer unas leyes específicas contra las noticias falsas. Ya hay leyes para tomar medidas. No se puede caer ni en el autoritarismo que les haga el favor de hundir las libertades ni en la negación del problema. No es un  problema legislativo: es un problema social amplio, de deriva de nuestra cultura mediática.  Las sociedades autoritarias matan al perro para acabar con la rabia. Así cierran medios, bloquean cuentas, crean simulacros de redes sociales nacionales para poder vigilar a todos y evitar precisamente una "verdad" que no sea la suya, que no quieren ver erosionada para no perder el control.
Por el contrario, las sociedades democráticas deben a prender a recuperar el valor de la verdad, por modesta y humilde que esta sea. Lo debe recuperar el propio periodismo, como valor profesional y personal, separando el trigo de la paja, centrándose en la información y no en la búsqueda de impacto a todo trance, ejerciendo mal periodismo por medio del sensacionalismo y la trivialidad elevada al rango de información. Los medios deben comprometerse con la información y con la sociedad, respetándola, no embruteciéndola a golpe de titular y de contenidos bazofia. Los medios deben ser edificantes, es decir, servir también de modelo social, y no hacer lo contrario, recoger lo peor de la sociedad para después vendérselo. Eso puede ser rentable, pero tiene sus consecuencias: una mayor penetración de las mentiras.


No hay que tirar la toalla. Hay que poner cada uno su esfuerzo al servicio del conjunto. Nos va mucho en ello. No es fácil vivir en una sociedad libre si no se sabe apreciar esto. No son los jueces los que tienen que intervenir más que en algunos casos. Es cosa nuestra, una elección que hacemos cada día, algo que exige esfuerzo, formación, voluntad. Se trata de elegir si queremos vivir rodeados de mentiras gratificantes para nuestras creencias o sis somos capaces de convivir con una realidad compleja y confusa en la que tratamos de poner un principio de comprensión razonable.
Hay que ser críticos con la sociedad que hacemos. No somos perfectos. Pero es más fácil hacer leyes que cambiar mentes. La ingenuidad legislativa es creer que son los jueces los que van a resolver este problema, que es social y cultural, político e internacional. La Comisión ha sido sensata y no ha querido agravar más la situación. Les toca a loa agentes involucrados tomar decisiones, de los medios y profesionales a las redes, de las personas a los partidos.

* "La Comisión Europea renuncia a la legislación contra las noticias falsas" El País 3/04/2018 https://elpais.com/internacional/2018/04/02/actualidad/1522694360_002636.html


Anexo
Summary report of the public consultation on fake news and online disinformation
http://ec.europa.eu/newsroom/dae/document.cfm?doc_id=50374


jueves, 20 de julio de 2017

Los troyanos autoritarios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Más allá de cualquier cuestión técnica, la Unión Europea debe afrontar dos tipos de problemas: el que quiere salir, como en el Brexit británico, que supone un enorme reto, y  otro peor, el de los que "no quieren cumplir" con los principios básicos, los que afectan a las libertades y derechos de los ciudadanos.
No es casual que en el Brexit se haya comenzado debatiendo por los derechos de los ciudadanos que quedan afectados en la separación o ruptura. La Unión es algo más que economía; son sobre todo "derechos", personas que son iguales ante las leyes y las instituciones porque comparten una visión de la vida y las libertades.
Ahora que se percibe un distanciamiento completo en la visión de los derechos y libertades de los ciudadanos en el caso de la aspirante a formar parte de la Unión Europea, Turquía, es chocante tener que contemplar la "involución" política de algunos de sus miembros, como es el caso actual de Polonia.
Nos dice el diario El País:

Europa ultima medidas concretas contra los excesos autoritarios de Polonia. La Comisión Europea ha anunciado este miércoles que abrirá un procedimiento de infracción contra el Gobierno polaco si no retira la reforma que coloca al poder judicial bajo control político. Además, el Ejecutivo comunitario alerta de que está “cada vez más cerca” de apretar el llamado botón nuclear de la UE: la activación del proceso que puede acabar suspendiendo los derechos de voto de Polonia en el seno comunitario. Esta vía inédita se esgrime como amenaza contra un Gobierno que ha desoído todas las advertencias de Bruselas.
El gigante del Este —séptima economía de la Unión Europea— plantea la mayor afrenta a los valores europeos. Polonia, gobernada por Beata Szydlo, del ultraconservador Ley y Justicia (PiS), se encamina hacia la dictadura sin que la Comisión Europea, garante de las reglas de la UE, tenga claro cómo impedirlo. Tras casi dos años de advertencias por los incumplimientos sistemáticos del Estado de derecho, Bruselas invoca por primera vez el procedimiento que puede acabar despojando a Varsovia de su voz en la UE. Los comisarios han llegado a ese punto tras un largo debate en el que casi todos han querido expresar su preocupación por la deriva autoritaria de Varsovia, según explican las fuentes consultadas.*


¿Qué hacer con un miembro de la Unión Europea que comienza a parecerse al que uno no desea como socio? El control político sobre el poder judicial es la reducción de la democracia a la impunidad gubernamental que, al controlar el aparato judicial, puede actuar en cualquier sentido.
El este de Europa sigue manteniendo en algunos países las formas autoritarias cambiadas de signo que les mantuvieron al margen de las libertades. Al igual que en países como Turquía, las andanzas polacas o húngaras hacen resquebrajarse los postulados de la Unión Europea, comprometida institucionalmente con un modelo de democracia.
En la medida en que los países se separan de ese modelo conjunto, su estancia en el interior de la Unión se vuelve más conflictiva. Es inevitable que los que se ven manipulados, perseguidos, en la impotencia legal o política recurran a las instituciones comunes para tratar de frenar su estado.
El intento de crear un grupo autoritario dentro de la UE, liderado por Hungría y Polonia, con sus populismos nacionalistas de derechas, con conexiones con la Rusia de Putin (como es el caso de Viktor Orbán) muestran que las agresiones desde el interior pueden ser tan peligrosas (o más) que las del exterior. Las agresiones exteriores sueles aumentar la solidaridad, pero las conexiones rusas actúan más como un troyano, un ataque desde dentro destinado a subvertir los principios europeos.

 
La condena de las prácticas autoritarias de Polonia y el apoyo que Hungría le está dando son un reto europeo. Y un reto importante. Europa no se puede permitir ascensos autoritarios que minen los derechos de sus ciudadanos. Igual que se están defendiendo los derechos de todos los europeos en Reino Unido para el Brexit futuro, los ciudadanos polacos son "europeos" y no pueden tener menos derechos que los que la Unión establece. Con toda razón, recurren a las instituciones europeas —sus instituciones— para que les defienda de los abusos.
En el artículo de Politico publicado a principios de año, con el título "Why Putin needs Orbán", se señalaba sobre el caso húngaro, otro de autoritarismo ascendente:

Orbán has worked to boost ties with the Kremlin since coming to power in 2010. But the election of President Trump seems to be creating new opportunities for Hungary — and for Budapest’s relationship with Moscow.
The Hungarian prime minister has hailed Trump’s election, saying it heralds a new age where countries are free to put their interests first. “The era of multilateralism is at an end, and the era of bilateral relations is upon us,” he said in a January 23 speech.*


"Bilateralismo" significa aquí ignorar al conjunto cuando le interesa pero mantenerse dentro para tener los beneficios correspondientes. Es nadar entre dos aguas. Las diferencias entre Hungría y Polonia son grandes (especialmente en sus relaciones con la Rusia de Putin) pero el fondo del autoritarismo se asemeja mucho en los recortes democráticos. Los polacos se vieron afectados por las sanciones sobre productos perecederos e hicieron un orgullosa campaña con sus manzanas como protagonistas. Pero no es este el caso de Viktor Orbán, abiertamente pro negocios con Putin.


