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martes, 24 de septiembre de 2024

Poder, conflictos y desigualdad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Dos noticias coinciden en los titulares de ayer, día 23. La primera es la que nos señala la inoperancia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del que se nos dice en RTVE.es que "... son los ganadores de la II Guerra Mundial los que tienen la última palabra en decisiones importantes, como pedir un alto el fuego en una guerra."* El poder de los estados ganadores ya no está en la vigilancia por la paz, sino que esta es el resultado de un tejido de intereses. La paz ya no es un objetivo superior, sino un estado conveniente.

Cuanto mayor es la presión existente, la paz se vuelve más frágil. La guerra en Ucrania y en Oriente Medio ya forma parte de las estrategias y, como vemos, no se hace caso del daño que está haciendo a civiles o de la destrucción sistemática de los espacios, algo que tardará años, décadas en recuperarse. La guerra ha vuelto a ser un arma de los estados y nadie parece poder ponerle freno. Falla la seguridad, fallan las potencias que, lejos de buscar la paz, ya tienen en la guerra una herramienta.

Los temores expresados por las diplomacias de determinados países hablan ya del elevado riesgo de una confrontación "abierta". Pero ¿cuántos muertos son necesarios, cuántos bombardeos, etc. para que se deje de jugar con las palabras?

La otra noticia que se nos ofrece es la que lleva por titular "El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95%, según Oxfam Intermón"** Son las "súper potencias" con nombre y apellidos.

Creo que las dos noticias nos hablan del mismo mundo, nos hablan del reparto del poder. Podemos discutir quién controla a quién en cada momento, pero de lo que no hay duda es de su connivencia.

Cuando se nos habla del papel de la "riqueza" y su distribución vemos que coincide con los espacios en intereses de los conflictos, que los lugares más inestables tienden a ser dobles víctimas de la violencia y esa otra forma que es la explotación. 

Entre otros datos, el informe precisa que el 1% más rico posee el 43% de todos los activos financieros globales y que dos multinacionales son propietarias del 40% del mercado mundial de semillas. Las "tres grandes" gestoras de fondos estadounidenses (BlackRock, State Street y Vanguard) gestionan 20 billones de dólares en activos, cerca de una quinta parte de todos los activos de inversión en todo el mundo.

Esta "hiperconcentración de poder y riqueza" alimenta la desigualdad entre personas y entre territorios, asegura el informe, puesto que los países del sur global "solo cuentan con el 31% de la riqueza global", pero representan el 79% de la población.

Amenaza para los retos globales

Oxfam habla así de una "era de oligarquía global", en la que los esfuerzos globales frente a la crisis climática, los niveles persistentes de pobreza o la desigualdad "están siendo amenazados por la concentración de poder en manos de los ultrarricos y las megaempresas".

"Aunque el mantra es que la rivalidad entre grandes potencias es el mayor factor que socava el multilateralismo, la realidad es que la desigualdad extrema juega un papel clave. En los últimos años, los ultrarricos y las empresas con mayor poder han utilizado su enorme influencia para frenar los esfuerzos para resolver los principales problemas del planeta, como la lucha contra la evasión y la elusión fiscal, asegurar que las vacunas contra la COVID-19 sean accesibles para todas las personas, o cancelar las deudas insostenibles de los países del sur global", ha explicado Cortada.**

La noticia del informe de Oxfam va precedido de la fotografía de un sonriente Elon Musk, uno de esos mega millonarios que fue recibido en Israel, como tituló el diario El País, "como un jefe de estado", advirtiendo de la posibilidad de una tercera guerra mundial.

La creciente desigualdad en el mundo hará crecer el número de conflictos entre países y dentro de ellos. Las zonas —al margen de los conflictos bélicos ya creados— de mayor inestabilidad son también las de más desigualdad, como ocurre con el sur americano, un auténtico polvorín social. Ya África y Oriente Medio lo son, con todo tipo de conflictos y las grandes potencias favoreciendo las crisis. El apoyo "incondicional" norteamericano a Israel y las maniobras de Rusia por toda África financiando ejércitos mercenarios que recorren el continente son fuente de inestabilidad en todos los órdenes.

Los intereses políticos y económicos son una mala combinación cuando la paz ya no es un objetivo, sino un obstáculo. 

El Consejo de Seguridad ya no garantiza paz alguna. Su política, al resurgir la dialéctica de bloques, es ya la del veto y no la del acuerdo. Esto no es bueno. La creencia en que es una forma de control sobre el resto del mundo por parte de las potencias anula su función real. La idea de António Guterres llamando "desactualizado" al Consejo es demasiado "eufemística". Creo que es algo más.

Lo vemos en el comportamiento sin límite de Israel al saber que no va ser frenado por los vetos en el Consejo. El concepto mismo de "ataque preventivo" usado es una forma de sembrar destrucción sin posibilidad mediadora, sin freno alguno. Que sean los vetos por intereses cruzados los que definan la vida de decenas de miles de personas, muchas de ellas civiles inocentes, es una muy mala señal para el futuro. La desigualdad creciente no ayuda a un crecimiento en paz. La miseria es el mejor combustible para las guerras.

Son muchos los requisitos que se van cumpliendo para ver desastres mayores en el horizonte. La desigualdad creciente va redefiniendo el poder bruto que actúa ya sin máscara. Los efectos sobre muchas zonas es el crecimiento de los conflictos, que acaban siendo violentos ante la falta de un arbitraje aceptable por todos. Mal camino.

