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sábado, 5 de julio de 2025

Prevenir y curar o la ola reaccionaria

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Quizá hay demasiadas cosas que no nos acabamos de creer, que pensamos que son circunstanciales, que pasarán pronto. Las relativizamos y evitamos hablar mucho de ellas. A veces se esconden bajo una etiqueta particular que evita que veamos sus verdaderas dimensiones —¿existe trumpismo más allá de Trump?—.

Hay que analizar bien lo que está pasando en los Estados Unidos y, en especial, lo que nos está llegando desde los Estados Unidos, dos fenómenos distintos. Del primero nos distanciamos pensando que es algo que les pasa a otros; el segundo resulta molesto, pero no nos va a hacer cambiar.

Hace algún tiempo que muchos grupos sociales que han luchado por derechos para todos se empiezan a dar cuenta y denunciar los retrocesos que perciben. Los cambios que se dan allí tienen su reflejo aquí de una u otra forma. Este es un cambio diferente a otros. Cuando en los Estados Unidos había un cambio progresista, se les copiaba, se empezaba como moda y se acababa con cambios sociales profundos. Hoy lo que nos llega de los Estados Unidos es lo contrario, una ola reaccionaria. Pero los tiempos han cambiado y los Estados Unidos, pese a las quejas de Trump, tiene herramientas de todo tipo —amenazas, chantajes, retiradas, aislamientos...— para imponer por las buenas o las malas un punto de vista, unas condiciones que afectan a la vida de todos y a la percepción de la persona y la sociedad, que afectan a la educación, al empleo público, a la inversiones, al medio ambiente, a la visión de la Ciencia...

En RTVE.es nos hablan de uno de esos elementos que llegan desde los Estados Unidos y que se traduce en actos peligrosos, El artículo lo firma Sofía Soler y lleva por titular "Las empresas reducen sus campañas del Orgullo LGTBIQ+: la ola reaccionaria de EE.UU. se siente también en Europa". En él se nos dice: 

Dos de cada cinco empresas en Estados Unidos han reducido sus campañas por el Orgullo LGTBIQ+ este año. Así lo concluye la consultora Gravity Research, especializada en riesgos corporativos y problemas de reputación tras encuestar sobre sus intenciones a directivos de las principales compañías del mundo. La premisa de "sigue el dinero" para identificar corrientes profundas se cumple en esta ocasión y también en el hecho de que ninguna de las empresas encuestadas quiera aumentar su compromiso con los derechos de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales y queers.

El dinero es la prueba, pero las causas no son (solo) económicas: el 61% de las empresas citan la presión desde la nueva administración de Donald Trump como la principal razón para cambiar su estrategia este Orgullo, de acuerdo con el estudio publicado en abril. Le siguen la amenaza de una reacción de los consumidores y activistas conservadores (39%) y de los legisladores del Partido Republicano (20%). Son menores las exigencias percibidas desde los propios consejos de administración y las plantillas (9%), mientras el temor a una respuesta de activistas y consumidores de izquierdas se reduce al 7%.

En su primera semana al mando, el presidente de Estados Unidos firmó una orden para acabar en la administración federal con todas las políticas y los programas de "diversidad, equidad e inclusión", conocidos bajo las siglas DEI. La decisión suponía cortar la financiación de esas políticas, que Trump considera "discriminatorias" y contrarias a la meritocracia, pero, ¿cuánto ha llegado a España de esa ola reaccionaria?* 

El trumpismo es una etiqueta simplificadora de lo que hay detrás. Es una fórmula que en la comunicación política personaliza la ideología para concentrar en una figura todo un movimiento más amplio e intenso. La gente, piensan, ya no se maneja por ideas sino por figuras en las que se personalizan sus filias y fobias. Es la muerte de la ideología como etiqueta y el ascenso de una forma de personalismo empatizante que detecta gracias a las herramientas obtenidas desde el mercado las conexiones con el líder. Han descubierto el cesarismo mediático, que la gente se adhiere emocionalmente y luego, si es necesario, lo racionaliza. 

Se trata de dirigir la ira y los miedos, las insatisfacciones, contra una serie de grupos que van desde los migrantes a los LGTBIQ+ pasando por la misma Ciencia, especialmente contra vacunas, cambio climático, etc.

La creación de mentes simplistas se traduce en líneas de acción de diverso tipo —económicas, ataques y persecuciones, prohibiciones...— alentadas desde las redes sociales, que es la herramienta que permite canalizar el odio anónimo, la ira desahogada de la oscuridad del anonimato o de pseudónimo. Es lo que acaba convirtiéndose en discursos de odio y especialmente, como nos cuenta el artículo, en el miedo a ser puesto en el punto de mira de los grupos o del poder, como ocurre ya en los Estados Unidos, con una administración que desmonta las ayudas y persigue a los que se les oponen.

Enzarzados en sus disputas locales, nuestros partidos no parecen darse cuenta de a lo que se enfrentan. Prefieren usarlo como argumento general, endosárselo a otros como acusación en este peloteo inacabable en que nos hemos convertido.

Todo esto lo aprovecha una ultraderecha que aprende de lo que se hace en los Estados Unidos y que lo aplica allí donde puede, como vemos con Vox. La debilidad crítica de la política española hace que quedemos en manos de grupos que ven aumentado su poder respecto a lo que sacan en las urnas por las políticas de pactos. 

Los estudios sobre la situación española detectan un incremento de la ultraderecha y, como nos decían ayer después de una encuesta, el aumento importante de jóvenes que creen ya en que un gobierno autoritario es mejor que uno democrático. Esto está producido en gran parte por la proliferación de los discursos de odio, pero de una forma más importante por el "mal ejemplo" dado por los partidos mayoritarios, que se suponen democráticos. Esta guerra absurda en la que llevan más de una década metidos es el principal alimento para que crezca el extremismo, en especial el de la ultraderecha que sí tiene un plan internacional coordinado y de apoyo mutuo.

