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domingo, 7 de enero de 2024

Un peligro llamado Donald Trump

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Tras su salida de la Casa Blanca, no hay día en que Donald Trump haya abandonado los titulares. Es el personaje que encarna una forma de "hacer política". Más bien diríamos que, contemplado con cierta distancia, Trump es en sí mismo un tipo de política que desafía una parte importante de los supuestos de lo que debe ser y cómo debe actuar un mandatario de un estado, en este caso, una superpotencia. No se escribe sobre Trump; uno se siente obligado a hacerlo no solo por lo políticos en sí sino por su conversión de cualquier acto en parte de un escenario que él ha convertido en política. La palabra "escenario" está usada en un sentido pleno, ya que esto es el eje de su forma de entenderla.

Donald Trump tiene pocos precedentes y muchos imitadores, aunque ninguno de los anteriores llegó tan lejos, ni tampoco sus imitadores, que palidecen ante el modelo. Trump ha inaugurado una forma de hacer o más bien de estar en la política. Criado entre negocios poco claros, el mundo de espectáculo televisivo y un sentido narcisista de la vida, Trump es un espectáculo de enormes riesgos porque carece de lo esencial que se le pide a un político, la capacidad de pensar en los otros, en el bien común. Trump solo puede pensar en sí mismo y en proyectar una imagen controlada, actoral con la que recibir lo que son su fuente de energía, la adulación, el sentimiento de que es único y que está destinado a culminar la creación. De todo ello ha dado cuenta en multiplicidad de ocasiones, en gran parte por su incapacidad para contenerse (recordemos las sesiones junto al Dr. Fauci durante la pandemia), su necesidad de mostrarse al frente (recordemos sus primeras carreras en los grupos internacionales para situarse en primera posición, visible para las cámaras), la desesperación de los expertos ante sus iniciativas (de militares a sanitarias), etc.

Hoy volvemos a tener a Trump en el centro de las noticias al celebrarse el aniversario del asalto al Capitolio, un 6 de enero negro para la democracia norteamericana y por extensión para todos los países con sistemas democráticos o con aspiraciones a tenerlos. El "modelo americano" se vio hundido por las actuaciones de ese día convertido en lo que ellos, desde su superioridad, habían criticado en otros, una "república bananera".


En RTVE.es, con el titular "Miles de arrestos, sentencias de prisión y una investigación en curso: la huella del asalto al Capitolio tres años después", leemos en la información firmada por Marta Rey:

El 6 de enero de 2021 Estados Unidos vio tambalear su democracia por unas horas. El mismo día en que los parlamentarios estadounidenses debían ratificar la victoria de Joe Biden en las elecciones, el Capitolio fue escenario de un hecho inédito en la historia del país. Alentados por la insistencia de Donald Trump en que los comicios habían sido un fraude, miles de partidarios del exmandatario, que acababa de perder frente al candidato demócrata en las presidenciales, violaron la seguridad e irrumpieron de forma violenta en la sede de las dos cámaras del Parlamento dejando imágenes impactantes para la historia y un balance de cinco víctimas mortales por los disturbios.

Tres años después, las investigaciones sobre lo ocurrido continúan y miles de personas han sido arrestadas (y cientos de ellas condenadas) por delitos relacionados con los hechos de aquel enero...* 

Estados Unidos no ha tenido todavía la ocasión de defenderse realmente por lo realizado desde el poder por Trump, ni de las insinuaciones que llevaron a la gente a la calle, armados, a asaltar el Capitolio, a invadir despachos y mofarse de los que los habitaban oficialmente. Los cinco muertos son solo una cantidad, un número simbólico, ante lo que podía haber sido un desastre de enorme proporciones.

Que Donald Trump siga libre, que sea de nuevo un posible aspirante a la Casa Blanca, dice mucho de la debilidad del sistema. La democracia solo se sostiene con un espíritu democrático. Trump, como otras personalidades autoritarias en el mundo, se valen del sistema para subvertirlo.

Una prueba de ello es que el tribunal supremo que él contribuyó a desnivelar hacia los republicanos, puede anular los dictámenes de dos estados que le han imposibilitado el acceder a las elecciones primarias republicanas para la designación como candidato a la presidencia.

Si Donald Trump diera mañana un "golpe de estado" y se proclamara "presidente" de los Estados Unidos no sería tan dañino como lo que supone para el sistema democrático que lo haga con el apoyo de los votos. La responsabilidad pasaría al pueblo norteamericano y se vendría abajo la primera suposición democrática: la idea positiva de la voluntad popular.

Supondría valorar positivamente la violencia, la mentira, el engaño, la manipulación de las instituciones, etc. En fin, de todo aquello que se supone que diferencia la democracia de un sistema autoritario y corrupto.

Si Trump saca las primarias significará que el Partido Republicano está alejado de los principios que se suponen democráticos. Supondrá que se deja llevar por dos cosas, la ambición del poder y la aceptación de las mentiras que han mantenido a Trump fuera de la prisión.

Si en algo se mostró la maestría de Trump no fue precisamente en la limpieza, en la rectitud. Esto es algo que los que salieron de su lado, muchos de los colaboradores, lo que dieron testimonios del Trump del interior frente al escénico, han denunciado sus actuaciones. La barrera de colaboradores que actuaban como muro de contención ha ido cayendo, como el último caso de las condenas millonarias a Rudy Giuliani por sus mentiras sobre los funcionarios encargados del recuento de papeletas electorales. 

El asalto al Capitolio se basó en eso, en la llamada a los "patriotas" a que saliera a la calle armados para impedir el nombramiento de Biden en nombre de un supuesto amaño electoral sobre el que Trump sigue realizando insinuaciones. Las denuncias contra los asaltantes, los juicios son muchos y acaban en condenas. En el artículo se pone número a lo que supuso el asalto al Capitolio:

Hasta diciembre de 2023, más de 1.200 personas han sido arrestadas por delitos relacionados con su participación en los disturbios. Algunos de ellos más leves, como allanamiento de morada, y otros muy graves, como el de conspiración sediciosa. La gran mayoría, sin embargo, han pasado desapercibidos. 