 

* Isabel Dólera (RNE) "El Consejo de Seguridad, a debate en la Cumbre de la ONU: "Está bloqueado, usan el derecho a veto según sus alianzas"" RTVE.es 23/09/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240923/utilidad-consejo-seguridad-onu-debate/16259676.shtml

 ** "El 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el 95%, según Oxfam Intermón" RTVE.es / EP 23/09/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240923/poblacion-mundial-riqueza-oxfam-intermon/16258543.shtml

lunes, 29 de abril de 2024

Desigualdad creciente

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Un artículo en 20minutos, firmado por Julia García, Coordinadora de Ciudadanía de Oxfam Intermón pone el dedo en la herida que los datos tratan de evitar. Su título, "La desigualdad no está en los números", puede resultar equívoco en su interpretación, pero es claro en su desarrollo desde su primer párrafo: «La desigualdad trasciende la mera estadística; es una realidad palpable en nuestras vidas diarias. Desde prescindir de salud dental hasta la elección entre alimentos básicos, para muchas personas llegar a fin de mes se siente como una espada de Damocles y se silencia con analgésicos y ansiolíticos.»*

La distancia entre los discursos políticos y los hechos de la realidad vivida por una cantidad mayor de personas es cada vez mayor. A su vez, la distancia entre las personas va aumentando en todas las instancias. La desigualdad social va aumentando en un sentido, el referido a la riqueza y la pobreza, mientras que aumentan las personas desfavorecida. Los porcentajes de unos y otros van distanciándose. Menos ricos, más pobres.

Las quejas estos días alrededor de un elemento esencial, la vivienda, no son casuales. La construcción ha sido un elemento de especulación y la hucha con la que algunos compensan estas desigualdades.

La transformación de España en "paraíso turístico" basado en la especulación inmobiliaria ha hecho que salten las comunidades receptoras de turistas, Canarias y Baleares. Otras ya les siguen en la misma queja: se han convertido en espacios inhabitables para los residentes  y se desarrollan a "precios turísticos". España se ha convertido en un espacio vacacional dirigido al extranjero, que es donde están los recursos. El que viene de puente o vacaciones es porque se lo puede permitir, todo vale para atraerle; el que vive aquí, por el contrario, cada vez lo tiene más difícil.

A todo esto se le junta la precariedad en el empleo y los bajos salarios que hacen que las personas estén al límite. En el artículo de Julia García se señala:

Esta realidad se ve reflejada en una macroencuesta de Oxfam Intermón, donde más de 4.000 personas compartieron sus experiencias sobre cómo se vive la desigualdad en España. Revela una población cansada, al límite de sus recursos, evidenciando los estragos de las sucesivas crisis, las limitaciones estructurales del mercado laboral y las prestaciones sociales, así como la creciente concentración de riqueza en manos de unos pocos y el declive de la riqueza pública en favor de la privada.

En un país donde el turismo promete prosperidad, es paradójico que un 40% no pueda costearse unas simples vacaciones anuales. La desigualdad también se manifiesta en los hogares, donde la mayoría de las personas jóvenes solo puede pagar el alquiler con ayuda familiar, siendo el grupo más afectado por la crisis habitacional, pero no el único.

La incertidumbre económica es asfixiante; cerca del 40% de la población no podría enfrentar un gasto inesperado de 600 euros, viviendo al día y sin poder planificar el futuro. Estas angustias entienden de género. Hasta el 60% de las mujeres están insatisfechas con su situación económica.*


El panorama es bastante desalentador y creo que no hay exageración. Aquí hemos tratado estas cuestiones de forma continuada, por encima de las alegrías tranquilizadoras con las que la clase política, en sus guerras, nos la cuentan a los ciudadanos, un mundo en el que los problemas no crecen, sino que "se denuncia más", un argumento absolutamente encubridor de la realidad, un negacionismo del empeoramiento.

Pero la realidad está ahí mientras nuestros políticos discuten, hay una corrupción galopante que no tiene reparos en enriquecerse a costa de los dineros públicos y que se evidencia en los juzgados, pasarela de ministros y exministros.

La desigualdad, tal como se afirma en el artículo, es un hecho, un hecho creciente. La base es la debilidad del sistema que ve cada vez más al trabajador como una carga "necesaria", pero que hay que "aligerar". Sobre ellos recae todo el peso y la larga lista de desempleados no favorece la resistencia. El que llega lo hace con la lección aprendida.

También en 20minutos, Jorge Millán nos informa del aumento de los despidos por no superar los periodos de prueba, sobre los que existe sospecha de fraude:

Los ceses de trabajadores por no superar el periodo de prueba en contratos indefinidos se han disparado después del coronavirus y tras la entrada en vigor de la reforma laboral. El año pasado se registraron un total de 702.802 bajas de afiliación a la Seguridad Social por este motivo, un aumento del 430% si comparamos este dato con el de 2019, el último año anterior a la pandemia. 

De hecho, esta causa es la que más ha aumentado en términos relativos frente a 2019, por encima de las 27 que monitoriza la Seguridad Social. Unas cifras que han llevado a la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, a estrechar la vigilancia de la Inspección de Trabajo ante posibles casos de "fraude" en el uso de los periodos de prueba.**   

Una situación más bajo sospecha y que aumenta la sensación de angustia por parte de las personas y baja sus posibilidades de una estabilidad en diversos órdenes, del económico al emocional. No debemos olvidar que aunque los estudios realizados nos hablen de perspectivas diversas, la realidad junta en las personas todas ellas. No hablan de distintas personas, sino de la misma situación, de personas que lo padecen. No es de extrañar que esa realidad laboral angustiosa se traduzca en otras situaciones emocionales, como el aumento de las enfermedades mentales, de tendencias al suicidio, violencia, etc. Solo hay una realidad y esta no es buena para la gran mayoría, que vive los problemas propios y los de los allegados de forma intensa.

Esto es lo que nos quieren decir desde Oxfam Intermón. Y tienen razón. 

* Julia García "La desigualdad no está en los números" 20minutos 29/04/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5240398/0/desigualdad-no-esta-los-numeros/ 

** Jorge Millán "Los ceses por no superar el periodo de prueba en indefinidos crecen un 430% desde 2019, el doble que el resto de bajas" 20 minutos 28/04/2024 https://www.20minutos.es/noticia/5240422/0/los-despidos-por-no-superar-periodo-prueba-indefinidos-crecen-un-430-desde-2019-doble-que-resto-bajas/

sábado, 10 de septiembre de 2022

De ricos y pobres (a la española)

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo estamos en las portadas por datos negativos. Esta vez se trata de algo relevante para la vida diaria, el poder adquisitivo. Los titulares lo confirman en diversos medios: "El salario real cae un 4,4%, el doble de la media en la OCDE" (La Vanguardia), "La OCDE alerta de un recorte "sustancial" del poder adquisitivo de los trabajadores y pide revalorizar el salario mínimo" (RTVE) entre otros.

