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miércoles, 10 de septiembre de 2025

Maduro y la Navidad, ho-ho-ho

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

¿Por qué a los dictadores y figuras autocráticas que rozan la inclusión en la categoría les da por hacer cosas tan raras? Probablemente no todos actúen con los mismos objetivos y exista una diversidad en la rareza. Pero creo que sí existe un cierto perfil, una forma de actuar común en ellos.

La noticia de que Nicolás Maduro vuelve a trasladar la Navidad al uno de octubre, no deja de sorprendernos pese a los aplausos entusiastas de algunos de los "aplaudidores" oficiales que nos muestran en el reportaje de RTVE.es, con la acosada periodista Almudena Ariza, culpable de horrorizarse por el genocidio en Palestina. Nuestra solidaridad desde aquí para ella.

Ariza, de horror en horror, está ahora en la Venezuela de Maduro, en la que este vuelve a pisotear el calendario e invertir sus efectos. En la sinopsis de la información se nos detalla:

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha anunciado este lunes el adelanto de las fiestas navideñas en el país, que, según ha avanzado, darán inicio por "decreto" el próximo 1 de octubre, en medio de la tensión entre Caracas y Washington por el despliegue militar estadounidense en aguas del Caribe, próximas al país suramericano. "Vamos a aplicar la fórmula de otros años, que nos ha ido muy bien, para la economía, para la cultura, para la alegría, la felicidad, y vamos a decretar (que) desde el 1 de octubre arranca la Navidad en Venezuela otra vez, este año también", ha afirmado el gobernante en su programa semanal 'Con Maduro +', transmitido por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV A juicio del jefe de Estado, anticipar las fiestas de diciembre es una forma de "defender" el "derecho a la felicidad, a la alegría".*

La noticia tiene dos aspectos notables. El primero de ello es que Maduro asume un control sin límites del calendario, es decir, el calendario no es independiente sino que está al servicio de lo que se quiera lograr. Lleva la navidad al 1 de octubre como podría llevar el verano al principio del invierno y obligar a bañarse con una sonrisa de felicidad por fría que pueda estar el agua. Afortunadamente, la posición geográfica de Venezuela salva del peligro de excesivos contrastes atmosféricos. Pero esto no anula el hecho.

En este primer aspecto, Nicolás Maduro no es muy diferente de otros mandones repartidos por el globo. Sus ideas son su voluntad y su voluntad pasa a ser la de todos. Vuelvo a la imagen citada, la de los aplaudidores entusiastas que celebran sus palabras como llegadas directamente del cielo. Maduro demuestra que ni Trump (¡otro que tal baila!) ni el calendario ni la Iglesia Católica, que se opone a estos descreídos cambios, pueden frenarlo. ¡El día en que Trump sea nombrado Papa, veremos qué ocurre!

Pero si los mandones suelen compartir perfil y estilo, es el segundo punto el que me parece relevante por lo que tiene de modernidad. Me refiero a la inversión entre causas y efectos, es decir, si la Navidad supone felicidad, ¿por qué no podemos ser felices en cualquier momento o, si las extendemos, siempre?

Los dictadores ya no recurren a los teóricos políticos, sino a los publicitarios, que son los que gobiernan el mundo, los que mejor nos conocen y los que son capaces de crearnos necesidades que nos vuelvan infelices hasta que deciden darnos lo que nos falta y hacernos felices de nuevo. Recordemos que en España, aunque sea otro el móvil hay lugares que celebra el "fin de año" el día antes. El motivo es sencillo: el consumo.

Para Maduro y sus teóricos, es la navidad la que trae la felicidad y está no es más que la reactivación incontrolada del consumo. Para el presidente de los venezolanos hay dos momentos de auténtica felicidad. El primero es escucharlo; el segundo obedecerlo, asumir la ficción navideña con todo lo que implica: felicitaciones, consumo, encuentros, consumo, canciones, consumo, alegría, consumo... Todo esto es bueno para las personas, que son felices, y para el mercado, que se reactiva. Es sencillo. Basta con invertir la dirección y empezar la casa por el tejado. Todo se llena de eso que llamamos "espíritu navideño" por decreto y se olvida la miseria, la protesta, el exilio... todo eso que no tiene hueco en los corazones durante las navidades. Es un desahucio de la tristeza.

La cuestión es, si en paralelo, no se le estén ocurriendo al inquilino de la Casa Blanca ideas similares. Frente a las protestas, montar un "4 de julio" en cualquier fecha del año. ¡A lo mejor le funciona! 


* "Maduro vuelve a adelantar la Navidad en Venezuela al 1 de octubre" RTV Play diario 24 10/09/2025https://www.rtve.es/play/videos/diario-24/maduro-vuelve-adelantar-navidad-venezuela-1-octubre/16723148/

martes, 26 de diciembre de 2023

Preserve lo bueno

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Leo con sorpresa un titular de RTVE.es: "Las cenas navideñas, un reto para la convivencia: expertos aconsejan no enzarzarse en polémicas". Es una idea sensata y por ello poco adecuada fuera de lo que son las cenas navideñas. Cualquier "espíritu navideño" se desvanece más allá de los límites del escenario de esas cenas en las que el protocolo manda sonreír y centrarse en cosas positivas.

Que los expertos se tengan que referir a los peligros de salirse del guion navideño ya dice mucho de lo que estamos viviendo, esta cultura de la polémica, que bien definió la lingüista Deborah Tannen, que nos presiden.

Hemos conseguido el país que no está de acuerdo en nada. Fuera de un par de detalles deportivos (pocos), lo que nos preside es la controversia y el enfrentamiento, algo que llega incluso a los "socios" (o especialmente con ellos) de los diversos gobiernos. Es la España que discute, la España enfrentada por cualquier cosa. Es la España a palos que pintó Goya, que debería incluirse en monedas y billetes.

En la sinopsis del vídeo con la información se nos dice:

En torno a una mesa, se pueden dar situaciones incómodas como, por ejemplo, un familiar que pregunta "¿cuándo vas a acabar los estudios?" a un estudiante o que hace un chiste irrespetuoso. La psicóloga Lorena González aconseja evitar a las personas que nos generan tensión emocional. Y comparte una técnica ante cuestiones poco agradables: repetir una respuesta corta, clara y sencilla hasta que el comensal se canse de preguntar. El sociólogo Luis Ayuso nos recuerda que las comidas navideñas, aunque puedan ser un engorro a veces, son rituales importantes para cohesionar a las familias.*

Confieso que me han sorprendido las respuestas defensivas posibles que se nos ofrecen. Yo creo que la más socorrida sigue siendo levantarse al baño con una excusa recurrente, que nos permita ausentarnos hasta que personaje incómodo en cuestión la tome con otro.

Si fuera tan fácil evitar las "tensiones emocionales", como dice la psicóloga citada, nuestra vida sea otra. Ya es triste tener que hacer una planificación estratégica de las comidas de navidad —quizá sobornar a los anfitriones para que no te siente junto el molesto indeseado que te pregunta por tus estudios—, para tener que celebrar la comida familiar con monosílabos.

