Mostrando entradas con la etiqueta normalización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta normalización. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de marzo de 2026

Aumenta la violencia de género entre jóvenes

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La preocupación crece ante el aumento de la violencia contra las mujeres. Lo hace en dos sentido, el de los actos violentos y el de la organización de los violentos. La irrupción de treinta enmascarados en la Universidad Complutense para arrancar la cartelería convocando a las manifestaciones del 8-M puede parecer poco en comparación con los asesinatos machistas, pero es muy preocupante por lo que significa de la existencia de grupos organizados, de la creación de una cierta (in)cultura machista que empieza a extenderse, a captar adeptos y va penetrando entre los jóvenes.

Leo en el mujeres.com, de 20minutos, el artículo titulado "Si hay violencia en los primeros noviazgos, continuará en la vida adulta", Lo firma María Mariño dentro de una sección llamada "El blog de Lilih Blue". En su comienzo señala:

 

Los desequilibrios que se están dando en las primeras relaciones, esas que tienen lugar en la adolescencia, bajo mi punto de vista, no son lo bastante preocupantes todavía. Ni siquiera cuando contamos con diagnósticos como el elaborado por la Mesa de Coordinación para la Atención de la Violencia Machista de Gipuzkoa que afirma que "un elevado porcentaje de las víctimas de violencia de pareja o expareja se concentra en mujeres jóvenes".

De hecho, en la propia Gipuzkoa han visto (no sin alarmarse), como el 31% de las mujeres que acceden a centros de acogida tienen entre 18 y 25 años y es una tendencia que va en aumento. ¿Qué está pasando para que chicas que están en edad de terminar el colegio o vivir sus primeros años de universidad necesiten ser atendidas de urgencia?

Tampoco podemos caer en el error de pensar que esto es algo excepcional, cosas "de chavales" o que se quedan en la adolescencia. Sí, las evidencias de que su impacto va más allá, por mucho que madure la corteza prefrontal, dejan entrever que el control se exacerba y puede derivar en más violencia.*

 


En el primer párrafo se trata de restar importancia ("no son lo bastante preocupantes todavía") al aumento del número de jóvenes, mientras que poco después, en el tercer párrafo, se llama al aviso con el "tampoco podemos caer en el error" de ignorar la cuestión.

Me llama la atención y preocupa que la autora tenga que llevar una máscara de gato, que supongo que, además de su gusto por el animal, le sirve para mantener su rostro sin identificar. A mí, en cambio, me preocupa el creciente uso de máscaras para tratar temas de las mujeres por parte de las mujeres. ¿Miedo a ser acosada?

El hecho que se comenta lo hemos traído aquí en muchas ocasiones por que sí es preocupante el aumento de casos y el descenso de las edades. También lo es el grado de normalización o aceptación de mucha gente joven de la dominación masculina. Esto está detectado por muchos estudios, como los que acaba citando la autora. Finalmente, como conclusión escribe:

Mi reflexión de hoy es que no basta con informar a las adolescentes de que no es normal que su novio quiera saber donde están, obligue a pedirle permiso, les aíslen de sus amigos, amenacen si no obedecen o presionen para mantener sexo o ciertas prácticas. Tampoco basta con insistir a los padres en la importancia de mantener una comunicación abierta con sus hijas e hijos para saber sobre sus relaciones y poder detectar si se dan casos de violencia camuflados de amor.

Necesitamos una educación sexual y afectiva que no se quede solo en estar aprobada legalmente, sino que se organice a nivel nacional que compita contra lo que ven en sus pantallas: los discursos machacones y constantes de que tienen que ser dominantes o 'machos alfa'. Pero también que desmonte los vídeos pornográficos que les enseñan a perpetrar esa violencia.*


El primer párrafo que citamos se destruye por la propia autora que finalmente debe reconocer el problema, su aumento y la necesidad de hacer algo para evitarlo desde la familia o la educación.

Que los comportamientos abusivos que se dan en estos comienzos se trasladarán a otros similares, con crecimiento de la violencia conforme se avanza en el tiempo es otro hecho sobre el que insistimos con frecuencia. Chocamos aquí con los tópicos sociales sobre la infancia y en especial de la adolescencia, como si fuera algo que se olvida al llegar a una edad más adulta. Esto es radicalmente falso. Hay continuidad en muchos casos, tanto en el modelo de agresión o control como muchas veces en el papel de las víctimas, cuyo perfil los agresores aprenden a detectar. El último caso en nuestra prensa muestra la carrera previa por separado de agresor y de víctima con diferentes parejas. No es un caso único. Tropezamos en las mismas piedras. El agresor busca su víctima, aquella que ha normalizado la violencia, que se siente culpable por "provocar",  que se cree los argumentos del agresor, etc. Si se resisten es cuando aumenta la violencia y llega a sus extremos más sangrientos.