Significa algo simple, con el mismo dinero podemos comprar menos cosas; nuestro poder de adquirir disminuye. Si todo sube menos los salarios, que pueden incluso disminuir, como desgraciadamente experimentamos cada día, lo que podamos adquirir es cada vez menos. Con la inflación son los precios los que suben, mientras que nuestras perspectivas de adquisición disminuyen. Para comprar lo mismo hay que tirar del ahorro, que se acaba consumiendo. Se reduce el gasto para poder vivir dentro de "lo posible", que es aquello que podemos hacer con lo que tenemos.

Vivimos en una crisis que se nos dice se ha producido por la guerra de Ucrania y las manipulaciones por parte de Rusia. Eso es solo una parte. Aquí ya hemos planteado la idea de que la posibilidad de manipular a través de la energía es muy grande, ya que afecta a todos los sectores. Rusia comenzó a "preparar la crisis" con antelación: creo unas condiciones que supusieran menor margen de maniobra para Europa en el momento de la invasión de Ucrania. Creía Putin que así la victoria se lograría antes, pues la Unión ya estaría condicionada por los precios, las protestas por sus subidas y las crisis de empleo que se provocaría. Todo ello sería lo suficientemente preocupante para la Unión Europea, que metida en una enorme crisis sufriría las consecuencias. Putin parte siempre de un principio: la debilidad de la democracia. Esto supone que los gobiernos, cada vez más inestables por todas partes, "temen" a la opinión pública, que esta es egoísta y manipulable, algo que el fomenta a través de la creación y desarrollo (financiándolo muchas veces) de conflictos sociales, políticos, territoriales, etc. La guerra que se da en Ucrania se produce mucho más allá gracias a este tipo de situaciones.

Pero el caso español tiene sus propias condiciones, la que hacen que tengamos una economía débil, hipersensible a cualquier variación (casi siempre para mal) y con unos desarrollos especiales respecto al resto de Europa. Casi siempre que se da un dato, el de España suele ser negativo. Por ello se insiste tanto en el "crecimiento" porcentual. Es cuando nuestra ministra dice que "vamos a crecer el doble que la media europea", por ejemplo. Se ahorran las cifras reales y se nos habla de tantos por ciento, lo que no permite saber en qué consiste ese "crecimiento" real y que no vemos casi nunca traducido en hechos más que cuando son realmente efectivos en sectores de la economía.

En Antena 3, en medio de la crisis actual, se nos ofrece un artículo con el titular "Los ricos se duplican en España en los últimos 10 años". Allí se explica:

Parece mentira que pese a ver la situación económica actual, la cual llevamos arrastrando durante varios años en nuestro país, sean cada vez más las grandes fortunas que encontramos a lo largo de nuestro territorio.

La economía española no se encuentra en su mejor momento y la vida, cada día que pasa, se vuelve más cara y, con ello, difícil para muchas familias el poder afrontarla. Sin embargo, muchas personas parecen vivir lejos de esta realidad, y son cada vez más los ricos en el mundo, y también en España.

Según los datos del año 2020 sobre la recaudación del Impuesto de Patrimonio de la Agencia Tributaria, los contribuyentes que declaran patrimonios superiores a 30 millones de euros se han multiplicado por más de dos en la última década, pasando de 352 declarantes en el año 2011, a los 724 del 2020.

Esto refleja que la cantidad de personas ricas en España no haya hecho más que aumentar. En 2012 los ricos eran 443, ascendiendo a 471 en 2013, superando los 500 un año después hasta situarse en los 508. Se alcanzaron los 549 en 2015, unos 30 más un año más tarde y los 611 en 2017. No obstante, pese al ligero retroceso de 2018 del número de ricos hasta los 608, esta cifra creció significativamente un año más tarde hasta los 701.

En 2020, los contribuyentes de este impuesto alcanzaron los 218.991, frente a los 212.284 de un año previo. Por tanto, más de 6.700 declarantes nuevos se sumaron a la declaración del Impuesto por una suma media de 3,5 millones de euros. * 

Los dos primeros párrafos son auténticamente naif. Podemos pensar en la diferencia entre un "país rico" y un "país de ricos". Que haya cada vez más "ricos", gente con patrimonios superiores a esos 30 millones de euros, no nos indica que no haya crisis, sino más bien lo contrario. Lo que significa realmente es que aumenta la desigualdad y que el dinero de todos a unos pocos bolsillos, los de esos que se enriquecen por encima, muy por encima de los demás. Si la primera noticia nos habla del empobrecimiento general por la pérdida de poder adquisitivo por la inflación, la bajada de los salarios, etc., la segunda nos confirma que muchos de esos movimientos se reparten de forma muy diferente.

Es aquí donde entra un factor esencial del que nosotros no disponemos en todos estos años, un modelo de economía con unos objetivos sociales compartidos. Tenemos que elegir entre ser un país rico o en ser un país de ricos, en los que se permiten las desigualdades que hacen que lo que unos ganan no repercuta en la sociedad. Por esos cualquier modelo se debe basar en el acuerdo social, en unos objetivos por encima de que cada cual se haga rico como pueda, que sería la base de este modelo liberal que tenemos,  por encima de los propios gobiernos.

El modelo más social, que trataría de un crecimiento armonioso, de cubrir las necesidades y evitar las grandes diferencias, es sustituido por un modelo más individualista en el que se reducen las reglas para permitir que cada uno aproveche lo que tiene por delante en beneficio propio, considerado el único estímulo posible para el desarrollo. Este último modelo, evidentemente, provoca más ricos y más pobres. La cuestión no es solo de diferencias, sino que esas diferencias establecen nuevas diferencias, con lo que se van ampliando el abismo y, lo que es peor, el poder empieza a tener un color cada vez más complicado de cambiar. Los favorecidos se reproducen y mantienen sus privilegios, creando castas de las que es difícil librarse. No hay fin ni límites para la ambición, por lo que nunca se es suficientemente rico y, como en una mesa de juego, este no se acaba hasta que no se "limpia" a todos los demás jugadores de la mesa.

