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viernes, 1 de marzo de 2024

Trump y las zapatillas mágicas

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Sería muy difícil definir hoy qué es la política. Podríamos hacer una abstracción, pero se acercaría demasiado a lo que debería ser y no resistiría demasiado la comparación con la realidad de la mayoría de los países. Lo político ya no sabemos lo que es o, si se prefiere, se ha convertido en un cajón de sastre, un totum revolutum en algo que se aleja como un iceberg de la costa de la que se desprendió. Si la política es lo que hacen los políticos, en la política cabe todo, de las amenazas nucleares de Putin a las discusiones eternas españolas pasando por las payasadas de Trump. Y es en esta diversidad en donde se produce la manifestación de lo político, aquello que nos llega de los políticos que son la versión material, actuante del político de turno que, sin referencias al pasado, se adentra ya en un mundo de novedades atractivas con las que hacerse con el voto popular, con el amor popular... con todo lo que sea foco de los medios y de los miembros de la nueva sociedad del espectáculo amplificado.

Lo primero que se le pide hoy a ese ciudadano sorprendido es que se abra a nuevas experiencias, unos días que se siente en su butaca y otros que se lance a conquistar el Capitolio, que se sientan agraviados o ilusionados según toque participantes en una montaña rusa emocional, que no piense, que solo se deje llevar hacia lo que se le ofrece.

Leo en The Independent en Español las nuevas hazañas del que encabeza el "hit parade" sorprendente de la política: 

Tras ser condenado a pagar más de USD 300.000.000 en su famoso juicio por actividades fraudulentas, Donald Trump ya ha gestionado un nuevo plan para ganar dinero: vender zapatillas.

El expresidente presentó el sábado sus nuevas zapatillas de caña alta Never Surrender en la SneakerCon de Filadelfia.

El calzado dorado cotizaba a un elevado precio de USD 399, pero varios pares ya se revendieron por mucho más en Internet.

Esto es lo que sabemos sobre el nuevo emprendimiento de Trump en el mundo de la  moda:

Para los “verdaderos patriotas”

La primera pieza “oficial” del conjunto de productos de Trump representa muy bien dos de las cosas favoritas del expresidente: Estados Unidos y él mismo.

Las zapatillas llevan una gran “T” al costado y la bandera de EE. UU. cosida alrededor del cuello. Asimismo, ofrecen “estilo y comodidad” y se describen como “perfectas para cualquier fanático de Trump”.

Con solo 1.000 pares a la venta, este es un nuevo intento de atraer a los fanáticos y hacer que “parte de la historia”.

Las zapatillas doradas de caña alta llevan una gran “T” al costado y la bandera de EE. UU. cosida alrededor del cuello

Según el sitio web donde se venden, cada par está numerado y “al menos 10 de ellos” llevarán la autografía de Trump.

En una descripción se puede leer: “Son para los triunfadores que no conocen la palabra rendirse. Con un acabado dorado brillante y la letra ‘T’, estas zapatillas son para los verdaderos patriotas. Rodeadas con una bandera estadounidense en el cuello, son un reconocimiento a la libertad y a la valentía. Las Never Surrender son tu grito de guerra en forma de calzado”. Y finaliza: “Ajusta tus cordones y sal listo para ser un triunfador”.

También están disponibles otros dos pares de zapatillas: un modelo en blanco, “POTUS” y otro modelo en rojo, “T-Wave”.*

Me gusta esa idea de "dos de las cosas favoritas del expresidente: Estados Unidos y él mismo" siempre que se explique que es una especie de tautología, que él se ve a sí mismo como los "estadosunidos" y que solo ve en el país una identificación, un espejo en el que reafirmarse. El país no puede ser el país sin él, que es la versión humana de su historia y concepto, el único que devolverá la "grandeza", el que hará bien lo que todos los demás hacen mal.

