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martes, 31 de julio de 2012

La camiseta (y lo que representa)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me ha emocionado. RTVE nos mostraba anoche imágenes de la audiencia ante el juez del asesino de Aurora (Colorado), James Holmes. Entre los asistentes llegados a la sala una joven herida luce su camiseta negra de Batman, acompañada por otras personas, quizá la familia. Si Holmes, quieres ser The Joker, ellos reivindican a su héroe, sin necesidad de confundir ficción y realidad, simplemente contraponiendo la camiseta con el logo del murciélago al odio indiscriminado e irracional del asesino de doce personas y decenas de heridos. No necesitan decir "soy Batman"; simplemente se divierten viendo sus películas o leyendo los cómics.
Supone una gran fortaleza mental ponérselas. No es fácil enfundarse en una camiseta cuya sola visión les lleva al recuerdo, psíquico y corporal, de los momentos más angustiosos de sus vidas. El cuerpo tiene también su memoria dolorosa. Llevan vendajes sobre las heridas, resultado del ataque cruel de Holmes, pero se han metido en sus camisetas, que quizá llevaran al estreno de la película, como los fans suelen hacer en estos acontecimientos.  Es su traje de gala, como otros lucen sus modelos sobre la alfombra roja. Es su modesta, sencilla e ilusionada forma de mostrar su deseo de divertirse con la proyección que llevan tiempo esperando, su fiesta.


Ahora la camiseta es un icono, como lo han sido las capuchas en el caso del asesinato del joven Trayvon Martin, muerto por alguien que pensaba que ser negro, adolescente, salir por la noche y llevar capucha eran causas suficientes para dispararte. Millones de personas, de todas las edades y posiciones, decidieron llevar capucha para mostrar su repulsa contra los motivos absurdos que llevaron  a la muerte de Martin.

Las personas que se presentaron con su logo de Batman sobre el pecho proclamaban también algo; manifestaban una actitud frente al crimen y al criminal. Se reivindicaban ellos mismos como espectadores de Batman; reclamaban su derecho a estar sentados allí, a disfrutar de una parte de la cultura popular profundamente arraigada desde hace décadas. Batman forma parte de la vida de mucha gente desde hace varias generaciones a través de los cómics, las películas, las series de televisión, los dibujos animados, los disfraces, etc.
La productora de Christopher Nolan encargó a la comunidad "Designed by Hümans"* la organización del concurso de diseños de la camiseta para la película. Es una comunidad abierta y creativa compuesta por todos aquellos que les gusta realizar diseños para camisetas; remiten sus proyectos a la comunidad y son votados por los miembros. Una de las proyectos era "The Dark Knight Rises". Artistas del diseño de todo el mundo han enviado sus propuestas que han sido votadas por la comunidad. De los cinco finalistas, unos se han centrado en Batman, otros en el villano Bane y otros en la lucha entre ambos o la ciudad bajo el signo de caballero oscuro. Han puesto toda su energía y creatividad en la realización de esos magníficos diseños.

El diseño ganador del concurso de Designed by Hümans

El crítico Scott Meslow, en The Atlantic, escribía, dos días antes del estreno y de la tragedia, recordando la amplitud cultural y generacional del fenómeno Batman, más allá de las películas recientes:

But to truly understand the cultural footprint of Caped Crusader, one has to go exploring the staggering number of Batman fan tributes that exist. There are currently almost 10,000 custom Batman items for sales on Etsy, including wedding cake toppers, dog collars, and women's underwear. There are 7,148 stories based on Batman comics on FanFiction.net, and another 4,987 specifically based on Batman Begins and The Dark Knight. And anyone who goes through a post-The Dark Knight Rises slump can find relief in one of the more than 5,000 "Batman fan films" currently on YouTube, which include a smattering of professional-quality shorts like Batman: The Last Laugh, Batman: City of Scars, or Batman: Dead End, the Citizen Kane of the Batman fan film community. It cost its director/writer/producer $30,000 of his own money and was dubbed on its 2003 release by filmmaker Kevin Smith as "possibly the truest, best Batman film ever made."*


Meslow se refería a la trilogía de Christopher Nolan señalando su incidencia en el "dark" del caballero, en su profundización en los aspectos más trágicos. Cuenta en su artículo cómo había jugado con su primo de nueve años en la consola con Batman Lego, y entonces había podido comprender la amplitud del fenómeno Batman y su introducción en la cultura popular. Había un Batman "oscuro", como el de Nolan, y otros muchos Batman que satisfacían otras dimensiones. Batman es una posibilidad de proyección personal y social, como es característico de la reinterpretaciones de la cultura popular.
Meslow concluye en su artículo, haciendo referencia a la película anterior de la trilogía de Nolan:

