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jueves, 30 de septiembre de 2021

El doloroso análisis del fracaso

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Si hay que reconocerle algo a los Estados Unidos es su capacidad autocrítica en momentos en que otros tratarían de echar tierra sobre el asunto. Lo ocurrido en Afganistán puede intentar taparse, pero en esas audiencias, con luz y taquígrafos, de sus cámaras hay que enfrentarse a los errores con la mayor honestidad posible. Eso ha hecho, por ejemplo, que las cadenas norteamericanas conectaran en directo para escuchar a los responsables militares de la retirada afgana realizar las críticas  a lo ocurrido.

El asunto ha sido delicado. Lo ha sido porque los que se han jugado la vida durante veinte años han sido esencialmente los soldados enviados allí. Son esos soldados los que han sido retirados de Afganistán con un bochornoso plan de retirada, puesto en marcha por políticos que querían apuntarse una "paz" a cualquier precio.

En la CNN, el analista militar Peter Bergen nos informa de lo ocurrido:

 

Generals Milley and McKenzie said that they advised the Biden administration that unless the US kept 2,500 troops in Afghanistan, the Afghan military would collapse. They also said that the ground commander in Afghanistan, Gen. Austin "Scott" Miller, provided the same advice.

This clearly contradicts what President Biden told ABC News anchor George Stephanopoulos last month -- that the US military didn't advise him to keep 2,500 troops in Afghanistan.

In answer to a question from a senator, Gen. Milley conceded that the abrupt and complete US withdrawal had "damaged" US credibility around the world.

Milley also said that both the Trump and Biden administrations made a mistake by putting specific dates on the US withdrawal rather them making it a conditions-based withdrawal.

Relatedly, McKenzie and Austin both agreed that the Doha agreement with the Taliban that was negotiated by the Trump administration and signed in February 2020, and which laid out the timeline for a total US withdrawal, significantly undercut the morale of the Afghan military.

 


Los militares ha sido claros; se ha hecho el ridículo. La pregunta y la respuesta sobre la pérdida de credibilidad norteamericana no son un juego político sino una triste realidad tras el espectáculo dado. Que Joe Biden sea incapaz de aceptar su responsabilidad al negarse a aceptar los consejos que los militares le dieron sobre la retirada, dice mucho de la doble forma de afrontar los problemas: los militares dando sus informes y la Casa Blanca ignorándolos. Lo hicieron con Trump, empeñado en vender "paz y victoria" a toda velocidad por si así conseguía méritos ante el electorado; igualmente, la Casa Blanca con Biden ha seguido el mismo criterio. La idea era que el ejército afgano aguantara al menos tres meses para sacar a la gente y una retirada organizada. Como sabemos, el ejército afgano solo existió como una agencia de empleo y tiraron armas y toallas en cuanto vieron aparecer las barbas de los talibanes en la distancia. La gran mayoría de los disparos talibanes fueron realizados al aire. Primero celebraron la victoria y después se produjo la huida.

Pero lo ocurrido con los afganos forma parte de la psicología prevista por todos menos por el gobierno de los Estados Unidos. Ignorar los avisos ha hecho que la retirada se haya vuelto contra Biden, contra un Trump que quería desligarse del tema, cuando fue él mismo quien creó el problema. Pero, como suponemos, no lo asumirá nunca. El borrado de las webs republicanas de cualquier comentario sobre lo que era la retirada planeada por Trump, de cualquier señal que nos indique que fue Trump el artífice, es ya bastante significativo.

Los generales norteamericanos han sido claros. Era algo que le debían a sus hombres, a los caídos, en especial, a los caídos en la retirada, apenas con veinte años cumplidos, víctimas del ataque suicida. Eso se podía haber evitado, pero fue la cerrazón política, sus análisis incorrectos por interesados, los que causaron dolor a esas familias que perdieron a sus jóvenes.

El párrafo final del artículo en la CNN no puede ser más rotundo al señalar un responsable:

The upshot of Tuesday's hearing was that even the most senior US generals couldn't defend the debacle that has unfolded in Afghanistan during the past several weeks, a disaster owned by President Biden, even if it was teed up by President Trump's ill-fated "peace" negotiations with the Taliban that culminated in the Doha agreement.*


Ese "desastre", con nombres y apellidos, es Joe Biden, como se especifica por parte de los generales. Las excusas que la portavoz de la Casa Blanca ha dado son infantiles y no le van a librar de esas imágenes de la retirada caótica en la mente colectiva, pero sobre todo el sentido de humillación ante ese ejército de barbudos que entraban victoriosos allí donde la batalla se dio con un solo bando, el talibán que pudo llegar a Kabul sin problemas y recogiendo los materiales que los soldados del ejército afgano, el entrenado y armado por los Estados Unidos, dejaban por el camino. La precipitación ha hecho que sean finalmente los gestos de los talibanes, su victoria por abandono caótico del rival poderoso, los que quedarán en la memoria y en las portadas.

 No le va a ser fácil a Joe Biden, por más que se haya reivindicado una y mil veces, convencer a alguien de que lo hizo bien. Especialmente porque lo hizo mal, como le dicen ahora los generales responsables.



* Peter Bergen "Top US generals punch holes in Joe Biden's defense of Afghanistan withdrawal" CNN 29/09/2020

https://edition.cnn.com/2021/09/28/opinions/general-mark-milley-senate-hearing-afghanistan/index.html

jueves, 19 de agosto de 2021

El liderazgo implosivo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las consecuencias del caos generado por la retirada en Afganistán se están dando en todos los planos y en todos los lugares del mundo. Las consecuencias son de tres tipos: 1) las dramáticas consecuencias para la parte del pueblo afgano que ha querido modernizar el país en los últimos 20 años; 2) las consecuencias para Estados Unidos en las relaciones con los aliados; y 3) las consecuencias para la política bipartidista doméstica norteamericana. El primer tipo nos angustia y preocupa; el segundo nos irrita y preocupa; y el tercero, visto lo visto, no nos sorprende y apenas nos preocupa.

