Mostrando entradas con la etiqueta Naomi Osaka. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Naomi Osaka. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de julio de 2021

El gran servicio de Simone Biles, rehumanizar el deporte

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Los apoyos cosechados por Simone Biles tras su retirada de la competición han sido muchos. Lo que comenzó con Naomi Osaka y ahora aparece frontalmente con la gimnasta más laureada de los historia nos muestra que han tocado un punto necesario. Comienzan a salir en la prensa los casos anteriores con los que no solo no hubo apoyos sino que convirtieron en un infierno la vida de los deportistas.

La CNN retoma la historia y realiza entrevista a Paula Radcliffe, la corredora británica de maratón, que se retiró en plena carrera, en 2004 —en las Olimpiadas de Atenas por  una mezcla de factores físicos y psíquicos:

 

 She was no longer the medal hopeful. Instead, she was called a "quitter" and accused of letting her country down -- just as Simone Biles has been this week after withdrawing from individual all-around competition at the Tokyo Olympics on Tuesday. *

 


El aspecto metafórico del deporte, el lugar que ocupa en la mente de muchos como un elemento de poder, de fuerza, beligerante, de humillación, etc. hace que se reinterprete en términos de "heroísmo" y "traición". "Fallar", "retirarse", "decepcionar", etc. son términos que se manejan en los medios habitualmente. Nos hemos acostumbrado demasiado a ese tono "pseudo épico" mediante el que se canaliza la violencia social y personal. El deporte visto (es diferente al deporte practicado) sirve como forma de descarga de lo reprimido, esencialmente, la agresividad acumulada. Tenemos ejemplos todos los días en deportes en los que se fomenta la rivalidad ya sea local o internacional. El lenguaje usado tienen connotaciones bélicas que se fomentan ya sea para resaltar aspectos nacionales. Ahora que se ha puesto de moda ponerle "nombres de guerra" a las selecciones nacionales de los distintos deportes (la "guerreras", los "hispanos", etc.) esto contribuye a estimular los mecanismos de identificación.


Es fácil que se traspase el umbral de lo real para entrar en un mundo de vivencias peligroso en donde el fanatismo está presente y aumentan sus niveles. Cuando no se distinguen los límites y se vive una experiencia en términos de otra, el sistema comienza a fallar o a producir resultados no deseados. Es entonces cuando nos damos cuenta del "monstruo" creado.

Anoche en el programa de Don Lemon, el periodista de la CNN, se ocupaban de las mofas del canal Fox News (al que se calificaba como "right wing") sobre la gimnasta Simone Biles. La actitud era de precisamente la de la "floja", la "traidora" al país, "responsable" de la pérdida de la medalla que ha ido a otro país, etc.

El caso me trajo a la memoria unas palabras del lingüista George Lakoff en una de sus obras dedicadas a las diferencias del lenguaje entre demócratas y republicanos, señalando que viven en dos mundos diferentes, regidos por valores dispares. Lakoff contaba en esas primera páginas cómo había preguntado a un colega y amigo en dónde pensaba él que residía la diferencia entre ambos grupos. El amigo le puso un ejemplo: cuando en una familia se escucha llorar a un bebé en la noche, hay dos respuestas, la de levantarse y cogerlo hasta que se vuelva a dormir, por un lado, mientras que por otro la respuesta es "deja que llore, tiene que aprender". Le he dado vueltas a esa metáfora tan cotidiana y lo visto estos años, especialmente en los Estados Unidos de Trump, me hace ver que tiene mucho de verdad.



Las críticas de la derecha informativa a Simone Biles han ido en ese sentido: eres una blanda, no mereces respeto. Tu mente ha llorado y te has levantado a consolarla, podríamos decir.

La dureza y la burla forman parte de esa forma de ver el mundo en donde la debilidad no se perdona, ya sea moral, física o mental. Trump manejaba de continuo el insulto "perdedores". Todo el que no obtenía la victoria estaba incluido en la categoría.

