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lunes, 6 de octubre de 2025

Las mujeres afganas desconectadas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nos fijamos en muchas partes del mundo que sufren todo tipo de calamidades, naturales o humanas, pero se nos acaban pasando algunos grandes dramas que quedan enterrados por la ausencia de titulares, por el ejercicio sistemático de la crueldad.

Insistimos siempre que aparece alguna información sobre la situación de las mujeres del Afganistán de los talibanes en que no debemos olvidarlas. No hay que permitir que las rutinas del aplastamiento continuo nos hagan dejar de percibir lo que está ocurriendo allí con el consentimiento de un Occidente que dejó al país abandonado a su suerte después de veinte años de ocupación. La libertad que trajo la ocupación para las mujeres se transformó rápidamente en represión sin que se hiciera nada por evitarlo. Se prefirió creer las mentiras de los talibanes a pensar en las consecuencias de la salida. Todo fue una estrategia medida para el ahorro del coste de tener ocupado el país.

Se dejaron abandonados a su suerte a los que habían colaborado con los ocupantes, como ocurrió con los traductores (incluidos los de español), pero sobre todo a la mitad del país, a las mujeres, convertidas en obsesión de los talibanes.

En RTVE.es, Anna Bosch nos hace un recordatorio de lo ocurrido en estos infernales cuatro años desde que se abandonó el país. El corte de Internet, nos dice, lo han sufrido especialmente las mujeres para las que la conexión es una herramienta vital para soportar ese encierro en vida que padecen. La sospechas sobre la desconexión recaen sobre el régimen y que el corte haya estado motivado por censuras. Habrían atacado un punto sensible, el lazo que las une y conecta con el exterior.

Nos resume Anna Bosch lo ocurrido en estos años: 

Hace cuatro años, cuando los ejércitos occidentales se retiraron de manera caótica de Afganistán después de 20 años de ocupación, los talibán retomaron el poder con una campaña de imagen en la que aseguraban que no eran los talibán de los años 90, que, por decirlo de alguna manera, eran más modernos, más acordes con los tiempos. "Nuestra ideología y nuestras creencias son las mismas que las de entonces, porque al fin y al cabo somos musulmanes. Pero hay un cambio, tenemos más experiencia y una perspectiva diferente", dijo el portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, en su primera comparecencia ante los medios.

Prometieron respetar los derechos de las mujeres y la libertad de información. "Permitiremos que las mujeres trabajen y estudien", dijeron. Era agosto de 2021 y en la continuación del titular estaba la trampa, "las mujeres serán muy activas en la sociedad, pero dentro del marco del islam". El islam, siempre según lo interpretan ellos.

En estos cuatro años, poco a poco, prohibición a prohibición, han ido eliminando derechos para las mujeres: prohibido estudiar a partir de los 12 años, cuando se considera que dejan de ser "niñas". Prohibido salir a la calle solas, prohibida la educación secundaria y superior y prohibido trabajar. Prohibición de viajar más de 72 kilómetros o entrar en un centro sanitario si no van acompañadas por un hombre. La ONU ha registrado casos de médicos a quienes se les ha impedido tratar a una mujer porque no iba acompañada de un hombre. Y más prohibiciones: a estar en muchos espacios públicos y a hablar en público. Tampoco permiten leer libros escritos por mujeres, aunque sea un tratado sobre química, los retiraron de la universidad.*


El reciente terremoto ocurrido en Afganistán llevó brevemente a los titulares los casos de mujeres que no podían ser atendidas por varones sin estar presentes los familiares. De esta forma las bajas se cebaron en ellas, abandonadas a su suerte, sepultadas o heridas. Nadie podía "tocarlas". Es la crueldad del absurdo.

Todo lo que describe Anna Bosch en el último párrafo pertenece a la ortodoxia del fundamentalismo islámico, el mayor enemigo de los propios musulmanes, especialmente de las mujeres, que están sometidas a la vigilancia de padres primero y después de maridos e hijos varones. Es lo que Bosch llama el "marco del islam", que más que marco es cárcel, un sistema que permite a cada varón ser un dictador de su espacio familiar.

Hemos contado aquí muchos casos de esa forma de entender lo islámico desde el fundamentalismo, algo que afecta a todas las facetas de la vida, desde las barbas y el vestido hasta la prohibición de alejarse esos 72 kilómetros, una forma heredada de medir una jornada recorrida por un camello.

Nadie hace nada por Afganistán, por sus mujeres. Hay que potenciar sus redes de contactos, ayudarlas en sus estudios clandestinos, acogerlas, entre otras muchas causas, porque somos directamente responsables. Invadir un país y cambiar su forma de vida puede suponer una mejora siempre y cuando no los dejes tirados después y se lo cedas gustoso a los primeros que estaban allí, los talibanes y su barbarie.

Hay formas humanas del islam, como demostró la Primavera Árabe donde se dejó germinar. En muchos otros casos se permitió a dictadores seguir porque tenían alianzas con países occidentales. Eso era mejor que la incertidumbre, pensaban. Las consecuencias las estamos viendo.

Los párrafos finales del texto de Bosch citan a la afgana Nadia Ghulam, la activista asentada en España y que trata de mantener visible el drama de las mujeres afganas:

Termino como empecé, con el testimonio y la autoridad moral de Nadia Ghulam: "Lo que de verdad les asusta es la libertad. Les asusta que una chica pueda leer, que un chico pueda preguntar, que un ciudadano pueda denunciar una injusticia. Les asusta que el mundo sepa lo que de verdad ocurre en Afganistán. Hoy más que nunca hay que escuchar y amplificar las voces de los afganos, y sobre todo, de las mujeres y los jóvenes. Si los talibán cortan internet, nosotros tenemos que ser su conexión con el mundo. Cortando internet no apagarán la verdad. Algunos compatriotas en el exilio dicen que sin internet Afganistán será una nueva Corea del Norte. Pero es mucho peor. En Corea del Norte las chicas aún pueden estudiar, pueden trabajar, pueden aspirar, a pesar de todo, a una vida distinta. Sin internet ni información, Afganistán se hunde en el agujero negro más profundo de la historia".*

La idea de libertad es la que nos define en lo personal y en lo social. Sus enemigos tratan de cortarla porque saben que es el camino que  lleva a la destrucción del dogma, que es lo contrario de la libertad. No es casual que en las sociedades más fundamentalistas sean las mujeres el objetivo. Saben que es allí donde anida el deseo de ser libres en todos los niveles, del personal al familiar y social. Impedir la educación incide en el punto básico; impedir leer, relacionarse, etc. es una muestra de ese fondo autoritario que se tambalea cuando la gente comienza a pensar libremente. Por eso los fundamentalistas convierten a cada varón en un dictador; les dan un poder que les hace sentirse por encima aunque la altura sea poca y engañosa.

