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viernes, 17 de octubre de 2025

Sobre la libertad académica

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

En RTVE.es, dentro de la siempre interesante sección "Una mirada europea", en la que se traducen al español artículos aparecidos en diversos países del entorno comunitario, se ha publicado un texto de gran interés dedicado a un tema delicado, pero que es urgente revisar por lo que afecta al conjunto de nuestra sociedad, aunque no se sea consciente de ello. Me refiero al artículo firmado por Noémie Bonnin (Radio France) y Claire Guédon "La libertad académica de los investigadores, cada vez más amenazada en Francia"*, publicado el día 15 de este mes e incorporado a la sección señalada de RTVE. 

Puede parecer que el problema de la "libertad académica" es un problema que atañe a los "académicos", pero la realidad es muy otra. Lo que está ocurriendo en Francia no es muy diferente de la corriente que, salidas de los Estados Unidos, se expanden por el mundo y tratan de recortar y silenciar las voces que desde el ámbito académico tratan de dejar en evidencia ideas, teorías y programas que no solo van contra la lógica y la historia, sino contra el conocimiento científico, oponiéndole dogmas y eliminado cualquier asomo de crítica, una fuerza esencial para una ciencia que avanza gracias a la libertad de investigación, publicación, etc.. Las fuerzas con estos programas según van llegando al poder se esfuerzan por reducir las libertades de los investigadores, declarando zonas o temas, áreas como tabú, eliminando financiación e instituciones.

Es justo esto lo que ha hecho el trumpismo desde que ha llegado al poder y de lo que se ha ido contando en sus avances. Poner, por ejemplo, a un anti vacunas al frente de las instituciones de la Salud del estado ya es una declaración de guerra contra la ciencias y contra la salud de los norteamericanos. Desgraciadamente el ejemplo ha cundido y es lo que están haciendo los que llegan al poder en distintos países.

En el caso francés que se nos cuenta existen diferentes formas de actuación. Las autoras del artículo explican: 

La libertad académica de los investigadores está cada vez más amenazada en Francia, según un informe titulado "Defender y promover la libertad académica", redactado para France Universités por Stéphanie Balme, Directora del Centre de recherches internationales de Sciences Po, y revelado por franceinfo el miércoles 15 de octubre.

Si bien estas amenazas han sido noticia en Estados Unidos, con recortes en las becas para estudios sobre determinados temas, ahora afectan a Francia, según el autor. Lanzado a principios de 2024, a iniciativa de los representantes de las universidades francesas, el denso estudio se centra en la libertad académica. La libertad académica "es un derecho fundamental reconocido a todo el personal de la enseñanza superior y de la investigación", explica Stéphanie Balme. Esta libertad "les garantiza la libertad de pensar, enseñar, investigar, publicar y debatir, libres de cualquier injerencia, ya sea política-ideológica o económica", explica.

Salvo que, para Stéphanie Balme, basándose en un corpus de reflexiones procedentes de foros, debates y legislaciones recientes, en el espacio de unos pocos meses del año 2025, "la situación de la libertad académica se ha deteriorado claramente, hasta el punto de que es razonable prever un empeoramiento de esta tendencia en los próximos años".* 


Como se señala, la libertad académica implica "pensar, enseñar, investigar, publicar y debatir· sin presiones exteriores, condicionamientos, recortes, etc. No hay "narcisismo" en ello, sino una necesidad vital, algo de lo que posteriormente se beneficia la propia sociedad.

No es solo en Francia, donde no ha llegado la ultraderecha al poder, sino que esta cuestión hace resentirse a la mayor parte de las universidades y sus centros de investigación, incluida España, donde el deterioro de esa libertad es constante en beneficio de una creciente burocracia que controla y asigna fondos, que crea plazas con perfiles ad hoc y elimina otras que no convienen a terceros. Como fórmula general, se ha empujado desde el exterior a los docentes e investigadores en direcciones donde los intereses son oscuros. Quien no se somete a esos intereses, difícilmente podrá evolucionar en sus carreras académicas; por el contrario, los que se someten a los intereses progresan y refuerzan el sistema aumentando las presiones.

