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lunes, 14 de junio de 2021

Johnson y el chiste de las sillas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Cadenas y periódicos lo han mostrado en medio de las imágenes de la reunión del G7 en Bristol. Boris Johnson no pudo reprimirse o quizá era una jugada planificada por su equipo de guionistas en la sombra. "We've got the chairs" les dijo el sábado a Ursula Von der Leyen y a Charles Michel en referencia al llamado "Sofagate", el insulto escénico planificado por Erdogan cuando la presidenta de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo fueron a visitarle. Erdogan dejó a Von der Leyen marginada, sin silla, en un gesto machista y maleducado, sentada en un sofá. Lo inesperado de la situación hizo que no reaccionaran (Michel sí lo hizo quedándose rápidamente con la silla).

Podríamos decir que Erdogan se decantó por la comedia física, mientras que Johnson lo hizo por el gag verbal y la complicidad de los espectadores. No se puede dudar de la maldad de Erdogan, deseoso de humillar y sembrar la discordia europea. Con su gesto, Erdogan se retrató, como suele decirse, mostrando que no solo se encuentra distante de la Unión Europea, sino de las normas básicas de la educación y del respeto. Para el dirigente turco, la diplomacia está hecha para que se noten mejor los agravios.



En el caso de Johnson, dudamos entre la mala intención y el deseo de mantener su imagen irreverente más allá de su peinado. ¡Qué se puede esperar de un hombre que no mantiene en orden su cabello! —exclamaría un crítico victoriano de Boris Johnson— ¿Es que no tiene bastante con la extravagancia de llamarse "Boris"? Pero hoy no estamos en el periodo victoriano y la extravagancia es un punto de la identidad diferencial. No hay como tener una imagen propia, aunque te tengas que despeinar para recibir a la prensa. Los chistes de Johnson son frecuentes y la prensa los cita como cualquier otra faceta.

"Tenemos sillas" es un chiste, pero también una proclama de una forma de ser británica, una seña de identidad, como la mala educación lo es de Erdogan, siempre dispuesto a vengarse de que no le dejen ir a dar mítines a los millones de turcos que residen en Alemania o de cualquier otra cosa que le incomode.  Un día te deja sin sillas y otro deja pasar unos miles de refugiados o de terroristas si es necesario para demostrarte que lo del "imperio otomano" va en serio.

"If diplomacy is part theater, acted out on meticulously crafted sets, then a protocol blunder this week turned a top-level visit by European Union leaders to Turkey into high drama"*, escribían Matina Stevis-Gridneff y Carlotta Gall en The New York Times, el 7 de abril, en un artículo titulado "Two Presidents Visited Turkey. Only the Man Was Offered a Chair", que ya da cuenta de cómo se percibió la broma sádica y machista del presidente turco. El "sofagate" había estallado, pero a quien menos le importaba fue al autor del "chiste" didáctico cuya moraleja era "mirad, en Turquía no tenemos este problema". Para Erdogan la política es cosa de hombres; de hombres como él, claro. Debe considerar que no es bueno para su imagen poner a una mujer "a su altura"; le parecerá "mal ejemplo".




Como comentamos en su momento, el más perjudicado fue el que cayó en la trampa, Charles Michel, al que todos los años, en la fecha del incidente, se le debería mandar una silla a su despacho o casa. La beneficiada obviamente fue Ursula Von der Leyen, que se pudo despachar posteriormente con contundencia en diversos foros. Médico de profesión, Von der Leyen fue ministra del Ejercito en su natal Alemania. Habrá visto de todo y no se dejó intimidar por el machismo grosero del dirigente turco.

Ahora Boris Johnson ha salido con un "¡tenemos sillas!" cuyos efectos chistosos le han servido para lo que pretendía: ser él mismo y crear un cierto clima relajado ante las tensiones que se veían en el horizonte. No sé si ha sido suficiente, pero lo ha intentado.

No era fácil recibir a Joe Biden después de haber sido el "mejor amigo" de Donald Trump y haberle secundado en sus tropelías. Pero el frente Biden era tranquilo en comparación con lo que le esperaba en el frente continental, en el que sí había "novedades" y no precisamente buenas.

Como estaba previsto, la cuestión de la doble frontera en Irlanda se complica por los trucos británicos de no respetar sus propios acuerdos. Pero habría que volver a definir la diplomacia, más allá de lo que han hecho las dos periodistas de The New York Times, más allá del "Teatro y Reglas". La relación entre ambos conceptos es clara: cuanto menos se cumplen las reglas, más se necesita del teatro y viceversa.



A Johnson le hubiera gustado no ser anfitrión en esta ocasión, pero de eso sí que no se pudo librar. Para él, la cita venía en el peor momento, el del encuentro con Biden y con la Europa de los conflictos por incumplimiento.

El primer ministro británico está descubriendo que la mejor forma de hacer lo que les dé la gana era estar dentro de la Unión, con la amenaza de marcharse, como hicieron casi todos los anteriores premieres británicos. Pero Johnson ha heredado la Gran Bretaña que le dejó el ingenuo Cameron, con una Europa enfadada y dispuesta no pasarle una, a no dejarle los trucos que antes se aceptaban.

Ahora tenemos algo llamado la "guerra de las salchichas" (a todo hay que ponerle nombre) y que afecta al incumplimiento británico de las reglas sobre Irlanda. Cuestión de tener una salida "franca" para los productos británicos aprovechando que Irlanda es Unión Europea. No es la primera vez que se hacen este tipo de trucos con puertas falsas; se hicieron cuando ciertos países tenían prohibido ciertos productos cárnicos por intoxicación. Ahora son las salchichas.