La visión del aeropuerto y de lo que está ocurriendo a su alrededor es una muestra del más absoluto fracaso de la inteligencia norteamericana, pero también del Ejército, que se concentra en un especio reducido, el aeropuerto, y deja libre la totalidad del territorio, mostrando que su único interés era salir como fuera sin la más mínima preocupación por el resto. El fallo de inteligencia, del que se habla, es una maniobra de distracción, una cortina de humo, puesto que todo el mundo sabía desde hace años lo que ocurriría. Basta con revisar la hemeroteca para leer todo tipo de advertencias sobre esto. Desde La historia militar, tampoco es posible hacerlo tan mal, pues la más elemental estrategia señala que el perímetro no tenía que ser el aeropuerto, sino un cinturón protegiendo la ciudad hacia la que ya sabían que todo el mundo se dirigía para salvar la vida ante el avance talibán.

Esto plantea una cuestión espinosa, ya que es tan clamorosa la estrategia errónea que puede pensarse que no fue un error de cálculo y fue intencionado, es decir, que sabiendo que todo el mundo lo había se protegía el aeropuerto no de los talibanes sino de los propios afganos en su huida desesperada. De hecho, son los talibanes los que han establecido ese segundo cordón alrededor del aeropuerto. Son ellos los que controlan quiénes pasan y quiénes no, dejando para el control de "seguridad" norteamericano a aquellos que han decidido primero que pasen. Esa es la queja que escuchamos en nuestras televisiones de los colaboradores afganos del Ejército español, que ellos y sus familias no pueden acceder al aeropuerto, ya que no hay puestos de control militar de nuestro ejército.



El aspecto que moralmente nos pueda producir el ejercicio puramente pragmático norteamericano ha sido ya calificado por los propios medios norteamericanos como "egoísta", desinteresándose por el destino de los que quedan atrás. El discurso de Joe Biden ha terminado de arreglar las cosas con sus dosis de cinismo, que ya comentamos, diciendo que lo que ocurra allí no es cosa suya e insultándoles llamándoles cobardes por no defender su país. Quizá no hayan visto tantas películas norteamericanas como debían para motivarse.

En la CNN se va más allá y se habla del cambio del dialogante Biden a la nueva situación, inexplicable para todos, dentro y fuera. Con el titular "Biden promised allies 'America is back.' Chaotic Afghanistan withdrawal is making them fear it's still 'America First.'" , Kevin Liptak y la redactora Jefe en la Casa Blanca, Kaitlan Collins, ponen el dedo en la herida mostrando tanto la sorpresa de los aliados como de los propios norteamericanos ante esta actitud del "nuevo" Biden:

 

Visiting Brussels earlier this summer, President Joe Biden was single-minded in his message to American allies.

"America is back," he declared in the lobby of the European Union's headquarters, repeating a mantra he had uttered at nearly every stop of his first trip abroad, during which leaders welcomed him as a salve to four years of Trump-era angst.

"It's overwhelmingly in the interest of the United States of America to have a great relationship with NATO and with the EU," Biden said. "I have a very different view than my predecessor did."

Two months later, the same group of allies is now wondering what happened to that Joe Biden. The humiliating end to the war in Afghanistan has fanned lingering concerns over an "America First" foreign policy that some allies fear did not completely disappear with former President Donald Trump. And the chaotic fall of Kabul, which caught American officials off-guard and prompted a major scramble by the US and other countries to evacuate diplomats and Afghans who assisted the war efforts, badly undercut Biden's promise to restore competence to American foreign relations.*

 


Evidentemente, si los propios norteamericanos no lo entienden, difícilmente podrán hacerlo los demás, incluidos los afganos. Nadie dice que Estados Unidos debería estar otros 20 años en Afganistán, pero entre eso y lo que hemos visto hay muchísimas posibilidades, lo que apunta precisamente a la hipótesis de que sabían perfectamente que medio país querría irse y no estaban dispuestos a asumirlo.

También se preguntan analistas y medios norteamericanos sobre el deterioro de la imagen, que tiene que ver precisamente con el siguiente grupo de consideraciones. Si Trump había dejado la imagen norteamericana por los suelos, Biden ha acabado de enterrarla al mostrar, como la propia CNN señala, que no existe diferencia en la política exterior norteamericana a la vista de los sucedido.

En el mismo texto, podemos leer algunas opiniones en este sentido:

 

"It's a lack of communications, of honesty, with the American people and with allies around the world who are deeply disappointed with a Biden administration that they felt would be much more multilateral, especially on an issue where the allies have been fighting with the Americans for 20 years now," said Ian Bremmer, director of the Eurasia Group. "The decision on how and when to leave was made unilaterally by the Americans, and that's not the way you treat your allies, frankly."*

 

El texto deja claro el descontento producido y sobre todo la falta de confianza en algo en lo que Estados Unidos utilizó las representaciones internacionales para crear esa imagen de "aliados" que se fue complicando al quedar reducidos a meros comparsas. En efecto, ¿en qué queda ese "America is back!" si no en un mero eslogan, en pura retórica?

Si la política de Trump respecto a China pronto se ha visto asumida en gran medida por Biden, la de Oriente Medio y de las zonas como Afganistán han tomado el mismo camino, mostrando que el desacuerdo interno norteamericano no lo es en política exterior, donde los demócratas han asumido la de los halcones republicanos, lo que equivale a decir que tienen unos mismos intereses detrás y unos mismos objetivos. Que el discurso de Biden sea "he hecho lo que los otros presidentes no se atrevieron a hacer", suena más a Trump que a otros. Y eso tiene sus consecuencias.


En textos anteriores hemos insistido en la pérdida del liderazgo norteamericano. Una cosa es ser una súper potencia y otra ser un líder. Estados Unidos puede seguir siendo una súper potencia, pero difícilmente puede ser considerado ya un líder. El liderazgo consiste precisamente en los contrario de lo que Biden ha hecho, es hacer sentir a los demás que forman parte de algo, que hay grupo. Biden ha pulverizado la poca confianza que Trump había dejado en pie y ha mostrado que poco ha cambiado en la Casa Blanca.

