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miércoles, 19 de enero de 2022

La España con alfileres

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hace mucho que España está sujeta con alfileres. No me voy a referir a la cuestión de la identidad nacional, difícil de resolver, si es que cabe aquí esta palabra. Me voy a referir, en cambio, a todas esas otras dimensiones que se esconden tras la creciente, la imparable tendencia a la desigualdad, algo de lo que nos alertan cada cierto tiempo los indicadores y que nadie quiere afrontar más que con parches ocasionales.
La pandemia los acrecienta y los deja en evidencia. Esta España fragmentada, para orgullo de políticos locales y excusa de nacionales, tiene en la desigualdad su peor seña de identidad, la real, la que está bajo la careta satisfecha, la que se muestra festiva y colorista para olvidar su triste realidad. Los indicadores europeos recientes nos sitúan en el cuarto puesto por la cola; por detrás solo países como Bulgaria, Estonia o Rumanía.


Nos dicen estos días que ser "joven" es un mal social, un motivo de exclusión. No es nuevo. Más bien es uno de nuestros indicadores más marcados y diferenciales respecto al resto de Europa, donde ser joven es una etapa de la vida, una forma de transición que se va consolidando en la persona. Aquí es otro mundo. Lo es desde que una generación asumió que era el sector que había que sacrificar y explotar mediante la precariedad, mediante los sueldos bajísimos, los contratos múltiples.

Se nos dice estos días que los médicos y personal sanitario que nos falta están repartidos por Europa, especialmente por el Reino Unido de antes del Brexit  y ahora con destino a Francia. Se fueron, entre otras cosas, porque una realidad laboral —mal pagados, explotados, exhaustos...— que estamos viendo ahora con la pandemia.

Lo estamos viendo con los casos de explotación sexual de menores tutelados, que nos hacen ir al Diccionario de la Academia a ver qué quiere decir tutela; pero lo vemos en el problema de "qué hacer" con ellos cuando cumplen los 18 años, momento en el que se enfrentan al mismo sinsentido que el resto de los jóvenes del país. Ahora se les va a dar (o así se dice) un ayuda para que puedan emanciparse, hasta los 35 años. Hace años se bromeaba con que los hijos no querían irse de casa porque vivían muy bien con unos padres comprensivos. Hoy muchos viven de mala manera, con sueldos insultantes, firmando contratos de fin de semana, de tres o cuatro días, que se acumulan en el año. Lo seguimos aceptando porque eso se produce a través de la propia sociedad, de las empresas a cuyo frente se encuentran personas.

La crisis económica de la década anterior se cebó en ellos. Pero "crisis" no es más que un nombre genérico que le ponemos a la explotación. Así escapamos de la responsabilidad de todos. Todos nuestros males proceden de alguna crisis, pero la crisis somos nosotros que seguimos manteniendo esas situaciones porque hay una realidad que se nos muestra y por la que pasamos sin mirar demasiado por sus causas: la desigualdad creciente, lo que quiere decir que aumenta la riqueza de unos y aumenta la pobreza de otros.

El dato escandaloso de nuestra sociedad es que somos el país en el que los ricos se han hecho más ricos, los pobres más pobres y más se reducen las llamadas "clases medias". Ya nadie repite aquello de que las clases medias son la base de la sociedad, la referencia hacia la que se dirige los que van saliendo de la pobreza. Hoy la pobreza solo tiene una dirección, la descendente.

Nuestra política solo quiere éxitos, solo habla de situaciones en las que mostrar esperanzas sin soluciones que la justifiquen. Solo parches ocasionales, porque la política se ha convertido también en una forma de vida en la parte superior del sistema, la que fija sus propios sueldos, la que parte y reparte, la de las "puertas giratorias", la de los contratos de las "canguros" a costa del estado. Pocos esperan algo de los políticos y sus promesas. En sus grescas se han olvidado, en beneficio del espectáculo, de una realidad que asumen sin responsabilidad. Las cifras se nos dan como si fueran de otro planeta.

