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miércoles, 14 de febrero de 2024

Ver o no ver, el mundo como espectáculo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Creo que se está dividiendo el mundo en dos grandes partes, los que lo viven como problema y los que lo ven como espectáculo. Los primeros ven el mundo como algo imperfecto que nos hace vivir entre inquietudes y alegrías, entre soluciones y fracasos, como una montaña por escalar que nos ofrece la posibilidad de cambio en alguna dirección. Los segundos, en cambio, parten de un aburrimiento profundo del que solo les saca algo especial, algo que les rompe la monotonía, el ritmo aburrido de la vida.

Cuando vi por primera vez el vídeo del ataque a los guardias civiles por parte de los narcotraficantes las imágenes captaron mi atención y apenas vi nada más intentando darles un sentido. Conforme las imágenes se fueron repitiendo, los demás sentidos se abrían y fui percibiendo el sonido, al que pronto di forma. Eran voces jaleando la acción criminal. Pensé que eran figuraciones, un mal entendido, una falsa apreciación. Pero, con cada escucha, las voces se hacían más claras, su júbilo ante la acción criminal se convertía en obvio y no podía dejar de ser escuchado.

Esto se ha convertido en un anexo al asesinato, un coro que jalea al delincuente. En RTVE.es se nos explica reduciéndolo a la frialdad de la jerga jurídica:

La Fiscalía de Andalucía ha abierto un expediente para investigar los gritos de apoyo a los narcotraficantes de Barbate que el pasado viernes asesinaron a dos guardias civiles mientras una narcolancha embestía a otra de la Benemérita.

En un comunicado, la Fiscalía explica que el expediente gubernativo se inicia por considerar que concurren motivos que lo aconsejan y justifican, tras el informe presentado por la Unidad de Policía Judicial Adscrita a la Fiscalía de la comunidad de Andalucía en el que se analizan frases, mensajes y expresiones que acompañan a los vídeos subidos a las redes sociales.

La fiscal superior señala en el escrito que el informe pone de manifiesto unos hechos ya narrados en los que aparecen expresiones “con apariencia delictiva que atentan contra el honor, la seguridad física, además de afectar a otros bienes jurídicos”.*


La jerga no logra hacer desaparecer los hechos en sí: el asesinato como espectáculo. El hecho mismo de las grabaciones pasa a ser cuestionado: ¿denuncia o espectáculo? ¿Qué horror o qué divertido?

Cada vez avanza más el sentido del espectáculo. En un mundo de teléfonos y pantallas, la vida se convierte en la aburrida espera a que algo "grabable y difundible" llegue a ella y te saque el del anonimato a base de millones de personas que marcan "likes" y lo difunden. ¿Ver o no ver?, es la nueva cuestión en la apática sociedad del espectáculo. Solo de estos estímulos se saca la energía vital de la que millones de personas extraerán la energía necesaria para salir del letargo. Es ese momento en el que la vida fluye porque lo que presencias sorprenderá a otros. Puede ser una caída de alguien, una monería de tu perro o el laborioso espectáculo de poner una imaginativa coreografía al éxito del momento. Son instantes que solo vales si, desde esa nueva perspectiva fáustica le pedimos al instante que se detenga y se almacene en la tarjeta de nuestro móvil para ser posteriormente compartida.

El deseo de ofrecer espectáculo, de mostrar a otros lo que no han visto, supone esos momentos en que el zombi social sale de su letargo. Mira y comparte; luego comenta: ¡qué guay! No suele haber muchas más palabras. Solo esa expresión que resume gran parte del pensamiento estético de esta sociedad del espectáculo redistribuible, del maná cutre que alimenta la ignorancia y nos permite vivir de vídeo en vídeo.

No hay mucho más. Los debates sobre los móviles, sobre sus efectos, etc. están sobre la mesa, pero no se cuestiona el fondo y, sobre todo, no se distingue qué es efecto y qué es causa. Necesitamos ver retratada esta parte de la humanidad, necesitamos que novelistas, escritores teatrales, directores de cine nos ofrezcan, como en anteriores generaciones, los retratos críticos de esta nuevas formas morales. Necesitamos un Gide (El inmoralista), un Moravia (El conformista 1951), grandes novelistas que ahonden en el nueva falta de moral o, si lo prefieren, esta extraña moral que exclama "¡qué guay!" ante una guerra, un asesinato o cualquier otro suceso trágico o que debería sacudir las conciencias. Lo necesitamos con urgencia. Es función del arte mostrarnos en ese espejo que no es necesariamente realista en la superficie, pero sí en el fondo. Necesitamos esas visiones que nos hagan enfrentarnos a nosotros mismos antes de que sea demasiado tarde y esta sociedad "Jeckyll & Hyde" pierda el sentido de su propia identidad confundiendo la realidad con unas fantasías navegables. 


* "La Fiscalía investigará los gritos de apoyo a los narcotraficantes de Barbate que asesinaron a dos guardias civiles" RTVE.es 13/02/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240213/fiscalia-andalucia-investigara-gritos-apoyo-a-narcotraficantes-barbate-asesinaron-a-dos-guardias-civiles/15968867.shtml

sábado, 10 de julio de 2021

150 metros de indiferencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Las imágenes del asesinato a golpes, recorriendo más de 150 metros, en La Coruña son terroríficas por varios motivos. El primero es la brutalidad, sí, pero esos círculos que nos focalizan en la pelea nos ocultan lo que podemos ver también con la objetividad de las cámaras: la indiferencia de muchos ante lo que estaba ocurriendo.

En la web de Antena3 podemos leer:

 

Eran las 3:00 horas de la madrugada del pasado sábado 3 de julio, en las imágenes se aprecia como Samuel está ya en el exterior de un local de ocio situado en primera línea de playa en A Coruña. En ese momento el primer agresor se acerca a los jóvenes y comienza la paliza. Con la información que ha transcendido sabemos que en este momento es cuando el presunto agresor le dice a Samuel: "Para de grabarnos si no quieres que te mate, maricón", a lo que Samuel respondió: "Maricón de qué". 

La investigación tiene como vía principal que los agresores pensaron que la víctima los estaba grabando cuando en realidad estaba realizando una videollamada. A continuación de este primer episodio de golpes las imágenes muestran como un joven senegalés sale en ayuda de Samuel. Se llama Ibra Shakur y las amigas de Samu aseguran que "fue la única persona que ayudó" al joven coruñés.*

 


El debate, tras la semana del "orgullo gay", se ha centrado en la cuestión de si se trata de un crimen homófobo, que parece importar más a algunos que el propio crimen en sí, lo que no deja de ser desconcertante en una sociedad que ha sido incapaz de reaccionar ante lo que ocurría, en esos 150 metros de persecución y violencia, pero luego se cuida mucho de seleccionar los motivos por los que se manifiesta y moviliza. Cada uno que lo interprete como quiera, que piense ante lo que vea en esas imágenes en donde las peleas no parecen alterar a nadie y menos movilizarlos para evitarlo. La pregunta sobre si el crimen fue homófobo o no oculta la gran pregunta previa, ¿se pudo haber evitado?, la que nadie quiere hacerse. Es la pregunta sobre si algunos de los ahora horrorizados fue capaz de tratar, al menos, de evitar un crimen que no se produjo en un callejón oscuro, en un rincón apartado, sin a lo largo de una vía pública, durante un recorrido de esos 150 metros en los que fue golpeado hasta dejarle en un estado que hizo imposible su vida.