Respecto a lo que ocurrió con Paula Radcliffe, se nos describe la reacción de la prensa en 2004, cuando se retiró de la maratón:

 

The British press hounded Radcliffe relentlessly in the aftermath of the Athens Olympics, scrutinizing her every move. Reporters were hiding in bushes to watch her train and tried to trick her doctor into disclosing her private medical records. It got so bad that she and her husband and coach Gary Lough eventually left the country and went to Arizona to focus on training.*

 


La prensa británica es famosa por lo que es. En 2004, como ocurre hoy, se puede descuartizar a alguien en cualquiera de esos periódicos convertidos en paradigma del sensacionalismo, que es una forma de desconexión de la ética en beneficio exclusivo de la rentabilidad, alimentando lo peor en los lectores, convirtiendo todo en morbo.

Que Paula Radcliffe tuviera que abandonar su hogar en Gran Bretaña para poder refugiarse en Arizona es bastante revelador de la situación destructiva a la que la prensa podía llevarte.

Pero en estos tiempos la situación ha cambiado a peor:

 

For Biles and her generation of elite athletes, however, escaping is nearly impossible because of social media.

"It can be so cruel and so heartless and harmful and particularly in this current situation where the athletes are kind of in a bubble, removed from the real world ... then they start to think those comments are real and they hurt a lot more than if you were protected by all of your family and friends around you," Radcliffe said, referring to an Olympics held during the Covid-19 pandemic.

She also suggested that tougher regulations on social media should be put into place. "You couldn't print something in a newspaper or online that people get away with putting there and yet the people that it hurts still see it."

Several high-profile Olympians have spoken up about deleting their social media apps and accounts. Australian swimmer Ariarne Titmus, who has won two Olympic gold medals, said she has deleted every social media app on her phone to avoid "external pressure." And Dutch cyclist Annemiek van Vleuten said she went off social media to preserve her mental state after her heartbreaking silver medal in the road race on Sunday.*

 

Si lo ocurrido con Radcliffe, Osaka y Biles (más todos los que lo han sufrido en silencio) sirve para que se comprenda las dimensiones que está alcanzando esta forma de juicio permanente sobre las personas que suponen las redes, una presión continua de enorme crueldad, insaciable, algo habremos ganado. Pero dudo mucho que pueda.



Creo que podríamos empezar a acuñar el término "chusma digital" para este tipo de fenómeno de las redes a través del cual la gente saca lo peor de sí mismo o, más simplemente, donde las malas personas explotan el anonimato para insultar, acosar, agredir.

Lo ocurrido nos demuestra que los que piensan ser reyes o héroes porque son alabados, aplaudidos, impulsados en una dirección, descubren un día que son realmente esclavos pues carecen de libertad para decidir y son derribados cuando no satisfacen las expectativas.

No debe dejar de reseñarse que la mayor parte de los casos sacados a la luz, junto con los dos últimos —Osaka y Biles—, han sido protagonizado por mujeres. ¿Esta forma de posesión se ve incentivada por ser mujeres; es una forma más de violencia patriarcal que queda en evidencia a las primeras de cambio? ¿Se vuelcan más contra las mujeres cuando se retiran o no cumplen los objetivos deseados desde el exterior?

Vemos que en esto se entremezclan muchas cosas, desde la perspectiva política hasta el machismo. Pero lo fenómenos reales son así, se entremezclan los motivos y no todo el mundo actúa de la misma forma. Lo peligroso es que ahora muchos tienen una poderosa y destructiva herramienta en el anonimato de las redes sociales y en los medios que las utilizan para interactuar con ellas en alguna dirección o con alguna intención.



Considerar a Simone Biles una "traidora" y una "floja" es un auténtico despropósito. Estamos haciendo una sociedad cada vez más egoísta e indiferente al dolor, con una jerarquía de valores anómala y poco humanitaria. Trasladamos las frustraciones y su consiguiente ira hacia esas personas que constituyen la escena pública.

Hay que dejar de usar en los medios términos como "decepción", "derrota", "humillación", "aspirar", "esperanzas", etc. porque crean en las audiencias unas expectativas que se vuelven contra los deportistas, personas a las que, en muchos campos, se les pide que renuncien casi a todo para que obtengan ese rendimiento que se les pide o exige. 