De nuevo nos encontramos con una forma de liderazgo implosiva. En vez de tratar de liderar hacia fuera, las fuerzas políticas se centran cada vez más en los aspectos internos, en distanciarse de los problemas del mundo, muchos de los cuales han contribuido a crear. El exterior se percibe como un territorio hostil y parasitario, sobre el que hay que imponer esa fórmula de los "intereses norteamericanos" que todo lo justifica. Recordemos cómo la primera misión de Donald Trump en el exterior —en Yemen— fue una fallida operación, precipitada y chapucera, que costó la vida a unos marines. 



En este sentido, Biden ha defraudado profundamente. Su discurso —que ya analizamos— planteaba Afganistán como una cuestión de gasto, que ya se había cumplido el objetivo de acabar con Bin Laden, sonaba más a Trump que a Biden, al menos al Biden que había hecho campaña. Pero las campañas son para llegar al poder; luego, lo objetivos pueden ser otros. De esto hemos tenido ya muestra incluso con la inmigración desde México a cargo de presidente y vicepresidenta, Kamala Harris.

Con el titular "Kamala Harris afila su imagen con un franco mensaje sobre la migración" firmaba Zolan Kanno-Youngs un artículo en la edición en español de The New York Times. En él señalaba:

 

CIUDAD DE MÉXICO— Antes de volar a Guatemala y México en su primer viaje al extranjero, la vicepresidenta Kamala Harris enfrentó preguntas sobre cómo enfocaría su papel como emisaria del plan del presidente Joe Biden para apuntalar la región y disuadir la migración a Estados Unidos.

Tras semanas de críticas por parte de los republicanos y de algunos demócratas moderados que argumentaban que el gobierno carecía de una estrategia clara en materia de migración, Harris llegó a Centroamérica con una respuesta contundente: el gobierno se centraría en afirmar el control de sus fronteras, incluso si eso significa, por ahora, rechazar a aquellos que huyen de la persecución y la pobreza y a los que la vicepresidenta ha prometido ayudar a largo plazo.

Harris fue igualmente sincera en cuanto a la necesidad de abordar las causas fundamentales que impulsan a los migrantes a emprender el largo y peligroso viaje hacia el norte desde Centroamérica, a pesar de los cientos de millones de dólares gastados por Estados Unidos para mejorar las perspectivas en la región. En Guatemala, anunció que Estados Unidos ayudará a un panel anticorrupción que ha sido denunciado por el presidente Alejandro Giammattei, incluso frente al líder guatemalteco.

Pero fueron sus comentarios sobre la migración —al decir “no vengan” a los migrantes en Guatemala— los que provocaron una nueva oleada de críticas. Los defensores de la migración acusaron a la vicepresidenta de socavar la ley de inmigración y la promesa de Biden de restaurar un sistema de procesamiento de asilo en la frontera suroeste de Estados Unidos.**

 


A la luz de esto —ocurrido en junio de este año— quizás adquiere algo más de sentido lo realizado por Biden en Afganistán. En efecto, el mensaje es el mismo: a) ya hemos gastado mucho dinero; b) son ustedes unos corruptos; y c) no vengan.

Esto es ya algo más que un problema de liderazgo; es una cuestión dogmática en la que el mismo país que ha asaltado su propio Capitolio, que ha intentado corromper a su propia administración electoral y judicial, y en el que hay escándalos de todo tipo relacionados con la presidencia anterior (de económicos y políticos a sexuales), se erige en juez moral del mundo y decide qué ellos son el bien y los demás el mal, que solo debe escucharse a sí mismo y despreciar a los demás, de sus aliados europeos al pueblo afgano o de Río Grande hacia abajo. El mundo, como dijo Trump, está lleno de "pozos de mierda" y los "Bad Hombres" quieren venir aquí porque esto es el paraíso.



También Trump consideraba la OTAN y a los aliados como unos "parásitos" que se aprovechan de la fuerza y magnanimidad norteamericanas para vivir como vagos, para gastarse el dinero en lujos o corrupciones. De ahí que quisiera cobrar por la "protección" en la mejor tradición mafiosa que Estados Unidos ha mostrado al mundo en innumerables veces.

El de Estados Unidos es un liderazgo implosivo. Vemos que Trump no creó nada sino que se limitó a recoger y aprovechar ese nuevo integrismo norteamericano de la nación pura que debe aislarse del mundo para no ser contaminada por los vicios del mundo.

Me imagino que las críticas contra Biden le harán entender el mensaje del mundo. Pero también el interno. Muchos políticos y analistas, como señalamos, consideran que al igual que Trump quiso presentarse como el hombre que sacaba a Estados Unidos de un caro "pozo de mierda" mediante un "maravilloso deal", su especialidad, Biden decidió evitar que Trump lo usara contra él, algo que no ha logrado evitar, ya que —como veíamos ayer— ya está pidiendo su dimisión. A Trump le falló el "acuerdo del siglo", encargado a su yerno, que debía llevar la paz a Oriente Medio; se quedó a medias cuando se dieron cuenta que intentaba sacar votos de ello. Lo trató con los talibanes, pero salir de la Casa Blanca le desbarató el acuerdo firmado que Biden trataba de rentabilizar para las propias elecciones norteamericanas por llegar.


Biden gano por unos millones de votos, pero los delegados en los estados adecuados, pueden dar un vuelco. Hay tres de ellos en los que la diferencia se reduce a unos 40.000 y que les darían el triunfo a los republicanos en su momento. No olvidemos que Hilary Clinton ganó, como lo hizo Al gore. Pero ambas presidencias se las llevaron los republicanos, Bush y Trump. No solo importa ganar, sino dónde.

En la CNN se cita a Angela Merkel refiriéndose a la retirada de las tropas:

 

"This is a particularly bitter development. Bitter, dramatic and terrible," Merkel said during a press conference this week.