Los que se escandalizan por el asesinato colectivo deberían hacerlo también por los 150 metros de indiferencia que reflejan. Hoy escuchamos a muchos testigos que nos dan pelos y señales de lo ocurrido, de cómo escucharon los gritos, la voz de esa mujer diciendo "¡Dadle más fuerte!", según nos cuentan los medios. Pero no tenemos noticias de que alguien dijera "¡parad!" con la excepción de ese inmigrante senegalés, llamado Ibra Shakur.



Hace ya algunos años que tenemos ejemplos de personas inmigrantes interviniendo para realizar algo que los que miran no hacen. A veces sacan antes el móvil para grabarlo que se lanzan a intentar intervenir.

Están siendo frecuentes los casos en los que el primero en lanzarse al agua a salvar a una niña es un inmigrante, en que, como en este caso, el único en intentar ayudar al que es atacado es alguien de lejos, menos inserto en esta cultura de la indiferencia y del selfie en la que nos estamos encastillando y que tiene unas consecuencias graves para una sociedad enferma, sin duda, como es la nuestra.

En mayo de 2018, el diario El País hablaba del "Spiderman sin papeles", de Mamadou Gassama, un joven inmigrante sin papeles que escaló la fachada de un edificio en Francia, jugándose la vida, para rescatar a un niño de cuatro años que se encontraba en peligro colgando en un balcón. Escaló cuatro pisos de la fachada hasta llegar a él.

The New York Times titulaba sobre este hecho "Escaló un edificio para salvar a un niño; ahora recibirá el estatus legal en Francia" y nos explicaban:

 

El hombre, Mamoudou Gassama, de 22 años, es un inmigrante de Mali, una antigua colonia francesa al noroeste de África, quien dijo que había viajado a través de Burkina Faso, Níger y Libia antes de hacer el peligroso cruce por el Mediterráneo hacia Italia, para luego llegar a Francia en septiembre, sin documentos.

El 28 de mayo, después de su rescate heroico, Gassama se reunió con el presidente de Francia, Emmanuel Macron. Ahora, el joven obtendrá los documentos necesarios para vivir de manera legal en Francia.

“Le dije que en reconocimiento a su heroico acto tendría sus papeles en orden tan pronto como sea posible”, expresó Macron mediante una publicación en Facebook, después de haberse reunido con Gassama en el Palacio del Elíseo, en París.**

 


Quizá el haberse jugado la vida tantas veces hasta llegar a Francia le sirvió a Mamadou más humano, pensar menos en él y más en el niño que estaba en peligro. Francia, como vemos, reconoció su valor y fue recibido por su presidente.

Pero los comportamientos no son iguales en todos los sitios, es decir, no se valoran las mismas cosas, incluida la vida de los demás. Está claro que es difícil sacarnos de nosotros mismos, que no hay mucha solidaridad.

El diario El Independiente nos cuenta un caso en España donde un joven inmigrante llegado desde Senegal ha salvado a dos personas, en diferentes momentos, lanzándose al agua con riesgo igual para su vida. El titular "Mouhammad, el héroe senegalés 'sin papeles' que salva vidas en la ría de Bilbao" nos lleva a su caso y nos explican allí:

Abandonar Dakar, su mar, su pesca, su familia, sólo fue el primer paso. El más duro para el corazón. El que pondría a prueba su fortaleza física vendría después. Los dos metros exactos de altura de Mouhammad no pasarían desapercibidos en su ruta. Primero, Mauritania, donde pasó un año. Después, ocho meses en Marruecos. Fue allí donde las mafias le ofrecieron una plaza en una patera. También donde le robaron parte de sus ahorros. Donde el primer intento falló y donde dejaría atrás África para tocar la costa de Tarifa a bordo de una patera el 16 de noviembre de 2016.

Acababa de comenzar la nueva vida de Mouhammad Fadal Diouf. Aún no lo sabía pero su destreza en el mar aún sería puesta a prueba… dos veces. Ocurriría sólo cuatro años y medio más tarde, lejos de Tarifa, en Bilbao. La última, este lunes. La anterior, el 24 de septiembre de 2020, lo recuerda bien.

Ocurrió casi del mismo modo, mientras se encontraba con sus amigos en el muelle de Marzana de Bilbao, junto a la Ría. El lunes por la tarde, entre conversaciones y risas con un amigo, vio cómo un hombre se apoyaba en el puente que cruza ambos márgenes, en pleno corazón del Casco Viejo de la capital vizcaína. De pronto, aquel hombre, de 72 años, se mareó, perdió la consciencia y cayó al agua, desvanecido. Mouhammad reaccionó rápido. Se despojó de la mochila que portaba y saltó sin dudarlo al ver el cuerpo de aquel hombre boca abajo, ahogándose. “Lo vi de espaldas, con su cara bajo el agua, no podía respirar. Salté, le puse la mano en el cuello para levantarlo y la otra en la espalda para intentar empujarlo hacia uno de los márgenes».***



De nuevo, vidas duras y generosidad del que tiene poco más que su propia vida arriesgándola por los demás. Su fama, nos dicen, enorgullece a su familia y amigos en su tierra. Aquí es ya uno más, un sin papeles, noticia mediática hasta que lleguen noticias que la sustituyan.

Ha habido más casos en los que los inmigrantes son los que dan un paso al frente y muestran valor arriesgándose por personas sin mirar el color o cualquier otra circunstancia que estamos valorando cada día en el momento de salir a protestar. En Francia les recibe el presidente; aquí... ¿Hay miedo a proponerlos como ejemplares? ¿Prefieren nuestros políticos seguir adulándonos con ser los "mejores" y encubren nuestra realidad, nuestro deterioro? Hay mucha gente buena, sí; pero muchos se contentan con parecerlo.



Pero quiero traer un caso que nos ha soliviantado a todos, un caso a la inversa. Me refiero al caso de la cooperante de Cruz Roja que tuvo la "osadía" de abrazar y servir de desahogo del inmigrante que salía de las aguas en Ceuta. Los ataques, insultos y hasta amenazas, machistas y racistas, que recibió movilizó la solidaridad de muchos, pero no oculta la frialdad, la maldad existente en parte de nuestra sociedad, que se ha vuelto de una dureza realmente lamentable y, a la vez, de una parcialidad escandalosa. Cada vez, por decirlo así, nos movilizamos sobre resortes muy específicos.



La misma sociedad que quiere ver un crimen homófobo es incapaz de socorrer a una persona que durante 150 metros, en plena vía pública, delante de todos, es perseguido, golpeado hasta causarle la muerte. Del "¡no te metas!" pasamos a gritar en la calle agarrándonos a las causas que nos parecen más o menos pertinentes. Pero estamos perdiendo, en el detalle, la causa general la de la humanidad con los demás, la de no mirar color, religión, orientación o cualquier otra circunstancia para socorrer a alguien.

Es lo que hizo Mamoudou Gassama, con unos 22 años muy diferentes a los que han vivido los otros que le rodeaban y que nos cuentan ahora lo que vieron como testigos, contentos de colaborar con la Justicia para que ese crimen tan horrible, que sucedió ante sus ojos, sea castigado como debe.

