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lunes, 6 de febrero de 2023

La fiebre ufológica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

No sabía que había algo llamado una "fiebre ufológica", pero eso es lo que nos proponen desde RTVE.es con su titular "Se dispara la fiebre ufológica en España: "Nos sentimos como Cristóbal Colón, cuando nadie creía en su descubrimiento"". Después de miles de programas, reportajes, series, artículos..., de cualquier formato posible, volvemos a esa "fiebre" que se nos anuncia.

Es cierto que no se ha conseguido bajar la fiebre desde que esta apareció mostrando sus síntomas. A ello ha contribuido la ilusión de los géneros de ficción, que nos ha dejado recuerdos visuales y literarios de avistamientos, llegadas, contactos, persecuciones y demás formas interacción con los que llegaron de fuera. Pero eran, claro está, ficciones. Cuando ves o película, lees una novela o ves un cómic, etc. lo vives, te lo crees; es parte del proceso imaginativo. Pero cuando se acaba la lectura, debes volver a tu vida normal, sin fantasmas, sin vampiros ni hombres lobo, sin extraterrestres.

El artículo de RTVE.es está lleno, en cambio, de "creyentes", de personas que los viven, que los dan por seguros, son "Expedientes X" (¿por qué no reponen nunca esta serie? ¿Habrá algún motivo... extraño?). El comienzo del artículo trata de mostrar cierto equilibrio entre los que creen y los que  no se dejan arrastrar:

Noche cerrada en la montaña de Montserrat, en Barcelona. Como cada día 11, desde hace más de 30 años, decenas de aficionados a la ufología se reúnen para mirar el cielo a la espera de un avistamiento ovni: "Es una montaña mágica, tanto por su formación geológica como por la energía que trasmite, y es el lugar ideal para establecer contacto con los seres que nos visitan", relata Fran Recio, responsable de un programa radiofónico local que versa sobre temática paranormal.

"Que la NASA se haya decidido a investigarlo seriamente es un punto de inflexión. Por fin se lo toman en serio, y vamos a tener datos registrados científicamente más allá de relatos personales que en muchas ocasiones están viciados", remacha.

Y he ahí el quid de la cuestión, que ironiza Luis Alfonso Gámez, periodista y divulgador que dirige el blog Magonia dedicado a tratar de forma crítica el fenómeno paranormal: "Muchos avistamientos son el planeta Venus, que brilla, o luces de un avión, o misiles, o drones, o globos atmosféricos… Porque vamos, lo de decir que una luz en el cielo es un ovni es como atribuir un asesinato sin resolver a Drácula".

"De 122 casos de avistamiento ovni en España desclasificados por el ejército del aire, se han desmontado 114 con explicaciones humanas y científicas, y los 8 restantes no se ha podido hacer porque son tan antiguos que ya no tenemos los datos", concluye Gámez.*


Pero el creyente se define por su fe, no por los hechos. Como ocurre en algunos campos, se exige la demostración de lo imposible como forma de confirmación. Es decir, hay que demostrar que "no ha sido Drácula", algo difícil de hacer porque lleva implícito creer en su existencia.

Ir cada día 11 de cada mes a la montaña de Montserrat es un acto de fe, una reafirmación no de lo que ocurre, sino de lo que podría ocurrir, es decir, de la fe de quien sube. Si además permite crear un pequeño club de escalada de creyentes en lo que puede ocurrir y escépticos sobre el hecho de que ocurra nunca (alguien lo oculta), pues mucho mejor, más entretenido. ¡Hay tantas cosas que aceptamos solo porque nos las dicen! Puede que muchos de los que creen en los Ovnis, por ejemplo, nieguen que el hombre pisara la Luna y afirmen que todo fue un montaje, como se recogió en aquella vieja película.


En la ficción, nos han visitado todo tipo de  seres extraterrestres. Muchos han habitado con nosotros y hasta algunos han cohabitado, que ya es confraternizar. Nos los hemos imaginados de todas las formas y colores, aunque mayormente "verdes", quizá porque es el color que nos falta en la tierra, con la excepción de los elfos, pero estos solo van de verde, aunque tengan las orejas de punta.

