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domingo, 23 de febrero de 2014

Ucrania, primeras horas de esperanzas

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La aceleración de lo ocurrido en Ucrania, dejando en papel mojado los acuerdos firmados unas horas antes con los representantes de la Unión Europea por medio, nos muestra que no hay forma de hacer predicciones demasiado fundadas ante situaciones de tamaña complejidad. Tras la firma, algunos de los resistentes en la plaza recriminaron a los que habían llegado al acuerdo y, desde el mismo micrófono con en el que los dirigentes lo había comunicado, lo rechazaban y ponían el límite de las diez de la mañana para que Yanukóvich abandonara el poder y amenazaban con sacarlo a la fuerza tras el asalto a su residencia.

En ese punto, una situación puede oscilar hacia cualquier extremo por el más mínimo acto o movimiento. Las imágenes que nos ofrecían esta misma mañana de la gente recorriendo el lujoso santuario privado del presidente huido, con la grifería dorada  en los baños y un barco convertido en restaurante en un estanque próximo a la casa, parecían la visita guiada a un museo de otro tiempo apenas pasadas unas horas de su desaparición. Ya hay fecha para unas próximas elecciones que den por cerrada una etapa de su historia. El parlamento, recuperados sus poderes, trabaja para constituir una legalidad que sostenga las medidas tomadas y ampare la transformación rápida, sin vuelta atrás.

En la Plaza de la Independencia, una Julia Timochenko en silla de ruedas había abandonado la cárcel en la que estaba encerrada y se dirigía ahora a los ucranianos lanzado consignas y retos y, de forma especial, recordando que hay países próximos que miran interesados lo que ha ocurrido allí y que pueden ser los próximos. Los miembros del Partido de la Regiones el del presidente Yanukóvich, en cambio —según nos cuenta Euronews—, tras unas precipitadas manifestaciones defendiéndose de las acusaciones de "separatismo", han abandonado el país camino de Rusia. 
Rusia es precisamente la incógnita, pues es la mano de Putin la que ha estado presente en los destinos ucranianos como prolongación de la férrea resistencia a dejar que los pueblos que una vez estuvieron bajo el control de los tanques soviéticos, acaben de decidir sus destinos. Podemos pensar que Sochi ha actuado como elemento contenedor de este proceso por parte de Rusia, como un momento en el que a Rusia y a sus dirigentes no les interesaba una participación activa en el escenario ucraniano tras centrar todas las miradas en un Sochi escaparate de la Rusia que quiere mostrar.


La tesis repetida por Víktor Yanukovich de que se ha producido "un golpe de estado", mientras que los opositores se consideran continuadores de la legalidad por las decisiones escalonadas tomadas por el parlamento como representante de la soberanía popular, no debe ser perdida de vista porque ni Putin ni el huido presidente, sustituido en teoría por su "abandono de sus funciones", se contentarán con lo que ha ocurrido. Ahora la cuestión encima de la mesa son las reacciones, qué respuestas van a dar desde el exterior tanto rusos como europeos.

Ucrania corre el riesgo de convertirse en tierra de nadie entre sus deseos de caer del lado europeo y su alejamiento de Rusia, que será quien comience rápidamente una política de asfixia a través de todos los acuerdos firmados para hacerse con el control y dependencia ucranianos. Las respuestas europeas ante el drama ucraniano deben ser claras, contundentes y rápidas, algo que no es lo que nos caracteriza precisamente. Si Europa no manda esos mensajes claros, Rusia tomará nota.
Cuestión todavía más delicada es la actitud de los Estados Unidos, que debe tener algo más de sutileza que la mostrada hasta ahora por la encargada de los asuntos para Europa (y su famoso ya "f* the UE", al que dedicamos ya comentario en su momento). La aproximación a la UE tiene sentido político y se puede justificar histórica y geográficamente. Una intervención americana, en cualquier orden, no será la más adecuada ante los ojos rusos y puede traer más complicaciones que ayuda a los ucranianos. Me imagino que la diplomacia americana no desperdiciará la ocasión de hacer un bonito discurso, pero no sería lo más adecuado poniéndose en los zapatos de Putin y en la piel de los ucranianos. Lo malo es que el presidente Obama necesita de estas cosas.


