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lunes, 15 de abril de 2024

La discordancia del velo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Entre las noticias que nos llegan de la "virtuosa" Irán, RTVE.es nos habla de la nueva campaña para la imposición del velo islámico a las mujeres. Podría parecer que frente a la amenaza de una guerra abierta con Israel, que tras enviar 300 drones y misiles de diverso tipo, la noticia del velo es una fruslería, pero evidentemente no lo es.

El control de las mujeres es una cuestión de primer orden para el régimen de los ayatolas, que ve en ellas un desafío y un peligro, ya que son las que manifiestan su rechazo más claro del orden institucional impuesto. Hay una guerra del velo abierta.

En RTVE.es nos explican lo que está ocurriendo: 

La Policía de Irán ha anunciado este sábado que las mujeres que "promueven anomalías sociales como no usar el hiyab" se enfrentarán a acciones legales, en una nueva campaña para reimponer el uso obligatorio del velo islámico, una prenda que muchas mujeres han dejado de usar desde la muerte de Mahsa Amini.

“A partir de hoy, la policía de Teherán y de otras provincias actuará según la petición del pueblo religioso de nuestro país y sus expectativas de la sociedad islámica, y hará frente a las personas que promueven anomalías sociales como no usar el hiyab”, ha anunciado el comandante de la Policía de Teherán, Abbas-Ali Mohammadi. “El pueblo iraní es conocido por ser respetuoso con la ley y solo unas pocas personas ignoran la ley”, ha dicho Mohammadi, según recoge la agencia Mehr.

La Policía iraní ya anunció esta semana que a partir de este sábado "aplicará más seriamente la legislación del hiyab y la castidad en todas las calles y lugares públicos", algo que suele ocurrir con la llegada de la primavera y el aumento de las temperaturas.*


 

El lenguaje empleado y los conceptos manejados son claramente orwellianos y reflejan la naturaleza del régimen iraní. La definición de "pueblo religioso" con el orden positivo y la negación de cualquiera que no siga sus órdenes es una forma totalitaria en su variante religiosa.

En esta variante, las autoridades se muestran como defensoras de una ley previa a las leyes, la divina, de las que se derivan todas las humanas. Ellos "solo" siguen "instrucciones" de más arriba, algo contra lo que oponerse deja de manifiesto toda la "maldad" contra la que hay que seguir luchando para evitar el triunfo del caos.

Este autoritarismo religioso se justifica con el efecto destructivo de dejar pasar aquello que va contra las normas. La norma tiene procedencia divina, es una verdad incontestable, fruto del buen trato que la divinidad dispensa a los "buenos", a ese "pueblo religioso", dispuestos a obedecer, en una misma tacada, a la divinidad y a sus intérpretes sobre la tierra, en este caso los ayatolas.

De esta forma, lo que hacen las autoridades es reprimir en "nombre del pueblo religioso", es un mandato que el mismo pueblo exige y que ellos, los ayatolas, cumplen obedientes.

En el cierre del artículo se señala:

Amnistía Internacional (AI) denunció a principios de marzo que las autoridades iraníes están llevando a cabo una campaña de represión masiva contra mujeres que no usan el velo, con la confiscación de miles de vehículos, penas de cárcel y hasta latigazos.

El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, afirmó a principios de mes que las iraníes deben “obedecer” y cubrirse el cabello con un velo islámico.*

El recrudecimiento de estas medidas represivas nos muestra la forma en que el régimen afronta este desafío, pues de eso se trata en gran medida. Un régimen totalitario de este estilo necesita enemigos, peligros dentro y fuera. La consideración no ya del pueblo iraní, sino del "pueblo religioso" iraní es determinante pues es la obediencia el factor clave. Si el régimen tiene contestación y esta es pública, como ocurre con el velo, la sensación de que se puede disentir se va extendiendo. Y no es eso lo que el régimen iraní se puede permitir. Su poder se basa en el poder absoluto, lo que hace imprescindible la represión de cualquier manifestación que deje en evidencia que no se le respeta. La equiparación se su voluntad con la voluntad divina no es más que una estrategia mediante la cual se obliga a sí mismo a ser represivo en nombre del "pueblo religioso", es decir, del que cumple sus órdenes.