El miedo a participar en algo que lleve la etiqueta "diversidad" o cualquier otra que rompa con los estándares de la ultraderecha y sus pilares "divinos" y "naturales" es creciente. Hemos tratado aquí hace unos días el caso de los anuncios en el Metro de Madrid en favor de las "familias numerosas", pero también una forma de ir contra los que no hagan esa apuesta. Es una variable de lo que supuso en la campaña electoral norteamericana el ataque contra las poseedoras de gatos (las cat ladies) que no tenían hijos, considerándolas anti norteamericanas y poniendo a Kamala Harris como objetivo.

La ultraderecha usa estas líneas como primarias en su política, lo que le permite atacar, prohibir, etc. todo lo que se oponga, por ejemplo, a tener hijos.

Lo ocurrido en la Hungría de Viktor Orbán con la prohibición del Desfile del Orgullo se justificaba en la "defensa de la infancia" y el "mal ejemplo" que los gais suponían. Solo la presencia en el desfile de políticos de toda Europa evitó la intervención oficial y que la confluencia con otras dos contramanifestaciones ultraderechistas, esas sí autorizadas, acabara en una tragedia.

La estrategia común es clara. Lo que va llegando de los Estados Unidos en su versión más reaccionaria, ante la práctica desaparición del partido demócrata que no se ha recuperado de su debacle, se nos cuela en Europa por nuestras rendijas y debilidades. Se nos cuela mediante diversos tipos de negacionismos: de género, de diversidad, de la ciencia, del cambio climático... Sí, un mundo de oscurantismo, dogmatismo y represión.


Va siendo hora de que nos demos cuenta de qué futuro queremos tener y no solo enterarnos por las encuestas de cómo los derechos, las libertades, la diversidad, el progreso científico, el medio ambiente, etc. van retrocediendo ante una visión simplista y autoritaria de la vida social. Tenemos ejemplos en la Historia de cómo estas regresiones no son fáciles de controlar una vez pasada cierta línea.

La "ola reaccionaria", como bien la califica Sofía Soler en el artículo, puede barrer nuestras costas democráticas por la indiferencia que mostramos en muchas ocasiones. Es una ola que crece y que se va llevando por delante derechos que han tardado mucho en construirse para beneficio de todos. Pero las visiones autoritarias no gustan de la diversidad. Más vale prevenir, es decir, hacerles frente antes de que sea tarde. Hay que demostrar cada día que esta mundo es mejor que el que proponen.

Para bien o para mal, está en nuestras manos... por ahora. 

* Sofía Soler "Las empresas reducen sus campañas del Orgullo LGTBIQ+: la ola reaccionaria de EE.UU. se siente también en Europa" RTVE.es 04/07/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250704/empresas-retirada-campanas-orgullo-lgbtiq/16638267.shtml

sábado, 22 de febrero de 2025

Defina "aliado"

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Creo que jamás se ha visto algo como esto, un movimiento reaccionario de tal calado. Ya no se trata de "dejar libertad" operativa, sino de imponer las condiciones retrógradas a todos, incluidos los que operan si quieren acceder al mercado norteamericano.

Si hemos entendido correctamente la información que se nos da, los Estados Unidos de Trump exigirán que las empresas que operen en su mercado renuncien expresamente a las políticas de igualdad y diversidad, de inclusión, etc. para trabajar en su espacio. No se trata ya de que no se apliquen en los Estados Unidos, sino la exigencia de que renuncien a esas políticas.

En RTVE.es se nos explica: 

El Ministerio de Trabajo y Economía Social considera que exigir a las empresas que no apliquen políticas de igualdad y de diversidad para poder operar con Estados Unidos (EE.UU.) es una "flagrante vulneración de la legislación vigente en nuestro país".

Las compañías españolas "tienen que cumplir escrupulosamente" con los planes de igualdad y su normativa, y con la protección a la diversidad que figura en el ordenamiento jurídico y constitucional español, según han indicado fuentes de Trabajo a RTVE.

Por tanto, el ministerio encabezado por Yolanda Díaz ha indicado que "no permitirá que ninguna empresa esquive el marco normativo del que nos hemos dotado democráticamente", ni que se incumplan las obligaciones en materia de igualdad, diversidad y no discriminación para poder operar con EE.UU. La Inspección de Trabajo velará para que las compañías cumplan con la normativa vigente en estas materias.

Las compañías de más de 50 trabajadores tiene que cumplir las normativas de igualdad, recuerda Trabajo, y quienes lo incumplan pueden enfrentarse a una infracción grave con multas de 751 a 7.500 euros. Podría considerarse muy grave —con una sanción de 7501 a 225.018 euros— si hubiera situaciones de acoso o discriminación efectiva en el ámbito laboral.

 

De esta forma, Donald Trump pretenden cambiar el mundo imponiendo su visión dentro y fuera y sobre todo le permite apoyar a aquellos que la sustentan fuera. Si quieres vender en Estados Unidos, debes practicar una política populista de ultraderecha, negacionista de la igualdad y diversidad. De esta forma, las empresas se ven obligadas a elegir entre entrar al mercado americano o contravenir las políticas de igualdad.

Recordemos, por ejemplo, que apenas hace unos días ha cerrado las ayudas a los centros educativos que exijan la vacunación contra el COVID.

Esta vez, Trump llega con algo más que con un ego; trae además un plan bien confeccionado para un rápido desarrollo del populismo y algo más: su proyección fuera del país a través de esa internacional ultraderechista con la que no pierde ocasión de promocionarse y respaldar en un doble movimiento de apoyo.

Los pasos de estas medidas de Trump son claros: provocar el cambio a través de movimientos de mercado, lo que obligará a las empresas a enfrentarse dentro y fuera sus gobiernos y a presionar para desprenderse de la políticas de igualdad y diversidad. Esto es lo que Vance y demás llaman el "problema interno" de Europa y hacen el llamamiento para la salvación bajo de signo del "MEGA" (Make Europe Great Again). La salvación, por supuesto, llega de la propia grandeza norteamericana que muestra el camino.

En el artículo leemos las reacciones desde el gobierno español:

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha recalcado que la postura del Ejecutivo con respecto a políticas de inclusión y defensa de los derechos de las mujeres es "clara". Así, ha recordado que las empresas también "tienen que aplicar e integrar" esa política de igualdad.

"Nosotros impulsamos una política de igualdad y de diversidad, de promoción y defensa de los derechos de las mujeres, igual que del colectivo LGTBI", ha expresado este jueves Albares en una reunión de ministros de Exteriores del G20 en Johannesburgo, Sudáfrica).

