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sábado, 8 de noviembre de 2025

6-7

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Suelo poner a mis alumnos de Semiótica enlaces a artículos que aparecen en los medios y que pueden tener interés para comprender los conceptos básicos de la asignatura. Los artículos se van amontonando en un directorio por el que pueden navegar. Allí encontrarán artículos en los que se preguntan por el significado del retrato oficial que Melania Trump ha hecho para esta legislatura, sobre lo que aparece en la imagen —del vestido y el sombrero a los edificios que hay tras de ella— o por qué la Generación Z ondea la bandera pirata que apareció en la serie One Piece en sus protestas por el mundo, entre otros muchos textos que afrontan el hecho cultural, rico y variable de nuestros tiempos mediáticos.

Nuestro mundo se mueve por códigos y lenguajes, por signos puestos en marcha a enorme velocidad y que unos entienden y otros no, creándose burbujas en las que unos y otros acaban por no entenderse, ante la deriva del hecho generacional, la nueva división del mundo. Donde antes se teorizaba sobre las "clases" sociales, hoy se trabaja sobre la idea de generación con una distancia menor entre ellas en cuanto a las edades, pero con unas diferencias cada vez mayores en cuanto a sus universos simbólicos y prácticas comunicativas, es decir, aquello que le interesa estudiar a la Semiótica, entre otras disciplinas.

Los acabo de poner a mis alumnos el texto aparecido en el diario El País y firmado por Guillermo Alonso, fechado el 4 de noviembre en su sección "Icon" con el titular "Qué significa el meme “6-7” o “six seven” que dicen tus hijos, si es que significa algo"* No hay mucha ironía en el título, sino una duda razonable sobre la expansión de una expresión que puede no significar nada, lo que no dejaría de ser relevante en estos tiempos en los que estamos súper comunicados, rodeados de mensajes y en medio de todo tipo de conversaciones.

Un meme adolescente cruza de forma oficial la frontera hasta el desconcierto adulto cuando The New York Times o The Guardian lo llevan a sus páginas e intentan explicarlo. También cuando la Wikipedia le dedica una entrada cuyo primer párrafo termina con “no tiene un significado concreto”. Es el caso de 6-7, o six seven, expresión popular entre la generación alfa, o sea, los nacidos después del 2010, que desconcierta a sus padres e irrita a los profesores en los colegios.*


La relevancia alcanzada por esta expresión, que no se sabe a ciencia cierta qué significa, no deja de ser un fenómeno nuevo (quizá no tanto) que nos desvela muchas cosas... excepto el significado de la expresión, algo que el articulista intenta a lo largo del texto, para concluir que no se sabe qué quiere decir. Hoy podemos encontrar en todos los medios mundiales una pregunta: ¿qué significa 6-7?

La conclusión a la llegamos por aproximación al fenómeno es que puede que tampoco quien lo usa sepa qué quiere decir o que se use para cuando no sabe qué decir. Puede que sea solo un término numérico que busque establecer el contacto comunicativo, sin más, que se use precisamente por la falta de significación.

El artículo habla de la irritación causada a los padres por no entender, incluso que sea una forma intencionada de irritarles porque ellos no lo entienden. Pero la pregunta clave es si internamente, para esa generación Z nacida después de 2010, es decir, los que tienen un máximo de 15 años, se pueden entender, si significa algo para ellos o es solo un marcador generacional.

A veces, los número significan algo, como el número "4" en la cultura china, donde se relaciona por su sonido con el término relacionado con la "muerte" o se cree que el "13" puede traer "mala suerte" (por cierto, ¿6+7=13?). Pero por ahora el "6-7" solo es una posibilidad significativa vinculada a unos hablantes que no lo tienen claro entre ellos mismos, pero a los que esto no les importa demasiado y lo usan.

El artículo de Guillermo Alonso se cierra con estos dos párrafos tras una navegación infructuosa por un océano de posibilidades y orígenes:

Según datos de dictionary.com, las búsquedas de 6-7 en Google aumentaron un 600% en los dos últimos meses, seguramente a manos de padres y profesores que no entendían nada. La misma Dictionary acaba de elegir 6-7 palabra del año (el año pasado eligió demure). 6-7 no es una palabra, son dos números, pero eso no importa. 6-7 ha sido elegido como palabra del año y nadie sabe exactamente qué significa, pero eso tampoco importa. La plataforma intenta darle un significado, pero ellos mismos admiten que “es complicado”: “Algunos dicen que significa más o menos, o ni una cosa ni otra, especialmente cuando se acompaña de su característico gesto con la mano, en el que ambas palmas miran hacia arriba y se mueven alternativamente de arriba abajo. Algunos jóvenes, intuyendo una oportunidad para fastidiar a sus mayores, lo usan como respuesta a casi cualquier pregunta: ‘Hola, cariño, ¿qué tal el cole hoy?’ ‘¡6-7!“,

Tal vez el significado ya no signifique nada, y el mundo de mañana sea más de gestos y emociones y la intención sea, más que expresarse ante el otro, irritarlo. Algunas escuelas ya han prohibido su uso porque las palabras 6-7 interrumpen las clases. 6-7 no significa nada para usted y significa absolutamente todo y cualquier cosa para su hijo. Es la piedra roseta de la brecha generacional para finales de 2025. En todo caso, ya existe una bebida enlatada con el nombre 6-7 que promete vender muchísimo. Patentes y Marcas lo ha entendido perfectamente.*

Un análisis inteligente de una situación absurda. Pero es esa misma absurdez la que debería preocuparnos, aunque no es sencillo en este mundo fraccionado generacionalmente. La "generación", insistimos, sustituye a la "clase". Es una burbuja de consumo, especialmente comunicativo. Nadie sabe qué significa, pero se le pone por nombre a una bebida con la seguridad de que será comprada dentro del "paquete" generacional. Lo hará junto a ropas diferenciales, a juegos diferenciales y a todo tipo de elementos marcadores de la generación. "6-7" será una marca generacional, un atractor de consumo, algo que significa "esto es para ti" y no para otros. Lo que pueda significar más allá de esto es irrelevante, pues no es lo que se quiere decir porque se desconoce.