Hace muchos años que vengo repitiendo la teoría de la generación explotada. Es sencilla y está a la vista, en los datos, en los titulares. Aceptamos la explotación de los jóvenes sin darnos cuenta que su empobrecimiento iba a ir aumentando. No se trata de un periodo de transición, sino el principio de una situación en la que hoy vive ya una segunda generación, que esos jóvenes empobrecidos, mal contratados, de economía sumergida, "becarios", etc. son hoy adultos en el límite de la subsistencia, sustituidos por otros jóvenes en una carrera de empeoramiento que hacen cola. Ese es el resultado de este sistema de explotación que se aceptó en su momento como un mal menor y del que hoy se aprovechan muchos que continúan explotando con la idea de que "no es el momento" cada vez que se proponen medidas mínimas de mejoras, no ya a los jóvenes sino a la población activa.

Cuando se les pregunta a estos profesionales que se fueron sobre su vuelta ponen cara de extrañeza: ¿para qué? La pregunta les resulta estúpida, ¿para qué van a regresar a un país inestable laboralmente y mal pagado, sin valoración social? En los países donde están les pagan bien, les valoran y tienen estabilidad en el empleo. Puede regresar cada día a casa sabiendo que pueden regresar al día siguiente.

Escucho a jóvenes brillantes, muy brillantes, que me cuentan sobre sus contratos basura de tres o seis meses. Gente de valor reconocido, buenos profesionales, que viven en la angustia permanente de las renovaciones de contratos en empresas privadas o públicas. Nadie está seguro de nada, quizá sea ese el objetivo, vivir en completa inseguridad, controlados por el miedo, consumidos, agotados por el esfuerzo mental necesario para sobrevivir.

El problema es que esto se percibe como normalidad, tanto en el sector público como en el privado. Esto hace tambalear presente y futuro, que se presupone que se construirá con lo que hagamos hoy. ¿Cómo sostener el futuro con un presente inestable, ajustado a mínimos laborales y de sueldos, a cientos de contratos basura a lo largo de la vida laboral, intermitentes, con pausas interminables para que se rebajen las condiciones? El problema es que nadie ve un problema, sino que se ve como parte de la normalidad. Es lo que hay.

El gran escándalo es que todo esto se esconde tras las macro cifras, las que siempre hablan de "crecimiento", pero se nos oculta que lo que crece realmente es la riqueza de unos pocos. El espectáculo escandaloso de las subidas sin límite de la energía eléctrica nos muestra que los poderes reales están en otro sitio, que pueden extraer el capital del ahorro devorándolo en unos pocos meses. Hemos desarrollado la idea de "pobreza energética" y estamos tan tranquilos convirtiéndolo en datos, en titulares informativos antes de que lleguen las noticias de los deportes.

Nos hablan de que casi cinco millones de norteamericanos han abandonado sus empleos. Nos explican:

El fenómeno conocido como la Gran Dimisión o Gran Renuncia se agudizó durante el pasado 2021 y había marcado un récord en septiembre, cuando 4,4 millones de trabajadores dijeron adiós a sus empleos para buscar nuevos desarrollos profesionales o vitales. Ante la creciente desbandada de trabajadores, sin igual en la historia de Estados Unidos, el presidente Joe Biden dirigió a los empresarios una frase que se ha hecho lapidaría "Pay them more" (Págenles más).

Los sectores económicos más afectados están siendo la restauración, los servicios médicos y el transporte. En este momento, hay en Estados Unidos 10,6 millones de puestos de trabajo sin cubrir.* 


¿Les suena? No es difícil reconocer parte del problema. También en España hay sectores que se quejan de que no se ocupan sus vacantes laborales. ¿Creen que la gente está deseando volver a los empleos que dejaron, a la explotación mal pagada, que deben dar las gracias?