Sé que algunos amigos de Samuel le han dado las gracias por ser el único que se lanzó a tratar de evitar que aquellos energúmenos, dos de ellos menores, otros hasta 25, los detenidos por el momento, mataran a una persona que ahora preocupa a tantos.

Creo que el caso no debería tapar la poca sensibilidad moral que demuestra, la indiferencia que refleja y, ¿por qué no? mucha cobardía. Mamoudou Gassama mostro mucha más solidaridad que todos aquellos que vieron la paliza juntos, pero tenían cosas más importantes que hacer. Quizá porque valoraba la vida más que otros, arriesgó la suya por alguien a quien no conocía. Solo sabía que necesitaba ayuda.

Con posterioridad a la II Guerra Mundial muchos artistas y filósofos, de Camus y Moravia a Hannah Arendt, empezaron a preguntarse por el fenómeno de la "indiferencia", que pasó a considerarse una enfermedad moral. Creo que estamos empezando a necesitar releer a los clásicos o a denunciar la apatía frente al mal, que consentimos. hay que volver a escribir libros, hacer películas que nos hablen de nosotros mismos, que no nos adulen, que nos pongan el espejo a lo largo del camino, que es la vida. Demasiados gestos y poca acción, mucho grito y pocos actos que eviten tener que lamentarse después.



Solo sé que si un día caigo a un río, se incendia mi casa o me ataca alguna "manada" simplemente porque sí, prefiero tener cerca a alguien que sepa lo que vale la vida, a ese inmigrante que tantos desprecian. 

No deja de ser interesante que en estos tiempos de pandemia no nos falte tiempo para arriesgar nuestras vidas y las de los demás en un botellón, pero luego seamos incapaces de arriesgarnos a ayudar a los demás, a acercarnos a ellos. 

No es casual que sean los inmigrantes los que nos dejan en evidencia. Esos 150 metros de indiferencia nos lo muestra.

* Miriam Vázquez Vázquez "El vídeo de las cámaras de seguridad del asesinato de Samuel que muestra cómo una turba lo lincha hasta matarlo" Antena3 9/07/2021  https://www.antena3.com/noticias/sociedad/video-camaras-seguridad-asesinato-samuel-que-muestra-como-turba-lincha-matarlo_2021070960e82bcca84b480001187048.html

** Aurélien Breeden y Alan Cowell "Escaló un edificio para salvar a un niño; ahora recibirá el estatus legal en Francia" The New York Times 29/05/2018 https://www.nytimes.com/es/2018/05/29/espanol/spiderman-paris-rescate-heroe.html

*** Mikel Segovia "Mouhammad, el héroe senegalés 'sin papeles' que salva vidas en la ría de Bilbao" El Independiente 22/06/2021 https://www.elindependiente.com/espana/2021/06/22/mouhammad-el-heroe-senegales-sin-papeles-que-salva-vidas-en-la-ria-de-bilbao/





lunes, 14 de enero de 2019

El móvil

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hace algún tiempo, escribimos aquí sobre el despropósito de la gentes que se hacía fotos en los lugares de los suicidas. Los suicidas, a su vez, elegía sitios con imagen, me imagino que para dejar un buen recuerdo a los suyos o por disfrutar de sus últimos momentos. ¡Vaya a saber qué se le pasa por la cabeza a un suicida en el último momento!
Me he acordado de aquellos turistas haciéndose una foto mientras al fondo, en el cable del puente una persona estaba a punto de lanzarse al vacío. Por supuesto, incluso en estas ocasiones hay que poner morritos en el selfie. ¡Qué se le va a hacer, los descerebrados son así!
La edición digital del país dedica su lugar de preferencia  a la información sobre la terrible explosión de una panadería en París que se ha llevado por delante la manzana, dejando cuatro muertos, entre ellos mujer española que había ido con su marido a disfrutar unos días. Estaba vistiéndose junto a la ventana, nos cuentan, cuando la explosión en la acera de enfrente arrancó el marco y se la llevó por delante.
El padre de la fallecida se enfrenta ahora al dolor, al sinsentido de la vida y a algo más. Cuenta la odisea de su yerno, con el cuerpo de su hija:

Al ver a su mujer, empezó a gritar por la ventana "ayuda, ayuda". Desesperado, la cogió en brazos y tiró escaleras abajo pidiendo auxilio, pero nadie acudió. "Todo el mundo estaba con los móviles grabando y nadie les socorrió, hasta que a mi yerno se la quitó de los brazos un bombero, que le hizo un masaje cardiaco hasta que llegó la ambulancia". La trasladaron al Hospital Universitario de París, donde se certificó su muerte horas después.*


Podemos aceptar el destino en cualquiera de sus formulaciones; podemos sobreponernos a la idea terrible de que la vida es solo un hilo que depende de unos segundos o unos centímetros. Son esas medidas las que se utilizan, no son necesarias más. Pero lo que nos resulta inaceptable es la estupidez humana.
El hecho de de que nadie les socorriera porque todo el mundo estaba grabando con los móviles sacude los nervios y nos irrita profundamente. Lo que decíamos de los selfies junto a los suicidas no llega a este grado de estupidez de dejar de socorrer a las personas que lo necesitan porque los estás grabando.
Deberíamos reflexionar sobre el papel que el teléfono móvil —llamado "inteligente"— está jugando en nuestras vidas. Pero para eso deberíamos dejar de ser idiotas, algo que es cada día más difícil.
El móvil se está convirtiendo en un objeto irreflexivo, algo a cuyo servicio nos encontramos sin poder pensar lo que hacemos. Cada vez se ven niños más pequeños con teléfonos sofisticados. El "smartphone" es muchas cosas —ordenador, redes sociales, teléfono, cámara fotográfica, de vídeo... Cada vez tiene más funciones. Nos permite controlar otros dispositivos desde él y no hay día que no aparezca una función nueva. Cualquier cosa menos hacernos más sensato.
El uso de los teléfonos inteligentes en las escuelas ha dado lugar a nuevas formas de acoso. Las grabaciones pueden destruir las vidas de las personas con solo colgarlas en las redes sociales. El teléfono es un arma muy poderosa para dejarla en manos de idiotas y hay muchos idiotas sueltos.


Lo ocurrido en París es una enfermedad. Una explosión puede ser cosa de eso que llamamos destino, nombre que le damos al absurdo. Pero el comportamiento humano aquí solo es explicable desde la falta de sentido común y humanidad.
No reflexionamos suficientemente sobre lo que la gente hace con los teléfonos móviles. Quizá sea porque tengamos miedo a que alguien proponga que nos  quiten el juguete.
Un dispositivo con enormes posibilidades creativas se convierte en un arma siniestra en manos de personas que son incapaces de ver y necesitan grabarlo. Mucha de la violencia sexual que hay hoy en día proviene de la perversión de la mirada que ha introducido el teléfono móvil. El erotismo perverso de la fotografía se ha transformado en una enfermedad social en la que el disfrute no proviene de la acción sino de la exhibición. Se viola para grabarlo.