Es una prueba más de esa deshumanización de la que hablábamos ayer y que crece. Las vidas vacías reclaman ídolos a los que no les perdonan la frustración que les puedan causar. No es casual que sea la misma cadena trumpista, la que pedía "¡Hacer una América más grande!" se revuelva contra la persona a la que todo el mundo admira menos los que se sienten "traicionados", los que dejan a los Estados Unidos en peor lugar. No sé si Trump se ha manifestado al respecto, pero no es demasiado especular sobre lo pueda decir al respecto. Sus apoyos habituales lo están haciendo ya.


Lo más positivo es que la reacción de apoyo a una persona que ha dado toda su vida por la gimnasia y ha cosechado grandes triunfos para el medallero de su país, ha sido defendida por mucha gente.

No es cuestión de ídolos; es cuestión de humanidad, de comprender que las personas tienen una vida más allá del deporte, un cuerpo y una mente humanos. También unos valores. Es lo que ha hecho Simone Biles en su mejor victoria, la de vencer sus miedos, la presión terrible y atreverse a decir no. Se preguntó si ella era algo más que sus medallas, algo más que sus éxitos, quién era fuera del deporte. Quería recuperarse a sí misma y puede que haya ayudado a recuperarse a muchos otros en su misma situación. El ejemplo es nuestra máxima arma. 



Llama la atención ese reconocimiento de muchos deportistas de haberse alejado de las redes sociales, fuente de desequilibrio, desde donde llega una energía negativa y destructiva para la mente de muchos atletas. 

Hay que rehumanizar los valores del deporte, especialmente, los que siempre fueron su centro, los del olimpismo, destruidos entre negocios, nacionalismos y sensacionalismo. El ejemplo de Simone Biles debe cundir. Hay que comprender que el deporte es algo más que espectáculo. Ella no se ha escondido, ha dado la cara en todo momento. Lo ha hecho junto a sus compañeras, a las que apoyó con lo que podía dar.

 


*  Ivana Kottasová "How I fought back against 'quitter' label: Long-distance running legend on Simone Biles" CNN 28/07/2021 https://edition.cnn.com/2021/07/28/sport/olympic-athletes-mental-health-paula-radcliffe-spt-cmd-intl/index.html

miércoles, 28 de julio de 2021

Casos olímpicos, otra mentalidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Parece que estos Juegos Olímpicos se van a recordar por muchas cosas más que por el Coronavirus, la ausencia de público y el aplazamiento de un año. Todavía recuerdo cuando el año pasado, a poco más de un mes los responsables decía que se celebrarían "sí o sí", por encima de cualquier circunstancia. Finalmente hubo que esperar un año y hasta hace pocos días todavía se mantenían las dudas. Todavía hoy, nos llegan a los noticiarios las imágenes de muchos japoneses se manifiestan en las calles pidiendo que se suspendan.

Pero mascarillas y gradas vacías, el constante peligro de que un positivo te sorprenda antes de comenzar una competición (como el caso del español Jon Rahm en el golf, recontagiado), etc. van a pasar a segundo término cuando se cierren los juegos. No va a ocurrir así con algunas de las cuestiones que se están planteando ahora y que abren debates que hasta el momento habían quedado aparcados.

Las Olimpiadas son un gigantesco evento, con amplias infraestructuras entre celebraciones, una maquinaria cuyas ramificaciones se extienden por prácticamente por todo el planeta. Por este motivo, los intereses tras ellos y en ellos mismos son superiores a los deportivos que son, finalmente, la materia prima que permite la elaboración del "producto" final, la celebración deportiva en sí misma, hacia la que se giran cientos de millones de miradas. Al final, es esa mirada la que permite al deportista poder dirigirse a aquellos que le contemplan.



Esas miradas son las que ha aprovechado Tom Daley cuando se ha reivindicado como gay y campeón olímpico, ofreciendo un modelo de vida en un momento en el que en países como Polonia o Hungría se trata de legislar sobre ellos como delincuentes ("salvar a los niños") o enfermos en una visión retrógrada. Lo ha hecho junto  los deportistas de Rusia, donde también se legisla contra ellos y se les ataca en las calles con desfiles con los iconos bizantinos levantados. Daley ha hecho un valiente aportación para que nadie se sienta constreñido por la mirada de los otros, por el dedo acusador, para que ellos mismos no se pongan límites.