Esta hipocresía circular —debo hacer cumplir mis órdenes porque son de Dios— es la que sustenta estas dictaduras islamistas, formas de teocracia que esconden esas ambiciones de poder absoluto. Lo pagan las mujeres, que deben ser obedientes en todos los órdenes. Así lo quiere la voluntad divina y el varón debe aceptarlo como una "responsabilidad", la de ser "guardián".

El régimen de los ayatolas sabe que de no usar la represión, se podría desmoronar. El control absoluto solo se puede lograr con la fuerza y genera más resistencia. Por eso las mujeres son las que muestran más resistencia y lo hacen visibles. La guerra del velo es eso, una guerra, no cuestión de moda o de frivolidad. Por eso cada mujer que cae bajo sus golpes es reconocida como una víctima de la causa de la libertad frente a la opresión constante.

Los regímenes autoritarios islámicos tienen una obsesiva preocupación por las apariencias. Necesitan hacer creer que lo que se ve es lo que se siente, que es el reflejo del orden. No puede haber discordancias visibles. Y llevar el velo lo es.

Ahora, con el peligro de una guerra abierta con Israel, el régimen no se puede permitir el lujo de que se vea el cabello suelto de las mujeres en las calles. Tiene que aparentar que el "pueblo religioso" es una unidad que respalda sus actos, todos ellos "voluntad divina".

 

* "La Policía iraní lanza una nueva campaña para reimponer el uso obligatorio del velo islámico" RTVE.es/EFE 13/04/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240413/policia-irani-lanza-campana-reimponer-uso-obligatorio-velo-islamico/16058984.shtml

martes, 16 de enero de 2024

El velo y la debilidad iraní

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En un mundo presidido por la propaganda, lo simbólico adquiere una dimensión extra, nada que afecte a las narrativas es intranscendente o trivial. La importancia la determina el foco, la capacidad de generar atención estableciendo comparaciones y equivalencias que no parecen tener lógica. Sin embargo, la tienen en su propia dimensión comunicativa, que es la que finalmente cuenta.

Si ayer teníamos en los medios la noticia de la salida de la cárcel de las dos periodistas iranís que contaron en caso de Mahsa Amini, la joven que fue detenida por llevar mal puesto el velo por la orwelliana Policía de la Virtud del régimen de los ayatolás, hoy los medios no hablan de su nueva detención por haber circulado fotografías en las que no llevan el velo.

Podemos preguntarnos qué extraña jerarquía, en mitad de una guerra, con Irán involucrado en múltiples escenarios lleva a complicarse la vida al régimen, con un caso de este tipo que le ha traído todo tipo de condenas internacionales. La respuesta es que un régimen totalitario, teocrático y represivo no puede permitirse la más mínima grieta porque el más mínimo impacto puede ser el detonante de su cuenta atrás vertiginosa.

En RTVE.es nos dicen sobre este caso y sus consecuencias:

Hamedi fue la primera periodista que informó de la detención de Amini por no llevar bien puesto el velo islámico y su posterior muerte el 16 de septiembre de 2022 y Mohammadi cubrió el entierro de la joven de 22 años, donde comenzaron las protestas que sacudieron el país durante meses. Por ello fueron condenadas en octubre a más de 12 años de prisión. Tras 17 meses, han sido puestas en libertad provisional bajo fianza de de 100 billones de riales (unos 178.000 euros).

Casi un centenar de periodistas y fotógrafos fueron detenidos por realizar su trabajo durante las movilizaciones en Irán, de acuerdo con el Comité para la Protección de Periodistas, de los que 80 informadores han sido puestos en libertad bajo fianza.