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, se ha mostrado este jueves "preocupada" por el movimiento de EE.UU. Con todo, ha pedido ser "ser muy conscientes" de la situación internacional, "en un cambio completo de paradigma y de perspectiva de lo que son las relaciones laborales, de lo que son las relaciones internacionales y también de lo que es la democracia en el mundo". Además, se ha referido a Estados Unidos como "un aliado muy potente".*


Hace bien la ministra Redondo en advertir que esto es mucho más que lo que se ve en la superficie. Es un plan detallado y preciso para ese cambio de "paradigma" y sobre todo provocar la polarización social, como hace por toda Europa la ultraderecha manifestando su proximidad a los fuertes Estados Unidos. Esto será especialmente relevante cuando empiecen a notarse los efectos de la presiones norteamericanas (aranceles, exclusiones, etc.)

Si las empresas norteamericanas en Europa empiezan a presentarse sin políticas de igualdad y diversidad, los mercados interiores serán sometidos a presiones imprevisibles y las empresas nacionales verán por su parte dificultades para entrar en el mercado norteamericano.

¿Esto ha salido de la cabeza de Trump? Lo dudo. Es más bien un complejo plan trazado en la sombra por esos equipos que están detrás, que han visto que Trump es la interface populista que necesitaban.

Los medios nos dicen que Trump acaba de purgar las fuerzas armadas eliminando al general C.Q. Brown, promotor de políticas de igualdad en el ejército. Vemos cómo se van eliminando piezas en una misma dirección. Entiendo que no se trata solo de cuestiones de igualdad, sino que estas son señal de otras facetas interconectadas. De esta forma la purga elimina otras posibles resistencias. La opinión en este terreno es una pieza del conjunto, pues las ideas están unidas y forman en su conjunto esa personalidad que Trump y los suyos desean eliminar.

Lo que está muy claro es lo que la ministra señala, el cambio de paradigma. Esto obliga a algo más que palabras y declaraciones. Los políticos de cualquier ideología que compartan los principios de igualdad, de defensa de los derechos de las mujeres en ese camino común e igualitario, los que acojan la diversidad como un avance contra los prejuicios, deberían saber dos cosas: que es necesario anteponer estos principios y que deberán reconsiderar la política y el concepto de "aliado". 

Estados Unidos ya no es "aliado" más que de sí mismo y la vara de medir el mundo ha pasado a ser la aceptación de sus políticas. Esto afecta a la inmigración y también a todos los que sitúan en el mismo nivel de peligro, los defensores de la igualdad.

El mundo de Trump y de la ultraderecha es maniqueo y sin más principios que los suyos, que son mesiánicos en su visión. Trump necesita la acción exterior para reafirmar la acción interna. Las políticas, por ejemplo, con el desplazamiento de los gazatíes es de enorme inmoralidad, como lo es el pago en tierras raras a cambio de la "paz" en una Ucrania desmembrada en el que se le da la razón a Rusia, se llama "dictador" al presidente ucraniano y se habla de la "buena relación" con Putin, el verdadero dictador cuyos opositores mueren envenenados o saltando por las ventanas "involuntariamente".

Esto es ya una sólida realidad que debemos asimilar. Estados Unidos ya no es lo que era y sus acciones no buscan la defensa aliada, sino la absorción de tierras, recursos y zonas de influencia. Es "amigo" de genocidas y de invasores imperialistas. Esto no es fácil de asimilar, pero tendremos que hacerlo en un momento u otro, separar el trigo de la paja, y saber quiénes son los verdaderos aliados. Habrá que definir con claridad el término, lo que representa y si la realidad encaja en el término.

Cuanto antes, mejor. Tardar es mostrar debilidad y dejar crecer el problema. 

* "Trabajo ve ilegal la petición de EE.UU. de que sus proveedores en España certifiquen que no aplican políticas de género" RTVE.es /AGENCIAS 21/02/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250221/trabajo-ilegal-peticion-eeuu-proveedores-espana-certifiquen-aplican-politicas-genero/16460472.shtml

viernes, 9 de abril de 2021

De la seguridad a la probabilidad

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)



No, el diccionario no tiene la solución. ¿Qué entendemos usted y yo por "seguro" y qué sentido tiene para un epidemiólogo o un fabricante de vacunas? Para el que se va a pinchar, lo de seguridad está claro: ausencia absoluta de riesgo. Seguro es seguro. Pero puede que "seguro" sea algo muy diferente en la realidad, especialmente porque el término se refiere a una percepción nuestra, a una valoración que aplicamos a ciertas situaciones.

Tenemos "cinturones de seguridad", "sexo seguro"... y tenemos bastantes muertos pese al cinturón puesto y bastantes hijos del sexo seguro circulando por el mundo. Pese a ello, nadie renuncia al coche ni al sexo. Quizá el problema es que en esta sociedad de mercado y mercadeo se abusa demasiado del término "seguridad", que lo apliquemos con demasiada ligereza como parte del marketing del producto.

Después de vendernos "seguridad" en todo, ahora comienza la campaña de relativización de la seguridad. Se trata de que entendamos que eso de la seguridad no excluye que te toque el problema o problemilla.

Vivimos en un mundo simplificado y afirmativo. El mundo, en realidad, es complejo y dudoso. En una época mediática, donde todo está lleno de discursos en competencia, el que afirma primero, da dos veces. Todo cura, todo trae felicidad, todo es eficaz... y mejor que el resto. El problema es que una cosa son los anuncios y otra la realidad, que una cosa son los señores felices que me sonríen desde vallas y pantallas y otra las caras nuestras cuando comprobamos que lo prometido se queda a mitad de camino o que simplemente es pura fantasía.

La complejidad del mundo nos asusta y la ignoramos como avestruces. Metemos la cabeza en el agujero de la seguridad y nos creemos que no existen riesgos, de la misma forma que cruzamos por los pasos de cebra con la "seguridad" de que todos pararán. Me gustaría conocer las cifras. Busco el dato y me dicen que el 40% de los atropellos a peatones se produce en los pasos de cebra. Yo cruzo pensando que es seguro y... Sin embargo, si decidiera cruzar por donde no se debe, ¿estaría más seguro? Los datos dicen esta vez que el 60% de los atropellos se produce por cruzar indebidamente. Un 20% de diferencia, pero ¿lo vemos así?