Hasta 450 casos han acabado en penas de cárcel, aunque las condenas más largas corresponden a los cabecillas de distintos grupos de ultraderecha como los Proud Boys o los Oath Keepers que, o bien participaron en la organización del ataque, o bien irrumpieron en el edificio con armas. 

En total, unas 720 personas han recibido sentencia, pero todavía quedan por resolver en torno a 350 casos. * 

Que hayan pasado desapercibidas las condenas es un error, pues cada una de ellas era una reafirmación contra lo que ocurrió y, especialmente, para quien lo instigó. Separar los dos casos por las acusaciones a Trump por otros delitos, como los de fraude, los escándalos sexuales de las indemnizaciones, las acusaciones en Nueva York, etc. es un error que simplemente le beneficia. A Trump le ha bastado dar la vuelta a las acusaciones convirtiendo todo en la "mayor persecución del siglo" con el único objetivo de impedir su ascenso olímpico a la Casa Blanca.

Trump ha sabido manipular y controlar las informaciones con un estilo que sus seguidores estaban deseando escuchar. Son millones y han llevado al Partido Republicano a estar entre la espada y la pared. Primero temieron enfrentarse a él porque Trump organizó pronto su frente de batalla. Ahora, en plenas primarias, los candidatos a enfrentarse a él será difícil que puedan contenerle. La forma de acoso contra todo el que se enfrenta a él no permite demasiados errores o ligerezas. Trump manipula y tiene bien constituido un frente amplio en las redes sociales, herencia del apoyo que los grupos ultra y populistas, bien organizados, le brindan. Trump vuelve a apoyarse en ellos y a lanzarlos contra los enemigos. Todos los que se opongan a Trump y participen en las primarias se enfrentan a dos posibilidades: la de enfrentarse a Trump desde una recuperación moderada y democrática del republicanismo, por un lado, y una segunda posibilidad, la de intentar superar su populismo y robarle votos radicales. Es probable que ninguna de las dos líneas consigan robarle protagonismo.

27/03/2023

Los que le apoyen deberán seguir sosteniendo que Biden le robó la presidencia, que el asalto al Capitolio estuvo "justificado" y que fueron "patriotas" los que lo protagonizaron. Es la forma de transferir el protagonismo a los radicales que disfrutan así del sentimiento deseado: ellos son la democracia y ellos la salvarán.

La perspectiva de lo que puedan ser unas próximas elecciones con Trump como candidato y la sola idea de que pudiera ganar un nuevo mandato son de efectos incalculables, no solo para los Estados Unidos, sino para la política mundial.

No es solo el ejemplo, sino el apoyo directo a dictadores de todas partes del mundo, como ya hizo anteriormente y que ahora tendría el apoyo teórico del pueblo americano que le habría elegido. Es aquí, en este apoyo que suponen los votos, en este refrendo, donde reside el mayor peligro para la democracia norteamericana, que siempre se sentía ejemplo mundial, frente a las dictaduras que aparecían por el mundo.

Trump. Sí, hay que hablar de Trump principalmente por el peligro que supone para todos, no solo para los Estados Unidos. 

 

* "Miles de arrestos, sentencias de prisión y una investigación en curso: la huella del asalto al Capitolio tres años después" RTVE.es 6/01/2024 https://www.rtve.es/noticias/20240106/tres-anos-asalto-capitolio-eeuu/2470533.shtml


miércoles, 20 de diciembre de 2023

Trump nunca leyó a Adolf, pero...

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La explosión noticiosa de Trump continúa. Si hace unos días se produjeron sus declaraciones racistas sobre cómo los inmigrantes "envenenaban la sangre de los Estados Unidos", hoy se abre una nueva línea de informaciones desde titulares como el de RTVE.es "Un tribunal de Colorado expulsa a Trump de sus primarias al considerarle "inelegible" por su rol en el asalto al Capitolio"* Podemos ver la decisión en los titulares de la prensa norteamericana que lo sitúa en sus cabeceras, en los lugares preferentes. No es para menos.

Los medios resaltan lo histórico de la medida, el que sea el primer ex presidente norteamericano en ser considerado "inelegible" para presentarse al cargo. Pese a que quedan las apelaciones, Trump atesora ya otro acontecimiento insólito. La carrera de Trump es un río de novedades, de situaciones nuevas acordes con el personaje.

Están todos los demás presidentes de los Estados Unidos, por un lado, con sus pequeñas diferencias, y está Trump en el otro lado. Cuando los niños, en un futuro, tengan que estudiar los presidentes norteamericanos, tendrán que tener a Trump en capítulo aparte.

La decisión del tribunal de Colorado es importante, pero no sabemos todavía si trascendente; a Trump le queda la apelación. Si Trump gana el recurso ante la Corte Suprema, lo presentará como la victoria más grande desde la II Guerra Mundial; si pierde, como la mayor traición a las libertades americanas, a cuyo pueblo se le sustrae el derecho de elegirle, el mayor bien posible para los Estados Unidos.

En RTVE.es se nos explica el sentido de la sentencia:

El Tribunal Supremo de Colorado ha expulsado este martes al expresidente estadounidense Donald Trump (2017-2021), precandidato a los comicios de 2024 en las primarias republicanas de ese estado, por su rol en el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. El fallo convierte a Trump en el primer candidato presidencial en la historia de EE.UU. en ser considerado "inelegible" para la Casa Blanca en virtud la Enmienda 14 de la Constitución, que prohíbe a personas que han participado en una insurrección ocupar un cargo de elección popular.

Trump ha respondido al fallo acusando al presidente Joe Biden de ser "una amenaza para la democracia". "No es de extrañar que el corrupto Joe Biden y los lunáticos de extrema izquierda estén desesperados por detenernos por cualquier medio necesario", ha afirmado el expresidente durante un acto de campaña en Waterloo, Iowa. "Están dispuestos -ha añadido- a violar la Constitución estadounidense a niveles nunca antes vistos para ganar estas elecciones. Joe Biden es una amenaza para la democracia, es una amenaza", ha recalcado.

