Joaquín Mª
Aguirre (UCM)
Las consecuencias del caos generado por la retirada en
Afganistán se están dando en todos los planos y en todos los lugares del mundo.
Las consecuencias son de tres tipos: 1) las dramáticas consecuencias para la
parte del pueblo afgano que ha querido modernizar el país en los últimos 20
años; 2) las consecuencias para Estados Unidos en las relaciones con los
aliados; y 3) las consecuencias para la política bipartidista doméstica
norteamericana. El primer tipo nos angustia y preocupa; el segundo nos irrita y
preocupa; y el tercero, visto lo visto, no nos sorprende y apenas nos preocupa.
La visión del aeropuerto y de lo que está ocurriendo a su
alrededor es una muestra del más absoluto fracaso de la inteligencia
norteamericana, pero también del Ejército, que se concentra en un especio
reducido, el aeropuerto, y deja libre la totalidad del territorio, mostrando
que su único interés era salir como fuera sin la más mínima preocupación por el
resto. El fallo de inteligencia, del que
se habla, es una maniobra de distracción, una cortina de humo, puesto que todo
el mundo sabía desde hace años lo que ocurriría. Basta con revisar la hemeroteca
para leer todo tipo de advertencias sobre esto. Desde La historia militar,
tampoco es posible hacerlo tan mal, pues la más elemental estrategia señala que
el perímetro no tenía que ser el aeropuerto, sino un cinturón protegiendo la
ciudad hacia la que ya sabían que todo el mundo se dirigía para salvar la vida
ante el avance talibán.
Esto plantea una cuestión espinosa, ya que es tan clamorosa
la estrategia errónea que puede pensarse que no fue un error de cálculo y fue
intencionado, es decir, que sabiendo que todo el mundo lo había se protegía el
aeropuerto no de los talibanes sino de los propios afganos en su huida
desesperada. De hecho, son los talibanes los que han establecido ese segundo
cordón alrededor del aeropuerto. Son ellos los que controlan quiénes pasan y
quiénes no, dejando para el control de "seguridad" norteamericano a
aquellos que han decidido primero que pasen. Esa es la queja que escuchamos en
nuestras televisiones de los colaboradores afganos del Ejército español, que
ellos y sus familias no pueden acceder al aeropuerto, ya que no hay puestos de
control militar de nuestro ejército.

El aspecto que moralmente nos pueda producir el ejercicio
puramente pragmático norteamericano ha sido ya calificado por los propios medios
norteamericanos como "egoísta", desinteresándose por el destino de
los que quedan atrás. El discurso de Joe Biden ha terminado de arreglar las
cosas con sus dosis de cinismo, que ya comentamos, diciendo que lo que ocurra
allí no es cosa suya e insultándoles llamándoles cobardes por no defender su
país. Quizá no hayan visto tantas películas norteamericanas como debían para
motivarse.
En la CNN se va más allá y se habla del cambio del dialogante Biden a la nueva situación,
inexplicable para todos, dentro y fuera. Con el titular "Biden promised
allies 'America is back.' Chaotic Afghanistan withdrawal is making them fear
it's still 'America First.'" , Kevin Liptak y la redactora Jefe en la Casa
Blanca, Kaitlan Collins, ponen el dedo en la herida mostrando tanto la sorpresa
de los aliados como de los propios norteamericanos ante esta actitud del
"nuevo" Biden:
Visiting Brussels earlier this summer,
President Joe Biden was single-minded in his message to American allies.
"America is back," he declared in the
lobby of the European Union's headquarters, repeating a mantra he had uttered
at nearly every stop of his first trip abroad, during which leaders welcomed
him as a salve to four years of Trump-era angst.
"It's overwhelmingly in the interest of
the United States of America to have a great relationship with NATO and with
the EU," Biden said. "I have a very different view than my predecessor
did."