De nuevo, ¡no olvidemos a las mujeres afganas! 


* Anna Bosch "Afganistán: internet es la última esperanza para las mujeres, cortarlo es cerrarles la única ventana al exterior" RTVE.es 4/10/2025 https://www.rtve.es/noticias/20251004/afganistan-internet-unica-esperanza-mujeres-cerrar-ventana-exterior/16752616.shtml

martes, 9 de septiembre de 2025

El dolor invisible

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo el drama de la misoginia afgana  amplifica sus efectos sobre las mujeres, sus víctimas permanentes. Es tal la diferencia que el régimen talibán establece para las mujeres que cualquier acontecimiento negativo se experimenta de una forma distinta por hombres y por mujeres. No hay un régimen igual en el mundo; no hay una misoginia de tal calibre por radicales que puedan parecernos otros.

En RTVE.es se nos incluye una pieza audiovisual de uno de sus telediarios. con el titular  "Las mujeres invisibilizadas en la tragedia del terremoto de Afganistán", mostrando las repercusiones sobre las mujeres del terremoto que ha sacudido el país , en cuya sinopsis se nos dice:

En medio de la devastación provocada por el último terremoto ocurrido en Afganistán, las imágenes han mostrado a militares, rescatistas, médicos y heridos, pero apenas a mujeres. Cuando aparecen, están de espaldas, completamente cubiertas o son niñas. La ley talibán, que prohíbe el contacto entre hombres y mujeres que no sean familiares, incluso en emergencias, impide que sean atendidas en igualdad de condiciones.

A la prohibición de estudiar Medicina o Enfermería se suma ahora la falta de profesionales mujeres para asistirlas. Incluso si están enterradas bajo los escombros, no pueden ser tocadas por hombres. Nadie sabe con certeza cuántas han muerto o cómo están siendo atendidas: un silencio impuesto que la activista y presidenta de Esperanza de Libertad, Khadija Amin, define como un "apartheid de género".*



El drama es consecuencia de la circularidad radical del régimen talibán: a) los hombres y mujeres no se pueden rozar siquiera sin ser familiares; b) las mujeres no pueden estudiar ni trabajar desde los doce años; y c) como consecuencia, no hay doctoras ni enfermeras que puedan atenderlas, pues son hombres quienes ocupan estos puestos. Esa "invisibilidad" de la que se nos habla en el reportaje no es más que la radical consecuencia del sistema misógino talibán. Las mujeres no pueden ser sacadas ni de los escombros por los hombres.

En un mundo cada vez más cruel, más violento, el régimen de los talibanes es un monumento a esa violencia institucional que deja fuera de la vida y de la muerte a las mujeres. Ser mujer en Afganistán es un delito o una maldición de lo que nadie las puede librar. Se nace mujer y se sufre por ello.

A esas injusticias se añade un tercer castigo, esta vez desde Occidente que las dejó a su suerte abandonando el país, dejándolas en manos de los talibanes, cuya primera misión al llegar al poder era patrullar por las calles para evitar que salieran mujeres solas o que fueran sin velo.



Hoy entendemos que invadir, colonizar implica una responsabilidad cívica y moral para con el país al que se ha sometido. Occidente invadió Afganistán y lo dejó después a su suerte sabiendo de sobra lo que ocurriría. Cambió la vida del país, especialmente de las mujeres, y todo se derrumbó por la indiferencia hacia lo que había cambiado, por la falta de responsabilidad. Los intereses políticos y económicos se tragaron las bonitas palabras que habían "justificado" la invasión. Los que dejaron en el país tras su salida fueron barridos por la llegada de los radicales y dogmaticos, obsesionados con las mujeres, que constituyen su eje del mal, las que les sirven para afirmar su visión retrógrada y violenta.

Hoy, un terremoto vuelve a dejar en evidencia los efectos de aquella huida del país sobre las mujeres. La pieza de RTVE es demoledora, pero es solo un tímido apunte frente a otras desgracias narcisistas que sacuden el mundo. La noticia debe, al menos, parecer algo "novedoso", pero lo que ocurre en Afganistán está condenado a  ser normalidad y esta solo se rompe en ocasiones como la de un terremoto.



Sí, las mujeres son invisibles prácticamente. No se las ve ni en la destrucción natural de un terremoto. No deben ser vistas ni escuchadas, lo que no significa que no sientan el doble dolor de la invisibilidad y de los estragos del terremoto.

En estos tiempos en los que algunos se dedican al negacionismo de la violencia de género o de la existencia del patriarcado, deberían darse una vuelta por Afganistán para despejar dudas.

No en todos los países se vive en el mismo año; es solo una suposición que los hechos contradicen.

¡No olvidemos a las mujeres afganas!

 

* RTVE Play Telediario 2 "Las mujeres invisibilizadas en la tragedia del terremoto de Afganistán" RTVE.es 5/09/2025 https://www.rtve.es/play/videos/telediario-2/mujeres-invisibilizadas-tragedia-del-terremoto-afganistan/16719002/ 

lunes, 18 de agosto de 2025

El inagotable drama de las mujeres afganas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Hay un drama viviente desde hace unos años del que Occidente es responsable: el drama afgano y, para ser más precisos, el drama de sus mujeres. Se ocupó un país, se le abrió el sistema para dejarlo después en manos de fanáticos religiosos, los talibanes, que han hecho del pasado su futuro y de las mujeres sus víctimas.