The Dark Knight ends with Gary Oldman's Commissioner Gordon calling Batman "the hero Gotham deserves, but not the one it needs right now." But it's my experience that every generation manages to find the Batman it needs.*


También los psicópatas y criminales buscan sus emblemas en cada generación, sus modelos en los que sostenerse y justificarse. Es cosa suya. La entrada en el juzgado de víctimas llevando la camiseta con el logo de Batman es una reafirmación de sus propias historias personales, en las que el caballero oscuro ha jugado un papel como ilusión, entretenimiento o motivo de creación. James Holmes no ha conseguido matar la ilusión de la gente. Junto al lugar de los asesinatos han extendido el logo de Batman sobre el suelo. Velas encendidas mantienen el duelo por los perdidos. Junto a unas flores, en la vigilia, alguien ha colocado un cartel: "Aurora es fuerte". Tan fuerte como para ponerse sus camisetas frente al asesino.


* Designed by Hümans "The Dark Knight Rises Contest" http://www.designbyhumans.com/shirt-design-contest/the-dark-knight-rises.html
** Scott Meslow "Why Bat-Fans Are So Rabid" The Atlantic 19/07/2012 http://www.theatlantic.com/entertainment/archive/2012/07/why-bat-fans-are-so-rabid/260064/





viernes, 27 de julio de 2012

Asesinatos en escena (o Shakespeare no mató a César ni a Lincoln)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En un desafortunado —a mí juicio— artículo de opinión en The New York Times, titulado "Don’t Blame the Movie, but Don’t Ignore It Either", el crítico Stephen Marche, liberando de responsabilidades a Christopher Nolan (¡faltaría más!), establece una serie de confusas comparaciones en las que parte de una bonita frase: "The theater, the place where we are supposed to purge our pity and horror, has been converted into a wellspring of horror itself."* Realiza una inversión de la función de la purga, en donde la gente ya no se libera en el teatro (o cualquier forma escénica, como el cine), sino que, por el contrario, se carga de violencia. El debate es viejo pero, por lo visto, no está superado.
No es lo mismo hablar del arte violento que de la violencia del arte. El arte es "violento" doblemente: en el sentido de que rompe con la tradición buscando nuevas formas y en el de buscar romper nuestra percepción del mundo. Eso ocurre, al menos, en el arte moderno, desde el siglo XVIII, en el que el modelo neoclásico de la "bella naturaleza" pretendió un arte que no molestara a nadie, que transcurriera como "un riachuelo en un prado". Una parte del arte dejó de querer entretener y se dedicó a ahondar en la naturaleza humana dando forma a sus demonios. Se convirtió en una forma de indagación en nosotros mismos, en lo bueno y en lo malo. La aspiración a estar en paz con los dioses deja paso a la revelación moderna de lo humano, demasiado humano.
The Joker no es un modelo de actuación; es la destilación estética de un mal vivo, que existe repartido por el mundo, y que el artista que le dio forma consiguió sintetizar. A las personas normales les resulta repulsivo y desasosegante; que exista gente que se pueda identificar con él, solo significa que partía de una verdad viva. El arte siempre imita a la vida. Y cuando la vida imita al arte, es porque el arte acertó previamente.


Se abren tres frentes en los que cada uno, según sus preferencias, puede descargar (purgarse, ya que estamos) su análisis: el de la crítica al arte violento; el de la crítica a las armas y a la violencia social que implica; y el de la psiquiatría, que se centraría en el asesino como conjunto de motivos e intenciones.

