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lunes, 19 de octubre de 2020

Contra los valores de la libertad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La reacción francesa a la decapitación de un profesor tras enseñar las caricaturas de Mahoma en un clase sobre la libertad de expresión a manos de un joven musulmán ruso de origen checheno ha sacado a Francia de nuevo a la calle en una espiral sin fin desde que se produjo la matanza de los periodistas de la publicación Charlie Hebdo. Ocurre después de pocos días de otro atentado con motivo del aniversario y con la celebración del juicio de fondo.

La sociedad francesa toma conciencia de la importancia de la enseñanza en valores de libertad en la escuela republicana, que se sigue queriendo libre y laica. Los acontecimientos vienen a dar la razón a los avisos anteriores de Emmanuel Macron sobre la amenaza a las libertades de Francia desde una parte amenazante de la comunidad islámica que sigue en la radicalidad y la violencia. Acontecimientos como estos no solo no ayudan a la convivencia sino que, por el contrario, quitan razones a los partidarios de una sociedad más integrada y abierta. Pero es difícil defender la apertura cuando sirve para que crezcan los radicales. Son los partidarios de cerrar fronteras los que ven ratificados sus argumentos, haciendo crecer los enfrentamientos. 

En diversas ocasiones hemos insistidos en el control de las comunidades. Allí donde llega la inmigración, allí donde se establece, inmediatamente llegan los controladores radicales, los encargados de evitar el desvío o la integración que les haga perder poder sobre ellos. Se cera así una espiral difícil de controlar pues se genera miedo y recelo, algo que produce a su vez un sentimiento de rechazo que acaba siendo manipulado por estos maestros de la seducción ideológica, psicólogos perspicaces de las debilidades y que son requeridos muchas veces cuando las familias tradicionales perciben que sus hijos se "desvían" por los caminos de la droga y la delincuencia menor.

En La Vanguardia leemos:

“No consigo creer que haya podido hacer eso. Era un niño, tenía solo 18 años, alguien tiene que haberle empujado a hacerlo”, declaró al canal de noticias BFM-TV un tío del autor, quien envió condolencias a la familia y pidió perdón a toda Francia. “La comunidad chechena no es así”, aseguró.*

No sirve de mucho, la verdad. Lo hemos escuchado demasiadas veces en casos anteriores muy parecidos. Esta vez, además, las detenciones han ido hacia la familia del decapitador muerto por la Policía y del que no se puede decir "presunto" pues se encargo de publicitar su horrible acción, segunda fase del planteamiento terrorista para asegurarse la difusión y disfrute de aquellos que en silencio en Francia y más ruidosamente en sus países consideran una heroicidad merecedora del paraíso lo hecho por el terrorista islamista.

Francia lo ha tomado de forma unitaria y nacional, institucional. Es envidiable este sentido nacional francés, que cree en que el país no es cuestión de "sangre" o "raíces" místicas, sino de "principios", de "valores". Por eso, la reafirmación es necesaria y eficaz para reforzar los lazos y, sobre todo, mostrar y demostrar que no se va a ceder en los principios. Es lo que hizo el maestro en su clase sobre libertad de expresión.

En France24 se nos explica este sentido unitario frente a la barbarie dogmática y violenta:

En la noche de este viernes, el presidente Emmanuel Macron y políticos de todos los colores condenaron el acto, como un ataque contra los valores de Francia, su educación laica e igualitaria. "Fue asesinado porque enseñaba, porque explicaba a sus alumnos la libertad de expresión, la libertad de creer y la de no creer", expresó el mandatario del Elíseo, firme en que el terrorismo "no pasará".

Y es precisamente con ese sentimiento de libertad que ha amanecido el país este sábado, sobre todo los profesores del instituto de Bois d'Aulne donde enseñaba el maestro degollado, rindiéndole tributo con rosas y pancartas de 'Soy un profesor'.

En este punto va hacer hincapié el ministro de Educación Jean-Michel Blanquer, en una serie de reuniones con representantes de maestros y padres de estudiantes. Blanquer busca respaldar a la comunidad educativa, pero también insistir en que el compromiso del Gobierno es una enseñanza laica.

Al final esa es la cuestión de fondo de lo ocurrido. Cómo la libertad de expresión en un seminario sobre libertad y medios de comunicación pudo generar conciencia en unos; pudo provocar denuncias de padres con hijos de confesión musulmana, de hecho el senador Bruno Retailleau informó que el profesor fue objeto de amenazas durante varios días tras enseñar las caricaturas; y pudo, en última instancia, derivar en un ataque con un cuchillo de grandes dimensiones.** 

En muchas ocasiones hemos hablado del drama de las personas laicas en las sociedades que las consideran unas voces peligrosas y disonantes. Desgraciadamente, muchas personas que son las que dan la batalla en sus países de origen acaban en la cárcel, en el exilio, desaparecidas o asesinadas por locos como el asesino decapitador.

Es allí donde hay que poner el énfasis porque su lucha solitaria va por mal camino, atacados en su sociedad e ignorados por la comunidad internacional que prefiere crear lazos económicos con sociedades retrógradas y autoritarias pero forradas de petrodólares. Los bailes de la espada del presidente Trump dejaron claro que nadie iba a tocar esas relaciones, pese a que los legisladores norteamericanos siguen intentando sacarles los colores con la cuestión de los derechos humanos, algo que a estos autócratas les trae al fresco, como bien señaló el presidente de Egipto, Al-Sisi, "cosas de occidentales".

Las prédicas de aquellos que abogan por la superioridad religiosa y la conquista final del mundo, como pregonan muchos de estos "amigos" desde las mezquitas —de sus países o en Europa— los viernes es una realidad incómoda pero ineludible. Esos imanes furiosos forman sus propias redes de radicalización en constante reorganización, camino de las nuevas comunidades que deben ser vigiladas.

En muchas ocasiones hemos advertido aquí de este peligro que supone la nueva radicalización organizada o tolerada muchas veces desde el poder, que se quita a sus elementos más radicales sacándolos del país o haciendo que se vayan. De esta forma, los radicales acaban con sus papeles de refugiados perjudicando a los verdaderos refugiados.

No hace falta que haya mucha gente para organizar un atentado. Bastan unas cuantas personas y un cuchillo. Las personas son los susurradores, los que acaban empujando a personas con enorme inmadurez, criadas en un sentimiento agresivo y victimista a los que se les da la oportunidad de hacer algo "valioso" a los ojos de su comunidad. Si no lo hace uno, lo hará otro porque solo hace falta una mano y una mente dirigida a distancia. Esto puede ser en su casa o en los grupos de internet, en una cárcel o en una mezquita. Las preguntas sobre la radicalización siguen sin tener una respuesta que, por otro lado, no es necesaria. La sabemos, como la sabe la propia comunidad que les teme y que temen verse señalados si se enfrentan a ellos.