El mayor error de Reino Unido fue pensar que saliéndose de la Unión podría hacer lo que quisiera; ahora tiene que hacer lo que debe en función de los tratados firmados. Y no van a dejar que se salga con la suya. Es duro estar al otro lado, sí; pero ellos lo quisieron. Las promesas al electorado británico, no son posibles sin que Europa lo acepte si le incumben. Promete lo que puedas cumplir es un postulado de la política que hoy apenas se cumple.



Ahora el problema británico es cómo convencer a Europa de que quiere firmar tratados que no cumple. Por eso, los británicos manifiestan su "fuerza" creando problemas para después eliminarlos en negociación (el método Trump, que a su vez era el método británico), como está ocurriendo con el turismo de las Islas, por ejemplo, o como con los europeos encerrados en campos de detención si no han obtenido los correspondientes permisos. Se trata de una dura medida, más allá de la expulsión, una auténtica forma de presión sobre los estados a través de los ciudadanos que no refleja precisamente un deseo de buena convivencia forzada por historia y lazos.

El chiste del "¡tenemos sillas!", reproducido en vídeo y artículos por todo el mundo, quedará como un recuerdo de este confuso G7 de "¡Estados Unidos ha regresado", de la pandemia, de las crisis migratorias, de grandes desigualdades internacionales, de los crecientes focos de problemas por todo el mundo, del cambio climático y de la resistencia europea a dejarse marcar su ruta.

 


*Matina Stevis-Gridneff y Carlotta Gall "Two Presidents Visited Turkey. Only the Man Was Offered a Chair" The New York Times 7/04/2021 https://www.nytimes.com/2021/04/07/world/europe/turkey-eu-women-chair.html



viernes, 26 de marzo de 2021

La disculpa de Jay Leno por sus chistes racistas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



El célebre showman norteamericano Jay Leno se encuentra hoy en toda la prensa de su país. The New York Times le dedica un artículo con el titular "Jay Leno Apologizes for Years of Anti-Asian Jokes". Los chistes anti asiáticos parece que han sido un "clásico" de sus shows. Y ahora tiene que disculparse por ellos.

Es interesante preguntarse por cómo los Estados Unidos, un país hecho por inmigrantes a costa de meter en reservas a los nativos, se jerarquizó de forma despectiva en forma tan intensa. Podríamos decir que la independencia colonial no significó mucho a estos efectos racistas, que trasladó las jerarquías al interior creando unas escalas donde el "blanco genuino" se reservaba a unos pocos países europeos de origen mientras que el resto se "clasificaba" como ocupantes de segunda, tercera y cuarta. nadie habla del "germano americano" Donald Trump, norteamericano de segunda generación, pero sí se habla de "afro americanos" o "asiáticos americanos", de "hispanos" o latinos" en los que el "americano" va implícito por el origen continental. Hay dos colores, el blanco puro y los llamados "gentes de coloro", forma clasificatoria que establece posteriores jerarquías.

Las respuestas al racismo han sido parciales en gran medida, donde las vidas "importan" a cada comunidad, que parecía no solidarizarse mucho con los demás "colores", un tema que no se ha tratado mucho, lo que podríamos llamar "relativismo racista" donde solo es fijo el "blanco" como "no-color", que se distancia de todos los demás.

Ahora, Jay Leno, una importante figura de los medios norteamericanos pide disculpas por sus "chistes asiáticos", que habría que saber si tienen como objetivo una genérica "Asia" o se dividen por países, es decir, de "chinos", "japoneses", "vietnamitas", "coreanos"... países que, según las circunstancias históricas han sido objetivo directo.



El chiste busca la complicidad del público, al que se induce a ocupar una posición como receptor. La risa confirma que el punto se ha ocupado. Hay chistes racistas, machistas, clasistas... Buscan precisamente reforzar el punto de vista creando un marco de aceptación por parte del receptor.

Hace muchos años que explicaba a mis alumnos lo que implicaba reírse con un chiste machista o racista. Es una forma de aceptación en la que el humor, que suele esconder crueldad y violencia contra alguien, busca que ocupes ese espacio de complicidad. Los chistes sobre asiáticos no han sido inocentes antes ni después, como los machistas o racistas, ya sean antisemitas o de cualquier otra diferencia.

El chiste necesita una tradición, una tendencia previa, más o menos manifiesta, que el que lo cuenta o escribe busca explorar confirmando su existencia. Esa tendencia es percibida como "normalidad" por quien lo acepta y eso hace que el chiste sea aceptado, pues casi siempre vuelca la violencia del estereotipo degradante sobre aquellos que tiene como objetivo.

Elegir una comunidad de ataque es importante para el funcionamiento. Su elección forma parte de una corriente de antipatía que se encuentra fomentada por motivos diversos.



La conexión entre los ataques de Donald Trump a China y el mantenimiento de la campaña por parte los medios norteamericano tiene mucho que ver con la reacción de Jay Leno que me imagino no desea ser confundido con un "trumpista" por sus chistes sobre "asiáticos".