No voy a cometer el error de pensar que es una insuficiencia de la generación Z; creo que cada generación tiene sus expresiones propias. Esta será sustituida pronto por otra expresión manteniendo el dinamismo. Pero sí nos avisa del peligro del hablar sin decir o de la ausencia de una comunicación. Tras estos fenómenos hay muchas consecuencias, aunque no sean inmediatas. Hablar sin decir es peligroso porque nos lleva al actuar sin pensar o similares. Nos lleva a una soledad creciente y a una falta de recursos expresivos en la comunicación, incluso en la auto definición.

Si sirve para algo es para revelarnos el funcionamiento del sistema de la cultura, las bases de la comunicación, como nos diría Michel Foucault la distancia entre "las palabras y las cosas" o la arbitrariedad del signo. Aquí solo hay palabras, sin significados (o con todos) y sin cosas a las que referirse. Hay un significante puro, ausente el significado, un hueco que se rellena cada vez que se utiliza, un significado que el otro presupone, del que no está seguro. Pero ¿quién está ya seguro de algo?

Ya saben, ¡6-7!

 


* "Qué significa el meme “6-7” o “six seven” que dicen tus hijos, si es que significa algo" El País 4/11/2025 https://elpais.com/icon/2025-11-04/el-6-7-o-six-seven-que-dicen-tus-hijos-que-significa-si-es-que-significa-algo.html

viernes, 24 de octubre de 2025

Redes, de la independencia a la dependencia

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Para los que llevamos (y quedamos) en Internet desde sus inicios, allá por la primera mitad de los años 90, no dejamos de hacernos preguntas sobre cómo ha sido esta evolución del idealismo de una sociedad virtual alternativa a la degradación del mundo comercial e interesado, manipulador y cruel, a lo que ahora tenemos delante cada vez que entramos en un ordenador, un teléfono o cualquier otro dispositivo digital que lo permita.

Hemos pasado de concebirlo como un mundo autónomo que permitía ser creativos y libres y del que había que mantener alejados a todos los males que se achacaban al mundo material a... esto.

Me ha venido como un flash a la memoria el nombre del documento que mejor sintetizaba ese deseo de un mundo digital nuevo, libre, puro... Era el Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio, firmado por John Perry Barlow en 1996 y cuyo comienzo era este:

Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos.

No hemos elegido ningún gobierno, ni pretendemos tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin más autoridad que aquélla con la que la libertad siempre habla. Declaro el espacio social global que estamos construyendo independiente por naturaleza de las tiranías que estáis buscando imponernos. No tenéis ningún derecho moral a gobernarnos ni poseéis métodos para hacernos cumplir vuestra ley que debamos temer verdaderamente.

Los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los que son gobernados. No habéis pedido ni recibido el nuestro. No os hemos invitado. No nos conocéis, ni conocéis nuestro mundo. El Ciberespacio no se halla dentro de vuestras fronteras. No penséis que podéis construirlo, como si fuera un proyecto público de construcción. No podéis. Es un acto natural que crece de nuestras acciones colectivas.

No os habéis unido a nuestra gran conversación colectiva, ni creasteis la riqueza de nuestros mercados. No conocéis nuestra cultura, nuestra ética, o los códigos no escritos que ya proporcionan a nuestra sociedad más orden que el que podría obtenerse por cualquiera de vuestras imposiciones.

 

Y más adelante se señalaba:

Estamos creando un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios o prejuicios debidos a la raza, el poder económico, la fuerza militar, o el lugar de nacimiento.

Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier sitio, puede expresar sus creencias, sin importar lo singulares que sean, sin miedo a ser coaccionado al silencio o el conformismo.

Vuestros conceptos legales sobre propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no se aplican a nosotros. Se basan en la materia. Aquí no hay materia.

Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de vosotros, no podemos obtener orden por coacción física. Creemos que nuestra autoridad emanará de la moral, de un progresista interés propio, y del bien común. Nuestras identidades pueden distribuirse a través de muchas jurisdicciones. La única ley que todas nuestras culturas reconocerían es la Regla Dorada. Esperamos poder construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que estáis tratando de imponer. (...)

Davos, Suiza. 8 de febrero de 1996

El manifiesto recogía la voluntad de crear un mundo virtual nuevo en el que se trazaba una clara frontera entre el salvaje mundo material, lleno de intereses, dominación e injusticia y el nuevo mundo, desmaterializado, un mundo en el que cada uno podía ser quien quisiera sin límite más allá de la imaginación y el deseo.

Hoy vemos con ironía todo esto. Fue muy poco el tiempo transcurrido para que todos esos monstruos del mundo material entraran a saco y se hicieran con el nuevo mundo convirtiéndolo en una prolongación.

La libertad de estar se convirtió en la obligación de ser a través de la manipulación. Bancos, partidos políticos, administraciones públicas, empresas con todo tipo de intereses lo colonizaron rápidamente y establecieron nuevas formas sorprendentes de manipulación, de construcción de las identidades tanto individuales como colectivas. La generación que ha crecido con acceso desde la cuna es ya otra. Las generaciones anteriores se fueron incorporando cambiando sus hábitos y costumbres de forma gradual.