El número de detenidos es elevado para este tipo de acontecimientos:

El número de detenidos por el atentado terrorista del pasado viernes en Francia subió a once tras el arresto de dos personas más durante la noche del sábado y la mañana de este domingo, informaron fuentes judiciales. Una persona del entorno del autor fue arrestada hoy, después de que una décima había sido arrestada en la noche del sábado.

[...] Los otros detenidos son los padres, un abuelo y el hermano menor del autor, el padre de una alumna del instituto de la víctima (que publicó varios vídeos en redes sociales denunciando al profesor y dando información privada sobre él), un conocido agitador islamista y varias personas del entorno del terrorista.* 

Es un entramado muy complejo y compacto, que define perfectamente los entornos del asesino y parece apuntar al sacrificio del hijo por parte de la familia, para hacerse respetar por su comunidad. No olvidemos que muchos lo celebrarán como un honor familiar, como un prestigio por el héroe caído en defensa de su fe. Por más que las palabras del tío del criminal vayan en un sentido, todo parece ir en otro, el de un ambiente cerrado y radical, de respuesta inmediata y un joven empujado, como señala su tío, que le ha visto las orejas al lobo y se ha anticipado a que le pregunten. Ese "empujón" de alguien, al que hace referencia el tío, no hay que irlo a buscar muy lejos por los detenidos: familia cercana, grupo del colegio y conexión con el imán radical que será el pivote sobre el que gire todo. El tío es el que parece fuera de juego, ignorante de la forma de pensar del resto.

El diario Egypt Independent da la noticia con información de AP y se refiere a las condenas de los imanes de la zona:

Anti-terrorism prosecutor Jean-Francois Ricard said an investigation for murder with a suspected terrorist motive was opened. At least four of those detained are family members of the attacker, who had been granted 10-year residency in France as a refugee in March, was armed with a knife and an airsoft gun, which fires plastic pellets.

His half-sister joined the Islamic State group in Syria in 2014, Ricard said. He didn’t give her name, and it wasn’t clear where she is now.

The prosecutor said a text claiming responsibility and a photograph of the victim were found on the suspect’s phone. He also confirmed that a Twitter account under the name Abdoulakh A belonged to the suspect. It posted a photo of the decapitated head minutes after the attack along with the message “I have executed one of the dogs from hell who dared to put Muhammad down.”

The beheading has upset moderate French Muslims. A group of imams in the Lyon region are holding a special meeting Sunday to discuss together what the group called “the appalling assassination of our compatriot by a terrorist who in the name of an uncertain faith committed the irreparable.”***

 

Esperamos sus reflexiones sobre el crimen. Y algo más sobre los fieles que les siguen o que se buscan otros más radicales y menos "franceses". Los conflictos en las condenas no se suelen producir tras los atentados. Lo importante es lo que se hace antes para evitar que estos se produzcan. En septiembre, la Universidad de Al-Azhar seguía condenando la cuestión de las caricaturas cuando empezó el juicio y volvió a salir de nuevo el tema. Una buena ocasión para haberse sido prudentes. este es el segundo atentado desde entonces. No creo que haya una conexión directa, pero sí un clima de opoinión, por decirlo así.

En Egyptian Streets podemos leer la condena del Gran Muftí: 

Egypt’s Grand Mufti Shawki Allam condemned the recent terrorist attack of a school teacher on Friday in Paris, after he was beheaded for showing caricatures of Prophet Mohamed.

According to police sources, the knifeman yelled “Allahu Akbar” (“God is Greatest “) as he attacked the teacher, and fled after the attack but was later found nearby area of Éragny.

“This crime is rejected by Islam and this act cannot be justified, because Islam has called for the protection of human life,” Allam said.

He further called for French government to not hold Islam and Muslims accountable for a “criminal act by an extremist,” and to enforce hate speech laws to prevent the spread of hate speech against Muslims.****

 

De nuevo nos encontramos que el conflicto permanente: el rechazo de considerar como una consecuencia del radicalismo islámico el hecho criminal. La preocupación es más por un lavado del hecho que por el radicalismo que lo que ocasiona. El argumento teórico está muy bien, pero se muestra improductivo, inútil para evitar más acontecimientos de este tipo, en donde el criminal se percibe como un santo y un mártir redimido por su crimen.

La hermana del terrorista pertenece al "Estado islámico", expresión que tampoco gusta porque, en la teoría, un "estado islámico" es "perfecto" y una aspiración general, ¡cómo no! de todo creyente. El problema es siempre el mismo, entre el ideal de lo que no debería ocurrir y la realidad triste de lo que realmente ocurre. Difícilmente se podrá entender lo que significa la "libertad de expresión" o de conciencia cuando se encarcela, como en Egipto mismo, a los ateos, considerados lo peor que se puede ser, responsables de todos los males sobre la faz de la tierra. El salto de la moderación al radicalismo es demasiado sencillo y frecuente. Basta con encontrar a las personas adecuadas para lograr manos ejecutoras de crímenes.

La batalla francesa es la de la libertad y como tal debe ser apoyada por todos porque hoy es Francia y mañana España, Bélgica, Alemania, Italia... Para ello hay que apoyar a los que de verdad aspiran a países con libertad de creencias, que sean capaces de aceptar que en su suelo se pueda ser libre de creer o de no creer, como ha señalado Macron.

El problema es obviamente que esa libertad no existe en ningún país musulmán o, peor, se está en claro retroceso, como ha ocurrido en la Turquía de Erdogan o en el Egipto de al-Sisi, que han apostado por el control religioso y a definirse como la "moderación" frente a sus enemigos "radicales", por no hablar del resto, con saudís, qataríes, sirios, libios, etc. que compiten cada día en su ortodoxia para mantener controladas a las masas que otros les agitan por debajo y en el exterior a los que salen.

La defensa de las libertades y valores es esencial para poder frenar el avance del integrismo al que las palabras de distanciamiento no les importan, convencidos como están, de ser los auténticos portadores de la verdad frente a los enemigos y los traidores.

Los valores de Francia son los valores de Europa, de nuestra Unión. Necesitan ser tomados en serio, no rendirse porque son las ideas que nos definen y a las que no debemos renunciar. Frente a la intransigencia y la violencia radical, frente al dogmatismo irracional, los valores de la libertad, del pensamiento, de la solidaridad.