Colorado celebrará sus primarias presidenciales el próximo 5 de marzo, el conocido como supermartes, una fecha clave en la que votarán 16 estados y que puede dejar definida la contienda. El fallo se aplica únicamente a las primarias republicanas de ese estado, pero su conclusión probablemente afectaría también al estatus de Trump para las elecciones generales del 5 de noviembre. Los jueces han tomado esta decisión con cuatro votos a favor y tres en contra, pero el fallo quedará en suspenso al estar pendiente de la apelación, que tendrá lugar el 4 de enero.* 

Como se señala en la información, a Trump se le impide participar en las primarias de Colorado, lo que no deja de ser un inicio que se puede ir ampliando a otros estados. Pero el hecho de que un tribunal haya considerado que incitó al asalto al Capitolio significa ya mucho. Aunque no todos lo interpretarán de la misma manera. Lo "orgullosos patriotas" que cogieron las armas e invadieron el Capitolio han sido presentados como héroes por los seguidores de Trump, como los que intentaban defender América de los traidores.

La retórica de humo que Trump sabe crear para decir y, a la vez, no querer aparecer como responsable de lo que dice es un arte que no todos saben practicar con la misma maestría. Trump lleva décadas haciendo del insulto y de la insinuación, de ese decir entre líneas, un arte propio. Es un rasgo de su maldad, probablemente practicado durante toda su vida.

Cuando ha sido acusado por sus declaraciones racistas de hace unos días, con titulares en medio mundo, de presentar ecos de Hitler y del Mein Kampf, Trump se defiende alegando que "no ha leído ese libro" ("...he's never read Mein Kampf", según se recoge The New York Times).

En el artículo de la CNN, titulado "Unprecedented Colorado ruling puts courts at the center of Trump’s fate next year", Jeremy Herb nos habla del clima creado por los acontecimientos y por las propias palabras de Trump: 

It’s perhaps the final exclamation point to cap off a year of unprecedented events encircling Trump, posing new and potentially grave challenges to American democracy heading into a tumultuous election year from a former president who embraces political chaos.

Outside of the courtroom, Trump has increasingly embraced inflammatory rhetoric, musing about being a dictator should he retake power next year and launching attacks against his opponents reminiscent of Nazi propaganda. Trump repeated his incendiary comments about immigrants at an event in Iowa Tuesday evening, pushing back against criticism from the Biden campaign and others that he was echoing Adolf Hitler.

“It’s crazy what’s going on. They’re ruining our country. And it’s true, they’re destroying the blood of our country. That’s what they’re doing. They’re destroying our country. They don’t like it when I said that,” Trump said. “And I’ve never read ‘Mein Kampf.’”** 

"Sin precedentes" suele estar asociado con Donald Trump. Es ese carácter insólito lo que llama la atención como un recurso renovable en el que se muestra que la verdad suele ser una y la mentira múltiple en sus caras cuando se pierde el sentido de la "normalidad" (mayoritario, quizá) de la vergüenza. 

Cuando se escuchan las palabras de Trump, lo primero es recuperarse del efecto que nos causan. Luego llega la perplejidad. Finalmente el asombro por la respuesta que consigue. Uno cree en la inteligencia popular porque es la única forma de defender un sentido de la democracia. Pero cuando el resultado de la voluntad popular recae no en personas que piensan de otra manera (eso es la democracia), sino que piensan de la manera que piensan, que se burlan de la democracia misma y sus principios, que usan todo tipo de mañas y que son capaces de organizar un asalto para evitar que el otro —el que le venció en las urnas— sea proclamado, entonces creo es que obligado hacerse preguntas. No es pues que Trump piense de otra manera; es que no tiene límite en sus embustes, manipulaciones y perversión de las instituciones. Aceptar que los otros tengan otra opinión es un ejercicio democrático saludable; pero la otredad de Trump es tóxica para aquello en lo que se ampara. Es su fin.

Lo que se juega Estados Unidos, como señalan en The New York Times, es mucho, pero también es mucho lo que nos jugamos todos. La democracia en muchos lugares se ha convertido en un espacio en el que "vale todo", en una lucha sin piedad por el poder, que pasa a ser lo único que importa. El poder alcanzado se usa entonces para seguir en él. Declararlo "inelegible" es prevención, prudencia, supervivencia, sentido de futuro.

Me quedo con ese momento en el que una parte mayoritaria del pueblo norteamericano usó su voluntad y votos para desprenderse de Trump, un gobernante indigno o impresentable, como prefieran.

Su defensa ante las acusaciones de racismo por no haber leído el Mein Kampf es típica de Trump. Veremos las alegaciones que se presenta por haber instado al asalto al Capitolio, uno de los episodios más graves en la democracia norteamericana. Tendrán que mejorar los ya dados en su momento. Su defensa diciendo no haber leído a Hitler ha suscitado, como ya es normal, toda una corriente jocosa, que es una de las formas más frecuentes de defenderse ante las argucias trumpistas. El humor y la sátira son barreras defensivas ante sus ataques en el terreno que él y los que están detrás usan con más frecuencia, las redes sociales. A los chistes de la prensa se añaden miles de respuestas sociales.

Habrá que ver qué ocurre si se confirma que es inelegible y queda excluido de varios estados, en cuyo caso los votos que sumaría serían menos en las primarias serían menos. Los otros aspirantes ya cargan contra él. 

Seguro que utilizará todo esto como una conspiración contra la única democracia posible, la que él presida, aquella en la que reine y mande. Todo lo demás es traición, según su parecer. Me temo que vamos a tener muchos titulares con Trump.

