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jueves, 4 de junio de 2020

No puedo respirar o el legado de Trump

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La CNN reproduce las palabras del ex general James Mattis: «"Donald Trump is the first president in my lifetime who does not try to unite the American people -- does not even pretend to try,"» señala de forma contundente. Y añade: "Instead he tries to divide us. We are witnessing the consequences of three years of this deliberate effort. We are witnessing the consequences of three years without mature leadership". No es fácil decir más en menos espacio, con menos palabras. El serio Mattis, un militar prestigioso, ha recibido el ingenioso tuit del presidente en el que dice que en lo único que ha coincidido con Barack Obama es en haber despedido a Mattis. Muy del estilo Trump; es lo que le va, su terreno favorito. No le pidamos ideas, pero fotos e insultos, los que quieras.


Pero el tuit de Trump es solo otra palada de tierra contra el viento. Las críticas a lo que está haciendo y diciendo no vienen solo de militares retirados. El Secretario de Defensa, el Jefe del Pentágono, Mark Esper ha dicho públicamente que no considera que el Ejército de los Estados Unidos deba salir a reprimir nada. Eso le pone en el punto de mira de Trump, pero a estas alturas de la película solo los poco inteligentes pueden pensar en seguirle el juego. Trump está teniendo "il gran finale" que quería para su salida.

Pero volvamos a las palabras de James Mattis, señalando que Donald Trump es el "primer presidente que no trata de unir al pueblo americano". Es una observación que no por lacónica carece de penetración en lo que la presidencia de Trump está suponiendo para los norteamericanos.
La estrategia de Trump ha sido siempre la parcelación y el enfrentamiento. Desde su comienzo en la carrera  la nominación en las primarias republicanas, Trump se caracterizó por ir siempre a la yugular y no importarle los destrozos causados para conseguir sus objetivos. No ha dejado de hacerlo. Trump ha tenido siempre una baza a su favor: sobrepasar el límite, llegar allí donde otros no se hubieran atrevido. La política es un mundo bronco, pero Trump lo lleva más allá, es el hombre de la otra vuelta de tuerca. Eso sorprende a sus rivales, que ven una barrera moral allí donde Trump no ve ni siente nada. Eso forma parte de sus carencias emocionales y morales, su carencia de empatía en todos los terrenos. Es lo que se le prohibió decir a los psiquiatras según la "Regla Goldwater". Sobre esto tratamos en su día, con la nominación republicana.


La llamada "regla Goldwater" hace referencia a la publicación conjunta de 1.189 psiquiatras en la revista Fact de un aviso sobre la inestabilidad mental del senador Barry Goldwater, candidato a la Casa Blanca en 1964. La regla, que recibió formulaciones similares en las distintas asociaciones profesionales, impedía emitir este tipo de diagnósticos a distancia, es decir, sin un examen previo. No bastaba lo que se veía a simple vista, sino que se exigía un examen profesional para emitir un diagnóstico.
En la propia Wikipedia, cuando se habla de la "Goldwater Rule" se incorpora un amplio texto señalando cómo esto se ignoró en gran medida en el caso de Trump y se señala: "In 2016 and 2017, a number of psychiatrists and clinical psychologists faced criticism for violating the Goldwater rule, as they claimed that Donald Trump displayed "an assortment of personality problems, including grandiosity, a lack of empathy, and 'malignant narcissism'", and that he has a "dangerous mental illness", despite having never examined him.[3][12][13]"
La ética es la ética, pero la realidad es la realidad. No creo que nadie a estas alturas dude sobre la calidad del diagnóstico a distancia en el caso de Donald Trump. Pudo ser poco ético, sí, pero el diagnóstico fue acertado. Supongo que la claridad de lo señalado también les produjo un problema ético. Quizá la "regla Goldwater" sea una especie de contradicción permanente cuya eficacia solo sirva para redimir a los que se condenó por avisar de los problemas que llegarían en el futuro.


La observación de Mattis es acertada. Trump ha sido el gran divisor, como aquí le hemos llamado en muchas ocasiones y cuya realidad tiene incendiada a los estados Unidos de una causa a otras. ¿Se puede ignorar su grito de "¡Liberad los estados!" lanzado antes del caso George Floyd, que ha sido el detonante final?
No ha habido un solo elemento que no haya sido utilizado para crear conflictos, de lo que se alimenta de las bombas que le arrojan, como esos monstruos de las películas de fantasía y ciencia-ficción.
Solo una cosa ha sostenido a Trump, que nadie creyera que pudiera llegar tan lejos. Los que creían que podrían controlarlo —los líderes republicanos, el staff de la Casa Blanca...— pronto tiraron la toalla, quedan los cobistas y mediocres o los que, como el doctor Fauci, han hecho de tripas corazón para evitar males mayores. Y, lo más terrible, le ha mantenido una parte importante del pueblo de los Estados Unidos que ha hecho suyos el fanatismo del que no cree en nada, la religión del que no la tiene, el racismo del supremacista irónico. La falta de creencias religiosas se concreta en esa farsa de la foto con la Biblia y así se acumulan en él los mayores tópicos en forma de reacciones teatrales, en gestos superficiales que él maneja para arrastrar a sus "creyentes", fascinados por escuchar lo que ellos no se atrevían a compartir.


La destrucción de Trump no es solo interna, en los Estados Unidos. Ha destruido la poca o mucha armonía internacional que pudiera haber agravando los conflictos con su afán de salvar al mundo, que no es más que su deseo enfermizo de aplauso y reconocimiento. Ha destruido cualquier acuerdo internacional en todos los terrenos, desde los conflictos de la OTAN que ha llevado a Europa a pensar en la creación de un ejército europeo y establecer su sistema de defensa, a los acuerdos sobre el cambio climático, la ruptura de los acuerdos sobre desarrollo nuclear que convierte el mundo en un lugar más inseguro, la idea de la militarización del espacio, el desastre de Oriente Medio con el proyecto del "acuerdo del siglo"... hasta las críticas a los premios de la Academia de Cine dados a la coreana "Parásitos". Trump no podía dejar nada en pie en el planeta, no podía haber nada que el mundo considerara positivo que no lleve su firma.