Esto es lo que están detectando estudios que se liberan de tópicos culturales, de mitificaciones de la infancia (inocencia) y de la juventud (aquel ¡divino tesoro!). Estos tópicos son absolutamente engañosos y sirven para camuflar comportamiento que, lejos de cambiarse con la edad, aumentan en su violencia. El descenso de las edades y el aumento de la violencia (ataques, violaciones, control, etc.) en ellas es preocupante, como tiene que acabar reconociendo en su blog la autora.


Save the children


Un aspecto también preocupante es que siendo la falta de control de las redes sociales un factor importante se muestran resistencias por el gran negocio resultante. Hemos aprendido a hacer caja con los problemas, por terribles y destructivos que estos sean. Siempre ha existido, pero nunca con las dimensiones globales de un mundo mediatizado. Las luchas contra los mecanismos creados para asegurarse la adicción a las redes están destruyendo la cultura borrando el pasado en beneficio de un presente efímero y trivial. Es anónimo e incontrolable, lo que crea unos efectos desastrosos sobre las personas en edades de formación. Esto, insisto, nos lo dicen todos los días desde múltiples puntos, pero los millones diarios que esto genera se anteponen.

El resultado en un sociedad inmadura, inculta, inestable y violenta; una sociedad de soledades no compartidas o compartidas ahora con la IA; aumentan los suicidios, las enfermedades mentales...

En una sociedad así no es extraño que los más débiles lo paguen. En este caso, el aumento detectado del machismo vuelve a hacer a las mujeres víctimas claras del acoso en redes o en calles, de la violencia en sus hogares o con sus parejas. Que esto se normalice entre los jóvenes nos lleva a ese segundo gran problema, el de la organización machista y el ideal de volver a una sociedad patriarcal y autoritaria, que se muestra como efecto del caos creciente. 

La paradoja, que debería hacernos reflexionar, es que es al feminismo, a la igualdad de derechos, etc. a los que se acusa por el aumento de la violencia al transgredir el orden natural. La violencia se justifica y crece, deja de ser una patología social. El violento trata de reinstaurar el orden. Eso es lo que mostraba la pancarta ultra que se puso contra el 8-M: feminidad contra feminismo.

El blog comienza con una idea y termina con otra. Entre medias los datos.

Estamos perdiendo el control porque perdemos la capacidad de generar valores. Hay que enfrentarse a los problemas, comprenderlos e intentar solucionarlos. De otra forma...

 

 

* María Mariño (El blog de Lilih Blue) "Si hay violencia en los primeros noviazgos, continuará en la vida adulta"  20minutos / Mujer.es 10/03/2026 /https://www.20minutos.es/mujer/blogs/el-blog-de-lilih-blue/si-hay-violencia-los-primeros-noviazgos-continuara-vida-adulta_6941270_0.html

viernes, 18 de junio de 2021

Normalidad compartida

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Las palabras son como las muñecas rusas, esas matrioshkas, una dentro de otra, resultando la última vacía. Las hay que tienen dos o tres y las hay que te llevan hasta el aburrimiento, una tras otra, de palabra en palabra, tratando de encontrar algo. Y ese algo es un sentido común, algo que nos permita decir "sí, a eso me refería". La insistencia en fijar el sentido de forma clara o al menos explicada es característica de la Ciencia, donde gran parte de su actividad consiste en evitar ambigüedades porque la claridad es necesaria para ponerse de acuerdo.

En el otro extremo, claro, está la política, el arte de encontrar las palabras que significan para cada uno algo distinto y así convencer al otro que está de acuerdo con él o que él está de acuerdo contigo. Todo esto se ha agravado en los últimos años, en los que los políticos se miran a la cara cuando discuten, pero en realidad están hablando apara sus propios públicos, en un diálogo de sordos permanente.

