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miércoles, 10 de abril de 2024

Robo de datos

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En su selección de artículos en medios europeos ("Una mirada europea"), RTVE.es nos trae algo ocurrido en Estonia: "Hackers roban la información personal de cientos de miles de clientes de una cadena de farmacias"*. No hace mucho, unos hospitales catalanes sufrieron el robo de sus expedientes, es decir, de los de sus pacientes/clientes.

El robo masivo de datos está ya entre nosotros como una modalidad compleja y muy productiva. Cada vez son más las acumulaciones de datos que sufren este tipo de ataques con consecuencias todavía poco claras. En la asociación con otras noticias que se hace por parte de RTVE, nos traen otro caso, "Air Europa sufre un ciberataque y pide a sus clientes que cancelen las tarjetas de crédito", noticia de octubre de 2023.

La digitalización de la sociedad lleva a que cada vez sean más frecuentes estos casos. El artículo estonio pone el énfasis en un punto clave, el intento de evitar gastos con una buena protección de datos:

El Fiscal del Estado, Vahur Verte, afirmó que los ciberdelincuentes están atacando a propósito datos más sensibles.

"La gente se siente cada vez más obligada a confiar sus datos a los proveedores de servicios porque la gestión de documentos digitales y el almacenamiento de datos son mucho más eficientes y cómodos que el papel. Por tanto, la gente confía en que los proveedores de servicios se toman en serio la protección de sus datos. Esta confianza es fácil de perder, pero difícil de recuperar. Las empresas que procesan datos sanitarios u otros datos sensibles deben tomarse la ciberseguridad especialmente en serio", afirma Werte.

Según Pille Lehis, Director General de la Inspección de Protección de Datos, otro caso de pirateo de bases de datos demuestra que la protección de datos es algo secundario para los empresarios.

"Las empresas e instituciones deberían plantearse seriamente aumentar la inversión en seguridad. El daño de un incidente como este no sólo es material, sino que mina la confianza y la reputación. Pedimos a la gente, a la luz de este incidente, que también piense críticamente a la hora de facilitar sus datos personales para cuentas de clientes. El consentimiento dado puede retirarse en cualquier momento, pero los datos ya facilitados no pueden borrarse definitivamente. También deberíamos interesarnos por los datos de que disponemos sobre nosotros, con qué fines se recogen y quién tiene acceso a ellos. Los datos se han convertido en la moneda más importante y valiosa para cada individuo. Comerciemos con ella con responsabilidad, porque el valor de esta moneda crece cada día", dijo Lehis.*


El hecho es claro: la seguridad es cara. Los ciudadanos vemos el aumento de las ciberestafas, algo sobre lo que se nos pone en aviso cada día. El temor se traslada al ciudadano, que recibe cada día correos fraudulentos, llamadas falsas, etc. La petición de Air Europe de que los ciudadanos afectados cancelen sus tarjetas de crédito no deja de ser una forma de fracaso. Ante la tendencia a guardar toda la información ¿pueden estar confiados los ciudadanos, los usuarios de múltiples servicios, de compradores, etc., de su seguridad?

A través de muchos de esos fatos se pueden extraer algo más que el dinero de las cuentas: se pueda reconstruir las vidas de las personas, para bien y para mal. Si tras comprar unas cajas en un gran supermercado yo empiezo a recibir publicidad sobre alquiler de trasteros y ofertas de transporte para traslados, yo debo pensar que la compra, realizada con tarjeta y registrada a través de mi "tarjeta-club" va más allá de la caja en la que pago. El caso —es real— muestra la rapidez con la que, sin necesidad de ser robados, estos son vendidos, cedidos o como queramos llamarlo. De la misma forma que el encargado de mi servicio de Internet, TV, etc. ha decidido no tomar los datos, que ya tiene, y fotografiar mi DNI por los dos lados. Si mañana sufro algún tipo de ataque, fraude, etc., ya sé por dónde empezar.

La exigencia de proteger los datos y de tener los elementos mínimos necesarios no se manifiesta. Es caro y cuantos más robos o peligro haya, el mercado de la protección de datos se encarecerá. Como sabemos, los costes irán al cliente, que pese al dicho, casi nunca tiene razón.

Desde hace un par de décadas ya, se nos empuja desde todos los ámbitos a esa administración digital que, además de afectar al empleo, esconde a empresas y administraciones tras un velo de anonimato. Todo deja de tener cara y pasa a ser parte de una transacción digitalizada, anónima tras que puede ya no haber nadie, sino una inteligencia artificial que adiestrada recoge nuestros datos, nos da instrucciones, etc.

Todo esto se traduce en "datos", en "conversaciones que va a ser grabada por seguridad" y en un sinfín de protocolos que son información. Cada día es más fácil acceder con esos datos.

En todas partes se nos exigen aceptar las cookies para poder acceder a casi todo. No sabemos qué hacen con esa información. Solo se nos informa del cada vez más elevado número de "socios", un eufemismo para significar a los destinatarios de esa información que se obtiene de nuestras acciones a través del ordenador. Las grandes empresas de comunicación son el comienzo, pero no el final, de esta extracción constante de datos, legales, ilegales y aparentemente legales, todo un repertorio que se pierde en esa oscuridad del sistema de redes.

Nuestros teléfonos vienen ya cargados de programas que no podemos desinstalar. Los mandos de nuestra televisión inteligente están a la escucha, al igual que los propios televisores. La excusa es que podemos dar instrucciones de voz. Ya sabemos que ocurrió con estos amigables "asistentes" caseros que captaban todo lo que sucedía a su alrededor; la excusa es que estaban mejorando su aprendizaje para poder interactuar con más naturalidad con los seres humanos.

Los ejemplos se pueden multiplicar y creo que casi todos tenemos casos propios de este tipo de situaciones. Muchas veces —¡mal hecho!— somos nosotros los que "cedemos" los datos por esa gratuidad o por mero desinterés o inconsciencia de lo que se puede hacer con los datos.

Inteligencia Artificial y "Big Data" son los dos factores que abaratan e intensifican todo este mercado de datos en el que, en el fondo, nosotros somos las piezas en venta. No solo nos roban los datos, sino lo que estos representan, a nosotros mismos.

Y parece ser que esta forma de delincuencia está bien desarrollada en España.

 

* Una mirada europea: "Hackers roban la información personal de cientos de miles de clientes de una cadena de farmacias" RTVE -  ERR 4/04/2024 https://www.rtve.es/noticias/

jueves, 18 de mayo de 2023

Actos sencillos, futuro previsible

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Nos lo advierten en un breve reportaje en los informativos RTVE y en el correspondiente en RTVE.es: comprar un billete de avión online tiene sus trucos. Pero más que los nuestros son los de las compañías aéreas los que se acaban llevando el gato al agua.

En estos días que tanto se habla de las ventajas e inconvenientes de la "inteligencia artificial" salen a la luz cuestiones que se saben desde hace mucho, pero a las que nos enfrentamos ahora. Durante mucho tiempo se nos habla de las ventajas, pero mucho menos de la otra parte, aquella en la que la banca gana siempre. Nada nos convierte más en víctimas que creernos ganadores, más listos que los demás, una tendencia muy humana y que las empresas aprovechan bien.

Leemos en RTVE.es sobre la cuestión de la compra de billetes de avión (se supone que puede ocurrir lo mismo con otro tipo de compras online):

Comprar billetes de avión puede convertirse en una odisea cuando se intenta encontrar el mejor precio. Las aerolíneas establecen el coste de los vuelos mediante el uso de algoritmos que son capaces de detectar la hora, el día y qué tipo de dispositivo utilizan los potenciales clientes a la hora de realizar la búsqueda. Todo ello influye en el precio que aparece reflejado en pantalla.

"Cambias de página, buscas otra vez y 70 u 80 euros más", explica a TVE un usuario. Así, muchos aseguran que solo por buscar el mismo trayecto varias veces, aumenta su precio. Aquí entran en juego los algoritmos de las aerolíneas, que identifican el momento en el que el cliente está dispuesto a pagar más.

