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martes, 9 de enero de 2024

La normalidad feliz

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La información sobre la esperada reunión que se recriminaba a la ministra de Sanidad no haber realizado antes se ha resuelto como si fuera una comedia oscura con García Berlanga, un Patrimonio (sanitario) nacional o similar. ¿Es tan difícil ponerse de acuerdo en algo

En RTVE.es se nos dice que un tema de meridiana claridad, como es hacer obligatoria la mascarilla en la asistencia a hospitales, centros de salud, ha chocado con una serie de respuestas que hacen dudar de que algo tan sencillo sea realmente sencillo.

El Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas no han llegado finalmente a un acuerdo para imponer el uso obligatorio de las mascarillas en centros sanitarios, sociosanitarios y farmacias de todo el país, como medida ante el repunte de los últimos días de los virus respiratorios en España.

Este lunes el departamento que dirige Mónica García ha reunido de manera extraordinaria a los consejeros del ramo a través del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) con el fin de "unificar criterios".

Según ha informado Sanidad, el Ministerio ha trasladado a las comunidades un documento al que las comunidades deberán presentar sus alegaciones en las próximas 48 horas, y que rebaja la obligatoriedad solo a centros sanitarios, y lo deja en recomendación en centros sociosanitarios y farmacias.

Fuentes de Sanidad han informado de que la propuesta del Ministerio pretende ofrecer "el mismo nivel de protección para todos los ciudadanos" y dar cobertura legal a las comunidades que ya lo han decretado (Comunidad Valenciana, Cataluña y Murcia).

En un audio remitido a los medios, la ministra Mónica García ha señalado que en el encuentro, celebrado de manera telemática, se ha reflexionado sobre el uso de esta medida que ha considerado "efectiva y de sentido común" y que, además, está avalada por la evidencia científica y "es bien recibida por la población".

García ha informado de que en la reunión el Ministerio ha recogido la iniciativa de algunas comunidades para que la obligación de su uso se ampliase a las farmacias y ha insistido en la necesidad de dar soporte jurídico a las comunidades "de diferentes colores políticos que ya han introducido la obligatoriedad en sus sistemas sanitarios".*


¿Qué es eso del "mismo nivel de protección"? ¿Eso existe? ¿Qué sentido tiene? ¿Depende la salud de una persona de que se pongan todos de acuerdo, algo cada día más imposible? Para evitar los colapsos y contagios en centros al ir a pedir la baja, se inventa la "auto baja" responsable, que no ha convencido a los más cercanos a los empresarios, que recelan de los que tomen la decisión de no ir a trabajar sin un papel médico que lo justifique.

¿Quién responde de las medidas (o falta de ellas) en los centros de salud? ¿En qué quedan las peticiones de más recursos y personal sanitario por parte de los profesionales que deben dar la cara en los centros?  

¿Cuáles son los intereses reales que hacen sea imposible un acuerdo en algo tan elemental? ¿Qué hay detrás de estas luchas entre comunidades en algo tan elemental como eso?

La mascarilla —ya vimos algo así hace tiempo, cuando la lucha era similar— es un objeto con una serie de connotaciones, la principal de ellas es la consideración de la elevación de la gravedad de la situación. Si no hay mascarilla, es que no es tan grave la situación... aunque lo sea. La percepción de gravedad tiene efectos que afecta al consumo.

Se trata de aparentar la "normalidad" que nos hace lanzar a la gente a las cabalgatas para decirnos pocas horas después que subirá la incidencia y que se esperan los picos por "el regreso al cole". Sin mascarillas obligatorias es posible fingir cierta normalidad feliz, la que nos hace salir a mantener esa institución española que se llama "bares" y similares en la que ahora los empresarios le han pedido al gobierno que no les cree conflictos añadidos. Tenemos, dicen, la mejor relación servicio -  precios ya que somos el país con más bares por habitante del mundo. ¡Todo un orgullo!

Sin embargo, se desoyen otras voces. También en RTVE.es se nos dan informaciones sobre lo que hicimos durante la pandemia y el resultado. El pasado día 21 de diciembre se nos explicaba nuestro estado: 

Los evaluadores independientes de la gestión de la COVID-19 dan por sentado que una nueva pandemia de virus "de alta gravedad" está cerca y, sin embargo, "hemos aprendido poco" y "desgraciadamente" apenas se ha avanzado para evitar que sea igual de "demoledora" que lo ha sido esta.