No es fácil que las palabras sean "precisas" cuando el propio mundo es "impreciso", una forma de expresar nuestras dudas responsabilizando a lo que es problema de nuestro propio sistema de creación del sentido. Como escribe Siri Hustvedt en su última obra aparecida entre nosotros, Los espejismos de la certeza (Seix Barral 2021) "la semántica rara vez es controlable" (52).

La diferencia entre los campos señalados de la Ciencia y la Política es que mientras unos luchan por lograr la precisión imposible, los otros aprovechan para la confusión interesada.

Todo esto viene a cuento del revuelo causado por la respuesta dada por el presidente de la CEOE cuando le han preguntado sobre los "indultos":

 

El presidente de la patronal Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi ha afirmado sobre los indultos a los líderes independentistas catalanes condenados por el 'procés' en una entrevista en Ràdio 4 de RNE que "si las cosas se normalizan" con los indultos, "bienvenidos sean". Después, matizando sus palabras, ha dicho que "normalización" significa "respeto al Estado de Derecho", que lo que quieren los empresarios es "estabilidad política" y que la CEOE defiende la unidad de España y la Constitución Española.

Entrevistado en el programa Cafè d'idees, que se emite simultáneamente en Ràdio 4 de RNE y La2 de TVE, Garamendi había afirmado que "hay opiniones diversas", pero "los indultos están dentro del estado de Derecho" y que es una facultad del Gobierno concederlos. 

La matización a estas palabras llegaba después, en declaraciones a la prensa en el Cercle d'Economía de Cataluña, donde los empresarios han defendido los indultos, Garamendi ha dicho que esa "normalización" de la que habla significa que se cumpla la Constitución, se trabaje dentro el Estado de Derecho respetando la ley y el Estatuto. Garamendi ha recordado que pertenece a una organización que defiende la unidad de España y la Constitución Española "que es el marco donde está la democracia y donde todos nos movemos".*

 


Como se habrá percibido, todo el lío gira no sobre los "indultos", que parecen ser un hecho sobre el que solo queda especular el día, sino sobre esa palabra tan socorrida, ambigua y demasiado utilizada, "normalización". No sé qué entienden muchos por "normalidad", es decir, cual debería ser el resultado final de la "normalización". Y mucho me temo que lo surge en el cerebro de cada uno cuando escucha la palabra "normalidad" es muy diferente.

Las explicaciones de Garamendi sobre lo que llama "normalidad" no dejan de ser una forma de huida del lío por su buena intención, pero su inmersión en un territorio pantanoso de profundidades por descubrir. De hecho, tiene que traducir sus palabras a un estado de la realidad, que deje de haber inseguridad empresarial, que también puede ser debatido, pero que al menos tiene el balance anual de resultados, las cifras de huidas de empresas de Cataluña y algún que otro dato "objetivo".

Para Garamendi "normalización" significa esencialmente "estabilidad" que traiga beneficios a las empresas y no que las hunda. Por eso le dan igual los indultos si traen pragmáticamente la "estabilidad", otra palabra confusa y diversamente interpretable.



En el fondo, "normalidad" y "normalización" tienen tantas interpretaciones como intérpretes. El pragmatismo de Garamendi viene a decir me da igual si las empresas funcionan, que es lo que él considera una "normalidad deseable". Podría haber dicho que cualquier cosa que permita la "normalidad", entendida como funcionamiento de las empresas, es "positiva" y en "cualquier cosa" va una inmensa cantidad de posibilidades, todo un mundo de discrepancias.

En el fondo ¿quién no quiere una vida normal? El problema es que para el gobierno catalán "normalidad" significa "república independiente", mientras que para otros significa la "unidad de España" en una monarquía parlamentaria, constitucional. Por eso, Garamendi ha tenido que hablar después para contentar a todos, al gobierno con lo de "bienvenidos los indultos si..." y con su "creencia en la unidad de España", algo incompatible que se puede mantener con el "corazón partido", pero difícilmente con la cabeza entera.



Hoy por hoy, la idea de "normalización" es tan ambigua que hace imposible cualquier diálogo que no tenga reservas mentales, lo que sería pan para hoy y hambre para mañana. Por eso pensar que los "indultos" van a arreglar el "problema" es algo más que una cuestión de semántica. Es algo que dicen los propios presuntos indultados, que están deseando salir a la calle para continuar con lo mismo. Es jugar demasiado con la elasticidad de la política plantearlo de otra forma.