Las personas que no atendían a los heridos sino que se dedicaban a grabar su dolor, la destrucción son enfermos. Pero cuando una enfermedad moral, como es esta, está muy extendida, la sociedad mira para otro lado. Los mismos medios de comunicación animan a que les envíen fotos y vídeos tomados en las calles, las carreteras, en cualquier lugar en el que haya un dolor expuesto, la muerte.
Hay una magnífica película, Nightcrawler (2014) que muestra esta patología del morbo de las imágenes, la necesidad de captar en las calles la muerte para ofrecerla después a una sociedad que se alimenta de ellas.
La acusación de que nadie les ayudaba no se refiere a una persona u otra. Solo el bombero les ayudó, pero ya era tarde. Todos estaban tratando de inmortalizar su estupidez e inhumanidad. No sé muy bien cuál es la gloria que se consigue, porque se me escapa. Pero sí veo cada vez más personas que son poseídos por esa furia captadora, esa rivalidad patológica por obtener la imagen que puedas enseñar a los otros. Tú estabas allí, tienes la prueba.
Teléfonos, cámaras fotográficas y de vídeo... han desatado una epidemia para la captación de las imágenes, que han pasado a ser superiores a lo que desaparece. El mundo cambia, la imagen permanece, de ahí su superioridad. Pero esto es patológico.
Estamos incurriendo en una serie de vicios que nadie corrige ni apenas se denuncian. Lo que ocurre cada día con las redes sociales o con los móviles es una consecuencia de la extensión de posibilidades sin una formación o educación en ello. El infantilismo creciente es el resultado de esta falta de reflexión que impide el uso maduro de lo que hemos creado. Nuestra sociedad va demasiado rápido, es el shock del futuro de Toffler: la velocidad nos impide pensar lo que hacemos y todo es siempre demasiado tarde.
Evidentemente, no es el móvil en sí el problema, sino las relaciones que establecemos con las cosas, su uso. Es una herramienta con posibilidades inmensas de actuación de las que muchas veces elegimos las peores. El caso de París sirve para ver esa faceta negativa de parálisis, de pérdida de la jerarquía de los valores, de pérdida de sentido de la realidad.
Esto sigue creciendo y creciendo sin rumbo, solo con beneficios. 


* "El padre de Laura Sanz: “La gente estaba grabándolo todo con sus móviles y nadie les ayudaba”" El País 14/01/2019 https://elpais.com/politica/2019/01/13/actualidad/1547395445_305972.html

sábado, 31 de marzo de 2018

La fea verdad


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Un nuevo "escándalo" lleva a Facebook al punto de mira mediático. Entrecomillo "escándalo" porque no acabo de entender dónde se encuentra este, en qué ámbito se produce realmente. Entiendo perfectamente lo ocurrido con Cambridge Analytica y uso indebido de datos para usarlos en las campañas del Brexit y en las presidenciales norteamericanas. No entiendo, en cambio, la respuesta a lo ocurrido con la filtración del memorándum de Andrew Bosworth, fechado el 18 de junio de 2016.
La CNBC titula "Facebook exec in 2016 internal memo defends 'ugly' growth tactics, even if people use platform for evil" y describe así lo ocurrido:

Facebook executive Andrew "Boz" Bosworth defended the company's "questionable" growth tactics in a internal memo obtained by BuzzFeed that circulated among employees in 2016, writing that "all the work we do in growth is justified" in order to connect more people.
Called "The Ugly," the memo also stated that "anything that allows us to connect more people more often is de facto good," even if people use that platform for bad outcomes, like bullying or planning a terrorist attack.
Bosworth has since clarified that he didn't believe what he was writing at the time, suggesting that he was playing devil's advocate.*


¿Dónde está la sorpresa? ¿En qué los ejecutivos de Facebook conocían el peligro del agrupamiento a cualquier precio como fuente de su negocio? El negocio de cualquier red social es favorecer (hasta forzar) el mayor número de relaciones posibles entre sus usuarios. El negocio está en la interacción, en forzarla para descubrir el entramado hasta en sus más íntimos lazos. De la interacción surge la demanda y la demanda precisa es la ambición del vendedor. La red en sí es un gigantesco test social que busca penetrar en nosotros por lo que hacemos o mostramos.
¿La "fea verdad" es que anteponía el beneficio propio al beneficio ajeno? No hemos caído en que nosotros somos las vacas productoras de datos. Lo que se haga después no es cosa suya.
BuzzFeed News señala:

On June 18, 2016, one of Facebook CEO Mark Zuckerberg’s most trusted lieutenants circulated an extraordinary memo weighing the costs of the company’s relentless quest for growth.
“We connect people. Period. That’s why all the work we do in growth is justified. All the questionable contact importing practices. All the subtle language that helps people stay searchable by friends. All of the work we do to bring more communication in. The work we will likely have to do in China some day. All of it,” VP Andrew “Boz” Bosworth wrote.
“So we connect more people,” he wrote in another section of the memo. “That can be bad if they make it negative. Maybe it costs someone a life by exposing someone to bullies.
“Maybe someone dies in a terrorist attack coordinated on our tools.”
The explosive internal memo is titled “The Ugly,” and has not been previously circulated outside the Silicon Valley social media giant.
The Bosworth memo reveals the extent to which Facebook’s leadership understood the physical and social risks the platform’s products carried — even as the company downplayed those risks in public. It suggests that senior executives had deep qualms about conduct that they are now seeking to defend. And as the company reels amid a scandal over improper outside data collection on its users, the memo shows that one senior executive — one of Zuckerberg’s longest-serving deputies — prioritized all-encompassing growth over all else, a view that has led to questionable data collection and manipulative treatment of its users. You can read the full post below. Facebook was unable to provide comment at the time of publication.**


Lo que Bosworth expone no es más que el coste moral del beneficio real. Saben que están vendiendo su alma, pero no les importa. Se limita a decir en voz alta lo que todos saben que puede ocurrir. Es cuestión de la vida misma que la gente al relacionarse produzca efectos negativos en la propia vida de las personas. Love hurts.
El problema se plantea en forma paralela a la cuestión de los datos. Hay que hacer que se relacionen más intensamente para tener más datos, lo que implica un conocimiento más preciso y profundo, es decir, datos más valiosos.
La teoría social de las máscaras debe ser desmontada en beneficio de hacer manifiesto lo sumergido. Es un conductismo profundo: se accede al interior a través de lo exterior. El gran valor de los datos es precisamente que revelan lo que hay detrás de la acción. Hay un ego que actúa, visible, dinámico, y una forma difusa interior que se revela a través de los datos que recogen esas acciones. Es mejor que cualquier cuestionario pues no es filtrado por la consciencia. Hace tiempo que se escucha que Facebook nos conoce mejor que nosotros mismos.
Todo esto tiene un fin: el beneficio económico. La lógica del beneficio considera, por ello, que todo lo que favorezca las interacciones, las conexiones de la gente, es positivo para la empresa pues producirá más datos, más precisos y mejor vendibles. Cuantos más datos, mejores patrones colectivos y perfiles individuales.
Dejó escrito Bosworth en su memorándum:

“The ugly truth is that we believe in connecting people so deeply that anything that allows us to connect more people more often is *de facto* good. It is perhaps the only area where the metrics do tell the true story as far as we are concerned,” he wrote. “That isn’t something we are doing for ourselves. Or for our stock price (ha!). It is literally just what we do. We connect people. Period.”**

Es la misma lógica con la que el fabricante de armas define la eficacia de su producto. No se puede acusar a Bosworth de otra cosa que decir la "fea verdad". Ese es su negocio realmente. Actuar, como dijo hacer, de abogado del diablo no es excusa porque, muy en su papel, lo que se esperaba de él es que dijera lo que otros no querían decir, que no era otra cosa que la esencia de su negocio: crear relaciones sociales y recoger las huellas digitales en forma de datos.