Un ejemplo de hoy mismo nos lo ofrecen en El Mundo: el llanto. Un magnífico reportaje de Rebeca Yanke, titulado "Por qué los jóvenes exhiben sus llantos en redes sociales: "Llorar ha pasado de ser algo vergonzoso a percibirse como auténtico""**. La posibilidad de llorar en "público virtual" crea una serie de condiciones nuevas respecto a lo que era "llorar en público" a secas. Las emociones privadas se convierte en espectáculo. Se ha transformado la comunicación, el sentimiento y la forma de expresarlo. Escribe Rebeca Yanke: 

Llorar es también una forma de conexión social que en las redes sociales de 2025 se ve así: lágrimas (aunque sean pocas), una canción conmovedora (normalmente de fondo), dos o tres líneas desoladas y el rostro de alguien sufriendo. Llorando con congoja o hiperventilando, con ataque de ansiedad o de pánico, con el corazón roto o con sensación de fracaso. Y la cámara grabando el espectáculo.

La pregunta ahora es si este fenómeno del llanto público conseguirá no sólo trasladar el cambio a otras generaciones más distantes de la expresión emocional, como la X o la boomer, sino también una evolución del paradigma cultural de la tristeza, el dolor y la lágrima, que podría dejar de ser algo circunscrito a esferas más privadas e incluso íntimas.**

Sin duda lo hará, pero cuando el cambio se produzca, la nueva generación que llegue creará otras normas de expresión. Las cosas son eficaces menos tiempo y hacer algo nuevo significa eliminar una posibilidad y buscar otras para que sea efectiva. Esa es la nueva ley intergeneracional: todo cambia, nada dura; lo estable deja de significar.

Con esto aumenta la distancia generacional, pues dejan de compartir elementos comunicativos. La misma nomenclatura de las generaciones —Boomer, Z, X...— nos indica ese efecto burbuja creado por los que controlan los medios y redes. Necesitan, a la vez, segmentar y normalizar dentro del segmento, una técnica comercial que se ha convertido en social. Somos consumidores y producto a la vez.

Pero esto despierta un sentido crítico particular, sobre modas concretas y cambiantes (la palabra moda es esencial) y del plano general, es decir, del escenario de todo este movimiento, el ciberespacio, la nueva "realidad", un mundo para el que se vive y en el que nos relacionamos. Rodrigo Terrasa y Carmen Casado nos dan esta evaluación de este mundo virtual:

Enshittification: dícese del empeoramiento de una plataforma digital o red social debido a la reducción de la calidad de su servicio hasta convertirse en... en... en una auténtica mierda.

El 5 de enero del año pasado, cerca de 300 expertos en lingüística se reunieron en el Hotel Sheraton de Times Square, en Nueva York, a apenas 800 metros de la Trump Tower de la Quinta Avenida, para comer canapés y deliberar sobre cuál debía ser la palabra del año para la American Dialect Society, una institución con 135 años de historia. Allí había lingüistas, lexicógrafos, etimólogos, expertos en gramática, historiadores, investigadores, escritores, editores, estudiantes y académicos independientes. Cuentan que ésta es la votación más larga de las muchas votaciones de palabras del año que se realizan alrededor del mundo. Esa noche, la American Name Society eligió Gaza y Barbie como nombres propios del año y la Sociedad del Dialecto escogió como mejor palabra enshittification.

«Es un término lamentablemente adecuado para describir cómo se han degradado gradualmente nuestras vidas online», aseguró Ben Zimmer, presidente del Comité de Nuevas Palabras de la institución y columnista de idiomas de The Wall Street Journal.

El palabro en cuestión podríamos traducirlo aquí de forma muy gráfica como mierdificación (shit es mierda en inglés) y básicamente resume lo que ustedes ya habrán percibido en los últimos tiempos: que las redes sociales se han convertido en un insoportable lodazal que todo lo acaba infestando.

Y, sin embargo, ahí seguimos. Enshitificados hasta el cuello. *** 

Lo expuesto no requiere excesiva explicación. La percepción sobre las redes ha pasado del idealismo de los 90 a la "mierdificación" de los momentos actuales. Son muchos los factores implicados es estos cambios, especialmente la ruptura generacional que se produce con la llegada de los "nuevos" a los que no se entiende y de forma clara la sobre exposición que padecemos. En algún punto se rompió el equilibrio y hoy se nos obliga a depender de las redes. Eso afecta a las relaciones con la administración, con los bancos que ya apenas nos atiende, al teletrabajo, las videoconferencias, etc. Lo que era "libertad" ha pasado a ser esclavitud por la obligación. El malestar es grande entre las generaciones mayores (que comienza a ser mayoritarias) en sociedades envejecidas y a las que se deja de atender en persona. Todo esto genera un sentimiento de soledad en una sociedad hiperconectada. Padecemos agresividad basada en el anonimato a través de las redes, algo que se convierte en el bullying, el ciberacoso, las difamaciones y ataques, etc.

Indudablemente, la sociedad virtual tiene aspectos beneficiosos, pero es cierto que estos pueden no ser los que más resalten, sino que lo sean los de saturación, distanciamiento, soledad, imitación, etc. La sociedad de la información nos hace más débiles porque necesita vencer las resistencias para intensificar las dependencias. Eso hace que seamos más sensibles a los cambios y, a la vez, situaciones normalizadas. Esto se traduce en la actual preocupación por la salud mental y por la agresividad creciente, de la infancia a los adultos.

Hace falta equilibrar la situación, no dejarse arrastrar, resistir. Hay que crear una burbuja personal dentro de la burbuja en la que nos meten. La gente llega ya tocada a la etapa adulta después de la constante manipulación a la que se ve sometida desde la infancia. Quedamos moldeados por el sistema y no todos tienen la capacidad crítica de resistir a los aspectos más nocivos. Pero los que manejan todo esto son muy poderosos en muchos niveles y no es fácil intervenir para remediar esta situación.