Mattis tiene razón. La pena es que no haya habido ninguna fuerza, nacional o internacional, capaz de frenar a un tipo de esta categoría. Los jueces lo han intentado y lo han conseguido en ocasiones, lo que no ha hecho sino aumentar su furia. Ha insultado a países enteros, llamándolos "agujeros de mierda"; ha mostrado el racismo más descarado cuando hablaba de cómo se solucionaban los problemas "en los viejos tiempos". No podemos olvidar su machismo brutal y descarado. En fin..., nada que no nos hubieran advertido rompiendo la regla Goldwater.
Algunos líderes mundiales hacían chistes a sus espaldas y a algunos pilló riéndose. Pero Trump usaba la fuerza de la amenaza y lo sigue haciendo con aliados o con enemigos. Los países a los que llegaba le recibían con muestras de desprecio que él reinterpretaba como de admiración. Ni a la reina de Inglaterra le hizo gracia tener que tomar el té con él, con la ciudad de Londres declarándolo persona non grata, algo insólito pero real. Los más de cien mil muertos  y el más de millón y medio de contagios, a fecha de hoy, son un triste recordatorio de su sentido de la sanidad nacional y de la vida de sus conciudadanos. En gran medida son parte de sus políticas negacionistas nefastas.


Ha hundido cualquier forma de prestigio internacional, de liderazgo de algo, dejando a los Estados Unidos en una posición de decadencia moral y científica realmente penosa. No ha sido capaz o no le ha importando encontrar algo que no se basara en la fuerza. Cuando salga de la Casa Blanca, su legado será de destrucción, de división; pero, eso sí, será idolatrado por aquellos que le han aplaudido cada gesto machista, racista, ignorante o de fuerza, sacando lo peor de todos. Será añorado, dentro y fuera, por los autoritarios de diferente pelaje, por los dictadores a los que felicitó por su buen trabajo y abrazó.


El grito de "No puedo respirar" (I can't breathe!) es algo más que las últimas palabras de George Floyd. Es el sentimiento de millones de norteamericanos para los que respirar su propio aire se ha vuelto un acto peligroso por nauseabundo. Es el aire contaminado por Trump, el entorno viciado, lo que se denuncia junto a la muerte infame.
Como el toro herido, hay que tener cuidado con su final de legislatura porque podemos contener desagradables sorpresas en cualquier parte del mundo. Seguirá desuniendo hasta el final, cuando sea separado, arrinconado en algún campo de golf de infinitos hoyos.



* Stephen Collinson "Military leaders condemn Trump over protest response" CNN 4/06/2020 https://edition.cnn.com/2020/06/04/politics/donald-trump-james-mattis-esper-protests/index.html
* "Goldwater rule" https://en.wikipedia.org/wiki/Goldwater_rule

domingo, 27 de octubre de 2019

Aduladores o villanos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Poco a poco se sigue ennegreciendo el panorama para Donald Trump. A los ataques de los demócratas acompañan ya las críticas de algunos demócratas de peso y, lo que es peor, el testimonio de los que han estado pasando por su lado a lo largo de la controvertida presidencia.
Una de las cosas que Trump nunca ha entendido es que su concepto de liderazgo, desarrollado como dueño de sus empresas y con prácticas del mundo comercial, no es el de la política, ni al frente del país ni, especialmente, en el ámbito de la Casa Blanca. No entendió o no ha querido entender dónde estaban las fidelidades y las prioridades de algunas personas. Su idea de la fidelidad absoluta, acompañada de un enorme ego no es la mejor combinación para poder resolver los problemas complejísimos de cualquier gobierno, máxime el del país con más protagonismo en todas partes del globo. Pero Trump nació sabiendo y mandando, que son fórmulas cuando se juntan y tu tablero de juegos es el mundo entero. Así puedes decidir que no existe el "cambio climático", que China tiene la culpa de todo o que puedes dejar tirados a tus socios de trinchera y que el vacío lo ocupen tus rivales, que además te caen simpáticos.
La historia no solo juzgará a Trump por sus acciones, sino también por sus asesores y ex asesores. Por más que Trump no se deje asesorar, como presidente de los Estados Unidos sí debe hacerlo, precisamente por los efectos que tengan las acciones propias y ajenas y la complejidad del puesto.


La película británica Secretos de Estado (2019), estrenada en nuestras salas este fin de semana ahonda en la cuestión de la "fidelidad" de los que tienen responsabilidad. El caso real que se nos muestra en el filme es el de una funcionaria de inteligencia, una traductora, por la que pasa un memorándum sobre los manejos de la administración norteamericana para arrastrar al mundo a la Guerra de Iraq mediante el chantaje a los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se trata de "convencerlos" de que voten a favor de una resolución que "legalice" la invasión con la excusa del peligro de las nunca encontradas "armas de extinción masiva". El caso es de conciencia y la pregunta clara: ¿se sirve a los gobiernos o al pueblo? La respuesta solo puede ser una cuando los gobiernos mienten a sus pueblos o dejar de velar por ellos en su propio beneficio. La oportunidad de la película al recordarnos aquel momento es clara.
El mundo de la política se puede plantear desde dos perspectivas, la de trabajar para una persona o grupo o la de trabajar para un país. En la realidad esto se traduce en saber hasta qué punto la persona para la que se trabaja en la administración norteamericana sirve al país o se sirve a sí mismo.
Cuando Trump decidió en contra de todas las opiniones retirar de Siria las tropas norteamericanas, dejando a los kurdos en manos de sus enemigos, la Turquía de Erdogan, las voces militares tuvieron que callar, pero las miradas de todos irían seguramente hacia los asesores militares de la Casa Blanca. ¿Por qué nadie ha parado este disparate? Las imágenes de kurdos —que se podían ver esta mañana—  lanzando piedras al paso de los vehículos norteamericanos en su retirada, llamándolos "mentirosos", han tenido que sentirse de alguna forma indignados. Y todo el mundo tiene un límite.


