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lunes, 26 de junio de 2023

La vieja retórica nunca muere, del verano azul a la autoculpa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La retórica es el arte de conseguir lo que se quiere mediante un acto comunicativo. Para ello, la vieja disciplina enseñaba una serie de recursos de los que el lenguaje dispone. La antigua retórica enseñaba cómo usar el lenguaje con precisión y cálculo de sus efectos. La complejidad retórica puede ser enorme y su eficacia se comprueba cada día. Se nos hizo tan necesario el concepto que, cuando empezó esto de los medios de comunicación a extenderse, se hizo necesaria la creación de una "neo retórica" que permitiera estudiar —y estudiándolo aprendiendo a usar— los nuevos medios y recursos disponibles. La retórica es un arte a la vez analítico y creativo; hay que comprender primero para usar después.

Hoy los que más usan de forma clásica la retórica son los políticos, que se mantienen como los antiguos oradores frente a un auditorio al que deben convencer. Aunque haya cámaras por medio, la antigua retórica sigue siendo un modelo para los nuevos oradores. Por supuesto, la concentración retórica se da en las campañas electorales, auténticos pases de modelos retóricos en los que los oradores lucen sus mejores galas.

Nos podemos encontrar con juegos retóricos, como los de "verano azul", del PP, que obliga al orador a remangarse camisa y pantalones, a no llevar zapatos y hablar rodeado de sombrillas azules a pleno sol, en mitad de la arena (¿quién ha sido el "genio"?). Afortunadamente, RTVE les ha prohibido el uso del nombre de su programa, deshaciendo de un plumazo la tontería retórica y salvando al orador de una insolación, ahora que aprieta el calor.

El titular anterior del mundo habla de "implosión catastrófica", un término que estos días se ha mantenido de triste actualidad para referirse al accidente del submarino Titan, destruido al descender con turistas que quería ver los restos del Titanic. Los comentarios asociativos sobran.

La campaña del PP es tan mala que hasta el PSOE ha decidido reutilizarla, sentando un precedente. Se trata de aprovechar cuanto se pueda los errores del contrario. La base más elemental de la comunicación política es no dejar puertas abiertas al enemigo para la contestación, para darle la vuelta al mensaje. Esta ha producido todo tipo de memes y ridiculizaciones, lo peor que te puede pasar. El PP,. por supuesto, se reafirma.

Pero si tuviéramos que dar un premio al uso retórico concentrado, habría que dárselo a Pedro Sánchez, que va más por los modelos clásicos de la retórica, por sus figuras habituales del lenguaje. En RTVE.es podemos leer su concentración discursiva retórica, digna de ser estudiada. Dice Sánchez:

El presidente del Gobierno y candidato a la reelección del PSOE en las elecciones generales, Pedro Sánchez, ha reconocido que "el error más importante" que ha cometido su Gobierno durante la legislatura ha sido la rebaja de penas a agresores sexuales como consecuencia de un fallo "técnico" de la Ley de garantía integral de la libertad sexual, conocida como ley del 'solo sí es sí'.

"El error para mí más importante que hemos cometido durante estos cuatro años es el de un gobierno feminista que ha aprobado 200 leyes, el haber cometido un error, en este caso técnico, en la ley del 'sí es sí', que provocó una serie de efectos indeseados de rebajas de penas a agresores sexuales. Para mí, este es el mayor error que he cometido en esta legislatura", ha asegurado Sánchez, este domingo, en una entrevista en 'La Sexta'.

Pese a que dicha ley fue impulsada por la ministra de Igualdad, Irene Montero, Sánchez ha asegurado que nunca tuvo sobre la mesa su cese, porque siempre ha antepuesto la estabilidad. "No, en absoluto, nunca tuve sobre la mesa ese cese, al contrario, pese a las discrepancias que he podido tener con la ministra de Igualdad, siempre he antepuesto la estabilidad", ha explicado, a pesar de que, según ha añadido, "se han dicho cosas muy gruesas" por parte de su "socio de Gobierno".*


En una campaña regida por la puñalada trapera, este pequeño discurso de Pedro Sánchez es una magnífica pieza destinada a mostrar una imagen "noble", vamos a decirlo así. La genialidad del asunto, desde la perspectiva retórica, es que Sánchez asume la enormidad del error, lo que le permite magnificarlo, cuando todo el mundo sabe que el error fue una metedura de pata del ministerio de Irene Montero. Y esto nos lleva a la segunda parte: la de su "lealtad" manteniéndola en el cargo.

La pieza retórica se construye así: 1) "Yo asumo mi culpa" (pero la culpa, todos lo saben, es de Irene Montero); y 2) pese a ser la culpa de Irene Montero, "yo he sido un buen socio" y no la eché. La finalidad del mensaje es clara: eludir el coste de la ley del "solo sí es sí".

Pero hay otra pieza, también en formato clásico, que es la entrevista concedida a Infolibre y que RTVE.es reproduce. "Ha quedado claro durante estos últimos cinco años que la derecha, política y mediática, me odia. Ahora lo que tienen que aclarar es lo que quieren para su país".**

De nuevo, Sánchez atrae las miradas negativas sobre él para después devolverles la pelota. Que "le odien" significa que le atacan personal e irracionalmente, lo que nos lleva a preguntarse por qué este odio. La causa está clara: si le odian es porque lo hace bien. Lo extraño sería que tus rivales/enemigos te aplaudan. Sánchez podría decir que tienen posturas enfrentadas, por ejemplo. Pero lo que hace es convertir en algo irracional —en odioؙ— las actitudes de la "derecha". Tan intenso e irracional es su odio que se han olvidado de tener un programa, concluye.

De la misma forma retórica, se preocupa por la salud e integridad, vamos a decirlo así, del Partido Popular, al mostrarlo como un rehén de Vox. De hecho, este está siendo el centro de las campañas del conjunto de la izquierda, con lo que acaban dando más votos a la formación de ultraderecha al aumentar su importancia.