Vayamos primero el segundo punto —el de las armas—, que fue el primero que se planteó como petición a los candidatos a la presidencia, la reacción social ha sido el aumento espectacular de la venta de armas. Ya sea porque unos se sientan con miedo o porque otros teman el recrudecimiento de las condiciones de compra, lo cierto es que la sociedad norteamericana se ha rearmado tras el incidente de Aurora. No sé quiénes han sido, si eran personas dudosas sobre la posesión de armas y que se han decidido por miedo, o personas que han aprovechado para renovar su armario con armamento a la última moda. Las cifras son las cifras y no entran en la mente de la gente.
En el tercer punto, sí se trata de entrar en la mente de James Holmes. Las informaciones que han salido a la luz son confusas, pero parece que algunos psicólogos albergan ciertas dudas sobre su "locura" y creen que puede estar fingiendo. Es pronto para decidirlo, aunque llama la atención que alguien que comete una matanza de este tipo acumule tantos detalles para manifestar su locura. Contrasta en esto con el asesino Breivik, el criminal de Utoya y Oslo, cuya obsesión es que su causa política y racista no sea contaminada con la locura. Allí donde Anders Breivik desea ser considerado cuerdo, parece que James Holmes quisiera ser evaluado como loco. La sonrisa firme y desafiante de Breivik contrasta con la mirada perdida de Holmes; la pulcritud del primero, con el desaliño y descuido personal del segundo. También hay un importante contraste entre la locuacidad del noruego y el silencio verbal —no corporal— del criminal de Aurora. Ambos son asesinos, sin duda; está por ver si ambos están locos, de qué tipo y en qué grado.


El debate sobre la locura tiene también su camino sobre la prevención o detección de los casos. La sociedad pregunta a familia y vecinos sobre si no notaron nada extraño y la respuesta suele ser la misma: personas normales, atentas, cuidadosas, etc. En el caso de Holmes, ya se nos ha mostrado un vídeo de hace tres años en el que se ve a un joven estudiante presentando ante la clase unas dispositivas, exponiendo un trabajo. Todo normal. El envío a un profesor de su universidad, un psiquiatra, de un cuaderno con anotaciones y descripción del crimen que pensaba cometer —tal como ha informado toda la prensa—, es otro dato más que hay que tener en cuenta. Sin embargo, el sobre con el cuaderno no fue entregado durante una semana al profesor y, solo después de la matanza, la Universidad llamó al FBI al ver el nombre del remitente. Parece que Holmes tenía mucho interés en que su domicilio saltara por los aires con las bombas incendiarias, pero que tenía un interés especial en que ese cuaderno estuviera a buen recaudo.

Vayamos ahora con el primer punto. Decíamos que el artículo de Stephen Marche en The New York Times nos parecía desafortunado por dos aspectos. El primero de ellos es la comparación del caso de Aurora con el asesinato de Abraham Lincoln, el 14 de abril de 1865, cometido en un teatro. 
Durante la representación de la comedia Our American Cousin, aprovechando unas frases especialmente divertidas en las que el público, que conocía bien la obra, soltaba grandes carcajadas ("Don't know the manners of good society, eh? Well, I guess I know enough to turn you inside out, old gal — you sockdologizing old man-trap."), el actor John Wilkes Booth aprovechando el ruido, disparó al presidente Lincoln en la cabeza. Lo hizo al grito de "Sic semper tyrannis!", frase atribuida a Bruto durante el asesinato de Julio César. La frase está incluida desde 1776 en el escudo del estado de Virginia y se consideraba una advertencia a los tiranos.
Establecer la conexión entre el asesinato de Lincoln porque se produce en un teatro, con los asesinatos de Aurora, porque se producen en un cine, no aclara nada y sí trae más confusión, demasiada. 
El asesinato de Lincoln es un crimen político, parte de una conspiración de la que John Wilkes Booth fue el brazo ejecutor. Booth no era un loco y, por supuesto, el momento y lugar no tenían ninguna influencia sobre él, sino que fue el momento en que al asesino le vino mejor y en un espacio que como actor conocía bien. Booth no entró en la sala a matar a cualquiera, sino a su odiado presidente, a un tirano. Por eso la conexión es oscurecedora.
Señala en su artículo Stephen Marche:

Christopher Nolan — the director of the Batman trilogy — is no more to blame for the Aurora rampage than Shakespeare was to blame for the assassination of Lincoln. But just because there’s no responsibility doesn’t mean there’s no connection. The drama was both at the forefront of Booth’s crime and deeply in the background. He chose the location to give his violence a spectacular quality and he was motivated, at least in part, by its power. James E. Holmes’s madness, or whatever name we eventually come up with for what motivated him to kill 12 people and wound dozens more, also ran on the power of drama. He allegedly said “I am the Joker” before opening fire, and an employee at the jail where he was arraigned told a reporter, “He thinks he’s acting in a movie.” Real life had become drama. His rampage was theatrical in every sense.*

El meter a Shakespeare por medio es para establecer la asociación con la obra Julio César y por entender el crítico que Booth estaba representando fuera de la escena el papel de Bruto. Al no resultar rentable establecer conexiones con la farsa que se representaba en el escenario, Marche tiene que recurrir a una supuesta obra mental en la que Booth se vería como Bruto y Lincoln sería forzado a representar el papel de César. Muy interesante, pero ¿qué tiene esto que ver con el crimen de Aurora? Además, Bruto y César —se olvida de ello Marche— eran personas reales como lo fue su asesinato. Shakespeare no mató a César, no fue fruto de su imaginación.