Behind the scenes, people familiar with the matter say she has been more critical of Biden's decision, telling members of her party that "domestic political reasons" led him to decide on a withdrawal.*

 

Que esa creencia se extienda —y parece que ya lo está, justificad con creces— será un punto más en la ruptura del liderazgo y volverá a plantear con fuerza las alternativas que ya se vieron con Donald Trump.



No creo que sea tiempo de esperar a "recuperar la confianza". Hay unidad en lo que ocurre, lo que expresa una voluntad y una actitud firmes, una línea de actuación que se mantendrá. Con la profunda división existente en el interior de los Estados Unidos, no sé si la actitud de Biden hacia el exterior es la más adecuada. Si lo hace es porque cree que esto va a tener repercusiones positivas tratando de lo que fue su objetivo declarado ya en su toma de posesión, reunificar al pueblo norteamericano. ¿Implica esto el repliegue sobre sí mismos que anuncian las palabras de Biden y Kamala Harris? Pues si se ve que existe ese apoyo popular fuerte a dejar de estar por el mundo, una vez vistos los resultados, mucho me lo temo.

Ese repliegue ha ido acompañado de la fuerte campaña contra China (ya Trump lo ha había hecho), a la que responsabilizan de haber crecido mientras los norteamericanos menguaba. ¿Hará Biden de forma más discreta lo que Trump hizo descaradamente, sancionar a todo el que negocie con China? Parece que ese es el camino, otro discurso que el público doméstico aplaude. Con Trump ya no había liderazgo, solo amenazas directas. ¿Ocurrirá con Biden lo mismo?

Ahora Biden y Harris tienen que intentar reconstruir algo que ellos mismos han derribado, porque después de Trump, era difícil encontrar una actitud más receptiva al cambio. Pero todo ha quedado en palabras. Y de los hechos, mejor no hablar. The Washington Post habla de "error épico" de Biden, señalando que no es el primero, y de la caída de las valoraciones del presidente, señalando que debería preocupar a los demócratas. ¿Será esto lo que guíe el liderazgo implosivo en un intento de hacerse con la opinión pública norteamericana, cada vez más "doméstica"?

Puede que por querer deshacerse del lastre de lo exterior le acabe costando la presidencia. Las relaciones con medio mundo y el liderazgo ya le han costado.

 


* Kevin Liptak and Kaitlan Collins "Biden promised allies 'America is back.' Chaotic Afghanistan withdrawal is making them fear it's still 'America First.'" CNN 19/08/2021 https://edition.cnn.com/2021/08/18/politics/america-is-back-joe-biden-afghanistan/index.html

** Zolan Kanno-Youngs "Kamala Harris afila su imagen con un franco mensaje sobre la migración" The New York Times 8/06/2021 https://www.nytimes.com/es/2021/06/08/espanol/kamala-harris-mexico.html

miércoles, 18 de agosto de 2021

Borrados y tachaduras o cómo se reescribe la Historia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La edición en español de Independent titula "Republicanos eliminan página web que celebra el acuerdo de Trump con los talibanes", y nos explica en la entradilla: "Página que promociona el “histórico acuerdo de paz” del ex presidente desapareció durante el fin de semana". "Desaparecer" es una forma de expresar la escritura y reescritura constante de lo que acontece a manos de los políticos, cuyas obras se deberán rastrear en el futuro.

Si el historiador se enfrenta a los documentos para tratar de producir un discurso coherente, ajustado a los hechos conocidos, en el futuro esto va a ser un enorme  y difícil trabajo. Efectivamente, tendrán que enfrentarse a un torrente incalculable de informaciones contradictorias, a huecos clamorosos, a reescrituras constantes que suponen tachaduras, a "realidades alternativas" plagadas de hechos no ocurridos. Muchas veces el exceso de información es una estrategia similar a la del calamar y su tinta.

La reescritura es el gran negocio del momento y previsiblemente del futuro. En un mundo creciente de fuentes, el "documento" se ha convertido en una pieza controvertida, que busca el conocimiento y la intoxicación, grabarse en nuestra memoria y borrarla o reescribirla simultáneamente. La Historia y los historiadores ya no son —ni pueden ser— lo que el siglo XIX consolidó precisamente ante el derrumbe de las certezas y la necesidad de crear nuevas "narrativas". Tratando de distanciarse de las viejas leyendas y mitos fundacionales, la Historia los reescribió pero con otros tonos y principios.  Finalmente, la gran crisis en la segunda mitad del siglo XX dio lugar a la multiplicación de las "historias" al llegar un sentido crítico del propio discurso.

 


Lo que se nos cuenta —el borrado de la web republicana de lo que consideraban un logro de su presidente, Donald Trump— tiene algo de fábula orwelliana posmoderna en donde la reescritura es una constante diaria en una memoria nebulosa que recuerda interesadamente y se muestra camaleónica frente a lo ocurrido.

 

Una página web en el sitio del Comité Nacional Republicano que detalla el trabajo del ex presidente Donald Trump en temas relacionados con el terrorismo y el Medio Oriente desapareció durante el fin de semana cuando los militantes talibanes tomaron el control de Kabul y derrocaron al gobierno de Afganistán.

La página, que arrojó un error 404 a partir del lunes pero que aún se podía ver en sitios de archivos, trataba una serie de cuestiones, incluidas las negociaciones de la administración Trump con los talibanes, así como la normalización de las relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos.

"El presidente Trump ha seguido liderando las conversaciones de paz al firmar un histórico acuerdo de paz con los talibanes en Afganistán, que pondría fin a la guerra más larga de Estados Unidos", decía la página web antes de que fuera retirada.

Los funcionarios del CNR no respondieron a una solicitud de comentarios por correo electrónico sobre la eliminación.