El intento de revertir el resultado de las elecciones cuando se supo que había ganado Biden es una demostración de lo anterior. Es absurdo pensar, cree Trump, que ante la posibilidad de elegir entre él y otro, elijan a otro y no a él. Absurdo, suicida y reprobable.

Trump vende patriotismo, éxito y una América tan eterna como él. Una América que solo puede llegar a ser ella con él al frente. Lo demás es un fracaso. Con las zapatillas se anticipa el éxito inevitable, el nuevo destino manifiesto.

Hace poco tiempo se estrenó una película, Air (Ben Affleck 2023), donde se nos contaba de forma biográfica el proceso de construcción identitario de la zapatilla deportiva "Air Jordan", cómo se creó la asociación de unas zapatillas con un héroe. Michael Jordan, mientras fuera el mejor jugador, prestaría ese prestigio a las zapatillas fijando su precio y creando su popularidad. Trump les da... a Trump. ¡Trump es para siempre!

No sé si la gente practicará algún deporte con las zapatillas de Trump. Lo más probable es que intenten en sus mítines electorales levantar las zapatillas para que se vean, incluso atárselas en la cabeza, para que Trump y el mundo vean que las tienen, que han luchado en las reventas para hacerse con un par. Si Trump es el capitalismo salvaje, ellos son los salvajes del capitalismo.

Los modelos "POTUS" y "T-wave", en rojo, son un elemento más para marcar distinciones en una forma de semiótica maniquea, del tener o no tener, que te sitúa a un lado u otro del paraíso imaginado: ser Trump, estar cerca de él, "ponerse en sus zapatos", como bien señala el dicho. Y oro, mucho oro.

Necesitamos urgentemente una novela, una película, sobre Donald Trump, hasta ahora es una caricatura andante, una parodia del eterno retorno. Puede ser hasta un musical (que sin duda se hará). Solo el arte puede mostrarnos esta teatral realidad hecha para hacernos reír o llorar, descansar o volvernos furiosos contra las instituciones, comprar lo que se nos da.

En un mundo en el que ya todo es performance, la política necesita reinventarse para seguir dando su espectáculo ante una audiencia de votantes que se dejan llevar por esas emociones simples, que asaltan, ríen, lloran, compran zapatillas caras e ideas baratas.

Por supuesto, Trump sigue alimentando el humor, las derivaciones de lo que él hace completamente en serio. Es el mayor provocador de chistes, parodias y sátiras de la historia de los Estados Unidos, una fuente inagotable. Con él la política se disuelve en lo económico y viceversa. Comprar y votar es lo mismo, un acto de fidelidad al hombre-marca.

Pronto, Donald Trump tendrá un programa mínimo (¡Salvemos América!) y un catálogo grande en el que saldrán todos los objetos y demás que tiene a la venta. Es la fusión perfecta de capitalismo y política, de mercado y de ausencia de ideas. Las ideas se mueven en otros niveles, más oscuros, antes de ser traducidas a objeto-mensaje. Trump es la punta vendedora del iceberg.

Lo malo es que si funciona, lo tendremos en diferentes versiones por aquí, alpargatas, chanclas. 

* Mike Bedigan "Todo lo que sabemos sobre la nueva línea de zapatillas de Donald Trump" Independent Español 19/02/2024  https://www.independentespanol.com/politica/ee-uu/donald-trump-zapatillas-never-surrender-precio-b2498835.html



miércoles, 14 de septiembre de 2022

Marías, Godard y algún que otro muerto

 Joaquín Mª Aguirre (UCM)

Estaban en el pasillo. "Ha muerto Godard", me dijo al pasar un compañero. Hace tiempo que cuando nos encontramos se dicen estas cosas, quien ha muerto. ¡Llevamos una racha! Da miedo encontrarse con alguien por lo que te pueda decir.

