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domingo, 29 de abril de 2012

El canto del cisne del periodismo o la muerte del sueldo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Creo que hay un error interpretativo, un problema de percepción. Los que han decretado “la muerte del periodismo” se referían en realidad a “la muerte del sueldo del periodista”. Te dicen que el mundo ha cambiado, que han pasado cosas, etc., que es lo mismo que le diría un mamífero a un dinosaurio. Podría parecer una muerte accidental, pero ya hay unos cuantos cadáveres en la morgue esperando a los forenses. No es casualidad ni mala suerte. Más bien el fracaso de las estrategias desarrolladas hasta el momento por los mismos que se presentaban como gurús. Los cierres y recortes se suceden a tono con el clima del país. Los empresarios de la información aprovechan el río de sangre para navegar en sus yates. Pero algunos teorizan y eso ha causado indignación.
A pesar de lo que diga el señor Juan Luis Cebrián*, antiguo director de El País, y hoy Presidente y Consejero Delegado de PRISA., el Periodismo no ha muerto. ¡Para nada, desde luego! Los que sí que se han muerto son los empresarios y directores de periódicos como es debido porque han perdido el sentido de su función. Los periodistas siguen siendo periodistas… si les dejan. Pero hace tiempo que se perdió el rumbo sobre cuál era la tarea que debían cumplir los medios y, como es lógico, los que allí trabajan. Se olvidó interesadamente la especificidad de la empresa informativa respecto a otro tipos incluyéndola en la norma simple y general de que una “empresa es para ganar dinero”. Lo importante aquí, como en tantas otras cosas, es el camino escogido para ganarlo.


La entrada de la “mentalidad gestora” en los medios antepone el rendimiento económico a la información estableciendo una falsa dicotomía. La absorción de las empresas periodísticas dentro de conglomerados mediáticos que apostaban por aquello que producía más beneficio al margen de cualquier otra consideración se ha demostrado absolutamente errónea en su planteamiento y desastrosa en sus consecuencias porque el buen periodismo es muy necesario y hoy más que nunca.

La queja esgrimida de que la sociedad se ha transformado tecnológicamente olvida que ese cambio se ha impulsado desde el mundo empresarial, que vio la posibilidad de mayores beneficios cambiando el sector de la información. Ahora les resultan más rentables unas cosas que otras. Y entonan cantos del cisne por el periodismo convertidos en raperos de mal agüero. Justificar los errores propios mediante la “pérdida de prestigio” (según las palabras de Juan Luis Cebrián) de la profesión periodística es de bastante mal gusto cuando se ha llevado a la profesión periodística al borde del circo para justificar las demandas de la publicidad de públicos mayores. No me extraña que los trabajadores del diario, enfrentados a un ERE pidan su cabeza privilegiada. Señala el señor Cebrián:

En ese nuevo entorno, el papel del periodista ha cambiado. Según Cebrián, para degradarlo. “Los diarios ya no vertebran la opinión pública. Y eso genera gran vértigo. Sigue teniendo un papel, pero ya no ese cuarto poder de los años cuarenta o cincuenta”. En su opinión, se ha producido una pérdida del papel de intermediación de la prensa entre la sociedad y el poder. Hasta el punto de que “la pérdida de prestigio de la democracia tiene que ver con la de los medios y viceversa”.*

Antes fue la muerte de CNN+, otro experimento fallido de los estrategas

No sé qué entiende el Consejero Delegado de PRISA por “vértigo”, pero me imagino que es algo que oscila entre la náusea sartreana y la montaña rusa del parque de atracciones, que viene a ser, en clave metafórica, la travesía que han hecho recorrer al Periodismo en sus aventuras empresariales mediáticas. Han transformado a los lectores en consumidores de medios y han convertido a los medios en circo y espectáculos. 