La pobreza está aumentando; está aumentando, además, la debilidad de los pobres. De hecho, cuando se les protege, se importan nuevos pobres para poder mantener las condiciones de explotación. Lo vemos en determinados países en los que los inmigrantes carecen de derechos que no sean los que benefician a sus nuevos amos. Esto puede llegar a extremos como los de Arabia Saudí, por poner un ejemplo conocido, en el que si el trabajador se queja es puesto inmediatamente en la frontera, un privilegio que mantiene su empleador e "importador"; ante esa amenaza, los que se quedan son sumisos y obedientes. Muchos prefieren al inmigrante sin derechos, al clandestino; cuando más opaco sea, mejor; será más fácil de explotar.

Que crezca el número de ricos y aumente el de pobres es una muy mala señal. Significa que el sistema se está polarizando, que decrece el espacio intermedio sobre el que se asienta el movimiento social, tanto de ascenso como de descenso. Significa que hay vías para enriquecerse que solo están al alcance de algunos, mientras que el empobrecimiento por las crisis afecta a una gran parte de la población, a su mayoría.

La falta de acuerdo sobre el modelo social lo vemos todos los días en las discusiones sobre si se recortan los beneficios escandalosos de los sectores o si se amplía el salario mínimo. Son dos formas de ver la vida, la del que tiene beneficios y ahorro sobrado y la del que no llega a fin de mes y encima se le pide que consuma, que viaje, vaya a fiestas, etc., es decir, que no deje de gastar para sostener la economía y mantener vivo el movimiento de los capitales.

No sé muy bien de dónde van a sacar el dinero que gastan los que cada vez ganan menos. Sí sé, en cambio, de dónde quieren sacar el dinero los que quieren ser cada vez más ricos: del gasto público. Lo que no pueden gastar los ciudadanos lo debe gastar el estado para que puedan seguir siendo más ricos pagando menos a sus asalariados. El final de todo esto se ha escrito muchas veces: el nuevo o viejo rico, acaba en otro país, donde le dejan seguir haciendo lo mismo y le llaman "inversor", mientras que el que se queda sin recursos o empleo acaba siendo sostenido por el estado, ante el escándalo de los sectores privados.

Los países deben alcanzar una conciencia identitaria propia, no el trasnochado y virulento nacionalismo (como el fomentado por Trump). Eso implica un sentido de comunidad y de responsabilidad hacia todos. No es sencillo; hay múltiples problemas para ello, propios y globales. Pero si no se intentan, el desastre, la miseria y demás se irán apoderando de nosotros.

No solo vivimos una crisis económica. Está —desde hace mucho tiempo— en crisis nuestro débil modelo económico, dictado desde poderosos sectores, que nos han llevado de una crisis a otra, como se vio en la incentivación del crédito y la crisis inmobiliaria. Hay que sentarse y pensar sobre el conjunto de país que hemos hecho y que no conseguimos rectificar.  

* Lara Fidalgo "Los ricos se duplican en España en los últimos 10 años" Antena 3 7/09/2022 https://www.antena3.com/noticias/economia/ricos-duplican-espana-ultimos-diez-anos_2022090663176dd8142d7b0001a063fb.html 

martes, 8 de febrero de 2022

La angustia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


¿Está usted angustiado? Según los datos, debería estarlo. La consolidación de la angustia parece ser un hecho global. Anteriormente, la Historia conoció algunas formas de angustia, pero muy diferentes a lo que hoy consideramos y detectan nuestras encuestas mundiales.

Occidente, por ejemplo, vivió un cierto estado de ansiedad con los llamados "terrores del año mil", que es cuando algunos consideraban que el mundo se iba a acabar. El año 1000 pasó y no ocurrió nada destacable. Hay que señalar que para muchos era incluso una satisfacción la llegada de esa fecha porque la promesa de un otro mundo mejor en comparación con este "valle de lágrimas" les parecía atractiva. La destrucción total no era vista como algo malo, sino como la puerta al paraíso para los cumplidores.

Como contraste, la llegada del año 2000 solo trajo una angustia, la de que fallaran todos los sistemas informáticos, pues según nos decían, eso causaría un enorme caos. No solo no pasó, sino que algunos hicieron fortuna con las revisiones y modificaciones de los programas informáticos. Pero lo cierto es que la ansiedad, el miedo, la angustia se extendió en muchos sectores que veían un apocalipsis tecnológico con caídas de los aviones, encierros en los ascensores, gigantescos atascos de tráfico y otras muchas torturas que pueblan los sueños de nuestras sociedades urbanitas y tecnificadas.

Pero la idea de la "angustia" surge en cuanto que pensamos con un poquito de profundidad en las cosas. El siglo XIX tuvo su entrada angustiosa de la mano de muchos pensadores a los que llamamos "existencialistas", con Soren Kierkegaard como faro hacia la angustia existencial. En un mundo sin certezas, la duda y con ella la angustia anidan en el ser humano.

La angustia de la que nos hablan ahora es una diferente, aunque la raíz pueda ser similar, la incertidumbre. En el diario El País nos indican en un titular ciertamente ingenioso, "La ONU advierte de que la humanidad se siente angustiada". El titular se las trae, ya que ¿a quién advierte la ONU cuando es la humanidad la que está angustiada, es decir, no se ha enterado la humanidad de su propia angustia? El titular resulta ilustrativo sobre las formas en que abordamos los problemas, siempre con una queja y una advertencia, buscando que otros hagan lo que probablemente cada uno tenga que resolver, aunque sea con un cambio de percepción. En la entradilla del artículo se nos sintetiza el problema: "Seis de cada siete personas en el mundo presentaban ansiedad e incertidumbre antes de la covid-19, pese a los progresos existentes en desarrollo humano, según informa hoy el PNUD. Con la pandemia, los conflictos crecientes y la crisis climática todo es ahora peor: una vida acomodada ya no es garantía de tranquilidad"*. Si seis de cada siete personas viven en este estado de tensión, entre la ansiedad y la incertidumbre, la situación está muy mal y con pocas probabilidades de mejorar, aunque las cifras no dan para mucho margen numérico. Lo siguiente es la totalidad.