Por supuesto, Sánchez es tan libre de hacer esta retórica clásica como el Partido Popular es libre de hacer el ridículo playero con esa nefasta campaña del "Verano azul". Lo interesante es ver cómo se construye el sentido a través de los discursos y sus figuras. ¿Le valdrá a Sánchez asumir las críticas por la ley del "solo sí es sí" que es el punto que no puede ignorar? Puede ser. Desde el punto de vista de lo retórico, este juego puede ser útil o, por el contrario, convencer a otros de que sí, que efectivamente sí era responsable del desaguisado jurídico que mandó a la calle a unos cientos de maltratadores.

La jugada de Sánchez de convocar las elecciones generales mientras se están realizando los "pactos" para constituir ayuntamientos y autonomía se ha mostrado buena para sus objetivos: mostrar las alianzas de la derecha con la ultraderecha de Vox. Todo gira sobre esto como fondo. Se ha puesto al PP en la tesitura de llegar a pactos con Vox y que cada uno sea una "confirmación" de la tesis desde la izquierda: derecha y ultraderecha son lo mismo. ¿Funcionará? 

 

* "Sánchez cree que el "error más importante" de su Gobierno ha sido la ley del 'solo sí es sí'" RTVE.es 26/06/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230626/sanchez-cree-error-mas-importante-legislatura-ley-solo-si-si/2450439.shtml

** "Sánchez: "La derecha política y mediática me odia" RTVE.es-Play 25/06/2023 https://www.rtve.es/play/videos/fin-de-semana-24h/sanchez-quedado-claro-derecha-politica-mediatica-odia/6921109/

viernes, 26 de febrero de 2016

El príncipe perfecto en el reino virtuoso

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
En las guerras por el control de la opinión pública hay movimientos con el estruendo del tsunami, los de la propaganda ruidosa, y otros más sutiles que intentan el método del goteo. El régimen egipcio ha probado el ruido de las trompetas de la sisimanía y el patriotismo, el de la guerra al terror, el de la difamación de los opositores o descolgados del tren oficial, etc.
Las burdas maniobras propagandísticas, como la retransmisión de la infame redada en los baños de El Cairo con el escándalo consiguiente, se han repetido hasta el momento con un aparato que ha funcionado a modo de agresivo perro guardián que enseña los dientes a todo el que es o puede llegar a ser un enemigo. La opinión pública se vio sacudida por escándalos continuos en los que el régimen lanzaba sus cruzadas de seguridad y morales.
Desde que este régimen se fue personalizando, es decir, desde que la figura de El-Sisi dejó de presentarse como la cabeza visible de un amplio movimiento social de rechazo a los Hermanos Musulmanes (los salafistas de Al-Nour fueron muy astutos) la sitaución ha cambiado. El-Sisi pasó a ser la cabeza autónoma sobre la que descansaba el futuro de Egipto, identificándose con su pueblo y el pueblo con él, la comunicación ha cambiado. Ahora era ya la cabeza del pueblo, no de los partidos o cualquier otra institución política.
La estruendosa sisimanía está dejando de ser eficaz. Se está cerrando esta fase. Las grandes proclamas y discursos ya no despiertan la rendida euforia que antes. Los problemas irresueltos son sordinas en el trompeteo de la propaganda. No se puede inaugurar un canal cada semana, sobre todo si se paga con el dinero de todos y no pasan más barcos de los esperados. No se pueden construir nuevas capitales sin solucionar los problemas de la economía con la dolarización de la libra, la inflación galopante y las crisis de seguridad (con los escándalos policiales) y del turismo. Los países a los que El-Sisi puede viajar sin que se monten escándalos a su llegada son cada vez menos. El prestigio se pierde dentro, por ineficacia, y el desprestigio aumenta fuera por el deterioro democrático.



La reacción comunicativa del régimen no se hace esperar. Por lo que podemos ver, esta estrategia se divide en dos líneas: a) tratar de centrar en el presidente la imagen de Egipto, es decir, reforzarla en esa línea en la que se ha trabajado desde el principio; y b) la colocación de peones informativos en diferentes partes del tablero mediático egipcio.
En la primera línea se ha centrado el propio presidente mediante un llamamiento a que solo se le escuche a él, algo realmente insólito en cualquier régimen que aspire al pluralismo democrático.
El día 24, Ahram Online publicaba una escueta noticia con el titular Sisi says he will keep building Egypt 'until end of either life or term'". Ya el titular es asombroso en la línea de lo señalado anteriormente. Se trata de reforzar el carácter titánico y mesiánico de la figura del presidente. La noticia era esta:

Egypt’s President Abdel-Fattah El-Sisi said on Wednesday that he will continue to build and develop the country until either the end of his life or his presidential term.
El-Sisi’s speech comes at a conference where Egypt’s prime minister and some of his cabinet are presenting the country's 2030 economic and development vision.
“[Egypt] is a great country, it can do anything,” the president added.
“[If] you truly love Egypt, I’m telling all Egyptians who are listening to me: Listen to my words only. Only mine,” the president stated  to an applauding audience, in an apparent reference to critics of government policies.
“I’m not lying, I’m not beating around the bush, and I have no other interest except that of my country,” El-Sisi said.*


Es poco probable que se haya escuchado afirmaciones de esta naturaleza en circunstancias de normalidad. La construcción del carácter heroico y patriarcal del presidente El-Sisi trata de recuperar de forma casi hipnótica el magnetismo que se ha ido perdiendo por el camino azaroso recorrido desde su llegada al poder.
El foro en el que hizo estas afirmaciones es —otro más— un intento de conjura de los miedos a través de la realización de eventos en los que hacer explotar la confianza en el presidente. Un foro llamado "2030" significa que se está trabajando. No cuesta nada organizarlo y hablar y hablar sobre un futuro mejor que el presente. En su visión de la opinión pública, las declaraciones son esenciales porque se trata de poner en escena la figura del presidente. Cuando esto se ha hecho, llega el discurso sorprendente: no hagan caso a nadie, no escuchen a nadie. Es un intento bastante patético de absorción de una verdad que ya no es la "oficial", que nadie cree, sino la "personal" del presidente, el hombre que aceptó el llamado de la Historia para hacerse cargo de la gran familia egipcia y llevarla a cumplir su destino glorioso.
En este sistema monopersonal (una especie de monoteísmo laico) se funden faraón y profeta en una sola figura, la presidencial. El régimen egipcio se concentra en la figura presidencial creando una "dependencia", de palabra y presencia, del presidente. Es él quien garantiza el camino. Hay que desoír los cantos de sirenas, los negros augurios, las estadísticas, los informes, la prensa nacional e internacional, las organizaciones de derechos humanos, los sindicatos médicos, los sindicatos de funcionarios, los sindicatos de periodistas... ¡todo! Y, en el silencio final, solo debe haber una voz.
Ya se han silenciado mediante las campañas de desprestigio: se han debilitado las voces de los partidos, reduciéndolos a "ruido" y también el parlamento, en el que gritan los cuatro o cinco diputados escandalosos por naturaleza, estrategia y profesión. El presidente del parlamento ha pedido a los periodistas que no boicoteen al Parlamento pese a los ataques realizados contra ellos por un par de diputados, dispuestos a que solo se oigan sus voces estridentes y reaccionarias.**