Así lo plasman en el informe Evaluación del desempeño del Sistema Nacional de Salud Español frente a la pandemia de COVID-19elaborado por Rosa Urbanos, especialista en Economía de la Salud de la Universidad Complutense de Madrid (UCM); Fernando Rodríguez Artalejo, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM); Carmen Pérez, de la Escuela Andaluza de Salud Publica, y Xurxo Hervada, epidemiólogo de la Xunta de Galicia ya jubilado.

La auditoría de la gestión de la covid fue encargada a estos cuatro expertos por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud hace ya más de dos años. En su recorrido por los aciertos y errores cometidos, el informe apremia a tomar una serie de medidas si se quiere evitar los estragos que la descoordinación, las decisiones contradictorias o la falta de protocolos hicieron de España uno de los países con mayor mortalidad del mundo en la primera ola.

Y lo primero es, precisamente, "interiorizar que una nueva pandemia de virus respiratorios de alta gravedad no solo es posible sino probable, a corto o medio plazo". Sin embargo, "desgraciadamente, las cosas no van bien" porque a pesar de la experiencia de la covid y los avisos que dieron previamente la gripe A y el primer SARS, "los progresos realizados son escasos". "Parece que hemos aprendido poco a nivel global de la experiencia de la reciente pandemia", sentencian.**


Creo que no se puede decir más claro. Mientras tanto nuestros responsables autonómicos siguen jugando a la discusión acumulando todo tipo de vaguedades y decisiones que eluden lo básico: la gente se contagia porque está junta. La gente se contagia mayoritariamente cuando van a los centros de salud y se encuentran con el panorama desbordado, con tiempos de espera que son tan largos que sale peor que entra.

En gran medida, no se toman las medidas por los mismos motivos que no se tomaron, para no hacer sentir que había peligro en nuestras actividades de celebración constante. Cuando no son las fallas, son los sanfermines, cuando no la feria de abril, etc. Ahora se suma el recelo ante las autobajas, con lo que no quedará más remedio que ir a los centros, un poderoso centro de contagios. Quien manda, manda.

Lo que dice el comité de expertos independientes es muy serio. Tienen razón; no existe prevención ni aprendizaje de lo ocurrido, y esto es lo peor de todo lo que nos podía ocurrir. Como entonces, los cuatro factores esenciales siguen siendo los mismos: vacuna, distancia, higiene y mascarilla. No hay mucho más. Solo evitar aquello hacia lo que nos siguen empujando ignorando los riesgos reales.

Nos dicen que tras el fiasco de la reunión con las autonomías, el Ministerios de Sanidad hará que las mascarillas sean obligatorias en los Centros. ¿Es la única salida que queda ante estas disparidades absurdas? Parece ser que sí.

 

* "Sanidad y las comunidades no llegan a un acuerdo sobre el uso obligatorio de las mascarillas en centros sociosanitarios" RTVE.es / AGENCIAS 8/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240108/sanidad-reunion-ccaa-mascarilla-repunte-virus-respiratorios/2470568.shtml 

** "Una auditoría de expertos avisa de otra pandemia cercana y revela "contradicciones" en la gestión de la COVID-19" RTVE.es / AGENCIAS 21/12/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231221/auditoria-expertos-coronavirus-avisan-otra-pandemia-cercana/2468894.shtml

sábado, 6 de enero de 2024

Mascarillas, el regreso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo los medios nos ofrecen datos y pistas sobre lo que todos temíamos: la vuelta de la mascarilla. Sea por lo que sea, la mascarilla es el objeto fetiche, el tabú del sistema español, pues supone aquello a lo que más le temen los políticos y los sectores económicos, nuestros "mayores". La mascarilla es el recordatorio de que el "mal" existe y de que solo hay una solución, el "distanciamiento".

Habrá usted notado —como yo y cualquier otro, supongo— la proliferación de mascarillas en estos días. Ya es posible verlas en gente de diversas edades en lugares donde hace apenas unas semanas no las veíamos. El gran logro del sistema es habernos convencido de que son los picos los que coinciden con festivos y puentes y los que los provocan. La forma de expresarlo invierte el razonamiento para tratar de evitar que pensemos que somos nosotros los que lo provocamos. Pero en un país que vive de reuniones y saraos de todo tipo es difícil frenar el elemento de propagación, las reuniones. Cuando no que quejan los hosteleros, se quejan los comerciantes o los clubes de futbol. Nuestra forma de negocio patrio es en grupo y, si se puede, en multitudes, ¿Que hay que pagar un precio en muertes?, ¡Pues se paga! Aquí cada uno que vigile lo suyo.