No es casual que haya sido un maestro, como otras veces han sido periodistas. Son las caras visibles de nuestros valores, los que los comunican y los hacen llegar en un aula o en una página de un periódico o desde un plató de televisión.

Todos debemos estar con este maestro que no tenía miedo, con su familia, sus alumnos, sus compañeros. Hay que estar con Francia y con todas las personas que defienden sus valores, que son los nuestros.

 

* "Se elevan a once los detenidos por el último atentado islamista en Francia" La Vanguardia / EFE 18/10/2020 https://www.lavanguardia.com/internacional/20201018/484154139120/once-detenidos-atentado-islamista-francia.html

** "Nueve personas detenidas por la decapitación del profesor francés que mostró a Mahoma" France 24 17/10/2020 https://www.france24.com/es/francia/20201017-francia-decapitacion-profesor-detenidos-homenaje-nacional

*** "France demonstrations pay tribute to beheaded teacher" Egypt Independent / AP 18/10/2020  https://www.egyptindependent.com/france-demonstrations-pay-tribute-to-beheaded-teacher/

**** "Egypt’s Mufti Condemns Killing of French Teacher For Prophet Muhammed Caricatures" Egyptian Streets 17/10/2020 https://egyptianstreets.com/2020/10/17/egypts-mufti-condemns-killing-of-french-teacher-for-prophet-muhammed-caricatures/

domingo, 17 de enero de 2016

Hay destinos mejores, Charlie

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Con la misma energía que dedicada a defender su existencia en nombre de la libertad de expresión, la revista Charlie Hebdo debe asumir el derecho a criticar su trabajo con toda la contundencia que se estime necesario por parte de aquellos que creen que se equivoca. Y yo lo creo.
Charlie Hebdo no es el faro intelectual de Occidente ni de las libertades. Es solo una luz más en un horizonte plural. Cuando se ha dicho "Yo soy Charlie Hebdo" no se ha querido decir "yo pienso como Charlie Hebdo" o "estoy de acuerdo con Charlie Hebdo", algo que hemos señalado varias veces. En ellos no se ha visto ese faro que algunos pretenden sino solo su derecho a no ser agredidos y asesinados por sus ideas. En la libertad de expresión que se reclamaba para ellos está inserta la que implica el derecho a expresar la discordancia con sus ideas, el derecho a criticarlas como ellos critican a los demás. El estilo con que se haga oscilará entre el insulto y la querella y definirá el grado de civilidad de quien lo haga, su mejor o peor estilo, su talante. No son héroes; solo víctimas de la intransigencia.
Charlie Hebdo puede ser víctima y hacer a otros víctimas de sus prejuicios. Haber sido atacada por unos pocos y defendidos por muchos no les hace más sabios. En todo caso, debería haberlos vuelto más responsables.


El uso de la imagen del niño Aylan,  muerto sobre las arenas de una playa turca mientras trataba de huir con su familia de Siria, para señalar que en el futuro, de no haber muerto, sería un acosador sexual en Alemania, es de una gran bajeza moral, de un pésimo gusto y una gran injusticia.
Lo es esencialmente por el hecho de que el niño muerto nunca llegará a serlo, algo que convierte al dibujo en una gran mentira predictiva. Se dirá que es un símbolo y que ese niño representa a los vivos, pero eso lo convierte en algo todavía peor. Lo convierte en un gigantesco e infame prejuicio racista y xenófobo, una versión de la declaración custeriana de que el único árabe bueno es el árabe muerto.
La función de la sátira era la reforma de las costumbres; esa era su justificación moral. En la caricatura de Charlie Hebdo no hay reforma sino una condena del presente en función de un futuro, por definición, inexistente. La forma de evitar ese futuro es que no pasen de esa playa, podría ser la lectura final. De no hacerse así, eso espera. Es una llamada a lo mismo que se defendió cuando les atacaron: a la intransigencia. 
Los que vivimos en un sistema de libertades podemos permitirnos el lujo olímpico de despreciar esa imagen y esas conclusiones. Entre el simple desprecio y la condena moral, que cada cual elija la fórmula que le apetezca. Los que la aplaudan, racistas y xenófobos, allá ellos.


Pero en aquellos espacios en los que algunos tratan de cambiar las cosas y mejorar sus sociedades, la cuestión se plantea de otra manera muy diferente. Ha suscitado desde defensas del "hombre árabe" ("In Defence of the Arab Man: An Egyptian Feminist in Germany", en Aswat Masriya, firmado por la activista egipcia Dina Wahba) a reescrituras gráficas, como la realizada por la reina Rania de Jordania en la que el niño muertos crece y se transforma en un médico. Ambas han sido recogidas en Egyptian Streets.


El episodio de la Nochevieja en Colonia ha conseguido ser manipulado por aquellos a los que les interesan estos sucesos, a los envenenadores de las relaciones y, por ello, destructores de un futuro mejor para todos que morir en una playa o ser encerrado en una cárcel del país de recepción.
Para los xenófobos europeos (o norteamericanos, dado el papel que juega el tema de los refugiados en la campaña electoral de los republicanos) es una forma de expresar el futuro de las agresiones como el caos. En Alemania se han disparado las ventas de espráis de pimienta. De ser los Estados Unidos, como ocurrió tras el atentado de la pareja en San Bernardino, serían las armas de fuego las que habrían elevado sus ventas. También los vendedores de miedo han aumentado sus beneficios políticos, como los grupos nacionalistas en distintos países que han usado estos acontecimientos en su beneficio: todo lo que viene de fuera es malo. Incluso países considerados tradicionalmente como progresistas, se han revelado como profundamente racistas, elevando barreras y tomando media. Comenzaron a crecer con la xenofobia con los emigrantes europeos y ahora la han trasladado con algunos mínimos retoques en el discurso del odio a los que llegan del mundo árabe. Antes eran antieuropeos; ahora son defensores de la lucha de civilizaciones y están muy preocupados por la identidad europea. ¡Paradojas dinámicas de la política!