* John Perry Barlow (1996) "Manifiesto por la Independencia del Ciberespacio". Recogido en Universidad de Huelva https://www.uhu.es/ramon.correa/nn_tt_edusocial/documentos/docs/declaracion_independencia.pdf

** Rebeca Yanke "Por qué los jóvenes exhiben sus llantos en redes sociales: "Llorar ha pasado de ser algo vergonzoso a percibirse como auténtico"" El Mundo /Papel 23/10/2025  https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/23/68fa2c68fc6c831a268b4582.html

*** Rodrigo Terrasa y Carmen Casado "Atrapados en la 'mierdificación' de internet: cómo las redes sociales cambiaron a tus amigos por basura" 22/10/2025 https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/10/22/68f2399afc6c8306598b4579.html

lunes, 20 de octubre de 2025

Generaciones y crisis comunicativa

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

El viejo dicho de "hablando se entiende la gente" está empezando a carecer de sentido dada la "diversidad de lenguas" superpuestas entre las que habitamos. No me refiero a las lenguas que nos traen desde otros lejanos lugares, que ha sido un mecanismo de evolución a lo largo de la Historia. Me refiero a los líos que nos creamos entre nosotros.

Si antes las reivindicaciones nacionalistas eran las de "un pueblo, una lengua", ahora la cuestión ha cambiado. No solo los políticos no se entienden; estamos empezando a sentir que tenemos grandes dificultades para entendernos en plena vorágine comunicativa y tecnológica. Rodeados de programas y dispositivos parece que estamos empeñados en no entendernos por el elevado número de barreras comunicativas que nos rodean. El lema parece ser otro y se nos ha resquebrajado eso del "pueblo" y su unidad comunicativa.

Ahora son frecuentes los intentos de explicar porqué no nos entendemos. La autora del artículo en RTVE.es, Sandra Soler, nos plantea el problema ya en el inicio del texto:

Seguramente te ha sucedido. En una conversación a través de alguna aplicación, recibes como única respuesta un emoji con un pulgar hacia arriba. ¿Un gesto borde o una reacción de lo más común? Lo que para muchas personas puede resultar una contestación natural y práctica, para otros puede ser enigmático o cortante. Todo depende, en gran medida, de la edad de las personas que se comunican. Es la brecha generacional de los emojis.*

El problema no es solo las diversas interpretaciones que pueda tener un emoji. La cuestión va más allá y en gran parte tiene que ver con el "problema" generacional, cada vez más grave por la aceleración de los tiempos (el "shock del futuro" que anticipó Alvin Toffler), lo que hace que estas generaciones tengan un sentido tribal, lo que incluye el lenguaje del grupo, que se distancia de los anteriores y de los posteriores.

El uso de las comunicaciones digitales no ha hecho sino agravar esta distancia entre los grupos arrastrados por la obsolescencia rápida de dispositivos, programas y lenguajes, ya que todo forma parte del paquete.

Al final solo puedes entenderte con los que usan la misma jerga que tú, el mismo programa, al que te aferras para evitar estar cambiando cada cierto tiempo, a lo que te obligan las propias empresas de comunicación, ya sea para que cambies el teléfono o los programas que uses, los que te cambian ya sin preguntar, en actualizaciones sí o sí.

El problema está en el encierro que supone tu propio grupo generacional, los muros expresivos. Nos dicen en el texto:

Los emojis se han convertido en un lenguaje visual que acompaña la comunicación digital, pero también son motivo de choques entre generaciones. En la última década, la forma de entender los emojis ha cambiado y evolucionado. Muchos incluso se pueden considerar "pasados de moda" o anticuados para la Generación Z. Estos emojis provocan cringe (grima) cuando los usan personas mayores que ellos, como sus padres. Algo que siente Félix cuando su madre usa mucho "el pulgar hacia arriba o la carita sonriente".

Otro ejemplo, según Quintero Nonsoque, se puede ver en el emoticono de las uñas pintadas: “Un boomer puede usarlo para transmitir autocuidado o estilo, pero un milenial podría verlo como algo snob o coqueto, generando incomodidad”. Más allá del cringe, la experta en comunicación social, resalta que el lenguaje visual ha evolucionado hacia una mayor diversidad e inclusión, gracias a la ampliación de identidades y géneros representados.

Mientras para algunos son expresividad y autenticidad, otros los consideran enigmáticos o pasados de moda.*

¿Puede sobrevivir una sociedad al caos intergeneracional? Puede que lo haga físicamente, pero la tendencia diferencial es cada vez mayor. No se trata solo de que no entiendas, sino que tampoco lo deseas. Cuando tus padres empiezan a entender, cambias porque se trata precisamente de diferenciarse. La vieja queja de "mis padres no me entienden" se ha transformado en lo contrario: "mis padres me entienden".

Las soledades telefónicas que percibimos entre las personas —no se habla, se desliza la pantalla— van afectando a cada vez más gente. Comunicarse, comprenderse es algo esencial en una sociedad, pero esta se ha convertido en una amalgama de "generaciones" (yo he perdido la cuenta, ¿y usted?) que se comunican de forma diferente. Esto se produce por una confluencia de lo que es la psicología del grupo, la necesidad de diferenciarse y los intereses económicos de las empresas tecnológicas e informativas, que no solo nos vende objetos o programas, sino también nos venden lenguajes, que es la forma de crearnos como grupo, como "target". 

Los lenguajes a base de emojis son el campo adecuado para crear nuevas jergas por su ambigüedad. La gran verdad es que nos acabamos acercando a aquellos con los que compartimos las formas de comunicarnos, nos reforzamos con unos y nos distanciamos de otros.