Es también interesante el uso del término "asian americans" ya que se evita precisamente mostrar el lado "chino" de la cuestión. En realidad, creo que los chistes han tenido "pasaporte" específico. Lo tuvieron cuando la parte negativa era Japón. No fue durante la II Guerra Mundial, sino cuando Japón despegó económica y tecnológicamente y se convirtió en potencia mundial. Es entonces cuando se recrudecieron las ridiculizaciones de Japón a través de chistes y caricaturas, a través del retrato negativo en los medios. Hollywood ha sido especialmente intenso en esto, ya que es el mayor público masivo. Hollywood ha sido el mayor difusor de estereotipos y prejuicios raciales de la historia, en gran medida por su enorme potencial cultural, exportado a todo el mundo. Los ha aplicado a todos los países en los que se ha fijado. Siempre había la forma de definir la superioridad norteamericana, definida como "normalidad" y "rareza", "atraso" o exotismo de los otros, raramente descritos con justicia o simple realismo.

En estos momentos, Estados Unidos se encuentra con una fuerte reacción porque los ataques a China se han "simplificado" en la calle atacando físicamente a cualquier persona de rasgos orientales, convertidos en "chinos" aunque no hubieran pisado el país desde varias generaciones o, sencillamente, porque eran japoneses, coreanos o de cualquier otro país. Estas eran sutilezas que el racista no considera que les sean de interés.

La reacción inicial de diversas comunidades asiáticas consistió en tratar de convencer a los otros de que ellos "no eran chinos", pero ante la imposibilidad llegó la solidaridad de algunos que descubrieron que hoy les tocaba a los "chinos" y mañana les tocaría a ellos por cualquier capricho racista. Se extendió así una cierta solidaridad "continental", por decirlo así aunque con muchos matices. Con todo, aquí comentamos un artículo de una mujer coreana que rechazaba inicialmente ser tratada como "china" hasta que se dio cuenta del fondo del problema: el racismo puro, que se manifiesta con variables según los casos. Todas las formas de racismo son manifestaciones del sentido racista profundo que se dirige hacia unos focos según el momento. El racismo no es una cuestión del otro, es una cuestión de la mente que se considera superior y ve a los otros como inferiores. El racismo es un sentimiento de superioridad y desprecio que se puede aplicar a muchos según convenga.



Salir de él es un ejercicio que no todos están dispuestos a realizar porque es también una forma de manipulación al intensificar la pertenencia al grupo. Es una forma que hoy, en un mundo global y competitivo, puede ser muy rentable y lo es para muchos grupos que se basan en este sentimiento primario. Se puede disfrazar de forma más "política" o incluso "religiosa". Trump los movilizó todos para crear esa fuerte dependencia interna y satisfacer los impulsos de sus seguidores. Hitler hizo lo mismo azuzando el odio contra los judíos y le fue rentable.

El problema es si la división constante entre un "nosotros" y un "ellos" (ahora le ha tocado a Asia, en especial a China, ser "ellos") no está creando un cada vez más preocupante clima, no solo llevando al extremo la situación internacional en determinadas zonas, sino fomentando los propios "populismos" internos una de cuyas bazas es el nacionalismo junto con su compañera, la xenofobia. Por decirlo de una forma clara: estamos jugando con fuego.



Las disculpas de Jay Leno tienen un sentido hoy, en pleno conflicto, donde hay que ser responsable de cada palabra dicha en un medio porque estas tienen conscuencias reales. En The New York Times se señala:

 

Jay Leno, the longtime “Tonight Show” host, apologized for a history of making anti-Asian jokes, saying that at the time he “genuinely thought them to be harmless” but now hopes for forgiveness from Asian-Americans.

The comedian said in a joint statement with the Media Action Network for Asian Americans, a watchdog group that tracks anti-Asian comments and incidents in the media and entertainment industries, that he had an attitude at the time that “some group is always complaining about something, so don’t worry about it.” Whenever the show received a complaint, he said, the response was divided into two camps: “We need to deal with this” or “screw ’em if they can’t take a joke.”

“Too many times I sided with the latter even when in my heart I knew it was wrong,” Mr. Leno said. “That is why I am issuing this apology. I do not consider this particular case to be another example of cancel culture but a legitimate wrong that was done on my part.”

It was a recent realization. In 2019, Mr. Leno, who hosted “The Tonight Show” from 1992 to 2014, made an offensive anti-Asian joke while filming a commercial for “America’s Got Talent,” the actor and producer Gabrielle Union told Variety.

MANAA, the watchdog group, had complained for decades about Mr. Leno’s jokes that relied on stereotypes of Asians, to no avail. Rob Chan, the president of the group, said in the statement that he was “happy that Jay came around, and that we will be working together in the future.”*

 


Jay Leno sabía lo que hacía, no tengo muchas dudas sobre ello. Lo que no podía prever eran los resultados en un momento determinado, es decir, en medio de una enorme guerra comercial contra China reforzada por la fatalidad al coincidir con una pandemia que Trump llamó "virus chino" o haciendo un mal chiste "Kung Flu". Puede que el chiste fura malo, pero cumplía su función doble hacer sentir odio hacia China y justificar medidas, aplaudidas por sus seguidores y algunos más.

El problema de Biden ahora es que no es su estilo hacer los chistes de Trump, pero sí comparten los objetivos de cerco a China, como se está viendo a diario. Todo está conectado. Le será difícil frenar lo que Trump empezó y no ser acusado de usar las mismas técnicas. Trump necesitaba los chistes para sus "actuaciones" en directo, sus mítines, y para sus tuits. El chiste es un formato ideal para estos medios. Joe Biden no puede hacer lo mismo.