La caricatura ha dejado felices a los múltiples enemigos de la libertad en los países árabes. Les demuestra una vez más que son indeseables, que no se les concede una posibilidad mínima de cambio, que sus luchas no tienen sentido y que deben aceptar su destino oscurantista
Es esto lo más peligroso de todo porque les resta la posibilidad de actuar en un escenario en el que defender la democracia les vale la acusación de occidentalistas, de gente pervertida por aquellos que les desprecian. ¡Más islam y menos democracia!, gritan los fundamentalistas, ¡menos constituciones y más Corán! Eso le gritan a los demócratas, laicos, a las feministas... ¡Cuantas más barreras mejor! ¡Rechazadlos, no permitáis que vayan con vosotros y se nos escapen!
Esos gritos los hemos escuchado ya y se repiten cada vez que Occidente cierra las puertas físicas e intelectuales, levanta fronteras y cierra diálogos con aquellos con los que es posible dialogar y a quienes se les niega la oportunidad de hacerlo al meterles a todos en el mismo saco del destino irrevocable. 
La caricatura del niño muerto es amplificada por el recuerdo intenso de la fotografía que conmovió a todos y fue interpretada de distintas maneras. Sin embargo, su caricatura solo puede serlo en una: rechazo. Las operaciones retóricas hacen que si una mayoría de personas apoyaron en su momento a la publicación al ser asesinados en atentado sus redactores y dibujantes, ahora se vea a todos ellos como responsables y apoyo de la nueva caricatura. No se entiende la sutileza de defender un principio aunque se desprecie el mal uso de él. Esas son distinciones muy occidentales, ejercicios mentales.


El acoso y abuso sexual es un mal en los países árabes, sin duda. Y sin duda debía venir con muchos de los que llegaban, que no son santos por el hecho de ser refugiados, sino un flujo de desplazados que vienen con los mismos pensamientos con los que salieron. Tanto los que defendían valores democráticos como a los que simplemente hacen algo tan humano como huir de la muerte.
Las medidas que se deben tomar son las necesarias para evitar que se repita lo de Colonia o cualquier otro lugar porque evidentemente la legalidad y la costumbre de donde se está deben ser respetadas, como lo deben estar en su propio territorio. Uno de los mayores reparos morales ante la caricatura de Charlie Hebdo es que considera que el acoso sexual es una costumbre y no una forma de agresión en sus propios escenarios. De alguna forma implica un hacedlo allí de donde venís, que es absolutamente inmoral en su planteamiento.
No es fácil pensar en un mundo global; mucho menos actuar en él, tomar decisiones. Lo que hacemos y decimos tiene una amplificación inmediata y una respuesta. Creer que Europa puede levantar barreras físicas como para evitar los efectos de los conflictos que están en nuestras puertas es ilusorio. Y suicida en muchos aspectos.


¿Están en la Europa que queremos para el futuro el racismo y la xenofobia como principios rectores de nuestra identidad o preferimos otro tipo de descripción de nosotros mismos? No hay que caer en complejos y defender otra visión de lo que pueden ser las relaciones en un mundo cambiante. Los males del mundo árabe son conocidos y padecidos por ellos mismos. Pero si los hacemos extensivos a su propia identidad no hacemos sino reforzar las distancias y debilitar a los que quieren salir de sus condiciones negativas. Por eso se hicieron las revoluciones, para intentar cambiar algo. Hacia dónde es la lucha que se sigue desarrollando y en la que podemos y debemos participar de otra manera, no solo condenando desde el exterior.


Aquí llevamos años escribiendo sobre los problemas del acoso sexual en países como Egipto. No nos sorprende lo sucedido en Colonia. Pero también sabemos que hay muchos miles de hombres y mujeres comprometidos con cambiarlo en sus países, que se enfrentan a la indiferencia de las autoridades pero que no por ello han dejado de crecer y luchar por mejorar sus países. La caricatura condena sus esfuerzos porque viene a considerar el acoso una especie de destino ineludible que solo puede ser detenido por la muerte en las arenas turcas.
No, Charlie Hebdo no tiene razón. No voy a negar su derecho a pensar como quieran, pero nadie va a negar el mío a decir que creo que se equivocan en el fondo y en las formas. Prefiero pensar que hay niños que se pueden salvar de ese ambiente que les anima a hacerlo.
Es evidente que Europa no está preparada para recibir un flujo de refugiados y emigrantes en estas cantidades. No me refiero en el terreno económico o de alojamiento, sino en la forma de pensar estos fenómenos reales. La situación de millones de personas ya no es algo que se ve en las noticias sino algo que nos llega hasta las mismas puertas y nos muestra la urgencia de encontrar soluciones ante un conflicto de una enorme crueldad y una duración excesiva en el tiempo.


Es dudoso que lo que están intentando los países de la zona, comandados por Arabia Saudí, sirva para algo en este contexto actual. No les preocupa tanto la resolución del problema como lo que nos hemos habituado a llamar el poder o la influencia en la zona. No se trata de otra cosa. Por eso no hay posibles acuerdos a la vista y habrá que presionar mucho para que se resuelva de una manera que satisfaga a alguien. ¿Qué significa paz allí? ¿Qué significa paz con tres guerras superpuestas: la turco-kurda, la de los rebeldes y el Estado Islámico contra el régimen de Al-Assad, y la de Occidente contra el Estado Islámico? ¿Qué significa paz con Turquía, Irán, Arabia Saudí, Rusia, Estados Unidos... queriendo controlar lo que salga de allí?


Lo que sí es evidente es que el conflicto no se va a solucionar por una cuestión humanitaria que conmueva los corazones de los que van a luchar allí o de los que defienden un régimen matando a sus propios paisanos. Esos corazones hace mucho tiempo que están secos; hace mucho que dejó de importarles el destino de los que sufren el castigo de su crueldad. ¿Qué paz puede salir de allí masacre tras masacre, día tras día acumulando odio?

Por eso es importante gestionar bien el exilio de los refugiados, separa el trigo de la paja. No encerrarles en un destino oscuro a los que salen de la oscuridad cruel y absoluta. No, Charlie Hebdo no tiene razón porque si la hubiera no habría futuro para nadie. Dejemos al menos un resquicio de esperanza de cambio pensando que hay muchos millones de personas que quieren, que desean destinos mejores para sus pueblos que los actuales, que desean salir de los vicios y violencia que padecen y mejorar sus países. Debería haber para ellos —para todos— un destino que mejor que acabar muertos en una playa.





sábado, 17 de enero de 2015

La convivencia en un escenario común

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En estos días se acumulan las reflexiones sobre la libertad de expresión y sus límites. Se hace desde perspectivas muy diferentes y en contextos que difícilmente pueden ser equiparables, por lo que se parece mucho a un diálogo de sordos. Los hechos parecen demostrarnos cada día un problema de fondo: lo que antes eran esferas separadas, mundos paralelos, son ahora un escenario común en el que se representan distintas obras. Todos estamos sobre las mismas tablas, con libretos diferentes. El resultado es esta cacofonía sangrienta, este estado de máxima irritabilidad donde lo que escuchamos de los otros no nos gusta.
Esta nueva pequeñez del mundo tiene su primer efecto en lo que llamaremos el problema del tabique fino, es decir, la vecindad obligada por nuestra proximidad y la intensidad de las relaciones internacionales. El mundo se ha hecho pequeño por las comunicaciones nos convierten a todos en miembros de un mismo auditorio y se ha hecho también pequeño por las facilidades de movimiento que hacen que cada país contenga en su interior parte de otras comunidades culturales. Comunicación, migración y transporte fácil crean en su conjunto una situación de vecindad permanente que es difícil de obviar cuando se producen conflictos.