La salida de los ejércitos occidentales de Afganistán llevó al poder al grupo armado fundamentalista. No hubo demasiada resistencia y los talibanes se hicieron con el control del país, algo que iba de las patrullas callejeras a las instituciones. Para ellos no hay más ideología que una lectura radical del Corán y la aplicación violenta con un objetivo prioritario, las mujeres. En ellas vieron su justificación y sus planes de acción. Se trataba de borrar su presencia en todo lugar, volverlas invisibles y eliminar sus posibles salidas.

Lo que las mujeres afganas habían ganado durante los años de ocupación, de los estudios a su visibilidad, se derrumbó en pocas horas. Los talibanes iban a por ellas porque es un tipo de dictadura que convierte en dictadores caseros a la mitad de la población, la masculina. Los hombres son los vigilantes responsables de que las mujeres estén en su oscuro lugar, que no estudien, que no hablen, que no tengan rostro, que las casas se conviertan en cárceles. Hay muchos regímenes totalitarios, pero ninguno como el de los talibanes.

Estos días tenemos dos noticias sobre lo que ocurre en Afganistán. Ninguna es buena y tratan de sacar lo que ocurre en el país a la luz. Afganistán es el gran silencio, probablemente un silencio culpable ante lo que se permitió allí, una demostración de la verdadera cara de muchas ocupaciones.


La primera de ellas está firmada por Ana Baquerizo en RTVE.es y lleva por titular "Las afganas en riesgo forzadas a volver al régimen de los talibanes: "El peligro es real. Nos vigilan""*. Las mujeres que huyeron a los países vecino, Irán y Pakistán, se ven devueltas a su país, con el enorme riesgo, incluso físico, que esto supone para ellas: 

El teléfono de María recibe decenas de mensajes de mujeres afganas desesperadas. "Llevo días sin dormir, tengo miedo de la policía. Están deportando a todos los afganos", escribe una mujer viuda a cargo de dos niños que espera respuesta a la solicitud de protección internacional. Se encuentra en Pakistán. Desde Irán, recibe otra retahíla de mensajes. Esta vez es una mujer que está sola con su hija: "Hoy fui a comprar el pan y, mientras esperaba en la fila, dos personas iraníes me increparon y le dijeron al panadero que no me vendiera pan. Por miedo a ser agredida, decidí regresar a casa sin comprar nada. Y ojalá el único problema fuera el pan, tampoco estamos recibiendo atención médica. Le ruego que hable con la embajada para que acelere el proceso de nuestras visas".

Estas mujeres llevan cuatro años varadas en Irán y Pakistán, los países fronterizos a los que huyeron cuando los talibanes volvieron al poder. En las últimas semanas, estos dos países están intensificando su campaña de deportaciones masivas de afganos.

En los primeros siete meses de 2025, casi dos millones de afganos han regresado a su país procedente de Irán y Pakistán, según la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Este dato incluye a los deportados —938.000 desde Irán; 300.000 desde Pakistán— y a quienes han vuelto debido a las presiones, las amenazas y el acoso de las autoridades.* 

A esto se le añade una grave queja, la de las esperas eternas de las respuestas de la embajada española a las demandas de asilo. A veces la indiferencia y la burocracia vienen a ser lo mismo,

El hecho es que más de un millón de mujeres —consideremos que lo sean la mitad de los dos millones reenviados a Afganistán— que huyeron y cuyo mayor crimen pudo ser, por ejemplo, el estudiar o hablar por la calle con una amiga, han sido devueltas a la oscuridad y al oscurantismo. Irán y Pakistán se alinean con los talibanes en esta acción, ante la indiferencia general.

Desde hace años recogemos la poca información que se ofrece sobre lo que ocurre en Afganistán. Lo hacemos bajo un lema; "¡no olvidemos a las mujeres afganas!". Trata de ser un recordatorio de nuestra responsabilidad al transformar un país, arrastrar a la población hacia formas diferentes para después dejarlas caer, marcadas, y dejarlas a su suerte en un régimen cruel.

Eran mujeres "marcadas". Están marcadas por sus estudios, por su forma de vida, su forma de vestirse. Para ellas quedaba una única opción, formar parte de una masa anónima, maltratada e invisible. Perdían su individualidad, carecían de derechos y de futuro.

Los que regresan de forma forzosa al Afganistán de los talibanes pagan un precio alto. Hay documentados casos de tortura, detenciones arbitrarias y persecución contra mujeres, exfuncionarios gubernamentales, periodistas y miembros de la sociedad civil. Los recoge un informe de la ONU, elaborado conjuntamente entre la misión de Naciones Unidas en Afganistán y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Los talibanes lo niegan: insisten en que hay una amnistía general en su país y que no se están tomando represalias. El régimen talibán también asegura que respetan los derechos humanos, a pesar de que ha instaurado un sistema de apartheid de género contra las mujeres, a las que han prohibido prácticamente todo: estudiar después de los 12 años, hablar en la calle, viajar solas, conducir, hacer deporte… Las mujeres han sido borradas de los espacios públicos.

"Solo nos permiten estar en casa y parir. Hay muchas mujeres que tienen depresión", se queja desde Kabul una joven que pide mantenerse en el anonimato y asegura que siente que la comunidad internacional ha abandonado a las mujeres afganas.*


Esa es la realidad de las mujeres afganas. Lo que el régimen diga oficialmente está en confrontación con la realidad que se nos transmite desde las personas, familiares, etc. Es simple: las mujeres están condenadas en Afganistán. Es una represiva dictadura de género. Lo que el régimen niega solo tiene el objetivo de que no se apliquen más sanciones y recortes a las ayudas internacionales, siendo un régimen fracasado, pero con una base religiosa fundamentalista que le impide reconocerlo. Los principios radicales no pueden fallar; la interpretación religiosa fundamentalista solo puede ser verdad. Dudar de ella es condena a muerte. No hay salida.