Los que ven en Putin y Trump modelos que imitar son pocos, pero dentro de la Unión son un peligro. Hungría es advertida una y otra vez por las autoridades de Bruselas.  Juegan a dos bandas tratando de obtener ventajas de las relaciones a través de sus desafíos. Se sienten seguros en la Unión pero lanzan sus redes en la cercana Rusia de la que obtienen tratamiento favorable por romper la unidad europea. Divide y vencerás.
Una Polonia retrógrada es un atentado contra sus propios ciudadanos, cuyos derechos y garantías se ven pisoteados respecto a otros conciudadanos de la Unión. ¿Cómo puede defenderse Europa de países que entran en unas condiciones y después las modifican negativamente? Muchos polacos ven en Europa una defensa de sus libertades, a las que no quieren renunciar por el giro autoritario de sus propios gobiernos. No son los únicos que intensifican sus sentimientos europeos ante el avance de movimientos retrógrados, nacionalistas y populistas.
No es una situación fácil y pone en cuestión el espíritu mismo de la Unión Europea. ¿Es posible que un modelo autoritario conviva con uno liberal? Hay que tener cuidado con los efectos de contagio. Son troyanos autoritarios.



* "La UE advierte a Polonia por su clara deriva autoritaria" El País 20/07/2017 https://internacional.elpais.com/internacional/2017/07/19/actualidad/1500473399_253763.html

** "Why Putin needs Orbán" Politico 2/1/2017 http://www.politico.eu/article/why-vladimir-putin-needs-viktor-orban-russia-hungary/






jueves, 6 de noviembre de 2014

Cameron se lleva la primera

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Jean-Claude Juncker es un tipo curioso. Anda siempre repartiendo collejas, pellizcos y cachetes; alguna vez, incluso, estrangulamientos. Los demás lo aceptan bien y los franceses le devuelven tres besos, algunos dos, otros solo uno, abrazos o solo sacudidas con una mano en el hombro. Muchos cuyas tradiciones implican no rebasar el metro de distancia, se ven invadidos por la presencia de Juncker que les zarandea y les desarma. Lo hacía antes y lo hace ahora. Pero toda esa confianzuda relación cambia cuando Juncker se pone delante del micrófono y dice, como ayer, que el que ataque a la Comisión que se prepare. Se acabaron los ataques sin respuesta.
El diario El País evalúa así el cambio de actitud entre la pasada Comisión y esta:

En los momentos clave de la crisis, la Comisión Europea de José Manuel Durão Barroso careció del liderazgo necesario. Los Estados se lo hurtaron y tomaron la iniciativa. El nuevo presidente del brazo ejecutivo de la UE, Jean-Claude Juncker, demostró ayer, a las primeras de cambio, que no tiene intención de convertir la Comisión en una mera secretaría técnica de los grandes países. En su primera rueda de prensa avisó de que no le asusta el cuerpo a cuerpo.
A las críticas de los primeros ministros de Reino Unido, David Cameron, e Italia, Matteo Renzi, por un cambio estadístico que obliga a ambos países a acometer un pago extra a los presupuestos europeos, Juncker respondió con cajas destempladas: "No me va a temblar la mano ante los primeros ministros cada vez que detecte algo que no me gusta". "No tengo problemas con Renzi ni con Cameron", explicó; "es Cameron quien tiene un problema con los primeros ministros".*


Juncker además no se ha escudado en un genérico plural sino que ha dejado claro que la mano que no temblará será la suya. Juncker que es simpático por naturaleza, ha dejado de serlo por oficio. Y hace bien, porque está claro que Europa no se dirige con sonrisas, sino con la voluntad de llevarla a algún lado y la inteligencia de elegir bien el sitio.
Durante estos años, Europa como conjunto ha sufrido el doble lenguaje escénico de lo que se decía allí y lo que se contaba en casa. Las instituciones han sido escenarios del histrionismo de personajes como David Cameron, que querían demostrar ante sus electores lo bien que lo hacían. Jucker les ha dicho que se acabaron los burócratas y llegaron los ninjas. Que se preparen.