La segunda de las líneas para recuperar el control de la opinión consiste en ir colocando peones en medios adversos a través de artículos proclives a las ideas básicas del régimen. En esta categoría podría colocarse el artículo titulado "Moral deterioration in the land of Egypt", firmado por Moataz Bellah Abdel-Fattah, en cuya nota biográfica dada por el periódico se señala que es «an Egyptian professor of political science. He has been an adviser to the prime minister of Egypt, and Professor of political science at both the Cairo University and Central Michigan University.»**
Moataz Bellah Abdel-Fattah parte de la observación de Albert Schweitzer en su "Filosofía de la Civilización" de que la degeneración moral y social "hacen imposible el renacimiento y el desarrollo", idea evidentemente anterior y que el XVIII tuvo en Rousseau uno de sus mayores impulsores. Es interesante que el autor ligue las ideas de "desarrollo" con la de "renacimiento", redirigiendo así las mentes de sus lectores hacia aquella etapa de la que consideren que se producirá el "renacimiento". Se juega así con una deliberada ambigüedad.
Tras la cita de Schweitzer, que considera con valor de ley y sobre la que construirá su argumentación, señala:

When negative values ​​such as lying, slander, pretension, exaggeration, and absence of moral scruples or conscience dominate a community with them appear behaviours such as insults, humiliation, idleness, bribes, forgery, and many delinquent patterns.
This moral and social environment was prevalent in the late era of ancient Greeks, Romans, Ottomans, and Russian Tsars. Schweitzer even says it is close to becoming laws of physics; the more moral and social deterioration a community has, the further the fall in renaissance ethics of mutual trust, willingness to sacrifice, and work together. Thus the process of development and evolution becomes impossible.
This is the dilemma faced by many southern communities that gained independence after World War II, where moral deterioration was the master of the situation in most of these countries and their leaders sought three directions: first, there should be an authority that is credible and can be a role model in terms of sacrifice generosity and commitment; second, updating legislative structure and applying strictly on everyone; third, by using all means of awareness – education, media, and religious and cultural discourse –moving all national figures and leaders of public opinion to make a paradigm shift in the way of thinking, pattern of consumption, and lifestyle of the new generations.***


La construcción retórica del discurso no deja lugar a engaño. Es casi un ejercicio escolar de causalidades. Lo primero es la cuestión del "líder". Los pueblos se desvían, degeneran y necesitan de líderes "ejemplares", fuertes. Los líderes también están sujetos a vicisitudes y pueden arrastrar a sus pueblos lejos de sus destinos gloriosos.
El último párrafo citado representa esas "tres direcciones" del buen camino. La primera, por supuesto, es el líder (¿dónde pueden ir los pueblos sin ellos?) correcto: abnegado, comprometido... Se parece sospechosamente a la imagen que se pretende construir del presidente El-Sisi, un líder solitario al que el pueblo debe seguir escuchándolo solo a él, como pedía, alguien dispuesto a estar al servicio de la patria hasta el fin de los tiempos si es necesario.
La segunda línea es sospechosa porque plantea el problema de visionario, es decir, qué garantías tienes de que tu visión es la buena. Ahí entra el respaldo de la virtud y el refuerzo de las instituciones que te aclaman como el elegido, el enviado para hacer cumplir el destino de los pueblos. Lo que se dice pasa a ser perfecto porque se dice. No hay entonces crítica porque criticar es intentar retrasar el cumplimiento de la Historia. Si tienes la suerte de que el destino te envía un elegido, no tientes a tu suerte poniéndole pegas; déjate llevar. El mesianismo político es peligroso.


Es en el tercer apartado donde se da cumplida cuenta del programa integral que el pueblo debe aceptar para salir del cenagal moral en el que vive. Se ha desprendido de los falsos líderes, ha reconocido al enviado, ha aceptado su programa y ahora solo queda desarrollarlo con alegría, el futuro está cada vez más cerca. ¿Quizá en 2030? Quince años son suficientes como para que nadie te pida cuentas los diez primeros, que son de gracia.
Es en el cierre del artículo donde se concentra esta idea de consolidación del líder El-Sisi por encima de un parlamento donde los diputados dan mal ejemplo (¡gasto inútil!).

I know the list of power in the country has immense tasks as we have not heard a peep from many sectors in the country due to many years of moral and social deterioration. This is what the president was referring to when he said, “Whenever I put my hand in a field, I am faced with big problems”.
This is completely understandable owing to a common denominator among all sectors: the moral and social deterioration of those responsible for such sectors.
The solution will not only be in more investment, more tourism, and more reclaimed lands. The solution must be linked to the people, their character, and behaviour, which should be given more attention by the state.
I wish the president to appoint someone full-time as the “presidential assistant for values ​​and behaviour” who would carry the responsibility of coordination and follow-up with relevant people to benefit from the three aforementioned directions.***

La idea de un asistente personal del presidente para "valores y comportamiento" es la confirmación del "estado y el gobernante virtuosos" que tiene la tradición islámica del líder de su parte. Cuando se habla de la "democracia islámica" la tradición señala que la comunidad puede elegir o aclamar al que consideran el más virtuoso, entendiendo por tal a aquel que cumple y hace cumplir las normas coránicas. Un buen gobernante musulmán necesita de esos dos requisitos. Se puede equivocar en todos, pero debe seguir y hacer seguir lo que está dicho.