Si las palabras de Julia Timochenko son ciertas respecto a lo que pudiera ocurrir en otros países que Rusia considera que "deben" quedar bajo su control, la estrategia de Putin puede ser agresiva tratando de evitar que el ejemplo de Ucrania pueda animar a otros a separarse de sus planes territoriales y económicos, de mantener una zona de influencia y control ruso. En tiempos de la Unión Soviética, Hungría y Checoeslovaquia pagaron duramente sus intentos de salir de la órbita del Kremlin. Lo pagaron con sangre y más dependencia. Son otros tiempos, evidentemente, pero también existen otras fórmulas. Rusia puede hacer pasar muy malos ratos a una Ucrania díscola y rebelde. Puede ser un aviso para navegantes.


Un manifestante interpreta Imagine frente a las fuerzas antidisturbios

El primer reto que tiene Ucrania en estas primeras horas es sobrevivir a su propio caos. Las revueltas —tenemos muchos ejemplos— son eficaces para derribar y no necesitan de un acuerdo excesivo; son más emocionales que teóricas. Basta con canalizar el descontento y se reavivan con las respuestas violentas de contención. Yanukóvich y sus errores han sido los mejores aliados de la revuelta sublevación ucraniana. La estrategia de construcción es otra y necesita del acuerdo para controlar las propias tendencias a la dispersión. Esas tendencias ya han asomado y deberán, cuanto antes controlarlas. De no ser así, corren el riesgo de que sea ese su punto débil, el lugar que intentarán forzar para debilitarlos. Pero no es fácil controlar las fuerzas que se han puesto en marcha. 



Son solo las primeras horas, el efecto de una euforia por las metas logradas,. Pero esto es solo el comienzo. La aventura ucraniana hacia su propia identidad está empezando. Ucrania ha hecho "historia". Estos días serán recordados como los pilares de su reconstrucción. Ocurra lo que ocurra, serán referencia obligada. Forman parte también de la historia "europea", pues ella, aunque fuera como una referencia idealizada, estaba en las voces de los que reclamaban y en las banderas que agitaban. Ucrania se ha ganado el derecho a ser lo que ellos consideraban que eran, "europeos". Esperemos que eso se entienda así, como una vía histórica de pertenencia. Recordemos que el detonante de todo esto fue la negativa del presidente huido Yanukóvich a firmar el compromiso con Europa. Los ucranianos no han consentido que sus esperanzas se frustraran, que poco a poco se fuera perdiendo su voluntad ante los manejos de unos dirigentes al servicio de otros intereses que los de su pueblo. Espero que nosotros tampoco lo hagamos, que puedan ser pronto europeos en una Europa que merezca la pena construir.

El miedo no es real




Fear is not real.
The only place that fear can exist is in our thoughts of the future.
It is a product of our imagination, causing us to fear things that do not at present and may not ever exist.
That is near insanity.
Do not misunderstand me, danger is very real, but fear is a choice.
Let me tell you something you already know. The world ain’t all sunshine and rainbows.
It’s a very mean and nasty place, and I don’t care how tough you are, it will beat you to your knees and keep you there permanently if you let it.
You, me, or nobody is gonna hit as hard as life.
But it ain’t about how hard you hit, it’s about how hard you can get hit and keep moving forward.
How much you can take and keep moving forward.
That’s how winning is done!  
Now if you know what you’re worth, then go out and get what you’re worth!
But you gotta be willing to take the hits.
And not pointing fingers saying you ain’t where you wanna be because of him, or her, or anybody!
Cowards do that and that ain’t you! You’re better than that! 
Because if you’re willing to go through all the battling you've got to go through to get where you wanna get—who’s got the right to stop you? Maybe some of you guys got something you never finished, something you really want to do, something you never said to somebody—something!—and you’re told “No,” even after you pay your dues?
Who’s got the right to tell you that? Who? Nobody!
It’s your right to listen to your gut. It ain’t nobody’s right to say “No” after you earned the right to be where you want to be and do what you want to do.