"Yo he grabado miles y miles de horas de ovnis. He descubierto con el tiempo que cerca de mi casa hay un portal dimensional", nos relata Santiago Martínez, más conocido como 'el cazador de ovnis' en su domicilio de Casares, en Cantabria. 

Alejado hoy del foco mediático por petición de su familia, nos atiende a nosotros de forma medio clandestina para no recibir una regañina: "Mis hijos no quieren que hable más de ovnis… Pero yo los he visto como te estoy viendo a ti ahora mismo", afirma delante de un televisor mientras proyecta una de las múltiples grabaciones que guarda en un armario de la casa. "A esto no ha tenido acceso ni Iker Jiménez", ríe. *


El autor del reportaje, Carlos Enrique Carrasco, no puede ser insensible a la dura vida del creyente, especialmente la familiar, que se ve perturbada por el deseo del creyente de crear parroquia. ¿Qué sentido tiene tu fe si no la compartes? Pero eso, claro está, tiene sus riesgos, pero ¿qué le vas a hacer si cerca de tu casa tienes un "portal dimensional", quedarte callado?

No es fácil, como periodista, que te den acceso a lo que no ha visto "ni Iker Jiménez", aunque te la juegues. Nadie ha pensado en las familias de los creyentes, tampoco en su soledad cuando empiezan a mirarles mal, a vigilarles para evitar que desaparezcan o, peor, que puedan ser abducidos.

La ficción ha debido cubrir todas las posibilidades, por lo que los miedos deben ser grandes. Pero eso no debe ser un motivo de renuncia; al contrario, es un aliciente para seguir en la brecha pese a quien pese, familia, extraterrestres o servicios secretos. El que se aburre es porque quiere.

El artículo, tras algunos creyentes y escépticos más, se cierra con un nuevo producto de esa fiebre ufológica de la que se nos hablaba:

Alberto Casás y Danielle Wikman, dos vecinos de la zona de Vigo, han decidido poner fin a toda especulación. Han comprado un autobús que han adaptado como caravana para recorrer durante un año toda la península en busca de puntos calientes de avistamiento OVNI. 

"El objetivo es catalogarlo todo y establecer contacto con ellos para demostrar que los OVNIS existen, que hay naves de tuercas y tornillos, y si podemos subirnos a una y cogerles un cenicero en un despiste para llevarlo a analizar y demostrar que son de verdad… Pues lo haremos", afirma Alberto ante la mirada atónita de este redactor, que nunca hubiera imaginado que un extraterrestre se echara un cigarrillo.

Y concluye Alberto: "Nos sentimos como Cristóbal Colón, cuando nadie creía en su descubrimiento".*

La vida es injusta y seguro que cuando lleguen inevitablemente los extraterrestres se presentarán ante un granjero de algún sitio recóndito, alguien que nunca sintió interés por el gran momento, el de la llegada, el del encuentro, el momento en el que un escéptico o, peor, un ignorante, se verá ante un visitante lejano que le saludará con la mano (o lo que sea) al bajar por una escalerilla.

Entonces dejarán de subir cada día 11 a lo alto del monte mágico, las familias se reconciliarán de nuevo y veremos a Pedro Sánchez hacer alguna declaración al respecto.

Dicen que había "mensajes claros" de que este año pasado, el 2022, sería el de las llegadas masivas de extraterrestres y no digo que algo de lo que nos ha pasado no pudiera parecerlo, pero finalmente no, era nuestra "nueva normalidad". Pero ¿qué es un error de unos años o décadas en el cálculo del gran momento anunciado?

Espero que la fiebre ufológica remita, que sea un efecto secundario de la pandemia (¿qué no lo es?), que podamos volver a los viejos problemas de siempre, los del ocio nocturno (que se lleva a muchos ufólogos al campo y los aleja) o al fenómeno inexplicable de por qué compramos trenes que no caben por los túneles, pero que podrían usarse para los portales dimensionales, que no dan tanto problema. 

A ver si este año llegan.