Fui a los grandes almacenes a comprar un libro para un cumpleaños. Quería que fuera un libro de Cine. Vi el cartel "cine" y me acerqué no vi más que libros de autoayuda. Me dirigí al mostrador. "—Quizá ha sido ingenuo por mi parte...", dije. "—¿Es un título? —me preguntó. "No. Quería decir que quizá ha sido ingenuo por mi parte... suponer que bajo el cartel "cine" estarían los libros de cine —aclaré. "Están por el otro lado". Vale.

El que parecía ser el jefe preguntaba "si se habían vendido muchos libros de Marías". "No", se respondió él solo tras mirar hacia un lado. Supongo que allí estarían los libros del malogrado Marías. ¡Qué pena, los muertos ya no venden como antes! Bueno, pensé yo, tampoco hace falta que se mueran. Mira a Rushdie que se ha ido recuperando. Los atentados con apuñalamiento funcionan bien.

¿Verá alguien las películas de Godard ahora que se ha muerto? Quizá pase como con Olivia y repongan Grease en alguna cadena. ¿Isabel no escribió nada? ¡Qué pena! Se hubiera vendido un montón ahora que las televisiones de todo el mundo no dan otra cosa. Se empieza por lo del reinado más longevo, se sigue por lo de Diana y se vuelven a recordar los devaneos de algunos de la familia. ¡Los Windsor, ya se sabe! Las teles no hablan de otra cosa. ¡Mira que no escribir nada!

Lo de Godard en RTVE.es tiene cierta sorna. "Godard en 10 películas" y una entrada que dice " El cineasta, fallecido a los 91 años, rodó sus cintas más reconocidas en los años 60" ¡Vaya una forma de animar a la gente! ¿Pero quién ha visto alguna de esas películas si no habías nacido? El ABC habla de uno de los "grandes del cine de nuestro tiempo". ¡Que me aclaren lo del "nuestro"! Para algunos Godard es de la época de Don Pelayo. 


Salvo algún muerto jovencito. Los que se están muriendo por estas fechas son parte de una cultura de entonces que es incultura de hoy. Como director de un cinefórum desde hace 12 años, como profesor, la experiencia es que donde se hacen las colas es en dos momentos. Momento 1: los preestrenos, con los que te ahorras los 8 o 10 euros de la entrada y haces un rato de risas con los "compis", saltándote las clases de esa mañana. Si hay suerte a lo mejor viene algún prota y te haces un selfie. Momento 2: el de la llamada "Cutrecón", días dedicados a ver cine basura, las peores películas durante una semana. ¡Llenazo! ¡No les pidas que vean un clásico... o a Godard!

La gente debería morirse pidiendo la vez. Si se mueren todos a la vez, ¿cómo quieren que lo compren todo, que lo vean todo? Mientras te enteras de quién era Jean-Luc Godard ya se ha muerto otro y tienes que elegir. ¡Mala suerte, Marías! Morirse en plena la vuelta al cole —más de 400 euros por hijo—, con la cesta de la compra por las nubes.

El jefe de la sección de libros se ha pasado la mañana diciendo dónde deben poner los libros de Marías, en sitio bien visible. Llamó para pedir más ejemplares a las editoriales, pero le debieron decir que también les habían pedido de otras librerías. ¡Qué se le va hacer! Seguro que ahora con la llegada del otoño hay que pedir más ejemplares por algún otro que se nos vaya. El negocio es el negocio.

Ayer hice inspección visual del vagón del tren, camino habitual  a dos universidades. Están los que van medio dormidos (o medio despiertos, a elegir), la mayoría del teléfono con su variantes de juegos o redes sociales (ya son de todas las edades) o las conversaciones en grupo (nos enteramos de todo)  y finalmente un grupo minoritario que llevan esos objetos encuadernados. Este grupo, dos o tres personas en lo que alcanza la vista en el vagón, son la mayoría mujeres, como siempre ha ocurrido desde el siglo XVIII, cuando los autores escribían para lectoras hasta que llegaron los novelistas serios (léase "realistas" y "naturalistas") y los pusieron verdes, cuando había muchas autoras que también tuvieron que esconderse tras el anonimato y el pseudónimo, según los casos.