"Todo depende de la oferta y la demanda", explica a TVE Beatriz Oficialdegui, directora de marketing de Destinia, "y si en ese momento es cuando más se está buscando y reservando, pues sí puede afectar".*


La hora y el día no requiere mucho misterio. Somos nosotros los que nos ponemos en contacto. Pero la información sobre localización y, especialmente, la exploración de nuestro dispositivo suministra mucha información a partir de la cual es posible fijar un precio más elevado. Se trata de generar automatismos capaces de procesar todo aquello a lo que tienen acceso y establecer una respuesta, el precio que estiman que podemos pagar. Vamos buscando el mejor precio, pero en realidad obtenemos del peor de los mejores precios, es decir, la oferta más alta que somos capaces de aceptar. Lo importante es cómo se nos presenta esto. Y ahí entra en juego la promoción, que nos asegura mediante campañas que vamos a obtener lo mejor. Y lo creemos.

Sin duda: solo prosperan los mecanismos que favorecen a las empresas, que son quienes los desarrollan e implantan. La banca, como dijimos, gana siempre. Por mucho que nuestro ego se recree en la idea, ellos son más listos que nosotros.

Los análisis de la información de los teléfonos u ordenadores desde los que accedemos a los servicios son inestimables fuentes de información. Son instantáneamente procesadas y les permiten, con la mejor de las sonrisas ofrecernos algo que podernos ofrecer y que por una mayor necesidad estamos dispuestos a pagar. El ejemplo de la búsqueda repetida, almacenada en la memoria de nuestro teléfono u ordenador, es claro: si hemos realizado diferentes búsquedas refleja un interés claro.

El teléfono es el espejo del alma, podríamos decir. En él queda marcada toda la información que permite reconstruir el quiénes somos, lo que hacemos y lo que podríamos pagar por algo, que es lo que interesa. Todo se nos vende como beneficios, pero en realidad eso forma parte de la estrategia de captación. Hubo un tiempo en el que las cosas tenían un precio y este era igual para todos. Hoy eso nos parece aburrido y nos consideramos muy listos pensando que sacamos el mejor precio. Pero si se suma la totalidad de lo recaudado seguro que la empresa sale ganando. De otra forma no implantaría el sistema. Pero lo importante es lo que nosotros creemos. Los precios son altos para los otros; solo nosotros, los listos, le sacamos provecho. Eso nos hace sentir bien... y se aprovechan.

Lo que nos dice el reportaje de RTVE.es es que "ellos" tienen acceso a mucha información que les permite hacernos ofertas al alza. El teléfono y el ordenador, cualquier dispositivo, puede darles los datos necesarios para formalizar su oferta. Esto es posible por la exigencia de autorizarles a ciertas cosas para habilitar el servicio. Esto no es solo desde los teléfonos, sino desde cualquier dispositivo:

No obstante, desde el ordenador también hay que tener ciertos aspectos en cuenta. Es el caso de las cookies, pequeños ficheros que almacenan información y dan pistas a las aerolíneas para saber si hemos buscado varias veces la misma opción y si, por tanto, estamos muy interesados. "Cuando volvemos a buscar ese vuelo, la aerolínea sabe que ya teníamos intención de comprar ese billete y quizá el precio que veíamos antes ahora sea mayor", explica a TVE Manuel Moreno, director de Trecebits.com.*

 En la medida en que nuestra vida aumenta en las redes, la información que queda almacenada es mayor y, por ello, crece su valor. Esa información no solo se almacena en nuestros dispositivos, sino que puede ser vendida y revendida a terceros, a esos famosos "socios" que aparecen emparejados con los sitios que visitamos. Con el aumento de la capacidad de procesamiento y almacenamiento, esos famosos "algoritmos" son capaces de establecer cuál es la probabilidad de aceptación de un precio o de cualquier otra cosa que pueda ser respondida con esa información.

Hubo un tiempo en que no se sabía qué hacer con la información generada. Ocupaba mucho espacio y era "intratable". Hoy sucede lo contrario, se ha convertido en un valioso bien, en una descripción ajustada de quiénes somos, lo que hemos hecho y la proyección de lo que haremos en diversas circunstancias.

Lo cierto es que nuestras promesas de libertad infinita en la sociedad de la información se han transformado en el hecho de la vigilancia y la dependencia. No es fácil para los gobiernos un poder que ha quedado en manos de las empresas. Es un escenario que puede parecer trivial o menor en cuestiones como el precio de un billete, pero que tiene una trascendencia mayor cuando se aplica a ese conocimiento cada vez más incontrolado del negocio de nuestros datos, un bien que no se agota, vendido y revendido que da acceso a nuestro pasado, presente y estimación probable de nuestro futuro.

El pequeño reportaje se centra en un hecho que puede parecer trivial pero nuestras vidas son triviales, es decir, compuestas de muchos y pequeños hechos aparentemente sin importancia, pero somos su suma. Eso es nuestra vida transformada en datos. Y con ella se puede hacer muchas cosas. Hay datos sanitarios que afectan a nuestra empleabilidad, a los precios de las compañías de seguro; nuestros hábitos de alimentación, por ejemplo, dicen mucho sobre nosotros... todo lo que se registra es susceptible de formar parte del conjunto, una pincelada de las muchas que componen nuestro retrato. Acostumbrados a pensar en los destinos y lo transcendental, perdemos de vista la realidad sencilla y acumulable de nuestras vidas, la construida a golpe de dato significativo para terceros.

Preocupados por conseguir el mejor precio de un billete, no vemos la auténtica importancia de lo que revela de nosotros para nuestra relación futura.  Años de nuestra vida en redes pueden procesarse en milésimas de segundo en esta desigual competencia.

* "La odisea de comprar un billete de avión a buen precio: ¿cómo funcionan los algoritmos de las aerolíneas?" RTVE.es 17/05/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230517/como-afectan-algoritmos-precios-billetes-vuelos/2446392.shtml

viernes, 14 de abril de 2023

La cueva de los datos o la Sociedad del Monitoreo

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los periódicos españoles se abren hoy con la noticia de que la deportista española Beatriz Flamini ha batido un récord mundial de permanencia dentro de una cueva, aislada, a 70 metros de profundidad, durante 500. Como dicen en el artículo de RTVE.es "entro con 48 y salió con 50", para dejar clara la cuestión.

Durante ese interminable periodo ha sido monitoreada, nos cuentan, por médicos, psicólogos e investigadores, por compañeros espeleólogos dispuestos a intervenir en caso necesario. En su soledad absoluta, sin embargo, Beatriz Flamini puede que haya sido la persona más vigilada, monitoreada, del planeta. Probablemente solo los astronautas —que están fuera del planeta— tengan un nivel similar (quizá inferior) de control.

Cuando leí la noticia, lo primero que me vino a la mente es la terrible soledad, palabra que acararía perdiendo su sentido pasado un tiempo, que suponía su aislamiento absoluto. Me preguntaba sobre cómo se percibe el mundo al que se regresa después de 500 días desconectada. Pero no había pensado en la otra cuestión, la de la híper conexión absoluta y en ese desequilibrio: Beatriz Flamini era la persona más desconectada del mundo, pero era también una persona absolutamente controlada, una fuente de información constante. Una paradoja que vivimos en cierta medida todos en esto que llamamos la Sociedad de la Información, y que quizá deberíamos empezar a llamar de forma más concreta y realista la Sociedad del Monitoreo.

En RTVE.es leemos lo siguiente: 

La vivencia de Flamini forma parte del proyecto "Timecave", que se inició hace dos años, cuando esta apasionada de expediciones en solitario por las cimas más altas del mundo y experta en autosuficiencia contactó con la productora Dokumalia para plantearle el reto de permanecer sola y sin contacto exterior en una cueva durante 500 días.