A lo mejor, la pregunta por la finalización de los estudios —en esto no se entra— es pertinente y refleja la preocupación familiar por aquel que no termina, por un motivo u otro, los estudios. Pero la cultura de la molestia personalizada y la autodefensa avanzar independientemente de las causas.

No dejo de pensar en esas cenas navideñas malavenidas de las que se nos habla y nos advierten los expertos (¿hay expertos también en esto?). No dejo de pensar en una comida navideña en La Moncloa, con Sánchez pidiendo que le pongan lejos de Núñez Feijoo, por ejemplo, con cada uno de los comensales pensando en "respuestas cortas" para frenar las preguntas sobre la inflación, la alcaldía de Pamplona o la amnistía de Puigdemont o con el presidente levantándose al baño cada dos por tres. Me imagino a Núñez Feijoo levantándose al baño cuando le toque dar cuentas de cualquier asunto poco grato.

No, no me imagino una comida navideña de la familia política. La necesaria cohesión política para adentrarnos en el mar de problemas no aparece por ningún lado. Hasta el tradicional mensaje de Nochebuena por parte del Rey recomendando esa "cohesión" que recomiendan los expertos se discute. Llamar a la "unidad" familiar española se considera un insulto por parte de los díscolos, que les gustaría tener todo su protagonismo negacionista de que exista una familia llamada España. Y así es difícil el espíritu navideño.

Por eso se ha olvidado tanto el concepto de "la buena voluntad", requisito de la paz y de un querer ser conjunto, llámese "familia" o "nación", concepto en los que hay que creer previamente. Nuestro problema es, en este sentido, grave. Aquí todos se consideran familiares "secuestrados", sacados a punta de pistola de sus cunas nacionales y obligados a tocar la zambomba.

No, no hay "España navideña", de cohesión familiar, sino más bien un intento continuo de envenenar el pavo, de echarle algún producto maléfico al cava, no quitarle las semillas a las uvas a ver si te atragantas.

Afortunadamente, la gente es un poco más sensata que nuestros políticos, sacados de una pecera con pirañas y deseosos de hincar el diente a las primeras de cambio. Para las personas de buena voluntad puede haber problemas, pero también hay soluciones. Para nuestros políticos actuales, solo existe la desaparición del problema con el molesto dentro.

Los españoles necesitamos un urgente cambio en nuestra consideración de la política y los políticos. Necesitamos ver que estamos creciendo hacia un futuro más integrador y pacífico que el que nuestros políticos usan para enredarnos en sus visiones de conflicto, visiones de un escenario bélico. Todos incurren en la estrategia de los manuales, en la confrontación, subiendo cada vez más en la escala y creando esa tensión palpable. Ser un buen político es algo más que conseguir votos, fotos o titulares. Es precisamente construir comunidad, familia, y esto parece de Montescos y Capuletos. Los países no crecen con discusiones centrípetas, sino con debates centrífugos. Sin buena voluntad, la democracia se convierte en un escenario de chillones, de histeria minoritaria y narcisista discordante.

Si ahora hay que dar consejos sobre cómo "sobrevivir" a las cenas navideñas es que algo pasa. Normalmente estaríamos deseoso de poder "disfrutar" de las cenas, de la compañía familiar (aunque haya siempre alguna oveja negra). Parece que también ahí, nos dicen los expertos, hay peligro. ¿Qué nos queda? 


Las cenas no son un peligro en sí, sino una ocasión. Verlas como peligro, como en la vida real, supone no resolver nada y desperdiciar una ocasión de arreglar algo. En la política ocurre igual: si se desaprovechan las ocasiones o se utilizan para manifestar desacuerdos y enfrentamientos, nada se arregla.

Los medios se llenan de consejos sobre cómo sobrevivir a las cenas navideñas. Si se trata de una cena de empresa, cree un buen ambiente. La empresa que trata bien a sus empleados tendrá buen ambiente. Si es una familia, lo mismo. Serán reflejos de lo que se hace en el resto del año. Si no, es un mal trago y una hipocresía.

Deseo felicidad a todos los que se desean ser felices familiarmente hablando; a los que son capaces de compartirla sin mirar, no solo en cenas y festejos. Eso que llaman "espíritu navideño" no es solo para la navidad, sino para todo el año, más allá de esa cena que los expertos nos enseñan a superar vivos. Cuide a la buena gente como tesoros y cuídese usted mismo; preserve lo bueno, cada vez hay menos. 

* "Las cenas navideñas, un reto para la convivencia: expertos aconsejan no enzarzarse en polémicas"" RTVE.es Telediario https://www.rtve.es/play/videos/telediario-1/cena-navidad-consejos-expertos-cunado/7044272/

viernes, 22 de diciembre de 2023

Mientras el bombo gira

Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hoy no pasa nada en el mundo. Solo un bombo que gira. Eso se desprende de lo que los canales nacionales de televisión nos muestran a estas horas de la mañana. No sé qué noticia podría interrumpir el curso de estas imágenes, cambiar el foco de atención. No hay acontecimiento anual que se le pueda comparar en atención y hoy la atención lo es todo. Desde el punto de vista de la programación publicitaria —que sería la forma de valorarlo— algunos lo comparaban con la Superbowl, el momento más caro en la televisión norteamericana.

Si la Lotería de Navidad es un acaparador de atención absoluto, es lógico que produzca un pequeño contrapeso de artículos y reportajes desde todos los ángulos que van calentando el fenómeno antes de su aparición.

En estos días aparecen comparaciones, estimaciones, historias, cálculos, datos curiosos... ¿Qué no es "curioso" en la lotería? nos preguntamos. El otro día, los expertos matemáticos hacían comparaciones de la lotería con, por ejemplo, que te mate un tiburón o lo haga un meteorito, algo que es infrecuente, desde luego, pero a lo nadie aspire. No dejaría de ser una fabulación interesante, digna de Hollywood, la historia de alguien que tras tocarle el Gordo de Navidad muriera por el impacto de un meteorito o fuera atacado por un tiburón en el Mar Rojo mientras disfrutaba de unas vacaciones. Las probabilidades no deben confundirse con la "suerte", el aspecto favorable. Puede que dos cosas sean igualmente improbable, pero una buena y otra mala; "buena suerte", "mala suerte".


En este caso de la Lotería, los expertos consultados por los medios tratan de luchar contra lo que abiertamente llaman "supersticiones", pero ¿qué no son supersticiones hoy en día? Si buscamos mucha lógica en lo que nos rodea, estamos apañados. Lo que ocurre es que es una superstición rentable y por ello se abunda en los aspectos mágicos, en la suerte, en que tú (y solo tú) eres especial, una creencia que desaparece tras el chasco y reaparece en la siguiente campaña.

En RTVE.es, Jesús Huertas, director de la Loterías afirma que lo importante es el valor de "compartir" un décimo. Unos días antes leíamos sobre la importancia de dejar por escrito todo lo que signifique "compartir" para evitar que a alguno se le ocurra perderse con el décimo. Probablemente existan datos de amistades, matrimonios, familias rotas por la falta de ese documento que diga cómo se reparte lo que toque. No salen a la luz, pero seguro que existe datos al respecto.