La rapidez con la que viajan las comunicaciones no es la velocidad con la que se transforman las mentalidades, que lejos de hacerse convergentes en el diálogo se pueden radicalizar en las fricciones. El diálogo es menos intenso que la discusión, por decirlo así. O al menos las discusiones se realiza en un tono más alto y estridente.
Para muchos, este contacto de las culturas es un problema en sí mismo. La universalidad que hemos otorgado a los Derechos Humanos está lejos de ser verdaderamente "universal". Surgen y sirven para defender unos ideales en un contexto determinado. Y surgen, evidentemente, porque son necesarios, por la existencia de un déficit.
Es de nuevo evidente que no se aplican los mismos parámetros para medir los efectos de las mismas acciones. Cuando el mundo era grande, esto carecía de importancia porque las distancias físicas y comunicativas atenuaban las reacciones. En el mundo era posible lo exótico y no se pensaba que las diferencias culturales fueran trascendentales, sino lógicas diferencias producto de la distancia y de las diferentes velocidades de la Historia. Hasta hace poco, muchos viajaban buscando las diferencias y los que los acogían los veían las más de las veces como curiosidades. No se percibía como una agresión la diferencia, sino como una producción de la Historia.

Ejemplo de mala titulación "totalitaria"
Pero nuestra percepción ha cambiado y hoy consideramos que la globalización comunicativa y móvil nos encamina hacia una convergencia igualitaria. Han aumentado los contactos de todo tipo (económicos, culturales, militares, etc.) y la gente ya no vive en sistemas cerrados a menos que se intenten bloquear, como ya hacen algunos países, que no están dispuestos a ser contaminados desde el exterior. Los organismos internacionales plantean exigencias a los países de respetos de los estándares internacionales, como los Derechos Humanos. La movilidad y la comunicación permiten las comparaciones y las percepciones de las diferencias existentes entre los sistemas políticos y culturales. Y eso ha abierto brechas internas y provocado fricciones externas.
Las personas que se manifiestan violentamente, quemando banderas y demandando venganza por la publicación de unas caricaturas, enjuician el mundo desde una perspectiva específica. Los que realizan las caricaturas no tienen en mente que sus destinatarios sean esas personas que no comparten sus criterios sobre el humor y los temas sobre los que se ejerce.


El debate sobre los límites de la libertad de expresión no tiene demasiado sentido en este contexto de distancias perceptivas y diferencias de valores. Se ha conseguido que una publicación de 60.000 ejemplares salga a la calle con cinco millones no porque haya un interés específico en la representación burlesca de Mahoma, algo que no importa al 99% de sus lectores, sino porque se ha sentido que una parte del mundo trata de imponer a la otra su forma de pensar y sus límites. Al no haber concordancia en los límites, se produce una retroalimentación, con lo que se llega a una espiral. La publicación se reafirma en su libertad y el otro lo percibe como una insistencia en la ofensa.
Lo que los millones de personas han salido a defender a la calle no es la gracia mayor o menor de unos chistes determinados. Mucha gente no comparte ese sentido del humor, por eso la revista tenía 60.000 ejemplares de tirada y no cinco millones, como ahora. La gente que ha hecho cola para conseguirla estaba mostrando su apoyo a su propio sistema de libertad y, especialmente creo, a la forma de resolver conflictos.

El debate sobre la libertad de expresión y sus límites es claro. Sobre todo lo es en su forma de resolver los inevitables conflictos que se plantean con frecuencia. Toda libertad tendrá sus límites, pero tiene sobre todo su forma de establecerlos. Nuestro sistema no depende de las iras populares, sino de los jueces, que es ante quienes se debe reclamar si alguien se considera injuriado y quienes deben establecer las acciones que se han de tomar. Pero esas "iras populares", a su vez, van encabezadas muchas por clérigos que ejercen en su sistema el papel de jueces y a quienes se sigue en sus fatwas. Nos es ajeno ya el sistema de lanzar proclamas pidiendo venganza y prometiendo el paraíso a los que maten a los blasfemos. Lo abandonamos hace ya algunos siglos y no es compatible con nuestro sistema de pensamiento actual. Consideramos un peligro a las personas fanáticas que quieren hacerlo y las llevamos ante los tribunales para que los jueces dictaminen.
He leído muchos artículos publicados en medios árabes conteniendo razones genéricas sobre la libertad de expresión. La mayoría condena los ataques, pero algunos contienen  justificaciones implícitas por las ofensas a Mahoma y a la religión, algo que —dicen— les hace sentirse ofendidos como musulmanes. "El profeta", señalan, "es una línea roja". No entienden el sistema retórico que lleva a personalizar en Mahoma lo que muchos de ellos, en cambio, consideran que es una perversión radical de sus doctrinas. No entienden que "Mahoma" sea representado, primero, y mal interpretado, después. "Occidente", dicen, identifica a "Mahoma" con los "integristas" y los "terroristas", algo que no entienden y les parece un gran error perceptivo y un insulto indiscriminado, que afecta al musulmán que no se mete con nadie.
Además, piensan muchos, eso da alas a los más radicales, que les ponen entre la espada y la pared acusándolos de "malos musulmanes" si no protestan también. El caso, piensan, ayuda realmente a que los más radicalizados se pongan al frente de cada vez más gente, a las que les resulta más fácil enganchar y manipular. Eso no ocurre solo en lugares atrasados, en montañas y valles perdidos, en lugares remotos, sino en gente formada en escuelas de Francia o Inglaterra, de Bélgica o Alemania. Esto último nos resulta incomprensible y todavía se está procesando para tratar de asimilarlo.