 

* "Un tribunal de Colorado expulsa a Trump de sus primarias al considerarle "inelegible" por su rol en el asalto al Capitolio" RTVE.es / Agencias 20/12/2023 https://www.rtve.es/noticias/20231220/eeuu-tribunal-colorado-expulsa-trump-primarias/2468398.shtml

** Jeremy Herb "Unprecedented Colorado ruling puts courts at the center of Trump’s fate next year" CNN 20/12/2023 https://edition.cnn.com/2023/12/20/politics/colorado-trump-ruling-analysis/index.html



2018


sábado, 22 de febrero de 2020

Efectos del desmentido

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Faltaba el nombre más esperado en las primarias demócratas: Vladimir Putin. La "noticia" de que Putin está interesado en que ganara de nuevo Donald Trump (¿alguien lo duda?) se combina esta vez con el presunto apoyo a Bernie Sanders, un candidato que, junto al "alcalde Pete", va con ventaja hasta el momento sobre sus otros rivales. Incluso Trump manifiesta su preferencia sobre Sanders y en las anteriores elecciones ya señaló que Sanders era un candidato mal visto por el partido demócrata, que el introdujo algunos palos en las ruedas de su campaña en beneficio de Hillary Clinton.
Las primarias pueden dar un vuelco en algún momento, con la entrada del multimillonario Michael Bloomberg, aunque no se espera que sea hoy, en Nevada, donde se celebra la elección. A Bloomberg ya le ha caído lo suyo: otro millonario, machista, etc. La elección está marcada también por los tejemanejes ucranianos contra el ex vicepresidente Joe Biden por parte de Trump. La sorpresa hasta el momento no son los que encabezan la lista, sino el paupérrimo resultado cosechado por Joe Biden. Biden es simpático, pero carece de carisma. Tampoco se ha visto un apoyo por parte de los Obama, que tendría cierta lógica habiendo sido vicepresidente en su mandato. Hay silencios expresivos, desde luego.


Que Rusia intervenga en las elecciones norteamericanas es tan claro que ya todo el mundo lo da por supuesto. ¿Qué sentido tendría apoyar a Sanders? No está muy claro, pero quizá en el Kremlin se piensa que Sanders tiene los suficientes puntos flojos como para no ser rival finalmente de Trump, que seguiría siendo su candidato.
Por su parte, Sanders ha mandado un mensaje a Putin a través de los micrófonos que le prensa le ha puesto delante: "Let me tell Mr. Putin, the American people, whether you're Democrats, Republicans or Independents, are sick and tired of seeing Russia and other countries interfering in our elections" (The Hill).  


La BBC titula "US election 2020: Sanders 'told of Russian effort to aid his campaign'" y expresa la opinión de Sanders de esta manera:

Democratic presidential hopeful Bernie Sanders has condemned Russia for its reported attempts to help his campaign, telling it to "stay out of American elections".
Mr Sanders said on Friday that US officials had told him last month about Russian efforts to aid his campaign.
Speaking in Bakersfield, California, Mr Sanders said it was not clear how Russia intended to interfere.
But the Vermont senator, 78, said he strongly opposed any attempts to do so.
He denounced Russian President Vladimir Putin as an "autocratic thug" whose government has "used internet propaganda to sow division in our country".
"Let's be clear, the Russians want to undermine American democracy by dividing us up and, unlike the current president, I stand firmly against their efforts and any other foreign power that wants to interfere in our election," Mr Sanders said.*


Los intentos de influir en las elecciones de algunos países no es una gran novedad. Pero la normalidad con que se habla de ello sí sorprende. De hecho, creo yo, que el hecho de que se hable de ello es ya una forma importante de interferencia. En realidad no hace falta hacerlo, basta con creerlo, en cuyo caso se modifican los comportamientos.
Los sicarios de Trump no necesitan información sobre elementos sucios de los negocios de los Biden en Ucrania. Les bastaba con que saliera la noticia de que el gobierno ucraniano estaba investigando a los Biden. Ellos se encargaban ya del resto.
Cuando el senador Sanders dice no que no está claro cómo Rusia pretende interferir (it was not clear how Russia intended to interfere), ya lo está haciendo. Cuando tengo que preguntarme "cómo", ya se ha producido la interferencia sin necesidad de hacer más que esa pregunta. Esto crecerá solo y afectará a la propia agenda. Sanders será preguntado una y otra vez si cree los rumores, será parte de sus discursos negarlo, etc. Por ello, dentro de muy poco será el propio Sanders el que se interferirá a sí mismo.


Sus rivales, si sigue ganando, empezarán a considerarlo el "candidato del Kremlin" y él, de nuevo, deberá salir a desmentir y a llamar "matón" a Putin. Los demás lo tomarán como una cortina de humo, claro, y seguirán cuestionando la idoneidad de tener un candidato bajo sospecha.
El mundo de las "fake news" es también el mundo de los desmentidos, cuyos efectos se estudian poco y habría que empezar a considerar. Pasaron los tiempos en que los escándalos necesitaban de fotos, cartas, pruebas... Hoy no hace falta llegar a tanto porque ya se encuentran las mentes predispuestas a aceptar las cosas más inverosímiles. Por eso a Trump le bastaba con que los ucranianos dijeran que estaban investigando.


Si el senador Sanders sigue enfadándose tanto cada vez que le llamen el candidato de Putin, hará a Putin feliz y aumentará el riesgo de que le dé algo y se tenga que retirar de la carrera. Lo que sí crece es el prestigio de Putin entre aquellos que consideran que interferir en las elecciones de un país como los Estados Unidos no está al alcance de cualquiera. En realidad, sí, pero no lo saben.
Cuando los norteamericanos se quejen de que Putin trata de interferir, Putin lo negará, pero levantará una ceja y pondrá esa cara de pillo que pone a veces. Con esto bastará para que todos estén convencidos de que sí lo hace pero no lo quiere reconocer. ¡Donde esté una buena duda!
El mundo se dirige al abismo de la credulidad. Las mentes críticas son pocas y se acaban aburriendo de ir contra corriente.