Hace unos días —otro clásico navideño— entrevistaban a los que hacían horas y horas de cola ante alguna administración legendaria. "¿Desde dónde venían..., cuántas horas llevaban allí?" Pero la suerte tampoco premia el esfuerzo; no es justa. Por eso es escasa, es decir, doblemente injusta. Y ese es uno de sus grandes alicientes, que le puede tocar al más tonto, al más vago, al más antipático... No hay que hacer méritos... y eso anima mucho.

En RTVE.es leemos más intentos de racionalizar la suerte o la falta de ella: 

En el caso de esas administraciones de lotería "especialmente afortunadas", donde se suelen formar colas interminables para adquirir los décimos desde muchos meses antes del sorteo, el truco es sencillo: solo es necesario que haya tocado un premio importante una sola vez. El efecto llamada y la superstición humana harán el resto. "Lo que ocurre es que, como una vez que ha tocado, la gente va más, esas administraciones venden muchos números diferentes, con lo cual la probabilidad de que toque allí es más alta; pero claro, la probabilidad de que te toque un determinado número sigue siendo la misma", mantiene el vicepresidente de la Federación Española de Sociedades de Profesores de Matemáticas.

"Los matemáticos decimos muchas veces que la lotería o los juegos de azar son la forma de pagar impuestos de la gente que no sabe matemáticas", opina Monzó, aunque confiesa que, a pesar de todo, él también lo hace: "Yo, por ejemplo, que no debería jugar, lo hago. Juego a lo mejor dos números: el de la familia y el del trabajo. ¿Por qué? Pues porque prefiero tirar 40 euros a que se me quede cara de tonto si toca. Es la cuota del seguro por no quedarte con cara de tonto".*


Las declaraciones son interesantes porque quitan la magia al asunto y lo humanizan, para bien y para mal. Ese que "no se te quede cara de tonto" si toca en el trabajo o la familia es muy real. A la "mala suerte" se le suma algo peor, la burla, un aspecto que puede durar el resto de la vida. Ser señalado como "aquel al que no le tocó" es duro. Lo es ver cómo seguro que tus parientes y amigos pasan con sus coches nuevos por debajo de tu ventana y hacen sonar el claxon; ver cómo tus compañeros llegan a la oficina con la etiqueta colgando en la ropa nueva, etc. —maldades sencillas—  puede ser una perspectiva ante la que es preferible no arriesgarse por unos pocos euros.


Es la psicología del "por si acaso", que es mucho más asimilable que la más frustrante del "a ver si me toca" con la que van los más inocentes, los más necesitados. Puedes perder a lo largo de tu vida y llevarlo hasta con alegría: "el dinero no trae la felicidad", "afortunado en el juego, desafortunado en amores", etc. Son calmantes de la frustración. También lo es compartir sanamente a alegría de que le toque a alguien y se supera la frustración.

Mientras escribo esto se habrán producido decenas de miles de frustraciones y unas pocas alegrías. A los primeros decirles que "otra vez será", a los segundos que lo disfruten y no crean en ningún plan oculto que les lance a aventuras demasiado arriesgadas. ¡Suerte (o lo que sea)! 


* Samuel A. Pilar "Jugar a la Lotería de Navidad: mucha superstición y poca matemática" RTVE.es 14/12/2023 https://www.rtve.es/rtve/20231214/loteria-navidad-2023-probabilidad-hay-toque-gordo/2463237.shtml

sábado, 24 de diciembre de 2022

Acordarnos en Nochebuena

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


En un día como hoy, a pocas horas de la Nochebuena, hay que volver la mirada hacia aquellos que carecen de muchas cosas, desde las más elementales hasta las más necesarias.

Hay que acordarse hoy de la situación de las mujeres afganas, condenadas al encierro, a la ignorancia, a la violencia ejercida en su propia casa, en las calles e instituciones. Carecen de lo más necesario, el reconocimiento de su identidad, al ser consideradas un mero apéndice instrumental de unos varones fanáticos e insensibles. Nos acordamos de ellas.

Hay que acordarse de los ucranianos, invadidos, sometidos a la crueldad del poderoso vecino que solo desea su extinción radical. Se les priva de lo indispensable para pasar un invierno gélido para minar su resistencia, pero están dando ejemplo de lo que sentir la tierra propia.

Hay que acordarse de las víctimas del maltrato machista. Lo son de falsas creencias, de mitos masculinos que se resisten a mostrar su debilidad anacrónica, su resistencia a desaparecer. Mucho me temo que determinadas actitudes están provocando en los más jóvenes el regreso de muchas cosas que creíamos vencidas. Nos acordamos de ellas.

Hay que acordarse de aquellos que son arrastrados por el empeoramiento de la salud mental, un mal que nos aqueja —sobre todo infantil y juvenil— sobre el que existen demasiados miedos y poca prevención. Que nadie se tenga que enfrentar en soledad a ello. La creciente agresividad e indiferencia que padecemos hace que esa mano que podría ayudarnos se mantenga alejada. Nos acordamos de todos.

Hay que acordarse también de los que padecen acoso de todo tipo, de las víctimas del bullying, algo que algunos consideran como una prueba de supervivencia, de preparación para una vida social. La realidad es que se traslada después a otras instancias y deja marcadas a sus víctimas.

Hay que acordarse de aquellos que carecen de techo, un grupo creciente bajo nuestras apariencias de riqueza. Hay muchas bolsas de pobreza y con un poco de nuestra parte podemos ayudar. Nos acordamos de ellos.

Hay que acordarse de aquellos en los que la enfermedad ha anidado, creciente en este tiempo.

Nos acordamos de los que están lejos de los suyos, de los que salieron un día de sus hogares dejando atrás familia y miseria y buscan hueco entre nosotros. Nos acordamos de ellos.

Pasemos con los nuestros unas Nochebuena y Navidad lo mejor posible, pero hagamos un hueco pequeño en nuestro recuerdo a tantos y tantos que la pasarán como puedan por todo el mundo. Hagámoslos también de esos nuestros. ¡Felices fiestas y recuerdos para todos aquellos que lo necesitan!

 


jueves, 16 de diciembre de 2021

La ola que llegó antes de tiempo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Hace días se escuchaba que las grandes diferencias en contagios entre el País Vasco y Navarra y las demás Comunidades se debían a una forma más eficaz de detectar los contagios. Un argumento de este tipo es el que usaba Trump en su época señalando que "si no detecta, no hay contagios". La "astucia", por llamarlo de alguna forma, de Trump es una indecencia que concede relevancia al discurso y no a la realidad que describe. Para Trump no hay "realidad", solo descripción manipulable de ella. La realidad es tozuda, pero los discursos son maleables, pueden ajustarse a los intereses o, incluso, ser "alternativos".

Pero decir que en esas Comunidades hay un recuento elevado porque se "cuenta bien", puede ser una excusa, pero también es una acusación: si yo lo hago bien, los demás lo hacen mal. Y esto tiene unas enormes consecuencias si fuera cierto. Los investigadores tiene la doble interpretación, nos dice, y que cada cual saque sus consecuencias: a) es algo real, una mayor incidencia; o b) es que ellos miden mejor que los demás, con lo que las cifras de los otros serían poco fiables, por decirlo así. Elijan.