Hemos confundido tener una sociedad "mejor" con tener más "ricos", que implica que la mayoría se enriquece explotando a los demás. Se ha asumido, tras una generación, que hacerse rico significa explotar a los que dependen de nosotros. Cada vez hay menos gente orgullosa de sus propias empresas, algo que antes se buscaba. Se nos repetía que alguien que estaba contento trabaja mejor. Pero hoy es más fácil pagar mal y con un contrato temporal. Lo que hacen tres lo pueden hacer dos y lo que dos uno por la mitad de sueldo. Esto está más cerca de una realidad donde se debe aguantar de todo para sobrevivir y dar las gracias.

Mientras no logremos un sentido comunitario de solidaridad, una responsabilidad de todos sobre todos y solo nos veamos como medios de enriquecimiento no avanzaremos. En todos los campos se desarrolla una fría tecnocracia de gestión que solo ve resultados y no personas. Su palabra clave es "eficiencia" y solo busca conseguir más con menos. La parte más débil son los trabajadores y entre ellos esos jóvenes que se sacrifican, que dejan de ser jóvenes y siguen sacrificados porque es la totalidad del sistema el que quiere bajar y bajar las condiciones. ¿Cómo hemos asumido como sociedad que nuestros hijos vivan peor que nosotros? ¿Entendemos lo que eso significa, lo que realmente supone?

17/01/2017

Los políticos lanzan al vuelo las reducciones del paro, pero ¿significa esto una mejora real o es solo otra forma de contabilizar este constante movimiento de ir a la calle, regresar y volver otra vez a la calle? La calidad del empleo es tan mala sin que nadie diga nada que tener un contrato apenas significa algo. Cuando se desmenuzan las cifras vemos su realidad social. Desde hace tiempo nos avisan del problema, pero es mejor centrarse en otras cosas positivas. La política necesita vender sonrisas que tapen la ineptitud, la vaciedad de la confrontación continua para no arreglar nada. La pandemia ha sacado a la luz, con más intensidad, lo que se venía denunciando desde la sociedad civil, desde las instituciones.

Todos miran a otra parte cegados por la propia supervivencia. La España con alfileres se desmorona al faltar la responsabilidad común, la que me implica en el destino de todos. ¿Mejorar? Ya sabemos que esto significa que los ricos serán más ricos y los pobres más pobres. Es lo que se nos dice cada día y así, piensan, debe ser. La receta de Biden es sencilla: paguen mejor, den estabilidad. Eso que tanto preocupa ahora, la salud mental, mejorará también.


* "La 'Gran Dimisión' bate su récord en EEUU: 4,5 millones de trabajadores dejaron su empleo en noviembre" NIUS Diario-Europa Press 4/01/2022

https://www.niusdiario.es/internacional/america-del-norte/estados-unidos-record-trabajadores-dejan-empleo-gran-dimision_18_3261573494.html

sábado, 10 de julio de 2021

150 metros de indiferencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las imágenes del asesinato a golpes, recorriendo más de 150 metros, en La Coruña son terroríficas por varios motivos. El primero es la brutalidad, sí, pero esos círculos que nos focalizan en la pelea nos ocultan lo que podemos ver también con la objetividad de las cámaras: la indiferencia de muchos ante lo que estaba ocurriendo.

En la web de Antena3 podemos leer:

 

Eran las 3:00 horas de la madrugada del pasado sábado 3 de julio, en las imágenes se aprecia como Samuel está ya en el exterior de un local de ocio situado en primera línea de playa en A Coruña. En ese momento el primer agresor se acerca a los jóvenes y comienza la paliza. Con la información que ha transcendido sabemos que en este momento es cuando el presunto agresor le dice a Samuel: "Para de grabarnos si no quieres que te mate, maricón", a lo que Samuel respondió: "Maricón de qué". 