En el artículo, al recoger el informe citado, se citan las principales amenazas, las provenientes del sector privado, del mundo empresarial:

El informe señala como principal amenaza el aumento de los "procedimientos de amordazamiento". Por ejemplo, cuando "empresas o grupos privados impugnan el contenido de una investigación académica", impidiendo al investigador en cuestión publicar su trabajo, mediante presiones o actos de intimidación, explica Stéphanie Balme a franceinfo. "El objetivo es silenciar al investigador", explica.

Estas amenazas también pueden dar lugar a recortes en la financiación de la investigación o las becas de doctorado por parte de agentes privados, e incluso de las autoridades locales, con el pretexto de contenidos considerados "sensibles o controvertidos".*


Esto, de nuevo, no es exclusivo de Francia, sino que se ha extendido a todas aquellas partes en las que el sentido del "ahorro" de las inversiones públicas la fue dejando "liberalmente" en manos de grupos privados. Se ha fomentado durante años esa "colaboración" público-privado que puede funcionar mientras no perjudique a los intereses privados. Si los centros de investigación trabajan para el sector privado, que los financia, este tiene la capacidad de "redirigir" las investigaciones hacia aquello que les interesa y alejarlas de aquello que le perjudica. Por decirlo claramente, se pierde la autonomía que debe tener para poder generar una investigación libre en todas sus dimensiones. Aquí "libertad" no quiere decir "hacer lo que se quiera" sino la capacidad de evaluar libremente aquello que tenga un interés social o científico mayor.

En España, las tesis que se hacen en algunos sectores están sujetas a "confidencialidad", es decir, han sido financiadas por empresas que se benefician de la investigación académica y que excluyen la posibilidad de que puedan acceder públicamente a ellas. Se obtiene así el grado de doctor trabajando para una empresa. Si lo que sale de la investigación les interesa, lo usan en exclusiva; si no es así, se envía a la papelera.

Ese "silenciamiento del investigador" que se señala es un procedimiento frecuente y eficaz. Se financian proyectos que interesan a algunos y no se aceptan los que vayan en otro sentido, por más que pudieran tener interés. Lo que está ocurriendo en los Estados Unidos con Trump ya es un hecho en la prensa. Los investigadores están emigrando a Europa para dejar de padecer presiones, silenciamientos y recortes en su trabajo.  Las denuncias de las universidades se han hecho públicas y han sido atacadas por ello en sus subvenciones.

Lo que es queja y denuncia en el sistema francés o en Estados Unidos, es aceptación silenciosa en España, no porque se ignore el problema sino por justo lo contrario, por su control del sistema, cuyas instituciones son muchas veces tomadas por ciertos grupos que avanzan en su poder frente a otros que retroceden. No es justo pensar que los problemas vienen siempre de fuera; muchos son resultado de la propia evolución del sistema, de sus dinámicas internas.

En un sistema precario, con financiación limitada y controlado, no es fácil ser independiente o desear serlo. Algunos prefieren la vida tranquila de la aceptación sumisa, que les garantiza estabilidad y control sobre ciertas zonas.

La independencia universitaria, científica, es necesaria. Lo es para una sociedad que debe evolucionar. En estos años se ha procedido a un doble movimiento: aislar la producción científica y la trivialización de la universidad en paralelo a la propia trivialización social. En el artículo francés se habla de ausencia de pensamiento crítico, algo que cada vez importa menos dentro y fuera de la universidad, pero que es esencial para ella.

La decadencia de la cultura, las restricciones a la Ciencia, etc. son variantes de un mismo deseo de control, de imponer sobre los agentes sociales un silencio y una forma de controlar a través de la ignorancia. Lo que ocurre en Francia se expande a otros países del entorno en donde se repiten intenciones y modelos. Necesitamos una visión del conjunto para comprender su alcance y sus efectos.

Sería ingenuo pensar que la universidad puede vivir aislada de mundo exterior y sus defectos. Pero sería desastroso pensar que la universidad no se resiste al deterioro. En Estados Unidos y en Francia al menos vemos movimientos y denuncias.