Los nuevos socios
La búsqueda de audiencias mayores en un marco global condenaba a los medios a transformarse en espectáculos cada vez más banales y vacíos. La única forma de evitarlo era apostar por una pedagogía de los medios que enseñara su valor, formara a los lectores en el valor de la información en una sociedad democrática como configuradora de la opinión pública y controladora de los partidos. Se hizo lo contrario. No es la degradación de los medios lo que arrastra a la democracia, ni la degradación de la democracia la que arrastra los medios, como dice el señor Cebrián. Es la degradación de la idea de formar ciudadanos (personas conscientes), que es consustancial a la democracia, para no convertirla en un circo de votantes ignorantes en el que los medios se subastan al mejor postor político o empresarial como forma de conseguir privilegios en distintos ámbitos según a quien le toque el poder.
Si el binomio “política-medios” no ha funcionado bien y se han arrastrado mutuamente es porque no han cumplido ambos las funciones sociales que se esperaban de ellos. Esto es bastante distinto a lo que parece querer decir el señor Cebrián y es responsabilidad de las líneas emprendidas por las empresas y no por la mayoría de los profesionales, que deseaban poder hacer sus informaciones con libertad y honestidad que son los valores que reconocen los lectores. De otra forma, unos se alejan porque no les interesa y otros porque no les convencen. Han proliferado los medios ciudadanos porque no se sentían identificados con los medios profesionales. Esa es la crítica que se hizo a los medios desde el 15-M.


Se ha destruido la idea de “lector” sustituyéndola por la de “consumidor de información”; se han cambiado la idea de “noticia” por la de “contenidos”, que implica una consideración muy distinta de lo que es contable y porqué. Se ha informado para vender y no porque hubiera que informar. Se busca llamar la atención y no atraer el interés ciudadano. Se necesitaba apostar por lectores cultos y por la extensión de la cultura como forma de profundizar en una sociedad democrática consciente. Lo que se hizo —en general— es lo contrario: apostar por una extensión mediática basada en el embrutecimiento chabacano del puro consumo informativo, en el que las redes sociales han sustituido ya a los medios tradicionales.

La publicidad abandona los medios menos rentables y se dirige a buscar la eficacia en donde se producen las concentraciones de atención. El señor Cebrián ha dicho:

Mientras que la publicitad crece en América, en España y Portugal no ha hecho más que caer en los últimos tres años. PRISA mantiene mercado en ambos continentes y, con esa experiencia, Cebrián alerta de la burbuja que se desinfla en Europa y que ahora está en auge en América.

Está bien que alerten de los males. Pero me temo que serían muy discutibles las causas y los causantes de esos males. La deslocalización empresarial no es la deslocalización informativa, que está vinculada a sus públicos. No es lo mismo un fábrica de zapatos que un periódico, por obvio que parezca. Solo plantear las diferencias entre mercados informativos emergentes (por llamarlos así) y los que están en crisis, muestran perfectamente la óptica desde la que se plantea la cuestión. Si la publicidad no fluye es también porque se está dirigiendo a las cestas en las que estas mismas empresas están diversificando sus huevos. han jugado a todas las barajas hasta que ha dejado de ser rentables para ellos algunas.
Hace muchos años que esto comenzó. Se fueron sacrificando los fundamentos del periodismo, su engarce y compromiso con la sociedad, que pasaba a ser vista como un mero mercado. El periodismo es una profesionalización de una función social: la necesidad de estar bien informados mediante la reducción de la creciente complejidad del entorno. El mundo se hace más complejo por su interconexión y necesitamos tener información sobre lo que ocurre y por qué ocurre. El enfoque mercantilista de la información, por el contrario, cree que un medio es un instrumento para concentrar la atención y aprovechar para venderles algo, incluida la propia información.

La ausencia de compromiso informativo característica de los que solo piensan en términos de “resultados” acaba determinando la vida de los medios y de dónde resulta más rentable invertir el capital. Los trabajadores sobran. Es lo que ha logrado la admirada Arianna Huffington.
La importancia que hemos estado concediendo a la campaña en favor de convertir a Arianna Huffington literalmente en “musa de la izquierda liberal”, según el diario El País adquiere ahora claridad ante la perspectiva de un ERE que recorte la plantilla en el periódico.
Como ya señalamos [ver entrada], el éxito de Arianna Huffington no es hacer un medio sin periodistas, sino tener periodistas sin sueldo, pues no en otra cosa se ha basado su “éxito empresarial e informativo”, el fenómeno comunicativo del siglo XXI, según el diario. Las manifestaciones en Estados Unidos contra la reina de la visibilidad como pago han sido de gran alcance. El País celebró como una victoria propia la sentencia en la que el juez “tumbó” (fue la expresión usada en el titular) las pretensiones de recibir alguna remuneración por su trabajo al venderse The HuffingtonPost a AOL por más de trescientos millones de dólares. Ahora se ven las intenciones.