¿Cuántas veces le han ofrecido desde Facebook posibles amistades, "personas que quizás conozcas"? El ofrecimiento es el esfuerzo en 1) comparar dos perfiles a través de los datos recogidos de ambos y 2) ponerles contacto aumentando el número de posibles relaciones.
Poner personas en contacto, forzar lo que es cuestión de ellas, tiene evidentemente sus riesgos personales. La tesis de Bosworth es que eso no es cuestión suya, sino de la naturaleza humana. Ellos emparejan, lo que ocurra después...
Lo irritante de todo esto, usando el mismo razonamiento, es que era cuestión de tiempo que la "sociabilidad" de las empresas acabara produciendo problemas entre ellas. Eso es lo que ha ocurrido con el pseudo académico, medio ruso, de Cambridge, puente entre los datos obtenidos de Facebook y los filtrados a Cambridge Analytica para usarlos para manipular a los votantes británicos en el Brexit y a los norteamericanos en sus presidenciales. Los datos son los vínculos; unos los producen (desde los usuarios de sus redes) y otros los compran para conocerlos, estudiarlos e influir sobre ellos.
Las empresas han descubiertos que además de producir sus propios productos y servicios, generan una considerable cantidad de datos que tienen un buen precio en el mercado. Eso abre un espacio de interacción con las empresas que compran esos datos y los procesan o los revenden posteriormente como si fuera un bien más.


Al empujarnos las empresas, instituciones y la administración misma hacia el ciberespacio nos hacen producir datos que son susceptibles de ser vendidos a terceros. En muchos casos no podemos acceder a nuestras cuentas si desactivamos, por ejemplo, las cookies y no podemos abrir esas cuentas si no aceptamos que nuestras datos sean usadas para "darnos un mejor servicio" y aceptamos que puedan ser "compartidas" o vendidas a terceros.
Tenía que ser por el aspecto político por donde estallara lo que es más que sabido. Hasta ahora hemos creído (inducidos a ello) que realmente existía esa voluntad de "mejorar el servicio que se nos daba. Es una forma como otra cualquiera de autoengaño. Lo que no se podía sospechar por parte del gran público es que se llegara a tales cotas de irresponsabilidad por las grandes empresas. Lo que ha destapado Bosworth con el cinismo de su memorándum es que sí son perfectamente conscientes y que la irresponsabilidad no es más que otra forma de llamar a la codicia.
En un planeta en el que se van agotando los recursos se ha encontrado el gran filón: los datos. Esto ha permitido la creación de un sector empresarial cuyo objetivo es recolectar los datos que producimos de forma continua en un universo digital que nos obliga a movernos por él o que nos ofrece las ventajas de una socialización. Lo que antes eran residuos que las máquinas producían al recoger nuestras actividades en internet es ahora un filón que hace que las empresas los vendan sin preocuparse más del uso al que se destinarán finalmente. Los datos no se gastan y pueden ser vendidos y revendidos una vez extraída la información deseada. Se pueden copiar una y otra vez sin que pierdan valor en el mercado.


Las empresas e instituciones que se dedican a ello usan siempre los ejemplos positivos (cómo los datos médicos pueden ayudar a combatir enfermedades, por ejemplo) pero se callan los múltiples usos y ventajas que puede tener el conocernos más a fondo.
La cuestión se plantea una vez más en el uso político. Este puede ser electoral en una democracia, pero también de vigilancia en una dictadura. La insistencia de algunos gobiernos (Turquía, Egipto...) en crear sus propias redes sociales (Facebook) y en prohibir las ajenas o bloquearlas se debe principalmente al deseo de controlar las comunicaciones (nivel superficial de observación) y de hacerse con los datos que producen (nivel profundo). Las compañías extranjeras no tendrán acceso al control y vigilancia de sus poblaciones. El estado se reserva el derecho de vigilar a sus ciudadanos.
Hoy se dan cursos y másteres, públicos y privados, sobre el tratamiento de datos, el Big Data.  No se cuestiona la moralidad de la recogida de datos; se da como un hecho. Es un negocio inmenso en su crecimiento y peligroso en sus aplicaciones. La hipocresía de la mejora del servicio queda para la Relaciones Públicas de las empresas. Finalmente ha llegado al punto más oscuro: la manipulación política. Son muchos los países incluidos en la lista de Cambridge Analítica. Ahora sabemos también que en la creación de esa empresa ha estado involucrado Steve Bannon, de la ultraderecha norteamericana, asesor de Donald Trump.
La importancia de este hecho es grande. Todo acaba estando relacionado directa o indirectamente. Tiene su lógica que las llamadas redes sociales sean las que más interacciones recojan pues allí hacia donde se desvía la vida. Eso lo sabían en Facebook hace mucho y es el objetivo, digitalizar la vida. Las compras de otras empresas no tiene por finalidad más que juntar datos. Al final van al mismo sitio, con lo que aumenta el valor de lo que puede ser conocido.
Han llamado "tácticas cuestionables de crecimiento" a lo que se refleja en el memorándum de Bosworth. En realidad nadie las ha cuestionado porque son la esencia de su negocio.
La caída en bolsa de Facebook no es por cuestiones morales sino porque se temen una restricción del uso de datos tras lo conocido hasta el momento. Simplemente por eso el valor de Facebook baja. El negocio de la sociabilidad no es la sociabilidad; esta es solo el camino. Se trata del conocimiento, un conocimiento que va de lo personal a los patrones comunes, según el grado de resolución necesario para los propios fines.


Hasta el momento, la excusa era el robo de datos, la falta de moral de los otros. Todo se resolvía con promesas de más seguridad. Ahora ya no se trata de eso, sino del propio negocio y su dudosa moralidad. Es eso lo que ha quedado al descubierto.
No es una cuestión de "intimidad"; eso es solo una parte de nosotros mismos. Interesan todas las dimensiones, pues todas son susceptibles, como el cerdo, de aprovechamiento. Todas pueden tener interés en función de cómo quieren vernos: como compradores, como votantes, etc. Todo eso se traducirá después, en función de esos objetivos, a las estrategias empresariales, políticas, etc. de los que quieren actuar sobre nosotros.
Difícilmente se va a renunciar a esto. Los partidos, grupos políticos y empresariales quieren saber cómo conseguir sus objetivos con más eficacia y al menor costo. Y estos pasa por nosotros, por conocer nuestras reacciones. Eso hace que haya menos resistencias y que se acepten con más facilidad las propuestas. Se trata de detectar las dudas y los temores. Conociendo estos últimos, es más fácil manipular a los dudosos. Es en las elecciones con gran número de indecisos donde se saca mayor provecho. Y así ha ocurrido. El Brexit fue muy ajustado y en la elecciones norteamericanas, Clinton sacó más votos que Trump, pero los sacó en el sitio adecuado, lo justo para hacerse con el colegio electoral pese a perder el voto popular.
Sí, la verdad es fea, Sobre todo descarnada. Advierte de los peores males: que todo esto se considera como una forma de normalidad, como algo "feo", pero eficaz. Todos esperan que escampe para seguir haciendo lo mismo.