En el artículo se nos describe el panorama angustioso: 

En 2021, a pesar de alcanzarse el PIB más alto de la historia y de la creciente disponibilidad de vacunas contra la covid-19, la esperanza de vida se redujo 1,5 años a nivel global. Hoy, una sexta parte de la humanidad, 1.200 millones de personas, vive en territorios afectados por conflictos. El número de refugiados y desplazados por guerras y violencias alcanzó en 2020 una cifra récord (otro año más) de 82,4 millones. Una mujer o niña es asesinada cada 11 minutos en el mundo por su pareja o algún pariente. Cada día, 2.400 millones de almas se levantan sin saber si comerán antes de acabar la jornada, 800 millones pasan hambre. El calentamiento global amenaza la vida de 40 millones, que podrían fallecer por las altas temperaturas, la mayoría en países en vías de desarrollo.

La humanidad tenía motivos suficientes para sentirse angustiada incluso antes de que la covid-19 irrumpiese en nuestras vidas. También para lo contrario. Pero el progreso experimentado en el siglo XXI no fue suficiente para mitigar la sensación de incertidumbre e injusticia desencadenada por la creciente desigualdad y el cambio climático. Estos son los factores que destaca el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para explicar que seis de cada siete ciudadanos del planeta experimentaron sentimientos de inseguridad, según un estudio publicado este martes. Y la pandemia, estiman, ha empeorado esa sensación.

“Los ciudadanos ya no confían en el futuro aunque, según los indicadores de desarrollo tradicionales, somos la generación más rica en la historia de la humanidad, disponemos de tecnologías extraordinarias y nuestros niveles de educación son más altos que nunca”, explica por videollamada desde Nueva York el administrador del PNUD, Achim Steiner. Los datos que arroja el informe Nuevas amenazas a la seguridad en la era del Antropoceno, cuestionan la idea de que el desarrollo reduce la inseguridad. “El sentimiento es subjetivo, pero el dato de cuánta gente lo experimenta es empírico”, defiende el experto. Una vida acomodada ya no es garantía de tranquilidad. “Países con algunos de los niveles más elevados de buena salud, riqueza y enseñanza muestran mayor grado de ansiedad incluso que hace diez años”, apunta el documento. La desigualdad, la injusticia, los conflictos y el cambio climático eran los grandes generadores de incertidumbre, según el organismo de la ONU. A esa lista se ha sumado la pandemia.*


Si uno se encuentra en ese uno de siete que no está angustiado, tras la lectura del artículo, sin duda pasará al otro lado, el de los angustiados. ¿Va el mundo a peor? Pues los indicadores no lo niegan, aunque —como se señala en el texto— los motivos para estar angustiado pueden ser reales o imaginados, tanto da uno como el otro, pues se trata de un estado "subjetivo". ¿Quiere decir "subjetivo" lo mismo que "imaginario"? Pues no. "Subjetivo" será siempre, pues es una percepción propia de una situación. El niño que se cubre con la manta por temor a la llegada de algún monstruo nocturno sufre aunque ese monstruo solo esté en su imaginación. Nadie le quita es mal trago de los terrores nocturnos.

La angustia es subjetiva, los problemas son reales. No se trata tanto de enfocar en cómo reaccionamos, sino en cómo podemos solucionarlos. Es ahí donde creo que fallamos, en la voluntad firme de resolverlos. Eso también produce angustia, porque saber que a los poderes públicos, que a los responsables les da igual no es precisamente lo mejor para evitar las angustias.

El miedo lo da la incertidumbre, el no saber cómo va a evolucionar todo. Pero también, quizá lo contrario, el saber, como certeza, que irá a peor. El miedo lo da el futuro, porque aquí ya no existe la creencia en que lo que hay "al otro lado" es mejor, que el mundo es lugar de sufrimiento y la muerte nos libera. Lo que da miedo es el día siguiente.

Cuando la humanidad, los pueblos, los grupos humanos o uno mismo tienen esperanza en algo, el futuro es otra cosa, campo de ilusión, pero el mundo que estamos fabricando entre todos no es ese, desgraciadamente. No olvidemos el dato que nos daban del crecimiento de la desigualdad. Es una expresión que escuchamos casi cada día en los noticiarios y se ha convertido en una rutina. No entendemos bien qué significa o ya no nos interesa saberlo. Lo que refleja precisamente es la falta de interés en los otros. Nuestra angustia es la de la noticia de la muerte del fotógrafo en París, hace unos días. Muertos helado, solo, caído al suelo y sin que nadie, en sus nueve horas de agonía, se acercara a ayudarle. No le importaba a nadie. Era solo un cuerpo caído en mitad de una calle en una de las ciudades más icónicas, París. La angustia hoy es saber que puedes morir en una residencia de ancianos donde a nadie le importas realmente. Cada una de esas noticias nos impacta hoy y siembran dudas hacia nuestro propio futuro. ¿Y si soy yo quien caigo?

No, la ansiedad, la angustia son algo más que sentimientos subjetivos imaginarios. No nos sirve de nada las macro cifras económicas que ocultan la realidad del día a día y que no recogen el desprecio del que decide no vacunarse o del que pone los pies en los asientos del tren.

Decían en un programa sobre Paris que en su época más esplendorosa, el periodo de entreguerras, escondía bajo el lujo y la diversión, una profunda desesperanza, un enorme nihilismo. Puede que nos esté pasando lo mismo.