El caso de la responsabilidad política con Trump es cada vez mayor. Cada vez que hace alguna de las suyas, la gente que está a su lado se hace solidaria o no. Las dimisiones y ceses en la Casa Blanca han debido de batir los récords de casi cualquier administración más allá de la norteamericana. 
The Washington Post se hace eco —con el resto de la prensa estadounidense— de las declaraciones, en una entrevista del Washington Examiner al ex general John Kelly, el prestigioso militar que fue llamado a hacerse cargo y poner orden en la Casa Blanca, convertida en un caos. El diario explica:

John Kelly, former chief of staff to President Trump, said Saturday he warned the president before he left the White House not to replace him with a “yes man” because it would lead to Trump’s impeachment.
Kelly also said he believed he could have prevented the current impeachment inquiry against Trump if he had stayed in the job. He said the inquiry could have been avoided if the president had surrounded himself with people who could rein in his worst instincts.
His candid remarks, made during an interview at a political conference hosted by the Washington Examiner, suggests he blames acting chief of staff Mick Mulvaney and others in the West Wing for not doing more to stop Trump’s behavior.
“Someone has got to be a guide that tells [the president] that you either have the authority or you don’t, or Mr. President, don’t do it,” Kelly told the Washington Examiner’s Byron York. “Don’t hire someone that will just nod and say, ‘That’s a great idea, Mr. President.’ Because you will be impeached.”*



La acusación a los que le siguieron es muy grave. Esos "Yes man" que describe serían todos aquellos que se han dejado arrastrar por los deseos presidenciales en vez de realizar su labor. Pero precisamente se llamó a un "general de marines" para que tratara de ordenar lo que no pudo ordenar. ¿Quién medianamente consciente asumiría esa guerra con un presidente que iba a más en su endiosamiento?
Desde esta perspectiva, por un proceso de selección "natural" negativo, Trump fue acumulando los "yes men" y las "yes women" necesarios para poder realizar su voluntad.
Pero Kelly habla de algo más; directamente lo hace del "impeachment", que serían las consecuencias de lo realizado bajo esos "worst instincts" de Trump que nadie supo, pudo o quiso frenar.
La CNN también da cuenta de las declaraciones en la entrevista de John Kelly:

Former White House chief of staff John Kelly said that before he left the White House last year, he warned President Donald Trump not to hire a replacement who wouldn't tell him the truth or that he would be impeached, the Washington Examiner reported Saturday.
Kelly, a retired Marine Corps general, said during an interview at the Sea Island Summit political conference hosted by the Washington Examiner this weekend that if he had stayed on as chief of staff, Trump wouldn't be in the midst of the current impeachment inquiry, implying that White House advisers could have prevented it.
"I said, whatever you do — and we were still in the process of trying to find someone to take my place — I said whatever you do, don't hire a 'yes man,' someone who won't tell you the truth — don't do that," Kelly said. "Because if you do, I believe you will be impeached."
Kelly's comments come after his successor, now acting chief of staff Mick Mulvaney, brashly confirmed and then denied earlier this month that Trump froze nearly $400 million in US security aid to Ukraine in part to pressure that country into investigating Democrats.
Trump weighed in Saturday on Kelly's interview with the Washington Examiner, saying in a statement to CNN, "John Kelly never said that, he never said anything like that. If he would have said that I would have thrown him out of the office. He just wants to come back into the action like everybody else does."
White House press secretary Stephanie Grisham added, "I worked with John Kelly, and he was totally unequipped to handle the genius of our great President."**



Las palabras finales de Stephanie Grisham parecen confirmar la existencia de los "Yes man" y "Yes woman" más allá de lo admisible por la inteligencia humana. Confirman la corte de aduladores con los que el ego de Trump ha tenido que rodearse para mantener su egolatría a punto.
El 22 de agosto, The New York Times publicó un artículo sobre ella, su controvertido ascenso a ese puesto complicado y los oscuros recovecos de su trayectoria, tanto personal (detenciones por conducir bajo efectos del alcohol) como profesional (renuncias por falsificaciones de cuentas). Pasó de encargarse de los medios de la Primera Dama al otro lado del matrimonio, llegando a la cima.
En el artículo sobre Stephanie Grishman en The New York Times se recoge la opinión de un compañero, Cliff Sims, que conoce bien ese entorno. Sims es otro fugado de la Casa Blanca, publicó un libro — Team of Vipers: My 500 Extraordinary Days in the Trump White House — y fue perseguido por su publicación y contenido. Las palabras que se recogen de Sims en el artículo en donde se cuestiona la adecuación para el cargo de portavoz de la Casa Blanca son estas:

“People who survive and thrive in Trump world are the people who come to grips with the reality that you’re just going to have to go where Trump wants to go, and echo what the president says,” said Cliff Sims, a former White House aide and friend of Ms. Grisham’s.***


Parece una ajustada descripción del proceso acumulativo de expulsión de críticos y acogida de aduladores que ha llevado finalmente a Trump a estar a las puertas del "impeachment" y a la Casa Blanca cada vez más al caos. El título del libro de Sims es bastante descriptivo de lo que allí se ha ido acumulando en el proceso.
La capacidad de tomar decisiones en un mundo que solo le dice al presidente lo que el presidente quiere escuchar, como señala Sims, es una forma de complicación graven cuando vaya aumentando el enredo o, peor, se llegue a una decisión que haga que cree un lío de tal calibre que no pueda ser ignorado ni encubierto como una "genialidad" del presidente que no está al alcance de sus siervos.
El ataque a la honorabilidad de Kelly, llamado "mentiroso" por Trump, tendrá consecuencias. El presidente Trump no es el más indicado para llamar a nadie de mentiroso y menos si es con algo referido a su tarea en la Casa Blanca.
Mientras otro frente se le abre con su ex Secretario de Defensa, esta vez con James Mattis, según nos cuenta CNN:

A new biography of former Defense Secretary James Mattis reports President Donald Trump personally got involved in who would win a major $10 billion contract to provide cloud computing services to the Pentagon, according to the website Task & Purpose, which writes about military issues.
That hotly contested contract was awarded to Microsoft on Friday evening over Amazon in a months-long battle.
Task & Purpose reports the new book, "Holding The Line: Inside Trump's Pentagon with Secretary Mattis" by former Mattis speechwriter and communications director Guy Snodgrass recounts that Mattis always tried to translate Trump's demands into ethical outcomes.
According to Snodgrass' book, Trump called Mattis during summer 2018 and directed him to "screw Amazon" out of the opportunity to bid on the contract.
Task & Purpose obtained an advanced copy of the book. CNN has not yet seen the book.****



Parece que el destino de Trump es acabar enfrentado con el único cuerpo del que no se puede dudar de su servicio, los militares. Fue su primer disgusto al llegar a la Casa Blanca y puede que sea también el último. La mención ética de Mattis a su propia labor no es casual. Pero tampoco le enseñaron ética al futuro presidente en su peculiar hogar. Los militares han servido con los dos partidos, pero Trump es una vía propia. 
El panorama ahora mismo es que frente al vergonzoso apoyo de los republicanos, contagiados por el espíritu de Trump, defendiendo lo indefendible, están saliendo los militares a dejar en evidencia las malas prácticas del presidente aquellas personas que tienen un claro sentido del servicio público (y de la ética) superior al que muchos políticos tienen. 
Trump ha sido incapaz de acoger en su espacio presidencial mentes distintas a la suya o simplemente críticas, alguien que le dijera que estaba mal lo que hacía. eso se paga. No había más opción que la adulación. Dejar de hacerlo te convierte en villano. 
Esta acumulación de aduladores forzosamente tiene que tener un impacto negativo, como lo tendrá entre los republicanos las manifestaciones de los miembros del ejército que fueron llamados a la presidencia del país, llegando con buena voluntad y saliendo escandalizados.
Los libros o las entrevistas a los ex cargos irán desgranando todo es nido de adulación y venganzas contra rivales o detractores. No creo que los acuerdos de confidencialidad o los pagos por silencio puedan proteger mucho más a Trump.