La investigación tiene como vía principal que los agresores pensaron que la víctima los estaba grabando cuando en realidad estaba realizando una videollamada. A continuación de este primer episodio de golpes las imágenes muestran como un joven senegalés sale en ayuda de Samuel. Se llama Ibra Shakur y las amigas de Samu aseguran que "fue la única persona que ayudó" al joven coruñés.*

 


El debate, tras la semana del "orgullo gay", se ha centrado en la cuestión de si se trata de un crimen homófobo, que parece importar más a algunos que el propio crimen en sí, lo que no deja de ser desconcertante en una sociedad que ha sido incapaz de reaccionar ante lo que ocurría, en esos 150 metros de persecución y violencia, pero luego se cuida mucho de seleccionar los motivos por los que se manifiesta y moviliza. Cada uno que lo interprete como quiera, que piense ante lo que vea en esas imágenes en donde las peleas no parecen alterar a nadie y menos movilizarlos para evitarlo. La pregunta sobre si el crimen fue homófobo o no oculta la gran pregunta previa, ¿se pudo haber evitado?, la que nadie quiere hacerse. Es la pregunta sobre si algunos de los ahora horrorizados fue capaz de tratar, al menos, de evitar un crimen que no se produjo en un callejón oscuro, en un rincón apartado, sin a lo largo de una vía pública, durante un recorrido de esos 150 metros en los que fue golpeado hasta dejarle en un estado que hizo imposible su vida.

Los que se escandalizan por el asesinato colectivo deberían hacerlo también por los 150 metros de indiferencia que reflejan. Hoy escuchamos a muchos testigos que nos dan pelos y señales de lo ocurrido, de cómo escucharon los gritos, la voz de esa mujer diciendo "¡Dadle más fuerte!", según nos cuentan los medios. Pero no tenemos noticias de que alguien dijera "¡parad!" con la excepción de ese inmigrante senegalés, llamado Ibra Shakur.



Hace ya algunos años que tenemos ejemplos de personas inmigrantes interviniendo para realizar algo que los que miran no hacen. A veces sacan antes el móvil para grabarlo que se lanzan a intentar intervenir.

Están siendo frecuentes los casos en los que el primero en lanzarse al agua a salvar a una niña es un inmigrante, en que, como en este caso, el único en intentar ayudar al que es atacado es alguien de lejos, menos inserto en esta cultura de la indiferencia y del selfie en la que nos estamos encastillando y que tiene unas consecuencias graves para una sociedad enferma, sin duda, como es la nuestra.

En mayo de 2018, el diario El País hablaba del "Spiderman sin papeles", de Mamadou Gassama, un joven inmigrante sin papeles que escaló la fachada de un edificio en Francia, jugándose la vida, para rescatar a un niño de cuatro años que se encontraba en peligro colgando en un balcón. Escaló cuatro pisos de la fachada hasta llegar a él.

The New York Times titulaba sobre este hecho "Escaló un edificio para salvar a un niño; ahora recibirá el estatus legal en Francia" y nos explicaban:

 

El hombre, Mamoudou Gassama, de 22 años, es un inmigrante de Mali, una antigua colonia francesa al noroeste de África, quien dijo que había viajado a través de Burkina Faso, Níger y Libia antes de hacer el peligroso cruce por el Mediterráneo hacia Italia, para luego llegar a Francia en septiembre, sin documentos.

El 28 de mayo, después de su rescate heroico, Gassama se reunió con el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Ahora, el joven obtendrá los documentos necesarios para vivir de manera legal en Francia.

“Le dije que en reconocimiento a su heroico acto tendría sus papeles en orden tan pronto como sea posible”, expresó Macron mediante una publicación en Facebook, después de haberse reunido con Gassama en el Palacio del Elíseo, en París.**

 


Quizá el haberse jugado la vida tantas veces hasta llegar a Francia le sirvió a Mamadou más humano, pensar menos en él y más en el niño que estaba en peligro. Francia, como vemos, reconoció su valor y fue recibido por su presidente.