En el pasado torneo de Roland Garros se planteó una cuestión importante: la retirada de Naomi Osaka, una de las primeras clasificadas mundiales por una cuestión de salud mental. Estamos en el siglo XXI y todavía debemos escuchar desprecios públicos por la cuestión de la "salud mental" (entre ellos en el Parlamento español).

Rápidamente saltaron a los medios las críticas, con toda la presión que va desde las marcas de ropa que les financian, hasta los propios comentaristas pasando por los organizadores de los torneos.

Aquí defendimos en su momento su postura ya que es ella la sabe lo que lleva en su mente cada día y la obligación de tener que sonreír y poner cara de interés ante las mismas preguntas, las más de las veces, sin sentido. Osaka ha participado en las Olimpiadas y a nadie se le ha escapado su mirada de tristeza.



No es cuestión de resistencia, sino de presión. En este tipo de situaciones la persona vive en un estado de angustia permanente ante las miradas que le rodean. El deportista pasa a ser una mercancía que debe rendir, más que en la pista, ante unos medios que les devoran.

La elevación del deporte femenino ante las audiencias, el creciente interés que suscitan, ha hecho que aumente la presión psicológica sobre ellas. Las presiones que viven por todos los que están detrás, de la federaciones  a los patrocinadores son brutales.



El caso de Simone Biles está hoy en las primeras planas de todo el mundo. Que una atleta considerada la mejor de todos los tiempos, ganadora de todo, que ha pasado por dramáticas situaciones de acoso en su vida deportiva, decida tras un salto retirarse por su salud mental ha vuelto a traer a primer término lo ocurrido con Naomi Osaka, dejando ver que el problema es serio y no una cuestión de "divas", como se quiso hacer ver. La deportista norteamericana ha sido clara:

 

"No estoy lesionada, simplemente tengo una pequeña lesión en mi orgullo. Ahora tengo que concentrarme en mi salud mental", declaró, rompiendo uno de los grandes tabúes en el deporte de alto rendimiento: la salud mental.

"Tenemos que proteger nuestras mentes y nuestros cuerpos. Esto no es simplemente salir y hacer lo que el mundo quiere que hagamos", ha denunciado al mismo tiempo que establecía claras sus prioridades: "Es más importante la salud mental que el deporte ahora mismo".

Una de las mejores gimnastas de la historia se retira para cuidarse. "A veces, siento que tengo todo el peso del mundo encima de mis hombros".**

 


Ese peso no es una ilusión. Lo dice, además, una persona de larga trayectoria, que ha podido controlar su mente frente a todo tipo de problemas para rendir al máximo, una persona rodeada de asesores, incluidos los psicológicos. Pero cuanto más renombre se alcanza, mayor es la presión a que se ven sometidos los deportistas.

Estados Unidos ha quedado en segundo lugar y habrá muchos que responsabilicen a Simone Biles por ello. Será una demostración más de la deshumanización del sistema, de la conversión del deportista en una máquina en la que todo está medido y controlado, su cuerpo, su mente y su vida, todo ello pasto del interés mediático para hacer crecer la audiencias y las ventas de los materiales.

En las declaraciones de Biles hay un punto que me parece muy relevante: cuando competía —nos dice— ya no lograba alcanzar el placer que anteriormente tenía. Biles ha hablado específicamente de "robo", de que en algún momento le robaron la alegría, el disfrute de lo que más le gustaba en su vida. Esto, traducido, significa que se vive un infierno, que no te queda nada a lo que agarrarte, que todo ha dejado de tener sentido más allá de la presión. Ya no compite porque le guste lo que hace, sino que compite bajo la presión de los demás.



Hemos visto a Ona Carbonell dando el pecho a su bebé, denunciando una separación forzada. Ha sido  otro de los puntos de denuncia que han estallado con estos juegos en los que la pandemia ha dado al traste con todos los cálculos. El retraso de los juegos ha hecho cambiar los planes de muchas jugadoras para sus embarazos y periodos de lactancia. La participación les ha ocupado la vida al completa y esto se ha extendido más de lo calculado. En este sentido, las normas estrictas de aislamiento en la participación puede servir de alguna disculpa, pero no por ello significa que las mujeres deportistas no tengan condicionada su vida como mujeres por los intereses existentes en todos los niveles. Las deportistas han pasado a ser una "inversión" que se rentabiliza a través de la popularidad de las olimpiadas y la consecución de medallas.