* "Facebook exec in 2016 internal memo defends 'ugly' growth tactics, even if people use platform for evil" CNBC 29/03/2018 https://www.cnbc.com/2018/03/29/facebook-exec-andrew-bosworth-2016-ugly-memo-growth-at-all-costs.html
** "Growth At Any Cost: Top Facebook Executive Defended Data Collection In 2016 Memo — And Warned That Facebook Could Get People Killed" BuzzFeed News 29/03/2018 https://www.buzzfeed.com/ryanmac/growth-at-any-cost-top-facebook-executive-defended-data?utm_term=.tpo9Y8wW#.tuwe8DQd

martes, 25 de abril de 2017

La perversa lógica cotidiana

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
De todo este mundo bárbaro del que recibimos cada día información sobre desastres y maldades, siempre hay cosas pequeñas que adquieren valor de ilustración no por ser frecuentes sino por lo contrario. Su perversión aparece resaltada precisamente por el valor simbólico que tienen ante nuestros ojos. Todos sentimos el horror cotidiano, contra el que estamos vacunados: es aquel que nos afecta y ratifica nuestra visión del mundo. Es el horror de los decapitadores, de los maltratadores, de los lapidadores, el de los falsos justos, el de los hipócritas virtuosos, el de los necios poderosos.
Tres historias estos días me han dejado estos días con el ánimo débil. Lo han hecho precisamente por su novedad, porque sus imágenes son inhabituales y te abren espacios de reflexión sobre el estado de las cosas y el mundo que se eleva ante nuestros ojos cada día.
La primera de ellas ha sido la noticia sobre las ejecuciones en los Estados Unidos por el hecho de que caducaban los productos químicos usados en el proceso. El 5 de marzo, El País titulaba "Arkansas ejecutará a 8 presos en 10 días para evitar que caduque un componente de la inyección letal". Decía el periódico:

Mejor matar a que se eche a perder la inyección letal. Tras 12 años de interrupción de la pena capital, el pequeño estado de Arkansas (tres millones de habitantes) va a poner fin a la vida de ocho presos en tan solo 10 días. Será la mayor ejecución en cadena en Estados Unidos desde la reinstauración de la pena máxima en 1977. El motivo para acabar con tantos condenados en tan poco tiempo es, según la Coalición para Abolir la Pena de Muerte de Arkansas, evitar que caduque uno de los tres componentes de la inyección letal. Las últimas existencias de la sustancia, un ansiolítico de efecto rápido, expiran en mayo. Y las posibilidades de obtener nuevas partidas son extremadamente difíciles dada la negativa de la industria a facilitarlas para ejecuciones.*


Asusta la lógica que está bajo este hecho y el desprecio absoluto de la vida humana, la falta de valor asignado en una escala en la que un producto tiene más valor. Es una perversión que procede del sistema, que como la del nazi Eichmann se ampara en la eficacia y hasta se disfraza de virtud. La comunidad ahorra en gastos y se deshace de ocho personas, de ocho fuentes de gasto. Los jueces han logrado bloquear las ejecuciones evitando está marea de eficacia.
El segundo caso es el del atentado contra el autobús del equipo de fútbol Borussia Dortmund. En una ola de atentados por todo el mundo, este —que no causó más que un herido pero podía haberlo hecho con más— se descubrió que era una maniobra de un especulador en bolsa. Había puesto en juego vidas humanas para una maniobra bursátil. Demuestra igualmente una perversión del sistema, una forma depravada de pensamiento. Frente a los crímenes constantes de los fanáticos que muestran una locura, el atentado contra el equipo de fútbol es una pequeña anécdota, pero revela esa carencia que refleja muchas otras carencias a las que nos hemos acostumbrado y que nos lleva al mundo de la especulación arriesgando a los demás, piezas intercambiables para conseguir nuestros fines.


El tercero es otro asunto pequeño: la detención en su colegio de Florida de un niño de 10 años, autista. La madre grabó las imágenes del niño pidiendo, por favor, no ser tocado. Las imágenes no nos dejan distanciarnos emocionalmente. Sin embargo, más allá de las emociones, está de nuevo la inhumanidad del sistema que sigue los mismos protocolos para detener a un asesino que a un niño autista de diez años. Como escribieron algunos, muestra un fracaso de la escuela y de los jueces, incapaces de solucionar de una forma diferente un caso diferente. Pero el sistema es implacable. Como señala un periodista en la CNN, la única novedad del caso es el vídeo grabado por la madre. La práctica es corriente.


Algo similar ha ocurrido con el vídeo del pasajero sacado a la fuerza de su asiento en un vuelo ha sido portada en miles de periódicos y noticiarios de todo el mundo. De nuevo el protocolo. El avión no puede esperar y no se puede perder el tiempo discutiendo. La misma lógica de la caducidad de los productos químicos, de la especulación tras el atentado, del arresto del niño autista. Hay algo que falla en este modo de pensar y que está enrareciendo el mundo en el que vivimos.
Hay una violencia que nos abruma, unas ideas que nos repugnan a las que nos enfrentamos cada día. Pero hay otras que se disfrazan de normalidad, de eficacia o de audacia que son aplaudidas por el sistema como ahorro, eficiencia e iniciativa. Cuando salen a la superficie, cuando se nos muestran, surge la inquietud, el horror, la indignación. Pero están ahí, se enseñan y aprenden.
Con el título "La advertencia póstuma del pensador Zygmunt Bauman", el diario El País publicó ayer un artículo de Antonio Pita dando cuenta de la aparición de dos textos póstumos del sociólogo polaco, Retrotopía (Paídós) y "Síntomas en busca de objeto y nombre", dentro de una obra colectiva titulada El gran retroceso (Seix Barral).

"Hay una creciente brecha abierta entre lo que hay que hacer y lo que puede hacerse, lo que importa de verdad y lo que cuenta para quienes hacen y deshacen; entre lo que ocurre y lo deseable", señala. Bauman defiende que hemos regresado a la tribu, al seno materno, al mundo despiadado que describía Hobbes para justificar la necesidad del Leviatán (El Estado fuerte que evite la guerra de todos contra todos) y a la más flagrante desigualdad, en la que "el 'otro' es una amenaza" y "la solidaridad se le antoja al ingenuo, al incrédulo, al insensato y al frívolo una especie de trampa traicionera". "El objetivo ya no es conseguir una sociedad mejor, pues mejorarla es una esperanza vana a todos los efectos, sino mejorar la propia posición individual dentro de esa sociedad tan esencial y definitivamente incorregible", lamenta.**


Sí. Nuestra tribu es ordenada, protocolaria, eficiente. Nos horrorizamos, con razón, ante muchas noticias que nos llegan cada día. Es fácil defenderse de lo absolutamente otro. Pero deberíamos también preocuparnos por esta perversa cotidianeidad en la que vivimos porque nuestra toxicidad no caduca, porque nuestra especulación no cesa y nuestra sensibilidad desaparece.