Es una pena que nuestra cultura se haya quedado pendiente de fallecimientos, apuñalamientos y demás. Morirse es el supremo acto publicitario, lo último que nos conmueve. Si hay muchos, se pierde eficacia y no vendes, como los montones de libros acumulados de Marías en los grandes almacenes. No se venden tan bien como se esperaba. ¿Y ahora qué hacemos con ellos? ¡A ver si con el próximo tenemos más suerte!

La gran barrera del tiempo es mental. Las cosas no están muy lejos, pero nuestra incapacidad para apartar la vista de todo lo que no es hoy es realmente pasmosa. Ya sea Marías, Godard o cualquier autor de cine o literatura se saca de la tumba del olvido precisamente cuando se muere. Es su última oportunidad. Me viene a la memoria aquel episodio de Tom Sawyer en el que asiste a sus propios funerales, ya que le han dado por muerto. Quizá, como Tom, algunos tengan que fingir su muerte para poder volver a salir a la luz, para dar salida a los ejemplares que languidecen en estantes y almacenes esperando la última "buena noticia".



viernes, 21 de marzo de 2014

Narices

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La prensa de ayer se hace eco, sorprendida, de unos estudios sobre la capacidad olfativa humana. Nos cuentan que somos capaces de distinguir un "billón de olores". A nadie parece sorprenderles los logros de la vista o el oído, pero la mención de esas cifras relacionadas con nuestras posibilidades olfativas nos dejan anonadados. ¡Qué barbaridad!, piensan algunos. Todos los artículos que recogen los resultados del estudio entonan el mismo canto: el modesto olfato, el sentido más pobre, etc. Por ejemplo, ABC comienza así su información:

Puede que sea el sentido humano más menospreciado, en un mundo en el que, muy probablemente por fortuna, imperan los desodorantes, los jabones, la comida empaquetada y todo tipo de productos de limpieza. Sin embargo, nuestro anestesiado olfato es mucho más potente de lo que creemos. Investigadores del Laboratorio de Neurogenética de la Universidad Rockefeller, en Nueva York, aseguran que la nariz humana puede distinguir más de un billón de mezclas de olores, mucho más de lo que se creía.
Hasta ahora, se aceptaba de manera general que los seres humanos diferenciamos entre 10.000 olores. Los expertos creían que este número era «ridículamente pequeño», pero hacía falta una prueba científica real.*

Creo que este asombro tiene que ver con la incomprensión del papel del olfato y su funcionamiento peculiar respecto a los demás sentidos de que disponemos para crearnos nuestra imagen de la "realidad". Esto que llamamos "realidad" es la recreación que nuestro cerebro realiza de los externo con la información que obtiene a través de nuestros sentidos y la mediación de la memoria. En esa "construcción" tiene especial importancia la vista, sentido del que obtenemos grandes cantidades de información y que consume una parte importante de nuestros recursos.
Las comparaciones entre "cantidades" de la percepción de cada sentido no son muy adecuadas, pues cada uno de ellos trabaja de una manera distinta y cumple una función diferente. El olfato tiene las suyas y su propia manera de trabajo.


Todos los sentidos trabajan de forma diferente y complementaria con una misma función: la recreación del entorno para la supervivencia. Si nosotros, por ejemplo, careciéramos de un órgano olfativo, nuestra recreación del mundo evidentemente no incluiría los olores. Cuanta más información se maneje, más compleja será nuestra "realidad". El papel del olfato es diferente al de otros sentidos, especialmente, a los que nos dan "imagen" del mundo, vista y oído.
Repasemos la descripción inicial del mundo que se nos hace en esa novela que se dedicó a la nariz privilegiada y al sentido del olfato, El perfume, del alemán Patrick Süskind:

En la época que nos ocupa reinaba en las ciudades un hedor apenas concebible para el hombre moderno. Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata, las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales. Las chimeneas apestaban a azufre, las curtidurías, a lejías cáusticas, los mataderos, a sangre coagulada. Hombres y mujeres apestaban a sudor y a ropa sucia; en sus bocas apestaban los dientes infectados, los alientos olían a cebolla y los cuerpos, cuando ya no eran jóvenes, a queso rancio, a leche agria y a tumores malignos. Apestaban los ríos, apestaban las plazas, apestaban las iglesias y el hedor se respiraba por igual bajo los puentes y en los palacios. El campesino apestaba como el clérigo, el oficial de artesano, como la esposa del maestro; apestaba la nobleza entera y, si, incluso el rey apestaba como un animal carnicero y la reina como una cabra vieja, tanto en verano como en invierno, porque en el siglo XVIII aún no se había atajado la actividad corrosiva de las bacterias y por consiguiente no había ninguna acción humana, ni creadora ni destructora, ninguna manifestación de vida incipiente o en decadencia que no fuera acompañada de algún hedor.*

"Apestaban" es una característica que se nos dice de algo, como se puede decir de una tela que es "roja" o de una puerta que "chirría". Sin embargo hay una diferencia: pasado cierto tiempo el cerebro deja de percibir ese olor, se acostumbra y no nos transmite.
Durante más de veinte años de mi vida fui fumador de pipa, degustando diferentes tipos de tabacos aromáticos, realizando mis propias mezclas y buscando sabores y olores especiales. Cuando dejé hace diez años de fumar, descubrí algo: un mundo como el reflejado por Süskind, un mundo lleno de olores que me golpeaban por sorpresa como nunca me había imaginado.

Me resultaba repulsivo el tiempo de espera en un semáforo porque me llegaban lo olores ascendentes de las alcantarillas; entrar en un mercado era recibir un golpe en el estómago, de una intensidad insufrible, por los olores de los pescados. Subido en un avión empecé a preguntar por un preocupante olor a quemado, que detectamos inicialmente una viajera ciega y yo, que resultaron ser unos cables. El viajar en metro era un autentico sufrimiento. Solía explicar a mis amistades que cuando entraba en un vagón miraba a ver si descubría quién se estaba comiendo un caramelo de coco cuyos olores me llegaban desde la puerta del vagón.
El mundo se me había vuelto dolorosamente oloroso. Todas esas sensaciones habían estado ocultas por el tabaco, saturador del gusto y el olfato, que ahora recuperaba al abandonarlo. Descubría lo mal que olía el mundo en un estado muy parecido al descrito por Süskind. Pero, afortunadamente, las cosas volvieron a sus cauces y pronto mi cerebro empezó a ajustar la intensidad de los olores, a "olvidarse" de los habituales y a detectar solo las novedades que pudieran llamar la atención.
Si la vista y el oído principalmente nos ayudan a construirnos una imagen estable de lo que nos rodea, el olfato, en cambio, es más bien un avisador de novedades, de cambios olfativos que puedan entrar en nuestro entorno. Hay un campo olfativo como hay un campo visual. Lo que entra en él es detectado como novedad, como una diferencia. Nuestro cerebro va realizando un control de los olores habituales y detecta las variaciones que se producen. Le interesan más las novedades porque así previene los peligros.