No sé si somos conscientes de la Babel que estamos creando y de las consecuencias que esto tiene. No nos entendemos, porque hacerlo es hoy una mala señal. Antes era algo positivo, pero ahora la gente se agota por los cambios continuos, por los cambios de jerga cada vez que cambias de grupo o llega una "nueva generación".

Al final, creamos problemas de comprensión, pero ¿a quién le importa? Antes teníamos el deseo de ser mayores, hoy solo de ser diferentes


* Sandra Alcocer "De la risa al 'cringe': el uso de los emojis en clave generacional" RTVE.es 18/10/2025 https://www.rtve.es/radio/20251018/risa-cringe-uso-emojis-clave-generacional/16706456.shtml

martes, 1 de julio de 2025

Residencias, hijos y mascotas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Los negocios con futuro están en dos sectores: mascotas y ancianos. Hacia ellos se dirigen las ofertas en una sociedad distorsionada por una serie de factores que no logramos estabilizar positivamente, la natalidad por un lado y el problema de los bajos sueldos y a precariedad. Ambos aspectos definen el futuro personal y colectivo. Ambos están relacionados: si tu sueldo es bajo y tu empleo precario, ¿quién carga con hijos? ¿Quién tiene hijos cuando la tendencia es a fraccionar los pisos para alquilar habitaciones? Se habla de oferta de vivienda, pero ¿dónde están los sueldos para poder pagarlos? Al final se acaban convirtiendo en "pisos turísticos" para acabar de hundir el sistema en una aparente salida hacia adelante. El mercado no tiene piedad ni visión de futuro; solo el beneficio, el pájaro en mano.

El desequilibrio de edades hace que el peso de las pensiones recaiga sobre gente con bajos sueldos. En RTVE.es abordan el problema del futuro de la gente mayor desde una perspectiva, la soledad, la falta de afectividad en el futuro residencial, el otro negocio. 

Como en casa, en ninguna parte. La premisa es muy sencilla y hacia ella se dirigen los pasos a dar en los cuidados a los mayores con un objetivo claro: menos residencias y más hogar, menos institucionalización y más capacidad para elegir dónde y cómo vivir en el final de nuestros días. O dicho de otra manera: una mayor traslación de los cuidados públicos a los domicilios.

Diferentes estudios y voces expertas apuntan a una tendencia para caminar hacia un modelo más humano e individualizado y centrado en el impulso de recursos de teleasistencia, ayuda a domicilio integral y centros de día, con el fin de que los mayores no se vean en la obligación, en muchos casos, de dejar sus casas, sus barrios y, en definitiva, su vida, para trasladarse a una residencia.

Desde la Sociedad Española de Geriatría (SEGG) se apuesta por un paradigma que se dirige a que el mayor pase todo el tiempo que pueda en su casa, sin olvidar la necesidad en algunos casos de las residencias, como lugares más tradicionales para vivir, o las viviendas colaborativas en la tercera edad, como nuevo modelo que va cogiendo cuerpo en España.* 


Pero con pocos hijos o sin ellos, ese futuro alternativo a las residencias es cada vez más complicado, La gente con sueldos bajos no tendrá buenas pensiones; trabajar de mala manera en lo que el mercado ofrece es una perspectiva sin mucho lugar a las residencias, que se guiarán por su beneficio, como tuvimos ocasión clara de ver con los fallecidos en ellas durante la pandemia. No dejes que un virus te arruine el negocio, vinieron algunos a decir, por lo que se decretó que no podían ir con familiares, que debían quedarse allí. El resultado ya lo sabemos. Todavía está el tema por los juzgados.

Son frecuentes las noticias negativas sobre el trato en las residencias, de abusos a insultos. Como negocios que son, no siempre tienen el personal más adecuado, sino el que pagan lo más bajo posible, lo que caracteriza el mercado en su conjunto. Noticias de ello tenemos cada cierto tiempo o, sencillamente, las experiencias personales de trato con familiares que pasaron por ellas.

Esta situación ha hecho que se constituya el maltrato en residencia en un nuevo servicio de asistencia jurídica como se puede comprobar por las redes.

Es lógico que los expertos en geriatría apuesten por el mejor trato en casa. Pero qué casa es esa si no se han tenido hijos o si viven repartidos por medio mundo, donde salieron en busca de mejores empleos que los que les ofrecían aquí; qué casa es esa que por su tamaño apenas caben los que ya están. Todo cuenta en esto; lo que se ha sembrado se recoge. No hay visión idílica que permita engañarse sobre un futuro cómodo.

Peor todavía. Basta con hacer un rato de cola en cualquier supermercado para ver a padres jubilados comprando con sus hijos. Son ellos los que pagan. No hay que ser muy agudo para comprenderlo: están viviendo de su pensión, es el jubilado el que paga.

En estos días es polémica la colocación de unos anuncios en el Metro de Madrid. RTVE.es lo incluye en su sección Verifica, lo que supone que los lectores habrán preguntado por su veracidad. El titular es el siguiente: "Este cartel en el Metro de Madrid es real, es publicidad de una asociación de familias numerosas". Lo que se nos explica es lo siguiente: 

Nos habéis consultado en nuestro servicio de WhatsApp por publicaciones de redes sociales que comparten una foto de un cartel colocado en varias estaciones de metro de Madrid que defiende las familias numerosas. Es un cartel real. Este diseño pertenece a una campaña publicitaria de la Asociación Familias Numerosas de Madrid con el lema 'De flor en flor'. Así lo ha confirmado la presidenta de esta asociación a VerificaRTVE.