¿Es sincero Jay Leno? No lo sé. Tampoco tiene ya mucha importancia. Los estereotipos no se los lleva el tiempo, permanecen. Las disculpas, en cambio, por muy sinceras que sean, son pronto borradas por los viejos chistes que vuelven una y otra vez en forma de "memes" a través de las redes.

Estados Unidos descubre ahora que los ataques a China los acaban pagando sus ciudadanos de origen asiático con golpes, escupitajos, empujones en sus calles. ¿Cómo mantener los ataques contra China sin que esto ocurra? Esa es la pregunta del millón.

Los chistes y demás representaciones sociales negativas acaban siendo el abono del campo racista y este crece llegando a un punto incontrolado. Lo hemos visto con Trump y el aumento del racismo con presencia de supremacistas, KKK y demás grupos de este corte.

Vender que todos tus males económicos provienen de China tiene sus consecuencias. Trump pensaba que los que asaltaron el Capitolio eran "buenos y pacíficos ciudadanos norteamericanos, respetuosos de la ley". Sabemos que eso es el principio. Golpear, quemar, burlarse, etc. pasan a ser actos patrióticos.



Esto funciona en todas partes, aquí y allí; los chistes los acaban pagando otros. No sé hasta qué punto Leno llegará a sus compañeros de los medios, a los que han contribuido a difundir los chistes que le escribían porque "funcionaban". Pero es algo que sí deberían plantearse los profesionales de todo el mundo, si contribuyen a hacer un mundo mejor o si, por el contrario, lo siembran con este tipo de elementos fáciles y rentables, pero profundamente peligrosos.

Leno dice que, en su interior, sabía que estaban mal. Lo malo es que las cámaras, por ahora, no entran en el "interior" de las personas. Se limitan a recoger su voces, gestos, historias y chistes. En cualquier caso, es mejor que se arrepienta si así se siente mejor. Puede que alguien le siga. ¿Quién sabe? Solo por eso, valdría la pena.

 


"Jay Leno Apologizes for Years of Anti-Asian Jokes" The New York Times 25/03/2021 https://www.nytimes.com/2021/03/25/arts/television/jay-leno-apology.html

martes, 3 de abril de 2018

Un mal chiste


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Un chiste es un chiste; un insulto es un insulto. Un chiste puede ser insultante, igual que un insulto puede ser gracioso sin dejar por ello de ser un insulto. De lo que estoy seguro es que el concepto "libertad de expresión" no tiene nada que ver con los insultos, sino con el respeto. Se hizo para las ideas, no para faltar a nadie. Pero queda muy "legal" y hasta da un tono distinguido forzar el concepto para convertirlo en una especie de refugio de la mala educación. Y España está siendo cada día un espejo de defectos, en especial, de perversión de los conceptos sanos y respetables para hacer parecer la mala educación un ejercicio de libertad. De verdad, creo que la libertad está para otras cosas y que hay diferencias entre un hermoso poema y un eructo. Los dos expresan al que lo hace, sí, pero dejan a cada uno a su altura.
Todo esto viene por la maldita manía de los chistes regionales y locales, cuna de estereotipos manidos y perversos y el enésimo caso en el que alguien tiene que pedir disculpas por ser chistoso. Me refiero al caso, contado por El País, titulado "Un chiste sobre andaluces de un guionista de ‘Allí abajo’ revoluciona Twitter". Confieso que no entiendo el sentido que se le da en el titular al verbo "revolucionar", quizá sea por darle un poco de épica al asunto. El caso es este:

"La primera vez que escuché la Salve Rociera pensé que el estribillo decía: 'Leo leo leo leo leo', pero luego caí en que era una canción andaluza y eso no podía ser". El viernes 30, Sergio V. Santesteban tuiteó este chiste con la etiqueta #ViernesSanto y desató la polémica. Santesteban es guionista de la serie de Antena 3 Allí abajo, en la que los tópicos sobre andaluces y vascos es uno de sus principales elementos de humor. Sin embargo, el mensaje generó una lluvia de reacciones por parte de numerosos usuarios que pedían explicaciones tanto a él como a la cadena y la productora por el chiste, incluso llegando a pedir su despido.
La reacción de la productora Plano a Plano fue desvincularse del comentario, destacando que se trataba de un comentario personal y un "chiste desafortunado". Otros compañeros de la serie como el actor y también guionista Óscar Terol o el actor Jon Plazaola afearon al autor del tuit su mensaje. Ambos han borrado sus tuits (Terol incluso ha borrado su cuenta de Twitter), que, junto al mensaje de la productora, provocaron una reacción de apoyo al guionista por lo que muchos otros tuiteros consideraban un simple chiste que no debería haber tenido mayor repercusión.*


Ni me indigno ni lo aplaudo. Solo lamento que el "humor" se haya quedado en esto y, sobre todo, que se apele a la libertad de expresión por parte de algunos. Evidentemente, el ingenioso guionista puede seguir haciendo chistes de este cariz o de otro, pero con no reír las gracias es suficiente. Lo malo es que ahora ya no vivimos de hacer reír, sino de causar escándalos, controversias e irritación con los chistes.
Ha habido en estos años más de uno que se llama a sí mismo "humorista" que ha alcanzado notoriedad por hacer este tipos de chistes insultantes. El autor del chiste ha pedido disculpas relativas,  en otro rebuscado ejercicio de ingenio, no se sabe muy bien si por haberlo pensado o por haberlo enviado con esos dedos inquietos a lo Trump.
El tuit, como le gustaba decir a Breton de la escritura, puede ser más rápido que el pensamiento. Por eso acuñó el concepto de escritura automática tratando de burlar la censora razón. A veces da la impresión que algunos hacen lo mismo, primero lo mandan y luego lo piensan.