Si es cierto que James Holmes gritó "I am the Joker" su elección fue una forma más de aterrorizar a sus víctimas en plena sesión de la película de Batman, en la que el recuerdo de The Joker estaría obviamente presente en los asistentes. No forma parte de su locura sino de su plan de acción en un entorno específico. Una inteligente y medida forma de paralizar a sus presas. Holmes iba disfrazado; Booth, no.
Lo peligroso de los razonamientos de Stephen Marche es que, por eliminación, lo único que queda coherente es la elección del espacio simbólico, el teatro mismo, el espacio de la representación: "just because there’s no responsibility doesn’t mean there’s no connection". Aristóteles indagó, además de en la idea de purga, también en el silogismo y la causalidad. "Conexión" es demasiado confuso. 
Pero Marche va más allá:

A new cliché has taken hold, though, one that insists on an absolute separation between violent art and real violence. Only a few hours after the shooting, Indiewire proclaimed: “Don’t blame the movie.” As if an army of cultural warriors was poised over the hill, ready to charge Warner Brothers.
The truth is that real violence and violent art have always been connected.*


La teoría de Marche se cierra con esa afirmación sostenida en un equívoco importante, como hemos visto. La violencia del arte y la violencia de la vida están conectados no por las causas que señala Marche, sino porque ambas forman parte de la experiencia humana. Es de una gran hipocresía pensar que en una sociedad rodeada de violencia, que hace de ella un gran negocio y una fuente de poder, la gente carga sus pilas en el arte. Pero lo más visible —el arte— siempre es mejor candidato que lo semienterrado —la violencia social—. No tenemos explicación para cuando el arte representa lo violento; sí tenemos, en cambio, toda clase de excusas para la violencia real —económica, religiosa, bélica, familiar...—.

Marche soslaya que John Wilkes Booth asesinara a Lincoln durante una comedia y en mitad de un chiste. Su crimen no tuvo nada que ver con el arte, ni con Shakespeare, ni con César. O tuvo que ver en la misma medida en que todo lo que experimentamos o conocemos nos moldea de mayor o menor forma. Pero no todo el mundo reacciona de la misma manera a los mismos estímulos.
Todas las personas que fueron a ver la película lo hicieron para divertirse. Todos menos uno, al que no le interesaba la película. Elaborar una teoría sobre la excepción es complicado. Hay personas que usan los objetos artísticos como los que utilizan la gasolina para prender fuego a edificios. La mayoría de la gente la usa para mover sus coches. Podemos establecer una teoría entre asesinos y gasolineras, si nos place. 
Habrá que esperar para conocer las verdaderas motivaciones que le llevaron a elegir el disfraz. El largo camino que le lleva a teñirse el pelo de naranja es el interesante; no la media hora de peluquería.

* "Don’t Blame the Movie, but Don’t Ignore It Either" The New York Times 26/07/2012 http://www.nytimes.com/2012/07/27/opinion/dont-blame-the-movie-for-the-aurora-shootings.html?hp





sábado, 21 de julio de 2012

Oscuro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Me enteré de la matanza de Aurora (Colorado) minutos antes de salir para el cine para ver la nueva película de Batman. Fueron las últimas noticias que escuché: un tiroteo en un complejo con dieciséis salas de cine. El hecho se produjo en una sesión nocturna de estreno, la segunda más importante en los Estados Unidos después del estreno de Harry Potter y las reliquias de la muerte, 2ª parte.
La película de Christopher Nolan es magnífica; es el cierre de la cadena de venganzas con las que el cineasta y guionista, junto con su hermano Jonathan, completaron la historia del superhéroe más vulnerable y oscuro, dejando tres grandes películas para la historia del cine de la última década. Nolan no es un cultivador de la violencia, sino su analista. Todas sus películas son indagaciones sobre nuestros sueños y pesadillas y su origen social. De Memento a Origen y la trilogía de Batman, Nolan trata de una sociedad víctima de sus propias contradicciones y miedos, dominada por falsos héroes (en la política, en los negocios...) que aplasta, en cambio, a los que intentan ayudarla. 
La película anterior de la trilogía, El caballero oscuro, es un análisis devastador del comportamiento llevado al extremo de la supervivencia: la sociedad prefiere vivir en la mentira antes que enfrentarse a la verdad sobre sí misma. Necesita héroes, pero esos héroes son falsos, como es el caso de Harvey Dent, el "caballero blanco", el fiscal villano convertido en héroe para mantener las apariencias sociales, cuyo homenaje, ocho años después, es el comienzo de la tercera entrega.