La angustia no es un fenómeno exclusivo de países ricos. En cada lugar se vive el abandono conforme a sus propias circunstancias. Las angustias son relativas a las expectativas, se ajustan a cada escenario. Un mundo de desplazados por guerras y desastres, de muros y alambradas, de amenazas de guerra, de epidemias, etc. no es el escenario efectivamente para mantener muchas esperanzas. La esperanza es el gran enemigo de la incertidumbre. Se  mantiene cuando hay un deseo de cambiar las cosas. Y es eso lo que no vemos. La desigualdad creciente nos confirma que hay muchos que vivirán su propia angustia, sí, pero que no es la misma. No es lo mismo angustiarse por la subida o bajada de las acciones, que estar angustiado por si te van a despedir, como a los trabajadores de la banca que, pese a los enormes beneficios alcanzados, verán cerradas sucursales y acabarán en la calle.

Aunque las causas puedan ser diferentes a lo largo del planeta, el efecto es el mismo. Hemos roto las defensas, la confianza, la esperanza en que todo vaya a mejor. La gente ya desconfía de los optimistas, que se han profesionalizado, muchos de ellos convertidos en políticos o en escritores de obras de autoayuda. La web está llena de artículos sobre cómo superar la angustia; las librerías llenan sus estantes. Los políticos juegan con el miedo para conseguir el poder, de las pensiones a los empleos.

¿Angustia? ¡Claro!

 


* Alejandra Agudo "La ONU advierte de que la humanidad se siente angustiada" El País 8/02/2021 https://elpais.com/planeta-futuro/2022-02-08/la-onu-advierte-la-humanidad-se-siente-insegura.html

jueves, 27 de enero de 2022

La España desigual

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Estos días se están produciendo manifestaciones por las situaciones extremas a las que se ha llegado en muchos sectores. Las cifras y datos nos dan una realidad muy alejada de lo que la clase política, enfrascada en sus grescas y puñaladas, en su obsesión por el descrédito como estrategia facilona y mediocre, pretende mostrarnos.

El drama de la extrema desigualdad que se ha ido generando y a la que no son ajenos ninguno de los partidos que han gobernado España, lo que llamamos hace unos días, la "España con alfileres", a la que la más mínima sacudida hace tambalearse, es una triste realidad. Un país en el que solo prosperan algunos, mientras que la gran mayoría va perdiendo lo que tanto costó a las generaciones anteriores en todos los campos no es el ideal para nadie o, más sinceramente, solo para los que se benefician. Los datos son los datos y todos señalan a España como uno de los países más desiguales, solo equiparable con los del este de Europa que no lograron pasar con éxito a la Unión, sino arrastrando sus lacras.

Esta desigualdad es fruto de la cronificación de la precariedad y de la explotación, de un desamparo y de una falta de oportunidades reales. Esto ha producido otros males, nuestra condena a las burbujas inmobiliarias o bancarias, ambas ligadas a través del de nuevo creciente fenómeno de la hipotecas, surgido de la incapacidad de acceso a la vivienda por los míseros sueldos y la inestabilidad de los contratos, que hacen vivir en una constante inseguridad. A su vez este fenómeno afecta a la demografía. España no crece porque cada vez menos tienen casas en las que tener hijos o se reducen al mínimo. Queda entonces la dependencia de la inmigración para la supervivencia, como nos dicen los sociólogos y economistas. Todo esto ocurre en un marco económico débil, marcado por el turismo y afines, lo que nos crea otra dependencia: los demás países deben ir bien para que nosotros recibamos nuestras dosis de turistas para sobrevivir.

El drama del campo, explotado por las cadenas de negocios que se crean hasta llegar a la mesa del consumidor, es otro síntoma de esta enfermedad general que establece la desigualdad.

La desigualdad es además inmisericorde ya que se produce para el beneficio de unos en detrimento de otros. Las quejas de las poblaciones abandonadas por bancos y empresas de servicios, alejadas de los medios de transporte habituales porque no son "rentables".  La desigualdad se produce también en ambos extremos de la edad, de los jóvenes que no acceden a los trabajos más que como "prácticas", como nuestros triste becarios, o los interminables contratos basura, a por el otro extremo, los de más edad, que son olvidados por los bancos, pero también por muchos otros sectores que se transforman en entidades automatizadas, echando a la calle a sus trabajadores, cerrando sucursales y presumiendo de una "modernidad" que es convertir en robóticas las empresas. Así crecen los dividendos de las empresas y sus accionistas se hacen más ricos. La indefensión ante las comisiones abusivas da cuenta del poder de los bancos y de poco poder de la política para dirigir y ordenar la realidad. Los gobiernos se muestran inútiles para este tipo de abusos.

En este contexto real —que podría detallarse más— los políticos han encontrado un campo en el que discutir. Quieren hacer creer que son capaces de actuar, pero lo cierto es que su capacidad se ha reducido a la vez que sus conocimientos sobre un laberinto de intereses que no son fáciles de aclarar. Ante esto, se entiende que prefieran discutir sobre cosas que molestan a pocos, muchas veces que apenas importan a nadie pero a las que se les puede sacer un cierto rendimiento mediático. De ahí que hay que amplificar las grescas, controlar la imagen, para evitar los descensos de popularidad.

El espectáculo continuo del descrédito del otro trata de ocultar la propia incapacidad de enfrentarse a los problemas acumulados, de la sanidad a la educación, pasando por la creación real de empleo, de un empleo justo y regular, y no este paro que duplica el europeo. ¿Por qué ellos pueden y nosotros no desde hace décadas? Quizá tienen otro sentido de la política, son capaces de realizar "grandes coaliciones" con poder para hacer grandes reformas y no nuestros gobiernos dependientes de las fuerzas que están detrás (o delante), de los medios y de los socios parasitarios.


Cuando preguntan a los investigadores españoles para cuándo la vacuna española contra el coronavirus contestan —ayer mismo— a ver si hay suerte y está para finales de año. Es más fácil hablar de ella que apoyar la investigación, financiar y unir esfuerzos. Cuando nos alegraremos, pero hubiera sido mejor tenerla cuando más necesaria era. España es el país de las ayudas que se conceden y anuncian pomposamente los políticos, pero que no llegan o tardan años en llegar, como ocurre con los desastres como el de La Palma. Las quejas en estos casos son generales.