* "John Kelly says he warned Trump he’d be impeached if he hired a ‘yes man’ as chief of staff to replace him" The Washington Post 27/10/2019 https://www.washingtonpost.com/politics/john-kelly-says-he-warned-trump-hed-be-impeached-if-he-hired-a-yes-man-as-chief-of-staff-to-replace-him/2019/10/26/e4d5d028-f827-11e9-8cf0-4cc99f74d127_story.html
** "Trump is disputing Kelly said 'don't hire a 'yes man'' or 'you will be impeached'" CNN 26/10/2019 https://edition.cnn.com/2019/10/26/politics/john-kelly-trump-yes-man/index.html
*** "Stephanie Grisham’s Turbulent Ascent to a Top White House Role" The New York Times 22/08/2019 https://www.nytimes.com/2019/08/22/us/politics/stephanie-grisham-press-secretary.html
**** "Trump ordered Mattis to 'screw Amazon' on Pentagon contract, according to new book" CNN 26/10/2019 https://edition.cnn.com/2019/10/26/politics/amazon-donald-trump-jim-mattis-pentagon-contract/index.html



lunes, 2 de septiembre de 2019

El futuro y los ignorantes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La función de la Historia no es solo dar de comer a los historiadores, entretenernos o servir de base para las ficciones. Es una formalización de la memoria colectiva que, por muy sofisticada que pueda ser, tiene una función similar a la memoria individual: ayudarnos a sobrevivir. Si la Historia es maestra de la vida, como querían los clásicos, es una maestra pragmática. Se trata de recordar para aprender a evitar errores cometidos previamente, igual que ocurre con nuestra memoria individual. Pese a ello, innumerables refranes nos dicen en cada lengua de planeta, que somos los únicos seres que tropezamos dos veces en la misma piedra.
A Donald Trump le llueven por todas partes advertencias sobre los peligros de ignorar la Historia. Pero Donald Trump no ignora; es un ignorante. Todo ello lleva a una situación peligrosa.
En la CNN, por ejemplo, se trata de la dimisión del que fuera pieza importante en su administración, el militar James Mattis. Allí se habla de los motivos del choque entre Mattis y Trump:

Washington (CNN). In his first television interview about his resignation, former Secretary of Defense James Mattis explained that he reached his breaking point with the Trump administration after the President decided to withdraw US troops from war-torn Syria.
The retired four-star Marine Corps general said in an interview with CBS that aired Sunday that he had intended to serve the full four years, but resigned when he determined his views were not "aligned" with President Donald Trump's.
Mattis said he disagreed with Trump's decision on Syria because "we need to maintain enough influence there that we don't see the same thing that happened when we withdrew from Iraq." He told CBS pulling out of Syria would undermine the US campaign against ISIS and would betray allies fighting alongside Americans.*



James Mattis tiene sentido de la Historia; Trump, no. Es capaz de entender los errores cometidos y tratar de no repetirlos. Trump, por el contrario, cree que el mundo renace cada mañana, un sentimiento optimista y peligroso para todos que le lleva a dejar situaciones que son como campos de minas para el futuro.
La lucha entre los que quieren controlar la Historia y los que se limitan a tratar de aprender de ella es algo más que una cuestión de temperamentos. El optimismo norteamericano suele mirar demasiado hacia el futuro como un campo incondicionado. Sin embargo, la realidad apunta en otra dirección, una en la que lo que hacemos está determinado por lo que hemos decido previamente.  Podemos hacer, sí, pero cada decisión elimina posibilidades de futuro. De ahí que el estudio de la Historia sea importante.
Esto mismo ocurre en otros campos en los que el análisis de lo acontecido previamente nos muestra el grado de probabilidad de que algo ocurra o pueda ocurrir. Por ello se invierte mucho tiempo en el análisis de los casos previos y sus consecuencias. Uno de los campos en los que se recurre al análisis de lo sucedido anteriormente —y uno de los más complejos— es la Economía, campo en el que Trump desoye más consejos que en Defensa.
El analista económico David A. Andelman titula su artículo de ayer en CNN "Trump is taking us back to Depression-era trade policy", marcado por la Historia desde su planteamiento. Al igual que Mattis, Andelman recurre a la experiencia anterior acumulada. Los movimientos que Trump ha realizado en su política económica han sido catastróficos anteriormente. Andelman se centra en los resultados de la política proteccionista norteamericana de los años 30:

As America's allies in Europe begin to taste early hints of a recession, President Donald Trump is showing no evidence of changing his stance on tariffs. Just last month, the United States threatened tariffs on $4 billion worth of EU goods, and Trump has continued to threaten tariffs on European auto imports. Meanwhile, Germany's economy declined in the second quarter of 2019, raising fears of a recession in what had been the motor economy of Europe — and that's before any American tariffs might kick in.
US allies will need to come to grips with the United States' changing leadership role in world trade. But this isn't the first time the United States has championed protectionism.
After its intervention in World War I, the United States embraced an isolationist tilt and enacted the Smoot-Hawley Tariff Act in 1930. With some rates as high as 80%, it was narrowly the second-highest tariff in American industry and slapped tariffs on all countries exporting goods to the United States. Senator Reed Smoot of Iowa and Congressman Willis C. Hawley of Oregon thought they were doing just the right thing by protecting American industry and American jobs. But the results were disastrous. The act has been credited with making the Great Depression even more devastating.
In many respects, the Smoot-Hawley levies were far more damaging to the US and global economy than any tariffs that had been enacted before. Two years after Smoot-Hawley was enacted, US imports fell 40% while unemployment increased. Nations around the world — but particularly in the motor economies of Europe — began throwing up their own protective tariff shields. Canada, for instance, slapped additional tariffs on US eggs, and exports fell from 919,000 dozen in 1929 to 7,900 dozen in 1932.**


Los mensajes sobre las consecuencias de las decisiones de Trump han surgido desde que puso en marcha las primeras. Trump sigue empeñado en creer que está debilitando al mundo, cuando los indicadores le dicen lo contrario. Su creencia en que está castigando a otros países le impide ver una realidad que le repiten una y otra vez: el castigado realmente con los aranceles en la guerra comercial es el consumidor norteamericano, que ve cada vez más encarecidos los productos, lo que acaba repercutiendo en los demás sectores.
De la misma forma, sus leyes contra la inmigración —también se lo han advertido— tendrán consecuencias y producirán un encarecimiento que contribuirá al cierre de muchas empresas.