Pero esto es solo una parte del problema. Podría tratarse solo de la cuestión de la "representación gráfica del profeta", pero no es así. La radicalización de una parte del mundo islámico es evidente —Al Qaeda y el Estado Islámico, Boko Haram, etc. no son invenciones—y la padecen ellos los primeros. Por cada occidental muerto hay miles de musulmanes que han caído en sus propias tierras víctimas de la intransigencia radical. A muchos de esos muertos tampoco les hacía gracia la cuestión de las caricaturas, que no es un indicador de radicalismo, sino una tradición cultural propia.
Tampoco es cierto que "el profeta sea una línea roja". Aquí mismo traemos con frecuencia las detenciones y condenas a largas penas de "ateos", que no se han metido con "Mahoma" sino que sencillamente no tienen ninguna creencia y sostienen su derecho a seguir así. Aquí no hay ofensa a nadie, sino un derecho a la libertad de conciencia. Pero eso también parece ser otra "línea roja".
De la misma forma que lo hemos criticado, hemos sido rotundos con los que han usado los ataques a las religiones como mera provocación, como el caso del reverendo Jones, un tarado con ganas de notoriedad que hizo un juicio al Corán y quemó ejemplares. Hace ya algunos años escribimos una entrada del blog titulada "Sobre el respeto y la burla". Recogía las palabras de una antigua alumna que pedía simplemente que no se burlaran de su religión. Me parece razonable distinguir entre el humor y la crítica y la burla, que lleva una intención diferente, por un lado, y más si se hace extensiva a un conjunto de personas que no son responsables de lo que hacen otros. Decía —y lo sigo pensando— que se pueden ejercer todas las críticas a lo que consideramos negativo sin llegar a la burla, que afecta a personas que no se sienten responsables de los motivos que se alegan para realizarla. Piden que no se identifique sus creencias con otras que ellos mismos consideran aberrantes.


Unos días antes de la matanza de la revista francesa publicamos un texto señalando que "el humor viaja mal", tratando de señalar las grandes diferencias culturales que se dan en su interpretación y valoración. Lo hicimos igualmente cuando apareció la nueva portada de Charlie Hebdo, señalando que era "incomprensible" en términos interculturales. Que lo que a muchos les parecía un gesto de "paz" que intentaba distanciar a Mahoma de los extremistas, sería malinterpretado como una nueva ofensa. Así ha sido.
La petición de la Universidad de Al-Azhar de que se "ignoraran" las nuevas caricaturas no ha sido la tónica general, sino que se ha utilizado por algunos para echar gasolina al fuego antioccidental para rentabilizar la irritación.

Volvemos de nuevo a la idea de diálogo imposible del principio. ¿Es imposible el diálogo? Lo primero es que "diálogo" es solo una metáfora; nadie está "dialogando". Solo se está usando la "imagen estereotípica" del otro para reafirmar las ideas propias. El radicalismo islámico está encantado con que sigan saliendo este tipo de caricaturas, cuantas más mejor. Son la mejor propaganda para ellos; les permite convertirse en abanderados de la religión, en defensores del profeta. Además tiene un efecto secundario: los moderados se ven desbordados por las presiones que les llegan desde las agitadas calles y se ven obligados a radicalizarse para evitar ser acusados de cómplices de blasfemos o de apóstatas. Eso hace que quien realmente salga fortalecido sean los radicales, que ganan terreno. Se le ha dado sentido a su cruzada y les ha quitado argumentos a sus enemigos.
Un elemento que se vive como un agravio surge de la pregunta de por qué en Occidente se penaliza al que duda del holocausto judío y se condena el antisemitismo y no se hace lo mismo con los que atacan la religión islámica. Es una buena pregunta, pero es una pregunta mal formulada. Distinguimos las críticas de lo que es el enaltecimiento del odio y la muerte. Por eso se ha sido firme en la condena de la "islamofobia", que sería el equivalente al "antisemitismo". Podemos criticar o ensalzar una religión, pero no está permitido ensalzar una matanza de millones de personas, ni se admite justificación alguna que siembre el odio o niegue los hechos y trate de crear el contexto para que se repitan.
Recogimos aquí hace tiempo, la reacción de las autoridades de las escuelas de la ONU en Gaza cuando se intentaba manipular los libros escolares de historia negando el holocausto judío. Los responsable de las escuelas reaccionaron inmediatamente porque no estaban dispuestos a que en sus aulas se alentara el odio negando la muerte de millones de personas.


La misma manifestación de autoridades en París se ha percibido de forma diversa y preocupada por muchos. La asistencia de figuras políticas —las califiqué como con poco pedigrí en la defensa de la libertad de expresión para estar allí— como Recep Tayyip Erdogan y otros que encarcelan periodistas se ha percibido como una burla siniestra por parte de los que luchan en sus países para tener verdadera libertad de expresión. Verlos ahora del brazo de otros líderes mundiales, recibiendo el aplauso del público al pasar, ha debido sentar muy mal en algunas cárceles pobladas de periodistas y discrepantes. También ese mensaje se ha enviado mal y François Hollande, como organizador, ha pecado de ingenuo al llevar del brazo a dictadores con delirios de grandeza democrática. Hay que tener cuidado con estas cosas porque el rendimiento que le pueden sacar algunos es muy grande. Vivimos en un mundo de signos y todo símbolo es manipulable.
En lo que hay que trabajar es en evitar los malentendidos. Es sorprendente que en una época de globalización, de informaciones que cubre la totalidad del globo en segundos, sin embargo, se cometan los enormes errores que dificultan la comunicación intercultural. Necesitamos comprender más las culturas de las que hablamos con un desconocimiento profundo y una ligereza mayor.
Sabemos distinguir un "nazi" de un "alemán" y eso ha permitido reconstruir Europa y convivir. Cuando se representa a Angela Merkel, por ejemplo, como un "nazi", como es frecuente en caricaturas y pancartas callejeras, estamos retrocediendo en nuestra visión del mundo y estamos insultado injustamente a muchos alemanes, a los que no le hará gracia la comparación. A algunos les parecerá "gracioso"; a otros muchos  no.