No creo que haya que darle mucha más importancia al caso en sí, pero sí algo más complicado en estos tiempos de gatillo fácil, reflexionar un poco, que nunca viene mal. Los insultos disfrazados de chistes no son muestras de creatividad real, solo camuflaje para el tópico y la mala leche, que es el punto de sazonado del humor español.
Hace mucho que huyo de las comedias españolas porque recurren en abundancia a este tipo de humor en donde se combinan sexo, regionalismo, política y religión en distintas proporciones. Sencillamente, no entro en este humor. En vez de aprender de Lubitsch, lo han hecho de resacones y despedidas de soltero. No le veo la gracia a Torrentes y similares desde hace mucho. Y han creado escuela. Me resulta incomprensible ver a personas desternillarse con ciertas cosas. Quizá sea un problema de educación, mía o de los otros. 
En vez de dejar claro que es un error, es muy español "sostenerla y no enmendarla". Se trata por ello de construir un gigantesco conflicto, recurriendo a la perversión de la mayor, que es la libertad de expresión. Así lo ha hecho el sindicato de guionistas:

El sindicato de guionistas ALMA también salió en defensa del escritor: "En ALMA defendemos y creemos en la libertad de expresión dentro y fuera de las series, películas y programas que escribimos. Un chiste jamás debería ser razón para penas de prisión o para que nadie pierda su trabajo. Esperamos que productoras y cadenas estén a la altura y protejan de la hoguera de Twitter a los trabajadores que escriben cada semana sus éxitos".*


Esto sí que es un buen chiste, un poco desproporcionado, pero chiste. No se entiende bien a qué viene ese tremendismo. No sé qué tipo de "pena de prisión" se me ocurre para un chiste así. Tampoco que tenga que perder su trabajo por hacer chistes malos, aunque por eso sí se despide a la gente. El chiste era malo, sin más. Pero, cuidado, no vaya a ser que algunos hagan chistes malos para evitar que les despidan y hacer que otros les defiendan. El ingenio da para mucho.

Los chistes basados en estereotipos sexistas, racistas, xenófobos, etc. son peligrosos y no tienen gracia, aunque sí hacen gracia a los sexistas, racistas, xenófobos, etc. Eso es parte del problema. He pasado mucho tiempo con personas de diferentes países y culturas. En vez de reírme de ellos, procuro aprender. Me han enseñado muchas cosas y algo muy importante: a respetar.
En Estados Unidos son muy dados a hacer chistes sobre "canadienses" (vecinos del norte) "mejicanos" (vecinos del sur), "polacos", "judíos", "chinos", "italianos" e "irlandeses". Demasiados clubes de la comedia que llenar.
Hace poco volví a ver una película de los años ochenta sobre cómicos. Son dos comediantes interpretados por Sally Field y un juvenil Tom Hanks. A ella le venden chistes sobre polacos para sus actuaciones. Él se dedica a hacer imitaciones de taxistas chinos dando explicaciones sobre sus recorridos por Nueva York. En Saturday Night Live le dedicaron el otro día un sketch a los irlandeses; era para celebrar el día de San Patricio, decían. A los norteamericanos, como a los británicos, les gusta reírse de las familias grandes y de los matrimonios llenos de hijos, como los católicos. Es uno de sus temas favoritos, como buenos protestantes. Quizá los irlandeses están muy ocupados con sus familias y no tienen tiempo de ir a los clubes a escuchar chistes sobre nacimientos, familias numerosas y bodas. Igualmente los ciudadanos chinos están trabajando duro para sus familias y nunca los verán sentados en clubes de la comedia donde se les insulta.


Es un gran defecto convertir el hecho de nacer en un sitio u otro en motivo de escarnio. Los prejuicios son los padres de los estereotipos. Ambos nos impiden viajar más allá de la zafiedad acumulada. En España tiene además peligros añadidos porque parece que nos sienta mal vivir juntos sin levantar barreras de desprecio y superioridad.
Hacer chistes sobre otros implica presuponer una superioridad sobre ellos. Cuanta más violencia o insultos transmite el chiste, más desprecio se acumula. Lo malo del chiste es que está hecho para que otros se rían, es decir, para que asuman nuestros puntos de vista. Y ahí es donde se produce la tensión. Los malos chistes, como las malas hierbas, donde caen salen sin remedio. Sembrar machismo o racismo despreciando a grupos humanos por el solo hecho de serlo es un mal camino. Como los boomerangs, siempre vuelven y nos dan en el cogote con fuerza proporcional a nuestra estupidez.


El País incluye un vídeo que han titulado así: "VÍDEO: Entrevista con el experto en Derecho Laboral, Daniel Cifuentes, sobre las consecuencias jurídicas para el trabajador". No sé si forma parte del mismo chiste o es otro nuevo.
No hace falta mandar a nadie a la cárcel, amenazarle, insultarle, etc. Pero por favor, no usen el argumento de la libertad de expresión, que es algo por lo que mucha gente muere cada día en el mundo, para justificar una metedura de pata o un mal chiste. Y el que lo ha hecho, que aprenda y procure evitarlo refinando su humor. Insistir en algo que no tiene gracia es condenarse a tener un público que le jaleará, sí, pero no por su ingenio sino porque es incapaz de entender algo más allá. Algunos buscan ese público porque es el más fácil de satisfacer.
Por el tuit que ha hecho público el autor, me temo que no ha entendido o no ha querido entender dónde está el problema. Ha elegido el camino del orgullo ingenioso. Allá él.



