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sábado, 14 de diciembre de 2019

Los insultos contra Greta Thunberg

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Se ha puesto de moda entre algunos personajes insultar a la joven activista sueca Greta Thunberg. Los insultos le son dirigidos por "mujer", "joven", tener sin Síndrome de Asperger y ser "activista"; todavía no lo han hecho por "sueca" que es más complicado y podría evitar que le dieran el Nobel de algo en el futuro. Por ejemplo, a Donald Trump el de la Paz, al que seguro que se considera candidato con fundamento, como Arguiñano.
La intensidad de los ataques es señal de la razón que asiste a Thunberg. No siempre es así, claro, pero sí en este caso. Greta Thunberg tiene razón. Su causa es justa y se limita a algo esencial: escuchen a los científicos y presionen a los políticos. En realidad, no hay campaña más moderada y universal que la de Greta Thunberg, que se ha complicado la vida buscando medios alternativos de bajo consumo y a la que se vigila al extremo de recriminarle que se sentara en un sofá de piel, que sin duda no era suyo. Pero además de tener que mirar al futuro, parece que a algunos les exigen tener ojos en el trasero.
Los insultos a Greta Thunberg le llegan desde la presidencia de los estados hasta algunos indocumentados callejeros que no sé muy bien de qué la responsabilizan, pasando por una serie de periodistas y columnistas que parecen buscar su protagonismo complicado mediante el ir contracorriente. Hasta el momento, los países con presidentes más maleducados, como era de esperar, son los Estados Unidos y Brasil.


En su incansable tuitear, Donald Trump se ha referido varias veces a la activista sueca denigrándola en todos los aspectos posibles ya que no hay aspecto de su personalidad que no le resulte molesto. Esto se ha agravado, como estaba previsto, con el nombramiento de Thunberg como Persona del Año por parte de la revista Time, algo que al eterno aspirante a todas estas cosas y portadas, le ha sentado fatal.
En la CNN en Español, podemos leer a Chris Cillizza sobre estos ataques:

Esta no es la primera vez que Trump ataca a Thunberg. “Parece una niña muy feliz que espera un futuro brillante y maravilloso”, expresó con sarcasmo Trump en Twitter después del discurso que Thunberg pronunció ante la Asamblea General de las Naciones Unidas a principios de este otoño. “¡Qué bueno verlo!”, insistió el presidente.
Lamentablemente, la reacción de Trump resulta predecible luego de que la joven activista sueca fuera nombrada como la persona del año de la revista Time… por encima de él. Trump es un bravucón. Y ha demostrado una y otra vez que no tiene recelo en matonear a nadie. No olvidemos que se burló de la apariencia de Carly Fiorina cuando estaba compitiendo con ella por la nominación republicana durante la campaña electoral de 2016. Y en esa misma campaña, el ahora mandatario se mofó de un periodista de The New York Times imitando groseramente su discapacidad física. Entonces, que el presidente de Estados Unidos le diga a una joven de 16 años con síndrome de Asperger –una condición que se caracteriza principalmente por la dificultad en las interacciones sociales– que haga algunos amigos y, básicamente, “se relaje”, se adapta muy bien a ese patrón de comportamiento.
Thunberg respondió cambiando su biografía de Twitter para burlarse de las palabras del presidente y refirió a sí misma como: “Una adolescente que trabaja en su problema de manejo de la ira. Actualmente se relaja y mira una buena película anticuada con un amigo”. Thunberg ha sido abierta sobre su diferencia neurológica, reconociendo las luchas que ha tenido y asegurando que es un “superpoder” cuando se trata de su activismo.*



Es algo muy evidente los ataques de celos que le provocan a Trump cualquier mérito que le sea reconocido a otro. Cree poseerlos todos y tener derecho a todos los reconocimientos posibles. Los celos enfermizos son algo que forma parte de su patología evidente. Greta Thunberg es un episodio más en su vida celosa, con el problema de que ella adquirirá mayor protagonismo y Trump seguirá rabiando. Estamos hablando del hombre que sigue afirmando que tuvo más asistentes en la ceremonia de toma de posesión que Barack Obama, pese a las evidencias fotográficas mostradas una y otra vez.
Pero no confundamos el efecto con la causa. Los Trump y Bolsonaro atacan a Greta Thunberg por lo que dice, representa y los demás valoran, el indiscutible efecto de sus acciones y omisiones sobre el cambio climático, sus políticas negacionistas que tienen efectos sobre el planeta. Trump, Bolsonaro y unos cuantos más representan la "violencia irresponsable" sobre los condicionantes del cambio.
Más allá de todo esto, el efecto Thunberg es la mayor sensibilidad y detalle a los aspectos que afectan al calentamiento global. Cuando se piensa en situaciones, estas pueden ir desde las talas que quemas de los bosques amazónicos a encender o apagan el interruptor de una sala en casa. Unas cosas son más dañinas que otras pero lo que realmente significa es que nuestros dos últimos siglos en el planeta han sido bastante negativos para el conjunto, en especial este último con la entrada de los carburantes que sacaron de la nada a países que no están dispuestos a perder su poder energético sobre el que han construido su poder político y militar.