Durante estos 500 días, se ha ido registrando su vida cotidiana bajo tierra, un registro que han seguido de cerca las Universidades de Granada y Almería para estudiar cómo afecta el aislamiento social y la desorientación temporal extrema a la percepción del tiempo, así como los cambios neuropsicológicos que ha conllevado este tremendo desafío ante la soledad, la ausencia de luz natural y el aislamiento cognitivo y social.

Su estancia en la cavidad ha estado controlada en todo momento por un equipo de espeleólogos, que, además, preparó la cueva escogida para el reto.* 


Evidentemente el monitoreo constante era una necesidad, una exigencia. De otra forma habría sido suicida. Pero me interesa la paradoja del aislamiento absoluto y la conexión absoluta, llevada al extremo.

Toda la lucha que tenemos hoy sobre eso que se llama genéricamente "inteligencia artificial" se centra en los límites dobles del cuerpo y del halo informativo, es decir, la información que generamos, algo que incluye movimientos, pensamientos, deseos, gustos, compras, etc. Incluso, muchas de esas cosas, pueden ser "deducidas" de los datos mediante cruzamientos, tendencias, etc. "Yo soy yo y mi información circunstancial", podríamos decir parafraseando a Ortega.

¿Existe un grado cero de la Información, es decir, la posibilidad de una emisión cero de datos, no emitir, la desconexión absoluta? No es ese, desde luego, el sentido en el que avanzamos, a la luz de lo que vemos cada día y lo que nos dicen que va a llegar pronto.

La noticia que produjo ese chispa del contraste me la ofrecía la misma RTVE.es en su sección de selección de artículos de medios europeos —traducidos, se nos dice con ayuda de Inteligencia Artificial—. Esta vez es un artículo de la SverigeSRadio (ESRA), firmado por Sven Carlsson, que lleva por titular "Crece el escándalo de las farmacias: más de 100 revelan a Facebook las compras de sus clientes". En este artículo se nos señala el origen del escándalo: 

Disfunción eréctil, pruebas de embarazo y problemas intestinales: estos son algunos ejemplos de la información que Facebook recopila cuando la gente visita las farmacias europeas en línea. La información se envía junto con las direcciones de correo electrónico o los números de teléfono de los clientes de más de 100 farmacias en línea. "Estoy escandalizado porque se trata de datos que las farmacias no pueden compartir con nadie", dijo el eurodiputado socialdemócrata Paul Tang.

Swedish Radio News ha encontrado más de 100 tiendas de medicamentos en línea en toda Europa que permiten a Facebook recopilar información detallada sobre los clientes y sus compras.

Esto se hace a través de una herramienta de seguimiento, llamada píxel, proporcionada por Facebook, y que las farmacias utilizan sin el consentimiento de los clientes.

Por ejemplo, una de las mayores farmacias italianas de medicamentos sin receta avisó a Facebook de que habíamos añadido a nuestra cesta de la compra una prueba del VIH, un test de embarazo y pastillas para el síndrome del intestino irritable. Al pagar, Facebook también recibió nuestro nombre, dirección de correo electrónico y número de teléfono.

Desde una farmacia alemana, el Píxel de Facebook recopila enlaces que muestran lo que hemos buscado, que iniciamos una consulta por problemas de disfunción eréctil y que queremos comprar Viagra. También en este caso, Facebook recibe información sobre quiénes somos.

Las empresas que comparten información con Facebook de esta forma suelen hacerlo para dirigir anuncios a los visitantes de su sitio web o a sus clientes en las plataformas de redes sociales de la empresa. **


La cuestión no requiere muchas más explicaciones, está lo suficientemente clara. La lucha por el control de los datos va ser una seña de identidad de esta sociedad permisiva y vigilante a partes igual. Si toda actividad genera datos, existe un movimiento para ampliar nuestras actividades y así ampliar las fuentes de los datos. Las nuevas generaciones han llegado al mundo en mitad de un radical cambio del sentido de la intimidad que tienen muchas ya veces asumido como normalidad. Para muchos, esto no es una cuestión de "derechos" o de "privacidad", sino un simple toma y daca en el que te vendes en forma digital

En la sociedad industrial un "productor" era alguien que hacía algo, realizaba alguna actividad productiva con un "producto final". En la nueva sociedad informacional, cualquier movimiento produce datos, lo que nos convierte en un nuevo tipo de productores. Con nuestros datos se construye, se crea, se trafica, se aplica... Es todo un sistema del que somos la corriente del río que mueve la rueda del molino. La harina personalizada nos la venderán después para poder completar el ciclo producción-consumo. Somos productores y producto.

Nuestra naturaleza es ya, pues, triple: física (interna, estados, movimientos), mental (pensamiento, ánimo) e informacional (todos los datos que generan nuestras actividades comunicacionales, puros datos). Hasta el momento, los captadores de datos se centraban en nuestras comunicaciones de forma preferente, en nuestros desplazamientos de un lugar a otro, etc.  Pero lo que nos cuenta el medio sueco es algo que va más allá, no son solo las compras de medicamentos, algo que es sustancioso más allá de lo que es la compra en sí. De esos datos se pueden sacar muchos otros datos personales (nos identifican) muy útiles, por ejemplo, para los seguros, para las empresas que nos contraten (o no) según nuestros estados de salud, ánimos, etc. ¿Quiere un depresivo, por ejemplo, en su empresa?

 La información es poder, se suele decir, pero es "poder sobre alguien". En este caso el que la puede comprar o recabar dispone de un gran poder, un poder específico sobre alguien concreto. No se trata de retórica, sino de control personal. Ya no se trata de "tendencias" o de "grandes números"; eres , con nombre y apellidos.

En otro artículo también en RTVE.es leemos sobre las medidas españolas y europeas frente a la proliferación de amenazas sobre nuestros datos: 

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha iniciado este jueves una investigación preliminar sobre el posible incumplimiento de la normativa de protección de datos por parte de ChatGPT, de la tecnológica estadounidense OpenAI, a medida que se intensifica el escrutinio mundial de los sistemas de inteligencia artificial (IA).

La semana pasada, la Agencia solicitó al Comité Europeo de Protección de Datos (EDPB, por sus siglas en inglés) que se incluyera el servicio ChatGPT como tema a abordar en su reunión plenaria, al considerar que los tratamientos globales que pueden tener un importante impacto sobre los derechos de las personas requieren de acciones armonizadas y coordinadas a nivel europeo en aplicación del Reglamento General de Protección de Datos.

El organismo que reúne a los organismos nacionales de vigilancia de la privacidad de Europa ha dicho anteriormente este mismo jueves que ha creado un grupo de trabajo sobre ChatGPT, un primer paso potencialmente importante hacia una política común sobre el establecimiento de normas de privacidad de la IA.***


El gran peligro ya no es solo el "Gran Hermano", sino también los "hermanos pequeños", la jungla plagada de depredadores que salen cada día al hilo del crecimiento de redes, velocidad de conexiones y, especialmente, la aparición de aplicaciones cuya función es tentarnos al movimiento perpetuo de datos, el que genera ese flujo del beneficio al que muchos se apuntan sin pensar en derechos o libertades de las personas. El problema, como siempre, es además de la velocidad de unos y la lentitud de otros, la constante aparición de nuevos focos, la poca protección existente por las exigencias de "aceptar" condiciones abusivas que se impone desde las aplicaciones. Hay un último elemento condicionante, el desfase entre las empresas de Estados Unidos y sus aplicaciones frente a las legislaciones europeas. Si a ello le sumamos la presencia de China en el panorama internacional informativo y las manipulaciones de desinformación constante de Rusia, el panorama no es precisamente bueno para la privacidad y los derechos de las personas.

Felicitamos a Beatriz Flamini por su récord de aislamiento y tomamos nota. 