La idea del presidente de los empresarios españoles es puramente pragmática. "Normalidad" es que los negocios vayan aceptablemente bien; "estabilidad" es ajustarse a las reglas claras del juego económico. Los políticos están para garantizar la "normalidad" que permita el desarrollo económico y el beneficio de las empresas. No le importa cómo se repartan esos beneficios, ni las condiciones de los trabajadores, que para eso están los sindicatos. Patronos y trabajadores, con intereses diferentes, se sientan en una mesa y se ponen a discutir un camino que puedan recorrer sacando lo más posible uno del otro, lo que dependerá de la coyuntura. Si no hay acuerdo, tercia el gobierno. Aquí no hay quien tercie, pese a los intentos de "internacionalizarlo".

Pero la "cuestión catalana" es otra. No está claro qué sea "normalidad", ni está claro qué se deba hacer para normalizar una situación de estas características. Es una ingenuidad pensar que los indultos van a normalizar algo. Otra cosa es que sea conveniente para ciertas estrategias, pero eso es lo que se esconde en el fondo de las palabras o quizá, como en las matrioshkas, en un vacío ilusorio.



Los indultos no son el final de nada y, probablemente, tampoco sean el principio de otra cosa. Como gesto, será interpretado como "debilidad" por unos, como "magnanimidad" por otros,  como "ingenuidad" por muchos. Esto es como un vegano y un carnívoro eligiendo restaurante y se lo juegan después a ver quién paga la cuenta. 

No hay que cargar demasiado contra Garamendi; se ha limitado a expresar un deseo, aunque lo haya en su cabeza tenga poco parecido con lo que haya en otras cabezas. Pero las palabras, una vez más, dicen poco. Importan más las voluntades y lo que hay detrás. Y, en eso, mucho me temo que no haya normalidad compartida. Todo su asombro ante lo dicho da muestra de esa ingenuidad con la que ha entrado en un terreno resbaladizo. Él está asombrado por las reacciones, algo que confirma la ingenuidad.

Ahora Garamendi sufre las iras de empresarios y políticos. Si quería "normalidad", mucho me temo que ha provocado lo contrario.

 


* "El presidente de la CEOE, sobre los indultos del 'procés': "Si las cosas se normalizan, bienvenidos sean"" RTVE.es 17/06/2021 https://www.rtve.es/noticias/20210617/presidente-ceoe-sobre-indultos-del-proces-si-cosas-se-normalizan-bienvenidos-sean/2104902.shtml



miércoles, 20 de mayo de 2020

Las mascarillas y la nueva moda

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace alrededor de un mes —uno pierde el sentido del tiempo en el confinamiento—, en nuestro seminario doctoral ahora online, estábamos discutiendo sobre las mascarillas y su identificación con los infectados. Las fotos que se deban de las mascarillas entonces mostraban personas asiáticas incluso en lugares europeos, del aeropuerto valenciano a las calles de Londres o París. La necesidad de lo visible en un mundo de pantallas, evidentemente visual, solo era capaz de representar la pandemia de tres modos: los dibujitos del coronavirus, las imágenes de los enfermos en las UCI y, finalmente, las personas con mascarillas. En nuestros debates pronosticamos que pronto habría mascarillas de diseño, de alta costura incluso, mascarillas haciendo juego con vestidos y con complementos. Y así ha sido.
La mascarilla —que, según parece, ha sido definitivamente establecida como obligatoria en lugares públicos y transporte— ha adquirido un valor simbólico, puede hacer que te miren mal al entrar con ella en una tienda de Texas —como me comentaban hace unos días—, que te maten por exigir que te la pongas (como recogimos aquí que ocurrió hace unos días en otro estado norteamericano), pasar a ser un objeto cotidiano, como parece ser su futuro por un tiempo indeterminado,  o convertirse en una exclusiva prenda de diseño.


La mascarilla ha subido y bajado en nuestras cambiantes recomendaciones. Ha pasado de ser un objeto denostado, que estigmatizaba a su portador, un recordatorio del peligro de la infección, a un elemento buscado con frenesí, para convertirse finalmente en un objeto cotidiano a través del que ya no habla la enfermedad, sino a través del que podemos hablar nosotros mismos, podemos expresarnos.
"Cada objeto del mundo" —escribía en su "Mitologías" Roland Barthes— "puede pasar de una existencia cerrada, muda, a un estado oral, abierto a la apropiación de la sociedad, pues ninguna ley, natural o no, impide hablar de las cosas". Lo que las cosas hablan, evidentemente, es lo que nosotros expresamos personal o socialmente a través de ellas. Y las mascarillas han empezado a hablar de nosotros socialmente para convertirse ahora en objetos personales y personalizados.
En La Vanguardia de hoy, día 20, encontramos el titular "Agatha Ruiz de la Prada y Lidl se asocian para crear las mascarillas más coloridas y solidarias". Se nos cuenta que