El otro texto lo firma Pilar Requena y es una entrevista con una mujer afgana que ha conseguido crear desde el exilio una red secreta de escuelas para niñas privadas de educación. El titular es "Parasto Hakim, activista afgana: "No nos sorprende la actuación de los talibanes, sino el silencio del mundo""**. Tras entrar en el funcionamiento de la red educativa, Parasto Hakim se centra en el silencio global que las rodea: 

P: ¿Cómo describiría la situación actual en Afganistán, especialmente para las mujeres y las niñas?

R: Es un lugar muy oscuro. Es un cementerio, un túnel de oscuridad por el que las niñas caminan con la esperanza de llegar a la luz. No es un entorno humano, es muy inhumano, estás privado de tus derechos básicos. Es como un apartheid de género. No nos sorprende la actuación de los talibanes ni sus atrocidades. Nos sorprende el silencio del mundo. Es muy decepcionante y nos plantea una gran pregunta: ¿por qué no hacen nada? Una de las preguntas que me hacen es: "¿Por qué no haces nada? La gente tiene que salir a la calle y protestar".

Los talibanes son un grupo terrorista. No puedes, cuando tienes siete o seis hijos en casa esperando, pensar en la libertad. Así es la dictadura. Te privan de tus derechos básicos para que no pienses en otras cosas, como la libertad o la paz. Sí, mucha gente dice que hay paz en Afganistán, resulta muy gracioso. ¿Esperan que los talibanes se maten entre ellos? Si les das el país, por supuesto que no habrá guerra, los terroristas son los responsables de la paz, pero no hay libertad, nadie puede ni siquiera imaginar vivir en ese entorno.**


Difícilmente se puede ser más claro. Ese es el centro de la cuestión. A los talibanes se les entregó el país por puro electoralismo occidental, esencialmente norteamericano. Marchándose los norteamericanos, difícilmente se podía quedar alguien allí.

Aquí tratamos en varias ocasiones el drama de los traductores afganos de español, que habían colaborado con nuestras tropas allí. Estaban marcados por ayudar y los talibanes los tendrían en el punto de mira por "colaboracionistas". Nadie pensó en qué podría ser de ellos.

Podemos multiplicar los casos por todo tipo de personas que eran vistas como "traidores" por el nuevo régimen. La salida rápida los dejó a todos a merced de los talibanes. Las mujeres que trabajaban, estudiaban o simplemente vivían quedaban todavía en peor situación.

Ahora los países vecinos —el Irán de los ayatolas y el Pakistán islámico— los expulsan y los mandan a la muerte o al encierro, a encerrar a sus mujeres para no levantar sospechas, pues es un claro indicador de la posición.

La guerra de las mujeres es contra el fanatismo, de ahí que la lectura sea su arma y el temor de los talibanes. Mientras unos tratan de reducir el mundo, ellas tratan de ampliarlo, de personalizarlo. No renuncian a construirse como personas.

Merece la pena pensar sobre nuestra responsabilidad en este drama. ¡No olvidemos a las mujeres afganas! ¡Demos visibilidad y voz a su situación y busquemos fórmulas de ayuda! 

* Ana Baquerizo "Las afganas en riesgo forzadas a volver al régimen de los talibanes: "El peligro es real. Nos vigilan"" RTVE.es 17/08/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250817/afganas-riesgo-forzadas-volver-regimen-taliban-peligro-real/16698369.shtml

** Pilar Requena "Parasto Hakim, activista afgana: "No nos sorprende la actuación de los talibanes, sino el silencio del mundo"" RTVE.es 18/08/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250818/parasto-hakim-no-sorprende-actuacion-talibanes-silencio-mundo-afganistan/16698270.shtml

domingo, 9 de marzo de 2025

No olvidemos a las mujeres afganas 2025

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

De nuevo repetimos un grito "¡no olvidemos a las mujeres afganas!". La situación en que se las dejó tras el abandono del país ha sido uno de los mayores crímenes de irresponsabilidad cometidos hasta el momento, un anticipo de lo que están siendo las actuales políticas norteamericanas.

Tenemos las terribles imágenes de los aviones despegando con miles de personas intentando agarrarse, subirse al fuselaje, caer... por la desesperación de quedar en manos de los talibanes, tal como ocurrió. Recuerdo el caso de los traductores, de los que habían servido como tales a los ejércitos, incluido el español, que imploraban por ser llevados a otros países ante el temor cierto de ser asesinados. Algunos lo lograron, pero muchos otros quedaron a su suerte, su destino en manos de los talibanes. Pero lo que era un riesgo para los hombres, se convirtió en prisión y castigo para todas las mujeres afganas, solo por el hecho de serlo.

Entre las múltiples quejas, reclamaciones de derechos, datos, etc. que el 8-M nos ha dejado en los medios, me quedo con la carta de una joven afgana intentando que su voz sea escuchada, que este monumental drama llegue a los oídos de las más personas posibles, que no sean olvidadas.

La carta la firma Qahira Faquiri y se publica en RTVE.es el 9-M porque para este drama no hay día especial, sino que cualquiera de ellos es bueno para tratar de romper el silencio avergonzado por la situación de abandono de un país en manos de fundamentalistas que tienen en la mujer el objeto central de su obsesión.

En la carta, que lleva por título  "Un grito desde mi tierra silenciada: la voz de las mujeres de Afganistán ", se nos dice la terrible verdad de su situación:

En esta tierra, las niñas no son castigadas por los crímenes que han cometido, sino por lo que otros consideran "pecado". Aquí, las niñas son tratadas como mercancía antes de saber lo que significa ser niña. A una edad en la que aún no comprenden el sentido de la vida, sus nombres son escritos en un papel y entregados a manos que no les brindan refugio, sino prisión.