"Un chiste sobre andaluces de un guionista de ‘Allí abajo’ revoluciona Twitter" El País 2/04/2018 https://elpais.com/cultura/2018/04/02/television/1522666201_972953.html



domingo, 10 de noviembre de 2013

El gato y el ratón o sobre chistes y rebeldes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuando vemos los actuales sucesos trágicos egipcios de Egipto no solemos percibir un rasgo esencial de su personalidad histórica: el sentido del humor. Sin embargo, es uno de sus rasgos más marcados, algo que se descubre pronto si se sintoniza con él. Los egipcios que se ríen lo hacen con una especie de sintonía integral de cuerpo y alma. Digo "los que se ríen" porque, como es lógico, lo hay que no lo hacen como parte de una reacción equilibrada. De ahí que tengamos siempre persecuciones y leyes restrictivas intentando proteger las figuras de sus dirigentes de la corrosión incansable del humor.
No hace mucho tiempo, publiqué en la segunda parte del volumen homenaje que dedicamos a nuestra compañera fallecida, Ana María Vigara, especialista en el estudio lingüístico del humor, un trabajo sobre el chiste político egipcio* en el que trataba de exponer los cambios en el humor crítico que la revolución había supuesto, esencialmente la entrada de nuevas voces. Es la aparición de nuevas voces críticas —la mujer y los jóvenes o la combinación de ambos— lo que amplía la forma de representar al poder político que, en cambio, se mantiene con una gran estabilidad simbólica, es decir, representado como nuevos "faraones", de Mubarak a Morsi y ahora con los críticos de Al-Sisi.

Lo que sí han hecho con el poder es descomponerlo —"deconstruirlo", diría un seguidor de Derrida— en todas aquellas fuerzas de las que es manifestación en el ámbito social. Jóvenes y mujeres, como víctimas de aquello que les reduce en sus posibilidades de libertad, dirigen las armas del humor contra sus represores tras identificarlos socialmente. Ya no es solo una figura política, sino que esa figura es la concentración personalizada de las fuerzas de control, limitadoras de las libertades que ahora se reclaman. En ocasiones, el poder es identificado con las caras de la actualidad política; en otras, en cambio, se convierte en abstracciones con caras genéricas que muestran sus ramificaciones sociales, cómo sus tentáculos represores se manifiestan en los rincones de la sociedad.
A finales de octubre el diario Egypt Independent (Al-Masry Al-Youm) nos traía en su sección de Cultura —con origen en la agencia oficial egipcia MENA— la noticia de una conferencia del arqueólogo responsable de la zona de Abu Simbel:

Pharaonic rulers of Egypt were subjected to satirical criticism using words and pictures, according to Archaeologist Ahmed Salah, the head of Abu Simbel area antiquities.
The expression of opinion was an integral part of the ancient Egyptians culture, not a creation of the West, while dictatorship and slavery were not always a stigma of governance in the East, he added.
Saleh said on Monday that the most prominent evidence of the exposure of pharaoh to satirical criticism is the Turin papyrus, which dates back to the era of the modern state between the 16th and the 10th century BC.. The papyrus shows the king as a cat playing with a mouse, that represents the people. Another shows him as a mouse riding a Chariot in a battle.
Such pictures, he explains, reflect the eternal conflict between the ruler and the people.**


El llamado "papiro de Turín" es un texto esencialmente erótico, la mayoría de sus imágenes son una especie de Kamasutra egipcio. Pero junto a ellas están otras de carácter satírico como nos indica el arqueólogo Ahmed Saleh. Ese gato jugando con el ratón presenta el eterno juego del poder.
Frente al poder solo caben el llanto y la risa, nunca la indiferencia, en primer lugar porque nos afecta directamente y en segundo porque el poder mismo no lo consiente. Los egipcios hace siglos que se decantaron por compensar las lágrimas con las risas. Alternan unas y otras con las mismas lágrimas.


Dediqué ayer parte de la tarde a preparar las próximas películas para compartir con los alumnos en el cinefórum de la Facultad. Me reencontré con una película que me hizo recordar la noticia del diario egipcio, El niño salvaje (L'enfant sauvage 1970), de François Truffaut, uno de esos filmes que deberíamos ver de vez en cuando porque nos recuerdan cosas sobre la naturaleza humana aunque hayamos dejado de ser esencialistas.
La historia —basada en hechos reales— y nos muestra el proceso de transformación de "Víctor", un niño "salvaje" encontrado en los bosques del Aveyron francés y acogido por el doctor Jean Itard, que es quien actúa de voz narradora. 


El momento culminante del proceso de recuperación de su humanidad perdida es cuando el doctor Itard decide castigarle injustamente para ver si en él habitan "sentimientos morales". Acostumbrado a un sistema de premios y castigos que en nada difiere del entrenamiento de una animal de feria, Itard decide castigarle encerrándolo en el cuarto oscuro habitual aunque haya acertado en su respuesta a la tarea encomendada. Víctor se rebela ante la injusticia de aquel que se ha erigido en su maestro, padre y deidad.
"No eres ya un animal, aunque todavía no seas un hombre", le dice el doctor a su pupilo, matices que él no entenderá y nosotros difícilmente podemos compartir. Independientemente de las cuestiones históricas que este caso y otros similares de niños "salvajes" han planteado, sus dudas sobre la autenticidad, está la cuestión de la rebeldía y su sentido moral. En ese sentido, la obra de Truffat va más allá —como debe hacer el Arte— de lo circunstancial y entra en las sinuosidades de la construcción del poder y la dependencia, del sentido de la autoridad.