Two months later, the same group of allies is
now wondering what happened to that Joe Biden. The humiliating end to the war
in Afghanistan has fanned lingering concerns over an "America First"
foreign policy that some allies fear did not completely disappear with former
President Donald Trump. And the chaotic fall of Kabul, which caught American
officials off-guard and prompted a major scramble by the US and other countries
to evacuate diplomats and Afghans who assisted the war efforts, badly undercut
Biden's promise to restore competence to American foreign relations.*
Evidentemente, si los propios norteamericanos no lo
entienden, difícilmente podrán hacerlo los demás, incluidos los afganos. Nadie
dice que Estados Unidos debería estar otros 20 años en Afganistán, pero entre
eso y lo que hemos visto hay muchísimas posibilidades, lo que apunta
precisamente a la hipótesis de que sabían perfectamente que medio país querría
irse y no estaban dispuestos a asumirlo.
También se preguntan analistas y medios norteamericanos
sobre el deterioro de la imagen, que tiene que ver precisamente con el
siguiente grupo de consideraciones. Si Trump había dejado la imagen
norteamericana por los suelos, Biden ha acabado de enterrarla al mostrar, como
la propia CNN señala, que no existe diferencia en la política exterior
norteamericana a la vista de los sucedido.
En el mismo texto, podemos leer algunas opiniones en este
sentido:
"It's a lack of communications, of
honesty, with the American people and with allies around the world who are
deeply disappointed with a Biden administration that they felt would be much
more multilateral, especially on an issue where the allies have been fighting
with the Americans for 20 years now," said Ian Bremmer, director of the
Eurasia Group. "The decision on how and when to leave was made
unilaterally by the Americans, and that's not the way you treat your allies,
frankly."*
El texto deja claro el descontento producido y sobre todo la
falta de confianza en algo en lo que Estados Unidos utilizó las
representaciones internacionales para crear esa imagen de "aliados"
que se fue complicando al quedar reducidos a meros comparsas. En efecto, ¿en
qué queda ese "America is back!" si no en un mero eslogan, en pura
retórica?
Si la política de Trump respecto a China pronto se ha visto
asumida en gran medida por Biden, la de Oriente Medio y de las zonas como Afganistán han
tomado el mismo camino, mostrando que el desacuerdo interno norteamericano no
lo es en política exterior, donde los demócratas han asumido la de los halcones
republicanos, lo que equivale a decir que tienen unos mismos intereses detrás y
unos mismos objetivos. Que el discurso de Biden sea "he hecho lo que los
otros presidentes no se atrevieron a hacer", suena más a Trump que a
otros. Y eso tiene sus consecuencias.

En textos anteriores hemos insistido en la pérdida del
liderazgo norteamericano. Una cosa es ser una súper potencia y otra ser un líder.
Estados Unidos puede seguir siendo una súper potencia, pero difícilmente puede
ser considerado ya un líder. El liderazgo consiste precisamente en los
contrario de lo que Biden ha hecho, es hacer sentir a los demás que forman
parte de algo, que hay grupo. Biden ha pulverizado la poca confianza que Trump
había dejado en pie y ha mostrado que poco ha cambiado en la Casa Blanca.
De nuevo nos encontramos con una forma de liderazgo implosiva. En vez de tratar de liderar hacia fuera, las fuerzas políticas se centran cada vez más en los aspectos internos, en distanciarse de los problemas del mundo, muchos de los cuales han contribuido a crear. El exterior se percibe como un territorio hostil y parasitario, sobre el que hay que imponer esa fórmula de los "intereses norteamericanos" que todo lo justifica. Recordemos cómo la primera misión de Donald Trump en el exterior —en Yemen— fue una fallida operación, precipitada y chapucera, que costó la vida a unos marines.

En este sentido, Biden ha defraudado profundamente. Su
discurso —que ya analizamos— planteaba Afganistán como una cuestión de gasto, que ya se había cumplido el objetivo
de acabar con Bin Laden, sonaba más a Trump que a Biden, al menos al Biden que
había hecho campaña. Pero las campañas son para llegar al poder; luego, lo objetivos
pueden ser otros. De esto hemos tenido ya muestra incluso con la inmigración
desde México a cargo de presidente y vicepresidenta, Kamala Harris.