Pero esto tiene también un coste: la atención y esta es cara, necesita de buena organización. En el diario El Mundo leemos:

"Hasta que no vas a un hospital no te das cuenta de lo que hay; la sensación que tengo es la del inicio de la pandemia". Paula, de 40 años, se dio de bruces con la situación de colapso que están viviendo muchos centros sanitarios españoles a consecuencia del aumento de los casos de gripe el pasado 3 de enero, cuando su madre acudió a urgencias del Hospital Río Hortega de Valladolid porque se encontraba muy fatigada.

"Había gente sentada en el suelo porque no había sitio, personas en los pasillos en camillas solas porque no dejaban entrar a los familiares... La compañera de habitación de mi madre tiene 93 años y la tuvieron horas en el pasillo desorientada, sola y sin mascarilla. Por lo que nos ha contado su hija, la llevaron porque tenía insuficiencia respiratoria y dio negativo en Covid y gripe A, pero ahora tiene gripe A y está con fiebre de 38,5. La ha cogido en el hospital", relata.*


La situación es muy real... y frecuente. Hace unos días nos llegó  por correo una triste notificación a todos los profesores de la Facultad, la del fallecimiento de un compañero, menor de 60 años, que fue a un Centro de Salud y salió contagiado de Gripe A. Mandado a su casa, falleció días después por complicaciones respiratorias y finalmente un infarto. La noticia nos dejó a todos sorprendidos. Descanse en paz.

Que uno vaya a los hospitales y salga contagiado, peor de lo que entró, es un gran riesgo y ha existido siempre, pero esto es ya otra cosa por sus niveles de ocurrencia. Cada vez somos más un país de viejos, pero poco preparado. Han dedicado a cabalgata a los "mayores" y se escriben artículos y se montan negocios sobre la llamada "Silver Economy", la que se ocupa de sacar el dinero de los ahorros y pensiones de los mayores una vez que los jóvenes no tienen y los adultos los tienen que financiar.

La oferta es el viaje, las salidas, los actos sociales, etc. que contribuyen en esta época a los contagios. Los virus nos utilizan, igual que nos utilizan políticos y empresarios. Nos necesitan juntos. Este junto es para un viaje, una celebración o un Centro de Salud por la falta de recursos, de espacio, de personal. Lo que podría ser una espera rápida, se convierte en un tiempo interminable para ser atendido. Después, en muchos casos, eso se traduce en nuevos contagios de los que ya no es fácil salir.

El sector sanitario protesta por este aumento y falta de medios, pero los medios están en manos de las comunidades autónomas y, una vez más, este modelo acaba siendo un pasarse la pelota unos a otros ante la incapacidad de respuesta.

En ABC podemos leer hoy mismo: 

Para varias comunidades autónomas, la convocatoria de la ministra Mónica García para celebrar un consejo interterritorial el próximo lunes llega tarde. «Ante la ausencia de medidas por parte del Ministerio de Sanidad, las estoy tomando yo», ha dicho este viernes el consejero de Sanidad de la Comunidad Valenciana, Marciano Gómez, tras anunciar que desde hoy mismo las mascarillas vuelven a ser obligatorias en los centros sanitarios de la región.

«Yo creo que el ministerio tenía que haberse adelantado. Se tenía que haber hecho bastante antes porque desde el último Consejo Interterritorial del 21 de diciembre hasta ahora ha subido la incidencia a nivel nacional a mil casos por 100.000 habitantes y nosotros en la comunidad tenemos 1.500», ha señalado Gómez a la Cadena Ser.