Pero los comportamientos no son iguales en todos los sitios, es decir, no se valoran las mismas cosas, incluida la vida de los demás. Está claro que es difícil sacarnos de nosotros mismos, que no hay mucha solidaridad.

El diario El Independiente nos cuenta un caso en España donde un joven inmigrante llegado desde Senegal ha salvado a dos personas, en diferentes momentos, lanzándose al agua con riesgo igual para su vida. El titular "Mouhammad, el héroe senegalés 'sin papeles' que salva vidas en la ría de Bilbao" nos lleva a su caso y nos explican allí:

Abandonar Dakar, su mar, su pesca, su familia, sólo fue el primer paso. El más duro para el corazón. El que pondría a prueba su fortaleza física vendría después. Los dos metros exactos de altura de Mouhammad no pasarían desapercibidos en su ruta. Primero, Mauritania, donde pasó un año. Después, ocho meses en Marruecos. Fue allí donde las mafias le ofrecieron una plaza en una patera. También donde le robaron parte de sus ahorros. Donde el primer intento falló y donde dejaría atrás África para tocar la costa de Tarifa a bordo de una patera el 16 de noviembre de 2016.

Acababa de comenzar la nueva vida de Mouhammad Fadal Diouf. Aún no lo sabía pero su destreza en el mar aún sería puesta a prueba… dos veces. Ocurriría sólo cuatro años y medio más tarde, lejos de Tarifa, en Bilbao. La última, este lunes. La anterior, el 24 de septiembre de 2020, lo recuerda bien.

Ocurrió casi del mismo modo, mientras se encontraba con sus amigos en el muelle de Marzana de Bilbao, junto a la Ría. El lunes por la tarde, entre conversaciones y risas con un amigo, vio cómo un hombre se apoyaba en el puente que cruza ambos márgenes, en pleno corazón del Casco Viejo de la capital vizcaína. De pronto, aquel hombre, de 72 años, se mareó, perdió la consciencia y cayó al agua, desvanecido. Mouhammad reaccionó rápido. Se despojó de la mochila que portaba y saltó sin dudarlo al ver el cuerpo de aquel hombre boca abajo, ahogándose. “Lo vi de espaldas, con su cara bajo el agua, no podía respirar. Salté, le puse la mano en el cuello para levantarlo y la otra en la espalda para intentar empujarlo hacia uno de los márgenes».***



De nuevo, vidas duras y generosidad del que tiene poco más que su propia vida arriesgándola por los demás. Su fama, nos dicen, enorgullece a su familia y amigos en su tierra. Aquí es ya uno más, un sin papeles, noticia mediática hasta que lleguen noticias que la sustituyan.

Ha habido más casos en los que los inmigrantes son los que dan un paso al frente y muestran valor arriesgándose por personas sin mirar el color o cualquier otra circunstancia que estamos valorando cada día en el momento de salir a protestar. En Francia les recibe el presidente; aquí... ¿Hay miedo a proponerlos como ejemplares? ¿Prefieren nuestros políticos seguir adulándonos con ser los "mejores" y encubren nuestra realidad, nuestro deterioro? Hay mucha gente buena, sí; pero muchos se contentan con parecerlo.



Pero quiero traer un caso que nos ha soliviantado a todos, un caso a la inversa. Me refiero al caso de la cooperante de Cruz Roja que tuvo la "osadía" de abrazar y servir de desahogo del inmigrante que salía de las aguas en Ceuta. Los ataques, insultos y hasta amenazas, machistas y racistas, que recibió movilizó la solidaridad de muchos, pero no oculta la frialdad, la maldad existente en parte de nuestra sociedad, que se ha vuelto de una dureza realmente lamentable y, a la vez, de una parcialidad escandalosa. Cada vez, por decirlo así, nos movilizamos sobre resortes muy específicos.