* "La deportista Beatriz Flamini sale de la cueva donde ha permanecido aislada 500 días y bate un récord mundial" RTVE.es 14/02/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230414/beatriz-flamini-sale-cueva-500-dias-aislada-record/2438744.shtml 

** Sven Carlsson "Crece el escándalo de las farmacias: más de 100 revelan a Facebook las compras de sus clientes" RTVE.es "Una mirada europea"  SVERIGESRADIO ESRA 12/04/2023 fuente original https://sverigesradio.se/artikel/apoteksskandalen-vaxer-over-100-apotek-rojer-kunders-kop-for-facebook 

*** "La Agencia Española de protección de Datos investiga a ChatGPT por un "posible incumplimiento de la normativa"" RTVE.es 13/04/2023 https://www.rtve.es/noticias/20230413/espana-investigacion-incumplimiento-normativa-proteccion-datos-chatgpt/2438711.shtml

jueves, 19 de mayo de 2022

El día en que Elvis apareció en mi Instagram

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)


Les cuento lo que me pasó: Estaba viendo una vieja película que tiene como escenario la ciudad de Las Vegas, en la que sucedía un concurso masivo de imitadores de Elvis Presley, lo que implicaba una banda sonora llena de canciones del "rey" durante las actuaciones de los imitadores en el casino donde transcurre una parte de la acción. Como la película no era gran cosa, aproveché para mirar en mi cuenta de Instagram. Al ver las novedades, por primera vez en años, me aparecieron dos mensajes seguidos con imágenes de Elvis. Al día siguiente apareció otra y no ha vuelto a salir ninguna más. ¿Casualidad? Piensen lo que quieran. Esta mañana revisé los permisos de la aplicación y desactivé el micrófono.

Las historias sobre los anuncios personalizados son ya un clásico. Todo el mundo te cuenta alguna. Escribió algo en su chat o en su correo y le aparecieron anuncios referidos al tema de la conversación.


No hace mucho, la polémica se extendió a Alexia. Según parece, Alexia no solo recibe órdenes, sino que está pendiente de las conversaciones que se celebran a su alrededor y procesa esa información, que es remitida a los centros de la empresa. La contestación que se dio entonces es que servían para mejorar las capacidades de procesamiento del lenguaje humano por parte del sistema de Alexia y así ser "más eficaz". Pero esto es como decir que los espías internacionales lo hacen para aprender y mejora su comprensión de los idiomas de los espiados. Es parte de esa retórica insultante para la inteligencia en la que se dice que todo se hace por nuestro bien, que les preocupa nuestra intimidad, etc., todos esos mensajes que se nos ofrecen para que aceptemos de buen grado (¡qué remedio!) que entren en nuestras vidas, aparatos, etc.

Si hacen limpieza periódica de las cookies de sus ordenadores, comprobarán que en apenas unos días de navegación se acumulan varios miles en sus ordenadores, que además de monitorear sus actividades con el navegador pueden realizar exploraciones del ordenador. Ya no se trata solo de que te aparezcan anuncios. La cuestión está empezando a ser mucho más seria.

Desde el comienzo de la pandemia, que hizo que la actividad online aumentara exponencialmente, habrán observado que el acceso desde la salida inicial se ha complicado con una series de requisitos, permisos que han de ser aceptados, etc. abrumadores. Google no le deja buscar si no ha iniciado alguna de sus cuentas, le exige sincronizarlas, no le deja cerrarlas en muchos casos de forma directa al salir de la aplicación y un sinfín de obstáculos que se multiplican en cada plataforma utilizada, condicionando los navegadores que nos "invitan" a usar, etc.

Me parece muy bien que se diga a la gente común cómo protegerse de Pegasus, el programa que les ha robado Gigas a nuestro presidente y algunos ministros y cuesta dos millones de dólares, una excusa retórica para justificar la pifia. ¿Pero qué pasa con toda esa otra gente que está tan "preocupada por nuestra seguridad"?

Ayer y hoy, encontramos en los medios noticias sobre cómo somos espiados y por quién. El que maneja más datos o contiene más interacciones es Google, que de buscador favorito ha pasado a ser el amo. En Antena 3 nos explican los resultados de un grupo irlandés para defensa  de las libertades:

A raíz de una filtración, la ICCL ha confirmado que Google inspecciona nuestras comunicaciones unas 426 veces al día de media: "Es la mayor violación de datos jamás registrada. Rastrea y comparte lo que la gente ve en línea y su ubicación en el mundo real 294.000 millones de veces en Estados Unidos y 197.000 millones de veces en Europa todos los días", ha detallado el organismo irlandés.

En términos de promedio, las intrusiones diarias en los datos de una persona que reside en EEUU aumentan hasta 747 veces, mientras que los ciudadanos europeos están expuestos 376 veces al día. En términos anuales, Google rastrea y comparte las ubicaciones de los usuarios de Internet de EEUU cerca de 107 billones de veces al año. En el caso de los europeos, la recopilación de información supone una media de 71 billones de veces al año.

Según ha explicado el ICCL, "las cifras de la industria en las que confiamos no incluyen las transmisiones de Facebook o Amazon".*

No es anecdótico que la investigación haya salido de Irlanda, pues es un centro de investigación y desarrollo informático muy importante.

Aquí, los políticos se miran el ombligo espiado, pero le dedican poca atención a un fenómeno que tiene importancia. ¿Desidia? En realidad, no, pues toda esta vigilancia se supone que está al servicio de una "buena causa", nuestro servicio y atención, es decir, esa "preocupación" por nuestra comodidad, porque nos llegue lo que deseamos antes de que nos hayamos despertado.

Todo esto es una forma de economía que surge de nuestro monitoreo y análisis. Es una doble economía, la que se produce con nuestros datos como materia prima, y la que esa información permite aplicar a la producción y gestión de la otra, la material, por decirlo así. Es un sistema de vigilancia constante que ofrece información para perfilar la oferta. Los datos permiten conocer la demanda y ajustar la oferta. Por otro lado, el mismo espacio informativo permite estimular nuestros deseos. Todo ello permite el viejo sueño del mercado: conocernos mejor que nosotros mismos.

Pero también permite muchas otras cosas, como manipularnos. No todos los objetivos son económicos; también los hay políticos. Es ahí donde el comportamiento pasa de la compra al voto. Lo que se nos vende es otra cosa. Lo de Pegasus es una anécdota en comparación de la sistemática intromisión en nuestras vidas.

Cuando se nos seduce con el 5 G y con la llamada "Internet de las Cosas", se olvidan decir que eso permite una mayor cantidad y velocidad de datos y, por otro, el cotilleo de las cosas conectadas a la red, convertidas en espías de nuestras acciones, movimientos y, como hemos visto, de palabras.

Otras noticias, esta vez de España, nos dice desde los titulares del diario ABC que "Protección de Datos multa a Google con 10 millones de euros y a Vodafone España, con 3,94 millones". Con el dinero de la multa de Vodafone España se pueden comprar dos programas de Pegasus, si nos sirve de medida.

Según la resolución del organismo español, publicada este miércoles en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y con fecha de 9 de mayo, la sanción impuesta a Google se debe al incumplimiento del artículo 6 y del artículo 17 del RGPD, en los que se regulan la licitud del tratamiento de los datos y el 'derecho al olvido', respectivamente. 

Por su parte, Vodafone España ha sido multada con casi 4 millones de euros por infringir parte del artículo 5 del Reglamento, en el que se regulan las garantías para la confidencialidad e integridad de los datos personales.**


Hay cierta hipocresía de fondo. Los mismos medios que denuncian monitorean nuestros ordenadores o, si se prefiere, son una rentable puerta de entrada a ellos. Utilizan la publicidad personalizada pero después esos datos pueden ser tratados múltiples veces, convertidos en fuentes de información múltiple según lo que se busque en ellos.

En realidad vivimos en nuestras jaulas del zoológico virtual donde somos observados por todo tipo de analistas que buscan cómo convertir nuestros datos en rentables. Así, lo ofrecen a todos aquellos a los que les puede resultar rentable conocernos.

Parte del problema es que es tal la cantidad de datos que vamos liberando en cada acción que deja de existir el anonimato y los perfiles personales constituyen ya una descripción en tiempo real de nuestra vida a la que en cualquier momento se puede descender.