Lo malo es que estos escenarios negativos, son resueltos por Trump mediante el uso de la fuerza, de la imposición o de la coacción en la Defensa. Tampoco aquí aprende, como vimos con su ex Secretario de Defensa, Mattis. Los efectos de sus decisiones están haciendo perder aliados, como ocurre con el caso de Turquía, arrojada en manos de Rusia por las decisiones económicas de Trump contra ella.
En el caso de la defensa europea, el caso es similar. Las presiones sobre la Unión Europea han tenido las consecuencias contrarias a las que pretendía. Lejos de aceptar las presiones, Europa avanzará en su propia defensa, creando un sistema no dependiente de los estados Unidos. Esto ha irritado a Trump, que ha visto como las más perjudicadas son la empresas norteamericanas, a las que quería favorecer.
En su artículo en la CNN, Andelman concluye sobre los efectos nocivos del proteccionismo en los Estados unidos y los errores de Trump:

Smoot-Hawley was effectively repealed in 1934 under President Franklin D. Roosevelt after Congress gave him power to roll back tariffs. It took another decade and a world war for the rest of the world to come around to freer trade with the creation of the General Agreement on Tariffs and Trade — a precursor to the World Trade Organization, which Trump has also reportedly condemned.
The lessons of Smoot-Hawley are very much with us now. Trump's sudden and open-ended tariff increases, almost at will, are effectively building a similar structure of trade isolation today. The consequences of Smoot-Hawley were hardly confined to the economy. America effectively retreated into utter political and diplomatic as well as economic isolation behind its tariff walls, and the same risks being true today if Trump continues with his series of tariffs.
Isolation begets contraction, which in turn begets recession. Raising tariffs against one country or region is inevitably reciprocal, costing both sides valuable markets for their goods or production. Already, American farmers see their output languishing in the face of tariffs that make products from other nations cheaper and more competitive. As tariffs spread, more markets become unavailable to a host of American industry, the gears of commerce grind to a halt and companies are forced to lay off workers. It's likely a recession isn't too far behind. President Trump must recognize the vast sweep of consequences each of his actions holds before it's too late.**

Pero para eso hay que tener sentido de la Historia, que no es otra cosa que, como señala Andelman, comprender que todo tiene efecto sobre el conjunto. De ahí la importancia del cambio de perspectiva en la Historia, de la narración al modelo o patrón. Comprender la Historia es precisamente establecer los vínculos y los efectos y consecuencias. Esto implica comprender que aunque nuestras disciplinas quieran mantener las distancias, lo que estudian es uno, lo social, que tiene múltiples y complejas conexiones, como se señala en el propio artículo: lo económico no es más que una forma de mirar lo existente. Todo está interrelacionado y tiene consecuencias.


A Trump le advierten desde múltiples puntos sobre las consecuencias y de cómo algunas de estas son previsibles desde el análisis de los fenómenos del pasado. Nada es totalmente nuevo; todo tiene un parecido, un precedente que puede ser analizado en sus similitudes y en sus diferencias.
El desastre de la administración actual de los Estados Unidos está en que está repleta, con el presidente al frente, de gente visionaria que cree que con sus decisiones van a obtener el futuro que imaginan. Pero el futuro no es lo que queremos, sino lo único que puede ocurrir cuando eliminamos posibilidades con nuestras acciones. Los sueños sobre el futuro afectan al futuro, la mayoría de las veces impidiéndolo. Esto ocurre especialmente cuando son sueños ignorantes.
Una gran parte de nuestro esfuerzo intelectual y científico consiste en tratar de reducir la incertidumbre. Los seres humanos siempre hemos sentido angustia por lo que vendría, por lo que recurrimos a todo tipo de prácticas, de la magia a la estadística, a lo largo de la Historia. Conforme aumenta la complejidad de nuestro mundo, de sus relaciones, es más difícil conocerlo y "cambiarlo" en algún sentido.


Cada vez somos más conscientes del carácter sistémico, interactivo, de nuestro mundo, compuesto por las interacciones entre múltiples subsistemas, forma en que dividimos artificialmente lo que está conectado en su conjunto. Los que niegan, por ejemplo, las consecuencias sociales que tendrá en el futuro inmediato el cambio climático están ciegos a las consecuencias. A su vez, el cambio climático es producido por nuestras acciones, como nos explican por la quema de la Amazonía y otras zonas del planeta. Pero Jair Bolsonaro es otro visionario, como Trump, que solo ve del futuro lo que le interesa ver.
Las personas medianamente inteligentes saben que no pueden controlar totalmente el futuro, pero sí tratar de evitar acciones que sabemos que son negativas. No obtendrán lo que quieren probablemente, pero pueden evitar lo que no quieren. Las personas que, en cambio, consideran que pueden hacer con el futuro lo que quieren, ignorando lo que sabemos, simplemente nos llevan al desastre.
El problema es que los ignorantes llegan cada vez más lejos. El conocimiento nos hace ser más prudentes, cuidadosos; la ignorancia, en cambio, nos da seguridad suicida.