Otras partes de la página web que detallan el acuerdo alcanzado entre la administración Trump y los talibanes destacaron partes que establecieron un alto el fuego entre el ahora desaparecido Ejército Nacional Afgano y los talibanes, al tiempo que permitían a Estados Unidos emprender actividades antiterroristas en áreas controladas por los talibanes. El texto de la página web no dio indicios de que la administración Trump esperara o incluso considerara probable una toma de posesión del gobierno de Afganistán.*

 


Obviamente, la manipulación de la Historia (sea como sea que la consideremos) es algo que le es consustancial. La Historia ya es en sí un documento puesto al servicio de quien lo escribe o de quien lo encarga, sea de forma voluntaria o involuntaria. No hay "una historia", sino una colcha hecha con retazos de muchas cosas, cambiante según las circunstancias de escritura y de lectura.

Pero el texto de Independent nos deja un ejemplo claro de "borrado" documental, una de las formas de esta retórica del discurso histórico, por extensión, el que da cuenta de los hechos.

Que lo que antes fuera un "orgullo" y ahora es mejor eliminar, nos da cuenta de ese proceso de reescritura por llegar y al que el borrado antecede. Este borrado es necesario (aunque insuficiente) para posibilitar las críticas republicanas a Biden y los demócratas. Trump ya está pidiendo la dimisión de Biden y la cuestión afgana pasará a estar omnipresente en su discurso como punto débil del presidente al que le tocó cargar con sus despropósitos, sin quitarle un punto a su responsabilidad en el desastre.



Esto nos muestra la forma nefasta en que se entiende la acción política. Aquí lo padecemos con bastante frecuencia. Son esos momentos en los que aquí, la prensa o una parte de ella, recuerda al político que hace algún tiempo dijo exactamente lo contrario.

Si ayer criticábamos la "palabra dada" por parte de Biden para ejecutar chapuceramente la retirada norteamericana causando el caos, es decir, su falta de acomodación a la situación real, en el caso de Trump y los republicanos observamos un proceso de signo contrario. Si Biden presumía de ser un "hombre de palabra", el trumpismo es la falta congénita de palabra, la mentira constante con todo el desparpajo. 



Desgraciadamente, el trumpismo no es exclusivo de Trump ni de la política norteamericana, al menos en este sentido de su relación con los "hechos" y con el "pasado". Lo hemos visto con frecuencia en otros muchos líderes y grupos, donde cada día comienza la Historia según convenga.

Pero no es sencillo. Las guerras de la reescritura se dan en todo tipo de medios, tanto formales como informales, luchando por imponerse sobre el mayor porcentaje posible de opinión pública, que es donde se da la batalla política interior.

Por eso la emergencia de noticias para paliar el borrado y la reescritura es constante. En la CNN tenemos las declaraciones del ex secretario de Defensa con Trump aportando desmentidos:

 

Former Defense Secretary Mark Esper said Tuesday that he was concerned that then-President Donald Trump "undermined" the US' 2020 agreement with the Taliban by pushing for US forces to leave Afghanistan without the Taliban meeting the conditions of the deal.

The Trump administration's "Agreement for Bringing Peace to Afghanistan" outlined a series of commitments from the US and the Taliban related to troop levels, counterterrorism and intra-Afghan dialogue aimed at bringing about "a permanent and comprehensive ceasefire."

But, Esper told CNN's Christiane Amanpour, "my concern was that President Trump, by continuing to want to withdraw American forces out of Afghanistan, undermined the agreement, which is why in the fall when he was calling for a return of US forces by Christmas, I objected and formally wrote a letter to him, a memo based on recommendations from the military chain of command and my senior civilian leadership that we not go further -- that we not reduce below 4,500 troops unless and until conditions were met by the Taliban."

"Otherwise," Esper continued, "we would see a number of things play out, which are unfolding right now in many ways."

Trump fired Esper in November 2020 in the wake of the presidential election.**

 


Esper defiende su trabajo y acusa a Trump de no haber respetado las condiciones del acuerdo, advirtiendo de lo que podría llegar. Y ha llegado.

Trump ha dejado tantos cadáveres, tantas humillaciones y desprecios, a su paso que ahora es probable que hagan cola para decir lo que "se debe saber" antes que la estrategia de borrados y reescrituras haga irreconocible el pasado e inexplicable el presente.

Desde mi punto de vista, lo que Trump intentó es de nuevo la "fotografía gloriosa", por lo que se aceleró sin garantías —como señala Esper— la retirada de las tropas. Trump había perdido ya las elecciones, pero en sus maniobras seguía acumulando "éxitos" pues se mantenía en su delirante idea sobre quedarse en la Casa Blanca y que culminarán con el asalto al Capitolio el 6 de enero. Lo que señala Esper es que el plan se llevó adelante sin que los talibanes cumplieran lo establecido en el acuerdo.



Ante el borrado de la web oficial republicana, las explicaciones se acumulan sobre lo que ocurrió, como nos explica la CNN en el mismo texto:

 

The agreement between the Taliban and the US has come under fresh scrutiny in recent days after Afghanistan's civilian government in Kabul fell to Taliban fighters this weekend, almost two decades after they were driven from the city by US troops.

After years of negotiations, the Taliban and the Trump administration finally signed a peace deal in 2020. The US agreed to withdraw troops and release some 5,000 Taliban prisoners, while the Taliban agreed to take steps to prevent any group or individual, including al Qaeda, from using Afghanistan to threaten the security of the US or its allies.

But the deal didn't bring about peace.

Following the agreement, violence in Afghanistan grew to its highest levels in two decades and the Taliban increased their control of wider swaths of the country. By June of this year, the Taliban contested or controlled an estimated 50% to 70% of Afghan territory outside of urban centers, according to a United Nations Security Council report.