La rebelión de las jugadoras noruegas de voley-playa negándose a ponerse un bikini y convertirse así en objetos sexualizados ha sido otro de los puntos importantes de estos juegos en marcha. Este es un hecho que ha suscitado reacciones de apoyo en todo el mundo, incluida la cantante Pink, quien se ofreció a pagar las multas con las que se les sancionaba. Es un precio que gustosamente pagarán muchos por evitar esa imagen con las que las estructuras machistas del deporte entienden el papel de las mujeres como objetos. No es algo nuevo.



Habría que hacer una seria reflexión sobre la forma en que los medios tratan el deporte y especialmente a los deportistas, convirtiéndolos en mercancía que deben promover para rentabilizar lo invertido en las retransmisiones. En ocasiones uno siente vergüenza ajena al ver la presión que se lanza sobre ellos con las cuestiones de medallas. La forma de atraer a la audiencia es hablar constante de las "opciones de medalla" de cada uno de los deportistas. Esos cálculos de cuántas medallas se "pueden obtener" cada día es una presión muchas veces insoportable. Habría que empezar a hablar de una necesaria ética informativa aplicada al deporte, algo que tenga en cuenta esa presión malsana sobre los jugadores.

Hemos visto recientemente insultos racistas y amenazas en la final de la Liga de Campeones contra los jugadores del equipo británico; hemos visto la brutalidad de los ataques de los hinchas perdedores contra los ganadores. Todo esto son avisos de lo que se está construyendo alrededor del deporte, un negocio que mueve muchos miles de millones en muy diferentes sectores cada año y más si es año olímpico, como lo es este.



La identidad sexual, la maternidad, la salud mental, la sexualización de las mujeres, etc. son elementos que están ahí, rodeando el deporte y que se esconden bajo la alfombra con unas estructuras generalmente autoritarias, que cogen jóvenes a los que se les exprime, se les lleva a lo más alto desde donde se les deja caer en muchas ocasiones. Para muchos no son más que una herramienta de poder, una forma de generar ingresos. Muchos (como en la caso de Biles) han padecido abusos de uno u otro tipo, todo en nombre de un rendimiento. 

Todos estos casos que surgen ahora son importantes y deben ser el inicio de un gran cambio. Estos juegos tienen un claro carácter reivindicativo, marcarán —así lo deseo— una nueva conciencia. 

Pienso en el podio de Skateboarding femenino, el más joven de la historia, con una campeona de 13 años, y tras dos medallas de 13 y 16. Me gustaría que no perdieran en el futuro la alegría con la que se las veía competir y confraternizar. No deberían sentirse, como nos decía Simone Biles, con la sensación de que el placer de hacer lo que les gusta se lo han robado.



* "Simone Biles, tras su retirada en la final de gimnasia por equipos: "Tengo que centrarme en mi salud mental"" RTVE.es https://www.rtve.es/deportes/20210727/tokio-2020-simone-biles-salud-mental/2140466.shtml


lunes, 31 de mayo de 2021

El desafío de Naomi Osaka

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Esta noche un programa de TV nos traía el recuerdo del boxeador Cassius Clay, posteriormente renombrado como Mohamed Ali. Nos los mostraba controlando el escenario de una conferencia en una universidad norteamericana, una de tantas a las que fue invitado. Alí no le tenía miedo a los micrófonos o a las cámaras; para él no había mucha diferencia entre el mundo del deporte y el del espectáculo, es más, para él el espectáculo ante los micros no era más que la antesala del espectáculo en el cuadrilátero. Es imposible pensar en Alí son cámaras alrededor, sin espectáculo. Pero no todo el mundo es como él, no todos se encuentran en su elemento frente a periodistas y auditorios.

La BBC de hoy nos da cuenta del peligro al que se enfrenta la tenista japonesa Naomi Osaka quien se ha negado a participar en las ruedas de prensa tras los partidos en Roland Garros, uno de los grandes torneos y del que puede ser multada, expulsada y sancionada por la Federación.