Hace algún tiempo, Facebook te preguntaba y te animaba a contactar con "personas que quizá conozcas", lo que dejaba al descubierto cómo procesaban tus relaciones. También te invitaba a "etiquetar" las personas de las fotografía que aparecían en tus páginas. Los protocolos de procesamiento de caras eran cada vez más afinadas. La muestra de eficacia de ambas técnicas creó problemas y fueron retiradas a niveles más discretos. Con una amable sonrisa son técnicas que hacen felices a los estados totalitarios.

Haga un repaso de sus aplicaciones telefónicas y desactive todo aquello que sea innecesario, como el micrófono en la mayoría de las aplicaciones.

No sé si la aparición de Elvis al llamado de las voces de sus imitadores fue una casualidad estadísticamente billonaria o si fue otra cosa. Elvis es Elvis, pero no quiero que Elvis me vuelva a aparecer al conjuro de sus canciones.

 


* "¿Cuántas veces revisa Google nuestros datos? Una investigación acaba de revelar este curioso dato" Antena 3 18/05/2022 https://www.antena3.com/noticias/tecnologia/cuantas-veces-revisa-google-nuestros-datos-investigacion-acaba-revelar-este-curioso-dato_2022051862848c8b3fa5760001d7e500.html 

** "Protección de Datos multa a Google con 10 millones de euros y a Vodafone España, con 3,94 millones" ABC 18/05/2022 https://www.abc.es/economia/abci-proteccion-datos-multa-google-10-millones-euros-y-vodafone-espana-394-millones-202205181324_noticia.html

martes, 21 de abril de 2020

Los conflictos que vienen (nos guste o no)

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Uno de los elementos que se están empezando ya a poner sobre el tapete en esta era del COVID-19 es la existencia de lo ya se denomina "pasaporte de inmunidad", es decir, un documento que las personas puedan (o tengan que) exhibir como prueba de encontrarse sanas. Ese documento, que tiene diversas posibilidades en sus formatos, plantea una serie de cuestiones de diverso orden que van de la privacidad a la seguridad.
Conforme se agravan las previsiones económicas crece el sentimiento de angustia por el futuro y, en este estado angustiado, las cosas se empiezan a ver de otra manera. Ayer mismo, algunas cadenas de televisión ya nos mostraban las iniciativas turísticas de parcelar las playas para que la hamacas tengan las distancias de seguridad, con pasillos centrales por los que ir y salir del agua; otra cadena nos ofrecía las mamparas de metacrilato que se estaban instalando entre las mesas, si bien no se especificaba el número de comensales por cada una de ellas. Son, entre otros, intentos de solucionar el problema de la extensión de la pandemia o, para ser más precisos y ajustados a la realidad, el problema de cómo convencer a la gente que vuelva a las actividades que antes eran seguras (no lo cuestionábamos) y ahora no lo son.
Indudablemente, el mundo por el que antes transitábamos pensando en otras cosas ha adquirido una densidad nueva. Ahora somos conscientes de los lugares que pisamos y de lo que nos rodea; somos conscientes de lo que tocamos y nos toca, de quiénes se nos acercan y en qué condiciones.


En este tiempo se han mirado los pasaportes para saber de dónde se venía. Al principio eran los rasgos asiáticos los que alertaban a muchos porque entendían que el peligro llegaba de China. Luego se empezó a activar el detector de "italiano", con lo que además de la vista, como para los asiáticos, se activó el oído. Luego se nos empezó a aplicar a nosotros, los españoles, que pasamos a ser el peligro allí por donde estaban repartidos haciendo turismo o trabajando. El caso de Guayaquil, en donde la alcaldesa impidió aterrizar a un avión de Iberia que iba a repatriar españoles, marcó ese punto de consciencia de que el problema éramos nosotros, tal como pregonaban las primeras páginas mundiales. En unas semanas, habrá que aplicar a los que lleguen de Estados Unidos restricciones similares a las que ahora están aplicando ellos a los inmigrantes a los que están mandando a la frontera sur sin saber qué tienen, si están contagiados o no. Han suspendido además los procesos normalizados de inmigración al país.


Puede que el nuevo "pasaporte" mundial no muestre la nacionalidad sino nuestro estado de salud. China ya lo ha hecho internamente con una aplicación telefónica que muestra el estado probable en que te encuentras manejando toda la información de la que disponen sobre la persona, que es mucha ya que en el país prácticamente todas las actividades de compra tiene el teléfono móvil como centro.

La BBC no trae igualmente información de los "trackers", del rastreo de las personas con las que tejemos la red de contactos o de proximidad a través de la detección de los que tienes a tu alrededor y si alguno ha dado positivo en COVID-19.
Conforme avanzan la angustia social y económica, va aumentando la presión para poder establecer algún tipo de zonas seguras, de identificadores de estado, etc. que garanticen que el lugar en donde estás y las personas que te rodean son "seguros". El "pasaporte" (evitan llamarlo "salvoconducto") parece a muchos el remedio, si bien también se producen los avisos sobre el tipo de situaciones y, finalmente, de sociedad que puede producir.
En La Vanguardia hay dos artículos de interés sobre esta cuestión. En el primero, con el titular "Trilla advierte de los “inconvenientes” del pasaporte de inmunidad y avisa que no puede ser obligatorio", se nos advierte de algunos de los problemas que se atisban en el futuro por esta línea:

El jefe de Epidemiología del Hospital Clínic de Barcelona, Antoni Trilla, ha considerado que el pasaporte de inmunidad que plantea el Govern debería ser voluntario y “nunca obligatorio”, “con garantías” y acordado en el conjunto del Estado y de Europa. En declaraciones a Catalunya Ràdio, ha alertado de los “inconvenientes” del pasaporte en cuanto a los derechos de los ciudadanos y ha instado a garantizar que la aplicación no supone una “intromisión en la vida de las personas”.
Según Trilla, hay “discusión” de todos los actores, también juristas y bioéticos. Además, ha apuntado que si se implanta “debe ser una decisión europea”. Por otra parte, ha afirmado que es “complicado” el desconfinamiento por territorios, a pesar de reconocer que se deben tomar medidas para avanzar hacia este.*



Tiene razón el doctor Trilla, pero tener razón es cada vez menos importante para algunos conforme descendemos en la escala de las necesidades básicas hasta la seguridad y el miedo, estados pre racionales. Los ataques sufridos en todo el mundo por el personal sanitario (esta misma mañana nos llegaban imágenes y datos estremecedores desde México sobre los ataques) nos muestra que el mundo tiende a auto regularse sin acabar importándole la ley. Por eso es importante regular antes de que se impongan por la fuerzas acciones basadas en el miedo.
La autorregulación implica que se empiezan a imponer normas "por abajo", es decir, el restaurante, por ejemplo, te exige para entrar que tengas alguna certificación o garantía de que estás libre del COVID-19. La toma de temperatura, desde el momento en que hay personas que no manifiestan fiebre, puede dejar de ser suficiente por lo que deja de ser garantía.
La persona que se sepa "sana" exigirá que los otros lo demuestren de la misma manera que él, tú me enseñas tu pasaporte y yo te enseño el mío. Esto se puede empezar a extender por toda una serie de negocios que se basen en la confianza de compartir un espacio público, de la playa al restaurante, estadios de fútbol o conciertos. En sus entradas, como contrapartida, expondrán sus certificados de desinfección diaria y tendremos que acostumbrarnos a oler desinfectantes, que se harán cada vez más olorosos para que no haya duda de que se ha limpiado.