La mejor forma de enfrentarse al euroescepticismo o al antieuropeísmo es demostrar que existe una Europa respetable y política por encima de los estados porque los europeos han querido que sea así. El otro día me revolvía en mi asiento cuando escuché en el numerito histérico de David Cameron la palabra "club" para referirse a Europa. Y creo que Europa no es un club, por más que sea una palabra inglesa (de origen escandinavo) , ya que implica la distinción entre tu casa y ese otro espacio al que vas a que te dejen tranquilo. No, Europa no es un "club" y debe, por el contrario, reducir las distancias entre la casa histórica, los países respectivos, y la casa de todos. Es la única forma de progresar conjuntamente. Lo del "club" debería pasar a la historia ya.
La única forma de entender las instituciones europeas es como parte de ese espacio común que busca nuestra mejora y no como los encargados del servicio de habitaciones de un hotel en vacaciones. Las instituciones son respetadas cuando son respetables y despreciándolas se reduce su eficacia.
Nos dice el diario El Mundo reproduciendo las palabras de Juncker: «No somos una banda burócratas, somos políticos y hacemos política, y no voy a permitir que nadie ataque a la Comisión Europea y se quede sin respuesta»**. La respuesta a Cameron y Renzi marcándoles las distancias es clara. En cualquier caso, el duelo Juncker - Cameron no es nuevo y promete entregas futuras.
Creo que es una buena señal que el Presidente de la Comisión diga estas cosas porque son la vacuna de ciertos males que acaban creciendo. Hemos criticado en muchas ocasiones la práctica suicida de jugar a lanzar ataques contra Europa, responsabilizándola de las carencias propias y para presentar imágenes de "firmeza" y desafío para satisfacer a un electorado propio. Eso solo erosiona a Europa y su idea de conjunto. Hacer que Europa es el reino de los burócratas es copiar la peor de las prácticas de los fundamentalistas norteamericanos que consideran que los "burócratas de Washington" les roban y conspiran contra ellos, erosionando así el gobierno central. También por estos lares padecemos esa idea de que unos son políticos y los otros robaperas de cuello blanco. Es una táctica vieja, extendida y eficaz para mantener los liderazgos convirtiéndose en paladines del desencanto.


Regresan victoriosos a casa mostrando lo que han conseguido con gran esfuerzo o vuelven irritados mostrando la incomprensión, el injusto castigo, la conspiración histórica cuando no han conseguido arrancar lo que pretendían. En la Unión no siempre es posible tener lo que se tiene y se busca más el equilibrio. Pero ellos se apropian de lo que les corresponden y trasladan la humillación a todos por lo que no consiguen. Cameron es maestro en eso y Matteo Renzi lleva el mismo camino. El que no está dispuesto ya a dejar a la Comisión sin defensas es Juncker:

"Decir que la Comisión no ha avanzado en la coordinación de las políticas económicas o que un determinado Gobierno no acepta las lecciones de los burócratas, como hemos oído en los últimos días, de Bruselas me parece fuera de lugar. No somos burócratas, sino una Comisión política".*


Mientras los políticos le saquen rendimiento local a realizar números como el de Cameron el otro día, la erosión de la idea de Europa y sus instituciones comunitarias será constante. Lo que más ha debido irritar a Juncker y miembros de la Comisión fue que Cameron no había mostrado en la reunión una actitud beligerante, que esta se desató en cambio en cuanto pisó la calle y le pusieron un micrófono. El Mundo nos contaba lo ocurrido el 26 de octubre así:

[...] ayer la Comisión, por boca de su comisario de Presupuestos y Planificación financiera, Jacek Dominik, dejó claro que Londres tiene que pagar y que debe hacerlo a tiempo y sin excusas. Pero no sólo eso, sino que el comisario mostró su sorpresa por la polémica generada por Cameron, pues, según explicó, la información le fue remitida el 17 de octubre a Londres, mucho antes de la Cumbre, y nadie puso objeciones.
"Sí, me sorprendió la reacción de Cameron. Hasta ese momento no hubo ninguna señal por parte de la administración británica de disconformidad. Yo mismo fui a mediados de octubre a Luxemburgo y en el Ecofin se habló sobre el pago y estaban los representantes de Reino Unido que no mostraron objeciones", explicó Dominik. Tampoco lo hizo el Tesoro británico ni ningún miembro en la semana entera que medió. Pero sobre todo, explican fuentes comunitarias, en enfado es inexplicable porque las cifras no salen de la UE, sino que las proporcionan los Ejecutivos, así que lo que iba a pasar estaba muy claro.***