* Carlos Enrique Carrasco "Se dispara la fiebre ufológica en España: "Nos sentimos como Cristóbal Colón, cuando nadie creía en su descubrimiento"" RTVE.es 5/02/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230205/fiebre-ovni-regresa-espana/2419199.shtml



domingo, 8 de agosto de 2021

Extraterrestres, armas y guerras

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Dirán que es el mercado, que hay demanda. Y eso es lo preocupante. Al margen de las grandes cadenas de televisión, cuya programación será mejor o peor, pero entra dentro de la "normalidad", un recorrido por las incontables cadenas (en mi caso e Movistar) deja un balance un tanto preocupante. Desconozco cuál es el mecanismo por el que ciertas cadenas están donde están, pero supongo que al menos hay tres elementos claros: alguien hace los programas, alguien los compra y alguien los ve.

Podemos hacer un recorrido por las zonas "normales", donde se encuentran los canales nacionales y autonómicos y los deportivos, los informativos de distintos países (de Estados Unidos, con la CNN y la Fox, a Al-Jazeera, RT, o la BBC), hay canales de series especializados en comedia, terror o ciencia-ficción. Hay canales de cocina donde podemos enterarnos de lo que hacemos mal. Incluso hay uno en el que se pasan el día rezando el rosario. Otros nos dan cuenta de aguerridos veterinarios en su lucha por salvar vacas preñadas y mascotas exóticas. Todo esto, podríamos decir, entra dentro de lo previsible.

Pero hay una zona oscura de la programación de ciertos canales en donde los programas revelan un gusto, al menos, peculiar. Básicamente me refiero a aquellos en los que proliferan historias de extraterrestres entre nosotros, con explicaciones del conjunto de nuestra historia humana (curiosamente es el canal Historia); una creciente proliferación de documentales sobre el nazismo y su evolución y otros en los que se desarrolla la atracción por las armas, incluidos el gusto por su fabricación. Hay que decirlo inmediatamente: prácticamente todo esto llega de los Estados Unidos, capaces de producir y abastecer de este tipo de programas al planeta en su conjunto.



Esto tiene dos puntos de interés; primero, nos permite entender las mentalidades violentas, conspiranoicas —en versión humana o galáctica— norteamericanas, la que alimentan los delirios de los trumpistas en cualquiera de sus vertientes; en segundo lugar, si ellos han producido este tipo de productos para satisfacer su gusto, esto acabará seduciendo a los que aquí se exponen a este tipo de creencias o actitudes. Llamo aquí "creencias" a creer vivir en un mundo poblado por extraterrestres que se ocultan entre nosotros y bajo gobiernos que tratan de ocultarnos todo. En estos programas, la creencia reinterpreta la "historia" dándole un nuevo "sentido", con lo cual quienes se han adaptado a esto comienzan a vivir en un mundo diferente al del resto de los mortales de los que van separando como un gran bloque de hielo se acaba soltando de tierra firme y se adentra en el mar arrastrado ahora por las corrientes.



Las actitudes, en cambio, son formas de valoración y respuesta ante lo que tenemos delante. Por eso, los programas de armas son complicados porque, como vemos con frecuencia en las imágenes que nos llegan de Estados Unidos, se acaban exhibiendo con más frecuencia de la deseada y produciendo un enorme número de muertes al año. La obsesión por las armas suele sostenerse en una visión agresiva del mundo, del que hay que defenderse. Todos esos norteamericanos que compran armas tras un tiroteo son la revelación palpable de que la violencia es una espiral incontenible, que no lleva a reacciones de paz, sino a la polarización entre quienes la desean eliminando las armas y los que creen que la mejor defensa es armarse.

No conozco ningún estudio sobre, primero, quiénes son los espectadores en España que sostienen estos canales con su presencia (si no tuvieran interés para nadie habrían desaparecido ya) y, en segundo lugar, qué efectos tiene su exposición a ellos. Me imagino que no debe tener bastante interés para los investigadores, que dedican su valiosa atención a cosas de más enjundia.


El otro grupo que hemos resaltado es el creciente número de series sobre el nazismo en la programación. El ascenso del nazismo, sus principales figuras, etc. "Historia del nazismo", "El ascenso del nazismo", etc.