miércoles, 23 de noviembre de 2011

El camino equivocado

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Son las tres de la mañana y las personas con las que estoy en contacto a través de Facebook me dicen que se escuchan nuevos disparos en la Plaza de Tahrir. Quizá estén intentando desalojar la plaza en la noche o simplemente impedirles descansar para llevarlos hasta el agotamiento. Son ya cuatro días de protestas y el límite físico de resistencia se irá acercando. Muchos lo habrán sobrepasado ya, pero hay algo que da fuerza cuando se cree en una causa.
La causa es de nuevo algo prepolítico, la dignidad. Otra vez la gente no ha tenido más remedio que manifestarse de la única forma que está a su alcance: la determinación. Los egipcios son obstinados y han vislumbrado una luz que se prendió en la negrura absoluta del régimen de Hosni Mubarak. En aquella oscuridad lograron encender unas pequeñas luces con gran esfuerzo y que les permitió intuir y desear un espacio de libertad y convivencia. Ese sueño ha sido minado deliberadamente por un Ejército que no ha sabido estar a la altura de su propia regeneración, que tuvo la oportunidad de ser la muleta con la que las libertades podrían caminar hasta conseguir recuperar un equilibrio inexistente hasta el momento, la aventura de las libertades en una democracia sin precedentes. Sin embargo escogieron el camino equivocado, el de mantenerse en una posición equivalente a la que habían mantenido con los dictadores militares anteriores. Pero esta vez, no hay una figura que surge de sus filas, sino una Junta militar que se plantea cómo convivir con un dirigente elegido en las urnas. Tras darle muchas vueltas, la Junta militar decidió que esa situación era peligrosa y decidió ir cambiando las reglas del juego, imponiendo condiciones y redefiniendo el papel de los militares en el sistema futuro. Tanto han forzado la situación que el resultado ha sido imposible de aceptar por ninguna de las fuerzas políticas intervinientes. Los militares se han quedado solos, como un croupier tramposo que se quejara de que, descubierto su trucaje de la ruleta, los jugadores abandonaran el casino.
Su astucia en la primera fase de la revolución fue dejar que se desgastara Mubarak y la policía del régimen, la que les había permitido, en segundo plano, disfrutar de las verdaderas prebendas y corruptelas del régimen. El ejército egipcio ha sido el mayor receptor de subvenciones desde los Estados Unidos. Tras Israel, Egipto es el segundo perceptor de fondos USA. La mayor parte han ido al Ejército y de ahí a las compras y sueldos militares. Muchos de sus dirigentes no son ajenos al manejo de las empresas públicas y los negocios derivados. Sacrificaron a la reina y pretendieron seguir la partida.

Han permitido situaciones y alentado otras —no me atrevo a ir más allá— en las que su papel protagonista se mantuviera. Sesenta años en el poder no se tiran por la ventana por una simple revolución. Pero han tirado demasiado de la cuerda, han tratado de forzar una situación y han sobrepasado el límite. Lo más probable es que sea el temor de muchos dirigentes a seguir el mismo camino de Mubarak y acabar en los tribunales por su comportamiento con los manifestantes, pero pienso que sobre todo por su participación activa en los trasfondos de un régimen corrupto, de negocios  oscuros por doquier, del que solo ha salido una pequeña parte. La cúpula del poder militar es la de Mubarak. ¿Qué otra explicación tiene que sacrificaran al Jefe pero pretendan seguir su senda? Las esperanzas depositadas en que podrían ser aliados del pueblo egipcio y no sus guardianes se han ido desmoronando poco después de que se fotografiaran siendo abrazados por los egipcios que de buena fe pensaron que estaban de su lado.
Lo que se ha demostrado es que son un estado dentro del estado. Pudieron dar el salto hacia un ejército moderno. Han comenzado, en cambio, el penoso recorrido de parecerse a los ejércitos de Gadafi o de Al Asad. Su mariscal es uno que podrá ser sacrificado por otros o que no dudara en sacrificar a otros para mantener intacta la estructura de fondo, el poder real en la sombra que gobierna Egipto desde principios de los años cincuenta. Mubarak era solo la última —penúltima ya— etapa de una larga y cruenta historia. Los juicios militares a civiles, las torturas, la violencia en las calles, los obstáculos e imposiciones políticas, los intentos de evitar el voto exterior… son la demostración de que el Ejército ha elegido el camino que le distancia de su pueblo, el camino equivocado. Van contra la Historia, van contra su pueblo.

II
El rechazo de la Plaza de Tahrir al preacuerdo de las Hermanos Musulmanes con el Ejército parece hace buena nuestra idea expresada con anterioridad de un entendimiento entro los otrora enemigos naturales. La idea de que estos enemigos habían logrado un estado cohabitación política explicaría el interés de los militares en que se celebren las elecciones en estas condiciones. Con un triunfo islamista de los Hermanos es más fácil pactar una transición a la mediada y justificar las especiales prerrogativas que el Ejército quiere tener. Ese es el sentido e interpretación hoy del artículo del artículo de The New York Times:

Just four days ago, the Muslim Brotherhood kicked off a wave of protests against the military’s increasingly explicit attempts to decree for itself special powers and protections under the future constitution. But when a heavyhanded crackdown on demonstrators ignited a far broader and more violent backlash against the military’s power grab, Brotherhood leaders sent mixed signals about whether to join the swelling protests. And while other political groups called for a huge demonstration on Tuesday, the Brotherhood ordered its members to stay away for fear of jeopardizing elections as the violence hit a peak.
The Health Ministry said 31 people died in four days of unrest, and more than 600 were injured on Tuesday alone.
For the military and the Brotherhood, the deal was the closest embrace yet in the off-again-on-again partnership since the revolution between the country’s two most powerful institutions — reprising roles played out under Mr. Mubarak, who outlawed, but tolerated, the Muslim Brotherhood during his three decades in power.
For Egyptian liberals, the open deal between the two most powerful and organized forces in the nation raised fears of being caught between groups at odds with their goals: a military reluctant to submit to democratic oversight, and an Islamist movement with a potentially narrow view of individual freedoms.

Ese era el temor expresado en este blog en la entrada “Las estrategias islamistas en Egipto”, el día 6 de julio. Los jóvenes de la Hermandad, como estaba también comentado en su momento, se desmarcan de los mayores porque saben que no se trata de reproducir el pasado de forma ligeramente distinta, sino de abrirse a un futuro generacional. Y eso ya no vale.
Nadie se cree ya a los militares.

* “Deal to Hasten Transition in Egypt Is Jeered at Protests” The New York Times 22/11/2011http://www.nytimes.com/2011/11/23/world/middleeast/egypts-cabinet-offers-to-quit-as-activists-urge-wider-protests.html?hp



lunes, 31 de octubre de 2011

Liderazgo moral

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Vuelve a ocuparse The New York Times de una cuestión que está preocupando a los intelectuales de Occidente, la cuestión del liderazgo, referida esta vez a los movimientos liberadores en los países árabes.
El hecho de que no existan referencias aparentes —esto va más allá de la cuestión del líder— de ningún tipo, sino la escueta individualidad disuelta en el anonimato colectivo, les preocupa. Con todo, es más fácil aceptar el anonimato que la ausencia de referencias intelectuales. Aquí no se ha invocado a nadie. Sin embargo, los movimientos de Túnez y Egipto sí han tenido sus referentes, pero de un orden diferente al que estamos acostumbrados. En un mundo cuyos discursos ideológicos están en crisis, adquiere un valor mucho mayor la ejemplaridad empática.
El valor del ejemplo es superior al de los discursos, el de la acción al de la retórica. Hartos de palabras, los que se sublevan solo admiten la acción y no la promesa como fin de sus movimientos. Guiados por el ejemplo de otros jóvenes como ellos, no necesitan elaborar ni recibir el arma del político tradicional, la convicción del argumento. No puede decirse, desde luego, que ignoren la comunicación, todo lo contrario. Sin embargo esa comunicación es la que sirve para mantener unidad la red, antes que una capacidad de argumentación discursiva. Es más función "fática" que otra cosa.

Con un “¡Game over!” común les basta para hacer caer un régimen. No habrá en estas revoluciones grandes discursos o proclamas. Las palabras justas y nada más. No son las revoluciones de las palabras, sino las de la acción unitaria. En un universo plagado de discursos, esta vez los únicos presentes son los de los dictadores, que han tratado, proclama tras proclama, de exponer sus motivos poderosos para no abandonar el poder. La eficacia de estas revoluciones ha sido la sordera, el no haber atendido las permanentes alegaciones dictatoriales para seguir. No son revoluciones de asalto, sino de tozudez, de firmeza. Porque nada forja más que la resistencia, auténtico ejercicio diario en calles y plazas. Son las dictaduras las que han reculado, dialéctica y físicamente, ante el empeño mostrado.


Cuando se busquen en el futuro las grandes palabras de estas revoluciones no se encontrarán muchos oradores. Se escucharán las palabras de un Ali, de un Mubarak, de un Gadafi… y, por el otro lado, nada más que imágenes de escuetos mensajes en pancartas o llamamientos a unirse en blogs y video-blogs.
No encontraremos líderes ni portavoces, solo voces. Se encontrarán ante un sistema coral, una polifonía, en el que el protagonismo individualizado ha estado ausente. Evidentemente, ha habido motivos de seguridad en ello, pero también ese deseo de voz colectiva, de “Fuenteovejuna”, que ha caracterizado este esfuerzo colectivo de desprenderse de los dictadores. No han sido las redes sociales, sino la sociedad como red, que no se debe confundir causa y efecto.