El hecho de que Bolsonaro haya llamado "mocosa" a Greta Thunberg no es más que un síntoma de lo mismo: Thunberg les está levantando una contra creciente que es difícil de negar y tras las que surgen decenas de declaraciones señalando que tiene razón. En la cuestión climática, Thunberg es clara: escuchen a los científicos y exijan a los políticos, como señalamos. La rotundidad del mensaje obliga a algo que no quieren tener que hacer: enfrentarse a las evidencias que los científicos de todo el mundo le ponen delante. Eso les obliga a tener que justificar muchas de las decisiones que toman y que dejan de tomar.
Lo esencial de la forma actual de hacer política es la jerarquización de los problemas. Trump, Bolsonaro y otros tratan de sustraer de la vista los problemas que a ellos nos les interesa situar en primer término. Para los otros, en cambio, la prioridad de los problemas es otra muy diferente. Las decisiones sobre cuestiones climáticas son por lo general restrictivas, tienden a corregir lo que se ha hecho mal y nos ha llevado a esta situación. Por el contrario, los dirigentes negacionistas consideran que lo que les ha funcionado (y en gran medida por lo que han sido apoyados) debe seguir, pues es el fundamento de su propuesta electoral.
Por eso es tan negativo que se haga propuesta electoral de lo que debería ser una prioridad de todos, por encima de ideologías y demás consideraciones partidistas. Dirigir el voto hacia cuestiones climáticas es un enorme error del que muchos políticos se benefician pues justifican en las urnas su negacionismo climático. Lo estamos viendo ya en algunos países de Europa.


Esto explica los ataques de ciertos columnistas a Greta Thunberg, casi siempre atendiendo a las mismas consideraciones personales a falta de argumentos con los que rebatir, no a ella, sino a los miles de científicos e informes que están detrás de lo que ella señala y a los que ella remite.
Es cierto que por el hecho de meterse en el activismo, uno se expone ya a lo que pueda pasar por ser parte en la lucha. Pero es inconcebible, por no decir vergonzoso lo que se lee y escucha. El repertorio es muy amplio, de los insultos descalificadores de Trump en sus tuit a la presunta explicación "clínica" que podemos leer en algún medio español, que poco antes hablaba del "clan Thunberg" y sus negocios como forma de quitar mérito a lo realizado por la joven sueca.
Chris Cillizza concluye en su reflexión sobre la actitud de Trump hacia Greta Thunberg:

Lo que es realmente preocupante –y que genuinamente me da rabia– sobre todo esto es que no escucharemos el rechazo por parte los partidarios de Trump (en cargos electos y fuera de ellos) debido este comportamiento absolutamente espantoso.
¿Por qué? Porque, en este momento de la historia política estadounidense, el partido con el que se identifican sobrepasa, ejem, todo lo demás, incluida la decencia común.
Porque la decencia común dictaría que, como sociedad, no aceptamos que un adulto intimide a una niña de 16 años en internet. Porque sabemos que está mal. Porque somos conscientes de que si tuviéramos una hija no querríamos que un adulto la matoneara. Mucho menos un hombre adulto. Mucho menos uno que es el presidente de Estados Unidos.


Pues sí, así están las cosas. Son la demostración clara de que algo les falla a estos mandatarios que se sienten todopoderosos y les molesta todo lo que se interpone en su camino, incluido el de "persona del año". Tampoco quedan en buen lugar los que desde los medios —respondiendo a intereses muchas veces poco claros o queriendo llamar la atención haciendo la contra— se dedican a insultar a la joven por esos "pecados" de juventud, ser mujer o tener conciencia. Todo se achaca, como hace el medio español no citado, a establecer la conexión entre padres perversos y la genética.  ¡Como si eso fuera a detener el desastre hacia el que vamos todos!
¡Déjate de mirar el dedo y mira la luna! Antes de que sea tarde. Thunberg solo es la cara visible y la palabra que nos recuerda lo que nos queremos ver ni escuchar. ¡Ah!  Y enhorabuena por ser la Persona del Año para Time, la revista que Trump ha prometido no comprar más. 



* Chris Cillizza "Todos deberíamos estar horrorizados por el tuit de Trump sobre Greta Thunberg" CNN en Español 12/12/2019 https://cnnespanol.cnn.com/2019/12/12/todos-deberiamos-estar-horrorizados-por-el-tuit-sobre-greta-thunberg-que-escribio-trump/