Son vendidas, intercambiadas, marcadas, sin que siquiera sepan cuál es su crimen, salvo el haber nacido niña. Matrimonios forzados, tradiciones que se han encadenado y un trato que se llama "destino". Y si alguna de ellas se levanta, dice que no quiere este destino y lucha, ¿qué sucede entonces? Entonces la llaman rebelde, desafiante y no solo no escuchan sus lágrimas y súplicas, sino que las callan con azotes.*


Los regímenes fundamentalistas, como es el de Afganistán, tienen una especial animadversión hacia la mujer. La explicación es religiosa inicialmente —la mujer es el origen de la desobediencia, de todo pecado, tienta al hombre, etc.— pero también porque es un elemento asequible, fácil de controlar. Sin más objetivos en la vida, el control de las mujeres permite hacer creer que "todo" funciona y hace sentir "poder"

Sobre este control, como bien señala la carta de la joven afgana, es posible construir una estructura social que deja las cosas claras: la mujer es el elemento que permite las operaciones que aseguran las relaciones sociales mediante el matrimonio. Para ello es preciso entregar una "mujer producto" inculta, sumisa y virgen. Por esto la vigilancia debe ser constante antes y después, solo se cambia de vigilantes.

El silencio es la faceta exterior que asegura la incomunicación absoluta. La mujer no debe tener más fuentes de relación que las que se le establecen para garantizar la ausencia de influencia. Introducirla en un burka es convertirla en un ser anónimo, no diferenciable, una portadora de su propia cárcel oscura.

¿Qué clase de ser humano resulta de estas operaciones de anulación?

En esta tierra, las mujeres tienen derecho a vivir, pero no a vivir plenamente. Tienen derecho a respirar, pero no a soñar. Las quieren, pero no por sus sueños, ni por sus pensamientos, sino para que se sienten en un rincón, en una sombra, y nunca se levanten.

Aquí, las heridas que se infligen en el alma de las mujeres son tan profundas que no pueden verse y son tan pesadas que no deberían ignorarse.

Nosotras somos esas chicas a quienes les cerraron las puertas de la escuela, pero nunca se cerrarán las puertas de nuestros corazones al futuro.* 

Es esa capacidad de resistencia lo que convierte a la mujer afgana en admirable. Saben que es una lucha por anularlas y que la respuesta debe ser salir del silencio y la oscuridad en la que se les obliga a vivir. Por eso es importante la solidaridad que les dé visibilidad fuera porque la de dentro se les niega. Hay que hacerlas visibles, que se sientan con aliento, que sufrimiento importa.

Con su represión, las mujeres afganas crecen con ilusiones, con sueños. No las están venciendo, sino, por contra, hacer que sean ellas las que saquen fuerza de su represión.

En la carta podemos leer al final:

El mundo puede habernos olvidado, pero en nuestros corazones siempre hay una llama de esperanza que nunca se apaga.

Somos mujeres que, lejos de debilitarnos, nos hacemos más fuertes con las dificultades. Hemos soportado dolores que ninguna palabra puede describir, pero sabemos que llegará el día en que el mundo conocerá nuestro sufrimiento.

El día en que tomaremos lo que es nuestro, no con súplicas, sino con la fuerza de nuestra resistencia. No tememos a nada, porque creemos que llegaremos a lo que merecemos.

El mundo de hoy puede habernos cerrado los ojos, pero nuestro mañana estará lleno de luz; porque somos mujeres que nunca dejaremos de luchar y, al final, alcanzaremos todos nuestros sueños.*

 Por eso es importante, esencial no olvidar, recoger sus palabras, las únicas posibilidades que tienen de manifestar sus sueños e ilusiones, la verbalización de un futuro que pueda ser llamado así.

¡No olvidemos a las mujeres afganas! Desde aquí nuestro apoyo y admiración.

* QAHIRA FAQIRI "Carta de una afgana Un grito desde mi tierra silenciada: la voz de las mujeres de Afganistán" RTVE.es 9/03/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250309/grito-desde-tierra-silenciada-voz-mujeres-afganistan/16481980.shtml

martes, 8 de octubre de 2024

Las afganas, refugiadas por ser mujeres

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


La situación de las mujeres afganas —su reducción a la nada, al silencio, a la ocultación— debería recibir más atención. Es difícil imaginar esa situación que va más allá de la marginación. Tras un tiempo de ocupación en el que las mujeres estuvieron protegidas frente a las tendencias radicales fundamentalistas, la decisión de la marcha occidental —básicamente estadounidense— dejó al descubierto una realidad: lo único que había conseguido la ocupación era el desarrollo de las mujeres. Era lo único que había cambiado, lo único que deseaba ser diferente.

Las imágenes de la gente corriendo junto a los aviones que despegaban, intentando subirse, dejaron pronto paso a las de los talibanes patrullando armados por las calles y a las mujeres respondiendo antes sus órdenes. Pronto quedó clara la situación, a lo que los talibanes llamaban "orden" islámico y quienes eran sus principales infractoras, las mujeres. Ellas eran la resistencia, el obstáculo. También las excusa para la vigilancia, para el control.

En RTVE.es encontramos una importante noticia que reconoce esa situación con el titular "El Tribunal de Justicia Europeo dicta que las mujeres afganas tienen derecho a asilo por su persecución". En el artículo se nos indica que 

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictaminó este viernes que los Estados miembros pueden limitarse a tener en cuenta el sexo y nacionalidad de las afganas para otorgarles el asilo en la UE debido a que las medidas discriminatorias contra ellas del régimen de los talibanes constituyen actos de persecución.

La Corte, con sede en Luxemburgo, respondió así a una cuestión prejudicial sobre el caso de dos mujeres de nacionalidad afgana que recurrieron ante el Tribunal Supremo de lo Contencioso-Administrativo de Austria contra la negativa de las autoridades de ese país a reconocerles el estatuto de refugiadas. * 

El hecho es relevante porque asume que por el hecho de ser mujer en Afganistán eres víctima de un sistema represivo, un sistema que te anula los derechos más elementales, que te reduce a la nada limitando al extremo tus posibilidades de desarrollo como persona en cualquier dimensión.

Uno de los enlaces que el artículo nos ofrece a noticias anteriores nos lleva a la reciente condena de la voz femenina en el país, de su silenciamiento por ley, a su encierro y a salir bajo el hiyab y siempre vigilada por un responsable de ella.