Con las vacunas estamos pagando nuestro exceso de pensamiento uniforme. Puede que todos nos pongamos la misma vacuna, pero no todos somos iguales. Somos millones y millones de seres diferentes con reacciones distintas por millones de circunstancias y variables diferentes. Esto es muy bueno para muchas cosas y no demasiado para otras, como ocurre con la idea de seguridad. Una vacuna segura al cien por cien implicaría que todos somos iguales y, afortunadamente, no lo somos.

Leo estas explicaciones en La Vanguardia que buscan responder a preguntas cuya respuesta debería tranquilizarnos:

 

La mayoría de los casos han sido en mujeres de entre 20 y 60 años, pero la EMA no ha hallado factores de riesgo que lo expliquen. Ni patologías previas, ni la edad ni el hecho de ser mujer, pues podría obedecer a que son mayoría entre el personal sanitario y el profesorado, dos grandes colectivos vacunados. Algún investigador lo ha relacionado con las hormonas y los anticonceptivos, pero solo son hipótesis y otros investigadores señalan que si fuera así, habría más casos.*

 


¿Y si el mayor número de mujeres afectadas fuera simplemente porque son las más vacunadas al ser mayoría en esos dos sectores, sanitario y educativo? Al comienzo de la pandemia se barajó la posibilidad de las altas cifras de unos países respecto a otros partiendo de la idea de convivencia familiar, es decir, casas con más gente viviendo junta, más típico de las familias mediterráneas que de las germánicas o nórdicas, donde los hijos se emancipan antes. Las estadísticas sobre los contagios por grupos establecían enormes diferencias en función de la diversidad étnica y económica. Las diferencias raciales suponían condiciones diferentes y hábitos diferentes. No es lo mismo vivir amontonados en edificios insalubres que en cómodas casas unifamiliares en las afueras. No es lo mismo usar el transporte público que ir en coche a trabajar o a estudiar a la universidad. En muchos lugares, la asistencia sanitaria es cara y muchos no tienen una salud demasiado buena, lo que implica lo que llamamos "patologías previas", otro importante factor en los contagios.

Ante toda esta enorme diversidad, los científicos tratan de dar explicaciones con la información disponible y a sabiendas que hay muchas cosas que no son fáciles de probar. Asumen la complejidad y evitan las afirmaciones absolutas, algo que se lleva mal en la sociedad civil. Muchas veces me acuerdo de esa frase de una amiga al comienzo de la pandemia: "¡la Ciencia nos ha fallado!" Representaba una forma extendida del pensar común y confiado, el que cree que en la farmacia tienen siempre lo que necesitas, que los médicos curan cualquier cosa o que lo que tomen no tendrá efectos secundarios.



Vivimos en una sociedad de promesas. Todos nos prometen felicidad, seguridad... pero lo cierto es que nos topamos de bruces con la realidad tras cada una de ellas. Quizá por esto se está produciendo una profunda crisis que lleva a un aumento de las depresiones, la agresividad y del inconformismo. Muchas promesas ya no nos convencen. De la promesas de la religión ("¡Jesús es mi vacuna!", decían los negacionistas estadounidenses) a las de la mercadotecnia, la promesa de seguridad absoluta intenta vencer los miedos, aunque no logre quebrar la contundente realidad.

De la promesa de la vacuna a la realidad de las vacunas. Ya sabemos que las vacunas son relativamente seguras. En esa relatividad, la cuestión no está en la vacuna en sí sino en nuestra diversidad, en que somos diferentes y reaccionamos de forma diferente. En el diario El País leemos:

 

Los efectos adversos se tienen en cuenta desde las primeras fases de investigación, pero a pesar de todas las cautelas, algunos son inevitables. Un medicamento es una complejísima receta bioquímica cuya composición no puede ser universalmente inocua. “No existe ninguno que no tenga efectos secundarios, salvo los compuestos homeopáticos, que no sirven para nada”, explica Rodríguez Baño, también investigador del Instituto de Biomedicina de Sevilla. La razón es que cada cuerpo es un mundo circunstancial y responde de forma particular a los fármacos.**

 


Decir que no puede ser "universalmente inocua" es establecer de una forma elegante que habrá —como en todo medicamento— un porcentaje variable de personas en las que el efecto sea negativo. Es lo que tratan de decirnos, de forma también elegante, que los efectos beneficios son superiores a los perniciosos.

El problema es evidente. La vacuna se la pone cada uno en su propio brazo. No hay "brazo estadístico"; el pinchazo te lo dan a ti. Es ese tránsito de lo globalmente aceptable a lo personalmente incompatible el que no conseguimos terminar de asimilar y, lo que es peor, nos lleva a cierto sentido de la fatalidad, "pasará lo que tenga que pasar".  Es ese "inevitable" que se menciona en el que la vacuna nos descubre algo que no sabíamos: nuestra diferencia específica. Es el resultado de lo heredado y lo vivido, lo que nos hace diferentes, incluso para las vacunas. Podemos vivir las diferencias como "vulnerabilidad" o como "riqueza diversa", aunque sea en nuestras incompatibilidades y rechazos. En cualquier caso, es la vida, en los dos sentidos: el biológico y el de fatalidad. No todo está en nuestras manos ni todo en nuestros genes. 

Las leyes de los grandes números no excluyen la fatalidad del número pequeño, la individual, la suya o la mía ¿Y si me toca? Indudablemente esto nos lleva a seguir evaluando riesgos, algo que hacemos constantemente, pero de lo que no siempre somos conscientes. ¿Cruzo igual por un paso de cebra ahora que sé que el 40% de los atropellos se producen en ellos? La alternativa es cruzar por donde no debo y eso no solo es peligroso sino que me convierte en culpable. No vacunarse tiene algo de eso, de cruzar por donde no se debe, algo de lo que será el único responsable. ¿Es esto tener el destino en sus manos? Evidentemente, no.