La petición de democracia para Egipto, tal como se exigía en la revolución de 2011, no tiene nada que ver con este planteamiento que está lleno de suposiciones y trucos desarrollados en el tiempo. El golpe de estado de 2013, en cambio, aspiraba a este tipo de planteamiento que busca la consolidación del gobierno del país en aquel que demuestra las virtudes (que se encarnan en la religión y el Ejército).
La revisión de lo que ocurre en estos últimos tiempos acaba forzando el regreso a esta interpretación en la que el pueblo debe seguir a sus enviados, tal como se ha presentado a El-Sisi. La figura del presidente trata de mantenerse incuestionada, aunque falle el gobierno, el parlamento o cualquier otra institución. Es más: cuanto más fallen las instituciones, más necesaria será la figura del presidente. Se comprende que esto lleva a una trampa: si todo va bien, es gracias al presidente; si todo va mal, hace falta reforzar al presidente.
He reservado dos párrafos del texto para comprobar este aspecto:

It is also apparent in the viour of some parliamentarians who prove that the deterioration reached the minds of the voters who made the wrong choice of electing them. The deterioration also appears in the behaviour of some of those in charge of law enforcement, to the behaviour of some teachers and its reflections on students.
It is apparent in the negative messages from adults to the young, the considerable increase in divorce rate, and with it comes the phenomenon of breadwinner mothers. Deterioration is very clear in the improper words and insults on social networks, which do more to separate people than to bring them together, and the behaviour of people on the streets and in public places.***

En el primero no solo se culpa a los parlamentarios por su comportamiento sino que se explica la elección de esos impresentables como parte de ese deterioro: el pueblo sano elige representantes acordes con el planteamiento del presidente, el único posible. El deterioro —sin explicar más— se percibe en los que explican ideas contra la línea oficial expuesta por el presidente. Esto vale tanto para los radicales islamistas como para los que critican el poder desde líneas liberales o laicas, pues se sanciona a ambos.


El deterioro moral, en fin, se palpa en redes sociales, calles y plazas donde la gente lleva la contraria al oficialismo. Hasta el incremento de los divorcios (que casi siempre solicitan las mujeres huyendo) es visto como deterioro moral; no lo es cambio el aumento de los matrimonios infantiles o las 50.000 libras de fianza a los maridos que tengan más de 40 años de diferencia con sus esposas (niñas vendidas por sus padres) para que el día en que las devuelva a la familia esta disfrute de un segundo capital. Eso no es deterioro moral. Tampoco lo es la tortura, las desapariciones, las condenas a muerte masiva tras juicios relámpago, etc.


Publicar un artículo así en la semana en que se ha condenado a Ahmed Naji a dos años de cárcel, cuando arrecian las condenas desde todas partes, nos imaginamos que —dado que no dice nada sobre ello— considerará que la obra de Naji es otro de esos venenos que hace que la gente no siga la senda adecuada y se dirija por los oscuros caminos de la desobediencia. Nada hay más incómodo para un gobernante que ha recibido el llamado de la Historia que tener un pueblo sordo.

Es indudable que Egipto necesita de regeneración moral. Pero eso es precisamente lo que no hace cuando se condena a los que luchan por los derechos humanos y las libertades y en cambio se suelta a los asesinos (de Shaimaa al-Sabbagh, por ejemplo), se miente y se niegan los hechos (el caso del avión ruso) o se libera a los corruptos del sistema anterior, que salen cada día a la calle. Esa es la verdadera degeneración, la verdadera inmoralidad.
La idea de que cuanto más aumente la presión sobre el régimen, tanto exterior como internamente por el descontento, se irá magnificando la figura del presidente, rodeándola de un aura de líder moral y respaldo religioso. La pregunta es ¿qué ocurrirá cuando se haya deteriorado la imagen del presidente y no sirva para aplacar las quejas, cuando se le responsabilice directamente? La respuesta no es muy complicada. Los regímenes que aspiran a la perfección acaban coreándola a través de discursos contradictorios con la realidad. Pregonan la virtud y encierran a los que no están de acuerdo o se quejan. Se convierten en regímenes altamente retóricos, como ya está empezando a ocurrir. Las palabras tienen  también sus límites.
Nos imaginamos también que cuando el autor del artículo pide que se nombre a alguien para esa tarea de vigilante de "valores y comportamiento", él estaría dispuesto a aceptar el sacrificio, la llamada del deber, de dedicarse a vigilar el comportamiento de la gente para asegurarse de que sepan valorar adecuadamente la suerte que tienen con el presidente, espejo de príncipes y reyes. El renacimiento está cerca.
  

* "Sisi says he will keep building Egypt 'until end of either life or term'" Ahram Online 24/02/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/188413/Egypt/Politics-/Sisi-says-he-will-continue-building-Egypt-until-en.aspx
** "House speaker urges press not to boycott Egypt parliament news" Ahram Online 23/02/2016 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/188328/Egypt/Politics-/House-speaker-urges-press-not-to-boycott-Egypt-par.aspx

*** "Moral deterioration in the land of Egypt" Daily News Egypt 25/02/2016 http://www.dailynewsegypt.com/2016/02/25/moral-deterioration-in-the-land-of-egypt/


sábado, 20 de junio de 2015

Llamar a las cosas por su nombre no siempre es fácil, pero se puede intentar

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
"¿Es un acto terrorista el tiroteo en la iglesia de Charleston, Estados Unidos?" se preguntan en la BBC. No son los únicos que se lo preguntan y es cada vez más frecuente que la pregunta surja cuando se cometen actos de barbarie como los que salpican la prensa cada día. La cuestión puede parecer baladí e incluso pretenciosa. Sabemos que las cosas no vienen con su nombre, sino que nombrar es un acto arbitrario. Pero la arbitrariedad del acto de nominación de las acciones, objetos e ideas es relativa a su uso continuado. Podemos llamar a las cosas inicialmente como queramos, pero debemos mantener cierta justicia en la aplicación analógica. Es decir, nombrar es un acto que establece categorías con todas aquellas cosas quedan dentro de su campo.
La discusión inmediata cada vez que ocurre algún tipo de acto es porque las palabras han pasado a tener una importancia grande porque quizá se ha jugado demasiado con ellas para justificar acciones posteriores. Toda lengua es un sistema de valores y este una forma de valoración cuando se aplica. Llamar "terrorismo" o "terrorista" a alguien implica ciertas cosas. Hay casos en los que la distinta valoración es obvia por las partes implicadas y lo que para uno es un "terrorista" para otro es un "libertador" o un "mártir". No extraña a nadie que esto ocurra.