El caso adquiere su importancia a la vista de lo que vaya a ocurrir con El País y su propia competencia, El Huff español quizá debería pasar a llamarse El Puffington. Que el modelo sea no pagar a los profesionales y sustituirlos por blogueros felices porque tienen otras profesiones con las que mantenerse vivos, acaba siendo coherente con los discursos negativos del Consejero Cebrián. Al final, según esta filosofía y planteamiento empresarial tan celebrado, los que participan en el circo mediático se deben considerar contentos con que se les permita saltar a la pista. Quizá el Consejero Delegado no le ha explicado bien a los trabajadores el inmenso honor de escribir en el periódico y el valor meramente simbólico de sus sueldos.
Con esto se confirma que si la profesión está en las noticias, el negocio está en los flujos de información, siendo indiferente cuál sea su motivo u origen. Como titulaba con gran sinceridad The Huffpost: “Not Our Problem”. El escueto titular era la respuesta a Rupert Murdoch, que había acusado a The HuffingtonPost de tener unos pocos periodistas en plantilla y “robar” las informaciones a los otros.
Confirmamos, pues, que sobre lo que el señor Cebrián está teorizando es la muerte del sueldo, como tantos otros empresarios que han basado su éxito económico y su ruina moral en becarios y puestos precarios de trabajo. La deriva de estos últimos años no ha sido hacia el periodismo de calidad sino hacia el de precariedad, reduciendo las posibilidades de informar mejor a una sociedad que creciera en paralelo con la propia información. Eso no le ha importando a nadie. Hay que pensar menos en el poder y más en los ciudadanos
Allí donde crece la información —no solo el negocio— es donde existe el interés por lo que ocurre en el mundo. Hace ya mucho tiempo que la información es la excusa y no el objetivo. No es culpa de los profesionales, sino de aquellos cuyas estrategias han fallado estrepitosamente.

* "Cebrián afirma que la prensa ya no vertebra la opinión pública". El País 22/04/2012 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/22/actualidad/1335120279_956448.html




domingo, 8 de abril de 2012

La musa (o tú agrega)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El intento por parte del diario El País de convertir a Arianna Huffington en la nueva Melina Mercuri, la nueva Bernadette Devlin, la Jane Fonda del siglo XXI, solo es explicable como parte del proceso promocional de la aventura que el diario madrileño ha emprendido con el lanzamiento de El Huffington Post anunciado para junio. Con motivo de la publicación de su nuevo libro, el diario nos cuenta:

El último libro de Arianna Huffington desprende aromas a 15-M. O, mejor dicho, a Occupy Wall Street, el movimiento de los indignados neoyorquinos. El viaje ideológico de esta exitosa empresaria de la comunicación, que a mediados de los noventa fue ferviente militante conservadora y ahora es una musa de la izquierda liberal, sigue adelante.*

De seguir así —como nos avisa el diario—, pronto será conocida como la Patty Hearst de las comunicaciones, abandonando sus millones y dándose a la militancia revolucionaria armada. El salto de musa de la izquierda liberal a tomar la bandera del motín y encabezarlo no es tan grande.
Lo de “musa” es relativo ya que las cosas que Arianna Huffington cuenta en la entrevista no son ninguna novedad y se pueden leer en cualquier libro posterior a 2007. Que los políticos han favorecido a los banqueros y que se ha arruinado a las clases medias, que han crecido las diferencias sociales entre los más ricos y los menos, etc., son ya hoy tópicos reconocidos, puntos comunes en cualquier discurso medianamente objetivo sobre la situación de los Estados Unidos.
Lo interesante del caso no es cómo es Arianna Hufftington —ella sabrá—, sino cómo nos la presentan. Lo realmente interesante es saber cómo logra el diario conjugar el "modelo" que supone el Huffpo con las audiencias que el periódico se ha lanzado a captar tras la crisis (y antes) del diario Público. Las lágrimas de cocodrilo que los medios lanzan cuando alguno desaparece, no debe ocultarnos la feroz competencia por hacerse con las audiencias de los demás. Y el mejor exponente empresarial del "todo por la audiencia" es Arianna Hufftington. El excandidata a gobernadora tenía como lema "arregla el sistema" y ella se ha arreglado el suyo, desde luego. De eso no hay duda.