Ser mujer en Afganistán no tiene presunción de inocencia; eres culpable por el hecho de nacer mujer.

Eres la responsable de lo malo que haya en la vida desde los orígenes, de una estirpe pecaminosa, de llevar al varón a su destrucción, aunque en el cielo te prometan hermosas vírgenes con las que disfrutar de la otra vida en una orgía sin fin. Pero en la Tierra es otra cosa. Te alejan de Dios, te debilitan ante los hombres alejándote de tus deberes de obediencia ciega.

Afganistán en un espacio en el pasado  considerado como perfecto. Todo lo ocurrido desde los tiempos del Profeta no es más que desvío y corrupción. Afortunadamente, los talibanes van a enderezar esto gracias a sus barbas proféticas y a sus armas, que no son del pasado glorioso, pero que son fieramente masculinas, una herramienta eficaz para mantener el orden, para restaurar la autoridad. Esta mezcla de lo antiguo y lo nuevo funciona.

En su orgullo fundamentalista, los talibanes se han sumado a la alianza de Rusia, China e Irán, sin duda una aportación valiosa que les dará un respiro a los afganos y aportará "nuevas" ideas represivas a sus amigos. Permitirá vender en el interior la idea de que existe una internacional que les bendice.

La doctrina del Tribunal europeo reconoce que toda mujer en Afganistán está sometida, por el hecho de serlo, a una persecución por el hecho de serlo, sin necesidad de probar un trato específico. Es un paso importante, una condena indirecta al régimen de los talibanes. Cualquier mujer que huya de Afganistán tiene motivos suficientes para hacerlo. No hace falta probar nada, el origen es suficiente.

Prohibida su voz en público, prohibido su rostro considerados como parte de una especie de "peste de género", una epidemia destructiva del débil varón, una epidemia que trae el mal con el olvido de Dios, la mujer afgana es heroica por el simple hecho de decidir estudiar (algo prohibido), trabajar (también prohibido) o salir sola a la calle (igualmente prohibido).

Bienvenido todo aquello que reconozca esta horrenda situación, esta aberración ideológica que legitima la opresión y entierra los derechos. La resolución del Tribunal europeo enmienda un fallo de los tribunales austriacos que consideraban que para conceder el asilo tenía que haber algo "personalizado", demostrando una falta de sensibilidad pasmosa.

En estos momentos asistimos a una ola de conservadurismo que vuelve a plantear los derechos de las mujeres de forma más o menos sutiles. La idea del anti patriotismo de las mujeres que no tienen hijos —y tiene gatos, en la caricatura trumpista— es un ejemplo de ello. Se empieza así y se sigue subiendo hasta considerar que está mal que la mujer trabaje y que es mejor que se quede en casa.

Siempre pensamos que estas cosas no pasarán, pero siempre hay alguna tribu talibán esperando para hacer cumplir las leyes divinas en su versión particular. Los talibanes son hoy un dramático y sangriento recordatorio. Inhibirse en ideas de la "cultura", las "tradiciones", etc. no es más que una forma de autoengaño, desgraciadamente cada vez más practicado en diversas fórmulas.

¡No olvidemos a las mujeres afganas! 

* "El Tribunal de Justicia Europeo dicta que las mujeres afganas tienen derecho a asilo por su persecución" RTVE.es / EFE 4/10/2024 https://www.rtve.es/noticias/20241004/tribunal-justicia-europeo-dicta-mujeres-afganas-tienen-derecho-asilo/16274249.shtml


domingo, 25 de agosto de 2024

Silenciosas e invisibles, las mujeres afganas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Se quejaba hace unos días la periodista Almudena Ariza en un tuit del silencio e indiferencia que rodea a la situación de la mujer en Afganistán. Desde que se les dio el poder a los talibanes, las decisiones de estos retrógrados terroristas oficiales no han dejado de escandalizar por su rotundidad. Los talibanes son una puerta abierta al horror con un objetivo preciso: las mujeres. Son la encarnación de algo que no debería existir, que no representa religión sino cárcel moral y real, una condena absoluta.

Los talibanes son la demostración de los orígenes patriarcales de las religiones, de su terror disfrazado de virtud. Mientras otras han conseguido espiritualizarse y humanizarse, el islam de los talibanes es un anacronismo contra el tiempo y la historia, es una gigantesca farsa autoritaria que no merece ser respetada ni por las personas que dentro del islam han entendido que la virtud y el pecado son otra cosa.

En RTVE.es leemos las nuevas medidas desarrolladas en su carrera por lograr el paraíso en la Tierra:

"De acuerdo con esta ley, el Ministerio -para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio- está obligado a ordenar el bien y prohibir el mal (...) y también es responsable de la paz y la fraternidad entre la gente", ha indicado el portavoz del Ministerio de Justicia, Barkatullah Rasooli, en una declaración publicada este viernes por el canal afgano Tolo News.

En el artículo que se refiere al hiyab, la norma establece como necesario que las mujeres se cubran el rostro y el cuerpo para evitar "causar tentación", y evitar el sonido en público o de la voz en alto de mujeres, incluyendo cantar, recitar, o hablar frente a micrófonos, ya que se considera falta de "modestia". Asimismo prohíbe a los conductores transportar mujeres adultas sin un tutor masculino legal.

"La implementación de la sharia y el hiyab es nuestra línea roja. No podemos negociar con nadie sobre estos asuntos", ha dicho en una reunión con las autoridades el ministro de la Virtud y el Vicio, Mohammad Khalid Hanafi, según Tolo.*


 

Ni vista ni escuchada, las mujeres afganas se "esfuman" de la mente de los únicos que cuentan, los varones. Si hay algo que preguntarse sobre este "machismo místico" es por qué al paraíso se accede a través del "martirio" del terrorismo y no es entra en él por la presencia de las mujeres. ¡Extraña visión del mundo! Es un radicalismo que aplaude el matar y aplaude encerrar a las mujeres en el silencio por su perversidad congénita.