 

* Una mirada europea: Noémie Bonnin (Radio France) y Claire Guédon "La libertad académica de los investigadores, cada vez más amenazada en Francia" RTVE.es / Franceinfo 15/10/2025 https://www.rtve.es/noticias/#masnoticias original: https://www.franceinfo.fr/sciences/baisse-de-financements-ingerences-etrangeres-la-liberte-des-chercheurs-de-plus-en-plus-menacee-en-france_7552582.html

viernes, 12 de noviembre de 2021

La nariz democrática

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



Las votaciones para renovar el Tribunal Constitucional han hecho saltar las metáforas olfativas y la nariz como centro sensible de la política. El pistoletazo poético oloroso de salida lo dio Odón Elorza, diciendo que a algún candidato habría que votarle "tapándose la nariz"; finalmente le faltaron manos y ahora espera ser sometido a investigación por aquello de saltarse la "disciplina de voto", que debería estar incluido entre las perversiones políticas.

Según afirma la prensa, se produjeron los previstos imprevistos, es decir, que se sabía que había gente que no estaba de acuerdo con la selección, pero no cuánta. En RTVE.es nos explican: 

Antes del pleno del TC, la Cámara Baja había respaldado a los cuatro candidatos, aunque con la oposición de algunos diputados díscolos de la izquierda, que han rechazado la propuesta de Enrique Arnaldo, cuyo nombre ha aparecido en sumarios como Palma Arena o el caso Lezo.

Según el pacto alcanzado entre el Gobierno y el PP, más el apoyo de un diputado de Foro, debería haber garantizado que la aprobación en el Congreso hubiese salido adelante con 243 votos, pero sin embargo ninguno de los juristas ha alcanzado esa cifra.

El candidato propuesto por el PP, Enrique Arnaldo, ha sido quien menos votos ha reunido 232, seguido de la otra candidata de los populares, la magistrada Concepción Espejel (237), y de los dos planteados por el PSOE, Montalbán y Sáez Valcárcel, que han reunido 240 votos.

En el caso de Arnaldo los díscolos se cifran en once, uno de ellos el exministro José Luis Ábalos, que ha votado nulo por error en una votación que secreta y telemática.*


 

Lo sorprendente de esta práctica selectiva que han pactado ambos grupos políticos es que no sirve para tener un mejor tribunal, sino simplemente para completarlo, algo muy diferente, el nivel más bajo de exigencia. No es una victoria democrática o política en modo alguno, sino otra forma —una más— de erosionar las instituciones y generar desconfianza. ¿Es posible que no haya mejores candidatos en España que alguno de los propuestos, que no se encuentren o que no sean seleccionados por ninguno de los grupos que controlan la suma de votos?

Todo esto obedece a un gran problema de fondo: los políticos creen que las instituciones son suyas y solo son su lugar de trabajos. A lo largo de los años han desarrollado un sentido propietario de las instituciones, algo que se reparte, se ocupa e incluso se usa en un sentido muy específico. Se trata de elegir piezas para una determinada posesión y lograrlo como sea. Gana quien controla más instituciones, por decirlo así.

La dependencia de los votos para todo es un sentido utilitarista de la democracia, una forma muy pedestre de verla, simplista, pues deja todo el poder en manos de los partidos y muy poco en la sociedad.

Los partidos viven de la confrontación; los pueblos de la armonía social, del acuerdo, de la convivencia. Sin embargo, la forma de entender la política que vemos trata de trasladar los conflictos de forma permanente hacia la sociedad y las instituciones. Los que no son capaces de ver la diferencia entre un tribunal constitucional y un tribunal constitucional politizado, repartido, no tienen un sentido sano de la política.


Muchos han escrito estos días sobre la nariz y los malos olores. La consecuencia es que el recelo se ha extendido al Tribunal Constitucional, una pieza esencial de la democracia que los partidos actualmente no quieren dejar sin controlar, anteponiendo el número a los nombres. El problema real es que ningún partido quiere allí personas que no puedan controlar. Lo hemos visto en otros puestos del Estado que deberían haber surgido de la independencia y no del partidismo obediente. Esa independencia —un concepto muy mal visto por los partidos— es diferente al número, aspecto que controla las decisiones. Nadie quiere independientes; esa es la realidad. Nadie quiere afrontar la incertidumbre que supondría para ellos tener que esperar para saber las decisiones que toman. Se prefiere a los sumisos agradecidos; de ellos será el reino de la política.