* "The Trump decision that pushed James Mattis to his breaking point" CNN 1/09/2109 https://edition.cnn.com/2019/09/01/politics/james-mattis-trump-breaking-point-syria/index.html
** "Trump is taking us back to Depression-era trade policy" CNN 1/09/2019 https://edition.cnn.com/2019/08/30/perspectives/smoot-hawley-tariff-act-trump-trade/index.html

domingo, 6 de enero de 2019

La emergencia es él

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De los muchos frentes abiertos por Donald Trump, dos son especialmente significativos, la batalla del muro y el Departamento de Defensa. De ambos hemos hablado en su momento, pero la dinámica de los acontecimientos hace que la situación vaya empeorando y, lo que es peor, que converjan los dos aspectos en uno solo.
El diario El País se hace eco de la dimisión ayer del jefe de gabinete del Pentágono. Esto ocurre tras la marcha de James Mattis, Secretario de Defensa por la fuerte discrepancia por la retirada de tropas de la guerra de Siria y la retirada de la mitad de las tropas en Afganistán, cuya situación se ha complicado inmediatamente después de declarar su intención. Los talibanes ya no quieren dialogar con el gobierno afgano, al que desprecian, sino con una potencia que ya ha anunciado su retirada, es decir, quieren la foto de la victoria. Trump les ha servido en bandeja el acto propagandístico del siglo. «En su escueto mensaje de despedida de apenas un par de líneas, Sweeney señala que "ha sido un honor servir junto a los hombres y mujeres del Departamento de Defensa"»*, nos dicen en El País. Está claro cuál es el motivo de su salida del Pentágono.


En estos días en que Trump ha recibido a los representantes demócratas para discutir sobre el cierre de la administración que se ha producido, ha resaltado su voluntad de no ceder y tener cerrado el gobierno de los Estados Unidos, meses o años si hiciera falta.
La obsesión de Trump con el muro es algo más que una fijación. Trump necesita urgentemente una victoria clara sobre sus oponentes, un gran golpe de efecto que le permita presentarse como "el salvador" de los Estados Unidos. El aspecto elegido es la construcción del muro. Inicialmente no solo era la construcción sino su insistencia en que el muro lo iba "a pagar México", idea que vendió a todos su votantes como un acto de soberbia y prepotencia avasalladora sobre su vecino, México, al que insultó en sus intervenciones, considerando a sus habitantes criminales, violadores y narcotraficantes.
La construcción del muro ha chocado con la cuestión de la financiación. Ya no se trata de que México lo pague, sino de que las cámaras aprueben el presupuesto con los millones asignados a la construcción del muro. Ya se verá más adelante si se puede cobrar a alguien. Pero en principio los fondos saldrían de las arcas norteamericanas.
La negativa de los demócratas ha enfurecido a Trump, que ha entrado en una dinámica peligrosa de amenazas. Las cadenas de televisión norteamericanas nos lo mostraban ayer en la doble postura de amenaza y arrogancia. De esta forma ha entrado en un terreno peligroso que le puede complicar más la vida. Ha insinuado que podría declarar una "emergencia nacional" para justificar no tener en cuenta la opinión del congreso de los Estados Unidos y tomar la decisión como presidente.

President Donald Trump is inclined to declare a national emergency to secure military funding for his long-promised southern border wall if talks between administration officials and top lawmakers from both parties continue to stall, a White House official told CNN on Saturday.
While not the administration's preferred plan, the use of emergency powers to fund the wall "provides a way out" amid a series of contentious meetings and disagreements among Department of Homeland Security officials and Democratic lawmakers over basic facts related to border security, the official said.**


Los desacuerdos producidos entre los demócratas y los informes presentados por la administración Trump para justificar el muro se basan en la consideración de todo inmigrante como "terrorista", como una amenaza para el país. Los demócratas rechazan estos informes que dicen falsean la realidad de la inmigración. Incluso el sentido común, podríamos añadir.
¿Puede Trump declarar un "estado de emergencia" aunque esa emergencia no exista solo para salirse con la suya? Esto, a nuestro entender, sería una aberración que involucraría en su pelea particular a más instituciones, incluido el Departamento de Defensa, por lo que el malestar seguiría creciendo entre todos aquellos que se siente manipulados por esta delirante presidencia. En las encuestas realizadas, el 43% de los norteamericanos estaría a favor del "impeachment" de Trump, frente al 50% que no. Esta última cifra no significa que estén de acuerdo con su política, solo con el método del impeachment para sacarlo de la Casa Blanca; el 43%, en cambio, no tiene dudas.


Más allá de la opinión pública, cada vez más alterada, está la cuestión institucional que Trump puede producir con la decisión de declarar una "emergencia nacional" para salirse con la suya. Con ello demostraría algo que ya ha demostrado con palabras, el desprecio a las instituciones. ¿Pero se lo puede permitir? Hacerlo sería dar una patada más a la democracia norteamericana y a ambos partidos, pues sería suicida que los republicanos apoyaran una medida que pasa por encima de ellos y su capacidad de negociar. De hecho, ya son más las voces republicanas en desacuerdo con la idea.
La CNN añade las dudas sobre las medidas como final de su artículo:

If a national emergency is declared to build the wall, the administration likely will face lawsuits questioning the legality of the move.
"The President's authority in this area is intended for wars and genuine national emergencies," Evan Hollander, communications director of the House Appropriations Committee, told CNN. "Asserting this authority to build a wasteful wall is legally dubious and would likely invite a court challenge."**

El párrafo final expresa claramente las aplicaciones de una emergencia nacional y del papel que en su caso tendrían las Fuerzas Armadas, que sentirían una segunda afrenta tras la retirada en contra de su voluntad fundamentada en los sacrificios hechos. Esto a Trump le importa poco, pero es desconocer profundamente la psicología militar, más allá de la propia política exterior llevada a cabo. La oposición de Mattis, militar él mismo, no es solo estratégica sino convertir en inútiles lo hecho por los que le precedieron, incluidas las muertes de soldados. No es romanticismo, es sentido común, es entregar gratuitamente todo lo que se ha ganado, dejando a los aliados en manos del enemigo. No es esa la mentalidad de un Departamento de Defensa. Ser usados ahora para que el presidente pueda ser tener el muro que prometió en su campaña es excesivo.