Parece claro que los enfados patrióticos de David Cameron solo se producen cuando tienen las cámaras delante y para deleite de sus votantes, ante los que muestra su lado salvaje. Y lo hace siempre a costa de Europa. Le sirve de poco —es lo que no entiende— porque los enanos sonrientes del UKIP le crecen alrededor. Pero es él quien los alimenta erosionando Europa. Los Farage y compañía se lo agradecen: debilita la imagen de Europa y la suya propia allanándoles el camino.
Lo que parece claro es que Jean-Claude Juncker además de abrazos, collejas y pellizcos, tendrá que dar algún pescozón. Cameron se ha llevado el primero.

* "Juncker se estrena con un duro ataque político a Cameron" El País 5/11/2014 http://internacional.elpais.com/internacional/2014/11/05/actualidad/1415195957_984815.html
** "Juncker, a Renzi y Cameron: 'No somos una banda de burócratas" El Mundo 5/11/2014
http://www.elmundo.es/internacional/2014/11/05/545a64a922601d33708b456f.html
*** "La Comisión Europea le para los pies a David Cameron" El Mundo 27/10/2014 http://www.elmundo.es/economia/2014/10/27/544e788722601d0a0e8b4598.html







jueves, 14 de noviembre de 2013

El ministro, el malentendido y el hombre que hablaba clarito porque no era de aquí

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El hecho de que el ministro de Educación sea el peor valorado en todos los sondeos (los llamados por algunos "casondeos") realizados hasta la fecha, ¿es un signo de la buena o mala educación de los españoles? A lo mejor no estábamos tan mal como pensábamos. Puede que el ministro que el rechazo suscitado a todas sus medidas sea un síntoma del propio deterioro educativo que hay que remediar y que la cima de la buena educación sea el comprender sus acciones, declaraciones y decretos. Al fin y al cabo, siempre decimos que los más inteligentes son los que piensan como nosotros, es decir, que para el ministro el mundo debe estar lleno de idiotas por redimir. La estupidez debe ser contagiosa y ha alcanzado ya a Bruselas, que también confiesa no entender cómo el ministro español de Educación interpreta los textos comunitarios. Para ellos quizá la falta de comprensión lectora del ministro sea una verificación del Informe Pisa, que detecta nuestras carencias y defectos en esto de enfrentarnos con los textos. 
El hecho de que el ministro Wert comience muchas de sus respuestas a la prensa con su ya característico "yo en ningún momento he dicho...", debería hacerle reflexionar sobre esa condena a lo que algunos camusianamente han llamado "malentendido". Pero son demasiados ya. Todo esto nos aboca a elegir entre que el ministro lee mal o que se expresa mal, lo que no deja de ser triste existencialmente hablando pues nos condena a la incomunicación, como en una película de Antonioni. 


Dice el diario Público* —y eso les honra— que, en realidad, no lo dijo él directamente, pero que sí las fuentes oficiales del Ministerio. Y aquí cuando se está al frente de un ministerio se asume lo que la institución dice porque supone que sale con tu conocimiento y consentimiento. Y si no es todavía peor. Lo que parece evidente es que el "malentendido" fue una ligereza intencionada para justificar las anteriores meteduras de pata ministeriales dejando a los Erasmus españoles sin parte de la dotación a mitad de curso. Y pasa luego lo que pasa.
En el blog educativo del diario El País, la cuestión del ministro se aborda sin tapujos, "Pero, ¿qué le pasa a Wert?"**, una cuestión que además de preocuparnos a nosotros, también parece que comienza a preocupar en Europa. Susana Pérez de Prados se hace eco de esa cuestión compleja comenzando así su texto:

¿Qué posibilidades hay de que se aplique una ley, antes de que otro la cambie, que lleva el nombre de un ministro que suscita rechazo visceral en todo el mundo? En los miembros de su Gobierno, en el partido que le ha confiado la educación, en la comunidad educativa en pleno (incluso en las organizaciones educativas próximas ideológicamente a su partido). Y ni qué decir de la ciudadanía, que lo ha votado como el peor valorado del Gobierno, aparte de abuchearle allí por donde va como ministro de Educación, Cultura y Deporte (sea en la ópera, al lado de la Reina; en los eventos cinematográficos, o en cualquier universidad). Un ministro, José Ignacio Wert , que incluso desagrada a intelectuales que nada tienen que ver directamente con la política educativa, como el escritor Juan Marsé (“El Wertiginoso educador me ofende”) o José Luis Sampedro (“Wert es una amenaza para la educación española”).**

A pesar de todo ello, Rajoy le ha mostrado su confianza. Después de darle muchas vueltas a porqué se mantienen esos apoyos con las mareas negativas que le llegan desde todas partes, la clave me la dio José Bono el otro día con un comentario sobre la reunión —no sé si tuvo que ver con la educación, la cultura o el deporte— de los socialistas. Explicó Bono que, entre tanto aplauso y aclamación, los silbidos y abucheos que se habían producido al mencionarse la Monarquía "no eran por la Monarquía, sino por  Urdangarín", que es el único de la familia que ni es "de sangre real" ni es "monárquico", sobre todo después de hayan salido a la luz correos y comentarios de esa joya de yerno que la familia real introdujo en palacio por la vía marital.
Lo mismo en el gobierno piensan que necesitan un "Urdangarín ministerial" —un ministro señuelo— que les sirva de blanco de los abucheos y tomates con los que el pueblo que no les vota ni tiene intención de hacerlo o que les ha votado pero no lo hará otra vez, los recibe. Si vas tú solo, te abuchean; pero si vas con Wert puedes decir, siguiendo la "doctrina Bono" con efecto retroactivo, que no te abuchearon a ti sino a Wert. Este efecto compensatorio hace que el presidente del gobierno o los otros ministros, en vez de hacerle el vacío, le inviten a actos y presentaciones, desfiles y chirigotas ministeriales. "¡Que no falte Wert, por favor"!, nos parece escuchar en los ministerios. "Get Wert!", diría un Cameron en horas bajas si tuvieran la suerte de tener un ministro equiparable.


Resumen en el blog sobre temas de educación —aunque ya no tengo claro cuáles son los temas educativos en España— la trayectoria del ministro que más ha contribuido a la unión de todos:

En los casi dos años que han pasado desde su toma de posesión, en diciembre de 2011, ha ido cosechando el rechazo de todo tipo de organizaciones y personas tanto del mundo de la educación como de la cultura. Al principio, contestaba a las protestas con comentarios irónicos o ingeniosos, siempre con un cierto aire prepotente. Después, empezó a echar la culpa de las críticas que se le hacían a otros (la oposición, los medios de comunicación…) hasta que, hace unos días, un asunto, el de las becas Erasmus, se le iba de las manos al atreverse a echar la culpa a la política de la Comisión Europea, por quien fue luego desmentido.**