* "US election 2020: Sanders 'told of Russian effort to aid his campaign'" BBC 22/02/2020 https://www.bbc.com/news/world-us-canada-51582025


jueves, 28 de julio de 2016

El aspirante bocazas o ... y ellos se juntan

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
El personaje que faltaba por salir a la luz en las primarias norteamericanas era Vladimir Putin. Digo "por salir a la luz" porque, en realidad, ha estado presente en gran parte de ellas como un referente para Donald Trump, que lo ha presentado como la cara triunfante de un perdedor en la arena internacional, Barack Obama. A este grado de degeneración ha llegado Trump y el partido republicano en su odio hacia Obama, un odio que se ha ido manifestando y acrecentándose en el intento de hundir cualquiera de sus decisiones o proyectos hasta llegar a convertir las cámaras  políticas en maquinarias de bloqueos permanentes.
Muchos analistas de la política norteamericana se preguntan hoy cómo ha sido posible llegar a tener a un Donald Trump como candidato a la presidencia de los Estados Unidos y si realmente han pensado lo que sería su mandato para el país y para el mundo.
Las imágenes que ayer nos ofrecían los medios de un Trump dirigiéndose a Rusia para que saquen a la luz los borrados correos electrónicos de Hillary Clinton merecerían ser una escena de una sátira de Stanley Kubrick con el candidato republicano como protagonista. 


Trump está reinterpretando las relaciones con Rusia como una especie de absurdo a la carta. Ha cambiado la "guerra fría" por el "granizado", una especie de frivolidad veraniega, dando pie a la entrada de Putin y Rusia por alusión en la campaña.
La intervención podría quedar como un chiste de mal gusto (otro más) de Trump de no ser porque ha indicios de que el "hackeo" de los servidores demócratas sí ha sido real, con los rusos tratando de envenenarle la convención a Clinton. Es decir, de nuevo una especie de "Watergate" frívolo, pero con rusos y en digital.
The New York Times titula "Donald Trump Calls on Russia to Find Hillary Clinton’s Missing Emails" y centra el caso:

Donald J. Trump said on Wednesday that he hoped Russian intelligence services had successfully hacked Hillary Clinton’s email, and encouraged them to publish whatever they may have stolen, essentially urging a foreign adversary to conduct cyberespionage against a former secretary of state.
“Russia, if you’re listening, I hope you’re able to find the 30,000 emails that are missing,” Mr. Trump said during a news conference here in an apparent reference to Mrs. Clinton’s deleted emails. “I think you will probably be rewarded mightily by our press.”
Mr. Trump’s call was another bizarre moment in the mystery of whether Vladimir V. Putin’s government has been seeking to influence the United States’ presidential race.
His comments came amid questions about the hacking of the Democratic National Committee’s computer servers, which American intelligence agencies have told the White House they have “high confidence” was the work of the Russian government.*


Cualquier acusación mantenida contra Hillary Clinton por la cuestión de la seguridad por el uso de servidores privados queda como naif al lado de la irresponsabilidad de Trump. Pero la cuestión es cómo se percibe esto por los fascinados seguidores de Trump, guiados por ese odio redirigido hacia Clinton. La cuestión no es baladí, sino una muestra más del clima irracional que se vive en la política.
Las dos breves frases dichas por Trump deberían ser suficientes para invalidarle como candidato ante el electorado norteamericano. Sin embargo no será eso lo que ocurra, de la misma manera que disculpado el obvio plagio del discurso de Michelle Obama por la señora Trump. El corta y pega es un mal muy extendido.


Los periódicos importantes resaltan la gravedad del hecho en términos muy similares. The Washington Post titula "Trump invites Russia to meddle in the U.S. presidential race with Clinton’s emails"** y nos trae las reacciones del presidente Obama:

President Obama, who was scheduled to address the convention on Wednesday night, told NBC News in an interview on Tuesday that Russia could be working to influence the election.
“What we do know is that the Russians hack our systems, not just government systems but private systems,” Obama said. “What the motives were in terms of the leaks, all that — I can’t say directly. What I do know is that Donald Trump has repeatedly expressed admiration for Vladimir Putin.”
Clinton campaign manager Robby Mook responded to Trump’s Wednesday comments with a tone of disbelief, telling reporters that the apparent hacking was “a national security issue.”
“It appears the Russians did steal these emails from the DNC,” Mook said at a lunch sponsored by the Wall Street Journal. “It appears as if they were active in releasing them for the purpose of hurting the campaign.”**


Las republicanos niegan que haya evidencias de que los rusos hayan "hackeado" los servidores demócratas y liberado los correos que mostraban las discrepancias con Bernie Sanders y el apoyo a Clinton. Esos correos han levantado la ira de los seguidores de Sanders contra el Partido Demócrata t contra Hillary Clinton.
Pero con independencia de la capacidad probatoria del hecho por los servicios secretos norteamericanos, lo cierto es que el escándalo es doble y nadie puede librar a Trump de la parte que le corresponde al pedir a Rusia que lo haga, tanto si lo ha hecho como si no.
Hay otros indicadores del despropósito político que representa Trump. Donald Trump —como recordaba Barack Obama— se ha proclamado repetidas veces como admirador de Putin, lo que debe encantar a este, con el fino humor que le caracteriza.
Pero la cuestión de la elección de Trump no se queda solo en USA. Euronews nos contaba ayer el encuentro entre las autoridades de Austria y Hungría:

El candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, se coló en el encuentro que han mantenido los jefes de Gobierno de Hungría y Austria.
El húngaro, Viktor Orbán, ha mostrado su apoyo a Trump y ha asegurado que su política exterior y de inmigración es buena para la Unión Europea. Algo que no comparte su homólogo austríaco, Christian Kern:
“Puede que haya cuestión en la que no estamos de acuerdo Orbán y yo, en Donald Trump. Estoy seguro de que solo hay una cosa que podemos aprender de él: un hombre nunca debería teñirse el pelo”.
Orbán no pudo evitar esbozar una sonrisa. El primer ministro húngaro ha sido el primer líder europeo que ha dado su apoyo públicamente a Donald Trump:
“La política exterior de los demócratas es mala para Europa y fatal para Hungría. Por otro lado, la política anunciada por Trump y los republicanos, en materia de inmigración y política exterior, es buena para Europa y para Hungría significa la vida”.***