Los chistes del papiro de Turín suponen una muestra de la rebeldía de los egipcios, como lo son hoy en día los chistes y sátiras. No es solo una cuestión de "libertad de expresión", como plantea el arqueólogo, pues no sabemos su difusión ni su tolerancia entonces, ni tan siquiera la cuestión de dónde surgió históricamente la "indignación", pero sí es una muestra de esa actitud rebelde ante el poder, ante su injusticia, como un sentimiento moral. La indignación de Víctor ante su propio "faraón" es la rebelión natural del que no recibe lo que cree que debe esperar. Albert Camus, que algo sabía de estas cosas —de rebeliones y de sentido moral— escribió en las primeras líneas de su obra "El hombre rebelde":

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice que no. Pero si se niega, no renuncia: es además un hombre que dice que sí desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes durante toda su vida, juzga de pronto inaceptable una nueva orden. ¿Cuál es el contenido de ese "no?
Significa, por ejemplo, "las cosas han durado demasiado", "hasta ahora, sí; en adelante, no", "vais demasiado lejos", y también "hay un límite que no pasaréis". En suma, ese "no" afirma la existencia de una frontera. (17)


El chiste es una forma de establecer también una frontera de rebeldía, un decir "no", de establecer una distancia que es sobre todo moral, de reconocimiento de diferencias entre una mirada y su objeto, en este caso, el Poder. La representación del poder como un "gato" jugando con un "ratón" introduce esa mirada entre la realidad y quien la percibe valorándola. Es —como señalaba Ahmed Saleh en su conferencia— el eterno conflicto entre el pueblo y sus gobernantes. El humor salva la dignidad al permitir una forma de rebeldía ante la conciencia si es imposible o suicida la rebelión material, una contestación, un "no" simbólico. Algo de esto vio Freud en el humor, una forma de burlar censuras, interna o externas.
Por eso los tiranos suelen tenerle tanto miedo a los chistes, que se cuelan en las conversaciones por debajo de las rendijas de las puertas, sembrando la ideas que germinarán en otras formas de decir "no" más contundentes.


Si Víctor, el niño del Aveyron, hubiera desarrollado más sus capacidades, hubiera acabado, además de rebelándose a mordiscos, haciendo chistes sobre el doctor Itard, su propio gato, dibujándolo por paredes y cuadernos. Como fue Itard quien contó su historia desconocemos si llegó a hacerlo en algún momento mediante el humor. ¿Lo hubiera tolerado? Nos hubiera gustado ver que aquella figura, omnipotente ante sus ojos, en algún momento se resquebrajó al comprenderla injusta y comprender la inmensa distancia que el gato había establecido con su ratón de juegos.
Uno de los mejores "chistes" que he visto en los últimos tiempos viene de una caricaturista egipcia, Doaa el Adl, una auténtica artista del juego que el chiste político necesita para ser eficaz y superar la mera controversia circunstancial. El chiste es este y se lee de derecha a izquierda:



Digna heredera de ese sentimiento que recoge el papiro de Turín con el ratón y el gato, Doaa el Adl da una vuelta más de tuerca en el conocimiento revelador de nuestra propia naturaleza y nos muestra que los gatos son fabricados muchas veces por los ratones, aunque luego se rebelen contra ellos y eleven nuevos gatos a los altares. Hay un "hombre rebelde", como señalaba Albert Camus, pero que hay muchos más "hombres ratones", escultores de sus propios tiranos, recitadores gustosos de sus propias maldiciones.

* Joaquín Mª Aguirre (2013): "Rebeldes y faraones: Egipto y el chiste político", en "Humor y comunicación II"; Espéculo nº 50b, octubre-2013, pp. 63-80. [número completo: http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/Humor_y_comunicacion_Especulo_UCM_n_50b.pdf ]
** "Satirical criticism is Pharaonic heritage: Archaeologist" Egypt Independent (Al-Masry Al-Youm)-MENA 28/10/2013 http://www.egyptindependent.com/news/satirical-criticism-pharaonic-heritage-archaeologist
*** Albert Camus (9ª 1978): El hombre rebelde. Losada, Buenos Aires.





El Dr Jean Itard



lunes, 23 de septiembre de 2013

El burro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No hace mucho tiempo recogí en mi repertorio de noticias sobre Egipto una información referida a la exposición que se celebra en Londres, en el interior de la Catedral de St. Paul, de veinticinco esculturas de burros realizadas en fibra de vidrio y de tamaño natural. La escultura original es del artista egipcio Reda Abdel Rahman y cada uno de ellos ha sido decorado con distintos motivos por otros artistas. La exposición, llamada "Caravana" llega directamente desde Egipto, desde la iglesia anglicana de St John, que se ha convertido en un centro de diálogo interconfesional, en un espacio de encuentro para la paz.
La elección del burro como motivo central tiene su explicación:

The donkey symbolises peace in both Christianity and Islam, and is found in both the Bible and in the Qur’an. Examples are numerous, such as both Jesus and Omar Ibn El Khattab, the second caliph, each riding donkeys when they entered Jerusalem. The donkey also represents the poor, as it is an animal of burden, and this is especially the case in Egypt.*