Heath Ledger como The Joker
El papel central de El caballero oscuro lo desempeñaba uno de los villanos más inquietantes de la historia del cine, The Joker, cuya maldad provenía de su crueldad profunda, alimentada por la lucidez del conocimiento negativo del género humano. The Joker no solo hacía el mal, sino que lo explicaba. El caballero oscuro estuvo nominada a seis premios de la Academia de Cines y ganó dos, uno de ellos para el actor Heath Ledger por su interpretación extraordinaria de The Joker, que mereció además el Globo de Oro. Los premios fueron póstumos, pues su suicidio le impidió disfrutarlos. The Joker desapareció del universo de Batman; Heath Ledger, del nuestro.


En la tercera entrega de la serie de Nolan, el villano Bane también combina la lucidez de sus análisis con su brutalidad. Ha sido criado en el fondo de un agujero prisión del que solo una persona consiguió escapar, un lugar para condenados. El agujero que les muestra el cielo es su principal instrumento de tortura: es la esperanza inútil de escapar, lo que da a la película de Nolan un tono existencialista camusiano, convirtiendo a los humanos en sísifos condenado a subir por la ladera —las paredes del agujero en este caso— para intentar salvarse. La tortura mayor es la esperanza porque nos mantiene vivos.


Pero el auténtico villano de esta tercera entrega entró por la puerta lateral de un cine en la localidad de Aurora, en Colorado. Lo hizo con una máscara antigás, un chaleco antibalas y cargado de armas que utilizó contra el público de la sala. El conocido crítico de cine del Chicago Sun-Times, Roger Ebert, escribía hoy mismo en The New York Times:

JAMES HOLMES, who opened fire before the midnight premiere of “The Dark Knight Rises,” could not have seen the movie. Like many whose misery is reflected in violence, he may simply have been drawn to a highly publicized event with a big crowd. In cynical terms, he was seeking a publicity tie-in. He was like one of those goofballs waving in the background when a TV reporter does a stand-up at a big story.*

Tiene razón Ebert. El asesino no vio la película. No sé sí Holmes se hubiera comportando de otra manera si la hubiese visto, pero me gustaría pensar que sí, que el arte nos enseña algo sobre la vida y sobre nuestra carencias y limitaciones, sobre nuestros heroísmos y miserias. Me gustaría pensar que si Holmes hubiera desviado por unos segundos la vista hacia la pantalla, se hubiera sentido fascinado por las imágenes e incapaz de resistirse, se habría sentado discretamente en un rincón de la sala y habría meditado a su término. Me gusta pensarlo. Pero Holmes no fue a ver la película, sino al público.
Entro en la web oficial de la película y encuentro un breve mensaje de Christopher Nolan que se superpone a las imágenes de la película. Comienza manifestando su horror por el crimen y su dolor por las víctimas y sus familia. Y continúa:

[...] Creo que las películas son una de las grandes formas americanas de arte y que la experiencia compartida de contemplar una historia en una pantalla es un importante y gozoso pasatiempo. La sala de cine es mi hogar, y la idea de que alguien pudiera violar este inocente y esperanzador lugar de una forma insoportable es devastadora para mí. Ninguno de nosotros podría expresar adecuadamente nuestros sentimientos por las víctimas inocentes de este atroz crimen, pero nuestros pensamientos están con ellos y sus familias.**


Vídeo mensajes grabados por los fans en la página oficial eligiendo la máscara

La relación del arte con el mundo de la realidad es compleja porque no son mundos separados: el arte incluye la realidad y la realidad el arte. Cuando Nolan crea sus películas, ha vivido en un mundo al que devuelve sus películas. Es lo que define la existencia del arte y lo que posibilita su eficacia. No puede existir un arte desligado del mundo y de la experiencia y, además, si existiera sería inútil porque no podría ser comprendido por nadie.
Escribe Roger Ebert:

I’m not sure there is an easy link between movies and gun violence. I think the link is between the violence and the publicity. Those like James Holmes, who feel the need to arm themselves, may also feel a deep, inchoate insecurity and a need for validation. Whenever a tragedy like this takes place, it is assigned catchphrases and theme music, and the same fragmentary TV footage of the shooter is cycled again and again. Somewhere in the night, among those watching, will be another angry, aggrieved loner who is uncoiling toward action. The cinematic prototype is Travis Bickle of “Taxi Driver.” I don’t know if James Holmes cared deeply about Batman. I suspect he cared deeply about seeing himself on the news.*