La línea representada por Putin, Orbán o Trump y algunos colegas más empiezan a constituir una seria preocupación. El atractivo de este tipo de personalidades parece ser el desafío que el siglo XXI tiene para los sistemas de libertades.
Son múltiples los estudios y ensayos que teorizan sobre el desgaste de la democracia liberal, un modelo que consideran decimonónico y no acorde con los nuevos tiempos. Lo malo es que las alternativas que se ofrecen no son precisamente del siglo XXI sino de un caduco proteccionismo populista y nacionalista que busca liderazgos carismáticos en las figuras de "hombres fuertes" que son capaces de maniobrar con astucia en los campos internacionales y nacionales transformando la sociedad y sus instituciones en instrumentos al servicio de la conservación del poder. 


Es un modelo autoritario y populista, emocional y tradicionalista, que considera los derechos humanos como una utopía débil. El modelo se asienta con figuras como las señaladas de Putin, Trump y Orbán, pero podría extenderse a otros como Erdogan, que está dando ejemplo estos días de lo que es su idea de estado y de funcionamiento del poder bajo su mano.


En Policy Review se preguntaban directamente "Is Hungary’s Viktor Orban a miniature Vladimir Putin?" en julio de 2014 tras escucharle en una gloriosa definición de lo que se estaba creando en Hungría:

“The new state that we are building in Hungary today is not a liberal state. It doesn’t deny liberalism’s basic values such as freedom but doesn’t make it a core element. It uses a particular, nationalist approach.” Last Saturday’s (26 July) grandiose speech was intended by the Hungarian Prime Minister Viktor Orban to mark a clear turning point from the liberal democratic model to a more nationalistic authoritarian one which he intends to be highly corporatist in nature, writes Tim McNamara, our chief political correspondent.
Interestingly, Orban, in a nod to pan-nationalism, chose to make his speech to a gathering of ethnic Hungarian leaders in the Romanian town of Baile Tusnad, (Tusnádfürdő in Hungarian). Most of the attendees, if not all, would have been Romanian residents in possession of Hungarian passports. Like Putin with expatriate Russians, Orban sees the value of drawing closer ethnic Hungarians in the ‘near-abroad’.
The creation of a siege mentality in Hungarian political life, based on populist nationalism, is a deliberate strategy employed by Orban and his cohorts. Citing the ‘exceptionalism’ of the Hungarian people, he paints Brussels and Washington as conspiracists against his nation. He uses the threat of the ‘other’ both externally and internally, brooking no opposition from his political opponents. Even with 66% of the votes in Parliament (based on a mere 44% of the popular vote), he still wants to grind his political opponents into the dust.
Like Putin, he has systematically changed the media landscape to squeeze out unfriendly media outlets. Through a process of intimidation, buy-outs and selective taxation changes the Hungarian media is now a pliant and overwhelmingly sympathetic to Orban’s party Fidesz. In a remarkably similar move to what has happened in Russia, a recent OSCE report revealed that there was a “significant bias” towards the ruling party and that an increasing number of media outlets are owned by people associated with Fidesz.****


La visita del presidente El-Sisi a Hungría fue el único recuerdo agradable que se pudo traer de Europa. Allí encontró en Viktor Orbán la admiración por el papel de los militares al frente del país y las ventajas del autoritarismo. Orbán recordó sus tiempos militares y su añoranza de los uniformes.
La descripción del modelo de Estado al que aspiran no puede ser más clara: las libertades no son algo prioritario. Ellos deciden, por supuesto, lo que son libertades y quién debe tenerlas en cada momento.
Esto no es el futuro; es el pasado y se llama "fascismo". Es el desmantelamiento progresivo de cualquier crítica o contestación, ir fabricando un terreno de juego en el que no haya vuelta atrás, en el que el poder se perpetúe en la persona o en el partido. Es lo que está haciendo Orbán en Hungría y está rematando violentamente Erdogan en Turquía.


La Rusia de Putin ya lo ha hecho: allí mueren los opositores, por polonio o por un tiro junto al Kremlin; son encarcelados por jueces temerosos de oponerse al poderoso aparato. La Turquía de Erdogan lo ha hecho de forma acelerada, acabando con los medios independientes, los profesores universitarios, los jueces, etc. La excusa se la han puesto en bandeja, pero el proceso no es nuevo.
El admirador de Putin, Donald Trump, pide su intervención en la campaña norteamericana. Putin se divierte con ello. También se ha divertido con sus otros admiradores europeos, como Nigel Farage, Marine LePen o Geert Wilders entre otros que tienen a Putin como modelo de referencia.
Orbán desmantela los medios de información como lo hacen Erdogan y Putin. Se hacen con los medios oficiales y los amigos le compran los privados. Solo queda su figura fuerte en el panorama. Cualquiera que se les oponga será acusado de servir a intereses extranjeros y declarado "enemigo del pueblo".


La proliferación de este modelo en el panorama internacional es un peligro cada vez mayor y requiere de una crítica consistente. Un Trump en la presidencia de los Estados Unidos es una perspectiva impensable no hace demasiado tiempo y que nos muestra cómo se está produciendo un deterioro del modelo democrático, que se podrá criticar lo que se quiera  —una de sus virtudes— y del modelo de liderazgo. Pero no se ven alternativas en los populismos que fraccionan a las sociedades sin resolver problemas, debilitan los medios que pueden criticarlos y destruyen la oposición. No son buenos sistemas; solo sistemas en los que no se puede decir que van mal. Es distinto.
La petición de Donald Trump de que Rusia espíe al Partido Demócrata y a la candidata rival debería poner sobre aviso a los electores norteamericanos de lo que puede ocurrir en el futuro. En el mejor de los casos, tener un bocazas por presidente; en el peor..., mejor no pensar.