Creo, sin embargo, que fue el uso de la palabra "terror" y de "guerra al terror" por parte de George W. Bush y su administración tras el 11 de septiembre lo que desató los recelos en el uso de la palabra "terrorista". La BBC nos dice:

Cuando el capitán de la policía de Charleston, Gregory Mullen, calificó la muerte de nueve estadounidenses de raza negra en una iglesia de la localidad a manos de un pistolero como "crimen de odio", un debate se abrió en todo el país.
Muchos criticaron la clasificación porque consideran que no es lo suficientemente fuerte para describir la masacre, de la que se acusa al joven blanco de 21 años Dylan Roof.
Este viernes, la portavoz del departamento de Justicia de EE.UU., Emily Pierce, ratificó lo que la víspera había dicho la fiscal general Loretta Lynch sobre la línea de investigación.
"El desgarrador episodio fue diseñado indudablemente para causar miedo y terror entre la comunidad, y el departamento está viéndolo desde todos los ángulos, incluyendo el de crimen de odio o el de terrorismo doméstico".
Pero algunos argumentan que si el crimen hubiera sido perpetrado por un árabe o un negro o alguna otra minoría, la palabra "terrorismo" hubiera sido usada con mayor rapidez.*


Es en la última parte donde reside el problema y no en la primera. Hay actos "terroristas", atentados, que han consistido en la muerte de una sola persona, como desgraciadamente sabemos en España, un tiro en la nuca, mientras que otros, por contra, han sido crímenes masivos en los que se ha buscado el mayor daño posible, como el atentado de Hipercor o de las casas cuarteles de la Guardia Civil, sin discriminar en ninguno de ellos mujeres o niños.
Creo que sería relativamente fácil discriminar lo que son los "atentados" de los "crímenes" de otro tipo. No creo que sea un problema de definición sino de susceptibilidad y de la sensación de un agravio comparativo. Ha habido grupos terroristas que han actuado selectivamente, considerándose a sí mismo como "ejércitos" y por ello sujetos a ciertas reglas y códigos, mientras que otros han buscado la extensión del dolor, no importándoles las personas concretas.


La barbarie en la que no encontramos inmersos desde hace varias décadas ha convertido el término "terrorista" en habitual y en políticamente aplicable, si bien el terrorismo siempre ha sido "político" en cualquier sentido posible (nacionalista, religioso, etc.). Aquí hemos hablado muchas veces sobre la inconveniencia de considerar al "Estado islámico" como un grupo terrorista más  —es una escala mayor— porque al terrorismo se le combate con armas distintas y con soluciones distintas, algo que es poco probable que ocurra con el Estado Islámico.
The New York Time dedica su editorial del hoy a los crímenes de Charleston. No usa la palabra "terrorismo" y no por ello rebaja su crítica ni su condena un ápice. Usa los siguientes términos: "horrific church shooting", "the mass murder", "horrendous murders".
La reivindicación de que se use el término "terrorista" para los crímenes de Charleston es sobre todo política y por eso la BBC se centraba en la suposición de que de haber sido "negros" o "árabes" se hubiera aplicado el término que entienden que se evita aplicar. Ambas comunidades, por motivos distintos, se sienten estereotipadas y piensan que los términos que se usan cuando ellos reciben el daño o cuando lo causan son de magnitud diferente. La comunidad negra siente que se infravaloran los crímenes que se comenten contra ella al no aplicar a los asesinos el término "terrorista", mientras que los países árabes sienten que cualquier cosa que haga un árabe se considera "terrorismo".


Cuando recientemente murieron asesinados tres jóvenes musulmanes en los Estados Unidos a manos de un vecino, las protestas crecieron en el mundo árabe al señalar, igualmente, que no se calificaba como "terrorista" al asesino por ser las muertes de musulmanes. Esta circunstancia  es usada con frecuencia a través de las redes sociales para tratar de distanciar a las dos comunidades estableciendo un sentido de agravio comparativo que quieren que sea interpretado como desprecio.
El presidente Obama ha cambiado ya su discurso. Ya no se trata solo de una cuestión de posesión de armas, como se dijo al principio, sino que se habla abiertamente de "racismo" y de una situación que va más allá de cualquier acto terrorista. La comunidad americana puede ser solidaria frente a los ataques del "terrorismo" (que no solo ha empleado para referirse a las agresiones desde el exterior), pero no lo está tanto en la cuestión del racismo, que está más extendido de lo que se quiere reconocer oficialmente. Los conflictos ante la brutalidad policial tienen su base en ese sentido de discriminación que todavía sigue existiendo en los Estados Unidos y que no se reduce pasado mucho tiempo.
En su editorial, The New York Times señala:

Perversely but tellingly, while other flags at the state Capitol in Columbia were lowered to half-staff in mourning for the shooting victims, the Confederate flag remained at full staff, reportedly under the sole control of state legislators. Many of them, of course, make a staunch defense of that flag part of their election campaigns.**


Ayer cerrábamos el artículo sobre el asesinato con un recorte de la noticia de que los jueces habían señalado que no era legal la colocación de la bandera del Sur, la bandera "dixie", en las placas de matrícula. Era una petición del grupo Sons of Confederate Veterans contra la que se plantearon motivos legales al vincularse con la idea de "supremacía blanca". El Houston Chronicle decía en marzo:

WASHINGTON - The Supreme Court on Monday tried to pick its way through a First Amendment battlefield: Does the state of Texas have to produce license plates bearing the flag revered by the Sons of Confederate Veterans as a symbol of Southern heritage but reviled by many as a legacy of racism and oppression?
It's a question that has remained unresolved since 2009 when the Texas Department of Motor Vehicles rejected the group's application to have the flag included in a state-issued specialty plate. Years of appeals followed, with two federal courts issuing contradictory rulings.
That led to a spirited exchange Monday in the Supreme Court, which will decide the issue.
If the court rules for the Confederate veterans group, what other offensive messages might the state have to produce, Justice Ruth Bader Ginsburg asked: A swastika? A message advocating terrorism? Or the slogan "bong hits for Jesus?"***


Estados Unidos está empezando a ser consciente de que el problema va a más y les creará nuevos conflictos que pueden ser abordados desde perspectivas distintas según como se reconozca.