La misma sociedad que quiere ver un crimen homófobo es incapaz de socorrer a una persona que durante 150 metros, en plena vía pública, delante de todos, es perseguido, golpeado hasta causarle la muerte. Del "¡no te metas!" pasamos a gritar en la calle agarrándonos a las causas que nos parecen más o menos pertinentes. Pero estamos perdiendo, en el detalle, la causa general la de la humanidad con los demás, la de no mirar color, religión, orientación o cualquier otra circunstancia para socorrer a alguien.

Es lo que hizo Mamoudou Gassama, con unos 22 años muy diferentes a los que han vivido los otros que le rodeaban y que nos cuentan ahora lo que vieron como testigos, contentos de colaborar con la Justicia para que ese crimen tan horrible, que sucedió ante sus ojos, sea castigado como debe.

Sé que algunos amigos de Samuel le han dado las gracias por ser el único que se lanzó a tratar de evitar que aquellos energúmenos, dos de ellos menores, otros hasta 25, los detenidos por el momento, mataran a una persona que ahora preocupa a tantos.

Creo que el caso no debería tapar la poca sensibilidad moral que demuestra, la indiferencia que refleja y, ¿por qué no? mucha cobardía. Mamoudou Gassama mostro mucha más solidaridad que todos aquellos que vieron la paliza juntos, pero tenían cosas más importantes que hacer. Quizá porque valoraba la vida más que otros, arriesgó la suya por alguien a quien no conocía. Solo sabía que necesitaba ayuda.

Con posterioridad a la II Guerra Mundial muchos artistas y filósofos, de Camus y Moravia a Hannah Arendt, empezaron a preguntarse por el fenómeno de la "indiferencia", que pasó a considerarse una enfermedad moral. Creo que estamos empezando a necesitar releer a los clásicos o a denunciar la apatía frente al mal, que consentimos. hay que volver a escribir libros, hacer películas que nos hablen de nosotros mismos, que no nos adulen, que nos pongan el espejo a lo largo del camino, que es la vida. Demasiados gestos y poca acción, mucho grito y pocos actos que eviten tener que lamentarse después.



Solo sé que si un día caigo a un río, se incendia mi casa o me ataca alguna "manada" simplemente porque sí, prefiero tener cerca a alguien que sepa lo que vale la vida, a ese inmigrante que tantos desprecian. 

No deja de ser interesante que en estos tiempos de pandemia no nos falte tiempo para arriesgar nuestras vidas y las de los demás en un botellón, pero luego seamos incapaces de arriesgarnos a ayudar a los demás, a acercarnos a ellos. 

No es casual que sean los inmigrantes los que nos dejan en evidencia. Esos 150 metros de indiferencia nos lo muestra.

* Miriam Vázquez Vázquez "El vídeo de las cámaras de seguridad del asesinato de Samuel que muestra cómo una turba lo lincha hasta matarlo" Antena3 9/07/2021  https://www.antena3.com/noticias/sociedad/video-camaras-seguridad-asesinato-samuel-que-muestra-como-turba-lincha-matarlo_2021070960e82bcca84b480001187048.html

** Aurélien Breeden y Alan Cowell "Escaló un edificio para salvar a un niño; ahora recibirá el estatus legal en Francia" The New York Times 29/05/2018 https://www.nytimes.com/es/2018/05/29/espanol/spiderman-paris-rescate-heroe.html

*** Mikel Segovia "Mouhammad, el héroe senegalés 'sin papeles' que salva vidas en la ría de Bilbao" El Independiente 22/06/2021 https://www.elindependiente.com/espana/2021/06/22/mouhammad-el-heroe-senegales-sin-papeles-que-salva-vidas-en-la-ria-de-bilbao/