El aumento de contagios sigue su ritmo acelerado. La idea de adelantar las Navidades por si llegaba la ola solo ha conseguido adelantar la ola al crear nuevas situaciones de contagios. Aquí hemos hablado de esos curiosos adelantos de la navidad en algunos pueblos que han pensado que mejor celebrar la navidad en noviembre que quedarse sin ella en diciembre. El ejemplo es ilustrativo de cómo seguimos sin entender cuál es el origen de las olas, que no es otro que nuestra mayor circulación.

Veo con frecuencia personas que están en las oficinas sin mascarillas y que se la ponen cuando alguien se acerca, sin tener en cuenta que ya han echado al aire todo lo que tenían que echar. Veo gente que se saca un bocadillo en el transporte público porque entiende que se puede retirar la mascarilla para comer. No quiere entender que no es el lugar de comer. Seguimos con lo de "mi cuerpo es mío", es decir, sin entender que su "cuerpo" está en contacto con otros cuerpos que tienen derecho a la salud, mientras que él reclama no solo su "derecho" a la enfermedad, sino al contagio.


La cuestión está ahora, para terror de sanitarios y personas conscientes, en qué nos queda por delante con tres-cuatro semanas de celebraciones, reuniones, besos y abrazos, etc. entrando en ellas con estas cifras disparadas y disparatadas. En vano se han hecho aplicaciones telefónicas con "simuladores de contagios", reproduciendo los posibles escenarios en salas con determinados. Algunas son tan concretas que se han diseñado para las cenas navideñas. Número de personas, metros cuadrados de las habitaciones, ventilación de las mismas, etc. son las variables que se manejan junto con lo esencial, cuántas personas hay infectadas en medio de los alegres y sanos comensales.


¿Sirven de algo todos estos avisos, estas informaciones más o menos detalladas de los riesgos? Pues —sinceramente y por lo que veo— creo de muy poco, porque camino de los dos años, con toda la información que se nos ha dado, los casos que se nos han contado, etc. sigue habiendo personas que no entienden de qué va esto. Ya sea por los intereses económicos de unos o por la falta de comprensión de otros, lo cierto es que lo que vemos en las calles, transporte, escuelas, etc. nos permite pensar que unos tienen cuidado y otros confían en que los otros lo tengan, que es mucho más cómodo. La persona que se sienta en el asiento que has dejado libre entre dos personas para mantener una distancia mínima de seguridad, sabe lo que hace (que te acabarás levantando tú), va buscando bronca (como hemos tenido casos) o sencillamente le da igual tú o ella misma, lo que la convierte en un riesgo especial ya que no mantiene ningún cuidado. Hay muchas personas así.

Sea lo que sea, nos dicen que han aumentado la venta de test más de un 500%, lo que está muy bien, de no ser que es precisamente un signo del aumento de las exposiciones al virus. Hacerte un test significa que llegar impoluto a la cena, que debes confiar en que los otros hagan lo mismo, que todos los que han bajado o subido en el ascensor antes de que tú entres han llevado la mascarilla puesta... y un sinfín de circunstancias que ningún simulador podrá establecer.


La variante Ómicron ha elegido el momento apropiado, aquel en el que el buen corazón de todos nos hace dudar del contagio por las "buenas causas". Los virus por aquí comenzaron en reuniones deportivas (partido con el Atalanta en Italia), funerales (con encuentros, abrazos, despedida y regreso a casa con el virus) y turistas (que habían estado antes no se sabe dónde). Pero el buen espíritu navideño reina entre nosotros. El coronavirus se disfraza de "papá Noel" y no necesita descolgarse por las chimeneas.


No existe el riesgo cero, es cierto; pero sí existe la estupidez infinita, de la que nos debemos prevenir y de la que desgraciadamente no hay documento que la acredite. Habría que inventar el "pasaporte tonto", el que impidiera a las personas despreocupadas ser factor de expansión del contagio. Al parecer solo las reuniones familiares son las que hacen extremar la sensación de responsabilidad por contagio. Nadie quiere cargar con la culpa de haber infectado a los familiares, es lógico. Pero también debería serlo para con los demás, con quien no parece haber más lazo que la diversión, la marcha y todo tipo de celebraciones anónimas, como botellones y otras variantes de concentraciones callejeras. ¡Cuídese y cuide de los demás más allá de los apellidos! Sea humano.

Hemos acelerado la ola de contagios al creer que así evitábamos los "atascos víricos" de navidades. Ha sido inútil; lo que hemos creado es una peligrosa pre navidad con mucho más riesgo para todos.  Con ella nos adentramos en las próximas fiestas, con unos índices disparados. Justo lo que había que evitar. Pero por temor a restricciones, se aceleró todo. A esto se le suele llamar la profecía autocumplida: por querer evitar algo, lo creamos.




jueves, 18 de noviembre de 2021

Temores y profecías

Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Nos tienen asustados a todos. Entre el súper apagón y el coronavirus somos como la rodaja de mortadela entre dos trozos de pan. Esta cosa angustiosa de si llega la sexta ola y de si lo viviremos a oscuras nos tiene acongojados y está produciendo extraños efectos.

Hace unos días, la televisión nos regalaba ya con la celebración navideña en un pueblo y nos explicaba que eran los primeros del año en hacerlo, seguido a pocas horas por otro pueblo decidido a hacer lo mismo. Hay un componente de acelerar el consumo para dar salida a muchas cosas que se pueden quedar en los cajones, pero sobre todo hay un cierto temor a quedarse sin navidad con esto de las subidas de los indicadores, que ayer ya sobrepasaba los 90. Subimos ya de diez en diez y pronto lo haremos de veinte en veinte si sigue estos así.

Y el caso es que no acabo de entenderlo bien. Cuando vi a todas aquellas gentes reunidas en la plaza del pueblo para celebrar el encendido con una gran fiesta no pude dejar de hacerme una pregunta: ¿cuántos están adelantando además de la navidad el contagio? No sé si entendemos bien  las cosas. No es la Navidad lo que trae los contagios, sino las reuniones. Da igual que sean el 25 de enero, el 7 de julio o el 1 de mayo. No son las fechas, sino las reuniones. Son las medidas que se toman lo realmente eficaz, no los momentos. Es cierto, que una mayor expansión del virus aumenta las probabilidades en las reuniones, pero también lo es que con más reuniones aumenta la probabilidad de expansión del coronavirus.


En el diario ABC de hoy encontramos el siguiente titular "El miedo a las restricciones desata la fiebre por celebrar la Navidad en noviembre". Obsérvese que el "miedo" es a las "restricciones", no a los contagios. Hemos cambiado de enemigo: no percibimos un mal en el coronavirus sino en la forma de evitarlo. Esto supone un enorme retroceso, que —no lo niego— puede tener su lógica en el aburrimiento, en nuestra economía de la celebración y en la pérdida de confianza. Pero todo esto, que puede ser cierto, no sirve para evitar los contagios, sino para más bien lo contrario. Tras hace un repaso de cómo se anulan festejos en diversas partes del mundo, nos dicen en el diario:

Lo cierto es que las previsiones de no hace muchas semanas de que este año se recuperarían sin problemas las fiestas navideñas en todo el planeta se diluyen ahora en lugares donde se ha encajado la sexta ola. Así ocurre en gran parte de Europa, por ejemplo, mientras España lo observa desde el alero. Eso sí, el miedo a quedarse sin esa Navidad añorada de 2019, como ocurrió en la de 2020, ha cundido. En nuestro país, a pesar de que la incidencia acumulada y la situación hospitalaria no hacen presagiar una intensa oleada de coronavirus, algunas comunidades han empezado a ponerse serias en la exigencia del pase Covid para los locales. Y con ello sí se podrían ver de nuevo afectadas (o con nuevas limitaciones, precisa José Luis Yzuel, presidente de la Federación de Hostelería de España) los encuentros de estas fechas. Por eso se han adelantado al mes de noviembre, ratifican los hosteleros.