El liderazgo en las revueltas no ha sido un problema. Ha funcionado sin él y no hay que darle más vueltas. Los problemas se plantean después, cuando es necesaria la elaboración de proyectos más allá de la palabras básicas que definen los movimientos: dignidad, justicia, libertad… Cada una de ellas tiene decenas de candidatos a interpretarlas en su sentido político, en su traducción a la realidad del momento.
De la generación de jóvenes que consiguieron sacudirse el miedo de las anteriores debe salir un nuevo liderazgo que supere las décadas de inoperancia y discursos vacíos. Es inevitable que los discursos regresen a la escena política y, con ellos, las discusiones y los malentendidos. Sin embargo, el recuerdo de las voces monolíticas de los dictadores debe ser un aliciente para, poco a poco, ir saliendo de la cacofonía política hacia la armonía necesaria.
La tentación del líder carismático es grande. Es un error esperar volver de nuevo a ella. Supone, una vez más, el abandono de esa colectividad que ha demostrado su fuerza en beneficio de esas figuras fuertes a las que aclamar a su paso. Es más de lo mismo. Es volver a los viejos héroes que traicionaron sus revoluciones. Lo que se necesita ahora son estructuras capaces de funcionar y estabilizar los campos políticos. Necesitan comprometer a lo mejor que puedan encontrar entre sus poblaciones en un proyecto de futuro que les ilusiones y les saque del estado en que muchas se encuentran.
Creo que tienen esas personas valiosas y dispuestas a dar lo mejor comprometiéndose por su país. Necesitan ahora encontrarlas y motivarlas para participar en la vida política. El exceso de populismo al que estamos asistiendo por todo el mundo necesita como contrapeso de personas capaces de ejercer un liderazgo moral que ilusione a sus pueblos y les haga interesarse por sus propios destinos. Creo que el mundo está ya harto de presidentes playboys, cantantes, guitarristas o bailones. Hacen falta personas que piensen y trabajen de otra manera. Hemos quitado la ilusión a la política y hay que recuperarla. Los políticos del futuro han de ser los que animen a su pueblos a convertirse en ciudadanos responsables; dirigentes ejemplares, capaces de que proponer comportamientos más allá de las campañas de imagen. Dirigentes que no consideren que el gobierno es su casa, sino que ellos están de visita en la de todos. Necesitamos políticos que no pisoteen la cultura, sino que forme parte de sus propios valores.
En suma, casi lo contrario de lo que tenemos en la mayoría de los lugares.

* "The Arab Intellectuals Who Didn't Roar". The New York Times 29/09/2011 http://www.nytimes.com/2011/10/30/sunday-review/the-arab-intellectuals-who-didnt-roar.html



viernes, 7 de octubre de 2011

Razones de pasado, razones de futuro: por un Nobel de la Paz árabe

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Los medios de comunicación especulan estos días sobre la posibilidad de que el Premio Nobel de la Paz se decida este año por la denominada “primavera árabe” y, como añadido, por una mujer. Nada sería más justo, sin quitar mérito a cualquiera de los candidatos y a lo que pudieran poner encima de la mesa como aval.
Las razones para justificar esta elección son muchas y de peso. Existen razones de pasado y razones de futuro. Unas justifican lo que se ha hecho; otras por el respaldo a un proceso que está en plena evolución y con posibilidades ciertas de involución o, al menos, de estancamiento.
Las razones de pasado forman ya parte de la historia de este siglo: el levantamiento en cadena de unos pueblos hartos de las tiranías que durante décadas los han oprimido y empobrecido.
Una mezcla de tiranía, opresión ideológica, descapitalización y estancamiento ha sido lo que estos países han padecido por parte de unos gobernantes incapaces de hacer otra cosa por sus pueblos que mantenerlos en la pobreza y recortarles sus posibilidades de futuro. El estallido histórico se ha producido desde el mismo fondo, sin mediación de conspiraciones o presiones de grupos. Las explosiones populares sorprendieron a los tiranos, pero también a los opositores tradicionales, ineficaces o impotentes durante décadas. Estos pueblos han luchado, además de contra los dictadores, contra la inercia e indiferencia de Occidente, tranquilo con un estado de parálisis que convenía mantener —pensaban— para evitar cambios que, lejos de ser a mejor, podrían provocar inestabilidad en eso que se ha dado en llamar la “zona”, y que no es otra cosa que un conflicto irracional sostenido precisamente por la mezcla de tiranías e intereses políticos y económicos.
El cambio ha empezado a notarse y la situación que, como el caballo de una noria, giraba durante años sin avanzar, comienza a moverse y obliga a las partes implicadas a presentar ideas. En cualquier caso, ya no serán los tiranos los interlocutores ni los que aprieten sus manos en hipócrita satisfacción. Occidente ha aprendido que su seguridad no puede pasar por las dictaduras de otros y que debe trabajar con unas nuevas generaciones y con otras formas y maneras.