Although Afghan security forces were well funded and well equipped, they put up little resistance as Taliban militants seized much of the country following the withdrawal of US troops beginning in early July. Now factions within the Biden administration are embroiled in a blame game over why the US government didn't act sooner to withdraw American citizens and Afghans who helped the US over two decades of war, leading to a rushed and dangerous evacuation.**

 

En el primer párrafo se nos muestra ya ese contra ataque ante el borrado y la próxima reescritura republicana. Pero lo que hizo Joe Biden en su discurso es otra forma del mismo principio. Ha tenido al menos el valor de decir que no esperaban que la caída fuera tan rápida. Sería mejor decir que "no hicieron caso de las advertencias" sobre lo que iba a ocurrir, como ya le pasó a Esper, el ex Secretario de Defensa con Trump.



Los políticos son cada vez más difíciles de asesorar por los cálculos que manejan son otros a los del sentido común o, si se prefiere, a la posibilidad histórica de hacer. El caos y el dolor creados en Afganistán, lo que pueda llegar, tras lo ya ocurrido, son la suma de de lo que hizo mal Trump, por acelerar una salida que pudiera manejar como una "victoria" —Trump, el rey de la negociación, el "arreglador" de los conflictos irresolubles— y de Biden —el presidente empeñado en terminar una "guerra" interminable, incapaz de trazar un plan alternativo y manejar unos plazos razonables frente al desastre heredado— como el cumplimiento de su palabra.



Podríamos ir más atrás, más allá de los veinte años de esta guerra, ir a las guerras anteriores y a la acumulación de errores y terrores. Pero ya hay bastante con evitar que se pierdan por el camino acontecimientos relevantes para esta escritura interminable que es la Historia.

El borrado de la web republicana es tan descarado que habla por sí mismo. Trabajarán como si ellos acabaran de aterrizar en el planeta. Las críticas llueven desde todas partes y cada nuevo acontecimiento formará parte de esta cadena de despropósitos. Ahora llega el momento de intentar dar sentido a las acciones cuando muchas veces han sido inercias desde propósitos iniciales confusos o absurdos. 

 


* John Bowden "Republicanos eliminan página web que celebra el acuerdo de Trump con los talibanes" Independent (en español) 17/08/2021 https://www.independentespanol.com/noticias/trump-afganistan-guerra-talibanes-republicanos-b1904290.html

** Paul LeBlanc "Ex-defense secretary: Trump's push to get US troops out of Afghanistan possibly 'undermined' deal with Taliban" CNN 18/08/2021 https://edition.cnn.com/2021/08/17/politics/mark-esper-donald-trump-taliban-afghanistan-cnntv/index.html

martes, 17 de agosto de 2021

Un ridículo hombre de palabra

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Me llega por Facebook una caricatura de mi admirada y querida Doaa Eladl, la gran dibujante egipcia. Nos muestra un beso apasionado entre el "tío Sam" y un terrorista encapuchado, rodeada su cintura de explosivos. Su comentario es "Una relación sin fín... ISIS, talibanes..." Es la versión, podríamos decir, "liberal" de lo que está ocurriendo y que incide en lo que se empezó a barajar desde la época de Obama - Clinton: Estados Unidos sostiene de una u otra forma el terrorismo que asola Oriente Medio mediante el apoyo a los islamistas, como ocurrió con los Hermanos Musulmanes en Egipto. Entonces se hablaba de "Obama Bin Laden", canalizándose el anti norteamericanismo por el apoyo dado a los islamistas y, en el mismo plano, el abandono a su suerte de un pueblo.

Esa es la "versión liberal", la que rechaza el terrorismo y desea paz y democracia. La versión islamista, por supuesto, es muy diferente. En ella sería el terrorista el que estaría encima, de un tío Sam derribado y humillado en el suelo. Esa es la percepción de todos los que se pueden incluir en el mayoritario sector islamista, en cualquiera de sus versiones, de la más radical y violenta a la más hipócritamente colaborativa.

Ese beso imaginario puede parecer inexacto y exagerado, incluso injusto. Pero por muy irreal que sea, es una percepción existente en una zona del mundo.



El discurso de Joe Biden dando explicaciones ha sido la peor intervención que se podía realizar. Lo ha centrado en tres puntos. El primero no tiene objeción, es el cumplimiento de una promesa y de un compromiso ya firmado por la administración anterior. Ayer algunos comentaristas recordaban que el cerebro enfermo de Donald Trump había deseado un encuentro con los talibanes en Camp David, la residencia de verano, para "celebrar" el 11-S con un acuerdo de paz. Parece ser que alguien, esta vez, logró convencer al impresentable Trump de que aquello no se podía hacer, lo que era un buen motivo para no hacerlo. No se critica el qué de la retirada, sino el cómo, el desastre caótico formado y la falta de sensibilidad ante lo que ocurre y la tragedia que se deja atrás.

Pero son los otros dos puntos los que ya se están volviendo contra Biden en su propio terreno. El segundo de los puntos es la definición de 20 años de estancia en Afganistán como "ocupación" interesada, es decir, como un objetivo que cumplir y, una vez realizado, me voy. Esto no solo es de una soberbia impresentable sino terriblemente destructivo para la propia imagen benevolente de los Estados Unidos y es la descripción descarnada de eso llamado "intereses norteamericanos". En principio, la invasión de Afganistán es suponía una respuesta de castigo persiguiendo a Al-Qaeda y a los que le habían dado refugio, en este caso, el régimen de los talibanes. Veinte años son muchos años para revelarnos que se trataba de realizar un castigo, primero, y un cambio de régimen con el fin de evitar nuevos ataques a los "intereses norteamericanos" desde allí. No había interés en los afganos y su destino, solo un intento de convertir la mentalidad del pueblo para evitar futuras sorpresas. Confiando siempre en la superioridad de su "sistema", la mentalidad norteamericana cree que se puede "americanizar" las mentes de otros pueblos, algo que solo ha servido para un aumento del "anti americanismo" por medio mundo. La retirada deja en evidencia el fallo del sistema y el surgimiento reforzado de las ideologías contrarias. 