sábado, 14 de marzo de 2020

De apestados, héroes y tontos

Joaquín Mª Aguirre (UCM) 
Como estaba previsto, los madrileños son los nuevos apestados, los visitantes no deseados desde hace una semana, los mismos a los que se atendía con un sonrisa solícita no hace mucho. Conforme se va extendiendo el miedo, se va instalando el egoísmo de los que se van pensando que huyen de lo que pueden ya llevar dentro extendiéndolo y de los que les reciben, que ya no los ven con tan buenos ojos. Vienen a contagiarles y a robarles su turno en la sanidad pública. La psicosis se extiende y hay que combatirla de forma eficaz, tanto para evitar las huidas como para evitar los conflictos por las llegadas. Sigue en muchos la idea de que ellos tienen su propio plan de fuga de esta Alcatraz coronavírica en la que nos encontramos. Es lamentable que tras tanta información estemos todavía así.
Como ya hemos dicho, primero fueron los chinos lo peligrosos; después han sido los italianos y ahora son los madrileños. La psicología de la negación ve en los otros el riesgo y no se considera riesgo a sí misma.


Acabo de ver un vídeo en donde a un médico de urgencias solo le faltaba sacar un cuchillo dirigiéndose a la "gente joven" que acude a los Servicios de Urgencia a pedir que les hagan un test por si acaso mientras "están con sus móviles jajaja-jijiji". Estaba francamente irritado, contundente en lenguaje y con ganas de mandar a alguien a las propias Urgencias sin necesidad de test alguno. Un enfado que es comprensible si se tiene en cuenta la presión bajo la que se trabaja ahora en hospitales, centros de salud y muchos otros espacios sanitarios que deben estar ahí para todos. Es un acto de generosidad que choca con el egoísmo del que llega con exigencias sin urgencia.
Ya no son tiempos de bromas y el que no lo haya entendido habrá que hacérselo entender de alguna otra forma. Estamos viendo los ejemplos de la falta de madurez, del egoísmo de muchas personas al pensar solo en ellos, en sus miedos, como factores prioritarios.


Es cierto que no estamos social ni mentalmente preparados para esto, que requiere un aprendizaje traumático. Como sociedad, estamos acostumbrados a tener en nuestra mano lo que pase por nuestra imaginación, pensamos que tenemos derecho a que nuestros deseos se cumplan y que las pesadillas se acaban encendiendo una luz. Esta pesadilla no se desvanece por muchas luces que encendamos. La única luz es la solidaridad, mantener las normas recomendadas y no hacer lo contrario de lo que se está diciendo a todos. El no va conmigo es frecuente en el país del listillo.
Hay mucha gente que lo entiende y otra que, en cambio, sigue viviendo en su espacio mental unidimensional. El mundo es como lo ve y da igual cómo lo vean otros porque nada va a hacerle cambiar. Habrá que hacerlo.

Los medios de comunicación están pasando por otra fase. La tentación del sensacionalismo se ve en algunas portadas y los enfoques de algunos medios no transmiten la seriedad general sino la anécdota personal, algo que se eleva a categoría, cuando no es así. Seguimos sin darnos cuenta que la información en esta crisis no se puede construir a base de hechos curiosos o de enfermos relevantes; para los virus solo existen medios favorables o desfavorables. De nada sirve contar "una historia particular" cuando estamos necesitando responder como una "comunidad". No hay caso más importante que otro, solo gravedad mayor o menor.
La tentación mediática es salirse de la norma, hacer lo diferente, encontrar —como suele hacerse tradicionalmente— lo curioso, lo anecdótico, lo llamativo. Cuando se refleja un caso, la tendencia al leerlo es considerarlo relevante y general. Puede que no lo sea, que sea uno más. Entonces los recursos del discurso entran en juego convirtiéndolo en caso especial, único, relevante.
Esta forma de transmitir información es negativa. Los medios se "aburren" de repetir lo que se dice una y otra vez. Por eso empiezan a buscar las discrepancias o lo negado por la versión oficial. Con eso se crea un gran problema de confusión en unos estados colectivos que están sometidos a mucha presión, a la tensión del miedo, que se ve aumentado si hay versiones contradictorias.