¡Hay tantos problemas sobre los que sentarse a debatir y menos a pelearse! Gobierno y oposición se ponen medio de acuerdo sobre mandar un navío al otro extremo de Europa, a Ucrania, pero nunca sobre lo que ocurre bajos nuestros pies. El problema es que  esto —no estar de acuerdo— se considera normalidad. No lo ve así el ciudadano que, por encima de cualquier otra cosa, quiere tener una mejora en su vida y se niega a considerar que es algún tipo de destino inevitable el que hace que empeore el futuro para las próximas generaciones. Sin embargo lo hemos aceptado con resignación, ¿por qué? ¿Por qué elegir la demagogia?

El caso del acceso de los mayores a los bancos es sintomático. Tiene que salir de un jubilado harto de ser maltratado, despreciado por su propio banco; tiene que reunir cientos de miles de firmas para que el gobierno "pida" a los bancos que traten mejor a sus propios clientes. El desprecio a los que empiezan y a los que terminan sus vidas en constante. A los que quedan, tampoco se les trata mejor. Pero esto plantea un enorme crisis futura en los términos señalados, los económicos, demográficos, sanitarios, educativos, etc. La desigualdad española es nuestra debilidad por lo que muestra de falta de solidaridad de unos e interés de otros.



miércoles, 19 de enero de 2022

La España con alfileres

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hace mucho que España está sujeta con alfileres. No me voy a referir a la cuestión de la identidad nacional, difícil de resolver, si es que cabe aquí esta palabra. Me voy a referir, en cambio, a todas esas otras dimensiones que se esconden tras la creciente, la imparable tendencia a la desigualdad, algo de lo que nos alertan cada cierto tiempo los indicadores y que nadie quiere afrontar más que con parches ocasionales.
La pandemia los acrecienta y los deja en evidencia. Esta España fragmentada, para orgullo de políticos locales y excusa de nacionales, tiene en la desigualdad su peor seña de identidad, la real, la que está bajo la careta satisfecha, la que se muestra festiva y colorista para olvidar su triste realidad. Los indicadores europeos recientes nos sitúan en el cuarto puesto por la cola; por detrás solo países como Bulgaria, Estonia o Rumanía.


Nos dicen estos días que ser "joven" es un mal social, un motivo de exclusión. No es nuevo. Más bien es uno de nuestros indicadores más marcados y diferenciales respecto al resto de Europa, donde ser joven es una etapa de la vida, una forma de transición que se va consolidando en la persona. Aquí es otro mundo. Lo es desde que una generación asumió que era el sector que había que sacrificar y explotar mediante la precariedad, mediante los sueldos bajísimos, los contratos múltiples.

Se nos dice estos días que los médicos y personal sanitario que nos falta están repartidos por Europa, especialmente por el Reino Unido de antes del Brexit  y ahora con destino a Francia. Se fueron, entre otras cosas, porque una realidad laboral —mal pagados, explotados, exhaustos...— que estamos viendo ahora con la pandemia.

Lo estamos viendo con los casos de explotación sexual de menores tutelados, que nos hacen ir al Diccionario de la Academia a ver qué quiere decir tutela; pero lo vemos en el problema de "qué hacer" con ellos cuando cumplen los 18 años, momento en el que se enfrentan al mismo sinsentido que el resto de los jóvenes del país. Ahora se les va a dar (o así se dice) un ayuda para que puedan emanciparse, hasta los 35 años. Hace años se bromeaba con que los hijos no querían irse de casa porque vivían muy bien con unos padres comprensivos. Hoy muchos viven de mala manera, con sueldos insultantes, firmando contratos de fin de semana, de tres o cuatro días, que se acumulan en el año. Lo seguimos aceptando porque eso se produce a través de la propia sociedad, de las empresas a cuyo frente se encuentran personas.

La crisis económica de la década anterior se cebó en ellos. Pero "crisis" no es más que un nombre genérico que le ponemos a la explotación. Así escapamos de la responsabilidad de todos. Todos nuestros males proceden de alguna crisis, pero la crisis somos nosotros que seguimos manteniendo esas situaciones porque hay una realidad que se nos muestra y por la que pasamos sin mirar demasiado por sus causas: la desigualdad creciente, lo que quiere decir que aumenta la riqueza de unos y aumenta la pobreza de otros.

El dato escandaloso de nuestra sociedad es que somos el país en el que los ricos se han hecho más ricos, los pobres más pobres y más se reducen las llamadas "clases medias". Ya nadie repite aquello de que las clases medias son la base de la sociedad, la referencia hacia la que se dirige los que van saliendo de la pobreza. Hoy la pobreza solo tiene una dirección, la descendente.

Nuestra política solo quiere éxitos, solo habla de situaciones en las que mostrar esperanzas sin soluciones que la justifiquen. Solo parches ocasionales, porque la política se ha convertido también en una forma de vida en la parte superior del sistema, la que fija sus propios sueldos, la que parte y reparte, la de las "puertas giratorias", la de los contratos de las "canguros" a costa del estado. Pocos esperan algo de los políticos y sus promesas. En sus grescas se han olvidado, en beneficio del espectáculo, de una realidad que asumen sin responsabilidad. Las cifras se nos dan como si fueran de otro planeta.

Hace muchos años que vengo repitiendo la teoría de la generación explotada. Es sencilla y está a la vista, en los datos, en los titulares. Aceptamos la explotación de los jóvenes sin darnos cuenta que su empobrecimiento iba a ir aumentando. No se trata de un periodo de transición, sino el principio de una situación en la que hoy vive ya una segunda generación, que esos jóvenes empobrecidos, mal contratados, de economía sumergida, "becarios", etc. son hoy adultos en el límite de la subsistencia, sustituidos por otros jóvenes en una carrera de empeoramiento que hacen cola. Ese es el resultado de este sistema de explotación que se aceptó en su momento como un mal menor y del que hoy se aprovechan muchos que continúan explotando con la idea de que "no es el momento" cada vez que se proponen medidas mínimas de mejoras, no ya a los jóvenes sino a la población activa.