El hijo de Bolsonaro, arma al cinto


viernes, 6 de diciembre de 2019

Por qué necesitamos caras jóvenes

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La llegada a Madrid de Greta Thunberg para participar en la marcha de denuncia de los efectos humanos sobre el cambio climático y la inoperancia de los gobiernos con sus medidas se ha convertido en un acontecimiento social, político y mediático. No sé si es el orden correcto en que se deberían disponer esas palabras, es decir, si es lo mediático lo que lleva a lo social y este a lo político. Quizá —es lo que creo— las dos direcciones interactúan de forma reversible en un movimiento pendular que va en ambas direcciones. Dicho de otra forma: nada de lo que pueda ocurrir política o socialmente tiene sentido si no pasa por los medios. Esa es fundamentalmente la función de los medios, "mediar", como su propio nombre indica.
El diario El País dedica un artículo a comentar las burlas que se le dedican a la joven sueca en su valiente papel de cabeza de los movimientos activistas contra el cambio climático. El artículo lo firma Patricia R. Blanco y lleva por título expresivo "La ‘jajaganda’ o cómo desinformar con el insulto: el ‘caso Greta Thunberg’". Se pasa revista en él a los diferentes mensajes insultantes dirigidos contra ella desde contendientes tan ilustres como Donald Trump (un experto mundial en el insulto) hasta un diputado de Vox (aprendiz emprendedor en el arte insulto a falta de otras).


Entre estos ataques hay un hecho comunicativo: la necesidad de contar con caras jóvenes para encabezar los movimientos. El caso de Greta Thunberg es paralelo al de Malala Yousafzai, la premio Nobel, que ha encabezado los movimientos en pro de la educación de las niñas en el ámbito del mundo islámico y más allá. Los mensajes de Malala y, sobre todo, su valentía ante el desafío de los talibanes y su intento de asesinarla en un autocar camino de la escuela la convirtieron en una líder real más que en un rostro marcado por los disparos que colocar en los carteles de protesta.

Es indudable que en un mundo súper saturado de informaciones y con la caída de los líderes tradicionales, que resultan ser poco fiable, el uso de personas sin pasado, por decirlo así, surgidas de la sociedad y no de grupos, partidos, etc. ofrece más garantías para la adhesión que los que llevan un historial político que puede ser combatido.
Tenemos medio planeta sublevado contra sus propios líderes, que pronto empiezan a fallar no solucionando los problemas reales de la gente, convertidos en portavoces ocultos de grupos económicos, industriales, etc. que convierten en riesgo y decepción el apoyo que se les pueda dar.
Como contrapartida, dos de los movimientos sociales más poderosos (por la educación femenina y contra el cambio climático) aparecen liderados por dos adolescentes tras las que la gente se sitúa respaldándolas. En el caso de Greta Thunberg, el movimiento ha conseguido algo muy importante de forma clara, que los jóvenes se sientan grupo ante un problema que les afecta. Es más, ha conseguido que sienta que es "su problema", el que afecta al futuro, que será lo que les quede.
Contra este discurso no hay mucho que hacer y solo queda, como se dice en El País, la burla, la broma, el insulto personalizado que es la falta de argumentos. Esto desvela, además, las posiciones de los que insultan: machismo, falta de recursos, odio absurdo, etc. que dejan en evidencia a sus detractores.


En el caso de Malala Yousafzai, de su lado estaba la ética y la modernidad; en el caso de Greta Thunberg, el apoyo se amplía hacia la propia Ciencia y también en crisis de la modernidad en su vertiente industrial, ya que lo que se cuestiona es precisamente los estragos de un modelo de desarrollo que hoy —el que quiera verlo— sabemos que nos lleva a un mundo caótico y autodestructivo que se lleva por delante al resto del planeta, incapaz de recuperarse de nuestras acciones.
La energía de estas jóvenes es a prueba de insultos. En ellas converge mediáticamente la atención sobre problemas de los que los políticos, empeñados en el "presentismo", dicen ocuparse pero que posponen indefinidamente.
Los políticos de la mayor parte de los países actúan en función del mantenimiento del poder en las siguientes elecciones, por lo que dan salida a los problemas de hoy, creando muchas veces los problemas de un mañana en el que no saben si estarán. Esta mentalidad que no es "política" en el sentido profundo del término, sino simplemente electoralista, es la que no tienen Thunberg y Yousafzai, que no buscan el poder, sino actuar sobre ellos proponiendo ideas que recogen y poniéndose al frente de las exigencias de que se cumplan.


La falta de sentido político real de la mayoría de los dirigentes hace que se esté realizando en la calle lo que se debería realizar en otros foros. El problema es que muchas veces esos foros solo son distracciones mediáticas cuyas propuestas no se cumplen por falta de voluntad, de intereses enfrentados, etc.
Como ejemplos de política práctica y real, las dos jóvenes encarnan lo que se echa de menos en los políticos: energía, compromiso, autenticidad, sencillez. Todo esto conlleva una erosión del propio sistema, en el que la gente deja de confiar. Eso no es bueno. Pero son los propios políticos (especialmente los jóvenes) los que deben darse cuenta de ello. Simbólicamente, que sean los jóvenes quienes salgan a la calle y reivindiquen soluciones significa que han pasado por encima de la generación que debería hacerlo. Eso tiene muchas implicaciones visibles o invisibles, presentes y futuras.



* "La ‘jajaganda’ o cómo desinformar con el insulto: el ‘caso Greta Thunberg’" El País 6/12/2019 https://elpais.com/elpais/2019/12/05/hechos/1575556118_082383.html