En 2015 hubo una gran polémica en los Estados Unidos por la promoción hecha en el metro de Nueva York por Amazon TV para lanzar la serie "The man in the high castle":

 

El gigante Amazon ha decidido retirar precipitadamente retirar una decoración de estética nazi en el metro de Nueva York con la que promocionaba su nueva serie sobre la Segunda Guerra Mundial tras las quejas de pasajeros y autoridades. Empapelar la Gran Manzana con propaganda totalitaria no ha sido tan buena idea. O tal vez sí. Todo el mundo habla hoy de 'The Man in the High Castle'.

Para promocionar la adaptación televisiva del clásico distópico de Philip K. Dick, una producción original de Amazon TV, se decoró el interior de varios vagones del metro con versiones de la bandera estadounidense modificada para incluir el emblema del águila Reichsadler con la cruz de hierro. También con el símbolo del sol naciente utilizado por los japoneses entre 1870 y 1945. La nueva serie, que se estrenó el pasado 20 de noviembre a través de su plataforma de películas y series en internet Amazon Prime, trata sobre lo que hubiera ocurrido si los ganadores de la Segunda Guerra Mundial hubieran sido Alemania y Japón.*



En El Confidencial, que es donde apareció la noticia, se nos cuenta que la promoción causó irritación y que fueron los pasajeros los que comenzaron a arrancar la simbología nazi e imperial japonesa.

En sociedad, hay una máxima que se suele cumplir: "de lo que se come, se cría". Da un cierto tipo de alimento cultural y habrá quien se sienta a gusto y te pedirá más.

Lo preocupante del caso es la confluencia en el tiempo. Si las posibilidades comunicativas de las redes sociales están dando alas a este tipo de grupos reforzando sus vínculos grupales a través de los contactos y el intercambio de información (como en muchos otros casos). En Estados Unidos se ha visto un aumento claro de las fuerzas "neonazis" en la época de Trump, donde se sintieron fuertes para salir a la luz pública. Ya sea oficialmente o a través de rasgos parciales, lo cierto es que la suma de "racismo", "nacionalismo" y "agresividad" son mañas por separado, pero juntas son explosivas.



Un caso peculiar es la proliferación de serie sobre nazis en Reino Unido y la BBC. En alguna ocasión tratamos el tema y señalamos los intentos del Brexit de volver a "separarse" de una "Europa dominada por Alemania". Recordarán los hipotéticos lectores las metáforas usadas por la prensa británica recordando la "Batalla de Inglaterra" y la defensa de país en el Canal. Nada es casual. Han sido los momentos de más intensidad de la alianza Trump Johnson.

Volver a revivir las agresiones reales o ficticias (no existió invasión de los Estados Unidos ni por Japón no por la Alemania de Hitler) es volver a darles sentido en un nuevo contexto; es una lectura actualizada con un sentido específico, ya sea implícito o explícito.

Me preocupa el efecto de estos programas continuados sobre extraterrestres, armas y nazismo. No me parece que ninguna de estas ramificaciones lleve a buen lugar. Por eso creo que es importante saber a quién se le está haciendo creer que los extraterrestres han llegado y controlan el mundo, que las armas son buenas y demás formas de revivir este tipo de estado de agresividad.



Quiero que se entienda bien algo: distingo perfectamente lo que son los programas sobre extraterrestres y armas, de lo que pueden ser buenos documentales históricos. Pero, como bien sabemos, un buen programa histórico puede ser "consumido" de forma muy inapropiada por parte de algunos de sus espectadores, que verán en él lo que quieran ver.

Vuelvo a la idea inicial: si están ahí es porque hay interés. En cualquier caso, alimentar a la gente con este tipo de cosas, acabará —como ha ocurrido en los Estados Unidos— teniendo consecuencias. De los antivacunas a los conspiradores cósmicos, hay cada vez un grupo mayor al que le resulta difícil vivir en la realidad y es fácilmente manipulable, que es de lo que se trata.

Llama la atención que esta concentración —extraterrestres, armas, etc.— se produzca en algún canal que ha sido "colonizado". No quiere decir que sea el único, pero sí que en él se dan estos programas con más intensidad o frecuencia.


Revista Squire

* "Amazon decide que empapelar Nueva York con simbología nazi no es una buena idea" El Confidencial 25/11/2015 https://www.elconfidencial.com/television/series/2015-11-25/amazon-el-hombre-en-el-castillo-k-dick_1106747/