Estados Unidos sigue viviendo de la fantasía de las tropas norteamericanas recibidas con aplausos por las calles de París y otras ciudades en la II Guerra Mundial, que ha sido lo que le ha servido a los Estados Unidos para extender su dominio que ha ido basándose cada vez más en el poder militar antes que en otras cosas, algo que analizamos en diversas ocasiones y que volvíamos a retomar ayer, hablando del descontento creado tras Vietnam, una situación que muchos están recordando ahora tras lo ocurrido en Afganistán. Pero el 11-S volvió a sacar de casa las tropas bajo la idea de "guerra al terror", planteada por Bush en su momento, lo que llevó a enredar todo Oriente Medio, algo que ya estaba complicado por los vínculos con Israel y la política de los cinturones de seguridad tras los acuerdos de Camp David, que convirtieron a Egipto, por ejemplo, en guardaespaldas de Israel, una de las bazas que los islamistas usan contra los gobiernos que son financiados militarmente por los Estados Unidos en la zona.

Frente a su idea idílica anterior, la realidad que describe Biden es de pura relación de costes. La guerra ha costado mucho dinero y hay que invertirlo en nuevas amenazas. Hemos analizado en días anteriores la cuestión del error interpretativo de los norteamericanos en Afganistán (no es el único sitio) y su pretensión ingenua de que el mundo cambia bajo su presencia, aunque sean 20 años. Esos años han permitido a los que ya habían cambiado previamente sobrevivir. Hoy, con los norteamericanos fuera (las demás tropas son testimoniales, algo para que no se hable de "invasión norteamericana" y se plantee de forma "internacional"). Esas personas están el punto de mira talibán y es difícil que muchos sobrevivan. Puede que los talibanes decidan ser más "discretos", pero no van a renunciar a ser "ejemplares" y ya salen a la luz algunos de sus actos.

El terror de los que huyen —las dramáticas imágenes del aeropuerto de Kabul, con la gentes cayendo desde las alturas al vacío, agarrados al tren de aterrizaje— muestran algo más que "preocupación"; es auténtico terror. Y está empezando.



Pero es el tercer punto del discurso de Joe Biden lo que me parece indigno y moralmente reprobable. Este argumento de Biden es que ellos no van a luchar por un pueblo que no lucha por sí mismo. El argumento es doblemente falso. En primer lugar, no era esa su creencia cuando se fue. Es la salida norteamericana la que deja en evidencia la debilidad su ejército y deja al pueblo al descubierto. No son los pueblos los que hacen las guerras, sino los ejércitos y el ejército afgano no es más que una construcción de los propios Estados Unidos, al igual que muchos de sus dirigentes, que han llegado a donde lo han hecho bajo su atenta mirada.



El ejército afgano es solo una caricatura de ejército. Pero los Estados Unidos siempre han creído que debían darles las gracias por invadir a los demás, viéndose a ellos mismos como "libertadores", portadores de una verdad y bondad que contrasta precisamente con el argumento de los "intereses norteamericanos". Pero no es cuestión de "congruencia", sino de construir discursos compatibles, por más que sean infantiles los planteamientos. En breve: Biden ha llamado cobardes e indignos a los afganos después de dejarlos en la estacada. ¿Es tanta la ceguera como para no entender que el orden creado por los norteamericanos no era más que una burbuja de ficciones que solo se sostenía por la sombra de los invasores? Bastan 24 horas para deshincharlo. Todo lo que era la normalidad se desvanece ante el paso de los talibanes. Ellos son los nuevos amos. Habrá quienes luchen, pero como decía el otro día la tradición sumisa es la de sobrevivir, ajustarte a los "nuevos viejos" amos.

El mito del libertador no es compatible con el imperialista, pero eso da igual si prefieres creerlo así.  El problema es cómo se viene abajo ante los ojos de tu propia opinión pública que se ha alimentado de ese mito "libertador" que permite vivir con la conciencia más o menos tranquila. Es la lección aprendida de Vietnam; pero el 11-S y la "guerra al terror" iniciaron una espiral difícil de calcular en sus efectos. Lo que se inició hace 20 años hace que sea difícil abandonar el juego que comenzaste. Biden lo ha hecho.



En la CNN, Stephen Collinson, con el titular "Desperate scenes lay bare an Afghan defeat that Biden cannot deny", escribe:

On Monday, 19 years and 11 months later, desperate Afghans fleeing the Taliban reinstatement, a decade after the US won its revenge against Osama bin Laden in neighboring Pakistan, clung to a departing US cargo aircraft at Kabul airport. Several apparently fatally fell to earth after takeoff, hauntingly recalling those who leapt to their deaths from the Twin Towers rather than burn in the inferno set off by airliners hijacked by the Taliban's terrorist guests -- al Qaeda -- on September 11, 2001.

The battles, human tragedies and political errors that unfolded between these era-defining moments are culminating in the current defeat and are driving the treacherous crisis politics facing another White House 20 years on.

Biden appeared before the world Monday, under rising political pressure, to explain his failure to plan the exit from America's longest war in the way his constituents and global allies expected -- in an orderly, dignified and humane manner.

He is accused of missing the imminent collapse of Afghanistan, of slow-walking the evacuation of Afghans who worked for and trusted America and of overseeing scenes of defeat that tarnish US power in the eyes of the world.

Biden's defenders have rightly focused on the poor choices left him by ex-President Donald Trump, who negotiated an earlier US withdrawal with the Taliban that cut out the Washington-backed official Afghan government. And mistakes by four administrations led up to a US defeat to a repressive regime, which will send geopolitical reverberations through the Middle East and across the globe.

But Biden is the commander in chief, and the current chaos looks more like an ignominious defeat than an exit with honor.

"I am the President of the United States of America. The buck stops with me," he said.