La muerte de Amini provocó fuertes protestas que durante meses pidieron el fin de la República Islámica y solo desaparecieron tras una represión que causó 500 muertos, la detención de al menos 22.000 personas y en las que fueron ejecutados ocho manifestantes, uno de ellos en público.

En los últimos meses el Gobierno iraní está tratando de reimponer el uso del velo, con la presencia de patrullas en las calles y un proyecto de ley que endurece los castigos por no cubrirse el cabello, informa Efe.*

 

El valor dado a un caso se mide por las reacciones. Probablemente Mahsa Amini no tenía el deseo de iniciar nada; es probable que llevar el velo mal puesto fuera una cuestión de descuido. Pero la importancia del caso se la dieron los ayatolás que elevaron a trascendente lo que podría haber sido ocasional. Su propia villanía autoritaria sirvió para crear la figura de la mártir y ser un referente para cientos de miles de personas que salieron a la calle para protestar por lo hecho y, como se nos dice, a pedir el fin de la república islámica. De esta forma, el régimen teocrático impone una línea que considera roja, la del velo. Es un nuevo escenario de confrontación. Lo primero que han hecho las periodistas puestas en libertad ha sido desafiarlo y, por ello, han vuelto a la cárcel. Si esperaban cerrar un foco de tensión, han logrado lo contrario.

Por lo mismo, la muerte de Mahsa Amini ha llevado a esas muertes, en las calles o ajusticiado, haciendo crecer la respuesta por la represión y aumentando el grado de contestación, tanto en público como en privado. Cada intento de mostrar su fuerza, solo muestra el miedo a que perciban su debilidad.

El régimen iraní se mantiene por la represión, como ocurre con otros regímenes totalitarios islámicos, en donde la religión es manipulada para mantener el poder y el control por la fuerza. Como fuerza teocrática, cualquier disidencia o discrepancia se eleva al nivel de la herejía y debe ser erradicada. La violencia se justifica en el nombre de Dios y se aplica sin piedad, como una acción ordenada, necesaria, como glorificación de su nombre.

Hemos especulado en otras ocasiones sobre si todo este furor iraní activando sus grupos repartidos por Oriente medio no sería una forma de tapar su propia debilidad interna. El caso de Mahsa Amini es una negación simbólica del régimen, de algo aparentemente tan sencillo como imponer el uso del velo a las mujeres. Desde esta perspectiva teocrática, sería algo sencillo, algo doméstico, algo que los propios varones de las familias deberían vigilar y hacer cumplir. Pero esa rebeldía, ese incumplir la norma solo por ser "norma" del poder, se ve como un desafío. Se empieza poniéndose mal el velo y se acaba derrocando al régimen. Todo forma parte de esa dimensión simbólica que equipara gestos y acciones de todo tipo. El velo es la punta del iceberg de la rebelión.


La represión como forma del poder no puede permitirse el lujo de perder desafíos porque sabe que el poder absoluto necesita de la obediencia absoluta, por lo que eleva cualquier manifestación o desobediencia al rango de terrorismo o, peor, de forma de anarquía. Llevar mal el velo es sencillamente inadmisible por lo que tiene de desafío público de las normas.

La cadena de acontecimientos que están produciéndose en la zona tiene muchas causas y una de ellas, no la menos importante, es la resistencia interna iraní, que el régimen de los ayatolás considera peligrosa por la causa capital, la falta de reconocimiento de su autoridad, que ellos fundan en lo divino. En su mentalidad, no hay pieza que pueda ir por libre, que no deba estar regulada. El mundo del fanatismo islámico no admite un mundo que no esté absolutamente ordenado. El desorden es desobediencia y viceversa.

Además, como ya sabía, el desorden comienza con una mujer, las nuevas evas, aquellas que deben ser controladas porque son las que no admiten el orden existente, marcado por lo varones, obedientes siervos de Dios.