Estamos empezando a distinguir "islam" de "islamismo". Estamos obligados a evitar caer en los estereotipos, que funcionan en ambos sentidos. Para los fundamentalistas islámicos, "Charlie Hebdo" es "Occidente", porque así quieren que sea, como los inocentes clientes franceses de un supermercado judío son "Israel" para ellos. Matar no requiere más que esa ampliación del contenido de la metáfora, cambios en el significado de las palabras. Podemos pasar del "nazi" a "Alemania", del "terrorista fundamentalista" al "árabe"; de "judío" al "sionista". Son operaciones retóricas en las que incluimos más de la cuenta y cuyos resultados son imprevisibles. O, desgraciadamente, demasiado previsibles. Llamar a las cosas por su nombre y saber qué significan esos nombres es un primer paso. Los radicalismos buscan, por el contrario, ampliar los sentidos para aplicarlos al mayor número de personas y rentabilizar así sus odios y prejuicios.
La gran mayoría de las personas apuestan por la convivencia y quieren vivir en paz. Pero los intereses para que esta no se produzca son también grandes. Hay que tener mucho cuidado porque las primeras víctimas que van cayendo en los países árabes son aquellos que abogan por el diálogo y la convivencia. Ellos son el primero objetivo y el más indefenso.
Cada oportunidad que se da a los radicales es un retroceso en la convivencia de todos, pues todos pasamos a estar en esas "categorías", cada vez más reduccionistas, con las que se representa al "otro" satanizándolo. En este conflicto abierto hay muchas cosas que se pueden hacer porque nos afectan a todos. No debemos renunciar a nuestras libertades, pero tampoco a nuestra inteligencia.




miércoles, 14 de enero de 2015

El niño que llevamos dentro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Acabo de escuchar en Euronews las palabras de la presentación del número de Charlie Hebdo que saldrá a la calle hoy mismo. Escuchando a Luz, el dibujante que ha realizado la portada, definiéndose como un niño al que le gusta dibujar, ver el mundo desde otro lugar. "Supongo", dice, "que los terroristas habrán sido alguna vez niños a los que les gustaba dibujar". Describe así una teoría clásica sobre el artista y su relación con el mundo; es una relación que le sitúa en la infancia, un momento de la vida en el que la sorpresa hace ver las cosas desde ángulos insospechados para el adulto. El artista vive en ese tiempo detenido y fresco, irreverente y juguetón, en una infancia constante combatiendo la seriedad del mundo.
Escuchándole percibes la distancia entre el artista y el terrorista. La cuestión sobre la infancia del terrorista es ingenua y revela precisamente esa distancia. Podemos apelar a la infancia como espacio de inocencia, considerar que el arte es juego. Sin embargo, el fanatismo es lo contrario de la infancia; es un espacio rígido, sin esa capacidad de ver el mundo de otra manera, como es característico del artista, esa dislocación de la mirada, el distanciamiento. El fanático, el integrista —político, religioso, etc.— ha perdido la capacidad elástica de adaptarse al mundo y tiene la pretensión de que el mundo se adapte a él. Es la intransigencia que comienza por él mismo y que extiende a los demás. 

Ayer criticábamos el titular de El Periódico por su señalamiento simplista de que una niña de diez años "mata" a veinte personas haciéndose estallar y nos preguntábamos sobre la muerte previa de esa niña, ¿quién la había matado a ella antes? Hoy el diario El Mundo trae hoy la noticia de la difusión de un vídeo del Estado Islámico en el que un niño de diez años da ajusticia a dos supuestos espías rusos capturados. Es, dicen, un aviso a Occidente para que no vayan allá a espiar su paraíso en la tierra.
La muerte de la infancia es un objetivo prioritario del fundamentalismo. Esa infancia abierta, irreverente, elástica, que tiene en mente el dibujante de Charlie Hebdo, esa regresión constante del artista al mundo regido por el principio del placer freudiano, esa infancia creativa, no existe en la mente del fundamentalista. Por el contrario, la ve como una aberración, un mal que hay que extirpar. En su pragmatismo brutal, los fundamentalistas buscan matar esas virtudes que en nuestra ingenuidad pensamos universales, valores de una infancia al alcance de todos. 
Como han hecho todos los fascismos —pensemos en las Juventudes hitlerianas—, hay que coger a la gente inmadura, acrítica, manejable, para evitar disidencias en el futuro. Un adoctrinado hoy es un soldado de mañana. Lo hacen los cárteles mafiosos, los narcos. Todos ellos forman parte de una misma visión unilateral del mundo e instrumental de las personas. Todos buscan el control absoluto para la obediencia absoluta. Y es la infancia, momento de encrucijadas, donde actúan para matar la elección futura. Son las antípodas de nuestro concepto de educación que busca la autonomía del individuo, el que pueda crecer pensando por sí mismo y tomar sus decisiones. Aquí, por el contrario, se busca la sumisión fanática, gozosa y enérgica que es la que hace que matar se convierta en un placer. 


Primero se mata al niño y luego se utiliza su cuerpo sin voluntad, pero lleno de la energía que se le ha dado —el fanatismo— para que se continúe la cadena de la muerte. No, para los fundamentalistas no existe la infancia más que como una arcilla maleable a la que hay que imponer cuanto antes una forma específica para evitar que pueda ver el mundo con otros ojos.
Francisco Carrión, quien firma la información sobre el vídeo del Estado islámico en El Mundo, hace una detallada relación del uso de los niños por parte del fundamentalismo yihadista:

El vídeo concluye con el fragmento de una entrevista anterior, difundida a finales de 2014, en la que el niño -que dice llamarse Abdalá y ser originario de Kazajistán- declara su intención de ser "muyahidin" (guerrero santo). "Seré uno de tus asesinos, infiel", señala sonriente. No es la primera vez que el IS divulga vídeos en los que se jacta de usar a niños en sus acciones. Hace dos meses se hizo público un vídeo que muestra a niños reclutados por el IS en un campo de entrenamiento en la provincia de Nínive, en el norte de Irak.
Una cantera forzada
El uso de niños soldados es una práctica que el IS probó con éxito en la vecina Siria al cobijo de una brutal guerra civil. "La infancia ha sido, desde el primer momento, un objetivo prioritario de la propaganda del IS a través de las reuniones de 'dawa' (predicación) y las jornadas de asueto. Son la próxima generación, la que puede ayudar a perpetuar la existencia del grupo", explicó hace unos meses a este diario el experto en yihadismo Ayman al Tamimi.
En la ciudad siria de Raqqa, la capital "de facto" del califato proclamado a finales de junio, los barbudos han establecido campos de entrenamiento para inocular su fundamentalista interpretación del islam a una prometedora legión de imberbes. Entre las enseñanzas impartidas en una atípica escuela de verano organizada en el bastión yihadista, figura la lección atroz de decapitar a "infieles".
Varios padres que fueron forzados a enviar a sus hijos al campamento relataron a la web 'Syria Deeply' que sus vástagos ensayaron el arte de rebanar cabezas en muñecas rubias de ojos azules vestidas con los uniformes naranjas usados en Guantánamo. El "lavado de cerebro" -como lo han bautizado algunos progenitores- ha manufacturado leales y entusiastas "muyahidines" como desveló en agosto la web estadounidense Vice News. En uno de los vídeos filmados en Raqqa, el benjamín de un aula del IS grita a la cámara: "Os prometemos coches bomba y atentados. Destruiremos a los enemigos de la religión, a todos aquellos que lucharon contra el IS".
En Raqqa y en Mosul, la segunda ciudad de Irak, los menores asisten con terrible normalidad a lapidaciones o crucifixiones perpetradas en plazas públicas y a plena luz del día. En su cuartel general, además, un edicto ha aplicado al currículo escolar una profunda poda. "Las siguientes materias son suprimidas definitivamente: música, educación nacionalista, estudios sociales, historia, dibujo, deporte, filosofía..", decretó el pliego.*