Los burros forman parte de esa caravana a la que alude el título de la iniciativa, un intento de superar el sectarismo a través del diálogo que se ejemplifica en ese animal humilde y trabajador. Es una buena elección la del sencillo burro para significar meta tan noble como es el diálogo que lleve a la paz.
Pero los símbolos tienen siempre su otra cara y pueden ser usados con sentidos muy diferentes. Al Arabiya nos trae la noticia de la detención de un campesino en Egipto:

An Egyptian farmer has been arrested for putting the name of the country’s military chief General Abdel Fattah al-Sisi and an army cap on his donkey, state media said Saturday.
Omar Abu al-Magd Ali al-Saghir was arrested late on Friday in the central province of Qena for allegedly insulting the general, state news agency MENA reported.
The farmer was noticed by authorities after he rode the donkey through his home village in an act deemed “directly insulting” to the army, MENA said.**


No sé qué ha sido más determinante en la detención, si el nombre y grado del burro o la gorra militar que el hombre le puso en la cabeza. Y es que, en esto de los conflictos, no se sabe nunca cómo acertar. Alguna consideración se merece el detenido, digo yo, por el atenuante de sentido del humor. Se nota que los que le detuvieron no se han dado una vuelta por la exposición dialogante de los burros que ahora se encuentra en Londres.

La CNN nos mostraba hoy mismo la división simbólica de Egipto entre los que han convertido la imagen del General al-Sisi en motivo de regocijo —la cadena americana nos mostraba su retrato estampado en todo tipo de materiales o dando nombre a un bocadillo— y, por el otro lado, el signo de los cuatro dedos, usado por los partidarios de Morsi y al que los egipcios contrarios le han sacado variantes jocosas que son utilizadas como iconos en Facebook.
El que el granjero haya puesto a su burro el nombre del general podía haber quedado en un chiste privado de no dedicarse a recorrer el pueblo, arriba y abajo, al grito de "¡Arre, Sisi!", que habrá acabado por despertar las iras de los subordinados y seguidores que, temerosos de ser acusados de transigencia con la iconoclastia, se han decidido a detener al peligroso jinete.
El sentido del humor de algunos egipcios es sobradamente conocido, al igual que la falta de sentido del humor de los que no lo tienen. No sabemos si se le ha "requisado" el chiste —es decir, el burro— o si solo se le ha detenido a él, exculpando al animal.


El drama egipcio tiene estas cosas de vez en cuando, dignas de ser retratadas por un Berlanga o un De Sica a la egipcia que nos mostrara la historia del burro Al Sisi y su amo, detenidos por pasear demasiado por la calle de su pueblo. La mitomanía egipcia es proverbial y afecta a cantantes, actores, militares y presidentes, si hace al caso. Los chistes y chanzas son la contrapartida del mito, su reverso.
Algunos medios extranjeros han reproducido la historia del burro y me imagino que si se llega a celebrar un juicio acudirán en masa a este acto que promete enjundia y sentar jurisprudencia. En cuanto al amo, si no se remedia, será un chistoso más encarcelado. El burro, por su parte, se hará célebre y pasará a engrosar la lista de animales políticos.
Los animales siempre han jugado un papel en la política —me refiero a un papel simbólico— y han servido para representar virtudes y defectos por igual.  Para los británicos que invadieron Egipto, por ejemplo, ellos eran el "león británico" mientras que Egipto era el "cocodrilo del Nilo" y así los representaba el Punch en sus caricaturas de la época.


Mi admirada y querida Ana Blandiana, la gran poeta rumana, un símbolo nacional, consiguió por medio de su arte literario que todos sus lectores inteligentes identificaran a Ceacescu con un gato, Arpagic. Blandiana camufló su crítica al régimen comunista en los poemas infantiles del gato "Cebollino", algo que hizo la delicias de los niños —a quienes iban dirigido—, de los adultos —que comprendieron su significado— y provocó la irritación de los poderosos del momento, que se vieron reflejados en aquel personaje ridículo y pretencioso. También supuso disgustos para la autora, claro.

Son muchas las voces que advierten de la "al-Sisi-manía" y la detención del granjero es una manifestación más, esta vez de exceso de celo por parte de sus admiradores que ven en la humorada una grave amenaza. ¡Ojalá todo se quedara en poner a un burro con gorra "al-Sisi! o a un camello "Morsi", por ejemplo, y dedicarse a dar paseos por las calles dándoles con la vara!
En nombre de los burros de fibra de vidrio, de los burros dialogantes y humildes, de los que forman la caravana que recorre el mundo buscando paz y acuerdos, no hagamos mucho caso a ese otro de nombre ilustre y gorra militar que recorre el pueblo de arriba abajo y de abajo arriba. Egipto necesita reformar muchas cosas, pero no su sentido del humor.
Cuando uno se toma demasiado en serio las bromas, está perdido. ¡Señores, seamos serios: riámonos!



* "From Cairo to London: 25 life-size painted donkeys arrive at St Paul's from Egypt" artdaily.org http://artdaily.com/news/64700/From-Cairo-to-London--25-life-size-painted-donkeys-arrive-at-St-Paul-s-from-Egypt#.Uj9B9Ib13uZ

** "Egypt farmer held for naming donkey after top general" Al Arabiya 21/09/2013 http://english.alarabiya.net/en/variety/2013/09/21/Egypt-farmer-held-for-naming-donkey-after-top-general.html