Durante décadas, la gente que hacía turismo en determinados países, lo primero que hacía era informarse de las vacunas que se necesitaban para entrar y, sobre todo, para regresar, ya que así te protegías tú, pero se aseguraban de que al volver no extendieras una enfermedad y provocaras un brote epidémico. El mecanismo pasa a ser el mismo, solo que esta vez no hace falta viajar porque ya lo tenemos aquí y en todos lados. Los dos primeros casos fueron en Canarias y en Baleares, a cuenta de dos turistas europeos. Se puso en cuarentena a los demás turistas de los hoteles. Ahora, si se quiere recuperar el flujo turístico hay que asegurar al turista que el lugar es seguro, primero, pero después asegurarse también que no lo trae.
Las críticas desde la ética, que son importantes, van a chocar con los que consideran que los negocios han sufrido ya bastante y que la forma más segura de volver es crear una nueva normalidad más segura.
Cuando escribimos esto, encuentro en RTVE lo siguiente:

Tras cinco semanas de confinamiento y con tres más por delante -como mínimo- sectores como la hostelería, el comercio y el ocio comienzan a plantear opciones para la reapertura. Reclaman "ayudas específicas" o un "rescate" y ven en "pulseras, pasaporte biológico, apps para móviles" o la ampliación de las terrazas, alternativas a las limitaciones de aforo que pondrían resultar "inviables".**


Como se aprecia, las peticiones vienen ya desde abajo, proponiendo algún tipo de certificación que convierta en segura la reunión, una forma más barata ante lo que consideran tardará más en conseguir la recuperación, la reducción del aforo, que no es más que la negativa a la distancia social, prácticamente imposible en un espacio dedicado a las reuniones de grupos, al encuentro social. Más allá de las cuestiones éticas o de legalidad, el mundo de la actividad económica —y probablemente muchos de los interesados— ven más una cuestión pragmática que de principios de privacidad. La situación no es nueva pues hemos visto en estas décadas cómo la gente renuncia a la privacidad cuando consigue un beneficio. De hecho, renunciamos a ella cada vez que entramos en cualquier página web que registra nuestros datos a través de las cookies. Mucha gente está anestesiada, por decirlo así, ante el problema de la privacidad cuando cada día se exhibe a través de sus páginas en las redes sociales. Por esto no es fácil convencer con la cuestión de la privacidad a las generaciones más jóvenes, acostumbrados ya a negociar con ella.
La alternativa de pasaportes biológicos, certificados de no estar contagiados, etc. van, por el contrario, a llevar a primer término el factor salud, específicamente el estado binario "sano/contagiado". Es probable que el hecho de los test masivos redefinan el especio social y la relaciones como consecuencia de la necesidad de aislar a los contagiados asintomáticos. El aislamiento deja de ser un elemento de salud y puede pasar a ser una forma de exclusión. Los infames ataques a los sanitarios por parte de algunos nos enfrentan a la realidad de que no son precisamente los aspectos éticos los que preocupan a algunos. La pandemia nos ha hecho más sensibles y solidarios, pero no son precisamente esas las condiciones que se pondrán en marcha cuando se trate de perseguir al virus. Hasta el momento no hemos refugiado; la segunda fase es de ataque y el coronavirus se puede llegar a confundir con la persona contagiada.


La otra opción, la más terrible, es la emprendida por los Estados Unidos, basándose en el derecho de cada uno a vigilar su propia seguridad y a decidir. El hecho de tener ya el mayor número de casos en todo el mundo, tanto de contagios como de muertes, se debe a su propia política, reflejo de su mentalidad. Las manifestaciones pidiendo la retirada de los confinamientos y demás normas son un mal ejemplo de lo que van a causar en muchos estados.
La Vanguardia nos ofrece otro interesante artículo en el que se recogen los resultados de los modelos de simulación matemática realizados por un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard. Los modelos dependen mucho de la información disponible y son, por ello, especulación más o menos fundada según los datos disponibles. Se nos explica:

Utilizando datos sobre la estacionalidad de coronavirus humanos conocidos y suponiendo cierta inmunidad cruzada entre el SARS-CoV-2 y otros virus de la misma familia, el equipo de Harvard construyó un modelo para analizar cuánto tiempo deben mantenerse las medidas de distanciamiento social, proyectando la potencial dinámica de la enfermedad en los siguientes cinco años.
Basándose en sus simulaciones, el factor clave que modula la incidencia del virus en los próximos años es la velocidad a la que disminuye la inmunidad del virus, un factor que aún está por determinar. No obstante, el equipo advierte de que en todos los escenarios simulados –incluido el distanciamiento social único e intermitente– las infecciones resurgen cuando se levantan las medidas de distanciamiento social simuladas.
Según los autores, “cuando el distanciamiento social se relaje y al aumentar la transmisibilidad del virus en otoño, puede producirse un intenso brote invernal, que se superponga a la temporada de gripe y supere la capacidad de los hospitales”.
El trabajo publicado en Science modela otro escenario posible en el que se muestra un resurgimiento del SARS-CoV-2 en un futuro tan lejano como 2025. “Las nuevas terapias podrían aliviar la necesidad de un distanciamiento social riguroso, pero en su ausencia, la vigilancia y el alejamiento intermitente tendrían que mantenerse hasta 2022”, argumentan.***



Demasiado tiempo para los que ven sus mesas, salones y terrazas vacíos. Más en un país como el nuestro, en el que la economía tiene un enorme sustento en el sector turístico y en la hostelería, que se basan en gran medida en modelos masivos. Fallas, San Isidro, sanfermines, Feria de Abril, hasta la tomatina, y demás actividades son por definición masivas, buscan la atracción del público e invierten recursos en ello. Los restaurantes pueden pedir "garantías" de salud, pero ¿quién se las pide a los que corren los sanfermines o asisten a la quema de las fallas? Pero esta es la versión optimista, se basa en que hay gente que va a ir; la pesimista es la que nos dejaría directamente colgados por falta de asistencia. Esto es nuevo, pero lo más probable es que ambos factores se tengan que unir. Los que en el reportaje de RTVE señalan que con solo un 30% del aforo no sobreviven, tendrán que empezar a pensar cómo y no pretendiendo llenar como antes. Es cuestión de adaptación. Lo masivo no se va a recomponer fácilmente, por lo que hace falta ingenio y sensatez en la adaptación a una situación cuyas fases sucesivas no serán tan rápidas como algunos deseen, desgraciadamente. Reciclado y adaptación... y las mejores condiciones posibles. Como casi todo en la vida, es cuestión de equilibrio. Por eso es esencial la claridad y marcar líneas. La insistencia en que debe haber soluciones, al menos europeas, es un intento de lograr frutos comunes, sí, pero también una miedo a tomar decisiones que sabemos que no serán panaceas ni gustarán a todos. Por eso la información es muy necesaria y buscar acuerdos esencial.


Los miedos del doctor Trilla por los aspectos éticos y la privacidad pueden quedar en el olvido de una sociedad que empezará a sentir el miedo del contacto, la culpa del contagio. En un correo recibido hace unos días, una persona me hablaba de cómo "había infectado a tres o cuatro personas" sin saberlo durante un viaje. Me imagino lo complicado que tiene que ser vivir con eso. Otra persona tendrá que vivir con el peso de haber contagiado a su abuelo, que falleció. No es una situación sencilla por las dimensiones que ha adquirido, por la velocidad con la que se desarrolla, por las diferencias de intereses y las desigualdades que deja al descubierto.
Con todo, la peor solución es no hacer nada, el fatalismo que algunos predican y practican. Las fechas que se barajan actúan muchas veces como freno con la esperanza de que se trata de aguantar semanas o algunos meses. Eso no es bueno porque no hay ninguna garantía de que esto se pase solo. Podemos contenerlo, pero los datos de allí donde se han lanzado alegremente a la "normalidad" no son buenos, como es el caso de Singapur. 
Habrá que poner soluciones sobre la mesa y tratar de elegir las menos malas y las mejor ajustadas a la situación y a lo que sabemos. Lo demás es hacer castillos en el aire. 