La aplicación del término "terrorismo" a otros lleva ahora la exigencia de que se aplique el término a otros crímenes. Las palabras significan muchas cosas y tienen una vida alentada por los usos que hagamos de ellas. Tienen vida más allá del diccionario y tienen una dimensión pragmática que afecta a los hablantes en cada caso.
Otra cuestión es la de la penalización cuando estas cosas son tipificadas en los códigos penales y "terrorismo" pasa a ser un elemento evaluable, como lo es "crimen de odio" o "genocidio".
Está bien discutir sobre las palabras, pero no deben servir para ocultar los hechos. Cómo lo califiquen los medios de comunicación, que son quienes junto a las autoridades ponen en circulación los discursos, es una cuestión importante, porque supone un encuadramiento del hecho, pero no debe ocultarse que el debate es en gran parte interesado, algo que pertenece a un conflicto más amplio, el de la comunidad negra norteamericana y el de aquellos que se sienten estigmatizados porque se les presenta como "terroristas" a través de los estereotipos que van de los videojuegos a las películas.


Jugar con las palabras tiene este tipo de problemas. Con ellas haces ver los hechos de una forma determinada antes que de otra. Eso implica un conflicto permanente por la palabra y por el sentido que le demos para ajustar a ella la realidad.
La forma como nos referimos a las cosas es importante. Refleja nuestra valoración del hecho y su enmarcado en categorías. Implica unirlos con otros y separarlos de aquellos que consideramos diferentes. El problema es cuando no hay una unanimidad en el término, es decir, en la valoración del hecho, o cuando no todos lo incluyen en la misma categoría. Eso ocurre cada vez más a menudo porque estamos en una sociedad de discursos globales y las comunidades, en cambio, son locales. Y cada vez de forma más enfrentada. Esto conlleva interpretaciones diferentes y sentimientos de agravio que favorecen nuevos conflictos o realimentan los viejos.
Uno de los candidatos republicanos a la carrera presidencial y antiguo gobernador de Texas, Rick Perry, lo ha llamado un "accidente" y es que al ser el lenguaje un sistema de valores, también muestra quien carece de ellos.


* "¿Es un acto terrorista el tiroteo en la iglesia de Charleston, Estados Unidos?" BBC  19/06/2015 http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/06/150619_internacional_terrorista_discriminacion_charleston_ataque_amv
** "Beyond Mourning for Charleston" The New York Timers 19/06/2015 http://www.nytimes.com/2015/06/20/opinion/the-nation-needs-more-than-mourning-after-charleston.html
*** "Justices wrestle with Texas Confederate-flag license-plate case" Houston Chronicle 2503/2015 http://www.houstonchronicle.com/news/houston-texas/houston/article/Justices-wrestle-with-Texas-confederate-flag-6153643.php





domingo, 8 de febrero de 2015

Viral o la cocina (rápida) de la noticia

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
No es frecuente que el periodismo reflexione demasiado sobre sí mismo, sobre la cocina de la información. Sí que lo haga últimamente sobre el modelo de negocio, es decir, cómo ganar dinero para salir de las crisis en las que se ve envuelto cada vez que la sociedad mediática se reconfigura por adición de nuevos protagonistas o cambios radicales en sus estructuras y soportes. Como subgénero informativo —informar sobre la información—, ¿a quién está destinado? Otra cosa es convertir al medio o al informador en estrella, es decir, realizar un acto de prestidigitación en el que se disimule que el medio o el informador es lo que se consume y lo demás la excusa. Tiene sus riesgos, como lo ocurrido con el periodista estrella de la NBC, uno de los hombres más creíbles de América. El hundimiento de Ben Williams tras conocerse las falsificaciones de hechos en sus noticias, especialmente las que afectaban a su participación en escenarios bélicos, nos muestran los riesgos de convertir al mensajero en estrella. El intento del diario El País de convertirlo en un problema psicológico (se cita a los neurólogos y los "falsos recuerdos) es una salida demasiado fácil ante una práctica obvia sobre la que se ciernen muchas sospechas y continuos escándalos: se trata de conseguir audiencia y si los hechos no dan más de sí, peor para los hechos.*


Pero en otro rincón del diario El País se hace unas interesantes consideraciones sobre las nuevas orientaciones y cambios en su reportaje titulado "Esta noticia no será viral", escrito por Daniel Verdú. Aquí ya no se trata de problemas neurológicos que se ceban en viejos periodistas, como si fuera un Alzheimer de juventud. Se trata de un fenómeno distinto, el de la next generation, la del mundo de las redes frente al macluhaniano de las estrellas televisivas en los lugares de la acción contando incidentes ajenos como propios
El reportaje comienza con un párrafo revelador del auto escenario creado por los propios medios:

Este reportaje nunca será viral. O puede que sí. Porque el título encaja con esa manera de hablarle al lector que busca encender la curiosidad en algún remoto lugar del cerebro. Aunque sería mejor si el cuerpo del artículo fuera una lista, contuviese algún número en el titular y estuviera acompañado por un llamativo y escueto vídeo. Para que fuese compartido de forma exponencial y la curva de su existencia en la Red serpentease inesperadamente a lo largo del tiempo debería estar estratégicamente distribuido en Facebook, donde más de 1.400 millones de personas conforman el medio de comunicación más leído de la historia. Ahí competirá por su atención con las fotos de su última fiesta, los mensajes del jefe y el grupo cerrado de su equipo de fútbol de los miércoles. Verá que arriba y abajo hemos colocado lo más grande que nos ha sido posible las barras con las redes sociales en las que EL PAÍS tiene interés en propagarse. Pero no será suficiente si, al final, lo que contamos no le ha emocionado lo más mínimo. Un dato que también monitorizaremos.**