Es difícil concebir un plan más sistemático de destrucción de la persona. Dividimos artificialmente la "infancia" y vemos al niño como algo distinto del adulto. Terrible error de percepción. El fundamentalista no lo tiene. En su visión aristotélico pragmática el niño es la potencia del hombre. Se le debe dirigir hacia su propio destino que solo es uno: el sumiso. A los primeros yihadista que combatían en Siria se les preguntaba ingenuamente por su familias y lo que dejaban atrás. Ellos les miraban con asombro y cierta sorna. ¿Familia? Su evolución ha sido dar un paso más y convertir todo lo anterior en irrelevante y prescindible. ¡Qué les importan a ellos las familias! El fanático se va desprendiendo de todo lo que sea un obstáculo en su meta única.

La información sobre la configuración del currículum escolar no es irrelevante. Hay que prescindir de todo lo que distraiga de pensar en Dios y de todo lo que haga albergar la sensación de que existe una posibilidad para el mundo diferente a la que ellos han diseñado. Aprender es repetir el mensaje dado hasta que no haya otra idea en la cabeza, hasta que no cueste nada apretar el gatillo, hasta que estallar sea un placer porque entras en el paraíso y mandas al infierno al mayor número de infieles posible. Además satisfaces a tu líder —ese hombre sabio, amado y bendecido por Dios— que te dice cada día que vas por el buen camino, el de la obediencia.
El primer paso es matar al niño que hay en el hombre. La cuestión que el dibujante plantea, su apelación al niño que una vez fue el terrorista, carece de sentido. Su adoctrinamiento ha tenido como finalidad, precisamente, matar a ese niño como fase previa y necesaria para poder empuñar un arma, hacer volar por los aires un mercado o cualquier otra acción gozosa.
Ese niño era el primer objetivo de una muerte programada. Ahora son muertos que causan muerte, una muerte que piensan les llevarán a la vida eterna.

El niño dibujante mantiene viva la ilusión de que el mundo cambia y de que la gente puede cambiar apelando a una simpatía universal en el dolor. Es otra muestra más de ese carácter ingenuo. El fundamentalista no cambia; el cambio es un error, una forma degenerada. Hay error porque el mundo cambia, se desvía de lo que está ya dado. Es inmovilista y universal. Su misión no es cambiar el mundo, sino restaurar el orden perdido. Con el Califato se conseguirá devolver parte de ese orden perdido.
Las palabras de Luz al presentar la portada del número que estará hoy, con tres millones de ejemplares, pertenecen a un mundo diferente:

‘‘No es la portada que todo el mundo quería que hiciésemos pero sí la portada que nosotros queríamos hacer. No es la portada que los terroristas querían porque no sale ningún terrorista. Sólo hay un hombre que llora, un buen hombre que llora y es Mahoma. Lo siento, le hemos dibujado otra vez. Pero el Mahoma que hemos dibujado es un buen hombre que llora antes que nada”, explicaba Luz, dibujante responsable de la portada.**

¡Bendita ingenuidad! Simplemente les resultará una portada incomprensible, una afrenta peor desde su manera de interpretar la religión. ¿Perdonar? ¿Qué es eso? ¿Llorar, por quién? Para el fanático, un Mahoma que llora es una humillación peor. Carecen de la posibilidad de interpretar el mensaje que se les dedica desde la portada conciliatoria, realizada desde un universo simbólico diferente. No disponen de las cualidades interpretativas necesarias para entender lo que se les dice a través de esa imagen. Su universo semiótico es otro y la traducción a su mundo que implica esa lectura es solo un malentendido más. No hay posibilidad de lectura correcta porque no existe la capacidad elástica de ponerse en lugar del otro. Tampoco la voluntad de hacerlo. Para ver positivamente la portada hay que querer verla positivamente. Pero hay que querer. Está hecha desde unos valores que no comparte el que los niega.

La apelación al niño que llevamos dentro carece de sentido. Ese Mahoma perdonando, hombre de paz, llorando por la muerte de sus enemigos, no entra en sus límites ideológicos, en los que todo lo más, primero se advierte y luego se actúa. El lenguaje les resulta simplemente incomprensible. Es la distancia absoluta entre los códigos, la imposibilidad comunicativa.
Y en un mundo en el que los mensajes están instantáneamente y simultáneamente en cualquier lugar del mundo se crea un problema. La radicalización del islamismo es sobre todo la reacción a un universo abierto que les rodea y les puede hacer perder su pretensión de hegemonía sobre mentes y cuerpos del espacio que controlan. Por eso la reacción ante un mundo interconectado, la reacción contra un Occidente que hace llegar su variedad hasta las puertas misma de sus lugares de adoctrinamiento. La cuestión de Israel y Palestina es solo una pequeña parte. Lo que les preocupa es que esos niños cuyas posibilidades de ser de otra forma se multiplican se les escapen de las manos. Por eso trasladan a sus predicadores más radicales a las ciudades europeas, para evitar que ese niño se les escape y un día regrese a casa y les pregunte, mirándoles a los ojos, ¿por qué?, la pregunta que cuestione su mundo, un universo regido por la obediencia, por la sumisión absoluta considerada como perfección, como antesala del paraíso.
Nuestro reto cultural es no dejar de ser niños sin ser ingenuos. Hay que seguir siendo flexibles para evitar caer en la rigidez del fanático. 



* "El IS difunde la ejecución de dos presuntos espías rusos a manos de un niño de 10 años" El Mundo 13/01/2015 http://www.elmundo.es/internacional/2015/01/13/54b561e1ca47415c1b8b4582.html

** "Charlie Hebdo regresa este miércoles con Mahoma en la portada y perdonando “todo”" Euronews 13/01/2015 http://es.euronews.com/2015/01/13/charlie-hebdo-regresa-este-miercoles-con-mahoma-en-la-portada-y-perdonando-todo/