La noticia plantea la cuestión de la relación entre el deporte, los medios y los propios deportistas. La sanción económica a Osaka se percibe como una anécdota si esta efectivamente es expulsada del torneo y la Federación le impide jugar los torneos de Gran Slam a esta jugadora que ha ganado 4 de ellos.



Osaka ha alegado cuestiones de "salud mental" para negarse a participar en las conferencias de prensa tras los partidos. El tenis, más que algunos deportes, requiere de una gran concentración y las ruedas de prensa no suelen favorecerla.

La BBC recoge las palabras de la tenista japonesa:

 

"I've often felt that people have no regard for athletes' mental health and this rings true whenever I see a press conference or partake in one," she said in the statement, which she posted on social media.

"We're often sat there and asked questions that we've been asked multiple times before or asked questions that bring doubt into our minds and I'm just not going to subject myself to people that doubt me."*

 


Las opiniones se dividen. Por un lado están los que consideran el contacto con los medios como parte del "trabajo" y que Osaka hace mal. Pero por otros están los que señalan que el objetivo es jugar lo mejor posible y que la tenista tiene derecho a regular su concentración, que se ve interrumpida por las ruedas de prensa en la que se le preguntan "múltiples veces" y otros aspectos negativos.

Los deportes hoy, en estos niveles, es algo que se organiza para que asistan los medios y estos son financiados por los anunciantes, que rentabilizan con su publicidad lo que invierten. El alto nivel deportivo se ha alcanzado en gran medida por las enormes inversiones para convertirlos en puntos de atracción de la atención del público. No se puede explicar el auge moderno del deporte sin la presencia de los medios. Estos necesitan crear su propia épica con la que emocionar y atraer al público; de eso depende la llegada de la publicidad y la financiación.



¿Significa esto que Naomi Osaka está equivocada? No necesariamente, Sus razones son perfectamente válidas. Si ella considera que mentalmente le perjudican esas ruedas de prensa, tiene todo el sentido que las evite. En las cuestiones psicológicas, además, no existe ninguna cuestión objetiva. Si lo siente, es así. Es más, cuanta más presión sienta el resultado será peor. La confianza que ella necesita, dice, los periodistas le hacen tambalear introduciendo inseguridad. En todos los deportes, la fuerza mental es esencial, pero en el tenis lo es todo y más en estos niveles de juego.

La cuestión que se plantea es doble, ya que medios y Federación quedarán ambos evidencia anulando el discurso deportivo y dejando en evidencia el de los intereses económicos detrás del deporte. Sancionando a Osaka se sanciona a la base del deporte, que es el jugador. La base del beneficio económico, evidentemente, está en la promoción entre el público, que es lo que los medios propician. El medio exige su parte, las ruedas de prensa con los jugadores a su disposición.



Pero la jugada le puede salir mal si el ejemplo de Osaka empieza a cundir y las jugadoras estrella —Osaka lo es— empiezan a plantarse en las ruedas de prensa y señalan que lo suyo es jugar (ya los medios utilizan su juego como materia informativa distribuible) y no atender a los medios media hora, que es lo que la organización quiere, ya que lleva a una mayor promoción. Las organizaciones de los torneos y las federaciones buscan la mayor presencia mediática y esta se reduciría seguramente si se suprimen las ruedas de prensa o si las estrellas se niegan a comparecer.

Cuando se alega, como se ha hecho, el "derecho de los fans", también se entra en un terreno resbaladizo, pues los verdaderos fans son los que quieren ver jugar a sus favoritos en las mejores condiciones y no verlos desestabilizados, faltos de concentración tras las ruedas de prensa.


La mayor parte de lo que los medios recogen (son ellos siempre los que tienen la voz) es comprensión a lo que dice Osaka pero señalan que son las reglas del juego, que es una obligación "profesional" atender a los medios. Y es ahí precisamente donde está la cuestión, en saber a qué juego se está jugando realmente. No todos quieren ser Alí y tratar de forzar a la gente a serlo no favorece en nada al propio tenis al perjudicar a los jugadores. A muchos que desean promocionarse, les puede parecer absurdo no querer estar ante las cámaras, pero los que quieren que sea su juego lo que se vea, el deporte y no el show, lo ven de otra manera.