Los militares son disciplinados, pero la rabia va por dentro y las dimisiones seguirán produciéndose si no se varía el enfoque de Trump. La retirada de Jefe de Gabinete del Pentágono es un signo más de malestar. La parquedad explicativa es muy elocuente.
The Washington Post recoge la idea de Trump y la compara con otros países en los que se usa el "estado de emergencia". Los ejemplos son la situación turca tras el intento de golpe de estado, Egipto bajo el terrorismo, la crisis venezolana y Francia tras los ataques terroristas de París. Se señala al comienzo:

“I can do it if I want — absolutely,” he said, claiming he didn’t need congressional approval to build the wall. “We can call a national emergency because of the security of our country. We can call a national emergency and build it very quickly.”
But as The Washington Post reported on Friday, “legal experts said Trump’s emergency powers under federal law are limited and expressed doubt that such an avenue would solve a mounting political dilemma.”
Leaders often invoke emergency powers to handle natural disasters and other crises that require immediate attention. U.S. presidents have regularly declared national emergencies, including after the Sept. 11 attacks. Such declarations are also common abroad. In recent years, foreign leaders have also found ways to use states of emergency to broaden their powers or clamp down on dissent — occasionally for years at a time. Here are just a few examples.**


La declaración del estado de emergencia no solo implica que puede sacar dinero para su muro. Conlleva una serie de medidas en cadena, incluidas supresiones o limitaciones de derechos. Involucra a las instituciones, que tienen que pasar a un estado determinado. No es solo firmar por unos millones de dólares. En zonas parciales, se ha declarado por los grandes incendios, por los huracanes o las inundaciones. Son casos como el Katrina o los enormes fuegos californianos. Eso es una emergencia. No parece que sea el caso.
Trump sigue con su avance hacia ninguna parte, arrastrando a lo que se encuentra por el camino. La emergencia es él.


* "Dimite el jefe de Gabinete del Pentágono, semanas después de la salida de Jim Mattis" El País 6/01/2019
**"Trump inclined to declare national emergency if talks continue to stall" CNN 6/01/2019 https://edition.cnn.com/2019/01/05/politics/trump-national-emergency-border-wall-shutdown/index.html
*** "Trump may invoke emergency powers over border wall. Here’s how other world leaders use them" The Washington Post 5/01/2019 https://www.washingtonpost.com/world/2019/01/05/trump-may-invoke-emergency-powers-over-border-wall-heres-how-other-world-leaders-use-them/?utm_term=.718fbd346a3a

lunes, 24 de diciembre de 2018

Más allá de los tribunos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ayer hablábamos de la experiencia traumática que están viviendo los Estados Unidos con Donald Trump al frente. Recordábamos el artículo anónimo que soliviantó a Trump y sirvió para comenzar una caza de brujas por toda la Casa Blanca: ¿quiénes eran aquellos funcionarios que "tranquilizaban" al pueblo americano diciéndole que ellos "vigilaban" desde dentro para evitar desastres? Apuntábamos que la presidencia de Trump está poniendo a prueba los límites de la democracia en una superpotencia en la que sus actos tienen repercusión mundial, más allá de los asuntos puramente domésticos. ¿Es lícito —si quiera "sensato"— pensar que alguien llegará, en el límite del desastre, y logrará salvar al mundo? ¿Es quizá un efecto "marvel"?
The New York Times publica hoy mismo un artículo en términos parecidos, con el título "The Generals Won’t Save Us", firmado por la analista Kori Schake, directora del International Institute for Strategic Studies, en el que se manifiesta en términos similares ante la preocupación despertada por la salida de las personalidades sensatas alrededor de Trump, en especial los militares, tras la salida de Jim Mattis de la Secretaría de Estado de Defensa.

El enfado de Trump por la dimisión de Mattis, además, ha acelerado su salida que ha pasado de estar anunciada para el 1 de febrero al 1 de enero, es decir, en una semana. Con las fiestas navideñas por medio, significa una puesta en la calle inmediata, con el tiempo justo para recoger papeles personales. Significa también una humillación para Mattis que le hará difícil encontrar un sustituto que no quiera verse embadurnado por la porquería de Trump, si es que eso es ya posible.
El presidente se está desprendiendo de la gente que le lleva la contraria. Llevar la contraria, en la presidencia de los Estados Unidos, es algo especial. No se puede hacer lo que se quiera en la presidencia de ningún país. Es parte de la dinámica y la esencia de la política el escuchar  a los que saben de lo que hablan. Pero Trump no nació para escuchar, con el agravante de que su ignorancia de casi todo es realmente notable, especialmente sobre el mundo de las relaciones internacionales.
La esperanza de que se fuera desprendiendo de los más radicales y se fuera rodeando de un cinturón de seguridad de sensatez se ha ido disipando con las dimisiones y salidas de unos y otros. Pero de casi todo se puede uno recuperar, pero la excepción ha llegado: la defensa.
La economía puede crecer más o menos, se puede construir un muro o no..., pero la defensa de los Estados Unidos es otra cosa. Son palabras mayores. Y Trump quiere ser obedecido en algo que ha sido un límite natural. Los líderes políticos se han dejado asesorar en tiempos de guerra, pero Trump..., es Trump.


La política de defensa de los Estados Unidos, además, forma parte de un entramado de compromisos con aliados que se han embarcado en aquello que se les ha pedido como parte de una política común. Ayer, la BBC no hablaba de la sorpresa de los británicos por los anuncios sobre Siria y Afganistán.
El artículo de la señora Schake se mueve en el límite teórico de lo que una democracia debe ser frente a la realidad de aquello en lo que puede llegar a convertirse en manos de un personaje como Trump. Después de cantar las virtudes de James Mattis, el final del artículo entra en algo que no debería ser mencionado:

Moreover, the president has the right to be wrong, and the Department of Defense has the obligation to carry out lawful orders rather than set themselves up as uniquely virtuous arbiters of the good of the country.
As Thomas Jefferson said, the people are the only safe repository for the ultimate powers of society. We do our military and veterans a disservice by treating them all as comic book heroes and shirking onto them responsibility for policies that protect us from our elected officials. They have done enough by securing our liberty.
But perhaps the Trump presidency may end up being good for civil-military relations in America. By selecting so many veterans for high offices, he has given the public a rare view into the executive competence of our former military leaders. We have front-row seats to judge their abilities and compare them to their counterparts who did no military service. The Trump administration is providing a welcome reminder for us that our veterans, like the rest of our fellow Americans, are a diverse bunch. Jim Mattis is a model of Roman virtues; Michael Flynn is now a felon. And perhaps this exposure, after decades in which the military leadership was largely left in the wings of public policy debates, will help Americans — the overwhelming number of whom have no military experience — develop a better sense of what the military can and cannot do in a democracy.
The solution to the dangers posed by the president is not to put our faith in a Roman tribune. Rather, it is to use the legislative and political tools available to us as citizens to hem in the chief executive, and wrest those powers from him at the ballot box.*