Cuando se les pregunta a estos profesionales que se fueron sobre su vuelta ponen cara de extrañeza: ¿para qué? La pregunta les resulta estúpida, ¿para qué van a regresar a un país inestable laboralmente y mal pagado, sin valoración social? En los países donde están les pagan bien, les valoran y tienen estabilidad en el empleo. Puede regresar cada día a casa sabiendo que pueden regresar al día siguiente.

Escucho a jóvenes brillantes, muy brillantes, que me cuentan sobre sus contratos basura de tres o seis meses. Gente de valor reconocido, buenos profesionales, que viven en la angustia permanente de las renovaciones de contratos en empresas privadas o públicas. Nadie está seguro de nada, quizá sea ese el objetivo, vivir en completa inseguridad, controlados por el miedo, consumidos, agotados por el esfuerzo mental necesario para sobrevivir.

El problema es que esto se percibe como normalidad, tanto en el sector público como en el privado. Esto hace tambalear presente y futuro, que se presupone que se construirá con lo que hagamos hoy. ¿Cómo sostener el futuro con un presente inestable, ajustado a mínimos laborales y de sueldos, a cientos de contratos basura a lo largo de la vida laboral, intermitentes, con pausas interminables para que se rebajen las condiciones? El problema es que nadie ve un problema, sino que se ve como parte de la normalidad. Es lo que hay.

El gran escándalo es que todo esto se esconde tras las macro cifras, las que siempre hablan de "crecimiento", pero se nos oculta que lo que crece realmente es la riqueza de unos pocos. El espectáculo escandaloso de las subidas sin límite de la energía eléctrica nos muestra que los poderes reales están en otro sitio, que pueden extraer el capital del ahorro devorándolo en unos pocos meses. Hemos desarrollado la idea de "pobreza energética" y estamos tan tranquilos convirtiéndolo en datos, en titulares informativos antes de que lleguen las noticias de los deportes.

Nos hablan de que casi cinco millones de norteamericanos han abandonado sus empleos. Nos explican:

El fenómeno conocido como la Gran Dimisión o Gran Renuncia se agudizó durante el pasado 2021 y había marcado un récord en septiembre, cuando 4,4 millones de trabajadores dijeron adiós a sus empleos para buscar nuevos desarrollos profesionales o vitales. Ante la creciente desbandada de trabajadores, sin igual en la historia de Estados Unidos, el presidente Joe Biden dirigió a los empresarios una frase que se ha hecho lapidaría "Pay them more" (Págenles más).

Los sectores económicos más afectados están siendo la restauración, los servicios médicos y el transporte. En este momento, hay en Estados Unidos 10,6 millones de puestos de trabajo sin cubrir.* 


¿Les suena? No es difícil reconocer parte del problema. También en España hay sectores que se quejan de que no se ocupan sus vacantes laborales. ¿Creen que la gente está deseando volver a los empleos que dejaron, a la explotación mal pagada, que deben dar las gracias?

Hemos confundido tener una sociedad "mejor" con tener más "ricos", que implica que la mayoría se enriquece explotando a los demás. Se ha asumido, tras una generación, que hacerse rico significa explotar a los que dependen de nosotros. Cada vez hay menos gente orgullosa de sus propias empresas, algo que antes se buscaba. Se nos repetía que alguien que estaba contento trabaja mejor. Pero hoy es más fácil pagar mal y con un contrato temporal. Lo que hacen tres lo pueden hacer dos y lo que dos uno por la mitad de sueldo. Esto está más cerca de una realidad donde se debe aguantar de todo para sobrevivir y dar las gracias.

Mientras no logremos un sentido comunitario de solidaridad, una responsabilidad de todos sobre todos y solo nos veamos como medios de enriquecimiento no avanzaremos. En todos los campos se desarrolla una fría tecnocracia de gestión que solo ve resultados y no personas. Su palabra clave es "eficiencia" y solo busca conseguir más con menos. La parte más débil son los trabajadores y entre ellos esos jóvenes que se sacrifican, que dejan de ser jóvenes y siguen sacrificados porque es la totalidad del sistema el que quiere bajar y bajar las condiciones. ¿Cómo hemos asumido como sociedad que nuestros hijos vivan peor que nosotros? ¿Entendemos lo que eso significa, lo que realmente supone?

17/01/2017

Los políticos lanzan al vuelo las reducciones del paro, pero ¿significa esto una mejora real o es solo otra forma de contabilizar este constante movimiento de ir a la calle, regresar y volver otra vez a la calle? La calidad del empleo es tan mala sin que nadie diga nada que tener un contrato apenas significa algo. Cuando se desmenuzan las cifras vemos su realidad social. Desde hace tiempo nos avisan del problema, pero es mejor centrarse en otras cosas positivas. La política necesita vender sonrisas que tapen la ineptitud, la vaciedad de la confrontación continua para no arreglar nada. La pandemia ha sacado a la luz, con más intensidad, lo que se venía denunciando desde la sociedad civil, desde las instituciones.

Todos miran a otra parte cegados por la propia supervivencia. La España con alfileres se desmorona al faltar la responsabilidad común, la que me implica en el destino de todos. ¿Mejorar? Ya sabemos que esto significa que los ricos serán más ricos y los pobres más pobres. Es lo que se nos dice cada día y así, piensan, debe ser. La receta de Biden es sencilla: paguen mejor, den estabilidad. Eso que tanto preocupa ahora, la salud mental, mejorará también.


* "La 'Gran Dimisión' bate su récord en EEUU: 4,5 millones de trabajadores dejaron su empleo en noviembre" NIUS Diario-Europa Press 4/01/2022

https://www.niusdiario.es/internacional/america-del-norte/estados-unidos-record-trabajadores-dejan-empleo-gran-dimision_18_3261573494.html