* "Trilla advierte de los “inconvenientes” del pasaporte de inmunidad y avisa que no puede ser obligatorio" La Vanguardia 20/04/2020
** "La desescalada en comercios, bares, restaurantes y lugares de ocio tampoco será homogénea" RTVE 20/04/2020 https://www.rtve.es/noticias/20200420/desescalada-comercios-bares-restaurantes-ocio-coronavirus/2012343.shtml
*** "El distanciamiento social podría ser necesario de forma intermitente hasta 2022" 16/04/2020 https://www.lavanguardia.com/ciencia/20200416/48556427373/distanciamiento-social-intermitente-2022-coronavirus.html

domingo, 18 de marzo de 2018

El manipulador altruista


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La democracia ha dejado de ser algo sencillo para convertirse en algo sumamente problemático. Los presupuestos democráticos de la decisión libre se ven subvertidos por defectos que vienen de la información para tomarla (fake news, desinformación, manipulación...) y de la capacidad de análisis de datos, cuya función es determinar las estrategias para vencer la resistencia a las tesis propias o la destrucción de las del adversario.
Son dos momentos teóricos distintos que en la práctica se fusionan, ya que la información obtenida en el segundo campo permite la construcción de la manipulación posterior que haga que se cumplan los objetivos.
Ambos fenómenos los estamos viendo en cuestionamientos cada vez más intensos por medio de tres factores de división: el populismo, el nacionalismo y la religión radicalizada. En ocasiones, los tres elementos se conjuntan en una misma unidad antidemocrática. Los tres aspectos tienen como punto de partida la negación del diálogo basándose en principios indiscutibles, de carácter dogmático que convierten en excluyentes las situaciones.
En estos días vuelve a reaparecer en la prensa mundial el papel de la empresa Cambridge Analytica en la campaña que ha llevado a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. The New York Times titula "How Trump Consultants Exploited the Facebook Data of Millions" y escribe:

LONDON — As the upstart voter-profiling company Cambridge Analytica prepared to wade into the 2014 American midterm elections, it had a problem.
The firm had secured a $15 million investment from Robert Mercer, the wealthy Republican donor, and wooed his political adviser, Stephen K. Bannon, with the promise of tools that could identify the personalities of American voters and influence their behavior. But it did not have the data to make its new products work.
So the firm harvested private information from the Facebook profiles of more than 50 million users without their permission, according to former Cambridge employees, associates and documents, making it one of the largest data leaks in the social network’s history. The breach allowed the company to exploit the private social media activity of a huge swath of the American electorate, developing techniques that underpinned its work on President Trump’s campaign in 2016.
An examination by The New York Times and The Observer of London reveals how Cambridge Analytica’s drive to bring to market a potentially powerful new weapon put the firm — and wealthy conservative investors seeking to reshape politics — under scrutiny from investigators and lawmakers on both sides of the Atlantic.*


La cuestión, desde luego, no es nueva y el nombre de Cambridge Analytica ha estado sobre la mesa desde hace mucho tiempo, si bien sin comprender demasiado su papel en las elecciones. No es algo que se pueda entender demasiado fácilmente si no se comprende el funcionamiento del Big Data y la construcción de los perfiles mediante información de los hábitos. Las técnicas del Big Data chocan con el principio básico de la investigación mediante variables discriminadoras. El nuevo concepto teórico y la nueva técnica no se deja abrumar por la gran cantidad de datos, como ocurría, ni trata de reducirlos. En la cantidad está la fuerza. Y son datos y más datos los que producimos cada día sin ser conscientes de que dejamos huellas en cada movimiento.
El mundo digital es un gigantesco observatorio en el que somos las hormigas que se mueven sin ser conscientes de que el gran negocio futuro (ya presente) es extraer patrones de esos datos despreciados hasta el momento. Hace tiempo que esto cambió. La teoría estaba ahí, pero se necesitan los datos y el algoritmo capaz de extraer lo que necesitamos.
En la obra de Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier, Big Data. La revolución de los datos masivos (2013) nos explican:

...los big data, los datos masivos, se refieren a cosas que se pueden hacer a gran escala, pero no a una escala inferior, para extraer nuevas percepciones o crear nueva formas de valor, de tal forma que transforman los mercados, las organizaciones, las relaciones entre los ciudadanos y los gobiernos, etc.   
Pero esto no es más que el principio. La era de los datos masivos pone en cuestión la forma en que vivimos e interactuamos con el mundo. Y aún más, la sociedad tendrá que desprenderse de parte de su obsesión por la causalidad a cambio de meras correlaciones: ya no sabremos por qué, sino sólo qué.
Esto da al traste con las prácticas establecidas durante siglos y choca con nuestra comprensión más elemental acerca de cómo tomar decisiones y aprehender la realidad.   
Los datos masivos señalan el principio de una transformación considerable. Como tantas otras tecnologías nuevas, la de los datos masivos seguramente acabará siendo víctima del conocido hype cycle [ciclo de popularidad] de Silicon Valley: después de ser festejada en las portadas de las revistas y en las conferencias del sector, la tendencia se verá arrinconada y muchas de las start ups nacidas al socaire del entusiasmo por los datos se vendrán abajo. Pero tanto el encaprichamiento como la condena suponen malinterpretar profundamente la importancia de lo que está ocurriendo. De la misma forma que el telescopio nos permitió vislumbrar el universo y el microscopio nos permitió comprender los gérmenes, las nuevas técnicas de recopilación y análisis de enormes volúmenes de datos nos ayudarán a ver el sentido de nuestro mundo de una forma que apenas intuimos. En este libro no somos tanto los evangelistas de los datos masivos cuanto sus simples mensajeros. Y, una vez más, la verdadera revolución no se cifra en las máquinas que calculan los datos, sino en los datos mismos y en cómo los usamos.**


Publicado en 2013, la obra explica el fenómeno pero es el éxito de sus aplicación lo que nos hace dudar de la moda pasajera y pensar más bien que su interés principal (al menos el de algunos estados y empresas) es utilizarlos para la manipulación en diversos campos, el más evidente —no el único— el de la política.
La gran cantidad de datos que producimos al desviar una parte cada vez más importante de nuestra vida hacia las redes sociales hace que sea una inversión rentable el tratar de conocernos y llegar hasta nosotros con mayor eficacia para cumplir los propósitos fijados, electorales en este caso.
En muchas ocasiones hemos señalado aquí que las universidades y centros de investigación están invirtiendo mucho en desarrollar mecanismos de comprensión y manipulación. No es un secreto y se presenta como uno de los grandes campos de trabajo para el futuro. A nadie se le oculta que, ya sea por la vía del consumo o por la de la política, este conocimiento generado tiene una salida: la manipulación.


Las estrategias para parecer honorables siempre incluyen sectores en los que este tipo de análisis puede producir grandes beneficios, como la seguridad o la sanidad. Pero todo el mundo entiende que la verdadera finalidad es la manipulación en economía y política. No es necesario recurrir a extrañas teorías conspiratorias. Las compañías están ahí y lo escandaloso son sus conexiones o propietarios.
El diario El País recoge la información de The New York Times:

Facebook ha suspendido la cuenta de una consultora electoral que trabajó para la campaña presidencial de Donald Trump en 2016. La decisión de la red social se debe a que la firma, Cambridge Analytica, fundada en Estados Unidos y con una empresa matriz británica, obtuvo y manipuló de forma irregular información de 50 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos.
Una investigación conjunta de The New York Times y The Observer revela que en 2014 la compañía se hizo con una base de datos de pretendido uso académico y la explotó sin permiso para elaborar estrategias electorales durante las elecciones intermedias de Estados Unidos. Se trata de uno de los mayores hurtos de información de la historia de Facebook. Dos años después, Cambridge Analytica, que todavía estaba en posesión de ese ingente material, dio servicio a la candidatura presidencial del republicano Trump, que ganó las elecciones de noviembre de 2016.
Cambridge Analytica consiguió los datos a través de un psicólogo de la Universidad de Cambridge –con la que la firma, del mismo nombre, no tiene relación–. El psicólogo, el rusoamericano Aleksandr Kogan, logró tener permiso de Facebook para pedir datos a sus usuarios con una aplicación pensada para estudios de su disciplina. Kogan, financiado con 800.000 dólares por Cambridge Analytica, consiguió que participasen unas 270.000 personas con perfiles en esta red social y recabó datos como identidades, localizaciones y gustos. A su vez, la aplicación le permitió, de manera derivada, llegar a la información de los amigos de aquellos, multiplicando hasta 50 millones de usuarios el alcance de su acopio.***