Ya desde el comienzo se nos revela la forma adecuada de conseguir el fenómeno de la viralidad que, tal como se señala, es el "futuro", una vez "fracasada la publicidad". Todo el reportaje se mueve entre la ironía y la inevitabilidad, sin que podamos llegar a saber realmente si es un futuro luminoso o un infierno mediático. Quizá se convierta en ambas cosas: un futuro luminoso para lectores mediocres y un infierno para los profesionales que deben estar pendientes de fenómenos ajenos a la noticia en sí y relacionados más con su tratamiento.
Esta distinción es importante porque lo que ocurre en el mundo son "hechos", pero su carácter de "noticias" se produce por una valoración de un profesional que la selecciona en función de unos intereses que no siempre es sencillo establecer. La mayor parte de los conceptos en los que se mueve la información tienen un marcado componente subjetivo: "noticia", "interés", "actualidad" y otros conceptos relacionados son valoraciones. Pasar del "hecho" ocurrido a su conversión en texto o discurso informativo implica tomar una serie de decisiones para las que se pueden tener en cuenta diversos criterios y puntos de vista.


Lo importante de esos conceptos es que son relativos. El interés de una "noticia" una vez ofrecida como texto, por ejemplo, depende de la capacidad para reconocerle ese "interés". Hay muchas cosas que nos afectan directamente por las que no sentimos "interés" y cosas que no nos afectan lo más mínimos por las que mostramos un interés absolutamente desproporcionado e incluso morboso.
La gran falacia mediática esconde que no se da a los lectores lo que les interesa sino hasta después de un proceso de formación del interés. El primer paso —el gran paso— es la formación de la receptividad, que es la que determina el interés a través de la atención. En el reportaje se señala desde el primer párrafo la idea, derivada del reciente campo de investigación llamado la "Economía de la Atención", una mezcla de ciencia económica, neurociencias y psicología social.


Hace unos días, en las mismas páginas de El País, una reportera se preguntaba ingenuamente si era ella la única que se había dado cuenta del parecido entre la forma de vestir de Pedro Sánchez y Alexis Tsipras. Lo comenzó González Pons y siguió con Pablo Iglesias.  Nada es casual. Todo obedece al estudio de la imagen para poder tocar los resortes adecuados con los que el cerebro acepta primero y la mente justifica después. Nadie se cree que somos racionales; eso quedó para el XVIII. Ahora los neurocientíficos, los neuroeconomistas, los neuropolíticos, etc. nos dicen que hay que llegar al fondo con emociones y percepciones, no con razones. El cerebro forja sus propias racionalizaciones para justificar lo que le ha seducido antes.
Y, por supuesto, todo ello afecta a la comunicación, que es el arte (la técnica) de hacer llegar eficazmente las informaciones. "Eficazmente" es otro término importante y relativo porque el concepto de eficacia está en función de los objetivos fijados. Bien está lo que bien acaba. Si el objetivo es mejorar el conocimiento del lector sobre algo o si se trata de convencerle de algo, los textos confeccionados deben actuar como dispositivos mediante los que obtener los resultados previstos.

Antes había unos objetivos generalmente aceptados para y por la profesión periodística, una distinción de límites respecto a otros objetivos adyacentes. Hoy no es así y la segunda muerte del periodismo se produce en las redacciones, a manos de las personas que han cambiado los objetivos. La primera de las muertes se produce, evidentemente, en las decisiones previas de los editores, que ha diseñado un escenario en el que esto es obligado. Cuando el reportaje de Daniel Verdú nos describe los entresijos del diseño de la comunicación informativa en El País y otros medios, tiene la sinceridad de no ocultar nada de este proceso y de qué es lo que busca. Nos dice que su titular "Esta historia nunca será viral" está pensado para poder serlo mediante su negación, algo que actúa sobre nuestra atención. Da igual que no sepamos de qué se trata —no es posible saberlo solo con lo que se nos dice—, es una atracción "pura" de la atención, por contraste con todas las demás que llevan en sus titulares el deseo de atraer sobre sus objetos de la información.
Durante años, uno de los medios más valorados por su seriedad y modelo para muchos profesionales ha sido la BBC. Hoy en día y desde no hace mucho, la página en español de la BBC es las antípodas de los que en su momento. Se ha convertido en un ejemplo negativo de la forma de manipulación de la atención buscando atraer hacia noticias sin interés en sí mismas pero con in gran potencial de atracción. Entro ahora en sus páginas y recojo los primeros títulos de lo más visto. Estos son sus titulares:

1 El país en el que una granada es más barata que una Coca Cola
2 La mentira que hizo caer en desgracia a la estrella de TV de EE.UU.
3 Lo que quizás no sabías de los laxantes
4 Por qué a Apple le preocupa ganar demasiados miles de millones de dólares
5 El monje budista momificado que "no está muerto"
6 Copias de respaldo del cerebro: cómo guardar tus recuerdos para siempre y ser "inmortal"
7 El mamífero más traficado del mundo que pocos conocen


Ninguna de ellas nos hace "saber" algo, sino que nos obliga a entrar para satisfacer la curiosidad ante un misterio propuesto: ¿qué país? (1), "¿qué mentira? (2) ¿qué no sé? (3), ¿por qué Apple? (4), ¿por qué no está muerto si está momificado? (5), "¿cómo guarda?" (6), y "¿cuál es el mamífero?" (7). Como se señala en el reportaje, la monotonía es enemiga de la atención y es difícil estimularla frente a estas repeticiones de la fórmula de atracción. Daniel Verdú hace un recorrido por el avance histórico de esta forma de manejar los medios (no de hacer periodismo, que es otra cosa).
Pero lo que ha ocurrido es que se ha ido desplazando el sentido de la noticia al destruirse el sentido de la realidad. La "realidad" no es lo que describen las noticias; son las "noticias" las que crean la realidad. La realidad es una pantalla en la que calibramos el contraste, la intensidad del color y el brillo; o cambiamos de canal, haciéndola desaparecer.