* "Donald Trump Calls on Russia to Find Hillary Clinton’s Missing Emails" The New York Times 27/07/2016 http://www.nytimes.com/2016/07/28/us/politics/donald-trump-russia-clinton-emails.html
** "Trump invites Russia to meddle in the U.S. presidential race with Clinton’s emails" The Washington Post 27/07/2016 https://www.washingtonpost.com/politics/trump-invites-russia-to-meddle-in-the-us-presidential-race-with-clintons-emails/2016/07/27/a85d799e-5414-11e6-b7de-dfe509430c39_story.html
*** "HEMOS APRENDIDO ALGO DE TRUMP: UN HOMBRE NO DEBERÍA TEÑIRSE EL PELO" Euronews 27/07/2016 http://es.euronews.com/2016/07/27/hemos-aprendido-algo-de-trump-un-hombre-no-deberia-tenirse-el-pelo

**** "Is Hungary’s Viktor Orban a miniature Vladimir Putin?" Policy Review julio/2014 http://www.policyreview.eu/is-hungarys-viktor-orban-a-miniature-vladimir-putin/







viernes, 10 de junio de 2016

Trump es el mensaje

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los efectos de la candidatura de Donald Trump están siendo devastadores. Atrapado en las garras del monstruo que han creado o que no han sabido frenar, los republicanos están asustados por las terribles consecuencias que puede tener para ellos, más allá de la pérdida de la Casa Blanca, derrota por la que más de uno estará ya rogando interiormente.
La democracia puede también crear monstruos y acabar con la democracia misma. No es un sistema perfecto, sino una forma de participar en las decisiones sobre el destino del país eligiendo a los que actuarán en nuestro nombre.
La peculiaridad del sistema democrático norteamericano permite que Trump sea el candidato republicano porque así lo han decidido los electores republicanos que pueden hacerlo. Nadie ha podido pararlo primero y discutirlo después, más que algunas voces que han dicho que no sostendrán con su voto o apoyo a un candidato de su calaña.
Pero conforme la seguridad de Trump ha ido creciendo, también lo ha hecho su osadía. Crecido por la eliminación de sus contrarios, Trump ha jugado la baza republicana sin considerarse sujeto al partido republicano. Eso le ha permitido una serie de maniobras estratégicas que le han dado fruto. Ha podido ir más lejos que los republicanos porque no siente vínculo alguno por ellos; son simplemente el vehículo que necesitaba para llegar a una nominación a la presidencia. Trump no es un hombre de partido, sino un candidato de sí mismo, un ególatra que maneja los recursos del que no tiene límites en sus objetivos. Advirtió —amenazó, si se prefiere— al partido republicano sobre intentar cualquier maniobra que intentara contrarrestar el apoyo popular.


A diferencia de otros políticos que pueden tener una ideología determinada, un sentido de lo político, Trump es alguien cuyo pensamiento procede de sí mismo o, si se prefiere, remite a sí mismo. Trump es el ejemplo de Trump; se invoca a sí mismo como persona triunfante y capaz de aplicar las recetas de su éxito a cualquier otro campo. Por eso su campaña, de principio a fin, ha sido una exhibición de mal gusto y prepotencia. No eran sus defectos, sino su estrategia para mostrarse como muchos otros se sueñan: como poderosos. Trump es el poderoso reclamando su sitio. La base de su campaña es la misma de sus acólitos en la "Trump University", que citábamos ayer: Trump es millonario y no necesita vuestro dinero, solo quiere enseñaros a que podáis hacer lo mismo. Las demandas consiguientes por estafa no se han hecho esperar. Por más dinero que tenga, igual que poder, siempre querrá más.


The Washington Post publicó ayer el artículo de Michael Gerson titulado "The party of Lincoln is dying". Recoge los últimos incidentes de un Trump que tiene que seguir mostrando su desprecio olímpico por las instituciones y personas, meras moscas en su camino, que son espantadas con un gesto de su mano. Esta vez, de nuevo, es un incidente de corte racista:

Why such vehemence among Republican leaders in their condemnations of Donald Trump for questioning the objectivity of a federal judge based on his “Mexican heritage”?
This is, in House Speaker Paul D. Ryan’s words, “the textbook definition of a racist comment.” But it is not materially more bigoted than the central premise of Trump’s campaign: that foreigners and outsiders are exploiting, infiltrating and adulterating the real America. How is attacking the impartiality of a judge worse than characterizing undocumented Mexicans as invading predators intent on raping American women? Or pledging to keep all Muslim migrants out of the country? Or citing the internment of Japanese citizens during World War II as positive precedent?
Is Trump himself a racist? Who the bloody hell cares? There is no difference in public influence between a politician who is a racist and one who appeals to racist sentiments with racist arguments. The harm to the country — measured in division and fear — is the same, whatever the inner workings of Trump’s heart.*


La respuesta de Gerson a la pregunta sobre el racismo de Trump es la correcta: lo importante es lo que hace. Y la apelación racista ha sido una constante desde el inicio de su campaña.
Trump se está valiendo del sentimiento racista que se ha intensificado en los Estados Unidos como resultado de los dos mandatos de Barack Obama. Los grupos racistas han usado durante ocho años la presencia de Obama en la Casa Blanca para avanzar socialmente estableciendo asociaciones negativas entre sus políticas demócratas y el color de su piel. Es un mecanismo de entrada en paralelo mediante el cual los sentimientos primarios racistas se vinculan casi paulovianamente con políticas concretas como el Obama-care, el levantamiento del bloqueo a Cuba, el cambio de política hacia Irán, etc. Son conocidas las manipulaciones de las fotografías del presidente Obama oscureciendo su piel para hacerlo parecer más "africano" o la conversión de su imagen en una especie de talibán convirtiéndolo en un "musulmán".