«No son solo comidas y cenas de empresa, son reuniones con amigos y encuentros con compañeros de trabajo, quedadas porque queremos recuperar ‘ese verse y ese tocarse’», añade el empresario maño. Estas fechas se han marcado con números rojos en el calendario para despedir 2021. «Será un buen final de año –remacha Yzuel–, con un buen nivel de reservas. Así la hostelería cicatrizará parte de las heridas de la pandemia; con medidas que nos abocaron a la ruina».*

 


Me parece muy loable que la hostelería intente salir de la ruina, pero hay muchos que intentan salir de las UCI y otros que ya no pueden salir de ningún lado. Adelantar y fomentar festejos no es la perspectiva adecuada para lo que es el problema principal, la salud de millones de personas por todo el mundo.

Por algún extraño y perverso motivo, los representantes patronales no han dejado de tener un micrófono delante para quejarse de lo suyo. Y "lo suyo" no es otra cosa que el reunir el mayor número de personas y que consuman, una descripción somera pero ajustada. Este fomento de la añoranza del abrazo, del tocarse, tiene algo de impúdico cuando lo que se está pidiendo es que se mantengan distancias de seguridad. Incluso ese incluyente "nosotros" en el que el empresario y el consumidor se funden en un abrazo verbal.


Acelerar estas situaciones antes de que lleguen las restricciones es hablar de estas como si fueran los "monzones" y nos fueran a pillar fuera de casa. Les importa un bledo la navidad y les importa un bledo la enfermedad de unos u otros. Se ofrecieron como alternativa "sana" al botellón aunque les importara poco la salud y más la competencia sin restricciones por ser ilegal.

Las restricciones tienen un sentido. No son las enemigas. El miedo a que en un ambiente social caldeado por la propia crisis no encontremos el "desahogo" de las múltiples variantes del ocio que tenemos en este país (de la cabalgata al chiringuito, del prostíbulo a la cena de empresa, etc.) parece pesar.


Aquí no habla nadie de fábricas o empresas. Es el "ocio" el que plantea los problemas. La "neoliberal" Madrid, centro de las patronales, ha decidido que mejor que restricciones (que les debe parecer muy autoritario) es hacer "cribados masivos", es decir, facilitar a la gente la reunión creando el sentido de que estás libre. Es más fácil decirlo que hacerlo, especialmente cuando la gente se dirige allí donde hay menos restricciones, no donde hay más cribados. Tal como ha ocurrido ya antes en la ciudad se generará un flujo de turismo de riesgo en el que todos aquellos que quieran y puedan podrán venir a la ciudad a hacer lo que no pueden hacer en sus países. Algunos lo llaman "liberalismo" y una "libertad".

El otro miedo, el del apagón, fomentado desde distintos medios, como comentamos hace unos días, también empuja a comprar y celebrar antes del fin del mundo y acelerar las compras y rebajas. Es una especie de "milenarismo" que presiona para gastar y disfrutar antes de ese temido apocalipsis cuya reacción emocional es lanzarse a las calles tras el paso por el supermercado.


Hay un tercero, el de la cadena de suministros. Además de restricciones y apagones, corremos el riesgo de llegar a la tienda y que no haya juguetes o papel higiénico, que nos llegue el whisky británico porque no hay relevo generacional en los camioneros o por cualquier otra cosa, que la falta de papel impida encontrar el libro que pensábamos regalar... Y así hasta agotar el muestrario de crónicas de muertes anunciadas cada día. Todas estas noticias provocan la escasez por temor a quedarse sin algo y, no lo olvidemos, el alza de los precios y la inflación galopante. Lo escaso, real o imaginario, vale más.

Veremos los resultados. Es una pena que el simple anuncio de que puede haber medidas de control suscite estas reacciones contrarias que no hacen sino que se cumpla la profecía. Hicimos bien en celebrar la Nochevieja en noviembre, dirán algunos ante unas Navidades con cifras disparadas. No acaban de entender que serán esas celebraciones las que aumenten los contagios. Tendremos papel higiénico para varios años... si es que el mundo aguanta.


 * Érika Montañés "El miedo a las restricciones desata la fiebre por celebrar la Navidad en noviembre" ABC 18/11/2021 https://www.abc.es/sociedad/abci-miedo-restricciones-desata-fiebre-celebrar-navidad-noviembre-202111172046_noticia.html

martes, 1 de enero de 2019

Intercambio de buenos deseos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El diario estatal egipcio Ahram Online acaba de poner titular a una de esas cuestiones que parecen que son tonterías, pero no lo son. La cuestión, por ser directos, es sencilla: ¿se debe felicitar a los cristianos por la navidad? Muchos se quedarán un tanto pasmados porque no verán el problema por ningún lado. ¿Qué problema hay?, se preguntarán.
La cuestión no es nueva. Tengo muchos amigos y conocidos del mundo musulmán y los podría clasificar en tres grandes grupos: los que no felicitan, los que te dicen "feliz año" cuando es Navidad y los que te felicitan en Navidad sin más sutilezas. Como ocurre con muchos otros muchos casos, los detalles revelan las cuestiones de fondo.
Hay que señalar una cuestión previa: la asimetría. Mientras que occidente ha superado las fases más dogmáticas de la religión (nuestros muertos nos costó en siglos de luchas) para permitir la convivencia y el progreso no ha ocurrido lo mismo en el ámbito musulmán. 
La ciencia se ha liberado de la tutela religiosa, algo que no se dio plenamente hasta finales del siglo XIX. Todavía, por ejemplo, se invocaba la Biblia y el diluvio para establecer la antigüedad del planeta o pensemos en los conflictos con el darwinismo. Esto no ha ocurrido en el mundo islámico de la misma forma, produciéndose además un enorme retroceso a finales de los años 80 como reacción a la revolución iraní, comenzando un periodo llamado habitualmente de "reislamización".