Las razones de futuro se refieren al reconocimiento de que es la juventud árabe a la que se está avalando con un premio así. El sistema patriarcal sobre el que se basaban estas dictaduras es el tradicional de una cultura que había esclerotizado el poder hasta convertir la repúblicas en hereditarias. Los tiranos traspasaban el poder a sus hijos revelando que el poder seguía siendo cuestiones de clanes y familias, que el estado se había convertido bajo su palabrería en tribu. El caso más evidente es el de Libia en el que la familia Gadafi era la verdadera estructura de poder manteniendo un régimen de tribus por sus intereses. Estos tiranos son responsables de la degradación institucional y de haber puesto sus restos retóricos al servicio de intereses particulares.

Premiar a los jóvenes es premiar su esfuerzo, su valentía y decisión al enfrentarse a esos mayores que les estaban robando su futuro como se lo habían robado durante años eternizándose en el poder, transmitiéndolo a través de herederos. Las revoluciones han cortado estas maniobras sucesorias en Egipto o en Libia, en donde los sucesores ya estaban preparados. Dar el protagonismo a los jóvenes es apostar por el futuro de los países más allá de las revoluciones, que serán una fase de su vida y de su país que les comprometa con las generaciones próximas. De esos jóvenes han de salir los líderes que eviten el pesimismo democrático y cultural en que los dictadores les han mantenido durante años. Tienen la responsabilidad de pensar su propio destino y arrancarlo de las manos de otros que han demostrado que preferían vivir en un eterno presente, en la parálisis total. Apostar por ellos es creer en ellos y darles la oportunidad de creer en sí mismos.

La otra razón de futuro, el que pudiera recaer en mujeres, también me parece de peso porque sería el reconocimiento del papel que han tenido, tienen y deben tener en el desarrollo de las sociedades que está luchando por construir. Su valor ha sido doble: no solo se han enfrentado a la tiranía en primera línea, sino que además han tenido que luchar por su derecho a luchar. La oposición de sus propias familias, en muchos casos, de los propios partidos, ha sido tan dura como la política.
El futuro del mundo árabe pasa por sus mujeres. A la revolución democrática hay que sumar la revolución cultural que les permita aprovechar el potencial creativo, el empuje de millones de mujeres dispuestas a contribuir desde todos los puestos de la sociedad a su mejora. De todas las luchas, esta es la más dura, la que supone enfrentarse a las estructuras familiares tradicionales que se han reproducido, como patriarcado político, en todas las demás. El mundo árabe es esencial y tradicionalmente masculino. La decisión de Túnez de practicar la paridad en las listas electorales, mediante sistema de cremallera, ha sido uno de los primeros hitos de estas revoluciones, el primer paso en este sentido. Pasar de un 28% de representación al 50% es un logro, pero nos indica que las mujeres tunecinas ya habían comenzado su lucha hace mucho tiempo por estar ahí. Egipto, por ejemplo, solo tuvo un 19% de mujeres en las elecciones de 2010.


Si se premia por estas razones generales o por otras más específicas a los protagonistas de uno de los hechos históricos más importantes desde las revoluciones europeas y americanas del XVIII y XIX, se estará alentando el esfuerzo, el sacrifico y, sobre todo, el compromiso en el apoyo del resto del mundo con una causa que es importante para todos, ellos y nosotros, mantener. Servirá para alentar a los que quieren seguir por este camino de libertad y para convencer de la inutilidad de intentar frenarlo a los que todavía persisten en mantener el pasado vivo.
Por estas y las restantes millones de razones que anidan en los corazones de los que han sido capaces de romper con miedos y bloqueos, costumbres y tradiciones, creo que sería un acto justo premiarlos, apostar por el futuro como ellos lo han hecho.