Como en todo lo que tiene que ver con las motivaciones, no es sencillo elaborar ni una teoría general ni una particular del caso.  Unas teorías se nos pierden en las reflexiones sobre los males de la sociedad y otras entre los maltratos de la infancia o las vejaciones de los compañeros de clase. Unos se preguntan por cómo afectará a la taquilla y otros sobre por qué no aprovechan ambos candidatos a la presidencia estadounidense para enfrentarse al problema de las armas en Estados Unidos. Sería, en efecto, una buena ocasión. Pero mañana se cumplirá el primer aniversario de la matanza de Utoya, del asesino de más de setenta personas, en la pacífica y desarmada Noruega. Las armas son importantes, pero no basta.
Entre las víctimas, la prensa comenta el caso de una joven periodista de deportes, Jessica Redfield que sobrevivió hace apenas un mes a otro tiroteo en Toronto. Sus compañeros de Sporting News le han dedicado unas palabras de recuerdo: "The world is a worse place without her after the movie theater shooting in Colorado that robbed all of us of a chance to see her reach her goals."***

En su blog, Jessica Redfield se preguntaba todavía por el tiroteo de Toronto, del que se había librado por un impulso repentino. Daba las gracias por estar viva y disfrutar de todo lo que la vida le ofrecía, intentando recuperarse y comprender la sinrazón del tiroteo:

I say all the time that every moment we have to live our life is a blessing. So often I have found myself taking it for granted. Every hug from a family member. Every laugh we share with friends. Even the times of solitude are all blessings. Every second of every day is a gift. After Saturday evening, I know I truly understand how blessed I am for each second I am given.
I feel like I am overreacting about what I experienced. But I can’t help but be thankful for whatever caused me to make the choices that I made that day. My mind keeps replaying what I saw over in my head. I hope the victims make a full recovery. I wish I could shake this odd feeling from my chest. The feeling that’s reminding me how blessed I am. The same feeling that made me leave the Eaton Center. The feeling that may have potentially saved my life.****


Sus compañeros comentan su último twit:

"Our last Twitter exchange was Thursday night, about the Batman movie that she was going to see in Colorado. It was pure silliness, sharply sarcastic and made me smile. Only now, her shout of "MOVIE DOESN'T START FOR 20 MINUTES" is just haunting."***

Vista hacia atrás, la vida siempre adquiere extraños e inquietantes sentidos; pero la vivimos hacia adelante, abriendo puertas. Quizá Jessica Redfield había elegido el acontecimiento del estreno para despejar sus pensamientos de los hechos recientes de Toronto. Todo se vuelve oscuro y la vida vuelve a superar al arte en su retorcimiento, pero lo importante eran sus ganas de vivir, reales, ilusionantes, para salir del agujero al que las circunstancias la habían arrojado. La esperanza, como en el agujero cruel de la película de Nolan, está en un lejano círculo de cielo inalcanzable, pero hacia el que hay que trepar cada día para intentar salir porque la leyenda nos dice que alguien lo consiguió.
Jessica Redfield quería vivir. James Holmes, en cambio, solo quería matar. El mundo es oscuro y el arte trata de expresarlo para entenderlo. Puede que no lo consigamos nunca porque ese "mundo" que tratamos de entender está hecho con los sueños de Jessica y con las pesadillas de James Holmes. Christopher Nolan solo trata de comprenderlo y explicarlo. Eso hace el verdadero arte.


* Roger Ebert "We’ve Seen This Movie Before" The New York Times 20/07/2012 http://www.nytimes.com/2012/07/21/opinion/weve-seen-this-movie-before.html?_r=1&hp
** The Dark Knight Rises (web oficial) http://www.thedarkknightrises.com/apps.php
*** "Colorado shooting: Jessica Redfield was a passionate journalist—and a good friend" Sporting News NHL 20/07/2012 http://aol.sportingnews.com/nhl/story/2012-07-20/colorado-shooting-dark-knight-rises-jessica-redfield-ghawi-jesse-spector
**** Jessica Redfield "Late Night Thoughts on the Eaton Center Shooting" A Run On of Thoughts. http://jessicaredfield.wordpress.com/2012/06/05/late-night-thoughts-on-the-eaton-center-shooting/