Ha salido a la luz el email que la tenista había difundido sobre la cuestión y es suficientemente claro en sus términos. El sistema pasa por encima de cualquiera; las personas no importan mucho. Veremos en qué queda este envite que puede dejar fuera de los torneos a una gran jugadora o, como algunos apuntan promover un cambio en el sistema. Es evidente que el público estará de su lado y la verá como una víctima de lo extra deportivo.

¿Se lo pueden permitir? El sistema no puede mostrar sus cartas con demasiada claridad so pena de destruir la ilusión deportiva, el espejismo creado.



* Katie Falkingham "French Open 2021: Naomi Osaka faces default from Grand Slam for refusing to speak to media" BBC 30/05/2021 https://www.bbc.com/sport/tennis/57301475

lunes, 28 de enero de 2019

Blanqueando a Naomi

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La forma de representar a los otros en los medios dice mucho de nuestra forma de percibir el mundo, de cuáles son nuestros valores, que resaltamos, matizamos o eludimos al mirar a los que presentan algún tipo de diferencia respecto a nuestros estándares. Los conflictos que se plantean en un mundo global, en este sentido, son muchos. En realidad, vivimos en un mundo de "representaciones", donde los otros son convertidos a través de nuestros códigos en formas textuales, en signos codificados de alguna manera.
En la época de Obama, la forma de representarle dentro de su propio país dio lugar a conflictos y se denunció en su campaña que se "oscurecían" su fotografía para aumentar su "negritud", por decirlo así. De esta manera, se aumentaba la sensación de "amenaza" que muchos blancos (que habrán votado a Trump para quedarse tranquilos) dicen sentir ante la presencia de conciudadanos negros. Los Estados Unidos tienen serios problemas al revisar sus representaciones porque queda en evidencia el "filtro blanco" que se ha mantenido hasta hoy mismo. De hecho, los afroamericanos tuvieron que producir sus propias películas para poder controlar sus representaciones públicas, que parten del prejuicio, pasan por el estereotipo y acaban produciendo discriminación.
Hoy lo tenemos igualmente con los hispanos, representados como criminales, como una "amenaza a la seguridad nacional" por Trump y su corte de supremacistas, que quieren una América blanca y anglosajona, dejando al resto fuera o bajo vigilancia.


Pero no es el único caso, evidentemente. El fenómeno se intensifica cuando aumenta la sensibilidad y vigilancia por la mayor conciencia de lo que supone este tipo de prácticas de representación. Es una maquinaria perfectamente desarrollada para mantener las discriminaciones a través del resaltado intensificado de las diferencias que puedan darse, convirtiéndolas en esenciales. Así pasan a ser decisivos los mecanismos de la cultura audiovisual, como el cine la fotografía, la publicidad, etc. en donde se establecen estas representaciones estereotípicas y negativas para los integrantes de los grupos discriminados o reducidos a estereotipos.
Hace unos días hemos visto aquí el caso de la irritación y protesta que ha provocado la campaña publicitaria de Dolce & Gabanna en China tras mostrar a una modelo ante un plato de espaguetis usando unos palillos de madera para intentar comer. La marca ha intentado disculparse por lo ocurrido, pero eso ya no es bastante. El rechazo queda ahí.
La BBC nos trae un caso de "blanqueo" de piel, esta vez en Japón y con una compatriota, la tenista Naomi Osaka, la reciente ganadora del Open de Australia. La noticia saltaba el 23 de enero con el titular "Naomi Osaka: Noodle company apologises for 'white-washing'". La BBC lo contaba así:

The headlines should all have been all about Naomi Osaka's victories on the tennis courts in Melbourne, Australia.
Instead, the Haitian-Japanese sports star has once again found the coverage diverted by a row over a cartoon.
This time, it is Japanese noodle company Nissin which has been accused of "whitewashing" the mixed-race Osaka in a manga drawing.
Many people have been left questioning how exactly this could happen a second time. When an Australian cartoonist depicted Osaka as a blonde-haired, white-skinned woman in September 2018, the controversy took weeks to die down.
"Why, does [anyone] change the skin colour to something that deviates from the real person so much?" one Twitter user asked the manga artist, Takeshi Konomi, after he shared a picture of his drawing on the social networking site.
The company, which sponsors the Japanese tennis team, apologised as the row escalated, saying it had meant no offence.
"There is no intention of whitewashing," a Nissin spokesperson said. "We accept that we are not sensitive enough and will pay more attention to diversity issues in the future."*