Datos sobre la representación política femenina en Egipto en 2010. Proyecto Quota


jueves, 8 de septiembre de 2011

Dos preguntas sobre el futuro

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La rebelión de los países árabes ha seguido un proceso propio en cada uno de ellos. Túnez fue diferente a Egipto y ambos han sido diferentes a Libia. Siria y Yemen, rebeliones en marcha, también presentan sus propias variantes en la forma de los conflictos. Libia ha vivido un proceso de extraña guerra civil rápida con intervención de apoyo de fuerzas internacionales gracias a los amplios acuerdos conseguidos en un bando y la presencia de mercenarios en el otro. Siria, en cambio, nos muestra un proceso de represión masivo a cargo de un régimen cruel y sanguinario enfrentado a un pueblo absolutamente determinado al sacrificio y a seguir la senda de los mártires. Yemen, un caso distinto, está abocado a recrudecimiento que puede acabar en guerra civil si regresa su chamuscado y tramposo presidente, un auténtico obstáculo, para un pueblo que también ha mostrado su determinación de seguir adelante.
Queda el caso de Bahréin que, sencillamente, ha desaparecido del mapa informativo desde que entraron en el pequeño reino las tropas de los países del Golfo. Algún día la Perla que presidía aquella plaza arrasada volverá a ocuparse de nuevo. Las ganas de libertad no desaparecen.


Con costes diferentes, parece indudable que los procesos iniciados, acabarán triunfando, por una vía u otra, más pronto o más tarde. Cada muerto en estos países, que han dado un ejemplo de coraje, ha sido un aliciente para avanzar reforzados en sus deseos de libertad. Los han convertido en los mártires a cuya memoria dedican sus esfuerzos.
Una de las consecuencias más importantes y emotivas en esta lucha es el resurgimiento de un orgullo genuino, especialmente en los jóvenes, que han pasado de la ausencia de expectativas de un futuro inexistente en un país desdibujado  a creer en que lo que hacen tiene algún sentido y merece la pena luchar por ello.

Me viene al recuerdo una pregunta realizada, con cierta tristeza, por una amiga egipcia hace ya algún tiempo y que se me quedó grabada: «¿quiénes somos los egipcios?». Pasada la fase primera de la revolución, muchos egipcios han cambiado esa pregunta por la que me hacía otra persona hace unos días con un ánimo bien distinto: «estoy orgullosa de mi país, ¿qué puedo hacer por él?»
Las dos preguntas identifican a generaciones distintas. La pregunta sobre el quiénes somos, sin dejar de ser importante, quizá no sea el camino inmediato y convenga reformularla en términos de futuro: «¿quiénes queremos ser y qué tenemos que hacer para conseguirlo?» Los pueblos demasiado obsesionados por quiénes son olvidan que esa es una pregunta que, como el movimiento, se demuestra andando. Por eso creo que es más productiva la pregunta sobre el qué puedo hacer que la del qué soy.

Las preguntas por el qué somos nos hacen construir demasiadas diferencias, levantar demasiadas barreras, nos vuelven estáticos y demasiado prisioneros de nuestras definiciones. La pregunta por el qué puedo hacer, en cambio, nos permite actuar con los otros, buscar empresas comunes, llegar a acuerdos y avanzar. La identidad surge precisamente de la unidad de los que son capaces de hacerse conjuntamente la misma pregunta.
Los países no son; se van construyendo por su deseo de ser. Como decían los viejos maestros existencialistas, la existencia precede a la esencia. El ser es algo que está al final y no al principio. Somos hasta donde llegamos; somos lo que hemos sido capaces de ser cada día.


La fe que ha sostenido a estos pueblos, la que les ha guiado en su lucha contra los gigantes de sus propios miedos históricos encarnados en sus respectivos dictadores, es la fe del querer ser. Por eso la pregunta que me hacían hace unos días no tiene más que una respuesta: ponte a soñar en el país del que quieres formar parte, el país en el que te gustaría vivir y convivir. Y luego despierta y ponte a trabajar sin descanso junto a los que tienen el mismo sueño hasta conseguirlo. Túnez, Egipto, Libia… tienen que reinventarse para poder avanzar ligeros hacia su nuevo futuro.

Lo que han recuperado es el derecho a soñar y también la obligación de llevar a cabo lo soñado. Por eso su futuro está en la juventud, no de forma retórica, sino real. Los mayores lo han comprendido. Son esos jóvenes los que han llevado adelante sus revoluciones y los demás les han seguido. Son una generación que ha recuperado el derecho a soñarse como pueblo y el deber de construirlo.
En una entrevista televisiva un ciudadano libio de a pie comentaba: «La economía es un desastre; el medio ambiente está destrozado…, pero somos libres.» Y lo decía con la sonrisa del que sale del sufrimiento y se dirige al esfuerzo que supone la reconstrucción moral y material de un país medio en ruinas. Hemos visto heridos que levantaban sus manos con dolor y esfuerzo para realizar el signo de la victoria ante una cámara y testimoniar que lo que han hecho, su sacrificio, vale el esfuerzo.
Y pueden estar orgullosos. Lo que han conseguido es mucho. Pero, con todo, no es más que haber limpiado el camino de obstáculos para dirigirse hacia el futuro. Está todo por hacer, un trabajo abrumador y un esfuerzo terrible. Pero esta vez deciden ellos dónde van.