Agatha Ruiz de la Prada vive la vida a todo color. Siempre ha sido así y no tiene porqué cambiar aunque lo hagan las circunstancias. Al contrario. La diseñadora de los corazones cree que ahora es el mejor momento para sacarlo a la calle y combatir con él todo desánimo. Por eso, y de forma solidaria, se ha implicado en la colección de mascarillas económicas pero estilosas en que sus siempre optimistas dibujos aligeran la sensación de gravedad que suele otorgar a quien lo lleva el complemento obligado.
La diseñadora ha creado tres diseños exclusivos que se venderán en las más de 600 tiendas de Lidl en España pero que todavía van a tardar un poquito. Será a principios de julio se pondrán a la venta ese total de 500.000 mascarillas higiénicas reutilizables por 3,99€ el pack de dos unidades. El precio es comedido pero suficiente para que por la venta de cada pack, Lidl haga una donación de un euro a la ONG Save the Children, que su vez lo destinará a proyectos sociales a favor de las familias más vulnerables y afectadas por la actual crisis sanitaria.
Se trata del proyecto ‘A tu lado’, que entre otras acciones da apoyo escolar a distancia para evitar la desconexión de la infancia en riesgo de exclusión social durante el cierre de los colegios y la transferencia de dinero para la compra de alimentos.*


La mascarilla tiene una función proteger y protegernos, pero se convierte en un objeto que nos dice algo más de quien lo usa. A través de la mascarilla podemos expresar solidaridad y hacerla efectiva. La mascarilla nos saca del común (borra parte de nuestros rasgos personales) y nos introduce en un nuevo "grupo", el de las personas solidarias, "contagiándonos" del sentido de la vida que la diseñadora ha tenido siempre, alegría y vitalidad, un sentido naif del mundo. A través de la mascarilla, como en otro tipo de máscaras, se expresa algo. Los que identifiquen el gesto —los que sepan lo que hay detrás, su significado solidario— comprenderán el sentido. Hablamos a través de ellas y ellas hablan a través de nosotros. Las mascarillas de Agatha Ruiz de la Prada marcan una diferencia, distinguen y agrupan.


Su conversión en un objeto asociado con la "moda" modifica el carácter profesional del que proceden y con los que han estado asociadas, la cirugía, las operaciones quirúrgicas y el tratar de infectar al paciente que yace en la mesa de operaciones con su cuerpo abierto. La mascarilla se aleja de ese origen y se convierte en objeto cotidiano. Pronto habrá secciones de mascarillas más allá de las farmacias. Ya están en supermercados, junto a las ofertas, y pronto habrá secciones específicas con diseños ajustados a los gustos de los consumidores, que elegirán entre llevarlas con los colores de su equipo favorito o con el superhéroe que más le atraiga, las habrá con imágenes de Picasso o de Van Gogh, con Spiderman o la cara de la Viuda Negra, de los Vengadores. Tendremos para cada día de la semana porque no vamos a ponernos todos los días lo mismo. Combinarán con las prendas que llevemos y las habrá para deporte o salir de fiesta.

En el diario El País de ayer, se preguntaban desde un titular "¿Iría a un restaurante donde le hagan comer así?"**. La imagen nos mostraba una complicada mascarilla ideada por una empresa israelí para poder comer sin tener que quitársela. Creo que la pregunta correcta debería ser "¿comería usted con alguien que usa esa mascarilla?". Piezas de hierro y tornillos no son los elementos para convivir con las mascarillas, que deben dejar de adentrarnos en mundos de pesadilla y tortura para hacernos olvidar que la llevamos o, si queremos presumir, que nos digan que es bonita o lo bien que nos sienta. Así somos los humanos, lo que por otro lado solo significa que preferimos vivir de forma positiva y no de forma que nos recuerde lo peor. Mi recomendación sería ir hacia los líquidos (algún tipo de pajita adaptable) y licuar los alimentos. Cualquier cosa antes que esa monstruosidad fabricada en Israel y a la que no auguro mucho futuro.
La CNN nos informaba ayer de otro personaje popular que también lanzaba una línea solidaria de mascarillas, Kim Kardashian:

Kim Kardashian West has joined the fight against the coronavirus pandemic by launching a range of face masks.
The 39-year-old reality star's underwear brand Skims has released a line of non-medical face masks designed for all-day wear. Just like the undergarments, the reusable masks are seamless, breathable and stretchy.
The masks launched Saturday in five tonal colors -- Sand, Clay, Sienna, Cocoa and Onyx -- with prices starting at $8.
Kardashian West took to Twitter just hours after launching the new product to inform fans that the collection had sold out.
"Unfortunately our @skims face masks have sold today but we are working with out local partner in LA to produce more as quickly as possible," she told her 64 million followers.
Skims, founded by Kardashian West last year, is donating 10,000 of the masks to nonprofits Baby2Baby, Good+ Foundation and LA Food Bank and the National Domestic Workers Alliance advocacy group.
The company said it is also working to support those affected by Covid-19 by providing basic essentials to at-risk families and those in need, with a $1 million donation to be distributed across these charities.***



De nuevo, las mascarillas hablan y actúan, salen de su estigma. Todos estos movimientos de "normalización" de la mascarilla suponen su introducción en la nueva vida que nos espera. Diseñadas para espacios en los que hay algún problema circunstancial, no están pensadas para la vida cotidiana, que incluye muchos actos en los que la boca debe ser liberada, incluido hablar y comer. Tapa una parte de la cara, lo que nos resta expresividad y, por ello, reduce nuestra capacidad de comunicación, por lo que habrá que buscar mascarillas más expresivas. Ya no son para quirófanos o hecho puntuales. Aquí el diseño tiene mucho que pensar y decir. Habrá que adaptar y las soluciones imaginativas y cómodas nos deberán llegar pronto.


El otro día recogían la pregunta de si "había mascarillas para niños" en una farmacia. Otro problema: convencer a los niños de que se deben poner una mascarilla para ir al cole y jugar con ella. Diseño, comodidad, seguridad y materiales resistentes y capaces de cumplir su función. Territorio por explorar.
Mascarillas solidarias, de diseño, para comer, infantiles, deportivas... Ha pasado el tiempo del debate y parece que están aquí para quedarse una temporada. Los habrá rebeldes y orgullosos, como algunos que vemos por aquí y muchos por los Estados Unidos. No llevar mascarilla les parece un signo de "libertad" y les fastidia que otros las lleven. También lo es tirarse desde un décimo piso siempre que no haya nadie debajo. Si la mascarilla se estandariza y se va insertando en la vida social, en poco tiempo, el raro será el que no la lleve en la vida social.

Deutsche Welle

Me confirmaba una amiga egipcia que los islamistas ya han convencido que el velo es lo mismo que la mascarilla y que Dios tenía razón, en su inmensa sabiduría, cuando dijo a las mujeres que se taparan. El que no se consuela es porque no quiere.
Distancia y mascarilla son, al menos por ahora, la mejor manera de evitar contagiar y ser contagiado. Si la transformamos en un objeto cotidiano, habremos dado un paso importante. Apostemos por el diseño, la alegría de decir algo a través de ella y, claro, si se puede contribuir a causas solidarias, pues mejor.
La noticia sobre las mascarillas de Kim Kardashian está en la sección "Style"; la de Agatha Ruiz de la Prada en "Moda solidaria". La de facilitar la comida, en "Inventos", que tampoco está mal, aunque no se le vea mucho futuro en su estado actual. Son signos del cambio, señales de que empezamos a ver las cosas desde la adaptación, caminando hacia delante.



* Margarita Puig "Agatha Ruiz de la Prada y Lidl se asocian para crear las mascarillas más coloridas y solidarias" La Vanguardia 20/05/2020 https://www.lavanguardia.com/magazine/moda/20200520/481283272850/agatha-ruiz-de-la-prada-lidl-mascarillas-a-tu-lado.html
** "¿Iría a un restaurante donde le hagan comer así?" El País Vídeo 19/05/2020 https://elpais.com/videos/2020-05-19/iria-a-un-restaurante-donde-le-hagan-comer-asi.html
*** Toyin Owoseje "Kim Kardashian unveils a line of face masks as part of Skims brand" CNN 18/05/2020 https://edition.cnn.com/style/article/kim-kardashian-skims-face-masks-intl-scli/index.html