La seguridad que pedimos, la absoluta, no siempre está disponible. De hecho, casi nunca se da. Si pensamos que estamos vacunando a poblaciones enteras, a países enteros, que lo haremos con continentes, nos damos cuenta de la enormidad titánica de este proceso y puede que eso cambie nuestra perspectiva, aunque no aliviará la tensión antes del pinchazo. La inmensa mayoría pasará por la vacuna sin más problemas. Pero el precio de la diversidad puede ser alto para quien le toca. Contra eso hay poco que hacer.

 


* Marta Ricart "Cómo identificar una trombosis provocada por AstraZeneca" La Vanguardia 8/04/2021 https://www.lavanguardia.com/vivo/20210408/6634765/vacuna-covid-vacunacion-astrazeneca-trombosis.html

** Raúl Limón "Por qué los “efectos adversos muy raros” asociados a la vacuna de AstraZeneca son esperables e impredecibles" El País 9/04/2021 https://elpais.com/ciencia/2021-04-09/por-que-los-efectos-adversos-muy-raros-asociados-a-la-vacuna-de-astrazeneca-son-esperables-e-impredecibles.html

sábado, 19 de mayo de 2018

Paridad y diversidad o no sin mujeres en las Ciencias Sociales


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Repasando las noticias, descubro en el diario El Mundo el titular "Más de 50 académicos se comprometen a no acudir a actos en los que no participen mujeres"*, fechado el pasado 16 de mayo. Se trata de un manifiesto —que acabo de firmar y animo a otros profesores a hacerlo— mediante el que adquirimos el compromiso de no participar en actos académicos o públicos en los que no haya una presencia de mujeres. La lista está encabezada por su objetivo, "Académicos españoles por la presencia femenina en las Ciencias Sociales", y cuenta en estos momento de la mañana con más de 500. En su presentación se señala:

«Los miembros de esta lista nos comprometemos públicamente a no participar como ponente en ningún evento académico (Conferencia, Congreso, Jornadas o similar) o mesa redonda de más de dos ponentes donde no haya al menos una mujer en calidad de experta. Asimismo, instamos al cumplimiento de lo establecido en la LEY ORGÁNICA 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres.»**


Se preguntarán algunos —ya que no se explica— a qué viene esta parcelación de limitar la oferta a las Ciencias Sociales. ¿No es importante en los otros campos en los que solemos dividir el conocimiento? Por supuesto que sí, es importante no marginar a nadie por cuestiones de diferencia de sexo o de cualquier otra circunstancia.
Estas cuestiones están siendo importantes porque las universidades son instituciones altamente jerarquizadas y que tienden a la concentración de poder mediante el establecimiento de sistemas que tiende a reproducir el llamado "efecto mateo", es decir, ir acumulando beneficios con tendencia a que se concentren en unos pocos. Los que reciben ese poder tienden a usarlo y reproducirlo.
En un estudio realizado en 2017 por el diario El Mundo se recogen los datos sobre la proporción en el número de catedráticas existentes en la  universidad española:

En todo el país, cuatro de cada cinco catedráticos de universidad de los centros públicos son hombres. Las instituciones con mayor desigualdad entre sexos en dicho escalafón son la Universidad de Huelva, con solo un 6,78% de mujeres, seguida de la Politécnica de Cataluña (8,37%) y la Politécnica de Cartagena (10,87%). En la cuarta posición, se encuentra la Universidad de Cantabria (11,95%).***


El mejor dato es el de la Universidad de Burgos con un 33'33% y mi universidad está en el cuarto mejor lugar con un 27'45%. Como se puede comprobar, incluso las mejores cifras no son buenas, muy lejos de la paridad.
Siempre se señala (también lo hace el artículo), la superioridad femenina en los expedientes académicos en Grados y posgrados. Es algo que cualquier profesor puede experimentar en la mayoría de los campos. Es mi experiencia años tras año, tras décadas de docencia. La explicación de porqué eso no repercute en el profesorado es una pregunta de nota porque entran entonces otros muchos factores que se engloban en la sombra del sistema. Uno de ellos, por ejemplo, es la propia composición de los tribunales que han de juzgar. Pesa mucho también las formas en que se producen otros mecanismos que pueden actuar como filtros (publicaciones, por ejemplo) que, mediante ese efecto Mateo, pueden acabar  favoreciendo a unos en detrimento de otros.
Pero la cuestión que se plantea en el manifiesto es mucho más sutil. No se trata de la cuestión de la paridad, que ya está en la ley orgánica señalada. Es otra cuestión importante para el desarrollo y sentido de las propias Ciencias Sociales: se necesita otra perspectiva. Las cuestiones sociales no son "verdades", son percepciones, interpretaciones, representaciones, costumbres, relaciones, etc. La cuestión del "sesgo" es esencial para comprenderlas ampliando la visión.


Toda visión predominante se sostiene en alguna forma de poder. Está ahí no porque exista el destino, sino porque alguien la sostiene de forma consciente o inconsciente y la convierte en norma. Esos principios de poder se convierten en "naturales" dentro de la explicación. La cuestión aparece clara cuando se piensa que la ciencia pudo desarrollarse desde el momento en que se separó del pensamiento dogmático religioso, que imponía una visión del mundo.  Hasta el siglo XX se seguían dando en Occidente ante los condicionamientos desde la religión, que imponía su propio relato del mundo, desde la creación hasta los menores detalles, incluidos los de la vida social.
Los estudios, durante las últimas décadas, han ido desmantelando la idea de "objetividad" y se han concentrado en la intencionalidad tras la "verdad oficial" de cada momento, sobre la construcción social de discurso sobre la realidad. No se cree ya en un orden dado que hay que descubrir, sino más bien en cómo se construye lo que blindamos como orden social mediante diversos tipos de estrategias.