* "Arkansas ejecutará a 8 presos en 10 días para evitar que caduque un componente de la inyección letal" El País 5/03/2017 http://internacional.elpais.com/internacional/2017/03/04/estados_unidos/1488600606_420874.html
** "La advertencia póstuma del pensador Zygmunt Bauman" El País 24/04/2017 http://cultura.elpais.com/cultura/2017/04/17/actualidad/1492423945_605390.html



lunes, 7 de marzo de 2016

El discurso moral o dime de qué presumes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Si se tratara de un deporte de equipo, los ministros egipcios son como duros defensas dispuestos a no dejar pasar al contrario. Como se decía antes: "o pasa la pelota o pasa el delantero, pero no los dos juntos". Esta táctica disociativa hace que la realidad se escinda en discursos y hechos, que dejan de ir juntos. Los hechos se pierden y solo quedan unos discursos propagandísticos que niegan unas cosas y afirman otras, desconectados de la realidad que se vuelve invisible.
Si el ministro de Turismo separaba los atentados y muertes señalando que son "accidentes", le toca ahora realizar esta práctica de separar los hechos de los discursos al Ministro del Interior, el más veterano en estas lides por motivos obvios. Recogen las palabras del ministro en Egypt Independent:

Interior Minister Magdy Abdel Ghaffar said on Sunday that claims of forced disappearances taking place in Egypt are false, according to the stated-owned MENA news agency.
Ghaffar said that Muslim Brotherhood leaders abroad incite human rights organizations to spread rumors of forced disappearance in order to pressure the Egyptian government and hinder its fight against terrorism.
"The Muslim Brotherhood exploits youth movements and organizations abroad and in Egypt to promote these allegations," he said. "The Muslim Brotherhood sends complaints of absenteeism and forced disappearance to the National Council for Human Rights, without reporting it to the police or the prosecution first."
Ghaffar said that all cases of suspected forced disappearance should be reported to the police first, rather than directly to human rights organizations, so that they can be resolved by the officials concerned.
"In many cases, the suspect is arrested in the presence of his family, in accordance with an arrest warrant, but his family then report to human rights organizations that he has been forcibly disappeared and publish his pictures on social networking sites in an attempt to pressure authorities to release him," said the minister.
In the statement to MENA, he said the ministry works with the National Council for Human Rights (NCHR) to investigate the various cases and find those who are described as missing.
He also pointed to large numbers of people who illegally emigrate abroad or else join jihadists in Syria, often without telling their families where they are going.
The Interior Ministry has consistently denied accusations that it has a policy of forced disappearance, saying that no such policy exists.
The Egyptian government has been under pressure from both local and international media over allegations of large numbers of extra-judicial arrests, including many activists critical of the government.*


Hay que reconocer que el puesto de Ministro del Interior en Egipto ha pasado de personas que no se molestaban en dar explicaciones a los que tienen que estar todo el día dándolas. La cuestión es que cuantas más explicaciones se dan es peor para su credibilidad.
Tras las denuncias ante las Naciones Unidas de las violaciones de los derechos humanos, año tras año, todo el mundo parece coincidir —incluida una parte de la prensa egipcia— en el endurecimiento del régimen. En estos términos, la defensa del ministro del interior es ridícula: acusa a la gente de no saber distinguir una "detención" de una "desaparición". La diferencia, dice, está en las garantías procesales. Debe ser una broma. Las denuncias por violencia y torturas también debe ser un invento.
Si tenemos en cuenta que para el gobierno egipcio, el secuestro, tortura y asesinato de Giulio Regeni paso inicialmente por un "accidente de tráfico" y ahora no se sabe muy bien en qué estado se encuentra. La prensa ya no sabe qué decir o cómo decirlo y recurre a ingeniosos eufemismos o circuloquios, como el que ha desarrollado Egypt Independent: «There has been much media speculation about who was responsible for Regeni's death, particularly since his body showed signs of torture, which many have interpreted as evidence that he was abducted by Egyptian security forces.»** Realmente es difícil tener que tratar periodísticamente con la realidad en estas condiciones discursivas, dignas de análisis foucaultiano de las condiciones y restricciones de los enunciados. Es a lo más que se puede llegar, son pena de que te encarcelen a ti por "expandir rumores falsos" o "atentar contra la verdad" que, tal como fue definida, es privilegio único del gobierno egipcio.


Las teorías conspiratorias son absolutamente ridículas. Todo el que contradice esa "verdad oficial" es un miembro o simpatizante de la Hermandad Musulmana. La gente no desaparece, se va a Siria a luchar sin avisar. El empeño es cada vez más ridículo y probablemente no sea ya tomado en serio por nadie, lo que constituye un auténtico drama para la grandilocuencia del régimen.
El drama gubernamental consiste en que cuantos más esfuerzos hace por parecer virtuoso, más ridículo se muestra. Solo la ceguera propia les hace ser inmunes a su propia incongruencia, por no decir otra cosa.
En este contexto de negación de lo que ocurre y de afirmación de la virtud oficial, aparece otra de esas cimas egipcias: la campaña por la moral nacional. Ya comentábamos el otro día la aparición de un artículo sobre la necesidad de mejorar la moral nacional y el "ofrecimiento" de su autor ante la necesidad de alguien que se pusiera al frente de la campaña para lograr de Egipto el estado virtuoso definitivo, el que asombre al mundo por sus excedentes morales. La idea no ha tardado en plasmarse (¡qué casualidad!) en un decálogo con las mejores formas de ser moral. Nos lo cuentan en Mada Masr:

A group of public figures filled a large glitzy hall in Cairo’s Nile Ritz Carlton to promote a set of 10 values for Egyptian society.
These values will “restore Egypt’s bright face,” the campaign’s architect, former Mufti Ali Gomaa, asserted, adding that they don't "conflict with Islam, Christianity, Judaism or religion; even atheists would agree on them."
The February 8 event marked the launch of the "Akhlaquna" (Our Morals) campaign, spearheaded by Gomaa and Minister of Youth and Sports Khaled Abdel Aziz, and promoting: mercy, love, cooperation, pro-activity, empathy, humility, workmanship, ambition, fairness and forgiveness — broad values innocuous enough to sidestep objection. 
But, the campaign’s sceptics are not impressed with these interfaith proclamations, no matter how unoffending they might appear.
“This [campaign] is in line with the [state’s] narrative about conduct,” Reem Saad, assistant professor of Social Anthropology at the American University of Cairo, told Mada Masr. “It implies that society’s problems are of a moral nature.”
Nevertheless, the state is throwing several heavyweights behind this push for moral betterment. A number of public figures, including football player Ahmed Hassan, actors Mohamed Sobhy and Mahmoud al-Guindy and comedian Akram Hosni, among others, have been solicited, according to the campaign’s website, to “restore morals and values in society, as well as shed light on the positive aspects of Egyptians’ morals to prevent negative views from further destroying society."
For Nesma al-Shazly, a member of the creative team working on the campaign, the initiative needs the kind of exposure and reach only the ministry can provide. “It needs to be a national campaign to have this kind of access to the media and to outdoor billboards,” she says.
These billboards have recently sprouted up around Cairo, promoting the different values and celebrating “moral ambassadors” and their good deeds. Drivers crossing 6 October Bridge, for example, are introduced to Mona, who "forgives no matter what."
The campaign, initially promoted under the auspices of Islamic Preacher Amr Khaled, has since distanced itself from the controversial figure. The night of the launch, talk show hosts accused him of belonging to the Muslim Brotherhood. Shortly after, news circulated that he had been sacked from the campaign.***