Irán está moviendo todas sus piezas en el extranjero. Contesta así a la amenaza que ve en el apoyo exterior a las mujeres del interior, a las desobedientes. En un mundo de comunicaciones globales, ya no queda el recurso del cierre, del aislamiento. Este necesita de un aumento de la represión, de la violencia. Nilufar Hamedi y Elahe Mohammadi, las dos periodistas detenidas de nuevo, pagan su osadía, su desafío.


Me vienen a la memoria las páginas de la obra "Leer Lolita en Teherán", de Azar Nafisi, un elocuente testimonio de esa rebeldía en la sombra para poder acceder a los que los ayatolás prohibían, el acceso de las mujeres a la cultura, representada por las clases clandestinas de Literatura. En un régimen teocrático todo lo que no está escrito está prohibido, especialmente los textos mundanos. El mundo se va reduciendo hasta adquirir las dimensiones marcadas por los intérpretes de la divinidad.

Leer la Lolita de Nabokov, no llevar el velo o llevarlo con descuido, etc. son desafíos, formas que simbolizan la inadmisible resistencia. El régimen autoritario islámico no se lo puede permitir y se lanza a una guerra en la que trata de manifestar su fuerza amenazando al mundo, como acaban de hacer los hutíes en comunicado público. Ellos solo cumplen la voluntad de Dios y no pararán hasta destruir todo lo que se le opone. En esta dimensión simbólica, todo se corresponde, todo es equiparable por su condición de desafío, de herejía. Y debe ser destruido. 

Nuestra solidaridad absoluta con las dos periodistas iraníes encarceladas.

* "Denuncian por no usar el velo a las dos periodistas iraníes que desvelaron la muerte de Masha Amini" RTVE.es / Agencias 15/01/2022 https://www.rtve.es/noticias/20240115/velo-periodistas-masha-amini-iran/15916413.shtml

lunes, 26 de septiembre de 2022

No es fácil controlar lo imprevisible

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Podemos saber mucho, pero nunca todo. Ya nos lo advertía el filósofo y sociólogo Edgar Morin al hablar de la "complejidad". Podemos ver una parte de las conexiones, las interacciones, los azares, etc. pero nunca todo. Ese poco (o mucho) que nos falta es lo que hace que las decisiones que tomamos supongan siempre el riesgo de lo incontrolado.

¿Podía saber Putin los efectos de la movilización masiva y la huida de los varones para evitar ser incorporados a filas y, tras dos semanas de entrenamientos, ser envidaos al frente? Es poco probable. Nos dicen que los militares están preocupados por su creciente intromisión en las decisiones bélicas. ¿Acelerarán el desastre? Puede ser.

¿Sabe Putin los efectos que tienen las destituciones y detenciones de altos jefes militares como responsables del desastre en Ucrania? No es probable. Quizá piensa que esas decisiones corregirán la situación. Pero puede que, por el contrario, aumente el desastre y acelere su propia caída.

¿Sabían los ayatolas lo que podía desencadenar la represión por las protestas por la muerte de la joven Mahsa Amini? ¿Contaban con esos más de cuarenta muertos reconocidos oficialmente? Con el crecimiento de las protestas, ¿saben los efectos de la represión? Es poco probable que puedan calcularlas para tomar nuevas decisiones que no acrecienten las protestas. Los que creen que tienen a Dios de su lado no suelen hacer muchos cálculos; creen que ganarán siempre. Es una especie de promesa.

En RTVE.es leemos sobre el caso iraní:

El presidente iraní, Ebrahim Raisí, ha pedido actuar de forma “decisiva" contra los que se oponen a la seguridad y tranquilidad del país" y pidió que se "separe la protesta y la perturbación del orden público".

El Gobierno del ultraconservador Raisí ha aumentado en los últimos meses la presión para que las mujeres cumplan con las estrictas reglas de vestimenta y usen bien el velo, obligatorio desde la revolución de 1979 liderada por el ayatolá Ruholá Jomeiní.