Con el titular "Kamala Harris afila su imagen con un
franco mensaje sobre la migración" firmaba Zolan Kanno-Youngs un artículo en
la edición en español de The New York Times. En él señalaba:
CIUDAD DE MÉXICO— Antes de volar
a Guatemala y México en su primer viaje al extranjero, la vicepresidenta Kamala
Harris enfrentó preguntas sobre cómo enfocaría su papel como emisaria del plan
del presidente Joe Biden para apuntalar la región y disuadir la migración a
Estados Unidos.
Tras semanas de críticas por
parte de los republicanos y de algunos demócratas moderados que argumentaban
que el gobierno carecía de una estrategia clara en materia de migración, Harris
llegó a Centroamérica con una respuesta contundente: el gobierno se centraría
en afirmar el control de sus fronteras, incluso si eso significa, por ahora,
rechazar a aquellos que huyen de la persecución y la pobreza y a los que la
vicepresidenta ha prometido ayudar a largo plazo.
Harris fue igualmente sincera en
cuanto a la necesidad de abordar las causas fundamentales que impulsan a los
migrantes a emprender el largo y peligroso viaje hacia el norte desde
Centroamérica, a pesar de los cientos de millones de dólares gastados por
Estados Unidos para mejorar las perspectivas en la región. En Guatemala,
anunció que Estados Unidos ayudará a un panel anticorrupción que ha sido
denunciado por el presidente Alejandro Giammattei, incluso frente al líder
guatemalteco.
Pero fueron sus comentarios sobre
la migración —al decir “no vengan” a los migrantes en Guatemala— los que
provocaron una nueva oleada de críticas. Los defensores de la migración
acusaron a la vicepresidenta de socavar la ley de inmigración y la promesa de
Biden de restaurar un sistema de procesamiento de asilo en la frontera suroeste
de Estados Unidos.**
A la luz de esto —ocurrido en junio de este año— quizás
adquiere algo más de sentido lo realizado por Biden en Afganistán. En efecto,
el mensaje es el mismo: a) ya hemos gastado mucho dinero; b) son ustedes unos
corruptos; y c) no vengan.
Esto es ya algo más que un problema de liderazgo; es una cuestión
dogmática en la que el mismo país que ha asaltado su propio Capitolio, que ha
intentado corromper a su propia administración electoral y judicial, y en el
que hay escándalos de todo tipo relacionados con la presidencia anterior (de
económicos y políticos a sexuales), se erige en juez moral del mundo y decide
qué ellos son el bien y los demás el mal, que solo debe escucharse a sí mismo y
despreciar a los demás, de sus aliados europeos al pueblo afgano o de Río
Grande hacia abajo. El mundo, como dijo Trump, está lleno de "pozos de
mierda" y los "Bad Hombres" quieren venir aquí porque esto es el
paraíso.

También Trump consideraba la OTAN y a los aliados como unos
"parásitos" que se aprovechan de la fuerza y magnanimidad
norteamericanas para vivir como vagos, para gastarse el dinero en lujos o
corrupciones. De ahí que quisiera cobrar por la "protección" en la
mejor tradición mafiosa que Estados Unidos ha mostrado al mundo en innumerables
veces.
El de Estados Unidos es un liderazgo implosivo. Vemos que
Trump no creó nada sino que se limitó a recoger y aprovechar ese nuevo
integrismo norteamericano de la nación pura que debe aislarse del mundo para no
ser contaminada por los vicios del mundo.