Yet as he blamed former presidents -- including, implicitly, Barack Obama, whose 2010 surge Biden noted he had disagreed with -- for not ending the conflict and the Afghans themselves for refusing to fight for a land devastated by generations of war, the President didn't really follow Harry Truman's maxim. Biden instead tried to reframe a weekend of mayhem and humiliation in Kabul. He suggested the choice he faced was between staying for years or decades more -- or leaving.*



No es casual que a Collinson las trágicas caídas al vacío desde el avión le recuerden la desesperación de los saltos también al vacío de los que estaban en las Torres Gemelas aquel 11 de septiembre del que se cumplen 20 años. Podrían establecerse muchos paralelismos. La desesperación es la misma, aunque las causas que motivan el terror sean diferentes. Las caídas al vacío quedarán en la mente de muchos y, como ya señalamos, ilustrarán para la Historia el mandato de Biden, que a partir de estos momentos es de supervivencia. A veces hay que tener cuidado con los "hombres de palabra" porque les da igual la forma en que se cumple.

Hay otro aspecto más del discurso de Biden y que se recoge en la cita anterior de Collinson: la responsabilidad a los presidentes anteriores, incluido Barack Obama, del que Biden fue vicepresidente. Es aquí donde vemos la traición del carácter: querer hacer lo que otros no han hecho tiene el riesgo de ignorar las causas de porqué no lo hicieron. La soberbia es mala consejera y la frase citada " I am the President of the United States of America. The buck stops with me ", tiene mucho de "yo asumo la responsabilidad que otros no asumieron", pero supongo que son frases que se dice cuando, por ejemplo, lanzas la bomba atómica. En este caso, ha sido entrar en la Historia por la puerta equivocada.


Puede echarle la culpa a Trump, claro, por haber firmado la retirada. Pero el "¡Estados Unidos ha regresado!" quizá debiera dar un poco más de sí, ser un poco más generoso con el desastre creado en esos 20 años de burbuja. En esos 20 años ha crecido una generación condenada a la frustración, al terror porque han crecido dentro de la burbuja cuya cruda realidad son los talibanes.

Lo que ha conseguido realmente Joe Biden es convertirse en la cara de la vergüenza por la forma desastrosa en que se ha hecho esta retirada, por el desastre creado y ahora le recrimina la propia prensa norteamericana, la mundial, y que los republicanos aprovecharán para crear su "realidad alternativa" diciendo que con ellos esto no habría pasado.



Pero apenas ha pasado nada... todavía. Las noticias fluirán poco a poco con las imágenes y testimonios que irán saliendo desgraciadamente a la luz en días, cuando los talibanes hayan visto que no hay nada que temer. En The New York Times leemos un titular claro, "Lawmakers from both political parties united in fury over the Afghanistan withdrawal". Al menos, Biden ha conseguido el objetivo de unir a los norteamericanos y situarse por encima del bipartidismo. El problema es que se han unido para criticarle, pero eso a un "hombre de palabra" no le importa demasiado. Otro, firmado por un tal Timothy Kudo, dice en su titular "I Was a Marine in Afghanistan. We Sacrificed Lives For a Lie". Junto a él, otro titular reparte las sensaciones: "U.S. veterans are observing the collapse in Afghanistan with anguish, rage and relief". En The Washington Post un gran titular se centra en los hechos, "Biden defends Afghanistan exit". Una imagen recurrente es la que contrapone el desastre de la retirada de Saigón, con los helicópteros sacando a gente por las azoteas y nuevas imágenes ahora calcadas en Kabul.

En The Washington Post se preguntan "What’s happening in Afghanistan can’t be reduced to images with historic parallels. When will we learn to see things in real time?". La pregunta es interesante pero inútil, siempre vamos a interpretar el presente (en "tiempo real" dicen) en términos de lo ocurrido anteriormente, ya que forma parte de nuestra psique individual y colectiva. Esa es precisamente la función de la Historia desde el pasado, ayudarnos a interpretar (distorsionar, si lo prefieren) lo que no tiene sentido por sí mismo, lo que es factual. Las imágenes de la Torres Gemelas y de Saigón se entremezclan con las actuales saliendo a la luz los momentos más dolorosos.



Es el pasado que se vuelve contra Joe Biden sacando todos los fantasmas que pueblan la historia norteamericana. La viñeta de Doaa Eladl, con el Tío Sam y el terrorista besándose, interpretaba lo que ocurría en términos de lo ocurrido anteriormente. Las cosas solo tienen sentido cuando se colocan unas detrás de otras. "Einmal ist Keinmal", una vez no cuenta, lo que solo ocurre una vez no tiene sentido, nos recordaba el gran escritor Milan Kundera en su obra La insoportable levedad del ser. Inevitablemente, Afganistán es interpretado en términos de "derrota" —un nuevo Vietnam— por unos y de victoria por otros. Por mucho que Biden se empeñe, es un fracaso histórico que servirá para ese debilitamiento de la imagen norteamericana que todos los comentaristas en los propios Estados Unidos resaltan ya en sus crónicas y análisis.

¿Quién puede defender lo que vemos? ¿Quién puede defender ese caos, esa falta de previsión y comprensión, ese dolor, esa angustia producidas, esas muertes? ¿Quién puede decir que solo se trata de un error de cálculo, que no pensaban que el ejército afgano desaparecería tan rápido? Solo un "hombre de palabra".

Pero no nos equivoquemos. Esta no es la tragedia de un ridículo "hombre de palabra" que se equivocó. No, es la tragedia de un pueblo que, como otros, está dividido entre el retrógrado camino al pasado y el futuro del que solo atisban tímidos destellos. Es la tragedia de una modernidad que no llega, de un mundo que te muestra otras posibilidades pero te encierra entre sus fronteras. 

En la CNN ponen un aviso sobre la llegada de imágenes molestas, duras al inicio de las escenas del aeropuerto de Kabul. Son artificios mediáticos. No por no mirar dejan de pasar las cosas. La tragedia, la mires o no, está ahí. Biden prometió decir la verdad, lo que no excluye que esté profundamente equivocado. En cambio, ha dejado al descubierto el problema de fondo, sus propias limitaciones y las del sistema.



* Stephen Collinson "Desperate scenes lay bare an Afghan defeat that Biden cannot deny" CNN 17/08/2021 https://edition.cnn.com/2021/08/17/politics/joe-biden-afghanistan-defeat/index.html