Entre las medias para atajar las protestas se encuentran la cancelación de las clases presenciales en las Universidades de Teherán, la detención de periodistas y las restricciones de internet.

Las redes móviles están siendo cortadas por las tardes y noches para controlar las protestas, mientras que el internet fijo se encuentra muy ralentizado.

La muerte de Amini ha logrado galvanizar a miles de iraníes a través del dolor y la empatía, a diferencia de otras ocasiones en las que las manifestaciones se redujeron a fragmentados grupos sociales movilizados por asuntos relaciones con la economía.*


Recordemos que el comienzo de la llamada Primavera Árabe se dio en Túnez con el incidente de la muerte de un joven tendero después de que la Policía derribara su puesto callejero. Un pequeño incidente que sabemos cómo comienza desconocemos cómo termina. Las dictaduras confían demasiado en sus fuerzas. Hasta el día en que calculan mal y comienza la caída. Siempre sobreestiman sus poderes y la debilidad del pueblo al que oprimen. Pero siempre hay sorpresas, siempre hay partes que desconocen y se llevan sorpresas.

El gobierno de Irán ha llamado a los embajadores de varios países, entre ellos Reino Unido y Noruega, para decirles que no les gusta cómo están tratando el caso de la muerte de Amini. No creo que les preocupe mucho la opinión del gobierno de los ayatolás. Más bien sucederá al contrario. Serán un incentivo saber que les molestan las manifestaciones. A la gente le gusta prodigarse en aquello que saben que molesta a los dictadores.

El régimen de los ayatolas es una dictadura que quiere controlar todo dentro y le molesta no poder hacerlo fuera. Lo que ocurre en Irán es percibido exteriormente como una asociación con lo que ocurre en Afganistán con las mujeres y la imposición del velo. Las protestas se conectan en las mentes cuando tienen las mismas raíces, en este caso las de la intolerancia religiosa. Irán trataba de evitar que las protestas en Afganistán se instalaran en el país recrudeciendo la vigilancia, pero lo que ha conseguido es lo contrario.

Los varios meses que llevan pendientes del velo, según nos dice la información, solo ha conseguido acelerar lo que trataban de evitar, que la gente los queme. Es un ejemplo de cómo ocurre lo que quieres evitar a toda costa.


No es fácil tener una visión amplia de las cosas y menos desde una dictadura en que se da por descontado que el poder se va a tener siempre. Y es ahí donde suelen producirse los errores.

Irán tendrá que recurrir a más medidas de control. Tras clausurar las universidades, echar el cierre a las comunicaciones, aumentar la violencia callejera, lanzar manifestaciones a su favor, etc. se reduce su margen de maniobra. Lo que haga irá a peor.

Lo importante ahora es detectar el punto de no retorno, el punto en el que las medidas crean reacciones superiores a la que pueden contrarrestar. La gente que se ha echado indignada a las calles no se calmará con cualquier cosa. El régimen solo puede ofrecer más dogmatismo, que es lo único que tiene.

No deja de ser interesante que el conflicto en Irán (como el de Afganistán) tenga su centro en la cuestión del velo. Se diga lo que se diga, su imposición no es "costumbre", sino un acto de fuerza para evitar que las mujeres puedan ser ellas mismas y no el resultado de una acción forzada. No ganarán porque es ir contra la historia y el propio progreso de las mujeres.

Miles de mujeres de todo el mundo, muchas de ellas iraníes exiliadas, se cortan el pelo en público y queman velos, el símbolo de la represión de las mujeres y del poder concedido a los hombres para dominarlas. Muchos hombres se rapan la cabeza en señal solidaria. Cada detención, cada muerte, es energía para el conjunto. 

Mucho me temo que esto solo está empezando. No será fácil controlarlo. 

* "Las protestas en Irán por la muerte de Mahsa Amini suman ya 41 muertos, según la televisión estatal" RTVE.es 25/09/2022 https://www.rtve.es/noticias/20220925/iran-protestas-muerte-mahsa-amini/2403600.shtml