Partiendo de este triunfo de la Sociedad del Espectáculo, los medios han ido perdiendo su función originaria. Para justificar esto, se realizan prospecciones en el pasado: los medios siempre han fabricado la realidad, siempre han sido manipuladores en manos de unos u otros. Es cierto en un sentido, pero lo importante es que eso se vivía como tensión agónica, no como un ideal. Y eso es lo que está ocurriendo hoy, la pérdida de la tensión entre la posibilidad de la honestidad informativa (aunque sea como deseo) y la naturaleza retórica de medios y lenguajes. Resuelta la imposibilidad teórica de la objetividad y la relativización de los puntos de vista, aceptada la voluntad de poder, los medios pierden el pudor y se convierten en sus propios fines y los receptores en la materia prima del negocio. En efecto, si la materia prima es lo que transformamos, el procesamiento se realiza de forma conjunta —acoplada— tanto de los textos como de los lectores o receptores. Se diseñan en paralelo el texto/discurso y su receptor.
Los principios de la comunicación y los nacidos del "giro lingüístico" (el "Linguistic Turn") hacen que estudiemos los lenguajes y su eficacia. La famosa "hueste de metáforas, metonimias y antropomorfismo", tal como definió Nietzsche la "verdad" ya puede circular por los medios, experimentarse en los laboratorios sociales, como los que son descritos en el reportaje. Usted y yo somos "monitorizados" para saber qué funciona mejor o peor, para que en la próxima exista un margen menor de escape suyo y error de ellos. No se trata de que se entere de nada, sino de que dé ahora paso a la acción, a la acción viral.


Explica Daniel Verdú:

Porqué lo hacemos con determinados contenidos y no con otros es lo que trae de cabeza ahora a los medios tradicionales. Por eso muchos han creado ya sus laboratorios de viralidad como Verne (EL PAÍS), BBC Trending (la BBC), I100 (The Independent) o Know More (The Washington Post).
Y ahí es donde empieza a refinarse el contenido. Como explica Delia Rodríguez, directora de Verne y autora de Memecracia. Los virales que nos gobiernan (Gestión 2000, 2013), al final se trata de “hackear la atención del lector y competir con todo lo que hay en su escritorio”. “No se puede estafar al lector. Debes acertar con el formato de la historia, ya sea un reportaje, una lista, una infografía… No perdonarán que estemos desperdiciando su tiempo”, señala Rodríguez. La viralidad proporcionará una segunda, tercera o cuarta vida a los artículos. Ya no estarán sujetos a la actualidad ni al momento de su publicación, como sucedió una tarde de 2012 en la web de EL PAÍS, cuando un artículo de Rosa Montero escrito en 2005 se colocó inesperadamente en el número 1 de lo más leído porque los lectores decidieron volver a compartirlo.**


La retórica de Delia Rodríguez es la típica de las nuevas mentalidades comunicativas. Los debates periodísticos, que durante décadas planearon sobre la profesión, han sido barridos del mapa por esta generación pragmática cuya ideología se expresa en diagramas de barras y en cuentas de resultados. Lo que funciona, funciona. Incluso, la palabra "estafa" tiene un sentido distinto. No se considera "estafa" manipular las noticias para que el lector ponga el "me gusta" y cuelgue en sus muros las noticias convirtiéndose en un apéndice del medio y en un productor de beneficios. "Manipular" ya no es algo negativo, sino la cocina misma de la información: aplicar las recetas necesarias para que el comensal se haga adicto a nuestra mesa y productos. 
El nuevo enfoque no es otro que ese. Se trata de tejer primero la red de relaciones y después de convertir a cualquiera de sus miembros en difusor de los textos producidos. El diseño y selección de la información no busca más que eso, de la misma manera que hasta los supositorios deben ser ergonómicos. La viralidad, los memes, etc. no son más que el pegamento de la sociabilidad. Pero esa sociablidad es la nueva forma teórica de las viejas "masas", concepto que se ha desterrado gracias a la capacidad de los nuevos medios de segmentar y personalizar la información. El interés por las formas de comportamientos en las redes no es otro que el que deviene de considerarlas las nuevas autopistas de la información y el beneficio.


Hay tres muertes del periodismo: la de los editores y negociantes de la comunicación, a los que dejó de importarles la información y solo los beneficios; la de los profesionales (incluidos investigadores y teóricos) que han contribuido a extender esta ideología comunicativa mediante su práctica orgullosa, centrada en sus cifras y que van por el mundo como gurús de la nueva Metrópolis mediática (¡ hasta los yihadistas los leen!); y finalmente el público que no aspira más que a la viralidad como forma de relación social, que con su vaciedad se convierte en la materia prima y el elemento activo final en la difusión de lo trivial. ¿A qué otro motivo obedece las campañas de exaltación del selfie sino a intensificación de la interacción viral?
El futuro que nos espera no es el de la lucha por la información, sino la lucha por la manipulación, ya que todos parecen estar de acuerdo en que es el camino adecuado para conseguir sus fines. Los procesos de selección de informadores se hacen ya según los criterios que favorecen estos planteamientos. La manipulación además crea adicción: a nadie le gusta enfrentarse a noticias discordantes con sus propios planteamientos. En este sentido, la crítica se va haciendo más parcial y sectaria para mercados informativos más fragmentarios.


Da a cada uno lo que espera de forma que le parezca inesperada, esa parece ser la receta. Nunca fuimos tan estudiados ni se nos pidió que estudiáramos menos. No debemos preocuparnos, ya se ponen ellos a nuestra altura: a la de nuestras fobias y filias, vicios y virtudes, limitaciones y potenciales. La batalla de la información se perdió el día en que lo medios decidieron ir detrás de los públicos y no delante.
El problema ahora es que todo pasa por ellos. Sin necesidad de leer a Niklas Luhmann, todo pasa a considerarse como un "medio" de comunicación. La misma ideología se ha apoderado de todo: de la economía, de la política, de la cultura, de la información misma. Y, por ello, de nosotros. Ya no estamos informados; consumimos información. Somos el alfa y el omega de la cadena.  Estamos en el principio y el final de la cadena alimentándonos con nuestra propia tontería.



* "Fuego real sobre la estrella informativa de Estados Unidos" El País 7/02/2015 http://cultura.elpais.com/cultura/2015/02/07/television/1423329018_451101.html
** "Esta historia nunca será viral" El País 7/02/2015

http://politica.elpais.com/politica/2015/02/06/actualidad/1423226797_792858.html