En el interesante artículo de la recientemente fallecida catedrática Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de La Laguna, Amparo Gómez, publicado en la revista Investigación y Ciencia de este mismo mes (nº 500 mayo 2018 pp. 50-51), realizó una síntesis de la evolución de las Ciencias en cada campo y en especial en el de las Ciencias Sociales. El título del artículo es "La filosofía de las ciencias sociales" e incide en una cuestión central en este campo. En primer lugar revisa los campos más rígidos, el mundo de la Física y la Biología mostrando los cambios producidos, para pasar después a comprobar los efectos en las Ciencias Sociales. En el punto titulado "La implicación del observador" explica Amparo Gómez:

Vayamos, por último, a la cuestión del sujeto investigador y su implicación en el propio objeto. Las prácticas de investigación han constituido un tema tradicional de la filosofía de las ciencias sociales. La atención prestada a esta cuestión se debe a que en ella se jugaba, en buena medida, la cientificidad de unas disciplinas que presentaban dificultades en el plano empírico. Téngase en cuenta que los experimentos sociales no resultan fáciles de llevar a cabo y suelen ser improcedentes, y recuérdese también que el investigador siempre está, de un modo u otro, afectado por la dinámica social que estudia.
Sin embargo, la situación ha cambiado. Se reconoce ahora que la normatividad clásica con respecto a la investigación difícilmente se cumple en ningún caso, ni siquiera en el de las ciencias naturales, por lo que el componente normativo de la filosofía de la ciencia se ha reducido y flexibilizado. Cualquier práctica científica integra factores de diversa naturaleza, incluidos los de naturaleza social, económica, política e incluso moral.
En suma, la filosofía de las ciencias sociales sigue abordando temas clásicos, como la causalidad, la intencionalidad, las leyes o la explicación. No obstante, lo que ha cambiado es el tratamiento filosófico de estas cuestiones. La filosofía de las ciencias sociales sigue incluyendo indicaciones normativas, pero estas son mucho más flexibles que las que se buscaban a principios del siglo XX. (p. 51)**

Es en el final del segundo párrafo recogido donde resida parte de la clave de la cuestión. No se trata solo del acceso a una verdad exterior que debe ser encontrada, sino de una comprensión de los factores que determinan nuestra capacidad de conocer y conocernos.  Como sujetos sociales, vivimos inmersos en una realidad olvidando que la hemos creado.
Uno de los factores determinante de la Historia en todas las sociedades es la práctica separación de la mujer de un conocimiento que ha sido definido como "objetivo", pero que en realidad es el resultado de una visión masculina del asunto tratado. Se puede debatir campo por campo cómo esto afecta al conocimiento, pero donde creo que es indiscutible es en el campo de las Ciencias Sociales, que son precisamente las que contemplan lo creado por nosotros mismos. Mucho de lo que se ha dado en llamar "objetivo" en este área no ha sido sino una interpretación desde una mirada esencialmente masculina que ha sido privilegiada como "verdad".


Tenemos sobre la mesa, desgraciadamente, el caso llamado de "La manada" en donde se ha visto cómo las diferencias de percepción de los hechos son increíblemente distantes de las posiciones sociales y de los propios expertos. El Derecho es un campo definitivamente claro de cómo las leyes son creadas desde percepciones distintas de lo que pueda ser justo en función del sexo. Pero también la Historia, que excluyó a las mujeres de su discurso y ha tenido que ser reconstruida desde la idea de la "invisibilidad" aplicada a las mujeres, a las que no se percibía como valiosas. Ni a ellas ni a sus actos. La Historia, como el Derecho, sigue luchando por buscar otras formas menos imperfectas. Puede que no exista la perfección, pero si la equidad. No se trata de encontrar en las Ciencias Sociales aquello a lo que ya no se aspira a llegar en otros campos, como señalaba Amparo Gómez; se trata de eliminar prejuicios y exclusividad.
En cuanto al muy polémico caso de la sentencia por "abusos sexuales" y no violación" que sacó a decenas de miles a las calles por toda España, la cadena SER informaba:

La sección penal de la comisión general de codificación compuesta por una veintena de catedráticos de derecho penal –todos hombres- contará con catedráticas de derecho penal para revisar los delitos sexuales del código penal a raíz de la polémica que ha generado la sentencia de la manada. El número está aún por determinar pero serán mujeres especialistas en esta materia para aportar la perspectiva de género necesaria para revisar los delitos de abuso y agresión sexual. Además, se pedirá opinión a distintas asociaciones de mujeres juristas y de víctimas de delitos sexuales. Ambas peticiones fueron realizadas por el presidente de la sección penal de esta comisión, Esteban Mestre.
Este órgano consultivo que se constituyó en la década de los 80 debe analizar si la redacción actual de los delitos sexuales en el código penal es o no confusa en supuestos límites de intimidación y consentimiento, tal y como se ha puesto de manifiesto con la sentencia del caso de La Manada. Las propuestas de esta comisión deben estar concluidas antes del 15 de junio.*****



Sabemos ya que la comisión tendrá más mujeres que hombres. El hecho de que todos los miembros de la comisión fueran catedráticos, es indudablemente un caso peculiar que desemboca en una forma interpretativa. Nadie es responsable de nacer hombre o mujer, pero sí somos responsables de cómo constituimos las comisiones.
Lo que la propuesta firmada por profesores se puede comprender mejor al hilo de este desgraciado caso, cuya única ventaja es haber sacado a la luz todas estas cuestiones haciéndolas evidentes.
La importancia de que haya hombres y mujeres en los distintos escenarios académicos tiene varias implicaciones:


1) la visibilidad: el conocimiento y la opinión dejan de ser algo exclusivamente masculino y se perciben voces autorizadas de mujeres.
2) el punto de vista o sesgo: no todo se percibe de la misma manera porque nuestras miradas son diferentes. Aunque vivamos en el mismo espacio físico: no es el mismo espacio de experiencias. La vida de un hombre y una mujer en la misma ciudad, por ejemplo, está llena de experiencias diferenciadas por su sexo. Las discusiones o el escepticismo de algunos tiene como causa la incapacidad de entender esta circunstancia: vivimos vidas distintas en función de muchos rasgos diferenciales, uno de los más básicos, si no el que más, es el sexo. Hay otros importantes: las diferencias religiosas, las económicas, etc. Muchas necesitan el esfuerzo de todos para reducirlas, pero el sexo no es reductible, es siempre una diferencia desde la concepción del propio cuerpo hasta las vivencias que produce. No dejamos de ser hombres y mujeres, pero sí podemos ser educados de muchas maneras o tener los mismos derechos. Esas experiencias diferentes dan lugar a visiones del mundo diferentes.
Si son los hombres quienes imponen las suyas como "normalidad", "objetividad", "verdad", etc., el mundo será machista. Lo que se pide en el manifiesto es no seguir contribuyendo a ello y tratar de aproximarse a las visiones múltiples de lo que percibimos.
Las Ciencias sociales no hablan de los átomos; hablan de los seres humanos. Y lo pueden hacer de muchas maneras, explicando el funcionamiento del mundo, tratando de acercarse a la realidad social en su diversidad, o contribuir a una visión segada del mundo, que ignora los privilegios de distinto orden y que ayuda a mantenerlo al ignorar sus problemas, opiniones, experiencias, etc.
El compromiso de no participar en aquellas actividades académicas o relacionadas con ellas que no tengan en cuenta la diversidad de los puntos de vista me parece adecuada en un mundo en el que se sigue privilegiando la visión unilateral masculina.