Tampoco la consejera de Sanidad de Madrid, Fátima Matute, ha visto con buenos ojos los anuncios de la ministra. Matute ha criticado que García convoque al consejo interterritorial «de forma extraordinaria y precipitada cuando ha estado de vacaciones desde el 21 de diciembre». «No es tomar las riendas hacer un consejo interterritorial después de que pasen las fechas y cuando ya los picos epidémicos hayan alcanzado casi sus máximos», ha denunciado, e insistía: «De forma improvisada, la ministra se arrenda la dirección de esta pandemia». Madrid, ha defendido, «ha tomado las precauciones y ha hecho los planes necesarios desde noviembre para hacer frente a esta situación».**


 

La ausencia de medidas mínimas, como es el uso de mascarilla en los centros hospitalarios, responde a ese intento de que no se cree un clima negativo ante lo que suponen económicamente las fiestas navideñas, que son las actuales. Hemos admitido con normalidad que ese movimiento económico está por encima de los posibles efectos de la salud. Según este principio, la salud es cosa particular mientras que la economía lo es de los políticos. La incidencia de 1.000 casos es elevadísima y no digamos ya la de 1.500 en la Comunidad Valenciana.

Pero lo peor es que sea en los Centros de Salud, que teóricamente serían puntos en los que encontrarse seguros, donde las personas se contagian. Volvemos a repetir "errores" como los de los fallecimientos en los centros de mayores, convertidos en trampas mortales para no perder la clientela si esta se iba a sus casas. Luego hemos conocido una pequeña parte de esa "silver" masacre por haber mantenido esa concentración de personas.


Las informaciones dadas sobre las "enfermedades respiratorias", así metidas en una sola fórmula, se manejan tanto en lo político como en lo económico como un problema que no depende de las medidas sociales. Pero esto se agrava ante los fallos en la recepción de los casos en los centros y en que estos se conviertan en zonas de contagios intensos.

Las críticas a ministra y ministerio es desaparecer cuando estaba lo más duro, de "vacaciones" desde el 21. Esa desaparición ha dejado las decisiones en manos de las Comunidades que son las que tienen que lidiar con el problema real, con la gente, con los propios médicos que se ven además necesitados de manifestaciones públicas de reclamación de medidas para evitar ser responsabilizados. El que llega a un centro no busca a la ministra; se centra en lo que va teniendo delante, en la situación que debe vivir cada uno.

Es pronto, pero tendremos que realizar estudios correlacionando los contagios anteriores con las probabilidades de contagiarse de otras epidemias posteriores. Es decir, sobre cómo han quedado nuestras defensas, si hay secuelas en nuestro sistema inmunológico. Eso llevaría a nuevas prevenciones y medidas.

Una vez más tenemos nuestro destino sanitario en nuestras manos, en el cuidado que pongamos y en las limitaciones de la vida social. El hecho de que haya más gente con mascarillas en lugares públicos es una señal doble, buena por un lado, pero también manifiesta temor ante los casos que nos rodean y cuyos efectos trágicos vamos conociendo.

¡Cuídese! Nadie lo va a hacer por usted.


 

* Ana Mª Ortiz "Así se está viviendo la gripe en los hospitales: "La sensación que tengo es la del inicio de la pandemia" El Mundo 5/01/2024 https://www.elmundo.es/espana/2024/01/05/65984ffee9cf4a4a0a8b458e.html

** E.C. "Críticas a Mónica García por no actuar ante el pico de gripe: «Tomamos la decisión ante la ausencia de medidas por parte del ministerio»" ABC 6(01/2024 https://www.abc.es/sociedad/criticas-monica-garcia-actuar-ante-pico-gripe-20240105182719-nt.html



martes, 18 de octubre de 2011

Las barbas de los amish

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los Amish saltaron al conocimiento universal gracias a los poderes extensivos del cine, con la película de Peter Weir, Único testigo (Witness 1985), un policiaco protagonizado por Harrison Ford en el que un niño amish es testigo ocasional de un crimen y es buscado por los asesinos para evitar que declare. La historia se desarrollaba en el seno de una comunidad amish permitiendo que se conociera su forma de vida. La película fue un gran éxito en su momento y sirvió para que el mundo descubriera unas comunidades de personas que habían elegido voluntariamente vivir casi de la misma manera con que llegaron a América en los siglos XVII y XVIII desde Holanda, Suiza y Alemania. La imagen de sus vestimentas o de sus coches de caballos por las carreteras se ha hecho popular y son una reliquia del pasado incrustada en nuestro presente tecnológico y trivial.
Las comunidades amish son anabaptistas, es decir, dan la opción del bautismo con la mayoría de edad y, con ella, la posibilidad de seguir en los grupos, ateniéndose a las estrictas reglas que se dan en cada comunidad o saliendo de ellas. Algunas, incluso, dan la opción a los jóvenes a que vivan un año fuera, a la “inglesa”, para que cuando regresen lo hagan convencidos del valor de su decisión. Los que no regresan, sencillamente se apartan de la comunidad y mantienen con sus familias y amigos lazos de intensidad variable, según los casos. Es también frecuente que pasen de unas comunidades a otras.