Como bien señala la profesora Saad, esto es más de la misma explicación: los problemas de Egipto son morales. ¿En qué sentido lo son? Aquí es donde empiezan los problemas. En primer lugar, la definición de moralidad responde a un modelo impuesto que deja fuera a todo el que no lo comparta. La misma existencia de un decálogo nos confirma que no es un problema "moral" sino de "disciplina" en el sentido militar del término, que es el único que se usa para dirigirse al pueblo egipcio. El Ejército es el modelo de las virtudes y el pueblo debe ser "una mano" con él. La cabeza de ese modelo, el espejo en el que todos deben mirarse, es su presidente, un militar.
Reducirlo a un problema "moral" significa que la culpa de lo que le ocurre a Egipto no la tienen sus dirigentes sino sus ciudadanos. Significa, además, que hay que perseguir las conductas inmorales como nocivas para la saludad del sistema. Esas conductas inmorales son las que quedan fuera del decálogo, texto que ejerce las funciones de límite de lo admisible.
Con la campaña por la moral, el régimen egipcio hace suyas las grandes palabras que le son negadas a los otros, a todos los que quedan fuera de la línea gubernamental. Es un acto de apropiación simbólica y de propaganda de dimensiones colosales. Bajo el escudo de lo "moral", se puede hacer cualquier cosa: encerrar a los novelistas por "inmorales" o meter en la cárcel por "mentirosos" a los que contradigan la versión oficial. El estado y sus instituciones se reservan ahora no solo la ley, que ya tienen, sino entrar en el campo de las conciencias definiendo lo moral y lo inmoral. Esto se llama totalitarismo.
Lo que ha hecho el ministro del Interior, por ejemplo, entra de lleno en este tipo de actuación. Todos los que discrepan son miembros de la Hermandad; decir que alguien muere en las comisarías, que es torturado o desaparece es un "acto inmoral" pues falta a la verdad.
Los organizadores de la campaña ya tienen sus planes de cómo actuar sobre el cuerpo social para tratar de transformarlo:

Over the next three months, young members of the campaign will highlight “ambassadors of morals,” shedding light on random acts of kindness or initiatives that otherwise go unnoticed.
“We’re going to make people with good manners and values famous,” Shazly says. “We want people to get inspired by their stories.”
Volunteers are also going to promote the 10 values via billboards, in youth centers and schools, in coordination with the Education Ministry.
But Saad warned that such emphasais is just another tool to govern. The problem with a state “monopoly” over morals, she says, is that the state gets to decide what good values are and set the criteria for them. This, Saad explains, has negative ramifications, such as the jailing of novelist Ahmed Naji, who is currently serving a two-year sentence for harming public morals, “based on a certain idea of what morals are.”  
“It has real and dangerous repercussions,” she argues, citing Hany Shaker’s crackdown on what he deems “Satanist parties.”
However, Shazly sees no political aspect to the campaign whatsoever. “The idea has resonated with a lot of people whether you’re against or with Amr Khaled, whether you’re against or with the government,” she says, adding, “If someone is being cooperative we should make use of them.”***

La difusión de la "buena nueva", de todo aquello bueno que se silencia, descubre el carácter meramente propagandístico y político. La preocupación del régimen por recuperar especialmente a los jóvenes, que le han dado la espalda claramente, es evidente. Ahora se trata de lanzar sus "juventudes" a la calle. Es lo que Mada Masr trataba en su artículo "Loyal Youth, Model Citizens", de mediados de febrero.


Desde la perspectiva señalada, se trata de borrar los discursos disociativos y reforzar los oficiales. Una vez más, es importante señalar que el régimen egipcio está uniendo las estrategias de las dos fuerzas en conflicto: Ejército e islamistas. El análisis que se ha hecho de la historia hasta el momento es que la caída del régimen de Mubarak se produjo por subestimar el peso de las actividades "morales" de la Hermandad. Las críticas con las que se mina la autoridad del régimen son precisamente las "morales". Los islamistas estaban allí donde el régimen y el estado fallaban. Ellos se presentaban como los "buenos musulmanes", los dotados de verdadera "moralidad" frente al régimen corrupto y atentatorio contra el Islam. Los islamistas nunca han criticado aspectos económicos o de otro orden: engloban todo en la "moralidad" porque es la cauda primera de la que descienden todos los males en ordenada cadena. El régimen egipcio va en busca de ese espacio moral que los islamistas tenían y que les servía para atacar al régimen con más eficacia que con cualquier otro tipo de argumento político. Los islamistas no se presentan como "políticos", sino como "musulmanes" y de ahí deriva toda su crítica. Lo bueno se acerca a lo dicho en el Corán; lo malo se aleja. No hay otra forma de acercarse a un pueblo con tasas de analfabetismo del 50% pero que tiene el rezo diario y una moral ultratradicionalista.


Los combates contra ateos, homosexuales, liberales, socialistas, etc. se hacen desde una perspectiva de disonancia de la virtud, que pasa a ser identificada, de ahí la necesidad de la Universidad de Al-Azhar, con el régimen. Es la construcción del estado virtuoso, de la que nos ocupamos aquí con frecuencia. Es interesante intentar comprender sus bases porque lo que están produciendo será esencial para el futuro.
Sin embargo, no hay moralidad real, sino un sistema de apropiación discursiva. La realidad es muy distinta y no puede ser cubierta por los discursos propagandísticos. Egipto se queda solo, como el ministro del Interior, diciendo que no existen las desapariciones, que todo son montajes para desprestigiarlos, que la gente muere torturada para oscurecer la relaciones con Italia, que los aviones se caen para estropear el turismo con Rusia y todo aquello que el gobierno es incapaz de explicar, solo de negar obstinadamente. Egipto se queda solo ante las Naciones Unidas en Ginebra cuando se le recrimina el empeoramiento de la situación de los Derechos Humanos. Se queda solo cuando estalla en atentado un avión ruso que ha salido de su ahora vacío centro turístico. Esa soledad es resultado no de su moralidad, sino de la inmoralidad que es negar su responsabilidad en lo que ocurre y que lleva a la muerte, al sufrimiento o al silencio a muchas personas.


No, el estado egipcio no puede ser virtuoso porque se edifica cada día con la sangre y el sufrimiento de muchas personas que poseen un concepto de la moral distinto. La moralidad reside hoy en aquellos que están encerrados por decir al régimen autoritario que carece de autoridad moral. La autoridad moral está hoy entre rejas, en cientos de activistas condenados por una ley que les impide decir que las cosas injustas son injustas. Está en periodistas acallados por presiones o encerrados en la cárcel (el segundo país después de China). Esta en un joven encerrado por llevar una camiseta en la que pedía "Un país sin tortura".
Sí, es ahí donde reside la moral y no en los carceleros.


* "Interior Minister denies forced disappearances in Egypt" Egypt Independet 6/03/2016 http://www.egyptindependent.com//news/interior-minister-denies-forced-disappearances-egypt
** "Tourism minister attends memorial for Regeni, Italian ambassador absent" Egypt Independent 5/03/2016 http://www.egyptindependent.com//news/tourism-minister-attends-memorial-regeni-italian-ambassador-absent

*** "Adjusting Egypt's moral compass" Mada Masr 5/03/2016 http://www.madamasr.com/sections/politics/adjusting-egypts-moral-compass