Exmujer de un magnate del petróleo y excandidata a gobernadora de California, hace siete años, en 2005, fundó la web The Huffington Post, el gran fenómeno mediático del nuevo siglo, un éxito de audiencia sin precedentes. Política, famosos, incorporación de legiones de blogueros, mucho debate, conversación abierta en la red y marketing viral fueron las claves de su fórmula maestra. En tan solo seis años, en mayo de 2011, arrebataba el liderato de los diarios en Internet a The New York Times.*

Ya lo comentamos hace unos días [ver entrada], el modelo Huffington es una aventura complicada para los medios europeos. La constante mención a cómo el Huffington Post ha arrebatado el “liderato” a The New York Times ignora que, por encima de las audiencias, el diario neoyorkino sigue estando a años luz informativamente hablando de lo que el Hufftington ofrece y que supone una apuesta distinta. Basta con ver las primeras páginas y los titulares de ambos medios para darse cuenta de por dónde camina cada uno de ellos.


La fórmula que el diario El País califica como “maestra” —“Política, famosos, incorporación de legiones de blogueros, mucho debate, conversación abierta en la red y marketing viral”, en su propia descripción— es un avance hacia fórmulas que acaban con los enfoques informativos tradicionales. Algunos dirán que los enfoque informativos tradicionales ya están muertos y es probable que sea cierto en algún sentido. Pero el modelo Hufftington es el de la consecución de audiencias, no el de la información.

El diario El País utilizó el verbo “tumbar” referida a la acción del tribunal, para titular la información en la que se notificaba el rechazo de las demandas de los blogueros, trabajadores voluntarios sin ánimo de lucro, algo reservado exclusivamente, según dejaba claro la sentencia, a Arianna Hufftington y sus accionistas. Pero los trabajadores sí querían obtener algo del beneficio que Arianna obtiene con el trabajo ajeno. Son múltiples las protestas y las críticas realizadas al modelo —al "fenómeno mediático del siglo", como lo llama El País— y a la musa Hufftington. Ignorarlo no es bueno ni objetivo. Tampoco descalificar a los trabajadores, a los freelances que contribuían a la entrada de dinero en la arcas de la "plataforma agregadora".
Este hecho —el tumbado judicial de las pretensiones de cobrar por tu trabajo— no podía dejarse fuera de la entrevista —aviso para navegantes— y la cierra:

Entra un mensaje en su Blackberry al final de la entrevista. Sus abogados le informan de que acaba de ganar el pleito que le montaron hace un año el ejército de blogueros impagados de su plataforma. En abril de 2011, un grupo de los que contribuyen sin cobrar a The Huffington Post demandaron a Arianna Huffington reclamando una parte del pastel tras la venta de la plataforma a AOL. Solicitaban 72 millones en concepto de compensación. Huffington sigue pensando que para la mayoría de sus blogueros es normal no cobrar porque la plataforma les da visibilidad. “No es distinto de cuando vas a una televisión o a la radio para participar sin cobrar”. Y se mantiene firme en sus postulados sobre la agregación de contenidos. The Huffington Post se nutre de muchas noticias generadas por otras webs, de las que publica un pequeño avance, y enlaza para que la gente pueda leer el contenido original. “Esto es la economía del enlace. La agregación es una parte muy importante del futuro”.*

Y es aquí cuando se nos muestra la faz solidaria de la amiga  del 15-M, del Occupy Wall Street, que es Arianna Hufftington, la musa de la izquierda liberal. Los blogueros no buscaban “compensación”, sino ser pagados por su trabajo. Esta venta de visibilidad, sitúa a Arianna más cerca del 1% que del 99. Y a los otros, los que trabajan para que ella sea más rica y pueda seguir inspirando e inspirándose, los deja en esa clase en vías de extinción por la que ella se lamenta.


La “economía del enlace”, como con gracia la describe la musa informativa, no es más que una fórmula parasitaria que los tribunales no pudieron parar en su momento más que en parte. Presupone que los demás elaboran las informaciones y tú das “un pequeño avance”, ya que es lo que la ley les permite sin tener que pagar por ello. Es la lucha que todos los medios de calidad han mantenido con aquellos que se aprovechaban de su trabajo. De esta forma, estos nuevos medios de la “agregación” se convierten en “portales” —en “índices” resumidos de los demás—, algo que no admitirán. Se saca el máximo rendimiento económico por la concentración de atención (gracias a la publicidad) con el mínimo esfuerzo. ¡Brillante y progresista! Pero que no se dé una vuelta por un campamento de “ocupas”, por si acaso.
La calidad la tiene el que es enlazado, no quien enlaza. La profesionalidad, quien paga a sus trabajadores y no el que se aprovecha del trabajo ajeno.

* "¿Norteamérica tercermundista? El País 8/04/2012 http://internacional.elpais.com/internacional/2012/04/04/actualidad/1333540150_907119.html

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