El olfato se relaciona con elementos primarios: la sexualidad, la vigilancia y la seguridad de lo que podemos comer. La sexualidad tiene sus propios olores, algo que compartimos con otros animales, que pueden oler a distancia las posibles parejas o rivales. Detecta también los olores relacionados con presencias peligrosas en nuestro entorno, de un depredador a un incendio en la distancia. Y nos avisa del estado de los alimentos, algo que seguimos detectando al abrir una nevera y recibir el impacto de algo en mal estado; nos fiamos más del olor que de la visión del alimento.
Los publicitarios que son epistemólogos comerciales han desarrollado un campo llamado "marketing olfativo" a sabiendas de que los olores son un mecanismo importante por su poder asociativo con las marcas y también la capacidad de "seducción" que poseen. No es fácil resistirse a un "buen olor", que tiene mucho terreno ganado. Las investigaciones de los olores en aspectos relacionados con la atracción sexual han sido igualmente desarrollados, pasando de la psicología al marketing, que rentabiliza los estudios para conseguir más atracción. El uso de los perfumes como forma de atracción se ha conocido siempre aunque solo fuera por sus efectos prácticos. Hoy sabemos sobre las feromonas y cómo nuestra nariz nos lleva a los centros del deseo.


Los poetas han jugado siempre con los olores y la ensoñación. Tenemos un retrato olfativo de las personas como lo tenemos visual o acústico. Podemos evocar los olores de la persona ya sea el propio o el asociado con los perfumes que usen. Hay alucinaciones olfativas, como las puede haber visuales o auditivas, y la memoria puede hacernos sentir la presencia de alguien reproduciendo su olor. O podemos, como señalaba el poeta Verlaine, entrar en la habitación "donde palpitan los perfumes de ella". Este hecho es importante porque el olor permanece impregnando los espacios aunque el objeto o persona lo haya abandonado. Eso no ocurre con ningún otro sentido. Podemos guardar objetos porque conservan el olor que nos gusta. A mí me cuesta tirar las cajas de dulces que algunos amigos me traen de El Cairo. De vez en cuando, abro las cajas para recibir de nuevo los olores que se asocian con espacios, momentos y personas. Es la gran capacidad asociativa e imaginativa de los olores, su poder para desencadenar sentimientos y recuerdos.

Por ser quizá el sentido menos "racional" —piense en los metafóricos anuncios de perfumes—, es difícil de frenar y se desencadenan los recuerdos, como los poetas nos han contado o como tenemos ocasión de experimentar por poco que nos dediquemos a cultivarlo o, simplemente, a quitarle obstáculos. Hemos perdido la naturalidad de los olores. Nos educamos en distintos olores y sabores dentro de cada cultura. Hace poco me contaban un caso de problemas de convivencia en un piso de estudiantes de distintos países porque lo que unos consideraban un manjar traído desde su país despertaba las náuseas en los compañeros de otros países. Cuando se quejaban de los malos olores, se sentían sorprendidos: ¿qué malos olores?
En un universo saturado de olores, ese billón de posibilidades queda reducido a casi la nada pues estamos envueltos —como me ocurrió a mí con el tabaco— en neblinas olfativas que nos impiden percibir el conjunto. En esa categoría podemos incluir los envolventes humos de los coches que tenemos en nuestras ciudades, anestesiando nuestras narices.
No me sorprende que seamos capaces de percibir tantos olores, aunque no tengo intención de contarlos. Nuestras narices no están para esos trotes. El mundo está lleno de buenos y malos olores y una nariz afinada disfruta con unos y sufre con los otros. La gran mayoría permanecen ocultos, sepultados por los olores estridentes que acaban por aburrirnos y dejamos de percibir.
Los que se dedican al uso comercial de los olores tendrán que tener en cuenta que el mundo se nos llenará de una extraña e intensa mezcla de olores que la nariz podrá distinguir por separado pero veremos cómo reacciona ante el conjunto. Lo que si parece cierto es que nuestras narices empiezan a ser tenidas en cuenta, al menos en ciertos aspectos. Los especialistas en esto del olfato le auguran un gran futuro. Si antes se decía que "las cosas entran por los ojos", ahora habrá replanteárselo.


* "La nariz humana puede distinguir más de un billón de olores" ABC 20/03/2014 http://www.abc.es/ciencia/20140320/abci-nariz-humana-puede-distinguir-201403201723.html