sábado, 14 de mayo de 2011

Tiempo y sufrimiento


Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Nos dicen que existen varios tiempos*: el tiempo cosmológico, el de la expansión de Universo; que existe una flecha del tiempo de la termodinámica, la que provoca la degradación entrópica de los sistemas; y una flecha del tiempo subjetivo, el vivencial que perciben los sujetos, logro evolutivo que nos sume en la melancolía al enfrentarnos a la idea de nuestra propia muerte. Para compensarlo, los seres humanos hemos desarrollado mecanismos de resistencia psíquica y cultural que nos alivien, como decía Leopardi, del dolor de existir, eso incluye las familias, las instituciones o el arte mismo como mecanismos estables compensatorios.
El primer tiempo, el cosmológico, es el de la indiferencia del mundo. Su expansión nos es ajena. Pero el tiempo de la degradación sí nos afecta como seres vivos y como seres sociales. La caída de los regímenes, de las civilizaciones, se produce por su degradación. El tiempo de la historia y de las instituciones es metafóricamente termodinámico; las percibimos como organismos que tienen duración y se degradan. Luego está nuestra percepción del devenir subjetivo, el flujo que recoge nuestras experiencias y nuestras reflexiones sobre ellas modelándolas como un río identitario del nacimiento a la muerte. En nuestro tiempo personal reflejamos como en un espejo el tiempo de la historia. Lo que ocurre es lo que nos ocurre y lo que nos ocurre es lo que ocurre. El espejo de la historia muestra nuestro rostro..
El tiempo se ha hecho angustiosamente lento en Misrata, ciudad prácticamente aislada del mundo, donde cada segundo es de una densidad espantosa por  la espera agónica de la muerte en forma de bombardeo o de un disparo desde cualquier azotea próxima en la que un francotirador aguarda su momento. El tiempo de las revoluciones es a la vez acelerado y lento. El mundo se desmorona ante nuestros ojos. Estos pueblos sublevados han vivido decenas de años en unos pocos días, saltos en el tiempo. El sufrimiento acelera el tiempo social y ralentiza el personal.


Con las revueltas árabes, hemos aprendido también que los días nos son iguales, que los dictadores temen la llegada de los viernes, un tiempo social, que se convierten en días de “ira”, de “purificación” o de “victoria”. Los “viernes de la ira” se han repetido en múltiples escenarios y han llevado a los pueblos a las calles tras el paso por las mezquitas. El viernes tiene también su propia temporalidad, su propio ritmo, su especial cadencia interna.
Me contaba un amigo egipcio que le habían preguntado a un hombre de la calle quién estaba antes de Mubarak y había contestado “los faraones”. Si es un chiste o es real, no afecta a la sensación del tiempo detenido que representaba Mubarak:  la anulación de la Historia. El dictador estaba por encima de ella..
La percepción alterada del tiempo y sus implicaciones es lo que condiciona los ritmos de resistencia de unos pueblos enfrentados a sus gobernantes. El inmovilismo absoluto, la degradación del sistema hasta niveles infames, ha provocado esa reacción vital de supervivencia. El tiempo se curva, como se curva el espacio, con la alteración que supone el sufrimiento, auténtico distorsionador de la percepción. El tiempo de la Historia se ralentiza en las dictaduras hasta detenerse. Entonces los pueblos se levantan y se cargan con la energía de su ira para recuperar el ritmo de la vida.
Hay demasiadas cosas que no podemos comprender porque surgen de medidas diferentes del tiempo, del sentimiento, de la rabia, de la indignación, del sufrimiento. ¿Por qué se soportan unas cosas y otras nos hacen estallar? ¿Por qué se aguantan treinta años de dictadura cruel y se levanta un pueblo porque se ha requisado un puesto callejero y su dueño se prende fuego? ¿Por qué un pueblo puede luchar unido, codo con codo, en una plaza, y poco después producirse doce muertos por un falso rumor que les enfrenta?
Son preguntas que pueden tener muchas respuestas. Otras no tienen ninguna. La indiferencia con la que el cosmos se expande no es la del tiempo de lo humano. Nosotros simplemente vivimos, alternando alegrías y sufrimientos, regidos por el péndulo irregular que marca nuestra historia.

* Giacomo Marramao (2008): Minima temporalia. Tiempo, espacio, experiencia. Gedisa, Barcelona.