En la publicación de redes por la que nos habéis consultado leemos: "El nacionalcatolicismo ha vuelto". Se trata de un mensaje compartido más de 4.000 veces en X. El texto adjunta una fotografía de un cartel situado en la estación de Chueca. Se trata de un diseño sobre un fondo amarillo y negro con el siguiente mensaje publicitario: "¿Te parece divertido ir de flor en flor? Ahora son todo risas, pero en unos años comerás tú solo el día de Navidad. Ojalá no te confundan, puedas formar una familia y que sea numerosa".**


La incredulidad sobre la realidad del anuncia se debe precisamente al uso de la idea de familia numerosa como arma en un mundo en el que la gente se está pasando a la mascota como sucedáneo de los hijos que no puede tener.

El aumento del negocio de los animales (vaya a un parque o dese una vuelta por su barrio a ciertas horas) es la respuesta a la imposibilidad de tener hijos o, si se prefiere, de afrontar los gastos derivados, otro buen negocio (del juguete al equipo escolar, del comedor del cole a la fiesta de Halloween).

Sin hijos se reduce el gasto, pero también el futuro de protección familiar, que es con lo que juega la idea del anuncio y la asociación detrás. El "ir de flor en flor" puesto en Chueca y días antes del Día del Orgullo, avisando que pasarás las navidades futuras solo es todo un ataque digno de la imaginación de Dickens en su Cuento de Navidad. El espíritu de las navidades futuras cabalga de nuevo.

Pero la cuestión es: ¿quién se puede permitir hoy una familia numerosa? ¿Con qué se alimenta, dónde se mete? Entre la mascota y la familia numerosa hay toda una gama de posibilidades, incluidas que la mascota sea un pez o un canario, que ocupan poco espacio y cuestan poco de mantener.

Hemos hecho una sociedad que manipula y le saca provecho. Se estimula el gasto porque hay que viajar, hay que salir a beber, a comer, hay que sostener un sistema consumista... pero pagando poco a los que trabajan. Debemos consumir, viajar, comprar de todo... y también alojarnos hasta el final de nuestras prolongadas vidas en residencias en las que nos sonríen cuando hay visitas. Debemos alojarnos, nos dicen los expertos en geriatría, con unas familias que cada vez son más reducidas. ¡Lástima que las mascotas no tengan casas o que se mueran antes!

Es difícil que nos salgan las cuentas cuando no se hace nada para trata de meter algo de razón en esta sociedad en la que prima el egoísmo, es decir, el mercado. Los hijos los tienen, así de claro, los que se los pueden permitir, al igual que las residencias que se puedan pagar. Veo en los parques a abuelos cuidando niños; son la alternativa barata a canguros que haya que pagar para que se ocupen de ellos. Y así podríamos seguir. No, no hacemos mucho para tener una sociedad más humana, solidario. Solo aquella que cada uno se pueda pagar.

Por supuesto que se deberían tener más hijos, pero también cómo alimentarlos y dónde meterlos. Los problemas se producen por más de una causa. Y aquí sobran problemas encadenados. 

* María Menéndez "Menos residencias y más hogar: el futuro del cuidado a los mayores está en casa" RTVE.es 01/07/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250701/menos-residencia-mas-hogar-futuro-cuidado-mayores-en-casa/16623302.shtml

** Mario Pérez Galindo / VerificaRTVE "Este cartel en el Metro de Madrid es real, es publicidad de una asociación de familias numerosas" RTVE.es 27/06/2025 https://www.rtve.es/noticias/20250627/cartel-metro-madrid-real-publicidad-asociacion-familias-numerosas/16643461.shtml

miércoles, 14 de octubre de 2020

Lo que sé de Dolly o ser es representar

 Joaquín Mª Aguirre (UCM) 


En la BBC, Steven McIntosh propone una pregunta a sus lectores: "Why Dolly Alderton stopped writing about her personal life". Confieso que no sabía quién era Dolly Alderton, que hubiera escrito sobre su vida personal y que haya dejado de hacerlo. Ni idea. Pero me ha resultado interesante lo que me dicen de ella y de sus razones. Para los que se encuentren en mi misma situación de partida, es decir, desconozcan todo sobre Alderton, les traslado los primeros párrafos del artículo:

For several years, she wrote a dating column in The Sunday Times, in which she would share all sorts of stories about being a single woman in her 20s - the successes, disasters, mishaps, and everything in between.

Her 2018 memoir - Everything I Know About Love - lived up to its title, offering readers a frank and deeply personal account of friendships, relationships and growing up as a millennial.

It became a best-seller and struck a chord with women everywhere (and quite a few men). Critics praised her for so beautifully capturing what it was like growing up in the noughties - there's even a section dedicated to the politics of MSN Messenger.*

La noticia del abandono de contar su vida privada al mundo viene determinada por un hecho, su paso a la ficción con la aparición de una novela, "Ghost", de la que se hace eco el artículo.

El título hace referencia a un fenómeno, el "ghosting", es decir, la desaparición de la persona con la que mantienes una relación sin mediar explicación, lo que deja perplejo al abandonado o abandonada. El "ghosting" ha dado lugar a un programa de la MTV en el que los que han padecido este fenómeno ponen en marcha al equipo del programa tratando de encontrar una explicación a la desaparición repentina del otro, que deja traumatizado. El programa se llama "Ghosted: love gone missing" y va por su segunda temporada. Sigue la estela de otro programa de éxito, también sobre la vida social y amorosa, el de las falsas identidades a través de internet y cómo la gente establece relaciones de años, sin contacto físico, fingiendo ser otros, excusa tras excusa, mentira tras mentira.

Ambos programas constituyen un testimonio sobre las nuevas formas de relaciones personales y su forma entremezclada con la tecnología como un elemento determinante que marca a una generación y crea las bases de normalidad de la siguiente.