En España —¿no lo hemos comprendido todavía?— la única forma de cargarse a un ministro es darle la razón. Si yo fuera la oposición, pediría inmediatamente una reunión con él y saldría media hora después diciendo que habíamos estado completamente de acuerdo en todo, que los planes del ministro son brillantes y —esto es importante— que qué pena que no haya más tan dialogantes como él y se le deberían añadir unas cuantas carteras, además de Educación, Cultura y Deportes, porque es un hombre bien preparado, deseoso de servir a su país, un gestor eficaz y conversador amable. Estas palabras se pueden reforzar con una manifestación —se habla con los sindicatos— frente al Ministerio con pancartas con muchos corazones. Y si vemos que dudan, se manda a Artur Mas como segunda oleada o al de Ezquerra si queremos ir a la seguro. En veinticuatro horas, ¡zas!, crisis ministerial y Wert a escribir sus memorias.
El ridículo al que ha quedado expuesto el gobierno ante la UE tras el fiasco hermenéutico de las Becas Erasmus ha sido demasiado, pero esta forma extraña que tenemos de "mantener la confianza" en los que ya merecen poca o ninguna nos pierde. Algunos "imputados" dicen que se dan de baja de los partidos para no perjudicarlos, en un acto de amor institucional a su "alma mater", la que les da de comer, el partido. Pero en los gobiernos en España no se da esa forma de "amor" al país que se mostraría en una dimisión, aunque solo sea por pacificarlo una vez llegados a un extremo de diálogo imposible. Es una de nuestra "asignaturas pendientes" que un ministro de Educación sería bonito que aprobara. Sería sorprendente que alguien dijera: "Creo que estoy en lo cierto, pero todos los demás opinan lo contrario; que venga otro a ver si les convence" o "si suscito animadversión y eso dificulta los objetivos, que venga otro". Pero esto debe ser demasiado para nuestros políticos, que entiende que los ministerios son como Sagunto y Numancia y ellos un poco Guzmán el Bueno. Pero en la política no es bueno para nadie este atrincheramiento, este conflicto del llover sobre mojado todos los días. Talante y talento.


Para colmo del despropósito, el gobierno español ha llamado la atención a la UE sobre lo feo que es decir a un ministro de un país soberano que se equivoca al leer. El País entrevista a Dennis Abbott, portavoz de Educación de la Comisión Europea, quien manifestó su sorpresa al escuchar las interpretaciones que nuestro ministerio había hecho de las decisiones tomadas sobre la Becas Erasmus:

P. ¿Ha recibido alguna queja del Gobierno español?
R. Sí, me han llamado hoy.
P. ¿Y qué le han dicho?
R. Que lo que estaban diciendo los medios sobre las palabras del ministro no era cierto. Pero mi trabajo no es comprobar la veracidad de cada información que sale publicada. Mi trabajo es hablar en nombre de la Comisión Europea y presentar los datos tal y como son. Y los datos dicen que la financiación del programa va a aumentar un 40%. El 90% de la gente ha entendido cuál era el mensaje que queríamos transmitir.
P. Pero muchos consideran que la palabra basura [rubbish] sí es ofensiva.
R. Con esa palabra me refería a la pregunta que me hacía un periodista sobre la posibilidad de que se redujeran los fondos. No al ministro. Si quisiera meterme con él lo habría dicho claramente. Vengo del norte de Inglaterra y ahí nos gusta llamar a las cosas por su nombre. Prefiero hablar con un lenguaje que entienda la gente y no con tecnicismos. Además, luego me han explicado que la palabra basura en español suena mucho más dura que en inglés. Algún colega me ha sugerido que la traducción más adecuada sería sinsentido.***


Con Madrid cubierto de basuras como consecuencia de más falta de diálogo, la palabra tenía que herir sensibilidades, como dicen los cursis. Este hombre —que proviene del Norte de Inglaterra y le gusta llamar a las cosas por su nombre, como él dice— no se anda por las ramas: si quisiera meterme con el ministro lo habría dicho claramente. No sabe que eso hubiera prolongado algunos meses más su vida ministerial para tranquilidad de aquellos a los que les toque inaugurar con él que podrán volver a casa diciendo "¡Cómo se han puesto con Wert!" y descansar tranquilos.


* "Wert recula otra vez sobre las Erasmus: 'Nunca he dicho que fuera a haber un recorte desde Bruselas" Público 12/11/2013 http://www.publico.es/481644/wert-recula-otra-vez-sobre-las-erasmus-nunca-he-dicho-que-fuera-a-haber-un-recorte-desde-bruselas
** "Pero, ¿qué le pasa a Wert?" Blog Escool El País 13/11/2013 http://blogs.elpais.com/escool/2013/11/pero-qu%C3%A9-le-pasa-a-wert.html

*** “No volveré a decir la palabra ‘basura’ en una rueda de prensa” El País 12/11/2013 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/11/12/actualidad/1384285952_386473.html