No hay mujeres que sean "buenas". Solo la mujer invisibilizada, silenciada, encerrada... es factible porque, de otra manera, invade la mente del hombre, del varón, que en su debilidad congénita, se deja arrastrar hacia el vicio por su sola visión o sonido.

La mujer no debe salir sola; debe estar sometida a la vigilancia constante de un guardián. Sola es un peligro, porque en su naturaleza está causar el mal, lo quiera o no, simplemente con que se la contemple. No es necesaria su voluntad; es simplemente su existencia. Su voz, su olor, la visión de cualquier parte de su cuerpo... su recuerdo son causas del mal, de la perdición del varón, el gran desastre, el paraíso se quedaría sin guerreros. ¿Y que se haría entonces con las "huríes" de premio? Terrible paradoja sean mujeres el premio a haberlas aborrecido, denigrado, encerrado. Eso sí, vírgenes y bellas, las cheerleaders de la otra vida.

De esta forma quedan establecidos los dos polos: la debilidad del varón y la maldad intrínseca de la mujer. El varón olvida sus obligaciones y la mujer le hace olvidarlas. El recuerdo de "Eva" está muy presente. Con ella nos echaron del paraíso. ¡Ya ha llovido!

La queja de Almudena Ariza es cierta. Aunque los medios sí dan noticias, solo profundizan en lo que esto supone en contadas ocasiones. Es el peligro de haber normalizado un comportamiento que algunos irresponsables llaman tradiciones. No hay que confundir las "tradiciones" con las "malas costumbres". Esto no es "diversidad cultural", sino barbarie a secas. Todo lo que hace daño al otro de esta forma selectiva es simplemente malo.

Ahora se condena su voz, su caminar sola, su sola visión en una calle. El mundo (masculino) debe olvidar su existencia pública y doblegarlas en privado. Es un muy mal ejemplo en esa competencia por la virtud que se establece entre países y grupos fundamentalistas.

Con estos escritos llamamos a que no olvidemos a las mujeres afganas y en especial a que acojamos a las que escapan. Hay que ayudar a que existan esas mujeres rebeldes y a que su rebeldía tenga sentido, que obtengan la mejor formación para cuando regresen y tengan que sacar ellas al país de la oscuridad y la ruina. Serán ellas, sin duda, las únicas capaces de hacerlo. Son mujeres como esas atletas que ha participado en los Juegos Olímpicos repudiadas por su propio país y de las que apenas hemos escuchado nada entre tanta fanfarria. ¿Qué ha sido de ellas? Sus medallas son de otro orden.


Tenemos, en cambio, el ejemplo de la deportista afgana descalificada por llevar en su ropa la frase "Free afghan women". No dudo que las reglas sean las reglas, pero estas parten del equívoco principio de que todos son iguales y por ello deben cumplirlas. ¡Feo mensaje sobre lo que es importante se ha mandado al mundo y en especial a las mujeres afganas! Demasiadas razones para ser razonable. No quiero imaginarme cómo se sintió esa mujer que se jugaba la vida por practicar break dance, algo que es solo un divertimento deportivo para el resto del planeta. ¡Triste! Para mí, la actuación por encima de cualquier récord del mundo, la que da sentido al deporte.

¡No olvidemos a las mujeres afganas, no las convirtamos en rutina informativa, en "tradición" cultural o en rareza exótica!  

The Conversation 2023

* "Los talibanes prohíben el sonido de la voz de mujer en público y marcan el hiyab como obligatorio en Afganistán" RTVE.es / EFE 23/08/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240823/talibanes-prohiben-sonido-voz-mujer-publico-marcan-hiyab-como-obligatorio/16225200.shtml

jueves, 15 de agosto de 2024

Los derechos de las mujeres afganas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Lo que ocurre en Afganistán desde que los talibanes volvieron al poder no tiene parangón. Y no puede ser olvidado pese a su "normalización institucional". Oficialmente, en Afganistán lo único que ocurre es que se cumple la "ley de Dios"- Y este dejó dicho a alguien que las mujeres debían ser ignorantes y sumisas. La ignorancia se logra impidiendo su acceso a las escuelas, por lo que hay que mantenerlas alejadas de ellas. La sumisión se logra vigilando y castigando, matando si es necesario. No ha crimen al matar a una mujer insumisa, solo cumplimiento de la "ley de dios". Cada muerte de una mujer insumisa es un paso hacia el paraíso.

Hoy se vuelve por partida doble a abrir la ventana hacia ese país (al que van a hacer turismo y a morir los españoles de 80 años). RTVE.es lo hace mediante la publicación de una carta, bajo nombre falso, que se ha titulado "Mi amado Afganistán, convertido en una prisión a cielo abierto":

En las sombras de un país olvidado, me despierto cada día con el corazón pesado y los ojos húmedos. Soy una mujer afgana, una vez llena de sueños, ahora prisionera en mi propia tierra. Mis manos, que alguna vez sostuvieron libros de literatura española en la Universidad de Kabul, ahora tiemblan al correr las cortinas para mirar furtivamente el mundo exterior.

He intentado escapar tantas veces que he perdido la cuenta. Cada intento es una herida más en mi alma. Recuerdo la última vez: estaba en el aeropuerto de Kabul, con mi pequeña hija en brazos y mi hijo aferrado a mi falda. Podía ver los aviones, tan cerca y a la vez tan inalcanzables. Los gritos, el caos, el miedo palpable en el aire. Un talibán me empujó, mi hijo lloró y, una vez más, la esperanza se desvaneció como humo en el viento.

Desde que los talibanes tomaron el control, mi amado Afganistán se ha convertido en una prisión a cielo abierto. Las calles que una vez resonaban con las risas de las niñas camino a la escuela ahora están silenciosas y sombrías. Mi alma se marchita cada vez que paso frente a la universidad cerrada, recordando mis sueños de una maestría en Literatura Española, ahora tan lejanos como las estrellas.*


La carta desvela el dolor de la pérdida de los sueños ante una realidad inhóspita, cruel e injusta. Es un mundo que no te deja salir y en el que no se puede vivir. Solo cabe refugiarse, olvidadas, bajo los burkas y en el interior de las casas, ese mundo que no es metáfora llamar "prisión", como la autora hace, "prisión a cielo abierto".