En el artículo de la BBC, la nueva autora, pasada a la ficción, explica: 

"The reason I wanted to focus on ghosting is it just seemed to be a word that was in the air," Alderton explains. "Everywhere I went, whether it was in editorial meetings, or when I was having conversations with friends, it just seemed to be this thing that was happening. And whenever I spoke to people of an older generation, they seem to be perplexed by it.

"Now, that is not to say that slipping away in a cowardly fashion is something exclusive to millennials. I think the reason why it's been exacerbated in recent times with the dawn of dating app culture is that the accessibility to a variety of options in love is really exciting."

As a result, anyone who spends time on the likes of Tinder, Bumble or Hinge also has to prepare themselves for a different type of dating to previous generations. 

"For some people, it engenders this unconscious sense that these aren't real humans, and that we don't owe each other the same sort of accountability and respect and communication that we would if we'd met as humans in real life," Alderton says.

"It can give them this sort of video game anonymity, which means that people aren't people, they're opportunities for experience. So once we're done with one, we just come out of the game and we start a new game."*

 

El vínculo entre las relaciones sociales y la tecnología no es nuevo. En el ámbito amoroso, la carta ha sido un elemento que ha marcado generaciones y generaciones. Ha sido una "interfaz" que permitía tanto la sinceridad expresiva como los grandes fingimientos. Recuerdo la frase de Gustave Flaubert en su correspondencia: "He escrito muchas cartas de amor sin amor". Para él se trataba de un ejercicio de estilo. Frente a la impostura romántica, para él —esa es su modernidad— es el medio el que provoca el sentimiento, no la presunta autenticidad de la expresión, base del paradigma romántico.


Es significativo que Dolly Alderton haya pasado del paradigma de la autenticidad absoluta en sus columnas periodísticas en The Sunday Times a una novela sobre el "ghosting", la falta absoluta de explicación en la ruptura, la desaparición total. Es irse al otro extremo del fenómeno en una reacción pendular de difícil retorno, por lo que implica en sí misma, la salida de un mundo o, si se prefiere, del tiempo generacional.

Hay un tiempo histórico que todos compartimos —mismo año, mismos acontecimientos—, pero hay un tiempo generacional, que es el de la experiencia compartida, el de la sensibilidad divergente con otros grupos generacionales. Las generaciones no se suceden, como pensamos erróneamente, sino que se superponen. Abuelos, padres y nietos vivimos sobre la misma superficie planetaria, pero compartimos escenarios mentales y visiones del mundo cada vez más diferentes, más distantes. Si los hombres son de Venus y las mujeres de Marte, las diferencias generacionales nos hacen de galaxias distantes e incompatibles. Sencillamente, se ignoran, son universos paralelos con comunicación horizontal e incomprensión vertical. La cuestión es que, fruto de la aceleración de nuestros tiempo social, esas galaxias generacionales se alejan cada vez más unas de otras aunque coincidan en la comida de los domingos, un pacto de no agresión. No significa que no se quieran, sino sencillamente que viven con percepciones, respuestas e interrogantes diferentes.

Lo que nos dice Dolly Alderton es que las posibilidades de relaciones del amor han cambiado la forma de entender el amor, palabra que acoge hoy muchos sentido. Y las posibilidades están determinadas por esas "aplicaciones" que han modificado el sentido del galanteo, de la relación misma y, con ello, de la responsabilidad hacia el otro. La "desaparición" sin rastro, el "gohsted", es el fin de un proceso cuyo sentido es diferente para las dos personas.

Lo interesante es cómo Alderton vincula esa forma de ser con las posibilidades de contacto a través de la tecnología, por un lado,  y por otro cómo una generación percibe el mundo desde una mezcla entre ficciones y virtualidades que la tecnología le ofrece. De nuevo, encontramos el paralelismo flaubertiano en una Emma Bovary cuya visión del mundo está viciada por la lectura de novelas románticas que distorsionan sus relaciones. La locura del Quijote es ese precedente que da la modernidad a Cervantes y a los que siguieron su estela ya que es el desequilibrio entre la realidad y la ficción la base de nuestra lectura. El deseo de vivir a través de la fantasía que fabricamos es probablemente algo connatural a la insatisfacción humana.

La creación de interfaces tecnológicas y de falsas identidades a través de ellas nos sumerge en un universo generacional complejo, el que supongo que trata de explorar Alderton con su novela y el que ha determinado no volver a ser "sincera" y refugiarse en lo que la ficción controlada le permite, intentar ser ella misma sea eso lo que diablos sea.

Estos días de inicio de cursos virtuales, en los que los alumnos se convierte en imágenes en cuadraditos en mi aplicación de ZOOM, a veces solo un pequeño recuadro negro con un nombre, real o ficticio, hablaba de una de las condiciones de la crisis de la Modernidad, la de la "identidad". Una de mis alumnas me escribió posteriormente para señalarme que entendía las otras crisis, pero no la del "sujeto". No acababa de entender la falta de idea de la insinceridad del sujeto, denunciada por el psicoanálisis, o su carácter discursivo, de construcción, de un yo que se dice, que se narra ante sí mismo y ante los otros, un sujeto de esencia finiquitada.

Me parece acertada la idea de Alderton —muy macluhaniana—  del cambio producido por la tecnología de las comunicaciones y el cambio de percepción del otro que estas crean. El otro es el recepto, el que está al final del proceso comunicativo y nos lo representamos determinado por el medio. Ya sea como lector de cartas o al otro lado de una pantalla, ya sea al otro lado de la reja de un balcón o al de un auricular de un teléfono, los medios no solo condicionan la comunicación, sino que esta condiciona la representan del otro y de nosotros mismos, paquetes de información que enviamos al otro lado de la cadena.