Son profundamente pacifistas y como resultado de su antimilitarismo, rechazan los bigotes, que era algo que en su tierra de origen se identificaba con los oficiales del ejército, que eran siempre de la nobleza. Las barbas para ellos son un signo de identidad importante que se vincula con la mayoría de edad. Es el símbolo de que se es hombre, adulto y miembro de la comunidad.
Por eso nos sorprende la noticia de The New York Times de hoy en la que se cuenta la historia de una comunidad amish “renegada” que se dedica a sacar a los hombres de sus casas en mitad de la noche y a destrozarles las barbas a base de tijeretazos infamantes*. Los autores de estas tropelías, auténticos actos de guerra y humillación en una comunidad pacifista, que reniega de la venganza como uno de sus principios morales básicos, son los miembros de una comunidad que lejos de consentir las fugas a otras comunidades de sus miembros, las persigue con saña. La comunidad  de Bergholz (Ohio), llevada por un tal Sam Mullet, de 66 años, ha quedado marginada del resto de las comunidades, que comienzan a padecer la rabia que les guía. Tiene además resonancias orwelianas, pues algunos de los atacantes son los familiares de los atacados, como ocurrió en septiembre, cuando un matrimonio que había abandonado la comunidad hacía cuatro años fue atacado por sus propios hijos.



La comunidad de Bergholz ha pasado a ser una auténtica secta. Se ha convertido en un centro de odios contra los otros miembros de las demás comunidades, que por el contrario, guiados por sus creencias pacíficas, no ponen denuncias contra ellos porque han desarrollado una creencia en el valor del acuerdo y el perdón como forma de dirimir los conflictos. El desequilibrio entre las reglas del juego de unos y otros se hace manifiesto. Mientras unos son pacíficos y han desarrollado una política cívica, los otros incumplen las reglas de su propia comunidad, ya que haciendo lo que hacen se autoexcluyen de sus orígenes amish, por más que los pregonen. ¿En nombre de qué ortodoxia actúan ya, si contravienen todos sus principios de identidad?

El caso planteado por los amish es interesante porque nos muestra que hay momentos en que una parte minoritaria de una sociedad —en este caso de las comunidades amish—, se convierte en atacante del resto perdiendo el sentido de sus propias actuaciones. La comunidad Bergholz se ha transformado en un grupo de fanáticos en el que sus ideas ya solo son compartidas por ellos mismos. El resto de las comunidades amish siguen compartiendo sus principios y son atacados para desposeerlos de sus señas de identidad, la barbas. También a algunas mujeres se les ha destrozado el cabello a tijeretazos en la mejor tradición humillante totalitaria.
El ataque barbero no es más que una forma de decir “vosotros no sois amish; nosotros sí”. La lucha es por los signos identificadores. Se trata de borrar los elementos que los definen. Sin embargo, visto desde fuera, lo que tenemos es una comunidad mayoritaria que acepta unas reglas y las mantiene, y una minoría que, por el contrario, reclama la exclusividad e incumple los principios básicos, que no son las barbas —tan solo un signo—, sino la paz y el respeto mutuos.
La comunidad Bergholz es una comunidad depredadora. Se aprovecha de los principios pacíficos de los demás para actuar violentamente sobre ellos. Cuenta en su ataque con que la respuesta de los demás será acorde con sus principios, viendo en ello una “debilidad” del enemigo. Su estrategia parece clara: aprovecharse de sus ventajas —la falta de principios es una ventaja estratégica— y ver el respeto de los demás a las reglas como una debilidad del “mercado” amish. Los seguidores de Sam Mullet no tienen inconveniente, convencidos de que son superiores a los demás, en perseguir su propósito hasta donde haga falta.
Si leemos esta noticia como una fábula, es decir, como una enseñanza moral a través de una historia aplicable fuera de su propio contexto, podremos sacar algún provecho más allá de barbas y tijeras. Los recortes, como vemos, se practican en muchas partes.