No es el único caso, pues también se han dado formas integristas en los grupos religiosos cristianos, especialmente en los Estados Unidos, en donde están avanzando y negando aquella parte de la ciencia que no les interesa. Es la vuelta de los dogmas absurdos, contra las evidencias y el conocimiento. Eso no es fe; es tozudez e intransigencia.
El efecto de esto es precisamente el retroceso hacia posiciones mucho más dogmáticas y ese efecto asimétrico: muchos musulmanes piensan en Occidente como la "cristiandad". Es evidente que esto no es una casualidad, sino una estrategia del islamismo al que le interesa definir a Occidente como un espacio religioso contrario para evitar la modernización y la democratización, que son presentados como hechos destinados a debilitar al islam.  El feminismo, por ejemplo, es presentado de la misma manera.
Por mucho que se diga que en el Corán se establece que hay que "proteger" a las religiones del "libro", es decir, cristianos y judíos, pues tienen el mismo Dios, el de Abraham, lo cierto es que se les considera como un término intermedio, como grupos que han tergiversado las doctrinas de sus profetas y cuyo destino final, como el de todos es la conversión al islam, la única religión posible.
La realidad es tozuda y ha ido por otros caminos en la Historia hasta llegar al momento presente. En este contexto en el que se percibe al Occidente cristiano como una amenaza y cuya superioridad es solo provisional, algo tan elemental como felicitarse las fiestas debería ser una política de buena vecindad y no percibido como una falta grave por parte de quien felicita a personas cuyas creencias son "fantasías" frente a la "verdad" islámica. ¿Por qué —piensan— se debe felicitar a los que están equivocados?
En este contexto es donde surge hoy la noticia de la fatwa emitida sobre el tema. Señala el diario estatal:

The International Electronic Fatwa Centre of Egypt's Al-Azhar Mosque has said that Muslims may greet and exchange gifts with Christians during their religious celebrations and on social occasions.
In a fatwa, or religious edict, published on its official Facebook page, the centre said that tolerance and coexistence between Muslims and Christians, and courtesy for each other during holidays, weddings and social events, is not only acceptable but “desirable.”
“The Islamic religion urged followers to strengthen the bonds of friendship and compassion among the people of the same country,” the centre said.
The centre provided evidence from the hadith that Prophet Muhammad himself used to accept gifts from some kings and emperors during his lifetime.
Some hardline Egyptian Islamic clerics have argued that Muslims should not greet Christians on religious or social occasions.
Al-Azhar scholars in recent years have individually stated that greeting Christians and non-Muslims on their celebrations is acceptable, but until now without issuing an official institutional fatwa.*


Como se podrá comprobar, el texto está lleno de sutilezas e introduce el matiz de la "convivencia" nacional. Recordemos que el 10%, cifra que se mantiene, de los egipcios es de religión copta, es decir, cristianos que estaban allí desde antes que las invasiones árabes llegadas de la península se hicieran con el norte de África y entraran en la península ibérica.
El camino religioso seguido en Occidente es el de convertir la religión al ámbito privado por más que puedan existir tradiciones, inspiraciones, fuentes o como lo queramos llamar de carácter cristiano en la sociedad. No se sale de la nada. 
Por el contrario, en el mundo islámico, la religión se ha convertido en el centro y es ley, obliga a todos, quieran o no. El camino ha sido el opuesto. El llamado desesperado del presidente egipcio a la "renovación del discurso religioso", ignorado una y otra vez, es precisamente la constatación de esta idea, aunque sea de una forma eufemística para evitar más problemas.
El hecho mismo de que se emita una fatwa para que sepan que pueden felicitar por la Navidad es ya significativo de este carácter. Se refiere a un acto de cortesía que facilita la convivencia, nada más. No es posible ir más allá porque el sentido de lo religioso no se entiende de la misma manera. El ejemplo del hadiz lo dice todo, Mahoma aceptó regalos de reyes y emperadores. No sé si es el mejor ejemplo para justificarlo.
Mientras el abanico de la religiosidad con en que se acerca uno a las navidades van de las meras vacaciones a la profundidad religiosa, la percepción exterior es otra. De ahí que haya que establecer esa idea de la fatwa, que no se había emitido como tal hasta el momento.


El hecho de que exista una fatwa, es decir, con un sentido oficial hace ver que el sentido hasta el momento no tenía la claridad necesaria, lo que permitía no felicitar por las fiestas relacionadas con la Navidad (o se amplía estratégicamente a las bodas, por ejemplo, restando así intensidad al hecho). Es un acto de buena vecindad, se viene a decir. Un musulmán no está irremisiblemente perdido si felicita a sus vecinos, no implica herejía, al no suponer ningún tipo de compromiso más allá.
En un sentido amplio, el espíritu navideño es compatible con cualquier persona que desee el bien del prójimo, la paz para todos. Es un momento de recogimiento para los creyentes en el que viven su propia felicidad con los demás. Este mismo sentimiento de deseo de paz y alegría se puede tener de corazón sin que la persona sea necesariamente religiosa.
La alegría es contagiosa y el hecho de que estemos durante unos días manifestando nuestros deseos de felicidad a todos, creyentes o no creyentes, no es lo peor que nos puede ocurrir. Creo que hay cosas mucho más peligrosas.
Cuando me felicitan el año (el año es un "hecho objetivo", piensan algunos, aunque no se coincida en las fechas), sigo diciendo "gracias, igualmente" que es la forma educada de contestar una expresión educada.
Mis otros muchos amigos de otras creencias o sencillamente sin creencias no tienen las complicaciones de algunos de mis amigos musulmanes a la hora de felicitar. Lo hacen de corazón y sin pensar si entrarán en el paraíso o se quedarán fuera por desear felicidad a alguien.


Se puede ser bueno de muchas maneras. Y también malo de muchas más. Los radicales que van observando a aquellos que felicitan a los cristianos por las navidades realizan otra de las múltiples formas de control de las personas, de restricción de sus libertades. Otra más.
Me alegro que, pasados tantos siglos, haya ya una fatwa que vea recomendable ser buen vecino.


No llegaron a verlo las víctimas del mercadillo navideño de Estrasburgo hace unos días. Y espero que no vuelva a ocurrir como sucedió con los cristianos coptos en su celebración de la Navidad y volvió a ocurrir en la celebración de la Pascua.
No creo que la fatwa le sirva mucho a los más radicales. Les servirá para confirmar su idea de que las instituciones han traicionado a los musulmanes alejándose de la verdad para destruir el islam. Será difícil que cambien, pero al menos deseémonos paz y alegría sin prejuicios, que es lo menos a lo que podemos aspirar las personas de buena voluntad. Que podamos desearnos felicidades sin reservas o sentimiento de culpa.
Felicidades a todos. Un buen año en los términos en que cada uno quiera medirlos, pero con alegría y paz. ¿Es tan difícil desear a los otros, sean quienes sean, felicidades y paz? Parece que sencillo no es. Pero yo lo intento.



* "Al-Azhar says Muslims may greet, exchange gifts with Christians during holidays" Ahram Online 1/01/2019 http://english.ahram.org.eg/NewsContent/1/64/321021/Egypt/Politics-/AlAzhar-says-Muslims-may-greet,-exchange-gifts-wit.aspx



domingo, 27 de diciembre de 2015

La cuestión navideña o como compartir felicidad sin problemas teológicos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El presidente egipcio, Abdel Fatah El-Sisi ha echado una enorme bronca a los que tienen reticencias a felicitarles las fiestas a los cristianos durante las navidades*. Lo ha hecho además en la celebración del aniversario del nacimiento del profeta Mahoma, fiesta grande en Egipto, que este año coincide con las navidades. Lo que es una celebración de ambas comunidades, musulmana y cristiana, a veces se complica por las reticencias teológicas cuando no condenas a felicitarles las fiestas navideñas a los cristianos.
Mientras que para la mayoría no hay inconveniente en felicitarse las fiestas unos a otros, hay grupos que se dedican a llenar páginas y mentes de reparos y condenas a los que caen en la idolatría cristiana de la celebración de unas fiestas que consideran incompatibles y condenables desde su propia perspectiva. Hace unos días tuve ocasión de leer una web dedicada a los "consejos islámicos" en donde se insistía mucho en la incompatibilidad con los festejos y el grave acto de felicitar las navidades a los cristianos o de participar de la alegría de las mismas.