Los problemas de cada generación con las relaciones interpersonales son específicos, tiene sus propios modelos y referencias. Dependen de sus posibilidades de sinceridad y de fingimiento, dos conceptos bajo sospecha. La carta que permite expresarse permite también la falsedad, al igual que todas las aplicaciones en las que uno se describe ante los demás. Son escenarios a los que se sube, da igual el tiempo. No somos; representamos. La cuestión está en durante cuántas temporadas y las improvisaciones en cada representación.

Vivimos en un mundo en donde los héroes llevan máscaras, viven dobles y triples vidas con múltiples personalidades. No son lo que dicen ser. ¿Cuál es su verdadera identidad? Representar o no ser, esa es la nueva cuestión. Lo que sé de Dolly es lo que ella me mostraba; creerla es cosa nuestra y también de ella, que se cree a sí misma. La crisis se produce, precisamente, cuando uno deja de creerse, cuando entramos en shock al mostrarnos incongruentes. Entonces, las preguntas llegan en cascada.

Dolly Alderton ha decidido cambiar, dejar de mostrarse ante los otros y crear una nueva representación de sí misma ante los lectores. Su columna de exposición plena se ha cambiado en la ficción. Quizá sea un cambio de máscara, en donde a la última la privilegiamos llamándola "yo", nuestra principal creación. 

* Steven McIntosh "Why Dolly Alderton stopped writing about her personal life" BBC 14/10/2020 https://www.bbc.com/news/entertainment-arts-54330640

lunes, 2 de diciembre de 2019

Pasados

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Ha querido la suerte que estos días tuviera que manejar distintos textos para unos artículos y algunas clases y seminarios. Son textos producidos en los años 60, 70 y 80, periodos especialmente productivos para la vida intelectual. En ellos se desarrollaron muchos campos con intensidad y riqueza de planteamientos, de la Narratología a la Semiótica, de la Lingüística a la Mediología pasando por análisis sobre las relaciones entre el Poder y el Discurso.
Me refiero sobre todo a la riqueza que nos aportaron generacionalmente a los que éramos jóvenes entonces, estudiantes, y nuestras universidades estaban abiertas a lo que se producía entonces. Una gran parte venía de Francia, con Barthes, Foucault, Derrida, exiliados como Kristeva o Todorov... Otros llegaban de más lejos, como Bajtín o Lotman. De los Estados Unidos venía otra buena tanda, como el recientemente fallecido Bloom, la Escuela de Yale (con sus DeMan, Hartman...), la hermenéutica, la Estética de la Recepción alemana... y muchos autores y textos que podrían citarse aquí.
Además, aportaban su relectura de muchos otros, anteriores a ellos, por lo que establecían un amplio diálogo cultural en el que exponían sus críticas o visiones nuevas sobre la tradición. Eran autores leídos, muchos de ellos eruditos y ratones de biblioteca, pero con enormes dosis de vitalidad.
Luego llegaron los 90 y con ellos la sequía desarticulada.


Es difícil pensar cómo una generación o dos de enorme riqueza creativa (la anterior lo fue también) pudieron secarse de forma tan inmediata. No es fácil explicar lo que llegó después o, para ser más precisos, lo que no llegó.
Quizá era un mundo con deseo de independencia en el que era más fácil moverse precisamente porque primero era pequeño, pero después se expandía. Quizá porque las personas adecuadas estaban en los puestos clave, actuando como mediadoras y luego llegaron los profesionales y se fijaban en otras cosas.

Las pequeñas editoriales de éxito fueron absorbidas por las grandes, la lectura comenzó a caer en picado, las universidades se convirtieron en centros funcionariales y la gente solo quería saber cómo conseguir mejores trabajos. Querían poder y no que les hablaran sobre él. Querían seducir y no saber cómo se producía la seducción leyendo a Baudrillard. La universidad ha sido especialmente penosa porque se ha dejado de pensar para escribir y solo lo escribe para ser evaluado o para vender, como caras de una misma moneda.
El "pensamiento crítico" quedó para algunas tesis y poco más. Todo el mundo deseaba ser "integrado", amaban el sistema que, al fin y al cabo, es el que te da para vivir. Y bien si te lo sabemos montar. No hay mejor sombra que la del poder en estos tiempos de crisis, más que críticos.
Es difícil darse cuenta que apenas hay avidez por la lectura y que la lectura es como hacer bicicleta en Holanda, un pedalear mientras se piensa en otras cosas. Se lee para matar el rato o para escribir un artículo. Poco más porque nada se hace "gratuitamente"; todo se hace para algo. ¿Por qué lees esto?, te dicen a veces. No puedes responder porque si te hacen esa pregunta no entenderán tampoco la respuesta. Porque sí.


Tenían un interés común, el lenguaje. Estudiaron las distintas formas en que el lenguaje se manifiesta y pone orden en la sociedad. Desvelaron sus trasfondos, su carácter imperativo y los límites de su libertad. En el fondo estaba el poder.
Eran activos e interesados en todos los campos.
Fuimos lectores de muchos de ellos. Eran los mayores y nos enseñaban. Aprendimos. Leyendo no hace mucho una obra de Siri Hustvedt, me pude dar cuenta de hasta qué punto coincidíamos en lecturas comunes, página a página, cita a cita. La misma generación se define por sus lecturas compartidas; creo que eso es claro. Mi pregunta es ¿cómo se define una generación que apenas lee? ¿Cómo se articula alrededor de obras, de ideas, de textos?
Sí, algo ocurrió en los ochenta que nos cambió, nos metió en el siglo nuevo con la memoria borrada. El sistema se reinició. Reboot.