La estrategia de Trump desde el principio ha sido presentar una "América en decadencia", mensaje implícito en "hacer América grande de nuevo". El "de nuevo" es una forma de presentar su "degeneración" y la "perversión del gobierno" ocupado por alguien que ha llegado "demasiado lejos". La indignación de México —convirtiendo su figura en motivo de piñatas— o de los musulmanes, etc. no es casual sino una provocación medida y totalmente calculada para lograr un efecto en aquellos que han vivido como una afrenta la ocupación de la Casa Blanca por un afroamericano. El propio Trump ha dejado caer varias veces la cuestión del nacimiento de Obama en los Estados Unidos, un requisito necesario para la presidencia.
La cuestión no es, por tanto, preguntarse si Trump es racista o no, sino las consecuencias que estas políticas tienen sobre la elección primero y sobre el país después, pues es evidente que lo que está saliendo a la luz es la América más intransigente, la más racista, insolidaria, aislacionista y agresiva gracias a la canalización que Trump hace de ella y haciéndola tomar cuerpo.


La multiplicación de incidentes racistas violentos por los Estados Unidos no es casual sino el resultado de ese clima creado durante estos años y que ahora Trump aprovecha y excita y alienta con sus mensajes y acciones.
Trump es el mensaje. Las políticas que pueda proponer no son más que demagogia como una y otra vez demuestran los analistas dedicados a desmontar sus argumentos. Sin embargo no es su programa lo decisivo sino su capacidad de canalizar hacia él las frustraciones y los sentimientos negativos haciendo que su electorado se sienta como la "verdadera América" y él su salvador.
Su argumento, además, es fácil y se conecta con los de otros: no se trata de hacer, sino de dejar hacer. Su misión es quitar los obstáculos que bloquean al país. Por eso sus programas son negativos: hay que "limpiar América". Y en esas "limpiezas" entra lo económico, lo social, lo étnico, los compromisos internacionales, etc.
Trump ha crecido porque esa América negativa existe, cultivada durante dos décadas, una el dominio de las políticas de Bush y otra la de la contestación a Obama. Hace ya tiempo que se habla de esas "dos Américas" y lo que Trump está haciendo hará que tarde mucho en cerrarse si es que llega a cerrarse.


En un artículo publicado a mediados de marzo por The New York Times con el título "$2 Billion Worth of Free Media for Donald Trump", Nicholas Confessore y Karen Yourish analizaban la sorprendentemente baja inversión mediática de Trump:

Of all the ways Donald Trump has shocked the political system, one of the most significant is how he wins primary after primary with one of the smallest campaign budgets.
He still doesn’t have a super PAC. He skimped on ground organization and field offices. Most important, he spent less on television advertising — typically the single biggest expenditure for a campaign — than any other major candidate, according to an analysis by SMG Delta, a firm that tracks television advertising.
But Mr. Trump is hardly absent from the airwaves. Like all candidates, he benefits from what is known as earned media: news and commentary about his campaign on television, in newspapers and magazines, and on social media. Earned media typically dwarfs paid media in a campaign. The big difference between Mr. Trump and other candidates is that he is far better than any other candidate — maybe than any candidate ever — at earning media.**


Sí, Trump es el hombre de los medios, el "hombre-mensaje". Mientras los analistas tratan de explicar sus ideas para llegar a la conclusión que son absurdas, racistas, demagógicas, etc. Trump crece de forma gratuita por los comentarios que le dedican, insultos o alabanzas. Si el orden sale del desorden, los medios "ordenan" el caos de Trump convirtiéndolo en "mensaje" que llega a los que lo reciben con espíritu crítico o haciéndolo suyo. Nadie ha sacado, nos dicen los analistas, tanto partido a esta "publicidad" gratuita. Desgraciadamente no es solo "publicidad", como ocurriría en otros casos: es la intensificación que Trump necesita para crecer. Trump se beneficia de las alabanzas y de las críticas porque su ser es mediático, es persona y personaje. Donde otros necesitan invertir para hacer llegar sus mensajes, Trump llega él, él es el mensaje.


Un artículo e ilustración de David Horsey en Los Angeles Times se titulaba "Si un payaso es elegido presidente, no echen la culpa a los medios". Esto es relativo. Trump se beneficia de la falta de rigor crítico de los medios y de la preferencia por lo grotesco, es decir, por el payaso antes que por el discurso serio. Trump ha sido noticia hasta cuando no ha querido ir al debate televisivo. Trump se benefició de ser un personaje público del que se puede esperar cualquier cosa y, por ello, debe estar rodeado siempre de cámaras. Se ha beneficiado, en suma, de una política que busca audiencias y no relevancia de los mensajes. Trump fue objeto de seguimiento constante no porque fuese un peligro público como candidato, sino porque era Donald Trump, alguien con un "capital mediático" acumulado que puso a trabajar con eficacia. 
Muchos aspiran a ser una "meta etiqueta" en un diario; Trump lo es desde hace muchos años. Ha sobrevivido a todo tipo de campañas de desprestigio; está vacunado contra todo. Lo malo es que nuestra sociedad mediática beneficia a este tipo de personajes; se prefiere al payaso al erudito, al que insulta antes que al que razona. Y en eso sí que hay responsabilidad mediática, al crear el caldo de cultivo.


El temor que todos manifiestan ante un eventual triunfo de Trump es gradual: por el partido republicano —al que lleva a la destrucción—, por los Estados Unidos —al que llevará al caos— y por la situación internacional en la que las políticas anunciadas por Trump serían nefastas y abrirían una situación de incertidumbre como no se haya conocido previamente.
Trump, sí, es el mensaje, un mensaje terrorífico.



* Michael Gerson "The party of Lincoln is dying" The Washington Post 9/06/2016 https://www.washingtonpost.com/opinions/the-party-of-lincoln-is-dying/2016/06/09/e669380a-2e6b-11e6-9de3-6e6e7a14000c_story.html

** "$2 Billion Worth of Free Media for Donald Trump" The New York Times 15/03/2016 http://www.nytimes.com/2016/03/16/upshot/measuring-donald-trumps-mammoth-advantage-in-free-media.html