* “Amish Renegades Are Accused in Bizarre Attacks on Their Peers”. The New York Times 17/10/2011 http://www.nytimes.com/2011/10/18/us/hair-cutting-attacks-stir-fear-in-amish-ohio.html?_r=1&hp



miércoles, 9 de febrero de 2011

Comunidades carismáticas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Una de los aspectos más interesantes del proceso egipcio es la sustitución de los líderes carismáticos por las comunidades carismáticas. Se insiste mucho en el papel de las redes sociales y es cierto, pero no se acaban de explicar sus consecuencias. No es solo una cuestión de comunicaciones, es algo más. Desde el siglo XIX, psicólogos como Gustave LeBon o el propio Sigmund Freud trataron de explicar el fenómeno de las masas, su comportamiento. Todos concluían que era un fenómeno regresivo respecto a la individualidad, un descenso de la racionalidad. La adhesión amorosa de las masas a sus líderes carismáticos era entendida como un fenómeno plenamente emocional. Las masas no pensaban, solo eran dirigidas. Y ahí es donde surge el líder carismático. El líder es quien piensa por ellas.

Lo que nos encontramos ahora es una forma de articulación de esas comunidades que pasan a estar dotadas de capacidad de pensamiento. Ya nos son fenómenos caóticos, sino fenómenos emergentes auto-organizados. Tienen su propia racionalidad asistida por la tecnología que les mantiene conectados e informados. El régimen de Mubarak ha tratado de sembrar la confusión mediante el rumor, el miedo y la desinformación. No lo ha conseguido. El pueblo egipcio, como conjunto, ha resultado tener una fortaleza psíquica con la que el régimen no contaba. Se ha equivocado en la estrategia y en las armas utilizadas.

Lo que estamos viendo hoy es el fenómeno de las comunidades carismáticas. Lo que comienza en Túnez es seguido por Egipto, Jordania, Yemen… Hasta Italia se ha lanzado a la calle a decirle a Berlusconi que “Italia no es un burdel”. Las comunidades carismáticas se siguen una a otras conectadas por las nuevas tecnologías. Ya no son solo los gobiernos los que llegan a acuerdos, son las comunidades las que se sincronizan en sus reivindicaciones y acciones. Como fenómenos emergentes, no necesitan líderes carismáticos: la noticia se suelta por la red y se produce la emergencia social. De pronto, están ahí.

Los líderes carismáticos han quedado atrás porque son líderes que se van disolviendo en el tiempo, que se van convirtiendo en gigantescos retratos que presiden salas de reuniones o estatuas en plazas céntricas. Tratan de compensar su falta de credibilidad con un exceso de representación. La revolución de los “militares libres” de los cincuenta se transformó en una dictadura burocrática inmovilista cuya única función era tratar de mantener el equilibrio mientras se desmoronaba por su ineficacia.

Los egipcios están mostrando que no se trata ya de buscar figuras a las que seguir ciegamente, que han tomado en sus manos sus decisiones. Nos dicen que los jóvenes de Alejandría y de muchos lugares de Egipto llevan en sus móviles la imagen del bloguero Jaled Said,* sacado por la policía de un cibercafé, torturado y abandonado en la calle para que una ambulancia lo llevara ya cadáver a algún hospital. Tenemos las emocionantes imágenes de la vuelta del ejecutivo de Google, Wael Ghoneim, desaparecido durante doce días, que se jugó la vida por poder mantener las convocatorias a través de su facebook. Ghoneim ha jugado un papel importante como creador de plataformas virtuales para la generación de las comunidades. Fue quien hizo la versión árabe de la página sobre el bloguero muerto “Todos somos Jaled Said” aglutínante de cientos de miles de personas. La plaza lo ha recibido emocionada. No es un líder y así lo ha comentado ante todos; él solo era una pieza de la red, un miembro de la comunidad. Cuando ha sido entrevistado por la NileTV, ha abandonado entre llantos el plató emocionado por el recuerdo de los muertos: “Ellos son los héroes, no yo”, ha dicho. Las imágenes, una a una, de los caídos por la liberación de su país han hecho que Wael Ghoneim estalle en lágrimas.

No logro imaginarme la misma situación con Mubarak: sentado en un plató viendo pasar una a una las fotos de las víctimas de su régimen.

* http://www.elpais.com/articulo/internacional/martir/revuelta/popular/elpepuint/20110209elpepiint_4/Tes