Si vamos a la página del joven doctor en Neurociencias, Aleksandr Kogan, nos encontramos con un bonito ejemplo de autodefinición para eliminar suspicacias sobre su trabajo. Esta es la descripción que da de sus ocupaciones: «My lab investigates the prosociality and well-being from biological, psychological, and cross-cultural perspectives. In particular, we are highly interested in cooperation, trust, altruism, positive emotions, close relationships, happiness, physical and mental health, and cross-cultural differences. We employ methodology combining genetics, physiology, pharmacology, surveys, event-sampling, and large scale datasets.»**** ¡Se pueden derramar algunas lágrimas de gratitud por tanto empeño en favorecer a la humanidad en su camino hacia la felicidad! Sus palabras clave son "prosociality - wellbeing - altruism - emotions - happiness".


Quienes le permitieron entrar en sus vidas sociales digitales fueron 270.000 usuarios de Facebook que confiaron primero en la red social y luego en el psicólogo de Cambridge, descargando una aplicación que este usaría para recabar información.  
En Fayer Wayer informan de la nota emitida por Facebook:

El viernes 16, Paul Grewal comunicó lo siguiente a través de un comunicado oficial de Facebook. Acá extractos del comunicado que pueden encontrar íntegro acá.
"Kogan solicitó y obtuvo acceso a la información de las personas después de que eligieron descargar su aplicación. Su aplicación, "thisisyourdigitallife", ofrecía una predicción de la personalidad y se anunciaba en Facebook como "una aplicación de investigación utilizada por psicólogos". Aproximadamente 270,000 personas descargaron la aplicación. Al hacerlo, dieron su consentimiento para que Kogan accediera a información como la ciudad que establecieron en su perfil, o el contenido que les había gustado, así como también información más limitada sobre amigos que tenían su configuración de privacidad configurada para permitirlo.
Aunque Kogan obtuvo acceso a esta información de manera legítima y a través de los canales adecuados que gobernaban a todos los desarrolladores en Facebook en ese momento, no acató nuestras reglas. Al pasar información a un tercero, incluidos SCL / Cambridge Analytica y Christopher Wylie de Eunoia Technologies, violó nuestras políticas de plataforma. Cuando nos enteramos de esta violación en 2015, retiramos su aplicación de Facebook y exigimos certificaciones de Kogan y todas las partes a las que le había dado datos de que la información había sido destruida. Cambridge Analytica, Kogan y Wylie nos certificaron que destruyeron los datos."****


La defensa de Facebook es que no se han violado sus normas de protección de datos y que fueron los cándidos usuarios los que dieron su consentimiento para descargar el programa que recolectaría los datos personales ampliándolos a sus relaciones con sus amistades, lo que daría esos 50 millones de datos de usuarios. Con sancionar a la empresa, como hizo, le parece suficiente. Una vez autorizada la aplicación, lo demás es riesgo del usuario, quien debe velar por sus datos. Pero igual que el "lector" de la Universidad de Cambridge pudo engañar a Facebook, dando los datos a terceros, los usuarios pueden ser engañados también al confiar en que la herramienta que Facebook ha aceptado es de fiar. Que cada uno saque sus consecuencias.
La redes son el campo de batalla y los datos las herramientas para ganar la guerra. El negocio es precisamente vender información. Cuanto más útil se demuestra, tanto más valioso se venderá. No debemos olvidar que los datos no se agotan. El compromiso de no venderlos a terceros debe ser observado porque si no se los venderán uno a otros hasta que su antigüedad pueda hacerlos menos precisos.
Señala la información de The New York Times sobre la empresa Cambridge Analytica:

Christopher Wylie, who helped found Cambridge and worked there until late 2014, said of its leaders: “Rules don’t matter for them. For them, this is a war, and it’s all fair.”
“They want to fight a culture war in America,” he added. “Cambridge Analytica was supposed to be the arsenal of weapons to fight that culture war.”
Details of Cambridge’s acquisition and use of Facebook data have surfaced in several accounts since the business began working on the 2016 campaign, setting off a furious debate about the merits of the firm’s so-called psychographic modeling techniques.
But the full scale of the data leak involving Americans has not been previously disclosed — and Facebook, until now, has not acknowledged it. Interviews with a half-dozen former employees and contractors, and a review of the firm’s emails and documents, have revealed that Cambridge not only relied on the private Facebook data but still possesses most or all of the trove.
Cambridge paid to acquire the personal information through an outside researcher who, Facebook says, claimed to be collecting it for academic purposes.*

La descripción del antiguo empleado del espíritu e intención que guía a sus antiguos jefes no puede ser más clara. Una "guerra cultural" quizá se queda corta en sus efectos por degradar la palabra "cultura".
Los Estados Unidos necesitan aclarar sus elecciones.  No se trata de que el mandato de Donald Trump esté siendo traumático por el hecho de que una persona así haya alcanzado la presidencia, sino también necesita saber el cómo. La información que se va acumulando es cada vez más clara respecto al papel que Trump juega en todo esto. Alentar al peor candidato y llevarlo hasta la presidencia es una forma de minar la confianza en Estados Unidos dentro y fuera.
Trump ha dividido al país y al mundo, que se enfrenta a situaciones que no se veían desde hace décadas. Trump ha revuelto (más) Oriente Medio, ha llevado al extremo situaciones como la de Corea del Norte, mantiene las espadas en alto con la cuestión del comercio internacional que se enfrenta a una guerra comercial, ha cerrado el país al sur y se ha empeñado en que aquellos a los que insulta y expulsa le paguen un muro, se ha distanciado del mundo al rechazar la idea de cambio climático, etc.
Ahora que ya se está hablando del 2020, con una candidatura republicana Trump-Pence repitiendo, habrá que preguntarse en qué estado estará el mundo en esos momentos y si podrá resistir una nueva oleada de desastres. Por lo pronto, Estados Unidos ha perdido su capacidad de liderazgo y gran parte de su influencia en muchos ámbitos ya que se ha convertido en un socio poco fiable para los aliados más próximos.
Tendremos que ser más conscientes de lo que hacemos con nuestros datos en el caso de que estén bajo nuestro control. Nos jugamos mucho. Si algún altruista investigador, medio ruso, le pide ayuda en el camino hacia la felicidad, piénselo antes. Un simple "lector" sirvió a Facebook para confiar en el investigador de una prestigiosa universidad. Pero hay otras cosas que interesan más a las universidades, como son todos estos campos en los que sus investigadores pueden ser contratados obteniendo buenos ingresos. Al final, ha sido la otra "cambridge", la Analytica, la que se ha llevado los datos al agua.
Trump obtuvo menos votos que Hillary Clinton, casi dos millones menos, pero los tuvo en los lugares adecuados. Un poco de información puede ayudar mucho.



* "How Trump Consultants Exploited the Facebook Data of Millions" The New York Times 17/03/2018 https://www.nytimes.com/2018/03/17/us/politics/cambridge-analytica-trump-campaign.html
** Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier (2013). Big Data. La revolución de los datos masivos. Turner
*** "Una consultora que trabajó para Trump manipuló datos de 50 millones de usuarios de Facebook" El País 18/03/2018 https://elpais.com/internacional/2018/03/17/estados_unidos/1521308795_755101.html
***** http://www.neuroscience.cam.ac.uk/directory/profile.php?Ak823
***** "Facebook sobre Cambridge Analytica: "La violación de datos es falsa" Fayer Wayer 18/03/2018 https://www.fayerwayer.com/2018/03/facebook-cambridge-analytica-la-violacion-datos-falsa/