Las ciencias sociales son esenciales pues nos describen y explican. En la explicación está contenida la mirada formada socialmente. Todo nos parece transparente, pero eso es el efecto de nuestra propia educación, dedicada a convencernos de que las cosas son de una manera y no de otro.  
Dejar de lado el punto de vista, la opinión, la posibilidad de expresarse gracias a los filtros del mundo académico, informativos, creativo, etc. es cortar el mundo en dos y falsificar la mitad restante. Hacen falta más mujeres en la academia, sí, pero también en muchos otros campos en los que es necesario evitar la mirada exclusiva que se cree la única posible, la autoridad.
Se están observando por todo el mundo ciertas reacciones peligrosas, retrógradas, que hacen necesario que se escuchen con claridad las voces críticas y las formas diferentes de ver el mundo. La diversidad nos hace ser consciente que el mundo no es creación divina y leyes inmutables, sino una sucesión de controles sociales que le han ido dando forma desde una determinada visión del mundo. Que estas cosas se tengan que plantear en la academia significa que el propio sistema sigue fallando, que esas mujeres siguen sin pasar los filtros que se ponen como obstáculos para que la visión del mundo siga siendo la misma.


Hace unos años, tenía en el despacho una tutoría con una alumna del Máster de Investigación en Periodismo. Cuando terminé de leer el trabajo que había realizado para su TFM, le dije: "¿Sabes que podrías ser una magnífica investigadora?". Ella me respondió: "Nunca me lo habían dicho". Desde entonces lo hago siempre que se dan las circunstancias e intento que expresen esa visión específica que pueden aportar desde su propia visión del mundo, tan real como la mía. Hacen falta muchas investigadoras en el campo de las Ciencias Sociales. La paridad es solo una parte. Lo más importante es realmente dar cabida a la visión, escuchar las opiniones, los matices importantes sobre las formas de interpretar y explicar el mundo. Hay que romper el monolitismo. Se trata de ampliar, de debatir, de abrir nuevas percepciones de las que todos nos aprovecharemos. 
Que haya mujeres en todos aquellos actos académicos y científicos, me parece muy bien y que nos comprometamos a exigirlo o a negarnos a participar en ellos, creo que es correcto. Causará problemas en algunos casos, pero seguir ignorando estas cuestiones no es bueno para nadie, ni en lo personal ni en lo social, ni en lo académico.


* "Más de 50 académicos se comprometen a no acudir a actos en los que no participen mujeres" El Mundo 16/05/2018 http://www.elmundo.es/yodona/lifestyle/2018/05/16/5afc47c0e5fdea50458b45ca.html
** No sin mujeres https://sites.google.com/view/nosinmujeres/inicio
*** "La universidad española lejos de la paridad en las cátedras" El Mundo 27/09/2017 http://www.elmundo.es/grafico/sociedad/2017/09/27/59b8e122268e3eae4f8b4672.html
**** Amparo Gómez "La filosofía de las ciencias sociales"  Investigación y Ciencia nº 500 mayo 2018 pp. 50-51
***** "La comisión de codificación contará con mujeres para revisar los delitos sexuales" Cadena SER 04/05/2018  http://cadenaser.com/ser/2018/05/04/sociedad/1525448174_204843.html






miércoles, 4 de septiembre de 2013

Prejuicios

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Coloqué ayer en mi página de Facebook una fotografía sobre los prejuicios que suscitó algunas reacciones sobre nuestra capacidad de evolucionar respecto a ellos. La fotografía que compartí desde la página oficial del Movimiento Antiacoso, una ONG que se enfrenta al enorme problema del acoso sexual en Egipto, nos muestra una serie de casos en los que se quedan reflejadas las formas en que percibimos como totalidades lo individual, es decir, las etiquetas que colocamos a los demás para clasificarlos en función de elementos o experiencias previos. "No todos los musulmanes son terroristas", "no todos somos mejicanos", "no cortaré tu césped", "mi pelo es auténtico", "no soy basura blanca", "no soy un color", etc., son las frases que sostienen determinadas personas a las que se les aplican esos tópicos.


Todos ellos reflejan el malestar que se siente cuando se es encuadrado colectivamente en unidades que destruyen nuestra individualidad. Es el malestar de la persona que se siente anulada en cuanto tal en favor de un extraño receptáculo social, una cárcel semántica, que llamamos prejuicios. Como su propio nombre indica, es un "juicio previo" a la propia experiencia que podamos tener con esa persona. El prejuicio es precisamente un sustituto de la experiencia, una reacción estereotipada basada en elementos previos, personales o transmitidos.


El sentido de los prejuicios y demás mecanismos similares es muy complicado porque no es que sean un "defecto", como tendemos a pensar, sino que tienen una función psicológica y social evolutiva, que son la defensa frente a lo extraño o diferente y el refuerzo de los lazos con los iguales. Los prejuicios son "marcadores" genéricos. En la naturaleza no se da la "justicia", que es una idea cultural muy avanzada, no hay ningún sentido de la equidad. Somos una contradicción viviente porque muchas de las cosas a que aspiramos suponen un conflicto con lo que como organismos vivos sentimos o deseamos. Por eso lo auténticamente meritorio es sobreponerse a los prejuicios que se nos transmiten o que nos formamos y transmitimos a los demás. Como seres vivos somos sencillos, simples; como seres humanos, sociales, culturales, somos de gran complejidad porque tenemos que enfrentarnos —o no— a nuestros propios prejuicios o sucumbir a ellos y dejarnos llevar, muchas veces con provechosos resultados para el que los aplica a los demás.