Mientras escribo, me llegan a la memoria las imágenes de la gente intentando agarrarse a los fuselajes de los aviones que despegaban, las pistas llenas miles de personas desesperadas intentando huir de la entrada de los talibanes. No fue posible hacerlo peor, con mayor irresponsabilidad. Recuerdo los dramas de los traductores españoles intentando explicar que si se quedaban los mataban los primeros.

Ahora entendemos con toda profundidad aquel drama a la vista del actual, igual de cruento, igual de cruel. Esta vez son las mujeres las víctimas del sistema; las mujeres las que mueren por rebelarse en la única guerra que los talibanes sienten que ganan. Es más fácil reprimir, encerrar, matar mujeres... que enfrentarse a guerras exteriores que saben que perderán.

La carta de la mujer afgana debe ser leída y entendida en lo que representa, en lo que supone para el país. Muchas han logrado salir del esa cárcel bendita, luchan en sus países de destino por sobrevivir y con la memoria del desastre dejado atrás.

Los datos que nos llegan del informe de la ONU-UNESCO sobre el drama educativo, el de la represión escolar son terribles y nos hacen preguntarnos sobre ese destino que ha de llegarles, el de educación cero, la sola voz de "dios" en su versión más misógina, dentro de un discurso que ve todos los problemas del universo en la mujer. Nadie responde de un país obsesionado con la vigilancia y que vive paradójicamente de la caridad del mundo y del cultivo de plantas que acabarán siendo drogas.


En 2023, la BBC escribía: "Afganistán es la capital mundial de la drogadicción. Se calcula que 3,5 millones de personas son adictas, en un país de unos 40 millones de habitantes, según la Oficina Internacional de Estupefacientes y Fuerzas de Seguridad."** El consumo de heroína en las calles es un espectáculo que poco tiene que ver con la promoción turística artificial antes señala, donde unos inexistentes afganos sonríen tendiendo la mano a los incautos turistas que caen en las fantasías generadas para el exterior.

La droga fue un negocio mucho tiempo para financiarse con la producción de opio. Hoy, pese al combate contra la droga, los efectos, como señala la BBC, se siguen notando en las cifras terribles de drogadicción. Luego, el mercado hace de las suyas con los precios que se disparan,

Pero es la educación la que genera la cárcel invisible de las mentes, la producción de incultura, de pasividad, de ocultación de la existencia de un mundo de posibilidades para las mujeres que les aleja de esa masculinidad tóxico-religiosa que les convierte en necesarios carceleros. La vigilancia y represión de las mujeres da sentido a sus inútiles vidas, las barniza de santidad orgullosa. Una mano castiga, la otra se usa para recibir el sustento que la inutilidad no cubre.

El informe de UNESCO es claro y terrible en su exposición de la situación, tal como se recoge de Independent en español: 

El Talibán ha impedido deliberadamente la escolarización de 1,4 millones de niñas afganas mediante sus prohibiciones, dijo una agencia de Naciones Unidas el jueves. Afganistán es el único país del mundo que prohíbe que las mujeres cursen educación secundaria o estudios superiores.

Tras su llegada al poder en 2021, los talibanes vetaron la presencia de niñas en las aulas más allá de primaria porque sostenían que no cumplía con su interpretación de la sharia, o ley islámica. Estas prohibiciones no afectan a los niños y no han dado signos de tomar las medidas necesarias para reabrir las aulas y campus para mujeres y niñas.

Según la UNESCO, al menos 1,4 millones de niñas han sido deliberadamente privadas del acceso a la educación secundaria desde la llegada del grupo al poder, lo que supone un aumento de 300.000 desde su último recuento en abril de 2023, a medida que cada vez más niñas llegan a la edad límite de 12 años.

“Si sumamos las niñas que ya estaban fuera de la escuela antes de que se introdujesen las prohibiciones, ahora hay casi 2,5 millones de niñas en el país privadas de su derecho a la educación, lo que representa el 80% de las niñas afganas en edad escolar", indicó la agencia de la ONU.

No se pudo contactar de inmediato con el Talibán para realizar comentarios.***


No sé si entrarán en el paraíso, pero sí que han convertido el país en un infierno. Algunos están satisfechos por esta transformación, otros se van cuando pueden y las mujeres que se quedan sufren sin límite.

No, no debemos olvidarnos de las mujeres afganas (ni de algún otro lugar), no debemos olvidarnos por mucho que la situación se "normalice". Esto —un escándalo universal— no puede dejar de ser "noticia". 

El tiempo que los talibanes estuvieron alejados del gobierno se generaron expectativas para las mujeres, que empezaron a estudiar, a trabajar, a ser independientes. La salida precipitada y sin garantías para lo que se dejaba atrás ha sido uno de esos hechos que nunca se condenarán bastante por sus efectos desastrosos y su insensibilidad irresponsable. 

No es solo la lucha por el derecho a la educación, a poder salir del círculo cerrado del conocimiento limitado. A este le siguen los derechos al trabajo y a la autonomía. Todos van encadenados en una serie que marca la vida de las mujeres. 

¡No nos olvidemos de las mujeres afganas!

* HILA "Mi amado Afganistán, convertido en una prisión a cielo abierto" RTVE.es 15/08/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240815/amado-afganistan-convertido-prision-a-cielo-abierto/16210757.shtml

** Yalda Hakim "El duro operativo del Talibán para sacar a los drogadictos de las calles" BBC News Mundo  11/04/2023 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-65189933

*** Riazat Butt "El Talibán impidió deliberadamente la escolarización de 1,4 millones de niñas afganas, según UNESCO" Independent en español 15/08/2024 https://www.independentespanol.com/noticias/mundo/asia/el-taliban-impidio-deliberadamente-la-escolarizacion-de-1-4-millones-de-ninas-afganas-segun-unesco-b2596676.html