Me imagino que las críticas contra Biden le harán entender
el mensaje del mundo. Pero también el interno. Muchos políticos y analistas,
como señalamos, consideran que al igual que Trump quiso presentarse como el
hombre que sacaba a Estados Unidos de un caro "pozo de mierda"
mediante un "maravilloso deal",
su especialidad, Biden decidió evitar que Trump lo usara contra él, algo que no
ha logrado evitar, ya que —como veíamos ayer— ya está pidiendo su dimisión. A
Trump le falló el "acuerdo del siglo", encargado a su yerno, que
debía llevar la paz a Oriente Medio; se quedó a medias cuando se dieron cuenta
que intentaba sacar votos de ello. Lo trató con los talibanes, pero salir de la
Casa Blanca le desbarató el acuerdo firmado que Biden trataba de rentabilizar
para las propias elecciones norteamericanas por llegar.

Biden gano por unos millones de votos, pero los delegados en
los estados adecuados, pueden dar un vuelco. Hay tres de ellos en los que la
diferencia se reduce a unos 40.000 y que les darían el triunfo a los
republicanos en su momento. No olvidemos que Hilary Clinton ganó, como lo hizo
Al gore. Pero ambas presidencias se las llevaron los republicanos, Bush y
Trump. No solo importa ganar, sino dónde.
En la CNN se cita a Angela Merkel refiriéndose a la retirada
de las tropas:
"This is a particularly bitter
development. Bitter, dramatic and terrible," Merkel said during a press
conference this week.
Behind the scenes, people familiar with the
matter say she has been more critical of Biden's decision, telling members of
her party that "domestic political reasons" led him to decide on a
withdrawal.*
Que esa creencia se extienda —y parece que ya lo está,
justificad con creces— será un punto más en la ruptura del liderazgo y volverá
a plantear con fuerza las alternativas que ya se vieron con Donald Trump.
No creo que sea tiempo de esperar a "recuperar la
confianza". Hay unidad en lo que ocurre, lo que expresa una voluntad y una
actitud firmes, una línea de actuación que se mantendrá. Con la profunda
división existente en el interior de los Estados Unidos, no sé si la actitud de
Biden hacia el exterior es la más adecuada. Si lo hace es porque cree que esto
va a tener repercusiones positivas tratando de lo que fue su objetivo declarado
ya en su toma de posesión, reunificar al pueblo norteamericano. ¿Implica esto
el repliegue sobre sí mismos que anuncian las palabras de Biden y Kamala
Harris? Pues si se ve que existe ese apoyo popular fuerte a dejar de estar por el mundo, una vez vistos los
resultados, mucho me lo temo.
Ese repliegue ha ido acompañado de la fuerte campaña contra
China (ya Trump lo ha había hecho), a la que responsabilizan de haber crecido
mientras los norteamericanos menguaba. ¿Hará Biden de forma más discreta lo que
Trump hizo descaradamente, sancionar a todo el que negocie con China? Parece
que ese es el camino, otro discurso que el público doméstico aplaude. Con Trump
ya no había liderazgo, solo amenazas directas. ¿Ocurrirá con Biden lo mismo?
Ahora Biden y Harris tienen que intentar reconstruir algo
que ellos mismos han derribado, porque después de Trump, era difícil encontrar
una actitud más receptiva al cambio. Pero todo ha quedado en palabras. Y de los
hechos, mejor no hablar. The Washington Post habla de "error épico" de Biden, señalando que no es el primero, y de la caída de las valoraciones del presidente, señalando que debería preocupar a los demócratas. ¿Será esto lo que guíe el liderazgo implosivo en un intento de hacerse con la opinión pública norteamericana, cada vez más "doméstica"?
Puede que por querer deshacerse del lastre de lo exterior le acabe costando la presidencia. Las relaciones con medio mundo y el liderazgo ya le han costado.
* Kevin Liptak
and Kaitlan Collins "Biden promised allies 'America is back.' Chaotic
Afghanistan withdrawal is making them fear it's still 'America First.'" CNN 19/08/2021
https://edition.cnn.com/2021/08/18/politics/america-is-back-joe-biden-afghanistan/index.html
**
Zolan Kanno-Youngs "Kamala Harris afila su imagen con un franco mensaje
sobre la migración" The New York Times 8/06/2021
https://www.nytimes.com/es/2021/06/08/espanol/kamala-harris-mexico.html