Uno ha aprendido a distinguir entre los que felicitan el "año", los que felicitan las "fiestas" genéricamente, la "navidad" y los que no felicitan nada.
Por eso me parece una excelente iniciativa que el Consejo Musulmán Británico haya tomado la iniciativa a través de dos carteles que se han vuelto virales: "Don't panic! Christmas is not banned" y "Keep calm, It's Christmas". El texto de la página oficial del Consejo señala:

Ahead of the Christmas holidays, the Muslim Council of Britain issued two simple Christmas greetings, ‘Keep Calm It’s Christmas’ and ‘Don’t Panic, Christmas is not Banned’.
The posters were a playful nod at the ‘Keep Calm, And Carry on On’ posters.
The message emphasised that some Muslims will join in those celebrations, remembering too that Jesus was an important Prophet of Islam. Others will not join.
But very few Muslims will be offended at the celebrations taking place, and no one should be obliged to change their celebrations at risk of offending Muslims.
Our message has gone viral on Twitter and Facebook and was reported, amongst others, in the Guardian and the Huffington Post.
Dr Shuja Shafi of the Muslim Council of Britain, presented the message to the Dean of St. Paul’s Cathedral alongside a delegation of Muslims offering Christmas greetings to Christian leaders.**


No es esto, en cambio, lo que han hecho en dos lugares, Somalia y el Sultanato de Brunei, en donde se han prohibido las celebraciones cristianas. Ambos territorios son musulmanes y no han querido que nadie celebrara públicamente su fe cristiana. En el caso de Somalia se señala en The Washington Post:

NAIROBI — The government of Somalia has banned Christmas and New Year’s celebrations, calling them “contrary to Islamic culture” and citing such festivities as potential targets for terrorists.
Although there are almost no native Christians in Somalia, the country hosts more than 22,000 peacekeepers as part of an African Union mission, and many of them are Christian.
Christmas or New Year's celebrations "could damage the faith of the Muslim community,” Mohamed Khayrow, director general of Somalia’s Ministry of Religious Affairs, said at a news conference, according to Somali news media. "All security forces are advised to halt or dissolve any gatherings. There should be no activity at all.’’
Last year, gunmen belonging to the Somali terrorist group al-Shabab attacked a Christmas party at an African Union military base in Mogadishu, killing at least three peacekeepers and a civilian. One of the dead was retired American Delta Force member Brett Fredricks, who was in Mogadishu to train a unit of Ugandan troops.
“We [Islamic scholars] are warning against the celebration of such events, which are not relevant to the principles of our religion,” said Sheik Nur Barud Gurhan, deputy chairman of the Supreme Religious Council of Somalia, according to the Somali news agency Horseed Media. Such celebrations could serve as targets for al-Shabab attacks, he said.***


La mezcla de motivos teológicos y de seguridad es una forma de presentarlo para tener excusa sobre lo principal: la prohibición. Decir que se convierten en "potenciales objetivos" es, hay que reconocerlo una forma de lavarse las manos en el asunto y dejar fuera la posibilidad de la celebración.

Aquí ya no se trata solo de "felicitar" o no, sino de la posibilidad misma de la celebración, que se prohíbe. Los "escolares", es decir, los versados en la ley islámica han sido claros: han aprovechado para arremeter contra los peligros de la "navidad" para los principios religiosos islámicos.
Al contrario de lo dicho por el Consejo Musulmán Británico en sus mensajes de "Keep Calm!" y "Don't Panic!", los escolares de Somalia sí han prohibido la navidad como "peligrosa". No "ceden" a la intransigencia de los terroristas de Al-Sabah; ellos mismos son intransigentes. La diferencia es que unos usan unos métodos mientras que otros usan otros, pero la base es la misma: no quieren fiestas cristianas en su territorio. Es "cristianofobia" lo que practican desoyendo a los escolares que dicen que no es problema y que el Corán no dice que haya enfrentamiento, sino que se proteja a las comunidades cristianas en los territorios controlados por musulmanes (también que se les cobre impuestos especiales)
El planteamiento es otro cuando uno se encuentra en tierra cristiana, claro. Eso es lo que podemos apreciar en el artículo publicado en Quarz por Haroon Moghul con el título "Why more American Muslims are celebrating Christmas this year". Lo que allí se plantea es otra cosa, en especial la presión social para compartir las celebraciones y la necesidad de no marginarse, dos movimientos diferentes. Es difícil ser indiferente a la extensión de la navidad como hecho social, por un lado; por otro, se viene a decir, podría haber cierto miedo a no participar en la comunidad por temor a ser señalado con el dedo.
Se escribe en el artículo:

For many Muslims, Christmas activates all kinds of anxieties. A religious holiday that challenges the Muslim interpretation of Jesus, it’s also a secular celebration—almost impossible to avoid—which is far more influential than any Muslim celebration in the West.
The feeling of marginalization can be a big turn off this time of year. Imam Abdullah Antepli, chief representative of Muslim affairs at Duke University, tells Quartz that “there’s an incredible fear of assimilation for minority religions.” Antepli trained as a chaplain at Hartford Seminary. “This isn’t exclusive to Islam,” he points out. “There is a similar trend in Judaism as well.”
I saw my story in his words. My parents taught me that Muslims did not celebrate any holidays except Muslim ones. We wouldn’t celebrate Thanksgiving, nobody discussed Valentine’s Day, and Christmas was entirely out of the question. Probably, it was easier for them to embrace an interpretation of Islam that legitimated their cultural distance from the mainstream.
And yet, many Muslims here in the US are African American, white, Latino, or otherwise descended from families who have been here for generations. How did these families balance their cultural heritage with their American experience?
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Si comparamos el caso expuesto, donde se produce la "ansiedad" de la minoría con el de Somalia o el Sultanato de Brunei, donde se debe producir la "ansiedad de la mayoría" parece que es más una cuestión de voluntad o si se prefiere de talante, es decir, de deseo real de convivir en una sociedad plural o no. No es otra la cuestión. Está claro que Somalia y el Sultanato de Brunei no lo desean.
El extraño sentimiento del que ha nacido en una comunidad cristiana, como se señala en el artículo, y se encuentra fuera de esa comunidad por su decisión de convertirse a otra religión, tiene que ver mucho con la afectividad, sus recuerdos y emociones de lo pasado. Es difícil sustraerse a una sociedad que celebra sus fiestas estando dentro, pero eso no se consigue con prohibiciones.
El sentimiento de felicitar al otro por sus festividades es solo el de sumarse a su alegría, no convertirse o perder su fe o creencias. Solo desde un extraño escenario competitivo y de reservas mentales es posible pensar que implica un daño en ese sentido. Felicitar a una persona de otro país, por ejemplo, en el día de su fiesta nacional no significa convertirse en traidor a la patria o dejar de sentirse de su propio país. Sin embargo, en lo religioso parece que sí.
Por eso me parece relevante, igual que lo que ha hecho el Consejo Musulmán Británico, la bronca que les ha echado en Presidente El-Sisi a los escolares. Es el segundo discurso de tipo "reformista" que ha dirigido aprovechando festividades religiosas. Nos lo cuentan en Egyptian Streets y recogemos en extenso:

Egyptian President Abdel Fattah Al-Sisi has urged reform of Islamic discourse and called on Islamic scholars to send Christmas greetings to Christians.
In a speech marking Mulid El-Nabi, the anniversary of Prophet Muhammad’s birth, President Sisi said that everyone should have the freedom to choose what religion and belief to follow without fear. President Sisi said that Islam calls for peaceful unity between different religions and beliefs and condemns violence.
“We talk a lot about the importance of reforming religious discourse,” said President Sisi in a televised speech to Islamic scholars.
“In our schools, institutes and universities, do we teach and practice respect for the other?” asked Sisi.
“We neither teach [respect for the other] or practice it,” declared the President in a grave tone.
“God did not create the world for the ‘ummah’ [Arabic for ‘nation’ or ‘community’] to be alone. [He didn’t create it] for one community, but for communities. [He didn’t create it] for one religion, but for religions,” added President Sisi.
President Sisi, who in January 2015 called for reform in Islamic discourse, added that freedom of religion is paramount.
“Can I impose upon someone pressure, physically or morally, to change their religion? Would God accept this?” said President Sisi.
“What are we afraid of? Are we custodians of people’s minds or choices? No we are not. In religion specifically, no. Each of us will be judged independently…and [people] will have to answer [for their choices and what they choose to believe].”
President Abdel Fattah Al-Sisi added that extremists are behind the destruction and deterioration of Islam.

MERRY CHRISTMAS FROM MUSLIMS
Addressing Christmas, which is marked by Coptic Christians on January 7, President Sisi said he does not allow anyone to tell him Christians should be treated differently.
“No one should define someone by their appearance or religion. We are all Egyptians,” asserted President Sisi before sending his Christmas greetings.
“Are you going to be afraid….that which divides us, brings us down. We are one and we will remain one,” added President Sisi.
The president also stressed that participating in festivities and celebrations of Christians is part of Islam.
“If you do not understand this, then this is a catastrophe,” said President Sisi. “If you do not think that [sending Christmas greetings] is part of your religion, then this is a big problem.”*


Hay muchas cosas en estas palabras, muchos conflictos y problemas detrás y por delante. Una lectura medianamente detallada nos permite percibir planteamientos que pueden provocar reacciones complejas en el entorno musulmán. La llamada a la libertad de religión no es un mensaje frecuente y por menos de eso algunos lo han pagado con su vida o el exilio. Es extraño que este discurso no haya tenido más reflejo en la prensa dada su transcendencia religiosa y, en este sentido, política.
No hace mucho recogíamos aquí las palabras de los salafistas que condenaban a una actriz egipcia por decir que la religión nos venía del entorno en el que nacemos, de las familias en las que crecemos. Los salafistas recurrieron a la tradición señalando que se nace musulmán y que es la mala suerte la que nos hace caer en familias de otras religiones que nos apartan del verdadero sentido y verdad. El presidente El-Sisi ha ido más lejos de lo dicho por la actriz vilipendiada por lo que se puede apreciar. Para los islamistas será la confirmación de que un diabólico enviado para destruir el islam y pronto empezarán a encontrarle parientes lejanos en Israel.


Si realmente se aboga por una sociedad abierta, los cambios deben ser muy profundos para salvar las distancias generadas durante mucho tiempo.
La noticia de Egyptian Streets acaba con los mensajes de buena voluntad:

In a separate statement, President Sisi sent his personal Christmas greetings to Coptic Christians celebrating the anniversary on January 7 and others across the world celebrating on December 25.
“Let us together evoke the memory of Jesus Christ’s birth and the life of Virgin Mary, as they come to remind everyone once more of the values of love, mercy and forgiveness that should prevail the world,” said President Sisi in a statement.
“Such memory reminds peoples of the world to come together within the frame of constructive cooperation and hard work for the sake of the welfare and development of humanity, in addition to the reinforcement of efforts seeking to make the world more peaceful, safe and stable, a place fitting for everyone, and standing as a live example for the values of coexistence of all religions, races and doctrines.”*

Buenas palabras que algunos comentarios al artículo le recuerdan que debería extenderse a muchos encarcelados por muy poquita cosa.

Los problemas suscitados por las felicitaciones interreligiosas navideñas encubren muchos otros problemas que hay que intentar solucionar para efectivamente tener un mundo en donde se pueda convivir. Lo de Somalia y Brunei, junto con muchos otros escenarios de intransigencia religiosa —incluidos los fundamentalistas cristianos, que tampoco están muy de acuerdo con la buena convivencia, como ha ocurrido en Córcega— revela que el mundo dista mucho de ser un escenario de convivencia y tolerancia de las diferencias. Y no tenemos otro planeta.

Me alegro cuando recibo las felicitaciones por estas fechas de mis amigos musulmanes, ya sean expresamente de la "navidad" o de un menos comprometedor "nuevo año" porque reflejan, por encima de las diferencias en lo que podamos creer, en cómo deseamos vivir: en una paz que nos alcance a todos. Felicitar a otro no es un acto reprobable, sino sumarse a su alegría. Para alegrarse porque otro esté alegre no hace falta más que empatía, no una renuncia a lo que uno cree. Solo los interesados en mantener odios y distancias están todo el día con la teología en la mano.
Aprovecho para felicitar a los que son felices celebrando el nacimiento del profeta Mahoma. Me sumo a su alegría como ellos se suman a la mía. Y es que, aunque tengamos distintas creencias, me importa su felicidad porque no elijo mis amistades por lo que creen sino por cómo son.
Paz y felicidad a los que tienen buena voluntad. Para esto no debe haber problemas teológicos ni de ningún otro tipo.

* "Egypt’s President Sisi Urges Islamic Scholars to Send Christmas Greetings, Calls for Reform" Egyptian Streets 24/12/2015 http://egyptianstreets.com/2015/12/24/egypts-president-sisi-urges-islamic-scholars-to-send-christmas-greetings-calls-for-reform/
** "Keep Calm, It’s Christmas" The British Muslim Council http://www.mcb.org.uk/keep-calm-christmas/ s/f 2015
*** "Somalia banned Christmas and New Year’s — even though it celebrates neither. Here’s why." The Washington Post 23/12/2015 https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2015/12/23/somalia-banned-christmas-and-new-years-even-though-it-celebrates-neither-heres-why/
**** "Why more American Muslims are celebrating Christmas this year" Quartz 22/12/2015 http://qz.com/578911/why-more-american-muslim-are-celebrating-christmas-this-year/