No creo que nadie en Estados Unidos desee un conflicto —como se plantea— entre civiles y militares. El "derecho" de Trump a "equivocarse" y la obligación de los militares a ser leales a las órdenes disparatadas de un neófito (por no decir otra cosa) está bien para un argumento de novela especulativa o película de desastres, pero parte de un principio básico de la democracia: se elige al mejor. o se pretende hacerlo.
La elección no es un mecanismo arbitrario o caprichoso, sino un proceso que garantiza que si uno se puede equivocar, muchos no lo hacen. Este principio teórico se ve desmentido en la realidad por las decisiones. Hay otro principio no escrito: los errores de aquellos que no deberían cometerlos (pero los cometen) deben ser impedidos por aquellos que les rodean en funciones asesoras. Y se parte de otro más: nadie desea cometer errores y debe ser capaz de aceptar que los puede cometer. No es el caso de Trump. Donad Trump no comete errores. Él viene —nos ha dicho desde el principio— a arreglar los errores que otros cometieron.
Trump incumple todos estos principios no escritos. Lo hace además desde la sospecha fundada de que llegó a la Casa Blanca con la ayuda inestimable de quienes no quieren lo mejor para los Estados Unidos. Eso está pesando desde el principio y siembra una duda. Su propia incompetencia la hace crecer. 
El final del artículo es un intento de plantear la necesidad de deshacerse del presidente sin recurrir al "tribuno romano" de turno, es decir, a los militares. Las vías políticas para deshacerse de Trump están en el "impeachment", en su destitución política a manos de los mismos que le eligieron, que no fue directamente el pueblo norteamericano, sino los mecanismos políticos que le llevaron a la Casa Blanca aprovechando los huecos políticos del sistema, es decir, el colegio electoral que le proclamó finalmente. Nada "ilegal", claro, pero todo muy forzado. 


Esos más de tres millones de votos de más que sacó Hillary Clinton sobre él juegan un papel muy importante en la cuestión moral, que será la que muchos se planteen finalmente y permitirá actuar en nombre del pueblo.
En las últimas semanas crece el descontento de los republicanos que ven que la aventura que llevó a la Casa Blanca a Trump tiene demasiados recovecos y les puede costar demasiado.
Desde que Trump fue elegido, se multiplican los esfuerzos para deshacerse de él. El mismo Trump se multiplica para ofrecer nuevos motivos para que deseen echarle de la Casa Blanca antes de que sea demasiado tarde y acabe con los Estados Unidos, sus aliados y lo que le pongan por delante. Si ha servido de algo es para demostrar a todos el poder destructivo que la presidencia puede tener más allá de sus fronteras al desmontar o cuestionar todo el sistema de alianzas y acuerdos, de la OTAN al cambio climático, del orden económico al migratorio. De las investigaciones sobre la ayuda rusa para su elección a los negocios con los mismos rusos o los saudís, se ahonda tratando de encontrar un resorte que le haga saltar de la Casa Blanca antes de que se produzca un desastre irreversible. Algo de los que pocos albergan dudas.


El artículo mantiene un tono doméstico sobre la democracia, como algo americano. No parece que las consecuencias para la periferia se tengan en consideración, si bien han sido muchas y graves. Oriente Medio y Afganistán, los efectos económicos en cadena sobre la economía mundial por su proteccionismo, el apoyo a determinadas dictaduras y los incidentes consecuentes, su apoyo a los populismos internacionales (como en el caso del Brexit) han mostrado que si los norteamericanos conscientes están preocupados, el resto del planeta no lo está menos.
Es poco probable que Trump termine el mandato si sigue esta línea. De lo que se trata es de sacarle de la Casa Blanca sin que los norteamericanos padezcan un trauma democrático para el resto de su historia y pierdan la inocencia... y los argumentos. 
El dilema es comprensible. Los norteamericanos se han desprendido de sus presidentes de formas variadas, de los atentados al "impeachment" y dejando de votarlos cuando no están satisfechos. Pero no ha habido ningún golpe de Estado y menos militar. La cuestión a la que contesta indirectamente el artículo  es la si debe existir un "secretario de defensa" opuesto al presidente ("...the president’s opponents make the same dangerous mistake when they demand a secretary of defense who acts to oppose his or her own president", escribe la señora Schake), lo que técnicamente sería una especie de "insubordinación". Pero esta perspectiva está vetada en el análisis norteamericano de su propia democracia. Es mejor no pensar lo impensable.


Si Donald Trump sigue cometiendo errores en la política de Defensa, lo que ocurrirá es que se acelerarán los mecanismos de búsqueda de una salida inmediata del presidente. La zona de Oriente Medio está preguntándose ahora mismo por las consecuencias en cadena que las retiradas de Siria y Afganistán tendrán. Lo mismo Europa.
El daño que Trump está haciendo a la democracia norteamericana es enorme. Lo está haciendo además en otro sentido: está afianzando las políticas autoritarias en el exterior en aquellos regímenes que lo usan como muestra de las debilidades e imperfecciones de la democracia. La democracia siempre ha sido ejemplar, para bien o para mal. Si beneficios son mostrados, pero también sus defectos. Y estos se usas para hacer ver a los que no la tienen que no se están perdiendo mucho. Con un agravante en el caso de Trump: fuera se hace ver que los militares son más patriotas y competentes que sus políticos, por lo que habrá algunos que lo están usando como propaganda negativa.
En la CNN, Peter Bergen habla de James Mattis como el hombre que le dijo al emperador que iba desnudo. En el caso de un exhibicionista como Donald Trump, la cuestión no es tan sencilla. Su desnudez para él es virtud y si ignorancia su mayor energía. Si venía a acabar con los profesionales de la política, ¿por qué no con los militares? Se nuevo apelará al pueblo directamente y se les ofrecerá como remedio.
Los norteamericanos se están enfrentando a situaciones y dilemas morales o profesionales de gran envergadura. En su concepción de un "comandante en jefe" no ha entrado un Trump como perspectiva, aunque sí algunos aventuraron la llegada del gran demagogo y los peligros que traería. Ahora lo tienen.
La salida, en efecto, debe estar más allá de los "tribunos". Son los políticos los que deben resolver el problema que han creado al llevar a Trump en volandas a la Casa Blanca.

  
* Kori Schake "The Generals Won’t Save Us" The New York Times 24/12/2018 https://www.nytimes.com/2018/12/24/opinion/mattis-trump-civil-military-relations.html