La muerte de Trayvon Martin, el adolescente afroamericano muerto a tiros porque a un "vigilante" le pareció que un joven negro con capucha debía ser un delincuente peligroso. Nos muestra el funcionamiento del prejuicio en ambos niveles, el individual y el social, profundamente vinculados ya que son la manifestación de lo mismo. 
El prejuicio es un campo de estudio importante desde diversas perspectivas —sociales, psicológicas y biológicas—, cuya comprensión es esencial en un mundo que se enfrenta a la diversidad, que evoluciona rápidamente y se ve sometido a tensiones precisamente por la confrontación diaria con los efectos nocivos que tienen y causan.
Creo que escribí alguna vez —creo que al hilo de las ideas de Bertrand Russell sobre educación— y si no lo hago ahora, que para muchos avanzar en la vida significa lograr arrancarse, conseguir desprenderse de los prejuicios que se nos inculcan en la infancia. En esos años, extraordinariamente receptivos y acríticos, se agarran en nosotros dando lugar a creencias sobre los demás o sobre nosotros mismos difíciles de erradicar posteriormente. Son momentos dolorosos porque están arraigados como convicciones firmes. Descubrimos que estamos llenos de ellos, que surgen automáticamente como reacciones. Muchos son inocuos y no suponen demasiado para los demás. pero otros son determinantes de nuestras acciones y reacciones dirigiendo nuestra vida por senderos perturbadores cuando se revela su injusticia o falsedad.
Pensamos que el aprendizaje es adquirir. Eso es solo una parte. La otra, más importante a veces, es desprendernos de ideas, principios, etc. que han regido nuestra vida desde antes de que pudiéramos experimentarlos por nosotros mismos.
Los prejuicios sociales nos son transmitidos y sirven para reforzar el sentido de la comunidad frente a los demás. Cuando compartimos prejuicios estamos compartiendo un sistema clasificatorio y otro de respuestas ante situaciones posibles. Su función es también económica, nos ahorra pensar, que es lo que quiere decir "prejuicio". Lo distinto es sospechoso, de lo nuevo hay que recelar, etc., son formulas generales de conservación en los seres vivos, pero que, llegados a la vida social, plantean problemas cuando precisamente nuestro desarrollo cultural nos hace abrirnos a otros.
El biólogo evolutivo Mark Pagel, en su reciente "Conectados por la cultura. Historia natural de la civilización", escribe:

Si las consideraciones antropológicas de nuestra historia son ciertas, existen motivos de peso para creer que la selección natural no solo ha favorecido en nosotros la tendencia a matar a otros integrantes de nuestra propia especie, sino que nos ha equipado con una serie de propensiones que hacen que llevar a término tal acto resulte fácil hasta extremos alarmantes. Téngase en cuenta, sin más, que el acto para el que reservan nuestras sociedades la reprobación moral más pronunciada —el asesinato— puede llevar a una persona a recibir el mayor de los honores de parte de su grupo social si está dirigido a la clase correcta de prójimo durante una guerra. A falta de pruebas que demuestren lo contrario, se diría que los seres humanos son capaces de encender en sus cabezas un interruptor que les permite, aun mediando una provocación insignificante, tratar a los miembros de otras sociedades —y hasta de las suyas propias, si se dan determinadas circunstancias— como seres muchísimo menos humanos desde el punto de vista moral. La paradoja más marcada y nefasta de nuestra especie es que ambas actitudes están conectadas y nacen de la fragilidad de la forma «especial» y «limitada» de altruismo que adoptamos para con quienes no guardan relación con nosotros. (126)


La idea de Pagel viene a decir que lo mismo que nos hace identificarnos intensamente con ciertos elementos del grupo, nos hace rechazar con la misma intensidad aquello con lo que no nos identificamos, lo externo, lo otro. Su idea es que la evolución nos ha hecho buscar el grupo como pertenencia —una estrategia de supervivencia— pero que esto nos ha separado de otros grupos. Interpreta en este sentido, como una necesidad diferenciadora, el hecho de que exista tal diversidad de lenguas incluso entre lugares próximos.
Todas las imágenes que nos mostraba la fotografía nos enseñan variantes de esos prejuicios. Mostraban sobre todo el mismo mecanismo clasificatorio, reductivo, que aplicamos a los demás. En sociedades abiertas e intercomunicadas, muchos aprovechan para abrir sus propias mentes y aproximarse a los otros sin prejuicios. Pero hay personas para las que esto se percibe como una agresión, como una invasión de su territorio grupal o personal en el que se refugia frente a todo lo nuevo. Los prejuicios van mucho más allá de la xenofobia o el racismo, que sería lo externamente otro. Ese otro puede ser la "mujer", los "jóvenes", o los "alquilados" frente a los "propietarios" en una comunidad de vecinos, etc. Constantemente fragmentamos lo que nos rodea, lo etiquetamos y lo almacenamos en nuestra memoria personal y colectiva. Establecemos lazos intensos con aquellos que comparten lo nuestro y nos distanciamos del resto, de los que quedan fuera del círculo. Esos círculos pueden ser más amplios o más pequeños, pero son círculos, fronteras.


Avanzar es tratar de evitar los más obvios e injustos. Tratar de que no se cuelen en nuestras conversaciones, escuelas, periódicos, películas... pero no es fácil. No por ello hay que dejar de intentarlo. La proliferación de observatorio de la comunicación o la publicidad se debe al peligroso papel que en un mundo interconectado pueden jugar los medios de comunicación, redes sociales, etc., auténticas máquinas de replicación social, de fabricación de estereotipos y, por tanto, transmisores de prejuicios. También, en sentido contrario, son potentes maquinarias para combatirlos.
En cualquier caso es una tarea social importante combatirlos y debería ser labor de todos. La tarea más importante es aprender a descubrir que no solo los demás los tienen, sino que muchas de nuestras firmes convicciones también lo son. De no ser así, no nos libraríamos del más peligroso.


* Mark Pagel (2013): Conectados por la cultura. Historia natural de la civilización. RBA, Barcelona.