Son importantes las redes personales, las verdaderas, el apoyo de unos y otros, liberar tensiones. Me emociona cuando me llegan mensaje de antiguos alumnos y alumnas preguntando cómo estoy. Me da fuerza y alegría. Todos estamos viendo el reflejo de las preocupaciones de unos y otros. Debemos aprovecharlas para transmitir solidaridad, confianza y firmeza.  Lo que hay que hacer necesita de mucha fuerza de voluntad, de resistencia y fe los unos en los otros.
Pero debemos aprender sobre los riesgos, los verdaderos riesgos, especialmente el debilitamiento de la sanidad pública desde hace tiempo, con protestas y avisos de esos profesionales a los que ahora consideramos héroes con todo merecimiento, pero que estaban muchos de ellos pendientes de padecer recortes y privatizaciones. Creo que es esta la enseñanza colectiva que debemos sacar. El riesgo somos nosotros con nuestra imprudencia... y esos señores que hacen cuentas para saber cuánto cuesta tres o cuatro días de gripe o similar.


La sanidad son las personas que trabajan por la salud de todos. Tenemos una población mayor que crece ante la falta niños, producida esencialmente por problemas de empleo y precariedad, de vivienda, etc. Hemos especulado con casi todo lo especulable y lo seguimos haciendo. Los ancianos son solo una nueva oportunidad de negocio para muchos a falta de niños. Reducimos la sanidad pública para que se ocupen de ellos instituciones que cuando ocurre algo los meten en una ambulancia y los mandan a la Seguridad Social. 
Es sobre esto, ahora que tenemos tiempo libre y preocupación por los mayores, sobre lo que queremos para el futuro. Demasiada "eficiencia" y poco sentido comunitario. Llevamos mucho tiempo considerando a las personas como parte de un balance y ahora nos enfrentamos a una crisis impensable que muestra los valores particulares y sociales, nuestras desnudeces y vergüenzas. También valores de personas que siguen ahí, de los médicos a los farmacéuticos o los empleados de transportes y supermercados, gente por la que hemos pasado con indiferencia en nuestra vida y ahora comprendemos que se juegan mucho por nosotros.


He dejado para el final la tercera categoría, que algunos echarían en falta. Se la reservamos al señor Ortega Smith, secretario general de Vox  contagiado y probablemente contagiante, en su mitin de VOX del domingo pasado, al que el diario ABC nos los muestra haciendo pesas bajo el titular "Ortega Smith nos enseña su día a día luchando contra «los virus chinos» con «anticuerpos españoles»"*. Mucho me temo que el señor Ortega Smith está muy mal informado o que no le gusta informarse, lo que es un gran problema personal y para los que le siguen. El ABC ha sido suave en su titular, pero el primer párrafo es reflejo de lo que hay: "El secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, ha publicado un vídeo en el que muestra su día a día en su domicilio, donde se recupera del coronavirus. «Mis anticuerpos españoles luchan contra los malditos virus chinos», proclama."* 


Esto, viniendo de un señor que se llama Smith, es un gran avance nacional. Lo de los "malditos virus chinos" y de los "anticuerpos españoles" nos habla del nivel en que nos movemos. Le deseamos pronta recuperación y que siga en forma, dando tiros y cerrando España, como nuevo apóstol Santiago. Nos quedamos todos más tranquilos con que esté en su casa haciendo pesas.
Los héroes, en cambio, están hoy en urgencias, en supermercados, en farmacias, llevando autobuses o el metro.  
Sacar a la gente de su egoísmo, de su inconsciencia o de su temeridad no es fácil. Danos fuerza, paciencia, solidaridad e inteligencia. De todo  necesitamos para avanzar a buen fin.


* "Ortega Smith nos enseña su día a día luchando contra «los virus chinos» con «anticuerpos españoles»" ABC 14/03/2020 https://www.abc.es/espana/abci-ortega-smith-muestra-luchando-contra-virus-chinos-anticuerpos-espanoles-202003141112_noticia.html