El artículo se adentra posteriormente en los problemas existentes en la cultura japonesa para "aceptar" a personas que claramente no aportan el estereotipo asiático. Naomi Osaka es de padre haitiano y de madre japonesa, por lo que los rasgos combinados dan una piel más oscura que lo estandarizado, algo que no parece aceptarse como forma de representación.
El caso es curioso porque no se trata de eliminarla de la publicidad, sino de no ser aceptable una representación realista para los fines de la comunicación. Parece existir (de hecho, lo hay) una contradicción en su uso publicitario y su "lavado". Todo el mundo sabe quién es y cómo es, por lo que la distorsión de color tiene que actuar en otro nivel, por decirlo así. Osaka representa a Japón y da títulos al país, es valorada. ¿Por qué entonces esta forma discriminatoria? El lavado es una forma de aceptabilidad o, si se prefieren una forma de tranquilizar las conciencias.
Es justo el proceso contrario al que mencionábamos inicialmente respecto a lo ocurrido con Barack Obama, al que se trataba de perjudicar intensificando su negritud. Aquí, por más que no se reconozca, el proceso es el contrario. Se trataba de hacer más "aceptable" a los estándares japoneses. Esto, por supuesto, es una forma clara de racismo. Y así se señala en el artículo, resaltando los múltiples problemas que tienen las personas resultado de matrimonios mixtos, es decir, aquellas cuyos rasgos no entran dentro de los cánones establecidos. El artículo de la BBC señala que son más "aceptados" aquellos entre asiáticos (chinos y coreanos) que aquellos otros, como es el caso de Naomi Osaka, que muestran rasgos más diferenciados.


Recordemos que no hace muchos se produjo en Japón la polémica contraria. Esta vez se trataba de las críticas porque la actriz Scarlett Johansson iba a interpretar al personaje principal de la versión con personajes reales del anime Ghost in the Shell. Esta vez fue en Japón donde se produjo la polémica al ser una actriz norteamericana de rasgos no asiáticos quien encarnaba a la protagonista. Pero esta vez la polémica se quedó en el aire al señalar el director del anime original que se trataba de una Cyborg. La propia película trataba argumentalmente de resolver este "problema" haciendo visitar a la protagonista, con su cuerpo biónico, la casa de su familia, es decir, su madre japonesa que conservaba una fotografía de la hija tal como "era", es decir, de rasgos asiáticos. De esta forma se establecía una diferencia (real/cyborg) que pretendía evitar la polémica sobre la representación.


Tras contar algunos casos de discriminación de mujeres japonesas, con padres africano e indio, el artículo de la BBC cierra esperando que la apertura de Japón al mundo pueda reducir estos procesos de discriminación a través de las representaciones distorsionadas.
No es fácil porque las formas de representación de diferencias están altamente codificadas, forman parte de esos filtros que es necesario remover para evitar que se produzcan estos fenómenos discriminatorios.
La tenista ha aceptado las disculpas. No es la primera vez que le ocurre. Vemos que los casos se producen cada vez más, lo que significa que en este mundo visual en el que estamos, de pantallas y canales, este tipo de prácticas deben ser eliminadas para librarse de los estereotipos culturales. La mayor visibilidad de los mensajes, su difusión constante, los hace más peligrosos. El estereotipo que no se denuncia se convierte en refuerzo de los existentes, por lo que es necesaria una vigilancia estrecha.
Nosotros tampoco estamos exentos de este tipo de prácticas negativas. Los nacionalismos son maquinarias que viven de exagerar las diferencias y producen este tipo de representaciones con gran intensidad. Se trata de establecer las línea divisorias entre unos y los demás. Naomi Osaka, japonesa y triunfadora, tiene todo el derecho a ser representada como es y no como a otros les gustaría que fuera o considerarían "aceptable".


* "Naomi Osaka: Noodle company apologises for 'white-washing'" BBC 23/01/2019 https://www.bbc.com/news/world-asia-46972920