El voto de Elorza y algunos más no es solo contra un candidato y el partido que lo propone. Es también un voto contra el acuerdo de su propio partido que avala a un candidato al que muchos no consideran adecuado. Habrá algunos que lo celebren por lo bajo en los diferentes partidos, pero es una derrota del planteamiento en sí. Perjudica a todos, partidos, instituciones y al pueblo, que pierde confianza.

El peor ejemplo lo hemos tenido en el tribunal supremo norteamericano bajo Trump. La selección de uno de los jueces, rechazado y denunciado por su partidismo excesivo, creó una enorme controversia. Finalmente llegó con el apoyo del número. Lo que hizo fue crear recelo ante lo que llegue a ese tribunal, donde el juez elegido deberá obediencia a quienes le votaron para el cargo. El tribunal supremo es un sistema en el que solo la muerte deja plazas libres. La suerte de que ese fallecimiento de produzca en  un momento de dominio de unos o de otros es lo que acaba decidiendo las resoluciones. Triste porque no hay reflexión, sino obediencia.

¿Puede la política asfixiar la política? El desencanto que se percibe en los votantes de muchos países parece confirmarlo. La democracia no es solo cuestión numérica sino la posibilidad de que puedan ser introducidas nuevas ideas que renueven lo que muchas veces tiende a la esclerosis del sistema.

Estamos viendo, como en Nicaragua recientemente, farsas políticas que se llaman "democracias". La degradación trumpista de la democracia ha convertido en un escenario de falsedades y mentiras la vida política (y más allá) norteamericana. Trump tiene muchos imitadores; es el resultado de una forma utilitarista de ver la política que no se detiene ante nada parea lograr el poder, es decir, el control social y la impunidad ante muchas cosas de las que les salvarán tribunales controlados.

Es triste ver que en España hay tan pobre sentido de la democracia, tanta incapacidad de llegar a acuerdos positivos para la ciudadanía. Es más triste ver que cuando algo se acuerda no es en beneficio del conjunto sino para asegurarse el control y evitar sorpresas por parte de los partidos.

Creo en el "voto de conciencia", más que en la "disciplina de voto". El primero no representa el caos ni el segundo el orden. El voto de conciencia  nos asegura que siempre se denunciarán situaciones que el número quiera tapar o manejar. Nuestra democracia no madura, creo que es una triste conclusión. Se conforma con el número de votos y no con el bien social hacia el que todos se deberían dirigir, a la convivencia pacífica y no a la crispación constante. Pero las nuevas formas de entender la política no ayudan mucho, ni en lo personal ni en lo ideal. Demasiados guerreros, pocos pacifistas; muchos calculadores, poca generosidad.

Hay que recuperar la independencia como una garantía, especialmente en aquellas instituciones que tienen que decidir y asegurarla como un valor creciente. Sin embargo, lo que se pondera más es la sumisión, la obediencia, la disciplina como valores políticos.

Es un mal camino en tiempos en los que la democracia está sometida a muchas presiones y malos ejemplos, a manipulaciones internas y externas que la debilitan. Quizá, más que taparse la nariz habría que hacer otras operaciones higiénicas para eliminar los malos olores.

Un acuerdo que se basa en "tú aceptas los míos y yo acepto los tuyos sin discusión" muestra algo más que inmadurez. Es una muestra del límite de la intransigencia y, especialmente, de la incapacidad para abrirse a la sociedad civil en busca de los candidatos mejores para el país, no para ellos.


 * "El Constitucional también avala a sus nuevos magistrados con un voto en contra" RTVE.es / Agencias 11/11/2021 https://www.rtve.es/noticias/20211111/tribunal-constitucional-avala-nuevos-magistrados/2222401.shtml